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COMPENDIO
DE LA
HISTORIA GENERAL
DE
AMÉRICA

POR

CARLOS NAVARRO Y LAMARCA

Doctor en Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y en Ciencias Históricas de la Universidad Central de Madrid.

PRÓLOGO DE

D. EDUARDO DE HINOJOSA

Catedrático de Historia Americana en la Universidad Central de Madrid.

ANGEL ESTRADA Y COMP.ª
EDITORES
BOLÍVAR, 470, BUENOS AIRES
1910


A la República Argentina
en el Centenario de su Independencia

1810≈1910


MAPAMUNDI DE JUAN DE LA COSA.

PRÓLOGO

El presente libro es fruto sazonado de una consagración perseverante de muchos años al estudio de la historia de América. El Dr. D. Carlos Navarro Lamarca tuvo á su cargo muy joven aún la enseñanza de esta materia en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y escribió por entonces un estimable compendio de ella. Desde entonces ha continuado dedicando á este estudio intensa y fecunda labor, bien reflejada en el tomo I de su nueva obra de historia de América, que ahora ve la luz pública. Revélase en ella gran conocimiento de las fuentes literarias y de las monumentales y dominio de la inmensa bibliografía antigua y moderna relativa al asunto. Con diligencia laudabilísima, ha procurado y conseguido el autor allegar los copiosísimos materiales dispersos en monografías, revistas y publicaciones de Sociedades científicas. La obra es fruto de inmensas lecturas.

El Sr. Navarro Lamarca ha llevado á término felizmente una revisión concienzuda y amplia de las investigaciones relativas á la América precolombiana, mediante el estudio detenido de las fuentes y de los trabajos modernos, procurando contrastar éstos con aquéllas y utilizando en ocasiones fuentes inéditas antes no aprovechadas. En esta difícil tarea da muestra de una competencia y un discernimiento dignos de toda alabanza.

Manifiéstase el concepto amplio y orgánico que tiene de la historia en la atención que consagra á los diversos períodos y aspectos de la vida del pueblo y á mostrar su recíproca influencia. La prehistoria y la etnografía, el estado social y político, la cultura religiosa, moral é intelectual, la vida material, las costumbres, son tratados con gran riqueza de detalles. El espíritu sereno é imparcial del autor se revela en el retrato que hace del hombre americano, repartiendo equitativamente en el cuadro la luz y la sombra.

Los escritores que primeramente describieron las instituciones y las costumbres de los pueblos americanos, no procedieron generalmente con el rigor de método que ahora prevalece en los estudios de etnografía, psicología y mitología comparadas. Por esto hay que someter á detenido examen los datos que proporcionan, si han de ser utilizados convenientemente. Es indudable que hay ciertas instituciones peculiares de un determinado grado de cultura, y que, dado éste, aparecen bajo una ú otra forma en todos los pueblos. De aquí el interés de la historia comparada de las instituciones, así para ilustrar y completar la propia de cada pueblo ó grupo de pueblos, como para enseñar lo que ofrecen de idéntico, análogo ó característico las de los varios países. Una de las excelencias de la presente obra es el uso frecuente y discreto que se hace en ella del método comparativo en aquellas partes donde, como en la prehistoria y la sociología, tiene más adecuada y fecunda aplicación. Guárdase bien el autor del afán de generalizar excesivamente en que suele incurrirse al tratar estas materias, suponiendo vigentes entre todas ó las más de las agrupaciones humanas del continente americano las creencias, instituciones y costumbres, vigentes solo, según el testimonio de las fuentes, en alguna ó algunas de ellas.

El mismo criterio imparcial y seguro que en esta primera parte, resplandece en la relativa á la historia del descubrimiento.

No obstante reservar para el tomo segundo la reseña de la conquista y de la colonización, el autor empieza á tratar ya en el primero, como inseparable de la historia de los primeros descubrimientos, de la conducta de los españoles para con los indígenas, punto el más discutido de la historia de nuestra dominación en América. Expone y juzga imparcialmente los hechos y nota la reacción favorable á la política colonial de España que se ha verificado en los últimos tiempos, principalmente por obra de escritores norteamericanos, en especial de Lea (1898) y de Bourke (1904), como resultado de un estudio más atento, completo y desinteresado de los documentos coetáneos.

La estructura de la obra, la proporción entre sus varias partes, el orden en la distribución de las materias, el arte para distinguir lo principal de lo secundario, lo general de lo particular y la claridad y propiedad del estilo merecen los mayores elogios. El cuestionario que hay al final de cada capítulo y las "referencias", bajo cuyo epígrafe se comprenden las indicaciones de las fuentes y de los trabajos modernos, acrecientan notablemente la utilidad pedagógica y científica de la obra.

No ha perdonado el autor medio ni diligencia alguno para prepararse al mejor desempeño de la ardua tarea que se había propuesto. Ha recorrido los lugares que describe, conoce maravillosamente la geografía americana y ha visitado los monumentos que se conservan en el continente americano y en los Museos de Europa. Así, ha procedido con el mayor acierto en la elección de las ilustraciones, complemento tan necesario de las obras de esta índole.

De desear es que el Sr. Navarro Lamarca lleve en breve á feliz término con el mismo espíritu y método el segundo tomo de su obra, llamada á prestar inapreciables servicios.

Eduardo de Hinojosa.


