NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
Según la portada de la edición de 1894, la obra transcripta es una fiel reimpresión de la primera edición publicada en lengua castellana, en el año 1590, de la "Historia natural y moral de las Indias".
Dado el valor histórico de la obra, y suponiendo que el objetivo de la reimpresión fue el de preservar ese valor, el criterio con el que se llevó a cabo esta transcripción fue el de controlar que el texto coincidiera en lo posible con las imágenes usadas para la transcripción.
Por eso se han hecho muy pocas correcciones al texto original; en general esas correciones fueron hechas por cuestiones vinculadas con la versión HTML de la transcripción. No se han modificado evidentes errores tipográficos ni de puntuación, así como de ortografía. Hay palabras escritas de modo inconsistente a lo largo de toda la obra y hay otras incorrectamente escritas. Simplemente se ha supuesto que esos errores e inconsistencias datan de la edición del año 1590, y que en la reimpresión de 1894 no se corrigieron para preservar el valor histórico de la primera edición.
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La cubierta del libro fue modificada por el transcriptor y se ha incorporado al dominio público.
FRAY JOSEPH DE
ACOSTA HISTORIA
NATVRAL Y MORAL
DE LAS INDIAS
PVBLICADA EN SEVILLA,
AÑO DE 1590
AHORA FIELMENTE
REIMPRESA
MADRID 1894
HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS
HISTORIA
NATURAL Y MORAL
DE LAS INDIAS
ESCRITA POR EL P. JOSEPH DE AGOSTA,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
Publicada en Sevilla en 1590.
y ahora fielmente reimpresa de la primera edición.
TOMO PRIMERO
MADRID
1894
Ramón Anglés, impresor.—Reina, 43.—Madrid.
HISTORIA
NATURAL
Y
MORAL DE LAS
INDIAS
EN QUÉ SE TRATAN LAS COSAS
notables del Cielo, elementos, metales, plantas y animales
dellas; y los ritos y ceremonias, leyes
y govierno y guerras de los indios.
COMPUESTA POR EL PADRE JOSEPH DE ACOSTA,
Religioso de la Compañia de Jesús.
DIRIGIDA Á LA SERENISSIMA
INFANTA DOÑA ISABEL CLARA EUGENIA DE AUSTRIA
CON PRIVILEGIO
Impreso en Sevilla en Casa de Juan de Leon.
AÑO DE M. D. XC.
«El fundamento de lo que hoy llamamos física del globo, prescindiendo de las consideraciones matemáticas, se halla en la Historia Natural y Moral de las Indias, del jesuita José Acosta, y asimismo en la obra que publicó Gonzalo Fernández de Oviedo veinte años después de la muerte de Colón. Desde la fundación de las sociedades, en ninguna otra época se había ensanchado repentinamente y de un modo tan maravilloso el círculo de las ideas en lo que toca al mundo exterior y á las relaciones del espacio.»
(Cosmos. París, 1847 á 59. Tomo II,
pág. 315).
«La demarcación de las líneas magnéticas, cuyo descubrimiento se atribuye á Gassendo, era un secreto todavía para el mismo Gilbert, mientras que, Acosta instruido por marinos portugueses, había ya reconocido en toda la superficie de la tierra cuatro líneas sin declinación. De estas cuatro líneas dedujo Halley la teoría de los cuatro polos magnéticos.»
(Cosmos. Tomo II, pág. 341).
Éstas son palabras del sabio Alejandro de Humboldt, cuya opinión y autoridad hacen innecesarios cuantos elogios pudiésemos tributar al autor del presente libro.
José Acosta pertenece á la gloriosa raza española del siglo XVI que tanto hizo por el progreso humano y cuyos trabajos han ido cayendo en olvido porque ni sus compatriotas supieron rendir justo tributo á su memoria, ni todos los extranjeros han sido tan imparciales v honradamente sinceros como Humboldt.
La biografía de Acosta puede, desgraciadamente, reducirse á muy pocas líneas. Nació en Medina del Campo, antiguo reino de León, en 1539, ingresó á los catorce años en la Compañía de Jesús, explicando teología en Ocaña, y en 1571 marchó á América como segundo provincial del Perú. Á este viaje se debe el presente libro. Volvió á España en 1587, fué nombrado rector del colegio de Valladolid, del de Salamanca y visitador de Aragón y Andalucía. En 1592 fué á Roma para asistir, con derecho á votar, á la quinta congregación general de su orden celebrada en tiempo de Clemente VIII, siendo general el P. Claudio Aquaviva. En Italia permaneció dos años, y vuelto á la Patria murió, á los sesenta de edad, siendo rector de Salamanca.
Felipe II le honró sobre manera, deleitándose en oirle contar sus viajes, aventuras, observaciones y trabajos. Escribió en latín varias obras: de ellas hacen mención don Nicolás Antonio, la Biblioteca Jesuítica de los padres Alegambe, Ribadeneira y Sotuello, Barnabita, el P. Jouvenci y las Memorias del P. Nicerón.
Feijóo dice en su discurso XIV intitulado Glorias de España: «Inglaterra y Francia ya por la aplicación de sus academias, ya por la curiosidad de sus viajeros, han hecho de algún tiempo á esta parte no leves progresos en la historia natural de la América; pero no nos mostrarán obra alguna, trabajo de un hombre solo, que sea comparable á la Historia Natural de la América, compuesta por el Padre Joseph de Acosta, y celebrada por los eruditos de todas las naciones. He dicho trabajo de un hombre solo, porque en esta materia hay algunas colecciones que abultan mucho y en que el que se llama autor tuvo que hacer poco ó nada, salvo el aunar en un cuerpo materiales que estaban divididos en varios autores. El P. Acosta es original en su género y se le pudiera llamar con propiedad el Plinio del Nuevo Mundo. En cierto modo más hizo que Plinio, pues éste se valió de las especies de muchos escritores que le precedieron, como él mismo confiesa.
El P. Acosta no halló de quien transcribir cosa alguna. Añádese á favor del historiador español el tiento en creer y circunspección al escribir, que faltó al romano.»
El célebre Antonio de León Pinelo dijo que el Padre Acosta compuso su obra aprovechándose de dos manuscritos: la Historia de los indios de Nueva España y las Antiguallas de los indios de Nueva España, ambos de un fraile llamado Diego Durán, natural de Tezcuco, antigua corte de los emperadores mejicanos. Según Pinelo, guardó dichos manuscritos el jesuita Juan de Tovar, y más tarde hizo entrega de ellos al P. Acosta, el cual afirma, sin embargo, que cuenta lo que vió, consideró ú oyó de personas fidedignas, sin mencionar que copiase nada de nadie. No es por otra parte verosímil la acusación, cuando el P. Acosta confiesa llanamente que no todo lo que narra es fruto de su investigación personal, sino también de informes agenos.
Los testimonios citados y un ligero examen del libro bastan para dejar fuera de duda la importancia excepcional de esta obra indispensable á cuantos hombres estudiosos escriben sobre cosas de América, útil á los eruditos, y agradable para toda persona ilustrada.
El Padre Acosta publicó su obra primero en latín y luego en castellano. He aquí la lista completa de las ediciones que de ella se han hecho:
1.ª (latina). De natvra nobi orbis libri dvo, et de promvlgatione evangelii apud barbaros, sive de procuranda indorum salvte, Libri sex. Autore Josepho Acosta, presbytero societatis Jesv. (Escudo de la Compañía de Jesús). Salmanticæ. Apud Guillelmun Foquel. M.D. LXXXIX. Un tomo, 8.º, 10 hojas preliminares, 264 páginas.
