Produced by Larry Bergey and the Online Distributed Proofreading
Team. This file was produced from images generously made available by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr
LOGICA
DE
D. ANDRES PIQUER,
Médico de su Magestad.
TERCERA EDICION.
MADRID. MDCCLXXXI.
Por D. JOACHIN IBARRA, Impresor de Cámara de S.M.
INTRODUCCION.
[1] La Lógica artificial, al modo de las demas Artes, tomó su origen de la naturaleza. El entendimiento humano por su fuerza natural alcanza las primeras verdades, y para asegurarse de las demas que dependen de ellas, hace combinaciones; con las quales quanto mas se arrima á las verdades primitivas, tanto mas se asegura de la certidumbre en lo que piensa. La combinacion mas universal de pensamientos es la que hace enlazando unos con otros, por la necesaria conexîon que entre sí tienen todas las verdades. Entre los enlaces y conexîones de pensamientos el mas familiar y mas seguro es el que se executa por el raciocinio, que los Griegos llamaron Sylogismo; pues de la junta de dos pensamientos en cierta manera dispuestos resulta un tercero distinto de ellos; con el qual el entendimiento se asegura, y se confirma en lo que quiere saber. Esto con un poco de meditacion conocerá qualquiera que su propio entendimiento lo hace naturalmente, aun en las cosas que son del trato civil, y por eso á esta fuerza de la mente humana la llaman conatural. Para manifestar algunos antiguos esta fuerza natural de discurrir la extendieron á los brutos; porque si un perro que va en seguimiento de otro animal llega á tres caminos, se pára un poco, y para tomar el uno, dexando los otros dos, decian que forma este raciocinio: el animal ha ido por uno de estos tres caminos: no ha ido por este, ni por este: luego por este otro[a]. La verdad es, que son los hombres los que hacen este argumento: los perros, llevados del olfato, y de la pura impresion, que los objetos cercanos hacen en sus sentidos, son llevados sin discernimiento á preferir una cosa mas que otra, como lo hemos mostrado en nuestro Discurso del Mecanismo. Este argumento del perro se halla con mucha freqüencia en los libros modernos; pero su origen, como sucede en otras muchas cosas, es antiguo.
[Nota a: Sexto Empirico trae esto con extension. Pyrrhon. hypot. lib.
I. cap. 14. pag. 19. edic. de Lipsia de 1718.]
[2] Algunos hombres de buen ingenio, reflexîonando sobre la fuerza natural de raciocinar, observaron, meditando mucho en ello, el modo como el entendimiento procede con mas acierto en la formacion de los raciocinios. De esta observacion nacieron las reglas; y la junta de estas reglas formó el Arte; porque así como la observacion atenta de las obras de la naturaleza ha dado motivo para establecer máxîmas constantes en la Física, del mismo modo la observacion atenta de lo que executa el entendimiento raciocinando, ha dado fundamento al Arte Lógica. Es, pues, la Lógica artificial Arte de descubrir la verdad por el raciocinio. Como hoy los Filósofos se han extraviado mucho de la verdadera Lógica, es preciso aclarar mas este asunto. No es lo mismo la razon que el raciocinio: distínguense entre sí, como que la razon, aunque incluye raciocinio, se extiende á otras cosas que no lo son. Las primeras verdades, ó primeros principios del entendimiento humano son la razon fundamental de todas las cosas, y estos no pueden probarse por sylogismos, porque no hay otras verdades que puedan servir de premisas para formarlos; y si las hubiera (ademas de que no fueran ellas las primeras), serian menester otras para probar aquellas, y así seguiría hasta el infinito. Las verdades primitivas de cada ciencia particular pertenecen á la razon, y no al raciocinio. Así que el asegurar que la nieve enfria, que el fuego calienta, y las leyes primitivas, esto es, mas simples que guarda la naturaleza, observadas por nuestros sentidos, dan fundamento al juicio para formar las primeras nociones de que se compone la buena experiencia, la qual está fundada en la razon. De principios establecidos con la recta razon se forman los buenos raciocinios: por donde estos, así en la raíz; como en la extension, se han de considerar como fundados en la razon, aunque en cierto modo diferentes de ella. Conviene tambien entender, que cada Arte científica tiene sus propios principios, y verdades fundamentales por donde se gobierna; de modo, que el que no esté instruido en ellas, nunca se debe tener por períto en aquel Arte. La Teología natural (nombre que daban los Gentiles á sus discursos sobre la naturaleza de Dios) mira como principios las luces primitivas del entendimiento sobre la Divinidad: la Teología christiana, sin despreciar la Teología natural, añade por principios lo que Dios ha revelado por las Divinas Escrituras, y por la viva voz que conserva la Iglesia en las tradiciones Apostólicas. La Jurisprudencia tiene por verdades fundamentales lo que el entendimiento descubre tocante al Derecho Natural y de Gentes, y las Leyes justas que los Príncipes establecen en sus Dominios respectivos. La Física en todos sus ramos tiene por verdades fundamentales lo que llega á saberse de la naturaleza por racional experiencia. La Éthica, ó Moral, sienta como principios lo que por observacion se descubre en el ánimo de los hombres, y lo que la recta razon prescribe para gobernar sus movimientos. A este modo todas las Artes tienen sus fundamentos, que les son propios, y no pertenecen los de una á otra; bien que por la conexîon de todas las verdades, se enlazan entre sí maravillosamente, si se llegan á entender. Hay otras Artes, cuyos principios les son particulares; pero el uso de ellas es transcendental á todas las otras, porque todas, sin excepcion, pueden útilmente valerse de ellas: así son la Gramática, Retórica, y Lógica. Como los hombres han adoptado el habla como medio mas á propósito para comunicarse entre sí los pensamientos, la Gramática, que establece reglas para hablar, es de uso extensible á todas las Ciencias, porque no hay ninguna que pueda comunicarse sin las voces. Pudiendo al hombre ser útil persuadir á los demas lo que él entiende en las cosas, qualesquiera que estas sean, la Retórica, cuyo oficio es persuadir, es acomodable á todas las Ciencias, porque en todas se puede ofrecer la persuasion. No habiendo cosa mas facil que engañarse el entendimiento humano, teniendo por principios los que no lo son, y tomando por verdades las que distan mucho de serlo; la Lógica, cuyo oficio es raciocinar, le da luces para asegurarse de la verdad por medio del raciocinio. Así que la Lógica es instrumento de que se pueden valer las demas Artes para asegurarse de la verdad en los discursos que se hacen en ellas; mas ninguno es científico porque sea Lógico: y yerran los que con el estudio solo de la Lógica se creen aptos para disputar, discernir, y juzgar de las verdades de las demas Ciencias. Ciceron cayó en este defecto, porque hace á la Lógica facultad de discurrir, difinir, dividir, y juzgar[a]; lo qual es tan ageno de ella, que en manera ninguna le pertenece. La autoridad de Ciceron para la eloqüencia es muy grande; mas no así para la Filosofía, porque en esta anduvo vago: tuvo mas erudicion que solidéz; y sus noticias son, no para que nadie se haga Filósofo, sino para adornar, quando le convenga, los discursos de Filosofía. En la antigüedad ya hubo algunos que hicieron este juicio, y entre los modernos hay contiendas sobre este mismo asunto[c]; y quando no hubiera otra autoridad para confirmarlo que la de San Agustin, era muy bastante, porque el que lea este Santo Doctor, si no está ciegamente apasionado, ha de confesar que supo mas Filosofía que todos los Gentiles[d]. Esto se toca aquí, porque hoy reyna una general preocupacion á favor de los Escritores Griegos, y Romanos; los quales, aunque conocemos, y confesamos que en algunos puntos de literatura fueron aventajados, unos en unas cosas, y otros en otras, con todo no han de tenerse por Maestros inconcusos de las Artes y Ciencias, debiendo nosotros hacer con ellos lo que ellos hicieron con sus mayores, que fué mirarlos con respeto, como primeros Maestros; pero no seguirlos, sino quando daban pruebas suficientes de la verdad. Los que hacen profesion de las humanidades (llámanse así los estudios de las lenguas y del buen gusto) son los que dan mas aumento á esta preocupacion, porque estos por lo comun se internan poco en la Filosofía, y en las Facultades serias, se emboban, y se enagenan con las palabras, frases, y modos de hablar de los Autores Griegos, y Romanos; y como estos mezclaron en sus escritos alguna doctrina Filosófica, y sentencias Morales, Políticas, &c. embebecidos con esto, se creen entendedores de todas las Artes; y muchos de ellos llegan al desvarío de pensar, que en la inteligencia de esas cosas consiste toda la ciencia; y con una cita de Ciceron, de Lucrecio, de Juvenal, ú otro Escritor semejante, quieren decidir la qüestion mas ardua de la Filosofía. Pero las lenguas no son las ciencias, sino los conductos por donde se camina á ellas: y las demas cosas de humanidad son adornos que dan pulidéz á las Artes; mas no son, ni consiste en ellos la sabiduría. Si uno ha de juzgar de una obra de Física, no le sirven las lenguas, ni las humanidades, sino el estar bien instruido en las obras y leyes de la naturaleza, averiguadas por la observacion, y sabidas por la experiencia. Lo mismo sucede en el Jurisconsulto, Teólogo, &c. Por lo que toca á la Lógica, haciendo de ella buen uso, sirve para todas las Ciencias, porque en todas puede reducir á raciocinio los argumentos con que se intentan probar las cosas, ver lo que se puede demonstrar, y lo que queda en términos de opinable, y conocer los sofismas para desenredarlos.
[Nota a: Sequitur tertiò quae per omnes partes sapientiae manat & funditur, quae rem definit, genera dispartit, sequentia adjungit, perfecta concludit, vera & falsa dijudicat, disserendi ratio & scientia: ex qua cum summa utilitas existit ad res ponderandas, tùm maximè ingenua delectatio, & digna sapientia. Cicer. Tuscul. lib. 5. cap. 25. pag. 477.]
[Nota b: Véase Luis Vives de Caus. corrup. art. lib. 4. pag. 394.
Edicion de Basilea 1550.]
[Nota c: Brukero His. Philos. tom. 2. p. 49.]
[Nota d: S. August. Confess. lib. 3. cap. 4. p. 90. & lib. 1. contra Académicos, cap. 2, tom. 1. pag. 253. & de Civit. Dei, lib. 4. cap. 30. tom. 7. pag. 110.]
[3] De lo dicho se deducen el objeto, y fin de la Lógica. El sugeto ó materia en que se emplea esta Arte (que es lo que comunmente llaman objeto) es el silogismo ó raciocinio, y qualquiera otra especie de argumento que se puede reducir á él. El fin de la Lógica es asegurarse de la verdad, y descubrirla por medio de los silogismos, enlazados unos con otros, hasta llegar á las verdades fundamentales y primitivas; en cuyo término, quedando convencido el entendimiento, sosiega y queda satisfecho. Así que el conocer la verdad de las premisas de los silogismos no es de la Lógica, sino de las Ciencias á quienes ellas pertenecen: y quando se niega una premisa, de qualquiera facultad que sea, lo que hace el Lógico es probarla por otras verdades, con las quales se vea el enlace de la que se niega, hasta llegar á los primeros principios. Lo mismo que se hace quando se niega, se debe practicar quando se afirma, si se quiera impugnar la afirmacion. De aquí se deduce, que el exâmen de las verdades científicas pertenece á las Ciencias: y á la Lógica solo le toca ordenarlas en silogismos, para descubrir la conexîon, ó inconexîon que tienen entre sí, y con los principios fundamentales de cada Facultad. Entendido esto, se echa de ver quanto distan de la verdadera sabiduría los que no han estudiado otra cosa que la Lógica. En el tiempo presente se componen unas Lógicas que hablan de todo, en todo se meten, no hay cosa que no censuren, ni Ciencia de que no hagan crítica, porque el gusto dominante es hablar en todas las Ciencias sin entenderlas; pero el que quiere verdaderamente saber, ha de estudiar, y profesar las Artes, mirándolas en sí mismas, y con atencion á los principios fundamentales de cada una de ellas, valiéndose de la Lógica para asegurarse de la verdad, desenredar los sofismas, y distinguir lo opinable de lo demonstrativo. Por haberse abandonado esta manera de estudios, es tan grande el número de los semisabios, que, no teniendo mas que noticias superficiales de las Ciencias, creen entenderlas todas.
[4] Dirán contra esto, que el señalar este objeto, y fin de la Lógica es reducirla á términos muy estrechos: que los Estoicos y Peripatéticos le dieron mayor extension, y esto mismo es lo que hacen los modernos. Es cierto que los Estoicos hicieron á la Lógica Arte de juzgar de las cosas, y mezclaron con ella lo que pertenece á otras Ciencias. No han quedado escritos de Zenon, Príncipe de los Estoicos, ni de Chrysippo su discípulo, los quales se cree haber sido grandes Lógicos; pero por lo que leemos en Laercio, Sexto Empírico, Plutarchô, Ciceron, y otros antiguos, bien que lo que trahen no son mas que pequeños fragmentos, venimos á conocer, que los Estoicos confundieron los asuntos de la Metafísica y Animástica (llámase así la parte de la Filosofía que trata de Anima) con la Lógica; y como su principal aplicacion la pusieron en la Moral, siendo muy diminutos en lo demas, por eso no se han de tener por norma en los estudios Lógicos. Séneca, sin embargo de haber sido Estoico[a], reprehende muchas veces la Dialéctica de estos Filósofos. Fuera de esto, los que estan versados en los Autores propuestos, facilmente conocerán, que fué vicio general de los Estoicos amontonar, tomando de los demas Filósofos muchas cosas para formar su especial sistema. Aristóteles, Príncipe de los Peripatéticos, tuvo por objeto de la Lógica el modo de saber, que se consigue por el argumento; y como todas las maneras de argüir se refunden en una, que es el sylogismo, por eso la Lógica de Aristóteles mira como sugeto y materia suya al raciocinio. Todo sylogismo, á qualquiera materia que se aplique, ó demuestra la cosa, ó la hace probable, ó la enreda, por donde ó es demonstrativo, ó opinable, ó sofistico. Aristóteles en los libros que se intitulan Analíticos primeros trata del sylogismo en general, explicando quantas propiedades y circunstancias debe tener para estar bien formado. En los Analíticos posteriores trató del Sylogismo demonstrativo con admirable doctrina. En los ocho libros de los Tópicos, que quiere decir de los lugares de donde se toman los argumentos, explicó los sylogismos probables, descubriendo y declarando quantas maneras puede tener el entendimiento humano para discurrir de las cosas con probabilidad. En el libro de los Elenchôs trató de los sofismas, poniendo á descubierto todas las maneras artificiosas de engañar con los raciocinios. Mas viendo este grande Filósofo, que para formar esta obra eran precisos algunos materiales, como son las nociones simples, que llama Términos, en los quales se incluye el nombre y verbo: y nociones compuestas que llama proposiciones, en las quales se incluyen las difiniciones y divisiones para explicar estas cosas puso como introduccion el libro de las Cathegorías y el de Enuntiatione, que otros dicen de Interpretatione, en Griego [Griego: Peri Ermeneias], esto es, de la formacion de las proposiciones.
[Nota a: Véase Séneca epist. 82. pag. 544. y epist. 48. pag. 464. edic. de Justo Lipsio de 1605.]
[Nota b: Véase Ciceron Academ. lib. 2. cap. 6. pag. 13. Bruckero Hist. Philos. tom. 1. p. 903. Gassend. Logic. cap. 6. tom. 1. p. 49.]
[5] El que quiera saber Lógica, lo conseguirá leyendo todos estos libros de Aristóteles en él mismo, y se admirará de ver dos cosas: la una el ingenio, penetracion, y solidéz de este Filósofo: la otra el que á vista de cosas tan claras, ciertas, y fixas, como en estos libros se manifiestan, haya quien se atreva á despreciarlos, ó para introducir en su lugar cosas vanas, ó para mantener un riguroso scepticismo. No por eso tenemos á Aristóteles por Escritor indefectible, y de suma autoridad: sabemos muy bien, que como hombre cometió sus defectos, que, descubre en bastante número en los libros citados de Aristóteles nuestro Luis Vives[a], bien que en esto mismo se excedió un poco este excelente Crítico, como lo verémos á su tiempo. Lo que hizo Aristóteles hago yo, siguiendo su exemplo, en esta Lógica; porque ademas de tratar de todas las clases de raciocinios, explico tambien las nociones simples y compuestas: muestro los errores que se mezclan en ellas, tomando algunas cosas, aunque pocas, de la Metafísica, y algunas mas de la Animástica, por la conexîon y enlace de todas las Artes, y la necesidad de valernos de las verdades mas simples, puesto que unas ilustran á otras, guardando el orden de no tomar de otras Ciencias mas que lo preciso para hacer mas patente y comprehensible el modo de saber por el raciocinio, como objeto de la Lógica. Si los modernos en sus Lógicas guardasen este estilo, no los culparíamos; pero como tratando muy de paso de lo que propiamente toca á la Lógica, se extravían á la erudicion, á la crítica, al modo de escribir los libros, á las reglas del buen gusto, y á otras innumerables cosas que no pertenecen á la Lógica, sino á otras Ciencias, por eso con el estudio moderno de las Lógicas no tanto se forman verdaderos Lógicos, como hombres dispuestos á hablar de todas las Ciencias sin hacer profesion de ellas.
[Nota a: Vives de Caus. corr. artium, lib. 3.]
[6] Algunos distinguen la Lógica propiamente tal de la Dialéctica. Ni Platon, ni Aristóteles usaron de la voz Lógica, tomada como nombre substantivo: alguna vez se encuentra en ellos como adjetivo; pero sí usaron de la voz Dialéctica. Introdúxose la voz Lógica, como significativa de una Ciencia particular, por los Griegos posteriores, y la adoptaron los Autores Latinos, por donde se ha hecho tan general su uso, que es indispensable valernos de ella. Entiéndese, pues, por Lógica el Arte que enseña los preceptos de raciocinar, y por Dialéctica el Arte de disputar con raciocinios probables. Diferéncianse estas dos cosas como el todo y la parte, pues la Lógica es el todo, que incluye toda suerte de raciocinios, y la Dialéctica es una parte de ella, en quanto se ocupa en los sylogismos disputables. Tambien se suele dividir la Lógica en docente y utente. Llámase docente la que enseña y establece los preceptos; y utente la que los pone en práctica. En la realidad nadie puede ser científico en ninguna profesion sin la Lógica utente, ó lo que es lo mismo, sin poner en exercicio las reglas de esta Arte; porque exceptuando las verdades primitivas, en lo demas ninguno se puede dar por asegurado de la verdad sin la Lógica. El modo como se ha de usar en las demas Artes no es dándolas principios, porque eso es propio de cada Facultad, sino reduciendo las verdades, que se descubren, á nociones universales, divisiones, y difiniciones, con las quales se puedan formar silogismos demonstrativos en las verdades descubiertas, y probables en las que todavía no constan del todo. Pondré un exemplo en la Física, y de allí se podrá trasladar á las demas Ciencias. En los cuerpos físicos observamos por la aplicacion de los sentidos, que hay una cosa comun que llamamos materia: hay otra que de nuevo sobreviene y caracteriza la cosa, la qual llaman forma: á estas acompañan ciertas maneras de sér, que hacen impresion transitoria en nuestros sentidos, como que unas veces estan en la materia y forma, y otras veces se desaparecen, como el calor, frio, blanco, negro, &c. á las quales llaman qualidades, porque por ellas se califican las cosas. Tambien se observa, que los cuerpos compuestos de estas tres cosas, materia, forma y qualidades, encierran en sí una facultad, virtud, ó potencia de obrar, con la qual producen las operaciones que les son propias, entre las quales se cuenta el movimiento especial y determinado con que cada uno de ellos las exercita, y á esta potencia llaman naturaleza. Lo que en esto sucede lo conoce el entendimiento por observacion, no por Lógica. Quando por repetidas observaciones se ha llegado á formar aquel seguro conocimiento que se tiene de las cosas, al qual llaman experiencia, entra la Lógica formando máxîmas universales y particulares, para que por ellas se puedan sujetar las verdades adquiridas por observacion al exâmen de los raciocinios. Forma, pues la nocion general: todo cuerpo físico consta de materia y forma; toda qualidad se puede recibir y separar de los cuerpos: en todos los cuerpos hay una fuerza de obrar, que es su naturaleza. De estos principios generales se desciende á los particulares, exâminando por la observacion ante todas cosas, qual es la materia y forma de cada cuerpo, qué qualidades le son propias, mas arrimadas ó advenedizas, con qué leyes, orden, tiempos, y ocasiones obra la naturaleza de cada uno; y asegurado de esto el entendimiento por la experiencia, coloca con la Lógica en clases los cuerpos, y así los divide y separa sin equivocarlos. Como todas las cosas tienen atributos comunes con que se parecen unas á otras, y particulares con que se distinguen, la Lógica juntando en una nocion los comunes forma el género, y conociendo los que son especiales hace la diferencia. De este modo forma las difiniciones para que se sepa su esencia, reconoce sus qualidades comunes, distinguiéndolas de las singulares, todo con el fin de asegurarse de la verdad, y poder llegar á la demonstracion. He dicho de las singulares, porque en cada cuerpo hay una individual particularidad (los Griegos la llamaban Idiosincrasia) que está sujeta á la observacion, y por ella la llegamos á entender, mas no á la Lógica, ni se puede demonstrar; y por eso se dice bien, que de los singulares no hay Ciencia. La particular virtud que tienen las cantáridas de irse á la vexiga: la de la tarántula de hacer baylar: la de algunos hombres á quienes el gusto del melon hace vomitar, y otras muchas cosas á este modo, son singularidades, que alcanza la observacion, y ninguna Lógica puede reducir á reglas. Los que leyendo á Aristóteles en sí mismo, vean el artificio con que en su Física usa de la Lógica, no lo aprobarán todo; pero tampoco reprobarán, como suele hacerse con poco conocimiento, la admirable perspicacia de este Filósofo en las cosas físicas. Todo esto se trata con extension en lo interior de esta Obra: aquí se propone solo lo que es conducente á preparar el ánimo del Lector para entender con mas facilidad lo que en ella se enseña.
[7] Resta ahora para el entero conocimiento de lo que escribimos en esta Lógica dar una breve noticia de la Lógica antigua y moderna, y mostrar la utilidad que se puede sacar de los Autores principales que las han tratado. Los Griegos, como fundadores de esta Arte conviene leerlos, aunque con la reserva de no dexarse impresionar de sus máxîmas; porque hablando en general es certísimo, ni lo puede negar ninguno que se entere de ellas, que entre algunas cosas muy buenas mezclaron muchas otras vanísimas. Son pocos los escritos Lógicos que han quedado de los Griegos antiguos: las mas de las noticias las tenemos por Diógenes Laercio, Sexto Empírico, y Plutarco, que siendo muy inferiores en el tiempo, no nos dexan del todo asegurados de la doctrina de aquellos Filósofos. Los que leyendo una cosa en estos Griegos, ó en los Autores Latinos mas calificados, como Ciceron, Lucrecio, &c. se la creen por sola la autoridad de estos insignes Escritores, ó son preocupados ó poco Lógicos. De Platon y Aristóteles nos han quedado bastantes escritos para poder formar concepto de su Filosofía. Platon no escribió de propósito de la Lógica, dando preceptos de ella, solo sí habla de la Dialéctica, y en algunas ocasiones culpa á los que abusan de ella, como se vé en su Diálogo [Griego: Sophista] Sophista, y en el Protágoras, y en el Euthydemus. Aristóteles no solo trató de propósito de la Lógica en los libros que arriba hemos propuesto, sino que si se juntan sus reglas y preceptos con los fragmentos de los Estoicos y otros Griegos, que por el general consentimiento de sus discípulos sabemos que fueron de ellos, me atrevo á asegurar que, en tanto como quieren lucir los modernos de siglo y medio á esta parte, no se halla en ellos una sola máxîma propia de la Lógica, que no se encuentre ya en los antiguos. Los Romanos despues que dieron entrada á los Griegos y con ellos á las Artes, cultivaron mucho la Retórica, Historia, Poesía; mas no la Lógica, ni la Física, ni otras partes de la Filosofía. La Éthica en quanto conducía á la formacion de las Leyes para su gobierno, y la policía para su bien estar, tambien la cultivaron bastante; pero de los demas estudios Filosóficos no se cuidaron mucho. Aun los Escritores del siglo de Augusto (que llaman siglo de oro) si bien se miran, son pocos los asuntos filosóficos que mezclan en sus Obras. Lucrecio, que escribió de propósito de Filosofía, escogió el peor de todos los sistemas Griegos que fué el de Epicuro, dorando con la elegancia y pureza de su lenguage las impiedades y errores mas enormes. Conviene tomar á estos Escritores por norma para la Historia, Poesía, Eloqüencia, y estas Artes gramaticales: conviene tambien observar su gobierno y policía para tomar lo que sea bueno, puesto que en estas cosas mezclaron algunas otras que no se deben recibir; pero para la Lógica y demas partes de la Filosofía no son de gran consideracion. En los primeros siglos de la Iglesia conviene distinguir la Lógica de los Gentiles de la de los Christianos: aquellos estaban divididos en varias sectas, de suerte que se volvieron á renovar la de Pytágoras, Platon, Aristóteles, como saben los que estan instruidos en la Historia filosófica: estos hicieron poco caso de la Lógica de los Filósofos, porque siendo su conato el de instruirse á sí y á los demas en las verdades de la Religion Christiana, se cuidaban muy poco de la Filosofía Gentílica, gobernándose por el exemplo del Apostol, que dice, que su doctrina y predicacion no consiste en persuasiones de la humana sabiduría, sino en las luces indefectibles de Dios. Así que los Padres de los primeros siglos fueron Eclécticos, tomando de todos los Filósofos lo que hallaron razonable y á propósito para ilustrar la doctrina revelada; y viendo que los Gentiles para oponerse á los Christianos abusaban de la Lógica de Aristóteles, hicieron tambien contra ella varias invectivas, que recayendo sobre el abuso, estan muy bien fundadas, como lo he mostrado con extension en mi Discurso de la aplicacion de la Filosofía á los asuntos de Religion.
[8] Con la entrada de los Bárbaros en estos Reynos, y la destruccion del Imperio Romano, se acabaron en el Occidenta las Lógicas de los Griegos, y tambien se fueron perdiendo las demas Artes, no dominando otra cosa que el espíritu guerrero y la barbarie. En el siglo séptimo (siglo de ficciones por haberse en él entregado muchos á fingir libros de todas clases) por ser muy grande y bien fundada la fama de San Agustin, y haber dicho este Santo Doctor en sus Confesiones, que habia escrito una Dialéctica, no faltó quien tomando su respetable nombre publicase una Dialéctica, la qual domino siglos enteros en los Estudios. Los Padres de San Mauro en la famosa edicion que han hecho de las Obras de San Agustin, han impreso esta Dialéctica en el tomo primero, poniéndola, como lo merece, entre los apócrifos, atribuidos á este Santo Padre. Desde ese tiempo hasta que se fundó la Escuela de París, que fué la madre de todas las otras, se hallaban los Estudios solo en el Clero, porque estaban reducidos á la enseñanza que se daba en algunas Iglesias Catedrales, y en los Monasterios, por donde somos deudores al Clero, y por la mayor parte á los Religiosos, de habernos conservado el estudio de las Artes y Ciencias, así divinas como humanas, en siglos tan obscuros y tan incultos. Despues, siendo tan grande la dominacion de los Moros dedicados al estudio de Aristóteles, entre los quales se señaló el Español Averroes, de quien hemos hecho crítica en el Discurso del Mecanismo, por la comunicacion que tenian con los Christianos, fué facil que en general reynase una misma Filosofía. Así que en los Estudios públicos se dió entrada á la Filosofía de Aristóteles. La comunicacion de estudios entre los Christianos y los Árabes es uno de los puntos mas intrincados y mas dignos de averiguarse en la Historia Literaria. En otro escrito pienso aclarar este asunto, segun lo permite la escasez de noticias de aquellos tiempos. A los principios se recibió la Lógica Aristotélica y demas partes de su Filosofía con harta templanza, pues se contentaban con aprender el texto de Aristóteles y el comentario de Averroes. Andando el tiempo se fué viciando la Dialéctica de manera, que la fueron reduciendo á un infinito número de qüestiones pueriles, arbitrarias, y de ninguna substancia sostenidas con el título de sutilezas. PEDRO HISPANO el antiguo, Religioso Dominico, reduxo á compendio los libros Lógicos de Aristóteles, y los intituló Súmulas en el siglo décimotercio. Viciaron esta obra con tantos comentarios impertinentes algunos Escritores de aquel tiempo, que con ser ella reducida, no alcanzaban dos años para instuirse la juventud en la Dialéctica. Esto obligó á otro PEDRO HISPANO mas moderno, Clérigo y Teólogo insigne, á enmendar las Súmulas, cuya obra ilustró con Comentarios muy buenos y muy breves nuestro PEDRO CIRUELO, natural de Daròca y Canónigo de Salamanca, uno de los hombres mas bien instruidos en todo género de buenas letras, que tuvo el siglo décimosexto. Estas Súmulas con el Comentario de Ciruelo, son excelentes, y por ellas puede qualquiera instruirse en lo principal de la Lógica de Aristóteles, y entender muy bien el texto de este Filósofo. Nada de esto bastó para contener la sofistería de los Dialécticos de las Escuelas, pues cada dia iba creciendo con nuevas cavilaciones. Los Quodlibetos, el incipit desinit, el argumento de asinus super ab asino, y otras monstruosidades de los siglos trece y catorce, junto con las escandalosas reyertas de los Realistas y Nominales, volvieron de todo punto despreciable la Lógica Escolástica. Por los años de 1315 floreció el famoso FRANCISCO MAYRÓ, Religioso Franciscano, discípulo de Escoto, y, segun la costumbre de aquellos tiempos de poner títulos pomposos á los literatos insignes, conocido con el nombre de Doctor iluminado. Este introduxo en las Escuelas de París la costumbre, que aun hoy se mantiene en todas partes, de defender conclusiones públicas. Poníase los Viernes de cada semana en el Verano, desde salir el Sol hasta ponerse, en un lugar público, dispuesto á responder á quantos argumentos quisiesen hacerle los concurrentes, sin comer, ni beber, ni descansar en todo el dia. Este estilo, que tenia mucho de bárbaro, y de que han quedado siglos enteros vestigios harto claros en algunas Universidades, agradó á las gentes de aquel tiempo, hechas á oír disputar sin término, y sofisticar sin límites. Es increible quánto se acrecentó con esto la contienda entre los Dialécticos, quántas qüestiones vanas se aumentaron, quánto se corrompió la Lógica. No es esto condenar el estilo de defender conclusiones públicas, porque el método de las Escuelas de disputar en forma sylogística no lo tenemos por malo, como se prueba en esta Obra tratando del método, sino dar á entender, que se han introducido con este motivo abusos intolerables en el método Escolástico, que purificado y libre de los excesos, es muy á propósito para el exâmen de la verdad. Así que conviene distinguir en las Escuelas las materias que se tratan, del método de disputar. Entre las materias es cierto que se tratan cosas vanísimas y asuntos aereos mezclados con otros que pueden ser útiles, porque no todo lo de las Escuelas es malo: el método, como hemos dicho, si se guardan las reglas que sobre él hemos puesto en esta Lógica, le tenemos por él mas acomodado al adelantamiento de las Artes y Ciencias. En los siglos décimoquinto y décimosexto con la renovacion de las letras parece que habian de mejorarse estos Estudios; mas no fué así, porque en tiempo de Luis Vives estaban muy dominantes estas inepcias, como se ve en la grandísima impugnacion que hizo de ellas en sus libros de las Causas de la corrupcion de las Artes. Nuestro Cano dice: "¿Quién habrá que pueda tolerar las disputas de los universales, de la analogía de los nombres, de lo primero que se conoce, del principio de individuacion (así lo intitula), de la distincion entre la quantidad y la cosa en que se halla, de lo máxîmo y mínimo, de la intension y remision, de las proporciones y grados, y de otras seiscientas á este modo, que yo sin ser de ingenio muy tardo, con haber gastado no poco tiempo y diligencia en entenderlas, no las he podido comprehender? Estaría corrido de decir que no lo entiendo, si lo entendieran aquellos mismos que tratan de estas cosas[a]." Todavía en los tiempos siguientes se aumentaron las qüestiones Escolásticas en tanto número, que si Cano las volviera á ver habia de quedarse atónito. Hanse formado despues dos partidos tan opuestos entre sí, que basta que en qualquiera qüestion afirme el uno una cosa para que la niegue el otro; y así se ve que no han dexado nada estable, ni hay cosa ninguna que no la hayan reducido á qüestiones de partido puramente contenciosas é interminables.
[Nota a: Cano de Loc. Theol. lib. 9. cap. 7. pag. 297. edicion de
Salamanca.]
[9] Estos desórdenes de la Filosofía Escolástica han traido la mudanza que en los Estudios Filosóficos han hecho los modernos. Como hoy estan en tanto séquito sus Lógicas, es preciso manifestar aquí el valor de ellas, y para esto es necesario sentar primero dos cosas: la una, qué adelantamientos han hecho en la Lógica (el exâminar esto en las demas partes de la Filosofía se reserva para otra obra): la otra, que muchos de los Lógicos modernos trasladan á la Religion las imperfecciones de la Lógica Escolástica, y á veces toman de ahí motivo para hacer desprecio de las cosas mas sagradas sin considerar que la Religion Christiana tiene sus principios y verdades fundamentales independientes de toda Lógica, y que esta, aun siendo la mejor, solo puede servir para ilustrar el entendimiento enseñándole á cautivarse en obsequio de la Fe. Para esto segundo he compuesto el Discurso que va al fin de esta Lógica: aquí voy á descubrir quánto pueden aprovechar las Lógicas de los modernos. Para mayor claridad conviene entre estos distinguir los principales Autores, que entre los mismos modernos se tienen por originales, de los que no han hecho otra cosa en la substancia que seguir las pisadas de estos. Entre los primeros contamos á Bacon de Verulamio, Cartesio, Gasendo, Mallebranche, y Lock. En los segundos entran el Arte de pensar, L'Clerc, Wolfio, Purchot, Corsino, Brixîa, el Genuense, Vernei, y otros de esta clase. Antes de hablar de los fundadores del Modernismo prevengo, que yo los miro como Escritores dignos de respeto y merecedores de que se guarde con ellos la cortesía que deseaba Quintiliano quando dixo de tantis viris modestè pronuntiandum[a]; pero habiendo sido hombres expuestos á defectos é imperfecciones, hay lugar tratándose del exámen de la verdad, en cuya posesion tiene tanto interes el género humano, como que es heredamiento que le viene del Cielo, para averiguar la realidad y solidéz de sus máxîmas, á fin de aprovecharnos de las bien fundadas, y desechar las que no lo estuviesen. Así que, dexando en su valor las personas, hablarémos con libertad de sus opiniones.
[Nota a: Quinct. Inst. Orat. lib. 10. c. 1. t. 2. p. 885. edic. de
Leyden de 1720.]
[10] FRANCISCO BACON, Conde de Verulamio, gran Chancillér de Inglaterra, á los principios del siglo decimoséptimo se manifestó al público como reformador de la Filosofía. Publicó muchas Obras, entre las quales son dos las mas señaladas, es á saber: los nueve libros de la Dignidad y aumento de las Ciencias: y los dos del Nuevo órgano. Publicó tambien la Historia de la vida y de la muerte: la Selva de las Selvas, ó Historia natural en diez centurias: un tratado que intitula Sermones fideles, ó interiora rerum: un libro de Sapientia veterum: la Historia del Reynado de Henrique Séptimo, Rey de Inglaterra, y algunas otras cosas de menor consideracion. No se puede negar que en todo el conjunto de estas Obras hay algunas cosas preciosas, y otras muchas que no lo son tanto; pero juntas descubren un ingenio perspicaz, una imaginacion fecunda, un juicio regular con mucho amor á las novedades, y algun espíritu de singularidad. De Lógica no hizo tratado ninguno; solo sí manifestó muchas veces la poca solidéz y firmeza de la Dialéctica de las Escuelas. Del sylogismo dice[a]: que pudiendo ser util en la Ética, Política, en las Leyes, y aun en la Teología, no aprovecha para las cosas físicas, donde no se ha de convencer con argumentos, sino con obras de la naturaleza. Por esto aprobó la induccion, no la de los comunes Dialécticos, sino la bien correcta y purificada. Mas siendo cierto que toda induccion es un sylogismo encubierto, que facilmente se puede reducir á sylogismo claro, se ha de tener por de poca consideracion esta mudanza. No sé con qué fundamento, quando hace Gasendo enumeracion de las Lógicas antiguas y modernas hasta su tiempo, puso un capítulo de la Lógica de Verulamio, pues la doctrina que allí propone no pertenece á la Lógica, sino á la Física, Metafísica, y otras partes de la Filosofía, de las quales se valía Verulamio, segun los asuntos que trataba. No hay que hacer mencion aquí de este mismo estilo guardado por Vernei, conocido con el nombre de Barbadiño, en la enumeracion de las Lógicas modernas, pues en esto no hizo otra cosa que copiar á Gasendo. En la obra de Augmentis scientiarum muestra los defectos que se cometen en la profesion de las Artes, propone algunos medios para adelantarlas, y manifiesta los estorbos que han tenido las Ciencias para su acrecentamiento. Este mismo asunto habia tratado antes nuestro Español Luis Vives en sus dos tratados de Causis corruptarum artium, y de tradendis disciplinis, con la diferencia que Vives estuvo íntimamente instruido en todas las partes de la Filosofía y demas Facultades que trata; pero Verulamio no tenia una instruccion tan fundamental, porque confunde los asuntos de una Ciencia con los de otra con mucha freqüencia, haciendo tantas particiones y miembros en ellas, que ademas de no convenirles todas las divisiones, sirven de mucha confusion. Los principales argumentos y pruebas del atraso de las Artes que trae Verulamio, los puso Vives de manera, que si se cotejan estos dos Escritores, se verá que Vives fué el original de Verulamio. En el Novum organum, obra que destina Verulamio á los aumentos y perfeccion de la Física, se propone el designio de mostrar, que en el exámen de la naturaleza se ha de proceder por el camino de la observacion, como fundamento de los conocimientos bien reglados, que haciéndolo al contrario, queriendo aplicar las nociones mentales á la naturaleza, se yerra el camino. Esta máxîma certísima, que es el fundamento de su Obra, compuesta de ciento y ochenta y dos Aforismos, se comprueba con varios argumentos, que conspiran á hacer los Físicos experimentales, y apartarlos de los sistemas. ARISTÓTELES, no una vez sola, sino muchas, enseñó esto mismo, porque quería que la experiencia fuese el fundamento del exámen de la naturaleza; pero añadía que este exámen no merece el nombre de ciencia, hasta que las cosas averiguadas por la observacion fuesen reducidas á clases generales por las nociones del entendimiento, con las quales se pudiesen difinir, dividir, y demostrar, á lo qual llamaba Ciencia. A la verdad, si bien se mira, el primer método puede hacer físicos empíricos: el segundo racionales. Lo que se debe alabar en Verulamio es, que habiéndose puesto en las Escuelas todo el cuidado en valerse de las nociones mentales para las cosas físicas, mostró que no era este el camino verdadero de adelantar en el estudio de la naturaleza, en el qual no se dará paso seguro, si no va adelante de todo la observacion. Todos alaban mucho la Historia de Henrique séptimo que escribió Verulamio, porque fué Palaciego; experimentó varias fortunas, y penetró los designios de su Corte. No se celebran tanto los demas tratados, porque la Historia de los Vientos, la de la vida y la muerte, lo del fluxo y refluxo del mar, ademas de contener algunas credulidades de cosas mal averiguadas, muestran que no reduxo á la práctica con toda exâctitud los Aforismos de su Nuevo órgano. En el tratado que intitula interiora rerum escribió muchas máxîmas de Ética, Política, y Económica, sacando algunas de ellas de MIGUEL DE MONTAÑA, y NICOLAS MAQUIABELO; bien que las adornó con lo que le habia sugerido su propria meditacion. No ha parecido bien á algunos hombres doctos que VERULAMIO quitase de la Física la averiguacion de las causas finales, siendo indubitable que bien comprehendidas aprovechan mucho para entender la naturaleza[c]. Tambien han reparado, que el estilo es obscuro, bien que á esto puede ayudar el que habiendo escrito su Obra en Lengua nativa, se valió de un Preceptor Gramático que la pusiese en Latin. La multitud de vocablos nuevos que introduxo en sus escritos (cosa que primero reprehendió en Aristóteles)[d], tampoco ha agradado á los que desean la perspicuidad. Llamó Idolos á las falacias y preocupaciones del entendimiento, y dividiéndolas en varios géneros las llama Idola tribus, Idola specus, Idola fori, Idola theatri, cuyas explicaciones repite en diversos tratados con mucha extension[e]; de donde ha nacido, que Verulamio es uno de aquellos Autores, que todos los alaban, y muy pocos los leen. Entre estas imperfecciones es de celebrar la diligencia y meditacion profunda con que descubrió algunos caminos que se podian tomar para adelantar las Artes, entre los quales es muy acertado el intento de mantener en las letras la antigüedad, procurando unir con ella lo que haya de sólido y bien fundado en los Estudios modernos[f]. Tambien lo es el ánimo que se propuso de no formar sistema alguno; pues dado que tenia por cosa facil renovar los antiguos, ó formar nuevos, con todo se abstuvo por no tenerlo por útil, contentándose con proponer los medios de adquirir la verdad[g]. Si los que se precian de discípulos suyos siguieran tan bellas máxîmas, no fueran con ostentacion de Filósofos los mayores corrompedores de la Filosofía. Finalmente, aunque con la letura de Verulamio no se puede aprender Ciencia ninguna, porque de ninguna trata de propósito, con todo es recomendable por la mucha variedad de observaciones que contiene sobre las Artes; bien que pide para sacar fruto que se lea de espacio y meditando, para poder penetrar en todos los asuntos la mente de este Escritor. Los elogios desmedidos y genéricos que le ha dado Feyjoó[a], me han hecho sospechar que le habria leido poco, pudiéndolos sacar de los Diarios Extrangeros, y otros libritos donde se encuentran. El afecto que tenia Feyjoó á las cosas modernas, y la costumbre de escribir en muchísimos asuntos sin consultar los originales, me han excitado estas sospechas.
[Nota a: De Augm. scient. lib. 5. cap. 2. p. 124. edic. de Lipsia de 1694.]
[Nota b: Véase Morhof. Polyhist. lib. 2 part. 2. capit. 23. tom. 2. pagin. 381. & capit. 20. tom. 2. pagin. 364.]
[Nota c: Véase Bruckero Hist. Philos. period. 3. part. 2. lib. 1. cap. 4. tom. 5. pag. 105.]
[Nota d: De Augm. scient. lib. 3. cap. 4. pag. 79.]
[Nota e: De Augm. scient. lib. 5. cap. 4. pag. 139 Novum organum, aphor. 52. y sig. pag. 286.]
[Nota f: De Augm. scient. lib. 3. cap. 4. pag. 79.]
[Nota g: Novum organum, lib.. 116.]
[Nota h: Theat. Critic. tom. 4. disc. 7. §. 14.]