ÍNDICE

Páginas.
[Prólogo de D. Eduardo de Hinojosa]V
[A los Maestros]XIII
[Capítulo Preliminar]XIX
TÍTULO PRIMERO
ANTIGÜEDAD DEL HOMBRE EN AMÉRICA
[CAPÍTULO PRIMERO.]El hombre cuaternario ópaleolítico. 1.—Lo Prehistórico. 2.—Materiales parasu estudio. 3.—Las edades geológicas. 4.—Los períodosglaciales. 5.—La Ley de Asociación. 6.—Los criteriosarqueológicos. 7.—Útiles paleolíticos en América. 8.—Elhombre cuaternario en América del Sur. 9.—En Américadel Norte. 10.—Insuficiencia cronológica de estasinvestigaciones.1
[CAPÍTULO II.]El hombre neolítico. 1.—Culturasneolíticas. 2.—"Kiokkenmodingos", "Sambaquis" y"Paraderos". 3.—Las Cavernas. 4.—Los "Mounds" ó"Montículos". 5.—Recintos y Talleres. 6.—Útilesy adornos. 7.—Antigüedad de los "Mound-builders".8.—Los "Cliff-dwellers". 9.—Los "Cave-dwellers".10.—"Los Pueblos". 11.—Antigüedad de estas Ruinas.12.—Conclusiones generales.25
TÍTULO II
EL HOMBRE AMERICANO
[CAPÍTULO PRIMERO.]Orígenes y caracteres étnicos.1.—Origen de los Americanos. 2.—Evolución cultural.3.—Inmigraciones primitivas. 4.—Caracteres físicos.5.—Caracteres Psicológicos. 6.—Grado de cultura.7.—Caracteres Lingüísticos: el lenguaje de gestos.8.—Estructura de las lenguas Americanas. 9.—Sugran número. 10.—Objetos mnemónicos: "Wampum".11.—Pictografías.49
[CAPÍTULO II.]Caracteres sociológicos. 1.—ElMatrimonio. 2.—Matriarcado. 3.—Poligamia y Matrimonio.Monogamia. 4.—Condición de la mujer. 5.—Educaciónde los hijos. 6.—Las costumbres mortuorias.7.—Organización política. El "clan" y la "gens".8.—Totemismo. 9.—La "fratria" y la tribu. 10.—Consejotribal. 11.—Jefes tribales. 12.—La Confederación.13.—Organización económica. La propiedad. 14.—LosGobiernos despóticos. 15.—Relaciones inter-tribales.El Comercio. 16.—La guerra. 17.—Armas ofensivas ydefensivas.81
[CAPÍTULO III.]La vida material. 1.—Alimentación.2.—Canibalismo. 3.—El fuego y sus usos. 4.—Preparaciónde los alimentos. 5.—Alfarerías. 6.—Bebidas yestimulantes. 7.—Habitación. Los tipos primitivos.8.—Las viviendas comunales. 9.—Aldeas y su número.10.—Adorno personal. 11.—Vestido. 12.—Industriastextiles. 13.—La caza y la pesca. 14.—Horticultura.15.—Medios de transporte.111
[CAPÍTULO IV.]La vida psíquica. 1.—Juegos y deportes.2.—Espectáculos. 3.—La danza. 4.—Música y cantos.5.—Pintura y escultura. 6.—Metalurgia 7.—Nocionescientíficas 8.—La religión indígena: Sus elementos.9.—Las creencias: El Animismo. 10.—Los sueños. 11.—Lavida futura: Manismo. 12.—Los Dioses supremos.141
[CAPÍTULO V.]La vida psíquica (continuación). 1.—Laexpresión religiosa en la palabra. 2.—La Mitología.3.—La expresión religiosa en el objeto. 4.—Astrolatría.5.—Los elementos 6.—Arboles y plantas. 7.—El culto dela piedra. 8.—Zoolatría. 9.—Fetiches. 10.—El Ritual.11.—Los sacrificios. 12.—Lugares de culto. 13.—Lamagia y sus efectos. 14.—Sacerdotes y hechiceros.15.—La Medicina. 16.—Religión y cultura.173
[CAPÍTULO VI.]Tribus de la América del Norte.1.—Clasificaciones. 2.—Los esquimales. 3.—LosAthapascos. 4.—Algonquinos. 5.—Iroqueses. 6.—Muskokis.7.—Natchez. 8.—Dakotas ó Sioux. 9.—Tlinkits, Haidahs yYumas. 10.—Las tribus de la Región de los Pueblos.207
[CAPÍTULO VII.]Tribus de Méjico y América Central.1.—La familia Uto-Azteca. 2.—Shoshoneanos. 3.—Sonoras.4.—La Confederación Azteca. 5.—La guerra. 6.—Tributosy modo de recolectarlos. 7.—El derecho á las tierrasy su distribución. 8.—Gobierno y organizaciónsocial. 9.—La esclavitud. 10.—La familia. 11.—Losmercados. 12.—Tribus de Michoacan, Nicaragua, etc.13.—Los Mayas. 14.—Los calendarios. 15.—Agricultura.16.—Artes mecánicas. 17.—Pintura y escultura. 18.—Laescritura simbólica. 19.—La Arquitectura. 20.—Religióny Magia. 21.—El Sacerdocio y su influencia.—22.22.—Conclusiones generales.240
[CAPÍTULO VIII.]Tribus de la América del Sur (Divisióndel Atlántico). 1.—Observaciones generales. 2.—Laregión Amazónica. 3.—La familia Tupi-Guarani. 4.—LosTapuyas. 5.—Arawaks. 6.—Caribes ó Karinas. 7.—Lastribus del alto Orinoco y alto Amazonas. 8.—Las de lasmesetas Bolivianas. 9.—La región Pampeana. 10.—Lastribus del Gran Chaco. 11.—Pampeanos y Araucanos.12.—Patagones y Fueguinos. 13.—Los Calchaquies.283
[CAPÍTULO IX.]Tribus de la América del Sur (Seccióndel Pacífico). 1.—La región Colombiana. 2.—Tribusdel Itsmo y costas adyacentes. 3.—Los Chibchas.4.—Tribus Sudcolombianas y Ecuatorianas. 5.—La regiónPeruana. 6.—Principales tribus. 7.—Los Quechuas.8.—Culturas Pre-Incásicas. 9.—El Imperio de losIncas. 10.—La Religión Incásica. 11.—El Sacerdocioy el culto. 12.—Los Amautas. 13.—El GobiernoIncásico. 14.—Organización social. 15.—Reparticiónde los productos. 16.—Reglamentación del trabajo.17.—Arquitectura. 18.—Agricultura y ganadería.19.—Medios de comunicación. 20.—Colonias yguarniciones. 21.—Artes mecánicas. 22.—Consideracionesgenerales.313
SEGUNDA ÉPOCA
TÍTULO PRIMERO
ANTECEDENTES DEL DESCUBRIMIENTO
[CAPÍTULO PRIMERO.]Exploraciones Pre-Colombianas.1.—Viajes dudosos. 2.—Islandia y sus Vikingos. 3.—LasSagas. 4.—Vinlandia. 5.—Importancia de estos viajes.6.—El Este y el Oeste. 7.—Las rutas medioevales.8.—Los Turcos Otomanos. 9.—La Geografía Medioeval.10.—Viajes italianos. 11.—Los Portolanos. 12.—Labrújula y el Astrolabio.—13 Enrique el Navegante.14.—El Cabo Bojador. 15.—El Cabo de Buena Esperanza.16.—Resultados de estos viajes.363
[CAPÍTULO II.]España en el siglo XV. 1.—Los ReyesCatólicos. 2.—Pacificación del Reino. 3.—La SantaHermandad. 4.—Los Consejos. 5.—Los Corregidores.6.—Medidas financieras. 7.—Las Órdenes Militares.8.—La Guerra de Granada. 9.—Judaizantes y Conversos.10.—La Inquisición. 11.—Expulsión de los Judíos.12.—Mudéjares y moriscos. 13.—Conclusiones generales.391
TÍTULO II
EL DESCUBRIMIENTO
[CAPÍTULO I.]Cristóbal Colón (1446-1494). 1.—Juventuddel descubridor de América. 2.—Lecturas. 3.—Portugal.4.—Colón y Toscanelli. 5.—Don Juan II. 6.—Colón enEspaña. 7.—Juntas de Córdoba y Salamanca. 8.—LasCapitulaciones. 9.—Preparativos. 10.—El Primer viaje.11.—Exploraciones. 12.—Regreso á España. 13.—La Bulade Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.411
[CAPÍTULO II.]Cristóbal Colón (1493-1500). 1.—ElSegundo viaje. 2.—La Isabela. 3.—El Memorial á losReyes. 4.—Disturbios en la Colonia. 5.—Exploraciones.6.—Bartolomé Colón. 7.—Guerra contra los indígenas.8.—Juan de Aguado. 9.—El tercer viaje. 10.—Sublevaciónde Roldán. 11.—Colón y Bobadilla. 12.—Actitud de losReyes Católicos. 13.—Viajes de los Cabots. 14.—Viajesde los Corte Real.425
[CAPÍTULO III.]La línea de la Costa (1499-1508).1.—Alonso de Ojeda. 2.—Viajes de Alonso Niño y VicenteYáñez Pinzón. 3.—Viajes de Lepe y de Bastidas. Segundoviaje de Ojeda. 4.—Vasco de Gama. 5.—Pedro AlvarezCabral. 6.—El cuarto viaje de Colón. 7.—Santo Domingo.8.—El Continente. 9.—Jamaica. 10.—Últimos años deColón y su muerte. 11.—Américo Vespucio. 12.—Susviajes. 13.—Sus escritos. 14.—El nombre de América.447
[CAPÍTULO IV.]El primer centro de colonización española.Fray Bartolomé de Las Casas (1495-1522). 1.—Ovando enLa Española. 2.—Los repartimientos y las encomiendas.3.—Rápida disminución de los indios. 4.—Descubrimientosy nuevas poblaciones. 5.—D. Diego de Colón. 6.—LasPrédicas de Montesinos. 7.—Fray Bartolomé de Las Casas.8.—Las Casas y el Cardenal Cisneros. 9.—Los negrosAfricanos. 10.—La colonia de Tierra Firme. 11.—LaConquista de Cuba. 12.—Ponce de León y el descubrimientode La Florida.—13 Lucas Vázquez de Aillón.14.—Expediciones de Hernández de Córdoba y Grijalva.472
[CAPÍTULO V.]En demanda del Estrecho (1508-1522).1.—Concesión á Ojeda y Nicuesa. 2.—Último viaje deOjeda. 3.—Expedición desgraciada de Nicuesa. 4.—Encisoy Vasco Núñez de Balboa. 5.—Alianzas de Balboa conlos Indios. 6.—El descubrimiento del Mar del Sur.7.—Pedrarias Dávila. 8.—Expediciones en el Itsmo.9.—Ejecución de Vasco Núñez de Balboa. 10.—Juan Díazde Solís y el descubrimiento del Río de la Plata.11.—Hernando de Magallanes. 12.—Su viaje y su muerte.13.—Sebastián del Cano. 14.—Conclusiones generales.499

A LOS MAESTROS

Los adelantos modernos en el campo de la investigación histórica Americana y sus disciplinas auxiliares, las exigencias de la metodología y la crítica y las nuevas y sabias orientaciones pedagógicas que los trabajos de Channing Hart, Barnes, Macé, Langlois, Bernhein, Seignobos, Hinojosa, etc., señalan á todo aquel que quiera cultivar con fruto el estudio del pasado de los pueblos, me han determinado á escribir un nuevo Compendio de la Historia General del Continente Americano, que adaptándose á las necesidades de la Educación Argentina, sintetice en forma clara y científica los resultados y conclusiones á que, después de pacientísimos trabajos de crítica externa é interna, han llegado los etnólogos é historiadores que al Estudio del Continente Americano han dedicado sus valiosos esfuerzos.

Los manuales de Historia Americana hoy existentes, son anticuados en sus afirmaciones y métodos; adolecen de gravísimos errores de concepto, ó de aquella perniciosa enfermedad de la inexactitud, convertida por el caso típico del célebre historiador Frowde en interesante entidad nosológica. No pueden menos, pues, tales libros que extraviar el juicio de la juventud Americana sobre muchos é importantes sucesos, á más de recargar inútilmente sus inteligencias con detalles múltiples y de poco interés educativo, que mortifican al estudiante, sacrificando las más de las veces sus facultades críticas para recargar su memoria inútil y fatigosamente.

La generosidad y patriótico entusiasmo del Sr. D. Tomás de Estrada, jefe de la Casa Editora de este libro, me ha permitido confeccionarlo en forma que compita ventajosamente con los usados en la actualidad en las principales Universidades y Colegios Norte Americanos y Europeos, tanto en lo que se refiere al texto y metodología, como en lo referente á su factura material, á sus copiosas ilustraciones en negro, á sus láminas y mapas á tres ó más tintas, y á su cartografía histórica.

Antiguo catedrático de esta materia en el Colegio Nacional de la Capital de la República, he dedicado largos años de incesantes estudios en las Universidades y Bibliotecas Europeas, á la investigación de los problemas históricos Americanos, para poder ofrecer á mis dignos compañeros de cátedra algo digno de ellos y de sus constantes esfuerzos por el progreso y engrandecimiento Argentinos.

Siguiendo instrucciones expresas de mis Editores, he procurado recoger en los Archivos Españoles y en la colosal Biblioteca del Museo Británico, todas las noticias y documentos referentes á América, que he considerado útiles para el conocimiento cierto de su historia.

Ansioso de evitar las relaciones de tercera ó cuarta mano, siempre que la considerable extensión de mi campo histórico me lo ha permitido, he acudido á las fuentes primarias ó secundarias, al documento mismo, ó á aquellos libros consagrados por la sana crítica histórica como fundamentales y fidedignos en las materias de que tratan, por ser á veces más conveniente referirse á ellos que á las fuentes mismas que examinaron.

Los estudios de Bandelier, por ejemplo, sobre la Confederación Azteca, que me han servido de guía para confeccionar el capítulo á ellas referente, son una fuente secundaria, pero es indudable que aunque hubiera consagrado mi vida entera á ese solo punto de la Historia Americana estudiando las fuentes primarias, no hubiera podido conseguir hacer nada mejor ni más perfecto.

