Nota de transcripción

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  • La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
  • Para facilitar la lectura, se han expandido las abreviaturas en los nombres de los personajes.
  • Las páginas en blanco han sido eliminadas.

ES MI HOMBRE


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ES MI HOMBRE

Tragedia grotesca

EN TRES ACTOS

ORIGINAL DE

CARLOS ARNICHES


Estrenada en el TEATRO DE LA COMEDIA
el día 22 de diciembre de 1921


SEGUNDA EDICIÓN


MADRID

Imprenta de La Correspondencia Militar

Pasaje de la Alhambra, 1.

TELÉFONO 18-40

1921

A Alicante

Apenas desprendido de tus manos maternales, que deshojaron sobre mi corazón las rosas de tu amor, vuelvo a Madrid, y los primeros aplausos que recojo de este pueblo generoso y bueno te los ofrezco a ti, mi tierra amada, para pagar, en parte mínima, la deuda de gratitud que dejaste abierta en mi alma filial.

A las bellas y nobles mujeres y a los hombres inteligentes y cordiales que te representan, envío mi saludo fraterno.

Y a ti, mi ciudad gloriosa, te ofrezco de hoy para siempre decir en toda oportunidad, ungidos los labios de emoción:

Soc fill del poble que te les chiques

com les palmeres de junt al mar.

CARLOS ARNICHES

Madrid, 24 diciembre 1921.

REPARTO


PERSONAJESACTORES
LEONOR, 17 años.Aurora Redondo.
LA SOLE.Carmen Andrés.
SEÑÁ CALIXTA, 40 años.Carmen Sanz.
LA PURA.Carmen Sanz.
PAQUITA.Carmen Navascués.
LA ROMUALDA.Isabel Redondo.
DON ANTONIO, 50 años.Valeriano León.
MARCOS, 24 años.Jesús Tordesillas.
DON MARIANO, 54 años.Andrés Tobías.
PACO EL MALUENDA.Carlos Viaña.
SEÑOR TÁRSILO, 50 años.Federico Górriz.
ANICETÍN, 8 años.Niño Larios.
EL POLLO BOTINES.Joaquín Roa.
EL REQUIÉS.Antonio Gimbernat.
EL JARRITAS.Rafael Terry.
CAMARERO.Antonio García.
JUGADOR 1.ºJosé Carrascosa.
JUGADOR 2.ºAntonio Brañas.
EL QUEMARROPA.Andrés Tobías.

Crupiers, jugadores, etc.


La acción, en Madrid, actualmente.
Derecha e izquierda, las del actor.

ACTO PRIMERO


Pequeña habitación en un sotabanco humildísimo. Al foro, a la derecha hay una puerta con mirilla y llamador, que da a un pasillo que conduce a la escalera. A la izquierda, una reja con cortina, que da al mismo pasillo. En los laterales derecha, segundo término, otra ventana con vidriera, da a un patio. En los laterales izquierda, primer término, una puerta que conduce a la parte interior de la casa.

El mobiliario pone de manifiesto la extrema miseria de las personas que habitan el sotabanco, y se reduce a dos o tres sillas de Vitoria, desvencijadas; una mesita de pino, una cómoda vieja, un baúl deteriorado, y en un rincón, un lavabo de hierro con palangana, jarro y cubo, una máquina de coser, un cesto de ropa, etc., etc.

En la ventana de la derecha, una jaula vacía, un tiesto sin flores y un botijo.

Es por la mañana temprano, en un día de primavera.

ESCENA PRIMERA

LEONORCITA. Luego DON ANTONIO, por la puerta de la izquierda. VOZ DE HOMBRE y VOZ DE MUJER, en el patio.

Al levantarse el telón aparece Leonorcita, dormida, de bruces sobre la máquina de coser, en la que se ven unos pantalones de niño, no terminados. La mesita de pino está cubierta por una manta vieja, y sobre ella habrá un mantelillo, dos planchas y una tacita con agua. El cesto de la costura, al lado de la máquina. La niña veló, quedando dormida sobre su trabajo. Se ha hecho de día y un rayo de sol penetra por la ventana, a medio abrir, e ilumina la cabecita de la muchacha, esclareciendo un poco la penumbra del cuarto. Se escucha la Voz de un hombre que grita desde el patio.