[11] Poco tiempo despues de Verulamio empezó á florecer CARTESIO, que es sin disputa el que traxo mayor mudanza que otro ninguno á las cosas de la Filosofía. Era Cartesio Soldado de profesion, su ingenio agudo, penetrante, la imaginacion fecundísima, el ánimo sumamente libre é inclinado á las cosas filosóficas. Si á todas estas dotes hubiera añadido un buen juicio, y una constante aplicacion en instruirse con el estudio, hubiera podido igualarse con los mas aventajados Filósofos de la antigüedad. Sus escritos principales son: las Meditaciones, la disertacion del Método, el tratado de las Pasiones, y los Principios de la Filosofía. Como tuvo varios contradictores respondió á algunas objeciones que le hicieron, y escribió Cartas á hombres doctos, en que declaró algunas cosas de las que habia escrito en estos tratados. Como mi instituto aquí no es tratar de propósito de la vida y escritos de los hombres de letras, sino solo poner lo que ha contribuido á las mayores mutaciones que se han hecho en la Lógica, por eso brevemente insinuaré las mudanzas que Cartesio ocasionó en ella y en algunas otras partes de la Filosofía, sacándolo de lo que él mismo dice en sus propias Obras. Es preciso advertir aquí, que no se puede dar un paso seguro en el juicio que se hace de los Autores, si no se tiene presente el caracter del siglo en que vivieron, porque es tanta la influencia que este tiene en los hombres de letras, que arrastra á sus estilos los mayores ingenios. Con dificultad se encuentran hombres tan amantes de la verdad, que por ella desprecien su propia gloria, su estimacion y sus conveniencias; y como estas cosas en cada siglo dependen de cierto rumbo, estilo, y dominacion de estudios que hacen su caracter, de ahí nace que allá se vayan no solo el vulgo de los literatos, sino tambien muchos de los que pueden levantarse en su modo de filosofar mas allá que el comun de ellos. Nuestros Españoles, entre los quales son muy señalados LUIS VIVES, PEDRO CIRUELO, y GASPAR CARDILLO DE VILLALPANDO, mucho antes que VERULAMIO escribieron contra la Filosofía de las Escuelas, mostrando su insubsistencia y poca solidéz. Despues hizo lo mismo Verulamio, cuya doctrina, aunque derivada de nuestras gentes, es la que conmovió los ánimos para desamparar la Filosofía Escolástica, y por varios caminos hallar otra nueva con la regla de no ir á buscarla en los antiguos, los quales por lo comun tenian en gran desprecio. Confundíase entonces la Filosofía de las Escuelas, llamada Aristotélica, con la verdadera doctrina de Aristóteles, por donde envolvian las dos cosas en igual desprecio, y dieron los Escritores mas famosos en hablar mal de Aristóteles, creyendo que ese era el modo de acabar con la Filosofía Escolástica. A los principios del siglo décimoseptimo, en que los escritos de Verulamio estaban ya bien esparcidos, no habia hombre de buen ingenio que no se picase de fundar por sí una Filosofía, y se entregaron con tanta licencia á introducir cosas nuevas, que no hay monstruosidad ni extravagancia, que con título de Inventos y nuevos sistemas no se haya publicado y recibido.
[12] Refiere Cartesio sus estudios, viages, y el modo que tuvo en fundar su Filosofía con mucha extension al principio de su Disertacion del Método; y dando por inútiles los conocimientos que adquirió en sus peregrinaciones, y quanto le podian sugerir los Autores de qualquiera clase que fuesen, se resolvió á ser Autor original de la Filosofía, estableciendo la máxîma, que mejor lo puede hacer eso un hombre solo de buenas luces que muchos juntos. Con esto formó dos famosos sistemas: uno físico para explicar las obras de la naturaleza corporea: otro intelectual para mostrar las del entendimiento. El sistema físico, aunque por la corriente del siglo fué primero aceptado y defendido de la mayor parte de los Filósofos, tuvo despues tales impugnadores, que junto esto con su insubsistencia, le han dexado caer del todo. En el sistema intelectual ha sucedido al contrario; porque sin embargo de que Cartesio, poco instruido en la Filosofía antigua, confundió las nociones mentales pertenecientes á la Metafísica con las de la Animástica, y estas con las de la Lógica, la mayor parte de los Escritores de Lógica en estos tiempos guardan la misma confusion, mezclando indiferentemente los principios de las Artes, y queriendo que á título de Lógica se sepan todas, sin cuidar despues de instruirse de cada una de ellas. De la Lógica no escribió de propósito, solo sí hablando de la de las Escuelas dixo: "Que las formas de los sylogismos y casi todos sus preceptos, no tanto aprovechan para averiguar las cosas que ignoramos, como para exponer á los demas las que ya sabemos, ó, como lo hace la Arte de Lulio, para hablar mucho y sin tino lo que no sabemos[a]." Para suplir la muchedumbre de preceptos, de que suponia llena la Lógica, determinó establecer quatro reglas como suficientes para gobernar su entendimiento con el firme propósito de no desampararlas en toda la vida. La primera regla es: No tener jamas por verdadero sino lo que llegase á conocer que lo era con toda certeza y evidencia. La segunda: Que las dudas que se ofreciese exáminar habia de dividirlas en tantas partes quantas juzgase convenientes para resolverlas con mas comodidad. La tercera: Colocar los pensamientos con orden para la averiguacion de la verdad, empezando por las cosas mas simples y mas fáciles de entender, para caminar como por grados al conocimiento de las mas difíciles y mas compuestas. La última: En el exámen de los medios para alcanzar la verdad, y en la averiguacion de las partes de las dificultades señalar perfectamente cada una de las cosas, poner la mira en todas, de manera que pudiera estar cierto de no haber omitido nada_ . A estas reglas se reduce toda la Lógica de Cartesio, las quales sin duda ninguna fueron propuestas por Aristóteles, no todas en la Lógica, porque no todas pertenecen á ella, sino parte en los Analíticos postreros, quando trata de la demostracion, parte en la Metafísica, y alguna vez en la Física. Añadió Cartesio á estas reglas de su Lógica otras máxîmas notables, como que antes de filosofar de una cosa, aunque sea la mas cierta y evidente, debe el entendimiento empezar dudando de ella, de modo que pide se dude por un poco de tiempo de la exîstencia de Dios, y de uno mismo, para buscar con estas dudas un principio fixo, que es este: Yo pienso: luego exîsto [c]. Dexo las innumerables impugnaciones que esto ha tenido, y solo advierto, que esta máxîma ha renovado en nuestros dias un scepticismo peligrosísimo. Era otra máxîma Cartesiana la ninguna fé que se ha de dar á los sentidos con el título de que estos pueden engañarnos [d]. De esta han nacido tantos sistemas de Física tan extravagantes y ridículos, de que estamos hoy oprimidos, porque abandonada la observacion, y entregados los hombres á lo que se les presenta en su entendimiento, han tomado por obras de la naturaleza los desórdenes de su fantasía. Fué Cartesio el que introduxo las Ideas para significar las nociones mentales, con tal variedad en la significacion de la voz Idea, que unas veces la toma por solo las representaciones de la imaginativa, otras veces por toda especie de conocimiento [e]. De este estilo Cartesiano ha nacido la ruidosa é impertinente qüestion de las ideas innatas; y como Cartesio escribió en Frances, y sus Obras al principio fueron generalmente recibidas, la universal introduccion de la lengua Francesa ha hecho que con suma confusion de los actos mentales se expliquen todas las operaciones del entendimiento por la voz Ideas. Se ha seguido tambien el inconveniente de trastornar la comunicacion filosófica de los modernos con los antiguos, porque estos para explicar las cosas intelectuales no se valieron de la voz Ideas. Las ideas de Platon sobre ser confusísimas no tienen conexîon ninguna con las Cartesianas. FEYJOÓ lo ha dicho muy bien en estas palabras: "Otros muchos robos literarios (dice) imputaron á Descartes algunos enemigos suyos, entre los quales se cuenta, que todo lo que dixo de las ideas lo tomó de Platon. Pero valga la verdad: no hay ni aun rastro de semejanza entre lo que el antiguo Griego y el moderno Frances escribieron sobre esta materia[f]." Tambien fué máxîma Cartesiana el que los brutos son puras máquinas, lo que dixo tambien del hombre, aunque admitia alma racional puro espíritu. El daño que esta máxîma ha traido á la Religion, renovando el Materialismo, y á la Física, pretendiendo que las operaciones del cuerpo humano todas se pueden hacer por las afecciones mecánicas[g], es increible, como lo he mostrado en el Discurso del Mecanismo. El exceso (el buen uso le alabaré siempre) con que se aplican hoy las Matemáticas á las Ciencias, tambien ha venido de Cartesio. Tuvo este mucha inclinacion á la Geometría, embebecido de sus demostraciones: colocó la esencia de la materia en la extension; y siendo la quantidad el objeto de las Matemáticas, le fué facil trasladarlas á toda la Física, pues en toda la naturaleza no admitia mas que materia y afecciones mecánicas. Así que, el aplicar las Matemáticas á las cosas quando se tiene por objeto la quantidad de ellas, es del caso: el usar de estas Ciencias, queriéndolas trasladar á las innumerables cosas de la naturaleza, que ni dependen, ni estan necesariamente conexâs con la quantidad, es desquiciarlas, apartándolas de su instituto: cosa que tambien he tratado en el citado Discurso del Mecanismo. De lo dicho se deduce, que pocos literatos se cobijan hoy con el nombre de Cartesio, pero que los mas no siguen otra Lógica que la suya. ¡Oxalá, que como se le sujetan en lo que pudieran omitir sin hacerles falta, lo hicieran tambien en la piedad con que se subordinó á las verdades reveladas! "Hemos de fixar en nuestra memoria (dice) como regla inviolable, que las cosas que Dios nos ha revelado se han de creer como las mas ciertas; y aunque la luz de la razon, aun la mas clara y evidente, pareciese sugerirnos cosa distinta, debemos sujetar nuestra creencia á sola la autoridad divina mas que á nuestro propio juicio[h]::: y teniendo por cosa averiguada, que las verdades que Dios ha revelado exceden la capacidad del ingenio humano, temiera caer en el crimen de temerario, si intentase llevarlas al exámen de mi flaca razon."
[Nota a: Dissert. de Meth. pag. 11. edic. de Amsterd. de 1656.]
[Nota b: Cartes. loc. cit. pag. 12.]
[Nota c: Princip. Philos, p. 1. pag. 2.]
[Nota d: Princip. Philos. p. 2. pag. 25.]
[Nota e: Princip. Philos. p. 1. pagin. 5. & respons. ad object. secundam pagin. 85.]
[Nota f: Theat. Critic. disc. 12. §. 4. numer. 11.]
[Nota g: Dissert. de Meth. pagin. 35. y siguient.]
[Nota h: Princ. Philos. p. 1. n. 66. pag. 23..]
[Nota i: Dissert. de Meth. pag. 5..]
[13] Al mismo tiempo que Cartesio, vivía PEDRO GASENDO, que en algunas cosas discordaban, y se escribieron algunas cartas principalmente sobre las meditaciones Cartesianas, que no agradaban en todo á Gasendo. Fué este tambien Frances, Eclesiástico, y Canónigo de la Iglesia de Diñe en Provenza. Escribió muchas Obras y todas muy eruditas, porque era incomparablemente superior á Verulamio y á Cartesio en el conocimiento de la antigüedad y en la erudicion. Hablarémos de dos solamense que hacen á nuestro propósito. La una tiene este título: Exercitationes paradoxicae adversus Aristoteleos. El designio de esta Obra es mostrar primero la insuficiencia, liviandad, y poca subsistencia de la Filosofía Aristotélica de las Escuelas, despues cargar contra Aristóteles, contra sus Escritos, y contra su doctrina. Escribió estas Exercitaciones hallándose descontento de la Filosofía, y cobrando ánimo con lo que leyó en Luis Vives, en Charron, en Ramo, y Pico Mirandulano, segun él mismo lo refiere [a]; bien que yo añadiría á Verulamio aunque no le nombra, porque veo que en su Lógica trata de él con extension, y alaba mucho sus maneras de pensar, las quales, como hemos visto, tiraban á destruir la Filosofía Aristotélica, y introducir la libertad filosófica. La fuerza del siglo, que estaba en su vigor, arrebató á Gasendo, que era mozo quando escribió estas Exercitaciones, y le hizo prorrumpir en expresiones, que desaprobaba despues quando era viejo . Esta Obra de Gasendo no añade casi nada á lo que habian dicho los que tomó por maestros: solo se distingue en que la escribió en tiempo mas libre, y en que ya se habia perdido el miedo á los Aristotélicos. En el Libro primero, Exercitacion tercera, trae á la larga el lugar de Luis Vives sobre la mala traduccion que Averroes hizo del texto de Aristóteles, y quien haya leido atentamente lo de corrupta Dialéctica de Luis Vives, poco hallará que aprender en esta Obra de Gasendo, en la qual añadió innumerables cavilaciones, ya reprehendiendo el método Aristotélico, ya buscando con ansia contradicciones: cosa que qualquiera puede hacer con los Escritores mas acreditados del mundo. Ha tenido varios impugnadores de este tratado, entre los quales es digno de verse FACCIOLATO, que con su acostumbrada moderacion manifiesta algunas equivocaciones de Gasendo [c]. Hizo este profesion de Scéptico y Pyrrhónico, no queriendo que lo tuviesen por Dogmático [d]. En aquel tiempo sucedió á muchos hombres de buen ingenio lo mismo que á una tropa de gentes, que en una noche obscura se convienen en dexar un camino, porque todos le tienen por poco á propósito para llevarlos adonde van; pero ignorando por donde han de ir, cada uno toma el suyo, y todos se apartan igualmente de la senda que los conduciria al término deseado. Ya Gasendo en edad mas madura resolvió dexar el scepticismo y tomar partido; y no pudiéndolo hacer en Aristóteles, ni en Cartesio, porque al uno le habia impugnado fuertemente, y del otro no gustaba, echó por el medio y se acogió á EPICURO, á quien tomó por Xefe de su doctrina, sucediéndole lo que á otros muchos que han hallado gran facilidad en derribar las Artes, y poco acierto en reedificarlas. ¿Quién hay que no sepa los enormísimos errores de Epicuro, así en lo Físico como en lo Moral? Quiso Gasendo enmendarlos, como algunos dicen, christianizándolos; pero es tan imposible componer el epicurismo con la Religion Christiana como juntar la luz con las tinieblas. Lo que ha logrado Gasendo con sus trabajos es abrir el camino á los Deistas y Naturalistas de estos tiempos, que sin nombrarle no siguen otras máxîmas que las impiedades de Epicuro. Gasendo estuvo muy lejos de pensar esto, porque fué piísimo, de gran candor, y defensor acérrimo de la Religion Christiana; pero el deseo de gloria, el amor á la novedad en un tiempo en que no se tenia por hombre de provecho el que no inventase alguna cosa nueva, fué motivo de su extravío y extravagante resolucion de promover la Filosofía de Epicuro. Lo menos disonante que trabajó fué la Lógica. Antes de tratar de esta Arte pone reducidas á compendio las Lógicas de Zenon, de Euclides, de Platon, de Aristóteles, de los Estoicos, de Epicuro, de Raymundo Lulio, de Pedro Ramo, de Verulamio, y de Cartesio: explica el origen de la Lógica, trata de la verdad, de su criterio: esto es, del juicio que se ha de hacer de ella, del modo con que la han impugnado los Scépticos y la han defendido los Dogmáticos; con otras advertencias, propuesto todo con buen estilo y erudicion exquisita, de modo que este es el manantial donde han bebido las Lógicas mas modernas, copiando la erudicion, como que sus Autores se muestran inteligentes en las Lógicas de los antiguos, sin haberse tomado el trabajo de leerlas en sus fuentes. Poco ha de costar á los curiosos hacer el cotejo de lo que traen Corsini, el Genuense, y Vernei acerca de esto en los preliminares de sus Lógicas. Quando llega el caso de establecer Gasendo sus Instituciones Lógicas, las divide en quatro partes, es á saber: de la simple imaginacion, proposicion sylogismo, y método. Trata de cada una de ellas sentando ciertos cánones como reglas fixas, á los quales añade explicaciones para su inteligencia. No desamparó del todo aquí el Epicurismo, aunque se extendió mucho mas que Epicuro, á quien los mismos antiguos no tuvieron por Lógico. Algunas cosas buenas hay en esta Lógica de Gasendo: pero por la misma novedad que quiso darle, confundió los asuntos de manera, que atribuye á la imaginacion algunas operaciones del ingenio, y confunde lo que es de la Metafísica (este es vicio general de los modernos), y otras Ciencias con la Lógica. Es digno de notarse lo que dice de Aristóteles y su Lógica: "No puede negarse que el método de bien ordenar los pensamientos se debe á Aristóteles: justicia que se le debe hacer por haber inventado y publicado el Arte de, los sylogismos. Ninguno antes habia observado ni enseñado, que la necesidad de la conclusion depende de la union de los extremos de las premisas con el medio, quando es afirmativa, ó en la desunion si es negativa::: Así que Aristóteles fué el único, que sucediendo á Platon y á otros, tomó á su cargo la diligencia, digna de su saber, de separar las cosas que propiamente perteneciesen á la Lógica, y con ciertas reglas y Fórmulas reducirlas á Arte [e]."
[Nota a: Praefat. in Exercit. Paradox. oper. tom. 3. pag. 99.]
[Nota b: Véase Morhof. Polyhist. tom. 2. lib. 1. cap. 12. pag. 67.]
[Nota c: Acroas. I. pag. 6. & Acroas. II. pag. 138.]
[Nota d: In Praefatione citata, página 99.]
[Nota e: Gassend. Logic. lib. 2. cap. 6. pag. 88.]
[14] NICOLAS MALLEBRANCHE poco despues de Gasendo empezó á darse á conocer como uno de los mas esclarecidos modernos. Fué Presbítero del Oratorio en Francia: escribió varias Obras, entre las quales la mas notable es la Inquisicion de la verdad. Trata en ella al principio de los sentidos y imaginacion: despues del entendimiento puro: de allí pasa al método, y concluye con ilustraciones de las materias de estos tratados, y respondiendo á las objeciones que se le habian hecho. Los entretenimientos metafísicos vienen á coincidir con esta Obra. Mallebranche fué Cartesiano puro, y en el entusiasmo filosófico, y la ficcion excedió á Cartesio. Con su mucha meditacion propuso algunas máxîmas que pueden ser útiles á un Filósofo Ecléctico, y por ellas se ve, que si Mallebranche sin atarse á sistema ninguno, leida la antigüedad, quitada la preocupacion, que la tuvo muy grande, contra Aristóteles, y la que mantuvo á favor de Cartesio, se hubiera dedicado á la Filosofía, acaso habria adelantado en ella con aprovechamiento del público. Mas ahora lo que ha sucedido es, que de la extravagancia de sus sistemas han tomado motivo algunos modernos para errar en la Filosofía y en la Religion; porque si bien se mira, los sectarios del tiempo presente son una casta de Eclécticos de mala condicion, pues andan tomando de todos los modernos, y de los antiguos, que coinciden con ellos, quanto les hace al caso para hacer una junta de errores; al reves de los buenos Eclécticos, que entresacando las doctrinas de todos los Filósofos, procuran hacer una junta de verdades. Mallebranche apocó la verdad, que se puede alcanzar con los sentidos, tanto, que persigue á los que se valen de la experiencia[a], en lo qual hizo mucho perjuicio á la Física, abriendo el camino para que cada uno se formase un sistema intelectual á su gusto para entender la naturaleza; bien que el desprecio que hace de los sistemas y la pintura de los sistemáticos, y sus preocupaciones, son dignas de leerse. Estas desigualdades, que se notan en Mallebranche y otros tales, vienen de que son vagos en la Filosofía, y á veces es la razon la que gobierna la pluma, y por lo comun es el entusiasmo. Quiso probar que nosotros vemos las cosas externas en Dios[c], porque estamos unidos muy estrechamente con él: pensamiento extravagante, que traxo mucha turbacion entre los literatos, y dió motivo á que tomase cuerpo el vanísimo sistema de aquellos que no admiten verdadera existencia de los cuerpos [d], cosa que he propuesto, é impugnado en mi Física [e]. Ni en estas, ni en otro ningun entusiasmo de los muchos que trae Mallebranche dixo cosa nueva, porque todo se halla en la antigüedad con mas, ó menos expresion, como lo ha demostrado poco ha el anónimo Ingles, Autor de las Inquisiciones del origen de los descubrimientos atribuidos á los modernos, Obra muy á propósito para conocer que es muy poco lo que han adelantado los modernos sobre lo que habian establecido los antiguos. Tambien promovió Mallebranche el sistema Cartesiano de las causas ocasionales, en que á todas las criaturas se les quita la virtud de causas eficientes, dexando la eficacia de obrar solo en Dios[f]. En mi Física he impugnado este sistema, porque es asidero á varias suertes de Sectarios para mantener sus errores contra la Religion. LEIBNITZ confiesa[g], que hay pocos pasos que dar del sistema de las causas ocasionales de Mallebranche á su Harmonía praestabilita, la qual es otra extravagancia, que he impugnado extensamente en mi Filosofía Moral. De Lógica no ha escrito nada Mallebranche; y con suma impropiedad los últimos Escritores de Lógicas trasladan á ellas sus máxîmas que pertenecen todas á la Metafísica, Animástica, y Teología: vicio que resplandece mucho en el Genuense que tiene por Lógica la Obra de Mallebranche de que aquí tratamos[h]. Entre los mismos modernos ha tenido muchos y fuertes impugnadores, de modo que ya hoy entre los verdaderos Filósofos no hallan apoyo los entusiasmos de Mallebranche.
[Nota a: Recherc. de la verité, tom. 1. lìb. 2. part. 2. chap. 8. pag. 434. edic. de París de 1735.]
[Nota b: Loco citato, cap. 7. pag. 426.]
[Nota c: Tom. 2. lib. 3. part. 2. cap. 6. pag. 95. y sig.]
[Nota d: Tom. 3. lib. 6. p. 2. c. 6. pag. 222.]
[Nota e: Trat. 2. cap. 4. num. 51. y sig.]
[Nota f: Tom. 3. lib. 6. part. 2. cap. 3. pag. 111. y sig.]
[Nota g: Oper. tom. 5. pag. 13. edic. de Ginebra de 1768.]
[Nota h: Art. Logic. proleg. §. 41. pag. 17. edic. de 1766.]
[15] Es preciso aquí dar razon del exámen del entendimiento humano de LOCK, aunque esta no es obra de Lógica, sino Animástica y Metafísica; y estan equivocados los que quieren reducir á Lógica los escritos que tratan de propósito de las operaciones del entendimiento, de las quales solo el raciocinio es objeto de esta Arte. Los demas actos intelectuales todos pertenecen á la Animástica, haciendo parte de esta Ciencia; bien que por razon de los objetos en que se emplean se traslada algunos á la Metafísica. El confundir entre sí estas cosas hace al poco adelantamiento que hoy reyna en estas partes tan principales de la Filosofía. Tan lejos está esta Obra de Lock de pertenecer á la Lógica, que parece haberse escrito contra ella; porque no habiendo propuesto mas que un capítulo del raciocinio, casi todo él se emplea en hacer desprecio de los sylogismos y de su uso[a]. Es reparable en este capítulo lo que trae Lock acerca de Aristóteles, porque despues de haberle satirizado habla así: "No digo yo esto para disminuir en manera ninguna la autoridad de Aristóteles, á quien tengo por uno de los hombres mas grandes de la antigüedad, y con quien pocos se han igualado en extension, sutileza, y penetracion de entendimiento, y en la solidez de juicio: asimismo, con haber inventado el pequeño sistema de las formas de argüir, por donde se puede ver que la conclusion de un sylogismo es recta y bien fundada, ha hecho un gran servicio á los sabios contra aquellos que no tenian vergüenza de negarlo todo; y convengo sin dificultad que todos los buenos razonamientos se pueden reducir á las formas sylogísticas." Es cierto que hay en esta Obra de Lock muchas cosas buenas mezcladas con otras que no lo son, de suerte que se puede comparar á una Oficina donde se despachan al igual el veneno y la triaca. Débese alabar la frente que hizo á los Cartesianos, á sus ideas innatas, y á sus cavilaciones mentales, renovando el principio de las Escuelas tomado de Aristóteles: Nihil est in intellectu, quod prius non fuerit in sensu. Tambien debe estimarse el otro ramo de conocimiento fuera del que se toma de los sentidos, el qual consiste en la reflexîon; pues estas cosas bien entendidas, que son el fundamento de toda la doctrina de Lock, ilustran mucho una materia tan obscura, como es la de las operaciones del entendimiento. En la explicacion de estas máxîmas trae este Autor reflexîones profundas, bellas, y útiles á quien sepa hacer de ellas buen uso; pero mezcla otras, que no pueden adoptarse sin faltar á la Filosofía y á la Religion. De esto ha nacido el que Lock tuviese muchos contradictores, entre los quales es muy señalado Leibnitz, que gustaba de algunas cosas de esta Obra, y le desagradaban muchas: es verdad que se convenian en algunas opiniones, y se oponian en otras. El Padre GERDIL BARNABITA escribió un tomo para probar la inmaterialidad del alma contra Lock; y si no hubiera adoptado para esto el sistema Cartesiano, ni hecho el empeño de defender á Mallebranche, su Obra fuera digna de mayor estimacion. Algunos han querido que Lock fuese Autor original, como que lo que hay en su Obra del entendimiento humano no se halla en otra parte[c]; pero el Anónimo Ingles, que antes hemos citado, demuestra que los fundamentos principales de la doctrina de Lock están en los Filósofos antiguos, especialmente en Aristóteles y en los Estoicos[d]. Como quiera que sea, el que esté bien versado en la antigüedad, no hallará novedades en la doctrina de Lock, sí solo mayor ilustracion en algunos puntos, y por eso es recomendable su letura, con tal que se procuren evitar los errores que pueden nacer de ella. De la pesadez de estilo, de las molestas repeticiones de una cosa misma, de lo difuso en cosas claras, de la falta de exemplos en las obscuras, y otros defectos á este modo, que se notan en la Obra de Lock, no hablamos aquí, porque no pertenecen á nuestro asunto: solo advertimos que en materias de Religion, y en lo que se toca de la inmaterialidad del alma ha escrito segun su preocupacion, no segun los principios de una buena Animástica.
[Nota a: Lib. 4. cap. 17. pag. 557. edic. de Amsterd. de 1742.]
[Nota b: Lock loc. citat. pag. 560.]
[Nota c: Bruckero Hist. Philos. tom. 5. pag. 609.]
[Nota d: Tom 1. cap. 1. pag. 18. y sig.]
[16] Aunque todos estos fundadores de la Filosofía moderna hablaron de la Lógica, convenidos en vituperar la de las Escuelas, con todo ninguno de ellos (salvo lo poco que hay en Gasendo) escribió Lógica de propósito. Mr. ARNAUD, ya fuese solo, ó ayudado de sus compañeros de Puerto-Real, poco mas de la mitad del siglo pasado, publicó una Lógica con el título: Arte de pensar, que como halló los ánimos dispuestos á despreciar la antigüedad y á recibir qualesquiera novedades por una parte, y por otra este libro les alhagaba el gusto, fué generalmente recibido con grande aceptacion, tanto que en breve se hicieron muchas ediciones, se trasladó á la lengua Latina, y los que escribieron Cursos Filosóficos no pusieron en ellos otra Lógica que esta, con solas algunas mutaciones, que mas sirven de adorno que de alterar la sustancia. Como esta Lógica está tambien traducida en Castellano, y todo el mundo tiene noticia de ella, no hay necesidad que yo explique por menor lo que contiene; solo sí juzgo conveniente poner algunas advertencias sobre ella, para que nadie se entregue á su letura sin el debido discernimiento. El Arte de pensar es una Lógica puramente Cartesiana, mas Metafísica que Lógica, llena de exemplos de Moral, Física, Teología y otras Ciencias; de manera, que es menester primero entender á estas que leer este libro, porque si no es de este modo, los exemplos que se toman de estas Artes se tuercen al Cartesianismo con perjuicio de la verdad. Síguese de esto otro inconveniente, que aquí se hacen las demas Ciencias servir á la Lógica, quando esta Arte se ha establecido para servir á las otras, y por eso es transcendental á todas las Artes y Ciencias. Los continuos defectos que con estudio procura descubrir en Aristóteles, aunque no siempre lo hace con toda exâctitud, producen dos malos efectos: el uno retraer á los Lectores de la lectura de este Filósofo, sin la qual no puede haber perfecta Lógica: el otro atraher los ánimos á la Filosofía Cartesiana, que en todas sus partes, así en lo físico, como en lo intelectual, es sistemática y poco apreciable. El desprecio que hace de las categorías Aristotélicas[a]: el poner la esencia del cuerpo en la extension: el tener por obscuras las nociones de las qualidades sensibles, como calor, frio, &c.[c]: el ponerse como inventor del modo de conocer la bondad de todos los sylogismos[d], y otras muchas cosas á este modo, no solo son agenas de la verdad, sino perjudiciales á las ciencias respectivas á que pertenecen, como lo conocerán los que estén debidamente instruidos en estas cosas, y fuera facil mostrarlo si correspondiese á nuestro asunto. El Autor del Arte de pensar ha puesto al principio de su libro dos Discursos: el uno para manifestar que la extension de noticias de su Lógica es necesaria para que esta Arte no sea esteril, como era hasta aquí, y dexar el entendimiento ilustrado con ellas. Pero estos fines generales no se han de lograr con la Lógica, cuyo destino no es ese, sino con el estudio bien fundado de las Ciencias. El otro Discurso es para responder á las objeciones, y en especial á la que se le hizo del mal uso de los exemplos. En la realidad no satisface á este reparo el Autor de esta Lógica, ni ha podido estorbar que despues de sus respuestas continuasen en impugnarla algunos Escritores inteligentes[e]. Solo resta poner lo que dice en favor de Aristóteles en este Discurso[f] despues de haberle hollado extremadamente en su Lógica: "Es cierto (dice) que Aristóteles en la realidad es de un entendimiento muy vasto y muy extendido, que descubre en los asuntos que trata un gran número de conexîones y conseqüencias … y sin embargo de la confusion que se halla en sus Analíticos, debemos confesar, que casi todo quanto sabemos de reglas de Lógica es tomado de allí." Esta confesion es legítima, porque lo que hay en el Arte de pensar, que pertenezca verdaderamente á la Lógica, todo está en Aristóteles: lo demas que se lleva la mayor parte, y pudiera haberse excusado, es de Cartesio, y de algunos sectarios suyos.
[Nota a: Part. 1. cap. 3. pág. 59. edic. de la Haya de 1700.]
[Nota b: Cap. 7. pág. 76.]
[Nota c: Cap. 9. pág. 93.]
[Nota d: Part. 3. cap. 10. pág. 308.]
[Nota e: Véase Amort Philos. Polling. pág. 546. y siguient. edic. de
Augus. de 1730. Bruckero tom. 5. pág. 588.]
[Nota f: Pág. 31. y 32.]
[17] Como el Arte de pensar agradó tanto á los Filósofos, los que despues han escrito Cursos de Filosofía, por la mayor parte no han hecho otra cosa que copiarle, sin otra diferencia que mudar en algunos puntos el orden, algunos exemplos, y los adornos del estilo, erudicion, y otros tales, que cada uno los ha puesto segun su estudio é inteligencia. Este es el juicio que ha de hacerse de la Lógica de PURCHOT, CORSINI, BRIXIA, y otras muchas de que estamos hoy inundados, de las quales, dado que se puede tomar alguna cosa, se ha de considerar como original el Arte de pensar. De la Lógica de HEINECCIO no hago mencion, pues por su nimia brevedad, demasiada division de asuntos, extravío á materias que no son de Lógica, poco fundamento para radicarse en los principios, y no añadir cosa ninguna á los Escritores propuestos, no debe mirarse como á propósito para la instruccion, sino como un compendio de noticias literarias, que le importe á uno volverlas á la memoria despues que las ha sabido. ¿Quién creyera que CLERICO (Le-Clerc) no habia de hacer otra cosa en su Lógica que copiar en lo principal el Arte de pensar, y añadir algunas cosas de Mallebranche y de Cartesio? Lo que se debe notar en la Lógica de Clerico es, que los mas de los exemplos los toma de la Teología, y como era sectario de los Socinianos, con mucha maña procura introducir con título de Lógica los errores de su secta, de los quales está llena, y es bien lo adviertan los lectores para no dexarse sorprender de estos engaños. Gloríase de ser el único que ha hallado el modo de conocer la bondad de los sylogismos sin las reglas, que comunmente se trahen para eso[a]. La novedad que intenta introducir se reduce á aclarar bien los vocablos, y á entender lo que contienen las premisas y la conclusion. Lo de los vocablos lo trató Aristóteles con tanta extension, que en la enumeracion de los sofismas puso una buena parte de ellos en las voces, ponderando la necesidad que hay de aclararlas, para que se sepa el sentido en que se toman en qualquiera argumento. El entender las verdades que encierran las proposiciones de un silogismo no toca á la Lógica, sino á las demas Ciencias, á quienes pertenece el asunto respectivo de cada proposicion. Así que por la Lógica no sabemos si hemos de negar ó conceder las proposiciones del sylogismo, porque ese conocimiento nos viene de otras Artes; le toca solo ver si la formacion del sylogismo es conforme á las reglas que muestran su buena constitucion, no debiéndose confundir la ciencia con el modo de saber. Fué Clérico contencioso, satisfecho, despreciador de los hombres mas grandes, sin reparar en atribuirles lo que no dixeron, ó torcerlo á sus designios, como lo hizo con San Agustin y San Gerónimo, y se echa de ver en las contiendas que tuvo con GUILLERMO CAVE, PEDRO BAYLE, y otros Filósofos de su tiempo. Como este Escritor fué erudito, harto versado en la antigüedad, y no poco instruido en las cosas de los modernos, ha dado á sus escritos unos adornos que atraen á los que se paran en la superficie de las cosas sin sondearlas.
[Nota a: Ratio vero solvendorum sine regulis syllogismorum, ea simplicissima licet atque ex ratiocinationis natura petita, à nemine, qualis hic describitur, quem equidem norim, tradita fuerat. Cleric. Oper. Philos. tom. 1. praefat. edic. de Amst. de 1722.]
[Nota b: Logic, part. 4. c. 5. t. 1. pág. 215.]
[18] Con dificultad se hallará obra de Lógica mas extensa que la de WOLFIO. Este Escritor, siempre prolixo, ha hecho con título de Lógica un volumen que encierra innumerables cosas, porque trata en el Discurso Preliminar de la Filosofía y todas sus partes: despues en lo interior de la obra, ademas de lo que puede tocar á la Lógica, trata con extension muchísimos puntos de Metafísica, Animástica, y mixtos de estas Ciencias con la Etica y Teología. Algunas cosas buenas hay en esta obra, que no tanto pertenecen á la Lógica como á otras Artes; y con haberse propuesto el designio de exponer en el Discurso Preliminar el fin que se proponia en su obra, para eso solo ha empleado ciento y sesenta y ocho párrafos, sin contar los escolios que van al pie de ellos. De esto se puede inferir qué será lo demas. El método que usa es el geométrico, que no tiene lugar en todas las partes de la Filosofía por los inconvenientes que explicamos en esta obra, hablando del método. Pero como veo que hoy se hace gala de aplicar el método geométrico á todas las cosas, entre las quales hay muchas que no le admiten bien, no puedo escusar de proponer aquí las palabras de Mr. ALEMBERG, cuya autoridad los aficionados á lo moderno no dexarán de recibir con aprobacion. "Sería, dice, el mayor de los errores el imaginar que la esencia de las demonstraciones consista en la forma geométrica (que solo es accesoria y como la corteza) con una lista de difiniciones, axîomas, proposiciones, y corolarios. Esta forma es tan poco esencial á la prueba de las verdades Matemáticas, que muchos Geómetras modernos la han abandonado como inutil. Con todo eso, hallando algunos Filósofos este aparato como á propósito para engañar (sin duda porque los habia engañado á ellos mismos), le han aplicado indiferentemente á todas suertes de asuntos: han creido que raciocinar de esta forma era ajustado; pero han mostrado por sus errores, que en las manos de un espíritu falso, ó de mala fé, esta exterioridad matemática no es otra cosa que un medio de engañarse mas facilmente á sí mismo y á los otros. Se han llegado á poner figuras de Geometría en los tratados del alma: se ha reducido á teoremas el inexplicable enigma de la accion de Dios sobre las criaturas: se ha profanado el nombre de demonstracion en un asunto donde aun los términos de conjetura y de verosimilitud serían casi temerarios. Así que no es menester mas que echar los ojos sobre proposiciones tan orgullosamente calificadas para descubrir engaño tan grosero, para quitar la máscara al Sofista revestido de Geómetra, y para convencerse, que los títulos son señal tan equívoca del mérito de las obras como del mérito de los hombres[a]". Para mayor desengaño del abuso que se hace hoy del método geométrico, aplicándolo á las Ciencias en que no conviene, es menester oír al mismo Wolfio, que es uno de los que le han seguido con extremado teson en todas materias. "Por lo que pertenece á SPINOSA (dice) la que llama Ethica suya la dispuso segun el método recibido de los Geómetras con difiniciones, axîomas, proposiciones, y demonstraciones; pero no se sigue de esto que haya procedido con método filosófico, explicando suficientemente los términos de cada difinicion, y no usando en las demonstraciones de otros principios que los que estuviesen bastantemente probados, y guardando la forma genuina de las demonstraciones, como era necesario para filosofar con buen método". Este lugar de Wolfio sirve á un mismo tiempo para conocer el engañoso modo que tuvo Spinosa de propalar su atheismo, y para desengañarnos de que los escritos filosóficos que llevan los aparatos de los Geómetras no han de ser recibidos sin exâmen, puesto que la verdad no se sujeta á estas apariencias.
[Nota a: Elemens de Philosof. n. 5. tom. 4. p. 40. edic. de Amsterd. de 1764.]
[Nota b: Logic. Disc. prelimin. §. 167. in schol. p. 64. edic. de
Verona de 1735.]
[19] Es preciso decir alguna cosa de la Lógica de ANTONIO GENUENSE por andar hoy en manos de todos. Este Escritor es de varia leccion, y en todos los asuntos que trata la introduce, no siempre con la perspicuidad que es necesaria, porque le es comun amontonar noticias de Autores antiguos y modernos en cada materia sin el discernimiento, que han de menester los Lectores para tomar partido. Es tambien sumamente apasionado por los Filósofos modernos, porque continuamente está declamando contra la Filosofía antigua, y celebrando los Autores de la nueva. El método geométrico, que usa en su Metafísica, está sujeto á todas las imperfecciones que hemos notado en el párrafo antecedente, y estamos ciertos que ninguno se instruirá bien en los fundamentos de la Filosofía por la obra del Genuense: á los que ya estén instruidos, les servirá de entretenimiento filosófico su letura por la variedad de especies que lograrán con ella. Esto es aquí de paso: en otra obra darémos con mas extension la crítica de los escritos filosóficos del Genuense. En la Lógica le sucede lo mismo que á Wolfio, porque difiniéndola Arte que aumenta, forma, y rige la razon y el juicio en el estudio de la sabiduría[a], se vé precisado á meter en la Lógica todas las Ciencias, pues que todas aumentan, forman, y gobiernan el juicio y la razon. Efectivamente en su Lógica trata de todo, especialmente de la crítica, y la mayor parte de los asuntos pertenecen á otras Artes, de suerte que sin el conocimiento de ellas no sirve esta Lógica, y lo que en ella se trae para las Ciencias no son mas que piezas sueltas para formar hombres que hablen de todo con poca solidez y profundidad. Lo cierto es, que lo que hay de Lógica en esta obra es muy poco; pero lo que en monton hay de otras Ciencias es muchísimo. Es verdad que ha mostrado no gustar mucho de Wolfio, especialmente por no haber este juntado la Crítica con la Lógica, y por haberse atado demasiadamente á Leibnitz; pero el que coteje la Lógica del Genuense y la de Wolfio verá, que en la abundancia de asuntos, materias, y orden de tratados, tienen mucha semejanza y conformidad. Hablando de la Filosofía Ecléctica dice, que es la mas principal para los Teólogos[c]. Mas conviene advertir que el Eclecticismo es necesario en la Filosofía y demas Ciencias humanas; pero de la Teología debe apartarse siempre, porque los certísimos principios de la escritura y tradicion, en que ha de fundarse, no dan lugar al Teólogo, como tal, para hacerse Ecléctico. Hablando de la Teología Gentílica y de las fuentes de donde ha de tomarse[d], cita entre los antiguos Padres á Clemente Alexandrino, Eusebio, Arnobio, Lactancio, y San Agustin, advirtiendo que no siempre hablan como Filósofos, sino alguna vez como Oradores, y que deben leerse con esa advertencia. Al mismo tiempo alaba sumamente para esto á Vosio, Burnet, y otros tales, sin ponerles nota ninguna; y quisiera yo que esto se hubiera hecho al rebes, porque quien haya leido á Clemente Alexandrino, á Lactancio, y á San Agustin sobre la Teología de los Gentiles, conocerá que son originales de estos modernos, y que es muy grande la ventaja que les llevan en estos asuntos. Del mismo modo me disuena la alabanza que hace del Espíritu de las leyes, que dice ser obra que excede con grandes ventajas á todos los sistemas políticos[e], porque demas de ser muy pomposa, debiera ir acompañada de los grandísimos defectos que hay en ella, para que los Lectores se aprovechasen de lo bueno y evitasen lo malo. De Lactancio dice que hizo burla de los Antípodas, y que por eso ahora los niños se rien de él[f]. A mí me parece, que si los niños se rien de Lactancio, los prudentes le disculpan. Es digno de notarse lo que dice de los Escritores de Metafísica, es á saber, que con trabajo se hallará un Metafísico que haya evitado, ó el fanatismo, ó el materialismo[g]. Esta advertencia por esta mano es muy apreciable por la aficion que este Autor tiene á los modernos, cuyos tratados de Metafísica no se pueden leer sin esa cautela. Tambien es digno de notarse lo que trae en estas palabras: "En el presente siglo (dice) basta en una conclusion de Física citar á NEWTON, para que sin otro motivo se tenga por verdadera. Así sucedió en otro tiempo, que las inepcias de algunos sabios, de las quales DIÓGENES LAERCIO ha llenado sus libros, se alabasen. De aquí nace tambien, que un poco de erudicion en los nobles y en las matronas se levanta hasta el Cielo, quando en otros fuera ignorancia…. Los libros de la otra parte de los montes son recibidos de los nuestros á ojos cerrados, como si el entendimiento y la razon se hubiesen ido á estár entre los Franceses y los Ingleses, y nosotros hubiéramos quedado brutos[h]". Muy del caso fuera que los nuestros, como lo hacen en otras cosas, creyeran en esto al Genuense.
[Nota a: Ars Logico-Critic. Proleg. §. 9. pag. 3. edic. de 1766.]
[Nota b: Logic. Prolegom. §. 48. y 49. pag. 20. y lib. 2. cap. 5. §. 1. en la nota pag. 92.]
[Nota c: Logic. lib. 1. c. 6. §. 16. pag. 69.]
[Nota d: Logic. lib. 2. c. 5. §. 9. pag. 95.]
[Nota e: Logic. lib. 2. c. 1. §. 4. pag. 104.]
[Nota f: Logic. lib. 3. c. 1. §. 7. pag. 145.]
[Nota g: Logic. lib. 2. c. 5. §. 4. pag. 93.]
[Nota h: Logic. lib. 2. c. 3. §. 4. pag. 86.]
