[Nota de transcripción]

[Índice]


Comedia llamada Selvagia


COLECCION
DE
LIBROS ESPAÑOLES
RAROS Ó CURIOSOS.


TOMO QUINTO.


COMEDIA

LLAMADA SELVAGIA,

COMPUESTA

POR ALONSO DE VILLEGAS SELVAGO.


COMEDIA SERAFINA.

MADRID,
IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA,
calle del Duque de Osuna, núm. 3.


1873.


ADVERTENCIA PRELIMINAR.

A mediados del siglo XVI vivia en Toledo un jóven estudiante que, nutrido con la literatura novelesca de aquella edad, aplicó su disposicion y genio á componer una novela ó comedia, como entónces se llamaba á este género de obras, á imitacion y manera de la famosa Celestina, prototipo literario á que fielmente se ajustaban todas las composiciones de esta índole, y que pueden muy bien calificarse de comedias novelescas ó novelas dramáticas. Propúsose, sin embargo, una esencial diferencia en el desenlace, y que en vez de ser lastimoso, como en la Celestina, fuese feliz y acabase en el casamiento de los principales personajes que en la tal comedia intervienen. Llevó dichosamente á cabo su propósito, y dedicándola á su señora Isabel de Barrionuevo, salió á la luz pública en la imperial ciudad la Comedia Selvagia, que ha sido confundida por algunos con la titulada Comedia Salvaje, de Joaquin Romero de Cepeda, por más que entre ambas existiese lejana semejanza, y se hubiese publicado esta última treinta años despues que la primera[1].

Segun la usanza de sus predecesores, puso nuestro autor al principio de su comedia unos versos acrósticos, en que declaraba su nombre, edad, patria y dedicatoria. En efecto, reuniendo la primera letra de cada uno de los versos, que empiezan en la página VII, se lee claramente: Alonso de Villegas Selvago compuso la Comedia Selvagia en servicio de su señora Isabel de Barrionuevo, siendo de edad de veinte años, en Toledo, su patria[2]. Suponiendo, como tenemos motivos para creerlo, que no hubiese transcurrido ningun tiempo desde la composicion hasta la impresion de la obra, y dada ésta á la imprenta en 1554, resultaria de esta fecha que Villegas nació en 1534, no obstante que el Sr. La Barrera, en el artículo que dedica á nuestro autor en su Catálogo Bibliográfico del antiguo Teatro Español[3], señala su nacimiento desde 1530 á 1534. Nosotros, teniendo en cuenta, ademas de lo que el propio Villegas dice en su Selvagia, lo que vuelve á repetir en un libro probablemente autógrafo y no citado por ninguno de sus biógrafos, escrito á fines del siglo XVI[4], y por último, la noticia que él mismo nos suministra en una nota que puso en la Crónica de las Antigüedades de España, de Juan de Rihuerga[5], creemos poder fijar definitivamente la fecha de su nacimiento en el año de 1534.

El festivo estudiante, que habia dado muestras de su claro y agudo ingenio con la publicacion de la Selvagia, siguió la carrera eclesiástica, llegando á ser cura párroco de San Márcos, de la ciudad de Toledo, y capellan mozárabe de aquella catedral. Aprovechado y doctísimo teólogo, dedicó su saber y privilegiadas dotes á otra clase de obras, muy distintas por cierto de aquella con que habia principiado su carrera literaria. La más importante de estas obras, y la que más nombradía le alcanzó entre sus contemporáneos, fué su célebre Flos Sanctorum, del cual se hicieron várias ediciones.

Natural era que en el nuevo género de escritos á que se habia dedicado recordase con pesar y áun se arrepintiese de haber compuesto la Comedia en sus juveniles años; y ya que no podia negar su paternidad, supuesto que aparecia su nombre en la portada del libro y en el acróstico que hemos citado, deseó que desapareciese, por lo cual destruyó cuantos ejemplares pudo haber á las manos. Esta circunstancia explica fácilmente la rareza de esta obra, de la que apénas ha llegado hasta nosotros alguno que otro contadísimo ejemplar[6]. En la Comedia Selvagia se advierte el propósito de imitar, más que á la primera Celestina, á la segunda, de Feliciano de Silva, de quien Villegas se muestra tan entusiasta y admirador, que le llama radiante luz y maravilloso exemplar de la española policía, y que así como el sol entre las otras luminarias celestes resplandece, así brilló éste por su sagacidad é ingenio.

Tambien se trasluce claramente que tuvo á la vista la tragicomedia de Lisandro y Roselia, si bien no la nombra; pero ademas de que el personaje Escalion está copiado del Brumandilon de aquélla, lo hace hijo de éste, contando á mayor abundamiento la muerte de Elicia y el castigo que por tal delito se le impuso á aquel rufian[7]. En suma, si la Selvagia es inferior á las tres obras citadas, no por eso debe desdeñarse, cuando ha merecido á un historiador extranjero de nuestra literatura, Mr. Jorge Ticknor, el juicio crítico siguiente: «Es ingenioso y está bien desenvuelto su argumento, y el diálogo, aunque abunda en ridículas pedanterías, no carece de cierta gracia y naturalidad.»

Escribió Alonso de Villegas, ademas de las obras ya citadas, la Vida de San Isidro Labrador, que se publicó en Madrid en 1592[8]. Tambien escribió la Vida de San Tirso, que con una carta del mismo Villegas aparece impresa en Toledo en 1595, al fin de la Relacion que envió al Rey el corregidor de dicha ciudad, D. Alonso de Cárcamo, acerca del templo á la sazon descubierto, y que se suponia consagrado á aquel santo[9].

No sabemos el año en que murió; pero es indudable que alcanzó muy dilatada vida, supuesto que en 1602 firmó una aprobacion de El Poema de San José, compuesto por el maestro Valdivieso; y ademas la quinta parte de su Flos Sanctorum lleva la fecha de 1604. Tambien se le atribuyen por D. Nicolás Antonio Los Favores de la Vírgen, Valencia, 1635; y Soliloquios Divinos, Madrid, 1637; pero, como observa atinadamente el Sr. La Barrera, si estas obras pertenecen en efecto á nuestro autor, resulta que ó las citadas ediciones no son las primeras, ó debieron de publicarse póstumas, si bien no es absolutamente imposible que llegase á pasar de los cien años. En el Museo de Pinturas existe un cuadro del toledano Blas de Prado, que representa á la Vírgen con Jesus niño y varios santos, y en él está representado Alonso de Villegas[10].

En cuanto á la Comedia Serafina, que tambien incluimos en el presente volúmen, podemos asegurar que es un curioso libro, más raro todavía que la Selvagia. Á excepcion del ejemplar que se conserva en la biblioteca del Sr. D. Pedro Salvá, no sabemos que exista otro alguno en España. El argumento singularmente picaño y la disposicion y forma por extremo erótica en que están escritas algunas escenas de dicha Comedia, explican suficientemente su rareza, por más que en la época en que se publicó hubo de agradar bastante, cuando de ella se hicieron dos ediciones[11].

La obra fué dedicada al Duque de Gandía, que lo era entónces D. Juan de Borja y Llansol, padre de San Francisco; pero no nos ha sido posible averiguar el nombre del autor ni su patria. Por nuestra parte, estamos muy distantes de creer que la Serafina, ni la Thebaida, á que va unida, suministren datos bastantes para afirmar que el autor fuese andaluz, como lo hace Salvá, ó valenciano, como pretende D. Leandro Fernandez de Moratin.

Sólo nos resta añadir que para la impresion nos hemos valido de la excelente copia que de la mencionada produccion hizo de su puño y letra el Sr. Bohl de Faber, del ejemplar que se conserva en la Biblioteca Imperial de Viena, copia que hoy tambien existe en la Nacional de esta córte, y á la cual faltan algunos versos del Nunque, final de la obra; pero esta falta la hemos suplido fácilmente, teniendo á la vista este mismo Nunque, publicado íntegro en el tomo I del Ensayo de una Biblioteca Española de Libros raros y curiosos.