Como no existe, ó al menos no conozco, un libro español ó extranjero en que estén seleccionadas las fuentes principales (primarias ó secundarias, especiales ó generales) de las cuatro épocas de la Historia General de América, he querido hacer en este libro una tentativa de Bibliografía General Americana, documentado ampliamente en las notas las afirmaciones del texto, poniendo una lista de referencias al fin de cada capítulo, y procurando ahorrar al Maestro y aun al erudito, el minucioso trabajo de selección de fuentes, necesario para dilucidar los variadísimos problemas de la Historia de América.

El justo criterio pedagógico de los Maestros Argentinos, elegirá entre las obras que en mis Bibliografías selecciono, las que más convenientes crean para sus futuras Monografías y para desarrollar el espíritu investigador de los alumnos. De la cantidad de lectura y trabajo crítico que estas Bibliografías representan, serán jueces los Maestros mismos. Ellos saben como yo, que no es posible hoy escribir un texto de Historia sin indicar en él sus referencias Bibliográficas, y que todo libro que no las tenga, no pasará nunca de ser un manual de cuarta ó quinta mano, peligroso ó inservible.

La Moderna Metodología Histórica exige narraciones depuradas y comprobables en las fuentes. Los alumnos de los Colegios Americanos no pueden, pues, limitarse á memorizar lo que otros escribieron sobre su historia: deben acostumbrarse á investigar con paciencia y á juzgar por sí mismos sobre la veracidad de los hechos sometidos á su estudio.

Fiel á este criterio pedagógico, he puesto en los capítulos de mi libro, además de títulos é indicaciones marginales, sencillos cuestionarios que, sin los graves inconvenientes de los resúmenes abreviados, facilitan la tarea del estudiante y sus Maestros. Las preguntas de dichos cuestionarios, formuladas neta y claramente, tienen por principal objeto desarrollar el espíritu crítico de los alumnos, que al contestarlas, podrán sintetizar sin esfuerzo las explicaciones y doctrinas de la cátedra.

Aprovechando, principalmente, los admirables trabajos de los sabios investigadores y arqueólogos de la Oficina Etnológica de Washington, sobre la vida, lenguas y costumbres de las razas primitivas del Norte de América, los no menos importantes de los historiadores, filólogos y arqueólogos Sudamericanos y Europeos, y las conclusiones de los más recientes Congresos Científicos, he consagrado varios capítulos de mi Compendio al estudio de la vida física, psicológica, etc., de los aborígenes americanos, procurando desvanecer antiguos errores y leyendas sin fundamento serio y científico, aclarar cuestiones obscuras y fijar á la luz de los descubrimientos modernos los caracteres esenciales de las agrupaciones indígenas que poblaron el Continente Americano.

El conocimiento sistemático de la vida aborigen es parte, á mi entender, importantísima de la Historia Americana y fuente de fructíferas enseñanzas. Dedicar á la Raza Indígena cuatro vaguedades superficiales, como hasta ahora se ha hecho en los textos de Historia Americana, dejar de estudiarla con la extensión necesaria, es tronchar la Historia del Continente, es escribir una tragedia prescindiendo de sus personajes principales, es borrar de un golpe, y sin razón alguna, páginas evolutivas de interés palpitante y hondo.

Hay en la primitiva Raza Americana, en sus luchas, en su vida física y moral y en su triste fenecimiento, lecciones intensamente trágicas, interesantísimos esfuerzos sociológicos y profundas enseñanzas éticas. Sin conocerlas á fondo, mal puede el alumno estudiar con provecho y orden crítico la luctuosa epopeya de la Conquista y la Colonización Europeas.

La necesaria extensión de mi Compendio, la abundancia de sus grabados, mapas, etc., y el espacio que las notas, bibliografías y referencias requieren, me fuerzan á dividirlo en dos tomos. Dedico el primero al Estudio de la Raza Indígena y al del Descubrimiento, y el segundo (ya en prensa) al de las épocas de la Conquista, Colonización é Independencia.

Al estudiar estas últimas épocas de la Historia Americana, he procurado huir de minucias y detalles narrativos impropios de un libro elemental, limitándome en lo posible y sin detrimento de la claridad, á determinar los rumbos que siguieron los conquistadores y misioneros, á estudiar los motivos principales que impulsaron sus empresas, el carácter peculiar de las instituciones Europeas que informaron las nacientes Colonias, la vida social y política de los Virreinatos y demás organismos coloniales y las causas internas y externas que produjeron su independencia de las respectivas Metrópolis.

Los abnegados y patrióticos esfuerzos de los Americanos para conseguir su vida independiente, las augustas figuras de sus Libertadores y Estadistas, las admirables campañas de sus Generales y las sabias disposiciones de sus Asambleas Libres tienen naturalmente lugar preferentísimo en mi Compendio, cuyo primordial objeto pedagógico es y debe ser el avivar en la juventud Americana el fuego sagrado del patriotismo.

Las evidentes dificultades científicas y materiales de la confección de una obra de esta índole, el tiempo indispensable para coleccionar y reproducir con justedad sus numerosas ilustraciones gráficas, me han obligado, muy á mi pesar, á demorar su publicación más de lo que hubiera deseado. Los Maestros sabrán disculparme.

Ellos, mejor que nadie, al recorrer las páginas de mi libro, se darán cuenta exacta de la cantidad de trabajo intelectual y material que representan.

He aquí mi obra. En ella he puesto todo lo que soy y todo lo que valgo, todo el fruto de mis meditaciones y lecturas históricas, todos los resultados de mis investigaciones críticas. Confieso que al lanzarla á la publicidad siento como si me desprendiera de algo que forma parte de mi alma, de mi ser íntimo. Ha sido para mí durante años sereno refugio de dolores, asilo de entusiasmos y añoranzas.

Héla aquí ...

Pobre ó rica, útil ó inútil, la ofrezco como es á los Maestros Argentinos.

Si de otra cosa no sirve, les recordará al menos que, á pesar del tiempo y la distancia, estoy siempre con ellos y conservo vivo en mi espíritu el amor á la brillante juventud Argentina, que con sus ejemplos supieron inculcarme.

Carlos Navarro Lamarca.

Madrid, Diciembre 1.º 1910.


CAPÍTULO PRELIMINAR.

CAPÍTULO PRELIMINAR
LA HISTORIA GENERAL DE AMÉRICA

1.—Definición. 2.—Extensión y Objetos. 3.—Divisiones. 4.—Las Fuentes 5.—Archivos y Museos.—6 Colecciones de documentos. 7.—Las Autoridades. 8.—Bibliotecas y Bibliografías. 9.—Mapas y estudios fisiográficos. 10.—Metodología.

Definiciones.

1.—Entendemos por Historia General de América, la relación coordenada y auténtica, de la acción progresiva de las Sociedades Americanas á través del tiempo. El arqueólogo que estudia los templos Aztecas ó las Alfarerías Incásicas; el filólogo que desentraña las analogías lingüísticas de las tribus del Sur ó del Norte; el fisiógrafo que determina las influencias del medio ambiente en la formación de las agrupaciones indígenas; el sociólogo que describe las organizaciones coloniales y el paleógrafo que descifra documentos obscuros, manejan hechos históricos, pero no hacen historia. No basta, por ejemplo, saber qué espíritus veneraron los Iroqueses, cómo estaba organizada su Confederación, qué comieron, cómo se vistieron y qué lengua hablaron; necesitamos saber, además, lo que hicieron, la historia de sus trabajos, de sus luchas, de sus heroísmos, de sus crueldades, de su aniquilamiento, de sus acciones, en fin, y de la continuidad de sus efectos y sus causas. La Arqueología, la Filología, la Ciencia política y demás auxiliares de la Historia, dejan de lado aquellos acontecimientos que importan acción, esa cualidad peculiarísima del hombre que usa el lenguaje, el arte, el gobierno, las creencias, etc., como instrumentos para edificar organismos sociales, para darles carácter y sello propio, para producir sus cambios continuos y decidir su progreso ó decadencia[1].

Los especialistas proporcionan los materiales, la piedra, el hierro, la madera para construir el edificio. El historiador lo construye, recoge los estudios de Filología Americana, de Arte Americano, de Etnología, etc.; los reúne en un todo artístico proporcionado y continuo, les da unidad y vida, y hace, en una palabra, Historia de América.

Extensión y objeto.

2.—La Historia, no puede confundirse con la Sociología. Estudia esta última la sociedad en general, su evolución y desarrollo, y el verdadero objeto de la Historia, es el estudio de la unidad social, del desenvolvimiento progresivo de la personalidad de un pueblo, raza ó conjunto de pueblos que se desarrollan por el medio y la acción, hasta perecer, ó constituir agrupaciones sociales definidas y resistentes.

Tampoco puede limitarse el estudio de la Historia General de América, á la del Continente Norte Americano, como han querido algunos historiadores. Sud América tiene en la historia de la civilización humana tanta ó más importancia que Norte América, y la Raza Latina que puebla el Continente Sur, nada tiene que envidiar á la Sajona, que en general ocupa el Continente Norte. Las agrupaciones indígenas más cultas y definidas, se formaron por otra parte en la América del Sur. Prescindir del Continente Sud Americano al estudiar la Historia General de América y llamar así á la Historia Particular de los Estados Unidos, es tan ridículo como estudiar, por ejemplo, la Historia de la llamada Edad Antigua, prescindiendo de Roma ó de Grecia[2].

Consideraremos, pues, la Historia de América, en general, estudiando la formación progresiva de las unidades sociales de sus dos Continentes, procurando relacionarlas entre sí y comparar en forma sintética las notas características de su respectivo desarrollo.

