[Nota de transcripción]

[Notas]

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento que hizo del Río Negro de la costa oriental de Patagonia el año de 1782.



DIARIO

DEL

PILOTO DE LA REAL ARMADA,

D. BASILIO VILLARINO,

DEL

RECONOCIMIENTO QUE HIZO

DEL

RIO NEGRO,

EN LA

COSTA ORIENTAL DE PATAGONIA,

EL

AÑO DE 1782.

Primera Edicion.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO.

1837.


DIARIO DE VILLARINO.


DIA SABADO 28 DE SETIEMBRE DE 1782.

A las 12½ del dia puse á la vela las cuatro embarcaciones de mi mando, que llevo para hacer este reconocimiento, á cuyo tiempo me hallaba equipado y provisto con aquellas cosas que se me dieron, y pudo proporcionarse en este establecimiento: y en esta tarde navegaron hasta la Laguna Grande en el Puerto de San Xavier, habiéndome quedado yo hasta el dia 1.º de Octubre por aclarar algunos cargos con la Contaduría: y en este dia me incorporé al anochecer con la expedicion, que estaba 9 leguas rio arriba de este establecimiento, en cuyo sitio hice noche.

DIA 2 DE OCTUBRE.

Este dia arreglé las guardias, los ranchos de la gente, y hice algunos transbordos de útiles y víveres para acomodarlos mejor; habiéndose mantenido el viento al NO que es enteramente contrario á esta navegacion. A las 2 de la tarde se llamó el viento al S flojo, y con él me hice inmediatamente á la vela, y con la ayuda de los remos, sirga, y de los caballos, en los parages á donde podian entrar, navegué cinco leguas, y dos y media en línea recta, al ONO 5 grados O de la aguja, hasta las 7 de la noche que me acampé; y me hallo distante del establecimiento 11 leguas, al NO ¼ O corregido.

DIA 3.

A las 6 de la mañana me hice á la vela prosiguiendo mi viage, y á las 7, sobre una fugada de viento por el SO, desarbolé del palo mayor: arrimé á tierra para componerle y zafar la maniobra; y por haber refrescado el viento mucho, no pudimos seguir mas adelante hasta las 2 de la tarde; y á las 6½ paré inmediato al corte de la madera de arriba.

DIA 4.

Amaneció con el viento al OSO, duró y siguió todo el dia con granizo, de modo que no fué posible salir, ni hacer camino alguno.

DIA 5.

A las 6 de la mañana proseguí mi viage hasta las 6 de la tarde, habiendo navegado 12 leguas por el rio, y 5 en línea recto al ONO 5 grados N corregido; habiendo estado el viento al SSO duro.

DIA 6.

Al salir el sol proseguí mi viage, y teniendo espias con la gente casi todo el dia en el agua, navegué ¾ de legua al ONO corregido, y por las vueltas del rio 3 leguas. Aquí hay superior terreno en estas rinconadas, y abundante sauceria en las islas.

DIA 7.

Al salir el sol, salí continuando mi navegacion con viento al NO fresco: seguí hasta las 6 de la tarde que me acampé, habiendo hecho el rumbo directo al NO ¼ O corregido; distancia de 1½ legua siempre al remo y á la sirga, y por las vueltas del Rio Cuarto, en cuya distancia hay dos potreros de buen terreno, mucho pasto y bastante saucería, con 7 islas que están en medio del rio.

DIA 8.

Salí al amanecer á la sirga, por ser el viento contrario y la corriente mucha: navegamos hasta las 8 de la noche, y sin embargo del esfuerzo que se hizo, no pudimos navegar mas que 5 leguas por el rio, y 2 en línea recta al ONO 3 grados O corregido.

DIA 9.

Al salir el sol salí, y navegué hasta las 8 de la noche, 2 leguas al rumbo directo del ONO 5 grados N corregido: y en esta distancia hace el rio dos potreros de buen terreno, grandes, y las entradas muy angostas. Este dia, á las 3 de la tarde, pasé la primera angostura.

DIA 10.

Al salir el sol salí á la sirga con los caballos, y al remo hasta el al anochecer, y navegué 6 leguas y á rumbo directo al NO corregido 2: en este íntermedio es el terreno bastante estéril, y con pocos sauces.

DIA 11.

Al salir el sol, seguimos nuestro viage con viento N fresco y contrario: á las 11½ se rompió contra un sauce el palo del trinquete de la chalupa San Francisco de Asis. Al anochecer nos acampamos cerca de la segunda angostura, habiendo pasado, á las 3½ de la tarde, la boca de parte de este rio, donde entra una corriente velocisima y forma una grande isla. Este dia he navegado 6 leguas por rio, y en línea recta 2; y un tercio al N ¼ O corregido.

DIA 12.

Al ser de dia mandé al carpintero le hiciese mecha nueva al palo mayor de la chalupa San Juan, y á las 7 de la mañana continuamos nuestro viage: á las 8 varamos, y nos detuvo bastante el sacar al San José: á las 11 pasamos la segunda angostura: á las 2 de la tarde estabamos en el camino de San Antonio, y á las 7 de la noche nos acampamos, y volví á repetir las órdenes á los patrones de las chalupas para que no se separasen, por habérselas dado continuamente. Navegué este dia al NO corregido 3½ leguas, y por el rio 6½ segun sus vueltas.

DIA 13.

A las 6 de la mañana salí en cuanto me daba el viento por el N, y paré á las 9 del dia por ser el viento contrario y aparentar agua. Mandé poner los toldos á las embarcaciones, y al carpintero que registrase una isla y buscase un palo para el San José, el que no pudo hallar. Registré el armamento, y hallé 8 fusiles inutiles y 5 pistolas: cargué las armas restantes, y navegué al ángulo de 65 grandos 00 en el cuarto cuadrante, 3 minutos de distancia.

DIA 14.

Salí al amanecer continuando mi viage, y á las 10 llegaron del establecimiento D. Juan Ignacio Perez y D. Pedro Indart. Arrimé á tierra, y mandé al carpintero á registrar otra isla para el dicho palo, y trajo uno que puso al instante en astillero, y queda á toda prisa trabajando en él. Hoy navegué al NO ¼ O corregido, 3 millas de distancia en línea recta: el terreno en esta inmediacion es bastante inferior.

DIA 15.

Se prosigue trabajando en el palo de San José, y la gente de mar, que se entretiene en tomar liebres para ayudar á los víveres, mató 28. Mandé dos peones á hacer la descubierta, y dijeron que en 8 leguas no se hallaba rastro fresco.

DIA 16.

Al amanecer arbolé el palo mayor nuevo. Se fueron D. Ignacio y D. Pedro, al mismo tiempo que me hice á la vela, continuando mi reconomiento con viento por el S flojo: refrescó bastante el viento, y á las 9 varamos, que costó bastante trabajo sacar el San José: á las 12½ volvió á varar, y lo sacamos á la una de la tarde. Seguimos con viento fresco: á las 5 pasamos la Cruz de Villarino: á las 7 hicimos noche, y este dia fué el de mejor navegacion, pues conducimos por el rio 11 leguas, y directamente, al NO corregido, 16 millas marítimas: pero tuvimos la desgracia de que descubriese agua la chalupa San José, y quedé observando, á ver si puedo descubrir por donde la hace, por no vararla, que me seria de mucho atraso.

DIA 17.

A las dos de la mañana empezó á llover, y siguió hasta el mediodia, y el San José hizo 68 baldes de agua, desde ayer al anochecer hasta esta hora. A la una de la tarde continué á la sirga, por ser el viento fresco contrario, y no poder los caballos entrar: seguí á remo y sirga hasta el anochecer, que me acampé, habiendo hecho el rumbo del NO ¼ O corregido, 3 millas de distancia.

DIA 18.

Al salir el sol continué mi viage á la sirga, por estar calma: al mediodia observé el sol en 39° 44′, y dí dos horas de descanso á la marineria. Seguí navegando á la sirga y remo hasta las siete de la tarde, habiendo hecho el rumbo directo de 62° 00′ en cuarto cuadrante, 7 millas de distancia.

DIA 19.

Al salir el sol continué mi viage, y habiendo navegado hasta el anochecer hice solo 5 millas de distancia, al O ¼ NO corregido, tales fueron las vueltas que hicimos, segun el rio, de barranca á barranca: pero hay en este intermedio muy buenos potrero, ó rinconadas de buenas tierras, y esta noche no parecieron los caballerizos con la caballada.

DIA 20.

Salí al amanecer, y navegué hasta las ocho de la noche 8 millas, al ángulo de 58° 00′ en cuarto cuadrante, que por las vueltas del rio fueron 33; y en este intermedio hay algunas rinconadas de excelentes tierras, y he visto algunos árboles de la misma especie que los que sirven para hacer carbon en el establecimiento. Cuando atraqué á la costa del S para acamparme, hallé al dragon llamado Torres, que con el peon Vergara me condujeron 15 caballos de órden del Señor Super-Intendente, que yo habia pedido para servicio de la expedicion.

DIA 21.

Amaneció el dia con viento al NO, tan fuerte que no fué posible hacer camino, por lo que me mantuve en este parage, y mande dos peones á la descubierta; los que me dijeron habrian caminado como 9 leguas rio arriba, y no hallaron otra novedad que el juntarse la barranca del S con el rio, de aquí como 8 leguas, sin que haya camino para pasar á la orilla, internándose el camino de los indios como dos leguas tierra adentro.

DIA 22.

Amaneció con el viento al SO flojo: á las 7 se fueron para el establecimiento el soldado José Torres y el peon Vergara; y yo continué mi viage, y navegué este dia solo 3 millas al NO corregido, por la fuerte corriente, viento contrario y malos sirgaderos.

DIA 23.

Al ser de dia seguí, continuando mi viage con viento al NO fuerte, pasando á la sirga y á fuerza de espias. A las tres de la tarde se llamó el viento al SE récio, y tanto, que la chalupa San Francisco partió cuatro vergas sin poder casi romper la fuerza de la corriente, particularmente en el Estrecho de las Siete Islas. Navegué hasta las siete de la noche al NO corregido, 9 millas de distancia. Dios quiso darnos este viento tan á tiempo y tan á propósito para pasar este parage, que á no ser así de seguro tardariamos en salir de este parage mas de dos semanas.

DIA 24.

Navegué todo el dia á la sirga y teniendo espias, sin que tuviese hueco para dar de comer á la gente. A mediodia, por la fuerza de la corriente me faltó un cabo de tres pulgadas: esta tarde se vió fuego al NO como á distancia de 4 leguas: hice el rumbo del NO ¼ O corregido, 3 millas de distancia. En este intermedio y lo navegado ayer, hay mucha sauceria, y conté 16 islas: el terreno de una banda y otra es malísimo en dicho intermedio.

DIA 25.

Anoche, no habiendo parecido los caballerizos, estuve con mucho cuidado: esta mañana mandé en busca del capataz, y yo monté á caballo y seguí el rio aguas arriba, y hallé un potrero de buen pasto y terreno, que tendrá como una legua cuadrada, cuyo sitio parece no ser frecuentado de indios, aunque á la salida hallé una senda muy vieja por donde han transitado. Pero el camino que regularmente siguen pasa tierra adentro, y separado de dicho potrero mas de dos leguas; por lo que mandé al capataz trajese allí la caballada por precisarme el rio á separarme dos leguas en una vuelta que hace al N; y en este intermedio hay una isla de igual anchura con muchos sauces, y á mi parecer buen terreno. Al anochecer avisté los caballerizos á la parte del S, á cuya banda pasé en el bote, los que me digeron no habia novedad, y que no habian podido descubrir los indios, ni saber en que parte estaba el fuego que avistamos todo el dia: pero que en la inflexion que hace el rio mas arriba, ya se separaba de la barranca, y habia buen parage para los caballos, pues hacia ya de la parte del S considerable llanura. En cuya atención, y en la de que es mi intento llegar con las embarcaciones á los toldos primero que los caballos, que con eso aseguro la caballada, lo que no sucederá si acaece lo contrario, mandé al capataz cuidase los caballos en el parage donde estaban, y estuviese atento cuando yo llegase con las embarcaciones á la llanura que me decia, y entonces condujese allí la caballada.