[20] LUIS ANTONIO VERNEI, conocido entre los literatos con el nombre de Barbadinho, ha hecho su Lógica en seis libros, en la qual sigue las pisadas del Genuense, con quien tenia comunicacion[a], de manera que en el método, asuntos, materias, y modo de tratarlas, son muy semejantes, bien que con la diferencia que el Genuense muestra estár mas instruido en la antigüedad, que Vernei. Nada nuevo hay en esta Lógica voluminosa; y aunque en ella se tratan materias de todas las Artes, siendo así que es poquísimo lo que hay de verdadera Lógica, no hubo otro trabajo que el de copiar á otros modernos que han hecho lo mismo. La erudicion es mucha, pero acinada, y con señas de no haberse sacado de los originales, por donde es tumultuaria, desordenada, y de ningun modo á propósito para instruir con fundamento á los Lectores; pero sí acomodada para llenarles la cabeza de varias especies, y hacer que parezcan sabios sin serlo. Sobre todo es intolerable el desprecio que hace de los antiguos, y la ciega deferencia á los modernos. En la Dedicatoria al Rey de Portugal dice: Que los modernos á lo menos son iguales, alguna vez superiores á los antiguos, porque ¿quién hay entre estos que en las Ciencias mas sérias nos haya dexado otra cosa que principios rudos y desordenados? Pasa despues á hacer comparaciones entre la Lógica de Aristóteles y la de Gasendo, del Arte de pensar, Du-Hamel, Regis, y otros semejantes modernos, hallando sumos defectos en aquel, y grandes perfecciones en estos, y concluye: "Aunque todos se quejen he de decir que solo el librito de la Lógica de Heineccio, ó de Wolfio, si se atiende al orden, perspicuidad y utilidad de las cosas, excede en grande manera las Bibliotecas de Aristóteles, Teofrasto, y Chrisippo". Si Vernei probase lo que afirma, hiciéramos aprecio de esta y otras muchas cosas semejantes, que en tono de magisterio dexa sentadas; pero como el decir y no probar es voluntariedad, dexamos esas expresiones para que las estimen y las sigan los que se precian de discípulos suyos, apreciando mas su Lógica que las máxîmas Bibliotecas de los Escolásticos. Despues que Vernei en la prefacion de la edicion primera de su Lógica[c] ha manifestado los defectos que hay en las Lógicas que salen en el presente siglo y en las del pasado, sienta como máxîma aprobada por el consentimiento de hombres doctísimos, que los principales documentos de la Lógica conviene introducirlos en los entendimientos tiernos, no por los Maestros en las Escuelas, sino por las amas en la cuna[d]. Parécese á este consejo la advertencia que nos dá sobre Erasmo, Huecio, Scaligero, Vosio, Salmasio, Grocio y otros Escritores semejantes, los quales coloca en la clase de pedantes[e]. Dexo los desprecios de Aristóteles, continuados y repetidos en esta obra, porque estoy en la inteligencia, que con la aversion que tiene Vernei á la antigüedad, no le ha leido, y se echa de ver en la poca exâctitud con que refiere sus opiniones. Quando trata del uso que se ha de hacer de la Lógica, despues de haber encargado el exercicio en el Arte de pensar, en Purchot, Rohault, Mallebranche, amonestando que no se gaste el tiempo en los escritos de los Escolásticos, porque de estos se puede leer uno, ú otro quando no hay otra cosa que hacer, para sacar la utilidad de notar sus errores mas claros, dice, que se lea la Historia, especialmente lo que Clérico en su Arte Crítica ha dicho de Quinto Curcio, ó algunos Historiadores Portugueses, como Osorio, Maffei, Faria, ó Rodriguez Costa; y no contento con esto, para mayor exercicio en la Lógica, aconseja, que se lean las Oraciones de Ciceron, Perpiñan, Paleario, y otros semejantes, prometiendo que el que lo hiciere así ha de superar á los demas en muchos grados[f]. Fuera largo notar otras particularidades de esta obra, y acaso saldríamos de nuestro instituto; lo que no puedo omitir es, que merece alabanza en advertir á los jóvenes "que muchos de los Autores que propone, como que han ilustrado la Lógica, son hereges, y que no los han de leer, sino segun lo que prescriben las leyes, y entonces con cautela: que no nos hace falta su letura, porque quanto bueno hay en ellos lo han puesto los Católicos en sus escritos[g]". Tambien es digno de notarse, que este Escritor no gustaba del estilo matemático aplicado á otras Artes, y por este motivo reprehende á Wolfio, sentando que su lenguage es inutil para instruir á los jóvenes[h]. Culpa tambien á Leibnitz, porque sentaba que la Filosofía no podia tener las luces que necesita sin los principios de la Matemática, suponiendo que esto nacia de la preocupacion y demasiado amor á esta Ciencia, por donde asegura que Gravesande, Keil, Wolfio y otros tales, que siguen el riguroso método geométrico, no son á propósito para los principiantes[j].
[Nota a: De re Lógica, lib. 1. c. 7. pag. 33.]
[Nota b: Nostra haec Logica quamvis morosis censoribus copiosa videatur, si rerum ordinem & praecepta consideramus, brevis sit … si praecepta ab exemplis separentur, facilè apparebit, quàm paucis praeceptis contineantur innumerae res gravissimae quae hic traduntur, pag. 24.]
[Nota c: P. 20. edic. de Valencia de 1768.]
[Nota d: Verè ac summo doctissimorum hominum consensu hoc dico: praecipua Logices decreta non à praeceptoribus in schola, sed à nutricibus in cunabulis teneris mentibus instillari oportere, p. 21.]
[Nota e: De re Logica, lib. 6. cap. 1. §. IX. in nota, pag. 292.]
[Nota f: De re Logica, lib. 6. c. 5. p. 335.]
[Nota g: De re Logica, lib. 1. capit. 7. pag. 33.]
[Nota h: Lib. 1. cap. 7. pag. 31.]
[Nota i: Logic. lib. 1. pág. 32.]
[Nota j: De re Logica, lib. 6. c. 5. p. 335.]
[21] Resta ahora informar á los lectores brevemente de lo que hemos hecho en esta Obrita. Se imprimió la primera vez mi Lógica año 1747; y no habiendo cesado yo en los 23 años que han pasado hasta ahora de estudiar, y meditar, segun lo han permitido mi salud y mis ocupaciones: habiendo puesto mi principal estudio en los originales, sin los quales entiendo que ninguno llega á saber nada con fundamento, con las noticias que de nuevo he adquirido, me ha parecido preciso para hacer la segunda impresion de esta Lógica el enmendarla y añadirla, quitándole todo lo que pudiese ser sistemático, y dando cuenta de lo que cada dia se anda escribiendo en tantas Lógicas como se publican. Considerando al mismo tiempo que la única y verdadera Lógica es la de Aristóteles, he procurado hacer el principal fondo de la mia Aristotélico, siguiendo la doctrina que este gran Filósofo propuso en los libros Lógicos que antes hemos manifestado. Siguiendo tambien su exemplo me he valido de algunas cosas de la Metafísica, de la Animástica, y de otras partes de la Filosofía; pero con la moderacion de no traer mas que lo preciso para la Lógica. Estoy en la firme persuasion, que es muy poco lo que en la substancia han adelantado los modernos sobre los antiguos en la Lógica. Lo mas que han hecho es aclarar algunos puntos, y darles mayor luz y hermosura; y como mi máxîma constante en los estudios es, que se ha de estudiar la antigüedad en sí misma, y que de los modernos se ha de tomar lo que hubiesen adelantado de nuevo quando lo hayan hecho; y quando no, lo que sirve á poner mas en claro é ilustrar lo que enseñaron los antiguos, eso mismo es lo que he procurado hacer en esta Lógica, enderezándolo todo á la gloria de Dios, y bien de las gentes.
Nisi utile est quod facimus, stulta est gloria. Phaedr. Fabul. lib. 3. Fab. XVII. vers. 12.
LIBRO PRIMERO.
CAPITULO I.
DE LAS OPERACIONES DEL ALMA en general.
[1] El hombre se compone de dos partes esenciales, es á saber, Cuerpo, y Alma. El Cuerpo es substancia material y sensible, y organizada de modo que cada una de sus partes contiene un artificio maravilloso, y todas juntas conspiran á producir las acciones especiales que le pertenecen. El Alma es substancia espiritual, inmortal, indivisible, criada por Dios, que la introduce en el Cuerpo quando ya este se halla con las disposiciones, y organizacion necesaria para recibirla. Mas es de admirar, que siendo de naturaleza tan diferente el Cuerpo, y el Alma, se unen entre sí tan estrechamente mientras dura la vida, que el uno no puede obrar sin dependencia del otro, de suerte, que las cosas que tocan al cuerpo las percibe el alma, y esta comunica especiales movimientos al cuerpo.
[2] Y aunque sea verdad, que no podemos comprehender claramente el modo con que una substancia espiritual se une con otra material, ni de qué manera recíprocamente concurren á producir las operaciones; no obstante si atendemos con cuidado lo que pasa dentro de nosotros, quando pensamos, ó queremos alguna cosa, y reflexíonamos en lo que entonces nos sucede, descubrirémos con bastante certidumbre la union de estas dos substancias, y el origen de sus principales operaciones.
[3] Las acciones que el hombre exercita, ó son materiales y corporeas, ó espirituales. El Alma es á la verdad la causa principal de todas; pero se diferencian entre sí, porque las primeras se executan por disposicion del cuerpo, y las segundas especialmente existen en el Alma. El movimiento del brazo, lengua, y piernas: el del corazon, nervios, y todos los murecillos del cuerpo, proceden del Alma, y no obstante con razon se llaman corporeos, porque todos se exercitan con el cuerpo. Pero el imaginar, discurrir, juzgar, y por decirlo de una vez pensar, y querer, son acciones espirituales propias del Alma. Estos son principios ciertos tomados de la Física y Animástica, y nos valemos de ellos como presupuestos bien seguros para averiguar lo que pertenece á la Lógica.
CAPITULO II.
De las operaciones mentales del Alma.
[4] Asi como el cuerpo humano consta de distintas potencias con que exercita muy diversas operaciones, las quales conspiran á un mismo fin, que es la conservacion de la vida, con orden maravilloso entre todas ellas, del mismo modo en el Alma hay varias facultades, potencias, y fuerzas con que produce muchos actos, que todos conspiran, se ordenan, y mutuamente se ayudan al fin de exercitar la razon. Irémos aquí descubriendo estas potencias del Alma, segun el orden que naturalmente guardan en sus operaciones: mostrarémos los objetos de cada una de ellas: y manifestarémos como todas se ayudan y concurren al exercicio de la racionalidad. No solo los Filósofos antiguos, sino tambien los modernos tratan este asunto con suma confusion, atribuyendo á una potencia lo que es de otra, y mezclando entre sí las cosas que debieran separar, de donde nace mucha obscuridad, y de ella muchos errores y falsedades, de que estan llenos los libros antiguos y modernos de Lógica. La misma naturaleza enseña á todos los hombres, si quieren ser atentos en observar lo que pasa en su interior, que nada hay en su entendimiento que no haya tomado ocasion de los sentidos. En el exercicio de la Medicina tenemos todos los dias motivo de asegurarnos de esto en las varias suertes de males, en que se dañan los sentidos, y la razon. Un hombre que por la mañana usaba de sus sentidos y demas potencias mentales, por la tarde, acometido de una fuerte apoplegía, ni siente, ni razona, y así está como un tronco mientras dura la enfermedad. La primera potencia, pues, que hay que explicar es la sensible, porque es la puerta por donde entran al entendimiento los primeros objetos sobre que se ha de exercitar. Las cosas de á fuera, que se presentan á nuestros sentidos, se llaman objetos sensibles. Quando se aplican á los órganos de los sentidos, ya sea por sí mismas, ya por partículas que de sí despiden, hacen empujo, ó impresion en ellos. Al punto que esto sucede, percibe el hombre el objeto por una alteracion que en sí experimenta, debiéndose distinguir como cosas diversas el empujo del objeto y la percepcion de él, pues aquel es puramente físico, y esta es produccion de la potencia sensitiva. Esta potencia de percibir el objeto sensible se llama en Griego [Griego: Athaetikae dunamis]: en Latin vis sentiendi: en las Escuelas principium sensationis: en Castellano fuerza, potencia sensible, ó, como otros dicen, sensitiva: el acto de esta potencia, esto es, la alteracion nueva que se experimenta á la presencia del objeto en los órganos de los sentidos, se llama en Griego [Griego: Athaesis]: en Latin sensus: en las Escuelas sensatio: en Castellano sensacion, ó percepcion de los objetos sensibles. Pongamos un exemplo. Tocan á uno el pie con un palo, ó acercan á las narices una rosa: el palo y la rosa son objetos sensibles del tacto y del olfato: el inmediato contacto, aproximacion activa de estos objetos á los sentidos es el empujo, impresion que hacen en ellos: la advertencia (permítaseme usar de esta voz) percepcion que el hombre tiene de estos objetos, y de la impresion de ellos en su cuerpo es la sensacion. A este modo sucede en todos los demas sentidos.
[5] Luego que se ha hecho la percepcion de los objetos sensibles, instantaneamente se forma en lo interior del hombre una imagen, forma, ó expresion del objeto, de modo que se pinta su figura, hábito exterior, y forma, que encierra los caractéres distintivos de cada cosa. La potencia de engendrar esta imagen se llama en Griego [Griego: phantasia]: en Latin imaginatio: en Castellano fantasía, imaginacion. El acto de esta potencia, esto es, la imagen ó representacion del objeto sensible se llama en Griego [Griego: phantasma]: en Latin imago, species, forma: en las Escuelas aprehensio; en Castellano imagen, representacion de la cosa. Los modernos, desde que se ha introducido por todas partes el uso de la lengua Francesa, comunmente le llaman idea con poca propiedad, y confundiendo las operaciones del entendimiento, como verémos en el capítulo siguiente. Hasta aquí no hay mas que simple percepcion del objeto sensible, y representacion de él en la fantasía, sin afirmacion, ni negacion. Para quitar equivocaciones, así de lo dicho, como de lo que se ha de decir en adelante, advierto, que la voz sensible en Castellano se toma como la latina sensibilis en dos significaciones, porque unas veces recae sobre la potencia, y se dice facultad, ó fuerza sensible, que es como si dixéramos potencia de sentir: otras veces sobre el objeto; y así á este le llamamos sensible, que vale tanto como decir cosa que se puede percibir con los sentidos.
[6] Síguese por el orden natural la potencia de combinar, esto es, juntar, unir, desunir, separar las imágenes de los objetos externos pintadas en la fantasía. Las potencias sensitiva é imaginativa tienen por objeto inmediato las cosas externas, que hacen impresion en los sentidos: esta potencia de que hablamos, y las demas que irémos explicando, tienen por objeto próximo las imágenes y representaciones de la imaginacion, y por objetos remotos las cosas externas. Esta potencia de combinar, junta, ó separa las imágenes simples de mil maneras diferentes. La union la hace por la expresion es, la separacion por la expresion no es. Estas expresiones se llaman cópula, porque atan las cosas entre sí, de modo que si las juntan se llama cópula afirmativa, y si las separan negativa. Esta potencia en Griego se llama [Griego: Noaema]: en latin intelligentia: en las Escuelas principium discursus: en castellano no sé que tenga nombre propio; pero su principal fuerza se explica con la voz ingenio, de la qual yo me valdré en esta Obra, puesto que llamamos así en Español la potencia mental con que el hombre inventa, descubre, halla, y compone, ó descompone innumerables combinaciones de las cosas. La accion de esta potencia se llama en Griego [Griego: Ennoia]: en latin cognitio, intellectio: en castellano inteligencia, conocimiento, comprehension_. A dos clases se pueden reducir las innumerables combinaciones y enlaces de esta potencia, porque unas son simples, quando una cosa se junta con otra, como Pedro es hombre, Pedro no es sabio: otras son compuestas, quando se juntan algunas de las simples para formar otra, como el Sol ha salido: siempre que el Sol ha salido es de dia: luego es de dia. A la combinacion simple llaman los Griegos [Griego: Apophansis]: los Latinos enuntiatio: en las Escuelas judicium, propositio: en Castellano proposicion. La combinacion compuesta se llama en Griego sylogismus: en Latin raciocinatio: en las Escuelas discursus: En Castellano razonamiento, discurso, argumento, sylogismo. Las varias afecciones de las proposiciones y sylogismos ya en afirmar y negar: ya en modificar, restriñir, ampliar: ya en conformarse con la verdad, ó en fingir y falsificar con diversas combinaciones, se explicarán mas adelante. Lo que conviene prevenir aquí es, que esta es la potencia, sobre la qual trabaja principalmente la Lógica, pues su instituto es entender, aclarar, y asegurar la legítima disposicion que han de tener las combinaciones simples y compuestas, y cada una de las partes que las componen, y el todo que resulta en las proposiciones y sylogismos, con el fin de asegurarse de la verdad.
[7] Resta explicar la potencia principal de la mente humana, superior en alcances y en dignidad á las que hemos declarado. Hay en el hombre una fuerza, facultad, ó potencia de conocer la exâctitud, orden, verdad, falsedad, proporcion, propiedad, y buena constitucion de los actos de las potencias propuestas, y de juzgar y conocer de ellas, descansando sobre lo que halla cumplido y conforme á lo verdadero, y no pudiendo quedar satisfecha con lo falso. En los brutos hay potencia sensitiva é imaginativa, porque estas pueden residir en lo corporeo: no hay ni puede haber la potencia de combinar, y mucho menos la de juzgar de las cosas, porque estas dos son propias del hombre, y no pueden estar en cosa corporea y material, sino en puro espíritu, como pienso demostrarlo por razones filosóficas en la Metafísica. Lo cierto es, que si el hombre entra dentro de sí mismo, meditando lo que le sucede en el exercicio de estas potencias, y ve con cuidado lo que hacen y pueden hacer los brutos, conocerá claramente el orden superior en que está constituido sobre ellos, ellos, y que hay en su constitucion un principio espiritual que le distingue de todo lo que no es hombre. Esta potencia de que hablamos se llama en Griego [Griego: Nous]: en Latin mens: en Castellano juicio. Los actos, ú operaciones de esta potencia se llaman en Griego [Griego: Synesis]: en Latin ratio: en Castellano razon; y conviene no confundir la razon con el raciocinio, porque este es el sylogismo que pertenece al ingenio, ú potencia de combinar, y puede ser bien ó mal ordenado; no así la razon, que siempre ha de ser justa, ó arreglada á lo que corresponde. Esta potencia, que es la mas superior de la mente, la mas estimable, y la que mas se debe cultivar, tiene por objeto inmediato los actos de las otras potencias ya explicadas, de modo que mirándolos juzga sobre ellos. Quando se para porque no conoce ni distingue bien su objeto en todas sus circunstancias, este acto se llama suspension de juicio: quando contempla sus objetos, deteniéndose en exâminarlos, atencion: quando juzga sobre ellos si son exâctos, ordenados, verdaderos, &c. reflexîon: si despues de reflexîonados se asegura de sus propias determinaciones, se llama conciencia. El modo que tiene de obrar es este: Hay ciertas verdades que pueden llamarse fundamentales, porque estan plantadas en el alma, como verémos en el capítulo siguiente, y son el fundamento del juicio, las quales son tambien la razon primitiva que sirve para exercitarse esta potencia. Qualquiera cosa es, ó no es: es imposible que una cosa sea y no sea: las cosas que son una misma con una tercera, son tambien unas mismas entre sí: de la nada, entre las cosas criadas, no se puede hacer nada: el todo es mayor que su parte: si á cosas iguales se añaden cosas iguales, los todos quedan iguales: y otras muchas proposiciones, que tienen una firmísima certeza, sin que necesiten de probarse, porque todo el género humano está convencido de ellas, son los fundamentos sobre que obra la potencia de juzgar: y quando halla conformidad entre los actos de las otras potencias, y estas proposiciones, asiente y descansa sobre ellas, como que son entonces conformes á la razon, ó, lo que es lo mismo, se alcanza con la razon la union, conformidad y enlace de los actos intelectuales con las máxîmas primitivas; al contrario si los halla disconformes, distantes, y no componibles con las verdades fundamentales, entonces disiente y los rechaza. Por eso nada le importa tanto al hombre como ilustrar esta potencia y gobernar bien sus actos. Los principios que para esto necesita, demas de los que llevamos propuestos, son los que subministran como seguros las Artes y Ciencias. La Religion le da máxîmas ciertas para juzgar lo que á ella toca: la Moral para buscar el bien y huir del mal: la Física para entender la naturaleza y juzgar de sus operaciones: la Jurisprudencia para conocer lo justo é injusto, la Política para gobernar los Pueblos con acierto; y así de las demas: de suerte, que cada qual debe trabajar en adornar esta potencia con máxîmas fixas y seguras, que le sirvan de norma para el exercicio de la razon. Estas máxîmas, quando son generales, van con la naturaleza: las particulares se aprenden con el buen estudio de cada Ciencia en particular. En la Lógica solo se exercita el juicio, exâminando si la potencia de combinar ha formado bien, ó mal los raciocinios, pues el juzgar de las demas Artes no se ha de hacer por la Lógica, sino por los principios, ó máxîmas fundamentales de cada una de ellas; bien que siendo uno de los modos mas aptos para conocer la conformidad de los actos intelectuales con las primeras verdades el reducirlos á sylogismos, por eso la Lógica tiene un uso transcendental á todas las Ciencias. Los Griegos y Romanos primero, y despues los Escolásticos, que siguieron sus pisadas, hablaron de estas potencias con mucha confusion, tomando unas por otras, y mezclando sin orden los actos de ellas, atribuyendo á una la operacion que pertenece á la otra. Los modernos en lugar de quitar esta confusion, por lo comun la han aumentado, como ha de confesarlo qualquiera que esté bien enterado de lo que llevamos propuesto, y los lea sin preocupacion, lo qual es causa de haberse escrito entre muchas Lógicas muy pocas que sean exâctas. En los vocablos ha habido todavía mas confusion, porque á la poca exâctitud de los Filósofos se ha añadido el uso del Pueblo, que es el árbitro de las lenguas. Yo he procurado escoger las voces mas expresivas de los Autores, para que se uniese con la doctrina de ellos lo que propongo, y los he fixado para el uso determinado que de ellos he de hacer en este escrito. Si HUARTE en su Exámen de ingenios hubiera separado las potencias mentales y sus actos, atribuyendo á cada una lo que le corresponde, hubiera hecho singular su obra; bien que aun con la confusion que en esto tiene es muy digna de las alabanzas que le han dado los eruditos Extrangeros. Una cosa es preciso advertir, que en nuestra lengua la voz Entendimiento significa el conjunto de todas las potencias mentales, que llevamos explicadas; y Pensamiento los actos de estas mismas potencias, de qualquiera suerte que sean.
[8] La Memoria es una potencia transcendental á todas las que llevamos propuestas. Su objeto son las imágenes de la fantasía. Forma esta necesariamente imágenes simples de las cosas que se presentan á los sentidos. Despues las forma tambien de los mismos actos del entendimiento sensibilizándolos, esto es, haciéndolos en cierto modo sensibles, porque la verdad, justicia, igualdad, proporcion, relaciones que son objetos de las operaciones mentales, y aun los mismos actos del entendimiento sin ser sensibles, las pinta como si lo fueran, formando las imágenes de estas cosas por la similitud, composicion, correspondencia y forma de otras que lo son. Así el Geómetra se fabrica una imagen mental del punto y de la linea, como si fueran sensibles. Lo mismo hace el Aritmético, el Metafísico y el Jurisconsulto, quando cada uno de estos forma en su imaginativa representaciones sensibles de los objetos insensibles de sus profesiones. Las combinaciones tantas y tan varias del ingenio, y las resoluciones del juicio las sensibiliza la imaginativa de la misma manera. El primer origen de estas imágenes viene de los sentidos, porque viene de los fantasmas, ó representaciones simples que la fantasía forma de las cosas; pero, como he dicho, de las simples, que son legítimas, fabríca otras, que solo representan en alguna semejanza los actos mentales; y conviene no dexarse llevar de las imágenes así formadas, porque, ni son exâctas, ni á propósito para que por ellas se asegure el juicio de la realidad de las cosas. Tambien se ha de cuidar de no confundir estas imágenes mentales con los principios de juzgar que tiene el entendimiento, los quales aunque obran sobre tales imágenes, son de superior orden, y no partícipes de lo corporeo. Los errores que de la confusion de estas cosas nacen los irémos mostrando en sus lugares. A la potencia de formar las imágenes de que acabamos de hablar llaman en las escuelas entendimiento agente, y á las potencias que obran en vista de estas imágenes entendimiento paciente. La Memoria es la potencia mental, que conserva, renueva, y como que reproduce toda suerte de imágenes, así simples y sensibles, como intelectuales; y aunque por sí no hace al hombre racional, ni sabio, ni inteligente; pero es un depósito, ó almacen, del qual las demas potencias toman la materia, esto es, los objetos sobre que se han de exercitar; y así conviene llenar la memoria de copiosas imágenes bien colocadas, bien distintas y separadas, sin confusion alguna, y no gobernar el juicio por ellas, sino por los principios fundamentales de la razon, que son muy superiores. Sucede que quando se forma la imagen de una cosa en la fantasía, se juntan con ella el lugar, tiempo, ocasion y enlace de las demas cosas que la acompañan. La memoria se aprovecha de todas, porque á veces nos acordamos de una cosa por la conexîon de otra, sin la qual no seria facil renovarse la imagen de la primera. A esta manera de exercitar la memoria llamaron los Filósofos reminicencia. La potencia de la memoria se llama en Griego [Griego: Mnaemae]: en latin y en castellano memoria: y en las tres lenguas tienen el mismo nombre los actos de esta potencia. Aunque las potencias del entendimiento que hemos explicado sean distintas, y diversas en el modo de obrar, se hallan tan enlazadas unas con otras, que momentaneamente exercitan sus actos sin estorbarse, y se ayudan sin embarazarse: de modo que la prontitud imponderable con que valiéndose unas de otras producen sus actos, es causa de mucha confusion, y de errores en los que no meditan, ni trabajan en entender lo que toca á cada una de ellas. Disputan los Escolásticos si estas potencias están identificadas, esto es, son el mismo ser esencial del alma, ó se distinguen de ella. Ademas de ser de todo punto inaveriguable esta qüestion, dado que se pudiese esto llegar á saber, no serviria para perficionar el entendimiento humano; con que los argumentos y contenciones con que las Escuelas se oponen entre sí, no aprovechan para otra cosa que para mantener voluntarias é interminables disensiones por cosas que no importan nada. Lo que hay de cierto es, que las potencias intelectuales residen en el alma, y son el fondo de su propia naturaleza. Así como la naturaleza de cada cosa lleva consigo necesariamente, y sin poderle jamas faltar, la potencia, principio, y facultad de producir sus propias, y especiales operaciones, del mismo modo á la naturaleza del alma en el hombre le corresponde la potencia de producir los conceptos mentales, como lo llevamos explicado.
CAPITULO III.
De las ideas.
[9]No es qüestion de voz, sino de cosas muy precisas la que vamos á tratar. Aunque comunmente se cree, y graves Autores lo dicen, que Platon fué el primero que usó la voz idea: yo hallo que Hippócrates, anterior á Platon, la usó muchas veces en sus escritos legítimos; con que solo se puede decir, que Platon fué el que hizo mas universal la noticia de las ideas. Decia este Filósofo, que quando el Hacedor de todas las cosas hizo este mundo visible, miraba como originales á quienes se adaptaba ciertas formas exteriores, inmateriales, insensibles, eternas, que le servian de exemplar, y á estas llamaba ideas. Leyendo el Timeo de Platon y su Phedon, donde trata de estas cosas, se echa de ver mucha confusion en los dictámenes de este Filósofo, y poca constancia en lo que establece sobre estas ideas, de modo que sus sectarios Plotino, Alcinoo, Apuleyo, y otros, no se pueden convenir entre sí quando tratan de averiguar la mente de su Maestro en este punto. SAN AGUSTIN, que con admirable sabiduría supo enmendar los errores gentílicos, convirtiéndolos en usos verdaderos para ilustracion de las verdades christianas, hablando de las ideas de Platon, las coloca en la mente divina, como que Dios en la creacion del mundo iba poniendo en obra lo que desde la eternidad estaba en su mente. ARISTÓTELES impugnó las ideas Platónicas; y en los tiempos medios no se ha hecho mencion de ellas sino para rechazarlas, de manera que en las Escuelas nunca han tenido entrada, ni en su significado, ni en la voz Idea, para explicar los actos del entendimiento. Los modernos han tomado por su cuenta hablar en sus Lógicas de las Ideas, no de las de Platon, porque todos conocen que son fingidas, sino aplicando esta voz á los conceptos del entendimiento, con lo que han introducido un lenguage, que en sí es confusísimo, y cierra la comunicacion de los Dialécticos de ahora con los de la antigüedad. CARTESIO, á lo que yo entiendo, por no hablar como los antiguos, fué el que introduxo las ideas en la Filosofía[a]. Como el sistema Cartesiano deslumbró toda la Europa, se hizo como cosa de moda pensar, y hablar como Cartesio. Despues que han conocido los hombres de buen juicio, que la Filosofía Cartesiana era por la mayor parte un cúmulo de ficciones bien encadenadas, la han abandonado, quedándoles pegada alguna cosa, como sucede siempre que se han preocupado los entendimientos, pues cuesta mucho desarraigar de todo punto lo que estuvo internado en la mente. Han quedado, pues, las Ideas, y las aplican los mas á cosas con que no tienen conexîon, ni pueden tenerla. Ni Platon, ni sus discípulos entre los Griegos: ni Ciceron, ni Séneca entre los Latinos entendieron, que la voz Idea significase conceptos mentales, sino la forma exterior, hábito y caracter circunstanciado, con que se muestran las cosas, de modo que la Idea reside en ellas, no en el entendimiento; y es el modelo, exemplar, y especie exterior que se tiene presente para la imitacion. En el mismo sentido usó Galeno de esta voz. En las Escuelas han guardado en esto mas propiedad, porque llaman Conceptos lo que los modernos Ideas, y así mantienen la inteligencia de las voces que usaron los antiguos. Algunos Filósofos de estos tiempos, conociendo esto, se han disculpado del demasiado uso de la voz Idea, como Gasendo, y Lock[c]. Los mas han hecho la salva en sus Lógicas de la variedad suma que reyna entre ellos mismos sobre la inteligencia de las Ideas[d]; pero la torrente del siglo, y el no ser facil desprenderse de lo que prematuramente se creyó, ha hecho que siguiesen en sus Lógicas lo que veían en los que les habian precedido. El inconveniente que trae el usar de esta voz, como se hace, es el impedir la inteligencia de los Filósofos Griegos y Romanos, que no usaron tal lenguage, y quando lo usaron, que fué muy pocas veces, era en otro sentido. Es tambien inconveniente, y no pequeño, el no estar convenidos los modernos en lo que está significado con la voz Idea. Cartesio no se declaró bastantemente, ni está firme en la significacion[e]. Despues algunos no entienden por Idea, sino las imágenes y representaciones de la fantasía: otros la extienden á significar todos los actos del entendimiento. La obscuridad que de esto nace es muy grande, porque se confunden las operaciones de las potencias mentales, y se atribuye á una lo que es propio de las otras. Tienen por axîoma (así llaman á una proposicion de todo punto cierta, aunque los antiguos no lo entendieron así) que lo que se incluye en la idea clara y distinta de una cosa es de la esencia de ella. Si por Idea entienden las imágenes de la fantasía, es falso, porque estas representaciones cada punto engañan por ser correspondientes á la impresion de los objetos sensibles, y ser muy facil que los sentidos nos engañen. Con toda claridad, y distincion se nos pinta en la imaginativa como torcido un palo metido en el agua quando está derecho: y con la misma claridad se nos representa una bola de cera como si fuesen dos, quando la movemos con los dedos atravesados, y así otras muchas cosas, en que quedamos cada dia engañados por las representaciones de la fantasía. Este punto le trató bien el Padre Mallebranche, sin embargo que de las Ideas habló con mucha extravagancia, así en la difinicion de ellas, como en afirmar que vemos todas las cosas en Dios[f]. Si por Ideas se entienden las imágenes que de los mismos pensamientos forma la fantasía, tampoco es verdadero el axîoma, porque formándose estas de las primeras, estan expuestas á las mismas equivocaciones; á que se añade, que las imágenes de los actos mentales que la imaginacion engendra, y conserva la memoria, nunca son exâctas porque se forman de las sensibles, y lo representado por ellas no lo es[g]. La verdad, pues, y la seguridad que se puede tener de alcanzarla, no depende de las que llaman Ideas, sino de la rectitud del juicio, y esta depende de los principios de juzgar, de que hemos hablado en el capítulo antecedente, y tendrémos hartas ocasiones de hablar en esta Lógica. De lo que hemos dicho se colige, que la voz Idea en su riguroso sentido no está bien aplicada á las nociones mentales: que conviene hablar de cada una de estas segun lo que son, y las potencias de donde dimanan, sin confusion alguna: que para mantener la comunicacion de idiomas con los modernos, y poder usar de sus luces, nos podremos valer alguna vez de la voz Idea, fixando su significacion á las meras imágenes de la fantasía, sin transcender á los demas actos del entendimiento, como lo hacen entre ellos los mas cuerdos: y que la adquisicion de la verdad no se puede conseguir sino por la aplicacion de los principios sólidos, con que el juicio descubre la conformidad de ellos con las demas nociones mentales.
[Nota a: Véase la Introduccion, núm. 12.]
[Nota b: Véase mi Discurso sobre el Mechânismo, pág. 69.]
[Nota c: Gassend. Instit. Log. pars 1. tom. 1. pág. 92. Lock Essai
Philos. praefat. num. 8. pág. 5.]
[Nota d: Véase Purchot Logic, c. 1. p. 46. Leibnitz Logic. oper. tom. 2. pág. 17. edicion de Ginebra de 1768.]
[Nota e: Véase la respuesta á las primeras objeciones, pág. 53. De existentia Dei, pág. 85. y la impugnacion 3. de Gasendo, pág. 16.]
[Nota f: Véase la Inquisicion de la verdad, tom. 2. cap. 1. pág. 59. y sig. edicion de París de 1730.]
[Nota g: Véase Leibnitz en el lugar antes citado.]
[10] Segun lo que dexamos sentado es claro que no hay ideas innatas, aun en el sentido en que lo entienden los modernos; porque las imágenes de la fantasía dimanan de los sentidos: los demas actos del entendimiento proceden de sus respectivas potencias, y no se ponen en obra, sino quando hay en la imaginacion las representaciones de las cosas sensibles, las quales son el objeto inmediato de ellas. Así que es indubitable, que nada hay en el entendimiento que no haya entrado por los sentidos, en quanto estos son las primeras puertas por donde entra en la mente la primera noticia de las cosas, y con la ocasion que de esto toman las potencias intelectuales, exercitando su natural fuerza, producen sus actos. Comparo yo esto por lo que toca á cada una de las potencias (aunque en tales asuntos no hay que esperar comparaciones del todo exâctas) á un grano de trigo ú otra semejante semilla. Tiene esta dentro de sí la fuerza de engendrar su semejante; mas no la exercita si no la meten en la tierra, y allí recibe las disposiciones necesarias para producir su efecto. Estas disposiciones son ocasion y motivo preciso para que el grano ponga en obra la virtud oculta que encierra; pero el engendrar á su semejante lo hace por la potencia natural que en él se halla, muy distinta de los aparatos que se requieren para explicar su fuerza. Así como en el grano no es innato quanto hace el Labrador, y solo lo es la potencia interior de engendrar su semejante, del mismo modo no son innatos los motivos y ocasiones que el entendimiento tiene para obrar, y solo lo son las potencias con que exercita sus actos mentales. La equivocacion que ha dado motivo á esta duda consiste en esto. Hay ciertas verdades fundamentales, que con la luz natural se alcanzan, como el todo es mayor que su parte: cada cosa es ó no es, &c. y á estas algunos modernos, renovando máxîmas de la antigüedad, las llaman innatas, como que están plantadas en el alma, y solo se excitan, ó dispiertan con la presencia de los objetos. La verdad es, que ni estos ni otros tales principios están en la mente humana, sino que las potencias mentales los engendran quando hay motivo y proporcion; por donde son innatas las potencias, y nunca lo son sus actos. Conviene explicar un poco mas este punto. Las primeras verdades que el entendimiento alcanza, le vienen de dos fuentes, es á saber de la experiencia, y de lo que llamamos razon natural. La experiencia nos subministra principios para juzgar de todo lo corporeo y sensible: y la razon natural nos sugiere luces para conocer lo incorporeo é insensible. Las leyes inviolables, que en su modo de obrar guarda la naturaleza corporea, observadas por la recta aplicacion de nuestros sentidos, son objetos de conocimientos claros, y de principios indubitables. La verdad, justicia, virtud, relacion, y otras cosas á este modo, conocidas por los actos mentales, y miradas atentamente por el juicio, son objetos que subministran máxîmas indefectibles á la razon natural. La Física en toda su extension averigua las verdades experimentales. La Moral, la Jurisprudencia, la Metafísica, y la Lógica son el depósito de las máxîmas que pertenecen á lo incorporeo. Unidas todas ellas entre sí, enriquecen al entendimiento de principios seguros y constantes para seguir la verdad y evitar el engaño. Lo que conviene es saber aplicar las proposiciones de qualquiera asunto á las máxîmas ciertas, ya experimentales, ya de luz natural; porque el entendimiento en viendo claramente la conformidad y conveniencia de unas con otras, queda convencido de todas ellas. La Lógica trabaja mucho en hacer esta aplicacion, y de prueba en prueba, y de argumento en argumento conduce la mente á conocer la conveniencia del asunto que se trata, y su conformidad con las verdades primitivas. Nada hay innato hasta aquí: todo se adquiere con el debido exercicio de los sentidos, y con el uso de la recta razon. A las potencias del entendimiento les es innata la fuerza de producir los actos de las primeras verdades, una vez que antecedan las ocasiones y motivos necesarios para que obren; y puestas estas disposiciones, como que se vienen por sí, no pueden dexar de producirlos. Propónese á la mente una cosa acaecida, para la qual halla imposible la causa, y no asiente á ella, porque sin poderlo evitar produce este acto intelectual: ningun efecto puede haber sin causa, y de este sube al principio: de la nada, ó de lo que no hay, nada se puede hacer. Propónesele tambien que haga una injuria á su próximo, y lo repugna, porque el entendimiento conoce: lo malo no se puede hacer, y el injuriar á otro es malo, puesto que ninguno ha de hacer á su próximo lo que no quiere que se haga con él. Todas estas proposiciones hasta llegar á la verdad primitiva, que por sí misma es clara, son unos sylogismos tácitos, que con facilidad se pueden reducir á raciocinios descubiertos, con los quales se llega á ver la conveniencia de lo que se trata con los primeros principios. Estas y otras tales verdades primitivas las producen, en presentándose ocasion, las potencias mentales sin poderlo evitar, y por eso es innata en ellas la fuerza de engendrar los primeros razonamientos que han de servir de basa á todos los otros. Así como la tierra es una madre fecunda, que recibiendo varias semillas, hace que cada una, dado que acudan las necesarias disposiciones, engendre á su semejante sin poderlo estorbar, y sin equivocar las fuerzas respectivas de cada una de ellas, del mismo modo el entendimiento humano, puestas las ocasiones y motivos necesarios para obrar, produce los actos que corresponden á cada una de sus potencias: y así como á la imaginativa le toca formar imágenes de los objetos, al ingenio combinarlos, á la memoria retenerlos, al juicio le pertenece producir las primeras proposiciones que encierran las verdades fundamentales de la razon, y lo executa como que esto es propio de su íntima y natural potencia. De lo dicho se deduce, que la qüestion de las ideas innatas, que inutilmente se trata en las Lógicas de los modernos, es importuna, porque conociendo y distinguiéndose bien las potencias mentales de sus actos, y viendo atentamente cómo estas cosas se exercitan, se sabrá lo que es innato y no lo es, y tambien lo que puede ser provechoso averiguar en esta materia.
CAPITULO IV.
De las cosas que acompañan á los actos del entendimiento.
[11] Si quando el hombre piensa no tuviese otro motivo para alcanzar la verdad que el que le sugieren sus conocimientos, con solo cuidar de que estos fuesen exâctos y no confusos, adelantaria lo que permite la condicion humana en el exámen de ella; mas como junto con los actos del entendimiento andan inseparables los afectos del ánimo, estos turban, confunden, y aceleran las percepciones mentales, y, lo que es peor, corrompen de mil maneras al juicio, por donde son ocasion de muchísimos errores. Para evitar pues, los excesos que en esta parte cometemos los hombres en la averiguacion de la verdad, conviene mostrar como los afectos del ánimo concurren con el entendimiento, y alteran el buen orden de sus operaciones: asunto que se toma de la Moral para hacerlo servir á la Lógica.
[12] Al punto que en los órganos de los sentidos se hace la impresion del objeto, y la sensacion, se siente el ánimo agitado de dolor, ó deleyte. Por dolor se entiende aquí qualquiera molestia, de modo, que la agitacion del ánimo va junta con gusto, complacencia, y satisfaccion, que los Filósofos llaman Deleyte: ó con molestia, disgusto, pena, displicencia, que llaman Dolor. Por poca reflexîon que haga qualquiera con lo que le sucede quando percibe los objetos sensibles, verá que no hay ninguno que no le mueva el ánimo con uno de los nombrados afectos: bien que á veces es tan poca la agitacion que excitan, que nos parece no hallarnos alterados y á esta situacion llamamos Indiferencia. Luego que se pinta en la fantasía la imagen del objeto, y el entendimiento le percibe claramente, se excitan en el ánimo los afectos de fuga, ó prosecucion; es decir, se ve incitado á abrazarle, ó rechazarle. Esto se funda en que los sentidos se nos han dado para nuestra conservacion: el dolor es indicio de cosa que nos destruye, y el deleyte de cosa que nos conserva; con que somos naturalmente llevados por nuestro propio bien ácia el deleyte, y huimos siempre de qualquiera dolor. Sabiendo por la Filosofía Moral las pasiones que se excitan para la fuga del mal, como el temor, cobardía, odio, envidia, ira, enojo, &c. y las que se mueven por el bien, como el amor, alegria, deseo, complacencia, &c. qualquiera conocerá á la presencia de los objetos sensibles la pasion, ó pasiones de que se halla agitado, segun los contempla buenos, ó malos, dignos de prosecucion, ó de fuga. Este conocimiento es de tanta importancia, que sin él no es posible gobernar bien el juicio; porque así como no puede sentenciar bien el Juez apasionado, tampoco puede juzgar con acierto el entendimiento que se gobierna por una pasion: siendo de notar, que es tanta la influencia de estos afectos del ánimo, que las mas veces trastornan la razon, porque sigue el hombre mas los ímpetus de ellos que lo que le dicta el buen juicio. Quando el ingenio combina las imágenes, y nociones simples, se andan tambien combinando las pasiones que las acompañan; y son tantas y tan varias las que se mezclan, que por su influxo se ven tan diversas y extravagantes maneras de obrar en los que no estudian en conocerlas y moderarlas. Si alguno tiene la desgracia de no saber pensar, y junto con esto se halla agitado de fuertes pasiones, entonces se ofusca de todo punto la racionalidad. El amor propio, que es la fuente de todos los afectos del ánimo, se mezcla siempre en todas nuestras deliberaciones, y es causa de errores gravísimos, que descubrirémos con especificacion mas adelante. Raro es el hombre en quien no domine una pasion con preferencia á las otras. Este dominio hace que sus pensamientos, su juicio y su razon se sujeten facilmente al afecto que prevalece, de lo qual nacen grandes y enormes defectos, así en el entender como en el obrar. A esta pasion arraigada y dominante llaman Genio, Natural, y conviene que cada qual conozca el suyo para enmendarle. Unos son incitados al juego, otros al dinero, y así de muchas maneras nos arrastra el Genio y Natural á varias cosas, que insensiblemente nos corrompen. Felíz aquel que por su genio se ve incitado á la virtud. La buena educacion, la Lógica, el estudio de las Artes y Ciencias, los loables exemplos, el cuidado de pensar y juzgar bien, son los medios mas á propósito para dirigirse con acierto y enderezar el Genio. Hasta aquí hemos dicho los afectos del ánimo, que necesariamente se excitan á la vista de los objetos que se proponen al entendimiento: resta ahora manifestar, que con las operaciones del juicio anda junta la libertad, que es la alhaja mas preciosa que el Cielo ha concedido á los hombres. Es así, que conocidas las cosas por la razon, puede el hombre determinarse á quererlas ó desecharlas, y á ir en busca ó en fuga de ellas. Esta potencia libre se llama en Griego [Griego: thaelaema]: en Latin voluntas: en Castellano voluntad. Dícese potencia ciega, porque nunca obra sin preceder la luz del entendimiento, por donde es verdadero el principio de las Escuelas: nihil volitum quin praecognitum: es decir, nada puede querer la voluntad sin que la ilumine el conocimiento. Si el juicio es recto, y el hombre le sigue en el determinarse á buscar los objetos, ó á desecharlos, entonces hace buen uso de su libertad; si no le sigue es al contrario: y si el juicio no está bien formado, yerra la voluntad por yerro del entendimiento, que es lo que regularmente suele suceder. Con que dos cosas debe hacer el que quiere acertar: la una dirigir bien los actos mentales, rectificar el juicio, perficionar la razon: la otra sujetar su voluntad, no á lo que sugiere el amor propio y las pasiones, sino al dictamen de la razon bien ordenada. Esto basta para el uso de la Lógica: los que quieran instruirse mas, lo podrán hacer con la Filosofía Moral.