Divisiones.

3.—Para sistematizar en lo posible nuestro estudio, y sin pretensión alguna dogmática, podemos dividir la Historia General de América en cinco grandes Épocas.

1.ª América Indígena.—Abraza la Pre-historia y la historia de la Raza Americana Primitiva hasta el Descubrimiento Colombino.

2.ª Descubrimiento.—Abraza desde el primer viaje al Continente Americano de Cristóbal Colón, hasta la vuelta á España de Sebastián del Cano, después de su viaje de Circunnavegación (1492-1518).

3.ª Conquista.—Estudia el conflicto de la Raza Indígena con los Europeos, hasta su dominación por éstos y formación definitiva de las diversas Colonias.

4.ª América Colonial.—Estudia el desarrollo cultural y político de tales Colonias hasta los primeros síntomas de su Independencia.

5.ª La Independencia.—Comprende desde estos síntomas de Independencia hasta la formación de las diversas Nacionalidades Americanas[3].

Las Fuentes.

4.—Los materiales originales que sirven á los historiadores para construir sus relaciones, se llaman fuentes. Corresponden á los fósiles en geología, á los casos en los estudios legales, á las palabras en filología, etc., etc. Son restos del pasado, de donde se deriva el conocimiento del mismo. Consisten en la masa de tradiciones, manuscritos, impresos, monumentos, restos, útiles, instituciones, literaturas, etc., en las que una generación, pueblo ó raza se exterioriza tangible y visiblemente. Todo lo que nuestros antepasados nos legaron, sus instituciones, sus creencias, sus leyes, su lengua, sus edificios, sus industrias, etcétera, son fuentes de su historia, que no pueden confundirse con la historia misma que con ellos formaron sus cronistas, omitiendo á veces ó exagerando, lo que creían dañoso ó conveniente para mantener su punto de vista religioso, social ó político. La Historia encuentra en las fuentes, materiales de toda especie siempre utilizables. El contenido y la dirección de la historia, cambian con las generaciones; las fuentes permanecen y perduran. Tienen vividez, sello propio y particular encanto. Son las progenitoras de la historia. Ellas deben resolver toda controversia, y en ellas deben fundarse todas las crónicas.

Archivos y Museos.

5.—Así como para estudiar la Botánica, la Zoología, etc., debe acudirse á los Museos de Ciencias Naturales, donde se han reunido ejemplares diversos para estudiar la civilización de las sociedades humanas, es convenientísimo visitar los Museos Etnológicos, Arqueológicos, Históricos, etc., en los que se guardan cuidadosamente clasificados los restos, reliquias, útiles, herramientas, orfebrerías, ornamentos, etc., que juntamente con los monumentos arquitectónicos (edificios, caminos, acueductos, templos, ruinas, etc.), nos dan á veces clarísima idea del vivir cultural de pasados pueblos. Los repositorios más ricos en Antigüedades Americanas son, entre otros, el Peabody Museum, de Cambridge, Mass. (E. U.), las colecciones de la Smithsonian Institution, y de la Oficina de Etnología de Washington (E. U.), el Museo Nacional de Washington, las colecciones Etnológicas del Museo Británico, del Königliche Museum, de Berlín, y del Museo Etnográfico, de San Petersburgo; el Museo Arqueológico, de Madrid; el Museo Nacional, de México; el Museo de la Plata, el Museo Nacional, de Buenos Aires; el de Río Janeiro, Santiago de Chile, etc., etc. Casi todos estos Museos han publicado, y siguen publicando en sus anales, revistas y catálogos, reproducciones artísticas y fieles de sus tesoros Arqueológicos[4].

Las fuentes manuscritas, y en especial las de carácter oficial, se guardan cuidadosamente en sus Archivos por todas las naciones cultas. Estando la Historia Americana íntimamente relacionada con la Europea, apenas hay Archivo importante en Europa que no contenga fuentes manuscritas interesantes para el Historiador de América.

Claro es que los Archivos Españoles, Portugueses, Ingleses y Franceses, son los más ricos de Europa en documentación Americana. Toda la Historia Colonial de las actuales Repúblicas Hispano-Americanas, por ejemplo, puede y debe estudiarse en los Archivos Españoles.

En las Referencias de este Compendio se mencionan especialmente los Archivos que contienen las principales fuentes manuscritas de cada una de sus materias y capítulos[5].

Colecciones de documentos.

6.—Para que las fuentes manuscritas de la Historia se conozcan sin necesidad de visitar los distintos Archivos, y para hacerlas además fácilmente inteligibles para los profanos en las disciplinas paleográficas, deben coleccionarse y publicarse.

Desde el principio del siglo xviii, todas las naciones Europeas han procurado coleccionar, y han coleccionado y publicado casi todas las fuentes de su historia. Como gran parte de estas colecciones son sólo accesibles en las grandes Bibliotecas, para mayor facilidad del estudioso se han empezado también á publicar en estos últimos años en muchas naciones de Europa y en algunas de las Americanas, colecciones populares de fuentes, clasificadas según su importancia y sus épocas. La utilidad de estos elementales instrumentos de investigación histórica es grandísima, tanto por la facilidad de su adquisición como por la sencillez de su manejo.

El cuidadoso estudio de las fuentes ha dado además origen á disciplinas científicas nuevas (Filología, Paleografía, Eurística, Diplomática, etc.), que exigen á su vez nuevas escuelas y aparatos científicos. El modelo de estas nuevas escuelas ó talleres históricos es el Seminarium alemán, cuyos únicos materiales de trabajo son las fuentes, y en el que los estudiantes investigan por sí mismos, construyendo con las referidas fuentes trabajos históricos originales. Algunas Universidades Norte-Americanas; la Ecole de Cartes, de París; el Centro Arabista, de Madrid y otras instituciones de investigación histórica, han adoptado el acertadísimo sistema del Seminarium, de Alemania, ampliando un tanto su criterio[6].

Las Autoridades.

7.—Entendemos por Autoridades, las monografías, tratados ó libros de historia, basados en las fuentes. Si no se hubiera escrito, por ejemplo, ninguna historia del General San Martín, tendría que recurrir el que la escribiera, á los diversos Archivos, para buscar las fuentes originales de información; más aún, debería mencionarlas en su obra, porque no hay autoridad histórica digna de tal nombre, si no se refiere á las fuentes. Existiendo la obra del General Mitre, escrita en presencia de las fuentes originales, su cuidadosa lectura ahorra al estudioso el ímprobo trabajo de clasificar, depurar y extractar las fuentes originales, bastándole la autoridad histórica mencionada, para conocer con justedad la augusta figura del heroico Libertador de América. Toda autoridad histórica, propiamente dicha, debe relacionar críticamente sus fuentes, añadiendo notas, apéndices ó referencias que permitan al investigador ensanchar su campo de estudio. De la exactitud, sentido crítico, orientación, etc., de estas notas, referencias y Apéndices, depende el valor histórico y autoridad de la obra.

Bibliotecas y Bibliografías.

8.—Las autoridades mencionadas son herramientas indispensables para el estudioso; pero le serían inútiles si no tuviesen medios rápidos de conocer su existencia. De nada serviría amontonar libros en las Bibliotecas, si no pudiera saberse fácilmente de qué trataban y dónde estaban. El historiador necesita, antes de escribir sobre determinada época ó cuestión histórica, saber cuáles son los libros que de ella se ocupan directa ó indirectamente, qué autoridades debe consultar, y qué medios de información puede ofrecerle la enorme Biblioteca acumulada por los escritores de todos los tiempos y todos los países, es decir, el patrimonio científico y literario que la humanidad le ha venido legando durante siglos.

De aquí la necesidad de las Bibliografías, repertorios ordenados donde se mencionan el conjunto de libros antiguos y modernos, nacionales ó extranjeros que se han escrito y publicado sobre las diferentes épocas y cuestiones históricas. Además de los Catálogos de las grandes Bibliotecas (Museo Británico, Nacional de París, etc., etc.), las Bibliografías Nacionales, las Bibliografías de Bibliografías y otros instrumentos de Bibliografía General, existen numerosos repertorios de Bibliografía Histórica, en los que se indican las fuentes originales y los trabajos modernos que deben consultarse sobre una época ó punto históricos, (Bibliografía Retrospectiva), ó sólo los trabajos modernos (Bibliografía Corriente), clasificándose estos últimos según comprendan la Historia Universal, la Nacional, la Regional, ó alguna rama especial de la Historia.

Desgraciadamente, no existe un Repertorio General Bibliográfico de la Historia Americana. Los publicados en los Estados Unidos, por todos conceptos notables y útiles, tienen un carácter netamente nacional. El historiador de Sud América tiene necesariamente que formar su propio Repertorio Bibliográfico, y recurrir para ello á los meritorios trabajos aislados de algunos eruditos, que en su lugar se mencionarán, á las antiguas Bibliografías Retrospectivas, á los Catálogos de las Bibliotecas Públicas Sud-Americanas, á los generales de las grandes Bibliotecas Europeas (Museo Británico, Nacional de París, etcétera), á los de las Bibliotecas Españolas (Nacional, Colombina, de Palacio, Escorialense, de la Academia de la Historia, del Museo de Ultramar, etc.), á las publicaciones, Repertorios, Enciclopedias, Boletines y Revistas Históricas y Bibliográficas, etc, etc. A falta de algo mejor y más completo, el conjunto de las "Referencias" de mi Compendio puede servir de Manual ó Guía elementalísima, de la Bibliografía General del Continente Americano[7].

Mapas y estudios fisiográficos.