Este dia navegué en línea recta 4 millas al ONO corregido.

DIA 26.

Salí al salir el sol á la sirga, y navegué al NO 4¼ millas, habiendo hecho alto á las 4 de la tarde para aguardar la caballada y tener los peones á la vista: pues esta mañana á las 9½, habiendo mandado los peones á registrar el campo, hallaron un indio que andaba corriendo guanacos, el que no quiso venir á bordo. Fueron 3 peones á ver los toldos, y satisfechos que solo dos toldos habia, llegaron á ellos y hallaron otro indio mas en ellos y unas cuantas chinas, que ninguno quiso venir á bordo. Preguntaron por Francisco, y unos dijeron que se habia ido para la tierra de las Manzanas, y otros que estaba cerca. A las 2 de la tarde divisaron los peones un indio, encima de un cerro observándonos: fueron hasta el cerro, y ya no pareció. Por esto, y porque mas adelante no habia parage en donde tener los caballos, de modo que estuviesen inmediatos á las embarcaciones, paré y mandé se trajesen.

Cuatro dias há que intento pasar la caballada á la parte del N, por los mejores pastos y sirgaderos, y proporcion de tenerlos cerca, pero no fué posible por no haber paso, esto es, caida ni salida del rio, por las barrancas que hace.

Esta noche se toldaron las embarcaciones, por haber empezado á llover con truenos.

DIA 27.

A las 5½ de la mañana me hice á la vela, rio arriba, con viento ESE flojo, por lo que fué menester la ayuda de la sirga y de los remos, habiendo dejado la caballada en este sitio á fin de avanzarme con las embarcaciones, y de la parte de arriba de los toldos: á cuyo efecto previne al capataz de la caballada estuviese en observacion para que la condujese al parage donde hiciesen noche las chalupas. Hasta mediodia nos ayudó bastante el viento por el E: á este tiempo pasó un peon un brazo del rio, á donde hallaron los indios con sus toldos, y vino á darme la noticia de que ya los indios los habian levantado y se habian ido. Pero no pudiendo arrimar á tierra, ni los caballos pasar adonde yo estaba, caminé sin poder dar de comer á la gente, á fin de avanzar hasta donde pudiese estar el reguardo de peones y caballada. Seguí toda la tarde á fuerza de remo y vela, no siendo esta bastante á romper la rapidez del rio: á las 6½ avisté los peones, arrimé á donde estaban, y hallé con ellos al hermano del capitan Chiquito, y otro indio que venia en busca nuestra, por haberle dado noticia de nosotros los indios que levantaron los toldos. Los regalé con bizcocho, aguardiente y tabaco, á fin de que por ellos tengan, los mas indios que haya, noticia de nuestro buen trato: se fueron ya de noche los indios á sus toldos, y quedé en este parage á pasar la noche. A las 10 de la mañana ya me separé de la barranca del S, y navegué este dia al O ¼ NO corregido 15 millas de distancia.

DIA 28.

Salí á las 6 de la mañana, y navegué hasta las 6 de la tarde al ONO corregido 6 millas de distancia. Hoy se tomaron dos truchas de 2½ libras cada una, sin que hubiese mas novedad. Los caballerizos se quedaron separados de nosotros, por no poder alcanzar adonde estaba la caballada.

DIA 29.

Salí á las 6 de la mañana: á las 9 llegué adonde se junta el rio con la barranca del N, la que fuí á reconocer por parecerme, ó por no quedar con la desconfianza de si tendria por una quebrada que habia algun arroyo. Volví á mediodia, y hallé cuatro indios junto á las embarcaciones, con la novedad de que venia la cacica vieja y la lenguaraza Teresa. Continué mi viage, y á las 5 de la tarde me avisaron que estaban las referidas chinas, y otras dos mas con 10 indios que las acompañaban, en parage que de ningun modo yo podia llegar allí con las embarcaciones: esto me puso en cuidado por los caballerizos y caballada, por lo que tomé el medio de traer con el botecillo los dichos indios y las chinas á dormir junto á las embarcaciones, que con esto aseguro por esta noche los caballos. Se les dió de comer, y se les regaló aguardiente, algun bizcocho y tabaco, y les hice varias preguntas concernientes á mi comision; y dicen, que de donde tiene los toldos Francisco hasta el Colorado hay dos dias de camino; y de este parage hasta el Choelechel diez: que antes de llegar hallaremos dos rios á la parte del N que entran á este: que inmediato á los toldos de Francisco debemos pasar la caballada á la parte del N, porque la del S es intransitable, y que ellos, cuando van á las tierras de las manzanas, se separan del rio y caminan tierra adentro. Que el cacique del caballo bailarin está de aquí tierra adentro al SSO, y que las aguadas que tiene son pozos. Este dia navegué al ONO corregida 4½ millas de distancia.

DIA 30.

Se fueron les indios á las ocho de la mañana, y yo continué mi viage con viento contrario, y siempre inmediato á la barranca del N: se llamó el viento al SO, y con la ayuda de este y los caballos, pues hubo algunos buenos sirgaderos, navegué al ángulo directo de 50° 00′ en cuadrante, 8 millas de distancia, y por las vueltas del rio, 18. Esta mañana me dijeron los indios que venian indios Aucaces del Colorado á las tolderias de Francisco, y que este habia ido á encontrarlos: que los dias pasados habian pasado por el Choelechel muchos Aucas, con mucha porcion de ganado. A las 7 me acampé:—órden San Lorenzo.

DIA 31.

Salí á la mañana con viento al NO fuerte. A las 12½ llegó el dragon Villalba á decirme de parte del dragon Antonio, que lo esperase, pues traia ganado y venia este muy cansado. A la una vinieron los indios en caballos reyunos. A las dos se fué Villalba y el peon que le acompañaba, á incorporarse con los que traen el ganado, y yo continúe á pasar mas adelante, media legua que hay de muy malos sirgaderos. Al ponerse el sol me acampé, no habiendo podido conseguir salir de dichos malos pasos. Al anochecer he visto á Villalba y al peon; y preguntado como no habian vuelto á ayudar á traer y custodiar el ganado, y que si sucedia alguna cosa como quedariamos? Me respondió, que venia gente bastante con él, y que lo mismo sucederia que ellos estuviesen allí, como que nó: navegué este dia al ángulo de 60° 00′ en cuarto cuadrante 4 millas de distancia, y por él no han sido 13.

DIA 1.º DE NOVIEMBRE.

Al amanecer se fué Villalba y el peon, y yo continué siguiendo mi viage hasta la 1½ de la tarde, habiendo navegado al ONO 5 millas de distancia. A esta hora llegó el dragon Antonio, me entregó las cartas de oficio del Super-Intendente, y me pidió un peon para ayudarle á traer el ganado que estaba cerca: hice alto en este sitio, y volvió con el ganado á los cuatro de la tarde, que constaba de 30 reses. A las dos de la tarde llegaron indios con la lenguaraza Teresa, la que trajo noticia que Francisco con sus toldos habia caminado rio arriba, á un parage donde esperaba porcion de Aucas: que mucha gente, de la que estaba con él, se habian vuelto rio abajo, hasta un paso que habia, á donde iban á pasar las mugeres y niños, para que estos siguiesen al Colorado, y ellos volverse á robarnos los caballos y matar los peones; y que esta noticia la mandaba el cacique viejo, que fué el único que se quedó con su toldo en el parage á donde estaba. Esta noche puse 5 marineros á caballo á rondar el ganado y caballada, con los 5 peones que tengo, y los 6 que vinieron del pueblo: con este dragon vino el calafate José de los Santos y un peon con 8 caballos.

DIA 2.

Esta mañana se fueron los indios, á quienes regalé y ofrecí amistad y buena armonia, y yo continué mi viage. Esta noche, habiéndole dado á la lenguaraza bastante aguardiente, me confesó que Francisco se habia ido de miedo, pero á juntar indios, y que el viejo no habia caminado con ellos, porque estaba tan enfermo que no podia montar á caballo. A mediodia observé el sol en 39° 00′ de latitud S: vinieron algunos indios, á quienes regalé y obsequié bastante. Al anochecer largaron los indios sus caballos entre los nuestros, y dijeron que les mandaba el cacique que dormiesen entre nosotros. Mandé á los peones y gente de guardia tuviesen mucho cuidado con ellos, pues dicen que ya se vuelven á unir los toldos y á juntar los indios. A mediodia estaba inmediato á una horqueta, que por los indios no pude averiguar si es de algun otro rio que entra por el N del principal, ó si es formada por alguna isla. Este dia hice el rumbo del NO ¼ O, 4 millas de distancia directa que por las vueltas del rio se hicieron.

DIA 3.

Salí siguiendo mi viage á las cinco de la mañana: á mediodia llegó el cacique Francisco con un número como de 30 á 40 indios; los regalé y convidé con aguardiente, tabaco y bizcocho, y se les hizo de comer á todos, y á las dos de la tarde continué, y los indios anduvieron entre el ganado y la caballada, por lo que inmediatamente hice venir todo al costado de las embarcaciones. Al anochecer acampé, y vinieron 6 indios de parte de Francisco, con una botija á pedir aguardiente: se la dí, así por esegurar los chasques que vengan del pueblo, como por adquirir noticias, y por medio de sus indios ó esclavos mandar ahora chasque con nuestra gente al pueblo, á fin de tener pronta respuesta á los oficios que envio. Este dia fué la distancia directa de 1½ millas al NO: aquí hay excelentes potreros y buenas tierras.

DIA 4.

Salí de mañana, y á las 9 del dia llegó uno de los nuestros con la noticia de que los indios habian levantado los toldos, y ya caminaban las chinas con ellos, menos el de Francisco, y del viejo: y luego llegó Francisco con su familia y mas de 50 indios y chinas, y viendo yo la mucha canalla que venia, tiré á navegar sin arrimar á tierra; y á las dos de la tarde volvieron: se les dió de comer y aguardiente; y á la noche se repitió lo mismo. Navegué este dia dos millas al NO ¼ O, y hay muy buenas tierras. Esta tarde, que navegué en una sola vuelta 9 millas de distancia, cuando paré á la noche tenia, desde el parage de donde habia salido al mediodia de camino en línea recta 180 varas, que así son las vueltas y potreros de este rio, los cuales regularmente es buena tierra, y no necesitan otra cosa que abrir zanja de media vara, para por cualquiera parte sacarles riego.

DIA 5.

Hoy á las 8 de la mañana acabé de despachar al dragon Antonio, y yo seguí mi viage y me siguieron todos los indios y chinas, sin embargo de haberles dado de almorzar, y luego aguardiente, bizcocho, tabaco, azucar, &a. A mediodía pararon á donde yo paré, para dar de comer á la gente: tuve la paciencia de obsequiarlos de la misma suerte. Pasado esto me pidió el cacique Francisco una vaca para dar de comer á su gente: á esto le dije que esperaba comprar ganado á los Aucas: que mandariamos un indio de sus toldos al pueblo; que si me mandaban ganado que le daría, pues bien veia que el ganado que yo tenia era poco, y que ya se me acababan los víveres, y que no tenia que comer la gente: que mi viage era muy largo, ni tampoco tenia donde hacer bastimento, ni menos adonde comprar. Ensilló su caballo, y se puso en camino muy enojado.

Es imposible hacer cosa buena con los indios, y lo mas seguro es el rigor, pues con un escarmiento en una tolderia como la de Francisco, no se atreverian los otros á estas y otras burlas que nos hacen; y mas cuando esta gente es tan acreedora á que se les castigue. Al anochecer me acampé, y algunos indios se quedaron entre nosotros; y navegué en todo este dia 2 millas al ONO corregido en línea recta, que por las vueltas fueron 8.

DIA 6.

