Nota del transcriptor: La ortografía del original fue conservada.

TRATADO METODICO Y PRACTICO
DE
MATERIA MÉDICA
Y DE
TERAPÉUTICA
FUNDADO EN LA LEY DE LOS SEMEJANTES
POR A. ESPANET
Traducido al español por D. PIO HERNANDEZ Y ESPESO
MÉDICO HOMEÓPATA.

Natura morborum medicatrix

Tomo primero.

MADRID
CARLOS BAILLY-BAILLIERE

LIBRERO DE CÁMARA DE SS. MM., DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL,
DEL CONGRESO DE LOS SEÑORES DIPUTADOS Y DE LA ACADEMIA DE
JURISPRUDENCIA Y LEGISLACION

Plaza del Príncipe Don Alfonso, núm. 8.

PARIS,
J. B. Bailliere é hijo.
LÓNDRES,
H. Bailliere.
Nueva-York,
Bailliere hermanos.
1862.

ÍNDICE DE MATERIAS
DEL TOMO PRIMERO.

Prólogo. [V].

Introduccion. [1].—I. El medicamento y los medicamentos, [1].—II. La naturaleza y el médico, [7].—III. Clasificacion, [10].—IV. Efectos fisiológicos, [14].—V. Dósis infinitesimales, [17].—VI. Accion química y dinámica del medicamento, [22].

A

Aconitum: historia, [29].—Efectos fisiológicos, [31].—Efectos terapéuticos, [36].—Estado prodrómico, [36].—Fenómenos nerviosos prodrómicos, nerviosos consecutivos, frio, espasmos, congestiones.—Estado agudo, [40].—Fiebre.—Sudor y laxitud.—Afecciones inflamatorias esténicas, plétora.—Congestiones activas.—Consideraciones sobre las causas.—Reglas para su uso en las diversas afecciones febriles y flegmásicas.—Estado sobreagudo, [53].—Estado crónico, [54].—Flegmasias subagudas.—Neuralgias, dolores reumáticos.—Consideraciones sobre los síntomas del moral.—Variabilidad de las fuerzas vitales.—Dósis, [60].

Agaricus muscarius: historia, [61].—Efectos fisiológicos, [62].—Efectos terapéuticos, [71].—Afecciones nerviosas asténicas, flujos asténicos.—Afecciones mucosas asténicas.—Dósis, [72].

Aloe gummi: historia, [72].—Efectos fisiológicos, [73].—Efectos terapéuticos, [74].—Plétora venosa, éstasis venosos.—Dósis, [75].

Alúmina: historia, [76].—Efectos fisiológicos, [77].—Efectos terapéuticos, [86].—Afecciones rebeldes de las membranas mucosas.—Dósis, [88].

Ambra grisea: historia, [88].—Efectos fisiológicos, [89].—Efectos terapéuticos, [93].—Afecciones neuropáticas, tos irritativa.—Dósis, [93].

Ammoniacum gummi: historia, [94].—Efectos fisiológicos, [94].—Efectos terapéuticos, [96].—Afecciones crónicas y flegmorrágicas de las membranas mucosas y serosas.—Dósis, [96].

Ammoniacum carbonicum: historia, [96].—Efectos fisiológicos, [97].—Estado agudo, [99].—Estado crónico, [101].—Efectos terapéuticos, [105].—Fiebres mucosas, afecciones catarrales, neurálgicas y artríticas.—Dósis, [107].

Ammoniacum causticum, [108].

Ammoniacum muriaticum, [96].

Anacardium orientale: historia, [109].—Efectos fisiológicos, [109].—Efectos terapéuticos, [115].—Estado nervioso asténico, afecciones mentales, parálisis seguida de sobreescitacion nerviosa.—Dósis, [116].

Antimonium crudum: historia, [116].—Efectos fisiológicos, [118].—Efectos terapéuticos, [126].—Fiebres intermitentes.—Fiebres gástricas, flegmasías.—Afecciones reumáticas con ó sin fiebre, neuralgias, erupciones, escrescencias, fungus.—Dósis, [129].

Antimonium tartaricum: historia, [129].—Efectos fisiológicos, [130].—Efectos terapéuticos, [132].—Fiebres intermitentes y de otra especie.—Afecciones reumáticas, gástricas con ó sin fiebre, aftas en las mucosas.—Flujos intestinales, neumonía, bronquitis, asma, crup.—Afecciones cutáneas.—Dósis, [136].

Antrokokali: historia, [136].—Efectos fisiológicos, [136].—Efectos terapéuticos, [137].—Caquexia herpética, afecciones catarrales antiguas.—Dósis, [138].

Argentum metallicum: historia, [138].—Efectos fisiológicos, [138].—Apreciacion de sus efectos en los órganos de la vida de relacion, [139].—Apreciacion de los síntomas en los aparatos de la vida orgánica, [141].—Efectos terapéuticos, [145].—Afecciones neurálgicas, lesiones orgánicas, cáries, laringitis crónicas.—Insomnio, prurito, afecciones espasmódicas.—Dósis, [147].

Argentum nitricum: [147].—Efectos fisiológicos, [147].—Efectos terapéuticos, [153].—Afecciones orgánicas de los huesos del corazon, afecciones convulsivas, epilepsia.—Caquexias medicinales, afecciones sifilíticas degeneradas.—Dósis, [154].

Arnica: historia, [155].—Efectos fisiológicos, [156].—Efectos terapéuticos, [163].—Fiebres traumáticas, [163].—Fiebres nerviosas graves, meningitis, operaciones quirúrgicas.—Flegmasías, pleuresía, peritonitis, equímosis, erisipelas, [164].—Congestiones.—Lesiones mecánicas. Hemorragias. Apoplejía, cólicos uterinos despues del parto, accidentes propios de los cuerpos estraños, [166].—Neuralgias, [168].—Distension de la piel.—Forúnculos.—Tos.—Delirium tremens.—Disentería pútrida.—Tétanos.—Parálisis, [169].—Dósis, [170].

Arsenicum album: historia, [171].—Generalidades, [172].—Síntomas característicos, [178].—Estado prodrómico, efectos fisiológicos y terapéuticos, [181].—Malignidad, ataxia.—Uso preventivo.—Estado agudo, efectos fisiológicos y terapéuticos, [183].—Fiebres tifoídeas, intermitentes.—Estado sobreagudo, efectos fisiológicos y terapéuticos, [184].—Fiebres nerviosas, cólera, [185].—Fiebres intermitentes.—Fiebres eruptivas, [192].—Flegmasías. Neuroses. Carditis, [192].—Estado subagudo, efectos fisiológicos y terapéuticos, [195].—Afecciones mucosas, catarrales, [196].—Gastropatías, [196].—Fiebres lentas.—Afecciones subirritativas, [197].—Estado crónico.—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [198].—Estado diatésico.—Afecciones del corazon y de los vasos capilares, [199].—Afecciones del sistema nervioso. Manías. Parálisis. Espasmos. Neuralgias, [200].—Afecciones venosas y mucosas. Vómitos. Asma. Hemoptisis. Flujos intestinales, [203].—Afecciones cancerosas, ulceradas, escrofulosas. Colicuacion, [204].—Afecciones cutáneas, [205].—Prurito, dartros, erupciones.—Derrames serosos, [206].—Dósis, [207].—Antídotos.

Asa foetida: historia, [209].—Efectos fisiológicos, [209].—Efectos terapéuticos, [210].—Dolores, palpitaciones, opresion, cólicos, hipocondría, cáries.—Dósis, [213].

Asarum europæum: historia, [213].—Efectos fisiológicos, [213].—Efectos terapéuticos, [216].—Vómitos espasmódicos, espasmos del corazon, tos convulsiva, gota visceral.—Dósis, [217].

Asparagus officinalis: historia, [217].—Efectos fisiológicos, [217].—Efectos terapéuticos, [218].—Afecciones catarrales, palpitaciones.—Dósis, [219].

Asterias rubens: historia, [219].—Efectos fisiológicos, [220].—Efectos terapéuticos, [220].—Congestiones apopléticas, escirro, lesiones cutáneas.—Dósis, [221].

Aurum follatum: historia, [221].—Efectos fisiológicos, [222].—Efectos terapéuticos, [226].—Melancolia, suicida, neuroses, neuralgias, espasmos, congestiones, descenso de la matriz.—Dósis, [231].

Aurum muriaticum, [229].—Dósis, [231].

Aurum sulfuricum, [229].—Dósis, [231].

B

Barita: historia, [232].—Efectos fisiológicos, [232].—Efectos terapéuticos, [234].—Astenia senil, escrofulosa.—Afecciones neurálgicas, discrásicas, escrófulas.—Fiebres mucosas.—Dósis, [237].

Belladonna: historia, [237].—Generalidades, [239].—Efectos fisiológicos y terapéuticos del sistema nervioso, [242].—Espasmos, síntomas nerviosos de las fiebres graves, pasion ilíaca, hernia estrangulada.—Afecciones histéricas, epilépticas, asmáticas.—Neuralgias hiperémicas, hemicráneas.—Efectos fisiológicos y terapéuticos sobre el sistema sanguíneo, [247].—Fiebres exantemáticas, gástricas, mucosas.—Meningitis, hidrocéfalo agudo, fiebres intermitentes.—Fiebre reumática, hemorragias, congestiones, delirio, baile de San Vito, afecciones mentales.—Flegmasias, metritis, otitis, angina.—Efectos fisiológicos y terapéuticos en las afecciones del sistema linfático, [254].—Escrófulas.—Adenitis, úlceras, periostitis, oftalmía.—Pénfigo, eritema, hidrofobia.—Dósis, [257].

Bismuthum nitricum: historia, [252].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [259].—Gastralgia, diarrea.—Dósis, [260].

Borax, natrum boracicum: historia, [260].—Efectos fisiológicos, [260].—Efectos terapéuticos, [262].—Gastro-enteritis de los niños, aftas, muguet, oftalmía crónica, fluxiones flegmorrágicas, diarrea.—Su uso en obstetricia.—Dósis, [264].

Bromum: historia, [264].—Efectos fisiológicos, [265].—Efectos terapéuticos, [268].—Crup.—Dósis, [268].

Bromuro de potasio, [268].—Accidentes sifilíticos, escrofulosos.—Dósis, [270].

Bryonia alba: historia, [270].—Estado prodrómico, efectos fisiológicos y terapéuticos, [272].—Generalidades sobre la accion fisiológica de la brionia, [272].—Fiebres flegmásicas.—Afecciones de los tejidos mucosos, serosos y fibrosos, neuralgias y su ritmo.—Estado agudo, efectos fisiológicos y terapéuticos, [275].—Fiebres intermitentes, remitentes y biliosas, [276].—Fiebres nerviosas graves, [277].—Fiebres reumáticas, puerperales, [278].—Meningitis y mielitis, [279].—Fiebres eruptivas, [279].—Pleuresía, neumonía, [280].—Tísis tuberculosas, [281].—Bronquitis, crup, [282].—Pericarditis, [283].—Hepatitis, [283].—Flegmasías esternas, [284].—Adenitis, flemones, tumefacciones artríticas.—Estado crónico, efectos fisiológicos y terapéuticos, [285].—Hidropesías, [285].—Asma, histerismo, [285].—Dispepsia, estreñimiento, diarrea, [285].—Neuralgias, reumatismos, [286].—Flegmasías crónicas, [287].—Dósis, [287].

C

Calcarea carbonica: historia, [288].—Efectos fisiológicos, [289].—Discrasia alcalina y ácida.—Efectos terapéuticos, [294].—Afecciones nerviosas, [294].—Corea, epilepsia, hemicránea, cefalalgias, afecciones paralíticas, neuroses, gastralgia, neuralgias.—Afecciones del sistema circulatorio, [296].—Fiebre mucosa, de los niños, afecciones del corazon.—Afecciones gastro-pulmonales, [297].—Diarrea, lientería, dispepsia.—Afecciones del aparato génito-urinario, [298].—Menstruaciones escesivas, dismenorrea, edad crítica, embarazo.—Aborto, metástasis lácteas, agalactía.—Afecciones del sistema cutáneo, [300].—Manchas, pústulas, impétigo, pápulas, prúrigo, favus, costra láctea.—Afecciones del sistema linfático, [301].—Caquexia escrofulosa con ó sin fiebre, osificacion lenta, desarrollo incompleto ó irregular del organismo, tabes mesentérica, raquitismo, tumores blancos, escrófulas.—Afecciones de la plasticidad, [303].—Alteracion de la nutricion, atrofia, hipertrofia, vegetaciones, escrescencias ficiformes, verrugas, alopecia, úlceras.—Dósis, [304].

Camphora: historia, [305].—Efectos fisiológicos, [306].—Efectos terapéuticos, [308].—Fiebre espasmódica ó prodrómica, síntomas precursores graves en los accesos de asma, de histerismo, epilepsia; su uso como preservativo del cólera. Administracion en la irregularidad de las reacciones, en las congestiones, en el eritema, erisipela. Sus primeros efectos en el estreñimiento, dismenorrea, eretismo, fiebres nerviosas graves, disuria, vómitos.—Efectos escitantes secundarios en la postracion de las fiebres graves, exantemáticas.—Elemento propio de las enfermedades nerviosas.—Dósis, [312].

Cantharis: historia, [312].—Generalidades sobre la accion fisiológica, [314].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [315].—Afecciones neurálgicas y espasmódicas, hidrofobia.—Fiebre, flegmasías, hepatitis, irritaciones de las membranas mucosas, y pseudo-membranosas.—Hematuria, hematémesis, estreñimiento, gonorrea, catarro vesical.—Afecciones de las membranas serosas, exhalaciones, edema, hidropesías, quemaduras, úlceras.—Dósis, [318].

Carbo vegetabilis, animalis: historia, [319].—Reseña general de la accion de este medicamento, [320].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [323].—Afecciones agudas, cólera, [323].—Fiebre con caquexia.—Estado diatésico resultante de afecciones agudas, [325].—Afecciones del sistema venoso, [326].—Estasis sanguíneos, sabañones, hemorróides, hemorragias, plétora venosa abdominal, metrorragia, leucorrea, várices, hemotisis.—Afecciones de los órganos de los sentidos, del pecho y vientre, [328].—Oftalmía, coriza, rubicundez y tumefaccion de la nariz, de la boca, angina gangrenosa, bronquitis crónica, coqueluche, gastralgia, gastropatías.—Afecciones del sistema cutáneo y linfático, [331].—Congestiones pasivas, erupciones, rubicundeces, úlceras, aftas pútridas.—Bubon sifilítico, induracion de las glándulas.—Dósis, [334].

Causticum: historia, [334].—Generalidades de su accion fisiológica, [345].—Efectos fisiológicos y terapéuticos en el sistema nervioso, [337].—Rigidez, contractura, neuralgias.—Reumatismo, temblor senil, parálisis.—Efectos fisiológicos y terapéuticos de los órganos de los sentidos y aparatos gastro-pulmonales, [339].—Afecciones de los ojos, de los oidos, fluxiones, laringitis, gastro-atonía, dispepsia nerviosa, molimen hemorroidal y catamenial, astenia genital, incontinencia de orina en los viejos, neuro-astenia.—Efectos fisiológicos y terapéuticos en el sistema cutáneo, [342].—Herpes primitivo y secundario, metástasis herpética, reumatismo crónico, irritaciones rebeldes de las mucosas, prurito, aftas, ulceraciones, afecciones vesiculosas, liquenóides.—Escrescencias ficiformes, verrugas, viruela, fístulas en el ano.—Dósis, [347].

Chamomilla: historia, [347].—Generalidades sobre su accion fisiológica y terapéutica, [348].—Observaciones sobre los antídotos en sus efectos dinámicos.—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [354].—Fiebres, [354].—Afecciones locales, flegmasías, [356].—Bronquitis, catarro sofocante, hepatitis, oftalmía, dismenorrea, metrorragia.—Afecciones nerviosas, [358].—Convulsiones, nerviosidad.—Neuralgias, [359].—Hemicránea, gastralgia.—Afecciones reumáticas, [360].—Afecciones gástricas, [360].—Dispepsia, gastro-atonía, diarrea.—Dósis, [361].

China, cinchona officinalis: historia, [362].—Efectos fisiológicos, [364].—Efectos fisiológicos de las sales de quina, [367].—Efectos terapéuticos, [371].—Afecciones flegmásicas, fiebres intermitentes, diátesis palúdica, [371].—Paralelo con otras diátesis é incompatibilidad entre la diátesis tuberculosa y el miasma palúdico.—Afecciones neurálgicas, reumáticas y artríticas, [369].—Afecciones hemorrágicas, anémicas, serosas.Flujos colicuativos ó asténicos, [381].—Afecciones gangrenosas, ulcerosas, [383].—Dósis, [384].

Cina: historia, [386].—Efectos fisiológicos, [387].—Efectos terapéuticos, [389].—Fiebres intermitentes, mucosa, verminosa, encefalítis, convulsiones.—Lombrices.—Dósis, [391].

Coffea cruda: historia, [391].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [392].—Nerviosidad, espasmos, asma nervioso, neuralgias sobreagudas, delirium tremens, metrorragia.—Dósis, [396].