9.—Parece inútil acentuar la íntima y necesaria relación de la Geografía con la Historia. Mal pueden estudiarse el desarrollo y formación de las nacionalidades y pueblos Sud-Americanos, sin conocer exactamente las regiones y lugares que sucesivamente fueron ocupando. La Cartografía Histórica de América, es elemento indispensable para el estudio de su historia. Las relaciones de los primeros exploradores, conquistadores y misioneros, los mapas de los antiguos cartógrafos, las concesiones de las diversas naciones Europeas para fundar colonias, los tratados de límites, las decisiones internacionales sobre límites disputados, las divisiones políticas de los Estados y Naciones, etc., etc., fijan é ilustran los acontecimientos históricos, y son importantísimas fuentes para su conocimiento. De aquí la necesidad de los Atlas y Mapas de Geografía Histórica, de la reproducción de las antiguas cartas corográficas, y del uso constante de mapas mudos ó de contornos para marcar en forma gráfica y patente el resultado de las investigaciones históricas sobre viajes, conquistas, batallas, etc. No hay obra moderna de Historia que no reconozca tal necesidad multiplicando los mapas ilustrativos en su texto, y los de carácter diagramático para dar fijeza y justedad crítica á los acontecimientos históricos que estudia.

Los estudios fisiográficos son también indispensables para el conocimiento claro de la Historia. Es innegable que las condiciones económicas de un pueblo, especialmente en sus principios y antes que el aumento de población, comercio é industria impongan adaptaciones artificiales, están en gran parte determinadas por el medio físico en que se desarrolla. El medio reacciona también sobre la constitución física y mental de los habitantes de un país é influye decisivamente en su cultura. El clima, el suelo, el contorno geográfico que favorece ú obstaculiza las emigraciones y consiguiente contacto de los distintos grupos, afecta también el desarrollo cultural de los pueblos primitivos, cuyas instituciones tienden ó no, según los casos, á evolucionar aislada é independientemente.

La suerte política misma de los pueblos de superior cultura, depende á veces de la fisiografía de su territorio. La Historia General del Continente Americano, debe, pues, basarse en el conocimiento exacto de los variados rasgos fisiográficos de las regiones del Norte y Sur de América. La mayor ó menor cultura de sus primitivas agrupaciones indígenas, el desarrollo de los viajes, exploraciones y conquistas Europeas, la mayor ó menor prosperidad de los organismos Coloniales y la formación misma de las Naciones Independientes, dependen en gran parte de las condiciones del medio. Los caminos, las sendas, los pasos entre montañas, los ríos y lagos, las producciones forestales y agrícolas, la fauna y la flora Americana, han influenciado decididamente su evolución histórica. El estudio de dichos rasgos fisiográficos nos da las más de las veces la clave y la causa de acontecimientos históricos á primera vista casuales ó inexplicables[8].

Metodología.

10.—De lo anteriormente expresado puede fácilmente deducirse los Métodos que deben adoptarse para el estudio de la Historia General de América. Entiéndese por método, el orden que se sigue en las diversas ciencias para hallar y enseñar la verdad. Dependiendo la verdad histórica de la evidencia humana, claro es que para hallarla deben observarse las reglas lógicas que depuran y acrisolan semejante evidencia. El historiador es una especie de Juez de Instrucción, que reúne pruebas documentales, etc., de los hechos que examina. Debe verificar, por tanto, el texto de sus documentos probatorios (Crítica de restitución), saber de dónde proceden, (Crítica de origen), clasificarlos, relacionarlos con otros, y con las autoridades, interpretarlos, y ejercer su sentido crítico para averiguar la sinceridad ó insinceridad de sus autores (Crítica interna). Realizadas estas operaciones analíticas, debe sintetizar sus resultados, agrupar los hechos, llenar las lagunas que dejaren, según su sano razonar crítico, y construir, por fin, su informe ó relación histórica, huyendo de toda parcialidad y filosófico prejuicio.

No es posible establecer reglas generales de interpretación. Depende del sentido crítico de los historiadores, de su erudición, de sus condiciones intelectuales, de su concentración ó de su esfuerzo. Con idénticos métodos pueden llegarse á interpretaciones distintas. El método y las fuentes son para todos iguales; la interpretación es personalísima. "El Criterio", de Balmes, y el "Tratado de las Pruebas", de Jeremías Bentham, son (á mi juicio) normas inapreciables de Metodología. Su atenta lectura basta para enseñarnos la técnica histórica, el modo de investigar y apreciar evidencias. No pueden enseñarnos, sin embargo, á hacer la historia, á componer con brillantez y hondura una monografía ó un libro. Reside tal facultad en el historiador mismo. Si es, por ejemplo, un Parkman, coleccionará primero todas las Relaciones de los Misioneros Jesuítas, elegirá las que al antiguo Canadá se refieren, entre éstas las de los misioneros más celosos, más observadores y que más tiempo estuvieron en aquellas tierras, y depurándolas, relacionándolas é interpretándolas con sinceridad y elevado espíritu, legará al mundo moderno ese modelo de autoridades históricas, esa epopeya de abnegaciones y heroísmos que se llama "Los Jesuítas en Norte América".

La Historia no está ya destinada á dormir, mientras los manuales de cuarta ó quinta mano y los maestros superficiales y dogmáticos cuentan hechos aprendidos de memoria á sus alumnos inatentos. Debe despertar y entrar á la vida. El pasado vive en el presente. Observando con atención lo actual y vivido, discerniremos más fácilmente las formas, ideas é instituciones de lo pretérito. Así como las Ciencias Naturales han salido de los estrechos límites del libro de texto para entrar al mundo de los fenómenos, de los Laboratorios y de los Museos, así la Historia debe independizarse de memorizaciones y viejas disciplinas escolares, entrar al mundo de la naturaleza humana, y abandonar las antiguas aulas por Seminarios especiales, dotados de mapas, colecciones de fuentes, autoridades, etc., etc., en los que cada estudiante, guiado por un Maestro que con él trabaje, interprete por sí mismo los materiales históricos y ejercite su espíritu crítico. Así y sólo así, podrá alcanzarse el ideal de la enseñanza histórica y podrá inculcarse en los alumnos el deseo de ver, sentir y verificar con su inteligencia y su trabajo, lo ético y luminoso de la VERDAD y el PATRIOTISMO[9].


ÉPOCA PRIMERA
AMÉRICA INDÍGENA


ÉPOCA PRIMERA.
AMÉRICA INDÍGENA.

TÍTULO PRIMERO.
Antigüedad del hombre en América.

CAPÍTULO I.
EL HOMBRE CUATERNARIO Ó PALEOLÍTICO

1.—Lo Prehistórico. 2.—Materiales para su estudio. 3.—Las edades geológicas. 4.—Los períodos glaciales. 5.—La ley de Asociación 6.—Los criterios arqueológicos 7.—Útiles paleolíticos en América. 8.—El hombre cuaternario en América del Sur. 9.—En América del Norte.—10 Insuficiencia cronológica de estas investigaciones.

Lo Prehistórico.

1.—Desde la creación del hombre[10] hasta el primer testimonio escrito de su vivir histórico, hay un período obscuro y de duración variable, que designar podemos con el nombre de Prehistórico[11].

Fig. 1.—Corte estratigráfico. Hancock (Virginia E. U.)

No existe crónica alguna de lo acaecido en América antes de ser descubierta por Colón. Las inscripciones y códices indígenas que han llegado hasta nosotros, no han podido todavía descifrarse con certeza. La historia del Continente Americano empieza, pues, al finalizar el siglo xv. Todo lo anterior á dicha fecha pertenece en América al campo de lo prehistórico[12].

Hay un hecho cierto que sirve de punto de partida para investigar tan obscuras épocas. Al llegar los conquistadores europeos á las costas de América encontraron en ellas hombres que creyeron distintos de los del Continente Antiguo, pueblos extraños de organización peculiarísima. ¿De dónde venían? ¿Cuál fué su origen y cuál su antigüedad? Los guerreros del siglo xv y xvi no pudieron averiguarlo. Los datos obtenidos hasta hoy por la ciencia son también insuficientes para esclarecer el enigma.

Fig. 2.—Formación glacial. Isla Sebree (Alaska).

Nos limitaremos, pues, á plantear tan obscuros problemas sin pretender resolverlos, y á relacionar sumariamente los datos ó fragmentos de dato que la Arqueología y la Etnología[13] pueden proporcionarnos.

Materiales para su estudio.

2.—La fuente principal para el estudio de lo prehistórico está en los monumentos, útiles y objetos paleográficos que de los primitivos Americanos han llegado hasta nosotros. Como productos indiscutibles de sus actividades nos ayudan á conocer sus ideas, costumbres y cultura. El estudio y comparación de las lenguas y dialectos Americanos nos permite también determinar la afinidad de tribus separadas geográficamente y trazar el probable curso de sus emigraciones y movimientos. Las tradiciones y leyendas nos proporcionan, por último, valiosos datos que corroboran conclusiones dudosas ó aniquilan teorías inciertas.

Fig. 3.—Precipicios y glaciares del Aconcagua (Chile).

Las edades geológicas.

3.—Los materiales que componen la corteza terrestre no están amontonados en caprichoso desorden, sino dispuestos en lechos ó estratos sucesivos colocados en el orden en que se fueron formando.

Basados en esta ley de superposición estratigráfica, aplicable á todas las regiones del globo[14], han dividido los geólogos el proceso de formación de la tierra en edades y períodos de duración cronológica incierta, caracterizados por la estructura de las rocas que componen los estratos superpuestos[15].

Los períodos glaciales.