Excusamos decir que estamos firmemente persuadidos de que las obras contenidas en este volúmen son de suma importancia para la historia de la literatura y del arte patrio, que, lentamente y desde la carnalidad de las sensaciones, llega á elevarse hasta el más alto espiritualismo, y hasta la más pura y bella poesía.

F. del V. J. S. R.

NOTAS

[1] La comedia Salvaje de Cepeda está en verso y se publicó por primera vez en las Obras de Joaquin Romero de Cepeda, vecino de Badajoz.—Sevilla, por Andrea Pescioni, 1582, 4.º—La insertó tambien Don Eugenio de Ochoa en el Tesoro del Teatro Español desde su orígen hasta nuestros dias. París, Baudry, 1838. Conocemos del mismo autor las siguientes obras, que se han hecho ya bastante raras:

La antigua, memorable y sangrienta destruicion de Troya. Recopilada de diversos autores, por Joaquin Romero de Cepeda, vecino de Badajoz.—Toledo, Pero López de Haro, 1583, 8.º

Conserva espiritual, compuesta por Joaquin Romero de Cepeda, vecino de la ciudad de Badajoz.—Medina del Campo.—Francisco del Canto, 1588.

[2] En el acróstico se ha cometido una errata de que debemos prevenir á nuestros lectores, para que pueda leerse bien; en la página X, donde dice:

Y puede por frágil tu mente caer;

debe leerse:

U puede por frágil tu mente caer.

[3] Catálogo Bibliográfico y Biográfico del Teatro Antiguo Español, desde sus orígenes basta mediados del siglo XVIII. Por Don Cayetano Alberto de la Barrera y Leirado. Madrid, 1860, página 496.

[4] Via vite. Libro que contiene instituciones y exortationes espirituales para el christiano; en que se enseña de que manera ha de comenzar y proseguir el camino de las virtudes hasta llegar á ser perfecto, hecho por Don Florencio Harlemano, monje cartuxo en Lovayna. Tradúxole de lengua teutonica en latin, Tacito Nicolao Zegero, del órden de los menores; y en español el maestro Alonso de Villegas, Toledano. MS. en 4.º, de 236 páginas, más 16 de preliminares é índice. Está dedicado á Doña María de Çuñiga, monja en el real monasterio de San Clemente de la ciudad de Toledo. Despues de la dedicatoria hay un prólogo al lector del maestro Alonso de Villegas; donde dice «aviendo, pues, yo acabado los seis libros y partes del Flos Santorum y siendo Dios servido de darme vida sobre sesenta y seis años, determiné, por no estar ocioso, que siempre desde la primera edad aborrecí y evité, traducir en nuestra lengua española el libro de Florencio.»

[5] En la Biblioteca Nacional existe este códice, que lleva por título, Coronyca de las antigüedades despanna, dirijida al muy alto y cathólico, e por esso muy poderoso e ynvictíssimo, emperador don Cárlos, señor de las espannas y de las alemannas y de los otros reynos y señorios sujettos á aquellas. A la vuelta de la primera hoja se lee esta nota: «El autor desta crónica breve de cosas del mundo, y en particular de las de España, fué un fraile de los de los mínimos, como parece en una carta que está al fin della, y fólio 3, dice que es sacerdote y predicador religioso, y que la escribió siendo el emperador Cárlos V de 25 años, y concurre con el de 1525; es muy breve en su prosecucion y parece que acierta en la cuenta de los años, que es mucho de preciar en semejantes chrónicas, éste es mi parecer, y doyle en 18 dias de Julio, año de 1594, en que la acabé de leer siendo de edad de 60 años.

m.º Alonso

de Villegas.»

[6] Dos ejemplares de la Comedia Selvagia hemos tenido á la vista para hacer la presente edicion, el uno, que es el que nos ha servido principalmente, pertenece al entendido y generoso bibliófilo Sr. D. Pascual de Gayángos; del otro es copia exacta la portada que publicamos, reduciéndola en una tercera parte.

[7] Páginas [236] y [237] del presente volumen.

[8] Vida de San Isidro Labrador, cuyo cuerpo está en la Iglesia parroquial de San Andres de Madrid, escrita por el maestro Alonso de Villegas, Toledano. Dirigida á la muy insigne villa de Madrid.—Madrid, por Luis Sanchez, 1592, en 8.º

[9] Traslado de la carta y relacion que embió á su Magestad el señor don Alonso de Cárcamo, corregidor de la imperial ciudad de Toledo (Grabado de la tapadera del aguamanil, intercalado en el texto). Relacion que hizo á su magestad Esteban de Garibay, su coronista.—Dificultades y obiecciones cerca de la opinion que el bienaventurado martyr san Thyrso fué natural de Toledo.—Apología en que se responde á algunas obiecciones y dubdas puestas así contra la carta del Rey Silo como contra la verdadera declaracion del hymno gothico de san Thyrso, embiada al rey nuestro señor, por don Alonso de Cárcamo, su corregidor en Toledo.—Planta y alzados de las ruinas descubiertas.—A don Alonso de Cárcamo, corregidor de Toledo, el maestro Alonso de Villegas.—Vida de san Thyrso mártir, colegida de diversos autores, por el maestro Alonso de Villegas. En Toledo, por Pedro Rodriguez, 1595, en fólio, 38 hojas.

[10] Catálogo Descriptivo é Histórico de los cuadros del Museo del Prado de Madrid, por D. Pedro de Madrazo. Parte primera, pág. 519.

[11] En el Catálogo de la Biblioteca de Salvá, escrito por D. Pedro Salvá y Mallen, Valencia, 1872, páginas 516 á 522 del tomo 1, puede verse la descripcion de estas dos ediciones, una de Valencia, 1521, y la otra de Sevilla, 1546.


Excmo. Sr. D. Juan Eugenio Hartzenbusch.

Muy señor nuestro y respetado amigo: Despues de recibir la gratísima carta que con fecha 14 de Octubre último tuvo V. la bondad de dirigirnos, y en la cual tan felizmente resolvió el acróstico enigma que á todos habia ocultado el nombre del autor de Lisandro y Roselia, nos dedicamos con indecible diligencia á buscar noticias de la vida y hechos de Sancho de Munino, natural de Salamanca, á quien desde entónces tuvimos por verdadero padre del mencionado libro. Sucedió, pues, que ni los discretos é infatigables amigos á quienes V. dejó este encargo en Salamanca, ni ménos nosotros, conseguimos averiguar cosa alguna relativamente al tal sujeto. Entónces pasó por nuestras mientes que acaso en el consabido acróstico pudiera leerse el nombre del autor de otro modo, y en efecto vimos que tambien se lee Muñon, juntando las primeras letras de los tres versos en que está el apellido, de la manera siguiente: Mu-N-Non, y como la doble n se pronunciaba en lo antiguo como ñ, resultará Munnon, segun ya hemos indicado.

Pero naturalmente se nos ocurrió que la nueva leccion de aquel nombre nada significaba ni valia, si tampoco se hallaban noticias de Muñon, noticias que por todas partes buscamos ansiosos, y no sin fortuna; pues que al fin encontramos en nuestros mamotretos una coleccion de Estatutos de la Universidad de Salamanca, que vino á henchir colmadas las medidas de nuestro deseo. En la citada coleccion leimos que en 31 de Agosto de 1549 celebróse un solemne claustro pleno en la Universidad Salmantina, presidido por el rector D. Diego Ramirez de Fuenleal, con objeto de formar unos estatutos relativamente al entierro de los señores Rector, Maestre escuela, Doctores y Maestros de dicha Universidad; mas hé aquí que entre los asistentes nos encontramos con el nombre del Maestro Sancho de Muñon, teólogo. Vuélvese á reunir el claustro en 9 de Octubre del mismo año para decidir que no se diesen tratados in scriptis bajo ciertas penas; y tambien entre los maestros que asisten encontramos el nombre del teólogo Sancho de Muñon; y finalmente, en 9 de Noviembre del mismo año celebróse otra reunion para formar estatutos sobre el exámen de los estudiantes artistas, ántes que pasen á medicina y teología, y tambien entre los concurrentes encontramos á los maestros Fray Melchor Cano y Sancho de Muñon, teólogos.