A las 6 de la mañana salí con viento al SE flojo, y se fueron loa indios: antes de irse me llamó Teresa con secreto, y me dijo que el cacique Francisco se iba huyendo rio arriba, porque tenia en sus toldos dos cristianos, el uno llamado Mariano y el otro Francisco: y asimismo que ya habiamos pasado el Choelechel, que es una loma que está en la cuchilla, á la cual los indios dan este nombre, pero que el paso de las indiadas está mas arriba, y que allí iba á parar Francisco, y los del viejo que van tambien á su solicitud. Navegué hasta de noche: se pescaron 13 truchas que son muy ricas, y desde luego me parece pesarian 50 libras. La distancia que he navegado segun las vueltas del rio llegó á 15 millas, pero en línea recta al NO corregido, 6. En estos tres dias próximos pasados todas las tierras han sido superiores, tales que desde aquí al desague del rio ni por asomo se hallan otras que les igualen; pero las que pasé hoy sobre todas. El potrero adonde estaban los toldos del cacique viejo, á mas de ser excelentes tierras, tiene la mejor proporcion que dar se puede para invernar, fortificarse y guardar el ganado: su entrada, como mas arriba tengo dicho, es de 250 varas; á esta se le puede hacer estacada de palo á pique, que para los indios es inexpugnable; con la misma y aun con mas facilidad se le puede abrir un foso de agua, por ser el terreno tan bajo que está elevado solamente dos palmos sobre la superficie del agua. Hecho esto, y poniendo un puente levadizo, con seis hombres, hay bastante: y no se piense que esto es muy difícil, porque, yo solamente con los marineros que tengo, toda esta obra tendria concluida en el término de un mes.[1]

Muchos y buenos potreros ó rinconadas he pasado desde que salí del establecimiento, pero ninguna como la que llevo dicho para el expresado intento. Tiene dicha rinconada otra excelencia, que sino es mas superior que las antecedentes no cede á ninguna de ellas, y es que por la parte del N no es tierra firme sino isla, y la parte del rio que pasa por la parte del N de ella, es de tanto caudal como la que pasa por la parte del S por la cual navego. Esta isla es muy grande, pues el principio de ella lo hallé el dia 2 del corriente, de cuya horqueta hago referencia en dicho dia.

DIA 7.

Salí al ser de dia, continuando mi navegacion, y mandé á los calafates y carpintero que montasen á caballo, y junto con los peones acompañasen ganado y caballada, y que llevase tres armas de fuego cada uno. Supe por los indios, que los fuegos é incendios del campo eran señal de reunion entre ellos, y seña de venir algun enemino de aquella nacion, á los cuales sus aliados y parientes le hacian esta seña. Desde el dia siguiente que se hallaron los primeros indios, hemos visto diariamente algun fuego, y siempre mas arriba de nosotros, pero nunca como desde antes de ayer, porque á las 4 horas de salir el cacique Francisco, empezó á arder el campo por diversos parages por la orilla del rio, y segun el camino que dicho Francisco llevaba: pero no por eso dejó de proseguir, pues el dia de hoy nos abrasamos entre las llamas de los fuegos, que parecia todo el campo un infierno. A la 1 de la tarde llegaron tres indios junto á nosotros, el hermano del capitan Chiquito con otros dos, y nos dijo que ya sus toldos iban delante á incorporarse con los de Francisco: lo regalé y se fué. A las 4 de la tarde pasaron los indios, y hablaron con los peones, los cuales llevaban un caballo que habian dejado cuando vinieron con el ganado, por estar despeado: estos dijeron que venian del Colorado con su cacique Guisél, el cual quedaba acampado en el mismo sitio donde estaban los toldos del Cacique Viejo, y que este los habia mandado á los toldos de Francisco. Navegué este dia al NO 6 millas de distancia, y por el rio 14.

Pusieron los indios el campo tan abrasado, que no hallé en todo el dia parage alguno adonde comiese algo el ganado. A la tarde hice matar una res, porque no era posible sugetarla, y se repartió entre la gente. A las 11½ de la noche dispararon los caballos.

DIA 8.

Al salir el sol continué mi camino con viento al SO, que aprovechaba en las vueltas adonde venia bien. A las 9 llegamos á una que fué preciso pasarla toda á espias, por ser el viento contrario: hoy se vieron pasar otros dos indios, uno hácia abajo y otro hácia arriba, sin llegar á las embarciones, antes bien, particularmente uno, caminaba á media rienda y por la orilla de la barranca. Estos movimientos de los indios, y el conocer su doblez é intencion depravada hácia nosotros, me tienen con cuidado. A mediodia monté á caballo á reconocer el campo, y en mas de 2 leguas no se halla pasto alguno para nuestro ganado, por haberlo quemado los indios.

Navegué este dia al NO corregido 3 millas de distancia, siendo por el rio 7 y de tierras muy inferiores: de la banda del S y la del N no puedo hacer juicio, porque por la orilla todo lo que hoy hemos caminado es bañado en esta isla.

DIA 9.

Reflexionando en los movimientos de los indios, los inconvenientes que tenemos de dejar los de Guisél atras, que se puede decir con seguridad que estos interceptarán nuestros chasques y la correspondencia que debe tener libre la expedicion con el caballero Super-Intendente, para que este, segun el estado de las cosas, le comunique sus órdenes: el no saber si los indios de dicho Guisél habrán hallado á la partida que trajo el ganado, como asimismo el no saber adonde van, qué intenciones llevan, y si se juntaron ya con Francisco: si este está en parage donde se le pueda atacar, qué indiada se juntó con él, qué hacienda tiene; ó si está en parage adonde no pueda ser atacado con las embarcaciones, ó si teniéndolo debajo del tiro, tener seguro nuestro ganado, y de no tomar otro medio que tierra, qué paso en el rio, &c.; para esto mandé al marinero Miguel Benites Paraguayo, (porque reusando hacer este servicio todos los peones, este se ofreció libremente) mozo bastantemente vivo y avisado, para que llevase una botija de aguardiente de regalo al cacique Francisco, con pretexto de que me mande un indio que vaya al pueblo de chasque; y que en viniéndome vacas le daré una y otras cosas á este tenor, solo con el fin de que el dicho Benites se informe de todo lo dicho, y me traiga si puede á la lenguaraza Teresa para informarme: porque de quedarme de invernada por falta de auxilios, debo volver al potrero adonde estaban los toldos del Viejo, y nos han dicho los tiene ahora Guisél, así por la bella proporcion que tiene de fortificarse y guardar los ganados, como por hacer caminar rio arriba al cacique Guisél, y tener libre el acopio y transporte de víveres y todo auxilio, como las órdenes del Super-Intendente y las noticias que segun lo que acaesca debo irle remitiendo; y si estuviese allí Guisél y los pudiese tener á tiro, esperar en aquel sitio la resolucion del Super-Intendente. Mandé á dos peones que lo acompañasen hasta cerca de dos toldos, y sin que los viesen los indios se volviesen: y asimismo lleva la órden Benites, que si me puede traer el chasquero del Colorado me lo traiga, que es uno de los que pasaron. Esto tenia yo premeditado desde anoche, que encargué al capataz viese algun peon para hacer esta diligencia, y yo seguí rio arriba á fuerza de espia al salir el sol, habiéndose ido el marinero á esta hora. A las 9½ llegó un indio de los toldos de Francisco, el que habia salido de ellos, segun dijo, y le pude comprender despues de haber llegado el marinero: que el cacique Guisél estaba allá y que habia muchos toldos, y esto casi por señas. Despues se explicó diciendo, que el cacique Guisél le habian muerto los Aucas. En este punto estaba en el extremo del codillo que hace aquí una península, que desde ayer estoy navegando por ella, cuya grande rinconada es de tierras muy inferiores. A las 3½ de la tarde todavia no habia venido el marinero que fué á los toldos; y me dijo un peon que habia visto venir un indio, y que luego que nos avistó retrocedió á la furia. Esto, con no haber llegado el marinero, me puso en cuidado, y aunque procuro adelantar camino con el mayor trabajo, se dejó venir un viento tan fuerte y contrario, acompañado de la veloz corriente, juntamente sauceria por las orillas, que apenas basta toda la gente para poder llevar muy despacio las embarcaciones á la espia; de suerte que se pasan bastantes horas para adelantar una cuadra en algunos parages. A las 5½ llegó el marinero de los toldos: dijo eran 21, y contó en ellos 53 indios, sin la muchachonada, ó mozuelos. Dice que están en buen parage, que tienen de 500 á 600 caballos, y entre ellos muchos reyunos; que le han dicho que Guisél está en el Colorado: que de este rio no han venido mas que dos indios: que el cacique Toro ha llevado mucho ganado á vender al establecimiento: que hay otro cacique en los toldos, á excepcion de Francisco, á quien no conoce: que Francisco va á caminar rio arriba: que habló con un desertor nuestro, llamado Mariano, á quien exortó para que se viniese, y que no pudo conseguirlo. Que otro desertor llamado Francisco, caminó rio arriba con algunos indios, que se fueron ayer. A este marinero le regalé una camisa por la diligencia.

Navegué todo el dia de hoy al SO corregido 2 millas de distancia.

DIA 10.

Salí al amanecer aprovechando todo el dia, á fin de llegar á los toldos, por asegurar, estando yo inmediato á ellos, el ganado y caballada. Seguí todo el dia á vela y remo y espias. A las 5 de la tarde monté á caballo, y fuí á reconocer la distancia que habia, y las vueltas que daba el rio, para hacer juicio si podria alcanzar de dia, y de no, buscar parage proporcionado para hacer noche con la posible seguridad. Cuanto llegué á parage de donde podia observar los toldos, he visto que ya los indios los habian levantado, y por los rastros siguieron rio arriba: volví inmediatamente á las embarcaciones, y navegué hasta ponerse el sol, siendo el rumbo corregido de este dia 6 millas al O ¼ NO, y por las vueltas 14 millas. A la una de la noche me dió parte el peon Miguel que el marinero Miguel Benites, que fué á los toldos el dia 9 á llevar el aguardiente al cacique Francisco, le habia encargado la noche del dia 8, que fué cuando determiné y hablé á los peones para hacer la expresada diligencia, que si le tocase á él llevar el aguardiente, le dijese de su parte al cacique, que yo llevaba intencion de inmediatamente que llegase á la tolderia avanzarlo con toda la gente para matarlos á todos, y que á lo menos llevase su hija muy lejos, porque no le acaeciese su muerte, y de la cual me dicen estaba muy prendado. Reconvine al expresado peon de no habermelo dicho antes; pero este no dió respuesta á esto, y solo me dijo que el dicho marinero habia hecho muy mal en haberse ofrecido á ir, respecto estaba viendo que los peones lo reusaban, y que en algo se fundarian cuando se eximian de ello; pero que el marinero lo habia hecho por acreditarse de hombre de mas valor que ninguno. Estas razones indujeron en mi una sospecha ó duda grande de ser el hecho cierto, inclinándome á que lo diria sin mas verdad que su antojo, picado de que Miguel Benites hubiese hecho un servicio sin mas informe que el de talvez un enemigo suyo. Por otra parte pensaba en que el no haber venido el cacique Francisco con la lenguaraza (á quien con él habia mandado á llamar) estribaba en algun grande motivo, aunque Benites me habia dicho que el cacique lo habia acompañado hasta medio camino, y que él no lo habia querido traer porque no traia la lenguaraza, y esta habia dicho que estaba cansada de caminar, y que no pudiendo entender á Francisco aunque este viniese, no se conseguia el fin, que era el informarme de él. Este marinero estaba de ronda á la caballada y ganado, y le tocaba el cuarto de alba: no me pareció conveniente prenderle, así porque dudé del hecho, como porque aquí no hay prisiones ni comodidad para esto; y ya dado por entendido, precisamente era menester proceder contra él rigorosamente, y esto no me pareció justo, pues podia estar inocente. Solo tomé la providencia de llamarlo á él, al capataz de la caballada, peones y patrones, y les dije, que una vez que habian mudado los indios los toldos, que alguna cosa tenian intentado, por lo cual era menester entre todas las 24 horas del dia, fuesen la de mayor cuidado las del cuarto de alba, que es cuando regularmente hacen los indios sus travesuras: para cuyo fin era menester que todos rondasen sin apearse del caballo. Doblé las centinelas de apié: hice recoger todo el ganado á la orilla del agua, y puse una guardia avanzada de 4 hombres, y un patron á la espalda de los rondadoras y animales, y otro patron velando las centinelas y yo. Ya se habian disparado los caballos una vez, y por estar así la gente prevenida no pude romper muy á fuerza: llamé al capataz de los peones y le encargué, que siempre que hubiese algun rumor de indios el primero, á quien debia asegurar de un pistoletazo habia de ser á Benites, y le dije lo que pasaba, (quien me dijo se lo acababan de decir), y que se lo encargase así á los peones, y que tuviese mucho cuidado con él. Pero el tal Benites, al amanecer, le dijo á uno que estaba á su lado, que volvia al instante, que iba á hacer una precisa diligencia, el que no ha vuelto. Luego que fué de dia pregunté por él, y me dijeron lo que llevo referido: registré su petate, y hallé unos calzoncillos llenos de galleta, y una media con la misma provision, y unos pedazos de hojas de lata y dos cojinillos viejos. La prevencion de la galleta precisamente dá á conocer el que Benites tenia de antemano premeditada la fuga y desercion á los indios, porque el pan aquí lo tienen á su libertad por no ser posible hacer otra cosa: luego precisamente esta prevencion era para llevarse.