2.ª (primera castellana). En Sevilla, por Juan de León, 1590.
3.ª (castellana). En Barcelona, por Jaime Cendrat, en 8.º, 1591.
4.ª (latina). Salamanca, 1595, en 8.º, citada por Nicolás Antonio.
5.ª (castellana). Madrid, 1608.
6.ª (id). Madrid, 1610.
7.ª (id). Madrid, 1792.
De suerte que esta última, dada por sus editores como sexta, es en realidad, séptima.
Picatoste en su notabilísima obra Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI, cita una edición de 1752, que no hemos visto.
La Historia Natural y Moral de las Indias, del P. Acosta, obtuvo tal éxito, que se tradujo á todos los idiomas de Europa. La tradujo al latín Teodoro Bry en la tercera parte de su Historia Occidental; al italiano Paolo Gamucio, en 1596; al francés Robert Regnault, en 1600; al inglés Edward Grimstone, en 1604; al flamenco Juan Hugo Luischat, en 1598; al alemán fué vertida por Gotardo Artús de Dantzig.
Todas estas ediciones se han hecho rarísimas; muchas de ellas faltan aun en las bibliotecas públicas, y cuando se encuentra alguna en el comercio cuesta muy cara.
La que hoy ofrecemos al público es fidelísima reimpresión de la primera edición castellana de Sevilla, en 1590: que forma un tomo en 4.º, de 536 páginas, [16] hojas ó sean 32 páginas sin numerar para la Tabla de las cosas notables; y dos hojas también sin numerar para la Tabla de algunos lugares de la Sagrada Escritura cuya declaracion se toca al paso en el discurso desta historia. Al fin: Laus Deo, (escudo del impresor). Hispalis. Escudebat Joanis Leonino. Anno 1590.
Yo Cristóval de Leon, escribano de Camara del Rey nuestro Señor, de los que residen en su Consejo, doy fé, que habiendose visto por los Señores del, un libro intitulado Historia Natural y Moral de las Indias, que con su licencia hizo imprimir el Padre Ioseph de Acosta de la Compañia de Jesus, tasaron cada pliego de los del dicho libro en papel á tres maravedís: y mandaron, que antes que se venda se imprima en la primera hoja de cada uno de ellos este testimonio de tasa: y para que dello conste, de mandamiento de los dichos Señores del Consejo, y del pedimento del Padre Diego de Lugo, Procurador general de la dicha Compañia de Jesus, di esta fé, que es fecha en la villa de Madrid á treinta dias del mes de Abril, de mil y quinientos y noventa años.
Cristoval de Leon.
Yo Gonzalo Davila, Provincial de la Compañia de Jesus en la Provincia de Toledo por particular comision que para ello tengo del Padre Claudio Aquaviva, nuestro Preposito General, doy licencia para que se pueda imprimir el libro de la Historia Natural y Moral de las Indias, que el Padre Ioseph de Acosta, Religioso de la misma Compañia ha compuesto, y ha sido examinado y aprobado por personas doctas y graves de nuestra Compañia. En testimonio de lo cual di esta firmada de mi nombre, y sellada con el Sello de mi oficio. En Alcalá once de Abril, de 1589.
G. Davila.
EL REY
Por cuanto por parte de vos, Josef de Acosta de la Compañia de Jesus nos fué hecha relacion diciendo, que vos aviades compuesto un libro intitulado Historia Natural y Moral de las Indias en lengua Castellana, en el cual aviades puesto mucho trabajo y cuidado, y nos pedistes y suplicastes, os mandasemos dar licencia, para le poder imprimir en estos nuestros Reinos con privilegio por diez años, ó por el tiempo que fuesemos servido, ó como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo, y como por su mandado se hicieron en el dicho libro las diligencias, que la Pragmatica por nos últimamente fecha sobre la impresion de los dichos libros dispone, fue acordado, que debiamos mandar dar esta nuestra cedula en la dicha razon, é yo túvelo por bien. Por la cual vos damos licencia y facultad, para que por tiempo de diez años cumplidos, que corran, y se cuenten desde el dia de la fecha de ella, podais imprimir, y vender en estos nuestros Reinos el dicho libro que de suso se hace mencion, por el original que en nuestro Consejo se vió, que van rubricadas las hojas, y firmado al fin dél, de Cristobal de Leon nuestro escribano de Camara, de los que residen en el nuestro Consejo, y con que antes se venda, lo traigais ante ellos juntamente con el original que ante ellos presentastes, que se vea si la dicha impresion está conforme á él, ó traigais Fé en publica forma, en como por Corrector nombrado por nuestro mandado se vió, y corrigió la dicha impresion por el dicho original, y quedan ansi mismo impresas las dichas erratas por él apuntadas para cada un libro de los que ansi fueren impresos, y se os tase el precio que por cada volumen aveis de haber y llevar. Y mandamos, que durante el dicho tiempo, persona alguna no le pueda imprimir sin licencia vuestra: sopena que el que lo imprimiere, ó vendiere, aya perdido, y pierda todos y cualesquier moldes, y aparejos, que del tuviere, y los libros que vendiere en estos nuestros Reinos: é incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere. La cual dicha pena sea la tercia parte para la nuestra Camara: y la otra tercia parte para el denunciador: y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare. Y mandamos á los del nuestro Consejo, Presidente y Oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alguaciles de la nuestra casa y Corte, y Chancillerías, y á todos los Corregidores, Asistentes, Gobernadores, Alcaldes mayores y Ordinarios, y otros jueces, y justicias cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros Reinos y Señoríos, ansi á los que agora son como los que serán de aquí adelante, que guarden y cumplan esta nuestra cedula, y merced que ansi vos facemos, y contra el temor y forma de ello, y de lo en ella contenido no vayan, ni pasen, ni consientan ir, ni pasar en manera alguna: sopena de la nuestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra Camara. Dada en San Lorenzo á veinticuatro dias del mes de Mayo, de mil y quinientos y ochenta y nueve años.
YO EL REY
Por mandado del Rey nuestro Señor,
Juan Vazquez
APROBACION
E visto esta Historia Natural y Moral de las Indias, que escribe el Padre Ioseph Acosta de la Compañia de Jesus, y en lo que toca á la doctrina de la Fé, es católica, y en lo demas digna de las muchas letras y prudencia del Autor, y de que todos la lean, para que alaben á Dios, que tan maravilloso es en sus obras. En San Phelipe de Madrid á cuatro de Mayo, de 1589.
Fray Luis de Leon.
A LA SERENISIMA INFANTA
Doña Isabél Clara Eugenia de Austria.
SEÑORA.
