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[Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado las irregularidades en las puntuación, acentuación y ortografía del libro original.]
DESCRIPCION GEOGRÁFICA, HISTÓRICA Y ESTADÍSTICA DE BOLIVIA
DEDICADA A SU EXCELENCIA EL GENERAL DON JOSÉ BALLIVIAN PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
POR ALCIDES DE ORBIGNY
TOMO PRIMERO
1843
INTRODUCCION
Habiendo nacido con muy particulares disposiciones para las ciencias naturales, debo á los consejos y á las doctas lecciones de un padre, cuyo nombre es digna y honrosamente conocido entre los sabios, el temprano desarrollo de ese instinto poderoso que al estudio de ellas me impulsaba. Vine por último á París, en donde, fiel á mi vocacion, pude seguir estos mis estudios predilectos de una manera mas especial, procurando iluminar mi inteligencia y beber la instruccion en esta fuente, verdadero emporio de las luces y del saber. En 1825 presenté á la Academia de ciencias mi primer ensayo, el cual fué muy favorablemente acogido, mereciendo la aprobacion del Instituto, como él lo manifestó en su informe.
Tuvo á bien mi gobierno elegirme, en el mismo año, para efectuar por la América meridional un viage de exploracion, que fuese útil á las ciencias naturales y á sus numerosas aplicaciones. Semejante propuesta despertó en mí la aficion por correr mundo, al mismo tiempo que me llenó de regocijo; mas este fué mi luego moderado por el convencimiento en que yo estaba, de que aun no habia llegado mi instruccion á la sazon debida, para poder llenar, tan dignamente como convenia á mis ambiciosos anhelos, una mision de esta naturaleza. Queria pues dedicarme al trabajo por algunos años mas, con el fin de obtener, á lo ménos en parte, los diversos conocimientos absolutamente indispensables para el viagero, que desea examinar y dar á conocer un pais bajo todos aspectos.
Nombrado formalmente á fines del citado año de 1825, tuve que activar mis tareas para hacerme acreedor á tan honrosa prueba de confianza, siendo ciertamente mi cargo tanto mas difícil de llenar, cuanto que yo no contaba entónces sinó veintitres años. Por otra parte, la sola idea de recorrer la América bajo tan lisonjeros auspicios me alhagaba sobremanera, y encendia mi ardiente imaginacion, ofreciéndome de antemano mil cuadros á cuales mas seductores. Merced á los benévolos consejos de los señores Cuvier, Brongniart, Cordier, Isidoro Geoffroy Saint-Hilaire, y del célebre viagero baron de Humboldt, me fué dado entrever cual seria el circulo de mis investigaciones. Las ciencias naturales eran el objeto principal; mas considerando como complemento indispensable la geografía, la etnología y la historia, me propuse no desechar nada, cuando estuviese en aquellos lugares, para traer conmigo el tesoro mas completo de materiales relativos á estos ramos importantes de los conocimientos humanos.
El 29 de julio de 1826 me embarqué en Brest á bordo de la Meuse, fragata del Estado, y dí principio á mi peregrinacion trasatlántica. Hice escala en las Canarias, en donde durante algunos dias pude estudiar, á la vista del famoso pico de Teide, las producciones de la isla de Tenerife, así como sus crestas desgarradas. Dos meses despues divisábamos las costas del Brasil, y un ambiente embalsamado con el perfume de mil flores llegaba ya hasta mi, haciéndome gustar inefables y dulces emociones. Iba yo al cabo á echar pié sobre el mundo de Colon, sobre esa tierra de prodigios, cuya exploracion habia siempre ansiado aun en medio de los sueños de mi infancia. Tomé finalmente asiento en América por espacio de ocho años.
El Rio Janeiro con sus montañas de granito y sus bellas y vírgenes selvas fué el primer teatro de mis exploraciones. Montevideo, Maldonado y toda la república oriental del Uruguay, ocupada entónces por los Brasileros, me enseñó luego sus campos, que se asemejan á los de Francia. Atravesando la Banda oriental pasé á Buenos-Aires, y me embarqué en seguida en el Paraná, para trasportarme á las fronteras de la provincia del Paraguay, declarada hoy dia Estado independiente. Subi como trecientas cincuenta leguas por este inmenso rio, cuya magestuosa corriente es de esperar que algun dia se verá surcada por centenares de embarcaciones, las que impulsadas por el vapor ascenderán hasta Chiquitos, haciendo así mas inmediata la comunicacion de Bolivia con la Europa.
Las ondas de este caudaloso rio, que tiene mas de una legua de ancho, corren sobre un lecho cuyas márgenes é innumerables islas se ven adornadas de vistosos boscages, en donde la graciosa palmera entretege su follage con el de los árboles mas variados y bellos.
Recorrí durante un año entero todos los puntos de la provincia de Corrientes y de Misiones, y despues de haber penetrado en el Gran-Chaco, dí la vuelta por las provincias de Entre-Rios y de Santa-Fé. De regreso á Buenos-Aires, quise encaminarme á Chile ó á Bolivia; mas calculando lo difícil que me seria atravesar el continente con toda seguridad, por las turbulencias que, despues de la paz con el Brasil, minaban aquel estado, me decidí á pasar á la Patagonia, tierra misteriosa, cuyo solo nombre encerraba en ese entónces un no sé que de mágico. Me transporté pues allí á fines de 1826, y permanecí en ella durante ocho meses.
Pude efectuar mis primeras investigaciones con bastante sosiego, por mas penoso que fuese el recorrer un pais de los mas áridos, y en donde la falta de agua se hace sentir á cada paso en el corazon de esos monótonos é interminables desiertos; pero los indios Puelches, Aucas y Patagones se sublevaron inopinadamente contra la naciente colonia del Cármen, situada á orillas del rio Negro, y me ví entónces precisado á reunirme á sus habitantes para cooperar á la defensa comun. Habiendo vuelto por segunda vez á Buenos-Aires, hallé este pais en tan completa anarquia, que, reconociendo la absoluta imposibilidad de pasar á Chile atravesando las pampas, tomé el partido de doblar el cabo dé Hornos. A mi llegada á Valparaiso encontré tambien á la república Chilena en un estado de agitacion nada propicio para los viages científicos, y provisto entónces de las recomendaciones del cónsul general de Francia en este Estado, pasé á Bolivia, de cuyo gobierno debia yo esperar una buena acogida, y los medios de proseguir mi exploracion continental.
Cobija, puerto de Bolivia, me saludó desde luego con el imponente aspecto de las montañas que lo coronan. Poco despues me desembarqué en Arica para dar principio á mis viages por tierra. Abandonando bien pronto las costas, me encaminé á Tacna, y en seguida emprendí mi ascension á las cordilleras por el camino de Palca y de Tacora; mas, en vez de tropezar allí con esas empinadas y agudas crestas, que se ven figuradas en los mapas, me encontré sobre una dilatadísima planicie, colocada á la altura de cuatro mil quinientas varas sobre el nivel del mar, y en la que únicamente se apercibian de trecho en trecho algunas moles cónicas cubiertas de nubes. Atravesando este encumbrado llano, vine á encontrarme luego en la cima de la cadena del Chulluncayani. Al contemplar desde allí la dilatadísima extension que se desplegaba ante mis ojos, y la tan grande variedad de objetos que las miradas alcanzaban á dominar á la vez, yo saboreaba un sentimiento de indefinible admiracion. Es cierto que se descubren paisages mas pintorescos en los Pirineos y en los Alpes; pero nunca ví en estos un aspecto tan grandioso y de tanta magestad. El llano Boliviano, que tiene mas de treinta leguas de ancho, te dilataba á mis piés por derecha é izquierda hasta perderse de vista, ofreciendo tan solo pequeñas cadenas paralelas, que parecian fluctuar como las ondulaciones del Oceano sobre esta vastísima planicie, cuyo horizonte al norueste y al sudeste no alcanzaba yo á descubrir, al paso que hácia el norte veia brillar, por encima de las colinas que lo circunscriben, algunos espacios de las cristalinas aguas del famoso lago de Titicaca, misteriosa cuna de los hijos del sol. De la otra parte de tan sublime conjunto se divisaba el cuadro severo, que forma la inmensa cortina de los Andes, entrecortados en picos agudos, representando la figura exacta de una sierra. En medio de estas alturas se levantaban el Guaina Potosí, el Illimani y el nevado de Sorata mostrando su cono oblicuo y achatado, estos tres gigantes de los montes americanos, cuyas resplandecientes nieves se dibujan, por sobre las nubes, en el fondo azul oscuro de ese cielo el mas transparente y bello del mundo. Hácia el norte y el sud la cordillera oriental va declinando poco á poco hasta perderse totalmente en el horizonte. Si me habia yo sentido lleno de admiracion en presencia del Tacora, aquí me hallaba transportado, y sin embargo no era esta sino una de las faces de aquel cuadro; pues volviendo hácia otra parte, se me revelaba un conjunto de no menores atractivos. Yo descubria aun el Chipicani, el Tacora, y todas las montañas del llano occidental, que acababa de trasponer, y sobre las que mi vista se habia tantas veces detenido durante los tres dias de mi tránsito por la cordillera.
Bajé al llano Boliviano, situado aun á la altura de cuatro mil varas sobre el nivel del mar, y que es la parte mas poblada de la república. Llegué á la ciudad de La-Paz, la antigua Choquehapu (campo de oro), nombre que, por su abundancia de minas en este metal, le dieron los Aymaraes. Este valle favorecido por la proximidad de los Yungas, y que se encuentra á tres mil setecientas varas de elevacion, ostenta á un mismo tiempo en sus mercados todos los frutos de los paises frios, de los templados y de la zona tórrida. Escribí inmediatamente al gobierno, remitiéndole mis cartas de recomendacion. En respuesta me ofreció él su proteccion, y fondos si los necesitaba, proponiéndome ademas un oficial del ejército y dos jóvenes para acompañarme. No queriendo abusar de tan generosas ofertas, acepté, con la mayor gratitud, solamente los dos últimos, así como las facilidades de trasporte por toda la república; y desde aquel instante, me consideré ya seguro de poder recorrer con fruto esta bella y rica parte del continente americano.
Impaciente por ver la provincia de Yungas, de la que se me decian tantas maravillas, dirijíme á Palca, y una vez puesto sobre la cumbre de la cordillera oriental, me sentí deslumbrado de tal manera por la magestad del conjunto, que desde luego no vi sinó la extension inmensa, sin poder darme cuenta de los detalles. Ya no era una montaña nevada la que yo creia asir, ya no era un dilatado llano, sin nubes como sin vegetacion activa…. Todo era aquí distinto. Volviéndome hácia el lado de La-Paz aun vela las áridas montañas y ese cielo siempre puro, característico de las elevadas planicies. Por todas partes, al nivel en que me hallaba, alturas vestidas de hielo y de nieve; mas qué contraste por el lado de los Yungas! Hasta quinientas ó seiscientas varas debajo de mí, montañas entapizadas de verde terciopelo, y que parecian reflejarse en un cielo transparente y sereno á esta altura, una cenefa de nubes blancas, que representaban un vasto mar azotando los flancos de las montañas, y por sobre las cuales se desprendian los picos mas elevados, figurando islotes. Cuando las nubes se entreabrian, yo descubria á una inconmensurable profundidad debajo de esta zona, límite de la vegetacion activa, el verdor azulado oscuro de las vírgenes selvas, que guarnecen por todas partes un terreno tan accidentado. Lleno de regocijo al verme rodeado de una naturaleza, tan diferente de la que me habian presentado la vertiente occidental y los llanos de la cordillera, quise, ántes de ocultarme bajo esta bóveda de nubes, vagar libremente algunos instantes por sobre la region del trueno.
Visité sucesivamente Yanacachi, Chupi, Chulumani, Irupana, etc., pasando alternativamente del lecho de los rios á la cumbre de las montañas. La pomposa vegetacion del Rio Janeiro se vé reproducida en estos sitios, pero con mas esplendor; una caliente humedad fomenta en ellos, hasta sobre las mas escarpadas rocas, plantas prodigiosas. Despues de haber estudiado detalladamente esta provincia, tan abundante en producciones, seguí por la misma vertiente occidental, recorriendo el terreno desigual, pero rico en minas de plata, de las provincias de Sicasica y de Ayupaya, pasando por Cajuata, Suri, Inquisivi, Cavari y Palca hasta trepar nuevamente la cordillera oriental, de donde cayeron de repente mis miradas, á algunos millares de piés, sobre los ricos valles de Cochabamba y de Clisa. Qué singular contraste aquel con el de los riscos donde me encontraba! Era la imágen del caos al lado de la mas grande tranquilidad: era la naturaleza triste y silenciosa en presencia de la vida mas animada. Yo veia pues, en medio de áridas colinas, dos extendidos llanos cultivados y guarnecidos por todas partes de casuchas y bosquecillos, entre los que se distinguian gran número de aldeas, y una grande ciudad á la que hacian sobresalir sus edificios como á una reina en medio de sus vasallos. Nada puede efectivamente compararse á la sensacion que produce el aspecto de esas llanuras, cubiertas de caseríos, de plantaciones y de cultura, circunscriptas por una naturaleza montañosa y estéril, que se extiende á mas de treinta leguas á la redonda perdiéndose confusa en el horizonte. Se creeria ver allí la tierra prometida en el seno del desierto. Si habia yo probado ántes vivísimas impresiones en presencia de las bellezas salvages de esa naturaleza grandiosa del llano Boliviano, y de la cordillera oriental, en donde la vida no entra para nada en el conjunto, pues que nada se encuentra allí de lo que respecta al hombre, cuánto mayores no serian ellas, al descubrir yo estos lugares animados, estas llanuras sembradas de edificios, esos campos ricos y abundosos que despertaban en mi mente la imágen de mi patria!
Cochabamba y sus cercanías fueron por algun tiempo el teatro de mis investigaciones; prosiguiendo luego mi marcha hácia el este, traspuse cien leguas de montañas bastante áridas, pero cortadas por fértiles y profundos valles. Durante este viage reconocí sucesivamente las provincias de Clisa, de Mizqué y del Valle-Grande, siguiendo por el camino de Punata, Pacona, Totora, Chaluani, Chilon, Pampa-Grande y Samaypata (el poyo del descanso), último punto habitado de las montañas, de donde solo distaban treinta leguas las fértiles pampas del centro continental. Pocos dias despues se descubria, de la cumbre de la cuesta de Petaca, el extendido horizonte de unos llanos calurosos cubiertos de bosques, en cuyo centro se ve sentada la tranquila ciudad de Santa-Cruz-de-la-Sierra.
El estudio de esta ciudad y de sus notables contornos ocupó mi atencion por algunos meses: pasados estos, me resolví á penetrar mas adentro en las tierras habitadas. Me encontraba ya como á trecientas leguas del mar; pero anhelando tambien conocer las poblaciones puramente indígenas, volví mi marcha al este, hácia la provincia de Chiquitos, atrevasando el Monte-Grande, cuya espesa frondosidad cubre una extension de mas de sesenta leguas, y en donde vanamente se buscarian otros huéspedes que los animales salvages.
La provincia de Chiquitos, colocada en el centro del continente americano, tiene mas de diez y ocho mil leguas de superficie, y siendo muy fértil su terreno, pueden cultivarse en ella todos los frutos de los paises cálidos, al mismo tiempo que en las montañas de Santiago pudieran sembrarse trigos y plantarse la viña. Visité sucesivamente San-Javier, Concepcion, San-Miguel, Santa-Ana, San-Ignacio, San-Rafael, San-José y Santiago, y precisamente vine á encontrarme sobre esas montañas, en la primavera de aquellas regiones.
En tanto que un sol abrasador tostaba las llanuras circunvecinas, algunas benéficas nubes, posándose sobre la cima de las montañas, habian operado un cambio total en el aspecto de la naturaleza. Los árboles se cubrian de un tierno follage y de diversidad de flores; la campiña desplegaba lujosamente sus primorosos ropages. En nada absolutamente pudiera compararse la bella estacion de Europa á un tal momento bajo las zonas tórridas. En Francia, por ejemplo, las hojas van brotando poco á poco, y el frio y la ausencia de dias hermosos se hacen frecuentemente sentir aun despues de bien entrada la primavera. En aquellos lugares, esta no es sino el cambio súbito de una decoracion. La naturaleza se halla muerta, inanimada; un cielo demasiado puro ilumina un campo triste y casi desolado; pero sobreviene un aguacero, y al punto, como por encanto, todas las cosas toman una vida nueva. Bastan pocos dias para esmaltar los prados de verdura y de flores olorosas, y revestir los árboles con esas hojas de un verde tierno, ó con las flores que las preceden, dando á cada uno de ellos un color vivo y uniforme. Si la campiña, ostentando su bella alfombra, embalsama el aire con los mas suaves perfumes, los bosques presentan otro carácter no ménos halagüeño de belleza y variedad. Aquí un árbol cargado de largos racimos purpúreos contrasta con las copas, ya celestes, ya del dorado mas puro; allá sobresale una cima blanca como la nieve junta al rosado mas tierno. Con cuánto regocijo trepaba yo por esas laderas, donde tan lindos vegetales se engalanaban, con sus joyeles, ó recorria los prados sin saber á que sitio dar la preferencia, pues que cada uno de ellos me ofrecia un encanto que le era particular, un tipo diferente. Confieso que nunca me habia sentido tan maravillado en presencia de las bellezas de ese suelo, cubierto por un dosel tan espléndido.