4.—El más interesante de los episodios geológicos de la edad cuaternaria, única que interesa á nuestro estudio, es el avance y retroceso de las enormes sábanas de hielo que en períodos sucesivos, llamados glaciales, invadieron las regiones septentrionales de Europa y América[16], allanando los montes, transformando los valles, arrastrando, estriando ó pulimentando las rocas y acarreando piedras y arenas, para amontonarlas al retroceder en depósitos geológicos de estructuras complejas y formas características[17]. Acumuláronse tales depósitos en algunos ríos á manera de bancos, y convirtieron en extensos lagos los primitivos valles. Desviaron otros ríos su curso, buscando nuevos cauces y formando gargantas profundas. La humedad atmosférica, el descenso de la temperatura y la acción misma de los glaciales, ocasionaron también extraordinarios cambios en la faz de la vida orgánica, haciendo desaparecer algunas especies animales y vegetales y emigrar á otras á regiones diversas.

Fig. 4.—Formaciones fósiles (Pentacrinus Hiemeri) Museo Británico (Nat. Hist.)

Las causas[18], fecha y duración de los períodos glaciales, no se conoce con certeza. Parece, sin embargo, demostrado, que el principio y fin de los mismos es relativamente reciente[19] (cuaternario-pleistoceno), y que el avance de los hielos sobrevino en dos épocas distintas y separadas por largos intervalos de más alta temperatura que estacionaron los glaciales en las altas mesetas y en las regiones árticas y antárticas[20].

Fig. 5.—Formación fósil carbonífera de Iowa (E. U.) Museo Británico (Nat. Hist.)

Fig. 6.—Esqueleto fósil del Jetiosauro marino (Ichthyosaurian termirostris). Museo Británico (Nat. Hist.)

La ley de Asociación.

5.—La sucesión, emigración y evolución de los organismos animales fósiles ha podido asociarse con las edades geológicas en que predominaron y en general caracterizan, llegando al convencimiento de que el conjunto de fósiles de un estrato geológico dado, difiere del de los estratos inferiores ó más antiguos y superiores ó más modernos. En tales principios científicos se funda la llamada Ley de Asociación.[21]

Fig. 7.--El dinosauro unicornio (Triceratops-Prorsus de _Marsh_).

Limitándonos á los fósiles cuaternarios[22], podemos en general afirmar que en la misma edad geológica en que vivieron el oso y el león de las cavernas, el mastodonte, etc., en el continente Europeo, existieron en el Americano el megaterio, el mylodon, el glyptodon, el megalonix[23] y demás especies animales gigantescas, ya extinguidas[24], cuyos esqueletos reconstruídos admiramos en los Museos[25].

Criterios arqueológicos.

6.—El hombre, ser dotado de razón y libertad, aparece sobre la tierra en la edad geológica cuaternaria[26]. Para satisfacer las necesidades físicas y defenderse de las fieras é inclemencias atmosféricas[27], necesitó valerse de herramientas y útiles y buscar ó construir refugios más ó menos invulnerables.

Fig. 8.—El Allosaurus (Reconstrucción C. R. Knight) American Museum (U. S.)

La observación del estilo y forma de estas herramientas, útiles y refugios, concordada con la de los estratos geológicos en que se encuentren (superposición), y los restos humanos y de animales extinguidos que en dichos estratos les acompañen, (asociación), son los únicos cánones que pueden conducirnos á esclarecer en lo posible el intrincado problema de la antigüedad del hombre en América[28].

Situación geográfica actual de las diferentes ruinas prehistóricas de los Estados Unidos de la América del Norte.

Fig. 9.—Esqueleto reconstruído del Allosaurus sobre el del Brontosaurus (Am. Mus. U. S.)

Los arqueólogos Europeos,[29] basados en el estilo y material de los restos arqueológicos, distinguen en los tiempos prehistóricos las tres célebres edades de la piedra, del bronce y del hierro[30], subdividiendo la primera, ó lítica, en varias épocas. Eolítica, ó de la piedra cortada, paleolítica, ó de la tallada y neolítica, ó de la pulimentada, según el grado de perfección que alcanzaron en las diversas localidades los referidos útiles líticos.

Fig. 10.--Reptil Dinosaurio (Diplodocus carnegii de Wyoming U. S. A.) (Museo Británico).

La ausencia del hierro y en general del bronce entre los indígenas Americanos, excluyen hasta hoy de su prehistoria las dos últimas edades. América no conoció el hierro hasta la llegada de Colón. Los indios de América del Norte y gran parte de los de la del Sur no conocieron el bronce[31], y la edad del cobre que algunos arqueólogos han querido equiparar en América á la del bronce Europea, no ha podido determinarse con certeza[32].

Fig. 11.—Dinosauro Acorazado (Stegosaurus ungulatus) O. C. Marsh. (Universidad de Yale. E. U.)

Por otra parte, aun existiendo en el Continente Americano pruebas abundantes de las culturas líticas, no es posible aplicar estrictamente la división en épocas paleolíticas y neolíticas. Aceptaremos, pues, tales términos sólo como descriptivos, procurando alejar de nuestra mente toda idea de tiempo para sustituirla con la de sucesión ó progreso[33].

Útiles paleolíticos.

7.—Llamaremos útiles paleolíticos, á aquellos objetos rudos de piedra de variados tamaños y grosera talla que hayan sido encontrados en lechos geológicos indudablemente pleistocenos ó cuaternarios[34]. En tales depósitos, generalmente de gran espesor, al lado de tan rudimentarios productos de la industria humana, suelen encontrarse fósiles de varias especies animales extinguidas. Semejantes descubrimientos pueden establecer la convivencia del hombre con las referidas especies, única prueba de su antigüedad, universalmente aceptada por los científicos. A estos hombres que tales útiles emplearon y en tales épocas existieron, los designaremos con el término genérico de cuaternarios ó paleolíticos.

Fig. 12.—Esqueleto del Glyptodon Clavipes (Formación pampeana). Rep. Arg. (Mus. Brit.)

Fig. 13.—Piel de oso hormiguero (Grypotherium Listai). Patagonia (Rep. Argent.) (Mus. Brit.)

El hombre cuaternario en la América del Sur.

8.—Las investigaciones modernas nos permiten afirmar la coexistencia del hombre en América del Sur con el megaterio, el mylodon, el megalonix y demás especies animales que corresponden en la Zoología fósil Americana á los grandes mamíferos extinguidos del antiguo Continente.

En las cavernas de Lagoa Santa y Sumidero (Dep. Minas Geraes), el sabio Lund, que dedicó muchos años de su vida á estos estudios, pudo reunir hasta 115 especies de animales fósiles, asociados con restos humanos y numerosos útiles paleolíticos[35].

Fig. 14.—El "Toxodon Platensis" (Buenos Aires. Formación pampeana). Mus. Brit.

A las orillas del Carcarañá recogió Seguin, en 1872, osamentas fósiles de megaterio asociadas con restos humanos[36]. En 1875 Ameghino descubría cerca de Mercedes, á orillas del Arroyo Frías y en formaciones geológicas cuaternarias, gran cantidad de osamentas de animales fósiles asociados con restos humanos, y más tarde y en formaciones geológicas también pleistocenas[37] (Pampeanas), encontró la concha gigantesca de un glyptodon[38], acompañada de instrumentos de silex y dientes de toxodon y mylodon trabajados por la mano del hombre[39]. Los hallazgos de Moreno en Patagonia, los de Burmeister, Carles, etc., etc.,[40] confirmaron los de Lund y Ameghino, estableciendo científicamente la existencia del hombre cuaternario ó paleolítico en América del Sur y especialmente en la República Argentina[41].

Fig. 15.—Cráneo supuesto terciario. (Ameghino). Rep. Argentina.

Fig. 16.—El mismo visto de frente. (Rep. Arg.)

El hombre cuaternario en América del Norte.

9.—No obstante los numerosos trabajos de los Arqueólogos Norte-Americanos, los vestigios del hombre cuaternario en América del Norte no son tan claros como los de la América del Sur. Si Haynes[42] considera innegables las conclusiones de Abbot[43] sobre sus hallazgos en los barrancos del Río Delaware (Trenton Gravels), otros investigadores eximios[44] niegan su importancia científica. Son aún más discutibles las pruebas de la existencia del hombre glacial y cuaternario en el Ohio[45], en Minnesota[46] ó Kansas[47] aceptadas por algunos autores sin mayor examen crítico[48], y las caprichosas elucubraciones de Whitney sobre el pretendido cráneo plioceno de California (Calaveras County), rechazadas hoy definitivamente por la ciencia[49]. Debemos, pues, suspender nuestro juicio sobre estos hallazgos, hasta no verlos confirmados por pruebas más convincentes[50].

Fig. 17.—Punta de flecha márgenes río Delaware (E. U.)

Fig. 18.—Instrumento de silex (Col. Ameghino) Río Lujan Rep. Argent.

Insuficiencia cronológica de estas investigaciones.

10.—La indudable coexistencia del hombre en América del Sur con las especies animales cuaternarias, única afirmación aceptable en el estado actual de la ciencia, si bien importa un verdadero progreso arqueológico, de poco ó de nada nos sirve para determinar cronológicamente la antigüedad del hombre en América.

Para resolver tan obscuro problema, sería necesario conocer la época de la constitución de los terrenos cuaternarios en América, el siglo en que acaecieron los aluviones glaciales y su duración aproximada; sería necesario saber la fecha y las causas de la desaparición de las especies extinguidas; tener, en fin, una base, un punto de partida, datos fijos en qué fundar nuestros cálculos.

Fig. 19.—Tibia de Mylodon con incisiones hechas por el hombre cuaternario. Río Lujan (Rep. Argent.) Col. Ameghino.

Hasta ahora la cuestión sólo tiene incógnitas. La ciencia ha encontrado una relación de estratos, animales, hombre; pero dicha relación no basta.

Fig. 20.—Hacha paleolítica. Aluviones río Yuchipila (Méjico).

