BIBLIOTECA AMERICANA.
TOMO VIII.
ESCRITOS POLÍTICOS Y LITERARIOS,
DEL
Dr. D. FLORENCIO VARELA.
ESCRITOS
POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y LITERARIOS,
DEL DOCTOR
D. FLORENCIO VARELA.
COLECCIONADOS
POR
D. LUIS L. DOMINGUEZ.
Buenos Aires.
IMPRENTA DEL ORDEN—SAN MARTIN N. 5.
1859.
[EL EDITOR.]
Echábanse de ménos en nuestra Biblioteca algunos nombres ilustres en la literatura del Plata.
Sin embargo, nosotros habiamos hecho lo posible por llenar este vacio.
Muchas diligencias practicamos para obtener entre otros trabajos inéditos ó publicados, las poesias de D. Juan Cruz Varela, cuya publicacion estaba aplazada y que aun despues de haberse anunciado de nuevo, permanecen sin salir á luz, apesar de la formal promesa que nos hacia el Sr. Posse con fecha 15 de Julio de 1858 en la carta que transcribimos á continuacion:
Sr. Dr. D. Alejandro Magariños Cervantes.
Muy señor mio:
Siento no poder acceder á la solicitud de vd. respecto á las poesias de D. Juan Cruz Varela. Tengo como dije á vd. un compromiso pendiente á ese respecto y no he encontrado motivo justo para desligarme de él. Dentro de muy pocos dias se dará principio á la publicacion.
Con este motivo saludo á vd. y me suscribo á sus órdenes atento SS.
Q. S. M. B.
Daniel J. Posse.
Entonces nos dirijimos á D. Héctor y D. Mariano Varela, y les preguntamos si tendrian inconveniente en coleccionar algunos escritos políticos y literarios de su señor Padre, ó permitir que otra persona competente se encargase de este trabajo, que podria formar uno ó dos tomos de la Biblioteca.
Los jóvenes redactores de la Tribuna simpatizaron con la idea, agradeciéndonos el débil homenaje que queríamos tributar á la memoria de su padre; pero por razones que seria largo referir, no pudieron darnos inmediatamente una respuesta explícita y terminante.
Seis meses despues, instábamos amigablemente á D. Luis Dominguez para que nos entregase la coleccion de sus poesias que nos habia ofrecido, y como nos sucede con harta frecuencia, nos encontramos con que en todo habia pensado el autor ménos en tener prontos los originales para el momento en que se los pidiésemos.
Tu quoque!.... esclamamos con un arranque tragicómico, porque teniamos y tenemos al señor Dominguez por uno de los escritores mas sérios y que con mas religiosidad llena sus compromisos.
El ex-redactor del Orden nos manifestó en pocas palabras la imposibilidad absoluta en que se habia visto para buscar sus poesias diseminadas en varios periódicos, ú olvidadas entre sus papeles, hacerlas copiar &a. "pero estando mas desocupado ahora, añadió, voy á hacer á ese trabajo, y puede vd. contar con él para dentro de poco tiempo; vd. vé tambien que mi turno no ha llegado, pues vd. habia pensado dar otros tomos de la Biblioteca, antes de lo mio. En fin, si vd. se empeña puedo darle otro libro de mas importancia que mis poesias.
—Es V. muy modesto; pero no acepto el cambio.
—Tengo coleccionados algunos escritos de D. Florencio Varela de los que puede entresacarse lo suficiente para formar un interesante volúmen de la Biblioteca.
—¡Magnífica idea! esclamé, pero....
—Pero qué?
—Tal vez haya alguna dificultad por parte de los miembros de su familia.
—No creo que haya el menor inconveniente; y si lo hubiese, corre de mi cuenta allanarlo."
El Señor Dominguez con su habitual bondad nos prometió ademas escribir un rasgo biográfico sobre la vida y las producciones del ilustre finado; tarea fácil para el Sr. Dominguez que como todos saben ha enriquecido la Galeria de Celebridades Arjentinas con una biografía del Dr. Varela que nada deja que desear. Estamos persuadidos que no podiamos haber confiado á mejores manos la honrosa mision de arrancar para la Biblioteca algunas flores escogidas de la bella guirnalda literaria del fundador del Comercio del Plata.
Cúmplenos, sin embargo, antes de terminar, hacer una advertencia á los eruditos. En el deseo de complacer á la mayoria de nuestros suscriptores, no se ha seguido en esta coleccion el órden cronológico ni el encadenamiento que exigiria la índole de las materias que comprenden las producciones de Varela. Hemos rogado al Sr. Dominguez diese á su trabajo toda la amenidad é interés posible, prefiriendo la parte general y doctrinaria á la que se refiere únicamente á las polémicas periodísticas y cuestiones transitorias del momento, aunque todo es notable y digno de reproducirse, hoy como ayer, en los escritos del eminente publicista. Tal vez mas adelante nos sea dado completar con otro tomo la coleccion que ahora publicamos.
Entre tanto podemos asegurar sin temor de equivocarnos que, por incompleto que sea este libro, hacemos un verdadero servicio á las letras del Rio de la Plata, popularizando las ideas que contiene.
Nuestros suscriptores y la juventud estudiosa encontrarán en estas pájinas, recomendadas suficientemente por el justo renombre del autor, ademas de la profundidad de los conceptos, la belleza de la forma realzada por un lenguaje elegante y castizo; y aunque no tuviesen otro mérito, este solo bastaria para darles un lugar distinguido en la biblioteca de los amantes de la buena literatura nacional.
A. Magariños Cervantes.
Buenos Aires, Marzo—1859.
[FLORENCIO VARELA.]
D. Florencio Varela nació en Buenos Aires el dia 23 de Febrero de 1807. Fué su padre D. Jacobo Adrian Varela, español del cuño antiguo, cuyo nombre se conserva en las tradiciones de la defensa de Buenos Aires, por la gallardia con que se mantuvo con su cuerpo, en la posicion del Retiro, embestida por dos divisiones inglesas, y la inteligencia con que salvó su compañia al frente del enemigo vencedor. D. Jacobo Adrian tuvo la fortuna de ver coronado por el triunfo mas espléndido su consagracion á la independencia de la patria de sus hijos; pero este fué el único desquite que le fué dado tomar contra un enemigo que acababa de consumar su ruina, apoderándose en Montevideo de un buque en que habia invertido todo el capital que giraba en el comercio.
Una herencia de honor y de pobreza fué, pues, el patrimonio que Florencio Varela recibió al nacer. Su corazon y su inteligencia empezaron á formarse en la escuela de la adversidad, que es la que mejor prepara al hombre para la vida activa en tiempos calamitosos.
Su padre, atacado de una enfermedad mortal, ocupaba sus ocios en enseñarle á leer, escribir y contar. El tierno discípulo era tambien el enfermero del anciano, á quien asistió hasta la hora de su muerte, que tuvo lugar en el invierno de 1818.
Varela tenia 11 años. El general Puigredon, Director del Estado, acababa de fundar el colegio de la Union del Sud. La madre de Florencio solicitó una beca de gracia para su hijo; y allí hizo sus estudios preparatorios. Cuatro años despues dejó el colegio é ingresó á la facultad de jurisprudencia en la Universidad, y en Agosto de 1827, á los 20 años de edad, se graduó de Doctor, recibiendo el título gratuito que se acuerda al candidato que mas se distingue en los exámenes de prueba.
El jóven Varela habia descollado entre sus condiscípulos, no tanto por su contraccion á los estudios escolares, como por su talento claro, por su memoria prodijiosa, por su instruccion literaria adquirida privadamente en la lectura asídua de poetas españoles y franceses. Este amor á las bellas letras, á que lo arrastraban el ejemplo de su hermano D. Juan Cruz y la natural inclinacion de su espíritu, llegó á distraerlo á tal punto de sus estudios profesionales, que hubo de verse espuesto á no poder rendir exámen de uno de los cursos de derecho. Amonestado por su maestro, Varela volvió sobre sí; aprovechó el único mes que faltaba para la conclusion del año escolar, se presentó á exámen, y obtuvo la primera clasificacion por voto unánime de sus jueces.
A principios de 1825 fué nombrado para un empleo subalterno en una secretaría de Estado. Entre el desempeño de sus deberes oficiales, y sus estudios profesionales, Varela hacia sus primeros ensayos en la carrera literaria y en la vida pública. Escribia versos que publicaba en los periódicos que redactaba su hermano mayor, y seguia las opiniones que este sostenia, como el órgano mas autorizado y mas capaz del partido unitario. Poco despues de subir al mando el coronel Dorrego, hizo renuncia de su empleo, no creyendo delicado conservarse al lado de una administracion de quien era ardiente opositor. Despues de la revolucion de 1°. de Diciembre de 1828, fué nombrado oficial mayor de Relaciones Esteriores. En ella habia tomado la poca parte que su edad le permitia; sin embargo su adhesion al partido unitario en que tanto figuraba el nombre de sus hermanos, le obligó á seguir la suerte de estos, cuando emigraron á Montevideo en Agosto de 1829, poco despues de la abdicacion del jeneral Lavalle. En Octubre del mismo año regresaron á Buenos Aires; pero les salió al encuentro una órden de destierro, y sin que se les permitiese desembarcar volvieron á una espatriacion que para casi todos los hermanos debia ser eterna.
Varela salió desterrado, como hemos dicho, el 12 de Octubre de 1829, y desde entonces fijó su residencia en Montevideo, donde debia pasar el resto de sus dias. Estando allí casó con una jóven de Buenos Aires con quien habia quedado comprometido antes de su espatriacion. Esta union fué feliz y fecunda; Varela tuvo en ella trece hijos.
Instalado en Montevideo, se dedicó asiduamente á terminar su carrera de abogado, profesion que empezó á ejercer con éxito antes de estar solemnemente recibido en los estrados de aquel pais. La recepcion tuvo lugar el 8 de Abril de 1835. "Los miembros del tribunal, dice el mismo Varela, me hicieron el honor de no examinarme, dirijiéndome su presidente una arenga en la que me manifestó que el tribunal estaba satisfecho de mis aptitudes."
Con su entrada en el foro termina una de las faces de la vida literaria de Varela. Se consagró durante tres años, con ardor incansable, al estudio de la jurisprudencia, y al de las ciencias políticas y morales que con ella se dán la mano; y aunque no abandonó sus gustos literarios y su pasion por los versos, fué sin embargoo, dejando de hacerlos, hasta que por el año 34 ó 35 renunció completamente á este género de composicion literaria.
En 1830 publicó un pequeño cuaderno con el título de El dia de Mayo, conteniendo cinco de sus mejores composiciones. Dos de ellas han sido insertadas en la América Poética. Sin apartarse en las formas y el estilo de los ejemplos de Quintana, que era su modelo predilecto, Varela abandonó en estas poesias, por primera vez, la silva que habia manejado siempre; y ajustó su pensamiento á las formas de la estancia regular, con iguales condiciones de ritmo y de cadencia. Por el mismo tiempo dió á luz su bella Oda á la Hermandad de la Caridad, obra llena de filosofia é ideas elevadas, la cual contribuyó no poco á asentar su reputacion literaria en el pais de su asilo; y á darle valimiento con el círculo poderoso de los hombres que dirijian aquella corporacion.
No contribuyó ménos á ese resultado la publicacion que hizo en ese mismo año de un escrito de género muy diverso, titulado: Observaciones contra el Proyecto de ley sobre la moneda de cobre; panfleto impregnado de las sanas ideas de la escuela económica moderna, y que hace altísimo honor á los conocimientos y al buen juicio del jóven autor.
En 1833 fué nombrado por el Gobierno de Montevideo miembro de una comision censora de teatro; y él mismo compuso una comedia, de la cual nada conocemos.
Con este ensayo, y algun otro de menor importancia, Varela abandonó la lira para siempre, y se entregó desde entonces á su profesion y al estudio de la historia de su pais que se preparaba á escribir.
Su íntima relacion con su hermano D. Juan Cruz, á quien hospedaba en su casa y respetaba como á un segundo padre, le habia puesto en su pais, y le puso en Montevideo tambien, en la vida activa de la política. Todos los hombres notables del partido unitario habian sido desterrados de Buenos Aires por Rosas, y se habian refugiado, como los hermanos Varela, en Montevideo, ó en otros puntos del territorio Oriental. Esa porcion escogida de proscriptos, suspiraba por regresar á la Patria perdida. Compuesta de los hombres de mayor inteligencia y de los militares de mas valor y nombradia en las guerras pasadas, forzados á la inactividad, ó á un trabajo penoso para procurar el sustento de sus familias arrojadas de sus hogares, aquella emigracion vivia de esperanzas y deseos, y hacia una propaganda activa y temible contra el poder tiránico de su pais. Esto inquietaba naturalmente á Rosas.
El Estado Oriental estaba tambien dividido en partidos, que, como un elemento mas de poder, procuraban ganarse á los emigrados arjentinos. Estos á su vez buscaban sus afinidades entre las facciones, con la esperanza de ser ayudados algun dia en sus proyectos relativos á su pais. El gobierno de Oribe manifestó al fin que preferia el apoyo del gobierno de Rosas; admitió sus reclamos contra el uso de la libertad de imprenta que hacian los emigrados; y estos, como era natural, se inclinaron al partido de Rivera que les ofrecia ayuda y garantias. La lucha estalló en 1836; pero D. Florencio Varela no tomó parte activa en los sucesos que se desarrollaban, por mas que simpatizára con el partido colorado. Sin embargo de esto, fué desterrado por el gobierno de Oribe.
Triunfante el general Rivera, Varela regresó á la ciudad, y desde entonces empezó é tomar parte franca y activa en la política de aquel pais. Establecido el gobierno de Rivera, uno de sus primeros actos fué declarar la guerra al tirano de Buenos Aires. De aquí nació una triple alianza entre las fuerzas navales de la Francia que bloqueaban esta ciudad, por una parte, el nuevo gobierno oriental por otra, y por otra la emigracion arjentina que cada dia aumentaba su número con los que salian de Buenos Aires huyendo dá las violencias del Dictador, y procurando robustecer el nucleo reaccionario que al amparo de esos dos poderes se formaba en Montevideo. El Dr. Varela fué uno de los cooperadores mas decididos é intelijentes en la revolucion contra Rosas.
Desde que el General Lavalle se puso en campaña; él era el hombre de pensamiento y de accion de la Comision Arjentina, cuyo encargo principal consistia en proveer de recursos al ejército, para lo cual casi era necesario hacer milagros. El mantenia las relaciones de esta con el ejército revolucionario, con los agentes franceses, y con el gobierno oriental. Su casa era el punto de reunion de la emigracion arjentina. Cultivaba especialmente con esmero la amistad de la juventud, cuyos sentimientos patrióticos inflamaba, y cuyo amor al estudio estimulaba.
