E-text prepared by Adrian Mastronardi
and the Online Distributed Proofreading Team
([http://www.pgdp.net])
from page images generously made available by
Internet Archive
([https://archive.org])
| Note: | Images of the original pages are available through Internet Archive. See [ https://archive.org/details/americovespucio00pberrich] |
[ADVERTENCIA.]
[AMÉRICO VESPUCIO.]
[INTRODUCCION.]
[CAPITULO PRIMERO.]
[CAPITULO II.]
[CAPITULO III.]
[CAPITULO IV.]
[CAPITULO V.]
[CAPITULO VI.]
[CAPITULO VII.]
[CAPITULO VIII.]
[CAPITULO IX.]
[CAPITULO X.]
[CAPITULO XI.]
[CAPITULO XII.]
[CAPITULO XIII.]
[CAPITULO XIV.]
[APÉNDICE]
[I.]
[II.]
[III.]
[ÍNDICE.]
[NOTAS:]
AMÉRICO VESPUCIO
POR
GREGORIO PÉREZ GOMAR.
BUENOS AIRES.
Imprenta de La Ondina Del Plata,
Santiago del Estero 176.
1880.
[ADVERTENCIA.]
El trabajo que ahora ofrecemos al público lo emprendimos como un estudio de mera curiosidad, ya que nos hallabamos en Florencia, patria de Américo Vespucio y donde suponiamos debian hallarse los datos suficientes para determinar la mision que este habia desempeñado en el descubrimiento de América, punto tan someramente tratado por los escritores modernos.
Al principio hallabamos gran dificultad para conciliar las contradicciones que resultaban de la comparacion de los distintos documentos, hasta que el estudio de la carta del mismo Vespucio, dirigida á Lorenzo de Medici, comparada con las referencias del historiador Herrera, nos dió la clave para resolver tan complicadas cuestiones.
No estabamos aun satisfechos, porque sabiamos que el Sr. F. A. de Varnhagen, habia escrito algo sobre esta materia, mereciendo su obra tal aprecio que por ella fué ennoblecido con el título de Baron de Porto Seguro.
Al fin pudimos ver su obra en la Biblioteca Provincial de esta Ciudad y hallamos que no ha tenido á su disposicion mas datos de los que nosotros hemos consultado.
Como ha apreciado él esos datos y como los hemos apreciado nosotros, tendrá ocasion el público de conocerlo y como llegamos á resultados opuestos, el público tambien fallará de parte de quien está la razon.
Para el autor brasilero el documento auténtico de Vespucio es la carta dirigida á Pedro Soderini, Gonfaloniero vitalicio de la República Florentina, carta que comprende la relacion de los cuatro viajes ó jornadas emprendidas por el explorador florentino. Para nosotros el documento digno de fé, es al contrario la carta dirigida á Lorenzo de Medici, de la cual se encuentra un códice en la Biblioteca Ricardiana de Florencia.
En el Apéndice publicamos ambas cartas, para que á mas de las razones que exponemos pueda el lector en vista de esos documentos, apreciar mejor la verdad de éste punto histórico.
Parecerá extraño que despues de una vida tan contrariada y de decepciones tan amargas, tengamos valor de hacer un paréntesis á la labor cotidiana para importunar al público pidiendo su atencion sobre un trabajo literario; pero queremos dar una prueba práctica de que la inteligencia no debe abatirse jamás y que es en las épocas que le son mas adversas, que debe dar señales de existencia.
Así, si nuestro trabajo no tiene importancia, al menos habremos dado un buen ejemplo á la juventud estudiosa que viene tras de nosotros con mayores brios y con mas brillantes luces, pero á la cual detiene en su marcha de progreso el fanatismo político y el mercantilismo de sociedades que se hallan recien en estado de incubacion.
Buenos Aires, Octubre de 1879.
[AMÉRICO VESPUCIO.]
[INTRODUCCION.]
Los mares unen y no separan los Continentes—La navegacion es tan antigua como la humanidad misma—Europa, tierra de promision de los antiguos—América, tierra de promision de los modernos—Exploracion terrestre del Asia—Marco Polo—Camino marítimo—Gran problema económico—Grandes descubrimientos.
Los Océanos que parecen separar los continentes, han tenido y tienen al contrario el grandioso destino de facilitar su comunicacion recíproca; esa gran masa de agua que apenas deja sin inundar las elevaciones de la tierra, apareciendo los grupos de la humanidad refugiados en ellas como náufragos de una universal catástrofe, la ha derramado el Creador para nivelar las profundidades del abismo y ofrecer el camino mas practicable en todas las latitudes.
Es sobre la superficie variable, hermosa ó imponente de esos mares, que la no menos variable atmósfera de la tierra se renueva cotidianamente y el Dios de las energías del mundo la distribuye en todas direcciones, ya con la violencia de los huracanes, ya con la suavidad de las brisas.
Tres cuartas partes del Globo son necesarias para esa asombrosa elaboracion, sin la cual no seria habitable y ese puñado de seres esparcidos sobre las cumbres superiores al nivel de las aguas, puede decir con orgullo que respira el álito de la mas gigantesca Creacion del mundo.
Nada es mas seductor que el mar; nadie permanece impasible en sus orillas; nadie escucha su murmullo, nadie admira su azulada superficie, nadie gira la mirada en el círculo de sus horizontes sin sentirse conmovido y atraido con el transporte de una pasion mas sublime que todas las pasiones y cuando el cielo se oscurece, cuando el huracan se desencadena y terribles ondas se levantan bramando, hirviendo y formando en sus cúspides blanca y vaporosa espuma, como otros tantos mónstruos que escupen con furor al firmamento, el alma mejor templada reconoce su miseria y su impotencia, y en el momento de encarar el abismo, piadosa se eleva á las alturas.
Asi, aun en el estado mas primitivo, los grupos humanos, no han permanecido en las orillas de los mares sin lanzar á ellos bajeles mas ó menos poderosos que les trasportasen á desconocidas regiones.
La civilizacion, que empieza donde quiera que el hombre reposa de su lucha con la naturaleza por haberla ya dominado; cuando la inteligencia se aclara como un líquido se transparenta si no se agita; cuando el pensamiento se produce y la razon se eleva; la civilizacion, que busca siempre espacio donde extenderse como la luz, si surgió en los mas risueños climas del Asia, preparada por una raza poética y vigorosa, no pudo quedar estacionaria, y buscó donde esparcirse.
La Europa debió ser como á su vez lo fué la América, la tierra de promision, y el Mediterráneo el fácil camino por donde se llevasen colonias, mercancías y riquezas. Despues, cuando por esa ley de la continuidad del progreso, la Europa superó á todo el mundo en civilizacion, retornó al Oriente su poderosa influencia.
Las Naciones privilegiadas que se acrecentaban con ese movimiento, con ese flujo y reflujo del esfuerzo humano, eran las que tenian un puerto sobre el Mediterráneo, la España, la Italia, la Francia. Ellas recogian las riquezas del tráfico y hacian tributarias á las otras naciones alejadas del gran camino surcado por las naves del comercio.
Esa marcha retrospectiva, ese reflujo de corriente civilizadora hizo fijar mas tarde la atencion en las riquezas del centro del Asia. Ellas eran un miraje encantador, un delirio, un sueño, una adivinacion del Paraiso y entre otros exploradores menos felices, esa fantasía llevó en 1253 al veneciano Marco Polo á grandes exploraciones y venciendo obstáculos al parecer insuperables, penetró en las regiones misteriosas y codiciadas. Muchos años despues, en 1295 regresó con los honores de un gran explorador, pero sin poder ofrecer los medios prácticos para establecer un comercio fructífero y contínuo. Sus relaciones eran como cuentos de Hadas; excitaban á la vez la imaginacion y la codicia, pero no habia mar; el agua no nivelaba el abismo para lanzar los bajeles; no habia sinó llanuras y montañas que exigian mayores riquezas para atravesarlas, que las riquezas que pudiese producir el cambio.
No eran aquellos tiempos como los presentes en que el amor á la ciencia es bastante estímulo para armar y dirigir expediciones aunque sea al Polo, donde no existen sinó desiertos y montañas de hielo. Grandes perspectivas de riqueza se necesitaba entonces para arrostrar los peligros de los mares.
Pero el explorador veneciano habia dado el primer paso de los grandes descubrimientos.
El objetivo era hallar ricos mercados para el comercio; eso estaba ya descubierto; faltaba solamente el camino que á ellos condujese.
Los antiguos habian navegado alguna extension de la costa de Africa y se sabia que esa costa se prolongaba al Sur; pero era todo lo que se sabia aun dos siglos despues de la exploracion de Marco Polo.
Las Islas Afortunadas, llamadas despues Canarias, habian sido descubiertas por algunos viajeros, antes que Betancourt las conquistase en 1339 y aunque circulaban noticias de otras tierras, nada mas se conocia de un modo positivo.
Divulgáronse por toda la Europa las relaciones de Marco Polo; prisionero de los genoveses y puesto por estos en libertad, habia referido, primero de palabra y despues por escrito, todas las peripecias de su viaje. Eran conocidas con el nombre de El Millon de Marco Polo, por las grandezas que mencionaban. Desde entonces era el gran problema económico hallar un paso marítimo á las regiones del Oriente.
El Nuevo Reyno de Portugal con una poblacion marítima considerable y en una época de entusiasmo y audacia, en que se creía, capáz de todas las grandes empresas resolvió buscar el paso á lo largo de la costa de Africa.
En sus expediciones sucesivas descubriéronse las Azores, las Islas del Cabo Verde y varios puntos de la mencionada costa, hasta que Bartolomé Diaz llegó hasta el Cabo de las Tormentas, que el Monarca, por una feliz inspiracion, quiso fuese llamado Cabo de Buena Esperanza.
Tenian lugar estos sucesos en 1487 quedando reconocida toda la costa Africana hácia el Sur, suspendiendo los portugueses sus exploraciones, que diez años despues debia continuar Vasco de Gama, doblando ese Cabo y realizando esa esperanza.
Pero entretanto un movimiento Geográfico menos empírico habia tenido lugar y es de ese movimiento que vamos á ocuparnos en los Capítulos siguientes.
[CAPITULO PRIMERO.]
Teoría del descubrimiento—Pablo Toscanelli—El descubrimiento de América como revolucion geográfica y económica—Teoría de Toscanelli—Viaje de circunvalacion—Itinerario—Cálculo de las distancias.
En tanto que las imaginaciones se exaltaban con los relatos de Marco Polo que suplian entonces la falta de amenísimos romances; en tanto que los eruditos discutian platónicamente sobre las comarcas descubiertas que ensanchaban el horizonte geográfico de la tierra; en tanto que los mercaderes sufrian el suplicio de Tántalo conociendo riquezas que fueron ignoradas sin poderlas alcanzar, un sabio florentino, inspirado en las ideas de Toloméo, propuso levantar á mas sérias consideraciones los descubrimientos del intrépido veneciano y fundar sobre ellas sistema cosmográfico que llevase al descubrimiento de todo el mundo marítimo y terrestre.
Muy significativo es este hecho en el descubrimiento de América y debe fijarse en él la atencion con el detenimiento que merece. En toda revolucion es necesario buscar primero las ideas que la produjeron y no concretarse al hombre ú hombres que fueron sus órganos; asi, la historia de la Reforma no es la historia de Calvino y de Lutero sinó la historia de las ideas que precedieron á esos hombres y asi la historia de la revolucion francesa es la historia de todo el siglo XVIII en que ella se elaboró.