El geólogo[51], no conoce fechas, sino sucesión de cosas. Los fenómenos geológicos que exigen para algunos cientos de miles de años de duración[52] han podido producirse por circunstancias excepcionales en pocos siglos[53]. "Todo lo que la geología puede probarnos, decía Huxley hablando de los períodos geológicos, es el orden local de sucesión; pero si hay que investigar grandes zonas ó estaciones y depósitos separados, la maliciosa confusión (mischief) de la homotaxis, ó semejanza de colocación que puede demostrarse, con el sincronismo ó identidad de fecha sobre el cual no hay ni sombra de prueba, conduce á incalculables equivocaciones y especulaciones sin fundamento".[54]. La verdad es que la ciencia no ha conquistado todavía un cronómetro capaz de medir los períodos de formación de la tierra.

Fig. 21.—Instrumento cortante (paleolítico) y probable modo de usarlo (Mus. Brit.)


CUESTIONARIO

1.—¿Qué se entiende por períodos prehistóricos?

2.—¿Qué por períodos históricos?

3.—¿De qué materiales disponemos para estudiar lo Prehistórico Americano?

4.—¿Qué se entiende por superposición geológica?

5.—¿Cuáles son las edades geológicas?

6.—¿Qué fenómenos ocurrieron en los períodos llamados glaciales?

7.—¿Qué se sabe sobre su duración y causas?

8.—¿Qué se entiende por asociación paleontológica?

9.—¿Cuáles son los animales extinguidos más notables que hubo en América?

10.—¿Conocemos sus fósiles?

11.—¿Cuáles son los criterios arqueológicos?

12.—¿Qué nos enseñan estos criterios?

13.—¿Cuáles son las edades arqueológicas?

14.—¿Cómo se subdividen las líticas?

15.—¿Son aplicables estas divisiones á lo Prehistórico Americano?

16.—¿Cómo podemos aceptar los términos paleolítico y neolítico?

17.—¿Qué se entiende por útiles paleolíticos?

18.—¿Qué se entiende por útiles y culturas neolíticas?

19.—¿Está probada la coexistencia del hombre en Sud América con las especies animales cuaternarias?

20.—¿Cuáles son las principales pruebas?

21.—¿Hay pruebas indiscutibles de la existencia del hombre cuaternario en América del Norte?

22.—¿Es posible fijar cronológicamente la fecha de la aparición del hombre en América?

23.—¿Qué necesitaríamos conocer con certeza para resolver semejante problema?

24.—¿Hay sincronismo en las edades geológicas?

25.—¿Cuál es la opinión de Huxley al respecto?


REFERENCIAS

Generales.V. H. Haynes en Winsor Narr. & Crit. Hist. of Amca. Vol. I, chap. VI, con las notas críticas y bibliográficas de Winsor (Norte y Sur América). Cyrus Thomas (Int. to the Study of N. Am. Archeology-1903. "Hand Book of American Indians North of Mexico" (Bulletin 30th Bureau of Am. Etnology-1907)), en sus artículos "Archeology", "Antiquity", "Calaveras man", etc. Fiske en su "Discovery of America", vol. I. A. H. Keane, Etnology (Cap. V-VI-X-XII) y "Man Past & Present" (Cap. X y sigtes.). Norte y Sud América. Deniker, Races of Man. Cap. XIII. Marquis de Nadaillac, "L'Amerique Prehistorique" (Norte y Sud América, París-1883). L. Farrand, "Basis of American History", Cap. V. N. York-1904. Schoolcraft, History, condition & prospects of the Ind. Tribes of the U. S.-(Bur. Ind. Affairs. Ley Congso. 1847. Pub. Ofcial.). Vols. I-IV-VI.—Los manuales más conocidos son el de Baldwin-Ancient Amca. 1871, y el de, J. F. Short. North. Amcans. of Yesterday. Barros Arana, Hist. Gral. de Chile, (Vol. I), dedica á la materia extenso capítulo. Lo propio Lavisse y Rambaud, Histoire Generale. (Vol. IV, Cap. XXIII). Son de utilísima consulta. Sir John Lubock, Prehistoric Times. E. T. Stevens, Flint Chips. Vigouroux, Les livres saints, etc. (Vol. III-1884), y los artículos de la New International Encyclopedia. (Dodd Mead x C.º, 1902-1904), "Geology", "Paleontology", "Archeology", "American", "Man", "Glaciers", "Glacial Age", "History American", etc., etc.

Especiales.—Entre los innumerables trabajos especiales sobre la materia (Véase Bibliografías), mencionaremos sólo los siguientes: C. C. Abbot, Primitive Industry. J. W. Foster, Prehist. Races of America. Prestwich, On the geolog. position & age of flint implements bearing beds. Fno. Ameghino, Antigüedad del hombre en el Plata. Agassiz, Voyage au Bresil. G. F. Wright, The Ice Age. Southall, "Recent Origin of Man" y Epoch of the Mammoth. Howorth, Mammoth & the Flood. Lydekker, Geolcal. Distribution of Mammals. Burmeister, Phisicalische Beschreibung der Argentinischen Rep. Moreno, Notas sobre Antropología Argna. Ambrosetti, El bronce en la región Calchaquie. Huxley, Distribution of Races in relation with the Antiquity of Man. Moorehead, Primitive Man in Ohio. Holmes, Glacial Man in Ohio. Lacerda y Peixoto, Contribuçao ao Estado Antropco. das Razas Indgnas. do Brasil. Foster Haven, Arch. of the U. S. (Smithnian. Inst. Vol. VIII) etc. etc.

Fuentes.Génesis, Lib, I, Cap I-II-X. British Museum, Guides to "Stone Age". Fossil Mammals, Fossil Reptiles, Fossil invertebrates (Department. Geology & Paleontology, 1904-1905-1907) también Colecciones Depósito Etnológico (sin catálogo publicado). Königliche Museum,(Berlin) Depto. Etnology, sus publicaciones en especial, Bastian, Culturlanden del Alten America (1886). Memorias del American Museum, Natural History. (Washington). Museo Arqueológico Nacional (Madrid), Sección Americana (catálogo no publicado). Congreso Internacional Americanista, (Comptes Rendus). París, 1876-78-79; (Bruselas), 1881; (Madrid) 1884; (Copenhague), etc., etc. Archives Société Americaine de France, (Anuario 1873-1903, y Actas 1865-84). Bureau of Etnology, Catálogo de sus colecciones. (Reports 3.º, 9.º, 13.º, 17.º, etc.), y las monografías de Moore, Holmes, Thomas, etc., (1889-1890-1898-1891). Reports del United States Geological Survey, en especial 1895. (Walcott), 1883. (Powell), 1877. (Winchel), 1873. (Hayden). Los Reports del Peabody Museum of Am. Arch. & Etnology (1 á 24-1868-90, Harvard University). Proceedings Am. Ass. for Advanc. of Science, Washington. Trabajos de Chamberlin, (Volumen XXXV). Abbot, (Vol. XXXVII) y Miss F. E. Babbit, (Vol. XXXII). Boston Socty. of Nat. Hist., Paleolithic Man in Eastern & Central North America (Cambridge, 1888). American Naturalist, Trabajos de Abbot (1873-Vol. VII). Babbit, (Volumen XVIII-1884). Cope, (Vol. XXI-1887), etc.

Especiales para Sud América.—Boletín Inst. Geog. Argentino. (Trabajos Ambrosetti, Zeballos, Lafone Quevedo, Moreno, etc.). Anales Museo Público B. Aires (Trabajos Berg, Burmeister, Ameghino, etc.). Anales Museo de la Plata. (Sección Arqgía), (Ptes. I-III). Antropología, (Ptes. I-II). Paleontología Argna. (Ptes. I-V), en especial trabajos Ten Kate, Lafone Quevedo, Burchhart, Moreno, Lydekker, Roth, Mercerat, etc. Revta. Museo de la Plata (Fco. Moreno, 1890-1905). Archivos do Museu. Nac. Río Janeiro, en especial Vol. VI. (Antrop. Bras. 1882) y Vol. VII. (White, Contrib. a Paleontología do Brasil), Memorias Museo Paraense, Hist. Nat. y Etgfía. (Museu Goeldi), I. II. Pará. 1900. Anales Museo Nacnal. Chile, en especial 1902-1903. (Ent. 15-16). Guevara, Hist. Civilizción. Araucania. (Vol. I, Antropología Araucana). Philippi. Los fósiles terciarios y cuaternarios de Chile.

Bibliografía.Winsor, (Op. cit. Vol. I. 415-17). (Apéndice. II, Vol. I, pág. 368 y sigtes.). Hand Book of American Indians (B. of Etgy.), en los artículos citados. New International Encyclopedia. (Dodd Mead), artículos citados. J. N. Larned, Boston. 1902. The Literature of Amcan. Hist. A Bibliographical Guide. Hart, Guide to American Hist. (Archeology). Dorsey, Bibliography of the Antrop. of Perú. Las notas de Nadaillac, op. cit. íd. Farrand, op. cit. Sabin, Dictionary of books relating to America (1868-1892), y algunos catálogos de los anticuarios Quaritch (Londres) y Hierseman (Leipzig).


Grupo ilustrativo del modo de trabajar los útiles líticos en un taller prehistórico. (Presentado por el ilustre arqueólogo W. H. Holmes á la Exposición Universal de Chicago).


CAPÍTULO II.
EL HOMBRE NEOLÍTICO

1.—Culturas neolíticas. 2.—"Kiokkenmodingos", "Sambaquis" y "Paraderos". 3.—Las Cavernas. 4.—Los "Mounds" ó "Montículos". 5.—Recintos y Talleres. 6.—Útiles y adornos. 7.—Antigüedad de los "Mound-builders". 8.—Los "Cliff-dwellers". 9.—Los "Cave-dwellers". 10.—"Los Pueblos". 11.—Antigüedad de estas Ruinas. 12.—Conclusiones generales.

Culturas neolíticas.