DIA 11.

Luego que aclaró bien el dia procuré examinar los rastros, y hallé en un cerrito de árboles espinosos las pisadas de bastantes indios á pié, que habian tenido los caballos por atras de dicho cerro: hallé las pisadas de un muchacho que habia estado metido en el pantano de una laguna bien cerca de nosotros, y para salir y venir á gatas se conocia que traia la daga en la mano, pues habia quedado el cabo de ella estampado en la tierra ó greda. Registré todo aquel terreno por ver si hallaba parage en que fortificarme, teniendo resguardado gente, ganado y caballada, y no hallé, porque aunque hay uno allí muy bueno, formando con el rio una laguna, toda su orilla cubierta de sauces con una entrada de menos de 50 varas, tenia mucha maciega, y sin ser quemada no era posible tener allí el ganado, y si se quemaba se quedaba sin pasto. Por esto, y porque no puedo fiarme de lo que me dijo el desertor, temiendo que estuviese el cacique Guisél en el potrero adonde estaba el Viejo, y por ser un parage tan á propósito para fortificarme, acordé volver al expresado sitio para esperar allí los víveres que necesito para continuar rio arriba. A las 8 del dia me largué á son de corriente, y á cada paso arrimando á tierra y pasando, á fin de que no saliese el ganado del costado de las chalupas, á cuya custodia puse 16 hombres á caballo armados: esto es, acompañando á los 6 peones, 10 de la tripulacion. A la media hora no cabal de haber salido, avistamos de los topes dos ginetes, en el mismo sitio donde habiamos hecho noche: seguimos el rio aguas abajo, hasta las 6 de la tarde que llegué al expresado sitio. A la noche monté los pedreros, esmeriles y alisté todas las armas, puse 4 centinelas avanzadas, una patrulla de 4 hombres y un patron á pié, y 12 caballos para defensa y ronda de la caballada.

DIA 12.

Esta mañana hice recoger todos los remos rompidos, y mandé al carpintero y algunos marineros hiciesen de ellos astas para chuzas, se enastaron 12 para los de á caballo: mandé 18 marineros á cortar posteria para cerrar la boca del potrero de palo á pique, y hacer primeramente un corral, porque siéndome preciso invernar, no hallo parage mas seguro ni de mas conveniencia: porque puesto, como tengo premeditado, la estacada de palo á pique, y abriendo por la parte de afuera un pozo de agua, que se hace con mucha facilidad, ayudando ó trabajando en él mucho mas la corriente del agua que los trabajadores, al cual puesto un puente levadizo, queda el dicho potrero inexpugnable aunque vengan 50,000 indios. Este potrero es capaz, tiene dentro leña, madera, caza, pescado que abunda de ricas truchas, y pasto para siempre para el ganado que tengo, y aunque venga mas; para cuyo fin se encavaron palas, zapapicos y azadas. Esta grande isla por estar á la banda del N, es la mayor excelencia de dicho parage: tiene 9 leguas de largo, y por algunas partes 3 de ancho: las tierras de las inmediaciones de este parage ó potrero en espacio de 4 leguas, son las mejores que he visto desde aquí al desague de este rio en el Oceano. A las 11 del dia divisamos ginetes que fuimos á reconocer, y era el dragon Antonio de Sosa con dos peones, que vino con las órdenes del Comisario Super-Intendente, en las que me dice me remitirá los auxilios que pido dentro de 10 ó 12 dias: en vista de lo cual cesó mi proyecto, y solo determiné hacer un corral sencillo, á fin de tener mas seguro el ganado y mas descansada la gente, permaneciendo en este sitio hasta que lleguen las carretas.

DIA 13.

Esta mañana hice que toda la gente registrase todo el bizcocho para saber el que hubiese averiado, y cargar con la chalupa San Juan todo cuanto pueda llevar, mas que el que tiene. Se condujeron á donde se debe hacer el corral ciento y cincuenta postes; y desde antes de ayer creció el rio mas de media vara: á la noche se doblaron las centinelas, y se llevó el mismo método que en la antecedente.

DIA 14.

Esta mañana hallaron los descubridores rastro de haber venido un ginete á un potrero, ó rinconada cerca de nosotros, se compusieron algunos cabos rompidos, y á la noche se observó el mismo método y cuidado que las antecedentes, y se mató un novillo.

DIA 15.

Al amanecer despaché á Antonio de Sosa, que salió á las 6½ para el establecimiento: á este tiempo mandé 25 hombres á cortar postería á una isla de la banda del N.

A la 1 de la tarde se hizo una balsa con 260 postes, y se pasó á la banda del S un cabo nuevo de 3 pulgadas de grueso para remolcarla: pero fué tal la fuerza de la corriente, que habiendo hecho firme dicho cabo á un sauce, rompió y se llevó la balsa con 16 hombres encima, la que no fué posible traer á esta orilla hasta media legua mas abajo.

Esta mañana salieron á la descubierta, y volvieron á mediodia los descubridores, sin haber hallado novedad. A la noche se llevó el mismo método en las guardias, y se mató un novillo.

DIA 16.

Esta mañana mandé 25 marineros á cortar postes á la banda del N, y se condujeron á esta banda 240, y esta noche se llevó el mismo método en las guardias que en las antecedentes.

DIA 17.

Amaneció claro, viento al N, y descansó la gente, que fué el primer dia de descanso; á las 12 vinieron los descubridores, y no hubo novedad. A la noche se dió la órden de observar el mismo método en las guardias y centinelas, que en las antecedentes.

DIA 18.

Esta mañana fueron dos peones á hacer la descubierta: el dia 16 empezó á bajar el rio, y el dia de hoy hallé que habia bajado desde dicho dia 4½ pulgadas; por cuyo motivo no domina el campo la artilleria de las chalupas, y para precaver este inconveniente, mandé se buscase un sauce bastante grande y capaz, para hacer en él 6 tragantes para los pedreros, y otro proporcionado para los tragantes de los 6 esmeriles, y se acopió posteria. A las 5 de la tarde vino el viento por el SE fresco, y es el primero que he visto desde que salí á este reconocimiento: duró toda la noche.

Hoy cayeron 4 hombres enfermos.

DIA 19.

Amaneció el viento al SE, y se prosigue acopiando madera. A las 4 de la tarde dí principio á la estacada para cerrar el potrero: vinieron los descubridores y no hallaron novedad: se observó el mismo método en las guardias que en las noches pasadas.

DIA 20.

Amaneció cerrado de neblina, y el viento al SE: á mediodia vinieron los descubridores sin novedad. Se prosiguió con la estacada, y se cortaron y condujeron dos sauces grandes para poner en ellos los tragantes para los esmeriles y pedreros, formando una especie de trinchera por no poder usar ya de esta artilleria en las chalupas; pues bajó tanto el rio, que ya la barranca las domina.

DIA 21.

Se prosiguió en la estacada, y se pusieron los sauces que se trajeron para trinchera en su lugar: á mediodia vinieron los descubridores del campo. Siguen las guardias del mismo modo que las noches antecedentes.

DIA 22.

Se prosigue con la estacada: puse 6 pedreros en bateria: vinieron los descubridores, y no hubo novedad.

DIA 23.

Se prosiguió con la estacada, y no hubo novedad en el campo.

DIA 24.

Se mató una res: vinieron á mediodia los descubridores sin novedad.

DIA 25.

Se prosiguó con la estacada, y no hubo novedad en el campo.

DIA 26.

Se hicieron almohadas para los pedreros. A la 7 de la mañana me avisó el patron Eusebio Gonzalez, que se habia hallado una bolsa, y esta que era de Miguel Benites, la cual pasé á registrar, y tenia dentro tres cuchillos y la hoja de otro, dos agujas de las con que se prenden las chinas, con un hilo de cuentas, y un peine blanco viejo, una braza de tabaco negro, medio manojo idem blanco, y tres pesos fuertes, todo lo cual deposité en poder de dicho patron: y concluí la estacada, habiendo cerrado la boca del potrero de palo á pique, en la que entraron 1,670 estacas, habiendo dejado solo una boca angosta por donde entrar y salir, habiendo concluido la fortificacion de dicho potrero al anochecer.

DIA 27.

A las 2½ de la mañana se vió fuego al SE que parecia en la costa del rio. A las 3 mandé 4 á caballo á ver si podian reconocerlo, 2 de ellos han vuelto á las 5, sin haber descubierto nada. A las 7, viendo que no parecian los otros dos, mandé 8 bien armados, los 2 primeros vinieron á las 10 sin novedad, y los 8 á la 1 de la tarde, con la de haber hallado rastro fresco de dos ginetes; pero no pudieron hallar el parage del fuego. Este dia se mantuvo el viento al O medianamente fresco.

DIA 28.

Esta mañana salieron los descubridores, y volvieron á las 10½ sin novedad, y se cortó madera.

DIA 29.

Este dia se acabó de carenar el bote, y concluí un galpon que hice, á fin de conservar la carne, por haberse perdido la mayor parte de la res que se mató el dia 24. Este galpon tiene doce varas de largo y 7 de ancho: sirve, ademas de lo dicho, de cuerpo de guardia, y de defensa á la gente de los rayos del sol, que son los calores excesivos; no hubo novedad en el campo.

DIA 30.

A mediodia vinieron los descubridores del campo sin novedad, y se mató una res.

DIA 1.º DE DICIEMBRE.

No hubo novedad en el campo. A las 10 de la noche se vió fuego al ESE, pero muy lejos. A las 12 vió el marinero Miguel Ignacio 2 hombres á pie á la orilla del rio, y como á distancia de 15 pasos de las chalupas y ranchos: corrió á preguntar á la guardia si andaban algunos de los nuestros afuera, y sabido que nó, fueron 4 de los de guardia á reconocer, y ya se habian escondido. Se tomaron las precauciones que me parecieron oportunas para pasar el resto de la noche, y mandé 9 hombres á caballo á registrar estas inmediaciones: pero la noche obscura, y la mucha maciega, no dió lugar á que se pudiese divisar cosa alguna, y solo por el desasosiego de los perros y los pájaros, ya desde prima noche sospechábamos gente en esta inmediacion.

DIA 2.

Al amanecer registré la estacada y los parages que hay mas á propósito para emboscarse, y no hallé cosa alguna. Salieron los descubridores, y volvieron á la 7 de la tarde sin novedad.