El descubrimiento de América fué la revolucion mas universal y mas grandiosa de la época histórica. Para ella fué necesario demoler sistemas, destruir errores teológicos, levantar teorías nuevas hasta que llevada á cabo, resolviese el gran destino de la humanidad.
Pablo Toscanelli era ese sabio florentino que se afanaba por llevar á una asombrosa práctica las teorías de la ciencia; pero todo parecia oponerse á su designio; la navegacion era entónces imperfecta y medrosa y apesar de las recientes invenciones de la brújula y del astrolabio nadie creía posible aventurarse en el mar, perdiendo la vista de las costas, porque el problema de las longitudes fluctuaba en perpétuas alternativas, sin salir de la infancia de tantos siglos.
Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban al teórico, al pensador profundo y como si tuviese el Globo en su mano y la verdad á su alcance, entró con la valentia del genio, en sus cálculos y deducciones.
Había Tolomeo extendido su carta del mundo á los ciento ochenta grados y en el vacio que esa extension dejaba, colocó una Tierra Incógnita. Pero una tierra incógnita no dá idea alguna de su situacion, es apenas una X del problema de su descubrimiento.
Esa incógnita había permanecido inabordable; no faltaban quienes la considerasen ménos aun que una incógnita, como un sueño, como una quimera ó sinó como un problema para cuya resolucion faltaban los datos necesarios.
Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que ante la razon aparecía tan poco probable fué para Toscanelli, en cuya mente estaba ya encendida la inspiracion y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de conjeturas y de luces.
Pensó que aquella tierra que él creía el Catai se extendiese hasta el hemisferio opuesto y que tomándose la vía de Occidente llegariase pronto á los felices Países que descrito había Polo y de los cuales tan distantes estaban aun las flotas de Portugal, errantes por las Occidentales playas del Africa y detenidas por accidentes continuos.
Reduciase ya la cuestion á definir la longitud del ideado viaje, cuestion imprescindible no solo para la seguridad de los aventureros que arrostrasen esos peligros, sinó tambien para garantía del buen éxito.
Recogió el sabio florentino datos é informaciones de embajadores, mercaderes y doctos sobre las tierras del Oriente; halló todo concordante con la relacion de Polo y estos resultados prácticos avivaron sus especulaciones y sirviéronle de guia para apreciar las longitudes.
Sobre la certeza del viaje de circunvalacion ninguna duda podía levantarse, ya que el mismo Toscanelli ignoraba como todos, la existencia del Continente Americano que oponer debía un insuperable obstáculo al recto y marítimo curso desde la Europa á la China y aparecerse con no ménos asombro que fortuna. Pero la brevedad del trayecto ó sea la longitud, era punto demasiado interesante para que descuidase demostrarlo.
Dibujó con su propia mano una carta naútica donde marcó, segun él mismo lo dice en la primera de sus cartas, todo el confin del poniente partiendo de Islandia al Austro hasta Guinea con todas las Islas que encuéntranse en ese camino, en cuyo frente al poniente hallase dibujado el principio de la India.
Esta carta importantísima por ser el primer monumento del descubrimiento de América no la conocemos sinó por las referencias del mismo Toscanelli y de contemporáneos que la vieron y juzgaron. Aseguran estos que tenía una graduacion y dos escalas, cosa de que carecían entónces las cartas geográficas supliéndose en ellas su falta, para conocer el derrotero y longitud de los viajes, con líneas rectas entre los puntos de partida y de llegada, indicándose con un número sobre ellas las millas longitudinales.
Esto se vé en la Biblioteca de Santa María Novella en Florencia, en una carta del mundo, manuscrita por el geógrafo Dati contemporáneo de Toscanelli. Pero sea de esto lo que sea, afortunadamente hizo la descripcion minuciosa de los espacios, de las millas de Lisboa al Catai ó tierra incógnita y merced á esta descripcion conocemos su sistema.
Además de la situacion de la famosísima Isla Antilla, de la no ménos célebre de Cipango, de la Provincia de Mangui, del Catai y de muchos otros lugares de la India, veíase en la carta de Toscanelli una línea que dirigiéndose hácia poniente de Lisboa á la gran ciudad de Quinzai la moderna Hong-Cheu, comprendía veintiseis espacios de doscientas cincuenta millas cada uno, estableciendo por tanto un intérvalo total de seis mil quinientas millas entre aquellas dos ciudades, una á la extremidad Occidental de la Europa, otra al conocido confin Oriental del Asia, abrazando segun la expresion del mismo Geógrafo, casi la tercera parte de la Esfera, ó una longitud de cerca ciento veinte grados; de manera, que sin contar el enorme giro de los portugueses al rededor del Africa, su vía oriental de Lisboa á China, era doble de la via occidental por él imaginada.
Suponiendo que las millas de que hablaba Toscanelli fuesen millas Italianas de las que cuatro forman la legua portuguesa ó española, he aquí el cálculo de las distancias segun lo que respecto á la Antilla, escribía al Canónigo Martinez de Lisboa:
"De esta ciudad, derecho hácia el poniente, hay en dicha carta veintiseis espacios conteniendo cada uno doscientas cincuenta millas hasta la nobilísima Ciudad de Quinzai. Y desde la Isla Antilla, que llamais vosotros de las siete Ciudades, de que teneis noticia, hasta la nobilísima Isla de Cipango, hay diez espacios que hacen dos mil quinientas millas."
Con estos datos el cálculo es muy simple.
Por testimonio de Marco, solo se contaban:
| De Quinzai al Océano | 25 | millas |
| Del Océano á Cipango | 1500 | " |
| Toscanelli pone de Cipango á la Antilla | 2500 | " |
| Luego de Quinzai á la Antilla | 4025 | " |
| Ahora bien, de Lisboa á Quinzai segun Toscanelli | 6500 | " |
| De Antilla á Quinzai | 4025 | " |
| Luego de Lisboa á Antilla | 2475 | " |
Tal era el prodigioso itinerario que Toscanelli trazaba sobre el Globo y la apreciacion errónea de su longitud, que no podía ser rectificada, desde que solo podía apreciarse la longitud de las tierras que se extendían al Oriente, por los inciertos datos de Polo, que hicieron creer que entre Lisboa y la costa Oriental del Asia, debía existir una extension casi de dos terceras partes de la esfera y solo una tercera parte de mar, debiéndose aun encontrar en ese mar la célebre Atlántida ó Antilla de que tanto hablaron los antiguos.
La situacion y aun la existencia de esa Isla era tan incierta como aquel Cabo ó puerto de Catigara que tanto nombró Tolomeo en su Geografía, que tantos descubridores creyeron quimérico y que mucho despues creyó hallarse con el nombre de Caitagora, en el pais de Sin.
En cuanto al mar que baña esas costas orientales del Asia que hoy conocemos con el nombre de Océano Pacífico, era designado por Tolomeo con el nombre de Seno Magno y aun asi se llamó por Ortilio en 1587 en su Tesoro Geográfico y hasta en 1618, en la edicion de Tolomeo hecho por Pedro Best, y como el Cabo de Catigara se situaba al Oriente del Seno Magno el cosmógrafo Munstero, lo situó al Oriente del Pacífico.
Había en todo esto una adivinacion que asombra por mas que se creyese en una extension espantosa del continente Asiático y se desconociese por lo mismo la grandeza del Océano Pacífico.
En cuanto á la época de estos trabajos de Toscanelli puede fijarse por la data de la carta que dirigió al Canónigo Martinez de Lisboa, sobre las Tierras Incógnitas en 1474.
Para el estado de la ciencia en aquellos tiempos el sistema de Toscanelli era muy adelantado y puede decirse que en la apreciacion longitudinal de la misteriosa Antilla había hecho ya el descubrimiento teórico de la América y como para este descubrimiento poco importaba la extension del Océano Pacífico y la distancia de Lisboa á la costa Oriental del Asia, los errores tremendos en esos cálculos no debían tener fatales consecuencias.
[CAPITULO II.]
Cristóbal Colon—Su residencia en Lisboa—Correspondencia con Toscanelli sobre las tierras incógnitas—Epoca en que resolvió llevar á la práctica esas teorías—Viaje á los mares septentrionales—Proposicion al rey de Portugal—Rechazo—Partida á España.
Debe aparecer ahora el mas poético de los personajes de la gran revolucion del descubrimiento de América, aquel que llevaba el nombre simbólico de su colosal empresa, Cristóbal Colon, Cristo ferens, portador de la fé de Cristo y mensajero de la civilizacion; personaje legendario que, por su constancia, por su heroismo, por las visiones de su imaginacion, por su esplendorosa fortuna y por sus grandes infortunios, por lo brillante de su estrella y por lo tormentoso de su ocaso, debía atraer la atencion de todos hasta olvidar los demas actores del drama.
Podemos fijar la época del nacimiento de Colon en 1447. En una carta que escribió á Don Fernando de Aragon fechada en 1504, decia:—"Y hoy pasa de cuarenta años que ando navegando"—En la historia escrita por su hijo Fernando, con la autoridad de otra carta suya, se vé que empezó á navegar de catorce años de edad; luego nació en la época que hemos designado y no en la que suponen otros historiadores.
En cuanto al lugar de su nacimiento es hoy fuera de duda que fué Génova—la soberbia—por mas que se hayan disputado su cuna varias ciudades y principalmente Placencia y Cuccaro del Monferrato; pero el mismo héroe de la disputa habia fallado la causa de antemano llamándose hijo de Génova[1].
Era Colon de esbelta estatura, de bien formado cuerpo, de rostro encendido, de azulados ojos, de rubios cabellos, que por las inquietudes del alma bien pronto encanecieron, y de expresion altiva y modesta al mismo tiempo.
El orígen de Colon, que ha querido llevarse á la mas alta aristocracía, no aparece sinó en la mas humilde clase del pueblo; pero poco importa saber si el padre de Colon tejia paños ó escardaba lanas, basta saber que siendo pobre no podia haber dado al hijo esa educacion brillante que algunos historiadores le atribuyen. Es inverosímil tambien que hubiese estado en la Universidad de Pavía y que allí hubiese aprendido letras, cosmografía y náutica, pues habiendo empezado á navegar de catorce años, no podia haber tenido el tiempo necesario para adquirir tales conocimientos.
Es indudable que Colon empezó á navegar sin conocimientos cosmográficos y que solo por sus propios esfuerzos llegó á instruirse y á desarrollar su inteligencia, en los primeros veinte y tres años que navegó consecutivamente recorriendo todo el levante y el poniente, como dice él mismo en una de sus cartas.
En 1470[2] fijó Colon su domicilio en Lisboa, llevado sin duda por los atractivos que á los marinos debia ofrecer un País donde tantas empresas marítimas se proyectaban. Allí relacionóse con los principales hombres de su profesion y completó sus veinte y tres años de navegacion en excursiones sucesivas, haciendo en 1477 su célebre viaje por el Océano septentrional mas allá de la latitud conocida, segun cuenta su hijo Fernando. Sin perjuicio de estas excursiones, Colon tenia su domicilio fijo en Lisboa y meditaba en los descubrimientos de Polo y en los viajes de los portugueses á lo largo de la costa de Africa.
Dentro del periodo de catorce años que se comprende entre su llegada á Lisboa y su partida de esa ciudad, contrajo matrimonio con Da. Felipa Muniz de Pellestrello, y aunque la época de este matrimonio no aparezca con precision, es verosímil que fuese al poco tiempo de llegar á Lisboa, pues refiere su hijo D. Fernando que en 1484 habia ya enviudado, quedándole un hijo llamado Diego, con quien se partió de esa ciudad como en seguida veremos, y para poder llevarse consigo al hijo, no podia este ser de tierna edad.