Dejando muy luego el pueblecillo de Santiago, y atravesando bosques inmensos y el rio de Tucabaca, destinado probablemente á suministrar ricas minas de oro, llegué á Santo-Corazon, que es el punto mas oriental de los lugares habitados de la república. Santo-Corazon era efectivamente por aquella parte el extremo del mundo, pues que nadie podia entónces pasar mas adelante. Así pues, calculando las grandísimas ventajas que resultarian de la navegacion del Paraguay para el tráfico comercial y para la civilizacion de la provincia de Chiquitos, y anhelando ser el primer instrumento de esta gigantesca empresa, recogí todos los datos posibles de los indígenas acostumbrados á recorrer las florestas, é hice abrir un camino hácia las ruinas del antiguo Santo-Corazon, en donde corre el Rio Oxuquis, formado de los rios San-Rafael y Tucabaca, llegando á cerciorarme que los altos ribazos de esta corriente podrian proporcionar, en todas estaciones, un puerto cómodo y situado á muy poca distancia del Rio Paraguay, en el cual desemboca un poco mas arriba del fuerte de la Nueva-Coimbra. En 1831 comuniqué estos importantes datos al gobierno de Bolivia, haciéndole ver el cambio favorable que, para aquella provincia y para toda la república, resultaria de una nueva via de comunicacion, por el Rio de la Plata, con el Oceano atlántico.
Deseoso de recorrer otro punto de Chiquitos, atravesando bellas selvas me puse en la mision de San-Juan, y retorné en seguida á San-Javier, de donde me aparté diciendo tambien adios á la provincia, al cabo de seis meses que me habia dedicado á su estudio.
En medio de las inmensas y sombrías selvas que separan las vastas provincias de Chiquitos y de Moxos, y en un espacioso recinto, que se halla indicado en nuestros mejores mapas como desconocido, corre un rio tambien ignorado aunque navegable: este rio es el San-Miguel. Sus orillas cubiertas de una vegetacion tan lujosa como activa, están habitadas por una nacion muy notable; tales son los Guarayos, que realizan en América, por su franca hospitalidad y por sus costumbres sencillas y enteramente primitivas, el poético ensueño de la edad de oro. Entre estos hombres de la simple naturaleza, á quienes jamas atormentó la envidia, el robo, esta plaga moral de las civilizaciones mas groseras como de las mas refinadas, tampoco es conocido. Si algunas veces habia yo suspirado viendo yacer en el abandono campos magníficos, miéntras que en Europa tantísimos infelices labradores perecen de miseria, cuánto mas agudo no debió ser mi sentimiento en presencia de aquellos lugares, los mas abundosos que yo habia encontrado hasta entónces, y en donde una naturaleza tan prodigiosa, y de un lujo de vegetacion extraordinario, parece estar pidiendo brazos que vengan á utilizarlos por medio del cultivo productor!
Al dejar el pais de los Guarayos, me embarqué y anduve ocho dias bogando sobre las aguas del San-Miguel, cuyas márgenes se ven cubiertas ya de altos bambúes ya de palmas motacúes. El rio se halla bien encajonado por todas partes; así es que las embarcaciones de todo tamaño pueden navegar allí fácilmente en todo tiempo. De este modo me puse en la mision del Cármen de Moxos, y visité esta vasta provincia, donde, sobre una superficie de trece á catorce mil leguas, treinta y tres rios navegables estan ofreciendo al comercio y á la industria vias ya trazadas en medio de una sola llanura, que da orígen á todas las grandes corrientes meridionales, tributarias del famoso Rio de las Amazonas. Viven allí, divididos en diez naciones diferentes y que hablan distintas lenguas, unos pueblos, todos ellos dedicados á la navegacion, y que conocen perfectamente las mas pequeñas vueltas y revueltas de esos canales naturales, diariamente cruzados por ellos en canoas hechas de un solo tronco de árbol, el cual es ahuecado á fuerza de hierro y de fuego.
Navegando por el Rio Blanco y el Rio Itonama, y atravesando sobre una canoa llanos inundados, hasta llegar al Rio Machupo, pude visitar sucesivamente Concepcion, Magdalena, San-Ramon y San-Joaquin, restos del esplendor pasado de los jesuitas.
Cerca del último punto encontré unas minas de hierro, las que abrazando un espacio de dos leguas, han sido colocadas por la naturaleza como para facilitar su laboreo y dar vida á aquellas regiones, no léjos del rio, é inmediatas á grandísimos bosques.
Bajé por el Machupo hasta el Itonama, su confluente, y desemboqué luego en el Guaporé ó Iténes, por el cual suben los Brasileros desde el Rio de las Amazonas hasta Mato-Groso, llevando en sus gariteas las mercancias procedentes de Europa. Encontré efectivamente dos de esas barcas en el Forte-do-principe-de-Beira, donde hay una guarnicion brasilera. Tiene el Guaporé en este punto mas de media legua de ancho; sus aguas corren magestuosamente en medio de bellas márgenes y por entre islas guarnecidas de árboles muy pintorescos. Descendiendo por él, yo comparaba mentalmente esos desiertos, hoy dia tristes y silenciosos, con lo que llegarán á ser cuando una poblacion industriosa venga á animarlos y á sacar un provecho de sus dones, y cuando el comercio con los Europeos, puesto en plena actividad, cubra esas aguas de barcos de vapor destinados á llevarles la abundancia y la vida intelectual.
Llegué finalmente á la confluencia de los rios Guaporé y Mamoré, y colocado en la punta misma del ángulo formado por la reunion de los dos mas grandes rios de aquellas regiones, yo abrazaba de una sola ojeada las corrientes de uno y otro. Existe entre ámbos el mas prodigioso contraste. A un lado, presenta el Guaporé el símbolo de la quietud: bosques sombríos se extienden hasta el borde de sus cristalinas aguas, las que corren con lentitud y magestad: al otro, me ofrecia el Mamoré la imágen del caos y de la instabilidad de las cosas. Sus rojas aguas, sumamente agitadas, arrastraban, borbollando, innumerables trozos de vegetacion, y hasta troncos gigantescos, arrancados violentamente á los ribazos por la corriente. Nada hay estable sobre su paso. Si una de sus riberas está cubierta de terromoteros casi desnudos de vegetacion, y en donde crecen algunas plantas anuales, la otra, pertrechada de barrancas arenosas, se desmorona de tiempo en tiempo minada constantemente por las aguas, arrastrando en su caida árboles que cuentan siglos, por lo que se ven las ensenadas llenas de troncos, que las crecientes estraordinarias han ido amontonando.
El Mamoré, tan ancho como el Guaporé, me enseñó sobre sus riberas y sobre las de sus tributarios, en el curso de una navegacion como de cien leguas, las hermosas misiones de la Exaltacion, de Santa-Ana, de San-Xavier, de la Trinidad y de Loreto.
Las comunicaciones que existian entre Cochabamba y Moxos eran largas, y sobre todo muy arriesgadas, siendo esto un grandísimo obstáculo para el comercio establecido entre ámbos puntos. Así pues me propuse buscar, para obiar tales inconvenientes, un camino mas abreviado, ó una via de navegacion por en medio de selvas y montañas, persuadido de que con esto haria yo á Bolivia un servicio capaz de dar á su gobierno un testimonio de mi gratitud, por las muchas favores de que le era justamente deudor.
Un poco mas al sud de la Trinidad, habia yo notado sobre la orilla occidental del Mamoré la embocadura del Rio Securi, no marcado en los mapas, y cuyo curso hasta en el mismo pais era desconocido. Este caudaloso rio, que viene mas directamente de las montañas del este de Cochabamba, debia ayudarme á poner en práctica mi proyecto; mas quise ante todo asegurarme por mí mismo, de si no eran exageradas las dificultades de la comunicacion existente hasta entónces.
Abandoné en efecto los llanos abrasadores de la provincia de Moxos, inundados una parte del año; y embarcándome en una canoa, ayudado por los indios Cayuvavas, los mejores remeros de la comarca, subí por el rio Mamoré hasta su confluencia con el Chaparé, y por este, en seguida, hasta su union con el Rio Coni. Finalmente, á los quince dias de una penosa navegacion, durante los cuales no habia yo visto otra cosa sinó bosques, y la pequeña parte de cielo correspondiente al profundo surco abierto por los rios en medio de ese oceano de perenne verdor, vine á encontrarme con la nacion de los Yuracarees, al pié de las últimas faldas de la cordillera oriental.
Las florestas vírgenes del Brasil, que con tanta perfeccion y gracia ha trasladado al lienzo el pincel de uno de los mejores artistas franceses, en nada se parecen á las de los lugares donde yo me hallaba. En estos, ayudada la naturaleza por un temperamento cálido y constantemente húmedo, ha tomado un desarrollo tal, que no hay cosa que pueda comparársele. El todo de la vegetacion cuenta allí cuatro ánditos diferentes. Arboles de ochenta á cien varas de elevacion forman una perpetua bóveda de verdura, frecuentemente esmaltada con los mas vivos colores ya de las flores purpurinas, de que algunos árboles se hallan enteramente revestidos, ya de las enredaderas, que caen como cabelleras hasta el suelo. Allí es donde infinitas especies de higueras, de nogales, y de moreras se confunden con una muchedumbre de árboles, cada uno de los cuales representa un verdadero jardin botánico por las plantas parásitas que los cubren. Debajo de este primer rango, y como protegidos por él, se elevan á la altura de veinte á treinta varas los troncos delgados y derechos de las palmeras, cubiertas de un follage muy vario en sus formas, y de racimos de flores ó de frutos que cortejan á porfía los pájaros mas bellos. Mas abajo, todavía, crecen, como de tres á cuatro varas de alto, otras palmas algo mas delgadas que las primeras, y á las que el menor soplo de viento echaria por tierra; pero los aquilones solo agitan la cima de los gigantes de la vegetacion, los que rara vez permiten que algunos rayos de sol puedan llegar basta el suelo, el cual se halla tambien adornado con las plantas mas variadas, miscelánea de helechos elegantes á hojas recortadas, de pequeñas palmas con hojas enteras, y sobre todo de marrubios de una levedad y delicadeza extraordinarias. No se halla un tropiezo debajo de esta sombra perpetua, pudiendo uno recorrer todos los puntos sin ser molestado por los espinos y las zarzas. ¿A quién le fuera dado pintar este admirable espectáculo, y exprimir las sensaciones que él infunde? El viagero se siente transportado, su imaginacion se exalta; pero, si despertando de su arrobamiento desciende dentro de sí mismo, y osa medirse en cotejo con una creacion tan imponente, cuán nulo y exiguo se encuentra! ¡Y cuánto entónces, por la conciencia de su pequeñez y de su debilidad en presencia de tamañas grandezas, viene á desmayar su orgullo!
Dejando estas bellísimas comarcas, dí principio á mi ascension sobre las montañas por entre mil precipicios, y á medida que me levantaba, veia cambiar rápidamente á la naturaleza de forma y de aspecto. Los árboles que se encumbraban hasta el cielo, las elegantes palmeras, y demas plantas arbóreas iban desapareciendo poco á poco: unos y otros eran reemplazados por los zarzales, luego por algunas plantas gramineas, y finalmente la nieve habia sucedido á los encantadores sitios de las regiones cálidas, que alborozan con su algazara mil pintados pajarillos. Tres dias despues de haber dejado la zona tórrida, pasaba la noche tendido sobre la nieve, en un punto que está casi al nivel del Monte-Blanco.
Doce leguas de crestas enmarañadas, separadas por gargantas profundas, detienen frecuentemente al viagero en medio de sus riscos; y cuando cae la nieve en abundancia por la noche y llega á encubrir los desfiladeros, es necesario aguardar á que el sol de algunos dias serenos la derrita para ver despejados los senderos que, aun entónces, solamente en fuerza de la habitud pueden encontrar los guias. La famosa gruta de Palta-Cueva, colocada entre dos crestas que era preciso traspasar, manifiesta bastante, por las osamentas de mulas que se ven por todas partes en sus alrededores, lo peligroso que es el detenerse en ellos; peligro difícil de evitarse por lo muy largo del tránsito y por lo escabroso del camino. Palpando pues los daños á que se expone el negociante, aventurándose á pasar, para transportarse á Moxos, por un tal camino, el solo conocido á no ser que se anden como trescientas leguas tocando de paso en Santa-Cruz-de-la-Sierra, formé seriamente el proyecto de buscar nuevas y ménos arriesgadas comunicaciones.
Bajé rápidamente á los valles de la vertiente meridional, y atravesando las lugares habitados por los indios Quichuas, me puse en la ciudad de Cochabamba, donde á la sazon se hallaba el gobierno, al que presenté el proyecto que acababa de concebir. Aprobó el plan que me habia yo propuesto, haciéndome sin embargo entrever las dificultades que habria que allanar, y los peligros á que yo me exponia en el corazon de regiones desconocidas, en donde tendria que luchar á la vez con los obstáculos de la naturaleza y con las naciones salvages. Pero inflexible en mi determinacion, y hechos mis preparativos, emprendí un mes despues este viage de descubrimiento.
El 2 de julio de 1832 salí de Cochabamba, dejando otra vez la civilizacion de un pueblo para aventurarme nuevamente en el seno de los desiertos, donde debia encontrarme solo conmigo mismo. Me acompañaban en esta expedicion, mandados por el gobierno, un religioso encargado de convertir á la fe cristiana á los salvages que encontrásemos, y el señor Tudela, que debia seguir mis instrucciones para abrir el camino proyectado, y entenderse en quichua con los indios conductores de víveres.
Subí por la cuesta de Tiquipaya y llegué á unas altas planicies de donde me encaminé, por un llano que ocupaba la cumbre de la cordillera oriental, hácia el punto culminante, que traspusé fácilmente, y comencé á bajar dirigiéndome al lugarejo de Tutulima. Yo habia pues pasado sin obstáculos la cordillera, y ya una de las dificultades de mi empresa quedaba allanada. Comparando este camino con el de Palta-Cueva y con todos los puntos de mi tránsito anterior, me pareció que, si podia continuar por tal senda hasta Moxos, esta nueva direccion reemplazaria á la otra, con la grande ventaja de no exponer á tantísimos peligros, ni al hombre ni á los animales.
El 8, despues de muchas dificultades, nacidas de la mala voluntad de mis indios, dejé Tutulima, último punto habitado, para internarme en el desierto y pisar una tierra virgen todavía. Conociendo, que me seria imposible trepar por las escarpadas laderas, y que, con la variacion este de 8 grados 28 minutos, la quebrada de Tulima, dirijida al nornorueste de la brújula, me ofrecia un buen camino, me dirijí por él. Caminé durante seis dias consecutivos por la misma quebrada, variando mi direccion de norte á nornorueste, pero haciendo apénas cuatro leguas por dia. Aumentábanse los obstáculos á cada paso, y no teníamos ni el tiempo necesario ni los medios para allanarlos; era por tanto indispensable el vencerlos. Tan pronto el torrente se hallaba de tal suerte encajonado que nos veiamos forzados á trepar por las laderas y á andar de precipicio en precipicio; tan pronto el desagüe de nuevos rios venia á engrosar de tal modo ese mismo torrente, que teníamos que pasarlo y repasarlo, luchando contra la corriente mas impetuosa y metiéndonos en el agua hasta la cintura. Aquí, era preciso construir una balsa para atravesarlo, acullá, abrirse paso con hacha en mano por entre bosques enmarañados.
Hasta entónces bien podia yo creerme sobre uno de los tributarios del Mamoré, y la direccion tomada era buena; mas de repente se presenta delante de nosotros una cadena de elevadas montañas, y el rio por el que seguíamos, recibiendo un otro curso de agua, que venia del estesudeste, dió vuelta bruscamente hácia el nornorueste. Creí pérdida toda esperanza; pues indudablemente aun debia ser este un tributario del Beni. Así es que al siguiente dia, determiné pasar la cordillera, y al cabo de una penosa jornada y de muchas detenciones forzadas, llegué al punto mas encumbrado de aquellas montañas; mas cuál fué mi desesperacion al encontrarme envuelto entre nubes, que nada de cuanto me rodeaba me dejaban ver! Mi única esperanza de suceso dependia de la eleccion que yo hiciese de una corriente de agua, la cual solo me era permitido reconocer desde la altura en que me hallaba: dejé que mi tropa se adelantase y me quedé esperando. Una hora de inquietud se me hizo un siglo y empezaba ya á desalentarme, cuando, por una dicha inesperada, se entreabrieron las nubes un momento, y se me reveló un horizonte inmenso: los últimos repechos de las montañas, como surcos irregulares cubiertos de árboles, bajaban serpenteando lentamente hácia un mar de verdura sin límites, el cual era formado por las florestas de la llanura, que contornean las montañas en un espacio de mas de cuarenta leguas. Seguia yo avidamente con la vista, lleno de ansiedad, la direccion de las profundas quebradas, buscando el punto de su reunion, para ver si hallaba en él una via de agua navegable. Un rayo del sol vino á revelármela, haciendo brillar á una apartada distancia, y en la direccion del norte 15 grados este, las sinuosidades de un rio en medio de la selva. Era este, como el puerto que aparece al navegante al cabo de una prolongada travesía; era el resultado de mis cálculos, el triunfo de mis ideas, un tributario en fin del Rio Securi, que yo habia dejado cerca de la Trinidad de Moxos.