1.—Entre el hombre cuaternario ó paleolítico y sus sucesores en América, existe un vasto abismo imposible de llenar hasta el presente[55].

Fig. 22.—Cráneo neolítico (California).

Desaparecen para siempre los Americanos primitivos, los contemporáneos de los grandes mamíferos, los que asistieron acaso á las convulsiones glaciales. Con distinta condición de cosas, con especies animales semejantes á las de hoy y con una conformación de tierras y mares no alterada en lo esencial hasta el presente[56], aparecen otros hombres y otras razas que designaremos con el nombre de "neolíticos". Es tan abrupta la transición entre unos y otros, que no puede menos de pensarse en alguna dislocación ó cataclismo violento que trastornó su evolución progresiva[57].

Las culturas neolíticas se extienden en América hasta los tiempos históricos. Pertenecen á ellas, desde los más rudimentarios "Paraderos" Patagónicos y las hachas del Ohio, hasta las soberbias construcciones de Mitla ó Tiahuanaco y las cerámicas Incásicas.

Fig. 23.—Útiles neolíticos (puntas de flecha). Estados Unidos.

Dejando para más adelante la enumeración de los monumentos y restos arqueológicos de Méjico, Perú, y América Central, relacionaremos brevemente los más característicos de otras regiones, fijando especialmente nuestra atención en aquellos que por su extraña construcción ó peculiar estilo han sido fuente de dudas y aventuradas hipótesis sobre el origen y antigüedad de sus constructores.

Fig. 24.—Resto de alfarerías neolíticas. (Shell Heaps-Luisiana).

"Kiokkenmodingos", "Sambaquis" y "Paraderos".

2.—En todas partes del mundo han observado los naturalistas y arqueólogos, en las costas del mar y de los ríos, acumulaciones extensas de conchas y otros desperdicios de la vida diaria de algunos pueblos primitivos. Bajo el limo que generalmente les cubre, se han encontrado conchas de moluscos alimenticios, útiles, armas adornos vasijas, etc., que claramente demuestran la permanencia prolongada del hombre en aquellos lugares. Los arqueólogos Europeos dieron á tales montículos el nombre de "Kjœkkenmœddinger" (desperdicios de cocina), describiendo después de investigarlos el rudimentario vivir de sus moradores prehistóricos[58].

Abundan semejantes depósitos (Shell-Heaps) en el Continente Americano. Se extienden á través de sus costas, desde Terranova, Nueva Escocia, California, Luisiana y Nicaragua, hasta las Guayanas, el Brasil, la República Argentina y Tierra del Fuego[59].

También se han observado en las orillas de algunos ríos. Hart[60] nos describe los de "Marajo Island" (Pará); Whitte[61], los del Missisipí y el Misouri; Wyman[62], los del Río San Juan y el Lago George; Ameghino[63], los de los ríos Argentinos.

Fig. 25.—Instrumento punzante (neolítico)

Los "sambaquis" están formados por desperdicios de alimentos, etc., de una raza ó razas que habitaron largo tiempo en las costas del Brasil (Orillas del Amazonas y Pcia. del Paraná especialmente). Son muy numerosos y alcanzan algunos considerable altura. En todos los investigados se han hallado curiosos vestigios de la industria humana, asociados con cráneos que algunos comparan con los célebres de Lagoa-Santa[64].

En la República Argentina se han investigado depósitos parecidos á los anteriores, conocidos con el nombre de "Paraderos". Como en los de América del Norte (Shell Heaps), se han encontrado en ellos huesos estriados, cráneos, puntas de flechas y fragmentos de groseras cerámicas[65].

Fig. 26.—Hacha neolítica (M. B.)

De formación análoga á los Paraderos y Sambaquis, son los depósitos de guano de las Islas Chinchas. Se ha extraído de ellos curiosas laminillas de oro y plata, ídolos groseros y fragmentos de vasijas, etc., que demuestran la permanencia del hombre en aquellas islas al acumularse las capas de guano que en gran extensión las cubren[66].

Fig. 27.--Hacha neolítica (California).

Admiten en general los Arqueólogos que el hombre de los Kiokkenmodingos, en el Continente Antiguo, fué contemporáneo ó sucesor inmediato del cuaternario de las cavernas[67]. No puede decirse otro tanto de los ictiófagos del Continente Nuevo. A pesar de las afirmaciones de Reclus[68], tan vagas al respecto como las tradiciones de los indios Californianos (Athapascos) sobre sus antepasados misteriosos[69], la ausencia en los depósitos conchíferos de América de todo resto de animales cuaternarios, y la presencia de los de especies zoológicas actuales, unidas al estilo generalmente neolítico de los útiles y cerámicas descubiertas, nos permiten deducir con certeza que el hombre de los Kiokkenmodingos Americanos fué varios siglos posterior al cuaternario[70].

Fig. 28.—Ornamento neolítico de piedra serpentina. (Nueva Jersey, E. U.)

Las Cavernas.

3.—Las cavernas prehistóricas exploradas en Europa, proporcionan al Arqueólogo abundantes y claras pruebas de la antigüedad cuaternaria de sus habitantes[71]. No sucede lo mismo con las de América. Exceptuando las descritas por Lund en el Brasil[72], todas excavadas hasta hoy en el Continente Americano patentizan la poca antigüedad de sus moradores[73]. Los fósiles animales encontrados en ellas asociados con restos humanos, pertenecen á las faunas actuales[74]. En las cavernas del Yucatán no se encontró vestigio alguno que indicase culturas distintas de las de las razas indígenas del siglo xv[75]; en las de Kentucky (Gerson Springs, Short Cave), se encontraron sandalias y tejidos indios, unidos á otros restos y útiles, que demuestran haber habitado tales cavernas agrupaciones humanas sedentarias, acaso agrícolas, en nada parecidas á las cuaternarias[76]. Como más adelante veremos, los aborígenes de América destinaban las cavernas á usos ceremoniales, sepulcrales ó de refugio y defensa[77].

Fig. 29.—Cuevas del Oak-Creek. (E. U.)

"Mounds" ó Montículos.

4.—En la parte oriental y central del Continente Norte-Americano, al Sur del círculo polar ártico[78], se observan gran cantidad de restos del trabajo humano que, aun distintos en el detalle, demuestran semejanza de origen. Se han dividido tales vestigios por su carácter en fijos (monumentos), y movibles (útiles y adornos), subdividiéndose los fijos en montículos propiamente dichos (mounds), recintos fortificados, minas, talleres, etcétera[79].

Fig. 30.—Plano de un grupo de montículos según Thomas. (Wisconsin, E. U.)

Los montículos propiamente dichos (mounds) son cerros artificiales de variadas formas (cónicas, alargadas, piramidales ó de efigie), cuyo tamaño varía entre 25 y 30 metros de altura y 10 á 90 metros de diámetro[80]. Aseméjanse los alargados á grandes murallas. Los piramidales difieren de los cónicos por su cima generalmente plana y á manera de plataforma y sus caras cortadas por terrazas ó rampas[81]. Los llamados de efigie (effigi mounds) imitan groseramente formas animales, acaso emblemáticas ó simbólicas[82]. Los mounds cónicos son comúnmente sepulcrales; los demás fueron probablemente sitios de culto, lugares del Consejo tribal ó habitaciones del jefe ó jefes[83].

Recintos y talleres.

Fig. 31.—Sección de un montículo sepulcral. Illinois (E. U.)

5.—Otro importante grupo de monumentos de esta misma región arqueológica toma el nombre genérico de "recintos" (inclosures). Son espacios más ó menos extensos, limitados por groseras murallas ó cercos de tierra y piedras. Se observan por regla general en los cerros y lugares altos y en las costas escarpadas de ríos y lagos. Su objeto defensivo es en la mayoría de los casos evidente[84]. En algunos de estos recintos se perciben huellas de habitaciones circulares ó cuadradas, que sugieren culturas de las épocas históricas[85].

Fig. 32.—Montículo con terrazas (Arkansas).

En muchos lugares se encuentran ruinas y canteras, y en sus inmediaciones gran cantidad de útiles rotos ó imperfectos que denuncian la existencia de "talleres" primitivos donde se fabricaban tales herramientas[86].

La cuidadosa observación de estos depósitos, ha venido á demostrar que muchos objetos de piedra, considerados antes como cuaternarios, no son en realidad sino desechos ó útiles inacabados ó imperfectos procedentes de los talleres neolíticos.

Fig. 33.—Montículo ceremonial, según De Bry.

Útiles y adornos.

6.—En las repetidas excavaciones practicadas en los montículos sepulcrales, se han encontrado al lado de esqueletos en diversas posturas[87] numerosísimos artefactos y adornos, cerámicas groseras y á veces grotescas[88], pipas de efigies extrañas, objetos simbólicos de concha y cobre[89], variadísimos objetos de piedra (armas, herramientas, mazas ceremoniales, idolillos de forma humana, etcétera), que evidencian culturas análogas á las de las razas indígenas que habitaban aquellas regiones á la llegada de los blancos[90]. Algunos de los objetos encontrados demuestran el indudable contacto de sus artífices con los Europeos, y ninguno es superior en factura á los que podía hacer y hacía el indio de las épocas históricas[91].

Fig. 34.—Posición de los esqueletos en un mound sepulcral. (Thomas).

Antigüedad de los "Mounds Builders".

Fig. 35.—Medallas católicas encontradas en un montículo. (Hale, E. U.)

7.—A pesar de estos hechos y de varios otros que patentizan conclusiones idénticas, se ha sostenido hasta hace poco por muchos arqueólogos, que los constructores de los túmulos (Mounds) pertenecieron á un pueblo más ó menos antiguo ó legendario, y de muy superior cultura á la de los indígenas que los exploradores Europeos encontraron en aquellas regiones[92].