CAPITULO V.
Del uso de las Potencias mentales.
[13] Tres cosas me propongo manifestar en este capítulo: la primera, cómo percibimos los objetos corporeos: la segunda, cómo conocemos los espirituales: la tercera, cómo se ha de conocer el predominio de cada potencia. El alma, durante la vida, está tan estrechamente unida al cuerpo, que no puede sin él exercitar sus propias y naturales potencias. No entienden bien la constitucion del hombre los que atribuyen al alma operaciones intelectuales totalmente independientes del cuerpo, pues no pudiendo jamas pensar, discurrir, ni juzgar, sino con dependencia de las imágenes de la fantasía, que mira como objetos inmediatos de sus conceptos, es preciso que obre siempre con dependencia del cuerpo que ha de concurrir con los sentidos á la produccion de tales representaciones. Lo que sucede es, que el cuerpo está dispuesto con orden maravilloso para estos fines, á los quales principalmente concurren los órganos de los sentidos y los nervios. El objeto corporeo, arrimado al órgano del sentido, hace impresion en él y en sus nervios, por los quales se comunica hasta la cabeza, donde está el origen de ellos. Así que es preciso que el celebro concurra con su ayuda al exercicio de las operaciones de los sentidos, no porque en él se hagan las sensaciones, sino por las leyes de la necesaria conexîon con que en el cuerpo humano unas partes se socorren de otras, y todas juntas se encaminan á mantener el prodigioso enlace, y á cumplir los fines que les ha prescrito con inefable sabiduría el Hacedor de todas las cosas. En la primera edicion de esta obrita seguia yo otras máxîmas en esto; mas habiéndolo escrito con mas conocimiento en mis Instituciones Médicas, allí se podrá esto ver con mas extension[a]. Concurriendo, pues, todo lo dicho, á la presencia del objeto sensible se sigue la sensacion, y despues la imagen, ó representacion del mismo en la fantasía. El alma percibe distintamente los objetos por la sensacion, y por la imagen que forma de ellos en la imaginativa los alcanza con toda claridad. Así como la sensacion se hace donde quiera que estan los órganos de los sentidos, la especie, imagen, y forma de la imaginativa se exercita siempre en el celebro, á quien por los nervios se comunica la impresion que los objetos sensibles hacen en ellos. Si estan sanos los órganos de los sentidos y bien aplicados á las cosas, la imaginativa bien constituida, y el juicio que acompaña á estas operaciones es recto, se logra una certidumbre entera, como se ve en la seguridad que en esto tiene, sin excepcion, todo el género humano, que se satisface y gobierna por lo que ve, oye, palpa, &c. sin poner nadie replica á estos testimonios quando son exâctos. El conocimiento de la cosa que resulta de la debida aplicacion de los sentidos es el que llamamos experiencia, fuente fecundísima de la mayor parte de las verdades que alcanzan los hombres. Los errores que se cometen en esto, y se quieren dorar con el especioso título de la experiencia, se explicarán mas adelante. Ya hemos visto que el entendimiento por el uso de sus potencias hace reflexîon, sobre sus propios actos. Las imágenes que se forman de estos en la fantasía no son perfectas, ni sensibles, sino formadas por semejanza, tal vez muy remota, de las que exîsten en esta potencia. Con esto se ve que los actos del entendimiento no son materiales, ni corporeos, porque no tienen la solidez y fuerza que hay en la materia y en los cuerpos para impresionar nuestros sentidos. Tampoco tienen extension para ocupar lugar, pues en un solo pensamiento se incluye todo el universo. No son impenetrables, porque en una misma proposicion el predicado está incluido claramente en el sugeto, y en los sylogismos el consiguiente está íntimamente contenido en las premisas. Separan las cosas que en sí son juntas, y unen las que estan separadas, cosa que en la materia no puede suceder. El conocimiento que tiene el hombre del infinito, donde se reduce á un acto indivisible todo lo que exîste y puede exîstir, muestra que quanta es la extension de las cosas está reducida á un concepto mental distinto de todas ellas. A la vista de estas y otras muchas reflexîones, que subministran la Animástica y Metafísica, se entiende, que hay en nosotros un principio producidor de estos actos, el qual es de muy distinto ser y naturaleza que la materia; porque así como conocemos las cosas materiales y corporeas que hay en nosotros por las afecciones perpetuamente inseparables de ellas, como la extension, impenetrabilidad, solidez, &c. que dexan impresion en nuestros sentidos y imágenes en la fantasía, del mismo modo alcanzamos que hay en nuestra constitucion otro principio ageno de las referidas afecciones, con facultad de producir otras muy diversas, no solo en su ser, sino en sus propiedades, de modo que para separar estos principios constitutivos del hombre, así como al que es extenso, sólido é impenetrable le llamamos cuerpo, porque goza de las propiedades inseparables de las cosas corporeas, al otro le llamamos espíritu, porque por el general consentimiento de los Filósofos se da este nombre al ser inmaterial, que no participa ni puede participar de lo corporeo, antes tiene distinta naturaleza y opuestas afecciones á las de la materia. Este es el modo natural primitivo como el hombre, reflexîonando sobre sí mismo, conoce las cosas espirituales, conociendo su propia alma: de aquí pasa al conocimiento de Dios, como espíritu perfectísimo. Dentro de sí mismo tiene el hombre el concepto del infinito, de lo eterno, de lo inmenso, no por los sentidos, sino por la reflexîon. Conoce claramente que su ser es limitado y muy ageno de ser partícipe de aquellos objetos. Estas consideraciones le llevan á entender, que estas cosas se hallan en otro Ser, que es eterno, infinito, é inmenso, y que no le puede engañar esta percepcion mental, pues no descansa mas el entendimiento con la percepcion de las cosas sensibles, quedando satisfecho de su exîstencia quando se le presentan, que lo queda el juicio y la razon de las reflexîones propuestas, las quales halla conexâs con los primeros principios que tiene en sí para juzgar rectamente de las cosas, y son nacidas de la fuerza innata que tiene el entendimiento para producirlas. Añádese que por la facultad natural de juzgar alcanza el hombre, que es causa de una cosa aquello que á su presencia hace exîstir otra. Conoce con mucha claridad, que no exîste por sí mismo, y por consiguiente su ser depende de otro. Este conocimiento le extiende á las demas cosas hasta llegar, como término donde descansa, á un Ser de infinita potencia, de donde dimanan todos los demas seres. Con estas reflexîones entiende, que este Ser inmenso, omnipotente, y eterno es infinitamente sabio: que piensa con infinita perfeccion sin poder errar: que tiene conocimiento de todo infinitamente superior al suyo; de donde concluye con buena razon, que este Ser supremo es espíritu puro, perfectísimo, ageno de todo lo corporeo, é imposible de hallarse en la materia. Esto no es mas que mostrar el origen de nuestros conocimientos, así de los que tienen por objeto lo material y corporeo, como los puros espíritus, por lo que conduce á la Lógica. La buena Metafísica añade á estas primitivas reflexîones algunas otras con que se ilustra mas este asunto. Quando las luces sobrenaturales de la Fe Divina, comunicada por la Iglesia Católica, entran en nuestro entendimiento, fortifican extremamente estas verdades naturales, y se hermanan con ellas, de modo que las nociones que las potencias mentales producen á la ocasion de otras por su fuerza innata, se acomodan con las luces divinas, y juntas ilustran el entendimiento para conocer á Dios, y alabar y engrandecer sus infinitas perfecciones. Para conocer el predominio de cada una de las potencias mentales, es preciso suponer que un gran talento merece llamarse así, quando todas son grandes y cumplidas. Mas este don celestial es muy raro, y en un siglo entero se ve en muy pocos. Una potencia sensitiva fina, delicada, pronta, y expedita: una imaginativa firme, fecunda, exâcta, y acomodable á tantos objetos, como se deben pintar en ella: una memoria felíz, estable, y dilatada: un ingenio agudo, extendido, claro, pronto, descubridor, y desembarazado: un juicio sólido, recto, maduro, firme, seguro, é incorruptible por los afectos del ánimo, son un conjunto de preciosidades tan difíciles de encontrar entre los hombres, como el Fenix. Felíz aquel en quien concurren la mayor parte de estos incomparables bienes, que alguna vez, aunque de tarde en tarde, envia la Divina Providencia para manifestacion de su Gloria, y bien de la Humanidad. Siendo, pues, los hombres por lo comun escasos de tantas luces, y sugiriendo el amor propio á cada uno de nosotros, que las tenemos todas, conviene primero que cada qual estudie y medite qué potencias intelectuales predominan en sí mismo, y qué afectos las acompañan, para adquirir con el estudio y aplicacion lo que le falta, y dominar las pasiones que corrompen el juicio. Despues de haber hecho una averiguacion sana de su propio entendimiento, puede pasar á ver cómo podrá aprovecharse de las luces de los demas. Para esto se ha de saber, que en todas las artes Mecánicas, en que principalmente se exercitan las manos y el cuerpo, la potencia sensitiva, é imaginativa predominan; porque su incumbencia es trabajar sobre cosas sensibles, ya juntándolas, ya desuniéndolas, ya trabándolas de mil maneras entre sí, en lo que los sentidos y la imaginacion estan siempre ocupados. En la pintura, escultura, estatuaria, y otras semejantes facultades domina la imaginacion, pues de ella se vuelven á copiar las imágenes de las cosas. Los Poetas tienen por lo comun la imaginacion vivaz, agitada y fuerte, el ingenio agudo y descubridor, pero corto el juicio, porque aunque algunos le tienen, pero son muy pocos. Los Dialécticos ocupan todo el ingenio. Las verdaderas Ciencias y la sabiduría son obras del juicio, porque dado que todas las potencias deben concurrir, la razon es la que en ellas predomina. La Física pide igual aplicacion de la potencia sensitiva y de la imaginativa con el juicio, porque es necesario percibir los objetos corporeos con delicadeza y distincion, tener las imágenes de ellos en la fantasía exâctas, claras, y sin confusion alguna; pero como no basta esto solo, pues conviene ademas de esto combinar, para lo qual es preciso el ingenio, y sobre todo razonar, arreglar, ordenar, y colocar cada cosa en el punto en que lo ofrece la naturaleza, sin equivocaciones, ni falsas atribuciones, y aplicar los principios fundamentales del saber, en todo lo qual ha de ocuparse el juicio; por eso es menester mucho para formarse un Físico verdadero, y por eso aunque hoy todos hablan de la Física, no todos la entienden, ni es tanto como se cree lo que se ha adelantado en ella. Para hacer crítica de los Autores y aprovecharse de ellos es menester reparar, qué potencias mentales y qué afectos del ánimo los dominan; porque si escriben apasionados, ó con cortas luces del entendimiento, ó sin potencias correspondientes á los asuntos en que se empeñan, poco fruto se sacará de su letura; y sin este conocimiento son de poco valor los juicios que unos Autores hacen de otros. Nos hemos valido hasta aquí de la Animástica y Metafísica para darnos á entender con toda claridad en lo que vamos á decir de la Lógica.
[Nota a: Instit. Medic. Phisolog. proposic. 47. y 48. num. 187.]
CAPITULO VI.
De las nociones mentales simples.
[14] Llamamos nociones (voz bastantemente introducida en nuestra lengua) los actos de qualquiera potencia mental, con que el entendimiento conoce las cosas. Si comprehende, pues, un objeto con una sola nocion, esta se llama simple, como lo es la percepcion que llaman aprehension en las Escuelas. Todas las nociones simples conocen, ó la cosa que exîste por sí sin necesitar de otra, como la substancia: ó la que no puede estár sin otra á quien se arrima, como la adherente (algunos la llaman accidente): ó la que incluye juntas las dos, es á saber, accidente y substancia. El Agua, el Fuego, la Tierra, el Ayre, los Cielos, los Planetas, los Cuerpos terrestres, son substancias que exîsten por sí, y las conocemos como tales por las simples nociones que de cada una tenemos: los colores, los sabores, el frio y el calor, la extension é impenetrabilidad, y otros seres semejantes, nunca exîsten por sí solos, sino adherentes, ó arrimados á las substancias. Todos los entes corpereos del Universo se componen á un tiempo de substancia y accidentes, y como tales los conocemos con simples nociones, pues por una sola percepcion los representamos en la mente. Importa mucho separar las nociones de cada cosa, no confundirlas, ni atribuir á una lo que es de otra, para averiguar en cada una de ellas su naturaleza, efectos, y propiedades.
[15] Las nociones simples, unas son universales, otras singulares, otras medias. Todas las cosas en sí mismas, ó, como en las Escuelas con su bárbaro estilo dicen, à parte rei, son singulares: pero como cada una tiene un atributo, que es comun con otras, el entendimiento suele mirarlas por el lado solo en que se semejan, y con una nocion las comprehende todas. Esta nocion se llama universal, y comunmente se dice hecha por abstraccion, porque la mente de muchas cosas del objeto no conoce entonces mas que una, abstrayéndola, como que la mira separada de las demas. El modo de abstraher es este: fórmase en la fantasía la imagen de lo viviente y sensitivo (que llamamos animal) todas las veces que ve estas cosas en los entes singulares, ya sean hombres, ya bestias, ya sabandijas, &c. la memoria renueva en confuso estas imágenes, cada vez que se presenta una sola, por la necesaria conexîon que unas tienen con otras: estas potencias tienen entonces, sin transcender á mas, la nocion de animal, con la que miran no un solo individuo singular, sino todos los que forman y excitan aquella misma representacion; y siendo muchos, la nocion es universal. La nocion singular no necesita de explicacion, pues por ella conocemos cada cosa en particular. Las nociones singulares anteceden, como hemos dicho, á las universales; y para que estas sean exâctas es menester adquirir aquellas con el mayor cuidado, á fin de asegurarse de manera, que la nocion mental sea enteramente conforme á la cosa que mira como objeto. Las nociones medias son aquellas, que ni representan los singulares, ni son universales, sino excluyendo tácitamente á ambos, participan de las dos, como quando decimos: algun hombre, pues con esta nocion, ni comprehendemos todos los hombres, ni á uno solo. Esto lo hace el entendimiento quando no ve en el objeto lo singular, ni descubre en él mismo los atributos universales.
[16] A las nociones simples pertenecen los predicamentos (en Griego se llaman [Griego: Kathaegoriai], Cathegoriae) que comunmente se tienen por diez, es á saber, la substancia, ó el ser que por sí subsiste: la quantidad, ó medida de la cosa: la qualidad, ó aquello por donde la cosa se tiene por tal ó tal, como blanco, negro, &c: la relacion, ó la referencia que dice una cosa con otra: la accion, ó el acto con que obran las causas: la afeccion, ó pasion, que es lo que sufre una cosa por la accion de otra: la ubicacion, esto es, la ocupacion de lugar: el quándo, ó en qué tiempo: la situacion, ó modo de estar: el hábito, ó forma exterior. A las nociones simples pertenecen tambien los predicables. Llaman así los Filósofos ciertas nociones comunes, que pueden adaptarse, segun convenga, á cada uno de los predicamentos: de modo, que el predicamento es la cosa que puede decirse de otra, y el predicable es la clase en que se coloca el predicamento, y encierra la manera con que este se puede mas bien explicar, y entender. Los predicables son cinco, es á saber, género, ó la parte esencial de una cosa mas comun á otras, como quando de Ticio decimos, que es animal; pues en esto explicamos una porcion de su ser comun á otras cosas distintas de Ticio: Especie, ó la clase inmediatamente contenida debaxo del género, como en Ticio el ser hombre; pues en otra clase de animal estan las bestias, por donde el género animal encierra las dos especies: Diferencia que es la parte propia y peculiar de la esencia de una cosa, por la qual la nocion universal del género se contrahe á una determinada especie, como es en Ticio el ser racional; pues con esto se determina no ser como quiera animal, sino animal racional: Propio, que es una cosa necesariamente conexâ con la esencia, como que dimana de ella, y no se puede separar; asi el poder reirse y admirarse es propio del hombre: Accidente es una cosa que puede estar, ó no estar en otra sin perjudicar á la esencia de ella, como el vestir en el hombre. En los predicamentos y predicables hemos tenido la mira de explicarlos, segun pertenecen á la Lógica, en quanto son nociones universales, con que el entendimiento conoce lo que es comun en las cosas, y halla así el modo facil de colocarlas en ciertas clases, para difinirlas con exâctitud, dividirlas sin confusion, y argumentar con claridad. El exâminar á fondo el ser y calidades de los predicamentos, segun se hallan en las cosas, pertenece á la Física y Metafísica; y cierto que en estas Ciencias no adelantará mucho el que en el exámen de los objetos de ellas no lleve por delante estas nociones Lógicas; sin que deba apartarnos del conocimiento y uso recto de ellas lo que trae el Arte de pensar con razones muy frívolas, solo por oponerse á Aristóteles[a].
[Nota a: Part. I. cap. 3. pag. 57. y sig.]
CAPITULO VII.
De las nociones mentales combinadas.
[17]Los nombres con que los Griegos, los Latinos, y los Dialécticos de las Escuelas nombran las nociones combinadas, quedan ya explicados. Usarémos aquí del vocablo Proposicion, que es hoy el mas recibido. En las proposiciones aquella cosa de quien se dice algo se llama sugeto: lo que de ella se dice se llama predicado, ó atributo. El medio con que se juntan, ó se separan el sugeto y predicado lo llaman cópula. Aunque en todo rigor los tres se pueden llamar nombres; pero el comun de los Dialécticos llama así al sugeto y predicado, y á la cópula verbo. El sugeto y predicado de las proposiciones se llaman términos, voz tomada de los Geómetras, porque son los extremos de las proposiciones. Así que en esta proposicion Ticio es hombre, Ticio es el sugeto, porque de él se dice ser hombre: este es el predicado, porque es lo que se dice de Ticio, y el verbo es, que junta el atributo de hombre con Ticio, es la cópula. Qualquiera que sea el verbo se puede reducir á este, como si decimos Ticio cuida, ama, estudia, &c. equivale á Ticio es cuidadoso, amante, estudioso, &c. Si nos acomodamos al orden natural, en toda proposicion pone el entendimiento antes que todo al sugeto, despues el verbo, y luego al predicado, y quien quiera que así se explica, usa el modo mas simple y mas perfecto que hay de hablar de las cosas. Las transposiciones, que en varias lenguas se han introducido, son artificiosas, y por agradables que sean, siempre son confusas, porque son contra el modo natural de las nociones mentales; de suerte, que para entenderlas se ve obligado el entendimiento á colocarlas en su natural constitucion: el dinero ama Ticio, por el modo simple, dirá: Ticio ama el dinero. Fué de Ticio criado, debe decir, fué criado de Ticio. Los verdaderos Filósofos cuidan mucho de hacer así las proposiciones, de suerte, que quanto mayor es la simplicidad natural, tanto mas inteligible es lo que se dice, y mas perfecto, porque es mas conforme á la naturaleza.
[18] En las Escuelas es inmensa la confusion que se ha introducido en la explicacion de los términos de las proposiciones, y en las varias divisiones de ellas con tantas y tan inútiles explicaciones, que han obligado á Vives á decir: que son mas á propósito para jugar que para hablar, siendo infinitas las que hay en sus libros, y imposible el referirlas todas[a]. MELCHOR CANO, tomándolo de VIVES como acostumbra, dice: No entiendo con qué motivo algunos hombres doctos con el título de Dialéctica han introducido en las Escuelas las proposiciones exponibles, obligaciones, insolubles, reflexîvas, y otras monstruosas á este modo. Estos dos insignes Españoles han mostrado por extenso los defectos de la Lógica de las Escuelas, en especial Luis Vives; y quien los lea conocerá, que han ido delante de los modernos, que se precian de ser los reformadores de las Artes; y conviene advertir, que el Arte de pensar, y el que le sigue los pasos LUIS ANTONIO VERNEI, conocido por el Barbadiño, en sus Lógicas son en este asunto tan prolixos como los Escolásticos, y los andan siguiendo en la explicacion de las diferencias de las proposiciones, aunque descontentos de su Dialéctica. Para proceder en esto con claridad sin faltar á lo preciso conviene saber, que las proposiciones se diferencian entre sí, ó por los términos de ellas, ó por el verbo. Debe qualquiera, si no quiere ser engañado, poner atencion en el sugeto y predicado, si son simples, ó compuestos. Son simples en esta proposicion: Ticio es hombre. Son compuestos en esta: Ticio que es sabio entiende la Lógica mas pura. Visto es que el sugeto de esta última encierra á Ticio y la proposicion que es sabio: y el predicado contiene la Lógica que es mas pura que todas. Si el término complexo no tiene conexîon precisa con lo restante de la proposicion, puede ser falso, sin que la proposicion lo sea. Eumenio hombre discreto sabe montar á caballo. Esta proposicion puede ser verdadera, aunque Eumenio no sea discreto. Son infinitas las maneras de hablar que en el trato civil y en los libros se hallan semejantes á esta, en que se dexan en los términos, supuestas algunas proposiciones incidentes como seguras, que no lo son. Si el supuesto que se contiene en el sugeto, ó predicado, tiene conexîon necesaria con lo que se afirma, ó niega, entonces segun él es, será la verdad, ó falsedad de toda la proposicion, Ser el hombre piedra es imposible. Si el imposible se dixera de solo esto ser el hombre, fuera falsa la proposicion; pero recayendo la imposibilidad sobre todo el complexo ser el hombre piedra, es verdadera. Así que, siempre que el sugeto es complexo conviene ver, si el atributo se afirma, ó niega de todo él, ó solo de una parte, y lo mismo se ha de hacer quando, siendo el sugeto simple, el predicado es compuesto. El hombre que no cree en Dios es infiel. En esta proposicion la infidelidad, que es el atributo, recae sobre todo el complexo del sugeto, y así es verdadera. De este modo con mediana atencion conocerá qualquiera las proposiciones conjuntas por la conjuncion et ó y: las disjuntas, por la partícula nec ó ni: las hypotéticas, ó condicionales juntas por la partícula si: las causales indicadas por la partícula quia, ó porque: las divisas que contienen diversas proposiciones y se muestran por las partículas quamvis, etsi, esto es aunque: las relativas, que incluyen miembros que se refieren entre sí y se suelen juntar por las partículas quanto, tanto, como esta: tanto es Ticio sagáz quanto estudioso: las exclusivas, exceptivas, &c. las quales se expresan por partículas, que excluyen, exceptúan, &c. En estas maneras de proposiciones, y todas las que se pueden reducir á estas, ya sea oculto el complexo, ya manifiesto, es menester descubrirlo y desembarazarlo, para que se vea la conexîon que entre sí tienen el sugeto y predicado, y por ella conocer si son verdaderas, ó falsas. Por razon del verbo, que junta, ó separa el sugeto del predicado, son las proposiciones: necesaria, quando los términos de ella mutuamente lo son, como el hombre es animal, y se llama necesario lo que es, y no puede ser de otro modo: contingente, quando no son los términos entre sí necesariamente conexôs, como Ticio es docto, pues se llama contingente lo que es, y puede no ser, ó ser de otra manera: posible, quando el sugeto y predicado pueden juntarse, como Eumenio es sabio, y se llama posible, lo que, dado que no sea, puede ser: por donde todo lo que es, puede ser, mas no todo lo que puede ser, es; y así es verdadero el comun dicho de las Escuelas, que vale la conseqüencia del actu al posse, esto es, del ser actual á lo posible, mas no del posse al actu, que es de lo posible á lo actual: imposible se dice la proposicion, cuyos términos no se pueden juntar como el hombre es piedra, pues se llama imposible lo que ni es, ni puede ser. Siempre que semejantes proposiciones expresan la union, ó desunion del sugeto con el predicado por un adverbio, ú otra suerte de partículas, que se juntan al verbo, se llaman modales. Si el sugeto de las proposiciones, qualesquiera que sean, es universal, la proposicion toma este nombre, y se expresa con la voz omnis todo, nullus ninguno: si es particular, se llama así la proposicion, y se expresa por las voces quidam cierto, aliquis alguno: si es singular será singular la proposicion, y se expresa con la voz hic este: si el sugeto es indefinido, esto es, no lleva ninguna de las significaciones propuestas, es menester determinarlo para que se sepa si es verdadera, ó falsa la proposicion. Si los hombres cuidasen explicar sus nociones mentales con las expresiones que corresponden á cada una de ellas, se evitarian mil qüestiones inútiles y viciosas, que se ven en los libros, y innumerables reyertas en el trato civil. Tiénese por regla general entre los Dialécticos, que si la proposicion indefinida, esto es, de sugeto indefinido, es necesaria, equivale á universal, como esta, el hombre es viviente, que ha de entenderse de todos los hombres: y si es contingente equivale á particular como esta, el hombre anda, que solo se debe entender de alguno. Para no errar en esto conviene saber el predicado que es necesario, ó contingente respecto del sugeto, lo qual no se averigua solo por la Lógica. Todas estas suertes de proposiciones se dicen opuestas, quando con un mismo sugeto y predicado se oponen en los términos universales y particulares. Todo hombre es sabio, algun hombre es sabio se llaman subalternas, porque lo son los términos todo y alguno; y ambas son afirmativas, ó negativas, y pueden ser la una verdadera, la otra falsa, ó las dos á un tiempo verdaderas, ó falsas. Todo hombre es justo, ningun hombre es justo, son contrarias, porque lo son los términos todo y ninguno, y pueden ser á un mismo tiempo falsas las dos, mas no verdaderas. Algun hombre es veraz, algun hombre no es veraz, son subcontrarias por el término alguno, y pueden ambas ser verdaderas, mas no falsas. Estas proposiciones, todo hombre es bueno, algun hombre no es bueno: Ticio es virtuoso, Ticio no es virtuoso, son contradictorias, porque se oponen entre sí en quanto se pueden oponer, así en los términos como en la afirmacion y negacion, y es preciso que de estas la una sea verdadera, la otra falsa, por el principio de luz natural que dicta, toda cosa es, ó no es. En las proposiciones complexâs no se podrá averiguar bien si son contradictorias, si no se desembarazan los miembros de la composicion, y se comparan unos con otros. Los Dialécticos de las Escuelas, demas de estas cosas, que tratan con suma prolixidad, se entretienen en la equipolencia y conversion de las proposiciones. Nosotros las omitimos por ser cosas enredosísimas y de pura especulacion, siendo nuestro intento omitir lo superfluo, y proponer lo que de qualquiera modo sea preciso. En la diferencia de las proposiciones por el verbo lo principalmente notable es la afirmacion y negacion, con las quales se juntan, ó se desunen los términos de ellas; mas como este asunto pide mayor explicacion, vamos á darla en el capítulo siguiente.
[Nota a: Lud. Viv. de Caus. corrup. art. lib. 3. p. 387. ed. Basilea de 1555.]
[Nota b: Cano de Loc. Theolog. lib. 9. c. 1. pag. 288.]
CAPITULO VIII.
De la afirmacion y negacion de las proposiciones.
[19] La partícula negante, para que la proposicion sea negativa, ha de juntarse con el verbo; pues si se antepone al nombre, le hace infinito é indeterminado, sin que por eso la proposicion sea negativa. Non homo est aliquid, lo no hombre es alguna cosa, es proposicion afirmativa, aunque haya negacion, bien que el sugeto se hace infinito. En las nociones mentales, siguiendo el orden natural, la negacion de las proposiciones siempre va cerca del verbo, y esto deben hacer los que quieren hablar y escribir con perspicuidad; pero los Escolásticos para hallar nuevos modos de enredar los conceptos del entendimiento han hecho mil transposiciones de la partícula negativa, sacándola del orden natural, y con esto han movido muchas qüestiones impertinentísimas. Con lo que hemos dicho de la negacion, y con saber el uso que de ella se hace en las principales lenguas, se podrá gobernar qualquiera con acierto en la averiguacion de la verdad: lo que en este asunto conviene explicar con mas extension es el uso que ha de hacerse de la afirmacion y negacion. Afirmar significa, como hemos dicho, juntar en el entendimiento dos nociones por el verbo ser, ú otro, que puede reducirse á este. Afirmar significa tambien asegurar una cosa consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las nociones de monte y de oro, diciendo: El monte es oro, afirmamos en el primer modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntos estos conceptos, no asentimos á semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse de esta proposicion: Pedro es piedra, la qual es afirmativa en el primer modo, mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta diferencia consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los extremos, qualesquiera que sean, es obra del ingenio; mas la afirmacion con que asentimos á una proposicion, es obra del juicio. Y sucede muchísimas veces hallarse en el entendimiento muchas combinaciones diferentes, sin aprobarlas el juicio, porque este asiente á la verdad de una proposicion, quando ya ha visto la conexîon que tiene con los principios primitivos; así quando decimos Pedro es piedra, en la nocion de Pedro considera el juicio la de hombre, la de viviente sensitivo y racional; y en la de la piedra concibe la de un cuerpo duro, é incapaz de vida y sentimiento, y no pudiendo juntar, ni combinar realmente estas nociones, no asiente á semejante proposicion.
[20] Por esto será bien advertir, que tenemos muchas percepciones de las cosas sin asentir á ellas, y por consiguiente, que no es lo mismo pensar, que consentir. Muchos de conciencia delicada se equivocan en esto, porque no se paran á meditar lo que les sucede en la variedad de sus pensamientos; pero si reflexîonan un poco, conocerán claramente, que las percepciones que tenemos por los sentidos, puesta la buena disposicion de sus órganos, no pueden dexar de seguirse á las impresiones, que estos reciben. Son pues, como lo hemos explicado, libres el asenso y disenso, que pertenecen al juicio; y como este asunto sea importantísimo, será bien declararse con algunos exemplos. Preséntase Ariston delante de un arbol ó de un jardin, y si tiene los ojos sanos y bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos. Estará á la verdad en su albedrio algunas veces ponerse delante del jardin ó del arbol; mas ya puesto y aplicado á mirarlos, no puede evitar el verlos. Si el arbol es grande ó pequeño, y el jardin ameno y divertido, luego acompañará á la vision de ellos el juicio afirmativo: El jardin es ameno, el arbol es grande, y estas proposiciones son en todas maneras afirmativas, porque al tiempo que junta al arbol la nocion de grande, por el uso y experiencia de las cosas, sabe que le conviene, y así lo afirma y lo consiente; y lo mismo sucede quando la nocion de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos ahora, que Ariston es curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le mueve á saber qué arbol es el que tiene por grande. Aquí no hallándose con bastantes principios experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ó suspende su juicio, y esta suspension, sin afirmar ni negar, no es otra cosa que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, disiente ó suspende el asenso y disenso á su albedrio. Mas ya Ariston exâminando las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demas cosas necesarias, combinándolas con otras de que tiene ciencia y experiencia cierta, asiente á que el arbol grande es almendro. No hay que dudar, que quando Ariston averiguaba qué arbol era el que veía, tendria dentro de sí varios pensamientos con que le compararia hasta encontrar con aquel que tenia entera conveniencia con el que buscaba, y así interiormente diría: Este arbol parece sauce, y afirmaba en el primer modo en quanto juntaba la nocion de sauce con la de aquel arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol presente, y el sauce la semejanza necesaria que debia corresponder á su experiencia, no asentia á que lo fuese. Del mismo modo pensaria en otros árboles, y de ninguno lo afirmaria con asenso hasta llegar al almendro.
[21] De otro modo le sucede á Ticio, que, paseando con serenidad de ánimo, ve á Crisias su mayor enemigo, que quiso tal vez en otro tiempo quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio le descubre, percibe á Crisias, y junta la nocion de enemigo, diciendo dentro de sí: Crisias es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida; Crisias intentó quitarme la fama. Pero al mismo tiempo se le excita á Ticio la memoria del agravio y maldad de Crisias, y los afectos de ira, de odio, ú de venganza. Esto se executa en Ticio tan aprisa, que casi lo mismo es ver á Crisias, que suceder todo lo referido. La primera percepcion de Crisias, que tuvo Ticio, no fué voluntaria, puesta la aplicacion de la vista en el modo dicho. Tampoco lo fué la memoria del agravio, y de la ofensa, ni el primer movimiento de los afectos nombrados. Lo son solamente las proposiciones propuestas, y lo son mucho mas los juicios que suelen seguirse á los afectos, como si Ticio llevado de la ira dixese: He de vengarme, y otros semejantes. Aquí se han de distinguir los afectos é inclinaciones que se excitan en Ticio quando ve á Crisias, de los juicios que de ordinario suele Ticio juntar con ellos, porque el primer movimiento de aversion ácia Crisias, excitado de la primera percepcion que aquel tuvo de este, no es voluntario, y los Filósofos le llaman motus primo primus; pero los juicios que suelen acompañar aquellos movimientos son voluntarios, y puede Ticio, y debe apartarlos, y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para reprimirlos.
[22] Síguese de lo dicho, que los errores están en el juicio, y que debemos trabajar en dirigirle con acierto para proceder con rectitud en el exámen de la verdad. Tambien es de notar, que han de distinguirse las operaciones libres del alma, de las que no lo son, porque este conocimiento importa mucho para poder hacer buen uso de nuestra libertad. Algunos modernos hacen actos de la voluntad, y no del entendimiento, al asenso y disenso, y por consiguiente al juicio; y lo fundan en que á nuestro albedrio consentimos en las proposiciones, ó disentimos á ellas quando queremos, lo que parece propio de la voluntad. Esta qüestion la tengo por poco util para hallar la verdad, y evitar el error en las Artes y Ciencias. Lo que yo juzgo es, que en el alma no son potencias distintas el entendimiento y voluntad, sino que son el alma misma en quanto piensa y quiere, y que estas denominaciones y distinciones de potencias solo se toman de los diversos actos que exercita; y así siempre que piensa, ya sea imaginando, ya sintiendo, ya acordándose de las cosas, ya hallándolas, ya combinándolas, lo hace el alma por una fuerza que llamamos entendimiento; y siempre que ama ú aborrece, asiente ó disiente á las proposiciones, lo hace el alma misma: y aquella fuerza con que libremente exercita estos actos llamamos voluntad.
CAPITULO IX.
De la difinicion.
[23] Los Filósofos llaman difinicion á la proposicion que declara bien la esencia de la cosa. El sugeto de la proposicion es el difinido, y la difinicion es el predicado; y como no qualquiera declaracion de la esencia de una cosa es difinicion, por eso se añade que debe hacerse bien, esto es, segun ciertas reglas que prescribe la recta razon, las quales propondrémos despues. En la difinicion del hombre: Animal racional se entiende la proposicion: el hombre es animal racional, donde el hombre es el difinido y el sugeto, y animal racional es la difinicion y el predicado. Debiendo toda difinicion declarar la esencia de las cosas, con el fin de que no se confundan y se puedan distinguir unas de otras, conviene advertir, que el entendimiento no alcanza las esencias de los entes en sí mismos; porque siendo el origen de todos los conocimientos humanos lo que entra por los sentidos, como estos no nos descubren el íntimo ser de las cosas, sino solo la forma de ellas, que consiste en un conjunto de caractéres inseparables de la esencia, por eso nuestros alcances no llegan íntimamente á penetrarle. Esta es una verdad fundamental, que, repetida muchas veces por los modernos, fué establecida de los antiguos; pues entre ellos Santo Thomas confiesa llanamente, no una vez sola, que nos son desconocidas las diferencias substanciales y esenciales de las cosas[a]. Quando se dice que el ser, ó esencia de una cosa es aquello, lo qual puesto, la cosa precisamente se pone, y faltando precisamente falta, se dice bien; mas nosotros no conocemos que la cosa se pone ó falta, porque sepamos lo que ella es en sí misma, sino porque anda siempre acompañada de formas y caractéres exteriores, inseparables de todo punto de ella, los quales haciendo impresion en nuestros sentidos, nos hacen conocer por su presencia que la cosa exîste. El exemplo del Sol muestra esto con evidencia. Nadie sabe qual es la esencia del Sol; pero ninguno hay que dude del ser del Sol y de su presencia, quando vemos un cuerpo redondo, celeste, lucido, que despide luz y claridad de sí mismo, que nace y se pone todos los dias, trayendo el dia y la noche, y que da una vuelta entera al Cielo cada año, moviéndose por una linea, siempre la misma, desde Poniente á Levante. Esto es una breve descripcion del Sol, que declarando los caractéres y formas exteriores perpetuas é inseparables de su ser, nos muestran estar presente su esencia. Esto mismo ha de extenderse á quantos seres hay en el Universo, pues que ninguno hay que le conozcamos de otra manera. Deben los Filósofos ser cautos en difinir las cosas: y el haber hecho muchas difiniciones en las Artes y Ciencias antes de tener bien conocidos los caractéres propios de los difinidos, ha sido causa de muchísimos errores, tomando una cosa por otra, confundiendo las que deben estar separadas, y haciendo una misma la que tal vez es muy diversa. Hase de poner gran cuidado antes de difinir las cosas en hacer de ellas descripciones exâctas, notando las particularidades que las acompañan, como sus causas, sus efectos, sus necesarias ó contingentes mutaciones, sus atributos perpetuos é invariables, sus movimientos, las leyes inviolables que guardan en sus acciones, sus propiedades, su origen, aumento, perfeccion y fines, combinando todo esto con los tiempos, y notando puntualmente la perseverancia, encadenamiento y mutaciones que observan. Por no hacerse bien las descripciones de las cosas, se confunden unas con otras, y así no se llega á entender el sér ó esencia, ni las afecciones de ellas por el embarazo que se halla en separarlas. Los antiguos Médicos Griegos, y algunos pocos de los modernos, que han hecho descripciones exâctas de las enfermedades, han aprovechado mucho para conocerlas; los que no han hecho esto, se puede decir que hablan de los males, pero no enseñan á conocerlos, ni á distinguirlos. Algunos Filósofos han hecho admirables descripciones, como Aristóteles en la Historia de los animales, y Teofrasto en los Caractéres de las pasiones. Los Historiadores, los Políticos, y algunos Poetas han descrito muchas cosas con admirable propiedad. Hállanse recogidas muchas de estas descripciones en la Eloqüencia sagrada del Padre Causino, Obra por esto solo muy recomendable. Ya creen muchos, que en la Física, Botánica, Medicina, Historia Natural no hay otro medio de conocer cada cosa y distinguirla de las demas, que el de las buenas y exâctas descripciones; mas yo quisiera que creyesen que en todas las demas Ciencias sucede lo mismo; pues que las esencias de las cosas, donde quiera que pertenezca el tratar de ellas, no las conocemos de otra manera. Por esto no se han de arrojar facilmente los Literatos á formar difiniciones, sin que antes tengan bien conocidas las cosas, que quieren difinir, por descripciones exâctas y bien seguras. Así son imperfectísimas las difiniciones por las causas, las que solo manifiestan la cosa por algunas propiedades y efectos, y las que llaman físicas por la materia y forma; pues demas de que las formas de las Escuelas, que son las que se toman por norma, son fingidas, y lo es quanto los Escolásticos dicen de ellas, tienen el inconveniente, que el conjunto de lo que llaman materia y forma, no suele ser sino una porcion, á veces la menos esencial, de la cosa. Conócese esto en que si se hace de la misma cosa una exâcta y cumplida descripcion, se hallará que lo que ponen por materia y forma es lo de menos consideracion que hay en los difinidos. El modo, pues, de hacer una difinicion, quando ya la cosa sea conocida por exâctas descripciones es, formar un género comun y una diferencia, y por estas hacer la difinicion que llaman Metafísica, que es sola la que los verdaderos Filósofos reconocen por difinicion. El género y la diferencia de las cosas son dos predicados esenciales, que las hacen conocer y distinguir, de modo que no se pueden equivocar. Este género y diferencia se han de tomar de los constitutivos y distintivos que resultan de las descripciones bien hechas, pues por ellas se descubre qué cosas son mas precisas, necesarias, permanentes y perpetuas para la exîstencia y el ser de los entes que se describen. El motivo de querer los Filósofos, especialmente Aristóteles, superior á todos, que el género entre en las difiniciones es, porque no conocemos mas que los individuos, esto es, cada cosa de por sí en qualquiera linea. La cosa determinada y singular no se puede difinir, ni lo necesitamos, porque tenemos de ella nociones tan fixas, que si ponemos atencion no podemos confundirla con otra. Queriendo, pues, para la mayor facilidad de entender las cosas, reducirlas á ciertas clases, en que con prontitud y seguridad las conozcamos, se hace preciso buscar un predicado esencial y comun á todos los individuos que en tal clase se comprehenden, y este es el género, pues que se extiende á todos los que debaxo de sí contiene. Este género ha de ser el mas inmediato, porque si es remoto confunde la nocion de la cosa y no la determina. En la difinicion del hombre animal racional se comprehenderá todo lo dicho. No conocemos otros hombres que los individuos de la especie humana: vemos en todos ellos que son vivientes sensitivos: de modo, que exâminadas todas las particularidades que subministra la verdadera descripcion del hombre, hallamos que el ser viviente y sensitivo (esto significa la voz animal) es un atributo comun á todos, sin excepcion ninguna, y esencial, pues que precisamente puestas la vida y sensibilidad hay hombre, y si estas faltan de todo punto, tambien el hombre falta. Fórmase, pues, del animal un género comun, cuya nocion es extensible á todos los hombres: de suerte, que no puede estar en el entendimiento el concepto de animal, sin que por él haya una nocion genérica, que tenga tambien por objeto al hombre. Es así que en todas las cosas hay ciertas porciones comunes con otras y transcendentales entre sí, esto es, que el entendimiento las concibe como juntas, ó como una misma en el predicado comun que las incluye todas. No solo son vivientes sensitivos los hombres, sino tambien las bestias; con que con la nocion genérica de animal conocemos al hombre y al bruto: y aunque la nocion de animal es clara para conocer lo viviente sensitivo, es confusa para conocer por ella sola al hombre. Es, pues, necesario añadir la diferencia racional, que es un predicado comun á todos los hombres y limitativo, esto es, determinativo de lo genérico de animal á solo el hombre, de manera que juntos el género y diferencia: Animal racional, se comprehenden todos los hombres sin peligro de poderse confundir con ninguna otra cosa. Si en lugar de animal pusiésemos Ente ó substancia, aunque son atributos esenciales, no fuera buena difinicion, porque estos predicados son muy de lejos, y por muy universales no determinan la nocion que tenemos de los individuos de la especie humana: como si para difinir la rosa pusiésemos por género Planta, que dista mucho de la nocion de la rosa, para la qual es género inmediato y conforme á la nocion el de flor; y lo mismo sucediera si para difinir el Aguila pusiésemos por género viviente; pues siendo tan general esta nocion, no es correspondiente á la que tenemos de las águilas: y esto sucede porque el género próxîmo ya incluye en sí los remotos, no pudiendo haber nocion de animal que no encierre la de substancia y ente; mas los remotos no incluyen formalmente, esto es, con expresa determinacion las nociones inferiores, de modo que fuera vaga é incierta la aplicacion de ellos á los seres determinados. En lo que llevamos explicado se fundan las reglas de una buena difinicion, las quales consisten en que sea tal esta que se convierta con el difinido, de modo que no haya mas, ni menos en uno de lo que explica el otro, como sucede en la propuesta difinicion del hombre, porque así el entendimiento con la difinicion entenderá la esencia del difinido, sin poderla aplicar á otra cosa: para esto conviene que sea breve y clara: esto se logra con el género y diferencia; y así las difiniciones que no se hacen de este modo, no lo son en rigor lógico, sino explicaciones, como lo suelen hacer los Oradores y Poetas, y en el trato civil el comun de las gentes: conviene tambien que sus términos expliquen con mas claridad que el difinido lo que es la cosa; porque si falta esto, quedan obscuras y confusas las nociones, y no se logra el fin de conocer por las difiniciones las cosas con claridad y sin peligro de confundirlas; bien que esta mayor claridad basta que sea para los Filósofos, porque el vulgo por ignorancia mejor entiende lo que quiere decir hombre que animal racional. De lo dicho se deduce, que no pueden llamarse difiniciones muchísimas explicaciones, que quieren se tengan por tales: y que deben ser raras y hechas con gran cuidado las difiniciones legítimas, aunque conviene que los sabios despues de maduros exámenes y bien hechas descripciones difinan las cosas, para que dexando sentado el verdadero ser de ellas, no se confundan, y se pueda así pasar á otras averiguaciones filosóficas con entera seguridad. Aristóteles difinió pocas cosas, pero explicó muchas. Los modernos tomando sus explicaciones por difiniciones, hallan motivo de contradecirle. El Autor del Arte de pensar, que hizo empeño de desautorizar á este Filósofo por corregir los defectos de la Lógica de las Escuelas, impugna las quatro explicaciones de lo caliente, frio, húmedo, y seco, que pone Aristóteles; y aseguro que si hubiera leido con atencion todo el capítulo segundo del libro segundo de la generacion y corrupcion, no las tuviera por difiniciones, sino por declaraciones de estas quatro qualidades por los principales efectos de ellas, quando concurren á la generacion y corrupcion de los mixtos; ni las hubiera impugnado del modo que lo hizo, porque Aristóteles por [Griego: ugron] no entendió solo lo húmido madefactivo, esto es, que moja, sino lo líquido: ni por [Griego: xaeron] lo que está falto de madefaccion, esto es, de humedad que moja, sino lo tieso, reduciendo á estas clases generales las particulares, que se comprehenden en ellas: echándose de ver, que una misma cosa puede en diversos respetos pertenecer á lo húmedo y seco. Es cierto que los Escolásticos usan de muchas difiniciones, que justamente son reprehendidas de los modernos; pero estos no siempre las han hecho mejores, como que han sido felices en derribar, y no lo han sido igualmente en establecer. Lock, impugnando las difiniciones que los Atomistas y Cartesianos han dado al movimiento[c], dice estas palabras: "Nuestros Filósofos modernos, que han trabajado en desasirse del vicioso lenguage de las Escuelas, y en hablar de un modo inteligible, no lo han hecho mejor, difiniendo las nociones simples por la explicacion que nos dan de sus causas, ú de otra qualquiera manera." El Marques de San Aubin en su tratado de la Opinion[d] hace una burla grande de la difinicion del hombre: animal racional, como que es obscura y confusa, entendiendo qualquiera lo que es hombre, y entendiendo pocos lo animal racional. Mas, fuera de que las rigurosas difiniciones sirven solo á los Filósofos, como queda dicho, el mismo Autor poco antes la dió por buena en estas palabras: "Las mas exâctas difiniciones son las que explican la naturaleza del difinido por su género inmediato, y su diferencia esencial como esta: El hombre es un animal racional." En obras tumultuarias y de acinada erudicion, como la de este Marques, es preciso se hallen algunas contradicciones.