Colchicum autumnale: historia, [396].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [397].—Fiebres reumáticas, neuralgias, artritis, afeccion del corazon, dolores gotosos internos, afecciones de las membranas serosas, hidropesías, hidrartrosis, flegmasías artríticas.—Dósis, [401].

Colocynthis: historia, [401].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [402].—Neuralgias, hemicráneas, reumatismo, cólicos espasmódicos, diarreas violentas, oftalmía.—Dósis, [406].

Conium maculatum: historia, [406].—Efectos fisiológicos, [407].—Efectos terapéuticos, [410].—Hipocondria, histerismo, hemicránea, afecciones espasmódicas y neurálgicas, bronquitis, tos convulsiva, flegmasías escrofulosas, adenitis, úlceras escrofulosas, rechinamiento nocturno de los dientes, oftalmía escrofulosa.—Dósis, [414].

Cuprum: historia, [415].—Efectos fisiológicos, [415].—Efectos terapéuticos, [419].—Tísis, catarros crónicos, afecciones crónicas del estómago, cólera asiático.—Diarrea y estreñimiento crónico, supresion del sudor de los piés, amenorrea, espasmos histéricos, calambres, dolores, parálisis.—Epilepsia.—Coqueluche, movimientos convulsivos, asma nervioso, crup, sicosis.—Dósis, [424].

D

Digitalis: historia, [425].—Efectos fisiológicos, [427].—Efectos terapéuticos, [432].—Afecciones del corazon y del sistema circulatorio, [432].—Ascitis, hidrotorax, hidropericarditis, asma, congestiones, metrorragia, cianosis.—Fiebres mucosas.—Afecciones de los órganos secretorios y del sistema absorbente.—Ictericia, hidropesías, ascitis, contraindicaciones.—Lipitudo, hemoptisis.—Dósis, [437].

Dulcamara: historia, [438].—Efectos fisiológicos, [438].—Efectos terapéuticos, [441].—Fiebres catarrales, reumáticas.—Afecciones neurálgicas, escrofulosas, adenitis.—Escleroma, exantemas, dartros, verrugas.—Dósis, [446].

E

Euphrasia officinalis: historia, [446].—Efectos fisiológicos y terapéuticos, [446].—Estado catarral.—Oftalmía, coriza, bronquitis.—Dósis, [448].

FIN DEL ÍNDICE DE MATERIAS.


TRATADO METODICO Y PRACTICO
DE
MATERIA MÉDICA
Y DE
TERAPÉUTICA

PRÓLOGO.


Nuestro primer pensamiento fué el escribir una materia médica que abrazase todos los agentes de que se valen los diversos métodos curativos, y al efecto hemos trabajado muchos años con este objeto; pero nos hemos visto precisados á realizarle con mas concision y bajo un punto de vista mas práctico, concretándonos á una esposicion monográfica de cada medicamento.

Estudiarémos sus efectos sobre el hombre sano por grupos sintomáticos, desde la mas pequeña alteracion hasta los fenómenos tóxicos. No refiriéndose la esposicion á una medicacion general, no puede suscitar idea alguna preconcebida sobre sus propiedades. Espresamos con exactitud su unidad de accion y esta nos hace seguir las relaciones de los síntomas con las funciones y con los órganos, y nos eleva á la comprension de su electividad sobre las tres esferas orgánicas, nerviosa, sanguínea y vegetativa.

Los datos de la clínica no solo nos auxilian, sino que comprueban más y más las de la esperimentacion fisiológica.

Admitimos en fin, como elemento de estudio, las consideraciones etiológicas, nuestras propias observaciones, así como las de nuestros antepasados y contemporáneos.

Hemos observado hace mucho tiempo, que se empleaban con éxito unos mismos medicamentos contra enfermedades muy diversas, como por ejemplo, el acónito en afecciones espasmódicas, neurálgicas, febriles, catarrales; la ipecacuana en las mismas afecciones con, ó sin fiebre..... etc., todo lo cual ha sido para nosotros objeto de una grave meditacion. Notamos además que cada medicamento presenta varios grupos de síntomas, y que estos efectos fisiológicos se refieren á los aparatos de la sensibilidad, de la circulacion, de la digestion y de la plasticidad, pudiéndose deducir que su aplicacion á las diversas afecciones de estos aparatos, dependia de la accion especial de cada medicamento.

De las consideraciones espuestas surge un método de estudio mas completo y una division mas natural para la esposicion de cada medicamento; y esta division será mas ó menos perfecta para cada uno de ellos, segun que esté mas ó menos estudiado y observado, ó que su esfera de accion sea mas estensa, teniendo presente la marcha siguiente:

1.º Estado prodrómico y de invasion, ó influencia primitiva del medicamento sobre la esfera nerviosa;

2.º Estado agudo, ó influencia del medicamento sobre la esfera sanguínea;

3.º Estado agudísimo, es decir, nervioso grave, en cuyo período el sistema nervioso está afectado mas principalmente de un modo secundario, por la alteracion de sus modificadores fisiológicos, ó de sus propios órganos;

4.º Estado crónico ó influencia del medicamento sobre la plasticidad.

La esperimentacion fisiológica es la base de nuestro trabajo, siendo á Hahnemann á quien se debe la gloria de haber introducido este elemento tan esencial como nuevo en la materia médica. Los veinte primeros medicamentos que esperimentó, se llaman hoy policrestos por ser los mas conocidos. Su patogenesia, ó en otros términos, el conjunto de síntomas producidos por la esperimentacion, se halla en la primera obra que publicó sobre esta materia[1].

Mas tarde publicó sucesivamente seis volúmenes de patogenesia que tituló Materia médica pura[2], obra marcada con el sello del genio por la elevada sancion de los hechos y por las comprobaciones que cada dia recibe en obras publicadas por médicos de diversas escuelas, sobre un cierto número de medicamentos, tales como: la belladona, el fósforo, la cicuta, el hierro, el arsénico, la nuez vómica, el yodo, el cobre y el mercurio.

Para llenar nuestro objeto hemos consultado, no solo las obras de Hahnemann y de sus discípulos, sino tambien los tratados de materia médica franceses é italianos, los diccionarios, las colecciones periódicas, y varias otras publicaciones consagradas á esta parte del arte de curar.

Se ha ridiculizado á Hahnemann la minuciosidad de sus detalles, y se han criticado además otros tratados de materia médica y de terapéutica por sus generalidades, resultando, en nuestro concepto, un doble motivo para que este Tratado sea acogido con indiferencia, debiendo quizá habernos abstenido de hablar, pues creemos que existe cierta inclinacion á confeccionar, bajo un método completamente nuevo, una materia médica que el progreso de nuestros conocimientos y las necesidades del arte de curar justifican.

Las preocupaciones que una crítica infundada sostiene contra el método de Hahnemann, apartan de su estudio á un gran número de médicos á pesar de reconocer la vaguedad é inconsecuencias de los otros métodos terapéuticos. Iniciarles pues en este progreso; ayudarles á vencer las primeras dificultades de un estudio árduo; estender, en fin, el horizonte terapéutico sin romper con el pasado y atendiendo cuidadosamente al porvenir, es el objeto que nos hemos propuesto con la presente obra.

INTRODUCCION.

I.—El medicamento y los medicamentos.

Los tres reinos de la naturaleza suministran sustancias que determinan sobre el hombre efectos contra-naturales: en esto consisten los medicamentos. Se distinguen de los alimentos en que estos solo determinan efectos naturales. Pero hay ciertas sustancias que participan de lo uno y de lo otro, es decir, de medicamento y alimento, y entre varias, podemos citar el aceite de hígado de bacalao, algunos frutos, y ciertas raíces.

El medicamento puede ejercer su accion sobre el hombre sano ó enfermo, y de aquí resultan los dos órdenes de efectos, fisiológicos y terapéuticos.

Los primeros son objeto de estudio del médico, tan indispensable como el de los efectos de las causas morbosas ó síntomas de la enfermedad, porque para transformar los efectos fisiológicos en terapéuticos ó curativos, es indispensable haber establecido antes la relacion de la enfermedad con el medicamento. Mas esta relacion, en el estado actual de nuestros conocimientos, ni es, ni puede ser mas que una relacion de analogía y de semejanza: hé aquí, pues, por lo que basamos nuestro Tratado sobre la ley de los semejantes.

Esta ley es por otra parte el principio y orígen de las indicaciones terapéuticas. Sabemos que se ha discutido la fórmula de esta ley; pero la esencia de la relacion de los medicamentos con la enfermedad, ha quedado la misma. No queremos, no, entablar una disputa de palabras.

El medicamento sin embargo cura de tres maneras ó procederes distintos: 1.º desarrollando en el organismo síntomas incompatibles con los de la afeccion morbosa, los cuales son disminuidos, adormecidos ó estinguidos; 2.º modificando al organismo en sus elementos constitutivos por una accion física ó química, es decir, ejerciendo una accion alterante, reconstitutiva; modificacion que puede esplicarse por una accion dinámica que vuelve al organismo su receptividad, á los tejidos y á los vasos su sensibilidad normal, y restableciendo la integridad y la armonía funcionales; 3.º obrando directamente sobre la vitalidad, por sus propiedades especiales y dinámicas, para disipar los síntomas de la enfermedad con la que tiene mas afinidad, mas semejanza, ó para combatir directamente su causa.

Estos tres procedimientos corresponden á tres métodos terapéuticos. A los dos primeros puede bastarles dósis mas ó menos fuertes. Se reservan las mas débiles para el tercero, que es el mas pronto y menos sujeto á percances. La supremacía pertenece siempre á la ley de los semejantes, que descansa sobre el tercer procedimiento.

Aunque la mayor parte de los medicamentos gozan de una unidad de accion incontestable en su tendencia general; sin embargo su accion constituye una série de efectos sucesivos y especiales, que no armonizan siempre con su unidad fundamental durante toda su evolucion y duracion. Despues, los efectos difieren segun las dósis, por lo que se reconoce en los medicamentos otros efectos que los especiales que resultan de las débiles dósis, porque hay muchos medicamentos que corresponden á diversos métodos terapéuticos. La ipecacuana, por ejemplo, que es antiflogística, antiespasmódica, antineurálgica y antihemorrágica, es tambien evacuante; el tártaro estibiado, el ruibarbo y los calomelanos tienen una accion evacuante además de su accion especial. No se pueden negar los efectos diuréticos del azoato de potasa, aunque no sean homeopáticos. El guayaco, el acónito y el carbonato de amoníaco, por sus efectos sudoríficos, corresponden á otros métodos que al de los semejantes. Las propiedades narcóticas del opio y de la belladona, que tienen sus indicaciones en el método de los contrarios, gozan de propiedades especiales tan diferentes como útiles en el sentido de la ley de los semejantes. Muchos medicamentos de los que vamos á tratar bajo el punto de vista homeopático, son tambien agentes de los métodos derivativo y revulsivo, etc..... y otros varios, por su aplicacion esterior, gozan mas de la propiedad de provocar irritaciones, la vesicacion..... etc.

Del mismo modo hay que reconocer los efectos alterantes de la mayor parte de las sustancias conocidas, es decir, la propiedad de determinar en los líquidos y sólidos un cambio insensible por el que vuelven á su estado normal; tal puede considerarse algunas veces la accion del arsénico, del bromo, del hierro, etc...., en la resolucion de los infartos glandulares, en la reconstitucion de la hematosis, en la reabsorcion de diversos derrames, en la cicatrizacion de algunas úlceras, etc....

Todos estos métodos curativos son imitaciones de la naturaleza que cura por sí misma las enfermedades dejadas á sus solos esfuerzos, ya por vómitos ó diarreas, por las orinas, el sudor, por una secrecion particular, ó ya tan solo por la vuelta insensible á la salud, etc.... Preciso es convenir en que estas imitaciones son con frecuencia muy incompletas, no solo en el modo de terminar (¿qué diferencia, en efecto, no hay entre las deposiciones, los sudores, las orinas críticas, y estas mismas evacuaciones provocadas por un medicamento?), sino mas aun en las relaciones de los períodos de las enfermedades; porque si los flujos críticos sobrevienen al fin de su evolucion para juzgar y terminar la alteracion patológica, los flujos provocados no producen esta resolucion ó sedacion mas que al principio; y cuando así obran, solo la completan supliendo á la insuficiencia de las evacuaciones críticas. Por otra parte, ¡cuántas veces no han agravado la enfermedad las evacuaciones provocadas!

La hidroterapia, la gimnasia, los viajes, todos los medios higiénicos capaces de auxiliar un tratamiento médico, ó de causar por sí mismos modificaciones orgánicas; de escitar una reaccion, y aun de restablecer la armonía funcional, son otros tantos agentes de curacion, ó auxiliares importantes que todo médico práctico admite sin oposicion.

Sin rechazar, pues, los otros métodos ó los medios accesorios de curacion, consagramos esta obra al método terapéutico basado sobre la ley de los semejantes, esponiendo los efectos fisiológicos de los medicamentos y deduciendo esperimentalmente los terapéuticos, pues están estos tan relacionados con los primeros, que generalmente nos ha bastado señalar entre los efectos terapéuticos los principales efectos fisiológicos, á fin de evitar fastidiosas é incesantes repeticiones, sin perjudicar por esto al diagnóstico de la enfermedad, que seguramente es igual al del medicamento.

En fin, así como la patologia natural no es susceptible de clasificacion (á no ser que se haga tan solo para facilitar el estudio) porque la clínica escrita no presenta jamás al observador los cambios fugaces de las enfermedades que la ciencia describe, divide y clasifica, así tambien la patogenesia, que es la patologia artificial, no puede clasificar los síntomas fisiológicos de los medicamentos, que constituyen enfermedades artificiales.

Es verdad que un gran número de medicamentos han producido por su esperimentacion en el hombre sano los dos efectos contrarios: boca húmeda, por ejemplo, y seca; orinas escasas y abundantes, estreñimiento y diarrea; verdad es tambien, que muchas veces las dos condiciones opuestas son curadas por un mismo medicamento, es decir, que este ha curado su semejante y su contrario, por lo cual se ha querido concluir que la ley de los semejantes era falsa. Esta objecion es puramente especiosa; pues si bien la distincion de los síntomas en primitivos y secundarios, no la resuelve, y ni el mismo Hahnemann que la estableció pudo justificarla; es un hecho que el medicamento, así como la causa morbosa, provoca síntomas diferentes ú opuestos en personas de constitucion y temperamentos tambien diferentes y opuestos. Esto no obstante, y á pesar que los dos síntomas contrarios, diarrea y estreñimiento, por ejemplo, en el acónito, brionia, cantárida y nuez vómica, etc..... tienen el mismo orígen, esto es, que la accion medicinal es la causa, ya obre sobre el sistema vascular de la mucosa intestinal, ó sobre la fibra del intestino, es indudable que, segun que se administren á sugetos irritables ó apáticos, biliosos, ó linfáticos, en un estado esténico ó asténico, etc..... así se presentará el estreñimiento ó la diarrea. Esta es la razon por la que hemos querido indicar para cada medicamento hasta donde la ciencia lo permita, las disposiciones orgánicas favorables ó análogas á las que él tiende á provocar.

¿No confirma la esperiencia el mismo resultado respecto á los efectos de las causas morbosas? Aunque una misma causa obre simultáneamente sobre varios indivíduos, en uno se desenvuelve una afeccion gástrica con diarrea, mientras que en otro es una cefalalgia con estreñimiento. Todos los dias observamos que un enfriamiento contraido en las mismas circunstancias, determina en una persona sequedad de la piel con descomposicion de vientre, en otro una irritacion en el pecho; en este dolor de cabeza con estreñimiento, y en aquel, vómitos, neuralgias, etc.....

El genio epidémico y de las constituciones médicas es la causa que ha inducido á algunos á no creer en la universalidad de la ley de los semejantes. Sabemos que el genio epidémico se descubre ó se aclara mas especialmente por la accion benéfica de los medicamentos, que menos responden á veces á los síntomas mas aparentes de la afeccion, que á su causa, aun cuando esta sea apenas sospechada por los síntomas poco conocidos en un principio, ó considerados como poco importantes. Reinó hace unos años una constitucion médica seudo-membranosa que se manifestó por anginas diftéricas, contra las que los habituales medicamentos, mercurio, sulfuro de cal, el bromo y la brionia entre otros, fueron tan poderosos como eficaces. Pero estos medicamentos son tambien utilísimos en otras afecciones para las que la ley de los semejantes indica otros distintos. Que la ley es positiva, no se puede negar; pero exige en su exacta aplicacion y para una curacion rápida, toda la sagacidad del médico, como sucede en las neuralgias sifilíticas y sicósicas, en las que el mercurio y la thuya son mas eficaces que el acónito y la belladona..... medicamentos al parecer indicados en el primer exámen del cuadro sintomático, y que particularidades poco sobresalientes y esenciales inducen mas á favor de los primeros.

Que el medicamento posee las propiedades de tal de una manera absoluta, es incontestable. Pero la accion de estas propiedades es relativa al estado en que se halla el indivíduo enfermo. Así se observa, que mientras en una epidemia produce buenos resultados un medicamento dado, en otra, al parecer semejante, es otro el mas eficaz.