Los agentes de la Francia habian estipulado una alianza formal con el general Lavalle, cuyo objeto era la destruccion de la tirania de Rosas y el establecimiento de gobiernos regulares en la república arjentina. El general Lavalle habia atravesado el Paraná, y operaba ya en el territorio de Buenos Aires, cuando se presentó el Almirante Mackau, con algunos refuerzos y ámplias facultades para obrar. El Almirante prefirió la via de las negociaciones é hizo la paz con Rosas. El Dictador afirmó así su poder, y la reaccion liberal terminó por entonces en una série de desastres.
El Dr. Varela publicó con ese motivo uno de sus escritos políticos mas notables, titulado: Sobre la convencion de 29 de Octubre de 1840, desarrollo y desenlace de la cuestion francesa en el Rio de la Plata. En este papel lleno de nervio y de elocuencia, presentó Varela en su verdadera luz la vergonzosa transacion por la cual un Almirante francés dejó á merced de un enemigo feroz á los aliados de la gran nacion.
Varela escribia en esta ocasion bajo el peso de toda clase de infortunios. El folleto se dió á luz el 29 de Diciembre. El 20 de Octubre habia perdido una hija, el 29 se habia concluido el tratado que daba un golpe fatal á su partido; el 28 de Noviembre el ejército libertador era completamente batido en el Quebrachito; y en los momentos mismos de terminar aquel escrito recibia la noticia de haber sido asesinado en esa misma batalla, su hermano Rufino, á quien Varela amaba como á un hijo!
Tantas fatigas de espíritu y de cuerpo, la incesante consagracion á la cosa pública, los acerbos pesares devorados en secreto por los desastres de la revolucion y por las causas que los producian y que la generalidad ignoraba, la asídua contraccion á su bufete que le daba el pan para su numerosa familia; todo esto agotó al fin las fuerzas de Varela. A mediados del año 40 ya habia tenido necesidad de hacer un pequeño viaje á Martin Garcia. Le hemos oido referir la viva emocion que sintió su alma al divisar en aquel viaje las torres de la ciudad natal en lontananza; el buque contrariado por los vientos se habia puesto á la vista de Buenos Aires; aquella fué la última despedida de la patria. A principios de 1841, su vida se encontró seriamente amenazada por una afeccion pulmonar. Sus médicos le prescribieron hacer un viage al Brasil; y el 31 de Mayo se embarcó con su familia para Rio Janeiro, donde llegó el 14 de Junio, despues de un viage peligroso.
Una semana antes de partir, tuvo lugar en Montevideo un certámen poético, en celebracion de la Revolucion de Mayo. Varela fué uno de los jueces, y escribió el juicio de la comision, que insertamos en este repertorio.
Luego que el Dr. Varela llegó á Rio Janeiro; sintió una mejoría notable en su salud. Allí consagró principalmente su tiempo á preparar los elementos que debian servirle para escribir la historia de su pais, pensamiento que le ocupaba hacia algunos años.
Cinco meses empleó en escudriñar la Biblioteca pública de aquella capital, en la cual encontró y estractó documentos preciosos relativos á la historia política de estas regiones cuando aun eran colonias.
Se dedicó al estudio de los materiales que habia acopiado durante muchos años y recibió de D. Bernardino Rivadavia, que allí residia, noticias ignoradas y papeles y documentos de la mayor importancia. Entre ellos, y de letra del general Belgrano, todos los relativos á la célebre negociacion con Carlos IV, [ó mas bien con el conde de Cabarrus,] y todos los papeles diplomáticos relativos á su mision á Europa. Obtuvo tambien el autobiografia de Belgrano, y algunas notas curiosas sobre la revolucion de Alzaga en 1812, y sobre la causa contra este mismo personaje en 1809.
Habia reunido gran copia de materiales, en periódicos, folletos, memorias y documentos, inéditos, y en tradiciones orales de los hombres que estaban al cabo de los sucesos en que habian sido actores ó testigos. Estaba preparado para utilizar estos elementos.[1] La muerte arrebató á la Patria aquella riqueza intelectual con tanta industria atesorada. "¿Seria acaso un presentimiento el que manifestaba este hombre tan laborioso cuando respondia á sus amigos que con frecuencia le pedian que mirase por su salud,—"Es que veo que se me acaba la vida sin haber hecho nada que quede despues de mí"?...
El 30 de Noviembre de 1842, el Dr. Varela se puso en viaje con toda su familia, de regreso para Montevideo.
Cerca ya del puerto, el buque chocó en un escollo y se fué á pique. Varela y su familia escaparon con gran trabajo de una muerte terrible; pero de todos sus efectos, apénas pudo salvar su caja de papeles históricos, objeto especial de sus cuidados durante el naufrajio.
El Dr. Varela llega á Montevideo, sin tener con que cubrir la desnudez de sus hijos: y la primera noticia que recibe es la del desastre del ejército del jeneral Rivera en el Arroyo Grande. El dia 16 de Febrero el ejército de Rosas ponia sitio á Montevideo; y como las desgracias no vienen nunca solas, en el siguiente mes, y en el espacio de tres dias, Varela perdió una hija, y una hermana muy querida. Su corazon resistió con entereza esta cadena de desventuras. Le hemos oido referir con serenidad todos los accidentes de su naufrajio; le hemos visto soportar con resignacion la pérdida de cuanto poseia, y entregarse en seguida tranquilamente al desempeño de sus nuevas deberes.
Montevideo se preparó á defenderse contra las armas de Rosas, que el jeneral Oribe, temible por sus recientes, hechos, conducia contra su pais. Varela ocupó un puesto entre los defensores; y despues de ayudar con su consejo y su cooperacion al gobierno de la defensa, fué enviado en Agosto de 1843 á Inglaterra con una mision especial, cuyos antecedentes y objeto esplica él mismo en su Diario de Viaje. (Vease Celebridades Arj.)
Antes de ser nombrado para esta mision, el Dr. Varela publicó un nuevo panfleto político, titulado: Sucesos del Rio de la Plata. Su objeto era, demostrar la falta de verdad y de estudio que predominaba en los informes que remitian á los gobiernos europeos sus respectivos ajentes, de donde provenian los desaciertos en que habian incurrido aquellos en sus cuestiones con el dictador de Buenos Aires.
Varela desempeñó su mision con habilidad, pero no consiguió el resultado que habia hecho esperar el Comodoro Purvis, y que era dado prometerse despues de los actos de este, y de las compromisos contraidos por el ministro británico, Mr. Mandeville. Despues de varias conferencias con lord Aberdeen, declaró este oficialmente que el gobierno de la reina no tomaria parte en los negocios del Plata. La Inglaterra (como observa Varela) no conocia entonces sus intereses. Dos años despues se veia forzada á hacer lo que no hizo á instancias de Varela; y así el tiempo vino al fin á dar la razon al comisionado de Montevideo.
Varela ocupó su corta residencia en Inglaterra en visitar los monumentos, los palacios, los museos, los arsenales, y especialmente los establecimientos fabriles que alimentan la industria y el comercio colosal de aquella gran nacion. Estudió las máquinas de vapor con el interés de un mecánico. De todo tomaba prolijas notas en el diario de viaje que llevó sin interrupcion.
Despues de visitar las principales ciudades manufactureras de Inglaterra, pasó á Francia y residió algunas semanas en Paris, donde redobló su actividad para ver las cosas mas notables de este otro emporio de civilizacion y humana grandeza. Su tiempo se dividia entre la necesidad de satisfacer su ilustrada curiosidad, y el deseo de obtener en Francia por la opinion pública, lo que sus esfuerzos no habian alcanzado cerca del gabinete ingles. Con ese fin, se acercó á los principales oradores de la Cámara de Diputados, y particularmente á M. Thiers, cuya estimacion supo captarse. En aquella asamblea, tanto bajo la monarquía, como despues bajo la república, resonaron los elojios de Varela, cuando llegó la ocasion de tratar la cuestion del Plata, y de hacer uso de los datos que él habia facilitado.[2]
El año siguiente volvió Varela al seno de su familia. Su viaje á Europa, habia completado su educacion, sazonado su juicio y abierto á su inteligencia un campo mas estenso. Al mismo tiempo su carácter moral se habia perfeccionado. Las costumbres inglesas, que habia podido apreciar en el seno de algunas familias que habia tratado con cierta intimidad, lo habian cautivado; desde entonces parecia que el tipo ingles era el modelo de su conducta personal. A su afabilidad congenial que nunca lo abandonaba, se agregó por imitacion cierta gravedad llena de nobleza, particularmente en su trato con estraños. El sentimiento religioso se hizo tambien mas visible en él desde que tuvo ocasion de observar la saludable influencia que el culto externo ejerce sobre las costumbres públicas y privadas en Inglaterra. Cuando volvió á Montevideo empezó á habituarse á la práctica de la santificacion del domingo, asistiendo al templo con su familia al servicio divino. Desde entonces, en fin, pudo presentarse en el trato social como un modelo del hombre culto y del cumplido caballero.
Continuó influyendo directamente en la política del Rio de la Plata, por la amistad que lo ligaba al Sr. Vasquez, el cual volvió como antes á valerse de su consejo y cooperacion en el ministerio de Relaciones Exteriores.
Es de esa época, y pertenece á su inspiracion y á su pluma, el memorandum pasado por el gobierno oriental á su representante en el Brasil el Sr. Magariños, para entablar negociaciones sobre la base de un arreglo definitivo de límites. Pero su obra mas importante fué el Comercio del Plata, diario fundado por él en 1845, con tres objetos: combatir la tirania de Rosas, apoyar la intervencion europea que venia á facilitar con su ausilio los medios de destruirla, y abrir para la prensa del Rio de la Plata una nueva era de cultura en las formas, de moderacion en el debate y de utilidad y enseñamiento fecundo para el pueblo.
Varela se propuso realizar una completa reforma en la prensa periódica; y si no lo consiguió del todo, dió por lo ménos en su diario el ejemplo mas acabado de la posibilidad de realizarla.
Él se propuso hacer desaparecer del diarismo la personalidad y el insulto que, á falta de razon ó de saber, servia á los escritores del dia de cómodo recurso para satisfacer una curiosidad pueril, y dar pávulo á las discordias interiores. Estableció la discusion sobre las bases del razonamiento y de la historia; juzgó los hechos con sano criterio; esplicó con claridad el pasado y formuló con acierto las aspiraciones del porvenir.
Dió siempre mayor importancia á las cosas que á los hombres; puso la sinceridad del hombre honrado al servicio de su causa, y no manchó jamas con la mentira las columnas de su diario consagrado al esclarecimiento y á la defensa de la verdad. Ilustró en él todas las cuestiones de actualidad, y particularmente las que versaban sobre política internacional, que tanto abundaron en aquella época en que un campesino de Buenos Aires, supo á fuerza de astucia y mala fé, poner á prueba la perspicacia de los gabinetes y la habilidad de muchos diplomáticos. Conservó siempre una digna reserva en los negocios privativos del pais en donde escribia; porque profesaba el principio, de que la voz del extranjero en las cuestiones internas de un pais conmovido por la discordia, solo puede tener autoridad cuando se alza desligada del alarido de las pasiones ajitadas; cuando pugna por aplacarlas y no por enardecerlas. Estimaba á tal punto el decoro de su diario y de los principios á que estaba consagrado, que cuando ocurria un hecho, por notable que fuera, capaz de empañarlo, le negaba totalmente el derecho de circulacion por su conducto, como sucedió en la revuelta de Abril de 1846, de la cual no se encuentra el menor rastro en las columnas del Comercio del Plata.
Las relevantes prendas del escritor, el atractivo de su estilo, la fuerza irresistible de su lógica, la amenidad del diario que procuraba ser perfecto en todas las materias que abrazaba, diéronle una importancia suprema en todo el Rio de la Plata, y una grande estimacion en el exterior. El Comercio del Plata se hizo una potencia en las cuestiones de la época; su opinion era siempre deseada, y su consejo seguido. Todos querian conservar su coleccion, y hubo quien ofreció una onza de oro por el primer número sin poder obtenerlo. Como era natural, el publicista que con tanto éxito sostenia la propaganda civilizadora, que llenaba su ministerio con tanta conciencia y dedicacion, debia ser, y era en efecto, objeto de la estimacion y el respeto general, y así Varela llegó á tener en aquella época una importancia personal tan grande, como la que gozaba el papel que dirijia.
El Dr. Varela aprovechó el ajente de publicidad de que disponia, para dar á conocer muchos escritos interesantes y documentos relativos á la historia del pais, entre los cuales citaremos la Coleccion de Constituciones de las repúblicas americanas, y de los Tratados de los Estados del Plata, y una série de papeles de sumo interés sobre las cuestiones de límites entre las posesiones Españolas y las Portuguesas en América, todos raros, y algunos inéditos.
En las columnas editoriales dilucidó algunas cuestiones históricas, y sostuvo la gran tesis de la libertad de los rios interiores, que la revolucion contra Rosas puso en práctica apénas obtuvo el triunfo.
Dos años y medio habia sostenido el Dr. Varela la abrumadora tarea del diarismo, conquistándose la simpatía de los buenos y el odio de los malos, cuando el 20 de Marzo de 1848, á las 8 de la noche, fué alevosamente asesinado, recibiendo una puñalada por la espalda en el momento de llegar á la puerta de su casa. El asesino, Andres Cabrera, consiguió evadirse sin ser visto, y regresó al campo del ejército sitiador, de donde habia sido mandado, segun lo ha declarado él mismo, en la causa criminal que se le siguió en 1852.
Los detalles de este crímen atroz, están consignados en la Biografia de Varela que escribí para la Galeria de Celebridades Arjentinas, de donde he arrancado estos fragmentos. Allí remito al lector interesado en conocerlos, porque el Editor de la Biblioteca no me concede ya espacio sino para concluir.
Pocos hombres habrá que gocen como el Dr. Varela de un aprecio mas universal. Su carácter afable, su talento, su vida inmaculada, su honradez á toda prueba, su desprendimiento generoso, su sencillo género de vida, todo contribuia á captarle la amistad de cuantos le conocian. En todas partes del mundo donde estuvo, supo adquirir amistades calorosas y profundas. Y si en vida recibió los testimonios mas inequívocos de aprecio, despues de su muerte su familia tuvo la confirmacion mas solemne de ese sentimiento general.
Varela dejaba al morir diez hijos y una viuda en cinta, sin otro patrimonio que el corto capital invertido en la imprenta y su biblioteca. En el acto se abrieron suscripciones en favor de esa familia huérfana, y se reunieron mas de quince mil pesos plata en pocos dias. En ella tomaron parte sus amigos de todas las nacionalidades; y es digno de mencionarse, que Sir Charles Hotham, el gefe de la escuadrilla inglesa que combatió en Obligado, se asoció á esta manifestacion de simpatía, enviando desde Inglaterra donde se hallaba, algunas libras esterlinas.