Por el espacio de dos dias continué, pero en descenso, por la cresta de las mismas montañas, bajo una bóveda perpetua de ramas entrelazadas que forman una masa de veredura impenetrable al sol, y llegué á la poblacion de los salvages Yuracarees, quienes me acogieron perfectamente en sus cabañas, manifestándose decididos á cooperar á mis proyectos. Partí con ellos luego, ántes que este celo se enfriase, y me interné en el corazon de la selva mas hermosa del mundo en busca de un árbol, que bastase él solo para construir una canoa. Mis salvages, que conocian uno por uno todos aquellos árboles, me llevaron en derechura hasta el mas grueso de ellos, cuyo tronco, de veinticinco piés de circunferencia, quizas habia visto pasar muchos siglos. A los golpes del hacha saltan luego sus astillas, pero al llegar la noche solamente, y á impulsos de un trabajo tenaz, cae por fin haciendo estremecer la tierra, derribando todo cuanto encuentra por delante, y empujando unos objetos á otros, lleva la destruccion á mas de doscientos pasos. Los golpes redoblados del hacha hicieron resonar el bosque durante siete dias consecutivos; dirigia yo entre tanto los trabajos de los indios y trabajaba á la par de ellos para animarlos con mi ejemplo, hasta que el soberano de los árboles de aquellos contornos se vió trasformado en una lancha bastante espaciosa. Hubo despues que allanar, por entre el bosque, los obstáculos que se oponian á su marcha, de cerca de un cuarto de legua, hasta lanzarlo sobre el rio; lo que se efectuó victoriosamente. Me felicitaba ya del buen éxito de mis deseos; pues que para llenar la mision que me habia yo impuesto, no me faltaba otra cosa que hacer sinó bogar hácia Moxos.
Mis promesas determinaron á tres Yuracarees á seguirme hasta Moxos, sirviéndome de remeros; y sin mas provisiones que algunas yucas y otras raices, nos pusimos en marcha, abandonando las selvas. Las aguas estaban demasiado bajas y el rio lleno de saltos: en cuatro dias, solo pudimos andar tres leguas hasta la confluencia del rio Icho. Metidos siempre en el agua para arrastrar la canoa y casi descalsos, durante el dia éramos devorados por las picaduras ponzoñosas de los quejenes, á los que reemplazaban, por la noche, enjambres de mosquitos mas encarnizados todavía. Finalmente, en la confluencia en que los dos rios reunidos forman el rio Securi, siempre navegable, me fué preciso abandonar del todo los lugares habitados, y entregarme, casi falto de provisiones, á las contingencias de una navegacion cuyo término y obstáculos no me era dado prever; sobre todo acompañado de gentes inexpertas, que, por no saber guardar solamente el equilibrio, exponian á volcarse á cada paso nuestra débil embarcacion. La abundancia reinó desde luego, gracias á los buenos resultados de la pesca y de la caza; pero, á medida que adelantábamos, la selva se hallaba cada vez mas y mas desierta, y bien pronto nos vimos reducidos al pescado, sin sal, por todo alimento. En fin, despues de haber visto muchos rios considerables, todos ellos desconocidos, reunirse al que surcábamos, y al cabo de tres dias de una navegacion penosa, continuamente al rayo abrasador del sol, ó expuestos á las lluvias tan abundantes en las regiones calurosas, se presentó nuevamente delante de nosotros el Mamoré en toda su grandeza. Entónces me olvidé de los pasados sufrimientos. Me encontraba en Moxos, blanco de mis afanes, y á la mañana siguiente, despues de una ausencia de cuarenta dias, volvi á ver la capital de la provincia, donde apénas me reconocieron, tal era la alteracion que los trabajos habian causado en mi semblante.
Trazado el plano de este último itinerario me daba ménos camino que por el Chaparé, y á mas, habia yo descubierto un tránsito no tan arriesgado como el de Palta-Cueva. Mis votos, en esta ocasion, se veian tambien cumplidos; y me era permitido ofrecer al gobierno de Bolivia, en la delineacion de una nueva via para sus transaciones comerciales, un presente digno de sus beneficios; sin creerme por esto exento de la imprescriptible obligacion de conservarle mi eterno reconocimiento.
Terminadas pues mis investigaciones en la provincia de Moxos, me embarqué nuevamente y volvi á subir por el Mamoré hasta su confluencia con el rio Sara, y en seguida por este hasta su reunion con el rio Piray, el cual me condujo, al cabo de una molesta navegacion de quince dias, al puerto de los Cuatro-Ojos, situado á treita leguas de Santa-Cruz-de-la-Sierra. El 17 de noviembre de 1832, á los cincuenta dias de permanencia en esta ciudad hospitalaria, me separé de ella penetrado de reconocimiento por los muchos favores de que sus habitantes me habian colmado. Dirigíme de nuevo á las montañas, y trepando hasta Samaypata me encaminé á Chuquisaca, que distaba ciento catorce leguas. Visité de paso las bellas comarcas de Valle Grande, donde terminan los últimos ramales de la cordillera oriental, y bajé luego hácia el Rio Grande, que recibe todas las aguas de las provincias de Cochabamba, Mizqué, Arque, Chayanta, y de una parte de las de la Laguna y de Yamparaes en los departamentos de Cochabamba, de Potosí y de Chuquisaca. Atravesando las montañas y los fértiles valles de las provincias de la Laguna y de Yamparaes, y pasando sucesivamente por el Pescado, por Tomina, Tacopaya, Tarabuco y Yamparaes, llegué finalmente á la capital de Bolivia, antiguo asiento de la audiencia de Charcas, hoy dia residencia de una corte suprema y de una universidad. La ilustrada ciudad de Chuquisaca ó La-Plata, circundada de montañas y de campos cultivados, ofrece enteramente la misma temperatura de la Provenza, en Francia, y podria producir los mismos frutos.
Dejando esta ciudad, atravesé el Cachimayo y el Pilcomayo, y bien pronto elevándome cada vez mas sobre las montañas llegué á Potosí, ciudad de riqueza proverbial; la que por el producto extraordinario de sus minas de plata, ha dado á la España una parte del lustre de que esta ha gozado durante los últimos siglos. Admiré en ella sus grandes lagunas artificiales, sus numerosos ingenios, su casa de moneda, y trepé luego sobre su cerro cribado de boca minas, de las que han salido tantísimos millares de pesos, sin que haya esto mejorado la condicion de los pobres indígenas, instrumentos indispensables de esos penosísimos laboreos. En la cumbre de este cerro, me hallé ochenta varas mas arriba del nivel del Monte-Blanco.
Despues de haber escrupulosamente examinado los alrededores de Potosí, me dirigí á Taropaya, á Yocalla, y á la garganta de Tolapalca: en seguida bajé al profundo valle de Ancacato, que desemboca en el Lago de Pansa, y continuando por el valle de Cóndor-Apacheta, me encontré en unas llanuras espaciosas que me condujeron hasta Oruro, la segunda Potosí, cuyas minas, ricas tambien en otro tiempo, cesaron mas pronto de producir sus tesoros. La ciudad, bien decaida al presente, no suministra ya sinó metales de estaño, ó algun poco de oro arrancado, dirémos así, á sus vecinas montañas.
Me encontré de nuevo sobre el llano Boliviano, la parte mas poblada de aquellos parages. Allí es en donde el cultivo de las papas, por una parte, y la cria de las llamas y de las alpacas por otra, han sido los elementos de esa gran sociedad, que dominada por los Incas, civilizó á todos los pueblos montaraces. En un viage que hice á la provincia de Carangas, vi por todas partes, en medio de unas colinas paralelas, abundantes en minas de cobre, los vestigios de la poblacion antigua: jamas habia yo encontrado tantas pucaras (antiguas fortalezas), y tantos grupos de tumbas (chulpas) todavía en pié. Noté sobre todo las inmediatas al Crucero, cerca de Totora, y las de Pataca-Chulpa (las cien tumbas) cerca de Huaillamarca.
De regreso á Oruro, continué mi exploracion por el llano, y me encaminé por Caracollo, Sicasica y Calamarca hasta La Paz, de donde pasé á visitar Tiaguanaco, tan célebre por sus ruinas. Allí he visto edificios inmensos que testifican una civilizacion tal vez mas adelantada que la de los Incas, y que ciertamente debe serle anterior. Estos monumentos son notables, sobre todo, por las enormes dimensiones de los pedruscos tallados de que se compone su fábrica. En medio de una vasta llanura, donde se eleva un túmulo á mas de cuarenta varas, se ven, rodeados de pilastras colosales, los restos de algunos templos cuadrados mirando hácia el oriente, que tienen como ciento ochenta varas de frente á cada lado, y cuyos pórticos están cubiertos de bajos relieves chatos representando el sol, y el cóndor su mensagero: se advierten tambien allí, todavía, algunos fragmentos de estatuas gigantescas. Todos estos monumentos, colocados muy cerca de las orillas del famoso lago de Chucuito, cuna de Manco-Capac, son bien diferentes de los que se notan en las islas de Coati y de Titicaca, donde fueron estos últimos edificados por los Incas, despues que llegaron ellos á verse dueños, por la conquista, de los paises que habitaba la nacion Aimará, primera simiente de la civilizacion de los Andes.
Habiendo recorrido con exámen los contornos del inmenso lago de Chucuito, que, situado á la altura de cuatro mil varas sobre el nivel del Oceano, se extiende á mas de treinta y tres leguas geográficas de largo sobre quince á veinte de ancho, presentando el aspecto de un pequeño mar, volví á pasar por la postrera vez la cordillera occidental, dirigiéndome al puerto de Arica. Mas de tres años habia yo pues empleado en la exploracion de la república de Bolivia, y me aparté de esa bella y rica parte del continente americano llevando conmigo, no solamente materiales inmensos y de todos géneros para hacerla conocer bajo sus diversos aspectos, sinó tambien el mas vivo agradecimiento hácia su gobierno y hácia sus habitantes, que me habian siempre colmado de civilidades, y dádome, junto con la hospitalidad, finas pruebas de estimacion.
Despues de haber visitado los puertos de Islay y del Callao (Perú), me embarqué definitivamente en Valparaiso para pasar á Francia, en compañía de seis jóvenes bolivianos, nombrados por su gobierno para estudiar en Europa la metalurgia. Nos dimos á la vela en los primeros dias de octubre de 1833, y á principios de 1834 volví á ver mi patria despues de una ausencia de ocho años[1].
[Nota 1: En la parte histórica de mi obra, Voyage dans L'Amérique méridionale, puede verse mi itinerario completo.]
Pasé inmediatamente á París, en donde me apresuré á someter al juicio del Instituto un álbum de mas de quinientas planchas iluminadas, que habia yo dibujado en aquellos lugares, copiando de la misma naturaleza; gran número de manuscritos; é inmensas colecciones geológicas, zoológicas y botánicas. Se nombró una comision compuesta de los señores de Blainville, Geoffroy Saint-Hilaire, Adolphe Brongniart, Savary y Cordier, y el 21 de abril de 1834 presentó esta, sobre dichos materiales, una relacion de la que copiaré aquí algunos pasages.
ZOOLOGIA.—Relatores, los SS. de Blainville y Geoffroy.
«Por los detalles en que acabamos de entrar, detalles que habríamos podido doblar y triplicar, siendo tan copiosos los materiales puestos á nuestra disposicion, la Academia habrá visto sin duda que las observaciones zoológicas del señor de Orbigny, ya redactadas en parte y frecuentemente acompañadas de figuras iluminadas, copiadas de lo viviente, así como las colecciones de animales en apoyo, deben llenar muchos vacíos que habia en nuestra coleccion; lo que adelantará notablemente la zoologia de muchos puntos de Sud-América, muy mal conocidos hasta el presente, como la Patagonia, las provincias del Paraguay y las del alto Perú.
«Reconocemos que el señor de Orbigny ha tenido un acierto completo en los espaciosos límites de su mision, de una manera tan importante para nuestras colecciones como para la ciencia misma.»
BOTÁNICA.—Relator, el Sr. Adolphe Brongniart.
«En fin, la tercera region que él ha explorado con un cuidado muy especial, comprende toda la república de Bolivia y algunos puntos del Perú; ella abraza, entre los grados 13 y 22 de latitud sud, una extension mayor que la de la Francia entera, y presenta las alturas mas variadas, desde el nivel del mar al oeste y las llanuras inundadas de la provincia de Moxos al este, hasta las cimas cubiertas de nieves perpetuas de la parte mas elevada de los Andes.
«Tres años ha pasado en esta interesante comarca, la que ha recorrido por todas partes. En medio de las investigaciones de toda especie, á las que este laborioso viagero se habia entregado, ha podido hallar todavía el tiempo suficiente para recoger y preparar con cuidado mas de mil seicientas especies de plantas, de entre las cuales muchas serán de un grande interes para la ciencia.
«Esa inmensa cordillera de montañas, que costea el gran oceano Pacífico, desde el cabo de Hornos hasta el istmo de Panamá, está bien léjos de haber sido estudiada en toda su extension con respecto á sus producciones naturales; Mutis, Ruiz y Pavon, Dombey, Haenke, y mas recientemente los señores de Humboldt y Bonpland han explorado su parte norte, desde Panamá hasta Lima, es decir, hasta los 12 grados de latitud sud. Por otra parte, Ruiz y Dombey antiguamente, y en los tiempos modernos el infortunado Bertero, muchos botánicos ingleses y alemanes, y nuestros compatriotas los señores de Urville, Lesson, Gaudichaud y Gay habian estudiado con cuidado las riquezas vegetales de Chile desde los 30 hasta los 38 grados de latitud sud; pero todo el espacio comprendido entre los 12 y los 30 grados de latitud austral, no habia sido visitado por botánico alguno conocido. Es en esta parte sin embargo en donde se encuentran las alturas mas elevadas de la cordillera de los Andes; es en ella en donde las vastas planicies, vecinas al límite de las nieves perpetuas, se extienden sobre una grande superficie. Es de esta region, casi desconocida para los naturalistas, que el señor de Orbigny ha visitado una grandísima parte, comprendida entre los 12 y los 22 grados de latitud. Mas él no se ha limitado á recorrer solamente esa cadena de montañas tan notable por sus producciones vegetales, ha estudiado igualmente la vegetacion de las partes bajas y abrasadoras que se extienden hasta las fronteras del Brasil; y si sus investigaciones sobre otros ramos de historia natural no le han permitido, como nos lo dice él mismo, recoger todas las innumerables plantas que encontraba en esos parages, mas de mil seiscientas especies distintas, colectadas de un modo muy inteligente en los sitios que podian presentar mayor interes á la geografía botánica, testifican á un mismo tiempo su celo activo para todos los puntos de las ciencias, y el tino que lo guiaba en aquellas de que él no habia hecho un estudio especial.
«Muchas plantas recogidas, sea en las provincias centrales ó sobre las cordilleras, son evidentemente nuevas; y aunque seria preciso entrar en un exámen mas escrupuloso que el nuestro para fijar el número con exactitud, pueden contarse, sin riesgo de mucho engaño, mas de trescientas ó cuatrocientas especies totalmente desconocidas, que ha recogido en esta parte de su viage; y todas, nuevas ó ya conocidas, serán de un grande interes para la geografía botánica, suministrando un eslabon que faltaba para unir la vegetacion de Chile con la del Perú y con la de Colombia.
«Lo que da todavía mas valor á estos objetos, son las notas precisas sobre las localidades, las alturas y los carácteres fugitivos de todas esas plantas que ofrecen los catálogos del señor de Orbigny. Estas notas y la atencion escrupulosa con la cual se ve que, en los lugares importantes, este celoso viagero ha recogido las especies mas pequeñas y ménos aparentes, prueban que el señor de Orbigny, aunque no habiéndose ocupado especialmente de botánica, no era estrangero á esta ciencia. Pero réstame señalar un verdadero trabajo científico, emprendido y continuado por este naturalista con una perseverencia y un talento que merecen los mayores elogios: quiero hablar de sus investigaciones sobre las palmeras.