Para hablar con exactitud, dirémos: que lo que las propiedades de los medicamentos tienen de absoluto, disminuye á medida que se aproxima á sus especialidades: los efectos físico-químicos son siempre necesarios, sea cual quiera el estado del sugeto; los efectos perturbadores y tóxicos son ya menos necesarios, pero los dinámicos son relativos.

II.—La naturaleza y el médico.

Todo este artículo supone y prueba el axioma que Hipócrates opuso á los errores de la terapéutica, y que le valió el nombre de padre de la medicina: Natura morborum medicatrix. Este principio solo puede ejercer su supremacía en el método homeopático basado en la ley de los semejantes, y que establece la relacion de la enfermedad con el medicamento. Tratado ya con bastante estension este asunto, nos creemos dispensados en esponerle didácticamente en esta ocasion.

No es indiferente consignar que esta ley se halla espresada por Hipócrates y otros médicos de la antigüedad. Los mismos preceptos clínicos la manifiestan de diversas maneras. Los medicamentos obran en el sentido de la naturaleza, ayudan sus esfuerzos, tienden á donde ella tiende: quò natura vergit eò ducendum.

Si la naturaleza no secunda la accion del medicamento, verdad hay en creer que por lo menos se ha dado en vano: natura repugnante irrita sunt omnia, porque sobre la naturaleza, sobre la fuerza vital es donde obra, y esta fuerza es la que le utiliza y le emplea para sus fines, cuando su accion la es análoga y simpática: natura morborum medicatrix.

No creemos á la fuerza vital tan impotente é incapaz de dirigir las sinergias morbosas, como lo han dicho algunos teóricos y Hahnemann mismo. ¿No es la fuerza vital la que dirige el consensus armónico de la salud y las acciones morbosas? Quæ faciunt in sano actiones sanas, eædem in ægro morbosas. La naturaleza con su ciencia ciega es mas poderosa y mas instruida que nuestra débil razon.

El arte es, pues, la imitacion de la naturaleza: ars imitatio naturæ; verdad que implica el conocimiento de los efectos fisiológicos de los medicamentos; por cuya razon la importancia del médico consiste en interpretar la naturaleza: naturæ minister et interpres. Debe subordinar sus medios de accion á la naturaleza para ayudarla, y no emplearlos para contrariar y oprimir sus tendencias.

La increible esposicion que bosqueja Mr. Trousseau de la homeopatía, la interpretacion singular que da de la ley de los semejantes; de su aplicacion y de la accion de las dósis infinitesimales; la oscuridad y las sospechas que difunde sobre la ciencia y los trabajos de los homeópatas, no pueden producir en el hombre erudito mas que la ventajosa opinion en favor de una doctrina que merece tan elevadas animadversiones y á la que, sin embargo, se la hacen incesantes concesiones.

Mr. Trousseau ha dicho, entre otras cosas, que la homeopatía se halla fuera del movimiento científico, que los homeópatas desprecian la fisiologia y las ciencias accesorias á la medicina..... Pero distan ya mucho sus convicciones de las espresadas hace treinta años. Confiesa despues que todos los medicamentos han sido ensayados en el hombre sano por los homeópatas, que han constituido una materia médica pura, en la que hay ideas muy preciosas sobre las propiedades especiales de los medicamentos y sobre una multitud de particularidades de su accion que ignoramos; ignorancia que conduce á que solo conozcamos de los agentes terapéuticos sus propiedades generales mas groseras; y que en presencia de las enfermedades que ofrecen cambios y tan variadas indicaciones, nos faltan con mucha frecuencia modificadores apropiados á estos cambios. Mr. Trousseau, que hace estas concesiones desde la altura de su cátedra, arroja á sus discípulos y á los prácticos una terapéutica formada de los antiguos sistemas que él ha criticado, reservándose el desden para un método superior al suyo.

III.—Clasificacion.

Mr. Trousseau establece medicaciones que su carácter de generalidad las hace infecundas, en lugar de atenerse á determinar la especialidad de accion de cada medicamento en sus relaciones con las particularidades de cada enfermedad. ¡Ah! ¿cómo es posible concebir una doctrina que no dé al diagnóstico del medicamento la misma importancia que al diagnóstico de la enfermedad? Si es preciso conocer las enfermedades por el conjunto de sus síntomas, tambien lo es el conocer al medicamento por el conjunto de sus efectos fisiológicos. ¿Qué significan esas divisiones generales de las medicaciones en tónica, escitante, narcótica, etc.... reuniendo bajo la misma denominacion y proponiendo para lograr un mismo fin, sustancias tan diversas y destinadas á llenar indicaciones tan diferentes? Lo que Mr. Trousseau nos dice en seguida tratando de la medicacion tónica: que «estas analogías genéricas no impiden á cada especie del género, á cada indicacion de la especie, el tener su especificidad y su individualidad;» á lo que nosotros preguntarémos qué ha querido decir con esas fórmulas que afectan ó aparentan tener un rigor científico. Si el hierro es el hierro, y la quina la quina; si cada uno de ellos tiene su especialidad de accion, ¿á qué conduce la medicacion tónica? ¿Qué bienes podrán producir esas grandes divisiones que confunden los medicamentos y falsean las aplicaciones? ¿Porqué hacer de la belladona un narcótico, cuando al opio, á la cicuta y al acónito se les da la misma denominacion[3]?

Mr. Trousseau que anatematiza á Hahnemann, va mucho mas lejos que él en la vía de la especificidad. Nosotros investigamos las indicaciones y los medios de llenarlas hasta donde es posible; estudiamos cada medicamento en los caractéres propios y distintivos de su accion, sea fisiológica ó terapéutica.

El profesor Giacomini de Pádua[4] parece no interesarse mas que por las fuertes dósis, que es el pecado comun de nuestra época; se afana por producir efectos, sean los que quieran, en lugar de tomarse el tiempo necesario para estudiar los efectos fisiológicos, que, aunque lentos, son mas verdaderamente especiales; efectos característicos de las dósis pequeñas, que se adaptan mejor á la sensibilidad orgánica y á las particularidades de las enfermedades. Su Tratado peca tambien por su clasificacion, que, bajo otros nombres, adopta las mismas generalidades y conduce á la misma confusion. Sin embargo, tiene este autor un mérito particular, que es el de haber fijado en algo la accion electiva de cada sustancia sobre los principales aparatos orgánicos.

En general, los terapeutistas modernos han reconocido la necesidad de introducir como elemento de la materia médica la observacion de los efectos de los medicamentos sobre el hombre sano. Hé aquí una confesion de los errores del pasado y de los defectos de la antigua materia médica, y al mismo tiempo un homenaje tributado á Hahnemann, y una base para el porvenir. Giacomini ha ido mas lejos que ningun otro en este sentido y hubiera ciertamente llegado á obtener resultados mas notables, si hubiese estudiado la accion de las dósis bastante mas pequeñas para no provocar ni los efectos de una perturbacion rápida, ni los esfuerzos eliminadores de la naturaleza previsora.

Por otra parte, creemos que es imposible una clasificacion de los medicamentos fundada en sus efectos fisiológicos y en sus propiedades, porque estos efectos y estas propiedades, aunque caracterizadas durante la plenitud de accion del medicamento, ofrecen no obstante grados y variaciones sintomáticas en los diversos períodos de su evolucion.

Esta accion que es una en sus tendencias y en su fin, se multiplica en sus efectos sucesivos; de suerte que el mismo medicamento tiene realmente muchos grupos de efectos fisiológicos, distintas electividades y varias propiedades, correspondiendo cada una de ellas á varias afecciones simples ó elementos morbosos.

Para confeccionar los autores sus clasificaciones, han debido sacrificar una parte de los efectos de cada uno de ellos, ó interpretar los demás en un sentido contrario. En la quina por ejemplo, se esplica su accion escitante y tónica por una teoría particular, contradiciéndose en el mismo capítulo, para darse cuenta de los efectos frio y calosfríos, atribuyéndoles por una esplicacion opuesta á una propiedad antivital, á un ataque directo dado á las fuerzas radicales del organismo, hasta el punto de asimilar este medicamento á la digital y al eléboro blanco (veratrina); se contradicen pues, para esplicar sus efectos neurálgicos y reumáticos por una accion escitante de la circulacion y de la sensibilidad.

Aun hay más: se sacrifican los medicamentos mismos á la necesidad de clasificacion. Mas sea por esta razon ó por cualquiera otra, es un hecho notable el abandono casi universal que se hace poco á poco de un gran número de medicamentos, y la facilidad con que se limita á paliativos en una multitud de males que se ha renunciado á curar, y á los cuales no se opone mas que la paciencia, si las cataplasmas, los baños é infusiones molestan por su inutilidad. ¿Estará el hombre destinado á padecer esa multitud de enfermedades crónicas, sin haber recibido del Creador la inteligencia para buscar los medios de curarlas? ¡No ciertamente! y si el práctico despues de haber comprendido la importancia de nuestros estudios para cada medicamento, quiere completarles mas con las colecciones especiales de patogenesias sirviéndose al efecto de nuestras indicaciones, bien pronto tendrá la satisfaccion de reconocer que dispone de una multitud de medios eficaces, no solo contra las enfermedades agudas y crónicas que ha convenido tratar, sino tambien contra esa multitud de males que se ha renunciado á combatirles, y cuya rebeldía y formas incesantemente variadas, le conducen en su despecho á acusar de incompleta la materia médica de nuestros dias.

El orden alfabético nos ha parecido preferible á toda otra especie de clasificacion, porque ni altera la unidad del medicamento, ni prejuzga nada sobre su accion y propiedades. Preciso es convenir en que esta ventaja compensa ámpliamente los ligeros inconvenientes que puedan atribuírsela. Porque la clasificacion misma por grupos de medicamentos correspondientes á los elementos morbosos, inflamacion, dolor, espasmo, ataxia, reumatismo, etc..... aunque opuesta á las grandes divisiones de que hemos hablado, y no obstante su pretension de dar mucha mas claridad en la apreciacion de la accion de cada sustancia, no es menos imposible en el estado actual de nuestros conocimientos.

Respecto á la clasificacion por grupos segun la analogía de los medicamentos, ya ha sido ensayada por la escuela del Brasil[5] y mas recientemente por el doctor Teste[6]. Si los esfuerzos de nuestro ilustrado correligionario no han podido vencer las dificultades inherentes á su objeto, tiene el mérito por lo menos de haber intentado lo que el porvenir realizará.

IV.—Efectos fisiológicos.

En el fondo de todas las patogenesias, se halla siempre una accion primordial del medicamento sobre el sistema nervioso. Esta accion se espresa por dejadez, por alteracion en la calorificacion y por indisposiciones morales. La referida accion es notable, no solo por su unidad original, sino porque puede representar el período de invasion de casi todas las enfermedades, cuando la sensibilidad, la irritabilidad y la calorificacion son las únicas afectadas.

Muchos medicamentos producen fenómenos de concentracion, de espasmos que preceden á la reaccion febril, á la cual suelen unirse algunas veces las neuralgias. Estos fenómenos difieren esencialmente de los síntomas nerviosos graves, en que estos se presentan en el período sobreagudo de ciertas fiebres; fácil es además conocer la distancia que separa á estos dos órdenes de fenómenos, comparando por ejemplo los fenómenos de la brionia, el zumaque venenoso, el acónito, la belladona, el fósforo.....

Otros varios no han desenvuelto fiebre en la esperimentacion y los resultados clínicos permiten afirmar que algunos son apiréticos. Los demás afectan igualmente á la vida vegetativa ó la plasticidad, que á la circulacion.

Para los medicamentos piréticos mas conocidos, el segundo período, el período de espansion ó febril tiene numerosos síntomas que espresan frecuentemente un estado sobreagudo. Estos medicamentos representan la mayor parte de las afecciones graves piréticas en su período clásico de reaccion. En esta ocasion, es cuando el medicamento hace sentir su accion mas allá de los aparatos de la sensibilidad y de la circulacion, llegando á veces hasta los de la nutricion y de la plasticidad.

Viene despues el estado subagudo, que es el en que la vida ha resistido convenientemente y que se ha sobrepuesto á las causas de descomposicion. Esta faz intermediaria entre la agudeza y la cronicidad sigue la marcha ó el período de la crísis, y da lugar al restablecimiento de la armonía funcional, ó á la cronicidad; pertenece á todos los medicamentos piréticos como el cuarto período.

A medida que la accion del medicamento se estiende y propaga á todo el organismo, la afeccion de la plasticidad se pronuncia mas y domina; se declaran las localizaciones y absorben los movimientos vitales, ó bien se presenta una discrasia con síntomas de alteracion de los líquidos y sólidos propios á cada medicamento; se desenvuelven alteraciones dinámicas, y se declaran perturbaciones funcionales, porque son las razones de ser en las lesiones de los órganos, ó de su estímulo; se alteran los humores como los tejidos, y se declaran lesiones orgánicas: este es el cuarto período, es decir, el estado crónico.

Este período es estraño á varios medicamentos, sin que se pueda atribuir en todos, á la imperfeccion de los ensayos fisiológicos, puesto que la coloquíntida estudiada esperimentalmente por Hahnemann mismo, carece de este órden de fenómenos crónicos. Los que son susceptibles de determinarlos, ofrecen variaciones muy notables en sus espresiones sintomáticas, y son poderosas armas para hacer frente á las formidables tribus de las lesiones orgánicas y de las caquexias.

Así como un gran número de enfermedades se confunden en su principio hasta el punto que no es posible saber muchas veces si se presentará una fiebre inflamatoria, intermitente, tifoídea, una neurose, un catarro, etc..... así tambien los síntomas primordiales confunden la mayor parte de los medicamentos en cierta alteracion de la inervacion. En este caso, todos los medicamentos se parecen. Por esta razon juzgamos pueril y anticientífica la falta tantas veces lanzada contra la materia médica pura, de dar á todos los medicamentos un gran número de síntomas que se asemejan y parecen confundirlos.

Las enfermedades solo se caracterizan bien en su período de agudeza; el estado crónico conduce á las indecisiones del principio; del mismo modo los medicamentos no son bien conocidos sino por sus síntomas agudos.

La naturaleza pues justifica nuestro método que agranda considerablemente y precisa la accion de los medicamentos; permite caracterizar los síntomas que se observan en la mayor parte de las enfermedades, por particularidades de conjunto y de detalle que sirven de base á las indicaciones.

Sabido es que las diferencias que existen entre los síntomas de los diversos medicamentos, son algunas veces casi inapreciables aun para el observador mas atento. ¿Pero sabria este observador distinguir mejor las diferencias de estos mismos síntomas en muchas enfermedades? Citaré un ejemplo: todas las fiebres están acompañadas de alteraciones de la digestion, del calor, de las secreciones..... en unas, la materia de las deposiciones diarréicas es amarilla, verdosa, negruzca, mucosa, acuosa, etc..... en otras, las evacuaciones son precedidas, acompañadas ó seguidas de vértigos, de incomodidades, de cólicos. Coexiste tambien, unas veces sed ó adipsia; otras, humedad ó sequedad de la piel, cefalalgia, timpanitis ó flojedad del vientre..... Pero en todas hay fenómenos sobresalientes: estreñimiento, sudor, neuralgia, vómitos..... cada uno difiere por su espresion y sus accidentes, en cada medicamento, como en cada fiebre. Todos estos cambios de un mismo síntoma y sus epifenómenos constituyen el diagnóstico diferencial en patologia como en patogenesia, y obligan al práctico á hacer el exámen mas minucioso.

V.—Dósis infinitesimales.

Las dósis infinitesimales han suscitado una multitud de cuestiones que están aun por resolver, relativas á la repeticion, alternacion, duracion de accion y cantidad. Se cree generalmente que es necesario repetir las dósis de un medicamento con tanta mas frecuencia, cuanto mas aguda sea la enfermedad. Está tambien admitido dar dos medicamentos, no mezclados, sino alternados, como por ejemplo, una cucharada de hora en hora, una vez de acónito, y otra de manzanilla.

Respecto á la duracion de accion, há ya mucho tiempo que se la viene dando la misma importancia y aun los mismos límites que marcó Hahnemann. Bueno será advertir que seria injusto olvidar sus preceptos respecto á este asunto. Que las afecciones agudas gastan rápidamente la accion de los medicamentos, y que exigen una repeticion mas ó menos frecuente; que muchas crónicas no ceden bien sino á dósis pequeñas dadas á largos intérvalos, es un hecho incontestable adquirido por la esperiencia.

Es natural ciertamente que al abrazar el método que adapta el medicamento á la enfermedad por la ley de los semejantes, se detenga un médico ante tan pequeñas dósis; pero nadie ignora, que cuando prácticos distinguidos las prefieren á las fuertes, arrostrando la injuria ó el ridículo, es porque creen y les consta, que son mas útiles. Esta conducta merece ser tomada en consideracion por tres razones: la primera, porque han estudiado los efectos fisiológicos de los medicamentos; la segunda, porque su reputacion está interesada en la curacion; la tercera, porque emplean los medicamentos por la ley de los semejantes.

Los principiantes no deben fiarse en las dósis miasmáticas, imponderables, infinitesimales, dinamizadas, como quieran llamarlas, sin estar antes convencidos por sí mismos de su eficacia en los casos en que la accion del medicamento esté en relacion con la enfermedad. La última ilusion que les abandona, es la que les hace recordar el gran poder curativo de las dósis fuertes. Poco á poco y con la fuerza de los hechos es como llegan á creer en el poder de las pequeñas.