La prensa de todo el mundo resonó en elogio del valiente escritor que habia concitado contra sí el furor de los tiranos, y un diario ingles propuso la ereccion de una estatua, costeada por los escritores públicos, en honor de su memoria.
Poco despues de derrocada la tirania de Rosas, que él combatió hasta el último instante de su vida, sus restos fueron trasladados á Buenos Aires por su familia, y depositados en esta tierra que tanto habia amado. El sencillo sepulcro en que duerme el eterno sueño, costeado por nueve de sus amigos ó admiradores, es un testimonio del aprecio que despertaron sus virtudes y su amor á la libertad.
Tales son los rasgos principales de la vida de este arjentino ilustre. Como hombre privado, fué un verdadero tipo de virtudes domésticas, Padre de una familia numerosa, tenia por su anciana madre una veneracion tan cariñosa como espresiva; era para él, segun sus propias palabras, un objeto de culto sobre la tierra. Jamas la nube mas lijera alteró la serenidad de su amor lleno de fidelidad y de confianza para la compañera de su vida. Su trato era festivo, fácil é insinuante. Se ganaba instantáneamente el corazon de cuantos le trataban. Poseia en el mas alto grado el dominio de sí mismo. Vivia siempre ocupado; y cuando no trabajaba mentalmente; tenia el antiguo hábito de recitar los innumerables versos latinos, franceses é italianos, ingleses y españoles que conservaba en su memoria privilejiada. No amaba la música; pero en compensacion, era apasionado por la pintura y el arte plástico. No conocia otros pasatiempos que los que le proporcionaban sus libros y sus estudios.
Como hombre público, brillaba por su talento, por su erudicion poco comun, por su carácter recto y leal. Partidario ardiente de la libertad, del órden y de la ley, consagró sus facultades eminentes en todo su vigor á la defensa de la verdad, sublevando la opinion pública contra el despotismo sangriento y bárbaro que habia sojuzgado á su patria. Reformó la prensa del Rio de la Plata, proscribiendo de ella la procacidad del lenguaje, la personalidad y el insulto, y haciéndola una cátedra de crítica decorosa, de enseñamiento moral y de discusion templada y racional. Sus armas fueron la verdad,—la verdad ante todo!—el exámen concienzudo de los hechos, y una aspiracion constante al progreso y al bien. Tolerante, conciliador y humano, aceptó todo concurso que tendiera á la paz y á la felicidad de su patria; no reconoció mas que dos enemigos dignos de su odio:—Rosas y Oribe; y muy pocos dignos de su desprecio—los que por interés ó vileza seguian sus banderas sangrientas. Mantuvo firme la suya que era de honor y de justicia;—al pié de ella fué sacrificado á la iracunda impotencia del vencido.
Luis L. Dominguez.
NOTA:—El escrito que antecede no es mas que una série de fragmentos tomados testualmente, con escepcion de pocos renglones, de la Biografia del Dr. Varela escrita para la Galeria de Celebridades Arjentinas.
L. D.
[OBSERVACIONES CONTRA EL PROYECTO DE LEY]
Presentado por el Gobierno á las Cámaras, sobre la moneda de cobre.
MONTEVIDEO—1830.
Si es del mayor interés, en los paises republicanos que todos los ciudadanos tomen parte en la discusion de los negocios que dicen relacion á la gloria, la prosperidad, y el bien estar de la Nacion; si es cierto que todos deben contribuir, en cuanto esté de su parte, á que se adopte una innovacion, cuyos resultados pueden ser favorables; ó á que se rechace otra, que indudablemente produciria efectos perniciosos; nunca es mayor aquel interés, nunca mas rigoroso este deber, que cuando se trata de examinar y discutir una medida, que afecta directamente á todos los individuos de la asociacion, de cualquier clase y condicion que sean; que lo mismo ha de ser sentida por el capitalista, que por el proletario, y que ha de decidir de la fortuna de aquel, como de la subsistencia de este. Entonces puede ser criminal la indolencia de los ciudadanos, si no procuran contribuir á ilustrar la materia; y merecerian sufrir los males que resultasen de la adopcion de una medida, á cuya discusion habian renunciado.
El deseo de cumplir con este deber, del modo que nos sea posible nos ha impulsado á tomar parte en el exámen de una cuestion de cuya resolucion están hoy pendientes los ánimos de todos.
Mucho tiempo hace que el descrédito progresivo de nuestra moneda de cobre ha llamado la atencion de las autoridades, y de los ciudadanos; unas y otros se ocupan, de algunos meses á esta parte, en meditar los medios mas á propósito para arrancar de la circulacion un agente, cuya accion amaga constantemente la prosperidad nacional, minándola en sus cimientos, y cegando las fuentes de la riqueza pública. La naturaleza del mal exijia medidas enérgicas y urgentes; y los ciudadanos esperaban con ansia que las autoridades se pronunciasen, de un modo decisivo, sobre asunto tan importante.
En esta espectativa, apareció en todos los diarios el proyecto de ley, presentado por el Ejecutivo á las Cámaras, el 22 del corriente, y su aparicion ha dado lugar á nuevas, y mas agitadas discusiones; le miran unos como un medio de salvar al pais de la crísis que le amenaza, mientras otros le consideran como el mas eficaz para acelerarla, y hacerla mas ruinosa; y todos se esfuerzan en demostrar su utilidad ó sus desventajas: nosotros (lo decimos desde ahora) pertenecemos al número de los que creen que el proyecto está muy léjos de producir los efectos que se deseaban; algo mas, de los que le miran como una fuente de males para el pais, en caso que llegue á convertirse en una ley. En el curso de este escrito, vamos á desenvolver las razones en que fundamos nuestra opinion. Procuraremos hacerlo de modo que todos nos entiendan; huirémos de las teorías, para fijarnos en consideraciones prácticas, que dén mayor fuerza á nuestros raciocinios. Si alguna vez es preciso, los apoyarémos en las doctrinas de hombres versados en estas materias, siempre que pueda hacerse una aplicacion exacta de ellas. Como nuestro único objeto es convencer, no usaremos otro lenguaje que el de la razon y la lógica; nos esforzaremos en hacer palpables los resultados de la medida que se propone; y habremos conseguido cuanto deseabamos, si una sola de nuestras ideas puede contribuir á producir un bien, ó á desterrar un mal.
Llamamos, sobre todo, la atencion del gobierno, y de ambas Cámaras, á las razones que vamos á desenvolver; les suplicamos que las pesen detenidamente, antes de ocuparse en la discusion del proyecto: porque, aunque no tenemos la pretension de enseñar, sabemos que es muy fácil que escapen á la imaginacion de unos, las ideas que se presentan á la de otros. Ya el Ejecutivo, en la nota con que acompaña su proyecto, ha manifestado que no es indiferente á los clamores de la opinion pública: allí ha dicho, que ha tenido muy presentes las observaciones que de algun tiempo acá, se manifiestan por la prensa; y nosotros tenemos derecho á esperar que se tomen en consideracion las nuestras: porque estamos persuadidos á que "se hace á los gobiernos un servicio útil, cuando se les indican recursos realmente fecundos é inagotables, ó se les aleja de los facticios y funesto."[3] Si conseguimos lo segundo, procuraremos indicar lo primero, proponiendo algunas bases que sostituyan con ventaja las del proyecto en cuestion. Esto produce necesariamente una division de nuestro trabajo en dos partes. 1.a Observaciones sobre el proyecto del Ejecutivo: 2.a Bases que pudieran sostituirse á las que en él se proponen. Entraremos ya en materia, sin mas explicaciones. ¡Ojalá nuestra tarea pueda ser de alguna utilidad!
PRIMERA PARTE.
OBSERVACIONES SOBRE EL PROYECTO DE LEY.
Desde que la inquietud producida por el descrédito de la moneda de cobre empezó á causar trastornos perjudiciales en el comercio, era indispensable la adopcion de una medida que remediase este mal, á cuya trascendencia no puede fijarse límites.
La base de esta medida, cualquiera que se adoptase, no podia ser otra, que la completa extincion de aquella moneda; base en que todos están conformes porque no hay uno que no conozca los peligros con que nos amenaza este medio circulante. Una moneda, que, por una multitud de circunstancias combinadas, ha dejado de ser un signo representativo de los metales preciosos, único destino que debia tener,[4] y ha venido á hacer el mismo servicio que ellos, sin poseer ninguna de sus cualidades; una moneda, que, ocupando el mismo lugar que el oro y la plata, no está garantida por nadie, que haya prometido cambiarla á la vista como deberia ser,[5] ni ofrece en su peso un valor real proporcionado á su valor escrito; esta moneda, decimos, no puede ménos de ser una causa constante de ruina; y es preciso desterrarla á todo trance. Bien conoció el Ejecutivo que esta debia ser la base de cualquiera operacion que propusiese á las Cámaras; ó, mas bien, que este era el objeto principal que debia tener en mira: y así es que á esto se dirije su proyecto segun se vé en el artículo 11, que dispone que, al cabo de tal tiempo, no circulará, como moneda, en el Estado, el cobre del Brasil.
Convenimos, pues, con el gobierno y con todos, en esta base principal. Pero ¿los medios que el proyecto propone son á propósito para conseguir el objeto que se desea? ¿Sancionado él, desterrará de la circulacion el cobre del Brasil? Y si le destierra ¿no será causando á la riqueza nacional perjuicios enormes, que no podrá ella soportar sin aniquilarse? ¿Los medios que el gobierno propone son de tal modo esclusivos, que sea preciso adoptarlos, á pesar de todos sus inconvenientes, porque no haya otros de que echar mano? Esto es lo que vamos á examinar, resolviendo negativamente estas cuestiones; y nos lisonjeamos de que nuestra opinion será la de la mayoria de los ciudadanos.
A pesar del poco enlace que guardan entre sí los artículos del proyecto, los analizaremos uno á uno, del modo mas completo que nos sea posible. El primero dispone que—
Por el término de seis meses, cuando ménos, ó de nueve; cuando mas, á contar desde el dia en que se publique esta ley, se admitirá en las oficinas de recaudacion, por pago de derechos de introducciones, la mitad en moneda de cobre, y la otra mitad en plata ú oro, por el valor de sus sellos.
El primer vicio que se presenta en este artículo, vicio que es comun á todo el proyecto, es la incertidumbre del periodo en que él ha de empezar á tener efecto. En las operaciones de hacienda, de cualquier naturaleza que sean, es indispensable que todo sea fijo y determinado; y mucho mas, cuando ellas importan una innovacion, que necesariamente obliga al comercio á arreglar sus pagos bajo un nuevo sistema, como sucede en el caso presente. En esta clase de operaciones no puede haber mas ni ménos; todo lo que no sea determinado é invariable, es muy espuesto á producir todos los males que resultan al comercio de no tener datos seguros para sus cálculos; de no poder arreglar los negocios, con la confianza de que, en tal periodo precisamente, ha de empezar á cumplirse una nueva ley, que le impone nuevos deberes. Nos esplicarémos.
Hoy está el comerciante obligado á pagar sus derechos de introduccion en moneda de plata, por el valor de sus sellos; y los acreedores del Estado son pagados todos del mismo modo; entrando solamente el cobre por el valor de un dos por ciento, y en las transaciones menores.[6] Mas el proyecto propone que se paguen estos derechos la mitad en plata y la mitad en cobre; y fija para esto seis ó nueve meses. Sancionado que sea él, ¿como sabrá el comerciante y el acreedor del Estado cual de los dos periodos elejirá el gobierno para empezar á cumplir la nueva ley? ¿Como tomará sus medidas el primero para proveerse con tiempo del cobre necesario para pagar los derechos; y el segundo las suyas para dar destino á la moneda desacreditada que reciba en pago; si ni el uno ni el otro saben con certeza el dia para que deben arreglar sus cálculos? Necesariamente esta incertidumbre ha de ponerlos en una gran confusion, ha de introducir una gran desconfianza en las operaciones mercantiles; ha de exponer á todos á mil engaños perjudiciales; porque mediando un periodo de tres meses, nada ménos, entre los dos plazos fatales, ninguno podrá entrar con seguridad en una especulacion extranjera como que no puede saber, si, en llegando sus mercancias á puerto, habrá de pagar los derechos en plata, ó por mitad en cobre. Todo esto es de una evidencia palpable; y cualquiera que tenga las primeras nociones del comercio, sabe bien que nada puede emprenderse, sin peligro, cuando no hay datos fijos para calcular.
Mucho podriamos extendernos en demostrar los perjuicios que esta incertidumbre en las operaciones mercantiles acarrearia á todos los consumidores de géneros de importacion; pero nos contentamos con apuntar la idea porque es muy fácil concebirla en toda su extension; y seguiremos examinando el artículo primero del proyecto.
Del mismo modo que no atinamos con las razones que hayan decidido al gobierno á fijar dos plazos para empezar á cumplirse la ley que propone, tampoco podemos concebir cuales son los resultados útiles que espera de la medida que encierra este artículo. La hemos meditado detenidamente, y solo hallamos que ella es diametralmente contraria al objeto que se procura. No nos olvidemos de que este es la extincion de la moneda de cobre. Bien, pues; el artículo primero, ni por sí solo, ni combinado con los demas, puede propender á extinguirla; porque las cantidades de cobre que, en fuerza de él, reciba el gobierno, en pago de derechos, saldrán de sus arcas, para volver á la circulacion, en virtud del artículo 13, que dispone que el gobierno hará sus pagos en la idéntica proporcion que cobra los derechos. En consecuencia, sancionado este artículo, permaneceria en circulacion cuando ménos, la misma cantidad de cobre; y decimos cuando ménos, porque aun nos falta que demostrar que circulará mucho mas.
Pero, si el artículo es inútil bajo este punto de vista, no lo es ménos si se crée favorecer con él al comercio. En efecto, al comerciante importa casi lo mismo pagar los derechos en plata que en cobre, (se entiende cuando sabe con seguridad que ha de pagarlos en tal especie determinada); porque, si los paga en plata, sus efectos se aforan en esta moneda; y si en plata y cobre por mitad, el aforo se hace guardando la proporcion del valor de ambas monedas, de modo que el resultado siempre es igual para el introductor.
Es visto, pues, que el artículo primero ningun resultado útil puede producir, ni en beneficio del comercio, ni para estinguir la moneda aborrecida. Pero léjos de estinguirla, favorece poderosamente su aumento; y en este concepto, el artículo es perniciosísimo. Vamos á probarlo á la evidencia.