La mujer de Colon era hija de uno de los descubridores de las islas Azores y gobernador de Porto Santo, y si á esa época este ya no existia, existian sus parientes que eran todos navegantes portugueses.
Es pues probable que Colon aunque ya se hubiera preocupado antes de llegar á Lisboa con la cuestion de hallar el camino marítimo para la India, pensase en ello mas seriamente con las relaciones de los marinos portugueses con quienes tan íntimamente se hallaba relacionado. Tambien debia hallarse en relacion con el padre Ximenez, autor del Gnomone florentino y con el canónigo Martinez, hombres doctos en cosmografía y que se hallaban en correspondencia con Toscanelli por los años 1473 y 74.
Este geógrafo dirigió tambien dos cartas á Colon y copia de otra dirigida á Martinez, de modo que es indudable que existia comunicacion entre todas estas personas y que discutian sobre las tierras incógnitas, como se llamaban entonces á las islas y costas con las que debia tropezarse en el viaje de circunnavegacion.
Cautivóse Colon de las lisongeras demostraciones de Toscanelli, apoyadas por los dos sabios expresados, y reconociendo en esas teorías la fuente de donde emanaban que era las relaciones del explorador Marco Polo, entregóse del todo á la lectura de sus viajes, al extremo que muchos considerasen que estas lecturas fuesen la única causa impulsiva de sus proyectos. Pero sin las adelantadas combinaciones del geógrafo florentino, no hubiese el explorador veneciano despertado en el ánimo de Colon sinó aspiraciones indefinidas, y su hijo Fernando, mas justo apreciador de los hechos, se refirió á las cartas de Toscanelli para rectificar precisamente la decisiva influencia que tuvieron en la empresa del padre. Cuando sigamos la marcha del gran descubridor, haremos notar que siguió siempre, como una guia segura, el itinerario que le habia sido trazado y que, palpando ya la realidad de las cosas, seguia aun con los mismos errores de Toscanelli.
Otra data imposible de fijar con certeza es cuando Colon dejó de meditar en estas teorías para entrar en la resolucion firme de emprender sus viajes. Hasta 1474, época de la correspondencia con Toscanelli, es decir, cuatro años despues de su llegada á Lisboa, las tierras incógnitas eran aun materia de consultas y discusiones. En 1477 emprendió Colon su viaje á los mares septentrionales, apremiado sin duda por necesidades de la vida, pero el hecho de lanzarse algo mas allá de lo conocido por esos mares, deja sospechar que al mismo tiempo quisiera hacer una tentativa de descubrimiento, un exámen de esas costas, por si existia en esa altura el camino que se buscaba. El resultado negativo de esta exploracion debió afirmar sus convicciones y no es aventurado decir que en 1478, es decir, á los treinta y un años de edad, Colon resolvió definitivamente emprender su viaje y con esa actividad que le era característica, se presentase sin mas demora á implorar la proteccion del rey D. Juan II de Portugal—Desacuerdan los autores sobre si Colon imploró la proteccion de la empresa primero al monarca portugues, á la Señoria de Génova ó al rey de Inglaterra, pero á mas de lo ocioso que es esta cuestion, la circunstancia de tener su domicilio en Lisboa, con el objeto de tomar parte en las empresas marítimas, pone fuera de duda lo que hemos asegurado.
El historiador portugues Barros, despues de hablar de las teorías de Colon, dice:—"Tanto importunó al rey que este ordenó fuese examinado su proyecto por Monseñor Diego Ortiz asociado con algunos pilotos, todos los que hallaron quimérica la empresa".
Como las instancias á la Corte van despacio y como algun tiempo debiera ser necesario para que Colon importunase al rey, es verosímil que recien en 1480 tuviese este sublime importuno su desengaño y no teniendo ya ningun vínculo que le ligase á Portugal, habiendo perdido ya su esposa, resolviese partir para Castilla, llevando consigo á su hijo.
De Lisboa[3] siguió Colon directamente á España, pues carecía de medios para hacer mas largos viajes, valiéndose de su hermano Bartolomé para que fuese á implorar la proteccion del rey de Inglaterra y sin duda se serviría de algun otro intermediario ó de misivas epistolares para entenderse al mismo tiempo con la Señoria de Génova.
Temeroso Colon de que se reprodugese en otras partes el rechazo del Rey de Portugal, quiso asegurarse el éxito tentando simultáneamente en varias partes su negociacion reservándose aceptar la mas ventajosa oferta, si mas de un gobierno la hiciese.
[CAPITULO III.]
Situacion de la España—Reinado de Don Fernando y Doña Isabel—Anarquía—Guerra cívil—Fanatismo—Restablecimiento de la Inquisicion—Influencia del Clero—Expulsion de los judios y moros—Odios entre España y Portugal.
Nos es necesario echar una ojeada sobre el País á que se dirigía Colon y sobre los sucesos de la época en que debía llegar.
El reinado de Enrique IV, llamado el impotente, había sido funesto para Castilla; él mismo había abierto las puertas de la mas escandalosa anarquía rebelándose contra su padre. No eran mejores los ejemplos de su vida privada; había agotado las fuerzas de su juventud en la mas desenfrenada crápula. Sin mas sucesion que su hija Juana y aun su legitimidad desconocida al extremo de llamarla el pueblo y los nobles la Beltraneja, á causa de las intimidades ostensibles de Don Beltran de la Cueva con la Reyna, fué este desgraciado vástago en vez de solucion de las cuestiones de sucesion, causa de trastornos y de guerras.
De ánimo débil, pasó por sucesivas humillaciones que despretijiaron su autoridad y hacían que tomase colosales proporciones la anarquía. Hizo primero reconocer á su hermano Don Alfonso como sucesor al trono, cediendo á las imposiciones de la nobleza y desconociendo los derechos de su hija.
Muerto Don Alfonso á los quince años de edad, se hizo por las mismas imposiciones, el pacto llamado de los Toros de Guisando, en que fué reconocida su hermana Doña Isabel con derecho á la sucesion del trono pretendiendo salvar su autoridad, con una claúsula por la cual esta no se casaría sin asentimiento del monarca. Todos estos resultados venian precedidos de intrigas, asonadas y crímenes.
Llegó el descontento al extremo de quererse destronar al monarca para levantar á Doña Isabel, como ya una faccion había proclamado á Don Alfonso, pero la futura soberana de España tuvo la discrecion de no prestarse al movimiento.
El matrimonio de la simpática princesa con su primo el infante de Aragon, Don Fernando, Rey de Sicilia, es un idilio que pocas veces ocurre en la crónica de los reinos. Don Enrique pretendió que la princesa se casase primero con el principe de Francia, despues con Pedro Giron, altivo y rebelde noble que puso esa condicion á su sometimiento y por último con el Rey de Portugal. La princesa resistió con energía todas estas imposiciones porque amaba á Don Fernando de Aragon y solo con él consentiría en un enlace.
Para evitar las persecuciones é intrigas de la Corte hizose venir al Infante secretamente, corriendo serios peligros y con la proteccion de los nobles que le eran adictos en Castilla, celebraronse las nupcias que unian por lo pronto dos ardientes corazones y que mas tarde debian unir dos reinos, formando uno tan grande que en él jamas el sol tendria ocaso.
Muerto Don Enrique IV en Diciembre de 1474 fué, en la ciudad de Segovia, proclamada Reyna de Castilla Doña Isabel, no sin que al mismo tiempo ambiciosos viniesen á disputarle el trono, so pretesto de sostener la causa de Doña Juana. La actividad que en esta lucha demostró la nueva Reyna, probó que ambicionaba ardientemente el poder y que tenia grandes aptitudes para sobrellevarlo.
Doña Juana habíase esposado con Don Alfonso V Rey de Portugal y este invadió á Castilla, sostenido por los nobles adictos á ella y trabóse una guerra de sucesion que probó la impericia militar de unos y otros. Por último, vencido el Portugues, retiróse á su Corte y la infeliz Doña Juana, despues de haber sido heredera de un trono, novia de tantos ambiciosos y desposada de un Rey, concluyó por buscar la paz del alma en un Monasterio.
Fallecido en Enero de 1479 el Rey de Aragon Don Juan II, fué elevado al trono Don Fernando y produjose así la unidad Española.
En todo este movimiento vése por único actor á la casualidad. A Don Enrique sucederle debia su hija Juana y en defecto de ella, su hermano Don Alonso, jóven sensato, que apesar de su corta edad tuvo bastante carácter para rechazar mas de una infamia; hubiese sido un buen Rey y no llegó á ser sinó una esperanza frustrada sin que falten historiadores que atribuyan al veneno su prematura muerte. En tal caso Doña Isabel hubiese sido otra monja como Doña Juana ó hubiese optado por ser Reyna de Portugal, casandose con el viejo monarca que la pretendia. Entónces la union de los Reinos de Aragon y Castilla efectuado ipsofacto por su matrimonio con el Príncipe, no se hubiese realizado, sin que hubiesen tenido lugar muchos de los sucesos que vamos á referir.
Prescott en la historia de los Reyes Católicos, dá al reinado de Doña Isabel un orígen electoral, cosa que en verdad no es asi, pues toda la autoridad de Doña Isabel se derivó del célebre pacto de los Toros de Guisando, infringido no obstante por la misma agraciada en la cláusula que exigía la intervencion de Don Enrique en su matrimonio. Si casualidad fué todo, pocas veces ha dado orígen á tanto bien y á tanto mal.
A situacion tan espantosa, como la dejada por el reinado que caducaba, requeriase un gobierno enérgico y justo, que salvase el principio de autoridad, desconocido por la terrible anarquía que destrozaba la Península Ibera y los Reyes Católicos, que muchos y muy grandes errores debian cometer, eran no obstante justos y enérgicos.
Todos los historiadores están contestes en el tétrico cuadro que ofrecía la España al morir Don Enrique. La seguridad de las personas y de las cosas era mayor entre las hordas salvajes que en sus campos y aun en sus ciudades; los mismos nobles mandaban desde sus castillos robar y asesinar á los viajeros; el feudalismo estaba en su apojeo; los tribunales por prevaricaciones escandalosas ó por miedo no servian sinó para alentar la injusticia y el crímen; la industria decaida, el comercio abatido; una crísis espantosa á causa de que cada noble acuñaba la moneda á su antojo, depreciándose esta al extremo de que las transaciones se hacian, como en los tiempos primitivos, por trueque ó cambio.
El Clero era un poder, el único poder, la única autoridad, al extremo de que criminales vestian el hábito sin profesar para escudarse y quedar impunes. Los maestrazgos de las órdenes religioso-militares, recibian del Papa su autoridad; no se sometian al Gobierno y acumulaban grandes riquezas. En fin, si se quiere una imágen del cáos, busquese en esa época de la historia de España, sobre todo en Castilla y Andalucia.
Los Reyes Católicos acometieron la tarea de domar esa anarquía y ya con rigor, ya con blandura; ya confirmando fueros y derechos á las ciudades, ya despojando á los nobles de sus derechos feudales, ya reconciliando los magnates enemistados, ya sometiendo á los que gobernaban por su cuenta incluso al altivo conde de Cádiz, ya prestigiando los tribunales de justicia, ya reformando los procedimientos y leyes civiles; en pocos años, la misma admiracion que nos ha causado el desquicio del gobierno de Don Enrique, nos asalta al ver las reformas obtenidas por los Reyes Católicos. Apesar de su energía, Doña Isabel nada hubiese conseguido sin la union del Reyno de Aragon; habiase allí refugiado lo mas sensato y patriota de la nacion Española; su constitucion liberal, su riqueza de que era emporio el puerto de Barcelona, todo eso reflejaba prestigio sobre ella y era un contrapeso poderoso; los nobles y el pueblo mismo de Castilla, sabían que en un caso dado, un ejército Aragonés vendría á apoyar á la Soberana y véase en esto una demostracion de como la anarquía, hija siempre de la desmembracion social, cesa cuando la unidad se restablece.