No hay perjuicio en que empiecen por dósis mas sensibles. Les dirémos al efecto, que pueden en general emplear con ventaja en las enfermedades agudas y en las recrudescencias de las crónicas, algunas gotas al dia de la tintura del medicamento indicado, ó algunos decígramos de su trituracion.

Se puede con mas frecuencia que la que muchos médicos creen, administrar dósis mas fuertes aun. No afirmarémos que sea posible dar hoy reglas para este objeto, pero multiplicados hechos atestiguan la exactitud de esta asercion para cierto número de casos. Por otra parte, segun Koch, «cuanto menos análogo sea el medicamento, mas frecuente debe ser la repeticion,» y Gross agrega, «y mas puede elevarse la dósis.» Este último pretende, que lo que falte al medicamento de analogía, de semejanza, debe compensarse con aumentar la cantidad. Debemos consignar que estos casos son escepciones.

Añadamos que en la época en que Hahnemann proclamaba la necesidad de las dósis muy débiles, las llamadas infinitesimales, exigia imperiosamente un régimen rigoroso, mejor dicho, imposible. La esperiencia ha demostrado que es preciso descender de las alturas especulativas en que aquel se mantuvo, y dar mas latitud al régimen sin que sea necesario aumentar las dósis, porque las infinitesimales gozan de cierta independencia, es decir, que se escapan á las combinaciones químicas, y que sus moléculas se sustraen á las acciones y reacciones de las sustancias gástricas y de los elementos químicos de la economía[7].

La accion de las dósis muy débiles cuenta hace mucho tiempo con numerosas adhesiones, y es el objeto de sérias preocupaciones desde que las ideas de Hahnemann invadieron las escuelas.

Mr. Trousseau ha podido decir sin causar admiracion: «Si se quiere obtener los efectos especiales de los medicamentos, es necesario administrarlos generalmente á pequeñas dósis, porque entonces sus efectos comunes son poco sensibles.»

Este profesor al proclamar las dósis mínimas y de ningun modo comparables á las dósis de los compuestos actuales, ha conmovido el edificio de la posologia ordinaria y cada dia mas condenada por algun órgano de la ciencia.

El director del Moniteur des sciences médicales et pharmaceutiques[8], con motivo de los hechos sometidos á la Academia por el doctor Rilliet sobre la accion de las dósis muy débiles, manifiesta una viva impaciencia por ver resueltas las cuestiones de posologia, y dice: «Es preciso que la discusion se establezca sobre este punto de una manera categórica. La oscuridad que se deje sobre esto, puede tener consecuencias mas tristes en el espíritu de la ciencia que lo que á primera vista aparece.»

El doctor Bossu dice por su parte[9]: «¿Es necesario refugiarse con Mr. Velpeau en la singularidad de los efectos de las pequeñas dósis de los medicamentos sobre el organismo? Cuestion es esta que merece una formal atencion y que está llamada á provocar, mas tarde ó mas temprano, una esperimentacion concienzuda y sostenida de los principales agentes terapéuticos.»

Y Mr. el doctor Diday[10] esclama á propósito de las pequeñas dósis: «Cuestion candente que se ha procurado evitar, pero que será preciso abordar, mas ó menos pronto, con todo el cuidado que exige.»

Es necesario muchas veces llegar á dósis tan débiles, que no tienen otro elemento de conviccion que la propia esperiencia, la cual demuestra bien pronto: 1.º que cuanto mas irritables y dotados de fuerza de reaccion son los sugetos, tanto mas atenuadas deben ser las dósis; 2.º que estas dósis, en las enfermedades crónicas, tienen una accion de mayor duracion, hasta dos y tres semanas para algunos medicamentos; 3.º que cuanto mas nerviosos, irritables y delicados son los enfermos, menos regular y durable es la accion: «reaccion fuerte y temperamento vigoroso son las condiciones mas favorables[11];» 4.º que el punto mas esencial es la eleccion del medicamento semejante.

Consagramos algunas líneas al tratar de cada medicamento para indicar las dósis, por lo que ahora no entramos en detalles posológicos. Esto no obstante, tanto aquí como despues, decimos algo sobre los diversos grados de debilitacion y atenuacion de las dósis; pero el que quiera mas detalles, le recomendamos la Farmacopea de Jahr y Catellan[12]. En esta obra hallarán todo lo que concierne á la eleccion de las sustancias, su grado de pureza, las cantidades determinadas para las atenuaciones, los procedimientos y vehículos usados. No hemos querido hacer mas voluminosa esta obra con nociones que se hallan fácilmente en otra parte, ni con la descripcion de los caractéres físicos, químicos y de historia natural mas ó menos familiares á todos.

Siendo la tintura ó alcoholatura la preparacion mas constantemente igual en sus proporciones y en su grado de actividad, cuando se la hace en tiempo conveniente y con las partes determinadas de las sustancias usadas, la indicamos casi con esclusion de los estractos, de los jarabes, de los polvos..... Para las sustancias salinas, minerales y las que no se emplean disueltas en el alcohol, nos limitamos á la preparacion que consiste en dividirlas por trituraciones sucesivas con azúcar de leche, escluyendo todos los compuestos que no permiten conocer la proporcion exacta de la sustancia y el grado de su atenuacion. Desechamos con mas razon toda especie de mezcla y todo medio accesorio capaz de alterar la accion del medicamento.

VI.—Accion química y dinámica del medicamento.

Es evidente que muchos autores, en odio al dinamismo, han elevado hasta el absurdo sus pretensiones quimiátricas. Esplican la accion de los medicamentos por sus efectos químicos sobre la sangre, sin meditar que las dósis mas débiles, dósis que no pueden tener accion mas que sobre la vitalidad y por esta sobre los líquidos y sólidos, producen frecuentemente los mismos efectos, y aun mas prontos y mas durables.

Una de las últimas memorias presentadas á la Academia imperial de medicina[13], nos da un ejemplo. Quiere el autor esplicar la accion del percloruro de hierro en el tratamiento de la púrpura hemorrágica, y atribuye los efectos á su accion directa, es decir, química, sobre la sangre. Es completamente un absurdo.

Se apoya, es verdad, en diversos autores y particularmente en Burin-Dubuisson, que es el que á su manera ha tratado con mas estension del percloruro de hierro. Se imaginan que esta sustancia obra justamente sobre los capilares en el sitio de la hemorragia (es cuestion de hemorragias internas) como si se aplicase directamente sobre los vasos abiertos de una úlcera ó de cualquiera otra solucion de continuidad. Primeramente se administra este medicamento en el estado de pureza, al interior: se le dilata despues en una gran cantidad de líquido; se mezcla en seguida con los ácidos y mucosidades de las vías gástricas; en fin, una vez absorbido, se diluye aun en los humores que le sirven de vehículo; y si habia de obrar químicamente, lo haria primero sobre las superficies de absorcion, ó sobre la red de vasos que están en contacto inmediato con él. Pueril es á la verdad insistir sobre este asunto, pues apenas se comprende cómo se puede adoptar semejante opinion, mas bien que reconocer la accion especial y vital del medicamento, su accion dinámica sobre el sistema nervioso, por la cual son modificadas muchas veces con increible rapidez las condiciones vitales de los órganos que son el sitio de la hemorragia.

Las mismas consideraciones pueden servir para establecer la verdadera accion del hierro en la anemia. Esta accion es de tal modo vital, que el medicamento obra soberanamente, lo mismo, y mas particularmente á dósis muy débiles. Por otra parte el hierro no cura todas las anemias hasta donde es necesario.

La esperiencia obliga á reconocer una anemia paludiana, mercurial, sifilítica, escrofulosa y la cancerosa..... Hay mas de un medicamento distinto que goza de mas eficacia que el hierro en las diversas anemias. No está demostrado, ha dicho Mr. Claude Bernard[14], que la causa de la clorosis resida en la falta de hierro en la sangre. Muchos trabajos modernos tienden á probar, y Mr. Reveil lo ha demostrado, que á pesar de la disminucion de los glóbulos de la sangre, esta contiene las mismas proporciones de hierro; justa y racional es la tésis que sostenemos, á saber: que la accion dinámica del medicamento produce los efectos que se atribuyen falsamente á su accion química, no solo en las circunstancias ordinarias, sino aun en aquellas para las que se han dado las esplicaciones que combatimos, y en otras de este género. Separamos sin embargo los casos en que el medicamento suministra moléculas á la absorcion y tiende á modificar las cualidades químicas de los líquidos y los sólidos, por una accion que llamarémos alterante ó reconstitutiva, pero unida necesariamente á su accion dinámica, la única quizá que será admitida algun dia, porque puede bastar á esplicar la accion alterante por la modificacion favorable de las condiciones vitales de la hematosis.

Al hablar de la accion de los medicamentos, nos servimos de las palabras dinamismo, efecto dinámico, con las que queremos dar á entender, no una fuerza pura en accion, sino una fuerza que no es ni puede estar separada de la materia. Hace diez años dijimos[15], que las moléculas asimiladas, una vez sometidas á la fuerza vital, no perdian ni su individualidad, ni la vitalidad ó propiedades químicas, y que la propiedad del medicamento era un compuesto de su dinamismo especial y de sus moléculas; que de aquí la necesidad de admitir, no el dinamismo puro segun la idea que suscitara la palabra, sino una accion vital y molecular, una accion dinámica sobre la sensibilidad y contractilidad (efecto nervioso), y sobre los líquidos y los sólidos (efectos sanguíneos y alterantes).

Es evidente que las moléculas de un medicamento llevan su accion, por medio de la absorcion, hasta los últimos elementos orgánicos, es decir, hasta las fibras y las celdillas rodeadas de una atmósfera nerviosa y vascular. En estos elementos es donde se verifican los fenómenos íntimos de la vida al contacto de las últimas ramificaciones nerviosas y vasculares. En estos elementos es donde tambien suceden las acciones medicamentosas dinámicas, teniendo por base la molécula orgánica y por agente la molécula medicamentosa; acciones que no pueden por consiguiente en caso alguno ser químicas como se viene admitiendo de que los medicamentos pueden serlo en las primeras vías ó en la superficie de los tejidos con los que se ponen en contacto, por sus masas mas ó menos divididas, con la materia de los sólidos y de los líquidos.

No nos hemos distraido de hablar del medicamento como agente dinámico, por ocuparnos de las propiedades evacuantes, derivativas, etc..... de algunos de ellos. No hemos dicho nada de los medios domésticos tan útiles algunas veces. El baño tibio, y en general el agua templada, en tisana, lavativas y fomentos, calma el eretismo, relaja la fibra y dispone al organismo á recibir la accion de un medicamento destinado á combatir una congestion, á regularizar los movimientos vitales.

El agua fria en locion, lavativa, infusion, ó aplicada por medio de un lienzo empapado, en pediluvios, y aun por inmersion instántanea, estimula la reaccion, disipa el frio de una manera durable, entona la fibra, fortifica los tejidos y los escita. Muy frecuentemente las cataplasmas pueden ser reemplazadas por compresas humedecidas incesantemente con agua templada ó fria, ó de una solucion del medicamento dado al interior.

Se puede tambien en algunos casos recurrir á la accion de ciertas aplicaciones que por la rubefaccion cutánea que producen, pueden ayudar á la medicacion interna y regularizar la reaccion.....

Aunque limitamos considerablemente los casos en que una revulsion, una evacuacion...... parecen útiles, estamos muy distantes de condenarlas de un modo absoluto: estos medios indirectos son á veces necesarios á falta de un medicamento directo y bien semejante.

Una observacion mas relativa al régimen. Importa arreglar la alimentacion desde el momento en que pueda ser conveniente. Todos sabemos la importancia del régimen en las enfermedades crónicas. Pero recomendamos á los que sean muy severos, que atenuen sus exigencias, pues hay mas que temer de las innovaciones muy bruscas en las bebidas y alimentos habituales.

La dieta no debe ser muy severa, porque importa no perjudicar á la accion del medicamento por las simpatías de un estómago cuyas fuerzas, estando libres, reaccionan dolorosamente sobre otros aparatos. Es conveniente que los jugos gástricos no permanezcan mucho tiempo sin sufrir algun trabajo de digestion por la ingestion de alimentos adaptados al estado del enfermo. La leche es con frecuencia un medio de restablecer la salud. El instinto que impulsa al enfermo á desear tal ó cual especie de alimentos, no debe mirarse con indiferencia.

La dieta prolongada mas allá de los justos límites, determina algunas veces en las afecciones febriles fenómenos atáxicos y pútridos. Es de observacion que las heridas y las lesiones tratadas tan felizmente por el árnica, se curan tanto mas pronto, cuanto menos severa ha sido la dieta; la fiebre misma en lesiones graves se combate y cura con mas seguridad, si se ha tenido el cuidado de dar á intérvalos convenientes una alimentacion ligera, como la sustancia de pan, para ocupar lo menos posible las fuerzas especiales del estómago y del tubo digestivo. En este caso es preciso fiarse del medicamento.

Pero no nos hemos propuesto redactar preceptos que se hallan en un gran número de obras especiales, ni dar reglas higiénicas ó dietéticas.

Entremos en materia.


TRATADO METÓDICO
DE
MATERIA MÉDICA
Y DE
TERAPÉUTICA.


ACÓNITO (Aconitum).

§ I.—Historia.

Planta de la poliandria triginia de Linneo; de la familia de las ranunculáceas de Jussieu. Esta familia tiene muchas especies casi igualmente activas, y sus propiedades bastante semejantes; pero solo se ha estudiado el acónito napelo, y á él dedicamos este capítulo.

Mucho se ha escrito sobre el acónito; pero en nuestro concepto, solo la escuela hahnemanniana le ha tratado de una manera completa. Para convencerse, basta leer las páginas que le ha consagrado Giacomini. Mr. Trousseau hace de él[16] un simple estupefaciente ó narcótico, á pesar de la multitud de hechos que patentizan sus propiedades antiflogísticas y antineurálgicas, así como su estensa esfera de accion. La ciencia posee otros trabajos muy juiciosos, pero sus autores no han pretendido estudiar mas que una parte de las propiedades de este medicamento. Tal es Mr. Imbert Gourbeyre, que, en una escelente memoria, considera al acónito tan solo como antineurálgico.

Aunque el acónito ha sido usado en todos tiempos, las observaciones de los antiguos son poco seguras para estar ciertos de la identidad de la planta empleada. Es preciso llegar á Stoerk para obtener las primeras observaciones sobre este medicamento. Este práctico llama vivamente la atencion de sus contemporáneos sobre el acónito, que administra como igual á la cicuta, en las afecciones reumáticas y aun en tumores escirrosos. Desde entonces, el acónito ha sido empleado por muchos médicos, pero en multitud de enfermedades diferentes. Hahnemann le somete á esperimentaciones sérias en el hombre sano y las comprueba despues en la práctica. Él es el que determina mas exactamente sus propiedades, dotando á la terapéutica de uno de sus agentes mas usados. Staps, Ruckert, Wahle, Baldriani, Devay, Pereira y otros muchos han contribuido bastante á este resultado. En medio de documentos de todo género, no podriamos limitarnos á un estudio práctico, adoptando una division que nos permita utilizarlo todo, sin separarnos de la concision que nos hemos impuesto.

La accion del acónito no ofrece el desarrollo continuo de efectos que se puedan comparar á una enfermedad completa y que deba oponerse á los síntomas de la misma en el órden sucesivo de su aparicion. Esto parece que obliga á atenerse al método empleado por los esperimentadores; pero no se opone á que se reunan los elementos por un sistema de racional apropiacion del medicamento á la enfermedad, agrupando los síntomas por funciones y aparatos, refiriéndoles á su orígen y marcando los que caracterizan su accion.

Mas si las enfermedades complejas no hallan en el medicamento el conjunto de síntomas segun su evolucion sucesiva, no por eso dejan de estar en correspondencia con él en algunos de sus períodos que pueden determinarse. En cuanto á las enfermedades simples, están fielmente representadas en algunos grupos sintomáticos del medicamento apropiado.

§ II.—Efectos fisiológicos.

El acónito abraza en su inmensa esfera de accion un gran número de afecciones ó de períodos de enfermedades. Es el medicamento mejor adaptado al elemento inflamatorio, al elemento fluxion sanguínea y á la hiperemia arterial; y quizá, en todos sus diversos síntomas y hasta en sus especialidades, afecta al árbol arterial de una manera hiperesténica.

Muchos autores le atribuyen el aumento de la actividad de las arterias y la hemitis. Algunos estienden su influencia al sistema fibroso cuya vitalidad exalta; Rau nos da de la hiperestenia arterial del acónito una esplicacion que me parece convendria mejor á otros medicamentos. Cree que proviene de que no obrando el acónito sobre el sistema venoso, resulta un éstasis sanguíneo en los vasos de esta parte del sistema circulatorio, ó una congestion pasiva de los capilares.