Habiendome la Magestad del Rey, nuestro Señor, dado licencia de ofrecer á V. A. esta pequeña obra, intitulada: Historia natural y moral de las Indias, no se me podrá atribuir á falta de consideracion, querer ocupar el tiempo, que en cosas de importancia V. A. tan santamente gasta, divirtiendola á materias, que por tocar en Filosofía son algo obscuras, y por ser de gentes bárbaras no parecen á propósito. Mas porque el conocimiento y especulacion de cosas naturales, mayormente si son notables y raras, causa natural gusto y deleite en entendimientos delicados, y la noticia de costumbres y hechos extraños tambien con su novedad aplace, tengo para mí, que para V. A. podrá servir de un honesto y útil entretenimiento, darle ocasion de considerar en obras que el Altísimo ha fabricado en la máquina de este Mundo, especialmente en aquellas partes que llamamos Indias, que por ser nuevas tierras, dan mas que considerar, y por ser de nuevos vasallos, que el Sumo Dios dió á la Corona de España, no es del todo ageno, ni extraño su conocimiento. Mi deseo es, que V. A. algunos ratos de tiempo se entretenga con esta lectura, que por eso va en vulgar; y si no me engaño, no es para entendimientos vulgares, y podrá ser, que como en otras cosas, así en ésta, mostrando gusto V. A. sea favorecida esta obrilla, para que por tal medio tambien el Rey, nuestro Señor, huelgue de entretener alguna vez el tiempo con la relacion y consideracion de cosa y gentes que á su Real Corona tanto tocan, á cuya Magestad dediqué otro libro, que de la predicacion Evangélica de aquellas Indias compuse en latin. Y todo ello deseo que sirva para que con la noticia de lo que Dios nuestro Señor repartió, y depositó de sus tesoros en aquellos Reinos, sean las gentes de ellos mas ayudadas y favorecidas de estas de acá, á quien su divina y alta Providencia las tiene encomendadas, Suplico á V. A. que si en algunas partes esta obrilla no pareciere tan apacible, no deje de pasar los ojos por las demás, que podrá ser, que unas ú otras sean de gusto, y siendolo, no podrán dejar de ser de provecho, y muy grande, pues este favor será en bien de gentes y tierras tan necesitadas de él. Dios nuestro Señor guarde y prospere á V. A. muchos años, como sus siervos cotidiana y afectuosamente lo suplicamos á su Divina Magestad. Amen. En Sevilla primero de Marzo de mil quinientos y noventa años.
Joseph de Acosta.
PROEMIO DEL AUTOR
Del nuevo mundo é Indias Occidentales han escrito muchos Autores diversos libros y relaciones, en que dan noticia de las cosas nuevas y extrañas, que en aquellas partes se han descubierto, y de los hechos y sucesos de los Españoles que las han conquistado y poblado. Mas hasta ahora no he visto Autor, que trate de declarar las causas y razon de tales novedades y extrañezas de naturaleza, ni que haga discurso é inquisicion en esta parte: ni tampoco he encontrado libro, cuyo argumento sea los hechos é historia de los mismos Indios antiguos y naturales habitadores del nuevo orbe: A la verdad ambas cosas tienen dificultad no pequeña. La primera, por ser cosas de naturaleza, que salen de la Filosofía antiguamente recibida y platicada: como es ser la region que llaman Tórrida muy húmeda, y en partes muy templada: llover en ella cuando el Sol anda mas cerca, y otras cosas semejantes. Y los que han escrito de Indias Occidentales, no han hecho profesion de tanta Filosofía, ni aun los mas de ellos han hecho advertencia en tales cosas. La segunda, de tratar los hechos é historia propia de los Indios, requería mucho trato y muy intrínseco con los mismos Indios, del cual carecieron los mas que han escrito de Indias: ó por no saber su lengua, ó por no cuidar de saber sus antigüedades: así se contentaron con relatar algunas de sus cosas superficiales. Deseando, pues, yo tener alguna mas especial noticia de sus cosas, hice diligencia con hombres prácticos y muy versados en tales materias, y de sus pláticas y relaciones copiosas pude sacar lo que juzgué bastar para dar noticia de las costumbres y hechos de estas gentes. Y en lo natural de aquellas tierras y sus propiedades con la experiencia de muchos años, y con la diligencia de inquirir, discurrir y conferir con personas sábias y expertas: tambien me parece, que se me ofrecieron algunas advertencias que podrian servir y aprovechar á otros ingenios mejores, para buscar la verdad, ó pasar mas adelante, si les pareciese bien lo que aquí hallasen. Así que aunque el mundo nuevo ya no es nuevo, sino viejo, segun hay mucho dicho, y escrito de él, todavía me parece que en alguna manera se podrá tener esta Historia por nueva, por ser juntamente Historia, y en parte Filosofía, y por ser no solo de las obras de naturaleza, sino tambien de las del libre albedrío, que son los hechos y costumbres de hombres. Por donde me pareció darle nombre de Historia Natural y Moral de Indias, abrazando con este intento ambas cosas. En los dos primeros libros se trata, lo que toca al Cielo, temperamento y habitacion de aquel orbe: Los cuales libros yo habia primero escrito en latin, y ahora los he traducido usando mas de la licencia de Autor, que de la obligacion de intérprete, por acomodarme mejor á aquellos á quien se escribe en vulgar. En los otros dos libros siguientes se trata, lo que de elementos y mixtos naturales, que son metales, plantas y animales, parece notable en Indias. De los hombres y de sus hechos (quiero decir de los mismos Indios, de sus ritos, costumbres, gobierno, guerras, y sucesos) refieren los demás libros, lo que se ha podido averiguar, y parece digno de relacion. Cómo se hayan sabido los sucesos y hechos antiguos de Indios, no teniendo ellos escritura como nosotros, en la misma Historia se dirá, pues no es pequeña parte de sus habilidades, haber podido y sabido conservar sus antiguallas, sin usar ni tener letras algunas. El fin de este trabajo es, que por la noticia de las obras naturales el que Autor tan sabio de toda naturaleza ha hecho, se le dé alabanza y gloria al altísimo Dios, que es maravilloso en todas partes: Y por el conocimiento de las costumbres y cosas propias de los Indios, ellos sean ayudados á conseguir y permanecer en la gracia de la alta vocacion del Santo Evangelio, al cual se dignó en el fin de los siglos traer gente tan ciega, el que alumbra desde los montes altísimos de su eternidad. Además de eso podrá cada uno para sí sacar también algun fruto, pues por bajo que sea el sugeto, el hombre sabio saca para sí sabiduría; y de los mas viles y pequeños animalejos se puede tirar muy alta consideracion, y muy provechosa Filosofía. Solo resta advertir al lector, que los dos primeros libros de esta Historia ó discurso se escribieron estando en el Perú, y los otros cinco despues en Europa, habiendome ordenado la obediencia volver por acá. Y así los unos hablan de las cosas de Indias como de cosas presentes, y los otros como de cosas ausentes. Para que esta diversidad de hablar no ofenda, me pareció advertir aquí la causa.