[Nota a: 1. part. quaest. 29. art. 1. ad 3. pag. 113. edic. de Roma de 1571. & lib. 7. Metaph. lect. 12. tom. 4. pag. 100. & passim alibi.]
[Nota b: Part. 2. cap. 16. p. 248. edicion de la Haya de 1700.]
[Nota c: Esai Philosoph. del entend. lib. 3. cap. 4. pág. 339.]
[Nota d: Lib. 2. part. I. tom. 2. pág. 21. y 23.]
CAPITULO X.
De la division.
[24] Con los mismos fines que los Filósofos difinen las cosas, hacen las divisiones de ellas, que es aclararlas, para que no se puedan equivocar. La diferencia entre la division y difinicion consiste en que esta fabríca la cosa, señalando los predicados que compone su esencia: aquella la deshace, para que dividida en porciones, se vean las partes que la constituyen. Para mayor claridad conviene dividir lo que llamamos todo en todo físico, y metafísico. El todo físico, significado de los Latinos con la voz totum, es qualquiera cuerpo físico del Universo: el todo metafísico es mental, y consiste en las clases generales á que el entendimiento por abstraccion reduce muchas cosas, comprehendiéndolas con sola una nocion, como lo hemos explicado, hablando de los predicamentos y predicables. Este todo se explica en Latin por la voz omne: en nuestra lengua la voz todo incluye á los dos; y aunque á la Lógica solo pertenece dar reglas para la buena division del todo metafísico, no obstante es menester antes conocer los todos físicos, pues ignorándose, no se podrán reducir á las clases de la division. En los cuerpos físicos la analisis, esto es, la descomposicion de sus partes, á fin de que se vean con claridad, es de mucha importancia para conocerlos, y ayuda mucho á las descripciones exâctas que deben hacerse para difinirlos; de manera que en lo físico debe ir delante la division, sin la qual los entes corporeos nunca se podrán describir bien, y por consiguiente tampoco se podrán difinir. Cométense grandes defectos en las analises, y por eso no han sido tan útiles, como algunos creen, las que se han hecho en estos últimos tiempos. En los siglos medios se contentaban los Físicos con hacer groseras descomposturas de los cuerpos, y pronunciando facilmente por ellas, mantenian muchos errores en el estudio de la naturaleza. Los modernos, queriendo enmendar este defecto, cayeron en el opuesto, aplicándose con extremada creencia á dividir lo que por su sutileza no es capaz de division. Han hecho mas, que es poner en los cuerpos lo que han creido antes de dividirlos, que debia hallarse en ellos. ¿Quién no ve que es vana la division de las tres materias Cartesianas, sutil, globulosa, y estriada? ¿Y quántas veces sus defensores nos dicen hallarlas en las analises de los cuerpos? En la anatomía se han introducido muchas ficciones, desmenuzando las partes hasta lo sumo, donde no pudiendo llegar la industria humana, se añade lo que subministra un sistema puramente imaginario. De esto hemos dado palpables exemplos en las Instituciones Médicas. Las analises chîmicas hechas con fuego, no descubren lo que hay en los cuerpos, sino lo que el fuego hace en ellos. Despues de haber gastado Roberto Boyle muchos años y grandes caudales en las analyses chîmicas, al fin desengañado compuso un tratado que se intitula Chymista scepticus, en el qual muestra con evidencia, que son producciones del fuego las materias que la Chímica saca por la resolucion. Este punto le traté con extension en la Física, para evitar los engaños que en este exámen se cometen. Conviene, pues, descomponer los cuerpos para conocer sus partes con el orden que se requiere, para que la division no las desfigure: notar su enlace, figura, sitio, y uso de composicion: observar atentamente su substancia sólida ó fluida, dura ó blanda: no añadir ni fingir nada, sino mirar lo que da la naturaleza, &c. ver las mutaciones que reciben las partes unidas al todo, ó separadas, y las relaciones, ó respetos que dicen con sus causas, con sus efectos, y con las demas porciones de aquel todo: finalmente se ha de combinar lo dicho con lo que hemos propuesto de las descripciones, y de todo junto se formará concepto del sér de las cosas físicas para poderlas difinir y dividir. Quien vé esto, y vea tambien el poco cuidado con que hoy se tratan estas cosas, bastándole á qualquiera para llamarse Físico el entender dos ó tres fragmentos de un vano, pero pomposo sistema, conocerá que la verdadera Física está muy atrasada, y muy distante del punto de perfeccion, en que muchos la contemplan. Todavía es peor fiarse de las analises de las aguas, y demas remedios para establecer sus virtudes en el cuerpo humano; pues fuera de que no se puede asegurar por ellas lo que hay en los simples medicinales, es muy diversa la relacion, y respeto que las partes dicen con su todo, que la que dirán con otro muy distinto, como es el hombre. Esto no se puede saber sino por la atenta observacion de la Medicina práctica, como lo ha mostrado Geofroi, sin embargo de haber sido uno de los que mas han trabajado en hacer analises de los vegetables y plantas, que describe en su preciosa materia Médica[a]. Tambien son físicas las divisiones de las cosas hechas por sus causas, efectos, propiedades, formas, &c. y muy conducentes para las buenas descripciones. Así que la division de las plantas por sus flores ó semillas: la de las enfermedades por algunos símptomas, ó por la diversidad de causas de donde dimanan: la de los hombres (lo mismo ha de entenderse de los demas animales) por los territorios, provincias, costumbres: y en fin la de otros seres naturales por sus propiedades y caractéres sirven para perficionar las descripciones que deben hacerse antes de señalar las esencias de las cosas; mas quererlas distinguir entre sí esencialmente por solos estos fenómenos accidentales, como lo ha hecho Mr. de Sauvages en las enfermedades, y algunos Botánicos intentan hacerlo en las plantas, es confundir las cosas, y no llegar á conocer el verdadero ser de cada una de ellas. La division lógica es sola la que muestra la diversa esencia de las cosas, aunque parezcan entre sí unas mismas. El modo como llega el entendimiento á esta division es este. Exâmina primero si hay la cosa, y esto lo hace por la debida y bien reglada aplicacion de los sentidos, ó por el bien dirigido juicio, que tiene por origen de su excitamento las representaciones que de estos han quedado en la fantasía. Asegurado de que la cosa existe, la describe para verla y exâminarla mas de cerca, valiéndose para esto de las divisiones físicas y de las demas circunstancias que piden las descripciones. Despues de esto, colocando la cosa en la nocion general comun por el género, y señalando la particularidad que la distingue por la diferencia, la difine fixando la esencia de ella. Pero como debaxo de un predicado comun esencial, como son el género y diferencia, se contienen muchas cosas, que deben entre sí separarse, pasa á hacer la division lógica, la qual es una nocion comun con que el entendimiento distingue las cosas que están contenidas baxo un mismo género ó una misma diferencia: por eso la division lógica se diferencia de la física, en que esta divide el cuerpo singular en sus partes integrantes, y aquella divide la nocion universal, en que estan incluidos todos los singulares, en clases comunes, ó nociones distintas, que hacen conocer la diversidad que hay en las cosas por sus esencias. De esto se deduce, que las divisiones lógicas solo se deben hacer por los géneros, especies, y diferencias esenciales del mismo modo que las definiciones, y por eso se han de hacer unas y otras pocas veces, con la advertencia que han de preceder las divisiones y descripciones físicas de las cosas á las difiniciones y divisiones lógicas, siguiendo el orden natural con que primero alcanzamos que la cosa existe, despues la dividimos, resolvemos y separamos sus partes para conocerla, luego la describimos para circunstanciarla; y últimamente formamos las nociones comunes del género y diferencia para señalar su esencia, que es la difinicion lógica, tras de la qual se sigue la division con que dividimos los géneros, las especies y diferencias hasta llegar á los singulares, en quienes no cabe otra division que la física. Un exemplo hará esto palpable. Preséntase á nuestros sentidos el hombre determinado, porque así es en lo físico: le dividimos en lo corporeo (pues esto solo es lo que se presenta á nuestros sentidos) por la anatomía: juntamos á estas luces todas las acciones animales vitales y naturales, la figura y formacion exterior del rostro y demas miembros: observamos las causas que le mantienen, ofenden, ó conservan, y todos los caractéres que acompañan á su composicion. Enterados de todo, le colocamos baxo la nocion lógica mas universal del ente, porque conocemos que existe: descendemos de allí á lo corporeo, porque lo extenso é impenetrable nos aseguran de ello: pasamos de esto á lo animal, que es el género mas inmediato y encierra las nociones superiores. Viendo que este predicado genérico es una nocion que incluye otra cosa que no es el hombre, al punto formamos el concepto que llamamos especie, y consiste en una porcion de lo que encierra la nocion del género, la otra porcion son los brutos. Queriendo despues fixar estas porciones para distinguirlas, ponemos la diferencia racional, que es el predicado comun, que llena la esencia del hombre y con que se distingue de la otra porcion de la especie contenida baxo el género animal. Débese notar aquí; que las diferencias alguna vez son genéricas, porque dado que señalan el distintivo de un género superior, son ellas género respecto de otras inferiores. Así, lo sensitivo es diferencia de lo viviente, mas genérica que lo racional, puesto que esto solo tiene baxo de sí á los hombres determinados ó individuos de la especie humana, y aquello contiene á los hombres y los brutos, que siendo todos sensitivos, por esto se diferencian de las plantas que viven, y no sienten; por donde, aunque las diferencias por lo comun son específicas, porque determinan las especies: junto con esto con consideracion á otras nociones mas universales, pueden ser genéricas, y la distincion consiste en que estas tienen debaxo de sí las especies y individuos; y aquellas solo los individuos, ú entes determinados.
[Nota a: Geofr. tract. de Mater. Med. Introduc. c. 5. t. I. p. 47. ed. de París de 1741.]
[25] Los Escolásticos, aunque han sido nimios en hacer divisiones, pues no dividen, sino desmenuzan las cosas, defecto de que no se ha librado Heineccio, sin embargo de perseguirlos continuamente, multiplicando sus nociones con indecible sutileza, con todo han guardado el orden lógico con mas exâctitud que los modernos; porque aquellos han tenido en mira los predicados esenciales para dividirlas; estos han confundido las divisiones físicas con las lógicas, confundiendo así las esencias de las cosas. TOURNEFORT hizo los géneros de las plantas, tomándolo de las flores y frutos, de modo que colocaba baxo un mismo género todas las que eran conformes en la forma, figura y otros caractéres de estas partes: dividia, en especies las que sin embargo de ser semejantes en lo que llevamos propuesto, tenian ademas de eso algun distintivo con que se señalaban. Los géneros y especies los colocó baxo ciertas clases universales, adonde facilmente se reducian. Ya antes de Tournefort intentaron algunos Botánicos reducir tanto número de plantas, como ofrece la naturaleza, á lugares determinados para socorrer la memeria; mas este insigne Frances consiguió formar un plan, que han seguido despues la mayor parte de los que profesan este estudio. CARLOS LINNEO, famoso Botánico de Suecia, no quedando satisfecho de este método, colocó los géneros en los estambres de las plantas, mudó los vocablos, hízolas de dos sexôs, y alteró de manera este estudio con tantas divisiones, que es suma la confusion que reyna en sus escritos. Nuestro QUER, que si hubiera sido tan aventajado en las partes que se requieren para ser Escritor, como lo era en el conocimiento de las plantas, se hubiera colocado en igual elevacion que Tournefort y Linneo, da extensa razon de estos métodos, y descubre admirablemente los defectos de Linneo, entre los quales no es el menor haber hecho un sistema con que no se puede hallar conformidad entre los Botánicos antiguos y modernos, ni en los nombres, ni en los caractéres para conocer las plantas[a]. Así que en esta parte tan importante de la Física, reyna hoy suma confusion, y se toman por géneros y especies las cosas que no lo son por no ser esenciales á las plantas, sino solo una física particularidad de cada una de ellas; y de esto nace tenerse por de una misma naturaleza las que son muy diversas, y hallarse algunos que las tienen por de unas mismas virtudes, siendo distintísimas, al verlas colocadas baxo un mismo género. Pide, pues, este estudio mejor lógica: hacer las separaciones de las plantas por sus descripciones físicas: no señalar géneros ni especies, sino despues de muchos exámenes y observaciones, con que se aseguren las esencias y sus diversidades, y de este modo se descubrirán mejor y con mas seguridad las virtudes y propiedades de ellas, que es el fin principal de estas averiguaciones. En este último punto procedieron con harto buen método los Botánicos antiguos; en la pompa y extension del Arte han superado los modernos. En la historia de los animales sucede lo mismo. Son infinitos los géneros, especies, y diferencias que pone Brisot, imitando á los Botánicos. Lo cierto es, que los trabajos de Aristóteles en esta materia, si se mira la solidez y utilidad, exceden en grande manera á estas nuevas y magníficas producciones. Es de suma importancia para adelantar en el conocimiento de las cosas, distinguirlas bien entre sí, dividir físicamente por sus caractéres las que son diversas, no confundir jamas unas con otras; pero es menester tiento, observaciones, tiempo, y lógica para colocarlas baxo las nociones comunes de género y diferencia, así para difinirlas como para dividirlas, segun sus esencias. Considerando atentamente lo que llevamos explicado, es por demas entretenernos en dar reglas para las buenas divisiones; pues todo lo dicho se endereza á que estas se hagan con la exâctitud que prescribe la buena razon; y el advertir que los miembros de la division deben llenar el todo diviso, y que deben estos mismos excluirse entre sí, de modo que el uno no se contenga en el otro, son cosas tan claras que á qualquiera se le ofrecen con mediana atencion, sin necesitar de exemplos, ni explicaciones.
[Nota a: Quer Flor. Esp. tom. I. pág. 303. y sig.]
CAPITULO XI.
De las Voces.
[26] Como el hombre no es hecho para vivir solo, sino en sociedad, ha recibido del Autor de la Naturaleza el habla, con la qual se comunican sus pensamientos los que viven juntos. El habla incluye sonido, hecho con el ayre que choca en la caña de los pulmones, y se llama voz, y articulacion, que es lo que la lengua con sus varios movimientos, tocando el paladar y los dientes, añade al sonido, formando primero letras, despues sílabas, y últimamente vocablos. Quan grande haya sido la industria de los antiguos, que fixaron las letras, las unieron para formar ciertas sílabas, y determinaron los vocablos á significar ciertas nociones mentales, de modo que profiriendo un hombre un vocablo se excitase en el que lo oía la misma nocion y pensamiento que intentaba manifestar el que hablaba, se dexa á la consideracion de los que meditando en lo interior de las cosas, alcanzan el valor de ellas. Los demas, como se lo hallan hecho, y no conocen las dificultades que se ofrecieron en la invencion, lo miran con indiferencia, y sin el aprecio que merecen descubrimientos tan útiles al género humano. Siendo, pues, el fin de la locucion el manifestar con las señales exteriores de las voces (así se llaman tambien las que son articuladas) lo interior de los pensamientos, al modo que debe cuidar qualquiera pensar bien, con orden, con distincion, y sin obscuridad ni confusion en sus nociones, ha de hacer lo mismo en el hablar, procurando usar de vocablos fixos y seguros para manifestar lo que piensa, puesto que el habla no se le ha dado para sí, sino para usarla con los demas; y no es posible que los otros hombres entiendan nuestros pensamientos, si no los explicamos con palabras claras, distintas, y expresivas de las nociones que intentamos descubrir. Siendo este el fin general que los hombres tienen en la locucion, si fuera posible, no debiera haber en el Mundo mas que una lengua; pues así se cumpliría por todo el género humano el destino de su naturaleza: mas habiéndose separado los hombres y formado varios imperios, y con ellos varias lenguas, ha sido preciso que cada nacion estableciese ciertos sonidos articulados, que á su arbitrio significasen las cosas, y sirviesen para entenderse mutuamente los que era preciso que viviesen juntos. De aquí han tomado principio las lenguas provinciales, esto es, los idiomas que cada region ha hecho propios, y contienen vocablos que son comunes entre los individuos de una determinada Provincia. Aunque la lengua universal no existe, con todo están en su vigor los fundamentos lógicos de su institucion, y estos han de ser transcendentales á todas las lenguas particulares de las Provincias, puesto que todo el Mundo debe gobernarse por la suprema razon, que en esto se descubre por la buena Lógica. Así como la razon recta es la norma de la lengua universal, el arbitrio y uso comun que de ella dimana es el maestro y guia de las lenguas particulares; porque si los de una nacion están voluntariamente convenidos por un uso continuo á significar una cosa con una voz, los de otra nacion lo significan con otra, y en todas esto es arbitrario y hecho por un tácito ú expreso convenio de entenderse entre sí con determinadas palabras. La incumbencia de aclarar, purificar, explicar, corregir, y, por decirlo de una vez, de mantener y perficionar las lenguas particulares, es de los Gramáticos, cuyo oficio es conocer y explicar el uso comun de cada lengua: á la Lógica le pertenece dar reglas sobre la lengua universal, á la qual deben estar subordinadas las particulares. La simplicidad de la naturaleza en las cosas necesarias al género humano hace, que una sola regla sea bastante para entender lo que prescribe la razon sobre la lengua universal, y consiste en usar siempre de vocablos expresivos, que clara y distintamente descubran las nociones mentales que queremos significar. Si los hombres guardasen debidamente esta regla, se evitarian innumerables errores y disputas, que se originan de su inobservancia. Para reducirla á la práctica con acierto, conviene advertir, que la extension de esta regla general se puede reducir á dos clases de lenguas: á la una pertenecen las lenguas particulares: á la otra el lenguage de los sabios en el estudio de las Artes y Ciencias. Es fuera del intento de la Lógica tratar por menor de lo que hay que observar en estas lenguas, y pienso hacerlo en otra Obra, donde tiene esto su propio lugar: aquí iré descubriendo solamente los fundamentos tomados de la lengua universal, que han de aplicarse precisamente á qualesquiera lenguas particulares: y siendo los defectos que han de evitarse los que mas hacen conocer el verdadero camino que se ha de seguir para el acierto, los iré insinuando con brevedad, dexando para otro tiempo y lugar el tratarlo con extension.
[27] Faltan á la lengua universal, y por consiguiente á la buena Lógica, los que sin motivo introducen en las lenguas provinciales vocablos de otras lenguas; pues fuera de que no cumplen con el fin de la locucion, puesto que los demas no están enterados como ellos de lo que significan, corrompen una de las cosas mas preciosas de cada nacion, y debieran considerar, que el que entrega su lengua entrega sus pensamientos, y el que domina sobre el idioma, llega tambien á dominar sobre los entendimientos de los que le usan. Entre los Romanos, que fueron los Maestros de la policía, se tuvo gran cuidado en esto para no dexarse dominar de las demas Naciones; y, es harto comun la noticia, que Tiberio Cesar pidió licencia al Senado para usar de la voz nueva Monopolium[a]: tanta era la atencion con que mantenian su lenguage, como que lo consideraban preciso para mantener su autoridad. He dicho sin motivo, porque quando le hay es preciso introducir nuevas voces, y entonces ha de hacerse esto con moderacion, y mostrando qué nocion es la que se quiere manifestar con la voz nueva. Los preceptos que sobre esto dá Horacio en su Arte Poética[c] son admirables. Si una cosa es nueva para las gentes, tambien lo es la imagen que de ella se forma en la fantasía, y debe serlo la voz con que esta se ha de manifestar. Si la formacion de la voz nueva se puede derivar de voces ya conocidas y usadas, será mas facil su inteligencia. Las voces antiquadas no han de usarse, porque por no valerse de ellas, ya nadie las entiende, y se faltaria á la perspicuidad; mas no se ha de extender esto á las antiguas, de las quales queda el uso en los mejores Escritores que andan en manos de todos. Por eso las voces que usó SANTA TERESA DE JESUS, á quien ninguno ha excedido en la perfeccion de la lengua Española, las que usó FR. LUIS DE GRANADA, CERVANTES, SAAVEDRA y otros pocos Maestros de nuestro idioma, por antiguas no deben desecharse, antes por el contrario deben retenerse como las mas expresivas. La diferencia que hay entre las voces antiguas y antiquadas la hemos puesto en otra parte. Faltan tambien á la regla universal de bien hablar los que quieren enseñar una lengua desconocida con las mismas palabras de ella, que son las que se van á aprender; porque si todavía se ignora su significado, es explicar una cosa obscura por otra que lo es tanto. Es de admirar que este estilo tan ageno de la buena razon se mantenga en las Escuelas de Gramática, haciendo que los niños aprendan la lengua Latina con preceptos dados en la misma lengua. Este abuso le impugnó con evidentes pruebas el BROCENSE[d], y de él tomaron el exemplo los Franceses, Autores de la Gramática de Puerto-Real, para evitarle. Todavía es mas intolerable abuso que este el de introducir en el idioma comun voces puramente latinas, dándoles distinta significacion de la que en sí tienen, como si usásemos de la voz invertir, que significa trastornar, trastrocar, queriendo que significase lo contrario, que es aplicar y convertir las cosas á sus fines. Tambien pecan contra la lengua universal los que Usan de metáforas sin medida. La nocion significada con la voz metafórica siempre es algo distinta de la que corresponde á la realidad de lo que se quiere manifestar, porque la traslacion que hace la metáfora por la semejanza, muestra que no es lo mismo lo que ella significa, que lo que se intenta descubrir. Síguese de esto, que para explicar con claridad y distincion las nociones mentales, se han de evitar las metáforas, y en su lugar se han de usar las voces, que con propiedad directamente muestran lo que se quiere significar; y solo en falta de estas tienen lugar las metáforas, de las quales aun en ese caso nos debemos valer con mucha precaucion, usando con preferencia de las que tengan algun uso. Los que las usan á menudo, dán á entender que quieren ganar á los oyentes, no enseñarles: los que se satisfacen de ellas, muestran que su entendimiento todo es oidos y imaginacion; pues estas dos cosas se llenan con la multitud de símiles metafóricos. Esto mismo que hemos dicho, nos lleva al conocimiento de que debemos usar de metáforas en la manifestacion de cosas horrendas y feas, que excitan el ánimo á horror y desabrimiento. Ya hemos mostrado, que junto con nuestras nociones mentales andan siempre inseparables los afectos del ánimo. Las cosas deshonestas, sucias y asquerosas, y todas las que oyéndose ofenden los oidos, y desazonan por lo que tienen de feo y de inhonesto, si se explican con sus términos propios se entienden bien, pero irritan y conmueven mucho; porque junto con la nocion que los vocablos representan, se excita en el ánimo el disgusto y aversion molesta, con que se miran tales cosas: por donde es mejor entonces valerse de voces metafóricas, que con rodeos é imágenes mas agradables hagan entender lo que se quiere decir, sin agitacion ni molestia del que oye. Así que no es aceptable la máxîma de algunos, que teniendo á las voces por meros sonidos, incapaces de suyo de ser buenos ni malos, dicen que todos los vocablos de cosas obscenas se pueden permitir en el trato y en los libros.
[Nota a: Sueton. in Tiber. cap. 71. tom. I. pag. 596 edic. de Amsterd. de 1736.]
[Nota b: Sobre esto es digno de leerse D. Bernardo Alderete en sus
Orígenes de la Lengua Castellana, l. I. c. 9. y sig.]
[Nota c: Desde el verso 46, hasta el 72.]
[Nota d: Franc. Sanch. Brocens. Arte para saber Latin, Oper. tom. 1. pagin. 229. edicion de Ginebra de 1766.]
[28] En el lenguage de las Ciencias se han de guardar todas las reglas que hemos puesto para las lenguas comunes en quanto conducen á la perspicuidad, y á declarar con las voces las nociones mentales, de modo que se evite toda confusion. Para señalar sus defectos conviene distinguir los vocablos que cada Autor ha querido introducir como suyos propios, y los que son recibidos por el comun de los que profesan las Artes. PARACELSO, hombre fantástico, introduxo vocablos, no solo desusados, sino incomprehensibles[a]. Siguió su exemplo HELMONCIO, Escritor extravagante. CARAMUEL al fin de sus dias publicó una Obra intitulada Subtilissimus, que es una nueva Dialéctica Metafísica, en la que pretende aclarar las cosas obscuras de los Metafísicos y Teólogos con nuevos vocablos y participios, como amaveruns, amaveruntis: amaveratus, ti: amavissens, entis: amavissetus, ti, y otros á este modo. Quien conozca á este Escritor verá que el Autor del Anti-Caramuel tiene razon en decir, que Caramuel tuvo ocho grados de ingenio, cinco de eloqüencia, dos de juicio. Facil es conocer los términos inventados por Autores para sus usos particulares, los quales se deben desechar, como que sirven para ellos solos; y su conducta se debe enteramente evitar por opuesta á la buena Lógica. Quando las voces son aceptadas del comun de los Profesores de las Artes, unas son de retener, otras no. Hace una especie de Pueblo literario el comun de los Estudiosos, y tiene su uso formado en ciertos vocablos, los quales aunque sean bárbaros, son de retener siempre que sean introducidos para la necesaria declaracion de los conceptos mentales. Así que en la Filosofía de las Escuelas conviene mantener muchos vocablos particulares, sin los quales no entenderíamos algunos Escritores de los siglos medios. Sugeto, predicado, cópula, predicables, predicamentos, universales, particulares, singulares: categoremático, que es lo que por sí solo significa una cosa: sincategoremático, que solo significa junto con otro, como todo, alguno, &c: categórico que declara la cosa determinada: vago, que significa la incierta, como esencia, verdad, orden, &c: synónimo, que declara la cosa que baxo un mismo concepto conviene á muchos, como hombre á Pedro, Francisco, &c: homónimo, que baxo una significacion comprehende cosas diversas como hombre, aplicado al pintado y al vivo: análogo, el que manifiesta muchas cosas con alguna variacion, como cabeza, que se atribuye á los animales y á los montes: sanidad, que se aplica al hombre y á la medicina, &c: finito, que significa cosa determinada: infinito, que expresa la cosa sin determinacion, y se hace poniendo la partícula negativa non antes del nombre. Estos, y otros muchos vocablos de este género no se pueden ya escusar en el estudio de la Dialéctica, como algunos modernos lo conocen, en especial WOLFIO[c], contra el dictamen de otros, que sin distincion, solo por ser de las Escuelas, los desechan y satirizan sin fundamento. NOLTENIO[d] ha puesto muy buenas reglas en defensa de los vocablos filosóficos antiguos, y de otras profesiones. Yo quisiera que alguno bien instruido compusiese un Diccionario Filosófico medii aevi, donde al modo del Glosario de DuCange se explicasen todas las voces que se han usado y se mantienen en la Filosofía Escolástica; pues que así se conservaria la memoria de un ramo considerable de la Historia Literaria, y veríamos las que se deben mantener y se pueden desechar.
[Nota a: Ens pagoicum, cagastricum, relolleum, cherionium, trarames, &c. Véase Sennert. de Consens. & Dissens. Chymicor. cum Galenic. cap. 5. tom. 1. pagin. 195. edicion de Leon de 1656.]
[Nota b: Vease Baillet Jugem. tom. 2. pag. 579.]
[Nota c: Logic. discurs. prael. §. 147. p. 51.]
[Nota d: Noltenio Lex. antib. p. 656. y sig.]
[29] Al paso que es preciso mantener algunos términos de las Escuelas, es del caso tambien suprimir otros. Materialiter y formaliter se pueden dexar, porque ademas de dárseles varias y difíciles significaciones, son falsos los significados en su origen, pues se toman de la materia y forma en el modo que de ellas hablan los Escolásticos, sobre lo qual apenas han dicho cosa sólida. Los que no son necesarios, y por otro lado son de una barbarie horrible, deben olvidarse del todo, como hecceitas, petreitas, signatè, exercitè, ut quo, ut quod, specificativè, reduplicativè, y otros á este modo. Los que pueden explicarse con voces propias sin mudar el sentido es del caso exterminarlos como à parte rei, distincion formal ex natura rei, &c. Aunque en las lenguas muertas, como es la Latina, no hay licencia de añadir ni mudar vocablos, porque estamos precisados á entenderlos en la significacion que les dieron los que usaron de ellas, si queremos alcanzar sus pensamientos; con todo en la Teología y cosas Eclesiásticas deben mantenerse las voces que la Iglesia ha adaptado, aunque no sean puramente latinas, porque lo contrario sería no entender lo que la Iglesia nos propone, siendo así que por mantener la doctrina y disciplina de los mayores ha tenido por preciso conservar los mismos vocablos con que ellos la enseñaron. Así que es nimiedad reprehensible de algunos preciados de Gramáticos mudar las voces Angelus en Genius: Eucharistia en sanctissimum frustulum: Spiritus sanctus en aura Zephyri coelestis: Deum immortalem en Deos immortales: Ecclesia en respublica sacra: Apostolos en duodecim viros: Sacramenta en sacra symbola: Excommumcatio en dira proscriptio,&c. ERASMO en el Diálogo que intitula Ciceronianus satiriza muy bien á estos afectados imitadores de CICERON; y NOLTENIO, sin embargo de ser su instituto desterrar las voces bárbaras del idioma Latino, hablando de esto despues de haber vituperado esta nimiedad, dice: Retineamus vocabula illa sacra, neque cum profanis illis, nihilque sacri habentibus, gentium à Dei vera cognitione alienarum sacris misceamus & confundamus[a]. Es digno de leerse contra estos Gramáticos MARCO ANTONIO MURETO, que los convence de estultos é impíos por afectacion de latinidad, sin embargo de haber sido uno de los mayores promovedores de la pureza del Latin, y haberle hablado con perfeccion. JACOBO PERIZONIO dice con poca reflexîon, que los Teólogos del Concilio de Trento con política no quisieron admitir á los Gramáticos para interpretar las Sagradas Escrituras, porque conocian que estos las habian de explicar de diversa manera de la que ellos querian, puesto que no deseaban alcanzar el verdadero sentido de las palabras, sino el que se acomodaba á sus doctrinas[c]. A THEOPHRASTO, sin embargo de haber merecido por su eloqüencia que le llamasen la Musa ática, le dixo en público una Verdulera, que no sabia hablar. Los Padres del Concilio no se juntaron para cosas gramaticales, sino para establecer y definir la doctrina de la Iglesia. Esta doctrina está en las Santas Escrituras, y en las Tradiciones Apostólicas que han conservado los antiguos Padres. Siguiendo estos caminos segurísimos rechazaron los errores, y dexaron sentada la verdad con los mismos vocablos con que la Iglesia desde su origen los proponia á los Fieles. Para dar esta doctrina nunca se consultaron Gramáticos que la puliesen con sus vocablos y nimiedades, pues los Escritores Sagrados primero, y despues los Padres la propusieron con las voces mas sencillas y acomodadas á la inteligencia de los Fieles. Pusieron el cuidado en decir las cosas con magestad, simplicidad, y energía; mas no hicieron caso ninguno de los primores de los Gramáticos; y siendo así que una doctrina necesaria para la salvacion de las gentes, no debia quedar expuesta á la libre inteligencia de las voces, puso Dios por fiel intérprete de las Sagradas Letras á su Iglesia, que siendo columna y firmamento de la verdad, no puede errar en el sentido que deben tener, y en la significacion que se les debe dar. Así que el Pueblo Christiano en esta parte tiene un uso fixo é invariable de la lengua Eclesiástica, al qual en buena Lógica debe estar sujeto, y ni Perizonio, ni todos los Gramáticos del Mundo pueden alterar sin ofender las reglas que la buena razon dicta sobre el uso de las lenguas. Debiera Perizonio, y otros tales considerar, que una cosa son los Dogmas de Fe, y otra las explicaciones de ellos. Los primeros son inmutables, invariables, y tan fixos, que nada se puede añadir, ni quitar, comprehendidos enteramente en las Sagradas Escrituras y en las Tradiciones Apostólicas. Las explicaciones de los Dogmas varían segun los entendimientos los comprehenden. Estas son muy inciertas y mudables quando cada uno quiere hacerlas, y así han nacido innumerales errores. La Iglesia, á quien incumbe sostener la pureza de la doctrina Dogmática, pone método á las explicaciones; y siendo preciso para mayor claridad inventar vocablos, que declaren el nuevo modo de explicacion, lo hace, del mismo modo que lo hacen todos con buena Lógica, quando se han de manifestar cosas nuevas. Lo voz Homousios, en Latin consubstantialis, fué recibida en el primer Concilio Niceno para rechazar las blasfemias de Arrio. SAN HILARIO en el libro de Synodis trata de propósito de la introduccion de la voz Homousion, defendiendo á los Padres del Concilio Niceno, y dice: Tertiò etiam haec causa improbandi homousii commemorata à vobis est, quia in Synodo, quae apud Nicaeam fuit, coacti patres nostri propter eos qui creaturam Filium dicebant, nomen homousii indidissent, quod non recipiendum idcirco sit, quia nusquam scriptum reperiretur. Quod à vobis dictum satis miror…. Malo enim aliquid novum commemorasse, quàm impiè respuisse…. Atque ita non relinquitur vitiosae intelligentiae quaestio, ubi in vitii damnatione communis assensus est … Inane enim est, calumniam verbi pertimescere, ubi res ipsa, cujus verbum est, non habeat difficultatem[d]. Nuestro Español Osio se valió con acierto de la voz hypostasis, en latin persona, para reprimir los errores de Sabelio y sus sectarios. SÓCRATES trata de este suceso de Osio con extension, diciendo los motivos de admitir la voz hypostasis. Non enim novam quamdam doctrinam à se primùm excogitatam in Ecclesiam invexerunt, sed ea sanxerunt, quae & ecclesiastica traditio ab initio docuerat, &c[e]. HILDEBERTO en el siglo once inventó la voz transubstantiatio para explicar la mutacion milagrosa de la sustancia del Pan en Cuerpo de Jesu-Christo en la Eucaristía[f]. Despues la usó el Concilio quarto Lateranense, que fué general[g]; y últimamente la confirmó con su autoridad el Concilio de Trento. Nunca con estos vocablos se ha intentado proponer doctrina nueva; antes por el contrario los Dogmas antiguos, mal entendidos por algunos sectarios, se han confirmado haciéndolos mas patentes con las voces nuevas, de modo que habiéndolas aceptado toda la Iglesia, han adquirido el uso que se requiere, para que nadie pueda dexar de recibirlas sin faltar á la buena Lógica. No por eso los Teólogos, y Escritores Eclesiásticos tienen licencia para usar de un estilo latino bárbaro, é inculto, porque una cosa es las voces nuevas que adopta la Iglesia en la explicacion de las cosas sagradas, y otra muy distinta el idioma Latino con que los Escritores Eclesiásticos han de publicar sus conceptos. En esto deben acomodarse á la legítima lengua Latina, si quieren ser entendidos, y solo por abuso, y falta de cultura pueden hablar un latin, que por extravagante le hacen suyo. ¿Quién puede tolerar el pariformiter, conformiter, dico quod, meo videri, salvo meliori, y otros tales barbarismos introducidos sin necesidad y por ignorancia del latin? La misma Lógica, que dicta no innoven en los vocablos introducidos y usados por la Iglesia, dicta tambien que en lo demas procuren hablar la lengua Latina como corresponde al caracter de ella. El célebre Lock, despues de valerse de la variedad de Comentarios que hay sobre el Viejo y Nuevo Testamento, nacida de las varias maneras con que se toma la significacion de los vocablos, concluye diciendo, que siendo los preceptos de la Religion natural claros y proporcionados á la inteligencia del género humano, y las verdades reveladas sujetas á dificultades que vienen de las lenguas, y á la obscuridad que nace de las palabras, sería mas provechoso á los hombres aplicarse con mas cuidado y exâctitud á la observacion de las leyes naturales, que al sentido que dan á las verdades reveladas[h]. Si el estudio que puso Lock en exâminar las fuerzas del entendimiento humano, lo hubiera puesto igualmente en las Sagradas Escrituras, tengo por cierto, que segun era su penetracion, no hubiera escrito una cosa tan extravagante como esta. Aunque todo quanto se contiene en los libros del Viejo y Nuevo Testamento sea infaliblemente verdadero, porque lo ha revelado Dios, con todo hay dos clases de verdades en ellos: unas enseñan á los hombres lo que es necesario saber y creer para salvarse: otras encierran máxîmas muy doctrinales, ciertas en sí mismas, y á propósito para ilustrar á los hombres, á fin de glorificar á Dios en todas sus obras. Las primeras son fixas, seguras, y de ningun modo expuestas á la duda, ni equivocacion, porque no era correspondiente á la infinita bondad de Dios publicar, dexando expuesta al error, y á la incertidumbre, la doctrina necesaria para la eterna salud de los hombres. Las otras verdades admiten ciertas exposiciones, bien que sujetas á reglas de razon y de religion, que nadie puede dexar de observar. S. AGUSTIN propuso estas reglas de interpretacion de las divinas Escrituras con admirable perfeccion. Si los Expositores, ó Comentadores son Católicos, nunca disienten en la inteligencia de las primeras; si no son Católicos, es ordinaria la discordia y variacion, como todos lo pueden ver en la estimable obra de Bossuet sobre las Variaciones de las Iglesias protestantes. En el exámen de las otras verdades hay diferencias de pareceres entre los Comentadores, y no nacen siempre de los vocablos, sino por lo comun del sentido de la sentencia. Confundiendo Lock estas cosas ó no aclarándolas, da motivo á los entendimientos flacos á desconfiar de las Santas Escrituras, y facilita el camino, que antes de él abrieron otros, para hacerse á su gusto árbitros de la inteligencia de las verdades divinas[j]. Concede Lock, que las verdades reveladas exceden nuestros naturales conocimientos[k]: concede tambien, que el Viejo y Nuevo Testamento son revelados, é infalibles por la infalibidad de Dios[l]: pondera mucho la ignorancia y obscuridad de los hombres: conoce lo poco que alcanzamos con nuestras propias luces, y los errores en que caemos, de modo que su tratado del entendimiento fuera de los mas á propósito para convencernos de estas verdades, quando cada uno, si es cuerdo, no hallase dentro de sí cada dia motivos de conocerlas[m]. Solo desea, que nos conste que en tal, ó tal sentido se han revelado las divinas Escrituras, y que esto se ha de averiguar por la razon, que llama Religion natural[n]. Pero si los Comentadores no son buenos, porque tropiezan en la inteligencia de los vocablos: si la razon de los hombres es corta, limitada, llena de obscuridad y de tinieblas: si nuestra ignorancia es suma: si nuestros errores nos tienen engañados: si nuestras luces en su raiz todas dependen de los sentidos: si nuestras potencias, la memoria, la fantasía, el juicio nos faltan á cada paso: si las verdades reveladas son superiores á nuestros conocimientos: si nuestros afectos y pasiones nos ciegan y desfiguran las cosas, como Lock lo confiesa todo y lo repite muchas veces en su obra, ¿no fuera imperfeccion en Dios haber puesto por intérprete de su soberana mente en cosas de la salud de los hombres lo mas obscuro, incierto, errable, vago, inconstante y negligente, que es la razon humana y religion natural? ¿No se ha visto por experiencia, que entregadas las divinas letras á los que siguen esta máxîma, cada uno se ha tomado la licencia de entenderlas á su modo, por usar cada uno de su razon de distinta manera? Los Luteranos, primeros establecedores de esta máxîma, las explican de un modo, de otro los Calvinistas. Los Socinianos, Arminianos, Syncretistas, los Quakers, y otros sectarios ¿no siguen doctrinas opuestas, fundándolas todas en las Sagradas Escrituras, entendidas segun su razon, ó segun su religion natural? Si las cosas del uso de la vida expuestas á sus sentidos las yerran cada dia los hombres por la flaqueza de su entendimiento, ¿cómo dexarán de caer en grandes errores quando quieran meterse á averiguar lo que es muy superior á sus cortas luces? Es preciso, pues, que Lock conociese, aunque lo habia callado, que el Intérprete fiel y seguro de las Santas Escrituras en lo que concierne á la salvacion de los hombres es la Iglesia, puesto que el mismo Dios, segun consta por la revelacion, la ha dado para esto el don de la infalibilidad, y debe todo Christiano, una vez que admita la revelacion de las divinas letras, cautivar su entendimiento en obsequio de la Fe que la Santa Iglesia le propone. Nunca la Iglesia Católica ha pretendido que el hombre no use de la razon para afirmarse en la creencia de la divina enseñanza, ni ha dicho que se crean las cosas que son evidentemente opuestas á la recta razon; intenta solo enseñar, que la razon ha de estár subordinada á la Fe en las cosas que esta propone superiores á aquella, siendo certísimo que hay Misterios sagrados que exceden la fuerza de la razon, mas no la contradicen ni la destruyen. En conclusion los Misterios que nos propone la Fe Divina, siendo de infalible certeza, no son del orden natural, como lo confiesa Lock[o], ni los conocimientos puramente naturales pueden llegar por sus luces á penetrarlos[p]; por donde es preciso que lo que es de menor luz se subordine á la que es superior, y con entrambas el entendimiento quede iluminado. Este punto le he tratado en mi Discurso sobre la aplicacion de la Filosofía á los asuntos de Religion; y viendo que no Lock solo, sino otros muchos sectarios se recalcan en sus escritos sobre esto, ponderando demasiadamente el uso de la razon, y religion natural, quisiera yo que estuviese corriente el libro de Muratori de ingeniorum moderatione in religionis negotio, donde se trata de propósito este importante asunto con una doctrina muy sólida, y de un modo muy á propósito para rechazan á los modernos renovadores de los errores antiguos en esta materia.