Tampoco han faltado médicos eminentes que asignen á la inflamacion una falta de vitalidad y de tono del sistema sanguíneo, aun el arterial; la fiebre para estos no es mas que un signo de debilidad de la vida, relativamente á la potencia de la causa morbosa. Esto es opuesto á lo que pretende la escuela vitalista en sus opiniones sobre la reaccion; todo lo cual nos importa poco.

La accion del acónito sobre el corazon y el sistema arterial se manifiesta en la universalidad de sus síntomas con una persistencia notable, que tambien se halla en el fondo de otros medicamentos con diferencias de forma que les son peculiares. Ello es que esta accion se manifiesta por el intermedio del sistema nervioso. Así se esplica que el medicamento pueda compararse á la causa morbífica, porque todas las afecciones morbosas son unas, como las afecciones medicamentosas, por la unidad del sistema nervioso y el consensus funcional: Est tamen una ei eadem omnium morborum forma et causa.

Es lo cierto que los síntomas del acónito en general demuestran una espansion inseparable del orgasmo sanguíneo y de la sobreescitacion del sistema arterial, y que esta exaltacion de la vitalidad procede de dentro á afuera; no es menos verdadero que una parte de sus síntomas denotan una debilitacion de la vida, no pura y simple, sino acompañada de irritacion y de tension con contraccion. Este doble movimiento de espansion y de concentracion se halla en todos los medicamentos en diversos grados de intensidad, como lo verémos, con la diferencia, que la espansion y el movimiento á la periferia dominan en unos, como en el acónito, belladona, etc., y que en otros, como en el arsénico, ácido fosfórico, etc., es la concentracion, la acumulacion de la actividad vital sobre los centros la que prepondera. Estos movimientos de espansion y de concentracion no varian tan solo en intensidad para cada medicamento, sino que ofrecen orígenes distintos, relaciones singulares con ciertos aparatos orgánicos, lo cual es comun á la accion de todos los medicamentos, y lo que les aproxima por un carácter tan decidido de la accion de las causas morbosas.

La fiebre del acónito ofrece tal aspecto, que cualquiera creeria al organismo bajo la influencia de un esceso de electricidad que se acumulase en la periferia ó sobre las superficies internas, las mucosas.

Esta observacion, que es sin duda prematura en el estado actual de la ciencia, se adapta de diversas maneras á todos los medicamentos piréticos, y quizá encierre la solucion de las dificultades que se esperimentan en referir á un estado orgánico ó funcional determinado, las variaciones que sufren las secreciones en sus cualidades físicas y en su composicion química. Así es como la saliva es algunas veces ácida y el sudor alcalino, lo cual es lo contrario del estado normal. Pero si la piel representando el polo positivo da productos ácidos, y las mucosas funcionando como el polo negativo dan productos alcalinos, ¿no habria inversion de los polos, cambio de electricidad, cuando los productos sufren una alteracion igual? ¿Y no podria tenerse á los medicamentos como modificadores de este estado? Abandonamos estas ideas al lector sin detenernos mas ni volver á reflexionar sobre ellas, aun cuando muchos medicamentos se prestan á hacerlo: así pues, los sudores son siempre ácidos cuando el conjunto de síntomas exige acónito; los sudores dulzosos y alcalinos no son nunca de su competencia, y corresponden perfectamente á la brionia. Repetidas veces hemos hecho observaciones de este género. Las deyecciones coléricas nos han parecido completamente neutras, y constituyen uno de los mas notables caractéres del eléboro blanco.

La indicacion esencial del acónito se funda en que la afeccion morbosa que le corresponde, tiene su punto de partida al interior. Que la fiebre exista ó no con localizacion de la inflamacion, la pars mandans está siempre en la impresion recibida por los centros nerviosos y trasmitida al corazon. Esto es lo que hace tan importante al acónito en casi todas las fiebres, y por lo que tiene el sobrenombre de antiflogístico por escelencia, y esto es lo que le diferencia positivamente de la árnica.

Las causas de las enfermedades en las que el acónito es mas útil, confirman la importancia de este dato y la naturaleza de su accion electiva sobre el sistema circulatorio. Estas causas son: una escitacion moral caracterizada por un movimiento de concentracion al que suceden la espansion y el reflujo de la sangre á la superficie, como el espanto y la indignacion contra los cuales se rehace; la accion de un viento frio y seco que concentra la actividad sobre los centros y provoca su accion espansiva; el temperamento sanguíneo, una vida animal y de inercia, una alimentacion muy nutritiva, la juventud y la adolescencia.

Las causas de las agravaciones, tales como el vino, el tacto, el movimiento, aun el de inspiracion, cualquiera movimiento de la parte afecta, el calor, el aire de las habitaciones cerradas, el ruido y una luz muy viva están en los mismos casos. Las causas contrarias, como el aire fresco, la espiracion, la distraccion, el reposo, el silencio y la calma, alivian.

Los síntomas conocidos del acónito se prestan mejor que ningun otro medicamento á la division en estado prodrómico, agudo, sobreagudo y crónico. Esta division surge naturalmente de la accion especial y progresiva del medicamento sobre la economía. Su primera impresion sobre el sistema nervioso comprende un gran número de síntomas que corresponden al período prodrómico de la mayor parte de las enfermedades febriles; su accion sobre el sistema sanguíneo representa su período agudo, y su accion consecutiva sobre el sistema nervioso, es decir, la afeccion de los centros bajo la influencia de las alteraciones generales suscitadas en el organismo, responde al período nervioso ó sobreagudo de algunas fiebres. Por su accion diatésica en fin, el acónito ofrece síntomas análogos á los de varias enfermedades crónicas.

Verémos despues medicamentos cuyos síntomas ofrecen poca ó ninguna analogía con el período prodrómico de las enfermedades agudas; que otros tampoco la tienen con el período maligno ó crónico; así es que cada agente terapéutico tiene su especialidad; cada uno corresponde á una ó mas fases diferentes de la enfermedad; cada uno manifiesta una esfera de accion mas ó menos estensa; y el medicamento que mejor corresponde á la agudeza de tales afecciones piréticas, no siempre está en analogía con la malignidad ó alguna otra faz ó período de la enfermedad.

Cuando la materia médica agrande el círculo de sus estudios, no tanto en la adquisicion de agentes nuevos, como esperimentando mejor los que ya posee, estenderá considerablemente la esfera de accion y precisará mas sus indicaciones. Hé aquí pues el objeto de nuestra obra, tan difícil y aun atrevida quizá, pero que se ha hecho necesaria, y que facilitarán su redaccion los mas completos materiales: en atencion pues á nuestro buen deseo y á las inmensas dificultades que nos hemos esforzado en vencer, juzgamos serán motivos justos para escusar sus muchas imperfecciones, y que agradecerán sin duda su publicacion los médicos interesados en el progreso de este ramo tan atrasado de nuestros conocimientos, el mas importante, la terapéutica.

§ III.—Efectos terapéuticos.

1.º Estado prodrómico.—Por variados que sean los síntomas nerviosos del acónito, tienen relativamente una marcha mas constante que en otros medicamentos, y una fijeza de accion mas pronunciada. Este carácter de fijeza se hace aun mas notable en sus síntomas flegmásicos (período agudo), nuevo motivo para referirle al elemento inflamatorio.

Distinguimos en las enfermedades dos especies de fenómenos nerviosos: los de los prodromos debidos á la impresion de la causa morbosa, y los que suscitan las simpatias de los órganos profundamente atacados, ó la afeccion de los sólidos y líquidos que reaccionan sobre los centros nerviosos. Estos dos órdenes de síntomas tienen sus análogos en el acónito y en otros varios medicamentos. Los primeros pertenecen al período prodrómico, y los segundos al sobreagudo y diatésico. Veamos los primeros.

El frio y calosfríos cutáneos del acónito son esteriores, pero precedidos de indisposiciones internas, de bocanadas de calor y de frio procedentes del interior. Estas sensaciones internas que se desplegan en la superficie, en frio mas ó menos intenso con azulamiento limitado de los dedos de las manos, sin impresiones lineales en los miembros, se prolongan por algunas horas, rara vez por dias, hasta que el sistema circulatorio empieza á intervenir activamente. El espasmo contractivo de los capilares determina el éstasis sanguíneo en la periferia, éstasis eminentemente activo y espasmódico. Los vasos arteriales y el corazon mismo sufren una tension contractiva de sus túnicas musculares y fibrosas, que comunica al pecho un ritmo seco, tenso, y provoca palpitaciones, ansiedades precordiales, síncopes.

Todo en la economía está vinculado al espasmo central; el cerebro por el vértigo, la sensacion de vacilacion, de contusion, de tirantez; el estómago por sensaciones análogas y por náuseas; el sistema muscular por su debilidad, su endolorimiento, sus dolores erráticos y su lumbago; la piel por su frio, su palidez, su sequedad; las mucosas en fin, por la aridez ó sus flujos espasmódicos. El moral produce la inquietud por la instabilidad de las ideas, la falta de atencion; despues sobrevienen ensueños angustiosos, delirio, ó ideas fijas muy tristes.

Los síntomas de parálisis que se hallan entre los efectos del acónito, proceden de varios casos de envenenamiento, que admitimos y mencionamos desde este momento, aunque sus análogos sobrevengan en un estado agudísimo ó crónico, porque entran en su esfera de accion como efectos de congestiones activas en los centros nerviosos. La esperimentacion en el hombre sano solo contiene los rudimentos tales como prurito con adormecimiento, sensacion de pesadez, convulsion, calambres.

No sucede lo mismo con los vómitos. Estos síntomas del acónito pertenecen todos á hechos tóxicos, y no podemos ver en ellos mas que esfuerzos eliminadores ocasionados por fuertes dósis. Reconocemos que el espasmo del estómago se eleve algunas veces hasta el vómito en el estado prodrómico, y que este mismo fenómeno se produzca por otra causa, la congestion por ejemplo, sobre el estómago, en los períodos prodrómico y agudo. Acaso sea necesario referir á esta categoría de síntomas la sensacion de frio en el estómago, mientras que la ansiedad, la opresion, la angustia, el pulso pequeño y contraido, aunque debidos á intoxicaciones, pertenecen á la accion dinámica del acónito por sus congestiones y su accion sobre el corazon.

En los niños dominan los fenómenos convulsivos en el período prodrómico de las fiebres: este estado de eretismo espasmódico existe tambien en las personas muy nerviosas, aunque en estas hay menos regularidad en el desarrollo de los síntomas; en casos de esta especie es en los que el acónito cura afecciones para las que la manzanilla ha sido ineficaz, aunque este medicamento eminentemente nervioso parezca estar mejor indicado. En las personas muy linfáticas y de constitucion floja, el acónito tiene menos accion y desenvuelve menos síntomas nerviosos.

La grande utilidad de este medicamento está en las enfermedades febriles de la infancia en la que el sistema nervioso nunca está completamente dominado por el sanguíneo; en esa edad de la vida vegetativa que precede á la del sistema arterial. El acónito está tanto menos indicado en el viejo, cuanto mas predomina el sistema venoso y con él los síntomas de una descomposicion incesante é irreparable. Entre estas dos épocas de la vida, hay una, en la que la circulacion arterial goza de toda su plenitud de accion desde la pubertad hasta la edad madura. En la pubertad sobre todo, esperimenta el organismo la necesidad de una sangre mas rica y mejor oxigenada: el pulmon se hace el centro de una grande actividad, ó de una formal indicacion del acónito en casos dados, hasta el momento de la edad madura en la que la actividad vital pasa al aparato digestivo.

En todo este período floreciente de la vida, el sistema nervioso mejor arreglado por una hematosis mas perfecta, se sostiene con menos turbulencia en los límites de una marcha regular hácia la solucion de la enfermedad; á los síntomas prodrómicos suceden los fenómenos febriles. El aparato cérebro-espinal, que es el primero que sale del entorpecimiento, es el último que entra en la calma de una accion tan poderosa y reguladora como conveniente á las últimas evoluciones de la vida vegetativa.

Pero prescindiendo de todas estas consideraciones, el acónito es uno de los mas poderosos agentes de curacion en un gran número de enfermedades agudas durante su período de concentracion y espasmo, en aquel período en que el sistema nervioso es el único que parece está en accion, y es tambien el mejor medio abortivo de ese mismo período, y por consiguiente, preventivo de los siguientes. La designacion de estas enfermedades la harémos en el párrafo siguiente. Agreguemos, que si el acónito no se opone siempre á su desarrollo, contribuye al menos á regularizar su marcha, y que es útil para prevenirlas y para prevenir hasta esas fiebres temibles cuyos prodromos se adaptan á sus síntomas y tienen su punto de partida en los centros; esto es seguramente lo que la esperiencia ha debido enseñar á todo médico familiarizado con el uso de este medicamento.

Las impresiones morales violentas en fin, como la cólera y el espanto, entran en su esfera de accion, porque siendo su efecto el de operar una concentracion sobre el cerebro ó el corazón, el alma se reacciona por un movimiento de indignacion, de venganza ó de valerosa resistencia. A falta de esta resistencia, el opio reclama la curacion.

Una congestion pasiva con estupor y estancacion sanguínea que proceda de otra causa, no es del recurso de acónito. La apoplejía misma no halla en él un agente curativo, cuando árnica solo es preferible en sus prodromos frecuentemente despreciados, desapercibidos ó muy rápidos; pero vuelve el acónito á tener lugar en el tratamiento, cuando habiéndose vencido con otros medios la congestion, el corazon toma su influencia activa; en este caso, árnica ó algun otro modificador mejor apropiado, debe asociársele generalmente.

2.º Estado agudo.—El estado agudo de una fiebre francamente inflamatoria escluye el predominio de los fenómenos nerviosos que caracterizan los prodromos. Desde el momento en que el estado espasmódico primordial termina sus calosfríos, el árbol arterial entra en accion simpática, y la participacion del corazon resume la afeccion, domina la escena.

Despues de mas ó menos tiempo de duracion de los calosfríos, las bocanadas de calor que salen al esterior se hacen mas frecuentes, se presenta la cefalalgia, se pronuncian mas algunos síntomas gástricos, desaparecen los dolores erráticos, se calienta la piel, la rubicundez reemplaza á la palidez, y las horripilaciones y la incomodidad dan lugar á una sensacion de bienestar y de calor halituoso, á veces ardiente, pero menos intenso que lo que por su fuerza se pudiera creer.

Conveniente es observar que el calor interno se estiende rápidamente á la superficie siguiendo los gruesos troncos arteriales y las partes mas vasculares. El pecho y cabeza no tardan en ponerse ardorosos y aun verse amenazados de congestiones peligrosas. A medida que la accion espansiva se regulariza, los fenómenos locales se disipan, ó mas bien todo el sistema vascular capilar se congestiona uniformemente, y la tension de la fibra se apodera de la turgencia sanguínea. Los síntomas varian poco en los primeros instantes de una congestion inflamatoria sobre una víscera ú órgano cualquiera, pero ofrecen particularidades cada vez mas perceptibles á medida que el órgano se afecta, hasta que la flegmasía se desarrolla con todo el acompañamiento de síntomas.

Esta regularidad en el desenvolvimiento de los síntomas febriles del acónito es tal, que la enfermedad aguda que se separa notablemente de ella, no corresponde á este medicamento. El acónito, ha dicho Hartmann, se dirige perfectamente á los síntomas nerviosos que despiertan el consensus del sistema arterial y le dominan en el estado normal. En este sentido, el acónito resuelve los espasmos como la fiebre: febris solvit spasmos. Sin embargo la influencia del sistema nervioso continúa haciéndose sentir en el carácter activo de los fenómenos y en un estado de tension de la fibra, tanto mas marcada, cuanto mas próxima se la observa á la época del estado espasmódico primitivo. Esta tension es la que, al parecer, tiene como comprimidos los conductos de la periferia. Ningun medicamento, escepto la brionia en algunas ocasiones, es mas propio que el acónito para provocar y apresurar el que estalle. Su uso en semejante caso, es seguido de un sudor que alivia y que es con frecuencia el precursor de un sueño reparador; sudor bien diferente del que se ha observado en algunos envenenamientos por el acónito, y que es debido, mas que á su accion armonizadora, á los esfuerzos eliminadores de la economía.

La flojedad subsiguiente al uso de este medicamento es tanto mas pronta y útil, cuanto mas próximo se halla el enfermo á la edad adulta, en la que la organizacion goza de la plenitud de la vida y de toda la energía del sistema sanguíneo. La vida en el niño es ciertamente mas espansiva, pero se dirige lo mismo á la cabeza que á la piel; en el viejo, los movimientos vitales se dirigen al interior, á los órganos secretorios, y sus condiciones patológicas son opuestas á las del niño. Esto esplica el por qué la misma fiebre que con solo acónito se puede curar en el adolescente y el adulto, se ha de ayudar su accion con belladona, manzanilla ó café, en el niño segun el grado de predominio nervioso, ó reemplazarle por la nuez vómica y el arsénico en los viejos.

Creemos haber dicho lo bastante para que el lector aprecie la utilidad del acónito en las rápidas indicaciones siguientes.

El acónito es el medicamento mas importante de las afecciones inflamatorias, esténicas, y de los órganos mas dotados de sangre arterial; aquellos en que domina la fibra muscular son del dominio de árnica, y se modifican especialmente por la pulsatila, si abunda la sangre venosa, y así sucesivamente para otros casos segun el carácter particular de cada medicamento en su propiedad pirética y flogística.