ÍNDICE
DE LOS LIBROS Y CAPÍTULOS DE ESTE TOMO PRIMERO
| Libro primero. | ||
| Páginas | ||
| Capítulo I.—De la opinion que algunos Autorestuvieron que el Cielo no se extendia al Nuevo Mundo | [1] | |
| Cap. II.—Que el Cielo es redondo por todaspartes, y se mueve en torno de sí mismo | [6] | |
| Cap. III.—Que la Sagrada Escritura nos daá entender, que la tierra está en medio del Mundo | [12] | |
| Cap. IV.—En que se responde á lo que se alegade la Escritura contra la redondez del Cielo | [19] | |
| Cap. V.—De la hechura y gesto del Cielo del Nuevo-Mundo | [22] | |
| Cap. VI.—Que el Mundo hácia ambos polos tiene tierra y mar | [24] | |
| Cap. VII.—En que se reprueba la opinion de Lactancio, que dijo no haber Antípodas | [30] | |
| Cap. VIII.—Del motivo que tuvo San Agustin pera negar los Antípodas | [35] | |
| Cap. IX.—De la opinion que tuvo Aristóteles del Nuevo-Mundo; y qué es lo que le engañó para negarle | [39] | |
| Cap. X.—Que Plinio y los mas de los Antiguos sintieron lo mismo que Aristóteles | [47] | |
| Cap. XI.—Que se halla en los Antiguos alguna noticia de este Nuevo-Mundo | [50] | |
| Cap. XII.—Qué sintió Platon de esta India Occidental | [57] | |
| Cap. XIII.—Que algunos han creido, que en las Divinas Escrituras Ofir signifique este nuestro Perú | [59] | |
| Cap. XIV.—Qué significan en la Escritura Tarsis y Ofir | [63] | |
| Cap. XV.—De la profecía de Abdias, que algunos declaran de estas Indias | [68] | |
| Cap. XVI.—De qué modo pudieron venir á Indias los primeros hombres; y que no navegaron de propósito á estas partes | [72] | |
| Cap. XVII.—De la propiedad y virtud admirable de la piedra imán para navegar, y que los Antiguos no la conocieron | [80] | |
| Cap. XVIII.—En que se responde á los que sienten haberse navegado antiguamente el Océano como ahora | [85] | |
| Cap. XIX.—Que se puede pensar, que los primeros pobladores de Indias aportaron á ellas, echados de tormentas, y contra su voluntad | [87] | |
| Cap. XX.—Que con todo eso, es mas conforme á buena razon pensar que vinieron por tierra los primeros pobladores de Indias | [91] | |
| Cap. XXI.—En qué manera pasaron bestias y ganados á las tierras de Indias | [97] | |
| Cap. XXII.—Que no pasó el linage de Indios por la Isla Atlántida, como algunos imaginan | [102] | |
| Cap. XXIII.—Que es falsa la opinion de muchos que afirman venir los Indios de el linage de los Judíos | [106] | |
| Cap. XXIV.—Por qué razon no es puede averiguar bien el origen de los Indios | [110] | |
| Cap. XXV.—Qué es lo que los Indios suelen contar de su origen | [112] | |
| Libro segundo. | ||
| Capítulo I.—Qué se ha de trstar de la naturaleza de la equinoccial | [117] | |
| Cap. II.—Qué les movió á los Antiguos á teoer por cosa sin duda que la Tórrida era inhabitable | [118] | |
| Cap. III.—Que la Tórridazona es humedísima; y que en esto se engañaron los Antiguos | [121] | |
| Cap. IV.—Que fuera de los Trópicos es al revés que en la Tórrida, y así hay mas aguas cuando elSol se aparta mas | [124] | |
| Cap. V.—Que dentro de los Trópicos las aguas son en el estío ó tiempo de calor; y de la cuentadel verano é invierno | [127] | |
| Cap. VI.—Que la Tórrida tiene gran abundancia de aguas y pastos, por mas que Aristóteles lo niegue | [130] | |
| Cap. VII.—Trátase la razon, por qué el Sol fuera de los Trópicos, cuando mas dista, levanta aguas,y dentro de ellos al revés cuando está mas cerca | [135] | |
| Cap. VIII.—En qué manera se haya de entender lo que se dice de la Tórridazona | [141] | |
| Cap. IX.—Que la Tórrida no es en exceso caliente, sino moderadamente caliente | [143] | |
| Cap. X.—Que el calor de la Tórrida se templa con la muchedumbre de lluvias, y con la brevedadde los dias | [146] | |
| Cap. XI.—Que fuera de las dichas hay otras causas de ser la Tórrida templada, y especialmentela vecindad del mar Océano | [150] | |
| Cap. XII.—Que las tierras mas altas son mas frias, y qué sea la razon de esto | [153] | |
| Cap. XIII.—Que la principal causa de ser la Tórrida templada, son los vientos frescos | [157] | |
| Cap. XIV.—Que en la region de la equinoccial se vive vida muy apacible | [162] | |
| Libro tercero. | ||
| Cap. I.—Que la historia natural de las cosas de las Indias es apacible y deleitosa | [167] | |
| Cap. II.—De los vientos, y sus diferencias, y propiedades, y causas en general | [169] | |
| Cap. III.—De algunas propiedades de vientos que corren en el nuevo Orbe | [176] | |
| Cap. IV.—Que en la Tórridazona corren siempre brisas, y fuera de ella vendavales y brisas | [180] | |
| Cap. V.—De las diferencias de brisas y vendavales con los demás vientos | [186] | |
| Cap. VI.—Qué sea la causa de hallarse siempre viento de oriente en la Tórrida para navegar | [192] | |
| Cap. VII.—Por qué causa se hallan mas ordinarios vendavales saliendo de la Tórrida á mas altura | [198] | |
| Cap. VIII.—De las excepciones que se hallan en la regla ya dicha, y de los vientos y calmasque hay en mar y tierra | [200] | |
| Cap. IX.—De algunos efectos maravillosos de vientos en partes de Indias | [203] | |
| Cap. X.—Del Océano, que rodea las Indias, y de la mar del norte, y del sur | [212] | |
| Cap. XI.—Del Estrecho de Magallanes, como se pasó por la banda del sur | [217] | |
| Cap. XII.—Del Estrecho que algunos afirman haber en la Florida | [221] | |
| Cap. XIII.—De las propiedades del Estrecho de Magallanes | [223] | |
| Cap. XIV.—Del flujo y reflujo del mar Océano en Indias | [226] | |
| Cap. XV.—De diversos pescados, y modos de pescar de los Indios | [230] | |
| Cap. XVI.—De las lagunas y lagos que se hallan en Indias | [237] | |
| Cap XVII.—De diversas fuentes, y manantiales | [242] | |
| Cap. XVIII.—De Rios | [245] | |
| Cap. XIX.—De la cualidad de la tierra de Indias en general | [249] | |
| Cap. XX.—De las propiedades de la tierra del Perú | [255] | |
| Cap. XXI.—De las causas que dan de no llover en los llanos | [259] | |
| Cap. XXII.—De la propiedad de Nueva-España y Islas, y las demas tierras | [262] | |
| Cap. XXIII.—De la tierra que se ignora, y de la diversidad de un dia entero entreorientales y occidentales | [265] | |
| Cap. XXIV.—De los volcanes ó bocas de fuego | [270] | |
| Cap. XXV.—Qué sea la causa de durar tanto tiempo el fuego y humo de estos volcanes | [274] | |
| Cap. XXVI.—De los temblores de tierra | [277] | |
| Cap. XXVII.—Cómo se abrazan la tierra y la mar | [281] | |
| Libro cuarto. | ||
| Cap. I.—De tres géneros de mixtos que se han de tratar en esta historia | [285] | |
| Cap. II.—De la abundancia de metales que hay en las Indias occidentales | [288] | |
| Cap. III.—De la cualidad de la tierra donde se hallan metales; y que no se labrantodos en Indias; y de cómo usaban los Indios de los metales | [292] | |
| Cap. IV.—Del oro que se labra en Indias | [296] | |
| Cap. V.—De la plata de Indias | [302] | |
| Cap. VI.—Del Cerro de Potosí y de su descubrimiento | [306] | |
| Cap. VII.—De la riqueza que se ha sacado, y cada dia se va sacando de el cerro de Potosí | [312] | |
| Cap. VIII.—Del modo de labrar las minas de Potosí | [318] | |
| Cap. IX.—Cómo se beneficia el metal de plata | [324] | |
| Cap. X.—De las propiedades maravillosas del azogue | [327] | |
| Cap. XI.—Donde se halla el Azogue, y cómo se descubrieron sus minas riquísimas en Guancavelíca | [332] | |
| Cap. XII.—De el modo y arte que se saca el Azogue, y se beneficia con él la plata | [337] | |
| Cap. XIII.—De los ingenios para moler metales, y del ensaye de la plata | [343] | |