«La imposibilidad de conservar como corresponde en herbario, á manera de las otras plantas, esos inmensos vegetales, habia hecho, hasta estos últimos tiempos, que su conocimiento fuese imperfecto; solamente los frutos de algunos de ellos se registraban en nuestras colecciones, y habian podido ser estudiados por nuestros botánicos. Para formarse una idea de sus otras calidades era necesario recurrir á las obras de algunos antiguos naturalistas, que habian dibujado estos árboles, tomando copia de la naturaleza, tales como Rumphius, Rheede, Plumier: estas nociones eran bien imperfectas á causa del poco adelanto de la botánica en la época en que esas obras se ejecutaron.
«Se ha dado un gran paso en estos últimos tiempos con la publicacion de la magnífica obra del señor Martius sobre las palmeras del Brasil; pero esta obra apénas estaba publicada y aun no existia en Francia cuando partió el señor de Orbigny. Muchos botánicos le aconsejaron que diese toda su atencion al estudio de esta hermosa familia, y que aprovechase de sus talentos en el dibujo y de su habilidad en imitar la naturaleza con una rara exactitud, para traer á Europa los materiales mas completos que le fuese posible recoger, durante su largo viage, para una historia sobre las diversas especies de esta hermosa familia.
«Nuestra esperanza á este respecto ha sido mas que colmada, y una serie de dibujos de cuarenta y ocho especies de palmeras, representadas, no solamente en entero para hacer conocer su porte, la forma de sus troncos y la disposicion de sus hojas, sinó tambien en los menores detalles de sus flores y de sus frutos, son unos materiales importantísimos; si se considera sobre todo que estos dibujos están acompañados, para todas las especies, de una description muy detallada hecha en los mismos lugares, y de notas sobre su uso y su distribucion geográfica; y para la mayor parte de entre ellas, de porcion de tallos, de hojas secas, de frutos y de flores que ayudarán á verificar y completar lo que los detalles de los dibujos del señor de Orbigny dejasen por desear. Mas zoologista que botánico, en medio de investigaciones y observaciones de toda especie, este sabio viagero ha hecho lo que muchos botánicos habian descuidado, por la dificultad que presenta el estudio de estos vegetales tan notables. Merced al señor de Orbigny las palmeras de Bolivia son mejor conocidas que las de la Guayana.
«Por todo lo que precede se ve que las colecciones botánicas del señor de Orbigny, junto con las notas y los dibujos, que las acompañan pueden extender muchísimo nuestros conocimientos sobre la vegetacion de la América meridional. Permítasenos, al concluir, manifestar un deseo que sentimos vivamente: este es de que no se dejen tan preciosos materiales guardados por largos años en las colecciones públicas, ó en los cartapacios del autor, para publicarse luego por fragmentos que les quitarian todo el interes del conjunto geográfico.
«Cuando se ve que las bellas colecciones, hechas antiguamente por Commerson y por Dombey en paises vecinos á los visitados por el señor de Orbigny, están todavía en gran parte inéditas, y que algunas porciones solamente han sido descriptas en veinte obras diferentes, no es nada estraño el temor que manifestamos.
«Si se reflexiona, por otra parte, en la suerte que cabe al mayor número de jóvenes doctos á quienes la pasion por el estudio de la naturaleza arrastra á esos viages peligrosos; si se recuerda que en diez y ocho años corridos desde que la paz general ha vuelto á abrir los mares, sobre ocho viajeros naturalistas del Museo de historia natural que han emprendido largas espediciones, cinco, Godefroy, Havet, Plée, Duvaucel, y ha muy poco todavía, el infortunado Jacquemont, han perecido léjos de su patria; que Lalande y Leschenault sucumbieron al cabo de pocos años á las enfermedades contraidas en sus penosísimos y largos viages, y que por tanto el señor de Orbigny es acaso el único, entre los que han vuelto á Francia con sus colecciones, que tiene la posibilidad de hacer conocer por si mismo los resultados de sus investigaciones, se convendrá en que es muy justo esforzarse, cuanto sea posible, para hacerle gozar de la recompensa mas dulce que él debe esperar despues de tan larga peregrinacion; tal es la publicacion de materiales conseguidos á costa de tantos riesgos y fatigas; sobre todo, cuando una profunda y vasta instruccion de parte del viagero anuncia de antemano toda la utilidad que las ciencias habrán de sacar de tan importante trabajo.»
GEOGRAPHÍA.—Relator, el señor Savari.
«Es bien raro que un naturalista viagero dé su atencion, con el mismo interes que á los objetos tan variados de sus estudios especiales, á un asunto de investigaciones no ménos útil, pero mas árido, la configuracion exacta y detallada de los parages que recorre. Es mas raro que este viagero extienda así voluntariamente el circulo de sus tareas, cuando sin preparacion, sin guia y casi sin instrumentos arrostra nuevas dificultades. Esto es lo que con un celo infatigable ha hecho el señor de Orbigny.
«A la llegada de este señor á Bolivia da principio en cierto modo su segundo viage. La república de Bolivia, compuesta de la mayor parte del antiguo alto Perú, es un pais poco mas ó ménos igual á la Francia en superficie: pais notabilísimo bajo su aspecto geográfico. Un lago inmenso; grandes ciudades casi tan elevadas sobre el nivel del mar como la cima de las mas altas montañas de Europa; montañas que dominan este lago como el Monte-Blanco domina el Ródano y Ginebra; sobre esas montañas, ricas minas y las mas encumbradas de cuantas beneficia el hombre: de la otra parte de las cordilleras, vastas llanuras cruzadas por grandes rios, navegables en una extension de unas de doscientas leguas, y cuyas corrientes, poco conocidas hasta de los habitantes mismos, en nada se asemejan á las representaciones trazadas al acaso en nuestros mapas; un clima frio en la proximidad del ecuador: sobre una vertiente de las montañas, tempestades periódicas cada dia durante una parte del año, en el resto de él un cielo constantemente despejado; sobre la otra vertiente, una humedad perpetua; tal es el pais para la formacion de cuyo mapa detallado el señor de Orbihny ha recogido allí mismo los elementos minuciosos.
«Estos elementos son reconocimientos ejecutados, para las direcciones, con ayuda de la brújula, para las distancias recorridas, con el relox en la mano. Las formas del terreno, dibujadas sobre una grande escala, han sido hechas á pincel con un talento admirable. No trepido en comparar estos reconocimientos con lo que el depósito de la guerra posee de mejor, en este genero, sobre muchos puntos de España.
«Para dar, en cuanto á la configuracion del pais, una idea de las rectificaciones que, segun el señor de Orbigny, requieren los mapas actuales mas desparramados, bastará citar la posicion de una grande ciudad (La Paz) trasportada de un lado de la cordillera principal sobre el lado opuesto. Esto es lo mismo, poco mas ó ménos, que si un mapa de Europa presentase á Turin sobre la vertiente de los Alpes que mira á la Francia.
«Un asunto de investigaciones, que toca ménos directamente á la Academia de ciencias, pero que será siempre de un interes general, esto es, el estudio de las lenguas y de las antigüedades del pais, ha dado resultados muy curiosos al señor de Orbigny: mas de treinta y seis vocabularios distintos; rastros de sistemas de numeracion, cuya base es unas veces el número cinco, otras el doce; singularidades sorprendentes y características, tales como una lengua hablada en una extension considerable del pais, y en la que cada objeto tiene dos nombres exclusivamente empleados, el uno por los hombres, el otro por las mugeres: todos estos datos, de los que muchos se ligarán tal vez á las conexiones y á las grandes emigraciones de los pueblos, darán probablemente mas realce á la narracion que debe esperarse del señor de Orbigny. La historia de las artes encontrará tambien en ella algunos documentos preciosos.
«Volviendo al objeto especial de este informe, y para hacer apreciar en una palabra el trabajo que me ha sido sometido, diré que los materiales topográficos del señor de Orbigny unidos á las posiciones determinadas por el señor Pentland, harán que pueda construirse el mapa detallado de un pais, que es tan grande como la Francia, con una exactitud comparable á la de nuestros mapas de la España; yo expresaré el deseo de que las minutas de este trabajo, que acaso no volverá á ejecutarse jamas, sean conservadas en una de nuestras colecciones nacionales: el autor se encuentra en el caso de terminar la redaccion y el dibujo, de publicar en fin sobre una escala reducida, aunque bastante grande todavía, el mapa de las regiones que ha recorrido. Semejante publicacion seria ciertamente la mejor y mas propia demostracion de agradecimiento que la Francia dirigiese al gobierno de Bolivia, por la proteccion ilustrada que ha prestado este al señor de Orbigny, poniendo constantemente á su disposicion todo genero de recursos[1].»
[Nota 1: Se nombró igualmente una comision en la Sociedad de geografía, la que segun el informe de sus comisarios, tuvo á bien acordarme, en 1834, la medalla de oro del gran premio annual de 1832.]
GEOLOGÍA.—Relator, el señor Cordier.
«Los materiales geológicos presentados por el señor de Orbigny, se componen, de un itinerario detallado que encierra buen número de observaciones y de consideraciones generales; de un átlas de ocho hojas, mostrando por medio de recortes figurativos la disposicion de los terrenos; y de mas de seiscientas muestras de rocas, escogidas con dicernimiento y acompañadas de catálogos circunstanciados.
«Estos materiales nos hacen conocer de una manera satisfactoria la constitucion de dos grandes regiones de la América meridional, cuya extension reunida es tres veces mayor que la de la Francia; y á mas, sus resultados puestos en combinacion con las observaciones anteriormente recogidas en esa parte del mundo por otros viageros, nos dan las probabilidades mas justas sobre la naturaleza, hasta entónces ignorada, de los terrenos de las otras regiones, que componen el interior de ese inmenso continente. Entrarémos en algunos detalles que justifiquen esta asercion….
«Para apreciar los variados y numerosos resultados de las investigaciones del señor de Orbigny en las provincias de Bolivia, seria preciso seguirlo en sus itinerarios, sea cuando traspasaba por repetidas veces la doble cordillera de los Andes, sea cuando costeaba las montañas, que parten desde los Andes, atravesando casi sin interrupcion el interior de la América, para ir á reunirse con las del Brasil, sea cuando recorria las pampas de Moxos y de Madeira.
«Puede juzgarse por lo que antecede, del alto interes que ofrecen las investigaciones geológicas del señor de Orbigny. Seria bien sensible que de tantos materiales preciosos, adquiridos á costa de tan grandes esfuerzos, de fatigas, perseverancia y sacrificios, no quedase otra cosa sinó una coleccion de fragmentos de rocas que existe depositada en el Museo. Es pues de desear que el señor de Orbigny redacte sus observaciones, para deleitar con ellas al mundo ilustrado, publicándolas junto con un mapa geológico que resuma los resultados mas importantes.»
CONCLUSIONES GENERALES DE LOS CINCO COMISARIOS.
«La Academia ha oido sucesivamente los informes, que los miembros de la comision estaban encargados de presentarle sobre los diferentes puntos de las investigaciones, á que se ha entregado el señor de Orbigny durante su apartada y laboriosa expedicion. Resta solo hacer conocer las conclusiones generales de la comision.
«La comision tiene la honra de proponer á la Academia:
«1° De expresar al señor de Orbigny su alta satisfaccion por el número y la importancia de los materiales y de las observaciones que ha traido de su viage;
«2° De declarar que seria utilísimo para la ciencia el que los resultados de este viage se publicasen;
«3° De decidir que ella contribuirá por su parte á fomentar y facilitar esta publicacion;
«4° De enviar al señor ministro de la instruccion pública una copia del presente informe, manifestándole cuán importante seria que él tomase las medidas necesarias para facilitar dicha publicacion;
«5° De llamar la atencion del señor ministro sobre los títulos, que tiene el gobierno de Bolivia, para ser acreedor al reconocimiento de todos los amigos de las ciencias, y particularmente al de los sabios franceses, por la proteccion tan ilustrada, tan generosa y eficaz que ha prestado al señor de Orbigny, durante su viage por los diferentes lugares que dependen de la república.»
El señor ministro de la instruccion pública tuvo á bien acordar, por tan favorables informes, la publicacion de mi viage, principiada muy luego bajo los auspicios del señor Guizot.
Me puse pues á trabajar con toda la actividad posible; pero me parecia que un complemento á mis estudios americanos era indispensable, para que mi obra fuese tan útil como yo lo deseaba. Me era necesario establecer, por una comparacion positiva, las conexiones ó las diferencias que podian existir entre la configuracion orográfica, la composicion geológica, y sobre todo las posibilidades agrícolas é industriales de las cordilleras de Bolivia, y nuestras montañas de los Pirineos y de los Alpes. Deseaba recorrer tambien, bajo estos mismos puntos de vista, los campos del norte, del oeste y sobre todo del mediodía de la Francia, á fin de poder señalar con conocimiento de hecho, al tratar de cada provincia americana, las mejoras que en ellas podrian introducirse. Bien se concibe que era preciso invertir mucho tiempo en investigaciones de esta especie, tanto mas cuanto que, sin ser ayudado en manera alguna á este respecto, debí imponerme toda clase de sacrificios para conseguir mi objeto. Finalmente á fuerza de perseverancia y armado de una firme voluntad, pude vencer poco á poco las dificultades, y estos viages de exploracion, hechos á mi costa, y reiterados en todos los puntos de Francia, en Saboya, en Suisa, en Alemania y en Bélgica, me han permitido el poder fijar mi juicio sobre una multitud de cuestiones, concernientes á la mejora de los paises que yo habia recorrido, y principalmente de Bolivia, á la que sobre todo deseaba ser útil, sin que ella soñase en la tarea penosa que me habia yo impuesto en su favor. Estos han sido los motivos que me han hecho suspender por tanto tiempo la publicacion de la narracion histórica de mi viage, relativa á las montañas bolivianas. Pero, á pesar de todos estos atrasos, mi obra[1] está ya para terminarse. Ella se compone de una serie de volúmenes que contienen:
1° La parte histórica ó la narracion de mi viage;
2° La geografía;
3° La geología;
4° La paleontología;
5° El hombre americano;
6° Los mamíferos;
7° Las aves;
8° Los peces;
9° Los moluscos y los caracoles;
10° Los crustáceos;
11° Los insectos;
12° Los foraminíferos;
13° Los polipos;
14° Las palmeras;
16° Los criptógamos.
[Nota 1: Historia intitulada Voyage dans l'Amérique méridionale (le Brésil, la république orientale de l'Uruguay, la république Argentine, la Patagonie, la république du Chili, la république de Bolivia, et la république du Pérou.)]
Tal era el estado de cosas relativo á mis publicaciones sobre el nuevo mundo, cuando S.E. el general don José Ballivian, presidente de Bolivia, animado del mas ardiente celo por el adelanto y la mejora de su bella patria, tuvo á bien acordarse de mí, encargándome de dar á luz una completa descripcion geográfica, estadística é histórica sobre aquella república. Honrado con esta nueva prueba de confianza de parte de un gobierno al que deseaba ser útil, acepté gustoso semejante tarea, á pesar de mis otros trabajos científicos, aprovechando esta ocasion, que yo anhelaba, para dar á Bolivia un testimonio público de mi gratitud, haciendo conocer su suelo, y las principales y mas útiles producciones de este, al mismo tiempo que el provecho que podria sacarse, conforme á nuestra industria y agricultura, de sus diversos modos de beneficio. Tenia pues la posibilidad de publicar muchísimos y muy preciosos documentos recogidos en mis exploraciones trasatlántica y Europea, diversidad de aplicaciones muy importantes para la industria local y para el comercio; todo lo cual, siendo de un interes demasiado especial para Bolivia, no me habria sido permitido imprimirlo en la obra general de mi viage.
Al emprender esta particular, totalmente exenta de preocupaciones políticas, habré conseguido el objeto que me propongo, siempre que pueda cooperar á los nobles pensamientos de mejora y de progresos para Bolivia, que ocupan incesantemente á S.E. el general Ballivian, como tambien si alcanzo, con este largo trabajo, á dar á los Bolivianos una prueba de mi agradecimiento y de mi adhesion á todos.
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PLAN DE LA OBRA.
Una descripcion geográfica, estadística, é histórica de Bolivia puede considerarse de dos modos diferentes: ó debe darse principio á ella por la exposicion de las generalidades relativas al conjunto, entrando luego en los detalles parciales y peculiares á cada departamento y á cada provincia; ó seguir una marcha inversa, describiendo primeramente las especialidades, es decir, las provincias, para dar en seguida el resúmen por departamentos, y terminar la obra por consideraciones generales que pueden deducirse de todos los hechos particulares. Este segundo método de redaccion es el que adoptaré para mi trabajo, por ser mas apropiado que el anterior, así como tambien el mas lógico; pues que de deducciones en deducciones viene á resumir las circunstancias de hechos ya conocidos, agrupándolos para sacar las consecuencias.
Adoptado este plan, trazaré primeramente la circunscripcion de un departamento; luego me ocuparé detalladamente de cada provincia dando á conocer su situacion geográfica en latitud y longitud, su extension en superficie, sus límites, su configuracion, sus accidentes orográficos; la direccion, la forma y la composicion geológica de sus montañas, las de sus valles y llanuras: haré despues una descripcion completa de los rios que la cruzan, de los lagos y pantanos que la cubren, de la naturaleza de sus terrenos y de su temperatura. Para completar mi cuadro, procuraré por último dibujar á grandes rasgos el conjunto de su fisonomía animal, vegetal y mineral, segun sus diversas regiones.