La plétora simple por esceso de hematosis no es, como se ha dicho, propia del acónito. Es necesario para que este medicamento sea útil, que la plétora sea irritativa, arterial, mas bien por esceso de oxigenacion de la sangre en el pulmon, que por esceso de quilificacion: esta plétora del acónito afecta mas especialmente el pulmon izquierdo y el corazon; su efecto es casi nulo en el esceso de la hematosis, porque estiende su accion igualmente á la sanguificacion que á la vida vegetativa. La plétora general con movimientos tumultuosos del corazon, congestion caliente de los capilares y una especie de seudo-adinamia, no corresponde al acónito. Este es uno de los casos raros en que es conveniente la sangría depletiva, con la condicion de que se emplearán inmediatamente despues los medios higiénicos y terapéuticos capaces de prevenir este insidioso estado y de oponerse á la costumbre tan fatal de las sangrías.

Aparte de todo, la plétora es el efecto de una diátesis, en la que la primera es el síntoma general ó local de un estado morboso, de una afeccion especial. Las manifestaciones, ya de sangre, ya de bilis, ya de linfa, equivalen á un estado morboso con predominio de bilis, de linfa, de sangre. La lanceta no prueba mas la verdad de la poliemia, que el purgante la de la policolia. No se debe atener el médico al efecto, sino remontarse á su orígen, á la discrasia; pues si algunas veces, volvemos á decirlo, se necesita la sangría por la urgencia de los síntomas, preciso es no perder de vista que solo es un medio de llegar á los que combaten la disposicion discrásica y dinámica del organismo.

El acónito no es en general análogo de las fiebres y flegmasías mas que en sus prodromos y en el estado de simple agudeza ó de formacion de las congestiones activas. Deja de estar indicado desde que la congestion se ha localizado y que se prepara un trabajo de trasudacion, de hepatizacion, una alteracion cualquiera de los líquidos ó sólidos. Es sin embargo cierto, que este medicamento goza algunas veces en el período agudo de una facultad abortiva disipando la congestion antes que se desenvuelva una lesion.

Las congestiones activas recientes, ó en vía de formacion, se manifiestan por los síntomas generales nerviosos, espasmódicos, y sanguíneos de la reaccion, por la tension de la fibra, por la alteracion del órgano afecto y la laxitud, por el calor exagerado de la parte, por la tumefaccion, por los dolores tensivos y dislacerantes, frecuentemente acompañados de palpitaciones y ansiedad. Tales son tambien los síntomas correspondientes al acónito, salvas algunas escepciones favorables á las personas muy nerviosas é impresionables. En estas personas, por pequeña que sea la irritacion, y aun por poco estendida que esté á la membrana mucosa, da lugar á síntomas generales en los que el sistema nervioso juega el principal papel: como laxitud, dolores agudos, calosfríos, espasmos; el acónito no deja de estar indicado en ellos, aunque la afeccion local no tenga grande importancia por sí misma.

El éstasis sanguíneo en un órgano flogoseado no está en relacion terapéutica con el acónito; porque unas veces el entorpecimiento nervioso existe por esceso ó por debilidad de la vitalidad, en cuyo caso los medicamentos indicados son: arsénico, opio, centeno cornezuelo; en otras, es por la irritabilidad de la fibra, la cual reclama árnica; en otras, en fin, los tejidos se alteran, se forma un nuevo producto, y segun las circunstancias, pueden estar indicados la brionia, el azufre ó el fósforo.

Por otra parte, las congestiones y las flegmasías deben ser tratadas en general con relacion á la causa, aunque sin perder de vista el cuadro sintomático. A ninguna enfermedad se adapta mejor esta observacion que á la hepatitis producida por un acceso de cólera ó una alteracion moral violenta. El acónito en estos casos debe asociarse á otros agentes tales como la manzanilla y la brionia.

La atencion que debe prestar el médico á las causas morbosas, se estiende á todas ellas, como lo hemos indicado ya en la introduccion. Es tan importante la consideracion de la causa, que sin ella, la ley de la similitud está mal establecida. Todos los dias tratamos toses, diarreas, neuroses, congestiones y fiebres, con medicamentos apropiados á las causas, con mas principalidad que á sus síntomas aparentes, como sucede por ejemplo en las emociones morales, en el enfriamiento, en la insolacion, en la cólera, nostalgia, etc.

Estraño es por lo menos que hombres que deben estar al corriente del progreso terapéutico, acusen á los homeópatas de no tener jamás en cuenta las causas, por atenerse tan solo á los síntomas de las enfermedades que tratan. No es esta sola la acusacion que se dirige á los homeópatas, pues Mr. Trousseau se entrega al vano pasatiempo de relegar la homeopatía entre las doctrinas desechadas. La cuestion de las causas no es ciertamente cuestion de homeopatía, sino de medicina y del arte de curar. No tenemos, no, la pretension de colocarnos como campeones de Hahnemann, ni de erigirnos en críticos de un sistema; solo abrigamos el deseo de apreciar fielmente los trabajos de nuestros antepasados y de observar atentamente el movimiento de la terapéutica. Volvamos á nuestro objeto.

Para determinar con exactitud los casos de susto y de cólera propios de acónito, es necesario recordar que el espíritu debe reaccionar por un sentimiento afectivo cualquiera, porque la pasibilidad relegaria estos casos á las atribuciones de otros medicamentos. La reaccion del moral disipa el abatimiento físico, vuelve las fuerzas, apresura la solucion de la concentracion y conduce á una espansion febril. El acónito se opone entonces eficazmente á toda localizacion, generalizando primero el movimiento espansivo y debilitando despues la sobreactividad de la circulacion.

El papel activo del acónito le escluye del tratamiento de las congestiones pasivas y de todas las flegmasías y fiebres de carácter adinámico ó de postracion, como sucede en las neumonías de los viejos y en la fiebre tifoídea en su segundo período; así como tambien su especialidad de accion no corresponde al tratamiento de la metritis puerperal, de la flebitis y otras afecciones de este género.

Todas las inflamaciones de las mucosas y todas las flegmasías propias del acónito son muchas veces fáciles de designar, y su eficacia se comprende fácilmente en afecciones como la angina, la amigdalitis, la gastritis, etc. Sin embargo, la inflamacion del oido no le pertenece, como lo verémos estudiando la pulsatila; se comprende tambien su eficacia en los períodos de invasion y agudo de las enfermedades agudas. Entremos en detalles.

Corresponde á la pleuritis, neumonitis y á cualquiera otra afeccion aguda del pecho, por la fiebre, la turgencia de la cara, las punzadas en el costado, la tos dislacerante, y por el terror, la agitacion, la ansiedad estrema, síntomas característicos de esas especies de flegmasías en que la respiracion está comprimida. Su indicacion en la neumonía no se estiende mas allá de los síntomas que manifiestan una congestion mas ó menos violenta; porque los esputos rojizos pertenecen á la brionia. Una neumonía, sin embargo, puede ser parcial y renovarse sobre otro punto, mientras que la parte del pulmon afectado primeramente, ofrezca un grado mas avanzado de la enfermedad, lo cual esplica la necesidad de volver á veces al acónito, si bien por poco tiempo.

En la simple pleuritis, este medicamento solo está indicado por la fiebre y la fluxion local. El efecto debe ser pronto; y sin aguardar mas de un dia, se debe recurrir al árnica ó á la brionia, generalmente á este último, mas tarde ó mas temprano, para evitar la exudacion y el que se formen falsas membranas. La pleuritis crónica reclama generalmente el ranúnculo escelerado, la cebadilla y el sulfuro de cal. Dirémos al efecto y con relacion á todas las fluxiones y congestiones posibles, que cuanto mas activas y de sangre roja sean, hasta el derrame plástico, tanto mas indicado está el acónito en su principio; pero el tiempo de su uso será tanto mas corto, cuanto mas rápida sea la marcha de la enfermedad.

Las afecciones catarrales reclaman el uso del acónito en aquellos casos principalmente en que la flegmasía local domina á la fiebre, pero con la condicion de que esta haya precedido, aun cuando ya no exista. La tension, el eretismo, una cefalalgia obtusa, frontal, dolores erráticos, sed y la sequedad de las superficies exhalantes le indican suficientemente; y si la causa ha sido un aire frio y seco, el acónito la combate con ventaja; todas las flegmasías están en este caso, hasta el punto que si la pleuresía no reconoce esta causa, no es propia de acónito.

Debemos confesar que se abusa de este medicamento en estas especies morbosas, porque es raro que no ofrezcan alguna relacion terapéutica; pero estas relaciones son mas propias de otros medicamentos que obren sobre el sistema sanguíneo. La tos fuerte, llena, por ejemplo, no es mas propia de él que la diarrea catarral ó la otitis y la otorrea de la misma naturaleza. ¿No se ha dado inútilmente el acónito en muchas bronquitis y gripes, que la brionia, la cicuta, el mercurio y la escila hubiesen curado en menos tiempo? Permítasenos una reflexion respecto á las bronquitis de los niños. Cuando la tos es húmeda, tragan á veces masas considerables de mucosidades que no saben espectorar, resultando un embarazo gástrico para el que un ligero purgante es frecuentemente muy oportuno, pues tiene la ventaja de desobstruir las primeras vías y determinar una revulsion favorable sobre el tubo intestinal; pero una dósis de emético en lavativa ó de vino emético, seria aun preferible por los efectos especiales del tártaro estibiado.

Otra observacion más relativa á los niños. Desde que se observa en los niños una tos que por sus accesos mas ó menos violentos con ronquera en el intérvalo, se teme la invasion del crup, es conveniente agregar el sulfuro de cal al acónito, alternándoles á intérvalos mas ó menos aproximados. El acónito es, en fin, el primer medicamento que se debe emplear en el crup sin insistir mucho, si en poco tiempo no produce una mejoría sensible. La formacion de una simple exudacion en las amígdalas le escluye formalmente; se debe recurrir al mercurio, iodo, bromo, sulfuro de cal, á menos que no se prefiera alternarle con la ipecacuana ó la brionia por algunas horas.

Los síntomas del acónito son análogos á los de la angina de pecho, al asma de Millar, dolor violento detrás del esternon, en la region del corazon, reproduciéndose por accesos. Esta afeccion está siempre asociada á una sensacion de debilidad y á un vértigo que puede elevarse hasta el síncope; el arsénico participa como el acónito de los honores de la curacion. Hablamos aquí de esta neuralgia en consideracion á su agudeza y á su sitio.

La peritonitis reclama acónito en su período de concentracion, con ansiedad, calosfríos violentos, pulso pequeño y contraido, alteracion de la cara. Es muy poco útil en el primer período, en el estado agudo simple, á no ser que no se le ayude con otro medicamento mas apropiado, y es menester aproximar las dósis sin insistir mucho. Conviene mejor en la gastritis y enteritis que reclaman dósis repetidas con insistencia, mientras que la enfermedad no se agrave, ó por poco que se alivie, pues puede bastar por sí solo para triunfar, cuando es simple; la colitis, cualquiera que sea, obtiene del acónito muy pocas modificaciones favorables.

En las afecciones reumáticas, bien se puede decir que el acónito solo es apropiado á la forma febril; se le puede administrar en el período de agudeza, pero no es indispensable; la brionia llena la indicacion de fondo, y muchas veces hasta de forma, es decir, que corresponde á la naturaleza de la enfermedad, así como á su modo de manifestacion. Citamos la brionia como un medicamento generalmente indicado en estas afecciones, sin prejuzgar otros, tales como: zumaque, nuez vómica, belladona, mercurio, quina, tártaro estibiado, etc. En la electividad propia de los medicamentos, unos se dirigen al corazon, otros á las membranas serosas, este á la cabeza, aquel á los nervios espinales. Hé aquí algunos datos sobre las fiebres reumáticas en el primer período, cuando el acónito puede disputar la indicacion á otros medicamentos.

Desde los primeros síntomas de la invasion, cuando el diagnóstico está aun indeciso, el acónito está indicado. Obra siempre muy bien, cualesquiera que sean las partes afectadas: las membranas serosas, los tejidos fibrosos y tendinosos ó aponeuróticos, con tal que haya tumefaccion inflamatoria fija, ardores febriles, dolores lancinantes y tensivos, pesadez y dolor por el movimiento y el tacto, y sensibilidad esquisita de la parte. Pero cuando estos casos son debidos á un principio gotoso, reclaman la quina, la sabina ó el árnica, mientras que si el frio húmedo ó el contacto del agua es la causa de la afeccion reumática, el zumaque venenoso ó la dulcamara deberá administrarse prontamente en lugar del acónito; la brionia le reemplaza frecuentemente ó le sucede bien pronto cuando hay eretismo, dolor violento en la cabeza é hinchazon roja y lustrosa de la parte afecta, acompañando á esto grande susceptibilidad y dolores intolerables. El sudor en estos casos contraindica el acónito y requiere mas bien mercurio, ó tártaro estibiado; el acónito corresponde, en las fiebres reumáticas, si el calor es halituoso ó madoroso todo lo más.

Omitimos hablar de una multitud de flegmasías en las que el acónito solo cubre ó está indicado en el principio y primer período de agudeza, pues juzgamos que el lector no olvidará los principios que deciden su uso. Así pues, la inflamacion de los órganos en que no abunda la sangre arterial, es poco ó nada análoga á este medicamento: tal es la oftalmía, que para exigir acónito, debe tomarse en sus prodromos, antes del estado inflamatorio, lo cual sucederá rara vez. Mas la oftalmía franca ó catarral, que se puede denominar erisipelatosa y en la que los tejidos próximos al ojo están mas afectados que este órgano ó la conjuntiva, pertenece al acónito, aun cuando bien pronto son otros los medicamentos oportunos.

El tratamiento de la mayor parte de las fiebres exantemáticas empieza por la brionia ó por el acónito, segun la causa de su especialidad espansiva y de su accion regularmente inflamatoria. La belladona y la pulsatila tienen especialidades mas estensas que las de los anteriores en iguales casos, y aun superan al acónito; preceden por el contrario con ventaja el azufre, mercurio, zumaque venenoso, staphisagria y brionia en las afecciones eruptivas febriles en que estos medicamentos puedan estar indicados. La miliar febril simple, y sobre todo la purpúrea, es muy propia de acónito, así como algunas variedades pertenecen á la belladona y al zumaque. El acónito es mas eficaz que la belladona en el tratamiento de la escarlatina complicada con la púrpura, si bien es general alternarlos en estos casos.

En las fiebres del dominio del acónito, el estado de tension de los grandes vasos y del cerebro reacciona dolorosamente sobre el moral, dando lugar al delirio agudo con ideas fijas que subsisten á pesar de tener delante la realidad contraria, el coma vigil, la irritabilidad, la ansiedad y el temor de la muerte. Este último síntoma tiene tanto mas valor, cuanto mas robustas son las personas y mas bruscamente acometidas de la enfermedad. El acónito corresponde á la somnolencia debida á la congestion del cerebro y á una plétora sanguínea de este órgano, pero no á la somnolencia efecto de la anemia ó de un estado de asfixia; el insomnio reclama acónito cuando reconoce por causa un eretismo con orgasmo sanguíneo que puede dominar á la congestion cerebral ó precederla, y que una violenta impulsion del corazon y la escitacion febril bastan para esplicarla.

Se han hecho falsas aplicaciones del acónito en las afecciones inflamatorias del bajo vientre, en las mujeres embarazadas, en las personas dispuestas á hemorróides, mujeres que se hallan en la edad crítica, en enfermos de neumonías, afecciones tifoídeas y en una multitud de casos en que predominan la accion del sistema venoso, la elaboracion crítica ó pútrida de la sangre, una inflamacion falsa, un éstasis sanguíneo simulando congestiones flegmásicas, afecciones todas con las cuales no tiene el acónito relacion alguna. Este medicamento, repetimos, exige la participacion activa del sistema arterial; pero, puesto que hemos escluido en general de su accion las afecciones del bajo vientre y del útero, preciso es establecer una notable escepcion, comprendida sin embargo en la regla general. Esta escepcion es relativa á ciertas amenorreas eréticas en jóvenes que aun no han contraido el hábito á congestiones venosas, si así podemos espresarnos.

Suspendemos aquí el detalle de las indicaciones del acónito en la inmensa tribu de flegmasías febriles, para terminar diciendo algo sobre las hemorragias. Las que el acónito cura, son activas, congestivas y eréticas, con fiebre, calor local, pulsaciones y pérdida de una sangre roja que se coagula prontamente. Solo el árnica puede disputar al acónito sus indicaciones hemorrágicas, especialmente cuando predomina el eretismo, ó si no hay fiebre. Hay no obstante indicaciones sacadas del órgano asiento de la hemorragia, como la del estómago é intestinos, que exigen la nuez vómica y el arsénico; la epistaxis se acomoda mejor al azafran y árnica; la metrorragia prefiere la canela, la ipecacuana y la manzanilla. La hemoptisis reclama siempre el acónito cuando hay fiebre, si es que no alterna con árnica ó brionia, despues de su efecto sedativo sobre la circulacion. Ya tendremos ocasion de hablar de otros medicamentos contra las hemorragias, y se verá que hay algunos que gozan en estos casos de una especialidad de accion muy notable, como son: árnica, centeno cornezuelo, mil hojas, quina, los ácidos minerales cuya accion en las hemorragias pasivas y pútridas ya indicarémos.