Los tres estatutos mencionados se imprimieron en Salamanca, en casa de Andrea de Portonariis, en 1549, en fólio; y excusado nos parece decir que están á la disposicion de V., y que con estos datos sus buenos amigos de Salamanca podrán seguir sus pesquisas y tal vez consigan descubrir noticias más importantes, y áun averiguar y saber al dedillo la vida y milagros del socarron que por tanto tiempo se nos burló enmascarado con su famoso enigma; y aunque real y verdaderamente se llame Sancho de Muñon, como nosotros con toda seguridad creemos, ni él mismo se negaria, si viviera, ni nosotros negarémos jamas que V. fué, querido amigo, quien le arrancó la careta y nos le dió á conocer á todos con sin igual perspicacia, donaire y desenfado.

Quedan de V. siempre muy cariñosos amigos, Q. B. S. M.,

El Marques de la Fuensanta del Valle.

José Sancho Rayon.



PRÓLOGO
DEL AUTOR AL LECTOR.


Si consideramos el famoso dicho de Plinio el segundo, que dice ningun libro haber que bien entendido dexe sin fruto á su lector, con muy justa causa esta mi mal limada obra puede vagar y mostrarse por su patria para causar en ella algun pequeño deleite y moral provecho, atento á lo que el divino Platon maravillosamente dixo, que no sólo para nosotros naciamos, sino para la patria y amigos; lo que de mí algun tanto ponderado, con este pequeño dón, aunque en voluntad grande, la pretendo servir. No dexo de considerar, discreto lector, ser grande mi osadía y mayor mi atrevimiento, en así con mi tosca Minerva quererme poner en lo que claros y doctísimos varones sus excelentísimos ingenios han mostrado, cuyos altos y maravillosos entendimientos, en el cómico estilo disfrazados, no sólo su profundo saber descubren, mas con urbanos dichos y graciosas palabras, astutamente sus sinceras y limpias vidas declarando en satírico modo, la nefanda y mala manera de vivir de nuestro siglo con gran astucia reprehenden. Pues entre otros que de semejante sagacidad han usado, como el sol entre las otras luminarias celestes, el magnífico caballero Feliciano de Silva (radiante luz y maravilloso exemplar de la española policía) mayormente resplandece, y dado que lo dicho sea razon conveniente para yo sin ella en mi temeraria osadía ser notado, considerando que el sol y la luna comunmente á todos los entes cuerpos mortales son provechosos, contemplo asimesmo que una pequeña estrella en particular suele causar provecho en alguno de ellos. Tambien, como por experiencia vemos en el mar, que del fruto de su vientre suele dar mantenimiento con abundancia de pescados diferentes á la mayor parte de la tierra, no por eso dexan de ser agradables y gustosos en algunas personas los pequeños peces de algun manual y chico estanque, por lo cual, dado que evidentemente esta mi rústica y no madura fruta, cogida en mi pequeño cercado, no sea agradable á todos en general, no dexo de tener confiança que alguna preñada por salir á tal tiempo la cobdicie. Y si en esto ansimesmo le faltáre gracia, á lo ménos, siendo como es fruta nueva, alguno sólo para la traer en la mano la deseará. Atento á lo qual, yo de la incusacion en que puedo ser puesto, y ella en la osadía que en se publicar ha tenido, sin otra réplica contraria podrémos ser absueltos; de donde no con menor causa que Cayo Lucilio, en esta mal cortada obra, con razon podré decir que ni á los indiscretos debe ser dada, ni á los sabios ofrecida, que los unos, entregándose sólo en la paja, que es el sonido de las palabras, no sacáran della algun fruto, y los otros, no haciendo caso del grano por la abundancia que en sí tienen, ocupados en otros más arduos exercicios, ningun provecho les podrá tener; solamente en el medio destos dos extremos puede parecer que de lo uno y otro lo que les conviniere sacarán, dando gusto al apetito auditivo con el estilo de sus razones, ansimismo guardando sus sentencias y dichos memorables para su provecho en lo íntimo del entendimiento. Y si por caso algun lugar seco y desaprovechado vieren, podrán proseguir en su propósito, porque los tales casos más son puestos para guardar el decoro y no dexar manco el estilo que por algun vicioso deseo. Su nombre della fué Selvagia, no tanto por ser del principal que se introduce, quanto por ser en sí selvagina y rústica. No va debaxo de algun amparo y defensa dirigida, no por no haberlo menester, mas porque, segun son sus defetos, ninguno bastára. Solamente como desahuciada del vivir, á la batalla sale confiada, no en sus armas defensivas, sino en la mucha benivolencia de los lectores, que no se habrán con ella, por ser novel, á todo riesgo, sino con grande misericordia y piedad, de que resultará que ella viviendo agradecida del beneficio recibido, á todos con voluntad entera agradará, y yo, su auctor, hasta la muerte por lo mismo les quedaré en obligacion, quedando por su verdadero siervo y criado, sometiéndome asimismo en esto y en lo demas á la correpcion de la sancta Iglesia y de sus fieles administradores. A quien, si en lo que dixere algun error se mostráre, por él con humildad pido perdon, pues más mi grande ignorancia que mi pequeña malicia en este caso será la causa.—Valle.


DIRIGE EL AUTOR SU OBRA.

A tí, que los túrbidos mares furiosos,

Luctando tu barca primera combaten,

Obrando los vientos venéreos sabrosos,

No pierdas aquello con que se rebaten:

Si quieres que cesen y no te maltraten,

Ofréceles luégo palestra sangrienta,

De donde tu parte, sin culpa ni afrenta,

Estrague las fuerças que en contra debaten.

Venciendo tal guerra, tendrás adquerido

Inmensos trofeos y claros despojos,

Librando tu cuerpo de penas y enojos,

Lo cual á sus siervos promete Cupido:

Empero, si fueres en ella vencido,

Ganando tu mente crecido tormento,

Habrás en tu vida muy gran descontento

Sacado del gozo que vino fingido.

Si tú, pues, con ánimo fortificado

Esperas tal guerra por parte vencer,

Los libros en contra pretende leer,

Verás cómo sacas provecho sobrado:

Aqueste, pues, mira que te es dedicado,

Gozando sus dichos, que siendo jocosos,

Ofrecen proverbios en sí sentenciosos,

Con modo satírico siendo mezclado.

Osado se puede sin dubda llamar,

Miradas sus faltas y pocos primores,

Pues quiere sin fuerzas con otros mejores

Valer siendo pobre de baxo lugar:

Sabemos de Cota que pudo empeçar,

Obrando su ciencia, la gran Celestina,

Labróse por Rojas su fin con muy fina

Ambrosía, que nunca se puede estimar.

Compuso la parte segunda partida,

Osando por causa pasar de lo humano,

Materia teniendo de Feliciano,

En quien elegancia no tiene medida:

De norte tan claro tomando seguida,

Intento guiarme por esta jornada,

A ver si mi cimba pequeña caxcada

Saldrá por buen puerto donde fué regida.

En ser terminada con caso gozoso,

La obra no pierde si tiene valor,

Viniendo sus fuerzas en contra de amor

Aquel que por torpe se dice vicioso:

Gozando sus gozos te muestra gozoso,

Y goza los gozos que goza su parte,

Adonde gozando por gozo tal arte,

En gozos te goza con gozo sabroso.

Ni quiero que dexes por miembro perdido

Sus actos, que tienen no casta sonada,

En donde, si miras, verás matizada

Rabiosa contienda del falso Cupido:

Verás asimismo su fin dolorido,

Y quantos afanes tiene su deleite

Cubiertos encima con un buen afeite,

Y son por de dentro manjar desabrido.

Ovidio se muestra por parte sacado

De sus amorosos remedios bien lleno,

En que, si contemplas, podrás á tu seno

Sacar gran provecho si fuere penado:

Verás al furioso Citareo privado,

Seyendo triforme por tantos efectos,

En donde los unos quedando perfectos,

No tienen los otros su fin aplicado.