Despues de dar á conocer el pais bajo el aspecto de sus caracteres naturales, principiaré la historia. La primera época contendrá, segun los primeros escritores y conforme á mis observaciones, los detalles sobre las naciones americanas que ántes de la conquista del nuevo mundo habitaban la provincia. Describiré sus límites antiguos, sus divisiones, sus emigraciones, sus costumbres, procurando escudriñar lo que respecta á la parte verdadera ó fabulosa de su historia y de su religion.
Delineado este primer cuadro, pasaré á la historia de la conquista. Seguiré en sus excursiones á esos atrevidos y valerosos aventureros españoles, que sedientos del oro cruzaban el pais por todas partes, haciendo conocer á las hordas salvages, ó á pueblos medio civilizados, el poder de las armas europeas. Acompañaré tambien á los perseverantes apóstoles de la fe evangélica, que no temian arrostrar, con tal de conseguir el objeto de su mision religiosa, tantos peligros como á cada paso veian brotar bajo sus piés. Procuraré, á mas, dar una descripcion de esas nacientes colonias, señalando sus progresos, y su tránsito del yugo de la España á la independencia nacional: finalmente, atravesando todas las épocas y los diferentes grados de civilizacion, llegaré al estado actual, que merece un mas amplio desarollo.
Habrá primero un capítulo que trate de la poblacion segun las divisiones políticas y las castas, y en el cual se dará una ligera reseña de los usos, de la manera de vivir de los habitantes, de sus diversiones, de sus costumbres en general y en particular. En seguida haré una descripcion de todos los lugares habitados, tratando de sus recursos, de su comercio, de las vias de comunicacion que unen á los unos con los otros. Considerando la provincia en su conjunto, me ocuparé de los productos de su industria actual, de las producciones naturales que podrian utilizarse en los reinos animal, vegetal y mineral.
Otro capítulo indicará las mejoras agrícolas, industriales y comerciales de que cada provincia es susceptible, haciendo conocer en lo possible, por medio de la comparacion con las diferentes regiones de la Europa, qué procederes debieran aplicarse de preferencia á cada ramo, en los puntos de Bolivia que se asemejan mas á aquellas, á fin de aprovechar todos los recursos locales tan multiplicados, y en gran parte desconocidos hasta el presente. En estas últimas consideraciones, que son las mas importantes, analizaré la cuestion de las grandes vias de comunicacion, y la de los conductos para el tráfico comercial, dando el mas amplio detalle sobre la navegacion interior, y sobre la posibilidad de entablar una correspondencia directa entre Bolivia y la Europa, ya sea bajando por los rios Madeira y el de las Amazonas, ya sea por los rios Pilcomayo, Paraguay y el de La-Plata; abriendo así un manantial inagotable de riquezas tanto para Bolivia, como para el gobierno europeo que quisiere emprender esta obra gigantesca, tan digna de un siglo de progresos.
Despues de haber hecho la descripcion sucesiva de todas las provincias, conformándome al órden que acabo de indicar, terminaré la obra por las generalidades de conjunto, que bajo los mismos puntos de vista abrazan toda la república. Este último resúmen comprenderá la historia y la geografía antigua de los Incas, cuya misteriosa cuna sobre las riberas del lago de Chucuito pertenece igualmente á Bolivia. Es en Tiaguanaco, entre la nacion Aymará, en donde se ha desarrollado desde luego la vida agrícola y pastoral, en donde las ideas sociales han germinado, en donde ha nacido el primer gobierno monárquico y religioso del Perú. Es tambien en Bolivia (en La-Paz) donde se dieron los primeros gritos de la libertad y de la independencia de Sud-América, el 16 de julio de 1809.
ÓRDEN DE LA PUBLICACION.
Dos circunstancias me determinan á empezar la descripcion de Bolivia por los departamentos del Beni y de Santa-Cruz-de-la-Sierra, ó diré mejor por las provincias interiores de Caupolican, de Yuracáres, de Moxos y de Chiquitos. Consiste la primera en que las provincias del centro del continente son las ménos conocidas por la masa de la poblacion boliviana, y en que es importantísimo para el gobierno como para los especuladores el saber las ventajas que ellas ofrecen, á los diversos géneros de beneficio ó á sus transaciones comerciales, independientemente del interes que inspira siempre al ciudadano amante de su patria, el conocimiento de una parte de su propio pais, que acaso nunca se verá en el caso de visitar. Confio en que se comprenderá igualmente el segundo motivo; él estriba sobre el deseo bastante natural que yo experimento, de hacer que la obra que he sido llamada á redactar, sea lo mas completa posible. Si me son familiares todos los detalles concernientes á las provincias de Moxos, Chiquitos, Santa-Cruz-de-la-Sierra y Yuracáres, estoy bien léjos de poseer todos los datos que yo quisiera sobre los departamentos de Chuquisaca, de La-Paz, de cochabamba, de Potosí, de Oruro y de Tarija. Doi pues principio á la obra por las provincias interiores esperanzado en que podré obtener, durante su publicacion, por la cooperacion activa de tantos hombres instruidos como posee Bolivia, el complemento indispensable de mis particulares observaciones.
Con el objeto de dar á luz una obra mas completa, hago desde hoy un llamamiento general al patriotismo de los Bolivianos, pidiéndoles:
1° Documentos antiguos ó modernos sobre la historia, consistiendo, ya en manuscritos, ya en notas que contengan los datos precisos de los cambios de gobierno bajo el régimen español, durante las guerras de la independencia, ó despues de la gloriosa batalla de Ayacucho.
2° Indicaciones relativas á los antiguos restos de la civilizacion de los indígenas; todos los objetos de aquellos tiempos, como vasos, armas, ornamentos, etc. Sera preciso adjuntar algunas notas sobre el estado y demas circunstancias en que dichos objetos se hubieren recogido.
3° Descripciones parciales ó generales de las provincias, ciudades y pueblos, y finalmente todos los datos pertenecientes á la geografía, á la estadística, á la agricultura y á los productos de las diferentes comarcas.
4° Detalles especificados sobre todas las minas, ya beneficiadas ó por beneficiarse, de oro, plata, estaño, cobre, plomo, etc. Muestras de minerales, á fin de hacer los análisis químicos, y poder indicar, segun los actuales conocimientos metalúrgicos de la Europa, si deben aplicarse nuevos métodos para su laboreo. En fin, todos los documentos sobre la direccion y riqueza de las vetas, y sobre los productos antiguos y modernos de las minas.
5° Me atrevo á reclamar aun, entre los objetos que pertenecen á los tres reinos, aquellos que pudieran presentar algun resultado útil, ó interesar á la curiosidad por su naturaleza, formas y colores.
Cuidaré entre tanto durante el curso de la obra, de inscribir siempre en las correspondientes páginas, los nombres de todos aquellos que se hicieron acreedores al reconocimiento público, suministrándome cualquier clase de datos, ó objetos antiguos y de historia natural. A este respecto que desde ahora me sea permitido nombrar á Don Antonio Acosta, quien ha tenido la bondad de proporcionarme documentos muy preciosos sobre las provincias de Esquivel, de Muñecas, de Caupolican y sobre otros muchos puntos de la República.
Ayudado pues por el generoso é ilustrado concurso de todos los Bolivianos amantes de su patria, no dudo que mis esfuerzos lleguen á verse coronados, haciendo que esta obra sobre Bolivia, sea un monumento nacional digno de la riqueza prodigiosa de esta bella parte del continente americano.
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Teniendo que hacer uso de un idioma que no es el mio, debe prestarme su cooperacion en la parte literaria de este trabajo el joven Boliviano DON RICARDO BUSTAMANTE, cuya solicitud recomiendo muy particularmente á la consideracion de sus compatriotas, en atencion al noble deseo que lo anima de servir á su pais. DESCRIPCION GEOGRÁFICA, HISTÓRICA Y ESTADÍSTICA DE BOLIVIA
DEPARTAMENTO DEL BENI[1].
Hay casos en que la dependencia política de un pueblo influye considerablemente sobre la marcha progresiva de su civilizacion. Cuando Moxos, por egemplo, que dista mas de doscientas leguas de Santa-Cruz-de-la-Sierra, pertenecia al departamento de este nombre, no hay duda que estaba condenada á no poder salir de su condicion estacionaria; bastaba para ello la sola circunstancia de no comunicarse con otro punto sinó con su capital, lo cual hácia que, tanto sus necesidades, como la abundancia de sus recursos, fuesen totalmente ignoradas por el gobierno. Para cambiar este estado lamentable de cosas, para cortar los abusos y aplicar un remedio á tantos males, para utilizar, en fin, los cuantiosos bienes con que la naturaleza ha dotado á esta provincia, el general Don José Ballivian, presidente actual de la república, tomó el partido de formar de ella, bajo el nombre de Beni, un departamento separado, reuniéndola con los territorios de Caupolican y de Yuracáres.
[Nota 1: Beni, significa viento, en la lengua tacana.]
La creacion de este departamento, en 1842, es una de las numerosas medidas que anuncian la entrada del pais en la senda del progreso, al mismo tiempo que el celo ardiente, por el bien general, que anima á su actual gobierno.
Acrecer el valor intrínseco de un pueblo, y realzarlo á sus propios ojos es darle ciertamente una existencia nueva, es infundirle el ánimo necesario para que pueda salir de su funesto adormecimiento, y encaminarse rápidamente hácia las mejoras de toda especie. Esperemos pues que semejantes previsiones no dejarán de cumplirse, y que estas tres comarcas, que se veian reducidas á un estado medio salvage, constituyendo hoy en dia el nuevo departamento del Beni, mudarán enteramente de condicion: yo, por mi parte, confio en ello tanto mas, cuanto que, por la próxima apertura de su navegacion con la Europa, por sus minas de hierro, y por mil otros recursos naturales que las caracterizan, estas tres provincias han de llegar á ser, indispensablemente, el centro de grandes especulaciones comerciales, y quizas el foco de industria mas considerable que tendrá Bolivia.
El departamento del Beni encierra, en su circunscripcion, esa inmensa superficie de llanos y de montañas, que compone la estremidad norte de la república. Bajo una forma oblonga, esta superficie, que se dirige de nordeste á sudeste, viene á limitarse al oeste y al norueste en las provincias de Guancané y de Carabaya, pertenecientes al Perú; al norte, siguiendo los antiguos límites con el Brasil, en la reunion del rio Beni con el Mamoré, como á los 10 grados de latitud sud: sírvele en seguida de límite el curso del Mamoré hasta su confluencia con el Guaporé, como asimismo el rumbo de este, dirigiéndose hácia sus cabeceras, hasta el punto en que el rio Verde deposita en él sus aguas. Dejando la frontera del Brasil, el departamento se halla separado de la provincia de Chiquitos (comprendida siempre en el departamento de Santa-Cruz-de-la-Sierra) y tambien de la provincia de Santa-Cruz, por una línea ficticia, que atraviesa los lugares inhabitados de la parte sud y sudeste de las llanadas de Moxos.
La vertiente de la cordillera oriental de las provincias del Valle-Grande y del departamento de Cochabamba lo limitan al sud y al sudeste, así como, mas adelante, el rio de los Mocetenes: finalmente, las montañas que están al norte de Muñecas lo separan de las provincias de Yungas y de Muñecas, pertenecientes al departamento de La-Paz[1].
[Nota 1: Véase el mapa general de Bolivia.]
Circunscripto pues, de la manera que acabamos de ver, el departamento del Beni, tiene una superficie oblonga como de veintiuna mil leguas cuadradas (de á veinticinco el grado de superficie) comprendidas entre los 64 y 73 grados de longitud occidental del meridiano de París, y entre los 10 y 16 de latitud sud. Esta superficie se compone, al este y al norte, de vastas llanuras bañadas por innumerables rios navegables, todos ellos tributarios del rio Madeira, y por consiguiente del rio de las Amazonas; y al oeste ó al sudoeste por las montañas de la vertiente oriental de las Cordilleras, montañas, que se ven siempre revestidas de la vegetacion mas prodigiosa del mundo.
Este departamento se divide en tres provincias: la de Caupolican, que ocupa la raya norueste, en las montañas y los llanos que están al pié; el pais de Yuracáres, que no es sinó la continuacion meridional de las mismas montañas y llanuras; la de Moxos, en fin, que solo comprende la llanada del nordeste. Diferenciándose estas tres comarcas acerca de muchos puntos, quiero dar de ellas, por separado, una descripcion bastante detallada.
DEPARTAMENTO DEL BENI
PROVINCIA DE CAUPOLICAN[1].
Circunscripcion y estension.
Como dejo dicho, la provincia de Caupolican ocupa la parte norueste del departamento comprendida entre los 10 y los 16 grados de latitud sud, y entre los 70 y 73 de longitud occidental del meridiano de París. Ella forma una superficie oblonga, dirigida de nornordeste á sudsudoeste, que tiene ciento veinte leguas marinas de largo, y sobre sesenta de ancho, tomado el término medio. Esta superficie es tambien, poco mas ó ménos, de seis mil doscientas cincuenta leguas cuadradas, de veinticinco el grado[2].
[Nota 1: Los materiales, de que compongo la relacion concerniente á esta parte de la república, son debidos, primeramente á los preciosos é interesantes datos que me ha suministrado el señor don Antonio Acosta, quien ha recorrido la provincia como observador inteligente; 2° á un opúsculo manuscrito, sin nombre de autor é intulado Descripcion de la provincia de Caupolican, que encontré en La-Paz en 1833; 3° á otro de la misma condicion, cuyo título es Adiciones por un ciudadano residente en Caupolican; y finalmente á los datos que he podido recoger yo mismo. Pero el señor Acosta es ante todo acreedor al reconocimiento público, por los documentos muy positivos que me ha dado sobre la geografía, los cuales me han servido para rectificar y formar el plano de la provincia, contenido en el mapa general de Bolivia.]
[Nota 2: El tamaño de las leguas de camino, en las montañas, es ordinariamente doble que el de las leguas marinas, y en los llanos, solo una tercera ó una cuarta parte mayor.]
Límites.
Los límites de la provincia de Caupolican son: al sud, la cadena trasversal de montañas, que la separa de la provincia de Muñecas (departamento de La-Paz); al oeste y al sudoeste, la gran cordillera oriental, que la circunscribe netamente por la parte de las provincias de Guancané y de Carabaya (república del Perú); hácia el norte, ella no tiene otro límite, por el lado del Brasil y del Perú, que los inmensos desiertos todavía desconocidos, y habitados solamente por algunas tribus salvages; finalmente, el curso del rio Beni la limita al este por la parte de Moxos.
Montañas.
La provincia de Caupolican es una de las mas curiosas bajo su aspecto orográfico. Su territorio empieza en esas nevadas y agudas cimas que forman, al oeste y sudoeste, la cordillera oriental. En efecto, esta imponente cadena de montañas, entre las que figuran las dos mas encumbradas de América, el Illimani y el Ancco-unca ó Nevado de Sorata[1], cuyos picos se elevan á la altura prodigiosa de mas de siete mil seiscientas noventas y seis varas sobre el nivel de los mares, va, de norueste á sudeste, desde La-Paz hasta traspasar los límites de Bolivia, circunscribiendo la provincia al sudoeste. Otra cadena situada al sud, mucho ménos alta y trasversal á la cordillera, parte como un estribo de esta, y se dirige al estenordeste, declinando progresivamente hasta terminarse al norueste de Apolo y á poca distancia de este lugar. Una tercera cadena de montañas, paralela á esta segunda, y que sirve tambien de estribo á la cordillera oriental, continúa girando hácia el norte de la provincia. De estas tres cerranias principales resulta una vertiente central, trasversal á la direccion de la cordillera, y que viene á formar el gran valle de Pelechuco y del Tuyche, hácia el cual convergen las pendientes y los ramales laterales de las otras dos cadenas. Efectivamente el declive del valle central está al nordeste, el de la falda del sud al norueste, en tanto que el de los repechos del norte se encuentra al este. Todas estas montañas van gradualmente en descenso hasta terminarse un poco al este de Aten y de Apolo, donde hay todavía un eslabon independiente y elevado; este es el Altuncama, cuyo temperamento, muy apropiado para el cultivo de las papas, indica que su altura sobre el nivel del oceano es de mas de dos mil quinientas varas. Mas allá de esta gran mole desprendida de las otras montañas, y que ya se encuentra sobre un suelo mas bien ondeado que montañoso, comienzan las llanadas que sin interrupcion se estienden hácia el norte sobre todo el resto de la provincia, y en cuyo espacio apénas se descubren de vez en cuando algunas simples colinas.