[Nota a: Nolt. Lexic. antibarb. pag. 419. edic. de Lipsia 1744.]
[Nota b: Muret. Var. lec. lib. 15. cap. 1. pag. 379. tom. 3. edicion de
Verona de 1728.]
[Nota c: Periz. en la prefac. á la Minerva de Sanchez de la edicion de
Amsterdam de 1733.]
[Nota d: S. Hilar. de Synod. núm. 81. seq. pág. 509. edicion de los PP. de S. Mauro.]
[Nota e: Socrat. lib. 3. Hist. Eclesiast. cap. 7. pág. 143. edic. de 1700. con notas de Valesio.
Sobre la introduccion, y uso de la voz hypostasis puede verse S. Basilio el Grande epist. 114. t. 3. pág. 322. edicion de París de los PP. de S. Mauro.]
[Nota f: Véase el serm. 6. págin. 689. edicion de París de los PP. de
S. Mauro.]
[Nota g: Concilior. t. 13. pág. 930. edic. de Coleti de 1730.]
[Nota h: Lock Essai, l. 3. c. 9. p. 397. §. 23.]
[Nota i: S. Aug. l. I. c. 18. de Sen. ad Gen.]
[Nota j: Lock Essai. lib. 4. cap. 17. §. 7. pág. 580.]
[Nota k: Lib. 3. cap. 9. §. 23. pág. 397.]
[Nota l: Lib. 4. cap. 3. §. 22. pág. 457.]
[Nota m: Es muy digno de leerse sobre esto el §. 2 del cap. 14. del lib. 4. pág. 544. donde prueba Lock, que la cortedad y obscuridad de conocimientos en esta vida es para que conozcan los hombres, que son criados para otra mas perfecta.]
[Nota n: Lib. 3. cap. 9. §. 23. pág. 397. Véase tambien lib. 4. cap. 18. desde el §. 5. en adelante, pág. 578.]
[Nota o: Lib. 4. cap. 18. §. 2. y sig. pág. 576.]
[Nota p: Ibid. §. 7. & 8. pag. 580_.]
CAPITULO XII.
Del Raciocinio.
[30] Entre las nociones compuestas la mas principal, y á que se enderezan todas las otras es el raciocinio, acto del ingenio y potencia combinatoria, pues en él se juntan muchas proposiciones para formar una con el fin de descubrir las cosas. Execútase el raciocinio por induccion, exemplo, entymema, sylogismo. Llámase induccion la manifestacion de un universal por la enumeracion de todos los particulares. Este cisne es blanco, tambien lo es este, y así de los demas: luego todo cisne es blanco. Decia Horacio: el que no ha gobernado la nave se abstiene de hacerlo: el que no es Médico no se atreve á dar medicinas, &c. luego los que no son perítos en las cosas; no las han de gobernar[a]. Son innumerables los errores que se cometen en las Ciencias, especialmente en la Física, por el mal uso de las inducciones; pues sin hacer bien la enumeracion de los particulares, se sientan máxîmas universales, que solo son ciertas quando estas incluyen á aquellos sin faltar ninguno. Un Médico dá una medicina para quitar una enfermedad, la repite otra vez, y logra la curacion. Forma por induccion una máxîma general falsísima, creyendo que la tal medicina es remedio cierto para semejante dolencia. Así continuando en hacerla comun, queda muchas veces burlado. En el trato civil sucede lo mismo. Ven á uno que un dia entra en una casa, y lo repite otro dia, y sin mas exámen pronuncian: Fulano va todos los dias á tal casa, ú hace tal cosa, &c. Es menester mucha reserva, gran exâctitud, suma diligencia para no engañarse con las inducciones. Esto consiste en que en este raciocinio procede el entendimiento de las partes al todo; y así como para formar el género de las difiniciones es necesario saber todos los particulares, que debaxo de él se comprehenden, del mismo modo es preciso para hacer una buena induccion: y es de notar, que esta suerte de argumento, si se hace debidamente en las cosas físicas, es de suma importancia para las nociones lógicas universales. BACON DE VERULAMIO trató de la necesidad y utilidad de las inducciones para la Física en el capítulo segundo del libro quinto De augmentis scientiarum, y lo repitió en los aforismos trece y catorce del primer libro de su Novum organum, alabando en ambas partes la induccion, y vituperando los sylogismos; mas siendo cierto, que no hay induccion ninguna que no se pueda reducir á sylogismo, se echa de ver que á este insigne Escritor le hizo falta aquí, como en otras muchas cosas, la séria letura de Aristóteles.
[Nota a: Navem agere ignarus navis timet; abrotonum aegro
Non audet, nisi qui didicit, dare.
Quod medicorum est,
Promittunt medici. Tractant fabrilia fabri.
Horat. Epist. lib. 2. epist. I. vers. 114..]
[31] El exemplo que en las Escuelas llaman paridad, es un raciocinio con que descubrimos una cosa por la similitud de otra: Una piedra, un bronce, con el continuo ludir se amolda y se suaviza: luego un muchacho, por duro y áspero que sea, con la educacion y la cultura se amansa y endulza. Este modo de raciocinar es muy expuesto al error, porque con dificultad se encontrarán dos cosas tan del todo semejantes que no se diferencien en algo; por eso en rigor lógico esta suerte de prueba debe exâminarse mucho, porque engaña con las apariencias con que dos cosas se semejan, siendo en lo interior distintísimas. Toda la prueba, y convencimiento de las historias se funda en el exemplo, pudiendo en nuestros tiempos suceder lo que en los pasados. Así que para usar de este raciocinio con acierto conviene comparar las cosas, mirar en qué se parecen, y en qué disienten, ver los efectos que resultaron, y se pueden esperar de aquello en que se conforman, y no omitir circunstancia ninguna de las que pueden hacer del todo semejantes, ó solo en algo parecidos los casos. Por faltar este exámen Lógico á los Casuistas, que no usan por lo comun de otra prueba que del exemplo, cometen tantas faltas en la enseñanza de la Moral. Lo mismo sucede á los Políticos, puesto que no hay dos casos del todo semejantes en los sucesos humanos. Lo que conviene, así en la Moral, como en la Política, es instruirse bien en las máxîmas fundamentales de estas Ciencias, y procurar aplicarlas con acierto á los casos particulares, y los exemplos mirarlos como hechos que ayudan á hacer con firmeza semejante aplicacion. Todavía debe aclararse mas este importante asunto. Todos los entes tienen predicados comunes y singulares. En los comunes se parecen, y se diferencian en los otros. Quando en lo físico exâminamos las cosas, y vemos en ellas los atributos comunes, las colocamos baxo una clase; y este conocimiento, si se hace con exâctitud, nos asegura del sér y propiedades de los entes, y sirve la inteligencia de unos para los demas que gozan iguales atributos. La singularidad que hay en cada cosa no es transcendental á otras, y por eso de los meramente singulares no puede haber ciencia, sino solo observacion, esto es, conocimiento que dimana de determinada aplicacion de los sentidos. Así que para que la Física y la Historia sean útiles, y dén reglas seguras, es menester en su estudio ver atentamente las cosas, notar los atributos comunes y propios de cada una, exâminar el origen, progresos y términos que tienen, advertir sus operaciones, sus resultas, sus movimientos, &c. Y quando dos cosas, aunque en sí mismas singulares, se convienen en todo lo que hemos propuesto, se podrá juzgar de una por la similitud de la otra, y se podrá decir que se gobierna entonces el entendimiento por un conocimiento seguro. Por faltar en los que se llaman Físicos experimentales muchas de estas advertencias, se quejaba el P. Mallebranche del poco mérito de los que suelen hacer, como dicen ellos, experiencias[a]. Quando el hombre averigua así las cosas se vale de las inducciones para colocarlas en las clases generales, y así se dan la mano las nociones del entendimiento, y se ayudan mutuamente quando se gobiernan con buen orden. Haré esto mas patente con exemplos. En lo físico se observa, que un arbol echa su flor con la venida del Sol, y se le caen las hojas con la ausencia: esto mismo se vé en los demas constantemente, y de estos exemplos por induccion se concluye, que el Sol influye en la generacion y corrupcion de los árboles. Se vé, no una vez sola, sino innumerables, que la Luna y los demas Planetas, ademas de nacer, y ponerse todos los dias, caminan por sí de Poniente á Levante, guardando cada uno ciertas reglas: y de la repeticion de veces que esto se observa, como que cada vez que se vé es un exemplo, se concluye que los Planetas exercitan dos movimientos, uno comun de Levante á Poniente, y otro propio de Poniente á Levante. Así decia bien MANILIO, que el exemplo mostró el camino á los hombres para formar las reglas fixas de la Astronomía. En lo Moral se vé que TICIO tiene inclinacion á la superioridad, tambien la tienen ARISTON, y EUDOXÔ, y así los demas. Conclúyese de estos exemplos, que este apetito es general en la naturaleza del hombre. En lo Médico se observa, que el dolor de costado, que uno padeció, traía consigo cinco cosas; es á saber, calentura fuerte, tos, dificultad de respirar, pulso duro, y dolor punzante en algun lado: esto mismo se vió en otro, y constantemente en todos los que fueron molestados de esta dolencia. Conclúyese de estos exemplos por la induccion, la máxîma experimental, que todo dolor de costado ha de llevar precisamente estos males consigo. Si los Médicos observan atentamente, verán que de cada una de las enfermedades podrán formar máxîmas generales para su conocimiento tan ciertas como esta, puesto que todas tienen caractéres propios tan fixos como el dolor de costado tiene los suyos. Caminando por estas reglas lógicas, y gobernando los antiguos sus nociones por ellas, nos han dexado sentados los principios fundamentales de todas las Artes y Ciencias; pues no son otra cosa que nociones comunes y universales sacadas de exemplos particulares, y juntas por la induccion para formar máxîmas adaptables á los singulares de donde proceden.
[Nota a: Recherch. de la verit. liv. 2. p. 2. chap. 8. tom. I. pag. 447.]
[Nota b: Per varios usus artem experientia fecit, Exemplo monstrante viam. Manil. Astronom. lib. I. v. 58. y sig.]
[32] Enthimema es un raciocinio corto de dos solas proposiciones expresas (aunque es facil reducirlo á tres), entre las quales la una es antecedente, y la otra se sigue de ella, como el Sol ha salido: luego es de dia. Esto es lo que comunmente se enseña del entimema; bien que otras significaciones le dieron los antiguos, que pueden verse en Facciolato, Escritor pulido y sólido, que trató de propósito este asunto[a].
[Nota a: Facciolat. Acroas. 1 p. 1. y sig.]
[33] Dilema es un raciocinio que en su antecedente tiene dos partes, y con cada una puede incomodar al contrario. Cuenta AULO GELLIO[a], que un joven rico, llamado EVATHLO, queriendo tomar liciones de orar con PROTAGORAS, le ofreció mucho dinero, y le dió la mitad de lo tratado al empezar la enseñanza, ofreciendo pagar lo restante el dia que llegase á defender una causa ante los Jueces, y la ganase. Mas retardando Evathlo la execucion, Protágoras le movió un pleyto, y habló en su favor á los Jueces con este dilema: "Ya sea que te den, Evathlo, sentencia en favor, ya en contra, me has de pagar la deuda: porque si pierdes el pleyto, la pagarás por la sentencia: si lo ganas, la pagarás por lo tratado; pues has ofrecido pagarme el dia que defiendas un pleyto y le ganes." Replicó Evathlo: "Ya, gane yo el pleyto, ó le pierda, no he de pagarte: porque si tengo sentencia en favor, quedó exênto: si la tengo en contra, no se ha cumplido el pacto de pagarte quando ganase el pleyto." A esta especie de reconvenciones llaman los Griegos Antistrephon, los Latinos reciprocum argumentum: en las Escuelas lo usan mucho, no solo en los dilemas, sino en otras maneras de raciocinios, y los llaman retortiones del verbo retorqueo. Engañan mucho esta suerte de argumentos, porque entre los dos extremos del dilema suele haber medios, y tal vez faltan mas extremos, ó de los señalados no salen en todo rigor las conseqüencias que se proponen. Mas pudiéndose reducir los propuestos raciocinios á sylogismos, que son la mas universal manera de raciocinar, puesto que debaxo de sí contienen toda suerte de argumentos, se hará lo dicho mas patente con lo que vamos á explicar.
[Nota a: Gell. _lib. 5. cap. 10. pag. 170.]
[34] Sylogismo es: "una nocion mental compuesta de tres proposiciones juntas, de modo que sentadas las dos primeras, la otra aunque contiene cosa distinta se sigue de ellas por necesidad:" Todo viviente es sensitivo: todo hombre es viviente: luego todo hombre es sensitivo. La primera proposicion se llama mayor, la segunda menor, y ambas premisas, la tercera consiguiente ò conclusion_; y la conseqüencia que denota la nocion con que el entendimiento conoce el enlace y conexîon necesaria del consiguiente con las premisas, se significa con la partícula luego. En todo sylogismo ha de haber tres términos y no mas: es á saber, el extremo menor, que es el sugeto del consiguiente: el extremo mayor, que es el predicado, y el medio, que es por donde se juntan los otros, y este nunca entra en la conclusion; y entre las premisas en rigor es la mayor la que contiene el mayor extremo, aunque en el orden de la colocacion esté primero la otra. La vida es un bien: todo bien es apetecible: luego la vida es apetecible. Aquí la mayor es la segunda proposicion, porque contiene el mayor extremo, y facilmente se puede mudar la colocacion en esta forma: Todo bien es apetecible: la vida es un bien: luego la vida es apetecible. No siempre se guarda este orden en las disputas de las Escuelas, pero conviene que se entienda para conocer el artificio lógico de los sylogismos.
[35] Toda la fuerza de los raciocinios sylogísticos se toma de dos fuentes: la una es, el decirse ó negarse una cosa de todos (en las Escuelas tomándolo de Aristóteles, dici de omni, dici de nullo): la otra, que siendo dos cosas una misma con un tercero, es preciso que sean unas mismas entre sí, y al contrario (Quae sunt eadem uni tertio sunt eadem inter se, & vice versa). Como el entendimiento con buena lógica forma el todo universal de que hemos hablado antes, quando quiere averiguar si una cosa le conviene ó no á otra, procura ver si está contenida en la razon general, de modo que el sugeto que hace el menor extremo esté contenido en el extremo mayor, que es el predicado; y así se convence concluyendo, que la cosa es como en el consiguiente del sylogismo se propone. Todo hombre es corruptible: Ticio es hombre: luego Ticio es corruptible. Aquí lo corruptible hace un todo lógico, y se prueba que en él se incluye Ticio, porque se ha probado que es hombre, y todo hombre es corruptible. La otra fuente de la fuerza de los sylogismos se descubre en los de predicado singular: Eudoxô es ingenioso: este hombre es Eudoxô: luego este hombre es ingenioso. Aquí se convence lo ingenioso en este determinado hombre, porque los dos están juntos en un tercero, que es Eudoxô. Tito Livio no es Ciceron: este hombre es Tito Livio: luego este hombre no es Ciceron. Los dos extremos de este determinado hombre y Ciceron no se pueden juntar, porque no se pueden unir con Tito Livio, que es el medio. A la verdad este principio de la fuerza de los sylogismos, tambien se extiende al otro que hemos explicado; pero para mayor inteligencia de estas cosas conviene tener presentes los dos.
[36] Para el buen manejo de los sylogismos ha inventado el Arte las figuras, y los modos. Llámase figura la debida conexîon y atadura del medio con los dos extremos. Modo es la proporcionada y recta colocacion de las proposiciones. Estas cosas se enseñan difusamente á los muchachos en las Escuelas, y es lo que en ellas se suele tratar en las Súmulas con mas fundamento. Los antiguos por lo comun fueron mas prolixos de lo que requeria este asunto: los modernos tomando el extremo contrario, como acostumbran, lo miran todo como inutil. Los que quieren enterarse de la verdad con todo fundamento, ni se entregan á tanta delicadeza, como en esto gastan los Escolásticos, ni desechan como vano este artificio Aristotélico. Es cierto que la fuerza de raciocinar reside en la potencia mental combinatoria, y es el raciocinio el acto mas noble de ella. Con su exercicio descubre, averigua, junta, compone, ó descompone las cosas entre sí segun les corresponde. El Arte siguiendo la naturaleza ha ordenado, dispuesto, y enlazado las nociones de manera, que ha dado pulidéz, claridad, orden, y facilidad admirable á la formacion de los sylogismos, y quien quiera que vea el artificio con que Aristóteles ha dispuesto todas estas cosas, habrá de confesar, si tiene candor, que la obra de este Filósofo es una de las mayores, y mas sublimes del entendimiento humano. Dice Lock, extendiéndose[a] mucho en esto, y con él otros modernos, que es ocioso, y que no ayuda al entendimiento en el buen modo de pensar, el disponer los argumentos por sylogismos, puesto que se hallan muchos que sin ellos raciocinan, y concluyen los asuntos que tratan con claridad y perfeccion. De aquí deducen, que el método de las Escuelas es importuno, inutil y enfadoso, asegurando que fuera mejor tratar las Ciencias con discursos seguidos, que con disputas Escolásticas. No apruebo yo todo lo que hacen las Escuelas en punto de sylogizar, porque veo bien que se cometen excesos dignos de enmendarse. Tampoco alabo los Escritores pesados, que siguiendo este estilo, todo lo reducen á sylogismos, porque fatigan el entendimiento, y le indisponen á poner la atencion necesaria para enterarse del asunto; pero no tengo por inutil ni vano el Arte de sylogizar, y el conocimiento de sus reglas, antes por el contrario en quien le pueda aprender sin gran fatiga le considero util, y en algunas ocasiones necesario. Mucho antes que Lock y sus precursores trató esto mismo nuestro SANCHEZ BROCENSE, y probó con admirables exemplos de Terencio, y otros Escritores de la pura latinidad, quán agradable y convincente es ocultar el Arte, y mostrar las cosas con sylogismos encubiertos, que este mismo Autor desembaraza, para que los Dialécticos los vean con sus modos y figuras. Cierto que sería en las Escuelas muy util á la juventud, así para mayor perfeccion en el Latin, como para introducir el buen gusto de la Dialéctica, enseñar el Arte de sylogizar del modo que lo hace este sabio y discreto Español, pues ninguno hasta aquí en esta parte lo ha hecho mejor. En los exercicios de la Retórica, del trato civil, de los Tribunales, de la política, se deben usar discursos seguidos, los quales, aunque en sus pruebas encierran muchos sylogismos, pero están encubiertos, y tanto mas apreciable es el Arte de las arengas, quanto es mas oculto el artificio de los raciocinios. Mas en las Escuelas, y en los Estudios privados conviene mucho practicar los sylogismos, porque con ellos se hacen patentes á un tiempo las pruebas sólidas, y los embrollos: se descubre lo sólido y concluyente, y lo superficial y falso. En la Universidad de Valencia se guarda en esto una costumbre digna de ser recibida de las demas Escuelas. El que arguye pone sylogismos hasta que ha manifestado su dificultad, y hecho esto, resume todo su argumento sylogístico en un discurso seguido. El que defiende hace lo mismo, porque primero responde á los sylogismos segun la forma Escolástica, y luego hace una recapitulacion de todo el argumento, como una arenga, en la qual satisface á la dificultad que se le ha propuesto. El que esté versado en el Arte de sylogizar conoce la utilidad que le resulta, quando reduce á sylogismos un asunto en que le importa averiguar si sus pruebas son conformes con los principios fundamentales del juicio; pues esto de sylogismo en sylogismo se viene á descubrir con perfeccion, y por este camino queda el entendimiento asegurado de la verdad. Convencido de esto Leibnitz usó muchas veces del método sylogístico para impugnar á los Materialistas, y probar la inmortalidad del alma, para defender la verdad católica del Sacrosanto Misterio de la Trinidad, y para declarar en un Apéndice por varios sylogismos los principales puntos que estableció en su discurso seguido de la Theodicea[c]. HEINECCIO, despues de haber explicado las figuras de los sylogismos y sus reglas, dice: "Estas son las reglas especiales, que sin embargo de ser vilipendiadas por los que no aman la mas sólida doctrina, experimentan cada dia ser muy útiles los que desean alcanzar la verdad. ¿Porque cómo averiguará ninguno la verdad si no raciocina? ¿y quién podrá estar seguro de que ha raciocinado bien sin saber las reglas de los buenos raciocinios? Son, pues, sólidas estas cosas, como lo son otras muchas que hoy vulgarmente causan disgusto[d]". WOLFIO tiene á los sylogismos ordenados, como se usan comunmente, por útiles para las disputas, y en algunas ocasiones por necesarios[e], impugnando á los modernos que los desprecian[f], y notando á algunos de ellos de no haber entendido sus fundamentos[g]. Por comprehender yo tambien que es conveniente en las disputas Escolásticas, y en los usos privados mantener la forma sylogística, propondré las reglas ciertas que hay para conocer los que están bien formados, y concluyen por su modo y figura, sin que obste lo que dicen algunos, por no cansarse en estudiar, que los mismos que disputan hacen buenos sylogismos sin atender á las reglas, y que, si á cada sylogismo se hubiera de poner atencion á eso, serían objeto de risa las disputas; porque quando se forma un hábito (esto no solo en lo racional sucede, sino tambien en lo corporeo) es preciso repetir los actos con advertencia á las reglas para el acierto: formado ya el hábito, se hacen las cosas sin tal advertencia, porque la facilidad que se adquiere con el uso lo suple todo[h].
[Nota a: Lock Essai Philosoph. del ent. lib. 4. cap. 17. §. 4. y sig. pag. 559.]
[Nota b: Organ. Dialect. lib. 2. tom. 1. pag. 430. y sig.]
[Nota c: Todas estas piezas dignas de leerse se hallan en el tom. 1. de las obras de Leibnitz pág. 5. 10. y 404. de la edic. de Gineb. de 1768.]
[Nota d: Heinec. Elem. Logic. part. 1. cap. 2. prop. 82. in not.]
[Nota e: Wolf. Logic. part. 2. sect. 4. cap. 4. §. 1094.]
[Nota f: Wolf. Logic. part. 2. sect. 1. cap. 2. §. 560.]
[Nota g: Ibid. part. 1. sect. 3. cap. 1. §. 353.]
[Nota h:Esto conviene advertir para no hacer caso de lo que contra el uso sylogístico pronuncia en tono de oráculo y de burla el célebre Vernei ó Barbadiño: De re logica, lib. 2. cap. 7. pág. 63.]
[37] Primera regla: El consiguiente debe estar incluido en una de las premisas, y la otra debe manifestarlo. En este sylogismo: Todo hombre es mortal: Ticio es hombre: luego Ticio es mortal, el consiguiente está incluido en la universal: Todo hombre es mortal, y la proposicion Ticio es hombre, sirve para hacerlo manifiesto. Esta regla es sin excepcion, y la mas general y segura para conocer la bondad de los sylogismos. Pónela Aristóteles en sus analíticos, y los Escolásticos la explican difusamente, de modo, que no hay nada mas comun en sus Súmulas impresas. Con todo el Autor del Arte de pensar[a] pondera la utilidad y necesidad de esta regla, y habla de ella como que la ha inventado, pues buscando una norma fixa para conocer la rectitud de los sylogismos sin recurrir á las reducciones de ellos, y poder facilmente desembarazarse, la propone como que le ha venido al pensamiento (& voici ce qui en est venu dans l'esprit).
[Nota a: Part. 3. cap. 10. pág. 308.]
[38] Regla segunda: De premisas verdaderas precisamente ha de salir consiguiente verdadero, de premisas falsas consiguiente falso. Esta regla consta, porque debiendo el consiguiente estar incluido en las premisas, si estas son verdaderas debe ser verdadero, y si son falsas falso: ni es otra cosa la conseqüencia, sino la necesaria conexîon con que el consiguiente está embebido en los antecedentes; y no pudiendo una misma proposicion ser verdadera y falsa, tampoco podrá ser falso un consiguiente que está comprehendido en premisas verdaderas, y al contrario. Añádese, que dos verdades no pueden ser opuestas, porque una de ellas dexará de serlo por aquel principio de luz natural: cada cosa es, ó no es; con que es preciso que lo que es verdad en los antecedentes, lo sea tambien en el consiguiente legítimamente deducido de ellos. Objétase contra esta regla, que por sylogismos bien hechos sale un consiguiente verdadero de premisas falsas de lo qual trae Aristóteles muchos exemplos en el libro primero de los Analíticos. Todo animal es piedra, ningun hombre es animal, luego, ningun hombre es piedra. Este consiguiente es verdadero, y se deduce de premisas falsas. Se responde, que el consiguiente es verdadero por sí, esto es, por la materia, ú asunto de que se compone; mas no por la disposicion y forma del sylogismo, porque no está incluido en ninguna de las premisas, y así falta el argumento á la primera regla. Múdese el asunto y materia, de necesaria como es en el sylogismo propuesto, en otra contingente, y con la misma coordinacion no saldrá el consiguiente verdadero, como se vé en este: Todo viviente es vino, todo liquor es viviente, luego todo liquor es vino. En las Escuelas dicen bien, que del imposible qualquiera cosa se deduce; y si se concedieran las premisas, era precisa la conseqüencia. Se entenderá esto mejor considerando, que en el sylogismo para alcanzar la verdad concurren dos potencias mentales, el ingenio, y el juicio. El ingenio combina las nociones, las descubre, y ordena para deducir una cosa de otra: el juicio conoce y vé si las nociones se conforman ó no con las cosas. Quando un sylogismo está bien ordenado segun las combinaciones del ingenio, y no es conforme su contenido á lo que requiere el juicio, entonces es una cosa puramente mental, como otras muchas de la potencia combinativa, y puede llamarse ente de razon, esto es, cosa que solo existe en el entendimiento, segun suele fabricarlas esta potencia; pero si al buen orden que el ingenio da á las nociones en el sylogismo se añade la confirmacion del juicio, en tal caso concluye y dexa satisfecho de la verdad al entendimiento. En los dos sylogismos propuestos, y otros muchos que se pueden hacer á este modo, las premisas son puramente mentales, y solo existen en el entendimiento; con que los consiguientes si la materia es necesaria se verificarán por sí mismos; y si es contingente, saldrán tan falsos como los antecedentes. Por eso en las Escuelas se conceden, ó niegan las premisas antes de llegar al consiguiente, pues siendo verdaderas, si el sylogismo es bueno ha de ser verdadero el consiguiente, y si son falsas falso. Síguese de lo dicho, que no puede tener lugar en los argumentos escolásticos que aconseja Feyjoó, de que el respondiente, quando no está asegurado de la verdad, ó falsedad de las proposiciones del arguyente, en lugar de conceder, ó negar diga, que duda, pues no está obligado á mas por las leyes de la veracidad[a], porque si duda de las proposiciones que le oponen como contrarias, á su thesis, ó conclusion, deberá tambien dudar de esta, ó á lo menos se entenderá que no está firme en ella, puesto que hay proposiciones que de cerca, ó de lejos la destruyen, y dudando de ellas, es preciso que esté dudoso de la conexîon, ó inconexîon que entre sí tienen, y por consiguiente lo esté tambien de la firmeza de lo que defiende.
[Nota a: Feyjoó Teatr. Crític. tom. 8 disc. I. §. 6. pág. II.]
[39] Regla tercera: En ningun sylogismo ha de haber mas que tres términos, porque como se ha de afirmar, ó negar la identidad de los extremos por la que tienen con el medio, si los términos son mas de tres no vale la prueba, ni puede ya fundarse en el principio: las cosas que son una misma con una tercera son unas mismas entre sí. Gran cuidado se ha de poner en los sylogismos de proposiciones exclusivas, de términos compuestos, y otros tales, en exâminar bien los extremos, y el medio, porque facilmente son mas de tres, y por eso no concluyen. Desembarazándolos conviene ver, si los términos son unos mismos, é invariables con las mismas propiedades, ampliaciones, restricciones, &c. porque una variacion, que no aparece á primera vista, hace defectuoso el argumento.
[40] Regla quarta: Una de las premisas á lo menos ha de ser universal; porque así se verifica, dici de omni, dici de nullo: y no haciéndolo así, con dos particulares se multiplica el medio, y salen mas de tres términos. Trae esto tambien el inconveniente, que pudiendo ser diverso el medio, no puede hacerse la identidad del sugeto, y predicado del modo que se requiere para probarla por su union con un tercero. Una substancia es piedra: un animal es substancia: luego un animal es piedra. En este sylogismo el medio substancia significa una cosa en la mayor, que es la determinada materia, y otra en la menor, que es la determinada substancia del animal, y por esta variacion no concluye. Tambien es defectuoso el sylogismo, en cuya conclusion alguno de los términos es mas universal que en las premisas, puesto que de particulares no se puede colegir universal. Todo animal es sensitivo: todo animal es substancia: luego toda substancia es sensitiva. La voz substancia en la menor se toma por cosa determinada, y en la conclusion por comun á todo lo que es substancia.
[41] Regla quinta: Una de las premisas á lo menos debe ser afirmativa, porque si las dos son negativas, ni unen los extremos con el medio, ni los separan por el medio, sino del medio. Hay algunos sylogismos de términos infinitos, que concluyen con dos premisas, al parecer negativas; pero desentrañando las proposiciones se hallará que una de ellas equivale á afirmativa. Ningun animal es piedra: ningun hombre es cosa distinta del animal: luego ningun hombre es piedra. Bien se ve que la menor equivale á esta afirmativa: todo hombre es animal. Otras reglas, como que el medio no ha de entrar en la conclusion; que, si hay particular, ó negativa en las premisas, el consiguiente debe serlo; porque como dicen los Escolásticos,la conclusion sigue la parte mas debil; y otras á este modo son tan llanas, que sin estudio, con un poco de advertencia las conoce qualquiera. Siendo, pues, tan primoroso el artificio de los sylogismos, no hay que extrañar, que en tantos y tan diversos como se proponen en las funciones públicas de las Escuelas, haya muchos defectuosos, que no siendo facil desenvolverlos con el calor de la disputa, sean motivo de embrollos y dificultades, que ofuscan la verdad. Todas estas reglas propuestas y explicadas con admirables exemplos y advertencias por Aristóteles en el libro primero de los Analíticos, las comprehendieron prácticamente los Escolásticos en la formacion de los sylogismos por las voces inventadas de estos versos:
Barbara, Celarent, Darii, Ferio, Baralipton.
Celantes, Dabitis, Fapesmo, Frisesomorum.
Cesare, Camestres, Festino, Baroco, Darapti.
Felapton, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferison.
Aunque las palabras son bárbaras, pero son á propósito para el fin á que se enderezan. Cada una de ellas significa un modo de sylogismo concluyente, y cada letra vocal una proposicion, de manera, que la A denota universal afirmativa, la E universal negativa, la I particular afirmante, la O particular negante. Por exemplo, en Barbara las tres proposiciones corresponden á la A: con que el sylogismo ha de constar de tres universales afirmativas. Todo animal es viviente, todo hombre es animal, luego todo hombre es viviente. En Celarent ha de ser la mayor universal negativa por la E, la menor universal afirmativa por la A, y la conclusion universal negativa. Ninguna planta es animal, todo arbol es planta, luego ningun arbol es animal. A este modo se forman facilmente en las demas palabras, y en todas concluyen, porque en todas se encierran las reglas que pertenecen al modo de formar los sylogismos.
CAPITULO XIII.
De la verdad.
[42] El entendimiento del hombre tiene por objeto, y fin de todas sus obras la verdad, y con ella sosiega, y se satisface, como que es hecho para la verdad eterna, que reside en el Cielo; de quien son chispas las verdades de acá abaxo. Verdad real es el ser de cada cosa, segun lo que es, y le corresponde: verdad mental es la conformidad de los actos del entendimiento con la verdad real. Así que conviene exâminar cada cosa, segun realmente es en sí misma, y despues comprehenderla como ella es, para poder decir que se alcanza la verdad. La verdad real es una, porque es el mismo ser de las cosas; la mental es Lógica, Metafísica, &c. segun es el objeto de ella, y el fin á que se endereza. Si los actos del entendimiento se conforman con el verdadero ser de los entes en comun, la verdad es metafísica: si se conforman con lo justo, pertenece á la Jurisprudencia: si con lo honesto, util, y deleytable, á la Moral: y así de las demas Ciencias. La Lógica no tiene por objeto verdad alguna determinada, sino el exâminar, y comprobarlas todas por medio de las nociones exâctas, difiniciones, divisiones, y sylogismos. De aquí es, que la Lógica es transcendental, esto es, abraza todas las Artes científicas, y sirve, y aun es necesaria para todas ellas. La falsedad solo cabe en las nociones del entendimiento, y por eso solamente es contraria de la verdad mental. Aun en esto conviene distinguir la verdad de la veracidad. Esta es la conformidad de la locucion con los pensamientos, y es una gran virtud, de que se trata en la Filosofía Moral: aquella es la conformidad de los pensamientos con las cosas: y es visto que la una puede estar sin la otra de esta manera. Si alguno alcanza la verdad de una cosa, y la dice contra lo que siente, tiene verdad mental, mas no veracidad: si está equivocado creyendo ser verdad lo que piensa, y lo dice como lo siente, tiene veracidad, y no verdad. En el trato comun se explica todo con el nombre de verdad; mas conviene mucho separar estas cosas, porque el que falta á la veracidad voluntariamente, es hombre falso y engañador; el que siendo veraz equivoca las cosas, no es falso ni mentiroso, sino facil crédulo y poseido del error. Estas cosas son tan claras, que no necesitan de mas explicacion. Lo que mas hace á nuestro asunto, es entender el modo como hemos de portarnos, para que nuestras nociones sean siempre verdaderas. Dos máxîmas ha de guardar el que quiere conseguirlo. La una es: no dar asenso, ó disenso á ninguna proposicion, de quien no veamos claramente la conformidad que tiene con las cosas en que consiste la verdad real. Esta regla pertenece al juicio, y no es posible dar un paso seguro en las Ciencias, ni en el trato civil sin observarla. En los capítulos siguientes explicarémos esto con mas extension. La otra máxîma es: no asentir, ó disentir á las proposiciones por los afectos del ánimo que las acompañan, sino por la mera correspondencia entre la verdad mental y real. El hombre en este mundo, ni estará jamas sin errores, ni sin defectos, porque su naturaleza corrompida le arrastra, y si Dios no nos asistiera, no seriamos otra cosa que depósitos de vicios y falsedades; pero aseguro, que si usamos debidamente de nuestra libertad, observando en nuestra conducta las dos máxîmas propuestas, ciertamente nos verémos libres de muchos errores y engaños.
[43] El modo que ha de tener el hombre para conformar sus pensamientos con las cosas, le hemos manifestado tratando del juicio y de las ideas. Aquí solo propondré cómo concurre la Lógica á la averiguacion de la verdad. Para entender la naturaleza y sus obras conviene observar con la recta aplicacion de los sentidos las cosas singulares, sus atributos, propiedades, leyes de movimiento, generacion, corrupcion, mutaciones, períodos, edades, relaciones, modos de obrar y de nacer; esto es, como son causas y efectos, como se juntan unas con otras, y se separan para componer varios todos físicos, &c. En el exámen de las cosas inmateriales importa notar los principios de luz natural, las conseqüencias que nacen de ellos, las reflexîones mentales, que acompañándolos las ilustran, y el orden, conexîon y enlace, que entre sí tienen para sacar de verdad en verdad la manifestacion de lo oculto. En ambas clases es preciso reducir á nociones universales los predicados comunes en que se convienen las cosas, y separar los atributos especiales con que se diferencian, formando géneros, especies y diferencias de los que son esenciales, y notando las afecciones que pertenecen á las propiedades y accidentes. Con estas prevenciones se podrán las cosas difinir y dividir sin equivocarlas, y se harán, segun convenga, inducciones, exemplos, y sylogismos, con que por proposiciones universales y particulares se llegue á descubrir si las cosas estan bien, ó mal averiguadas, y si estan en las clases que les corresponde. Dedúcese de esto, que son dos las maneras de verdades generales: unas consisten en los principios derivados de la observacion por los sentidos, y de la recta razon: otras se deducen por legítimas conseqüencias de los dichos principios. Las primeras se pueden llamar verdades primitivas, fundamentales, principios de bien juzgar: las otras son secundarias, esto es, nacen de las primeras; y ambas son máxîmas constantes para proceder con acierto al descubrimiento de otras verdades. Las verdades fundamentales las produce el entendimiento, poniendo en obra su potencia de juzgar: las demas las va descubriendo con el estudio de las Artes y Ciencias. Facil es reparar, que todas las Artes tienen sus reglas fixas, que les sirven de principios para gobernarse, y debe ser el principal cuidado de los que quieren saber con fundamento el instruirse en las máxîmas primitivas y originales de cada profesion, como que las verdades que á cada una pertenecen no han de ser sueltas, sino encadenadas con los primeros principios. Este enlace es el que hace la Lógica, procediendo de proposicion en proposicion, y enlazando con conseqüencias seguidas las últimas verdades con las primeras. Es superficial, y poco estable lo que se sabe en cada Arte, profesion, y facultad, si no se entienden bien los principios y fundamentos de ella, porque es vago, é incierto lo que se establece sin verdaderos fundamentos: así que yerran, y hacen errar á otros los que con una mala Lógica, aunque sea moderna, con algunas noticias sueltas, sin principios de las Artes, hablan de todo, y deciden como si fuesen legítimos poseedores de las Ciencias.
CAPITULO XIV.
De la Demostracion.
[44] Quando las verdades fundamentales, ó las máxîmas que se deducen de ellas, sirven de premisas en un sylogismo bien dispuesto, el consiguiente es cierto y evidente, y el tal sylogismo se llama demostracion; la qual no es otra cosa que un conocimiento cierto y evidente de las cosas, deducido de premisas evidentes y ciertas. Llamamos cierta la verdad de que estamos asegurados, como que no puede faltar: evidencia es el conocimiento que ademas de ser cierto y seguro, nos muestra la verdad con la claridad misma con que solemos ver las cosas. Así la certeza como la evidencia se consiguen, ó por medio de la observacion experimental de los sentidos, ó por los principios de la recta razon. Tan cierto y evidente es para mí, que es injusto un agravio que se me hace, lo qual conozco por la razon, como que estoy padeciendo en mi cuerpo quando tengo un dolor, lo qual alcanzo por los sentidos. Con la misma certeza y evidencia que tengo de que el Sol trae luz y calor, que es verdad sensible, estoy asegurado que el Sol ha recibido estas fuerzas de Dios, lo qual es verdad de razon; porque así como soy llevado á creer que el Sol trae consigo estas cosas, porque por sí mismas nunca subsisten, y en la presencia del Sol nunca faltan, ni mas, ni menos conozco que el Sol de sí mismo no tiene esta potencia por aquel principio experimental, que ningun ser corporeo viene de sí mismo, sino de otra causa, y otro de razon natural, que no han de ir estas causas hasta el infinito, sino terminar en un ser que sea el origen y principio de todos los movimientos, y á este ser llamamos Dios. Así que la demostracion se ha de componer precisamente de verdades primeras, ó de máxîmas, que tengan necesaria conexîon con ellas. Si hacemos patente esta conexîon en lo que tratamos, decimos que lo hemos demostrado: si no hemos llegado á eso, hemos de procurarlo, ordenando las verdades (en las Escuelas las llaman pruebas) de sylogismo en sylogismo, hasta encontrar el enlace de lo que intentamos probar con las verdades fundamentales. En llegando á estas no se ha de pasar mas adelante, porque son evidentes por sí mismas, y en viéndolas no hay entendimiento que no quede asegurado y convencido: de modo, que dicen bien los Escolásticos, que no se ha de disputar con los que niegan los principios, y que lo que es por sí mismo claro, no necesita de pruebas. Sea esto dicho de paso contra los Scépticos importunos y tupidos, que no se rinden á la misma evidencia. Lock no estuvo constante tratando de esto. Concede que el conocimiento intuitivo es cierto y evidente, y que con él estamos asegurados de la verdad. Llama intuitivo el conocimiento con que alcanzamos las cosas sin necesitar de otro conocimiento, como son las verdades primitivas y primeros principios de que hemos hablado. Dice tambien, que es cierto y evidente, aunque la evidencia no es tan clara, lo que se prueba por necesaria conexîon con los conocimientos intuitivos[a]. Tratando despues de las máxîmas, que sirven de fundamento á los Filósofos para discurrir con acierto, las quales son verdades fundamentales, deducidas y conexâs con las primitivas, aunque no las tiene por absolutamente inútiles, las rechaza como de poco uso, y en algunos casos como dañosas para alcanzar la evidencia. El extremo con que este y otros modernos persiguen las Escuelas, hace que en algunas ocasiones no guarden perfecta conseqüencia en la doctrina. Lo cierto es, que unas veces el entendimiento en una cosa remota ve con claridad la conexîon que tiene con las verdades primitivas, especialmente si es agudo, sagaz, y habituado á raciocinar, y al punto asiente, ó disiente á ella, como que tácitamente, y en un momento descubre todo el enlace de razonamientos con que se llega á los primeros principios: otras veces no ve tan de cerca esta conexîon, y entonces conviene pararse, y ir descubriendo el enlace de las verdades, para quedar asegurado.