DIA 3.

Amaneció nublado con el viento al OSO bonancible, y cayeron algunas gotas de agua, á cuya hora se tomó un bagual que todas las noches nos tenia en cuidado, y al fin rompió un lazo y se fué; salió un peon corriéndolo, y vió un indio que galopaba campo afuera. Vino á dar parte, y mandé inmediatamente tomar caballos, y salieron 13 hombres armados con chuza y pistolas: volvieron á mediodia con solo la novedad de haber hallado el rastro fresco, y de otros mas. Despues que salió esta partida fué el bote á reconocer la otra banda por haber sentido las centinelas ruido á la media noche, y se halló el rastro de un hombre á pié.

DIA 4.

Esta mañana mandé reconocer el campo, siguiendo el rio aguas abajo; á mediodia volvieron los descubridores, con la novedad de haber visto fuego: á las 2 de la tarde despaché una partida de seis hombres á reconocerlo, y habiendo llegado la media noche sin que hubiesen vuelto, puse, desde esta hora hasta el dia, la mitad de las tripulaciones de guardia.

DIA 5.

De mañana mandé un peon á hacer la descubierta, el que volvió á las 11 sin novedad. A las 12 llegaron los 6 descubridores, sin otra novedad que la de no haber podido llegar al fuego por estar lejos, habiendo caminado el rio, aguas abajo, como 12 leguas: lo que sentí bastante, pues me parecia me traerian noticia de la partida, que estoy impaciente esperando con los víveres que me debe mandar el Super-Intendente, que segun sus cartas ya dias ha que debia estar aquí; y con esta tardanza el rio baja y se avanza la estacion.

DIA 6.

Salieron á hacer la descubierta, y no huvo novedad en el campo.

DIA 7.

Mudé la bateria á la boca de la estacada, y hice el cuerpo de guardia de la parte de adentro, porque habiéndose retardado tanto tiempo los auxilios que espero del establecimiento, me hace ya desconfiar su envio, por lo que tiro á fortificarme lo mejor que me sea posible, por si la estada aquí fuere para tiempo largo. No hubo novedad en la descubierta del campo.

DIA 8.

Esta mañana se mató una res: salieron los descubridores y vinieron á mediodia sin haber hallado novedad en el campo. A las 3½ de la tarde salió á cazar con un fusil el marinero Nicolas Baltazar y no ha vuelto, y se levantó una quemazon á dos leguas de nosotros.

DIA 9.

Esta mañana mandé dos peones á hacer la descubierta rio arriba, y cinco aguas abajo, á reconocer el fuego y buscar el marinero. A mediodia volvieron sin novedad los que fueron rio arriba, y los que fueron abajo trajeron la de haber hallado rastros frescos; que habian venido como tres cuartos de legua de nosotros cinco ginetes, y que este rastro vuelve para abajo: por lo que me persuado llevarian estos al marinero, y pegarian fuego. A esta hora divisamos otro fuego al N, pero á mas de 15 leguas de distancia: por la tarde mandé 7 hombres bien armados, rio abajo, á ver si hallaban algun vestigio del marinero, y no han hallado mas que los rastros dichos.

DIA 10.

Al amanecer despaché una partida de 11 hombres á descubrir el campo, siguiendo el rio aguas abajo, con el fin de descubrir algun estorbo que pudieran tener para llevar aquí los víveres que espero del establecimiento. Esta gente vá prevenida de á 3 y 4 armas de fuego, y una chuza cada uno para defensa de los indios que puedan encontrar.

No pareciendo el marinero Nicolas Baltazar, hice registrar su petate, y se halló un poncho, una fresada, un cuero de caballo, una chaqueta de cuero, un cuero de guanaco, dos saleas, unos calzones de poncho y otros de cuero, un chaleco viejo azul y una chupita de idem, un chaleco de cuero, un pañuelo nuevo, una talega vieja y en ella dos camisas, unos calzoncillos casi nuevos, otros idem viejos, una camiseta de crudo, un pañuelo viejo, unas medias de lana viejas, un chaleco de pañete forrado en bayeta, unos calzones de pañete azul usados, un gorro de pison usado, dos ligas, un aparejo de pescar, dos dados y un rempujo, una bolsita de brin con dedal, alfiletero y tijeras, una barrena y un rosario, un cuchillo viejo, un talegoncito con una chupa y dentro tres duros, vara y media de tabaco negro, y confesó el marinero Miguel Nuñez, que le tenia 11 pesos 2 reales que le habia dado á guardar, y estaba pronto á entregarlos. Se puso todo lo dicho depositado en manos del patron Eusebio Gonzalez. Al anochecer volvió la partida sin mas novedad que la de haber hallado dos rastros frescos, los cuales se perdieron de aquí á 4 leguas, y no vieron señal de que venian los víveres que espero. Hoy estuvo el viento al SO duro, y el rio prosigue siempre bajando. Este mes, que por falta de víveres estoy aquí, sirve de tanto perjuicio á la descubierta, me parece que si retardan algo mas en enviarlos enteramente la imposibilitaba, ya por lo mucho que baja el rio, ya por avanzarse la estacion y quedar poco verano, y ya porque se les dá lugar á los indios á que se junten para quitarnos los caballos en cualquiera vuelta en que no puedan ir al costado de las chalupas, sin cuyo auxilio es casi imposible este reconocimiento.[2]

DIA 11.

A las 5 de la mañana salieron á descubrir el campo, y volvieron á mediodia sin novedad. El viento se mantuvo al SO fuerte, y el rio baja mucho.

DIA 12.

Mandé los descubridores por la orilla del rio, siguiéndolo aguas arriba, los que volvieron á las dos de la tarde sin novedad. A las 4 llegó D. Ramon Sancho y dos peones, con la noticia de que venian á llegar las carretas con los víveres que esperaba del establecimiento: las que llegaron al ponerse el sol, al cargo de D. Juan Ignacio Perez, auxiliado por un sargento, un cabo, 16 infantes, un cabo, dos dragones y dos artilleros, que con los peones componian el número de 46 hombres. Se acamparon dentro del fuerte, y seguí el mismo método en las guardias que antes.

DIA 13.

Determiné salir dos dias aguas arriba, á orillas del rio, á fin de que nos viesen los indios; y si nos esperaban, traer los desertores y quedar en paz con los indios, haciéndoles manifiesta su traicion y engaño, sin hacerles á ellos el menor agravio, procurando llenarlos de confianza: y si no nos esperasen de miedo, (que seria lo mas cierto, como nos viesen á tiempo que ellos lo tuviesen para levantar sus toldos) para que este fuese bastante á ahuyentarlos muchas leguas, y separarlos de las orillas del rio para que no nos sirviesen de estorbo. Me pareció importantísima esta diligencia, porque de cualquier modo que sucediese era favorable: pero reparando y volviendo á leer las órdenes del Super-Intendente, y viendo que me dice que no se debe exponer la tropa por apresar los desertores, y que le parece conveniente mandase los peones y caballada, (que me servian de mayor auxilio) determiné obedecer y no empeñarme,[3] seguir lo que pueda sin los caballos y peones, y remitirlos al establecimiento, porque no se verifique la cláusula que dice, que mire á lo que me expongo si roban los indios los caballos, y acaece algun desgraciado suceso.

DIA 14.

Se acaba de carenar el Champan, y se recibió á su bordo el bizcocho de dos carretas, la grasa y miniestra de otra: estas son buenas, el bizcocho el mas inferior que se puede imaginar,[4] que será mucho que no se pudra antes de tiempo, y tres tipas de sal, que no llegaban á tres cuartillas.

DIA 15.

Este dia se mataron y charquearon 16 reses, las que hubiera salado si el Super-Intendente me hubiera mandado la sal que le pedí, y tendria en tal caso carne para dos meses mas que charqueada: si bien no hizo caso de algunas cosas que son indispensables y estan inutiles en el establecimiento, como son los remos, sal y otras.[5]

DIA 16.

Se mataron y charquearon 6 reses, y se concluyó la descarga de las carretas, y es tal el bizcocho que se hizo para la expedicion, que se metieron en el Champan 79 quintales, 37 libras; y de seguro entraria solo en este buque 120, siendo el bizcocho tan ruin como el que se embarcó.

DIA 17.

Se compusieron las velas, se le pusieron dos paños de baileo á la chalupa San Juan, en lo que se consumió la pieza de lona y ocho libras de hilo de velas, y se rompieron quince agujas de cocer velas. Este dia á las 4½ de la mañana salieron las carretas, y á las 5 ya estaba de marcha toda la expedicion de carretas y caballos.

DIA 18.

Se hizo un mamparo á la chalupa chica, y se le mudó al Champan uno, á fin de acomodar mejor las cosas, y pasé á la chalupa chica 16 quintales de bizcocho, y de allí otros víveres al Champan: les puse las tapas ó cubiertas de cueros.

DIA 19.

Se escogió el charque seco, y se embarcó y aprensó en el Champan: se derritió el sebo que se sacó de las reses; se hicieron velas nuevas por haber llegado inservibles las que mandaron del establecimiento.

DIA 20.

Hice recoger el charque y promediar la carga de las embarcaciones, y se le descubrió agua por la mura de babor al Champan, por lo que le dí pendoles y se compuso á mediodia. Se llamó el viento al SE, y por aprovecharlo embarqué todo el charque, aunque alguno fresco. Se abatieron algunos barriles, y puse la carne á plan de las chalupas; y á las 2½ de la tarde seguí mi viage con las cuatro embarcaciones de mi mando; habiendo navegado hasta las 10¼ de la noche 3½ leguas al NO corregido.

DIA 21.

A las 5 menos un cuarto seguí mi navegacion al remo, y aunque el viento era SE, en esta vuelta nos daba de proa. Seguí hasta las dos de la tarde, á cuya hora calmó el viento, y se dejó caer un aguacero, por lo que me fué preciso atracar á tierra y toldar las embarcaciones. A las 4½ de la tarde, habiendo cesado el agua, continué mi viage, y navegué al NO corregido 6 millas de distancia. A las 9 empezó á llover, y toldé otra vez las chalupas.

DIA 22.

Salí á las 6 de la mañana á remo y sirga por estar calma, y de esta suerte navegué todo el dia con alguna poca lluvia hasta las 8 de la noche, que por una turbonada del SO con viento recio, arrimé á tierra, y mandé el bote á dar auxilio á la chalupa San Juan, que con la fuerza del viento y corriente se habia ido á la otra costa. Toldé todas las chalupas por estar aturbonada la noche, la que pasé en el parage que, segun Falkner, me parece Tehuel-malal, cuya vuelta corre al SOS y SE. Navegué este dia 4½ millas de distancia en línea recta al ONO corregido.

DIA 23.

Este dia continué mi navegacion á remo y sirga hasta las 2 de la tarde que tuve viento al SO, con el que navegué hasta las 5½ de la tarde que se quedó calma, y seguí hasta las 8 á la sirga.

A las 11 de la mañana estaba inmediato á la cuchilla, último extremo del rincon grande, ó Tehuel-malal, y á las 5 de la tarde en el Potrero del Chanchito: entre uno y otro potrero hay 5 millas de distancia, arrimado á la cuchilla del S al NO ¼ N corregido.

El Potrero del Chancho es muy angosto en su entrada, y se puede facilmente fortificar.

Este dia navegué en línea recta 8 millas al ONO corregido.

DIA 24.

A las 5¼ de la mañana continué mi viage al remo, por ser el viento poco y contrario: á las 12½ estaba adonde se desertó Miguel Benites, de cuyo parage dista media legua al NNO el último brazo del arroyo que forma la isla grande: á distancia de 4 millas de donde se fué Benites, hallé los vestigios de haber estado los toldos de Francisco, y no es mal parage para pasar animalada de un lado á otro del rio, por tener buenas bajadas y salidas, y tres islas adonde pueden descansar, que precisamente salen á alguna de ellas, porque están en medio rio. A las 5 de la tarde vino el viento al SE fresco, con el que navegué hasta las 8¼ de la noche, que me acampé, por haber varado una chalupa.