Exceptuando el Altuncama, que es una especie de muro, todas estas montañas cuanto mas contiguas están á las cordilleras son tanto mas escarpadas. Cerca de Pelechuco, no se ven sino pendientes rapidísimas, paredones, diremos así, perpendiculares, crestas agudas ó precipicios horrendos formados por la dislocacion del terreno, lo cual es un efecto de las revoluciones geológicas del globo. A medida que uno se aleja de esos lugares tan imponentes, las montañas van siendo ménos riscosas, hasta llegar al cabo á ser reemplazadas hácia el este por insignificantes collados.
[Nota 1: El señor Acosta ha tenido ocasion de contemplar, de un punto muy inmediato, situado al sudoeste de Apolo, esta montaña, que domina todo el llano boliviano y el lago de Chucuito.]
Geologia.
Aunque no poseo dato alguno positivo sobre la geología de la provincia de Caupolican, por lo que he visto en sus inmediaciones sobre la cordillera, hácia el norte de La-Paz, debo creer que la parte contigua á Pelechuco pertenecer á la misma edad geológica, de lo que serian tambien una prueba los numerosos lavaderos de oro de aquellas regiones. Creo, pues, que los dos lados de la cordillera, en toda la parte de Suches y de Pelechuco, y aun hasta los lugares adyacentes á los rios Motosolo y de Moxos, dependen del terreno siluriano, representado por pizarras y por filados de un color azulino. Creo todavía que mas abajo, lo mismo que en Yungas, las montañas, compuestas de una materia arenisca, pertenecen ó al órden devoniano ó al órden carbonifero, así como pudiera tambien creerse que las llanadas, ni mas ni ménos que en Moxos, están cubiertas de aluviones modernos, ó de terrenos diluvianos[1].
[Nota 1: Véase, para todas estas comparaciones, la geología general de la república.]
Rios.
De la configuracion orográfica de un pais depende siempre la direccion de sus rios, siendo las cadenas de montañas las que determinan los grandes valles, y las pendientes de estos los valles secundarios. Tengo ya dicho que el declive general, partiendo de la cordillera, daba orígen al valle de Pelechuco y de Tuyche, que se estiende hácia el nordeste; esta es igualmentente la direccion del rio de este último nombre. Este rio, que es el mayor de todos los de la provincia de Caupolican, arranca, bajo el nombre de rio de Pelechuco, desde las cumbres nevadas que están al este de Suches, y formándose de muchos pequeños torrentes, desciende hasta el valle que lo denomina. Hácia la izquierda recibe el tributo de algunos arroyuelos, en tanto que por la derecha vienen á arrojarse en él los torrentes de Santa Ana y de Pilcobamba: algo mas abajo, y por este mismo lado, se le reunen el rio del Puente Grande, bastante caudaloso para ser atravesado por medio de un puente, y el rio de Amantala, mas considerable todavía, y que toma su orígen, lo mismo que el rio de Pata, en la cadena del norte. Vienen tambien á desaguar en él, por la ribera izquierda, el riachuelo de Motosolo, célebre por sus minas de oro, y mas adelante el rio de Moxos. Desde el punto en que el rio de Pata se arroja en el Pelechuco, este es ya bastante caudaloso para que no se le pueda pasar sinó en balsas, de las que á lo ménos es indispensable hacer uso en la época de las crecientes. Es tambien en ese punto donde él toma el nombre de Tuyche, y baja en seguida haciendo mil rodeos, pero llevando siempre su direccion general hácia el estenordeste. Poco á poco vase engrosando aun, recibiendo, por la derecha, ricos tributos del rio de Santa-Cruz y del rio Tupili, sobre todo de este último, que es el mas considerable. Hácia el este, á una gran distancia, llega luego, por el lado izquierdo, á reunirse con la corriente del rio de Chupiamonas. Finalmente, despues de haber acaudalado casi todas las aguas de la region montañosa de la parte habitada de la provincia, acaba por incorporarse, como á cinco leguas del este de San-José, al rio de los Mocetenes, y forma entónces el rio Beni.
Cuando este rio pasa cerca de San-José, se encuentra ya depositario de todos los raudales de las provincias de Muñecas, de Yungas de Sicasica y de Ayupaya, de las cuales me ocuparé mas tarde: sigue luego majestuosamente por la llanura, hácia el norte, dando numerosos giros y acreciéndose todavía, por su izquierda, con las aguas del riachuelo de Tumupaza, y con las de los rios Itaca y Tequije, cerca de Isiamas; y en Cavinas, con el tributo del rio Madidi que nace en la provincia de Carabaya, perteneciente al Perú, y que corre en una direccion paralela á la del rio Tuyche. El Beni continúa en seguida, corriendo por el llano, inclinándose al nordeste hasta los 10 grados de latitud, en donde se une finalmente al Mamoré, formando el rio de Madeira, que es uno de los principales tributarios meridionales del rio de Las Amazonas.
El riachuelo que pasa por Aten es el único que no desagua en el rio
Tuyche: él se dirije hácia el sud hasta caer en el rio Mapiri.
Lagos.
Si se esceptúan algunos muy pequeños, que se encuentran sobre los puntos mas encumbrados, hácia el oeste de la cordillera, bien pudiera decirse que la provincia de Caupolican carece de lagos. El mas espacioso de todos, situado en las inmediaciones de Suches, solo tiene una legua de largo, y como un cuarto de legua de ancho. Se ven otros dos, mas pequeños, cerca de Cololo: las aguas de todos ellos son muy heladas y enteramente desprovistas de pescado.
Temperatura y clima.
La provincia de Caupolican, primeramente por su situacion entre los trópicos, y en segundo lugar por sus montañas, las que elevándose hasta el nivel de las nieves perpetuas van luego declinando considerablemente hasta igualarse con los llanos, encierra en sí todos los temperamentos y todos los climas. Efectivamente, si se desea una temperatura la mas fria, y bajo de la cual caigan noche por noche fuertes heladas, acompañado todo esto de una sequedad grandísima, no hay mas que fijarse en Suches. Si se desea estar en un clima, al mismo tiempo que muy frio, lleno de nieblas y cerrazones, ó cubierto de esas nubes húmedas que se ven constantemente detenidas por la cordillera, no hay mas que encaminarse á Pelucho. A mas de estos dos estremos del frio seco y del frio húmedo, que resultan de la rarefaccion del aire, debida tambien esta á la demasiada elevacion de las montañas sobre el nivel de los mares, allí se encuentran, si se quiere, todos los temperamentos intermedios entre los ya mencionados y la zona tórrida, hasta llegar á los calores mas insoportables partiendo de los frios mas rigurosos. Así pues, Santa-Cruz, Aten, Apolo, Pata y Moxos participan de la temperatura de los límites tropicales, es decir, que hace en ellos todo el calor de los climas cálidos; pero al mismo tiempo se respira un aire templado por la elevacion de las montañas. No sucede así mas al interior, en los distritos de Tumupaza, de Isiamas y de Cavinas, en donde se esperimenta un calor tanto mas sofocante, cuanto que no hay en ellos sino llanuras uniformes y horizontales.
Si uno puede á su antojo encontrar en la provincia de Caupolican, ora el frio de los polos, ora el calor de las zonas tórridas, si ella participa en fin de todos los temperamentos, ofrece tambien, en cuanto á las lluvias, una grande variabilidad, segun la distinta posicion de los lugares. En Suches, por ejemplo, que está al oeste de la cordillera, reina un cielo enteramente raso; su temperatura es seca, y en el verano solamente, desde el mes de diciembre hasta el de marzo, caen algunos aguaceros ó un poco de granizo. Entretanto, si se pasa al otro lado de la cordillera, se halla, poco mas ó ménos á la altura de tres mil varas sobre el Oceano, un nivel permanente de nubes. Allí, lo mismo que en Pelechuco, hay casi siempre una especie de neblina que encapota el aire; y las lluvias en aquel punto son muy frecuentes. Mas abajo, en donde ya el cielo se despeja del todo, llueve principalmente en un período fijo, que cuenta desde diciembre hasta marzo. Sucede otro tanto en los llanos, donde aun se observa mucha mas regularidad acerca de las estaciones lluviosas.
Los vientos que reinan en la provincia son generalmente el norte ó el nordeste, que traen consigo un aire húmedo y caliente, muy favorable en todo para la naturaleza; pero si llegan despues de alguna tempestad á ser súbitamente reemplazados por el viento del sud, que sopla entónces con mucha violencia, baja al punto la temperatura de 10 grados por lo ménos; lo que es tan pernicioso para el hombre y los animales, como puede serlo para la misma vegetacion.
Fisonomía vegetal y animal.
Como era de esperar, en razon de las diversa» zonas de temperamento y de altura, las producciones naturales y el aspecto de la provincia varian segun esas zonas, y segun los climas que estas determinan. En Suches, al oeste de la cordillera, el suelo, que aun participa de la gran planicie boliviana, es seco y bastante árido, y su vegetacion pobre y desmedrada por consiguiente. La zoologia y la botánica ofrecen allí un aspecto de particular tristeza, análogo y muchas veces idéntico al de la Patagonia [1].
[Nota 1: Ocuparéme á fondo de la descripcion de esta zona, al hablar mas adelante del departamento de La-Paz, donde hay dos provincias, la de Pacajes y la de Omasuyos, que se hallan situadas sobre las altas planicies.]
Al este de la cordillera, en un punto superior á la region de las nubes, hay primeramente una zona vestida de menuda yerba [1]. Algo mas abajo empieza á manifestarse la vegetacion leñosa, que poco á poco va cubriendo aun las rocas mas escarpadas: es entónces cuando se descubren, por todas partes, árboles notabilísimos tanto por su follage como por su elevacion, entremezclados ya con las enredaderas[2], ya con infinita variedad de plantas cubiertas de lucidas flores; por otros lados se ven graciosas palmeras, descollando entre los grupos de verdura como para ostentar sus elegantes y ligeros penachos. Donde quiera que se lleve la vista, se admiran los mas prodigiosos contrastes, los paisages mas pintorescos, y sobre todo la animacion constante producida por el movimiento y la algazara de esos seres, tan varios en sus formas y colores, que alegran á la madre naturaleza compitiendo con las flores para ser de ella uno de los mas bellos ornamentos[3]. Hay allí efectivamente una muchedumbre de pájaros á cual mas preciosos: los loros parleros, los tunquís ó gallos de roca de color de fuego [4], el cefaloptero de plumage oscuro, pero de una configuracion muy caprichosa[5], los cotingas, los recamados tangaras[6], los veleidosos picaflores y tantísimos otros que pueblan esas hermosas campiñas. No son ménos abundantes los cuadrúpedos en aquella comarca. Sobre los encumbrados llanos se encuentra la dócil llama y tambien la alpaca, tan útiles ámbos cuadrúpedos á los indígenas de las montañas: hay mas abajo, venados, ciervos, javalíes, gran-bestias, variedad de monos, y una gran multitud de animales que seria demasiado largo el mencionar uno por uno[7].
[Nota 1: Habiendo estudiado en Yungas esta zona y la siguiente, haré su descripcion al tratar de dicha provincia.]
[Nota 2: Véase lámina 1.]
[Nota 3: Véase lo que digo sobre la provincia de Yungas en general, y principalmente lo tocante á los alrededores de Chulumani.]
[Nota 4: Véase la lámina 1.]
[Nota 5: Véase la lámina 2.]
[Nota 6: Véase la lámina 3.]
[Nota 7: Escasamente me ocupo aquí de los animales y de la vegetacion, por no tener, sobre esto, otros conocimientos que los que me suministran las comparaciones con la provincia de Yungas. Al ocuparme de esta, daré una noticia positiva de lo que acerca de estas materias he recogido en ella.]
No es tanta la variedad que se nota en las llanadas bajas, donde se halla el suelo por todas partes entrecortado, ya por espesos bosques tan antiguos como el mundo, ya por estendidos herbazales. Aquí la naturaleza, aunque no tan pródiga, es siempre demasiado rica, y abunda sobre todo en animales selváticos, y en toda especie de plantas[1]. En suma, la provincia de Caupolican reune á la vez, por sus diversas zonas de altura, todas las producciones naturales de Bolivia.
[Nota 1: Siendo este espacio de llanuras muy semejante á Moxos, y participando de las mismas condiciones, con respecto á su vegetacion y á sus animales, puede verse mas adelante la descripcion particular de esta provincia.]
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HISTORIA
Primera época, ántes de la llegada de los Españoles.
Si hemos de juzgar por el estado presente y por las tradiciones populares, la provincia de Caupolican parece haber sido en todos tiempos habitada por tres naciones diferentes: los Quichuas, los Apolistas y los Tacanas.
Atraida sin duda por la abundancia de minas de oro, y de pastos para la cria de las llamas y de las alpacas, la nacion quichua habia fundado desde tiempos muy atrasados los pueblos de Suches y de Puyo-cucho[1]. Estos indígenas permanecieron bajo la dominacion de los Incas hasta la llegada de los Españoles, dependiendo sus poblaciones de la provincia de Guancané ó de la de Carabaya[2].
[Nota 1: Que en quichua significa rincon de nieblas: por corrupcion ha venido á llamarse Pelechuco entre los españoles.]
[Nota 2: Véanse, la historia general de los Incas al fin de esta obra; la descripcion particular de los Quichuas en las secciones que tratan de Cochabamba y de Chuquisaca; y sobre todo, el mapa antiguo de estas naciones ántes de la conquista.]
La nacion de los Apolistas ocupaba el lugar llamado por ella, en su idioma particular, Hahuachili[3], el cual se halla situado no léjos del punto en que se encuentran hoy los pueblos de Apolo y de Santa-Cruz. Estos indios eran de un color bastante atezado, de mediana estatura y de facciones muy afeminadas; su carácter era apacible y dócil; nada se sabe por lo demas acerca de sus costumbres ántes de la conquista. El idioma de que hacian uso era enteramente distinto de la quichua y de la lengua tacana.
[Nota 3: Que quiere decir interior.]
La nacion de los Tacanas habitaba, al este y al nordeste de la nacion Apolista, en esas regiones de montañas y de llanos que en su idioma llaman estos indios Irimo[4]. Su territorio se estendia desde Aten hasta mas allá de Cavinas; es decir, sobre una banda que va de norte á sud, y que se encuentra comprendida entre los últimos repechos de las cordilleras y el rio Beni, desde los 11 hasta sobrepasar los 13 grados de latitud sud. Las tribus septentrionales de esta nacion se denominaban Toromonas; su dialecto, llamado lengua tacana, es uno de los mas duros de América.
[Nota 4: Que significa lugar de su orígen.]
La tez de estos indígenas era mas morena que la de los Mocetenes; pero no tanto como la de los Apolistas, y mucho ménos todavía que la de los Aymaraes, los que comparativamente consideraban á los Tacanas como si fuesen blancos. Del mismo modo que los Mocetenes y los Yuracarees, los Tacanas tenian casi todos la piel, por el cuerpo y en el rostro, maculada de pintas blancas. Su estatura los asemejaba á los Yuracarees, ó á lo ménos era idéntica á la de los Mocetenes: habia hombres que tenian cinco piés y dos ó tres pulgadas de alto; pero la generalidad de ellos no pasaba de la estatura ordinaria de cinco piés y una pulgada.
Sus formas eran iguales en todo á las de los Mocetenes; sus cuerpos robustos y bien proporcionados; todos sus miembros redondos y fornidos; su manera de andar era elegante y desembarazada. Por el modo como se halla constituida esta nacion, todavía salvage, debemos creer que en aquellos tiempos estaba tambien dividida en tribus que vivian dispersas, sea en el interior de las húmedas selvas que se encuentran sobre las montañas inferiores, sea en las llanuras que costean á estas. Su principal ocupacion era la de la caza; pero se dedicaban tambien á la agricultura. Cada hombre estaba obligado á construir por sí solo la casa en que debia habitar con su familia; si alguno faltaba á este uso, que para ellos constituia una ley, perdia el título de hombre, y venia á ser el ludibrio de sus conciudadanos.
Las mugeres utilizaban el algodon, haciendo gruesos tegidos, que servian para cubrirles algunas partes del cuerpo; miéntras que los hombres andaban enteramente desnudos, y solo se cubrian la cabeza con una especie de turbante[1] muy vistoso, compuesto de plumas; obra que tambien estaba encomendada á las indias, las que disponian estos sencillos adornos, matizando los colores con una gracia admirable.
[Nota 1: Los que usaban los hombres se llamaban panizas, y los de las mugeres toromayas.]
Cada tribu tenia su gefe para conducirla á la guerra, ó á las espediciones apartadas, así como tambien sus espertos en la cura de las enfermedades; pero estos indios no componian, propiamente hablando, un cuerpo de nacion, aunque todas las tribus observasen entre ellas la paz y armonía mas perfectas.
Existian, á mas de estas tres naciones, algunas otras que nos son desconocidas: entre ellas, los Huacanahuas, los Suriguas y los belicosos Machuis hácia el norte; los Ultume-cuana ó hombres rojos, y los Chuntaquiros hácia el nordeste[2].
[Nota 2: No hago aquí mencion de los Araomos y de los Pacaguaras que habitan las riberas del Beni y dependen de la provincia de Moxos.] Segunda época, desde la llegada de los Españoles hasta nuestros dias.