3.º Estado sobreagudo.—Ya sabemos que la utilidad de acónito en este período de las fiebres es muy limitada. Por regla general, cuando un enfermo ha llegado á este estado, es muy conveniente prescribir una cantidad de acónito para tomarla en algunas horas y por fracciones, á fin de debilitar la violencia de la fiebre hasta el grado que sea dable en las atribuciones de este medicamento; el acónito, en efecto, tiene entre sus síntomas algunos de los característicos de las fiebres en su apogeo; su pulso llega por su pequeñez y dureza al mas alto grado de agudeza; corresponde por lo mismo á la gastritis y pericarditis sobreagudas; pero es preciso usarle sóbriamente á fin de no dejar pasar los momentos en que pueden jugar otros medicamentos mas directamente indicados.

Los síntomas mas graves del acónito son: grande ansiedad, angustia, inmovilidad, mas bien que postracion ó adinamia; accesos de desvanecimiento, con opresion momentánea de las fuerzas, con atontamiento y fijeza de la mirada, cara pálida y aun hipocrática, ojos hundidos, ó bien cara azulada, inyectada, sudor viscoso, petequias: estos síntomas, repetimos, pueden indicarle si existen con un estado erético; sin predominio de los fenómenos nerviosos ó atáxicos, que la fiebre no haya tenido ni tenga irregularidad estraordinaria en su marcha, y que los fenómenos locales ó especiales hayan conservado la relacion de subordinacion con el estado del sistema circulatorio.

Existen en esta época de la fiebre algunos síntomas característicos que pueden conducir al uso de acónito, como la sequedad y el ardor de la lengua y de la boca que disten de la fuliginosidad, las exacerbaciones nocturnas, el sudor en las partes cubiertas, sensacion á veces de frio interno, al que sucede otra sensacion de calor vivo; la sequedad de las membranas mucosas es muy pronunciada, las orinas sedimentosas, sed ardiente, pulso tirante y algunas veces pequeño y frecuente.

4.º Estado crónico.—Que la fiebre disminuya de intensidad, ó que pase al estado sobreagudo, ó que se prolongue retardando ó prolongando una convalecencia mal determinada, el acónito puede estar indicado, pero alternado con el licopodio, el azufre, ó algun otro medicamento cuya accion se estienda hasta la fibra, hasta la nutricion, hasta la plasticidad. Debilitada ó profundamente alterada la vida por la enfermedad, reclama otra cosa que un simple antiflogístico como el acónito; porque si la irritacion sanguínea que subsista puede reclamarle, la indicacion vital que resulta del estado general, debe llamar la principal atencion del práctico.

No es esto decir que no pueda ser útil aun en las lesiones orgánicas, sino que será muy accidental y solo por la recrudescencia de la inflamacion anunciada por calosfríos, incomodidades, calor y fiebre.

Las afecciones crónicas que corresponden á acónito son poco numerosas, y tienen todas un sello febril ó de eretismo, como se ve por los síntomas siguientes: irritabilidad moral, insomnio, síntomas gástricos, piel amarilla y seca, cefalalgia habitual y supra-orbitaria, movimientos congestivos en diversos puntos, ligeras epistaxis, palpitaciones, deposiciones duras, negruzcas, pero con forma regular, orinas encendidas y calientes, rigidez y sensacion como de contusion en los miembros, pulso vibrátil y agravacion por la noche. Las afecciones en las que menos indicado está el acónito, son: caquexias y fiebres hécticas, frecuentes recidivas de irritaciones mucosas, ya vaginales, ya bronquiales, en el engrosamiento de las membranas y su adelgazamiento por la disminucion de la tonicidad á causa de congestiones vasculares repetidas.

Se le cree eficaz por algunos síntomas en las leucorreas ligeras, en las irritaciones uretrales, la flegmasía alba dolens y la eclampsia de las recien paridas. Juzgamos que serán muy raros los casos de esta especie en los que el acónito pueda ser útil. Lo mismo decimos de las afecciones mentales con ideas fijas ó con alternativas de alegría y desesperacion, ó con temor escesivo de la muerte.

Todos los síntomas de espasmos, preliminares de una afeccion grave, corresponden mejor al acónito que á ningun otro, inclusos los primeros momentos de una hernia estrangulada, aun cuando los fenómenos de concentracion anuncien la participacion de los grandes aparatos orgánicos en la lesion local, porque aun en este caso, el acónito puede impedirlo; pero los momentos son cortos y pocas veces está el médico presente.

Importante es apreciar el carácter de las enfermedades crónicas por los conmemorativos y la etiología, como se ve por el siguiente ejemplo: si un eczema situado en la pélvis, ó un dartro exudante, ó si, en fin, un prurito vaginal con leucorrea hubiese desaparecido, desarrollándose antes una gastralgia, y hay sed, dolor fijo, lancinante, agravacion por el movimiento y el reposo, sensibilidad en el epigastrio á la presion, el acónito podrá aliviar; pero para curar es necesario dar los medicamentos indicados en la enfermedad que desapareció.

Hé aquí otro ejemplo mas á propósito para nuestro objeto: una jóven de veinte años y de robusta constitucion fué atacada de clorosis; una viva impresion de miedo, si bien no la suprimió sus reglas, desarrolló un estado que, fisiológica y patológicamente, era lo mismo, puesto que dió lugar á un flujo de sangre abundante, á una congestion en el útero que se presentaba en la época catamenial y hacia difícil la rehabilitacion del flujo menstrual; habia cólicos, pesadez en las piernas, calor é incomodidad en el bajo-vientre, hinchazon de la vagina y exudacion hemorrágica. Estas congestiones han producido un eretismo del útero y un estado de tension en este órgano, que era un obstáculo irritativo al restablecimiento del flujo periódico. En esta afeccion se observaron al principio fenómenos simpáticos nerviosos, espasmódicos; se desarrolló en el ínterin la anemia, producida por la influencia del eretismo ya referido, por la disminucion de las secreciones, cefalalgias variadas, sed, aridez de la piel, ó por sudores debilitantes ó calores acres. El remedio de este estado crónico será el acónito, pero con la sola mira de sostener el efecto de otros medicamentos.

Las neuralgias que en este párrafo mencionamos como propias de acónito, además de ser congestivas y caracterizadas por un eretismo general ó local, su accion electiva sobre el nervio trigémino las da el principal rango. Uno de los caractéres de las neuralgias de este medicamento es el de que se alivien con el frio, ó por el aire fresco al menos, por el reposo y la inmovilidad. Generalmente las que corresponden á acónito son lancinantes y nocturnas, ó si se reproducen por accesos y hay calor y aun rubicundez en la parte, y que á las lancinaciones sucede una sensacion como de contusion ó magullamiento.

El carácter del dolor es insuficiente por sí solo para fijar la eleccion del medicamento, pues el dolor lancinante, por ejemplo, pertenece á mas de treinta, siendo necesario atender al conjunto de síntomas característicos, á la facies del medicamento, adaptada á la constitucion del enfermo, á su género de vida, á las causas que han producido la neuralgia, cuyas circunstancias todas determinan el carácter de un medicamento en particular. Las neuralgias reumáticas debidas á la influencia de un frio seco, las ocasionadas por un calor escesivo y por el ácido carbónico, son del dominio del acónito, así como las que se sitúan en el corazon, y otras muchas acomodadas á la discrasia y electividad del medicamento, y que reconocen por causa una actividad sanguínea, arterial, y quizá una irritacion del neurilema, una plenitud de los vasos que se estiende á los nervios y sus membranas.

Digan lo que quieran los terapeutistas, entre los cuales se cuentan algunos modernos, el acónito no es un medicamento principalmente antineurálgico; su especialidad es la actividad arterial exagerada. Aunque baste él solo para curar algunas neuralgias, y aun cuando elevando la dósis se estienda su potencia curativa á mayor número de estas afecciones, es lo mas regular que se curen administrando despues del acónito otros medicamentos cuya accion sobre el sistema nervioso es mas especial ó directa, como la manzanilla, el café, el eléboro blanco, la cochinilla, la belladona, el zinc, la nuez vómica y el arsénico. En muchas ocasiones, para obtener la curacion de neuralgias crónicas producidas por una causa mas íntima y oculta, como la sífilis, la artritis, el herpetismo, etc., hay precision de recurrir á medicamentos cuya accion, si bien es menos directa sobre los nervios, es mas profunda y mas constante sobre los tejidos, entre los cuales podemos citar al mercurio, ácido nítrico, azufre, thuya, sílice y licopodio.

No terminarémos este estudio del acónito sin completar el cuadro sintético de sus efectos, indicando sus relaciones con la constitucion y parte moral de las personas sometidas á su influencia. En su accion aguda, armoniza con la constitucion sanguínea, con sugetos bien nutridos, alegres, indiferentes ó descuidados, jóvenes ó adolescentes; por su accion crónica, tiene relacion con la misma constitucion deteriorada y convertida en mas nerviosa á consecuencia de privaciones, padecimientos y de una hematosis insuficiente; en estos casos, el moral es triste, inquieto y dispuesto á sobresaltos interiores.

Corresponde tambien perfectamente el acónito á las causas de las inflamaciones en general; á la primavera, la juventud, una alimentacion escitante, el uso inmoderado de los placeres, el tiempo seco y frio, la insolacion, el susto, la cólera, las impresiones vivas y profundas.

El recomendar á los terapeutistas de la escuela hahnemanniana el que armonicen el medicamento, no solo con los síntomas del físico, sino tambien con los del moral, no es una cosa insignificante y de poca importancia: esta recomendacion se enlaza muy bien con la necesidad en que se halla el práctico de formarse la idea mas justa posible de la constitucion que el medicamento tiene tendencia á favorecer ó provocar, por la série de modificaciones que imprime al organismo. Esta necesidad está limitada al deber de conocer los efectos del medicamento sobre el hombre sano, para aplicarle á la enfermedad conocida en sus síntomas; y el conocimiento de los efectos sobre el moral emana de los efectos físicos.

Más, así como no es posible que el mismo medicamento produzca en todos los indivíduos los mismos síntomas físicos; así tambien los síntomas morales de un medicamento varian segun las personas sujetas á la esperimentacion, sin perder lo que hay de esencial y característico en ellos. Se concibe bien que las observaciones sobre el modo de comportarse los séres inanimados sean y permanezcan invariables; que se sepa la hora y hasta casi el segundo en que se verifica el paso de la tierra por su perihelio en su inmutable rádio vector; admitimos que no haya ni aun un segundo de error en el cálculo aplicado á la revolucion anual de nuestro planeta; que las influencias siderales y las fuerzas astronómicas no alteren en lo mas mínimo la composicion y densidad de los astros; pero la ciencia del hombre no puede establecer la certeza en sus observaciones y estudios analíticos, porque la vida está sometida á mil influencias distintas, y porque tiene por objeto, por fundamento, organismos muy variables y susceptibles de ser diversamente afectados. El hombre difiere de sí mismo á cada instante y en las varias épocas de su existencia, en sus órganos, en su sensibilidad, en sus disposiciones de irritabilidad, de absorcion, de escreciones, etc. Supérfluo creemos demostrar en este momento el cómo influye el físico sobre el moral. Los medicamentos y las causas morbosas influyen sobre uno y otro, del mismo modo que el moral influye sobre el físico, sobre la enfermedad y sobre la accion de los remedios. Esperamos, que en su dia estos estudios harán resaltar estas verdades, dándolas un carácter práctico y haciendo de los medicamentos agentes capaces de modificar el organismo, hasta el punto de hacer cambiar las disposiciones morales que dependan de su estado físico.

El acónito produce la agitacion, la angustia, la inquietud, el temor de la muerte ú otros síntomas que se aproximan á los característicos y que en cierto modo lo son, como los llantos, los gemidos, la irritabilidad, la misantropía y el miedo, que conduce á huir ó escaparse.

Dósis.—Las afecciones agudas soportan bien las dósis menos débiles de acónito, hasta la misma tintura; y cuanto mas simple y decidido es el carácter inflamatorio, mas eficaz y pronta es su accion. Lo mismo sucede cuando se le usa en el período prodrómico. Pero su influencia es de corta duracion y tanto menos persistente cuanto mas viva es la fiebre; de esto resulta la necesidad de repetir las dósis con tanta mayor frecuencia, cuanto mas aguda es la afeccion y que la enfermedad agota mas pronto su accion. Hay afecciones neurálgicas que se acomodan mejor á dósis mas elevadas, como, por ejemplo, en el tic doloroso de la cara y la angina de pecho. Mientras que el carácter inflamatorio persista, aun cuando se alivie, se debe insistir sobre el acónito y repetir sus dósis: el mejor indicio de su utilidad es el pulso que disminuye de frecuencia al cabo de algunas horas. Conviene algunas veces administrar en el intérvalo del acónito varias dósis de un medicamento cuya accion es análoga á la suya en la enfermedad que se trate, como la belladona, la manzanilla, la pulsatila. En las exacerbaciones agudas de las flegmasías crónicas y en el período subagudo de ciertas fiebres de larga duracion, la alternacion del acónito y del azufre produce escelentes resultados. El tipo de la accion benéfica del acónito es la fiebre inflamatoria: este medicamento la modifica prontamente por una reaccion seguida de sudor, de calma y de un sueño reparador.

Jamás se verá el médico obligado á elevar la dósis mas allá de 10 ó 12 gotas de la tintura en 6 onzas de agua para todo el dia. La dósis comun, en la fiebre y la amigdalitis por ejemplo, es de 3 á 4 gotas de la primera atenuacion diluidas en agua. En las neuralgias ú otras afecciones muy propias del acónito, no se debe bajar de la tercera atenuacion.

AGARICO MOSQUEADO (Agaricus muscarius).

§ I.—Historia.

Familia de los hongos y de la criptogamia de Linneo, de la que se conocen algunas centenas de especies de agáricos, si bien solo nos ocuparémos del agárico[17] mosqueado ó pintado ú hongo carmesí, y de cuya sustancia activa nada dicen los terapeutistas. Murray[18] sin embargo ha manifestado el uso que se ha hecho de él en ciertas induraciones linfáticas de las amígdalas, en las manchas de la córnea, las úlceras callosas, los temblores musculares y la epilepsia.

Aunque el agárico moscado tiene en su patogenesia varios síntomas que es preciso separar, como los suministrados por ejemplo por un dartroso, esperiencias recientes hacen á este medicamento recomendable por algunos efectos aun no observados. Estamos distantes de atribuirle propiedades reales contra estados diatésicos y herpéticos como algunos autores creen, pues este medicamento no parece que tiene una influencia constante sobre la nutricion.

Pocos medicamentos ofrecen, como el agárico, síntomas accesorios insignificantes ó de valor dudoso, porque son pocos los que tienen una accion mas completamente limitada á la esfera nerviosa. Inútil es, pues, buscar en él otros síntomas nerviosos que los llamados por nosotros esenciales, opuestos á los que resultan de las fiebres graves y otras perturbaciones y que denominamos consecutivos ó sintomáticos. Menos aun se hallan indicios que anuncien una lesion de los tejidos y una alteracion de los líquidos. En cuanto á los síntomas sanguíneos y gástricos, el valor se deduce de su accion eminentemente nerviosa. No se puede dar á tales síntomas del agárico la misma importancia que á los suministrados por el acónito ó la nuez vómica, al menos en la misma categoría. La apreciacion del carácter dominante de un medicamento indica el valor de los síntomas que de él se separan.

§ II.—Efectos fisiológicos.

La exaltacion intelectual y física, el delirio y el furor, son efectos inmediatos del agárico á dósis elevadas; son efectos tóxicos tales como los buscan ciertas poblaciones del Norte que le comen para proporcionarse cierta especie de embriaguez, como los orientales toman el haschisch y fuman el opium. Bajo este aspecto, la analogía del agárico con el opio es notable, pues se eleva hasta los efectos de entorpecimiento y asténicos que tanto abundan en otros. Pero hay la diferencia que estos efectos, en el opio, son producidos por congestiones y éstasis sanguíneos, mientras que en el agárico dependen de una lesion simple de la sensibilidad y contractilidad, en lo que son antagonistas estos dos medicamentos, siendo el agárico mas análogo á belladona por sus efectos sobre el encéfalo.

Este medicamento parece tener una accion electiva limitada al sistema nervioso general, pues el circulatorio y la vida vegetativa están como sustraidos de su influencia, ó deprimidos mas bien. Este carácter de astenia de los fenómenos nerviosos se estiende á todas las modificaciones del organismo y da al agárico un sello especial que rara vez se ve tan marcado en otros medicamentos.

Todos los síntomas del pulso se refieren á su pequeñez, su debilidad, su fácil depresion; así es que se le observa muy pequeño, muy lento, filiforme, y aun cuando una causa escitante le acelere, no por eso se hace mas fuerte. La intermitencia es otro carácter del agárico; el pulso es pequeño, desigual, intermitente, falta una pulsacion despues de la 10.ª, 30.ª ó 40.ª: hé aquí por cierto un pulso eminentemente asténico, sin que su carácter deje por lo tanto de ser nervioso.