No ménos los otros, con ser muy seguidos,

Ofrescen de suyo provecho á sus entes

Robados del dote de los excelentes,

Adonde se muestran ser brutos perdidos:

Y siendo risibles se van convertidos

Sus pérfidos ánimos en irracionales,

Apénas sabiendo que son inmortales,

Viviendo conforme de los escogidos.

En parte se muestran las artes malvadas

Lustrosas, por Circes artera famosa,

De Febo salida discreta y hermosa,

En furia de Vénus sus tramas obradas:

Verás ansimismo vejeces saladas,

Autor de las cuales es un epimeo,

Robustos desgarros de un gran giganteo,

Rastreras mentiras del mesmo tramadas.

Y todo juntado, verás dibujadas,

Obrando las fuertes humanas edades,

No ménos que todas sus enfermedades,

Viciosas al ánima limpia criada:

En ello contempla si tienes tocada,

Y puede por frágil tu mente caer,

Ofresce tu cuerpo por ella perder,

Si sientes que dello será libertada.

Impuso nuestr’alma su gran Hacedor,

En grado tan alto de ser sustancioso,

No siendo corpórea, que por piadoso

De no la perder se puso en dolor:

Obtuvo ser siervo de grande señor,

Doliéndose della no fuese perdida,

En tanto que puso como hombre la vida

En muerte, quiriendo ser su redemptor.

De donde parece que todos debemos

Abrir nuestros ojos, huyendo los vicios,

Dexando los torpes y malos indicios,

Do siempre metidos y puestos nos vemos:

En ellos, pues cierta la muerte tenemos,

Volvamos la rienda sin más tener calma,

En donde se salve y remedie nuestr’alma,

Y no se confunda tal bien, pues podemos.

No parte pequeña de nuestro pecar

Tomó para sí la carne dañosa

En ser á los cuerpos cruel y penosa,

Andando contino por los trabucar:

No pueden con ellos seguros estar,

Ni ménos alivio pequeño tener,

Osando sus fuerzas en contra poner,

Soborna sus partes á la sustentar.

En estas sibílicas guerras buscamos,

No fuerza, mas arte por nuestra flaqueza,

Teniendo con ellos pocos fortaleza,

Osando á las veces con honra quedamos:

Los hechos extraños por esto buscamos,

En donde sus males se ponen y penas,

Do siempre sacamos materias muy buenas;

Obrando por ellas muy bien nos hallamos.

Si bien se notase, por esto van dando

Varones humanos los tales tratados,

Por esto yo mando mis cinco cornados

Al templo sublime que van levantando:

Teniendo, pues, pena por irse mostrando

Rugosas sus faltas, siendo descubierto

Intento con esto surgir en el puerto,

A todos por ellas perdon demandando.


ANDREÆ ALFONSI PIUM AD LECTOREM EPIGRAMMA.

Floribus hoc: plenum: varijs varioque lepore

nectare et ambrosia: perlege lector opus.

Dat tibi Seluagiam: per doctus Seluagus auctor.

Nerigidum Nasum rhino cirotis agas.

Panditur hic cæcum cæci velamen amoris.

Si sapis: hic cernis quaeque cauenda tibi.

Frange leues arcus: crudeles frange sagittas

iam pharetrate puer: si tua damna patent.

Quid precor in sacro numero numerare deorum.

Si tua quis longe numina vana probat.

Edocet Alfonsus: tacite quot vulnera confers.

Iurgia quod fraudes: et sine lege dolos.

Prodocet et scillan veneris vastamque charibdin:

quo vebit infirmam parua inuenta ratem.

Vade liber felix totum relegende per orbem:

det rogo terra tibi: det rogo limpha viam.


ARGUMENTO DE LA COMEDIA.

Un caballero llamado Flerinardo, generoso y de abundante patrimonio, vino de la Nueva España en esta ciudad, donde un dia por ella ruando, como acaso pasase por casa de un caballero anciano llamado Polibio, de una fenestra della vido una fermosa doncella, de la qual excesivamente fué enamorado. Pues como le fué dicho el tal Polibio tener una muy apuesta hija, cuyo nombre era Isabela, y la tal fenestra fuese de su aposento, creyendo ser la mesma Isabela la que visto habia, por caballero de su amor se intitulaba. Donde, dando parte á un gran amigo suyo, caballero de illustre prosapia, llamado Selvago, de su crescida pena, sucedió que el mesmo Selvago, teniendo deseo de ver quién á su amigo tan subjeto y captivo le tenía, cumpliendo un dia su propósito y viéndola, no pudiendo su libertad someter á lo que á la verdadera amistad de Flerinardo debia, grandes cuitas y mortales deseos á su causa padesce, tanto que fué puesto en grave enfermedad. Pues veniendo su gran amigo Flerinardo en presencia de su hermana Rosiana, llamada á visitarle, conoció que la tal Rosiana era la que en la fenestra de Polibio habia visto, y no Isabela, como se pensaba, porque acaso, como hubiese amistad entre las dos doncellas, aquel dia se habian juntas recreado, lo cual como á Selvago fuese dicho, con excesivo placer, porque abiertamente osaria amar á Isabela, de su tan grave enfermedad fué sano, donde poniendo en el negocio una vieja astuta, cuyo nombre era Dolosina, cumplieron enteramente sus deseos, siendo primero desposados por palabras de futuro, lo que de á poco, con licencia de sus padres, se puso por obra, pasando lo mesmo de Flerinardo con Rosiana. Pues estando el dia que las bodas se solenizaban con gran regocijo, vino un maestro de la Nueva España, que habia sido de Flerinardo, el cual declaró cómo el mesmo Flerinardo era hijo único de Polibio, padre tambien de Isabela, que de chico, con un tio suyo, en aquellas tierras se habia partido; con las quales nuevas, todos muy gozosos, quedando dos hermanos con dos hermanas juntos en matrimonio, se dará fin á la comedia.


CENA PRIMERA DEL PRIMER ACTO.

En que Flerinardo, noble caballero, siendo captivo del amor de Rosiana, illustre doncella, la qual en una fenestra vido, dexando cargo á un su siervo llamado Escalion para que se certificase de quién la dama fuese, él, en su posada, de su ventura gravemente se lamenta; donde acaso veniéndole á visitar un su gran amigo, cuyo nombre era Selvago, y sabida la causa de su pena, por evidentes razones y grandes exemplos de su propósito apartarle procura, lo que no pudiendo con él acabar, su favor le promete en el caso. Escalion viene diciendo ser la fenestra en que la doncella por su señor habie sido vista, del aposento de Isabela. Donde se sigue que pensando Flerinardo ser la mesma Isabela la que su corazon habia robado, más firme en su propósito, la procura servir, ordenando nuevas invenciones para poner en obra su deseo. Introdúcense:

FLERINARDO. — SELVAGO. — RISDEÑO. — ESCALION.