La provincia de Caupolican, colocada fuera de los caminos transitados por los primeros aventureros españoles que llegaron al Perú, permaneció totalmente ignorada durante largo tiempo. Es probable que los pueblos de Suches y Pelechuco hayan pasado de la dominacion de los Incas al poder de los diversos conquistadores, que con tanta frecuencia se sucedian en medio de las multiplicadas contiendas de aquellos tiempos tempestuosos de la historia de América, y que no cesaron hasta el siglo décimo-séptimo. No es posible penetrar esta parte de la historia de Caupolican, pues en ninguna parte existe un solo documento impreso que nos suministre el mas ligero indicio: debemos creer, sin embargo, que alguno de aquellos, á quienes esta provincia cupo en propiedad en el repartimiento de las tierras conquistadas, se haya internado en ella con la mira de esplorarla y ver si encerraba algunas minas; y que á estas escursiones y trabajos es debida la fundacion, hecha por los indios quichuas, de los pueblos de Pata y de Moxos, sin que podamos fijar la data precisa de estos acontecimientos.
La entrada de los Padres franciscanos es el primer hecho seguro y constante en la historia de esta provincia. Prevenidos sin duda estos religiosos de que existian en ella muchas naciones salvages, se decidieron á ensayar la conquista espiritual; así es que en 1750 penetraron en Caupolican, y fundaron fácilmente con la nacion de los Apolistas, cuya sumision pudieron ganar desde luego, las misiones de Apolo y de Santa-Cruz de Valle-ameno. Fué tal el ascendiente que llegaron á tener sobre estos indígenas, y el buen éxito coronó de tal manera sus esfuerzos, que bien pronto las cabañas dispersas de aquella poblacion salvage se vieron reemplazadas por multitud de hermosos caseríos, que respiraban el órden y la limpieza, y en medio de los cuales se levantó una espaciosa iglesia con su convento.
No limitando sus conquistas á este primer paso, internáronse aun mas los franciscanos, llevados por un celo digno de los mayores elogios; y habiendo logrado reunir en la mision de Aten á los altivos Tacanas, se abrieron un vasto campo para proseguir su trabajosa empresa. Desde luego, acompañados por estos últimos, pudieron adelantar hácia las llanuras, en donde otros Tacanas dispersos los aguardaban. De este modo, y haciendo frente á las mas penosas fatigas, penetraron estos religiosos en el corazon de los desiertos para aumentar el número ya bastante crecido de sus procélitos. Como á treinta leguas largas hácia el este, formaron con los Tacanas la mision de San-José, se encaminaron en seguida por tierra, y crearon sucesivamente las de Tumupaza y de Isiamas. Finalmente, embarcándose sobre el Boni, se trasportaron hasta el confin de las poblaciones salvages, y fundaron todavía la mision de Cavinas.
Aunque no hayan procurado los Padres franciscanos introducir en sus misiones ni el lujo en los templos, ni la industria entre los habitantes, como lo han practicado los Jesuitas en Moxos y Chiquitos, no por eso han dejado de prestar grandes y muy señalados servicios á la humanidad, haciendo pasar á un considerable número de hombres, desde la vida enteramente salvage al principio de la vida social.
La direccion de estas misiones era del cargo exclusivo de la comunidad: el convento de Apolo, que dependia de la ciudad de La-Paz, suministraba los hermanos necesarios para la conservacion y el buen gobierno de estos establecimientos, cada uno de los cuales poseia uno ó dos religiosos, á cuyo cuidado estaba encomendada la administracion de la iglesia y la práctica de sus ritos. Sea que no les fuese posible, ó que no lo creyesen conveniente, no enseñaban estos misioneros á los indígenas otra industria que la de cultivar la tierra; así pues, solamente aprovechaban los productos de esta, que consistian en cacao, coca, y multitud de otros frutos naturales estraidos de las florestas.
Las cargas ligeras que los franciscanos se veian obligados á imponer á los indígenas, á fin de procurarse los medios que eran menester para proveerlos de instrumentos de labranza, y demas útiles, cargas indispensables al bienestar de la sociedad, parecieron no obstante demasiado pesadas á algunas naciones. El hombre enteramente salvage, dueño absoluto de todas sus acciones, con dificultad llega á penetrarse de los deberes que una sociedad en su infancia debe imponerse á sí misma, si desea entrar en la senda del progreso; por eso se impacienta y mortifica cuando pesa sobre él la mas leve contribucion. Habiendo pues los franciscanos llegado á convertir la tribu de los Toromonas, que habitaba de la otra parte de Cavinas, y tambien algunos cuantos Pacaguaras, estos indígenas, injustamente desconfiados, ó porque les fuese muy duro someterse á llenar tal cual imposicion, esparcieron la voz de que los misioneros, so pretesto de enseñarles las doctrinas de la verdadera religion, solo trataban de reunirlos para hacerlos trabajar en beneficio de sus intereses personales: en consecuencia de esto los espulsaron de su nacion, suplicándoles que jamas volviesen á presentarse en ella.
A fines del siglo décimoctavo, habian ya conseguido los franciscanos todo lo que podian pretender en la provincia. Sin embargo hácia la misma época, ántes del año de 1800, esta órden religiosa abandonó su obra, se ignora bajo que pretesto, ó con cual motivo: entónces todas las misiones que con Suches, Pelechuco, Pata y Moxos entraron bajo el dominio español, vinieron á formar la provincia de Caupolican, dependiente de la intendencia de La-Paz. Inmediatamente colocó el mandatario real un cura y un alcalde en cada parroquia ó distrito, y nombró un subdelegado para gobernar y cuidar de los intereses de la nueva provincia, á la que se dió el pueblo de Apolo por capital.
En aquella época, el mas grande mérito que podian contraer los empleados españoles á los ojos de la autoridad suprema, era el trabajar por el acrecimiento de las rentas del estado; todo cuanto concurria á este objeto era especialmente recompensado por ella. El primer subdelegado, D. José Santa-Cruz, padre del general Santa-Cruz que fué mas tarde presidente de la república de Bolivia, al hacerse cargo del mando de la provincia, puso todo su conato en obligar desde luego á los indígenas que hasta entónces se habian eximido de las imposiciones regulares, á que en adelante pagasen una contribucion personal de cinco pesos por cada hombre, á lo cual daban entónces el nombre de real tributo. Esta contribucion, á cuya práctica y cumplimiento estaban tambien sujetas las demas naciones de los altos llanos, fué puntualmente satisfecha por los indígenas de todas las misiones, que se sometieron á ella sin grande resistencia. El subdelegado Santa-Cruz recibió del rey de España, en recompensa de este servicio, el título de Maestre de Campo; pero el principal resultado de semejante medida fué hacer que desde aquel instante las naciones, que ya parecian dispuestas á salir del estado salvage para entrar en el camino de la civilizacion, se apartasen de él, procurando alejarse á lo mas escondido de los bosques, á fin de sustraerse al tributo anual, y sobre todo á las vejaciones de todo género y á las torpes violencias, frecuentemente empleadas por aquellos que estaban encargados de recaudarlo. La mision de Cavinas, en razon de hallarse tan alejada, fué la única que durante la dominacion española se vió exenta de la contribucion personal.
Tal era el estado de cosas hasta el año de 1814, en cuya época, á consecuencia de la lucha encarnizada que existia entre los patriotas, que anhelaban por la independencia nacional, y las tropas españolas, que creian sostener los derechos de su soberano, vino Muñecas á la provincia con el intento de sublevarla en favor de la causa de los libres. Apoderóse de la capital y de algunas otras parroquias; pero bien pronto perseguido por el ejército español que mandaba el capitan D. Agustin Gamarra, presidente años despues de la república del Perú, tuvo que huir de Apolo, y mas tarde de Aten, donde el último resto de sus partidarios prefirió morir ántes que rendirse[1]. Fué en ese entónces cuando un indio tacana, para libertarse de los terribles castigos impuestos por Gamarra á los amigos de la libertad, huyó llevando consigo treinta familias y permaneció siete años escondido, sin que fuese posible dar con él ni con una sola persona de las de su séquito en el seno profundo de las selvas[2].
[Nota 1: Véase lo que digo de esta lucha al ocuparme de Aten.]
[Nota 2: Véase, en la parte que trata de Aten, la relacion especial de esta historia.]
En 1824, despues de la memorable y gloriosa batalla de Ayacucho, Caupolican, bajo la denominacion de provincia, hizo parte del departamento de La-Paz, uno de los seis que compusieron la república de Bolivia. Un gobernador reemplazó al subdelegado; pero la condicion de los habitantes no cambió en lo mas mínimo, quedando ellos sometidos á las mismas imposiciones. En el año de 1830, el acopio de la cascarilla vino á dar una nueva vida á la provincia, por el comercio que este precioso vegetal atrajo á su interior, y solamente desde entónces los habitantes, acostumbrados al simple comercio de trueque, empezaron á conocer el valor del metal amonedado. Repitiendo lo antedicho, señalarémos por último, entre las medidas mas eficaces para la mejora de la provincia de Caupolican, su separacion, en 1842, del departamento de La-Paz, para pasar á ser una de las partes que han compuesto el nuevo departamento del Beni.
* * * * *
ESTADO ACTUAL DE LA PROVINCIA.
Division política.
Con la mira de dar á conocer esta provincia lo mas ampliamente posible, voy á ocuparme por separado de cada una de sus poblaciones.
Se ha divido generalmente la provincia de Caupolican en dos partidos: el primero, que se compone de Suches, Pelechuco, Pata, Moxos, Apolo-Bamba, Santa-Cruz de Valle-Ameno y Aten, es conocido bajo el nombre de Partido-Grande, ó pueblos de Caupolican; el segundo, compuesto de San-José de Chupiamonas, Tumupaza, Isiamas y Cavinas, se llama Partido-Chico, ó pueblos interiores.
Partido grande, ó pueblos de Caupolican.
SUCHES.
Esta aldea, que es un anejo de Pelechuco, pertenece á la vertiente occidental de la cordillera oriental, y se encuentra situada sobre la pendiente misma de esta cordillera, entre dos montañas escarpadas, que son el asiento de perpetuas escarchas. Ella es una de esas numerosas colonias, cuya fundacion, tanto entre los Incas como entre los conquistadores, solo pudo ser determinada por la sed insaciable del oro. Su colocacion en medio de los escombros de antiguos é innumerables lavaderos, manifiesta efectivamente que no ha debido su creacion sino á esos laboreos mineralógicos, que han dado tantísimos productos, y que hoy mismo bastan para que mas de treinta y dos familias de indios quichuas, acostumbradas á este género de faenas, puedan procurarse el sustento necesario. El escesivo frio que reina constantemente en aquel parage, y la aridez de las montañas, no dan lugar á ninguno especie de cultivo, así es que la única industria de sus habitantes consiste en saber descubrir y arrancar de las entrañas de la tierra el preciado mineral.
Unas cuantas chozas, colocadas sin órden y agenas de toda comodidad, componen el pueblecillo de Suches, que por otra parte no presenta la mas mínima esperanza de mejora, á no ser que algunos hombres inteligentes vayan allí á beneficiar en grande, y de un modo mas simple y ménos costoso, las riquezas que encierra todavía el suelo frio é inanimado de aquellas regiones.
Viniendo de Escoma para Suches, que como ya se ha dicho es un anejo de Pelechuco, no hay que pasar por este lugar, al cual se deja á la izquierda.
Los arroyuelos que toman su orígen en Suches, se dirigen al rio Cojata.
Este se reune despues al lago de Titicaca, cerca de Escoma.
PELECHUCO.
Pelechuco, cuyo nombre es una corrupcion de puyo-cucho, que en lengua quichua significa rincon de niebla, está situada á siete leguas de Suches, sobre la vertiente este de la cordillera oriental. Esta es entre las parroquias de la provincia la que se encuentra mas elevada sobre el nivel de los mares. Efectivamente, apénas se ha pasado la estrecha garganta de Cololo, rodeada de nieves eternas, cuando en medio de montañas escarpadas, sobre una pendiente rápida y peñascosa y á la derecha de un torrente, se tropieza con el canton de Pelechuco. A mas de que llueve en él frecuentemente, su posicion, tan próxima á las nieves perpetuas, lo hace demasiado frio para que su morada pueda tener el menor atractivo.
Nada tiene de notable este pueblo, edificado sin ninguna alineacion sobre un terreno en declive, el cual se halla regado por un raudal de agua escelente. Una parte de la poblacion se compone de indios quichuas, ocupados sobre las alturas vecinas en la cria y el pastoreo de ganados, que consisten en vacas, ovejas y llamas; ó en cultivar en los alrededores algunos frutos de las regiones frias, como las papas y la cebada, y algo mas abajo, en los valles templados, la racacha, los camotes, los sapallos, la yuca ó mandioca y el maiz: siembran igualmente estas mismas plantas en los valles cálidos, al mismo tiempo que el maní, el arroz, los plátanos, los papayos, la gualuza, el tabaco, la coca, la caña-dulce, el algodon y la piña, conocida mas comunmente fuera de Bolivia bajo el nombre de ananá.
Si el temperamento sano de las dos primeras regiones permite que puedan realizarse en ellas toda clase de mejoras, no se puede esperar otro tanto de la region calurosa, en donde reinan, sobre todo en el fondo de los valles, fiebres intermitentes que atacan con vigoroso encono á todos los que fijan allí su residencia.
Por lo demás, siéndoles dobladamente mas fácil á estos indígenas el ganar mucho dinero, con ir solamente á buscar sobre las montañas de Motosolo, del fuerte de Amantala, de Yuncapampa y de los alrededores de Tapi, la cascarilla en ellas tan abundante, descuidan casi enteramente la agricultura, lo cual hace que los frutos de primera necesidad sean escasisimos y muy caros. Hay otra porcion numerosa de indígenas, cuya ocupacion consiste en conducir las tropas de llamas, con las cuales trasportan los artículos, ya de importacion, como producciones naturales de los otros puntos de la provincia, ya de esportacion como la quina, etc.
La poblacion de Pelechuco, unida con la de Suches y la de los lugarejos adyacentes, es de dos mil quinientas almas poco mas ó ménos.
Hallándose sobre el tránsito mismo de la única entrada de la provincia, su posicion comercial no puede ser mas aventajada. Así pues, todas las mercancias y los objetos de trueque llevados por los comerciantes, como tambien todos los frutos de los demas cantones interiores, pasan indispensablemente por su plaza: razon por la que el gobierno ha creido conveniente colocar en este punto un recaudador de aduanas, dependiente de la administracion principal de La-Paz.
El camino que se trae para venir de Suches á Pelechuco es el siguiente. Se suben primero como tres leguas por los collados hasta el alto de Cololo, en seguida se anda una legua bajando la cuesta por un camino nuevo; despues legua y media de collados practicando al fin una breve ascension hasta Calantica; hay que bajar por último dos leguas y media hasta la Garita, de donde solo falta una legua para llegar á Pelechuco. Este camino muy mal atendido, y por el que se percibe, sin embargo, un derecho de peage, seria muy fácil mantenerlo en un buen estado, por la abundancia de toda clase de materiales, propios para el efecto, que se encuentran allí tan á la mano. De Pelechuco hasta Pata que está al nordeste, hay treinta y tres leguas de camino. Empieza este por la costanera derecha del valle de Pelechuco, y sigue constantemente ya bajando, ya subiendo del lecho de los rios á la cumbre de las lomas que separan á estas dos poblaciones. He aquí para mejor inteligencia los detalles de este camino, junto con sus distancias.