Dos episodios citaremos para demostrar que estos Soberanos si bien dotados de grandes cualidades, no eran aptos para mejorar la situacion del Pais.
Los obispados de España se proveian sin anuencia del Soberano, y si los Reyes Católicos reivindicaron ese derecho, no se descubre en ello sinó la influencia del Clero Español, interesado en esa reivindicacion porque era pospuesto por prelados de Roma. Los Reyes estaban sometidos á esa influencia al extremo de que el confesor de Doña Isabel, nuevamente nombrado, Fray Fernando de Talavera, cuando por primera vez fué á ejercer su ministerio, permaneció sentado para escuchar la confesion:—La costumbre es—dijo Doña Isabel—que ambos permanezcamos arrodillados.—Nó—exclamó el confesor—yo soy ministro de Dios y este su tribunal y V. A. debe permanecer de rodillas y yo sentado. La Reyna se arrodilló.
Doña Isabel tenia, no hay duda grandes condiciones pero no era superior á su época, estaba muy á su nivel. La España debía permanecer siempre con los gérmenes de la anarquía, contenidos pero no extirpados; el fanatismo debia acrecentarse tanto mas cuanto mas quisiese hacerse de la religion elemento social.
Es asi que el restablecimiento de la Inquisicion hizo á este poder mas irresistible que en las épocas anteriores. Algunos historiadores para disculpar á Doña Isabel dicen que fué á requisicion del Papa que se hizo este restablecimiento; no hay tal, existen aun los documentos que prueban que fué á peticion de la misma Doña Isabel que se dió la bula que debia levantar en Torquemada, el déspota, el tirano mas cruel de los tiempos pasados y futuros.
Estos dos episodios prueban que, ó los Reyes Católicos no eran tales como los representa la historia, sinó crueles y sanguinarios ó que estaban tan dominados por el Clero como Don Enrique lo estaba por los nobles rebeldes. Destruido un feudalismo, levantaban otro cien veces peor; quitada á los nobles la horca y cuchillo, ponian en manos de los Inquisidores la tea para encender las hogueras del martirio.
No faltan historiadores que fascinados por el prestigio de los grandes acontecimientos que la casualidad hizo producir en el reynado de Doña Isabel, quieran atenuar esta mancha, echando la culpa á la época. Nó, la moral y la justicia son eternas y no tenemos otra regla para juzgar los hechos de cualquier tiempo. No fueron menos graves otros errores cometidos por los Reyes Católicos; la expulsion de España de los Judios y de los Moros, las persecuciones inhumanas contra esos desgraciados, el saqueo de sus propiedades, son hechos que bastan para borrar la poca gloria que se les atribuye en la unidad de España y en el descubrimiento de América.
La misma guerra contra los Moros refugiados en Granada, no se llevaba con tanto celo al principio; fué necesario que algunos nobles por si y ante si la iniciasen con la toma de Alhama, para decidir al Monarca á ponerse en campaña y en toda esa guerra cuesta discernir el fanatismo del amor patrio.
Ni faltaron tampoco los estragos de la guerra cívil en este Reynado, bastando para comprobarlo que citemos el movimiento separatista que inició en Galicia el mariscal Pardo de Cela, siendo necesario que se enviase allí un ejército que sufrió un reves y que no pudo triunfar sinó á merced de una traicion por la cual, aprisionado el separatista, fué ahorcado sin piedad.
Tal era la situacion en que Cristóbal Colon debia hallar á la España, agregando que los antiguos odios entre esa Nacion y Portugal habian recrudecido con la guerra de sucesion de Doña Juana, á causa de la invasion á Castilla por el Rey Don Alfonso, en proteccion de esas pretensiones.
[CAPITULO IV.]
Los Conventos—Llegada de Colon á el de la Rávila—Opinion de algunos autores—Colon en la Corte—Exámen de su proyecto—Su rechazo—Nuevas tentativas—Proyecto de marcha—Carta del Rey de Francia—Aceptacion de su proyecto en principio—Inconvenientes en la práctica—Aceptacion definitiva del proyecto.
En aquellos tiempos de miseria y de barbarie, tropezábase frecuentemente en España y en Italia con altos muros entre los cuales se incrustaba iglesia gótica y en el interior de ese recinto hallabase almacenada la abundancia y refugiada la ilustracion, por lo general teológica, casuítica, fanática, pero á veces en una celda apartada, como un punto luminoso, se escondia bajo el hábito del fraile, un sabio ó un artista, único principio vital del porvenir, única chispa que algun dia restituyese al mundo los resplandores de la luz.
Allí se absorbia el sudor de los labradores y de los artesanos distribuyéndose en cambio á los vagamundos, algunos bocados de sopa, ostentacion de caridad calculada para que se redoblasen las limosnas.
A la puerta de uno de estos edificios del Monasterio de la Rávila, á corta distancia del puerto de Palos, un dia canicular en 1484 detúvose un peregrino que conducia un niño de la mano. Ni el polvo que cubria su pobre ropaje, ni la fatiga retratada en su semblante, ni el dolor que se reflejaba en sus ojos, disminuian la nobleza de su porte,—¿Que buscaba ese hombre?—¿Era acaso un mendigo?—No pedia sinó un poco de sombra para reposar y un mendrugo de pan para el niño.
Habia en ese Convento una luz y con ella se descubrió lo que buscaba ese viajero en su afanosa peregrinacion; Fray Juan Perez de Marchena era uno de esos seres refugiados en el Convento, que vestia el hábito del fraile pero que conservaba el corazon y la inteligencia libres del fanatismo. Ver al forastero y adivinar en él todo un drama interesante, fué la concepcion feliz de un momento; sin duda pensó que tambien el Dante, algun tiempo hacia, habia buscado igual refugio en Italia.
El peregrino y el fraile se miraron, se explicaron, se comprendieron.
Ese humilde viajero que hallaba asi hospitalidad y apoyo, era Cristóbal Colon y el niño, su hijo Diego.
Algunos historiadores modernos han querido desconocer este poético episodio, pretendiendo que Colon desembarcó en el puerto de Santa María y que fué hospedado en el Palacio del Duque de Medina-Celi, refiriéndose á un documento que no citan ni describen. Tal documento no puede ser otro que el que se refiere á las relaciones que tuvo con dicho Duque mucho despues de su llegada á España, como mas adelante lo veremos. Por otra parte no es verosímil que habiendo salido Colon de Lisboa furtivamente, despreciado por la Corte, sin influencia ni valimiento alguno, desembarcase en España con el prestigio necesario para hacerse abrir las puertas del Palacio del orgulloso Duque y encontrarlo dispuesto á servirlo.
Todo en el reinado de Doña Isabel debia ser obra de la casualidad; Cristóbal Colon rechazado por el Monarca de Portugal por importuno, venia á España como vagabundo y como vagabundo llama á las puertas del monasterio de la Rávila donde halla un hombre que lo socorre y lo comprende, se encarga de la educacion del hijo, lo mune de recomendaciones y lo dirige á la Corte.
Entre las recomendaciones que llevaba Colon habia una para aquel Fray Fernando de Talavera, confesor de la Reyna, de que hemos hablado ya y no podia ser mejor dirigido el pretendiente que á un hombre que hacia arrodillar á sus plantas á Isabel para oir su confesion y darle sus consejos.
Hallábase la Corte en Córdoba y toda la atencion era absorvida por los cuidados de la guerra contra los Moros de Granada.
El confesor de la Reyna apenas respondió con seca urbanidad á la recomendacion que se le hacia del marino; ignorante y tan fanático como de cortos alcances, no le sirvió como pudo haberle servido.
Pero Colon estaba ya en camino y supo captarse la amistad de otras personas influyentes, entre ellas á Gheraldoni nuncio del Papa, y á su hermano Alejandro, preceptor de los hijos de los Monarcas y por intermedio de estos obtuvo una audiencia del Cardenal Mendoza que tanto valimiento tenia en la Corte que era llamado la tercer potencia. Mendoza debia ser hombre instruido, al menos de elevado espíritu, pues escuchó á Colon con atencion, lo exortó á perseverar en sus planes y obtuvo éste por su intermedio una audiencia de los Reyes.
Colon era elocuente; conocia que para convencer y persuadir es menester hacer vibrar las fibras mas sensibles del corazon de su auditorio y halagar sus creencias y aun sus preocupaciones. Así pues, á los soberanos de Castilla les habló de la gloria de extender sus dominios; excitóles la avaricia con el acrecentamiento de un comercio riquísimo; pero en lo que insistió mas y con acento profético, fué en el triunfo de la fé cristiana, en la conversion de millares de idólatras y aun en el rescate del Santo Sepulcro. Es probable que Colon creyese en mucho de lo que decia, pero no hay duda que exageraba su fé y su ortodoxismo para persuadir. Su larga permanencia en Portugal le habia hecho adquirir una pronunciacion y un acento mas semejante al castellano y su trato con españoles, aun ántes de llegar á España, le permitia expresarse en ese idioma con bastante claridad y elegancia. La impresion causada en el ánimo de los Reyes fué favorable, sobre todo en Doña Isabel que era mas ambiciosa y mas accesible al entusiasmo.
Pero el proyecto de Colon rozaba con puntos de la fé y dado el fanatismo de los Reyes, no podia ser aceptado sin someterlo al exámen de peritos.—Pero—¿Que peritos podrian ser en esta materia teólogos y frailes? Compuesto este tribunal de esta manera y presidido por el confesor de la Reyna fácil es comprender que el proyecto de Colon era de antemano condenado.
Admitido á exponer y defender su idea ante el areópago ortodóxo presentósele otra ocasion de lucir su elocuencia. Esta vez expuso todas las teorías de Tolomeo y Toscanelli, para demostrar la practicabilidad del viaje y no poco le sirvió su erudicion en la Biblia para ayudarse á conciliar sus errores con los nuevos errores que profesaba. Había esta diferencia grandísima entre unos y otros errores; que los teológicos cerraban la puerta á todo descubrimiento; inmovilizaban, aletargaban, envenenaban la vida como las emanaciones de un lago sin corriente, miéntras que los errores de la ciencia impulsaban al progreso, admitian nuevas hipótesis, se encadenaban con las verdades del porvenir. Era una lucha titánica y sosteniéndola Colon era ya tan grande y tan digno de la posteridad, como si hubiese realizado ya su descubrimiento.
Pasaban los meses y los años y el Consejo no expedía su dictámen. Entre tanto Colon abria su alma á dulces sentimientos y consuelos. Había trabado relacion con una noble y hermosa dama llamada Beatriz como aquella que inspiró al Dante y fruto de estos amores fué Don Fernando, que mas tarde hizose estimar por sus méritos y fué el primer historiador de las hazañas de su padre. Al fin en 1491, redoblando Colon sus instancias, obtuvo que el Consejo se expidiese, pero éste fallo le fué completamente adverso.
Al recibir esta noticia, experimentó tanta amargura que, á no ser los vínculos que lo unian ya á España, la hubiera abandonado como abandonó á Lisboa.
Tentativas infructuosas con algunos grandes personajes, entre ellos el Duque de Medina-Celi, lo detuvieron todavía, pero al recibir una carta del Rey de Francia que lo llamaba, resolvió partirse. Como recordará el lector, su hermano Bartolomé gestionaba en Inglaterra la admision de sus proyectos y regresando con éxito ó sin éxito, había instruido de ellos tambien al Monarca Francés que los aceptó con entusiasmo.