Voz hombre

Señá Balbina, dígale usté a Ufrasio que baje, que son las ocho, y me voy pa la obra.

Voz mujer

Dice que te vayas delante, que ahora va él.

Voz hombre

¿Ha dicho que ahora va?

Voz mujer

Eso ha dicho.

Voz hombre

¡Pues dígale usté que recuerdos y que hasta pasao mañana!

(Se hace un corto silencio y sale don Antonio por la puerta izquierda, despeinado, como hombre que acaba de echarse de la cama. Viste pantalón, camiseta, americana, chanclas y un pañuelo al cuello, todo viejo y raído.)

Antonio

Le he oído gritar al señor Dimas, el cantero, que son las ocho. Y sí lo serán, porque ese es el Longines de la casa, ¡Caramba, las ocho ya! ¡Me he dormido como un tronco!... En cambio, la niña, ¡pobrecita!, se conoce que ha velado, pero, al fin, la rindió el sueño. (Se acerca.) ¡Duerme como un angelito! (Abre la ventana. Entra una luz radiante.) Me dijo que la despertase a las siete. ¡Cómo me va a regañar! Por algo quiere la pobrecita, un despertador; pero como no puedo comprárselo, me he comprometido yo a hacer ese oficio... Ahora, que lo hago con una falta de puntualidad, que es para darme un puntapié en la esfera. En fin, vamos a despertarla. (Se acerca a Leonorcita y trata de imitar, durante un breve instante, la vibración del timbre de un despertador.) Rrrrrrrrrrrrrrrrr...

Leonor

(Despertando sobresaltada.) ¡Ay!... (Mirándole.) ¡Papá, tú!... ¿Pero qué hora es?

Antonio

Las ocho, hija.

Leonor

(Extrañada.) ¡Cómo las ocho!

Antonio

Sí, las ocho. (Con cierta vergüenza.)

Leonor

(Enfadada.) ¿Pues a qué hora te puse yo anoche?

Antonio

Me pusiste a las siete, pero ya sabes que atraso un poco...

Leonor

Un poco, bueno; pero atrasar una hora, ¿te parece bonito?... ¿Ves como no sirves para reló, papá?... ¡Y que no vale darte cuerda ni nada!

Antonio

Hija, es que está uno ya tan averiado, que por mucha cuerda que me des... en cuanto me meto en la relojera, ¡un leño!...

Leonor

¡Dormírseme el despertador!... ¡Vamos, es el colmo!...

Antonio

Que ya no está uno pa dar la hora, hija mía; hay que desengañarse.

Leonor

(Muy cariñosa.) ¿Pero estará para que le den un beso, verdá, so extraplano?

Antonio

¡Más que nunca, hijita mía! (Se besan.) Y tú, qué, ¿es que no te acostaste, vida?

Leonor

Que me levanté a las dos y media. ¡Pero muy callandito, para que no despertaras! Quería acabar el trajecito de marinero del chico de la señora Calixta, que va a tomar mañana la primera comunión en las Carboneras...

Antonio

¡Hombre, qué rico!

Leonor

Y me he estado hasta las seis y media dale que dale... Ahora, que cuando empieza a clarear entra un cansancio que ya no se puede... ¡Y me he quedado...!

Antonio

¿Completamente roque?

Leonor

Roque y familia, porque si tú no me llamas, aún estoy roncando. Y lo peor es que no he podido terminarlo.

Antonio

Déjalo, ahora lo acabas. (Con curiosidad.) Y dime, hija, dime, ¿cómo te ha salido el trajecito?

Leonor

¡Ay, no me lo preguntes, papá, que me aterro! No sé cómo me habrá salido. Yo creo que bien; pero como es el primero que hago, ¿sabes?... Estoy asustada.

Antonio

Sí, claro.

Leonor

¿A ti qué te parece la blusita, papá? (Se la enseña.)

Antonio

Yo no entiendo, pero yo creo que está muy mona; al menos así, a vista de pájaro...

Leonor

¿Te parece que esto está para que el niño tome la primera comunión?

Antonio

Mujer, yo creo que no le pondrán dificultades.

Leonor

¡Dios lo quiera!