| Cap. XIV.—De las esmeraldas | [347] | |
| Cap. XV.—De las perlas | [351] | |
| Cap. XVI.—Del pan de Indias y del maíz | [354] | |
| Cap. XVII.—De las yucas, cazabe, papas, chuño y arroz | [359] | |
| Cap. XVIII.—De diversas raíces que se dan en Indias | [363] | |
| Cap. XIX.—De diversos géneros de verduras y legumbres: y de los que llaman pepinos,piñas, frutilla de Chile y ciruelas | [365] | |
| Cap. XX.—Del aji ó pimienta de las Indias | [370] | |
| Cap. XXI.—Del plátano | [373] | |
| Cap. XXII.—Del cacao y de la coca | [378] | |
| Cap. XXIII.—Del maguey, del tunal, de la grana, del añil y algodon | [382] | |
| Cap. XXIV.—De los mameyes, guayavos y paltos | [386] | |
| Cap. XXV.—Del chicozapote, de las anonas y de los capolíes | [388] | |
| Cap. XXVI.—De diversos géneros de frutales; y de los cocos, almendras de Andes y almendras de Chachapoyas | [390] | |
| Cap. XXVII.—De diversas flores, y de algunos árboles que solamente dan flores;y como los Indios los usan | [394] | |
| Cap. XXVIII.—Del bálsamo | [397] | |
| Cap. XXIX.—Del liquidambar, y otros aceites, gomas y drogas, que se traen de Indias | [401] | |
| Cap. XXX.—De las grandes arboledas de Indias, y de los cedros, ceyvas y otros árboles grandes | [405] | |
| Cap. XXXI.—De las plantas y frutales que se han llevado de España á las Indias | [410] | |
| Cap. XXXII.—De las uvas, viñas, olivas, moreras y cañas de azucar | [413] | |
| Cap. XXXIII.—De los ganados ovejuno y vacuno | [417] | |
| Cap. XXXIV.—De algunos animales de Europa que hallaron los Españoles en Indias,y cómo hayan pasado | [421] | |
| Cap. XXXV.—De las aves que hay de acá, y cómo pasaron á Indias | [425] | |
| Cap. XXXVI.—Cómo sea posible haber en Indias animales, que no hay en otra parte del mundo | [428] | |
| Cap. XXXVII.—De las aves propias de Indias | [431] | |
| Cap. XXXVIII.—De los animales de monte | [435] | |
| Cap. XXXIX.—De los micos ó monos de Indias | [439] | |
| Cap. XL.—De las vicuñas y tarugas dei Perú | [441] | |
| Cap. XLI.—De los pacos, guanacos y carneros del Perú | [445] | |
| Cap. XLII.—De las piedras bezaares | [450] | |
| TABLA de las cosas mas principales que se contienen en este tomo primero | [455] | |
LIBRO PRIMERO
DE LA
HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS
CAPÍTULO PRIMERO
De la opinión que algunos autores tuvieron, que el Cielo no se extendía al nuevo mundo.
Estuvieron tan lejos los antiguos de pensar que hubiese gentes en este nuevo mundo, que muchos de ellos no quisieron creer que había tierra de esta parte; y lo que es más de maravillar, no faltó quien también negase haber acá este Cielo que vemos. Porque aunque es verdad que los más y los mejores de los Filósofos sintieron, que el Cielo era todo redondo, como en efecto lo es, y que así rodeaba por todas partes la tierra, y la encerraba en sí; con todo eso, algunos, y no pocos, ni de los de menos autoridad entre los sagrados Doctores, tuvieron diferente opinión, imaginando la fábrica de este mundo á manera de una casa, en la cual el techo que la cubre, solo la rodea por lo alto, y no la cerca por todas partes; dando por razón de esto, que de otra suerte estuviera la tierra en medio colgada del aire, que parece cosa ajena de toda razón. Y también que en todos los edificios vemos que el cimiento está de una parte, y el techo de otra contraria; y así, conforme á buena consideración, en este gran edificio del mundo, todo el Cielo estará á una parte encima, y toda la tierra á otra diferente debajo. El glorioso Crisóstomo, como quien se había más ocupado en el estudio de las letras sagradas, que no en el de las ciencias humanas[1], muestra ser de esta opinión, haciendo donaire en sus Comentarios sobre la Epístola ad Hebreos, de los que afirman, que es el Cielo todo redondo; y parécele que la divina Escritura[2] quiere dar á entender otra cosa, llamando al Cielo tabernáculo y tienda, ó toldo que puso Dios. Y aún pasa allí el Santo[3] más adelante en decir, que no es el Cielo el que se mueve y anda, sino que el Sol y la Luna y las estrellas son las que se mueven en el Cielo, en la manera que los pájaros se mueven por el aire; y no como los Filósofos piensan, que se revuelven con el mismo Cielo, como los rayos con su rueda. Van con este parecer de Crisóstomo Theodoreto, Autor grave, y Theofilacto[4], como suele casi en todo. Y Lactancio Firmiano[5], antes de todos los dichos, sintiendo lo mismo, no se acaba de reir y burlar de la opinión de los Peripatéticos y Académicos que dan al Cielo figura redonda, y ponen la tierra en medio del mundo, porque le parece cosa de risa que esté la tierra colgada del aire, como está tocado. Por donde viene á conformarse más con el parecer de Epicúro, que dijo no haber otra cosa de la otra parte de la tierra, sino un caos y abismo infinito. Y aun parece tirar algo á esto lo que dice San Gerónimo[6], escribiendo sobre la Epístola á los Efesios, por estas palabras: El Filósofo natural pasa con su consideración lo alto del Cielo; y de la otra parte del profundo de la tierra y abismos halla un inmenso vacío. De Procopio refieren[7] (aunque yo no lo he visto) que afirma sobre el libro del Génesis, que la opinión de Aristóteles cerca de la figura y movimiento circular del Cielo, es contraria y repugnante á la divina Escritura. Pero que sientan y digan los dichos Autores cosas como éstas, no hay que maravillarnos; pues es notorio, que no se cuidaron tanto de las ciencias y demostraciones de Filosofía, atendiendo á otros estudios más importantes. Lo que parece más de maravillar es, que siendo San Agustín tan aventajado en todas las ciencias naturales, y que en la Astrología y en la Física supo tanto; con todo eso se queda siempre dudoso, y sin determinarse en si el Cielo rodea la tierra de todas partes, ó no. Qué se me dá á mí, dice él[8], que pensemos que el cielo, como una bola, encierre en sí la tierra de todas partes, estando ella en medio del mundo, como en el fiel, ó que digamos que no es así, sino que cubre el Cielo á la tierra por una parte solamente, como un plato grande que está encima. En el propio lugar donde dice lo referido, da á entender, y aún lo dice claro, que no hay demostración, sino solo conjeturas, para afirmar que el Cielo es de figura redonda. Y allí y en otras partes[9] tiene por cosa dudosa el movimiento circular de los Cielos. No se ha de ofender nadie, ni tener en menos los Santos Doctores de la Iglesia, si en algún punto de Filosofía y ciencias naturales sienten diferentemente de lo que está más recibido y aprobado por buena Filosofía; pues todo su estudio fué conocer, y servir y predicar al Criador, y en esto tuvieron grande excelencia. Y como empleados del todo en ésto, que es lo que importa, no es mucho que en el estudio y conocimiento de las criaturas, no hayan todas veces por entero acertado. Harto más ciertamente son de reprehender los Sábios de este siglo, y Filósofos vanos, que conociendo y alcanzando el sér y orden de estas criaturas, el curso y movimiento de los Cielos, no llegaron los desventurados á conocer al Criador y Hacedor de todo esto; y ocupándose todos en estas hechuras, y obras de tanto primor, no subieron con el pensamiento á descubrir al Autor soberano, como la divina Sabiduría lo advierte[10]; ó ya que conocieron al Criador y Señor de todo[11], no le sirvieron, y glorificaron como debían, desvanecidos por sus invenciones, cosa que tan justamente les arguye y acusa el Apóstol.