Leguas
Partiendo de Pelechuco, se sigue siempre en descenso por la pendiente de las montañas hasta llegar, despues de haber pasado por Piguara y Lavanara, al rio de Santa-Ana. 6
Del rio de Santa-Ana se sube una cuesta de media legua hasta Gocotica. 1/2
Luego se sigue por la ladera de la montaña hasta Pasto-Grande. 1
Se baja de la montaña por pendientes muy ásperas hasta llegar á Taunaza. 1
De donde solo falta practicar una bajada muy fácil para ponerse en el rio de Pilcobamba. 1/2
Despues de haber pasado el rio, que no es sino un torrente poco caudaloso, se trepa la montaña hasta un sitio llamado Huancapata. 1-1/2
Se baja en seguida por un camino pedregoso hasta Quichara. 1-1/2
Practicando subidas y bajadas de poco tiro, se llega á Chamaljata; 1
Y siguiendo por la ladera de la montaña, á Culi. 1/2
De allí, tan pronto subiendo tan pronto bajando por las mismas laderas, á Mamaljata. 2
De donde solo falta que bajar hasta el rio del Puente-Grande, el cual, mas considerable que los otros, se pasa en efecto por medio de un puente de leños entretegidos y bien afianzados. 2
Dejando el rio del Puente-Grande, se suben algunas cuestas, y se sigue por la ladera hasta Paracorin. 1
Se suben y bajan algunas pequeñas cuestas hasta Huayamacan. 2-1/2
Se sigue despues por la ladera, y por cuestas poco espaciosas, hasta al lugarejo del Fuerte. 1
Hay que subir una pequeña cuesta, y descenderla en seguida, por un sendero de los mas escabrosos, hasta Sampulo. 1
Se suben y bajan otras dos, cuyos caminos son igualmente malísimos, hasta el rio de Amantala, el cual bastante ancho, arrastra siempre un caudal considerable de agua. 1
Del rio de Amantala se trepa una montaña por el espacio de una legua, y se anda otro tanto, siguiendo por su ladera, hasta llegar á Ayapata. 2
Se baja luego á Raqui-Raqui. 1
Despues el collado hasta Santa-Rosa. 1
Hay que subir todavía á Cuquiputa. 1/2
Y á Cruz-Pata ó San-José. 1/2
En seguida se baja, se sube y se anda por la ladera de los collados hasta Petiapo. 2
Despues de haber descendido al valle de Pata, se camina una legua. 1
Y atravesando el rio del mismo nombre, lleno de atolladeros, solo falta que subir otra legua para encontrarse finalmente en el pueblo. 1 _______
TOTAL 33
PATA
Este canton, situado sobre una colina cubierta de plantas gramineas y de tal cual boscage ralo, se compone de unas cuantas chozas puestas en hilera: sus habitantes, que son los indios quichuas, alcanzan apénas al número de ciento sesenta y cinco. Esta pequeña poblacion disfruta, en medio del pais mas fértil del mundo, de un temperamento húmedo y abrigado, muy agradable por lo tanto. A pesar de la carestía de agua que se esperimenta, aun en la misma aldea, los lugares circunvecinos ofrecen inmensos recursos, tanto para la cría de ganados, como para el cultivo de las plantas tropicales. Las anchas playas del rio Tuyche qué está á poca distancia, los bosques de sus orillas, las llanuras de Piliapo, la quebrada de San-Antonio, y otros muchos parages donde los habitantes usurpan á la accion constante de la vegetacion silvestre algunas partículas de terreno para sus labranzas, prueban en efecto la grande feracidad de aquellas regiones casi desiertas. Nada mas que con el cultivo de la tierra, podria mantenerse allí una numerosa poblacion, miéntras que al presente solo hay un puñado de hombres que se encuentran perdidos, por decirlo así, sobre ese suelo virgen todavía.
Hoy los habitantes recogen la cantidad suficiente para ellos, de arroz, de maiz, de yucas, de bananas, de caña dulce y de maní; mas su comercio consiste solamente en un poco de arroz y de tabaco, que suelen cambiar por géneros y vestidos. Hay algunos, sin embargo, que prefieren ir á esplorar las selvas para recoger las producciones naturales, como la cascarilla, la copaiba, el estoraque, el incienso y el copal. Estos indígenas se ocupan tambien en la pesca de sábalos y de bagres que abundan en el rio Tuyche, así como en cazar los innumerables pájaros, los monos de diversas especies, los venados, ó mil otros cuadrúpedos que andan errantes por los bosques.
Las colinas podrian ciertamente proporcionar el alimento necesario para el pastoreo de numerosas tropas de ganado vacuno; pero actualmente no poseen los habitantes arriba de treinta vacas, por los estragos que les causan los tigres[1] tan abundantes en aquellas comarcas, y los que no pudiendo perseguir libremente en la estacion lluviosa sus presas selváticas, se van á los lugares altos, donde para alimentarse tienen que atacar á los ganados.
[Nota 1: Felis onca.]
Pata se encuentra siete leguas al este sudeste de Santa-Cruz de Valle-Ameno: para encaminarse de aquel á este último punto, se toma una senda trazada para las mulas, llevando el itinerario siguiente:
Leguas.
Partiendo de Pata se sube por una pendiente fácil hasta Huichu-huichu. 1-1/2 Se sigue luego la ladera de la montaña hasta Tentacion. 1-1/2
En seguida se baja por un camino muy malo hasta la Palizada. 1/2
Hay despues un llano pantanoso y lleno de hoyos, en el cual han tenido que colocar multitud de troncos atravesados para facilitar la circulacion: sin embargo, la mala construccion de este camino y el poco cuidado que se tiene de él, hacen que su tránsito sea muy dificultoso para las mulas, sobre todo en la estacion de las lluvias. Atravesando este llano se llega á San-Juan-Pampa. 3
De donde no hay sino una mala calzada que andar
para ponerse en Santa-Cruz de Valle-Ameno. 1/2
————
TOTAL leguas 7
Doce leguas al norueste de Pata se encuentra su anejo de Moxos: para transportarse á este lugar hay que atravesar el rio Tuyche, siguiendo despues por las montañas hasta llegar á un valle, en el cual está situada la aldea.
MOXOS.
Edificada sobre una colina cubierta en partes por plantas gramineas, esta aldea cuyos alrededores son fértiles y muy propios para la labranza de la tierra y para la cria de ganados, sobre todo en los valles y las quebradas, reune por lo visto poco mas ó ménos las mismas circunstancias en que se encuentra su parroquia: pero aunque su poblacion no es tan crecida como la de esta, pues que solo consta de ciento veintidos almas, su posicion es mucho mas ventajosa con respecto á las condiciones de existencia. Colocada efectivamente en un sitio mas elevado, sus valles pueden producir las plantas tropicales, y sus montañas circunvecinas las plantas de las zonas templadas, tales como el trigo, las papas, etc. Los llamas, estos dóciles cuadrúpedos, penetran hasta Moxos llevando las mercaducarías, lo cual es una ventaja mas para el comercio, siendo el costo de las mulas mucho mayor.
Pudieran tambien criarse allí ganados con grande provecho; así como estenderse los trabajos de laboreo y de lavaderos de oro sobre las montañas mas inmediatas á la cordillera.
APOLO-BAMBA[1].
El pueblo de Apolo, hoy dia capital de la provincia, fué fundado á mediados del siglo anterior por los misioneros franciscanos, que reunieron en aquel punto á los indígenas de la nacion apolista, y formaron una mision, la cual habiendo sido adherida en el año de 1800 á las otras poblaciones comarcanas, vino á componer la provincia de Caupolican.
[Nota 1: Bamba es una corrupcion de Pampa, que en lengua quichua significa llanura.]
Apolo se halla situado en el centro de una llanura ligeramente ondeada y cubierta de plantas gramineas. Esta llanura, limitada al sud por unas montañas á las que sus valles y los recodos que estos forman, dan un aspecto muy pintoresco, tiene como de cinco á seis leguas de ancho, y su largo se estiende de norte á sud, como de doce á catorce, figurando un cuadrilongo. Al este se levanta, semejante á una pared, una grande montaña que se dirige de norte á sud, y á la que por su mucha elevacion se ha denominado Altuncama. Hay al oeste una colina baja, interpuesta entre las llanuras de Apolo y las de Santa-Catalina que vienen á ocupar la parte oeste y sudoeste. Este último valle horizontal, que tiene doce leguas de largo sobre cinco de ancho, está cubierto en parte de pajonales, y lo atraviesa el rio Tupili, cuyas orillas se ven adornadas de anchurosos y espesos bosques, los cuales contrastan de tal manera con lo raso del resto, que parecen haber sido plantados por la mano del hombre.
El pueblo está formado de tres grupos distintos. El primero se encuentra situado ántes de pasar el rio, y se compone de casas diseminadas: en este grupo, que se llama la parcialidad de la Concepcion, es donde se hallan establecidos los mercaderes de toda especie de frutos, y á quienes los habitantes nativos dan en su lengua particular el nombre de mataguas, es decir, forasteros. El segundo grupo, colocado en el centro y sobre un ligero promontorio de greda rojiza, está de la otra parte del rio, y encierra la casa consistorial, la iglesia parroquial y el convento de los franciscanos, cuya fachada que mira al este, da sobre una plaza en la que los lados norte y sud se componen de varios edificios, y la parte del este, frontera al convento, de una serie de casas habitadas por los indígenas: estas casas, cada una de las cuales tiene una sola puerta y como de quince á veinte varas de largo, se hallan colocadas sobre la colina en forma de anfiteatro, de suerte que desde el convento se descubre todo cuanto pasa en el interior de ellas. Tal era el modo como las habian dispuesto los franciscanos, con el objeto de estar á la mira de todos los pasos de los indios, y de poder velar sobre sus acciones. En aquel entónces, los comerciantes que venian á la provincia, estaban obligados á hospedarse en el convento para efectuar sus trueques en presencia de los religiosos. Un arroyo separa esta segunda parte, del tercer grupo que se encuentra situado sobre el camino de Aten, y dispuesto en el mismo órden que acabamos de ver en aquella.
La temperatura de Apolo es agradable y sana; sin embargo, como sus llanuras dejan libre acceso á todos los vientos, el aire viene á ser mas seco que en Santa-Cruz. Allí se cultivan los mismos frutos que en los otros distritos; pero la coca es el solo objeto importante del comercio de trueque. Tambien hay en Apolo como de dos mil á dos mil quinientas cabezas de ganado, y si fuesen sus habitantes algo mas hacendosos y prolijos, tendrian ciertamente todo género de bienes en abundancia. Un solo hecho bastará para justificar este aserto, por lo tocante á la gran procreacion de los ganados. Un indio llamado Pedro Chambi, habia reunido con el producto de su industria unas quince vacas, á cuya cria dedicándose luego con esmero, llegó de tal modo á multiplicarlas, que fuera del gran número vendido por él mientras vivió, aun dejó en 1828, al terminar sus dias, como mil cabezas. Se ve pues que con algun cuidado las llanadas y las colinas podrian fácilmente cubrirse de ganados, tanto vacunos como lanares, y aun acaso de caballares. Seria igualmente posible que las montañas de Altuncama, en vista de su elevacion, produjesen la viña y las papas.
La estraccion de la cascarilla ha modificado algun tanto la manera de ser de estos habitantes, enseñándoles á estimar el valor positivo de las cosas, y dándoles una idea del dinero. Por el comercio de este específico han llegado á conocer tambien otros muchos objetos, que les eran enteramente ignorados, y con cuya posesion disfrutan hoy en dia de mayores comodidades. Si hubiese continuado este comercio, no hay la menor duda que los habitantes de Apolo estarian ya bastante avanzados en el camino de una civilizacion, contra la que luchan incesantemente aquellos que se han constituido en directores de estos indígenas, bajo el necio pretesto de que la relacion comercial con los estrangeros corrompe sus costumbres. Aunque pueda esto verificarse algunas veces, no por eso se han de negar las inmensas ventajas que necesariamente debe traer consigo la frecuencia de estas relaciones. El natural de estos habitantes, indígenas todos ellos de la nacion apolista, y cuyo número no pasa de dos mil setecientos setenta y cinco, es el mas apacible, y dócil: amantes de los placeres, buscan ante todo las diversiones. Las numerosas festividades del cristianismo, aumentadas todavía por los usos locales, les proporcionan frecuentemente la ocasion de reunirse para entregarse á las dansas alegres y jocosas, estimuladas por las repetidas libaciones de aguardiente, del cual abusan algunos hasta privarse de la razon. Tal es el modo como pasan la vida, sin pensar en ocuparse, ni en su porvenir, ni en el de sus hijos, confiados probablemente en la riqueza natural del pais, cuyos productos bastan para la satisfaccion de sus necesidades. Con un carácter vivo y ligero, tienen muchísima habilidad para imitar cuanto se les presenta: así es que reunen todas las cualidades que los hacen susceptibles de civilizarse, mas ántes, quizas que las mismas naciones indígenas de los Andes. Falta únicamente para que pueda esto llevarse á cabo, que algunos hombres benévolos, despojándose de sus intereses particulares, quieran consagrarse al desarrollo de las facultades intelectuales de estos Indios y á su educacion social, gobernándolos moral y físicamente.
Al sudeste de Apolo se encuentra el pueblo de Aten, que dista nueve leguas por el itinerario siguiente:
Leguas.
Saliendo de Apolo, se anda por la llanura hasta Puente-Chico. 1
De aquí hasta Puente-Grande. 2
Y hasta llegar á Pampa-Tupili. 3
Se sube luego la cuesta de Chímasacro-Grande, 1
En seguida se baja, de ella y se toma la falda de la montaña hasta Chímasacro-Chico. 1
Y se anda finalmente hasta Aten. 1
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SANTA-CRUZ DE VALLE AMENO.
Su deliciosa posicion le ha hecho merecer á Santa-Cruz el sobrenombre de Valle-Ameno. Nada efectivamente puede haber de mas encantador, de mas pintoresco y alegre que sus alrededores, ni que sea mas apacible y risueño que su morada. Situado en un llano, sobre una pendiente apénas perceptible que se inclina al sud, y al pié de un cerro de forma cónica, este pueblo se halla tambien circundado por colinas bajas, pero que van levantándose gradualmente hácia el norte hasta llegar á formar altas montañas, las que se ven coronadas de palmeras cuyo elegante follage se entremezcla con las copas gigantescas de los árboles mas robustos. El contraste que presentan los llanos con las colinas cubiertas de una vegetacion primorosa y variada, la corriente del rio de Santa-Cruz que atraviesa el conjunto de este cuadro, esparciendo un saludable frescor, todo en fin concurre para hacer que este lugar sea el punto mas agradable de la provincia.
Aunque pequeña, pues que solo contiene novecientos cuarenta y un habitantes, parte de ellos de la nacion apolista, la parroquia de Santa-Cruz es muy aseada, y mirando sus bellísimos contornos, fácilmente se desvia la atencion de la irregularidad de sus calles y edificios. El terreno que la circunda produce con abundancia todos los frutos de la zona tórrida; así es que sus habitantes son todos labradores, y no solamente recogen lo suficiente para su consumo, sino que hacen tambien algun comercio con lo que les sobra; para lo cual ponen á curar al aire y al sol los frutos del plátano, cortándolos primeramente en tiras ó tajadas largas, que despues de secas se trasforman en escelentes orejones. Preparan asimismo el tabaco y la coca, y todos estos productos vienen á servirles para operar sus trueques, á falta del dinero amonedado, que aun no ha entrado allí en circulacion. Se ocupan igualmente los moradores de Santa-Cruz en la cria del ganado vacuno, lo que se consigue con muchísimo provecho sobre las colinas. Hay épocas en que se dedican activamente al acopio de la cascarilla, esplorando los bosques de las montañas vecinas; pero se encuentran estos ya tan destruidos, que al presente se ven obligados á correr diez ó doce leguas para llegar á encontrarla. En cuanto á la pesca y á la caza esta comarca es tan abundante como la de Pata, y sus producciones naturales son enteramente las mismas: se ha descubierto, sin embargo, en los bosques de Santa-Cruz, una infinidad de maderas de ebanistería las mas finas y hermosas, tales como el guayabo, el granadillo, etc.
En resúmen, si esta poblacion quisiese aprovechar todos los recursos de que se encuentra rodeada, dedicándose con mas ahinco, á la cria de los ganados, á la agricultura en el seno de esa tierra tan fértil y en donde la naturaleza le brinda sus tesoros á manos llenas, á la estraccion juiciosamente graduada de la cascarilla y al laboreo, en fin, de las minas de oro y de plomo, que se dice haber en la sierra de Santa-Clara, no hay duda que conseguiría duplicar sus riquezas; mas para esto seria preciso vencer primero esa apatía natural, que conduce á estos indígenas á no trabajar sino lo muy medido para procurarse las cosas indispensables á la existencia. Verdad es tambien que fuera menester, para mover y activar su ambicion, una poblacion mas numerosa y mercados de esportacion mas estendidos.
Santa-Cruz era un lugar muy salubre hasta el año de 1830, en que ya empezaron á sentirse algunas enfermedades, desconocidas hasta entónces, y las que atacaban con rigor á los habitantes. Hoy en dia las fiebres intermitentes han asentado allí su dominio. Algunas personas han creido que provenia esto de la introduccion de árboles pertenecientes á los valles calurosos[1]; pero segun mis observaciones sobre la provincia del Valle-Grande[2], pienso que semejante cambio es mas bien debido al desmonte causado por los incendios, que los habitantes tienen la costumbre de promover cada año con el objeto de renovar la yerba de los llanos y de las colinas. Lo cierto es que muchos lugares, muy sanos en otro tiempo, se hallan al presente invadidos por esa peste destructora, que va en aumento á medida que el desmonte se estiende. Es pues un deber del gobierno el tomar alguna sabia medida para cortar los progresos de semejante mal, y mejorar en lo posible los lugares inficionados.
[Nota 1: Esta es la opinion de uno de los autores de las notas manuscritas, que poseo sobre la provincia.]
[Nota 2: Mas adelante detallaré con amplitud estas observaciones.]
Santa-Cruz está situado al oeste sudoeste de Apolo-Bamba. Para venir á este lugar se andan cinco leguas por el itinerario siguiente:
Leguas.
Se sube la cuesta de Santa-Teresa. 1
Se baja despues esta, hasta Huilipisa. 1
Y se sigue luego por un llano hasta Bacqueria. 1