Antonio

Ahora, que hay que tener en cuenta que el niño es una lombriz, y una lombriz de marinero, yo no sé el efecto que le hará a un sacerdote... pero, vamos, como vista... Su cuellecito, sus puñitos, sus anclitas... Que puede decir su mamá que se lo han hecho en El Capricho.

Leonor

¡Ay, cómo me animas, papaíto!

Antonio

¿Y qué te falta, hija, qué te falta?

Leonor

Pues una costura del pantaloncito, pero antes verás... voy a chapuzarme en la palangana, (Echa agua en ella.) tengo el sueño metido en los ojos, (Se quila la blusa, quedando en cubrecorsé.) y así me despabilo, y en un segundo, visto y no visto. Lo acabo, lo devuelvo, me lo pagan, me dan las seis pesetas... ¡porque he pedido por él seis pesetas!...

Antonio

¡Seis pesetas! ¡Buen debut!

Leonor

¡Y nos vamos a dar hoy un banquetazo!... Ya verás, papaíto, ya verás... Patatas con bacalao, mojama... aceitunas... ¡una cosa como del Ritz!

Antonio

Y será de razón, hija, porque ayer, ¡todo el día con un pedazo de pan y un racimo de uvas, una criatura que está creciendo!...

Leonor

Eso no. Por ti siento yo estas miserias; porque al cabo, una es joven y todo lo puede aguantar, que cuando se tienen pocos años, ¡anda con Dios!...

Antonio

(Con abatimiento.) ¡Qué sé yo!...

Leonor

Mira, papaíto, hazme de aprendiza, anda. Mientras me lavo, veme quitando los hilvanes de la blusa, ¿quieres?

Antonio

Lo que te dé la gana. (Quita hilvanes.)

Leonor

(Echándose agua a la cara.) ¡Berrrrr!... ¡Uy, qué fresquita está el agua!... (Se echa más.) ¡Qué rica y cómo despeja!... ¡Ay, qué gusto!... (Se lava los brazos y las manos.) Pero no estés triste, ¡qué tonto!... que hoy ya verás. ¡Hasta churros te voy a traer!

Antonio

¡Gracias, hija, gracias!

Leonor

¡Que yo haya acertado es lo que hay que pedirle a Dios!

Antonio

¡Pues ya lo creo!

Leonor

Mira, dame ese mantelillo para secarme.

Antonio

(Dándole el mantelillo de la mesa.) ¡Secarte con el mantel!...

Leonor

¡Si no hay otra cosa!... Él, que se creería que nos iba a servir para comer.

Antonio

(Mostrando una forma de plancha tostada que se ve en él.) ¡Pues ya ves qué plancha!... Es para secarnos.

Leonor

(Secándose.) No se puede presumir de nada. ¡Ajajá!... ¡Ya estoy más lista y más fresquita!...

ESCENA II

DICHOS y MARCOS.

Marcos

(Que desde fuera levanta la cortina de la reja y se asoma.) Leo...

Leonor

(Asustada, se cubre con el mantelillo.) ¡Ay, hombre, por Dios, no mires... tapa!

(Marcos suelta la cortina.)

Antonio

Oye, Marquitos, se pide permiso.

Marcos

¡Pero si no he entrao!

Antonio

Tú, no; pero ¿y los ojos?...

Marcos

(Vuelve a mirar.) ¡Hombre, las niñas no pecan!

Leonor

¡Que tapes he dicho!

Marcos

Bueno; se puede...

Antonio

¿No has visto que no?

Marcos

Digo que se puede secar y avisarme luego, que no me corre ninguna prisa.

Leonor

¿Pues qué querías?

Marcos

Quería que viese tu padre cómo ha puesto El Sol al señor La Cierva.

Antonio

¿Moreno?

Marcos

Verde. Ya le guardaré a usté el número, don Antonio, que viene bueno.

Antonio

Muchas gracias, hijo.

Leonor

(Se sienta a coser.) Ya puedes asomarte.

Marcos

(Se asoma.) Ya lo había visto por una auje..., digo, por un cálculo que había hecho. ¡Buenos días, (Muy sonriente.) doña Leonor!

Leonor

¿Qué, te vas al taller?

Marcos

No, porque hoy no trabajamos, pa celebrar el éxito de la última huelga. ¡Creo que después de una lucha de tres meses sin trabajar, ya podemos descansar un día!