CAPÍTULO II
Que el cielo es redondo por todas partes, y se mueve en torno de sí mismo.
Mas viniendo á nuestro propósito, no hay duda sino que lo que el Aristóteles y los demás Peripatéticos, juntamente con los Estóicos, sintieron[12], cuanto á ser el Cielo todo de figura redonda, y moverse circularmente y en torno, es puntualmente tanta verdad, que la vemos con nuestros ojos los que vivimos en el Perú; harto más manifiesta por la experiencia, de lo que nos pudiera ser por cualquiera razón y demostración Filosófica. Porque para saber que el Cielo es todo redondo, y que ciñe y rodea por todas partes la tierra, y no poner duda en ello, basta mirar desde este emisferio aquella parte y región del Cielo, que da vuelta á la tierra, la cual los Antiguos jamás vieron. Basta haber visto y notado ambos á dos polos, en que el Cielo se revuelve como en sus quicios, digo el polo Artico y Septentrional, que ven los de Europa, y estotro Antártico ó Austral (de que duda Agustino)[13], cuando pasada la línea equinoccial trocamos el norte con el sur acá en el Perú. Basta finalmente haber corrido navegando más de sesenta grados de norte á sur, cuarenta de la una banda de la línea, y veintitres de la otra banda; dejando por ahora el testimonio de otros que han navegado en mucha más altura, y llegado á casi sesenta grados al sur. ¿Quién dirá que la nao Victoria, digna cierto de perpétua memoria, no ganó la victoria y triunfo de la redondéz del mundo, y no menos de aquel tan vano vacío, y caos infinito que ponían los otros Filósofos debajo de la tierra, pues dió vuelta al mundo, y rodeó la inmensidad del gran Océano? ¿A quién no le parecerá que con este hecho mostró, que toda la grandeza de la tierra, por mayor que se pinte, está sujeta á los pies de un hombre, pues la pudo medir? Así que, sin duda, es el Cielo de redonda y perfecta figura; y la tierra abrazándose con el agua, hacen un globo ó bola cabal, que resulta de los dos elementos, y tiene sus términos y límites, su redondéz y grandeza. Lo cual se puede bastantemente probar y demostrar por razones de Filosofía y de Astrología, y dejando aparte aquellas sútiles, que se alegan comunmente de que al cuerpo más perfecto, (cual es el Cielo), se le debe la más perfecta figura, que sin duda es la redonda: de que el movimiento circular no puede ser igual y firme, si hace esquina en alguna parte, y se tuerce, como es forzoso, si el Sol y Luna y Estrellas no dan vuelta redonda al mundo. Mas dejando ésto aparte, como digo, paréceme á mí, que sola la Luna debe bastar en este caso, como testigo fiel en el Cielo; pues entonces solamente se obscurece y padece eclipse, cuando acaece ponérsele la redondéz de la tierra ex-diámetro entre ella y el Sol, y así estorvar el paso á los rayos del Sol; lo cual, cierto no podría ser si no estuviese la tierra en medio del mundo, rodeada de todas partes de los orbes celestes. Aunque tampoco ha faltado quien ponga duda si el resplandor de la Luna se le comunica de la luz del Sol[14]. Mas ya esto es demasiado dudar, pues no se puede hallar otra causa razonable de los eclipses, y de los llenos y cuartos de Luna, sino la comunicación del resplandor del Sol. También si lo miramos, veremos que la noche ninguna otra cosa es sino la obscuridad causada de la sombra de la tierra, por pasársele el Sol á otra banda. Pues si el Sol no pasa por la otra parte de la tierra, sino que al tiempo de ponerse se torna haciendo esquina y torciendo, lo cual forzoso ha de conceder el que dice, que el Cielo no es redondo, sino que como un plato, cubre la haz de la tierra; síguese claramente, que no podrá hacer la diferencia que vemos de los días y noches, que en unas regiones del mundo son largos, y breves á sus tiempos, y en otras son perpétuamente iguales. Lo que el Santo Doctor Agustino escribe[15] en los libros de Genesi ad litteram, que se pueden salvar bien todas las oposiciones, y conversiones, y elevaciones, y caímientos, y cualesquiera otros aspectos y disposiciones de los planetas y estrellas, con que entendamos que se mueven ellas, estándose el Cielo mismo quedo y sin moverse, bien fácil se me hace á mi de entenderlo, y se le hará á cualquiera, como haya licencia de fingir lo que se nos antojare. Porque si ponemos por caso, que cada estrella y planeta es un cuerpo por sí, y que le menea y lleva un Angel, al modo que llevó á Abacúch, á Babilonia[16]: ¿quién será tan ciego, que no vea que todas las diversidades que parecen de aspectos en los planetas y estrellas, podrán proceder de la diversidad del movimiento que el que las mueve voluntariamente les da? Empero no da lugar la buena razón á que el espacio y región por donde se fingen andar ó volar las estrellas deje de ser elementar y corruptible, pues se divide y aparta cuando ellas pasan, que cierto no pasan por vacuo; y si la región en que las estrellas y planetas se mueven, es corruptible, también ciertamente lo han de ser ellas de su naturaleza, y por el consiguiente se han de mudar y alterar, y en fin acabar. Porque naturalmente lo contenido no es más durable que su continente. Decir, pues, que aquellos cuerpos celestes son corruptibles, ni viene con lo que la Escritura dice en el Salmo[17], que los hizo Dios para siempre, ni aun tampoco dice bien con el órden y conservación de este Universo. Digo más, que para confirmar esta verdad de que los mismos Cielos son los que se mueven, y en ellos las estrellas andan en torno, podemos alegar con los ojos, pues vemos manifiestamente, que no solo se mueven las estrellas, sino partes y regiones enteras del Cielo: no hablo solo de las partes lúcidas, y resplandecientes, como es la que llaman vía láctea, que nuestro vulgar dice camino de Santiago, sino mucho más digo esto por otras partes obscuras y negras que hay en el Cielo. Porque realmente vemos en él unas como manchas, que son muy notables, las cuales jamás me acuerdo haber echado de ver en el Cielo cuando estaba en Europa; y acá en este otro emisferio las he visto muy manifiestas. Son estas manchas de color y forma que la parte de la luna eclipsada, y parecénsele en aquella negrura y sombrío. Andan pegadas á las mismas estrellas, y siempre de un mismo tenor y tamaño, como con experiencia clarísima lo hemos advertido y mirado. A alguno, por ventura, le parecerá cosa nueva, y preguntará, ¿de qué pueda proceder tal género de manchas en el Cielo? Yo cierto no alcanzo hasta ahora más de pensar, que cómo la galajia ó vía láctea, dicen los Filósofos, que resulta de ser partes del Cielo más densas y opacas, y que por eso reciben más luz, así también por el contrario hay otras partes muy raras y muy diáfanas ó transparentes, y como reciben menos luz, parecen partes más negras. Sea ésta, ó no sea ésta la causa (que causa cierta no puedo afirmarla), á lo menos en el hecho que haya las dichas manchas en el Cielo, y que sin discrepar se menean con el mismo compás que las estrellas, es experiencia certísima, y de propósito muchas veces considerada. Infiérese de todo lo dicho, que sin duda ninguna los Cielos encierran en sí de todas partes la tierra, moviéndose siempre al derredor de ella, sin que haya para qué poner ésto más en cuestión.