Partióse pues Colon desandando aquel camino de Córdoba á la Rávila que había ántes emprendido tan lleno de esperanzas. Aquellos para quienes la vida no ha sido una contínua lucha, que no saben lo que es una esperanza salvadora que se desvanece, que no han contado con un recurso único que se pierde, aquellos que no han ido á la ilusion y vuelto al descanto por el mismo trayecto, no podrán hacerse una idea de los tristes pensamientos que asaltarían la mente de Colon.
Por segunda vez llamó á las puertas del convento de la Rávila y por segunda vez Fray Juan Perez reanimó las esperanzas del marino. Consiguió que detuviese su viaje á Francia, envió á pedir una audiencia á la Reyna, de quien habia sido confesor, y una vez obtenida, marchóse á la Corte sin detenerse y aun sin esperar el dia para ponerse en marcha.
Como en todos estos sucesos había algo de providencial, la carta del Monarca Francés, vino oportunamente y fué sin duda el gran argumento que empleó el de la Rávila para convencer á la Reyna.
El Portugal era odiado por los Reyes y Pueblo Español, pero la Francia era mirada con recelo y emulacion, sin duda desde las guerras de Aragon y de Italia en que Franceses y Españoles se disputaban el mas rico giron de aquellos paises. Así fué que pensar en que la Francia acogería á Colon y podría gozar la gloria de su empresa, despertó los celos de Doña Isabel. Se ordenó que Colon regresase dándosele seguridad de que sería atendido y adelantándosele veinte mil maravedies para sus gastos.
Llegó esta vez á la Corte nuestro héroe lujosamente vestido y con aire de triunfo y hallándose los Reyes entónces frente á los muros de Granada, allí se dirigió, llegando en el oportuno momento de ser tomada la ciudad y estarse celebrando alegremente la victoria decisiva contra los Sarracenos.
Allí tuvo la satisfaccion de ver al fin de tantas peripecias aceptado, al menos en principio, la proposicion de su descubrimiento.
Delegó la Reyna en varias personas el encargo de tratar las bases y formalizar el compromiso y otra vez Fray Fernando Talavera debia presidir el Consejo. Había éste ascendido á arzobispo de la recien reconquistada Granada, redoblado su influencia pero tambien su terquedad y su fanatismo. Entre Talavera y Colon existia una antipatia bien manifiesta y cuando oyó aquél que éste exigia ser nombrado Almirante y Virrey de las tierras que descubriese, asi como la décima parte de los productos, no pudo contenerse y exclamó: que no era mal arreglo el asegurar dignidades y riquezas sin exponerse á pérdidas. A esto contestó Colon que se comprometia á cargar con la octava parte del costo de la expedicion, obteniendo la octava parte de los beneficios.
La Reyna que en este negocio era siempre de la opinion de su confesor, no se opuso al dictámen otra vez adverso á Colon, y este, ya en el año de 1492, partióse de la nueva ciudad de Santa-Fé para dirigirse á Francia como ya lo habia ántes pensado.
Tenía proposiciones ventajosas del Rey de Francia y por esta razon no cedia de sus pretensiones; esto estaba previsto por él, como lo hemos dicho ántes, esto es: si sus ofertas eran acogidas por dos soberanos, aceptaría la mejor proposicion. No hay duda que prefería servir á la España porqué en ella tenía ya vínculos y afecciones, pero no eran tan poderosas que le impidiesen ir á buscar mejores condiciones.
En cuanto á la Reyna había confiado á su Consejo la negociacion y sus consejeros le hacían creer que Colon cedería al fin y aceptaría ir al descubrimiento sin pedir honores y cuotas de ganancias. Pero viendo la Reyna que se marchaba en verdad, envió á detenerlo por segunda vez porque no quería de manera alguna, que fuese la Francia la que tuviese la gloria de una empresa que aunque no la reputase tan colosal como resultó, creia sin embargo fuese de gran importancia. Así pues todo lo relativo á nobles trasportes de parte de Isabel y á la resolucion de vender sus alhajas si faltasen fondos para la expedicion, no es sinó fábula inventada para engrandecer á la Reyna, y hacer mas decoroso este período de la historia.
Los fondos de la expedicion se sacaron del tesoro público de Aragon y del particular de Don Fernando.
Aceptado en definitiva lo que exigia Colon, firmóse el convenio en la ciudad de Santa-Fé, en la Vega de Granada en 17 de Abril de 1492.
Si no fué la Francia la iniciadora del descubrimiento de América es debido á dos nobles sentimientos que detuvieron á Colon, el amor á Doña Beatriz y la amistad de Fray Juan Perez de Marchena, sin lo cual no hubiera regresado á Córdoba á reanudar sus negociaciones. Sin que desconozcamos la grandeza del Pueblo Español, no hay duda que la Francia pudo llevar en el descubrimiento y poblacion de la América, elementos sociales mas constitutivos que los que llevó aquel Pueblo que se hallaba en esa época, en condiciones nada aparentes para la colonizacion y en el cual era constitucional la anarquía y arraigado estaba el fanatismo. Tampoco hubiéranse reproducido en las nuevas colonias de la América del Sur el odio entre Portugueses y Castellanos y las cuestiones de límites y de predominio, hubiéranse resuelto con otro espíritu, y otras consideraciones.
[CAPITULO V.]
Aprestos para la marcha—¡Á que poco costo adquiría la España un mundo!—Partida de la expedicion—Derrotero—Descubrimiento—Asombrosos errores—Desviacion de la brújula—Verdadero descubrimiento de Colon.
Señalóse el puerto de Palos para armarse y partir la expedicion que debía lanzarse al Océano á realizar los ensueños de Colon. Dictáronse todas las providencias tendentes á facilitar la partida, y aprovechándose la obligacion en que estaban los habitantes de ese puerto de facilitar como tributo embarcaciones y gentes de mar al Estado, ordenóse el secuestro de dos embarcaciones y su correspondiente tripulacion. Los gastos de la Corona pues, debian ser bien insignificantes, reduciéndose á la compra de víveres y pago de cuatro meses adelantados á los tripulantes. ¡Á tan poco costo iba la España á adquirir un Nuevo Mundo!
El armamento del tercer buque corria por cuenta de Colon y segun afirman casi todos los historiadores, sin que sepamos la fuente de donde han sacado esto, Martin Alonso Pinzon, rico armador del mismo puerto de Palos, facilitó los fondos necesarios para tal objeto, resolviéndose él y su hermano á acompañarle en el viaje, tomando el mando de los buques que debian seguir al Almirante, nombre con el cual se designó desde entónces á Colon. De los tres buques aprestados, solo el que montaba este: la Santa Maria tenia cubierta; los otros dos: la Pinta, mandada por Martin Alonso Pinzon y la Niña por Vicente Yanez Pinzon eran carabelas, no ascendiendo todo el personal de la escuadrilla sino á ciento veinte hombres, reclutados por cierto, con indecible trabajo.
El viérnes 3 de Agosto de 1492, antes de la salida del Sol, zarparon los buques que debian navegar al rumbo que Colon indicase, con la condicion de no tocar en las islas Azores, de Cabo Verde, costa de Guinea ó cualquier otra colonia portuguesa.
Desde el primer dia de la navegacion el Almirante abrió un diario para llevar cuenta de las ocurrencias de ella, de modo que esta parte de la historia tiene fuente segura. En la introduccion de ese diario hallamos de notable que llamase á los Reyes Católicos Reyes de España y de las islas del Mar.—¿De que islas queria hablar?—La Antilla segun la creencia de la época estaba poblada: Cipango y demas islas imaginadas eran dependencias de la India y era de suponer que ese gran Kan, emperador poderoso, no había de estar muy dispuesto á ceder sus dominios á un puñado de aventureros.
Tal vez Colon adivinaba la existencia de algunas tierras inhabitadas ó las suponía tan solo para excitar la codicia de los reyes; pero si se recuerda el empeño con que exigió ser nombrado Gobernador de dichas tierras, es forzoso admitir la primera de esas hipótesis. Sin embargo poca importancia acordaba á dichas tierras pues decía que el objeto principal de su viaje era llevar una embajada á aquel poderoso monarca de la India y tratar de la conversion de los infieles. En corroboracion de lo dicho, veremos como, al llegar al término de su viaje buscaba mas á aquel Monarca que las tierras incógnitas.
Dejando á un lado estas dudas sigamos la narracion de su viaje. Llegada la escuadra á las Canarias, reparadas las averías de uno de los buques, corregidos los defectos de la arboladura de otro, hecha abundante provision, zarpó de la Gomera el dia 6 de Septiembre con rumbo al Sud y no al Poniente como algunos dicen.
Dejemos á un lado las minuciosidades de este viaje y fijemos nuestra atencion en su derrotero y escalas para convencernos que la conducta, las disposiciones y los conceptos de Colon se ajustaban á la carta geográfica que le trasmitió Toscanelli y al sistema de longitudes que este gran hombre había, bajo la fé de Marco Polo, monstruosamente alterado. De la Gomera navegó Colon casi derecho al Sud y acercándose al Trópico de Cancer, dobló de improviso al Occidente, es decir: al rumbo hácia el cual nadie había navegado y conservó la misma direccion hasta que no le indujo á cambiarla el indicio de una tierra cercana.
Con esto Colon trataba de alcanzar el paralelo que le había designado Toscanelli. Allí creía hallar despues de dos meses mas ó ménos de navegacion como le decía aquel en la segunda de sus cartas, ó la tierra incógnita de Tolomeo ó algunos de aquellos lugares, en la parte de la India, donde podría refugiarse en algun contra-tiempo imprevisto y en verdad resultó que despues de treinta y siete dias de viaje solo le faltaban cincuenta y cinco grados para completar los ciento veinte grados determinados en aquella carta. La provision de víveres que hizo, segun dice Gonzalo de Oviedo, era suficiente solo para ese tiempo.
El nombre de India que Colon dió á la América y la pretension que las islas eran del mar Indiano, fué consecuencia de la promesa que le hizo Toscanelli de conducirlo directamente al Asia, á los lugares fertilísimos de toda clase de especería y piedras preciosas; por cuanto todo el que navegase al Poniente siempre encontraría esos lugares al Poniente. Así tambien el nombre Cubanacan pronunciado por los habitantes de Cuba, le hicieron creer que se hallaba en los dominios del gran Kan y la palabra Cibao repetida por los de la Española le hicieron tambien creer que había llegado á Cipango.
Había dado Colon órden de conservar siempre rumbo al Occidente y de navegar hasta setecientas leguas, deteteniéndose en esa distancia pues á tal altura debia hallar tierra. De Europa á la Antilla, como lo hemos dicho, resultaban del cálculo de Toscanelli, dos mil cuatro cientos setenta y cinco millas que hacen algo menos de las setecientas leguas expresadas, luego pues la tierra que creía Colon hallar en esas inmediaciones era la Antilla de Toscanelli.
El viérnes 12 de Octubre de 1492 descubrióse por la tripulacion de la escuadra la tierra Americana. Era esta tierra la isla llamada por los naturales Guanahami y por Colon, San Salvador.
Aquí se nos presenta en toda su grandeza el error de Toscanelli, la temeridad de Colon y el peligro en que estuvo su flota.