Flerinardo. Resuenen ya mis enormes y rabiosas querellas, rompiendo el velo del sufrimiento con que hasta hoy forzosamente han sido detenidas. Penetren los encumbrados cielos mis fuertes y congojosos clamores, forzando su fuerza sin ella por haber sido forzada con acaescimiento tan desastrado y fuerte. Maticen los delicados aires mis muchas y dolorosas lágrimas, de miserables y profundos sospiros esmaltadas. Descúbranse los furibundos alaridos, quebrantando los claustros y encerramientos que tanto tiempo han tenido, esparzan con su ligero ímpetu las delicadas exhalaciones de que el no domable corazon solie ser cercado. Apártese de mí todo contento, pues gloria sin ella, por haberla tenido, mis míseros sentidos han gozado. Dolor, angustia y pena procuren de hoy más mi compañía, quieran con querer lo que mi contraria ventura no queriendo quiso. Apercíbase mi pequeña fortaleza para tan horrenda batalla como comenzar quiere; descubra sus insignias y estandartes de clemencia, poniéndose los soldados de servicios en alarde de rompimiento. Resuenen los roncos atambores con querellosos zumbidos, los tiros mensajeros penetren con fuertes dislates los túrbidos vientos y municiones de majestad contraria; los ligeros dardos y tajantes espadas con desvíos consuman los míseros combatientes, inquira el fuerte caudillo del ingenio nuevas y exquisitas maneras de combates para que pueda venir en algun próspero suceso su fluctuoso partido. ¡Ay de mí, en quánto dolor y tormento el inhumano Cupido mi no subjetado corazon tan súbitamente pudo someter! ¡Oh amor, amor, cómo jamas creyera que tanta fuerza en forzar los no forzados alcançabas, perdiendo sin perder al no perdido para que del todo recuperar se pueda! ¡Ay de tí, Flerinardo, el más mísero de los míseros, sin que causa en tí se halle para que tal nombre te convenga! considera en qué estado tu contraria fortuna te ha traido despues de te haber libertado de muy muchos y grandes peligros, porque más agora, vuelta su rueda, su contrariedad en tu daño experimentases. ¡Oh, cómo mi tan amada libertad sin alguna se halla por haber sido tocada de la pestilencial ponzoña del inconstante Cupido, donde otra cosa no se espera suceder, sino que la vida junto con el ánima satisfagan al inviolable precepto de natura, si la causadora de tanto daño no pone la triaca saludable en la infistolada y encurable herida! Mas, ¡ay de mí! que primero las veloces influencias celestes dexarán su acostumbrado camino, que tal medicina en mi crecido mal sea aplicada, pues mi flaco merescimiento, con el grande de mi seráfica dea, en ello no da lugar, por lo cual soy forzado á que mi vida, llena de contrarias miserias, en miserias miserablemente perezca; y áun si esto con brevedad fuese, no pequeña gloria se me seguiria porque mi mal de todo punto se acabase. ¡Oh Cupido, tirano y crudelísimo juez! pídote, pues soy impotente para tan crudo tormento como, sin te ofender, en mí pusiste, ó me dés manera como le pueda sustentar, ó del todo exagerando tu injusticia, consuma ya mi trabajosa y triste vida. ¡Oh cruda y desastrada suerte de amadores, que cresciendo cada dia más sus fatigas, las fuerzas para sustentallas se disminuyen, y el sentido para más sentillas se aumenta, y la muerte, por dar más pena, huye de la penosa vida! ¡Oh vida sin vida, pues viviendo paso vida de muerte! ¡Oh muerte sin muerte, pues muriendo no muere mi pena! ¡Oh pena sin pena, pues penando no pena mi dolor! ¡Oh dolor sin dolor, pues doliendo su dolor es descanso! ¡Oh descanso de mi pena, remedio de mi cuita, amparo de mi tribulacion, auxilio de mi desconsuelo, vida por quien la mia se conserva, deja ya de atormentar á quien delante tu clarífico aspeto misericordia postrado demanda!

Selvago. ¿Qué es esto, señor Flerinardo, que tan súbito mudamiento al presente en vuestra figura se muestra? ¿por ventura habeis sabido alguna desastrada nueva de vuestra patria, que tales extremos os fuerza á demostrar, ó sentisos fatigado con alguna enfermedad inopinada? Por Dios, señor, no me lo tengais más celado, que bien sé ser algun arduo caso nuevamente en vos acaescido, pues siendo tamaña vuestra amistad, áun no soy desto sabidor; pídoos, mi señor, en quanto puedo, que más con el anhelo del callar vuestras pasiones y penas, por vos no me sean escondidas, pues que os es manifiesto que siendo vos triste no puedo yo ser alegre, y que teniendo vos pena no tendré yo placer, y finalmente, que vuestro mal y bien (como en la verdadera amistad conviene) ha de ser por mí igualmente rescebido; aliende lo dicho, como el sabio declara, diciendo que en los amigos todas las cosas han de ser comunes, y pues por tales yo y vos nos tenemos, justo es que de vuestro dolor me deis parte, porque en ello, si pudiere ser, os dé el remedio más conveniente, con que vuestros afanes algun tanto se disminuyan.

Fler. Si fuerça en la mia hubiese para él alguna manera demostraros, señor Selvago, el grave dolor que mis sentidos atormenta, ni vos dello seríades ajeno, ni yo dexarie de rescebir soberano consuelo en manifestar mis cuitas á quien sé que por suyas las tendria; mas, ¡ay de mí! que no solamente para declarar mi pena me falta poder, mas áun yo mesmo (lo que más en la enfermedad ha de tener) la causa del todo ignoro, de que se sigue un tan grave detrimento en mi penosa fatiga, que la muerte, en todo mal fin y cabo, en el mio para mayor gloria deseo ya que viniese, donde con ella se podrie ganar lo que en la vida por tan perdido tengo.

Selv. Aunque vuestras oscuras razones se muestran tales á mi flaco entendimiento, no por eso dexo de conjeturar de qué pié, como dicen, os sentis, por causa de tantos y tan diversos circunloquios y rodeos como en vuestra plática habeis usado, lo que siempre se les dió á los hermanos de semejante cofradía, como en la que vos, á lo que veo, quereis entrar, pagando la luminaria de muchas y muy diversas pasiones adelantada; mas aunque esto así pase, no por eso dexeis de manifestarme si vuestro mal es de amor, porque de semejantes criados y familiares que vos en vuestro transfigurado rostro demostrais, este perverso señor suele siempre acompañarse.

Fler. Quereros yo, señor, encubrir lo que vos tan fácilmente habeis entendido, poco ménos sería que locura; por tanto habeis de saber que ruando yo este dia, despues de vísperas, por la ciudad, la fortuna que lo ordenó, mis hados que lo quisieron, y mis ojos que fueron la causa, vi en una fenestra una dama de tanto valor y hermosura, que ni las pasadas la igualaron, ni las presentes la llegan, ni áun las por venir la podrán en alguna cosa hacer ventaja. Pues yo de tal vision espantado, no ménos fuera de mí que los tocados de Circes, ó los que tocaron sus labrios en el rio Lecteo, viéndome en otro mundo, nuevas costumbres y nueva manera de vivir desde entónces en mí se ha hallado; de que mi mísero espíritu de tal manera se siente afligido, que la vida tiene por muerte, y la muerte le sería dichosa vida.