NOTAS:
[1] Chrisóstomus, Hom. 14. p. 27. in Epist. ad hebræ.
[2] Hebræ. 8.
[3] Ídem Crisóst. Homil. 6. p. 13. in Genes, p. Homil. 12. ad pop Antioc.
[4] Theodoretus p. Theophilactus in cap. 8 ad Hebræ.
[5] Lactant. lib. 3. divin, instit. cap. 24.
[6] Hieronymus in Epist. ad Ephesos. lib. 2. in cap. 4
[7] Sixtus Senensis, lib. 5. Biblioth. annot. 3.
[8] Augustin. lib. 2. de Genes, ad lit. cap. 9.
[9] Augustin. in Psalm. 135,
[10] Sap. 13.
[11] Rom. 1.
[12] Plutarchus de placitis Philos. lib. 2. cap. 2.
[13] August. 2 l. de Gen. ad lit. c. 10.
[14] August. Epist. 109 ad Januarium, cap. 4.
[15] August. lib. 2. de Genes. ad lit. cap. 10.
[16] Dan. 14.
CAPÍTULO III
Que la Sagrada Escritura nos da á entender, que la tierra está en medio del mundo.
Y aunque á Procopio Gáceo y á otros de su opinión les parezca que es contrario á la divina Escritura poner la tierra en medio del mundo, y hacer el Cielo todo redondo; mas en la verdad esta no solo no es doctrina contraria, sino antes muy conforme á lo que las letras sagradas nos enseñan. Porque dejando aparte que la misma Escritura[18] usa de este término muchas veces: la redondez de la tierra, y que en otra parte apunta, que todo cuanto hay corporal es rodeado del Cielo, y como abarcado de su redondez; á lo menos aquello del Eclesiastés[19] o se puede dejar de tener por muy claro, donde dice: «Nace el Sol y pónese, y vuélvese á su lugar, y allí tornando á nacer da vuelta por el medio día, y tuércese hácia el norte: rodeando todas las cosas anda el espíritu al derredor, y vuélvese á sus mismos cercos. En este lugar dice la paráfrasis y exposición de Gregorio el Neocesariense ó el Nacianceno: El Sol habiendo corrido toda la tierra vuélvese, como en torno, hasta su mismo término y punto. Esto que dice Salomón y declara Gregorio, cierto no podía ser, si alguna parte de la tierra dejase de estar rodeada del Cielo. Y así lo entiende San Gerónimo[20], escribiendo sobre la Epístola á los Efesios, de esta manera: Los mas comunmente afirman, conformándose con el Eclesiastés, que el Cielo es redondo, y que se mueve en torno, á manera de bola. Y es cosa llana, que ninguna figura redonda tiene latitud, ni longitud, ni altura, ni profundo, porque es por todas partes igual y pareja, &. Luego, según San Gerónimo, lo que los más sienten del Cielo que es redondo, no solo no es contrario á la Escritura, pero muy conforme con ella. Pues San Basilio[21] y S. Ambrosio, que de ordinario le sigue en los libros llamados Hexamerón, aunque se muestran un poco dudosos en este punto, al fin, más se inclinan á conceder la redondez del mundo. Verdad es, que con la quinta substancia que Aristóteles atribuye al Cielo, no está bien San Ambrosio[22]. Del lugar de la tierra y de su firmeza, es cosa cierto de ver, cuan galanamente y con cuanta gracia habla la divina Escritura, para causarnos gran admiración, y no menor gusto, de aquella inefable Potencia y Sabiduría del Criador. Porque en una parte nos refiere Dios[23] que él fue el que estableció las columnas que sustentan la tierra, dándonos á entender, como bien declara San Ambrosio[24], que el peso inmenso de toda la tierra le sustentan las manos del divino Poder, que así usa la Escritura[25] nombrar columnas del Cielo y de la tierra, no cierto las del otro Atlante, que fingieron los Poétas, sino otras propias de la palabra eterna de Dios, que con su virtud sostiene Cielos y tierra[26]. Mas en otro lugar la misma divina Escritura[27], para significarnos como la tierra está pegada y por gran parte rodeada del elemento del agua, dice galanamente: Que asentó Dios la tierra sobre las aguas; y en otro lugar: que fundó la redondez de la tierra sobre la mar. Y aunque San Agustín[28] no quiere que se saque de este lugar, como sentencia de Fé, que la tierra y agua hacen un globo en medio del mundo, y así pretende dar otra exposición á las sobredichas palabras del Salmo; pero el sentido llano sin duda es el que está dicho, que es darnos á entender, que no hay para qué imaginar otros cimientos, ni estrivos de la tierra, sino el agua, la cual con ser tan facil y mudable, la hace la sabiduría del supremo Artífice, que sostenga y encierre aquesta inmensa máquina de la tierra. Y dícese estár la tierra fundada y sostenida sobre las aguas y sobre el mar, siendo verdad, que antes la tierra está debajo del agua, que no sobre el agua, porque á nuestra imaginación y pensamiento lo que está de la otra banda de la tierra que habitamos, nos parece que está debajo de la tierra; y así el mar y aguas que ciñen la tierra por la otra parte, imaginamos que están debajo, y la tierra encima de ellas. Pero la verdad es, que lo que es propiamente debajo, siempre es lo que está más en medio del universo. Mas habla la Escritura conforme á nuestro modo de imaginar y hablar. Preguntará alguno, pues la tierra está sobre las aguas, según la Escritura, ¿las mismas aguas sobre qué estarán, ó qué apoyo tendrán? Y si la tierra y agua hacen una bola redonda, ¿toda ésta tan terrible máquina, dónde se podrá sostener?