Antonio

Es de razón... ¿Y qué, la habéis ganao?

Marcos

¡Ya lo creo! Luego le leeré a usté las bases del arreglo con la Patronal. Hemos encontrao una base pa no hacer nada los sábados por la tarde y cobrar dos reales más.

Antonio

Pues no perderla, que es una ganga.

Marcos

Oye, Leo: como veo que ahora estás ocupada, me voy ahí en caa el señor Evaristo, que estamos haciendo un retrato de Lenín con algodón perlé. Cuando acabes, avísame.

Leonor

Bueno, ya te avisaré.

Marcos

Don Antonio, hasta luego, y ¡viva el soviet!

(Vase.)

ESCENA III

LEONOR y DON ANTONIO.

Antonio

¡Adiós, terrorista!... ¡Pobre Marquitos, qué bueno es! Es en lo único que has tenido suerte, hija, en el novio. Eso es como un pedazo de pan: ¡lo muerdes y encima te alimenta!

Leonor

No, y físicamente tampoco es despreciable, no creas, papá.

Antonio

Mujer, tanto como eso... (Gesto de duda.) porque como guapo, la verdad... (Se levanta, coge papel, tintero y pluma.)

Leonor

¿Qué tienes que decir de sus ojos?

Antonio

Que son chiquitos como aceitunas... y tiene dos niñas, como dos perdigones.

Leonor

Hombre, no te diré yo que sean unas niñas como para llevarlas con «mamuasel», pero como expresivas...

Antonio

No, si para mí, con que sea bueno y te quiera, ya tiene la mayor hermosura. (Se sienta a escribir.)

Leonor

¿Qué vas a escribir, papá?

Antonio

Pues voy a redactarte el recibito para la señora Calixta. Así, al entregarle el traje, le entregas la cuenta, y siempre es menos violento que pedirle el dinero de viva voz.

Leonor

Y además comprenderá la prisa. ¡Porque si no nos pagara!... ¡Otro día sin nada, Virgen santa!

Antonio

Calla, hijita, no vaticines. No querrá Dios. Verás. (Escribiendo.) He recibido de doña Calixta Cacho... ¿Cómo se llama el marido?

Leonor

Ceneque... (Se levanta, dobla el trajecito y lo envuelve en un pañuelo.)

Antonio

De doña Calixta Cacho de Ceneque, la cantidad de seis pesetas cincuenta céntimos... He añadido estos cincuenta céntimos por si me quieres traer unos pitillitos; así no te soy gravoso... Se lo cargo a Ceneque.

Leonor

Ya lo creo, papaíto; bien hecho.

Antonio

Seis pesetas cincuenta céntimos por la confección de un trajecito marinero, modelo primera comunión, para su señor hijo Anicetín, hecho en piqué, con cuello y bocamangas merino, anclas a realce. Madrid, a tantos de tantos... Leonor Jiménez, especialidad en primeras comuniones para niños y niñas de ambos sexos.

Leonor

Si pones de ambos sexos, sobran las niñas.

Antonio

Es verdad. Para niños de ambos sexos. Ahí va el recibo. (Se lo da.)

Leonor

Y el traje ya está bien envueltecito. ¡Ahora a entregarlo! ¡Tengo un temblor! ¿Me habrá salido bien, papá?

Antonio

¡Ya lo creo, hija!... Ya verás. Dios es bueno.

Leonor

Dios, sí; pero como el patrón era para un niño mayorcito, si no he calculado bien las medidas, pues... ¡En fin, sea lo que Dios quiera!

(Vase.)

Antonio

¡Ánimo, hija mía, ánimo!... (Cierra la puerta.)

ESCENA IV

DON ANTONIO, solo.