Selv. De gana, señor Flerinardo, si no sintiese que os daba pena de la vuestra, me reiria viendo la noble condicion que teneis y soberano valor, puesto en una tamaña vanidad como en la que poneros quereis ó del todo estais metido; verdaderamente no pudiera pensar que así vuestro buen entendimiento y templado juicio tan de presto perdiésedes en os dar, las manos atadas y tan de ligero, á este valiente robador, cuyo engañoso poderío los vanos sentidos de los simples y soeces hombres de contino señorear procura, dándoles en el fin aquel galardon que su locura tiene merecido. Por vuestra fe, señor, mirá bien lo que hacés; no querais así someteros, de señor, á ser por vuestra voluntad siervo y muy abatido. Considerad los daños y desventuras que desde el principio del mundo hasta en nuestros tiempos ha cimentado, engañando con su apacible cara y fingidos regalos y caricias los que en alguna manera á su voluntad halla conformes. Si bien considerais, todos los que han escripto, veréis que por un sendero los más contra éste sus obras enderezan, contando los desastrosos acaescimientos que por él fueron urdidos y cimentados. Homero, el principal de los griegos escriptores y poetas, aunque en el proseguir de su historia muy ajeno, por eso no dexa de le dar sus toques, demostrando por su Ulixea la engañosa vida y costumbres de la luxuriosa Circes. Tambien Maron, entre los latinos poetas fénix único, todo el quarto libro de su Eneida en decir sus inicuos hechos ocupó; lo mesmo de Ovidio en su Metamorfoseos pareciendo. Salomon le llama pestilencia y lazo en que los ánimos ociosos como en liga se prenden. Tulio dice que ciega los ojos del entendimiento y causa en el cuerpo senetud sin tiempo, ansimesmo que de todos deben ser aborrecidos los que del todo se le dan. El divino Platon dice que torna locos y sin sentido á los en quien mora. Valerio Máximo le baptiza por raíz y principio de todos los males. Petrarca con diversos contrarios le blasona, diciendo ser un fuego intrínseco, una herida deleitosa, un sabroso veneno, una deleitable dolencia, que causa suave y dulce muerte. Hablando en lo mismo un autor de nuestros tiempos, dice que los enamorados impúdicos, como leprosos, deben ser excluidos de todo poblado y conversacion humana, queriendo demostrar ser el amor deshonesto una lepra, que no solamente á sus señores destruye, mas áun á sus familiares y alegados inficiona. Pues si los males que por él de hecho han sido tramados de palabra los quisiese demostrar, ántes el tiempo que la materia tendria fin determinado; mas aunque esto ansí sea, no dexaré de particularizar algunos para más vuestro propósito confundir y mi razon aprobar. Digo, pues, que las mayores guerras que en el mundo fueron ni serán, si á los autores creemos, que fueron las de los griegos y troyanos, por este sacrílego fueron cimentadas, donde tanta gente ilustre pereció, quanta el mundo hasta entónces habia criado. No fueron, empero, menores las que los romanos y sabinos en uno truxeron, donde por este cruel, hermano con hermano y padre con hijo atrozmente se mataban. Pues si queremos decir lo que en nuestra España, por intercesion de la Cava, discípula de este cruel malvado, pasó, bien creo yo que no faltaria qué, si las grandes y mortales llagas que de ello áun tenemos, del todo siendo guarecidas, en ello nos diesen lugar. En personas particulares es cosa espantosa de ver los daños que hasta hoy tiene hechos, pues David por él ofendió á Dios, á quien tanto amaba, tan gravemente, haciendo matar al inocente capitan suyo Urías. Salomon por él, pues, fué idólatra. Su hermano Amon por su causa murió muy desastradamente. Lo mesmo fué del fortísimo Sanson. El padre de Oréstes por él fué privado de la vida á manos de su mujer Clitenestra. Tolomeo, rey de Siria, por su causa recibió otra semejante pena que Agamenon. Por éste el famoso reino de Persia perdió el renombre de invencible, que por largos tiempos habia adquirido, siendo sucesor Sardanapalo, el cual perdió la dignidad de rey en traje femenino. Medea y Prógnes por él mataron á sus hijos. Semíramis, habiendo en hábito de varon regido á la gran Babilonia, por ella edificada, grande tiempo con mucho saber, el mesmo dia que tal vestido dexó, ganó para sí la muerte, dada por su hijo, á quien ella en mala parte amaba. Aníbal dexó de señorear la gran ciudad de Roma por él. Xérxes, á quien los vientos con las mares temian, por viciarse en este pecado perdió su reino y señorío. Por causa de éste se han cometido muy malos y nefandos pecados, como fué el de Passipha con el toro; Pigmalion, con una estatua de piedra; Cratis, pastor, con una cabra, donde por esta causa por un cabron de mala muerte fué muerto; Estello, con una yegua; Aristeo, con una asna; Calígula y Commodo, siendo emperadores romanos en un dia nascidos, pecaron gravemente con dos hermanas carnales suyas; tambien Hemon con Rodope, su propia hija; Thereo, rey de Tracia, con su cuñada Filomena; Thicthes, con Europa, mujer de su mesmo hermano; Sother, rey de Sicia, con su madrastra Stratonice; Ayax Oileo, con la profetisa Casandra; Dionisio el tirano, con las vírgenes Locrenses. Por éste, Tarquino el superbo, no tan solamente fué homicida, mas la muy hermosa y casta Lucrecia se dió con sus propias manos la cruel muerte, y por esta causa él, con todos los más de su linaje, fué afrentosamente de su reino y estado desterrado. Por éste, nuestro leal enamorado Macías miserablemente fué muerto. Por el mesmo, Dante y Petrarca, muy famosísimos y discretos toscanos, tambien padecieron mil cuitas y mortales deseos. Y finalmente, por esta pestilencial ponzoña, la más que matrona romana doña María Coronel, con un tizon de fuego, por no faltar la fe á su D. Alonso, cruelmente se mató. ¡Oh pues! ¿quién será tan de poco juicio, que así de su voluntad se ponga á padecer semejantes afanes como este tirano de contino á sus súbditos ofrece? Mirad, pues, señor Flerinardo, no tan solamente lo que he dicho, mas lo que pudiera decir, y veréis muy á la clara quánto mal será para vos poneros en mar, donde la salida es incierta y los peligros muy ciertos. Juicio tenés no tal que el mio haya menester; mirad con ojos de lince lo que de aquí habeis de sacar, y no solamente seguiréis mi parecer, mas á vos libraréis de muy cierto peligro y rigurosa muerte.

Fler. Por verdad, señor Selvago, que nunca hallé aquel dicho del cómico tan verdadero como al presente tengo en vos experimentado, que dice que fácilmente cuando estamos sanos y fuertes damos saludables consejos al doliente. Cierto si vos fuésedes herido con la hierba que yo estoy emponzoñado, de otra manera mudaríades vuestra plática; mas empero, porque no penseis que contra todo derecho servimos este poderoso señor, por vuestros mesmos exemplos probaré ser sus hechos rectos y justos. Decis primeramente que los griegos y troyanos, por el robo de Elena, tuvieron entre sí tantas batallas; digo que por ello deben mucho á la mesma Elena, pues fué causa á que sus famosos hechos en memoria hasta la fin del mundo quedasen, lo que de otra manera, pasando aquellos fortísimos capitanes su siglo en paz, de ninguna gloria fueran dignos; eso mesmo sus hechos y memorias perecieran con sus vidas, lo que es muy al contrario. Decis que los sabinos y romanos tuvieron ansimesmo entre sí grandes batallas; si bien mirais en ello, más fué por el robo que los siervos de Rómulo cometieron, que por causa de Cupido; y si dixésedes que lo uno se siguió de lo otro, digo que si por las doncellas y matronas que los romanos tomaron, se cimentó batalla en los que siempre habian sido enemigos, por ellas mismas se ordenó la paz, siendo dende en adelante buenos amigos y juntados en un pueblo, lo que Rómulo con buenas razones ni grandes poderes jamas habia podido acabar. A lo que replicais de la destruycion de España, revolved los historiadores y verés si todos se concuerdan en que lo tal subcedió por los pecados de los mesmos españoles, y no tanto por lo que la Cava cometió. Decis que David fué adúltero homicida; mirad lo que dello se siguió, que fué su mucha contricion, por donde fué perdonado, quedando por muy puro amigo de Dios, que tanto como entónces nunca se habia demostrado; siguióse tambien dello el nascimiento de aquel, que sabio de sabios fué llamado, que fué el grande y sapientísimo rey Salomon. Por consiguiente, todos vuestros exemplos podrie volverlos en contra vuestra opinion, sino por evitar fastidio se dexára, demostrándoos brevemente los muchos y soberanos provechos que del amor se siguen á los que con fidelidad servir le procuran. Lo primero es que el amor engendra en él forma ó cuerpo humano, noble y cortés condicion, suave y dulce policía, mucha afabilidad en los poderosos, mediana estimacion en los no tales, grande curiosidad en todas sus cosas, convenible estimacion y gravedad en sus tratos, vida pura y limpia de toda mácula, deseo de ser sabios y virtuosos, grande aborrecimiento de cualquiera liviandad, templada medida en sus pasatiempos, gran recato en lo que mano ponen, mucha habilidad en cualquier cosa, voluntad entera de servir á Dios, tanto por lo que les conviene, cuanto porque digan delante de quien aman bien dellos, de donde se sigue la pureza del ánima, que es guía de la verdadera beatitud. Allende desto, al que es torpe le vuelve avisado, al tosco polido, al superbo humilde, al presuntuoso afable, al avaro liberal, al luxurioso casto, al gloton templado, y finalmente, al amador de todos los vicios le torna siervo de todas las virtudes. Éste hace que los reyes, uno con otro, tengan paces; pacifica esto mismo los reinos, engrandece los linajes, hace nobles á muchos, convierte dos almas y cuerpos en uno, aplaca los robustos, vence los fuertes, doma los superbos, al cobarde da osadía, al temeroso esfuerzo, al inconstante firmeza; entre los reyes reina, entre los caballeros señorea, entre los cibdadanos manda, y entre cualquier otra gente es por señor tenido. De todos es amado, de todos acatado, de todos querido, de todos, finalmente, por señor tenido. Mirad pues, señor, qué es lo que de él siento en lo poco que le he servido, y conocerés qué podrá dél manifestar el que largo tiempo le contrató. Una cosa sola os quiero decir, y es que más querria morir con amor que vivir sin él, porque así la muerte sería dichosa, y por el contrario, la vida del todo desventurada. Y por tanto, pues claro habeis visto cómo tan bien he demostrado mi intencion, y sabeis ser lo que digo verdad, pídoos, por el amistad firme que entre nosotros está, que más mal no digais del amor en mi presencia, porque no será en mí sufrirlo; solamente, si mi vida quereis, me dad algun medio para que la amorosa pasion que me atormenta, del todo no me consuma, disminuyendo la pena á mi trabajosa vida.