Sin las varias islas de la América que pusieron término á su viaje precisamente á la altura en que se le prometia la India, su pérdida hubiese sido segura. En el paralelo que navegó no habría visto tierra sinó cerca de la China y esta, situada por Toscanelli á ciento veinte grados de Lisboa, distaba en verdad doscientos treinta grados. Así pues, aun suponiendo que los vientos y el mar le hubiesen sido propicios en un trayecto tan largo.—¿Donde hubiera podido proveerse y como subsistir por mas de dos meses, con falta absoluta de víveres?—Cuando se considera que Colon se engañó por ciento diez grados asombra tanto riesgo y que errores tan enormes hayan sido coronados de los mas felices sucesos.
En vano se ha dicho en disculpa de Toscanelli que sospechaba la existencia de un continente intermedio, ó al menos de una vasta isla entre la Europa y el Asia.
Pero de tal sospecha no se observa vestigio alguno en sus cartas, escluyendo por otra parte esta hipótesis, su única y absoluta longitud de ciento veinte grados. Ciertamente lo estravió la aparente simetria de su nuevo sistema; asi se comprende que despues de haber, con el testimonio de Polo, agregado cerca de ciento diez grados de longitud á la parte conocida de la tierra, debia llegar necesariamente á disminuir la misma longitud á la parte desconocida del Océano.
En este viaje habia sido Colon muy feliz; los vientos aliseos llevaron sus bajeles por un mar bonancible con deliciosa rapidez. Pero un fenómeno desconocido hasta entonces debía presentarse y dejar perplejo al Almirante. Como no era conocida la desviacion de la brújula ni se creia en otro Norte que en el Norte del Mundo, sin pensarse en la atraccion magnética que debia hacerse sentir al separarse de los paralelos septentrionales, el fenómeno tenía que ser alarmante é inesperado.
Los pilotos que iban en la expedicion ocurrieron al Almirante sobresaltados para que este les explicase la causa de lo que observaban. Hallábase él tan ignorante á este respecto como ellos, pero por no desconsolarlos les dió una explicacion sofística, como hizo Galileo la primer vez que fué consultado respecto á la presion atmosférica sobre la columna de agua.
No está el mérito de Colon en haber descubierto la América, pues jamas pensó él ni sus contemporáneos en la existencia de un nuevo continente.
Las tierras incognitas se suponian agregaciones del continente Asiático y nada nuevo se creía descubrir. Pisando ya la tierra Americana, hacía esfuerzos por reducirla á las informaciones de Marco Polo.
El mérito de Colon está en haberse puesto denodadamente al servicio de la ciencia tal cual se hallaba en aquellos tiempos, en haber aceptado de los sabios una teoría científica y en haberse lanzado á practicarla sin arredrarse ante la necesidad de surcar mares desconocidos y de alejarse de la tierra como nadie se habia alejado. Colon mas que la América ha descubierto el Océano; reveló el misterio de su camino y los mil viajeros que tras él se lanzaron y descubrieron mas tierra que él, no tienen tanto mérito, porque él abrió los horizontes que se creían impenetrables.
[CAPITULO VI.]
Divagacion por el archipiélago de las Antillas—Pérdida de la nave principal—Desercion de la "Pinta"—Viaje de regreso—Escala en Portugal—Felonía de Pinzon—Coincidencias favorables para la España—Célebres doctrinas respecto á las tierras de infieles—Bula de demarcacion—Triunfos de la diplomacía portuguesa.
Hallábase Colon entre el Archipiélago descubierto lleno de admiracion al ver tan lujosa naturaleza. Los bosques, las praderas, los rios, los lagos, la infinita variedad de las aves, las faldas de las montañas, la suave ondulacion de las llanuras, todo brillaba con los rayos de un sol esplendoroso y la vejetacion exhalaba el perfume mas embriagador.
Pero al mismo tiempo hallábase indeciso; descendia en una Isla y tornaba á las naves para visitar otra y al mismo tiempo iba designándolas con los nombres de Isabella, Española, Concepcion etc., lo que prueba que apesar de no abandonar sus creencias de hallarse en las proximidades del Asia, reconocia que aquellas islas no eran las señaladas en la carta de Toscanelli y en la que él mismo dibujó para guia de su viaje.
Entretanto que asi vagaba Colon por el ancho piélago de las Antillas, dos contratiempos le sobrevinieron; uno fué la desercion de la Pinta á causa de querer su comandante Pinzon adelantar por su cuenta los descubrimientos y recoger las codiciadas riquezas. Otro de los contratiempos y el mas irreparable fué la pérdida de la Santa María, arrastrada por una corriente y encallada violentamente en un banco. Fueron inútiles los esfuerzos que se hicieron para salvarla quedando la escuadrilla privada del mejor buque.
No decayó por esto el ánimo de Colon y aprovechó el tiempo en tomar informaciones de aquellos pacíficos y nobles habitantes de las islas para quienes habia llegado la época de la esclavitud y del martirio. Todos estaban contestes en señalar al Sud la existencia de un vasto y poderoso Imperio á cuyo Soberano obedecian millones de subditos y que poseia inmensas riquezas.
Es indudable que estos indios aludian al Imperio Mejicano, pero Colon entendía que tal Soberano debia ser el Gran Kan y el Imperio, el Oriente.
Mas veíase en malas condiciones para proseguir el descubrimiento, reducido á una sola carabela y rodeado de gente rebelde y mal dispuesta.
Resolvióse por tanto regresar á España, dejando en la Española, Isla en la cual se hallaba el mas simpático de los caciques indios, llamado Guacanajari, un fuerte construido con los despojos de la Santa María y una guarnicion de treinta hombres.
Construyóse el fuerte cerca á la ensenada que llamó de la Navidad, así como el fuerte mismo, primer ensayo de colonizacion que tan desgraciados frutos debía producir, dándose fé desde entónces de que el pueblo que descubría y poblaba la América era el que en peores condiciones se hallaba para hacerlo.
En cuatro de Enero del año siguiente al descubrimiento, esto es de 1493, diose Colon á la vela sin esperar á la Pinta que creía ya perdida; un fuerte viento le hizo derribar hácia el promontorio y ensenada que llamó de Monte-Cristi. A poco de hallarse en este refugio avistó á la Pinta que venía buscando el mismo puerto.
Pinzon defendió su rebeldia con pueriles excusas y aceptándolas Colon, tuvo la primera debilidad que había de serle tan funesta á él y á las colonias. Pensó que castigar al rebelde sería provocar á sus adictos y hacer tal vez imposible su regreso á España; mas de este modo quedó quebrada su autoridad y dispuestos al mal los elementos anárquicos con que contaba para sus futúras expediciones. Así pues, apesar de la llegada de la Pinta, persistió Colon en su designio de regresar á España.
El 9 de Enero se dieron los buques á la vela dejando su refugio y poniendo rumbo al Oriente. Este viaje de regreso fué tan borrascoso como bonancible había sido el de venida. Colon creia perecer y que las noticias de su descubrimiento perecerían con él; en prevision de tan triste suceso, escribió sucinta ralacion de su viaje y con las precauciones del caso, la colocó en un tonel que abandonó á las olas y otro ejemplar hizo colocar en el castillo de popa de su buque.
La Pinta se habia separado y otra vez se creyó perdida, no ya por la rebeldia de su comandante, sinó por el furor de la tempestad.
En fin el 15 de Febrero se avistó tierra. Era la Isla Santa María, la mas meridional de las Azores pero á causa del temporal, no pudo la Niña dar fondo hasta el 17.
Los Portugueses recibieron mal á Colon y á sus subalternos, al extremo de quererse apoderar del buque y aprisionar á estos. Esta hostilidad se atribuye por algunos á que el Rey de Portugal, en la creencia de que la expedicion de los Castellanos menoscababa sus descubrimientos, habia dado órdenes á los gobernadores de sus posesiones, que tratasen de apoderarse de los viajeros, pero la conducta que posteriormente observó el mismo Monarca, desmiente esta suposicion.
El 24 de Febrero prosiguió Colon su marcha y no sin nuevos temporales y peligros consiguió el 3 de Marzo dar fondo en Rastello, cerca de la desembocadura del Tajo. De este punto escribió á los Reyes de España anunciándoles su llegada y pidió permiso á el de Portugal para llegar á Lisboa, por no ser el punto en que se hallaba seguro fondeadero.
Hallábase á la sazon don Juan II con su Corte en Valparaiso á nueve leguas de Lisboa y aunque los descubrimientos de Colon le debieron causar sumo despecho por no haberlos él aprovechado, mostróse con altura y ordenó fuese aquel socorrido de todo cuanto necesitase. El cronista portugues Rui de Pina refiere que no faltaron consejeros que incitasen al Rey á ordenar la muerte de Colon para apoderarse de su secreto; no basta el testimonio del cronista para creerlo, pero fuese de esto lo que fuese, trató el Rey al Almirante con distinguida consideracion. Cabía en el ánimo del Monarca una sospecha y era si el descubrimiento afectaba sus posesiones Africanas, pero Colon explicó claramente que las tierras visitadas por él estaban fuera de todo lo conocido hasta la fecha y en rumbo distinto á el de los descubrimientos de los portugueses.
Despues de esto se partió el Almirante para España, llegando al puerto de Palos el 15 de Marzo á medio dia. No bien habia fondeado la Niña cuando apareció la Pinta que habia sido arrojada á la costa de Cantábria y desde allí habia Pinzon escrito á los Reyes que Colon habia naufragado y que á él se debia el descubrimiento. Habia pues cometido dos injustificables felonías; su rebelion en el archipiélago de las Antillas y su impostura al llegar á España, faltas que si no se disculpan se atenúan por haber auxiliado á Colon al principio de su empresa y porque su arrepentimiento fué tal, que murió de pesadumbre.
Encontrábanse los Reyes Católicos en Barcelona donde Don Fernando habia salvado de una tentativa de asesinato; acababa de firmarse el tratado de paz con la Francia en que esta cedia los condados de Rosellon y Cerdeña. Coincidia este triunfo diplomático con la conquista definitiva de las Canarias empezada por Betacourt y concluida ahora por Alfonso Fernandez de Lugo.
Por último habia fallecido el marques de Cádiz y como no habia dejado sucesion, quedó la Ciudad y Puerto definitivamente anexados á la Corona. Á completar tal número de felices coincidencias llegaba pues Colon con las nuevas de su descubrimiento, cuya grandeza no era aun ni sospechada.
Desde el puerto de Palos hasta Barcelona hay un trayecto regular, debiendo atravesarse por pueblos y ciudades; ese trayecto fué una marcha triunfal para Colon, que iba á caballo y precedido de las muestras de los productos, de los animales y de los indios que habian sido llevados de las tierras descubiertas. Todas las poblaciones salian á victoriar á aquel viajero afortunado que no hacia mucho se habia presentado como un mendigo. Ignoraba Colon, entónces en el apogeo de su gloria, cuantas amarguras tenia que sufrir y como habia de eclipsarse el brillo de su estrella.
Los Reyes recibieron cariñosamente á Colon y oyeron de sus labios la relacion de sus viajes con interes y aun con entusiasmo y agregaron á sus privilegios otras mercedes, entre ellas que pudiera llevar escudo con el símbolo del descubrimiento y la inscripcion siguiente:
Para Castilla y Leon
Nuevo mundo halló Colon.
Al mismo tiempo pensaron los Monarcas asegurar para su dominio los nuevos paises descubiertos. El Derecho de Gentes en aquel tiempo ni estaba muy adelantado ni se consultaba siempre. Entre los medios de adquirir las tradiciones romanas no ofrecian sino la conquista; pero el advenimiento de los Papas y su jurisdiccion espiritual sobre todos los reyes católicos trajo otra doctrina bien original:—Segun ella los infieles no tenian derecho á poseer dominios y cualquier principe cristiano podia desapoderar de sus tierras y sustituir á todo principe hereje. La propiedad del mundo era para los católicos, quienes podian reivindicar toda tierra de infieles y en su virtud el Papa podia distribuir las tierras como árbitro. Asi fué que Martin V y sus sucesores concedieron á la Corona de Portugal todas las tierras que se descubriesen por sus subditos desde el cabo Boyador á las Indias y los Reyes Católicos por un tratado celebrado con el Monarca Portugues en 1479, habíanse comprometido á respetar esos derechos.