Antonio

¡Bueno, se me parte el alma... porque eso es un ángel!... ¡No cenó anoche, no ha desayunado... pues ni una lágrima, ni una queja!... Sin abrigo, sin alimento, y a los dieciséis años, ¡y tan espigadita como está!... Creciendo, delicada... y a pesar de esto, la pobre hija, por no verme sufrir, por ayudarme a sobrellevar estas miserias, se lanza a todo. Ella costurera, ella modista, ella planchadora, ella peinadora. Y es natural, como la criatura no tiene nociones de nada.... y todo lo hace por afición... por afición a comer, ¡claro!... ¡Pues da cada tropiezo el ángel!... Ayer se empeñó en ondularle el pelo a la señora Cipriana, la del fumista, que iba a una boda. La empezó a ondular, y ¡bueno!... ¡qué cabeza la puso!... Aquello no era ondulación, aquello era un oleaje encrespado. La achicharró las patillas, la tostó los abuelos; unos pelos los tenía quemados, otros de punta... ¡Un desastre! Había que oír a la pobre mujer, con una cabeza como la de Medusa y el añadido en la mano, gritando amargamente... «¡Ay, mi mata!... ¡Ay, en cuanto me vea mi marido!... ¡Mi mata, Dios mío!... ¡Mi mata!...» Yo me eché a sus pies para aplacarla y de poco me mata de un puñetazo... Estaba furiosa... ¡Claro, la pobre había perdido la cabeza, pero para una temporada!... (Llaman fuertemente a la puerta.) ¡Santo Dios, qué llamada más recia!... Me suena al animal del portero. Sí, él debe ser, porque hoy estamos a nueve, y yo le dije que viniese el nueve. Claro que le dije el nueve como le hubiera podido decir el cuatro mil setecientos noventa y cinco... porque lo que es pagarle... Y con lo bruto que es, ¡Dios mío!, se va a poner hecho una fiera... ¡Le tiemblo a este salvaje!... Me alegro que no esté la niña. (Vuelven a llamar más fuerte.) Voy, voy...

ESCENA V

DON ANTONIO y SEÑOR TÁRSILO, del foro.

Társilo

(Hombre soez y ordinario, habla ásperamente.) ¿S’había usté dormido?

Antonio

(Exagerando la afabilidad.) No, señor, señor Társilo, no me había dormido, era que...

Társilo

Pues me paece que llamo pa que me oigan.

Antonio

Sí, efectivamente, son llamadas de colegio de sordomudos. Pero siéntese usté, señor Társilo.

Társilo

¿Pa qué?... Pa que me ensucie como la otra tarde, que me senté en una silla y aplasté un garbanzo...

Antonio

¡¡Un garbanzo!!...

Társilo

¡Un garbanzo!

Antonio

(Como recordando.) ¡Ah!, hará unos ocho días, sí; pues crea usted que es que no lo vimos, porque si no, no se extravía. Aquí los garbanzos, como no se metan bajo tierra, perecen.

Társilo

(Tratando de sonreír.) ¡Bajo tierra!... ¡Amos, que tie usté un humor!... ¡Estar en plena miseria y toavía con gana de chirigotas!... ¡Es frescura!

Antonio

No es frescura, señor Társilo; pero si no tomase las penalidades de la vida con cierta resignación, pues ya me había muerto.

Társilo

¡Pa lo que iba usté a perder!

Antonio

Hombre, iba a perder el mayor bien de la tierra, porque tengo una hija.

Társilo

Y yo tengo dos. Pues por eso hay que mirar por ellas y no estarse mano sobre mano, que los panecillos no caen de la atmósfera, don Antonio.

Antonio

Ya, ya; pero muchas veces de nada sirve la voluntad de los hombres...

Társilo

Bueno, bueno... Después de too, me estoy metiendo en camisa de ocho metros veinticinco, que vienen a ser las once varas, aproximadamente. Conque a lo que vengo.

Antonio

Dígame.

Társilo

Pues usté s’acordará que me dijo el día primero que me pasara por aquí a hacer efectivos los cuatro recibos que me se adeudan, hoy nueve del que corre.

Antonio

(Aparte, angustiado.) (Del que quisiera correr.)

Társilo

(Que ha empezado a hojear un paquete de recibos que lleva.) De forma que aquí los tie usté... (Se moja el dedo, aparta cuatro y los presenta.)

Antonio

Uno, dos, tres, cuatro... exactamente, señor Társilo; cuatro recibos... Ahora bien, es decir, ahora mal... o mejor dicho, el caso es, señor Társilo, que en este momento, y comoquiera que no he podido hacer efectivas ciertas cantidades que yo esperaba, me es imposible... (El señor Társilo da un terrible puñetazo sobre la mesa ) ¡Mi madre!... (Asustado, suelta los recibos encima de la mesa y los vuelve a recoger el portero.)