Nadie negará, al ménos con razon, que la moneda es una mercancia, como todas las demas, sujeta á las mismas leyes, "y cuyo valor se determina tambien por la proporcion que se encuentra entre su cantidad ofrecida y su cantidad demandada";[7] ó, lo que es lo mismo, que "su valor se aumenta en razon de la necesidad que hay de ella, combinada con su abundancia."[8] Tampoco podrá negarse que toda mercancia, inclusa la moneda, acude mas á aquel mercado donde mas se necesita; y que todo jénero es mas necesario, cuanto son mas multiplicados los usos que de él se hacen. De estos principios invariables, y que son un axioma para todos, resulta necesariamente este otro: que en el momento que se destina un jénero cualquiera á un uso que antes no tenia, ese jénero es mas solicitado, y por consiguiente acude mas al mercado donde se necesita. Hagamos ahora la aplicacion de estos principios.
En virtud de la ley de 11 de Julio del año anterior, nuestra moneda de cobre ha dejado de usarse en el pago de los derechos de introduccion; y por consiguiente tiene un empleo ménos que antes, y un empleo de aquellos en que mas se consumia: esto ha hecho necesariamente que aquella moneda sea ménos solicitada; y que falte un estímulo poderoso para introducirla. Pero el artículo 1.° del proyecto manda que la mitad de los derechos de introduccion se paguen en cobre; y desde ese momento restablece la moneda que quiere estirpar en un empleo que ya no tenia; quiere arrancarla de la circulacion, y la abre un canal nuevo y espacioso para que circule; quiere darla un golpe de muerte, y aumenta y fortifica los resortes que la hacen vivir. Sancionado el artículo que combatimos, necesariamente habrá mayor demanda de cobre; será mas solicitado en una cantidad igual á la mitad de la suma total de los derechos de introduccion; y esta nueva demanda, escesiva sin duda, tan léjos de excluir de la circulacion aquella moneda, la dá mas valor del que hoy tiene; y ofrece al extranjero un nuevo y poderoso aliciente para introducirla. Si alguno dudase de que la medida que atacamos daria mas valor al cobre, fijese en lo que pasa con él en el dia. Nunca ha sido mayor el valor de los patacones y las onzas respecto del cobre, ó menor el del cobre respecto de la plata y el oro, que en los últimos meses. ¿Y porqué? Porque en los últimos meses, el cobre perdió enteramente el empleo que tenia en el pago de derechos; dejó por esta razon, de ser tan solicitado; la cantidad que se empleaba en aquel uso, distrayéndola de los demas que tiene la moneda, volvió de golpe á recargar la circulacion; abundó mas, se buscó ménos, y bajó de precio. Mas si ahora se la vuelve á emplear en el pago de derechos, se efectuará necesariamente la operacion contraria; y el cobre adquirirá mas valor.
Desde el momento que le tenga, el extranjero halla un estímulo mas para introducirle: todos los especuladores del Brasil sobre esta plaza, tienen un nuevo empleo que dar al cobre en el pago de derechos de los efectos que introduzcan; y puede asegurarse, sin temor de engañarse, que el dia en que empezase á cumplirse este artículo de la ley, ese mismo empezaria á aumentar la cantidad de cobre circulante, y este aumento seguiria progresivamente.
¿Habrá alguno tan preocupado, que nos oponga el argumento de que está prohibida la introduccion de cobre del Brasil? No lo creemos; pero si alguno hubiese, le desmostrariamos su error del mismo modo que el que probó que habia movimiento, echando á caminar: le diriamos que á pesar de la prohibicion de introducir cobre del Brasil, circulan en esta plaza millares de monedas de este metal, acuñadas en el año que va corriendo, no solo lejítimas, sino tambien falsificadas, que aun es peor: les diremos que en todos los puertos del Brasil se introducen por contrabando miles de pesos en cobre falsificado; les mostrariamos, al lado de los ejemplos de todas las naciones que han prohibido la introduccion ó estraccion de alguna moneda, y han sido burladas, el ejemplo de la España, que castigaba con la pena capital la estraccion de un peso fuerte, fuera de su territorio; y se estraian millones anualmente, por que las minas opulentas de Méjico vaciaban en las arcas de Madrid muchísimo mas numerario del que se necesitaba para la circulacion; y el sobrante buscaba salida, á pesar de la amenaza del patíbulo.
Hemos demostrado que el artículo del proyecto, léjos de contribuir á desterrar la moneda de cobre, propende directa é inmediatamente á darle mas crédito y valor, y á aumentar su cantidad, estimulando la introduccion. ¿Como podrán, pues, las Cámaras autorizar con su augusta sancion, una medida directamente contraria á lo que reclama el interés general, y al objeto mismo que se propone el gobierno, al presentarlas el proyecto de ley? Esperamos que estas razones podrán algo sobre el ánimo de nuestros legisladores; y pasamos á ocuparnos del artículo segundo.
Su texto es el siguiente:—
El pago de derechos, en los frutos y efectos de extraccion se hará con arreglo al decreto de la H. A. fecha 11 de Julio de 1829, reducida la moneda de cobre á un 2 por ciento en las transaciones mayores.
Este artículo, que por sí solo nada importa; pues no es otra cosa que la confirmacion de la ley que en él se cita, y que está vijente; es, en nuestro sentir, una irregularidad que sorprende, si se le combina con el que acabamos de analizar. En efecto, el artículo 1.° manda pagar mitad en plata y mitad en cobre, los derechos de introduccion; es decir, de efectos de produccion y fabricacion extranjera; y el 2.° manda pagar solo en plata [ménos el 2 por ciento], los derechos de exportacion; es decir, de los frutos de produccion ó fabricacion nacional. He aquí una combinacion extraordinaria: una ley destinada á alijerar los impuestos sobre los productos extranjeros, y á conservar los que gravitan sobre los productos nacionales. No acertamos con el objeto que el gobierno se propone con esta medida. Entretanto es indudable que nuestros cueros, nuestra crin, nuestras astas, &a., quedan de peor condicion que los tejidos, los caldos y la quincalla del extranjero. La razon es clara. Si el extranjero, que introduce paños, pagando sus derechos en plata, puede vender en nuestro mercado la vara de aquel tejido á siete patacones, por ejemplo, y el hacendado nacional que extrae cueros, puede vender al extranjero cada uno en igual cantidad, pagando los derechos tambien en plata; sancionado el proyecto, el extranjero podrá vender su vara de paño en tanto ménos de los siete patacones, cuanto sea el ménos valor que paga de derechos, á causa de la diferencia del cobre respecto de la plata; mientras que el hacendado nacional, que, podia vender el cuero en tanto mas de siete patacones, cuanto ménos derecho tuviese que pagar el que ha de estraerlos, si los pagase en cobre, no puede aprovecharse de esta ventaja, de que se aprovecha el extranjero.
Repetimos que no podemos acertar con el objeto que el gobierno se ha propuesto en este artículo; y, si, como hemos demostrado, él es perjudicial porque favorece la industria extranjera, gravando la nacional, es completamente inútil para lograr el fin que se tiene en mira, de estinguir la moneda de cobre del Brasil. Nosotros, por lo ménos, no vemos de que modo pueda influir este artículo es aquel resultado; y creemos que nadie podrá demostrarlo. Juzgamos innecesario decir mas sobre él, y vamos á ocuparnos de los siguientes:
3. Queda autorizado el gobierno para que, si lo estima necesario, establezca una caja recaudadora del cobre que debe separarse de la circulacion.
4. Lo está igualmente para determinar el modo y forma de la extraccion de dicho cobre; valorar el cambio á que deba recibirlo la caja, si se establece, y estipular el premio y comisiones que necesita la operacion.
He aquí dos artículos que una vez sancionados, producirian la mas funesta ajitacion en todos los tenedores de la moneda de cobre, introducirian alteraciones indefinidas en todos los valores, trabarian toda clase de especulaciones, y convertirian las vias fáciles y conocidas del jiro mercantil en un laberinto enredado y confuso, del que no saldriamos, sino á costa de la riqueza nacional.
Sorprende, á la verdad, ver al Ejecutivo proponer á los legisladores del pais una ley, sobre materias tan delicadas como todas las de hacienda, concebida en los términos mas vagos, mas indeterminados, mas sujetos á variaciones de toda clase. La ambigüedad de las palabras es un vicio capital en toda ley, aun en las ménos importantes, porque abre la puerta á las interpretaciones, y á su diferente aplicacion. ¿Y qué se dirá de una ley sobre materias que tienen por base la confianza pública, propuesta en momentos de una gran ajitacion, con el objeto de calmarla; y que deja abierta la puerta á toda clase de interpretaciones, á todo jénero de dudas, á variaciones sin término, á incertidumbres y desconfianzas sin límites? La confianza pública es la piedra fundamental sobre que han de levantarse todas las operaciones de hacienda: ya un célebre escritor la llamó, la madre del crédito;[9] y toda medida tomada en estas materias, que no inspire una confianza ciega, es una fuente de trastornos. Esto sucede con los artículos 3. y 4. del proyecto.
El primero autoriza al Gobierno para establecer, ó no, segun lo crea conveniente, una caja recaudadora del cobre que debe separarse de la circulacion. El establecimiento de esta caja, ¿es por ventura una medida tan indiferente, que no merezca fijarse en la ley, y que pueda sancionarse con el carácter de eventual? De ningun modo: porque el establecerse ó no la caja importa el que haya ó deje de haber un medio de amortizar la moneda peligrosa: ¿y cuantos trastornos no producirá al comercio y á todos los tenedores de cobre la incertidumbre en que quedan de si se amortizará ó no? Las especulaciones del primero, los cálculos de los segundos, deben ser enteramente distintos, si el cobre se amortiza de lo que serian en el caso contrario. Todos tienen que arreglar de antemano sus negocios en un sentido, para el primer caso; y en otro, diametralmente opuesto, para el segundo. ¿Como sabrán pues, el modo con que han de arreglarlos, cuando ignoran si la caja se establecerá ó no, si se verificará el hecho que debe ser la base de sus cálculos? ¿Quien responde de los perjuicios que sufririan los tenedores de esa moneda funesta, si, habiéndose preparado para el caso de que la caja se establezca, el gobierno no la establece; y vice versa? ¿Como pueden emprender nada con seguridad, si la ambigüedad de la ley los expone á verse engañados en todos sus cálculos? Esto es de suyo tan claro, que no necesita mas explicaciones: sin embargo, las adelantarémos con un ejemplo.
Todos saben que el descrédito de las notas del banco de Buenos Aires proviene de que no se pagan á la vista; si aquel establecimiento prometiese el dia de hoy empezar á pagar sus billetes el 1.° de enero, por ejemplo, ellos adquiririan inmediatamente mas valor en la plaza: y las especulaciones se arreglarian con concepto á que aquel dia los billetes debian valer tanto como el oro y la plata. Pero, si el banco dijese á los tenedores de sus notas: "el 1.° de Enero empezaré, ó no, segun me parezca, á rescatar mis billetes, cambiandolos por metálico". ¿Qué efecto produciria su promesa? Necesariamente una confusion espantosa. Los billetes tendrian cada dia un valor distinto, segun la mas ó ménos probabilidad que hubiera de que el banco los cambiase ó dejase de cambiarlos; esta alteracion en el medio circulante produciria la alteracion de todos los valores; ninguna especulacion podria hacerse por que se ignoraria si lo que hoy se compró á 4, podrá venderse mañana á 2; y he aquí perdida la confianza, aniquilado el comercio.
Lo mismo sucede con el artículo 3 del proyecto. Si la caja se establece, subirá el precio del cobre, por que habrá quien lo cambie por plata, quien responda de su valor: si no se establece, sucederá lo contrario, la caja no podria hacer sus operaciones sino en los seis ó nueve meses fijados en el artículo 1.°, porque al cabo de ellos ya no debe circular el cobre segun el artículo 11. De aquí resultaria necesariamente que en todo este periodo los tenedores de cobre no podrian saber si su moneda valdrá hoy lo que valdrá mañana; nadie podrá comprar á plazo de 8 dias, porque ignorará si, al ir á pagar un género que hoy compró á 8, la moneda habrá adquirido doble valor, por el establecimiento de la caja, y tendrá que pagar diez y seis, por lo que solo vale la mitad. A este estado de incertidumbre ¿que otra cosa puede seguirse, que un desaliento jeneral, un abandono completo de las especulaciones mercantiles?
Pero no es este el solo vicio del artículo—El gobierno establecerá si lo crée necesario una caja recaudadora del cobre. ¿Y cuales son los fondos de esta caja? ¿Cual es el capital con que ella haria frente á sus compromisos, una vez establecida? Si registramos los trece artículos del proyecto, en ninguno vemos que se la destinen fondos para el caso que se establezca. Supóngase que llega este caso: si la caja es para recaudar el cobre, no puede hacer esta operacion sino cambiándole por plata ú oro; pues el nuevo cobre nacional solo empezará á circular despues de los seis ó nueve meses; y entonces ya no circulará el del Brasil. Bien, pues, si la caja se establece, en este mero hecho el gobierno promete á los tenedores de cobre cambiárselo por plata ú oro, como hace un Banco con sus notas: ¿y cual es el capital que tiene la caja para cumplir esta promesa? ¿Que fondos se le han destinado? Ningunos. ¿Y que confianza podrán inspirar las promesas del gobierno, cuando nadie vé el capital con que han de cumplirse? ¿Quien la tendria en un Banco, si no supiera que sus accionistas han depositado en él una suma de valores reales, que forma el capital con que han de hacer frente á sus compromisos? Son tan obvias estas reflexiones, que no podemos concebir como hayan escapado á la penetracion del Ejecutivo.
El no puede desconocer que su caja recaudadora seria un establecimiento de crédito; ¿y como entonces le propone sin designarle fondos? En establecimientos de esta clase, el capital es lo primero á que se atiende, como que él es su base única y su único sosten. El modo de sus operaciones importa poco, como haya capital con que hacerlas y mantener ileso el crédito. Uno de los escritores mas respetables en esta materia, el caballero Hennet, dice: que para inspirar confianza, y obtener crédito por ella, es preciso, entre otras condiciones, tener "un primer fondo de riqueza, que pueda garantir, sino el todo, al ménos una parte de los compromisos que se adquieran".[10] Este primer fondo de riqueza, este capital de los establecimientos de crédito, es siempre indispensable; y no basta tenerlo, sino que es preciso que todos sepan que se tiene, que todos estén persuadidos de que él no puede faltar por ningun motivo, sin cuya seguridad no habrá confianza en el establecimiento y por consiguiente, él no tendrá crédito. Por esto es que siempre que los gobiernos han establecido cajas de amortizacion, con cualquier objeto que sea, lo primero de que han cuidado ha sido de destinar en la misma ley que las establece una parte fija de las rentas para capital de la caja: y solo así han logrado sostenerlas con utilidad y con crédito.
Es visto, pues, que la caja, cuya creacion se propone por el gobierno nunca podrá tener mas que el nombre de tal, sin que pueda hacer servicio alguno, por falta de fondos; y que esta falta producirá necesariamente la desconfianza, que es la muerte del comercio. Sigamos nuestro análisis.