Ocupaba entonces el trono de San Pedro el crapuloso Borgia con el nombre de Alejandro VI. Fácil fué convencer á este de que los descubrimientos de los Castellanos tenian otro rumbo que los que habian sido asegurados á los portugueses y al fin, en Marzo de 1493, expidió una bula concediendo á la Corona de España para sus descubrimientos, las mismas seguridades que habian sido concedidas á Portugal.
Agregóse á esta bula la célebre demarcacion por la cual se adjudicaba á la España omnes insulas et terras firmes, inventas et inveniendas, detectas et detejendas versum occidentem et meridiem. Hacíase esta demarcacion por una línea imaginaria que desde el polo Ártico bajase al Antártico, cien leguas al Occidente de las Azores y de las islas de Cabo Verde.
Entretanto preparábase una segunda expedicion á las tierras descubiertas; pero los portugueses á pesar de la célebre demarcacion, estaban recelosos de ella. Empezó entónces una lucha de astucia y de intrigas en que se empleaban el cohecho y los mas viles recursos para descubrir los secretos de este negocio. La corruptora diplomacía portuguesa que debia tener digna sucesion en América, salió triunfante en este caso, con el célebre tratado de Tordesillas, celebrado en 7 de Junio de 1494, por el cual la línea divisoria se modificó, debiendo tirarse tres cientas leguas al Occidente.
No se explica esta concesion que debia ser funesta á la América Española. Con esta modificacion los portugueses mas tarde alegaron derechos para ocupar el Brasil y enseñorearse de una de las mas importantes regiones de la América.
[CAPITULO VII.]
Segundo viaje de Colon—No fué de descubrimiento sinó de colonizacion—Crueldad de los Españoles—El Padre Las Casas—Licencia para hacer nuevos descubrimientos—Su modificacion—Tercer viaje de Colon—Su conjetura de que la tierra descubierta fuese un continente—Ojeda, y su expedicion en 1499—Pedro Alonso Nuñez—Vicente Yañez Pinzon—Diego Lope—Rodrigo Bastidas—Pedro Alvarez de Cabral—Cuarto viaje de Colon—Américo Vespucio.
El segundo viaje de Colon, emprendido el 25 de Setiembre, partiendo del puerto de Cádiz, con diez y siete buques entre los que iban tres de alto borde, nada notable contiene respecto al descubrimiento. Fué un viaje de colonizacion, llevándose en escuadra tan poderosa, relativamente á la que zarpó en la primera expedicion, pobladores y funcionarios, semillas y animales reproductores.
Con lo primero que tropezó Colon al llegar á la Española fué con la ruina del fuerte que habia dejado en ella y con los vestigios de una sangrienta catástrofe. Los españoles que habian quedado de guarnicion, lejos de seguir los consejos que habian recibido, observaron una conducta imprudente, enemistándose con los Indios y diseminándose por el territorio en busca de botin. Por pacíficos que fuesen los indígenas, al verse tratados tan desconsideradamente habian reaccionado y aun parece que el mismo cacique Guacanajari, si no fué cómplice en la muerte que dieron á los colonos, fué impotente para defenderlos.
Los que nuevamente llegaban al ver la triste suerte de los que les habian precedido, sin atender las causas que la habian ocasionado, se inflamaron en deseos de venganza y la colonizacion de la América empezaba asi bajo terribles auspicios.
Bien pronto la crueldad de los Españoles empezó á manifestarse, no ya por los arranques de la venganza, sinó por la codicia y el desenfreno; fué decretada la esclavitud y el martirio de los indios que tuvieron su historiador especial en el Padre Las Casas, el único que abogaba en favor de esos seres desgraciados, pues Colon, tan osado navegante, y tan intrépido para el descubrimiento, demostró gran debilidad de caracter y ningunas aptitudes como gobernante. Es verdad que los elementos de que disponia eran anárquicos y rebeldes, pero tambien es cierto que estos elementos hubieran sido refrenados, si desde un principio hubiese el Almirante desplegado energía y prestigiado su autoridad.
No pretendemos escribir la historia de la colonizacion de la América ni indirectamente importan sus detalles á lo que nos hemos propuesto en esta obra, asi es que prescindimos de desvelar esos cuadros groseros y sangrientos con que los Españoles inauguraron la vida civilizada en este Continente y pasaremos á ocuparnos de lo que debe llevarnos á nuestro objeto.
Regresó Colon á Cádiz de este segundo viaje el 11 de Junio de 1496, habiendo empleado ocho meses en la travesía.
Miéntras habia estado ocupado en sus trabajos de poblacion y arreglo del Gobierno de las islas, en Abril de 1495, se concedió por el Gobierno Español licencia general para hacer descubrimientos en el Nuevo Mundo ó en las Indias, como entónces se le llamaba. En 2 de Junio de 1497 se corrigió esa órden, declarándose que esa licencia fuese sin perjuicio de los derechos acordados á Colon y que las expediciones que saliesen, no deberian tocar en ningun punto de los descubiertos por él antes de la fecha de esa licencia general.
El 30 de Mayo de 1497 salió Colon de San Lucar para su tercer viaje, llegando el 27 de Junio á las islas de Cabo Verde de donde zarpó el 5 de Julio, haciendo rumbo al Sud Oeste. El 1o de Agosto vió tierra al Sud; creíase en siete grados pero en rigor se hallaba en los diez grados; la tierra que habia divisado era la embocadura del Orenoco, pero creyéndola isla, la llamó Isla Santa. Hizose á la vela y entró al golfo conocido despues con el nombre de Párias, donde halló que las ondas eran dulces, lo cual causaba el caudal de agua de aquel gran rio, haciéndole conjeturar que aquella tierra fuese un continente, pues tan gran rio no podia nacer en una isla, por grande que fuese.
Hechos estos descubrimientos navegó al Nord Oeste y llegó á la Española el 15 de Agosto.
Á consecuencia de la licencia concedida, de que hemos hablado para hacer descubrimientos en el Nuevo Mundo, Ojeda en Mayo de 1499 con cuatro buques bien tripulados, zarpó de España é hizo una atrevida expedicion al Sur del nuevo Continente, visitando doscientas leguas al Oriente del Orenoco hasta el Golfo de Párias. Despues veremos que llegó aun mas adelante.
Ojeda no era un marino; habia sido un soldado atrevido en la guerra con los Moros; un prodigio de valor y de fuerza física; amante de las aventuras, habia acompañado á Colon en su primer viaje y habiale servido denodadamente.
Pero á pesar de todo no era capaz de dirigir una expedicion marítima tan bien conducida como la que se habia llevado á cabo á su nombre; era necesario que sus buques fuesen dirigidos por persona entendida en la cosmografía y quien fuera esta persona lo hemos de ver mas adelante.
El 5 de Setiembre arribaron los cuatro buques á la Española y mas de un conflicto tuvo lugar entre los pobladores y los expedicionarios.
Despues de la expedicion de Ojeda, hicieronse muchas otras: Pedro Alonso Nuñez zarpó poco despues de él, llegando á la tierra firme por el Sur de Párias, la costeó por alguna distancia atravesando el golfo y navegando desde alli ciento treinta leguas á lo largo de la costa de la hoy Colombia. Vicente Yañez Pinzon hizo otro viaje en 26 de Enero de 1500 y descubrió el cabo de Santa María, hoy San Agustin en la costa del Brasil; tomando al Occidente, descubrió el Marañon hoy Amazonas, continuando por el mar Caribe y golfo Mejicano, atribuyéndose haber sido el primero que pasó la Línea.
Diego Lope y Rodrigo Bastidas de Sevilla en 1504 hicieron otra expedicion sin resultado alguno. Por último Pedro Alvarez de Cabral, en 9 de Marzo de 1500, arrebatado por una tempestad, pasó los quince grados y desembarcó en un puerto que llamó Puerto Seguro.
El 9 de Mayo de 1502 salió Colon de Cádiz para su cuarto y último viaje, siempre en busca como los otros exploradores, del paso á las Indias. Fué en este viaje que despues de grandes temporales y contratiempos serios descubrió la costa de Honduras, dobló el cabo y creyendo que debia darle paso para el Oriente, lo llamó Gracias á Dios.
Despues de estos cuatro viajes hallábase Colon en España sin comprender que habia descubierto un nuevo continente y reducido á solicitar de la Corte el cumplimiento de lo que se le habia prometido. Ayudábalo en estas instancias un hombre generoso á quien Colon mismo presentaba como digno de mejor suerte, pues habia llevado á cabo empresas de grande importancia.
Este hombre era Américo Vespucio.
[CAPITULO VIII.]
Florencia—Monumentos de Vespucio—Obras escritas sobre él—Nacimiento y familia de Vespucio—Su relacion con Lorenzo el Magnifico—Comisionado por este, parte á España—Época de esta partida—Como fueron utilizados sus conocimientos.
El viajero que se haya detenido en esa encantadora ciudad de la Italia extendida sobre las orillas del Arno, que ha dado inspiracion á los poétas, pensamientos á los sabios é idealidad á los artistas y que por las selvas y jardines que la rodean, bien hicieron en llamarla Florencia, habrá notado, casi al fin de la ancha calle de Borgo Ognissanti, donde ahora existe un hospital conocido por de San Juan de Dios, por haber sido convento de los religiosos de esa órden, unas armas de nobleza sobre la puerta principal del mismo edificio y una lápida de mármol en la cual se lee la siguiente inscripcion:—
Américo Vespuccio Patricio Florentino
Ob repertam Américam
Sui et Patriæ nominis ilustratori
Amplificatori Órbis Terrarum
In hac olim Vespuccia domo
A tanto viro habitata
Patres Santis Joannis de Deo Cultores
Gratæ memoriæ causa.
Tambien habrá notado el viajero que bajo la galería que está al frente del Palacio de Uficci, cerca del gran pórtico que dá al rio, entre las estátuas de los mas esclarecidos varones de la Toscana, se encuentra la de un hombre esbelto, de rostro altivo que ennoblece su nariz aguileña y su espaciosa frente, vestido á la usanza del siglo XV y á cuyo pié se lee:—Américo Vespucio.
Por último cualquiera que frecuente las Bibliotecas de Florencia hallará obras apasionadas escritas en elógio del mismo Américo y códices que contienen sus cartas, verdaderas unas y tal vez apócrifas otras, en que están referidos sus viajes y sus descubrimientos.
Pues estas demostraciones de un pueblo tan culto como el Pueblo Florentino, deben despertar el deseo de investigar si son puras exageraciones y si el viajero que abandonó sus nobles lares en busca de aventuras, no es sinó un impostor, como se ha dado en llamarle ó si ha desempeñado realmente un papel importante en el descubrimiento del Nuevo Mundo, mereciendo que su nombre designase el Continente inmenso que interceptó el trayecto que otro Florentino designó al intrépido Colon para ir en busca de recto camino á las Indias Orientales.
La vida, viajes y escritos de Vespucio nos darán la solucion de estas dudas á las cuales poca atencion se ha prestado; pero restituir su fama á quien la merece es un acto de justicia, una reparacion para la cual nunca es tarde y que puede vulgarizar un punto poco conocido de la historia.