[Nota a: Lock Essai del'entendem. lib. 4. cap. 2. pag. 432. y sig.]
[Nota b: Lock lib. 4. cap. 7. §. 11. pag. 495. y sig.]
[45] Resta ahora proponer algunas advertencias para hacer bien las demostraciones. Toda demostracion ha de tener por objeto las cosas universales, porque de las singulares no puede haberla. Conócense las singulares con toda evidencia por la aplicacion de los sentidos á las cosas, y de la mente á las primeras nociones; pero no se demuestran, ni lo necesitan, porque no es menester otro medio distinto de ellas mismas para alcanzarlas. La presencia de la luz, lo pesado y liviano, el movimiento, el frio y calor, y otras cosas á este modo con sola la aplicacion de los sentidos son evidentes: como lo son tambien las primeras y simples nociones que tiene el entendimiento, y sirven de basa, y ocasion al ingenio para formar demostraciones. Es verdad, que los universales se forman de los singulares; pero solo se hace abstrayendo de estos los atributos comunes, los quales son los que aprovechan para demostrar las cosas. En cada ente singular, ademas de los predicados comunes, hay una particularidad tan propia suya, que no se halla en otro ninguno aun del mismo género. Los Griegos la llamaron [Griego: Idyosynkrasia] idiosyncrasia, de la qual se trata extensamente en la Medicina, y no está sujeta á demostracion por ser especial y propia de cada individuo. De esta singularidad nace la distinta cara, genio, y especial temperamento de los hombres; y debe esta conocerse por observacion particular, que solo sirve para aquella determinada cosa donde reside, y no puede demostrarse, porque no hay medio, antecedente, ni principio á que reducirla, por ser única. Debe tambien la demostracion ser de cosas necesarias y perpetuas, porque así será siempre verdadera, puesto que las cosas contingentes y que pasan, por su misma mutacion estan expuestas á la incertidumbre. Por eso las difiniciones y divisiones lógicas bien hechas son los medios mas á propósito que hay para las demostraciones; y bien se ve que los predicados esenciales son perpetuos y permanentes, y siempre unos mismos en las cosas, porque ni se engendran de nuevo, ni se acaban: hácense solo de nuevo, y se destruyen los singulares individuos que los contienen. Para entender esto físicamente puede servir lo que hemos dicho de los elementos, y de las semillas en el discurso sobre el Mecanismo[a]. Sirve asimismo para demostrar las cosas el conocimiento de sus causas. Para proceder en esto con acierto, especialmente en el estudio de la naturaleza, cuyas demostraciones casi siempre se hacen por este camino, conviene saber que por causa no entendemos solo la eficiente, sino tambien la material, que es el sugeto y basa de que se compone una cosa: la formal, que es el conjunto de caractéres con que se distingue de otras: la instrumental, que es el medio con que se forma: la final, que es el fin á que se endereza. De todas estas hablaba Virgilio quando decia: dichoso aquel que puede conocer las causas de las cosas, &c. y con razon, porque es sumamente util conocer y distinguir cada una de las causas propuestas. El no haber cosa ninguna en que no concurran estas causas, es el motivo de ser útiles para las demostraciones, y de ahí ha nacido la máxîma fundamental tantas veces inculcada de Wolfio: nada se hace sin razon suficiente[c]. Por esto han culpado muchos á Verulamio, que quitó del estudio de la Física las causas finales, dando motivo con esto á introducir el Epicurismo. Siendo, pues, preciso que estas causas estén conexâs con las cosas, dimanan de ahí dos suertes de demostraciones: unas prueban las cosas por sus causas, y se llaman à priori: otras descubren las causas por sus efectos, y se llaman à posteriori; y ambas tienen su fuerza en el necesario enlace con que las cosas y sus causas deben estar juntas. En la naturaleza hay ciertas leyes generales, que siempre se guardan: hay otras especiales y propias, que solo en ciertos casos se observan. Las primeras conviene reducirlas á demostraciones por máxîmas universales, ya se demuestren à priori, ya à posteriori. De esta clase son los aforismos de Hippócrates: algunas máxîmas de la Física, aunque no tantas como se cree: y las leyes generales, que van propuestas al principio de mis Instituciones Médicas. Para hacer las demostraciones à priori, conviene exâminar las causas evidentemente sensibles, notando el modo como concurren en sus efectos. La vida de los animales no se puede mantener sin la respiracion. El ayre aun del modo que se hace sensible es preciso para respirar: luego el ayre es preciso para mantener la vida de los animales. Las dos premisas de esta demostracion son evidentes y experimentales. Aquello que estando presente excita los animales y las plantas á la propagacion, influye en la generacion de estas cosas: el Sol con su presencia excita los animales y las plantas á la propagacion: luego el Sol influye en la generacion de estas cosas. A este modo pueden formarse muchas demostraciones à priori sobre la necesidad del agua para la vegetacion y nutricion, sobre el frio y el calor, sobre las pasiones del ánimo y sus efectos, y, por decirlo de una vez, sobre todas las cosas, cuyas causas se presentan á los sentidos. Lo justo y honesto son verdaderos bienes: todo bien verdadero es digno de ser estimado: luego lo justo y honesto es digno de ser estimado. En esta demostracion à priori las premisas son principios de razon natural; y de un modo semejante se puede demostrar la inmaterialidad é inmortalidad del alma: la exîstencia de Dios como primera causa, y otras cosas de esta clase, como pienso hacerlo en otra parte.
[Nota a: Pág. 74. y sig.]
[Nota b: Virgil. Georgic. lib. 2. vers. 490.]
[Nota c: Wolf. Ontolog. Pars 1. sec. I. cap. 2. §. 70. pág. 28.]
[46] Para hacer las demostraciones à posteriori, conviene saber que hay ciertas causas que obran en la naturaleza ocultamente, de modo que en sí mismas no se presentan á nuestros sentidos, y solo llegamos con ellos á percibir sus efectos. El ayre en muchas ocasiones influye en los cuerpos sin hacerlo por ninguna qualidad sensible, sino por una oculta fuerza (Hippócrates la llama divina), que solo nos consta por los efectos que causa. A este modo son ocultas muchas enfermedades internas, las virtudes y modos de obrar de los venenos, y otras muchísimas cosas, de modo que en esta linea en lo físico, debemos confesar, que es mas lo que ignoramos que lo que sabemos. Mas los efectos que así vienen de causas ocultas son en dos maneras: unos son totalmente inseparables de su modo de obrar, porque dimanan inmediatamente del poder de la causa, que dexaria de serlo si no los produxese: otros son contingentes, como que para su produccion se requieren ciertas circunstancias en el sugeto en que obran, las quales, por ser varias, hacen diversidad en la produccion. A los primeros llamaron los Griegos [Griego: Epiphenomenos] Epiphenomenos, que quiere decir que se manifiestan juntos con la causa: á los segundos [Griego: Epigenomenos] Epigenomenos, que vale tanto como que vienen despues. Unos y otros se ven en las enfermedades, en las plantas, y en las mas de las producciones de la naturaleza. Con los Epiphenomenos, formando primero historias exâctas de ellos, se hacen demostraciones à posteriori, en que se descubre la actividad é influencia de las causas ocultas: con los Epigenomenos bien observados se conoce la vehemencia y éxîto, ó término de la operacion. De ambos me he valido yo en mi Práctica Médica para manifestar las enfermedades por sus símptomas, dando de este modo el conocimiento mas fixo que se puede tener en estas cosas. Como el corazon del hombre es oculto, las demostraciones de los Políticos, si es que las hay, pertenecen á esta clase. Los Lógicos dicen, y conviene confesarlo, que las demostraciones à posteriori nunca son tan exâctas ni tan fixas como las que se hacen à priori. No pongo exemplos de esto, porque todos mis escritos Físicos y Médicos estan llenos de ellos; ó, por decirlo mas claro, he procurado que fuesen un exemplo de estas reglas. Por lo que llevamos propuesto se echa de ver quánta diligencia, sagacidad, exâctitud, y exámen se requiere para hacer buenas demostraciones, y quán distantes de serlo están muchas que se dan por tales en los libros modernos. El GENUENSE ha llenado de este especioso título casi todos sus argumentos, y bien mirados, apenas llegan muchos de ellos á una fundada probabilidad. Tan lejos estan de la demostracion. Estos efectos, así necesarios como contingentes, son los signos de sus causas, de modo que los primeros la descubren con seguridad por su necesaria conexîon con ella: los otros no la muestran con tanta firmeza. A los primeros llamaron los Griegos [Griego: tekmerion] techmerion, á los segundos, [Griego: semeion] semeion, y de ambos usó primero con mucho acierto HIPPÓCRATES en la Medicina: despues hizo ARISTÓTELES mencion de ellos en su libro [Griego: Peri Ermeneias] de Interpretatione. Esta advertencia de los signos es de suma consideracion, no solo en las Ciencias, sino en el trato comun. Descúbrense con ellos las cosas ocultas, con tal que se distingan los necesarios de los contingentes, y á cada clase se le dé el valor de certeza que le corresponde. Grandes errores se han cometido en las predicciones, adivinaciones, y profecías, por tener por signos fixos del primer orden los que no lo son: todavía se cometen mayores en lo político y en el trato civil, acostumbrándose los hombres con signos ligeros (llámanse sospechas) ó muy contingentes, que á lo mas hacen conjeturas, á asegurar la intencion de los que censuran. La mayor parte de los juicios temerarios nacen de la mala observacion y poca diligencia que se tiene en estos signos. Lo que hemos dicho hasta aquí ha de entenderse de los signos naturales, porque las cosas que indican á otras por instituto de los hombres, como los vocablos de las lenguas provinciales, y el ramo sobre la puerta, que en algunos lugares significa el vino para vender, y otras cosas á este modo, facilmente se entiende lo que significan, si se pone cuidado en el uso que los hombres á su beneplácito les han dado. La doctrina de los signos bien entendida es sólida, y debe ocupar en la Lógica el lugar que los Escolásticos dan á su tratado del Signo, donde no se explica nada util, y todo se reduce á qüestiones pueriles, que emboban á los niños, y con ellas sin aprender cosa alguna, se hacen tenazmente disputadores, y porfiados.
CAPITULO XV.
De la Opinion.
[47] Quando el entendimiento, ó por los primeros principios, ó por las demostraciones, alcanza claramente la verdad, queda convencido y satisfecho, porque posee el bien á que aspira; mas quando se aplica á saber una cosa, y no ve la conformidad de ella con los principios ciertos de discurrir, queda con desconfianza y temor (en latin formido), y este conocimiento es el que se llama opinion: de modo que la opinion es un concepto mental con que el hombre no ve, ni descubre claramente su conformidad con las primeras verdades. Mas si llega á entrever la conformidad de lo que busca con los primeros principios, se llama este concepto verosimil, y si se puede fortalecer con argumentos se llama probable, bien que siempre queda en la esfera de dudoso, lo que no puede demostrarse por sus principios fundamentales. De dos maneras se forman las opiniones. El un modo es quando hay principios que pueden servir para la certidumbre, y el entendimiento, ó no los alcanza, ó no ve los medios de llegar á ellos. Los que en las Ciencias estudian poco y sin buena guia, aunque ellas prestan principios fundamentales, se gobiernan por meras opiniones, porque ni saben los principios, ni pueden enlazar sus conceptos con las verdades fundamentales. Lo mismo sucede á los que quieren hablar de las Artes, que no profesan, ni conocen; porque ¿cómo pueden fundar sus discursos en un asunto, en que ignoran los principios, que han de servir de basa á sus razonamientos, y los medios de enlazar estos principios con sus conceptos? Si los hombres se contuvieran en los límites de la razon, no serían tan temerarios en juzgar de lo que no entienden, y dexarian que cada cosa la manejasen los que son verdaderamente perítos en ella. En los poderosos es donde está mas arraigado este defecto. Crece en ellos el amor propio con el poder, y como son superiores á los demas en la autoridad, lo quieren ser tambien en el entendimiento, siendo así que este no reconoce otra superioridad que la de la razon. El hombre mientras pueda no ha de gobernarse por opiniones, y debe aspirar á la demostracion, para esto es menester que se instruya en los principios fundamentales del saber, que procure conocer las cosas, y formar difiniciones, y divisiones de ellas, que trabaje en descubrir sus causas, y en distinguirlas por sus propios signos, y así de grado en grado ir caminando hasta hermanar sus conceptos con las verdades primitivas. Si esto se hiciera así, mayor sabiduría tendrian los hombres; mas lo que sucede es, que por lo comun, y en las mas de las cosas somos como una tropa de niños, que creen haber en la cima de un monte encumbrado y áspero frutas de su gusto, y no las pueden lograr, porque ni tienen fuerzas, ni saben los caminos, quando los hay, para subir á ellas. He dicho quando los hay, porque nuestros mayores han trabajado en abrir las sendas para hallar la verdad, y somos tales, que por ignorancia, desidia, ó mala instruccion, no las seguimos, y así nos gobernamos con opiniones vanísimas. Si esto hacemos en los caminos abiertos, ¿qué se podrá esperar de nosotros en el discurso de las cosas en que todavía están por descubrir? No sin fundamento algunos han llamado á la opinion Reyna del mundo, por lo poco que se cuida de averiguar con certeza la verdad. El vulgo ínfimo que suelen llamar de escalera abaxo, es en esto de mejor condicion que el vulgo alto, que llaman de escalera arriba. El Pueblo que constituye el primer vulgo regularmente se gobierna por las primeras nociones sensibles, y por las mas simples combinaciones del ingenio. En lo que es mas recóndito recibe la ley de los que tiene por inteligentes, y se subordina. El vulgo elevado no es así, porque se cree capaz de juzgar de todo, y lo hace con gran satisfaccion, pero sin conocimiento; de modo, que los errores del Pueblo en cosas substanciales siempre dimanan del vulgo superior á quien mira como Maestro. De esto es un exemplo continuado el trato del mundo, y debe entenderse de las cosas, que por su asunto y la poca seguridad con que se tratan, quedan en la esfera de opiniones, puesto que son muchísimas las que se tienen por tales, y son manifiestamente falsas. No solo el vulgo está lleno de opiniones por no atender á los principios fundamentales de la razon, sino tambien los Filósofos, NEWTON, hombre de grande ingenio, miró como leyes generales de la naturaleza la gravedad y la atraccion, y todas sus operaciones las quiso reducir á estos principios. Que hay gravedad y atraccion en algunos cuerpos no se puede dudar; mas que sean estas cosas generales en el universo lo niegan muchos. Demos por ahora que lo sean: ¿por dónde se ha de probar que no hay otras muchas leyes universales en la naturaleza para producir sus obras, que ni pertenecen, ni se pueden reducir á estas? ¿cómo la gravedad y atraccion intervienen en la constante produccion de flores en la Primavera, y en el caer de las hojas en el Invierno? Las fermentaciones, cocciones, fluidez, y movimientos de los cuerpos fluidos: el sueño y vigilia, los periodos, la generacion y corrupcion de los animales, y otras innumerables cosas á este modo, ¿qué conexîon tienen con la gravedad y atraccion? Sé muy bien que FREIND, KEIL, MEAD, todos tres Médicos doctos, han intentado explicar estas cosas por las leyes Newtonianas; ¿pero con qué violencia y extravios? Si estos Filósofos en sus discursos hubieran tenido mira á todos los principios de la Física, y hubieran considerado todas las leyes de la naturaleza, refiriendo á ellas sus proposiciones, hubieran aprovechado mas con su talento para caminar á la certidumbre y la demostracion, habiendo ahora quedado sus discursos en los términos de meras opiniones. Lo mismo habian hecho antes los Físicos de las Escuelas. Con sus dos principios de materia, y forma, junto con las dotes y calidades que á cada una de estas cosas atribuían, se creían entender quanto executa la naturaleza. En materia de Religion caminan de la misma suerte muchos sectarios. No admiten mas que un principio, que es la Sagrada Escritura; y faltándoles la mira al otro principio, que es la tradicion, cometen mil errores, que quieren sostener como fundadas opiniones. Mézclase en esto el amor propio como en todos los conceptos mentales, y con los afectos de interes, de partido, de vanagloria, y otros semejantes se mantienen sin querer exâminar y reconocer los verdaderos principios que han de servir de basa á sus discursos. Si el estudio se pusiese en alcanzar los principios radicales de las cosas, no habria, aun entre los Filósofos, tanta diversidad de sentimientos. Al que no está bien instruido en los fundamentos, le parece extraña una verdad, que se puede demostrar. El Geómetra demuestra con toda evidencia, que en el triángulo rectángulo el quadrado que se forma sobre la hypotenusa, esto es, sobre el lado opuesto al ángulo recto es igual á los quadrados que se forman sobre los otros dos lados. Esta verdad certísima y evidente parecerá increible al vulgo, y causará admiracion á los Filósofos que no están instruidos en Geometría. Son muchos los asuntos en todas clases donde sucede lo mismo, pues solo llegan á la verdad los que entienden los principios; los demas no alcanzan nada, ó se confunden con inciertas opiniones.
[48] El otro modo de formarse las opiniones consiste en no atarse el entendimiento á las verdades fundamentales, sino tomar en lugar de ellas por principios lo que le sugiere su propio ingenio. Este es el origen de los sistemas, y la raíz de tantas opiniones como reynan entre los literatos. La voz sistema en su rigurosa significacion muestra un conjunto de cosas conexâs entre sí. Acomodóse en otro tiempo á cosas serias, y vanas. Mas desde que los Filósofos siguiendo á los Astrónomos han aplicado el sistema al orden de pensamientos con que intentan satisfacer las dificultades que ocurren en las cosas, formándose principios arbitrarios para explicarlas, se ha limitado su significacion á mostrar las varias opiniones filosóficas, sostenidas con conexîon de discursos fundados sobre los referidos principios. En este sentido se opone el sistemático al experimental en lo físico, porque este no admite otros principios que las leyes de la naturaleza conocidas por la experiencia; de modo, que la conexîon que guarda, sin salir jamas de la observacion, consiste en enlazar unas leyes de la naturaleza con otras, y no deducir conseqüencia ninguna que no tenga por antecedentes lo descubierto por la experiencia. El sistemático por el contrario nunca pierde de vista los principios que se ha figurado, y no siendo estos naturales, tampoco son conformes á lo natural sus raciocinios. En mi discurso sobre el Mecanismo se puede ver explicado esto con muchos exemplos. Si se miran atentamente tantas y tan extrañas opiniones, como se fomentan en las Escuelas, se hallará que, ó consisten en la confusion y obscuridad de las voces, ó en los principios voluntarios que cada partido toma para defenderlas. Así se ve, que donde quiera que se conforman en los principios, solo disputan de los adherentes. Esta costumbre ha trascendido á la Teología, donde si solo se tratasen las qüestiones que pueden resolverse por la escritura y tradicion, que son los principios fundamentales de la Religion Christiana, mantendria la magestad que le es propia; mas como dexado este camino se mueven dudas de cosas que no hay principios ciertos para resolverlas, puesto que ni constan por la tradicion, ni por las Escrituras, se buscan para su resolucion principios tomados de la Filosofía, la qual, como toda la que se usa en las Escuelas es sistemática, hace tambien sistemática la Teología. Obsérvense atentamente las ruidosas discordias sobre la Ciencia de Dios, sobre la Gracia, sobre el libre albedrio del hombre, y la combinacion de estas cosas entre sí, y se verá que las disputas se mantienen porque quieren explicar, cada uno segun su partido, de un modo humano lo que es divino, esto es, lo que es recóndito en los altísimos senos de la Sabiduría Divina: y lo que no se ha manifestado á los hombres por medio de la Escritura y tradicion, lo quieren alcanzar por sus pensamientos puramente humanos, como si los inmensos atributos de Dios estuvieran sujetos á la flaqueza de los hombres. Cuidad mucho, decia el Apostol, no os engañe alguno con la Filosofía (Epist. ad Colossens. c. 2. v. 8.) … mis palabras no se fundan en las persuasiones de la humana sabiduría (Paul. ad Corinth. epist. 1. c. 2. v. 4.). En los libros donde se trata la Moral Christiana es donde hay mas opiniones, debiendo ser donde hubiese menos. Es sumamente perjudicial á la Religion y al Estado el estampar tantas Sumas de Moral llenas de opiniones, y escritas con tan poca cultura, que mas parecen libros para las Barberías que para las Iglesias. Si las costumbres han de gobernarse por lo que enseñan las Divinas letras, las tradiciones Apostólicas, la doctrina de los Padres, los cánones de los Concilios, que son los principios fundamentales de la Moral: ¿cómo han de dirigirlas los que solo estudian unas Sumas, donde lo que se trata no se reduce á estas verdades fundamentales? Si el Derecho Natural y de Gentes, y la razon instruida de estos principios, puede aprovechar muchísimo á ilustrar las verdades católicas sobre las costumbres: ¿qué se ha de esperar de unos libros, donde no se trata nada de esto, ni sus Autores por la mayor parte han cultivado este estudio; antes bien muchos de ellos hacen alarde de despreciarlo? El Padre CONCINA en una erudíta Disertacion que compuso sobre esto, intenta probar que el Moralista que dá dictámenes de conciencia sin estudio fundado de las Divinas Escrituras, de los Padres, y de los Concilios, falta gravemente á su obligacion. En lugar de estos principios substituyen otros arbitrarios que sirven para acomodarlos á sus opiniones. Han tomado por máxîma cierta que el Angel malo por la dignidad de la naturaleza angélica puede todo quanto hace y executa la naturaleza: añaden otra máxîma, que habiendo quedado en los Angeles malos su ciencia, con ella pueden, aplicando las causas eficientes á los sugetos (activa passivis), obrar cosas maravillosas; de aquí han nacido los vuelos de las brujas, la impotencia respectiva por maleficios, los hechizos, encantos, y otras monstruosidades en que se emplean muchas páginas, y se pierde muchísimo tiempo. De los Angeles buenos y malos, de su ciencia, de su poder, no hay otras noticias que las de las Sagradas Escrituras. La Santa Iglesia, fiel Intérprete de ellas, nada nos manda creer sobre esta potencia tan decantada, y mucho de lo que de ella se dice está fundado en los principios de la comun doctrina de las Escuelas, como lo he mostrado en mi discurso sobre la aplicacion de la Filosofía á las asuntos de Religion. En fe de esto, el mantener tantas qüestiones sobre maleficios, pactos implícitos y sus efectos, como hay en las Sumas de Moral, ¿puede servir para otra cosa, que para fomentar vanas opiniones, y radicarlas en el Pueblo, de donde de todo punto se debieran desterrar? Son certísimos los documentos que dió el Divino Legislador Jesu-Christo para dirigir bien nuestras costumbres: son de inviolable fe los cánones que la Iglesia nos prescribe para este efecto: es de sumo peso la doctrina que los Padres nos han dexado, gobernados de las propuestas luces para que nuestras obras sean laudables: son fixos y ciertos los principios del Derecho Natural, y de las Gentes para dirigir nuestra conducta en ese ramo. Si hay, pues, estos principios ciertos, seguros, é indubitables, ¿á qué propósito inventar otros para fomento de opiniones? ¿Será creible que Dios nos haya dado luces para hacer demostraciones físicas, matemáticas, y de otras cosas puramente mundanas, y nos haya dexado envueltos entre dudas y discordias sobre nuestra salud eterna? No digo por eso, que todo se haya de demostrar en lo Moral, porque los adherentes que se mezclan con los asuntos principales, nuestra flaqueza, ignorancia, y descuidos hacen, que no siempre podamos llegar á ver con toda evidencia la conformidad de nuestras resoluciones con las verdades fundamentales; pero estoy cierto, que si se estudian los verdaderos principios del Moral, y se trabaja en hacer la debida aplicacion de ellos al exercicio de nuestras operaciones, se procederá con mas acierto en materia de costumbres, y se podrán quitar de este estudio un copiosísimo número de opiniones ruidosas.
[49] En los tiempos antiguos, sin estas Sumas oían los Doctores Eclesiásticos las dudas de los Fieles sobre su modo de obrar, y las resolvian por estas máxîmas; y si no alcanzaban á hacerlo en casos muy graves, consultaban los Obispos, los quales, segun la doctrina de la Iglesia, cuya custodia les está encargada, quitaban las dificultades. Para dirigir el juicio con acierto en las opiniones conviene distinguir las cosas de hecho y las de doctrina. Llamamos cosas de hecho las que son, han sido, ó han de ser, así en lo Físico, como en lo Moral, de manera, que lo que se busca en ellas es, si exîsten, han exîstido, ó han de exîstir. Cosas de doctrina son las averiguaciones que hace el entendimiento de la esencia, causas, atributos, &c. de las cosas de hecho. Quando las cosas de hecho son puramente físicas, los principios fixos que hay para juzgar de ellas son las noticias que dan los sentidos y la experiencia que dimana de ellos. Lo que no pueda reducirse á estos principios es incierto, y por mucho que se quiera fundar, pára en opinion, debiendo poner cuidado en no asegurar lo que no puede reducirse á los principios primeros. Los antiguos en esto fueron mas cautos que algunos modernos. Observaban muchas obras de la naturaleza, cuyas causas y modos de obrar eran ocultos por no presentarse á los sentidos, como la generacion de los metales, las virtudes de los venenos, las simpatías, los periodos de las tercianas, y otras semejantes, el origen, aumento y carrera de la vida de los animales y de las plantas, y otras muchísimas cosas que están sumergidas en lo mas profundo del pozo de Demócrito, y se contentaban con ver los efectos que se observaban con los sentidos, y lo demas decian que venía de una virtud y qualidad oculta. Los modernos han vituperado esta explicacion, como que la qualidad oculta es asilo de la ignorancia; pero si se vé lo que han adelantado en estas cosas, se hallará que no son mas que razonamientos sistemáticos, que cada cincuenta años se mudan, porque por muy especiosos que sean, con el tiempo se conoce su poca, ó ninguna subsistencia. El que está instruido en la Historia Filosófica sabe que esto es verdad. ¿No fuera mejor confesar la ignorancia de una cosa que hasta ahora no se ha podido alcanzar, que engañar con arrogantes y vanos discursos á los incautos? Una de las cosas en que se conocen los grandes talentos es la confesion ingénua de lo que ignoran, y el cuidado que ponen en no afirmar lo que todavía no está descubierto. Si los asuntos sobre que recaen las opiniones viniesen solos, no fuera tan difícil averiguar su conformidad con los primeros principios; mas viniendo juntos con muchos adherentes inseparables, son tambien muchos los principios á que se ha de atender para juzgar con acierto. ¿Dúdase si deberá ayunar una muger preñada? Aquí se juntan las obligaciones del ayuno, y las de mantener el feto. Si las leyes del ayuno le prescriben la abstinencia de ciertos manjares, y las limitaciones de usarlos, las de la conservacion propia y del feto le dictan que use de los mantenimientos que por su calidad y cantidad sean á propósito para sustentarse á sí, y á lo que lleva en sus entrañas. En esta combinacion de leyes, que son los principios por donde se ha de resolver la qüestion, es preciso atender á las mas urgentes y necesarias por la máxîma primitiva de acudir á lo mas preciso sin despreciar lo demas quando hay lugar; y siendo mas necesaria la conservacion propia, y la del feto, que la mortificacion que se intenta con el ayuno, prefiere el entendimiento las leyes naturales á las Eclesiásticas, y resuelve que la muger preñada no está obligada al ayuno. Si una madre criando á su propio hijo padece mucha quiebra en la salud, ó está en peligro de padecerla, ¿se duda si ha de continuar? Por una parte está el amor natural de los padres, y la ley que dicta la obligacion de sustentar á sus hijos: por otra está la ley de la caridad que ha de empezar por uno mismo. El hijo ya nacido es próximo, bien que en esta linea es el mas inmediato y mas cercano; el que está en el vientre de la madre es como parte de ella. Los mismos principios que exîmen á la muger preñada del ayuno, exîmen tambien á la que ha parido de criar á su hijo, quando hay daño manifiesto en su propia conservacion. A este modo han de reducirse todas las dudas á sus principios; y por el enlace que tienen las cosas y los negocios conviene instruirse en las máxîmas fundamentales de la razon y de las Artes; y quando esto no pueda hacerse asociar á sí perítos ingenuos, que con candor muestran las conexîones de las cosas con los fundamentos de la razon en cada materia. Así que el Letrado, que no sabe mas que las leyes, no puede resolver por sí solo con acierto los casos que llevan adherentes de Física, Medicina, Política, Agricultura y otras Artes. Lo mismo ha de entenderse del Teólogo y Canonista, debiendo todos aplicar sus luces á lo que entienden, y valerse de otros en lo que necesiten, que esto y mucho mas merece la verdad y los beneficios que han de esperarse de ella.
[50] Los afectos del ánimo, que inseparablemente acompañan á las opiniones, estorban el buen uso de ellas. El amor propio, que incita al hombre á no reconocer superior, le hace creer que lo que piensa es lo mejor y mas acertado: cada uno sostiene sus opiniones como verdades fundamentales, y no da oidos á ninguno que piense de otra manera. Como aborrecemos todo lo que nos es contrario, de ahí nacen los odios y enemistades entre los de opiniones opuestas, y de estos las injurias, venganzas, y otros males gravísimos que cada dia tenemos á la vista en los profesores de todas las Facultades. La razon dicta, que nadie se tenga por Juez y árbitro de la verdad en cosas opinables, que nos oygamos, pesando las razones de cada uno recíprocamente, que abracemos la verdad, aunque venga de nuestro mayor enemigo, que el que tiene mas luces, se compadezca del que no las tiene, y que nunca hagamos guerra de la voluntad, lo que solo es oposicion del entendimiento. Como el extinguirse las contiendas de cosas que importan poco entre los profesores de Teología, es necesario para que reyne la paz, y la verdad no padezca detrimento, quiero poner lo que el Emperador CONSTANTINO aconsejaba á los que turbaban la Iglesia con qüestiones voluntarias, vanas é importunas, contrarias á la edificacion de los Fieles: "Las qüestiones que ninguna ley ni regla Eclesiástica prescribe con obligacion, antes dimanan de vanas altercaciones, aunque no se propongan sino con el fin de exercitar el ingenio, deben contenerse en lo interior de la mente, y no sacarlas á la vista del Pueblo, ni fiarlas inconsideradamente á los oidos del vulgo…. Ni es conveniente que por vuestras contiendas imprudentes sobre cosas de tan poco momento se lleve el Pueblo á disension…. Si los Filósofos, aunque por la doctrina que cada uno de ellos sostiene estén discordes, con todo están unidos por la profesion con que mutuamente conspiran, no será mucho mas razonable que los que somos siervos de Dios Todo poderoso estemos unidos, conformando nuestros ánimos por el instituto de la Religion que profesamos? Pensemos con mas cuidado: si será del caso que los hermanos riñan con los hermanos por una liviana y inutil contienda de palabras, y que la paz se quebrante con impía disension por vosotros que altercais por cosas tan pequeñas, y en manera ninguna necesarias? Son estos procedimientos populares y mas propios de la ignorancia de los niños que de la sabiduría de los Sacerdotes y hombres prudentes … y siendo entre vosotros una misma la fe y una misma la creencia de Religion: obligándonos el precepto de la ley á tener conformes las voluntades, esto que ha movido entre vosotros la contienda, puesto que no pertenece al principal fundamento de la Religion, no hay motivo para que mantenga entre vosotros la discordia y la sedicion. No digo esto para obligaros á que seais en todo de un mismo parecer, porque ni queremos todos una misma cosa, ni pensamos de una misma manera; pero debe mantenerse entre todos la union y la paz, aunque haya disension en cosas de poco momento[a]."
[Nota a: Eusebius de Vita Constantini, lib. 2. capit. 69. tom. 1. pagin. 391. edicion de Amsterdam, año de 1695.]
[51] Para el remedio que debe aplicarse, segun buena Lógica, á fin de llevar el entendimiento, en quanto sea posible, á la demostracion, y no entregarse á las opiniones, ademas de las máxîmas que hemos propuesto antes, será conveniente, que en qualquiera qüestion que se haya de tratar, se mire primero si hay principios y verdades fundamentales para resolverla, y si los hay, todo el cuidado se ha de poner en hallar la conformidad de lo que se busca con los principios, haciéndolo de raciocinio en raciocinio, como hemos explicado, tratando de las demostraciones: si no hay principios, ó no se han descubierto hasta ahora, es en vano buscar la certeza, y conviene entonces suspender el juicio y no dar asenso á lo que se concibe. Si las cosas donde no hay principios para resolverlas son puramente teóricas, es perder el tiempo meterlas en disputa, como son muchas qüestiones de la Teología, Metafísica, Física, y otras Artes: si son prácticas, de manera que sea menester proceder á la obra, entonces se ha de solicitar la mayor verosimilitud, que se consigue buscando para nuestra conducta la conexîon que nuestro dictamen pueda tener con verdades ya conocidas, ayudándonos para esto de la semejanza, correspondencia de acciones, tiempos, &c. De esta manera se procede por lo comun en la Política, y alguna vez en la Moral. Quando hay principios y verdades fundamentales, que se ignoran por falta de estudio y aplicacion, ó no se descubren por negligencia, son claros los remedios que se han de aplicar, pues consisten en trabajar contra la ignorancia, dexar la pereza, y aplicar todo el cuidado en descubrir la conexîon que tiene con las verdades fundamentales aquello que se quiere saber. Si los principios son fingidos como en los sistemáticos, el remedio es un absoluto desprecio de todas sus opiniones. En este importante asunto de gobernar el entendimiento en las cosas opinables, conviene mas que nunca tener presente el consejo del Apostol: Omnia probate, quod bonum est tenete.
CAPITULO XVI.
De la Crítica.
[52] Entre los Filósofos antiguos hubo algunos que dixeron que el entendimiento humano no alcanza verdad alguna, y que en todas las cosas no ve mas que apariencias, y sombras, por donde dudaban de todo y no se daban por seguros de nada. Llamáronse Scépticos de la voz griega [Griego: Skephis] scepsis, que quiere decir consideracion, como que toda su Filosofía se empleaba en considerar y atender las cosas, sin afirmar, ni negar nada de ellas. Por el presente basta esta noticia, porque el tratar los varios grados y nombres que tenian los Filósofos con el modo de considerar y dudar de las cosas, pertenece á la Historia Filosófica. En la antigüedad SEXTO EMPIRICO, Escritor Griego, trató y explicó la Filosofía de los Scépticos con mucha extension. Esta Obra debe ser leida para saber muchas cosas de los Filósofos Griegos, que no se hallan facilmente en otra parte; pero conviene saber, que los argumentos con que quiere Sexto Empírico patrocinar el Scepticismo universal, demas de la nimia prolixidad, son muy superficiales y de poco momento, como lo conocerá quien quiera que le lea con atencion. En nuestros tiempos, en que con título de inventos no se hace otra cosa que renovar las opiniones antiguas, ha vuelto á renacer una secta de Scépticos de peor condicion que los antiguos, porque llevan la duda mas allá que estos, y la extienden á las cosas de Religion. Bien comun es el pernicioso libro, que se publicó en Francia no ha muchos años con el título: De la flaqueza del entendimiento humano, donde el scepticismo se defiende con mas rigor que en la escuela de Pyrrhon. Atribúyese al insigne PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, y hay muchos que así lo creen; pero MURATORI, que impugnó este libro con otro que compuso de propósito con opuesto título, ha puesto en duda que fuese de este docto Prelado[a]. Aquí no pertenece rechazar á estos Sectarios, ni de ello hay necesidad, porque lo que llevamos escrito, y lo que cada uno sabe que le sucede, meditando en sí mismo, es un testimonio calificado contra tales Filósofos; y entiendo que todo el género humano, gobernándose por sus nociones y verdades originales, es un testigo firme y un impugnador perpetuo de sus errores. Los demas Filósofos, creyendo que se alcanzan algunas verdades, trataban del modo de adquirirlas, y á este exámen llamaron [Griego: Kriterion] Criterion, y al juicio que resultaba [Griego: Krisis] Crisis. Ahora con voz harto introducida entre los literatos lo llamamos Crítica. Incluye, pues, la crítica el exámen y averiguacion de la verdad junto con el juicio que resulta de este exámen. Quando las cosas constan por los primeros principios, por las demostraciones y sylogismos bien ordenados, precediendo las difiniciones, divisiones, signos, causas, y quanto hasta aquí llevamos propuesto, como medios de alcanzar la verdad, hecho todo con exâctitud, no estan sujetas á la crítica, porque nos constan con toda evidencia; pero quando nuestras inquisiciones paran en opinion, verosimilitud, y probabilidad, ya sea en cosas de hecho, ya de doctrina, la crítica es necesaria para asegurarnos, quanto sea posible, de la verdad; y la falta de crítica es causa de innumerables errores: de modo, que los que la vituperan, quando es como debe ser, son enemigos declarados de la Lógica sensata, y de la buena razon. Las reglas de crítica son todas las de una buena Lógica: algunos ponen en orden ciertas máxîmas, y las extienden mucho; mas yo teniendo por fundamentos de crítica lo que hasta aquí he escrito, no propondré mas que unas pocas reglas generales, que, teniéndose á la mano quando se ofrezcan, sean suficientes para poder juzgar con acierto de lo que se trata; y será preciso en la explicacion de ellas, ademas de la Lógica, valernos de algunos principios de otras Ciencias, pues que así lo pide el asunto, y el necesario encadenamiento de las verdades que busca el entendimiento humano. Fuera de que la Lógica solo prescribe reglas comunes, las quales no pueden aplicarse bien sin la noticia, é inteligencia de las Artes y Ciencias á que se arriman, pues la verdad que se intenta averiguar pertenece en particular á cada una de ellas. Con esto nadie se ha de tener por crítico con sola la Lógica, ni tampoco será buen crítico en ninguna Ciencia, ó profesion sin ella.
[Nota a: En la prefacion á su Obra: De la fuerza del entendimiento.]
[53] Regla primera: Si una cosa envuelve dos contradictorias, no ha de creerse. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman y niegan á un tiempo mismo una cosa de otra, como Pedro es blanco, y Pedro no es blanco; y es claro que qualquiera nocion que envuelva proposiciones semejantes es falsa, porque no es posible ser las dos contradictorias verdaderas, segun aquel principio de luz natural: Es imposible que una cosa sea, y no sea. Aunque estas contradictorias no se hallen en la substancia de la cosa, sino en algunas de sus principales circunstancias, la hacen increible, porque el entendimiento no puede creer un hecho que va acompañado necesariamente de circunstancias imposibles.
[54] Regla segunda: Si una cosa contingente se propone solo como posible, no ha de creerse. Porque en las cosas que pueden exîstir, y dexar de exîstir, la posibilidad sola no muestra la existencia: así, que Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas está recibido, que de la potencia de una cosa á su actual existencia no se arguye bien.
[55] Regla tercera: Qualquiera cosa no solo ha de ser posible, y ha de proponerse como exîstente, sino que su existencia con las circunstancias con que se presenta, ha de ser verosimil. Quando el hombre ve la verdad con evidencia, ó con certidumbre, no necesita de reglas para asentir á ella; pero quando no puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea á lo menos la verosimilitud. Para entender esto mejor se ha de saber, que siempre que el hombre ha de asentir á una cosa, ve antes si es conforme ó no con los primeros principios, con la experiencia, ó con aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan de fundamentos. Si aquello que se propone es claramente conforme con estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ó no á ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice EUCLIDES, que todas las lineas que en un círculo van desde la circunferencia al centro son iguales, y que en todo triángulo los tres ángulos equivalen á dos rectos: el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y los primeros principios, que con un poco de atencion facilmente asiente á ellas. Dice COPERNICO, y antes de él algunos antiguos, que la tierra da cada dia una vuelta entera sobre su exe, y que en un año la da al rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando el entendimiento, que no se conforma este hecho que refiere Copérnico con las verdades que alcanzamos con los sentidos, le mira con desconfianza.
[56] Regla quarta: Para creer los hechos contingentes y expuestos á los sentidos, no basta que sean verosímiles: es menester tambien que alguno asegure su existencia. Si los hechos son contingentes pueden exîstir, y dexar de exîstir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia de ellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y tambien la no exîstencia: por consiguiente, atendida la naturaleza de los hechos contingentes, tan verosimil es que exîstan, como que dexen de exîstir. Para que el entendimiento, pues, pueda asentir á su exîstencia, es menester que haya quien la asegure con la experiencia. Por exemplo: Es cosa contingente que se dé, ó no una batalla, y el entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon quando considera que la ha habido, y quando considera que no la ha habido; pero si despues hay algunos que atestiguan haberse dado la batalla, entonces asiente á eso, porque demas de la verosimilitud intrínseca que en sí lleva el hecho, se añade el testimonio experimental que inclina al asenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como verosimil la exîstencia de una Puente de un solo arco, y de trescientos pies de longitud: mírala como verosimil, porque la fábrica de semejante Puente no se opone á las reglas ciertas de la arquitectura; pero no obstante para creer su exîstencia es necesario que alguno atestigüe haberla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China.
[57] Regla quinta: Para creer los hechos contingentes no solo es necesario que sean verosímiles y probados por testigos, base de atender tambien la calidad de los que atestiguan, y la grandeza, ó pequeñez del hecho antes de dar el asenso. Las cosas que se sujetan á nuestros sentidos, antes de creerlas, hemos nosotros mismos de exâminarlas, y así nos asegurarémos de la verdad, porque todos los hombres pueden engañarnos, unos por malicia, otros por ignorancia: con que si nosotros mismos exâminamos la cosa, no estarémos tan expuestos al error. Fuera de esto, los hechos han de observarse de manera, que se eviten los errores que los sentidos ocasionan, y esto lo podremos hacer nosotros mismos con mayor satisfaccion que otros, de quien dudamos si han puesto la atencion necesaria. Añádese, que es muy comun equivocar los hombres las sensaciones con los juicios que las acompañan, y de ordinario quando nos cuentan un suceso nos dicen el juicio que hacen de él, y no la percepcion que han tenido.