Esta caja, dice el art. 3, recaudará el cobre, que debe separarse de la circulacion. ¿Y como se separa? ¿De que modo va á hacer la caja sus operaciones? ¿En que periodos ha de ir rescatando el cobre que circula? ¿A que precio ha de pagarlo? ¿Qué circunstancias son las que han de determinar este precio? Todas estas cuestiones son de una importancia vital para los tenedores de cobre, y todas debian estar resueltas en la ley, á la manera que al establecer la caja que ha de amortizar un emprestito, se fija el valor de los billetes, se les señala un interés, se designan los periodos de la amortizacion &a. En efecto, los tenedores de aquella moneda necesitan saber de que modo ha de salir de sus manos para ser comprado por la caja; para que plazos deben tenerla acumulada, separandola de su jiro, con el objeto de cambiarla; á que precio se les ha de pagar, para calcular si les conviene mas venderla á la caja, ó darla otro jiro; y por último, que causas han de producir alteraciones en el precio que pague la caja, para arreglar, en consecuencia, sus cálculos. Todo esto necesita saber el tenedor del cobre: ¿y como le satisface el proyecto? Léase el art. 4.
El gobierno queda igualmente autorizado para determinar el modo y forma de la estraccion de dicho cobre, valorar el cambio á que deba recibirlo la caja, si se establece, y estipular el premio y comisiones, que necesita la operacion.
¡De este modo satisface el proyecto las ansiedades de los tenedores de cobre! ¡Cuanto desórden en una sola determinacion! Desde luego, el público, no solo tiene que sufrir la incertidumbre de si se establecerá ó no, esta caja, no solo tiene que mantenerse en una perpétua desconfianza por su falta de capital, sino que tambien debe ignorar el modo y la forma de sus operaciones, cuando esta debia ser la base para arreglar las suyas. Todo queda al arbitrio del gobierno, que puede establecer hoy una forma y mañana otra, sin que los tenedores puedan tomar ninguna como base fija de sus cálculos. ¡Qué modo de inspirar la confianza, madre del crédito! ¡Qué medios para calmar las inquietudes y zozobras que causa el cobre á sus tenedores!
Pero aun esto es nada. El mismo artículo deja al arbitrio del gobierno valorar el cambio á que la caja deba recibir el cobre. Esta disposicion es el colmo de las ajitaciones, y de los trastornos. ¿Como se crée que la caja recaudadora pueda tener ni la sombra del crédito, cuando no solo es incierta la forma y los periodos de la amortizacion, sino que tambien es discrecional el precio á que ha de amortizarse? El escritor que acabamos de citar dice (y no hay como dudarlo) "que no puede haber crédito, sin la mayor exactitud en llenar los compromisos que se contraigan en la hora, en el minuto, sin la menor dificultad, sin el mínimo retardo." Solamente de este modo puede tranquilizarse al acreedor de la caja, que en nuestro caso seria todo tenedor de cobre: solo así se le puede dar seguridad para sus cálculos, fomento para sus especulaciones.
Pero el proyecto no solo no fija periodo alguno para llenar sus compromisos, no solo no ofrece garantias de hacerlo sin dificultad ni retardo, sino que deja al administrador de la caja la facultad de imponer la ley á los tenedores del cobre sobre el precio á que han de cambiarle. Desde que esto se llevase á efecto, todos los valores del mercado quedarian sujetos á ser diariamente alterados, á voluntad del gobierno. Muy fácil es demostrarlo.
Por supuesto que la caja recaudadora jamas podrá hacer sus operaciones como las hacen las cajas de amortizacion, comprando la especie amortizable al corriente de plaza. Esto puede hacerse con los billetes de crédito público, porque, representando ellos, en manos del tenedor, el capital que éste ha prestado, le producen un interés mensual; y este interés es el que los convierte en un efecto mercantil, cuyo valor sube ó baja, segun es mayor ó menor el número de personas que quieren tener su capital prestado á interés, y los compran por este motivo. La alta ó baja en el valor de estos billetes siempre es libre, y se determina por la cantidad ofrecida y la cantidad demandada: de modo que tienen un precio corriente, al que puede comprarlos la caja de amortizacion. Pero esto no puede hacerse con nuestra moneda de cobre. Como que ella, en manos del tenedor, no representa su capital prestado á interés, sino que es el propio capital, la alta ó baja de su valor no es efecto de un jiro parecido al que se hace con los billetes, sino del descrédito que sufre; y por consiguiente, no tiene, como aquellos, un valor corriente á que la caja pueda comprarla. Esta fijará, pues, el precio de su amortizacion, como lo propone el proyecto, á voluntad del Ejecutivo.
Desde ese momento, el precio á que la caja pagase el cobre, seria la medida de su precio en el mercado; por que si la caja pagase un patacon, por ejemplo, por cada tres pesos de cobre nadie venderia por ménos sus patacones, sopena de perder al volver á comprarlos en la caja. Es, pues, indudable que el precio que esta pagase seria el del cobre en el mercado; pero el gobierno puede valorar ese precio á su arbitrio; puede pagar hoy al cuarenta por ciento, mañana al 20, pasado mañana al 30, y variar así cada dia; y por consiguiente á iguales alteraciones estaria sujeto el precio del cobre en el mercado. Mas, como esta es la moneda en que se hacen hoy los pagos todas las demas mercancias seguirán en sus valores las mismas oscilaciones que la moneda con que se las compra. Y entonces ¿quien podrá especular con seguridad en jénero ninguno? Cuantos perjuicios no sufririan los productores de todo jénero, que empleando hoy su capital le encontrarian mañana disminuido? ¿Cuantos no tendrian que sufrir todos los consumidores en virtud de las alteraciones de los valores de los efectos que consumen? La imaginacion se pierde en este caos; y nosotros creemos que lo que hemos dicho basta para demostrar á la última evidencia que los artículos 3 y 4 del proyecto serian ruinosísimos para el pais porque trastornarian completamente el jiro, introducirian la desconfianza y el desaliento, y matarian al comercio. Las razones que hemos aducido son de tal modo evidentes que no dudamos de que las cámaras conociendolas mejor que nosotros, rechazarán aquellos artículos—Analizemos el 5.°
Para sufragar toda clase de quiebras, y los gastos que pueda ocasionar la extraccion del cobre, se cargará un 10 por ciento el pago de derechos á la introduccion de muebles de lujo, y demas artículos que afectan la industria y agricultura del Estado.
Nos es muy estraño el ver que aun hoy se equivoquen tanto los gobiernos acerca de las reglas que deben seguir en la imposicion de los derechos. Ya no hay quien no reconozca como un axioma, que, cuanto mas se recargan aquellos, tanto mas se promueve el contrabando: resultando de aquí que las rentas se disminuyen en lugar de aumentarse. Los ejércitos de guardas con que la Inglaterra ha guarnecido sus costas, las penas terribles impuestas al contrabando, no impiden que se haga, por el valor de millones de pesos anuales, ni han sido parte á prohibir que en todas sus mesas se beba el vino de Burdeos, cuya introduccion se prohibia con penas severísimas. El ejemplo que hemos citado de la España, y las tablas que presentariamos, si el tiempo no nos urjiese, de la diminucion que han sufrido las rentas de todos los Estados, á proporcion que han aumentado sus derechos, probaria á la última evidencia que tal es el resultado inevitable de esos aumentos. El artículo, pues, que analizamos, producirá tambien este efecto tanto mas cuanto él recarga los derechos precisamente sobre artículos de lujo, es decir, sobre aquellos que, por su poco volúmen, se prestan admirablemente al contrabando. Una caja de alhajas, que valga algunos miles, se introduce en una faldriquera. No hay que dudarlo; si este artículo se sancionase, el Estado perderia en lugar de ganar; porque se harian clandestinamente las introducciones que hoy se hacen por la Aduana.
Pero él adolece, á mas, de otro vicio, que hace su ejecucion muy peligrosa. Se recargan los derechos sobre muebles de lujo, y demas artículos que afectan la industria y agricultura del Estado. Esta determinacion es en extremo vaga, y sujeta á mil interpretaciones. ¿Quien ha de clasificar los artículos á quienes la ley comprende? Son tantos y tan varios los que pueden afectar nuestra industria y agricultura, que es imposible dejar de enumerarlos en la ley, sino se quiere dar lugar á abusos perjudicialisimos.
Pero aun cuando ese artículo no produjese resultados contrarios á los que de él se esperan, aun cuando estuviesen designados los efectos que se recargan, el aumento de las rentas que él produjese jamas podria servir para sufragar las quiebras y gastos que traeria el extraer de la circulacion la moneda de cobre.
Esta operacion, como hemos dicho, debe hacerse en los seis ó nueve meses fijados por el proyecto; y en este periodo, por consiguiente, es preciso subsanar aquellas quiebras, y cubrir aquellos gastos. Pero el art. 6, cap. 3, de la ley de Aduana dispone que "no podrá hacerse innovacion á ella, sin que sea sancionada y publicada seis meses antes de su ejecucion." En virtud de esta disposicion, cuya moral é importancia nadie puede desconocer, el recargo de derechos, que establece el proyecto no empezaria á llevarse á efecto, ni á aumentarse por él las rentas, hasta seis meses despues de su sancion, es decir, en el mismo periodo en que debe hacerse la amortizacion del cobre, y en que han de tener lugar esas quiebras y esos gastos, que el gobierno quiere subsanar, con el aumento de derechos.
Resulta, pues, que el artículo 5 no puede, de modo alguno, contribuir al objeto de desterrar la moneda de cobre, á ménos que se revoque, en su obsequio, el 6 de la ley de Aduana; y á fé que el primero no merece el sacrificio del segundo.
El artículo 6 del proyecto autoriza al gobierno para enajenar el terreno de las dos cuadras pertenecientes al convento de San Francisco; y nosotros creemos que no es este su lugar. La disposicion que él envuelve, deberia ser objeto de una sancion separada, y posterior á algunas otras. Este terreno, como algunas mas propiedades, no es de propiedad pública, sino que pertenece á los regulares; y estamos seguros de que las cámaras no darán al gobierno la autorizacion que solicitan sin dictar antes una ley de reforma, que asegurase la subsistencia de los regulares; y en cuya virtud sus propiedades, pasasen á serlo del Estado. Mientras esta ley no exista, las Cámaras no pueden autorizar al gobierno para disponer de un predio que no es de propiedad pública; y en este concepto juzgamos impracticable el art. 6.
El valor de aquel terreno, dice el art. 7, servirá á proporcionar la moneda nacional en cobre, que debe empezar á circular, el primer dia despues de concluidos los seis ó nueve meses &a.
O nos engañamos mucho, ó este artículo es muy bien calculado para inspirar una gran desconfianza de que se realize la amonedacion del nuevo cobre nacional. El interés personal jamas se equivoca, siempre vela sobre todas las operaciones que le dicen relacion, examina prolijamente los recursos de los gobiernos, los compara con sus compromisos, y deduce las consecuencias que le han de guiar. Desde el momento que el pueblo vea que el gobierno propone por únicos recursos, para la empresa dificil y dispendiosa de sellar una nueva moneda, el producto de dos cuadras de terreno, ya no puede creer que aquella empresa se realice. Cada uno calcula primero el valor de ese terreno, despues los costos que puede tener la compra de la materia de que ha de fabricarse la moneda, los gastos de la amonedacion y demas; y de esta comparacion deducen todos que el valor de dos cuadras de terreno no puede hacer frente á gastos tan considerables como los que exije una nueva fabricacion de moneda. No hay remedio, siempre que los gobiernos presentan al pueblo recursos mezquinos para empresas grandes, le muestran su debilidad, y le inducen á desconfiar. El célebre Mr. Ouvrard prestaba cientos de millones á los soberanos de Europa, contrataba por si los sesenta con que la Francia compró la evacuacion de su territorio por los aliados; y sin embargo, se negó á prestar á un soberano cinco millones, diciéndole que el que pedia tan corta cantidad mostraba bien que no tenia como pagarla.[11] Esto es lo que siempre sucede en casos semejantes; y á esta desconfianza dá lugar el art. 6 del proyecto. El gobierno no puede dudar de que el valor de las dos cuadras de terreno está muy léjos de bastar á los gastos que demanda la emision de una nueva moneda: ¿por qué, pues, no pide tambien autorizacion para emplear otras sumas, hasta la cantidad necesaria, presentando un presupuesto y designando los ramos de las rentas de que se sacarian aquellas sumas? Este era el único modo de que su operacion inspirase la confianza, que él mas que nadie desea, por que conoce que la necesita. Manifestado el inconveniente que presenta este artículo, pasaremos á ocuparnos del 8.°; cuyo tenor es como sigue:
Esta moneda [el nuevo cobre nacional] tendrá el valor correspondiente á plata y se dividirá &a. El texto de este artículo es muy oscuro. No sabemos si el gobierno quiere expresar que el nuevo cobre nacional correrá con un valor igual al de la plata, es decir que ocho monedas de á real de dicho cobre habrán de recibirse por un peso fuerte; ó quiere dar á entender que el valor escrito de cada pieza será igual á su valor real, al de la cantidad de cobre que ella tenga. Lo primero no creemos; por que seria un error imperdonable en este siglo, el pretender que una órden del gobierno pueda dar á la moneda el valor que ella no tiene. Muchos lo han creido así, en la época en que no se tenian nociones de la ciencia económica. Casi todos los gobiernos de Europa han disminuido el valor real de sus monedas, dejándolas el mismo valor escrito; y han ordenado que se reciban con la estimacion que antes; pero no ha habido uno solo que no se haya visto burlado, por que, siendo la moneda una mercancia como todas las demas, el que la recibe por un género que vende, quiere recibir un valor igual al que él entrega: y no admitirá por el mismo precio una pieza que tenga una onza de plata fina, y otra que tenga media onza de plata y media de cobre, aunque ambas se llamen un peso y aunque se lo mande el gobierno. "Si la fuerza, la habilidad ó circunstancias políticas extraordinarias, han sostenido algunas veces el valor corriente de las monedas, cuando su valor intrínseco ha disminuido, jamas ha sido sino por un tiempo muy corto. El interés personal llega muy luego á descubrir si la mercancia que recibe vale ménos que la que dá; y siempre halla medios de librarse de las desventajas de un cambio desigual."[12] No hay duda; siempre serán inútiles todas las medidas que tomen á este respecto los gobiernos, si la moneda que se empeñan en protejer no tiene efectivamente el valor que quieren darla: siempre el tenedor de cualquier producto rehusará admitirla, en cambio de él, por mas valor del que ella tenga en si misma; y como á nadie puede obligarse á vender sus productos á un precio fijo, este subirá siempre, á proporcion del ménos valor de la moneda en que ha de pagarse. El que vende una vara de lienzo en un peso fuerte, realmente no hace mas que cambiar el lienzo por una onza de plata fina: pero, si al peso se le mezcla media onza de cobre, ya no habrá quien cambie la vara de lienzo por media onza de plata solamente; y no hay leyes que sean parte á conseguirlo.