Selv. Por verdad que no me faltaban evidentes razones para del todo confundir las vuestras si no mirase vuestro expreso mandamiento, y que todavía, si vos razonais en favor del amor casto y honesto, no tengo yo por qué vituperalle, por ser en sí loable y bueno. Mas, si esto es así, no sé cómo pedís remedio á vuestra pena, puniéndola tal nombre, salvo si es alguno de los que vuestro maestro Ovidio y otros tales han instituido; en lo cual, porque creais que en todo hago vuestro ruego, no dexaré de señalar algunos á vuestra pasion más convenibles; es pues uno de ellos, que todo amador debe, como capital enemigo, huir la ociosidad, poniéndose en arduos y grandes negocios, con que poco á poco pierdan la memoria de lo que aman. Asimismo leer libros sanctos y buenos, darse á los estudios, usar la caça, ya con canes, ya con volatería, porque estando el cuerpo cansado el dia en semejantes cosas, la noche en dormir gastará sin de más tener memoria. Tambien dicen ser cosa provechosa partirse á otras tierras, desviarse de su vista en quanto ser pueda, pues vemos claramente por experiencia, que miéntras más léxos se hallan del fuego, más seguridad se tiene dél. Tambien es provechoso abstenerse del vino y manjares espléndidos, macerando el cuerpo con ayunos y abstinencias, con que mucho se refrena y resiste la luxuria. Eso mismo, quando se sintieron muy penados, deben de tomar pláticas con otras mujeres, mas no de tal manera que por huir de un peligro caigan en otro mayor. Deben tambien procurar de despedir de sí todas las señales de enamorado, porque de lo fingido suelen venir á lo verdadero. Dicen tambien ser cosa provechosa no estar mucho tiempo empleados en un cabo, porque el árbol de dos dias puesto, más fácil se destruye que el de muchos años. Debe tambien el que desea ser libre de esta pasion desechar de sí á los tales como él que cumplieron sus deseos. Asimismo deben huir la compañía do hay copia de mujeres, y sobre todo no las ver bailar ó tañer, porque entónces tienen la propiedad del basilisco; despues, si acaso la dexáre, debe no tener memoria de los pasatiempos y placeres que con ella tuvo, que es cierto la recaida peor que la caida. Dice despues desto el mismo Ovidio, alguno dirá estos preceptos ser duros y no de sufrir, pero ha de mirar que ninguna cosa grande costó poco, y que quien algo quiere, algo ha de hacer; porque muchas veces vemos al enfermo tomar cosas muy agras y malas, y que lo que pide no se lo dan, y que le constriñen á que tome lo que no querria por ventura ver, y todo lo sufre por ser sano; por lo mismo consiente barrenar su cuerpo con hierros abrasados y otras cosas semejantes. Otro remedio cuenta para el amor el magnífico caballero Pero Mexía en su Silva, con el cual sanó Faustina, mujer de Marco Aurelio; la cual, como excesivamente amase á un esgrimidor de los que hacian los regocijos públicos, y viéndose en peligro de muerte, por esta causa los médicos mandaron matar y quemar al esgrimidor, y los polvos bebidos en vino por Faustina, fué libre de su amor inhonesto; él mismo da otro remedio, á mi ver el más provechoso que se puede hallar, el qual es que quando uno está de amor muy penado, que le casen y junten con quien ama y ansí será libre. Vos, mi buen señor, mirad si alguno destos os hacen al caso, y luégo por obra se ponga: catad que con la brevedad podria haber remedio en lo que de otra manera sería escusado. Asimismo os suplico que me digais qué sentís de mis palabras, y si os he con ellas dado la pena que en mi porfía verdadera poco há recebistes.

Fler. Son tan diversas vuestras razones, señor Selvago, que bien en ellas se muestra lo mucho que de mi propósito estais ajeno, porque si muy bien mis palabras entendiérades el trabaxo que con tan larga plática habeis rescebido, fuera escusado; mas porque del todo no creais que habeis dado palabras al viento, sabed que el remedio postrimero que señalastes, ó la muerte, lo puede ser de mi pena, que en lo demas no os pido yo cómo del amor fuese apartado, que, como otra vez he dicho, tendrie por mejor la muerte, sino manera alguna para en él largo tiempo permanecer.

Selv. Tampoco yo quiero que penseis, señor Flerinardo, que por falta de inteligencia repliqué no á vuestro propósito, porque sabed que todavía por veros fuera de semejante pena (aunque más gloria por vos sea llamada), os truxe á la memoria la doctrina de Nason, deseando que, siendo de vos seguida, saliésedes de la tenebregura y oscuridad en que puesto estais, porque claramente pudiésedes ver la diferencia, que de mis buenos consejos á vuestras escusas no justas se señala. Mas, pues tan duro y tenaz en vuestro propósito os mostrais, y veo ser por demas la citola en el molino si el molinero es sordo, no con poca pena habré de seguir vuestra voluntad, poniendo por obra vuestro querer. Una cosa os pido eficazmente, que me señalés quién ansí fué bastante tan repentinamente á subjetar vuestro corazon nunca domado, para del todo ver si la tal pena con razon sustentais.

Fler. Pláceme, señor, en que os he convencido á lo que tanto deseaba, y por el auxilio que me prometeis, os doy soberanas gracias, quedando en deuda para quando en semejante negocio esteis puesto.

Selv. En otra cosa me lo podeis pagar si algo fuere, que en eso á buen seguro estoy de no os haber menester. Y porque veais en qué lo estimo, os prometo que tomarie quantos juros y rentas me trujesen pagados á cien mil el millar para quando fueseis enamorado y yo fiador, que no se cumpliese tan presto el término como el del otro que mercó el sayo de seda en Granada por gran precio, pagando un real por cada azotado que sacase la justicia hasta que la postura se cumpliese. Mas dexado agora esto, decidme ya, si querés, quién la señora sea, que lo deseo en estremo saber.

Fler. Primero os quiero traer á la memoria una historia antigua para que más asegurado satisfaga á vuestra peticion. Sabed, pues, que, como recita Bocacio y ántes dél Valerio, Candaulo, rey de los lidos, demostrando su mujer, que muy hermosa dama era, á un gran amigo suyo llamado Gigés por habérselo rogado mucho, vino que aquel Gigés, muy enamorado de su hermosura, buscó manera para cumplir sus deseos, y viendo ser imposible en vida del Rey, le mató alevosamente, y siendo él poderoso señor, alcanzó lo que tanto deseaba juntamente con el reino. Bien veo ser esto para con vos escusado, mas, porque es de sabios prevenir con tiempo á lo que acaescer puede, lo digo. La señora que de sola su vista me captivó, sabed que quién sea áun yo lo ignoro por causa que lugar para sabello me faltó; mas di el cuidado desto á mi criado Escalion, que acaso comigo entónces, como suelo, lo llevaba, y como él sea un hombre que en este caso ó para una quistion, en el reino dubdo que se halle otro tal, muy confiado en su buena industria, por no dar causa de sospecha á los que pasasen, á mi posada me vine, dexándole á él allá, donde no ha vuelto.

Selv. Pues así es, envia un paje á saber en qué se detiene, y sea Risdeño mi enano, que muy entendido en cualquier cosa le hallo.

Fler. Muy bien me parece; hacedle venir aquí.

Selv. Risdeño, Risdeño.

Risdeño. Señor.

Selv. Mira dó te manda que vayas el señor Flerinardo.