Navegué este dia al NO ¼ O corregido, en línea recta 10 millas de distancia.

DIA 25.

Al ser de dia me hice á la vela, y siguiendo el rio por las canales de mayor profundidad, que son muchas por las espesas islas que hay en este rio, llegué á las 5 de la tarde á un parage que parece ser paso, por haber por la parte del N un camino y rastro de animales, desde donde tenia los toldos Francisco, hasta donde me acampé. Hoy á las 9 de la noche no se pudo caminar por la parte del S la orilla del rio, y esto conviene con las noticias de los indios.

Toda esta tarde tuve viento por el E fresco, pero incapaz de romper la rápida corriente de este rio, y en algunos parages á vela y remo no pudieron romper las embarcaciones, siendo preciso por esta causa traer siempre los marineros hasta medio cuerpo metidos en el agua tirando la sirga.

Navegué este dia al ONO 5 grados N corregido, en línea recta 9 millas de distancia.

DIA 26.

Navegué este dia á remo, espias y sirga al ONO corregido 4¾ millas de distancia, y me acampé á las 8½ de la noche.

Desde antes de ayer que hallé la novedad en este rio de ser el agua totalmente encarnada, lo que jamas he visto en el establecimiento ni en sus inmediaciones, de lo que infiero que cuando en las avenidas de arriba llega al establecimiento el barro que la colorea se aposentó, por ser larga la distancia, y que aquí habrá algunas tierras ó sierras vecinas á nosotros que tendrán dicho color.

DIA 27.

A las 5¼ de la mañana seguí á la sirga y remo, estando el viento casi calma, de cuyo modo se mantuvo todo el dia hasta las 5 de la tarde que vino por el E flojo. A las 7¾ me acampé en una isla, habiendo navegado al ONO corregido 7 millas de distancia.

DIA 28.

A las 5½ de la mañana seguí á la sirga con viento NO, y opuesto á mi viage. A las 11 se divisaron 4 ginetes que seguian el rio aguas abajo, arrimados á la barranca del N. A las 5 de la tarde se avistó fuego al N tierra adentro á larga distancia: navegué hasta las 8 de la noche 4 millas de distancia al ONO corregido.

DIA 29.

Salí á pié por no tener caballos, sobre unos cerros al ser de dia á descubrir el campo. A las 6 de la mañana seguí mi viage á la sirga, con viento NO fuerte. A las 10½ arrimé á tierra, por ser el viento y la corriente tan fuertes, que con toda la gente no fué posible sacar avante las embarcaciones una á una, y si tuviera caballos todos los dias desde que salí de donde estaba el indio Francisco, hubiera caminado á lo menos 6 leguas en línea recta, pero el Super-Intendente juzgó inutil este auxilio que tanto interesaba al servicio del Rey[6]. Al tiempo de arrimar á tierra, se vió un ginete como á menos de un cuarto de legua de nosotros, el que se volvió despues de estar un rato parado mirando. A las 2½ de la tarde se levantó una turbonada por el ONO de viento recio, agua y truenos. A las 3½ atravesé á la parte del S á acamparme, y toldé las embarcaciones. A las 5 pasó la turbonada, y se quedaron los horizontes achuvascados. Hoy á medio dia observé el sol en 38° 52 de latitud S, y hasta el parage de la observacion he navegado este dia una milla de distancia.

DIA 30.

A las 5 de la mañana salí al remo á atravesar á la costa del N, y seguí á la sirga: á una milla andada hallé rastro de haber pasado los indios de la parte del N á la del S, golpe de ganado vacuno y caballar, el que segun los rastros y camino hecho venia del NO de hácia el Colorado, y este paso es bueno; pues aquí se angosta bastante el rio, y tiene buena entrada y salida en el rio. A mediodia que venia yo registrando por tierra, y hallé muchos rastros de caballos, que así los del paso como estos, manifiesta como un mes de haber pasado: hallé otro rastro de un ginete que esta mañana seguia el rio por su orilla aguas arriba, el que sin duda seria el que se vió ayer. A las 8 de la noche arrime á tierra y me acampé, habiendo navegado este dia al O ¼ NO 4 millas de distancia.

DIA 31.

A las 4¾ de la mañana me largué, siguiendo mi viage al remo y sirga con calma por la parte del N. A las 10 pasé á la parte del S, por no serme posible romper la corriente por aquel lado. A las 11 descubrí una polvareda grande inmediata á la barranca del N, que se conocia ser golpe de ganado: seguí rio arriba, y á las 12 avisté caballada y ginetes. Poco despues se arrimó uno á la orilla del rio y mandé á un marinero y al mendocino José Oyola, á que le gritasen ó hiciesen señas para que nos esperasen. A las 2 de la tarde pasé á la parte del N, y vinieron dos indios, y el uno de ellos se dejaba algo entender: los agasajasé todo lo posible, y les compré una vaca por un freno; despues se fueron y vinieron con el cacique y otros dos indios mas, y á todos les hice cuanto agasajo pude: les dí de beber aguardiente y mate, y les regalé algunas bujerias y tabaco, y tuve la paciencia de estarme toda la tarde en conversacion con ellos, aunque al principio estaban desconfiados; pero luego entraron en confianza de tal modo, que se dejaron estar hasta de noche. La gente de mar me pidió licencia para hacer trato con ellos: se la concedí, y les compraron en las dos chalupas San Juan y San Francisco dos terneras de dos años por dos cuchillos, y los del Champan una buena vaca por un frasco de aguardiente un gorro y un cuchillo. Quise permitir esto á las tripulaciones, porque como el método que llevo con los víveres es lo mas arreglado que puedo, precaviendo el que no llegue el caso de que me falten, les permití este desahogo para que las coman con libertad. Agasajé mucho á estos indios por muchos motivos, los cuales no es menester referir porque están sabidos, pero ademas de estos el principal ha sido por llevarlos algunos dias inmediatos á las embarcaciones, por ser dichos indios del Guechuhueben, ó Parage de las Manzanas, para donde siguen viage, por ver si puedo conseguir con ellos el que me presten caballos para la sirga, pues la gente no puede arrastrar las embarcaciones, y se me van enfermando muchos, y son los mozos de mas robustez y trabajo: lo que me aflije bastante por la falta de los caballos, pues se me puso la gente mucho mas flaca y débil en 11 dias que há que salí de la fortaleza de Villarino en el Choelechel, que en 38 que tardé desde el establecimiento á dicho parage. Esto me tiene entre la espada y la pared, porque parando para dar algunos dias de descanso á las tripulaciones, es consumir víveres y no adelantar: caminar con el trabajo con que se camina, es acabar la gente; de modo que es indecible la falta que me hacen los caballos. Navegué este dia al O corregido 2 millas de distancia.

Las noticias que pude adquirir de estos indios, son las siguientes:—Que el Choelechel está de este sitio 4 dias de camino, con toldos, chinas y niños, siguiendo la orilla del rio aguas abajo: que desde dicho sitio, donde hoy me hallo, hasta el Huechun-huechun y entrada en el Rio Tucamel, y una laguna muy grande tardan 12 dias, caminando despacio con los referidos estorbos: que desde allí á tierra de cristianos tardan 10, al mismo caminar; de cuya tierra, dicen, se surten de frenos, cuchillos, lanzas y bujerias. Esta cuenta de los dias que se tardan de unos á otros parages, la hacia este indio quebrando pedacitos de paja; y preguntado si por el Huechun-huechun habia muchos indios, tomó un puñado de arena para significar su multitud. No pude informarme mas por no entender el idioma.

DIA 1.º DE ENERO DE 1783.

Esta mañana vinieron los indios á las 8, y despues de haberlos convidado, mandó el cacique por uno de sus indios á llamar otros que estaban mas abajo de nosotros, y vinieron 4; entre ellos un viejo con un muchacho como de 16 años de edad, que hablaba mejor el castellano que cuantos indios hasta ahora he visto desde que estoy empleado en la Costa Patagónica. Estos indios son moradores de Huechun-lauquen, ó Laguna de Límite, nombrada por Falkner en su diario, y los primeros son de la Tierra de las Manzanas.

Dicen los de Huechum que su tierra dista cuatro jornadas de Valdivia; que aunque la distancia es corta, el camino es malo; que se pasa la Cordillera por el Portillo: que la tierra del cacique Cangapol nos queda dos dias de jornada aguas abajo; lo que me hace cierto el juicio que hice de la isla y cercado de los Tehuelhets que cita Falkner, ser el mismo que pasé dias pasados: que el Rio Chico del N que cita dicho diario, dista de donde estamos cuatro jornadas, y que viene de la Cordillera: que este algunas veces se vadea á caballo y otras á nado; pero que el rio mas grande es el que viene de Huechun-lauquen: que cuanto mas arriba este rio tiene mas corriente, y esto es lo mismo que voy experimentando. Dicen que ellos vienen de la Sierra del Volcan; que há cerca de un año que bajaron á buscar ganado caballar y vacuno, y que con este hacen trato con los de Valdivia, unas veces llevándolo los indios á dicho pueblo, y otras viniendo los cristianos á comprárselo á sus tierras, el cual cambian por sombreros, cuentas, frenos, espuelas y añil para teñir los ponchos: (véase aquí ya abierto el camino y comunicacion por la orilla del rio con Valdivia, y entablado una especie de trato por los indios, robando el ganado á Buenos Aires, y vendiéndolo en aquel presidio.) Que Chile está de Huechun-lauquen mucho mas lejos que Valdivia: que estos indios viven en toldos, y que siembran trigo, cebada, y habas: que los que tienen ranchos de paja bastantes capaces, viven mas arriba por la falda de la Cordillera, los cuales ademas de las semillas referidas, siembran lentejas, porotos, garbanzos, y todo género de vituallas. Uno de sus caciquea se llama Roman.

Estos indios jamás han estado en nuestro establecimiento del Rio Negro: si bien dicen tienen noticia de habernos establecido, pero que ellos para caminar á sus tierras, atraviesan el campo desde el Colorado á este rio por el Chuelechel, 70 leguas al poniente de nuestro establecimiento. Que en su tierra hay muchísimos pinos, y que los piñones son casi tan grandes como dátiles, y muy gustosos; de cuyo fruto hacen los indios prevencion: que por aquel pais no hay sal, y por esto la llevan de las salinas del Colorado en cargas, y con efecto las he visto en sacos de cuero (y así lo dice Falkner.) Que por la parte del N de este rio no hay establecimiento alguno de indios hasta las Manzanas, y los que hay son solo los que van de pasage que por la del S están los Hulliches, los cuales los suelen aguardar cuando pasan los de Huechun con sus ganados, y los asaltan, roban y matan, y por esto suelen pasar bastante temerosos: y así no cesaban de preguntarme si por la parte del S habia indios; me dieron noticia del Rio Lime-leubú, y de sus moradores los Limeches. Los nombres de los parages, que jamás pudieron entender otros indios leyendo á Falkner, estos los nombran del mismo modo que su diario, y convienen con él en las noticias, diferenciándose solo en la distancia de Huechun á Valdivia, que dicho diario pone dos jornadas, y estos indios dicen que cuatro.

El Rio Chico del N que entra en el Negro, dicen viene de la Cordillera; pero que no saben si pasa inmediato á Mendoza, porque de allí no son baqueanos: pero que su cacique habia andado mucho á la orilla de dicho rio, y que podía dar razon; y para traerlo fué con ellos el peón José Oyola, mendocino.

Este muchacho dice que en su tierra no hay indios ladinos, y que el motivo de haber él aprendido el castellano, fué porque un perulero llamado Prieto, que por el trato de ganado habia tenido recíproca amistad con su padre, lo llevó á Valdivia para enseñarlo, y que despues de un año, habiendo empobrecido dicho Prieto, se fué á Chile llamado de un tal D. Antonio Roldan, amigo suyo, y el muchacho corrió la misma fortuna, y dice que habrá poco mas de año que volvió á su tierra. Nombra el vino de Penco, y dá noticia individual de todo, hasta de las perdices que se venden por medio en Chile, y otras menudencias á este tenor.