[58] Quando los acontecimientos son pasados, ó suceden en lugares distantes, donde nosotros no podemos hallarnos para asegurarnos de ellos, supuesta su verosimilitud, no resta otra cosa para creerlos, que atender la calidad de los que nos los cuentan, ó la gravedad de los mismos hechos. La calidad de los testigos es de gran peso para inclinarnos al asenso. Porque si nos cuenta una cosa un hombre, que sabemos que suele mentir, ya no lo creemos, y dudamos si miente tambien quando nos refiere el suceso[a]. Por el contrario, si el que refiere una cosa es hombre de buena fe, y amante de la verdad, da un gran peso á lo que dice; bien que para creer las cosas que nos dicen los hombres de bien no basta su buena fe, es menester que sean entendidos de suerte, que no dexen engañarse por los sentidos, ni por la imaginacion, ni hayan precipitado el juicio, ni le tengan preocupado: porque si un hombre veraz no evita los errores que las cosas sobredichas ocasionan, facilmente juzgará de lo que se le presenta, y con la misma facilidad creerá quanto otros le dicen, y tal vez nos comunicará las cosas, no como en sí son, sino del modo que él las cree. Por exemplo: Nadie cree á Filostrato entre los antiguos, porque todos saben que fué insigne embustero. Juan Anio de Viterbo, el P. Herman de la Higuera son despreciados de todos los hombres de juicio, porque descubiertamente, y de intento han engañado á muchos, fingiendo aquel inscripciones antiguas, y este libros apócrifos, como son los Cronicones de Flavio Déxtro, y otros que ha rechazado D. Nicolas Antonio. PARACELSO dixo infinitas mentiras, y los Alquimistas son gente mentirosísima, de suerte, que ya los que conocen sus artificios, no creen los hechos con que aseguran haber convertido en oro los demas metales.
[59] Pero se ha de advertir, que los que así engañan son pocos, si se comparan con los que nos engañan con buena fe, y por sobrada creencia. Así en la Medicina como en la Historia pueden señalarse muchos, que traen hechos falsos, y ellos los tuvieron por verdaderos. DIOSCÓRIDES asegura muchas cosas falsísimas. Lo mismo hacen los que creen fuera de propósito las virtudes de muchos remedios. Quando los que aseguran una cosa son hombres de buena fe, aunque una, ú otra vez falten á la verdad, porque no examinaron debidamente el suceso, no han de tratarse como los que son mentirosos, antes por el contrario conviene oir lo que refieren, combinarlo con lo que otros dicen sobre el mismo asunto, ver si han puesto la atencion necesaria para asegurarse de la verdad, atender todas las circunstancias del hecho, y en fin observar la gravedad, ó pequeñez de la cosa que cuentan, y bien exâminadas estas cosas, inclinarse al asenso, ó disenso.
[Nota a: Ubi semel quis pejeraverit, ei credi postea, etiamsi per plures Deos juret, non oportet. Cicer. pro. C. Rabir. posthumo.]
[60] La grandeza de la cosa es de suma consideracion, porque facilmente creemos aquello que observamos cada dia, y en las cosas fáciles de acontecer no necesitamos de grandes testigos. Por el contrario, quando son las cosas muy extrañas, y muy grandes, necesitamos de grandes pruebas para creerlas, porque por ser extrañas están fuera de nuestra comun observacion, y así para darlas el asenso es menester que los que las aseguran sean veraces, desapasionados, buenos Lógicos, y amantes de la verdad; y si les faltan estas circunstancias, no han de ser creidos. Los milagros son hechos estupendos, y su exîstencia es certísima; pero no son tan comunes como piensa el vulgo. La razon es, porque en el milagro se excede el orden de la naturaleza, de suerte, que es una operacion superior á las fuerzas naturales; de que se sigue que el hombre, ó quiere verle para que le crea, ó á lo menos desea asegurarse de él por testigos que no le engañen. Esto se funda en que el entendimiento no tiene otro camino para juzgar de las cosas expuestas á los sentidos, que el de la experiencia, y esta puede ser propia, ó agena; de suerte, que la que otros hacen nos asegura la cosa del mismo modo que la nuestra, si por otra parte estamos asegurados de la rectitud con que observan los demas las cosas que nos refieren, y estamos ciertos de su buena fe. Esto supuesto, se ve quan temerariamente niegan algunos Sectarios la existencia de los milagros solo porque ellos, no los ven; y con quánta imprudencia niegan el crédito á algunos Varones, que por su santidad y sabiduría deben ser creidos. Refiere S. AGUSTIN, que las reliquias de los Santos Mártires Gervasio, y Protasio se aplicaron á un ciego, que ya muchos años lo era, y recobró milagrosamente la vista. Ninguno, si no es insensato, puede negar en esto la fe á S. Agustin, porque era este Santo Doctor enemigo y capital perseguidor de la mentira: sabía cómo habian de observarse las cosas expuestas á los sentidos como el que mejor: refiere un hecho, que si fuera falso, tuviera contra sí todo el pueblo de Milan, que le daría en rostro la mentira. Lo mismo ha de decirse de otros milagros, que refieren Varones santos, sabios, y de inviolable integridad. Por el contrario, algunas cosas prodigiosas que refieren los Gentiles, y no hay otra prueba que el rumor del pueblo, no han de creerse, porque por ser las cosas extrañas, y naturalmente imposibles, no podemos inclinarnos á creerlas, quando la autoridad de los que las refieren no es de ningun momento. Así ningun hombre de juicio creerá los prodigios que Livio refiere haber acontecido en la muerte de Rómulo, y otros semejantes.
[61] Pero por ser los milagros operaciones superiores á la naturaleza, no es de creer que sean tan comunes como piensa el vulgo, ni que Dios, único autor de ellos, invierta con tanta freqüencia el orden natural de los cuerpos por cosas pequeñas, y por motivos de ningun momento. Por esto alabaré siempre la precaucion de aquellos, que en estas cosas proceden con gran cautela, y no las creen ligeramente, sino que las averiguan con riguroso exámen. El santo Concilio de Trento mandó, que no se publicasen milagros sin aprobacion del Ordinario Eclesiástico, y en algunas Sinodales nuestras se previene, que no se pongan en las Iglesias las señales que suelen ponerse por indicio del milagro, sin la aprobacion del mismo Ordinario. En efecto son raros los verdaderos milagros, si se comparan con los fingidos; y creo yo, que la falsa piedad, el zelo indiscreto, y la ignorancia de algunos ha llenado de milagros supuestos, así los libros como los entendimientos de la plebe; y se ha de notar, que de esto se sigue un gran perjuicio, porque los Hereges viendo publicar tantos falsos milagros, niegan los que son verdaderos, creyendo que todos se publican con engaño; y por otra parte siendo los milagros testimonios evidentes de la verdad de nuestra santísima Religion, apoyar los que son falsos, y tenerlos por verdaderos, es alegar un testimonio falso para probar una cosa que es la misma verdad[a].
[Nota a:Numquid Deus indiget vestro mendacio, ut pro illo loquamini dolos? Job. 13. 7.]
[62] Regla sexta: Un solo testigo puede ser de mayor autoridad que diez mil, y por consiguiente con mayor razon podemos á veces creer á uno solo, que á muchísimos. Si yo sé que Ticio es hombre de buena fe, que sabe muy bien evitar los errores que pueden ocasionarle los sentidos y la fantasía, que no está preocupado, ni ha precipitado su juicio, y me asegura una cosa, le creeré mejor que á diez mil, y que á todo un gran Pueblo; y del mismo modo si Ticio, á quien yo considero tan entendido y veraz, afirma una cosa, y todo un Pueblo la niega, estaré de parte de Ticio contra toda la multitud. La razon es, porque nosotros debemos creer, que Ticio despues de haber puesto todo el cuidado posible en asegurarse de la verdad, no se ha engañado; y si qualquiera de nosotros hubiera de asegurarse de la misma cosa, no aplicaría para lograrlo otros medios que los que Ticio ha aplicado, ni la razon humana pide otras prevenciones para creer las cosas. Pero el Pueblo por lo comun no evita la preocupacion, de ordinario precipita el juicio, y en lo que no le sea comun se porta como los niños. De aquí nace, que la multitud se engaña freqüentísimamente en sus juicios sin conocerlo, y muy raras veces nos informa de la realidad de las cosas.
[63] Segun esta regla puede hacer mayor fe un solo historiador que quinientos: y si yo leo á un historiador que escribe desapasionadamente, que dice la verdad sacrificando intereses, y despreciando dignidades, que es buen Lógico, y razona bien, y que ha aplicado las diligencias necesarias para enterarse de lo que dice, tiene para mí mayor autoridad que otros muchos, que, ó no tienen estas circunstancias, ó se gobiernan por la multitud.
[64] Esta regla puede tambien extenderse á aquellos que exâminan los hechos pasados, y para eso se valen de medallas, inscripciones, y historias; porque un hombre solo que sepa bien distinguir los monumentos antiguos y verdaderos de los que se han fingido en nuestros tiempos, y que conozca el caracter de cada historiador, para distinguir lo que es propio de cada uno, ó lo que es intruso, y sepa usar de las reglas de la Lógica, será de mayor autoridad que otros mil que ignoren todas estas cosas, ó la mayor parte de ellas.
[65] Regla séptima: Un Autor coetaneo á un suceso es de mayor autoridad que muchos, si son posteriores. La razon es; porque el Autor coetaneo averigua por sí mismo las cosas, y así se asegura mejor de ellas[a]. Los Autores que despues del suceso hablan de él, ó se fundan en la autoridad del coetaneo, ó en la tradicion. Si se fundan en la fe del Autor coetaneo, no merecen otro crédito que el que se debe dar á este: si se fundan en la tradicion, se ha de ver, si algun grave Escritor, que tenga las calidades arriba expresadas, se opone, ó no á ella. Si se opone, ha de ser de mayor peso la autoridad de aquel Autor solo, que la de todo el Pueblo: si la confirma, entonces la tradicion se hace mas firme. Hablamos aquí solamente de las tradiciones puramente humanas y particulares, porque sabemos muy bien, que las Apostólicas son de autoridad infalible, como que pertenecen á la Fe divina. Y se ha de advertir, que las tradiciones humanas de que hablamos, aunque pertenezcan á cosas de Religion, estan sujetas á la regla propuesta. D. NICOLAS ANTONIO se opone á muchas tradiciones particulares que se habian introducido por los Cronicones, y sola la autoridad de tan grande Escritor es de mayor peso para los hombres de juicio, que todo el comun que las admite. Quando las tradiciones particulares de una Ciudad, de un Reyno, ó de una Provincia tienen mucha antigüedad, y no hay Autor grave que haya sido coetaneo á su establecimiento, ni que las contradiga, ni son inverosímiles, entonces será bien suspender el juicio hasta que con el tiempo se descubra la verdad: porque todo un Pueblo, ó un Reyno, que cree una cosa por sucesion de siglos, sin haber en contrario especial prueba positiva, merece fe; y como no sea esta tan grande, que nos obligue al asenso, será bien suspenderle.
[Nota a: Testium eo major est fides quo à re gesta propius abfuerunt, adeò ut aequalium certior sit quàm recentiorum, praesentium quàm absentium, certissima verò fit eorum qui rem oculis suis inspexerunt. Huet. Demonstr. Evang. axiom. 2.]
[66] Las fábulas de los Gentiles empezaron por algun suceso verdadero, y se propagó por la tradicion; de suerte, que cada dia añadia el Pueblo nuevas circunstancias falsas y caprichosas, que obscurecian el hecho principal, de manera, que al cabo de algun tiempo estaba enteramente desfigurado. Despues los Poetas dieron nuevo vigor á la tradicion del Pueblo, y así la querian hacer pasar por verdadera, quando no contenia otra cosa que mil patrañas. Y se ha de notar, que de ordinario solemos creer con facilidad las cosas pasadas, aunque sean falsas, con tal que las leamos en algun Autor que haya sido ingenioso, y haya sabido ponderarlas: cosa que observó Salustio en los Atenienses, como ya hemos dicho. Algunas tradiciones particulares hay entre los Christianos, que tuvieron su principio en algun hecho verdadero, despues tan desfigurado con las añadiduras del Pueblo y con la vehemencia de Escritores poco exâctos, que ya no parecen sino fábulas. Pero son fáciles de conocer las que llevan el caracter de la verdad, de las que son falsas, porque aquellas son uniformes en todas sus circunstancias, y correspondientes al fin á que pueden dirigirse; por el contrario estas son diformes, y mas parecen consejas y hablillas que realidades.
[67]. Regla octava: Los hechos sensibles afirmados unanimemente por testigos de distintas naciones, de diversos institutos, de opuestos intereses, y de distintos tiempos, han de tenerse por verdaderos. La razon es, porque son menester pruebas muy claras para que crean una cosa los hombres de diversas sectas, y de opuestos intereses; pues como cada uno suele afirmar ó negar las cosas segun la conveniencia y la pasion, es preciso que para que las gentes de diversas inclinaciones y intereses crean uniformemente una misma cosa, sea tan clara la verdad de ella, que no haya duda ninguna. CICERON se aprovechó del consentimiento general con que todas las naciones adoran alguna Deidad, para probar la exîstencia de Dios, porque aquel general consentimiento prueba que á todos se presenta la nocion de un Ser infinito, y adorable; bien que por el error de la educacion, ó de las pasiones alteraron muchos este conocimiento, y dieron el culto á quien no debian. Este consentimiento general de todos los Sabios de todas las naciones, y de todos los tiempos, nos hace estar ciertos de que hubo Filósofos Griegos, que hubo Oradores Romanos, que hubo Aristóteles, Ciceron, y otros Héroes de la Gentilidad[a]. Por el mismo sabemos que hubo Alexandro Magno, que fueron ciertas las guerras entre Pompeyo y Cesar, y que hubo un Escritor de la Historia Romana llamado Tito Livio. ¿Será bien, pues, creer á uno, ú otro, que ridículamente ha pensado, que ni hubo tal Ciceron, ni tal Alexandro, ni hubo Tito Livio, sino que todos estos fueron fingidos? Ya se ve que ninguno pensará tan desatinadamente, sino es que esté privado enteramente de la razon.
[Nota a: Platonis, Aristotelis, Ciceronis, Varronis, aliorumque hujusmodi Auctorum libros, unde noverunt homines quod ipsorum sint, nisi eadem temporum sibimet succedentium contestatione continua? S. Augustinus lib. 33. contra Faustum, capit. 6.]
[68] Regla nona: El silencio de algunos Escritores suele ser prueba de no haber acontecido un hecho. La prueba con que algunos Críticos intentan negar un hecho por el silencio de los Escritores coetaneos, ó poco posteriores, es llamada argumento negativo; y aunque muchos le tienen por de poca fuerza, no hay que dudar que algunas veces es bastante por sí solo para negar un suceso. JUAN LAUNOY dió mucha fuerza á este argumento en un discurso que compuso sobre esto. Como tomó con demasiado extremo muchos asuntos, lo hizo tambien en este, de modo, que todo hombre cuerdo debe leerle con alguna desconfianza, y armado de buena Lógica. Juzgo, pues, que son menester dos cosas para que tenga fuerza el argumento negativo. La primera es, que los Autores coetaneos al suceso, ó poco posteriores hayan podido notarlo, esto es, no hayan tenido el estorbo de decir la verdad por respetos humanos, ó por miedo: que hayan tenido ocasion de observar el hecho, ó de asegurarse de él, y que tuvieran facilidad de escribirle. La segunda circunstancia es, que los Escritores debieran haber notado aquel hecho; porque aunque hayan podido, si no se han considerado obligados, pueden haberle omitido, ó por ocupacion, ó solo porque de ordinario dexamos de hacer muchas cosas, si nos parece que no tenemos obligacion, ni hay necesidad de executarlas. Si algunos Escritores coetaneos, pudiendo y teniendo obligacion de notar algun suceso, no lo han hecho, es prueba de no haber acontecido; y aunque algunos otros le afirmen en los tiempos venideros, han de considerarse de poco momento. Bien es verdad, que para hacer buen uso del argumento negativo, es menester gran juicio y atinada crítica, y haber leido muchos Autores, y en especial todos los de aquel tiempo en que aconteció la cosa, porque puede suceder que creamos que ningun Autor lo ha dicho sin haberlos visto todos, lo que es precipitacion de juicio[a].
[Nota a: Necesse est nedum singulos evolvisse Scriptores ex quorum silentio tale argumentum eruitur, sed insuper nullatenus ambigere, num aliqui nobis desint, qui fuerint ipsis contemporanei. Contingere namque potest, quod Auctor, cujus scripta ad nos minimè devenerint, rei alicujus mentionem fecerit, quae tamen à caeteris fuerit praetermissa. Praeterea manifesta quadam ratione certi simus oportet, quod nihil, de iis quae evenerunt in materia de qua agitur, Scriptorum illius aevi qui nobis supersunt, solertia praeterierit. Mabillon de Stud. Monast. p. 2. cap. 13.]
[69] Con la buena aplicacion de estas reglas, podrémos distinguir los escritos que son de algun Autor de la antigüedad, y los que son espureos. Siempre la codicia ha introducido cosas falsas para adulterar las verdaderas, y en los libros sucede lo que en las drogas, viciando los Mercaderes las buenas, y corrompiéndolas con la mezcla de las que no son legítimas. Y es cosa averiguada, que los Escritores quanto han sido mas famosos, tanto han estado mas expuestos á la falsificacion, porque los codiciosos han publicado varios libros en nombre de algun Autor acreditado, no conteniendo á veces sino rapsodias indignas del Autor á quien las atribuyen. Para distinguir, pues, los escritos legítimos de los espureos, se ha de atender la tradicion, y consentimiento de los otros Escritores, ó coetaneos ó poco posteriores, porque si estos están conformes se han de tener por legítimos; pero si dudan algunos, se ha de considerar entonces la calidad del que duda, y así podrá gobernarse el entendimiento para no errar en estas cosas. Hase de atender tambien para conocer los Escritos de un Autor el modo con que habla este en aquellos que nadie dudare ser suyos, y se han de comparar unos con otros. Así se ha de atender el estilo, la fuerza de la imaginacion, la rectitud de juicio del Autor, se ha de saber en qué tiempo vivió, y se ha de notar si se contradice en cosas de importancia, ó habla de cosas posteriores á su tiempo, porque con todas estas prevenciones se podrán bastantemente distinguir los escritos que sean legítimos, y los que sean falsamente atribuidos. Por exemplo: HIPPÓCRATES escribió los libros de los Aforismos, de los Pronósticos, y algunos de las Epidemias; y no dudando nadie que estos escritos sean legítimamente de Hippócrates, observamos que habla con gravedad, sencillez, brevedad, y precision, y que sus descripciones históricas de las enfermedades son exâctas, y conformes á las que otros Griegos hicieron; y no observándose estas cosas en algunos otros de los escritos que andan impresos con el nombre de Hippócrates, por eso no han de tenerse por suyos. En efecto, Gerónimo Mercurial, Daniel Le-Clerc, y otros Médicos críticos, no solo han tenido por espureos muchos de los libros atribuidos á Hippócrates, sino que hacen varios Catálogos para separarlos de los verdaderos, asunto que he tratado con extension en mis obras Médicas. En las cosas de Religion sucede lo mismo, pues el Evangelio de Santiago, el de San Pedro, y otros muchos fingidos, de que trata Calmet en una disertacion que compuso de propósito sobre los Evangelios apócrifos, son libros que formaron los Hereges, y para autorizarlos los atribuyeron á Autores de mucha reputacion; y esto es lo que obligó al Papa Gelasio en el Concilio que celebró en Roma ácia los fines del siglo quinto, á declarar semejantes libros por apócrifos, y formar el catálogo de ellos tan sabido de los Críticos.
[70] Debo aquí advertir, que para hacer buen uso de estas reglas, se han de considerar como he dicho todas las calidades del Autor, cuyos escritos se pretenden averiguar; y no basta gobernarse por solo el estilo, como hacen algunos, porque no es dudable, que los Autores suelen variar mucho los estilos, y un mismo sugeto escribe de un modo en la juventud, y de otro en la vejez, cosa que ya observó Sorano, antiguo Escritor de la vida de Hippócrates, en las obras de este insigne Médico; bien que como los estilos siguen los genios y natural de los Escritores, duran aquellos al modo de estos toda la vida. Por donde se ha de reparar, si la mudanza es solo en alguna, cosa de poco momento, ó en todo el artificio y orden de la oracion; pues aunque en parte mude un Escritor de estilo, en el todo suele guardar uniformidad. La razon es, porque el estilo especial que cada Escritor tiene, nace en parte de los afectos, inclinaciones, ingenio, imaginacion, y estudio; y aunque estas cosas suelen mudarse en diversas edades, y tiempos; pero no suele ser general la mutacion. Por esto si en un escrito se halla, que la diversidad de estilo es de poca importancia, comparada con los escritos genuinos de un Autor, no bastará aquella mudanza para tenerle por espureo; y si la diferencia fuese notabilísima, da vehementes sospechas de ser supuesto, y falsamente atribuido,
[71] Regla décima: En las cosas de hecho y de doctrina, para admitirlas, es preciso considerar las pruebas y fundamentos de ellas, sea quien quiera el Autor que las afirma. Esta máxîma es importantísima en el uso de las Artes y Ciencias humanas, en el trato civil, en la política, y económica, y otras semejantes ocurrencias, en que hemos de saber las cosas que los hombres nos comunican. Fúndase esta regla en que todo hombre es falaz, y ninguno hay que no suela preocuparse, ó precipitar el juicio, ni todos saben hacer buen exercicio de los sentidos, ni evitar los errores que ocasionan las pasiones, y la imaginacion: por consiguiente á nadie hemos de creer sobre su palabra, sino sobre sus razones. Fuera de esto no debemos cautivar nuestro entendimiento en obsequio de lo que los demas hombres piensan, porque esto es privilegio especial de Dios, á cuyas voces hemos de sujetar nuestra creencia sin exámen. Pero como cada uno de nosotros tiene derecho á no ser engañado, y por experiencia incontrastable sabemos que los hombres estan expuestos al error, y que todos nos pueden engañar, ó por ignorancia, ó por malicia, por esto á nadie se debe creer absolutamente y por sí, sino solo segun las pruebas que alegare. El creer ciegamente á los hombres sin discernimiento y sin exámen, ha hecho que en muchos libros no se halla la verdadera Filosofía, sino lo que dixo Aristóteles, ó Averrohes, ó Cartesio, ó Newton; y es cosa comunísima ver, que no tanto se intenta convencer la verdad con las pruebas fundadas en la razon, como en la autoridad de los hombres que pueden engañarnos, y que solo han de convencernos por las razones con que apoyan sus dictámenes. Así que el hombre ha de gobernarse por la razon, y esta es la que en las Ciencias humanas ha de obligarle al asenso. Y es bien cierto, que los referidos Autores no siguieron en muchas cosas á los pasados, y el mismo derecho tenemos nosotros, y la misma libertad para seguirlos, ó para no creerlos. Quando yo veo á los Médicos, y en especial á los Letrados, que para probar un asunto citan doscientos Autores acinados, y lo suelen hacer para confirmar una verdad notoria de las que llamamos de Pero Grullo, y no trabajan en otra cosa, que en amontonar citas, me maravillo del poco uso que hacen de la razon, siendo cierto que toda aquella multitud no puede contrarrestar á una sola razon sólida y bien fundada, que haya en contrario. Añádese, que entre los Escritores crédulos suele suceder, que unos afirman lo que leyeron en otros sin haberlo exâminado, estos lo que vieron en aquellos, y así acontece, que uno solo inventó una cosa, y son diez mil los que la apoyan, sin otro fundamento que verla escrita los unos en los otros. Por esto no han de extrañar los Médicos, ni los Filósofos, ni los Letrados, que un Autor solo pretenda prevalecer sobre muchos, quando son sólidas y firmes las razones con que intenta combatirlos. Ya se ve, que hombres muy críticos, y desengañados de estas cosas, suelen citar tambien muchos Autores para probar una opinion; pero tal vez se ven obligados á hacerlo así, porque no son estimados los escritos donde falta esto, y harán juicio que es preciso algunas veces no filosofar contra el vulgo. Fuera de que, si un Autor que se ha adquirido crédito por su exâctitud afirma una cosa con buenas pruebas, es conducente su testimonio. En efecto es moda citar para cada friolera cien Autores. El célebre HEINECCIO, burlándose de los Abogados, que ponen la fuerza de la justicia en el número de las citas, dice, que un Letradillo citó en cierta ocasion á Salgado en el célebre tratado de Somosa, siendo así que Somosa no es tratado, sino apellido de aquel Autor[a]. Hasta aquí hemos hablado de las citas importunas, aun siendo legítimas: qué dirémos de las infinitas citas falsas que hay en los libros, en las conversaciones, y en los alegatos? La vanidad, el poco amor á la verdad, y el interes hacen traer citas vanísimas y falsas para captar con ellas á los incautos, y adquirirse reputacion de doctos. Cómo se ha de tolerar el que esté uno sosteniendo disparates, ó á lo mas una cosa de pura opinion, y no se le cayga de la boca: Todos los Autores lo dicen? como si hubiese quien los haya visto todos: como si pudiesen juntarse todos en cosas opinables. Dexo lo poco que se estudia, lo mucho que se habla, la fanfarronería que domina, las artes de truncar textos, la mala fé para seducir, y otras tergiversaciones que se usan entre los hombres; pues todas estas cosas nos han de tener desconfiados de sus aserciones, haciéndonos entender, que nuestra creencia solo se ha de dar á sus pruebas, y á las razones en que fundan lo que afirman.
[Nota a: Heicnecc. Praef. in Elementa Juris Civilis.]
[72] Segun esto, dirá alguno, no ha de creerse á los Maestros, ni á los peritos. Yo siempre aconsejaré, que no se crean unos, ni otros ciegamente, y sobre su palabra, sino por las razones de su doctrina; y nada es mas conducente que respetar á los Maestros y á los peritos, y no jurar en defensa de sus palabras y sentencias. Así será conveniente que los discípulos, en aquellas cosas á que alcanzaren sus fuerzas, exâminen las máxîmas de los Maestros, y las crean quando las hallen conformes con la razon; y si no están instruidos bastantemente para exâminar la doctrina del Maestro, es menester recibirla con la presuncion de que lo que este enseña, lo habrá averiguado; pero nunca se han de recibir las máxîmas de los Maestros, ni mantenerse con terquedad y obstinacion, porque suele suceder que con el tiempo se halla el discípulo dispuesto á exâminar las opiniones del Maestro, y no pareciéndole conformes á la verdad, las rechaza y muda de dictamen; y otras veces acontece, que por recibir muchos desde la niñez y mantener despues porfiadamente las máxîmas de los malos Maestros, son infelices perpetuamente. Esto lo notó muy bien un nuevo Impugnador[a] de la Crítica, el que ciertamente hiciera resplandecer mas sus buenos talentos, si no se manifestase tan severo protector de las opiniones vulgares. En quanto á los peritos es necesario no creerlos sobre su palabra, porque acontece que el Pueblo tiene por peritos á los que no lo son, y para no ser engañados es preciso que oigamos sus pruebas. Esta sola razon es bastante para que los hombres no se contenten con el estudio de una ciencia, porque teniendo noticias de muchas cosas, no será tan facil que les engañen los peritos de que han de fiarse; y por esta ignorancia sucede, que un gran Teólogo busca para curarse á un mal Médico, y un buen Filósofo yerra en la eleccion del Letrado para mantener y guardar su hacienda. Finalmente importa mucho considerar, que para creer á los hombres, y seguir sus opiniones, las hemos de hallar conformes con los principios fundamentales de la razon humana: y nos ha de constar, que el que afirma una cosa ha puesto la atencion necesaria para alcanzar la verdad de ella, y que sabe hacer buen uso de los sentidos, y evitar los errores que ocasionan las pasiones, la memoria, y la imaginacion, y usa de buena Lógica; y constándonos de todo esto, podrémos inclinar nuestro asenso: y hacerlo sin estas precauciones, es creer con ligereza. Por esto, sabiendo que de ordinario los hombres se gobiernan mas por las pasiones, y representaciones de la fantasía, que por la razon, no hemos de creerlos sobre su palabra, sino sobre las pruebas que alegan.
[Nota a: Cris. de Critices arte, pág. 146.]
[73] Muchas veces acontece, que damos asenso á las opiniones y dictámenes de los hombres autorizados, ó por su caracter, ó por sus riquezas, y en esto nos preocupamos facilmente, porque creemos que á las dignidades, honras, y riquezas suele acompañar la ciencia, y la inteligencia de las cosas; y aunque algunas veces andan juntas las dignidades con los merecimientos, pero dexan de acompañarse en muchas ocasiones, y esto nos puede hacer suspender el juicio[a]. Añádese, que á los tales ordinariamente los juzgamos tan hábiles como quisiéramos ser nosotros mismos; y ya notó muy bien Ciceron, que la autoridad que se funda en los títulos, y dignidades es de poco peso para obligarnos al asenso. La experiencia por otra parte muestra, que hombres constituidos en grandes dignidades han adoptado opiniones ridículas y vanísimas: y discurriendo por la antigüedad, fuera facil traer á la memoria muchos exemplos; de suerte, que apenas se hallará Ciencia alguna, en que no se hayan extraviado sugetos de mucho caracter, admitiendo errores, y propagándolos como verdades certísimas. La conclusion es, que el que sepa evitar los errores de las pasiones, del ingenio, memoria, sentidos, imaginacion, gobernándose con buena Lógica, será gran Crítico, y conocerá los defectos literarios de los demas para enmendarlos, y no caer en ellos.
[Nota a: Dives loquutus est, & omnes tacuerunt, & verbum illius usque ad nubes perducent. Pauper loquutus est, & dicunt: Quis est hic? Et si offenderis, subvertunt illum. Ecclesiastic. cap. 13. vers. 28. & 29.]
[Nota b: Persona autem non qualiscumque testimonii pondus habet; ad faciendam enim fidem auctoritas quaeritur; sed auctoritatem, aut natura, aut tempus affert. Naturae auctoritas in virtute inest maximè. In tempore autem multa sunt, quae afferant auctoritatem: ingenium, opes, aetas, fortuna, ars, usus, necessitas, concursio etiam nonnumquam rerum fortuitarum. Nam & ingeniosos, & opulentos, & aetatis spatio probatos dignos, quibus credatur, putant: non rectè fortasse, sed vulgi opinio mutari vix potest, ad eamque omnia dirigunt, & qui judicant, & qui existimant. Cic. Top. ad Treb. p. 672.]
LIBRO SEGUNDO.
CAPITULO I.
DE LOS ERRORES QUE OCASIONAN los sentidos.
[1] La razon humana, como hemos dicho, y conviene tenerlo presente, averigua las cosas de dos maneras, ó por la fuerza de razonar, ó por los sentidos. Del primer modo alcanza los primeros principios, y verdades que hemos llamado razon, ó luz natural. Del segundo descubre la naturaleza, y propiedades de los objetos sensibles y corporeos. Y aunque sea verdad que las puras intelecciones, y raciocinios no se excitan en el alma sino por las nociones sensibles que antes tiene de los objetos, no obstante distinguimos estas dos clases para señalar los errores que se mezclan en estos diversos modos de percibir las cosas, y empezamos á explicar los que tocan á los sentidos, porque son las primeras sendas por donde camina el alma ácia el conocimiento de la verdad. Aquí conviene advertir, que aunque el error como falsedad está siempre en el juicio que afirma, ó niega una cosa de otra, suele tomar el motivo y ocasion de la falta y poca exâctitud de las nociones de las demas potencias; y es preciso purificar á estas para que por ellas no yerre el juicio. Así que llamamos error al presente qualquiera defecto de las nociones mentales, que pueda dar ocasion á la potencia de juzgar para engañarse, y recibir lo falso en lugar de lo verdadero.
[2] Dicen algunos, que los sentidos nos engañan con facilidad, y dicen bien. Dicen otros, que el principal criterio; esto es, el principal camino por donde se llega á la verdad, son los sentidos, y tambien tienen razon. Consiste esto en que los sentidos son fieles en representar las cosas segun se les presentan, y así no engañan; pero juzgando precipitadamente por el informe de ellos, caemos facilmente en el error. Por esta razon ha de ponerse el cuidado posible en asegurarse de las cosas que se ofrecen á los sentidos, pues por ellos, si se hace debido uso de sus operaciones, se alcanzan muchas, y muy importantes verdades. ¿Quién podrá negar que muchos descubrimientos útiles se deben á la experiencia? ¿Y que la verdad que sabemos por experiencia nos ilustra el entendimiento? Quanto bueno tienen y enseñan la Física, Medicina y Ciencias Físico-Matemáticas, debe su intrínseco valor á la experiencia. Tengo, pues, por suma necedad negar aquello que consta por racional experiencia; y quando veo que algunos lo hacen, no puedo atribuirlo sino á que no distinguen la experiencia de los experimentos. El experimento es el hecho que observamos con los sentidos, y se pinta en la imaginacion: en el exámen de este puede haber engaño. La experiencia es el conocimiento racional que tenemos de una cosa por repetidos experimentos. De aquí se sigue, que con dos, ó tres experimentos no siempre hay experiencia: es menester á veces hacer muchos, repetirlos en distintas ocasiones y lugares, combinarlos, y asegurarse de los sucesos, y despues de todas estas averiguaciones se logra aquel conocimiento que llamamos experiencia. Esta si es racional es certísima, porque si es racional se funda en experimentos hechos con toda exâctitud. Si el hombre está asegurado de la verdad por racional y bien fundada experiencia, puede reirse con mucha satisfaccion de los Sofistas, que con gran desembarazo dicen: Niego la experiencia: no me hace fuerza la experiencia. Va un hombre por una senda poco trillada á un lugar. La primera vez pierde el camino divirtiéndose ya á esta parte, ya á la otra, mas al fin llega al sitio que busca. Ofrécese volver segunda vez, y no bien asegurado va temeroso, tal vez vuelve á dexar el camino y se desvia. Pero repitiendo distintas veces su viage se hace dueño del camino; de suerte, que si se ofrece puede ir con los ojos vendados, ó en una noche obscura. Si á este le saliera al encuentro un Sofista, y le dixera que adónde iba, y, respondiendo que á tal Lugar, instase el Sofista: No puede Vmd. llegar á él en manera ninguna, porque me han dicho y asegurado grandes hombres, que ese Lugar es inaccesible, y la razon lo dicta, porque no hay senda, y porque hay pasos insuperables; quizá el otro con sosiego le respondería: Pues yo he llegado varias veces al Lugar que busco, y tengo certidumbre que se engañan esos Señores que á Vmd. le han informado, y mas, que esto lo sé por experiencia. Aquí el Sofista dice: Yo niego esa experiencia; mas el otro asegurado por la repeticion de los hechos, no puede menos de reirse como reía Diógenes quando estaba paseándose, para rechazar á Zenon que decia, que no habia movimiento.
[3] De lo dicho se deducen dos cosas certísimas, y es necesario observarlas para no caer en el error. La primera es, que el que quiera asegurarse de la verdad por la experiencia, ha de cuidar mucho en hacer los experimentos con exâctitud, y con las debidas precauciones para que no se engañe. La segunda es, que los hombres que alegan á su favor la experiencia, no han de ser creidos hasta que conste que en el exercicio de los experimentos pusieron el cuidado que es necesario para no engañarse. ¡O! dicen algunos, Fulano es gran Médico, porque tiene ya muchos años de práctica. No hay que dudar, que si la experiencia de muchos años en la Medicina es racional, y fundada en buenos experimentos, hará un gran Médico, porque Hippócrates no lo fué sino por la larga y racional experiencia; pero en esto se detienen pocos, y llaman experiencia el visitar mucho tiempo á los enfermos, como si fuese lo mismo hacer experimentos y observaciones, que hacerlas bien. El mismo juicio ha de hacerse de aquellos, que toda su vida han vivido en perpetuo ocio sin cultivar la razon, ni aplicarse á los estudios, y no obstante por solos sus años y por sola su experiencia quieren forzar á todos á seguir su dictamen. En contradiciéndoles, luego se enfurecen, y gritando dicen: Yo tengo mucha experiencia de esto, Vmd. es mozo, y ha visto poco. Estos por lo ordinario son hombres de cortísimas luces, y la multitud de sucesos los ofusca, no los alumbra; y si caen una vez en el error, son incorregibles[a].
[Nota a: Vel quia nihil rectum, nisi quod placuit sibi, ducunt; Vel quia turpe putant parere minoribus; & quae Imberbes didicere, senes perdenda fateri. Hor. Epist. lib. 2. ep. I. v. 83.]
[4] Suponiendo, pues, que algunas veces nos engañamos por los sentidos, y que haciendo buen uso de ellos alcanzamos la verdad, explicaré esto con un poco mas de extension para que todos queden enterados cómo han de portarse en este asunto. No hay ninguno, que, si hace un poco de reflexîon, no pueda conocer por sí mismo, que alguna vez se ha engañado con la vista. Si un hombre está en un navio quieto, y desde él mira á otra nave que se mueve, luego le parece que se mueve tambien la suya, y se lo hiciera creer la vista si no le desengañára la razon. Todos los dias vemos al Sol y á la Luna de una magnitud, sin duda mucho menor de lo que son en realidad, y aun en el Orizonte, esto es, quando salen, nos parecen mayores que en el Meridiano, y no es así, porque son de invariable grandeza. Mirémos una torre que está á la otra parte de un monte de modo que de esta no veamos sino el remate, y nos parecerá que está pegada al mismo monte, despues mirando la misma torre desde la cumbre del monte nos parecerá muy apartada. He conocido y tratado á un hombre que veía los objetos al reves, y cada dia sucede que á los que padecen vahidos les parecen moverse los cuerpos que están quietos. Si hacemos dar vueltas en derredor á una brasa encendida, nos parece que siempre ilumina todo aquel espacio, y en la realidad la luz no está mas que en un punto del círculo que describe la brasa.
[5] Del mismo modo nos engañan los otros sentidos. Si cruzamos el índice y el dedo mediano, y con los dos movemos sobre una mesa una bolita de cera á la redonda, nos parecerán dos las bolas, y entonces nos engaña el tacto. Al enfermo parece amarga la bebida que es dulce para el sano, así nos engañamos por el gusto. Del mismo modo á uno parece picante una cosa, y á otro salada; á veces un mismo manjar es sabrosísimo para uno, y desabrido, y tal vez áspero para otro. Esto es tan comun, que no hay necesidad de detenerme en probarlo, y puede verse tratado muy largamente en Sexto Empírico. Lo que toca especialmente á la Lógica es advertir, que el error que se comete por los sentidos está en el juicio, que suele comunmente acompañar á las percepciones de ellos. Para comprehender esto mejor, se ha de saber, que desde que nace el hombre hasta que empieza á exercitar la razon, no le ocupan otros objetos que los sensibles. Hácese con la continuacion á percibirlos de manera, que no exâmina en toda aquella edad lo que le sucede quando percibe semejantes objetos, ni está dispuesto su entendimiento para hacer este exámen. Síguese de esto, que cree y juzga de las cosas segun le parecen quando se le presentan á los sentidos, y no segun son en sí, y por eso despues son los hombres tan porfiados en mantener aquello que entonces juzgaron[a], porque aquella edad es blanda, y las cosas que se imprimen en ella suelen durar á veces toda la vida.
[Nota a: Et natura tenacissimi sumus eorum, quae rudibus annis percepimus, ut sapor quo nova imbuos durat … & haec ipsa magis pertinaciter haerent quae deteriora sunt. Quintilian. Instit. Orator. lib. 1. cap. 1.]
[Nota b: Quo semel est imbuta recens, servabit odorem. Testa diu.
Horat. Epist. lib. 1. ep. 2. vers. 69.]
[6] Débese tambien advertir, que los sentidos de suyo son fieles; es decir, representan, ú ofrecen las cosas como á ellos se presentan, y conforme las reciben; y si el juicio no errara, no nos engañaran jamas semejantes percepciones. Para entender esto se ha de saber, que los sentidos solo nos informan de las cosas segun la proporcion, ó improporcion (algunos lo llaman relacion) que estas tienen con nuestro cuerpo, y no segun son ellas en sí mismas, porque el Criador los ha concedido para la conservacion del cuerpo, y no para alcanzar el fondo de las cosas; y si se hace un poco de reflexîon, qualquiera conocerá, que la vista no ve otro que los colores de los objetos, mas no la substancia de ellos. El oido percibe el sonido, que no es esencial á los objetos sonoros; el tacto distingue lo frio, caliente, duro, blando, áspero, igual, ó desigual de las cosas, y no el verdadero ser de ellas; porque para nuestra conservacion basta esto, y no es necesario lo demas. Por medio de todas estas afecciones de los objetos externos aplicados á nuestros sentidos, podemos bastantemente percibir lo que sea util, ó dañoso, proporcionado, ó improporcionado respecto de nosotros. Mas para mostrarlo mejor, figurémonos que Dios hubiese hecho al mundo no mas que de la grandeza de una naranja, y que hubiera colocado en él á los hombres tan pequeños, que tuviesen con aquel mundo la misma proporcion que hoy tenemos con este que habitamos; en tal caso es cierto, que el mundo que aquellos hombres habitarian les pareceria tan grande como nos parece á nosotros el nuestro, y lo sería si se considerase segun la proporcion que tenia con ellos, pero no en la realidad. Aunque estas pruebas hypotéticas no son de gran valor, usamos de esta para manifestar nuestro sentir en este asunto.
[7] De todo lo dicho se deducen las reglas generales, que han de servir para evitar los errores que los sentidos ocasionan. Será bien, pues, reflexîonar sobre el juicio que en la niñez hicieron los hombres quando percibian las cosas sensibles, para corregirle con la razon. Demas de esto será conveniente asegurarse de las cosas por muchos sentidos á un tiempo; así aunque al tacto parezcan dos las bolitas de cera, la vista muestra que no es mas de una; y aunque parezca á la vista torcido el palo que está dentro del agua, el tacto manifiesta la equivocacion de la vista. Tambien se ha de observar si los órganos de los sentidos están sanos, ó enfermos para juzgar de las cosas rectamente, y esta consideracion es de suma importancia, porque en la enfermedad suele mudarse todo el orden de las percepciones. Así el que padece tericia ve todas las cosas amarillas, las ve dando giros el que padece vahidos; y á este modo se trastorna el orden regular de las percepciones en las enfermedades, de lo que pudiera alegar muchos exemplos. Esto acontece, porque en la enfermedad se muda el orden natural del cuerpo, y como las percepciones del alma corresponden á ciertas, y determinadas impresiones, por eso entonces á la impresion desordenada corresponde desordenada percepcion. Esto confirma, que los sentidos de suyo son fieles[a], porque siempre ofrecen la impresion correspondiente á la disposicion de los objetos que la causan, y de las partes que la exercitan; pero al juicio toca distinguir, y conocer si son, ó no regladas semejantes representaciones. El medio por donde suelen propagarse los objetos sensibles ha de observarse tambien para no errar, porque suele hacer variar notablemente las percepciones. El ayre sereno nos hace ver los objetos de un modo, y el nebuloso de otro. Del mismo modo altera el ayre las varias impresiones del sonido. Para asegurarse, pues, es necesario exâminar la cosa en distintos tiempos, y en diferentes estados, consultar juntamente otros sentidos, y llamar á su socorro el juicio de otros hombres sobre el mismo asunto, porque la verdad es simple, y los caminos ácia el error son muchos, y quando se habrá andado por todos ellos, y no se habrá encontrado embarazo, estará el entendimiento dispuesto para alcanzarla.
[Nota a: Ordiamur igitur à sensibus, quorum ita clara judicia, & certa sunt, ut si optio naturae nostrae detur, & ob ea Deus aliquis requirat, contentane sit suis integris, incorruptisque sensibus, an postulet melius aliquid non videam quid quaerat amplius. Neque verò hoc loco spectandum est, dum de remo inflexo, aut de collo columbae respondeam, non enim is sum, qui quidquid videtur tale dicam esse, quale videatur. Cic. Q. Ac. lib. 2. c. 20.]