Risd. ¿Es para matar á álguien, por ventura? sea, que mi buena disposicion á más que eso me convida.

Fler. Vén acá, amigo Risdeño; tú has de ir por el monesterio de la Trinidad y adelante, á do este dia estuvo el que volteó en la maroma, mira acaso si ves á mi criado Escalion por allí, y dirásle que mucho espacio es el suyo para en la priesa que estoy puesto.

Risd. No más, señor, que yo se lo diré, y si fuese necesario le daré una fraterna; que sin dubda en algun bodegon con alguna dama quintañona se debe haber detenido, como suele.

Fler. Anda, que no es de los que piensas; mas escusado es, que ves, allí viene.

Risd. ¡Oh hi de puta, y qué color trae el gentil odre; parece que entró á matar el fuego de Sant Francisco, segun viene de sudando y tiznado! ¿Qué es esto, Escalion? ¿habeis andado á moxinetes y más ruin sois vos con alguna legion de sartenes ó calderas, que por cierto que pareceis poco ménos que moharrache con vuestra cara de membrillo asado en horno de pastelero?

Escalion. Ea, peonzuelo de axedres, calla, que por el terrible baladro de Merlin hé de os dar un puntapié por esos vientos, que cuando acordeis á caer no valga el real de á cuatro en el reino.

Selv. Tente, Escalion, ¿no ves que es mi criado?

Esc. ¡Oh pesar de la gruta de Hércules! ¿y no mirais las afrentas que en la cara me ha dicho el ratoncillo de monja, que juro por el acerado mazafrusto de Sócrates, por ménos que esto suelo yo poblar un nuevo ciminterio, y dar un mes qué hacer á todos los clérigos de un arzobispado?

Fler. No haya más, Escalion, que bien se ve lo que tú vales; mas dime, yo te ruego, lo que concluido dexas, y si conociste á la causadora de mi pena.

Esc. ¡Oh pesar de las que en la cara tengo y tal decis! pues ¿era yo por ventura algun niño, que una no nada que me mandábades, no habia de cumplir? Sabed que supe quién eran sus padres y cómo la doncella se llama, y antejuro por la fantasma de la reorpada de una su familiar, que no poco obligada á mi servicio queda.

Fler. Dime ya ¡oh! por tu fe, mi buen amigo Escalion, lo que tanto deseo, en dos palabras; no uses de tantas circunferencias con quien la soga en la garganta la nueva está esperando.

Esc. Pues así lo quieres, así sea: sabrás que como de tí me aparté, yo me lancé en su posada de un vuelo, y sin haber quien cuenta me pidiese, yo me voy en la cocina, donde aguardando tiempo, detras de una artesa un rato estuve escondido.

Risd. ¡Oh, cómo miente el panfarronazo; y aquí el quarto viene todo tiznado, y dice que estuvo tras una artesa!

Esc. Landrezuela, ¿áun no querés callar? ¿qué estais murmurando entre dientes?

Fler. Déxale, hermano: prosigue en tu plática.

Esc. Pues sabréis, señor, que no mucho despues que allí entré, vino á la cocina una dueña honrada, con quien yo otro tiempo tuve conocimiento, que, como yo la vi, salgo á raso, donde despues de muchas pláticas la pregunto quién allí vivie, y quién era una hermosa doncella que á la fenestra que salie á la plazuela habrie una hora estaba en ella puesta; entónces con muy buena voluntad me respondió que la casa era de Polibio.

Selv. Ya, ya, ya, no más, por vida de todo el mundo, señor Flerinardo, que sois enamorado de Isabela, hija del mismo Polibio, que mi hermana Rosiana muchas veces me ha dicho que es la más gentil dama de este pueblo, con quien ella tiene mucha conversacion y amistad.

Esc. Voto á rus, bien se ha ordenado, que juro á mi vida sólo pude saber que vive allí Polibio, y lo demas era compuesto.

Fler. ¿Qué es lo que estás diciendo contigo, Escalion?

Esc. Digo, señor, que así es como el señor Selvago dice.

Selv. Pues más os hago saber que tiene muy gran patrimonio para ella, que otro hermano que tiene de muy niño con un tio suyo que le prohijó fué en unas naos á cierta provincia de la Nueva España, donde iba por Gobernador, y nunca del uno ni del otro hasta hoy se supo; mas de su mucho recogimiento, os hago saber que, segun de mi hermana sé, es muy grande, por lo qual este negocio pongo en grandísima dubda.

Fler. ¡Oh alto y poderoso Dios, cómo son grandes tus maravillas! que yo deseaba en estremo esta nueva, pensando que algun descanso en mi afligido corazon pondria, y á lo que veo ha ser para mi mayor tormento, sabiendo del soberano valor de mi seráfica dea, de mucha castidad adornado, y mi baxo merecimiento de inmensas pasiones esmaltado: ¡ay de mí sin mí! pues lo soy de quien teniéndome en sí convertido, memoria de mí ninguna tiene, ni en mí poder se halla, por su crescido merescimiento, para que mi trabajosa fatiga manifestada le sea.

Risd. Señor Flerinardo, por el amor que mi señor os tiene haré por vos lo que por otro que él no hiciera, esto es, que yo voy algunas veces con recaudos de mi señora Rosiana para ella, yo os manifestaré la primera vez que haga este camino, y podréis comigo envialla á decir vuestro propósito, que yo me profiero, atento á lo ya dicho, de por obra ponello, y esto ha de ser con que hagais á Escalion alguna afrenta ó le nalgueis bien, porque me quiso denántes tragar, y me llamó peon de axedres, raton de monja y otras mil sabandijas; sino de otra manera será escusado.

Selv. Juro de verdad que mi Risdeño ha dado el mejor camino que en esto puede haber; no resta sino que así se determine, que yo seré en que presto se haga.

Fler. Tan usado soy toda mi vida á sufrir desventuras, que dubdo si soy yo á quien tanto bien se le concede; á vos, señor Selvago, doy las gracias por las mercedes que sin yo merecello de contino me haceis, y á tí, hermano Risdeño, prometo que de mí no vayas descontento.

Risd. No quiero otra cosa sino lo que he dicho.

Selv. Por mi fe, Risdeño, que la afrenta que le harán ha de ser hacelle amigo tuyo.

Risd. Amigo sea él de Barrabás, que mio no por agora.

Selv. Cierto que lo has de hacer.

Fler. Ea, Risdeño, haced lo que vuestro señor os manda y yo mucho os ruego.

Risd. Agora, pues todos me lo rogais, sea, con tal condicion que me pida perdon de lo pasado.

Fler. Cumple con él, Escalion, por tu fe, que bien sabes lo que en ello me va.

Esc. Áun él piensa que lo tiene todo acabado.

Fler. Dexa eso, haz lo que te digo, que ninguna honra pierdes.

Esc. Quiero pues: señor Risdeño, yo os pido perdon de las descortesías que os dixe.

Risd. Levantaos, hijo, Dios os dexe lograr.

Esc. Hi, hi, hi, gracioso está por mi vida, y la mano me da que le bese; quita, Risdeño, que eso no quedó en la postura.

Risd. Anda, que bien la puedes besar, que una vez llevé el acetre al cura quando un domingo echaba agua bendita, y áun os promete que esta mano os vengue de quien os enojáre.

Selv. ¿Estás ya contento, Risdeño?

Risd. Sí, y muy pagado.

Selv. Alto pues, bien será que yo me vaya á mi posada, que se hace hora de acostar; por la mañana nos juntarémos en la iglesia, señor Flerinardo, y darémos una vuelta cabalgando por esa calle, que gran deseo tengo de á vuestra señora ver, por las nuevas que della tengo.

Fler. Si poder para salir fuera tuviere, así se hará.

Selv. Haceos al trabajo, que no es tiempo de regalo, y á Dios quedeis.

Fler. Con él vais, mi señor.

Risd. ¿No me hablais, amigo Escalion, que me voy?

Esc. San Cristóbal os acompañe, gentil hombre.

Risd. El pajecito de Sant Bartolomé con vos quede.


CENA SEGUNDA DEL PRIMER ACTO.