Un marinero de la expedicion, llamado Bartolomé de Peña, que estuvo mucho tiempo en Valdivia, Penco, &c., y pasó la Cordillera por el Portillo cuando el levantamiento grande de los indios, que vió los pinos y comió los piñones, al cual hice carear con el muchacho, á quien preguntó por muchos parajes, respondió, segun dice el marinero, con tanta puntualidad, dando señas de todas las cosas con tanta certeza, que no dejó nada que dudar. Le dije á este muchacho que se conchabase conmigo para ir con las embarcaciones hasta Huechun, y que de allí pasaríamos á caballo á Valdivia, para lo cual habló á su padre: y este dijo que no podia, porque llevaba mucho ganado que arrear, y que no tenia quien le ayudase; que lo que podia hacer pagándole era acompañarme con su hijo hasta Valdivia, luego que llegásemos á Huechun-lauquen. Pero el muchacho me dijo mandase á hablar al cacique porque tenia ganas de acompañarnos; y para esta navegacion, y traer el cacique, se ofreció José Oyola, que como llevo dicho se fué con ellos esta tarde en un caballo que compré á los primeros indios, y fueron obsequiados todo lo posible.

Tambien convienen estos indios con la sospecha de Falkner, de que la laguna de Huechun-lauquen envie un brazo al rio de Valdivia; pues dicen que no es así, pero que Huechun está muy cerca de dicho rio, el cual es muy caudaloso, y solo dista el rio de la laguna una jornada.

Dicen que todos, ó casi todos los indios que habitan ó residen en las sierras del Volcan y Pampas de Buenos Aires, son de este rio arriba, y que el motivo de pasar tantos tiempos en aquellos parages, es por la abundancia que hay de ganados, y por la facilidad de mantenimiento; y que algunos paran dos años, otros mas y menos, segun les acomoda.

DIA 2.

A las 8 de la mañana llegó José Oyola con el cacique Guchumpilqui, y otros cinco caciques mas que el primero habia mandado á buscar, los cuales tenian sus haciendas mas abajo: y dijo Oyola que Guchumpilqui solo tenia mas de 100 indios, que tenia mucho ganado caballar y vacuno. Los regalé y obsequié todo lo posible, estando entre ellos el cacique Roman, uno de los que tienen ranchos de paja: fueron concurriendo indios de tal suerte que se juntaron sobre 80 ó 100 indios y 6 chinas. Es imposible decir la paciencia que fué precisa tener con ellos: pero no pude recabar que me diesen al muchacho lenguaraz; tampoco pude saber de donde viene, ó si pasa por Mendoza el Rio Pequeño del NO, Pichileubú, que cita Falkner en su diario, porque dicen no son vaqueanos de este rio: aunque yo tengo grandes sospechas de que sea el Tunuyan, por estar informado de que no entra (como quiere Falkner) en las lagunas de Guanacache, en cuyo caso precisamente estaria muy cerca de Mendoza. Estos indios dicen, que el año próximo pasado hicieron ajuste con los españoles de Valdivia de llevarles ganado, y que por eso bajaron de sus tierras (que están muy inmediatas á Valdivia) á los campos de Buenos Aires, y que se retiran ahora, y que inmediatamente que lleguen vendrán los de Valdivia á comprárselo, como tienen tratado; y que muchos de ellos irán á Valdivia, sin parar en parte alguna, para hacer dicha venta. Asimismo dicen, que luego que lleguen las embarcaciones á Huechun-lauquen, que me conducirán á dicha ciudad. El cacique Guchumpilqui me regaló una res, que se le pagó bastante, y hasta bien de noche estuvieron importunando por aguardiente. El muchacho lenguaraz me dijo, que en Chile habia tenido la noticia de que nosotros teniamos establecimiento en el Rio Negro, y muchos indios que frecuentan á Valdivia, he visto y conocido en el establecimiento: por esto y por otras razones, creo que todos los habitantes de este continente, así españoles como indios, tienen noticia de nuestra poblacion en el Rio Negro.

DIA 3.

Salí de mañana, y huyendo la importunidad de los indios, pasé á la banda del S, y asimismo pasé dos caballos que compré para dar algun alivio á la gente que llevo mas enfermos: pero aquí nadie está exento del trabajo. A mediodia llegó una gran tropa de ellos: todas sus relaciones, que son muy largas, llenas de ofrecimientos, encareciendo su amistad y su poder, se dirijen á que les den; pues todas vienen á parar en pedir, y en no dándoles se enojan. A las 8 de la noche me acampé, y me siguieron los indios, importunando por aguardiente. Un cacique ponderó mucho su poder, diciéndome que estas eran sus tierras, las cuales se extendian hasta mucho mas abajo del Chuelechel á fin de que le diese 4 frascos de aguardiente para convidar á sus soldados, que este nombre daba á sus indios: como dando á entender que queria le pagase algun derecho por el pasage. A lo que le respondí, que me alegraba mucho de conocerle, y de saber que estas eran sus tierras, y que fuese en ellas tan poderoso: porque así como nosotros cuando bajaban los indios á nuestros pueblos los regalabamos, y dabamos de comer y beber, así esperaba yo lo mismo de la amistad que tanto me encarece. Se rió bastante, y dió á entender la respuesta á todos los indios que pasarian de 60, y al fin me dijo, que cuando no tuviese que comer se lo avisase, que me daria una vaca, la que nunca vino.

Los caciques son los siguientes: Guchumpilqui, Llancoapi: estos dos son los que tienen sus tierras en la laguna de Huechun-lauquen.

El cacique Roman se embarcó hoy para seguir viage en las chalupas, y dice está algo enfermo: asimismo se embarcó Jose Roldan lenguaraz. Este muchacho parece bastante afecto á nosotros, pues lo he visto enojarse bastante con los indios por tus pesadeces: no sé en adelante lo que dará de sí.

Curuanca estuvo algunas veces en el establecimiento del Rio Negro, los otros dos no sé sus nombres. En este sitio se angostan bastante las barrancas, que de una á otra no hay media legua pero no son tan altas como las de abajo, y con propiedad se le puede llamar angostura. Navegué este dia al OSO 5° O 4½ millas de distancia.

DIA 4.

Salí al amanecer, haciendo diligencia de librarme de los indios, que por mas que se les regale, nunca estan contentos: pero á las 11 del dia ya estaban con nosotros mas de 80.

A la media legua de mi salida esta mañana, se hallan unos cerros áridos de arena blanquisca, piedra y alguna maleza, y aquí sigue el camino, ó se aparta del rio y toma tierra adentro: pero me dice el lenguaraz que no es mas de una jornada. Compré dos caballos por habérseme cansado ya uno de los que antecedentemente compré; y porque es como imposible poder continuar sin ellos. Al mediodia se fué con los indios el peon José Oyola, porque el padre del lenguaraz lo pidió para que le ayudase á arrear su ganado, respecto á que su hijo venia con nosotros.

Navegué este dia al O ¼ SO 3 millas de distancia, habiéndome acampado despues de puesto el sol: siguen los cerros altos de una y otra banda.

DIA 5.

Salí al amanecer con viento N, y tuve que volver media legua rio abajo, por no hallar paso para las chalupas: seguí á vela y remo, y á las 3 de la tarde varó la chalupa San José. Costó mucho el sacarla, y puestos ya en la canal con viento fresco, fuerza de vela, y una espia, por la cual tiraban treinta hombres, no pudimos adelantar nada. El cabo de la espia era nuevo, y de cuatro pulgadas de grueso, y habiendo aflojado algo el viento, y no pudiendo los 30 hombres aguantar la chalupa, mandé darle á la espia vuelta de firme, y fué tal la corriente, que rompió el cabo. Fué preciso tender el calabrote, y juntar toda la gente: solo así pudimos sacar la chalupa, que á no ser el expresado calabrote se hubiera quedado en este sitio. Esta faena duró hasta las 8 de la noche, que llegué á acamparme con la gente bastante fatigada, y rendida del trabajo.

Navegué este dia al O ¼ SO, 5 millas de distancia, arrimado siempre á la barranca del N que es tierra infeliz, y no tierra, sino una especie de tosca compuesta de piedrecitas, arena, y polvo blanco, que se desmorona y se unde al pisarla. Críanse en ella arbolitos muy bajos, espinosos, ó maleza que para nada sirve, y esto poco: lo mismo es por la parte del S. La barranca del S se abre bastante, y deja un valle bien largo entre ella y la orilla del rio. Luego reconocí ser un rincon, volviéndose á angostar las barrancas áridas, y de un infernal aspecto.

DIA 6.

Salí de mañana á la espia, por ser el viento contrario, y la corriente tan fuerte, que no fué posible romper á la sirga. Trabajó hoy excesivamente la gente, y en todo el dia solo se caminó, sin que haya dado vuelta el rio, 2,500 varas al OSO corregido.

DIA 7.

Amaneció el viento al SO, duro, por lo que no fué posible continuar.

DIA 8.

Al amanecer salí con dicho viento, pero mas bonancible. Navegué hasta las 9 del dia, y á esta hora no pudiendo pasar, volví al mismo sitio donde habia salido á buscar otra canal, y seguí con viento y corriente contrarios, no habiendo podido navegar mas que 1½ millas de distancia al OSO 5° S, arrimado siempre á la barranca del N.

DIA 9.

A las 4½ de la mañana seguí mi viage á la espia, por no poder la gente romper la corriente á la sirga, y siempre arrimado á la barranca del N, la cual tiene unos cerros tajados al rio, y de tanta altura, que hasta ahora no hallé otros de igual tamaño. A mediodia pasé un parage, que puestos 40 hombres á cada chalupa no podian romper el ímpetu de la corriente, y en este paso está el rio lleno de peñascos. Navegué este dia al OSO 3 millas de distancia.

DIA 10.

Salí á las 5 de la mañana á la sirga con viento OSO, y me acampé á las 7½ de la tarde, habiendo navegado al OSO 5° O 3 millas de distancia: se le sacaron hoy al Champan 30 baldes de agua.

DIA 11.

Salí al salir el sol, y á la media legua andada al OSO, hallé los indios, y arrimé á tierra. Venia con ellos el peon José Oyola, y los caciques Guchumpilqui y Curuanca. Este, habiendo hallado ayer al marinero que tenia, con los caballos en tierra, sin que pudiesen llegar en donde estaban las embarcaciones, le preguntó si habia comido: y habiéndole respondido el marinero que nó, lo llevó á los toldos, hizo matar un novillo y le dió de comer. A este le regalé bien por esta fineza, y porque les sirva de egemplo en lo sucesivo; pues puede darse muchas veces igual caso de encontrar á los nuestros sin abrigo alguno.

El cacique Cayupilqui, que parece el de mayor sequito entre ellos, vino á bordo; y despues de diversas preguntas que me hizo acerca del designio que llevaba, á las que satisfice diciendo, que mi viage era á Valdivia, porque tenia con aquel Gobernador recíproca amistad, y algunas cuentas que ajustar en aquella tierra, pero que tardaria muy poco en volverme; me dijo que me acompañaria desde su tierra á Valdivia, y me franquearia caballos para el viage: y cuando yo bajase rio abajo concluido mi viage, que se vendria él conmigo, y sus indios por tierra, á fin de conocer el establecimiento del Rio Negro, de allí pasar á las Pampa de Buenos Aires á tomar ganado vacuno y caballar para su provision y mantenimiento, y vender en Valdivia: cuyo trato dejó entablado cuando vino á esta misma diligencia. Que él no hacia daño, pues el ganado que llevaba lo tomaba del bagual que andaba en el campo: que cuando venian de sus tierras, venian con muy pocos caballos, pero que traian ponchos y otras cosas, con las cuales hacian trato con los indios del Volcan, por caballos para correr en la Pampa.