Ya hemos dicho que la moneda es una mercancia como cualquiera otra, cuyo valor se determina por las mismas leyes que el de todos los demas jéneros; y á la manera que el gobierno no puede fijar el precio á que han de venderse en el mercado las astas, el café, las muselinas, tampoco puede fijar el de la moneda, que es una mercancia como ellas. Si el nuevo cobre nacional no tiene un valor real equivalente al del oro y la plata; ó si no representa ese valor, garantiéndole de tal modo, que los tenedores del nuevo cobre estén seguros de que se les cambiará por plata en la hora en el minuto que se presenten; entonces serán indudablemente inútiles todos los esfuerzos de la autoridad para que la moneda nacional se reciba con la estimacion de los metales preciosos. Cuando se cambia sin repugnancia una onza de oro por diez y siete pesos, es por que con aquella se puede comprar la misma cantidad de productos que con estos. Pero si con un peso de la nueva moneda nacional no se puede comprar una cantidad de productos igual á la que se compra con un peso fuerte, nadie cambiará este por aquel: y ciertamente no se podrá, si el tenedor del peso nacional no está seguro de que la autoridad que le ha emitido, se lo cambiará por un peso fuerte, en el momento de presentarle á ser cambiado.
De aquí resulta, que, para que el art. 8, pudiera tener cumplimiento, en el sentido que le analizamos, seria preciso que el gobierno hubiese designado en el proyecto el modo como garantiria el valor del cobre nacional; por que solo esta confianza podrá hacer que se reciba con estimacion: de otro modo, es inútil que lo mande, por que no será obedecido.
Los principios que acabamos de desenvolver son ya tan familiares para todos que temeriamos incurrir en la nota de pedantes, si insistiésemos en demostrarlos. No podemos, pues, persuadirnos á que ellos hayan escapado á la penetracion del gobierno; y por lo tanto no creemos que el art. 8 del proyecto quiera decir que el nuevo cobre se recibirá con la estimacion de la plata: por que, si realmente no merece esa estimacion, no habrá poder humano que se la dé; y si la merece, no hay necesidad de leyes para que la adquiera.
Si no es este, pues, el espíritu del art. 8, el quiere decir necesariamente que el valor escrito del nuevo cobre será igual á su valor real; esto es, que la cantidad de cobre que tenga cada pieza valdrá en plata una cantidad igual á la que esprese el sello que se le ponga. En este sentido, no trepidamos en afirmar que la medida que propone el gobierno, á mas de ser casi imposible ejecutarla, seria muy desventajosa para el pais; y vamos á demostrarlo.
Que seria casi imposible ejecutarla es una cosa bien clara, desde que se advierta que para igualar el valor real, con el escrito, seria preciso que una pieza de este metal que valiese un peso, pesase media libra, cuando ménos. Este es un inconveniente gravísimo, sobre todo en moneda destinada á los cambios menores, que cada uno necesita llevar consigo á cada momento.[13] Esto lo conciben todos fácilmente, sin necesidad de mas explicacion. Demostremos, pues, que la medida que propone el artículo, en el sentido que la analizamos, seria perjudicialísima para el pais.
Desde que el oro y la plata se han destinado al uso de moneda, ninguna nacion de las que usa estos metales, la ha sellado de cobre, guardando una proporcion exacta entre su valor intrínseco y su valor escrito: todos los gobiernos que han emitido piezas de este metal, les han dado únicamente el carácter de signos representativos del oro y la plata como otras veces se efectúa con el papel. Este es el único uso que se hace del cobre, y no puede hacerse otro sin pérdida. Busquemos la prueba de esto en la misma operacion que propone el artículo 8 del proyecto.
Para sellar la nueva moneda de cobre, es preciso comprar el metal al extranjero, y pagarle los gastos del braceaje. Supongamos que van á emitirse diez mil pesos en cobre, cuyo valor real sea igual al valor escrito. Tendremos que pagar, por ejemplo nueve mil pesos en plata por diez mil libras de cobre en planchas; y mil pesos en plata por los gastos de amonedacion: si se ha de dar á la moneda de cobre la proporcion que se quiere, las diez mil libras, despues de selladas, valdrán el capital que por ellas dimos, y lo que pagamos por el braceaje; es decir, que las diez mil libras de cobre sellado no valdrán mas que los diez mil pesos en plata que nos han costado. ¿Y qué habremos ganado en esta operacion? Hemos dado al extranjero diez mil pesos en plata por otros tantos en cobre; y cuando mas, si nada nos perjudicamos, nada tampoco aventajamos.
Pero efectivamente perdemos, y no poco; por que nos es mucho mas importante conservar la moneda de plata que la de cobre. Aquella, en primer lugar es recibida en todos los mercados del mundo, y esta concurrencia le dá un valor muy superior á la moneda de cobre, que solo circula en nuestra plaza. Por otra parte, si esta moneda de cobre ha de estimarse por su valor real, por la cantidad de metal que tiene, está sujeta á todas las alteraciones que produce, en el valor de un efecto, la mayor ó menor cantidad de él que se introduce. El azúcar, el vino y las zarazas valen ménos cuando abundan mas; y lo propio sucede con el oro, la plata y el cobre. Pero la abundancia de los dos primeros metales es muchísimo menor que la del último; jamas las minas de Méjico, del Perú, &c., despachan cargamentos de plata y oro, como los despachan de cobre las de Coquimbo, el Japon, &c. Siendo, pues, exesivamente mayor la abundancia de cobre que de los metales preciosos, la moneda fabricada de estos, está infinitamente ménos espuesta á variar en su valor, por esta causa, que la moneda fabricada de cobre; y por consiguiente aquella es preferible con mucho á esta.
Y siendo indudable que es mas conveniente para un pais tener moneda de plata que de cobre, el art. 8 del proyecto nos perjudica sobre manera, dando al extranjero una cantidad de la primera, en cambio de otra igual de la segunda; y por lo tanto, debemos esperar que las Cámaras no consientan en este perjuicio inevitable. Pasemos ya al artículo 9, que dice así.
El cobre, que á la conclusion de los seis ó nueve meses, exista en el Estado, será cambiado por la moneda nacional, "por el valor que tenga su peso" recibiéndole por el término de sesenta dias.
Supuesta la sancion de este artículo y del anterior, entra el gobierno en una especulacion, que no es propia de él, y que es muy ruinosa para los tenedores de la moneda que se persigue. Esto casi no necesita demostracion. La moneda nacional, debe tener un valor escrito igual á su peso: mientras el valor escrito del cobre del Brasil es exesivamente mayor que el de su peso; de consiguiente, suponiendo que cien pesos de esta última moneda pesen una arroba, y que el quintal de cobre valga en plaza veinte pesos, el gobierno comprará los ciento de la moneda del Brasil con cinco de la nacional: por que cinco pesos de esta moneda pesarian lo mismo que ciento de la del Brasil. Esto basta para probar, no solo la imposibilidad de sellar cobre que valga por lo que pese, sino tambien que el cambio que se ordena por el artículo 9, es un despojo violento que se hace á los tenedores de cobre del Brasil.
Esto sucederá inevitablemente, cualquiera que sea la acepcion en que se tome el artículo 8, ya esprese que el cobre nacional tendrá el valor escrito igual al intrínseco; ya quiera decir que se recibirá con la misma estimacion que la plata. Acabamos de demostrar lo primero; y lo segundo salta á la vista; por que, dando el gobierno la moneda nacional por el valor de la plata, siempre pagará con cinco pesos de ella los ciento del Brasil, que pesen una arroba, segun la suposicion anterior.
El artículo 10 dispone que los que prefieran exportar el cobre del Brasil, concluidos los seis ó los nueve meses, no serán obligados al cambio dispuesto en el artículo anterior.
Para combatir este artículo, establezcamos primero un hecho indudable. La moneda que queremos destruir no es una mercancia que pueda exportarse á todos los mercados; ella no tiene valor sino en el Brasil y en nuestro Estado; por consiguiente, exportandola de aquí, no puede llevarse sino á aquel pais. Sentado este hecho, es evidente que el artículo 10, combinado con el 3, el 4 y el 9, cierran á los tenedores del cobre todos los caminos por donde pudieran huir de su ruina. En efecto, estos cuatro artículos no les dejan otra alternativa que la de vender el cobre á la caja recaudadora, al precio que el gobierno quiera pagarle; ó cambiarle por la moneda nacional, con una pérdida enorme ó exportarle con otra no ménos considerable.
Ya hemos demostrado que perderian en las dos primeras operaciones; ¿y quien no vé que lo mismo sucederia en la de exportar el cobre? Es forzoso llevarle al Brasil; y allí esta moneda está mucho mas desacreditada que entre nosotros; hay contra ella un clamor mas general; la cantidad que circula es prodijiosamente mayor que la necesaria; S. M. I. y las Cámaras se ocupan en prepararla un golpe de muerte: ¿con cuanta pérdida, pues, no nos recibirian en aquel mercado una mercancia que rebosa en él, y está buscando salida; una moneda que miran como ruinosa, y que tratan de aniquilar á todo trance? ¿Es este el remedio que el proyecto deja á los que no quieran sufrir el perjuicio de cambiar el cobre por la moneda nacional? poco agradecidos deben quedar al gobierno los tenedores de aquella moneda; pues el remedio que les ofrece es tan peligroso como la enfermedad.
A mas de esto ¿quien nos responde de que, á la conclusion de los seis ó nueve meses, no esté ya aniquilada en el Brasil la moneda de cobre, que con tanto empeño atacan sus autoridades? y en este caso probabilísimo, ¿á donde la extraeriamos los tenedores de Montevideo?
Este artículo, pues, de nada sirve en el proyecto, sino, como dijimos antes, para hacer mas penosa la situacion de los tenedores de cobre.
Art. 11. A la terminacion, de los seis ó nueve meses no circulara, como moneda, en el Estado el cobre del Brasil.
Desde el principio convenimos en que este era el objeto que debia tenerse en mira, al proponer cualquier medida para calmar las inquietudes que hoy sufre el comercio por causa de aquella moneda. En consecuencia nada tenemos que decir especialmente sobre este artículo; sino, en general, que, si la moneda de cobre ha de estinguirse por medios tan ruinosos como los que propone el proyecto; si hemos de librarnos de aquel agente peligroso, á costa de los enormes quebrantos, de los trastornos mercantiles que hemos mostrado, como resultados inevitables de la sancion del proyecto; conviene mas sufrir por algun tiempo aquella moneda, hasta que encuentre una combinacion, que la destierre con ménos perjuicios. No es el único objeto á que se aspira que deje de circular el cobre del Brasil, sino que deje de circular con el menor perjuicio posible para la riqueza pública y ciertamente el proyecto ha buscado los medios de desaparicion de esa moneda se señale por una gran catástrofe mercantil. Deseamos que el artículo 11 se lleve á efecto; pero hemos mostrado, de un modo palpable, que no puede llevarse por los medios propuestos.
El artículo 12, que dispone que la moneda de plata ú oro se recibirá por el valor de sus sellos, cualquiera que sea su curso en el comercio, adolece del error que hemos indicado al examinar el artículo 8; es decir, de la pretension de querer fijar el precio á que ha de recibirse la moneda. Siempre que no haya en el Estado otra moneda ménos estimada que la plata ó el oro, se recibirán estas por el valor de sus sellos, sin necesidad de que lo mande la ley. Pero, mientras suceda lo que hoy; mientras haya un medio circulante que interviene en todas las transaciones, y que vale ménos que el oro y la plata, nadie cambiará estas especies por aquella, por el valor de sus sellos. Si el dia de hoy se promulgase una ley, que ordenase que los patacones y las onzas se cambiasen por el cobre del Brasil, por el valor de sus sellos, nadie la obedeceria: todos los tenedores del oro y plata sepultarian en sus arcas esta moneda; ninguno la cambiaria; seria presiso llevar los hombres por centenares á la cárcel; y ni aun así se conseguiria el cumplimiento de la ley. Semejante disposicion seria un ataque violento á la propiedad; porque se obligaria á los ciudadanos á desprenderse de sus efectos, por un precio á que no querrian darlos: y, al cabo de una série de violencias, la ley siempre quedaria burlada. En tiempo de los célebres asignados de Francia, se impuso la pena capital al que no los recibiese con la misma estimacion que al oro y la plata. ¿Y que sucedió? Que mientras se guillotinaban hombres por este motivo, se pedian, en el mercado, cinco mil francos en asignados por una trucha; y al cabo hubo hombre que empapeló su aposento con estos billetes.
Esto mismo sucederia, guardada la proporcion, con el artículo 12 del proyecto; y nada es tan peligroso, sobre todo en los Estados nacientes, como el dictar leyes para que sean burladas con desprecio.
El último artículo del proyecto, que dispone que durante el periodo de los seis ó nueve meses, el gobierno hará sus pagos en proporcion al valor de plata y cobre por mitad, no dá lugar á ninguna consideracion importante, de la que puedan deducirse consecuencias de un interés jeneral.
Hemos concluido el análisis del proyecto. Tal vez habremos omitido muchas reflexiones, que se nos habrán escapado, ó por la escasez de nuestras luces, ó por la premura del tiempo, que apénas nos deja lugar para meditar lo que escribimos; como que ha sido preciso apresurarse á dar al público estas reflexiones, antes que las Cámaras se ocupen en la discusion del proyecto. Sin embargo, nos lisonjeamos de que, con las observaciones que hemos hecho, todos podrán formar un juicio exacto del negocio: y creemos haber demostrado que el proyecto del Ejecutivo; es de todo punto inadmisible, porque léjos de propender á estinguir esa moneda, resto mortífero de la dominacion extranjera, la favorece poderosamente; porque introduce la desconfianza en todas las clases, la confusion en las operaciones mercantiles, el desaliento jeneral en los especuladores de todo jénero; porque amenaza á los tenedores de cobre, que son todos los ciudadanos, con pérdidas insoportables, que cegarian las fuentes de la prosperidad nacional; por que muchas de sus disposiciones son absolutamente impracticables; y por último porque, si lograse con él arrancar de la circulacion el cobre del Brasil, seria por medios tan violentos y ruinosos como estos, cuando puede hacerse por otros ménos perjudiciales.
No creemos que se nos pueda atribuir otras miras, cuando hemos escrito este papel, que la de contribuir, en cuanto nos es posible, á que se evite la caida de las fortunas del pais: si algun interés personal nos anima, es únicamente el de no ser envueltos en conflagracion general.