Era la familia de Vespucio noble y antigua en Toscana por mas que su aparicion en Florencia no date sinó del siglo XIII, época en que dejó su residencia de Perétola, aldea situada como á tres millas de aquella ciudad, en deliciosa campaña hácia el Poniente.
Hombres ilustres y algunos no extraños á la poesía y á las letras contó esta familia, de la cual dice Ugolino Verini:
Venit et ex isto Soboles Vespuccia vico
Egregis ornata viris, nec inhospiti Mussis.
Muchas obras piadosas fueron llevadas á cabo por miembros de esta familia, entre ellas un hospital y una Capilla sepulcral en la Iglesia de Todos Santos que hoy da frente á la Plaza Manin sobre la ribera del Arno.
Tambien cuentan las crónicas florentinas que esta familia en 1342, concluyó una paz con la no menos noble de los Grifoni de San Miniato y como esta época coincide con su retiro á Florencia y algunas de sus propiedades pasaron á esta última familia, parece cierto que estos arreglos ó transacciones fuesen la causa de su cambio de domicilio.
Mas de un siglo transcurrió entre esos acontecimientos y el nacimiento de Américo que tuvo lugar el 9 de Marzo de 1451 como consta de un libro de registro que se conserva en uno de los archivos reales.
Eran sus padres Anastasio Vespucio é Isabel Mini, siendo el abuelo el primero que aparece en la familia con el nombre de Américo y era notario de la Señoria, empleo en aquellos tiempos de alta consideracion. Hallase su sepulcro en la base del campanario de la arriba citada iglesia de Todos Santos.
En su adolescencia instruyóse Américo en las letras bajo la direccion de su tio Jorge Antonio Vespucio, religioso de San Márcos, en compañía de Pedro Soderini, que fué Gonfaloniero vitalicio de la República y á quien aparecen dirigidas algunas de sus cartas.
En esta instruccion y ejercicios literarios y científicos, habiendo tambien sido discípulo del célebre Toscanelli, pasó sus veintisiete años, en cuya época era ya versado en ciencias físicas, cosmografía y astronomía.
Florecía en esos tiempos la célebre Academia Platónica, protegida por Lorenzo el Magnifico y frecuentándola, obtuvo la proteccion de ese poderoso Medici, sabiéndose de cierto que habitaba con él, pues existen varias cartas que le eran dirigidas en esta forma:
Ad Amerigo Vespucci in casa di Lorenzo di Pier Francesco de'Medici.
Los Medici tenian casas de comercio en varias partes del Mundo y sobre todo en España y no satisfecho Lorenzo de la administracion de esta última, encargó á Américo que fuese á inspeccionarla. Trece cartas recibidas por este en Florencia, felizmente conservadas, sirven para demostrar la época, al menos apróximadamente, de su partida para España.
Segun esas cartas encontrabase aun en Florencia en 1492, aunque la última de ellas data del 9 de Marzo de 1491, pues es sabido que en aquellos tiempos empezaba á contarse el año desde el 25 de Marzo, dia de la Encarnacion y arreglándonos al cómputo actual, aquella fecha correspondia al año expresado de 1492.
La primera carta escrita por Américo desde España, carta puramente mercantil, es de fecha 30 de Enero del mismo año, esto es: segun el cómputo actual, de 1493. Su partida de Florencia debe colocarse pues entre esas dos fechas, es decir cuando Colon estaba por hacer su primer viaje de descubrimiento.
El abate Bandini, autor de la vida de Vespucio, comete un anacronismo al fijar esa partida en 1490 y un error al suponerle otros motivos.
Al partir Américo á España, á mas de los estudios literarios y científicos que hemos visto habia hecho, llevaba una firme vocacion al comercio y á los viajes, que habian de proporcionarle las ocasiones de aplicar esos conocimientos y como dice muy bien el padre Canovai, autor de otra Biografía suya, es muy probable que el ejercicio del comercio importase para él tambien el ejercicio de la marina, pues asi como los grandes artistas no toman el pincel ó el buril para hacer obras maestras de improviso, asi tampoco podia Vespucio haber hecho sus grandes viajes y descubrimientos, sin haberse ejercitado ántes en el arte práctico de la náutica.
Como entró nuestro héroe en relaciones con el Rey de España, es un punto oscuro; el citado padre Canovai lo explica por el poco afecto que aquel Monarca tenia á Colon y por el deseo de hallar un hombre que lo eclipsara y encontrase ántes que él la solucion del problema deseado, esto es: el paso marítimo para el Oriente.
El Abate Bandini no explica mas satisfactoriamente el asunto; se limita á decir que habiendo presenciado Américo los grandes descubrimientos del primer viaje de Colon, concibió el deseo ardiente de emprender nuevas y mas vastas exploraciones, valiéndose de sus mayores conocimientos en la Cosmografía. Para explicar el acceso de Vespucio con el Rey, no dice sinó que este tenia un alto concepto de sus aptitudes. Pero esto no satisface, pues es poco verosímil que Don Fernando pudiese apreciar las aptitudes de un comerciante extranjero y hasta entónces desconocido.
En la historia de Colon todo se conoce, hasta los mas insignificantes detalles; en la historia de Américo todo es duda y misterio; parece que este hombre cayera de las nubes solamente para dar su nombre al mas grande descubrimiento de los siglos.
Si quiera estas dudas no se refieren sinó á la parte ménos importante de este estudio, pero al entrar á la historia de sus viajes verá el lector como esas dudas se agigantan y como aumentan esas dificultades.
[CAPITULO IX.]
Silencio de los autores contemporáneos de Vespucio—Pedro Martire—Dacada Mosto—Historia escrita por Don Fernando Colon—Gonzalo de Oviedo—Francisco Lopez de Gómara—Antonio Herrera—Como considera á Vespucio—Relacion del viaje de Ojeda.
Nos sorprende ver que en las obras de los primeros autores que emprendieron escribir la historia del descubrimiento de América, no se encuentra quien se ocupe detenidamente de Vespucio, exceptuando á Pedro Martire Italiano, pero empleado al servicio del Rey de España en el Consejo de las Indias, quien lo clasifica de hábil marino y astrónomo y lo presenta como autor de una carta marítima hecha con sus conocimientos adquiridos navegando muchos grados mas allá de la Línea, en las naves Portuguesas, sin decir que hubiese navegado ántes en las naves Españolas.
En 1507 fueron publicadas en Italia en dos distintas ediciones, dos relaciones de los viajes de Américo Vespucio, diciéndose escritas por él mismo y otra relacion inédita fué tambien publicada por el Señor Canónigo Bandini, anexa á la Biografía del expresado Vespucio, en 1745 y por último otra relacion referente á otro de sus viajes, fué publicada por primera vez en 1789 por Francisco Bartolozzi, en Florencia.
Estas relaciones es todo lo que existe de positivo en favor de los descubrimientos de Américo Vespucio y la historia de Antonio Herrera escritor español, que escribió mas de cien años despues del descubrimiento de la América, es todo lo que, ademas del silencio de los primeros escritores, existe de positivo en contra de esos mismos descubrimientos.
Examinaremos ligeramente lo que refieren esos primeros historiadores, para pasar despues á ocuparnos de las cartas y relaciones del mismo Américo.
Pedro Martire, nativo de Anghiera en el Lago Mayor de la Lombardia, era, como hemos dicho, uno de los que componian el Consejo de Indias y escribió en diversas cartas, una relacion de los primeros descubrimientos de Colon, á medida que éste los hacia, la que suspendió cuando aquel cayó en desgracia, agregando despues los posteriores descubrimientos de los Castellanos, por lo cual llamó Decadas á las tres partes de su obra (De rebus Occeanis Decades tres).
Refirió los tres primeros viajes de Colon agregando los que hicieron Alonso Nuñez y Pinzon, no hablando del cuarto viaje sinó al fin del décimo libro de la primera Decada, que escribió diez años despues.
Existe por lo tanto una interrupcion bien notable en esta obra y un vacio precisamente en la época, en que no podia ménos que hablar de Vespucio y de Ojeda por su llegada á la Española y como dice muy bien Bartolozzi, debia esto haber hecho mas cautos á aquellos que han fundado sus objecciones contra Vespucio, en el silencio de este historiador. La causa de esta interrupcion en la obra de Martire, se sabe que fué la de haber sido enviado á la Legacion de Venecia.
Sin embargo, este es el solo entre los historiadores originales y de la época del descubrimiento que hable de Américo Vespucio, pues las relaciones del Piloto Veneciano Dacada Mosto, que descubrió las Islas de Cabo Verde cuarenta años ántes, las rebate el mismo Martire negándoles originalidad, por no haber viajado dicho Piloto con los Españoles, en cuyos viajes no era permitido ir á ningun extranjero, refiriendo que para conseguir que fuese un compatriota suyo, tuvo que obtener un despacho especial, no concediéndose licencia despues de esto sinó á algunos pocos Genoveses, por gracia del hijo del Almirante. Hablando tambien de la expedicion de Pedro de Arias á la que se refiere el relato de Dacada Mosto, dice que era Piloto de la nave principal Juan Vespucio, sobrino de Américo, á quien este dejó en herencia la pericia del arte náutico y del cálculo de los grados.
Hacemos esta cita para demostrar que si bien Martire niega originalidad á Decada Mosto por no haber podido como extranjero, enrolarse en las expediciones de los Españoles, no dice que fuese absoluta esta prohibicion y mucho ménos que se refiriese á los extranjeros que se hallaban en servicio de la España, como el citado sobrino de Vespucio y como este mismo.
Hemos demostrado que el silencio de Martire respecto de los viajes de Vespucio por cuenta de la España, no es prueba de que estos viajes no se hiciesen y ahora queda igualmente evidenciado que si negó que Dacada Mosto pudiese hacer parte de las expediciones por ser extranjero, no puede aplicarse el argumento por analogía á Vespucio de cuyo sobrino nos habla presentándolo como heredero de las habilidades del tio. Además en el mismo libro de Dacada Mosto, se lee que Américo habia hecho dos viajes por mandado del Serenísimo Rey de España hácia el Occidente y es claro que conforme combatió al autor por pretenderse original, pudo haber tambien desmentido esa aseveracion que, aunque contenida en aquel libro, era transcripta de la relacion del mismo Américo. Su celo en combatir al autor, no se conciliaría con su indolencia en tolerar una tal impostura si lo hubiese sido: por eso dice muy bien Bartolozzi que el silencio de Martire respecto de Vespucio, mirado como argumento en contra, aparece ahora como argumento favorable.
Don Fernando Colon escribió una historia ó mas bien una biografía de su padre Cristóbal Colon, primer descubridor del Nuevo Mundo. Dice que este mismo habia empezado á escribirla, y que él modificó algunas cosas que le parecieron ó muy engrandecidas ó muy disminuidas, confesion que en verdad hace un poco sospechosa la obra. Sinembargo debese considerar como un historiador original porque tenia á su disposicion los mas auténticos documentos, esto es: las cartas de su padre y tambien por haber ido con él en su tercer viaje.
Calla los viajes de todos los otros descubridores hablando solo de Alfonso de Ojeda que iba con cuatro buques para descubrir, habiendo llegado el 5 de Setiembre de 1499 al puerto que los cristianos llamaron del Brasil y los indios llamaban Taquino. En seguida pasa ádescribir todas las aventuras que Ojeda tuvo en la Isla la Española, donde llegó en seguida; ningun otro historiador contemporáneo habla de esto y recien Herrera que escribió un siglo despues, copió al pié de la letra todo lo que se refiere á Ojeda; por lo demás Don Fernando ni menciona á Vespucio.