De este sitio se aparta el rio, y se arrima á los cerros del S, que son blancos muy altos, y cortados hácia el rio. Se desembarcó el cacique Roman.

DIA 12.

Vinieron de mañana los caciques, y Guchumpilqui me dijo, que en el término de 3 ó 4 dias tenia determinado mandar aviso á su tierra de como iba llegando, y que le trajesen algunos caballos gordos, por llevar toda la caballada flaca de la larga distancia que habia caminado. Le pregunté qué tiempo tardarian en llegar á Huechun-lauquen los chasques, y dijo que seis dias, y de allí á Valdivia que habia tres dias de camino, y que ahora era el tiempo en que los Valdivianos solian todos los años venir á su tierra á comprar ponchos. En esta inteligencia determiné escribirle al Sr. Gobernador de aquella plaza, así para que el Exmo. Sr. Virey de Buenos Aires tenga esta noticia, como para saber yo si de aquella plaza podré ser socorrido con víveres, para si así fuese poder hacer un completo reconocimiento, y sino para tomar mis medidas y contar solo con los víveres que tengo:[7] pues puede ser que, entregando los indios que van de chasque á los de Valdivia las cartas, lleguen á manos de dicho Sr. Gobernador, y pueda por el mismo conducto tener yo la respuesta. Me regaló una vaca este cacique, y otra el cacique Curuanca.

Me han dicho que mas arriba del Rio Chico del N que entra en este, se aparta el Rio Grande mucho para el S, haciendo una gran vuelta; por cuyo motivo no seguian ellos su orilla y caminaban tierra adentro: pero por buen campo, de mucho pasto y muy regado de diversisimos arroyuelos que bajan de las montañas, entre las cuales dicen haber amenísimos valles. Me quedé admirado al haber oido hablar á estos indios de nuestras guerras con los Ingleses, pues me preguntaron si aun duraban. Y preguntándoles yo, por donde habian sabido de esta guerra, respondieron que en Valdivia lo habian sabido, y que por este motivo valian en aquella plaza todas las cosas caras, pues no podian pasar las embarcaciones de España para las Indias.

A las 12 del dia se fueron, y me digeron que poco mas arriba nos veriamos, que ellos no se mudaban hasta mañana.

Estos indios llegarán al número de 300, entre los cuales no van mas que 6 chinas, y hay entre ellos bastantes que sirven solo para arrear y cazar. Sus ganados ascenderán al número de 8,000 cabezas, entre caballos, yeguas y vacas, y de aquí se puede inferir le que destruyen los indios á Buenos Aires, pues todo el ganado es marcado, y señalado de los vecinos de esta ciudad.

Al instante que se fueron los indios, eché de menos al marinero José Navarro, y me han dicho que habia montado á caballo. Mandé á recoger los caballos nuestros, y faltaba uno, y salió á buscarlo José Mariano, marinero. A la hora de comer no vinieron estos marineros, pero me hice cargo andarian buscando el caballo que faltaba, aunque ya con bastante desconfianza de si me los habian llevado los indios; pues en ellos es la mayor proeza, la mayor maldad, y sin embargo de haberlos regalado y acariciado todo lo posible, conociendo su infame trato, me llenó de desconfianza la breve falta de estos dos marineros: y mas, habiéndose desembarcado el cacique Roman, y el muchacho lenguaraz. Por presto que subí á una lomita á ver si los veia, ya divisé una nube de polvo, distante como legua y media de donde tenian los toldos, sin haber animal alguno adonde estaban acampados. Esto me llenó de tristeza, por conocer la falta que me hacen estos dos individuos si los hubiesen llevado: pero no estaba del todo desesperado de que volviesen, por lo bien que habia tratado á estos indios. Esta polvadera se alejaba con suma presteza, y se perdió de vista á las 5 de la tarde; y á esta hora pasó un marinero por casualidad por debajo de unos sauces, y halló 8 pares de bolas, de las que los indios suelen traer perdidas, y vestigios de haber estado mucha gente allí la noche antecedente, y esto distaria 100 varas de nosotros, y sus toldos ó campamento, distaba tres cuartos de legua.

Cuando se embarcó conmigo el cacique Roman, pretestando estar enfermo, bien comprendi que no lo hacia por otra cosa que por observar nuestros movimientos, y yo me alegré; porque como el asunto, á mi parecer mas importante, es el no quebrar con ellos, y aunque den ellos motivo por el cual me viese precisado á ello, no seria lo mas favorable.

Esperé toda la tarde la venida de los dos marineros, que no han vuelto. A las 7 supe que Navarro habia tenido no sé que ajuste con una china, y que la habia ido siguiendo, porque ella le habia hurtado unos cascabeles. Los que oyeron y supieron esto, se callaron hasta dicha hora; y esta fué la causa de que se perdiese no solo Navarro, sino tambien José Mariano: porque si me lo hubieran dicho, le estorbaria, porque cuando fuese imposible evitar la pérdida del primero, á lo menos no tendriamos la del segundo.

DIA 13.

Amaneció con el viento al SO fresco, y contrario para poder continuar, y ya salido el sol, registramos lo posible el campo á ver si se hallaban algunos vestigios de los marineros, y lo que se halló fueron unos coletos, ó ponchos de cuero de vaca, frescos recien hechos; montones de piedras, y cuero fresco, y guasoas cortadas para retobar bolas, en la misma parte donde se hallaron los 8 pares de bolas: y segun esto parece que los indios tuvieron dispuesto el avanzarnos.[8]

A las 7 de la mañana salí continuando mi viage, pero es cierto que el rio, cuanto mas se va descubriendo, mas dificultoso está de navegar. Desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde estuve en un paso, sin que en todo este tiempo pudiese adelantar 60 varas de distancia: aquí se rompieron cabos, y fué preciso ponerle 4 al Champan, desde 3 á 3½ pulgadas de grueso.

Hoy me han dicho el abominable comercio de Navarro con la china, y que por los cascabeles la habia ido persiguiendo de tal suerte, que derribó del caballo á otra que la tal china llevaba en ancas: por lo que me pienso no lo habrá pasado bien. Y no hago juicio de lo que le habrá sucedido á Mariano: lo cierto es que este insolente descompuso toda la armonia que yo llevaba con los indios, y lo peor es, que todos estos indios son de Huechum-huechum, de Huechum-lauquen, y de la Cordillera, muy inmediatos á Valdivia, por donde yo tenia determinado pasar á aquella plaza.

En el parage adonde estaban los indios acampados, se hallaron 6 reses vacunas muertas y desolladas, sin que les faltase carne alguna, y de los cueros se hallaron hechos coletos: cuyas reses no habian muerto en el tiempo que estuvo con ellos José Oyola, que fué dos noches, y un dia antes que se fuesen los indios. Por esto me parece que su intento fué sorprendernos, porque esta prevencion tan repentina dá á conocer su alevosía, y que no tuvieron valor para egecutarla. Navegué este dia al O ¼ SO 3 millas de distancia.

DIA 14.

Salí á las 5 de la mañana, y con la ayuda de los caballos navegué 6 millas al O corregido, y en este punto llegué á los cerros ó barrancas del S.

Esta tarde tuve que pasar las embarcaciones por tres palmos de agua, y por haber ocupado toda la tarde en pasar este paso, caminé las dichas 6 millas. Tal es el fomento de los caballos, pero lo malo es que ya se cansó uno.

DIA 15.

A las 5 de la mañana, estando el viento al S ¼ SE bonancible, me hice á la vela y remo: seguí todo el dia arrimado á la barranca del S (si bien que de esta á la del N apenas hay media legua): refrescó bastante el viento por el ESE, y navegué al O ¼ NO 12 millas de distancia, habiéndome acampado á las 8 de la noche.

DIA 16.

Desde que salimos del potrero, ó por mejor decir, desde antes de haber salido, hizo muchísima agua el Champan, porque, estando estanco cuando vacio, luego que se cargó se anegaba: lo que dió motivo á descargarle, y volverlo á componer con el calafate Dominguez, por haber quedado falsa la obra que hizo en él José de los Santos. A los pocos dias de navegacion volvió á hacer agua, la que con todo cuidado se le achicaba. Esta mañana salió para la racion una galleta algo humeda, é hice registrar el pan, y hallando mojado el que estaba sobre el plan, lo hice descargar y pasar todo el que cupo en la chalupa chica, y la carga de esta pasarla al Champan: se escogió el pan bueno del podrido, y este, que ascenderia de 8 á 10 quintales, se tiró al agua.[9] Duró esta faena hasta las 4 de la tarde, á cuya hora se aturbonó el horizonte: mandé al instante toldar las embarcaciones, y á las 5 se dejó venir la turbonada, con tanta abundancia de viento SO, agua, truenos y piedra, cual no habia visto en la costa patagónica. Duró lo mas fuerte de ella cerca de dos horas: calmó el viento, y quedó lloviendo poco y tronando mucho, hasta las 10 de la noche que aclaró.

DIA 17.

Salí á la sirga, ayudado de los tres extenuados caballos que tengo, y con algunas ventolinas del SSO navegué al ONO 5° O 8 millas de distancia. Aquí hacen una inflexion las barrancas, que habrá de una á otra una legua, cuyo llano por la parte del N es un regular terreno, pero el que queda atras, despues de haber hallado los indios, es el mas infeliz que se puede imaginar.

DIA 18.

Este dia navegué con mucha dificultad, por los malos pasos del rio; al O corregido, 4 millas de distancia.

DIA 19.

Se compusieron los cabos, y se le dió lugar á la gente de lavar la ropa.

DIA 20.

Al salir el sol me hice á la vela, con viento por el SSE bonancible, y al remo, por no ser posible romper las corrientes, á menos que no sea una tormenta. Refrescó bastante el viento, y navegué este dia siempre arrimado á la barranca del S al O corregido, 11½ millas de distancia.

A las 7 de la mañana, llegamos á unas barrancas de extraordinaria altura en la costa del S, que distan cerca de media legua de la orilla del rio: entre estas y dicha orilla hay otras coloradas, compuestas de una especie de polvo de este color, y chinos ó piedras menudas. El compuesto de estas y de las antecedentes no tiene liga alguna, ni jugo para poder ligarse ó juntarse, y es cierto que forma una vista maravillosa.

Por la parte del rio son estas barrancas inaccesibles: parecen castillos muy altos, particularmente las blancas, con sus cornizas ó molduras. No producen sus cumbres ni sus faldas ninguna especie de yerba, solo si algunas muy pocas, y chicas matas de maleza espinosa; pero tan raras y ruines, que jamas llegó á mi imaginacion que en todo el globo de la tierra pudiese haber alguna tan infeliz como esta: no se ven rastros ni animales, pero ni tampoco pájaros.

Es infelicísima la tierra de una y otra banda, despues que se embarcó el cacique Roman hasta aquí: pero ninguna hallé como la de hoy; horroriza su esterilidad, y los precipicios de sus barrancas.

DIA 21.

A las 5 de la mañana me hice á la vela, con viento ESE fresco, y á las 8 de la noche me acampé: cuya navegacion hice arrimado á la costa del S que toda es de barrancas coloradas; y las altas blancas se retiran tierra adentro, á distancia de 3 leguas. Hoy, con haber habido viento, y con la ayuda de mis 3 caballos, no pude adelantar mas que 4 millas de distancia al ONO corregido: tal es la furia de las corrientes, y malos pasos de este rio.

DIA 22.

Proseguí á las 5 de la mañana, arrimado siempre á las barrancas coloradas del S, ó mas bien admirables y estériles precipicios de extraordinaria altura, quedando á la parte del N la llanura, que tendria media legua de latitud, pero esterilísima, á cuyo término está la barranca, que forma una vista que parece una serie de castillos altísimos.

El rio cada dia lo hallo de peor navegacion: á cada hora se halla un salto por donde se despeña el agua, y en algunos está lleno de peñascos que se desgajan de estos altos barrancones. Navegué este dia ON corregido 4½ millas de distancia.