Como no queremos que se nos diga que solo tratamos de atacar las medidas que se proponen, sin propender, por nuestra parte, á que se procuren otras mejores; haremos tambien los esfuerzos posibles por presentar á la consideracion pública algunas bases, que pudieran servir para la adopcion de una medida contra el cobre del Brasil; no podremos hacerlo inmediatamente, porque la materia es delicadísima, exija una grande meditacion, conferenciarla entre muchos, y discutirla detenidamente. Cuando llegue el caso de presentarlas, la haremos con toda la desconfianza que nos inspira la certidumbre de la escasez de nuestras luces. Si no merecen la aprobacion, nos limitarémos á desear que se adopten otras mejores.
Entretanto, suplicamos á nuestros Representantes, y Senadores, que se dignen examinar las razones en que fundamos nuestra oposicion al proyecto; y que no olviden, al discutirle, que de su resolucion está pendiente la suerte de esta Patria que tanto queremos.
Montevideo, Noviembre 29 de 1830.
Una asociacion de capitalistas.
[INFORME
DE LA
COMISION CLASIFICADORA
DEL
CERTAMEN POÉTICO DE MAYO]
(MONTEVIDEO—1841)
"Si quereis coronar mi exelsa frente
Pedid al Cielo que la vuestra alumbre."
De una composicion del certámen.
Son los poetas sacerdotes encargados de las festividades de la Patria; y ciertamente que, en esta vez, no han desertado sus aras.—Si se recuerda el breve tiempo concedido por el programa del certámen poético de Mayo, la accidental ausencia de algunos de nuestros vates esclarecidos; si se mide sobre todo la indiferencia con que se acoje, por lo comun, toda idea nueva de este jénero, la primera vez que se promueve, no parecerá reducido el número de concurrentes á esta liza de la inteligencia y del jénio, monumento de gloria para la Nacion que solemniza con ella sus grandes aniversarios.
Diez son las composiciones poéticas que esta Comision ha recibido, y es preciso decir—en honor de la República—que, á escepcion de dos que no merecen aquel nombre, revelan todas las demas, aunque en proporciones distintas, elevacion de espíritu y de ideas, conocimiento del arte, y de las condiciones que la civilizacion y el estado social piden hoy á la poesia, y á los ramos todos de la literatura.
El estrechísimo tiempo concedido á esta Comision para examinar las piezas, clasificarlas, y redactar su informe, no le permite analizarlas todas ni detenerse como desearia, sobre las que ha de analizar. Dejará, pues, sin exámen, aquellas que no tuvieron la fortuna de merecer el lauro, ni una especial recomendacion; limitándose á decir sobre ellas que aun las ménos aventajadas reflejan algunos destellos del jénio que campea en otras arrogante y altivo, y que no faltan en algunas ráfagas de brillantísima luz, aunque eclipsada hoy por resplandores mas puros.—Cumple la Comision en estas breves líneas con un deber de justicia.—
Cuatro son entre todas las piezas que ha mirado como dignas de fijar su atencion.
Ha destinado el lauro á la primera: ha acordado á la segunda el accesit, y usando de la libertad que el programa la concede, ha creido deber hacer especial y honorifica mencion de las otras dos.
Es este fallo la expresion de un juicio, cuyas fundamentos desea la Comision exponer, aunque muy rápidamente, para corresponder al honor que se le ha dispensado: y porque tampoco comprende que pueda ser otra la materia de este informe.
Colocada en la altura de que la crítica no puede descender, la Comision ha mirado, ante todo, las piezas que examinaba bajo el aspecto de su mas ó ménos armonía con el carácter presente de la poesia nacional, ó por decir mejor, Americana. Ha creido que aquel merecia mas en este punto, que mejor hubiese comprendido las modificaciones, los cambios decisivos, que la literatura recibe de la variacion y progreso de las costumbres, de las creencias, de los elementos todos que constituyen la vida de los pueblos.
Ninguna literatura americana pudo haber mientras duró la dominacion de la España; Colonia ninguna puede tener una literatura propia; porque no es propia la existencia de que goza, y la literatura no es mas que la espresion de las condiciones y elementos de la existencia social. El pensamiento del colono, lo mismo que sus brazos y su suelo, producen solo para la metrópoli de quien recibe hábitos y leyes, preocupaciones y creencias. Si alguna luz intelectual le alumbra, es apénas el reflejo—pálido por muy bríllante que sea—del grande luminar á quien sirve de satélite. ¿Que escuchábamos, en las márgenes de nuestro Plata, antes de 1810? Ecos desfallecidos de los cantos que se alzaban en las orillas del Manzanares. Las liras que llamábamos Americanas, se pulsaban solo para llorar oficialmente sobre la tumba del Monarca que cerraba los ojos, ó para cantar en la coronacion del que le sucedia sobre el trono. Nuestros pueblos arrancaban al extranjero triunfos espléndidos en las calles y plazas de nuestras ciudades, adornaban la techumbre de nuestros templos con los pendones arrebatados al vencido, y el jénio apocado de los hijos de la lira no encontraba para tan altas hazañas, motivo mas noble que el amor á Cárlos y Maria Luisa.
Mengua grande, á la verdad, borrada despues por dias de gloria perenal. Alumbró la llama de la libertad; alzóse el pueblo de la condicion de colono á la de soberano, y en el gran sacudimiento nació tambien la poesia nacional, hermana gemela de la independencia. Su carácter no podia ser otro que el de la época en que nacía. La intelijencia y los brazos del pueblo nuevo no tenia otra ocupacion que meditar empresas de guerra, ganar batallas, y reparar los descalabros de las derrotas. Ninguna otra podia ser la entonacion de las liras Americanas:—cantos de guerra, himnos de victoria, lamentos de dolor iracundo sobre la tumba del guerrero caido bajo la enseña del Sol, maldiciones contra sus verdugos; esto, y nada mas podia pedirse á los que tenian fuego en la mente, patriotismo en el corazon.—Y ese y ningun otro, es el acerado temple de los materiales que forman el honrosisimo monumento de nuestra primera poesia nacional.
Pero la lucha de la independencia terminó y con ella los odios que la guerra enciende. Intervalos de paz, breves, por desgracia, como el relámpago, dieron treguas al pensamiento para elevarse á la contemplacion de las grandes verdades filosóficas y morales, permitieron mirar en derredor con ojos, que no anublaba la polvora de las batallas: empezaron los pueblos á meditar en su destino, á buscar el fin porque habian derramado su sangre; á correr tras de las mejoras y el progreso social. Levantábase entonces, una jeneracion, que no habia asistido á los combates de sus padres; pero que habia aprendido de sus labios, los dogmas santos de Mayo: imposible era que resonasen en sus liras, ecos de guerra que ya no ardia, ni clamor de venganza contra enemigos que eran ya nuestros hermanos. La poesia empezó naturalmente á tomar un tinte mas filosófico, mas templado, se vistió por la primera vez, con las riquísimas galas de nuestro suelo, que los poetas de la revolucion no distinguieron entre el polvo y el estruendo de las armas, y reflejó, por fin, esa melancolía que imprime en el ánimo el espectáculo continuado casi, de las guerras civiles y del hondo infortunio de la patria.
Tal es el carácter de nuestra poesia actual: y la Comision ha creido deber buscar en las composiciones del concurso la espresion práctica de estas verdades como un mérito de la mas alta estimacion. Ha preferido, por consiguiente, aquellas que han mirado la revolucion de Mayo por el lado de su intencion moral, política, civilizadora, sobre las que no han tenido en vista sino la parte de sus glorias militares. Las que aparecen revestidas de las nuevas formas del arte, á las que no han acertado todavia á desnudarse de la cota y de la lanza, que vistió la musa de 1810.
Despues de aquella circunstancia que juzgó primordial, ha buscado en las piezas presentadas, el mérito de un plan acertado, y que llenase las condiciones dadas en el programa del certámen: ha preferido en este punto los que ha creido mas vastos en su comprension, mas arreglados en su distribucion, y sobre todo mas orijinales; pues que la orijinalidad es el sello que mas caracteriza al jénio y la condicion primera de la actual literatura.
Por eso mismo, la novedad en las ideas, su elevacion, su oportunidad, su tendencia á despertar sentimientos de patriotismo, y de virtud social, ha sido tambien uno de los méritos que ha buscado la comision, prefiriendo las piezas en que con mas acierto encontró reunido el apoteosis de los heroes muertos, con la exposicion elevada de sus dogmas, y con la exhortacion á la perseverancia y á la fé de la jeneracion que vive.
Ha buscado, por último la perfeccion en aquellas condiciones del arte, que pudieran llamarse puramente mecánicas, y que no por eso ceden á ninguna otra en importancia. Si la poesia es un arte, fuerza es juzgar al poeta por las reglas que ese arte estableció para enfrenar el desbocamiento de la imajinacion, para vestir esteriormente las concepciones morales, que pertenecen al jénio. El ritmo, por consiguiente, el mecanismo de la versificacion, la correccion y cultura del lenguage, la gala y lozania del estilo,—dotes que todas las escuelas y sistemas exijen para lo bello—han sido otros tantos motivos de exámen y de preferencia en los juicios de la Comision.
Si esos juicios tomados en su conjunto y última espresion, han sido acertados y justos, lo decidirá la razon pública—tribunal mas competente que este—á quien la Comision presenta las composiciones preferidas, que son las que pasa á designar.
Ha obtenido el lauro único de la medalla de oro, la que lleva por tema estos versos del lírico latino.
Tuque dum procedis ¡Io triumphe!
Non semel dicemus ¡Io triumphe!
Civitas omnis, dabimusque Divis
Thura benignis
Se ha presentado como su autor el Sr. D. Juan Maria Gutierrez que ha sido reconocido por el sello especial que le revestia.
Unánime fué y por aclamacion el voto que ha concedido á esta pieza la supremacia sobre todas. Ninguno, sin duda, entre los concurrentes, ha comprendido la grandeza de la revolucion, sus glorias y sus fines como el Señor Gutierrez. Ninguno ha estendido como él el círculo de sus ideas, ninguno se ha revestido de la imponente majestad que reina en su poema, ninguno, alcanzado á la correccion extremada de su diccion; y, si era de desear, en sentir de la Comision, que el discurso fatídico del anciano fuese ménos extenso, que algunas de las ideas diseminadas en él, fuesen ménos comunes, y mas vigorosas, que se borrase una que otra espresion poco feliz, no puede desconocerse que esos lunares desaparecen en la tersura jeneral de la composicion; y están mas que lavados por la invocacion relijiosa y altísima, con que desde el principio pone recojimiento en el alma del que le oye, pidiéndole para la suya; por las ricas y maestras pinceladas que dibujan el magnífico cuadro del navegador Genovés en los momentos en que oponia á la demente incredulidad del amotinado equipaje, la realidad asombrosa del mundo que descubria, y por la sentida rememoracion de los muertos Poetas de la Patria, con que cierra el poeta su largo canto.
La Comision no puede dejar de recomendar el autor de esta pieza á la estimacion del Pueblo en cuyo seno ha recibido tan altas inspiraciones.
Síguele de cerca y casi le rivaliza en mérito la que lleva por divisa estas palabras del abate Lamennais.
"La libertad es la gloria de los pueblos;" produccion que pertenece al Sr. D. Luis Dominguez segun la señal de reconocimiento que ha presentado.
Si esta pieza no alcanzó á la majestad y altura de la que precede, no se la puede disputar una concepcion vasta y feliz, un plan acertadamente distribuido, fecundidad de ideas, elevada entonacion, elocucion correctísima, y pasajes que revelan por cierto, el jénio del poeta. No es posible hablando de ella, dejar de recordar las estancias que le dán principio, el anatema que fulmina contra los tronos, que usurpan en la tierra la majestad del único y eterno trono que el poeta reconoce, y el tributo que paga á los grandes capitanes de la revolucion; si bien es doloroso encontrar en este punto invertida la cronolojia de nuestros triunfos, mas de lo que, á juicio de la Comision, es permitido á la poesia apartarse de la senda de la historia.—Tampoco quisiera haber hallado el nombre admitido de Motezuma reemplazado por otro que aunque mas conforme á su pronunciación primitiva, es duro, poco poético y no llena la condicion de la Rima para que fué variado.
Tan digna crée la Comision esta pieza del accessit que la ha concedido, que pide á la autoridad á quien debe su investidura, el permiso de presentar á su autor, como prueba del aprecio que la obra le merece, un volúmen que encierra las ricas producciones de la lira de Espronceda, una de las espléndidas columnas que sustentan hoy el magnífico templo que levanta la España á la literatura y á las artes.
Dos piezas mas ha creido la Comision que merecian una recomendacion especial, aunque no debe esperarse de ellas el mérito de las anteriores.
Es la primera la que tiene á su frente estas líneas del poeta del siglo, del portentoso Lord Byron:
"Where, Chimborazo, over air, earth, wave
"Glares with his Titan eye, and sees no slave."
Se ha presentado como su autor D. José Mármol. Ofrece esta pieza una prueba práctica de lo que antes dijo la Comision, sobre las condiciones del arte, que llamó mecánicas. Ciertamente que si la versificacion, el estilo, el uso de la lengua, correspondiesen en esta pieza á la entonacion, y á las ideas, no seria este el lugar que ocuparia entre las del Certámen.
No se comprenderá toda la exactitud de esta clasificacion hasta que se oiga la lectura de la pieza misma. La elevacion, la novedad, el frescor, la abundancia de sus ideas sorprenden en la primera lectura, y hacen casi olvidar los pecados contra el arte, que la fuerzan á flaquear ante los ojos de la crítica. Frecuente violacion de la sintaxis y de la pureza de la lengua, inexactitud aunque no tan comun en la rima: quebrantamiento de las condiciones de versificacion que el mismo poeta se impone; y una que otra locucion sumamente oscura son los defectos que empañan el terso brillo de las ideas y luchan con el elevado entono de esta pieza. La Comision reconoce que el molde en que fué vaciada, es sin disputa una cabeza poética, y ha querido mostrar el aprecio que la merece tomando de ella los dos versos que ha colocado al frente de este informe. Se complace en esperar que su autor, reconociendo como indispensable la disciplina del arte, y sujetando á ella sus fogosas inspiraciones, presentará cuando este certámen se renueve, frutos mas sazonados que ocupen un lugar mas distinguido en el banquete que la Patria ofrece á sus poetas.
La segunda composicion recomendada presenta exactamente el reverso de la anterior. Aquella campea por las ideas y desfallece por la forma poética; esta descuella por la forma y flaquea por las ideas.
Cualquiera reconocerá en ella un hábil versificador, un hablista consumado, un hombre de comercio íntimo y frecuente con las musas; pero que en esta ocasion no tuvo la fortuna de recibir inspiraciones elevadas y nuevas. Puede decirse que no hay en esa pieza un solo defecto de forma, pero sus ideas son humildes, reflejadas de las que brillan profusamente en los cantos de la revolucion. La distingue este verso latino:
Sole novo, preclara luce, libertas nascitur orbi;
y su autor es D. Francisco A. de Figueroa.