Dos síntomas solamente indican un aumento de calor, aunque desigual; las mejillas están quemantes y las manos frias; el calor dura poco tiempo, y solo tiene lugar en la cama; los calosfríos y sensaciones de frio de toda especie preceden, y generalmente no son precursores mas que de espasmos. El frio es casi siempre irregular, y se reproduce por poco que se descubra ó impresione el aire; la sensacion de frio es á veces interior y acompaña con frecuencia á los dolores de cabeza y de otras partes. El sudor febril es nulo, ó solo se le observa por la noche en la cama, ó como un signo de debilidad despues del cóito, del paseo, ó algun otro ejercicio corporal.

La falta de memoria, la inaptitud á toda aplicacion, la apatía, una alegría tonta, una locuacidad sin objeto, un delirio que parece el último término de la fatiga ó de la instabilidad, ó bien la indiferencia, la taciturnidad, el abatimiento, la tristeza y el mal humor, anuncian para el cerebro, no la actividad, sino un estado pasivo que se ve en la somnolencia y el sueño profundo, dos síntomas referidos varias veces á propósito de espresar los efectos de la fatiga física y moral, muscular y nerviosa; la inquietud que se esperimenta en las piernas y que retarda ó altera el sueño, es circunstancia característica. El sueño, en fin, no es reparacion de las fuerzas, sino una tregua incompleta de la irritabilidad, porque es con frecuencia interrumpida ó agitada por inquietudes, sueños penosos é intranquilos, siendo preciso hacerse violencia para salir de la cama y tardando mucho en poderlo efectuar.

Los males de la cabeza no tienen nada de agudos; son dolores sordos, presivos, como de estremecimiento y adormecimiento; la cabeza está atontada, pesada y con sensacion como de vacío; hay vértigos acompañados de distintas circunstancias; se esperimenta dificultad para ver, se vacila; pero un esfuerzo de la inteligencia, un acto de la voluntad, tonifican el cerebro y hacen cesar el vértigo; tambien se le hace cesar girando rápidamente la cabeza, movimiento que acumula mayor cantidad de sangre.

Los globos oculares están igualmente exentos de dolores; los numerosos síntomas que suministran, se reducen á prurito, estremecimientos y presion: esta última es la mas frecuente; la frotacion los calma, aunque lo realiza mejor la accion del vino y el calor de la cama. Poca ó ninguna falta nos hacian estas circunstancias para creerlos procedentes de la debilidad, del mismo modo que algunos fenómenos convulsivos, tales como los ojos giran en su órbita, los globos se dirigen hácia arriba. En fin, todos los síntomas de la vision denotan la astenia, como se ve por el oscurecimiento de la vista, por las manchas en el campo de la vision; los objetos palidecen ó aparecen cubiertos de una tela de araña, de una nube; la vista es débil, se ven los objetos duplicados; este es el único síntoma de ambliopia, así como se consigna otro de miopia que es el de ser necesario aproximar los objetos para verlos distintamente. En la audicion notamos, el zumbido, una especie de tintineo al aire libre y un ruido de glu-glu, parecido al que produce el agua ó vino al salir de una botella.

Todos los síntomas que acabamos de referir escluyen la idea de una intervencion activa del corazon. Lo mismo sucede con los que presentan los órganos digestivos siguientes: dolores y punzadas en el ombligo, hipocondrios, estómago; cólicos, retortijones, tenesmo sin síntomas congestivos, flatuosidades con borborigmos, tension, timpanitis; la lengua está como picoteada en su punta, algo corroida, y presenta capas de diferente aspecto; el epitelio parece á veces algo levantado en distintos puntos de la boca, y hay dolor.

Las funciones genitales están asténicas; hay erecciones sin deseos venéreos; se presentan por la noche, á causa probablemente de la escitacion que produce la plenitud de la vejiga; si se tienen deseos al cóito, no hay ereccion, ó se carece de sensacion voluptuosa en el acto. La eyaculacion seminal es tardía y seguida de debilidad, de fatiga, de postracion, de sudor abundante; las poluciones nocturnas se presentan sin ensueños lascivos; y si en la mujer se observa una menstruacion mas abundante, la evacuacion no va acompañada de sensacion alguna incómoda, de síntoma alguno de congestion. Los síntomas del aparato urinario no anuncian flegmasía alguna, pues si el tenesmo, por algunas circunstancias, podria hacer creer en una afeccion de la próstata, el carácter bien conocido del medicamento conduce á buscar su orígen en alguna estrechez ó estado espasmódico.

La cavidad torácica nos presenta sensaciones variadas, sin dolores vivos; las punzadas sordas, los estremecimientos, las constricciones y opresiones, son las mas ordinarias y comunes, y los dolores lancinantes detrás del esternon y en algunos puntos del pulmon, son fugaces. La sensacion de ahogo ó de opresion domina entre los síntomas suministrados por el corazon; si hay algunas punzadas y pulsaciones un poco mas fuertes, carecen de calor y solo ofrecen un carácter nervioso.

Los síntomas relativos á los sistemas nervioso y muscular son numerosos á contar desde el dolor vivo hasta la debilidad paralítica, último término del dolor y del espasmo, y resultado infalible del agotamiento de las fuerzas nerviosas.

En la cabeza existen los síntomas siguientes: dolores tirantes, presivos, sensacion de un clavo sobre el parietal, punzadas, dislaceraciones por accesos, prurito, frio glacial en la sutura coronal que se estiende é invade la frente, contracciones y temblores distintos de los párpados que se cierran y se abren con dificultad, sensacion de ardor en los ángulos de los ojos, punzadas en las mejillas y los maxilares, contracciones espasmódicas de los maséteros, odontalgia que se limita á una sensacion de prolongacion de los dientes ó un dolor corrosivo de los molares con pulsacion y dislaceraciones, con dentera de los incisivos inferiores.

Los músculos lumbares, los del dorso y de la nuca son el sitio de sacudidas espasmódicas, de dolores generalmente dislacerantes y de sensaciones de presion, de cansancio, de debilidad, de rigidez. Estos síntomas son bastante numerosos y variados para simular una afeccion de la médula espinal. Las mismas sensaciones se hallan en los miembros superiores é inferiores con síntomas de parálisis: debilidad, laxitud, temblor, movimientos irregulares, adormecimiento, vacilacion, frio, sensacion de quemadura, dolor paralizante y aun calambre en el pié. El calambre está aislado en medio de una multitud de otros síntomas neurálgicos.

Para establecer exactamente la esfera de accion del agárico, nos falta indicar las modificaciones que induce en los tejidos y las secreciones.

El ojo está seco; hay prurito en los oidos y algunos granos en la parte posterior del pabellon. El prurito y cosquilleo se observan en la nariz y en las narices; hay alguna irritacion en el interior, sequedad, romadizo, coriza y aun coriza fluente; sale de la nariz, por gotas un humor parecido al agua clara; estornudos frecuentes, y el olfato que en el coriza catarral está embotado, en el agárico está exaltado. El prurito es un síntoma muy comun en este medicamento, sin que, como es natural, se observe erupcion alguna, á cuyo síntoma debemos reunir tambien los pinchazos como por alfileres en el menton. Al estado de las encías hinchadas, dolorosas y sangrantes, es preciso agregar el punteado y erosion de la lengua, las aftas observadas cerca del frenillo, la salivacion abundante y la sensacion de acorchamiento en toda la boca. La sed es mas pronunciada que el apetito; las náuseas y los vómitos parecen depender, como los cólicos, de la flatulencia y de un estado nervioso y atónico; el tenesmo y las deposiciones suceden á los retortijones; las deposiciones son al principio blandas ó como rizadas, y la primera parte escrementicia es la que tiene generalmente el carácter normal. Las deposiciones diarréicas van siempre acompañadas de dolores y emision de gases. El ano es el sitio de hormigueo, comezon y prurito, sin otro síntoma; no se ha observado variacion alguna en las orinas, así en su cantidad como en su calidad; y el prurito voluptuoso del pubis, del pene, del prepucio y de la vulva, es un síntoma aislado como el de la uretra y del escroto, é igualmente que el flujo de un moco viscoso por el canal de la uretra.

La laringe y el pecho ofrecen pocos síntomas: la tos es seca y espasmódica, provocada por un cosquilleo en los bronquios: los síntomas relativos á la respiracion son poco numerosos y puramente nerviosos.

Se sienten algunos pruritos, hasta quemantes, sobre la pared torácica, un grano en el pezon izquierdo y un dolor de escoriacion en varios puntos. Se observa el prurito en el dorso y en el brazo; vesículas que escuecen y corroen, y algunos granos en esta última parte. Los mismos granos, semejantes en los pequeños á los de mijo é inflamados, se observan en el dorso de la mano izquierda. La eminencia tenar, el índice, la tuberosidad isquiática, las piernas, el dorso del pié y sus dedos, son tambien el sitio de algunos pruritos. Los esperimentadores no mencionan mas que un forúnculo en la nalga derecha, y una erupcion miliar, blanquecina, seguida de descamacion, en la pierna izquierda, y que produce una comezon que obliga á rascarse.

Hemos indicado los síntomas de la esfera vegetativa, no porque los creamos de gran valor en sí mismos, sino para confirmar su naturaleza asténica. Verdad es que en la esperimentacion pura no se puede obtener mas que los rudimentos de la accion de los medicamentos sobre los tejidos, pero lo mismo sucede con el agárico, y sus síntomas no pueden tener la misma significacion que los de otros medicamentos de accion electiva sobre la piel.

La astenia y la nerviosidad constituyen, segun lo que se acaba de ver, el carácter fundamental de la accion del agárico. Así pues, los dolores que presentan los músculos ó los tejidos blancos, lejos de observarse en ellos fijeza, hinchazon y rubicundez, es la debilidad y la instabilidad lo que domina. Hay dolores simultáneos en partes separadas, ó bien que se cruzan de un lado del cuerpo al otro y de arriba á abajo; algunos se desarrollan en la inmovilidad, ó se agravan, ó vice-versa, se alivian con el movimiento, la impresion del aire frio: los síntomas, vértigos y convulsiones, se declaran por accesos mas ó menos frecuentes; pero todo esto no basta para hallar relaciones entre los síntomas y los ataques de epilepsia, aun cuando se admita como auténtico el síntoma de un poco de espuma en las comisuras de los labios.

Dirémos para terminar este asunto que pocos medicamentos tienen una accion continua, y que cuanto mas se limita su accion á la esfera nerviosa, tanto mas intermitente es en los fenómenos neurálgicos y espasmódicos. Esta irregularidad, este ritmo de la accion medicamentosa es fecundo en indicaciones terapéuticas. Hay igualmente pocas enfermedades, especialmente nerviosas, que sean continuas, pues como en los efectos de los medicamentos, las afecciones invaden por la tarde, por la mañana, por la noche, ó aumentan de intensidad á ciertas horas. Hé aquí caractéres no menos importantes que los resultantes de la agravacion ó mejoría producidas por el calor de la cama ó el frio, por el reposo ó el movimiento, por el agua fria ó caliente, etc. Los prácticos saben muy bien que estos caractéres tienen mas importancia que los que emanan de la forma lancinante, tirante, dislacerante, etc., de los dolores que generalmente son tan distintos en cada medicamento.

La fisonomía general, el carácter esencial y fundamental del agárico está en su accion nerviosa y en la astenia. La actividad del mismo corazon se debilita: este órgano no se exalta ó es muy accidental el que se verifique; y si bien hay que reconocer alguna reaccion en la accion del medicamento, su fiebre no difiere de sus movimientos de calor y sudor, que están en relacion del estímulo de una emocion viva, ó que sobrevienen por un ejercicio, aunque sea moderado, en personas nerviosas, debilitadas y casi desprovistas de calor vital. El agárico, en efecto, corresponde muy bien á las constituciones nerviosas, debilitadas, ya presenten cierta gordura con abultamiento ó palidez y aspecto enfermizo, ya sean demacradas y de fibra seca: en uno y otro caso, el eretismo es una escepcion; la versatilidad nerviosa y la debilidad constante, hereditaria en los unos ó adquirida por escesos venéreos en otros, los temblores convulsivos y los sudores debilitantes son habituales, así como la debilidad muscular y visual, los desbarates de vientre, las palpitaciones, los vértigos, la somnolencia por el dia, los ensueños fatigosos por la noche, la flojedad.

El moral está en armonía con el estado orgánico: estas personas huyen de la conversacion, son indolentes, inconstantes, y descontentos del presente, se arrojan al porvenir por el poetismo y el gusto á las profecías; tienen un sueño ligero, interrumpido con frecuencia, y desde este estado enfermizo llegan basta la manía, á accesos de furor, de opresion y palpitaciones, á accesos epileptiformes, á neuropatías, á cierto embrutecimiento. La sensibilidad del cuero cabelludo; el latido en el vértice de la cabeza, las dislaceraciones lancinantes en el occipucio y sienes, los sudores por debilidad, sobre todo en las partes superiores y en el pecho; la rubicundez é inyeccion momentáneas de la cara, el lagrimeo y los bostezos son mas que suficientes para establecer una relacion terapéutica entre los efectos del agárico y los síntomas producidos por los accesos venéreos y el funesto vicio del onanismo, vicio que desarrolla en los órganos de la generacion los mismos efectos que el agárico.

§ III.—Efectos terapéuticos.

Las enfermedades, como la ambliopia amaurótica, la odontalgia, los dolores osteócopos, los espasmos clónicos, los accesos epileptiformes, las gastralgias y gastro-atonías con sensacion de hambre, las diarreas y cólicos flatulentos, las neuralgias de la cabeza, del tronco, y el asma que se cura con agárico, deben ser mas valoradas. Belladona es con frecuencia el medio principal, y el agárico su mejor auxiliar, pero generalmente á dósis bastante fuertes, si nos es permitido invocar nuestra propia esperiencia. La belladona, ácido fosfórico y algunos otros contienen al parecer en su patogenesia la esfera de accion del agárico.

Este medicamento está indicado en ciertas cefalalgias con sensacion de frio en la cabeza, en la hemorragia asténica de las encías, en ciertas aftas indolentes, en convulsiones sin fijeza, limitadas á algunos músculos, con agilidad y movimientos fáciles, en ciertas erupciones pruritosas ó miliares, en el prurito de los dedos de los piés y en los sabañones de los niños delicados y de personas nerviosas.

Algunos lectores podrán quizá juzgar que hemos dado poca importancia á este medicamento, pero les dirémos que no obramos así con todos, y que si lo hacemos con algunos es con el objeto de trazar mejor un estudio sério de la materia médica y manifestar el que hemos seguido.

Dósis.—El agárico mosqueado se administra bajo la forma de tintura ó alcoholado. Es uno de los medicamentos que mas fácilmente se atenúan y dividen. La dósis que preferimos es una gota de la primera atenuacion hasta 5 ó 10 de la tintura en una pocion de 150 gramos, para tomar á cucharadas en las veinticuatro horas.

ALOES (Aloe gummi).

§ I.—Historia.

El aloes es un jugo resinoso de una planta de la familia de las liliáceas, de Jussieu, y de la hexandria monoginia, de Linneo. Este medicamento es uno de los empleados antiguamente como purgante.

Hahnemann y sus discípulos investigaron sus efectos especiales y dinámicos en el curso de sus esperimentaciones y las apuntaron como vía de nuevas aplicaciones. Los efectos del aloes han sido aceptados por Mr. Trousseau[19], pero evita el citarle, como lo hace siempre, por no rendir homenaje á los trabajos del sabio reformador de la materia médica.

§ II.—Efectos fisiológicos.

El aloes llama la atencion del práctico por su accion congestiva sobre el sistema venoso en general y el de la vena porta en particular, como lo prueban los dolores cólicos, las deposiciones sanguinolentas y el calor del bajo-vientre que acostumbra provocar. En la práctica se observa que es muy conveniente á los temperamentos melancólicos, venosos, con constitucion gastada por los abusos de la mesa. Corresponde principalmente al sexo femenino ó al hombre en la edad madura y en la vejez. No limita su influencia al abdómen, sino que la estiende al pecho, á la cabeza, á todo el sistema venoso, á las membranas mucosas que se engrasan, toman un color mas oscuro y pierden su tonicidad.

Los síntomas del aloes son: tosecilla seca, eructos frecuentes, gases fétidos, apetito irregular, sed, estreñimiento ó deposiciones diarréicas y disentéricas con ardor pruritoso en el ano y cólicos; las orinas son escasas, ardorosas, sucias; hay á veces tenesmo, escitacion irritativa de los órganos genitales, sensacion de plenitud en el bajo-vientre, diminucion del flujo menstrual con cólicos y tenesmo uterino, ó aumento de las reglas en mujeres débiles; las venas subcutáneas están abultadas; la piel es terrosa, seca, y se agrieta fácilmente; las cavidades esplánicas, sobre todo el abdómen, son el sitio de dolores tensivos, de latidos, de una sensacion de calor incómodo. La region hepática está con frecuencia timpanizada, tirante, caliente; el enfermo esperimenta dolores agudos, incomodidades, angustias, y la cabeza misma no está exenta de síntomas congestivos con sensacion de una barra ó peso en la base del cráneo.