Termina aquí la tarea de la Comision. Alto, muy alto ha sido el honor que sus miembros han recibido; y siempre contarán como una gloria el hallar sus nombres asociados al primer acto de este jénero que vén las Repúblicas del Rio de la Plata. Quisieran ellos aumentar por todos medios su solemnidad presente, y su memoria futura. En lugar, pues, de cerrar este informe con una exhortacion á los vates del Plata, inútil desde que ninguna puede ser mas elocuente que el acto mismo á que asisten, y desde que no puede faltar emulacion en el pecho, cuando hay estro en la mente, le cerrará la Comision proponiendo á la autoridad á quien competa una idea en que, al deseo puro de solemnizar este acto, confiesa que se mezcla un lijero tinte de propia vanidad. Consiste la idea en que terminada esta festividad se requiera á los autores de las cuatro composiciones distinguidas que las escriban todas y las firmen de su mano para que, escribiendo la Comision al pié de la primera la palabra laureada, accessit al pié de la segunda, y recordada con distincion en las otras dos, firmen los miembros de ella, y se depositen estos autógrafos, en la Biblioteca Nacional, con una copia autorizada del Programa del Certámen, y este informe.
Montevideo, 25 de Mayo de 1841.
ARTÍCULOS
DEL
"COMERCIO DEL PLATA."
[CONGRESO AMERICANO.]
[I.]
De intento nos abstuvimos de tocar, en nuestro artículo de ayer, la cuestion del Congreso Americano, á que esencialmente se contrae el voto del Consejo de Gobierno de Venezuela, cuya segunda sesion publicamos hoy. Quisimos reducirnos, en aquel artículo, presentar el contraste de los principios del Gobierno Constitucional de Venezuela y del Dictador de Buenos Aires, respecto de las relaciones con el extranjero: quisimos mostrar loa prácticos resultados de ambos sistemas; y dar una desmentida viva y elocuente á esa falsa vocingleria de los amigos del Dictador, cuando aseguran que todas las Repúblicas del Continente profesan los mismos principios que él, ó simpatizan con su adopcion.
Examinando ahora las opiniones del gobierno de Venezuela, respecto del proyectado congreso americano, nos parece que su negativa á tomar parte en él, se funda en los mas sólidos principios de política y conveniencia para aquel Estado; y en otros, que son comunes á todos los demas del habla española.
Mucho alucina, en efecto, porque lisonjea mucho el amor propio nacional, la idea de una Gran Asamblea Americana, con los objetos que manifestó Bolivar, al proponerla en 1822, y que hoy todavia la atribuyen Méjico y Chile, que son las dos Repúblicas mas empeñadas, segun parece, en su realizacion.
Pero los inconvenientes materiales, políticos, mercantiles, y de todo órden, que á ello se oponen, son de tal modo invencibles, que estamos ciertos de no ver en nuestros dias una reunion de todas las Repúblicas que fueron colonias españolas, y de que tampoco la verá la jeneracion siguiente.
La tentativa de Bolivar falló, á pesar de que la concurrencia de Representantes de las primeras Potencias de la Europa, y los escritos de Depradt, dieron á la Asamblea de Panamá la importancia de un gran acontecimiento de la época. Se atribuyó entonces su mal resultado á causas puramente locales y de momento, que, aunque algo pudieron influir,[14] estuvieron léjos de ser las que frustraron aquel proyecto.
Las verdaderas causas existian entonces, como existen Hoy, y produjeron de parte de algunos Estados, la misma repulsa que producen actualmente en Venezuela. Cuando Bolivar en 1822 y 23, invitó al Gobierno Arjentino á que concurriese á la Asamblea de Panamá; y envió al efecto á su Plenipotenciario D. Joaquin Mosqueira, ese Gobierno se negó á los deseos del Libertador de Colombia, por motivos iguales á los que Hoy expresa Venezuela. Probablemente fueron tambien los mismos los que influyeron en los demas Estados, que no concurrieron al Congreso.
Entre los varios inconvenientes que hacen inverificable la realizacion de ese proyecto, el Consejo de Gobierno venezolano indica ya los que nacen de las distancias entre los diversos Estados, y de la completa falta de medios de comunicacion para vencerlas. Esos inconvenientes son tan claros, que no necesitamos agregar una palabra á lo que contiene el documento de Venezuela.
Nos ocuparemos en analizar otros, de muy distinta naturaleza.
No es posible esperar una Gran Reunion de Naciones Independientes, sin que existan graves motivos de interés comun que las liguen. Esos motivos no pueden existir entre los Estados Sud-Americanos.
¿De que órden serian?—O comerciales, ó políticos.
Los primeros, léjos de ser comunes, son mas bien diametralmente opuestos. Entre todas las Nuevas Repúblicas Americanas no hay una sola que sea fabricante. Todas dependen de la Europa y de los Estados-Unidos para proveerse de los objetos de consumo que las fábricas producen: los frutos que ellas poseen son todos, ó materias primeras para esas mismas fábricas extranjeras, ó productos de la agricultura, que se envian á aquellos mercados. La sola diferencia de situacion jeográfica, y de un litoral mas ó ménos cómodo, causa enormes diferencias en los costos con que cada uno envia al extranjero sus productos, y recibe los que este le trae. ¿Que arreglo, de ventaja comun, es posible hacer en semejantes circustancias? Venezuela y Chile, por ejemplo, pueden enviar á Europa el cobre de sus minas, en cambio de algodones de Manchester ó de sedas de Leon. Pero Venezuela embarca el primero, y recibe los segundos, en los puertos de esta América mas vecinos á la Europa; mientras que Chile no puede hacer ese comercio, sino dando vuelta el Cabo de Hornos, y empleando cuatro veces mas tiempo y mas gastos que Venezuela. Igual diferencia estableceriamos entre nuestro Rio de la Plata, abierto al comercio marítimo del mundo, y la República Boliviana, encerrada entre barreras de montañas, dividida del mar por ellas y por áridos desiertos.
En esas circunstancias, ¿puede racionalmente esperarse que un Estado renuncie sus ventajas naturales, para nivelarse á otros que no las posée, y que ninguna puede darle en cambio? Imposible lo creemos.
Si se trata de dos paises de diversa situacion jeográfica y cuyos productos sean idénticos ó análogos, la dificultad crece considerablemente; porque el interés de cada uno consiste en sacar la mayor ventaja de unos mismos productos.
La liga, pues, de intereses puramente comerciales, seria inverificable. Pero seria tambien perjudicialísima.
Sabido es que los progresos del comercio y de la industria dependen, ante todo, de la perfeccion de los medios y métodos empleados en la produccion, y de la facilidad de transportar los productos, á bajo precio y con seguridad, hasta el punto en que han de entregarse al consumidor. Aquel de los Estados Sud-Americanos, que mas adelantando estuviese en sus medios de cultivar la tierra, de beneficiar sus ganados, ó de esplotar sus minas; aquel que tuviese mas y mejores caminos, ó canales, tendria una superioridad decidida, y lejítima, sobre su vecino que ninguna de esas mejoras poseyese. Si ella de nada hubiese de aprovecharle, por que tuviera que nivelarse á un arreglo comun con el atrasado vecino, es claro que ningun estímulo tendria para emprender esas mejoras; y jamas podriamos esperar que saliesen nuestros paises del atraso en que actualmente se encuentran, en punto á medios de comunicacion y transporte; y á métodos de facilitar la produccion.
No siendo pues, un interés comercial, comun á todos, el que pudiera reunir á los Estados Americanos en un Gran Congreso, veamos si tendrian para hacerlo el estímulo de un interés político.
Lo examinaremos en el número siguiente.
Octubre 7 de 1845.
[II.]
¿Cuales son los intereses políticos, comunes á todos los Estados Americanos, que los inducirían á reunirse en una Grande Asamblea? Francamente, nunca los hemos comprendido.
Hace mucho tiempo que, con motivo del preconizado Sistema Americano del Dictador Rosas, estamos sus enemigos preguntando ¿en que consiste ese sistema? ¿cuales han de ser sus principios, sus basas? á que objeto práctico se dirije?—Ni Rosas, ni su Gaceta, ni nadie, se ha tomado jamas el trabajo de decirlo. Que Rosas y los suyos callen, bien lo comprendemos: su objeto es engañar; tienen un convencimiento y expresan otro: jente así jamas discute. Pero que hombres sesudos, de tino político, y de excelentes intenciones; hombres como el Diputado Rodriguez Santos en la Cámara temporaria del Brasil, hablen tambien del Sistema Americano, sin definirle: le tomen como una cosa de todos comprendida, y discurran sobre ella sin mas esplicacion; eso es lo que nos sorprende, eso lo que no podemos comprender.
El vínculo comun que existió durante la guerra de la independencia, quedó disuelto, como lo dice muy bien el Gobierno de Venezuela, desde que la guerra terminó, y desde que la Madre Patria reconoció la independencia de varios de los Nuevos Estados. Desde entonces, no existiendo peligro comun, no puede haber necesidad de comun defensa.
Es preciso recordar tambien que la lucha de Independencia no fué una lucha de la América contra la Europa; del principio republicano contra el principio monárquico. No: eso no es cierto. Algunas Potencias Europeas se inclinaron alternativamente en favor ó en contra de la independencia Americana: pero lo hicieron, no por sostener ó atajar la causa de la emancipacion, sino por miras é intereses puramente europeos. El establecimiento de Repúblicas de este lado del Océano no podia inquietar ni favorecer á la Europa.—Ella en todo caso necesitaba mercados independientes; y así se vió que, siempre que las exigencias dá la política, puramente europea, no inclinaron á las grandes Potencias en favor de la España, se pronunciaron, mas ó ménos explícitamente, por la emancipacion que les abria esos mercados. Así Napoleon—el representante encarnado del principio monárquico—declaraba ante el Cuerpo Lejislativo, en 1809, que él no se opondria jamas á la independencia de las naciones continentales de la América; que esa independencia estaba en el órden necesario de los sucesos, en la justicia y en el interés bien entendido de todas las Potencias.[15] Así la Inglaterra reconoció, en 1823, la independencia de los Nuevos Estados, desde que intereses políticos europeos no le impidieron buscar mercados independientes de este lado del Atlántico.
No es verdad, pues, que, ni aun durante la guerra de la Independencia Americana, haya existido una lucha de principios, de sistemas políticos, entre los dos Continentes. Sucedió con la emancipacion de la América del Sur lo que, en el siglo precedente, habia sucedido con la de la América setentrional. Monarquias europeas ayudaron con sus armas y su poder á la emancipacion de las Nuevas Repúblicas del Norte.
A nadie ha ocurrido jamas decir que la Europa haya acechado, en época ninguna, la Independencia de la Union Americana, ni que esta necesite de un sistema y de un derecho público especial, opuesto al europeo.
¿Y porqué temeremos los Estados de la América Meridional lo que nunca temió la del Norte? ¿Por que necesitarémos un sistema y un derecho público, que nos diferencie de la Europa, cuando no le necesitan las Repúblicas de la otra América?
El Gobierno de Venezuela ha dicho con suma razon, que la pretension de formar un derecho público americano, diverso del de Europa, seria productiva de grandes males.
En efecto, el derecho público americano deja de ser tal, si no es la regla establecida, y admitida por la mayoria de las sociedades humanas. Naciones infinitamente mas antiguas que las nuestras, fundaron y reconocieron un derecho público: los Estados Unidos del Norte le han reconocido tambien, á su vez, como basado en las nociones de justicia universal. Que podrian hacer los Estados de Sud América solos, para cambiar, ó alterar el derecho público de la Europa y de los Estados Unidos del Norte?
No investiguemos cuales serian las diferencias entre el pretendido derecho público americano, y el europeo: cualesquiera que ellas fuesen, es claro que las naciones que se hallan en posesion del suyo no querrian reconocer las alteraciones. Y como el derecho público es la regla para los deberes y acciones recíprocas de una nacion con otra, nacerian necesariamente choques frecuentes entre el derecho público universal, y el Sud Americano.
¿Quien perderia en esa lucha?
Este pregunta merece mas atencion de la que jeneralmente se la atribuye. No disputarémos quien ganaria una batalla, diez batallas; si una espedicion europea triunfaría, ó seria vencida. No: esas cuestiones nos parecen estériles, sin resultados trascendentales ni permanentes. Somos de los que creen á la Europa sin medios para conquistar la América, especialmente en sus rejiones apartadas. Pero creemos tambien que nuestros paises, aun triunfando de una espedicion europea, perderian inmensamente en cualesquiera querellas con la Europa; perderian de un modo duradero, permanente; y esos son los resultados á que es preciso atender, cuando se trata de sistemas políticos ó mercantiles, cuando se deciden medidas que han de influir sobre la suerte de los Pueblos, cuya vida no se mide por la duracion de la del hombre. Estados nuevos, sin poblacion, con escasas rentas nacionales, con infinitos objetos de urgente mejora á que aplicarlas, con pocos y muy imperfectos medios de educacion pública; ninguna calamidad pueden sufrir mas grande que la de una guerra. Ella les arrebata su poblacion ya escasa, consume sus exiguos recursos, impide toda mejora, todo desarrollo mercantil é industrial; y los deja completamente exhaustos despues del triunfo, postrados sobre sus laureles, para no levantarse en media jeneracion.
Ahí está la República Arjentina. Entró en la guerra contra el Brasil próspera, rica, floreciente: ganó batallas; apresó muchos buques: obtuvo una paz de honor, embellecida por el nacimiento de un Estado Nuevo. Pero quedó sin substancia, abatida y pobre: el primer caudillo audaz que se presentó la trajo al punto en que se vé. Ese es el resultado final de su triunfo.
No quiere esto decir que los nuevos Estados deban someterse humildemente á la voluntad de naciones mas fuertes de la Europa ¡No, por Dios! La dignidad de los Estados no es una palabra vacia; su independencia no es un bien ilusorio. Defenderla hasta perecer, es el primero de los deberes. Pero el modo de conservar ésta, de no comprometer aquella, es no multiplicar las causas de desavenencia con el extranjero; no crearse dificultades nuevas; sino, por el contrario, aplicarse á ir allanando poco á poco las que existen.
Creemos que la adopcion de un código de Derecho Público distinto del de la Europa seria fecunda en los riesgos que indicamos; y que por consiguiente, muy léjos de ser ese un interés comun en los Estados Americanos, para reunirlos en un Congreso, conviene soberanamente que no piensen en semejante innovacion.
Pero si opinamos contra la reunion de una Asamblea de todas las Repúblicas del habla Española, pensamos tambien que se podrian sacar muy grandes ventajas de un Congreso á que solo concurrieran los Estados que componen una seccion determinada de la América y que están en diario é inmediato contacto.
Esto, aplicado especialmente al Rio de la Plata será objeto de otro artículo.