A eso satisface en otra parte la divina Escritura[29], causando mayor admiración del poder del Criador: Extiende, dice, al Aquilón sobre vacío, y tiene colgada la tierra sobre no nada. Cierto galanamente lo dijo; porque realmente parece que está colgada sobre no nada la máquina de la tierra y agua, cuando se figura estar en medio del aire, como en efecto está. Esta maravilla, de que tanto se admiran los hombres, aún la encarece más Dios preguntando al mismo Job[30]: ¿Quién echó los cordeles para la fábrica de la tierra? díme si lo has pensado ¿ó en qué cimiento están aseguradas sus basas? Finalmente, para que se acabase de entender la traza de este maravilloso edificio del mundo, el Profeta David, gran alabador y cantor de las obras de Dios, en un Salmo[31] que hizo á este propósito, dice así: Tu que fundaste la tierra sobre su misma estabilidad y firmeza, sin que bambalee ni se trastorne para siempre jamás. Quiere decir, la causa porque estando la tierra puesta en medio del aire no se cae, ni bambalea, es porque tiene seguros fundamentos de su natural estabilidad, la cual le dió su sapientísimo Criador para que en sí misma se sustente, sin que haya menester otros apoyos ni estrivos. Aquí, pues, se engaña la imaginación humana, buscando otros cimientos á la tierra, y procede el engaño de medir las obras divinas con las humanas. Así que no hay que temer, por más que parezca que esta tan gran máquina cuelga del aire, que se caiga ó trastorne, que no se trastornará, como dijo el Salmo[32] para siempre jamás. Con razón, por cierto, David, después de haber contemplado y cantado tan maravillosas obras de Dios, añade: Gozarse há el Señor en sus obras; y después: ¡Oh qué engrandecidas son tus obras, Señor! bien parece que salieron todas de tu saber. Yo cierto, si he de decir lo que pasa, digo, que diversas veces que he peregrinado, pasando esos grandes golfos del mar Océano, y caminando por estotras regiones de tierras tan extrañas, poniéndome á mirar y considerar la grandeza y extrañeza de estas obras de Dios, no podía dejar de sentir admirable gusto, con la consideración de aquella soberana sabiduria y grandeza del Hacedor, que reluce en éstas sus obras tanto, que en comparación de ésto, todos los palacios de los Reyes, y todas las invenciones humanas me parecen poquedad y vileza. ¡O cuántas veces se me venía al pensamiento y á la boca aquello del Salmo[33]:
Gran recreación me habéis, Señor, dado con vuestras obras, y no dejaré de regocijarme en mirar las hechuras de vuestras manos! Realmente tienen las obras de la divina arte un no sé qué de gracia y primor como escondido y secreto, con que miradas una y otra y muchas veces, causan siempre un nuevo gusto. Al revés de las obras humanas, que aunque estén fabricadas con mucho artificio, en haciendo costumbre de mirarse, no se tienen en nada, y aun cuasi causan enfado. Sean jardines muy amenos, sean palacios y templos galanísimos, sean alcazares de soberbio edificio, sean pinturas, ó tallas, ó piedras de exquisita invención y labor, tengan todo el primor posible, es cosa cierta y averiguada, que en mirándose dos ó tres veces, apenas hay poner los ojos con atención, sino que luego se divierten á mirar otras cosas, como hartos de aquella vista. Mas la mar, si la miráis, ó poneis los ojos en un peñasco alto, que sale acullá con extrañeza, ó el campo cuando está vestido de su natural verdura y flores, ó el raudal de un río que corre furioso, y está sin cesar batiendo las peñas, y como bramando en su combate; y finalmente, cualesquiera obras de naturaleza, por más veces que se miren, siempre causan nueva recreación, y jamás enfada su vista, que parece, sin duda, que son como un combite copioso y magnífico de la divina Sabiduría, que allí de callada, sin cansar jamás, apacienta y deleita nuestra consideración.
NOTAS:
[18] Æsther. 13. Sap. 1.2.7. 11. 18. Psal. 9. 17. 23. 39. 97. Job. 37.
[19] Ecclesiast. 1. w. 5. 6.
[20] Hieronym. in cap. 3. ad Ephes.
[21] Basil. Homil. 1. Hexameron prope finem.
[22] Ambros. lib. 1. Hexameron, cap. 6.
[23] Psal. 74. v. 4.
[24] Ambros. 1. Hexameron, cap. 6.
[25] Job. 9. v. 6. p. cap. 26. v. 11.
[26] Heb. 1. v. 3.
[27] Ps. 135. v. 6. Psalm. 23. v. 2.
[28] August. in Psalm. 135.
[29] Job. 26. v. v. 7.
[30] Job. 38. v. 4. 5. 6.
[31] Psalm. 103. v. 5.
[32] Psalm. 103. v. 31.
[33] Psalm. 91. v. 5.
CAPÍTULO IV
En que se responde á lo que se alega de la Escritura contra la redondez del Cielo.
Mas volviendo á la figura del Cielo, no sé de qué autoridades de la Escritura se haya podido colegir que no sea redondo, y su movimiento circular. Porque llamar San Pablo[34] al Cielo un tabernáculo ó tienda que puso Dios, y no el hombre, no veo que haga al caso, pues aunque nos digan que es tabernáculo puesto por Dios, no por eso hemos de entender, que á manera de toldo cubre por una parte solamente la tierra, y que se está allí sin mudarse, como lo quisieron entender algunos. Trataba el Apóstol la semejanza del tabernáculo antiguo de la ley, y á ese propósito dijo, que el tabernáculo de la ley neuva de gracia, es el Cielo, en el cual entró el Sumo Sacerdote Jesu-Christo de una vez por su sangre, y de aquí infiere que hay tanta ventaja del nuevo tabernáculo al viejo, cuanto hay de diferencia entre el Autor del nuevo, que es Dios, y el obrador del viejo, que fué hombre. Aunque es verdad, que también el viejo tabernáculo se hizo por la sabiduría de Dios, que enseñó á su maestro Beseleél[35]. Ni hay para qué buscar en las semejanzas ó parábolas ó alegorías, que en todo y por todo cuadren á lo que se traen, como el bienaventurado Crisóstomo[36] á otro propósito lo advierte escogidamente. La otra autoridad que refiere San Agustín, que alegan algunos, para probar que el Cielo no es redondo, diciendo[37]: Extiende el Cielo como piel, de donde infieren que no es redondo, sino llano en lo de arriba, con facilidad y bien responde el mismo Santo Doctor[38], que en estas palabras del Salmo, no se nos da á entender la figura del Cielo, sino la facilidad con que Dios obró un Cielo tan grande, pues no le fue á Dios más difícil sacar una cubierta tan inmensa del Cielo, que lo fuera á nosotros desplegar una piel doblada. O pretendió quizá, darnos á entender la gran majestad de Dios, al cual sirve el Cielo tan hermoso y tan grande, de lo que á nosotros nos sirve en el campo un toldo ó tienda de pieles. Lo que un Poéta galanamente declaró diciendo:
El toldo del claro Cielo.
Lo otro que dice Isaías[39]: El Cielo me sirve de silla, y la tierra de escabelo para mis pies, si fuéramos del error de los Antropomorfitas, que ponían miembros corporales en Dios segun su divinidad, pudiera darnos en qué entender para declarar, cómo era posible ser la tierra escabelo de los pies de Dios, estando en medio del mundo, si hinche Dios todo el mundo, porque había de tener pies de una parte y de otra, y muchas cabezas al derredor, que es cosa de risa y donaire. Basta, pues, saber que en las divinas Escrituras no hemos de seguir la letra que mata, sino el espiritu que da vida, como dice San Pablo[40].
NOTAS:
[34] Heb. 8. v. v. 2.° 5.
[35] Exod. 36. v. 1.
[36] Christ. in 20. c.
[37] Psalm. 103. v. 2.
[38] August. 2. de Genes. ad lit. cap. 9.
[39] Isaías. 66. v. 1.
[40] 2. Cor. 3. v. 6.
CAPÍTULO V
De la hechura y gesto del Cielo del nuevo Mundo.
Cuál sea el gesto y manera de este Cielo que está á la banda del sur, pregúntanlo muchos en Europa, porque en los Antiguos no pueden leer cosa cierta, porque aunque concluyen eficazmente que hay Cielo de esta parte del mundo; pero qué talle y hechura tenga, no lo pudieron ellos alcanzar. Aunque es verdad, que tratan mucho[41] de una grande y hermosa estrella que acá vemos, que ellos llaman Canopo. Los que de nuevo navegan á estas partes, suelen escribir cosas grandes de este Cielo, es á saber, que es muy resplandeciente, y que tiene muchas y muy grandes estrellas. En efecto, las cosas de lejos se pintan muy engrandecidas. Pero á mí al revés me parece, y tengo por llano, que á la otra banda del norte hay más número de estrellas y de mas ilustre grandeza. Ni veo acá estrellas que excedan á la bocina y al carro. Bien es verdad, que el crucero de acá es hermoso y de vista admirable. Crucero llamamos cuatro estrellas notables que hacen entre sí forma de cruz, puestas en mucha igualdad y proporción. Creen los ignorantes, que este crucero es el polo del sur, porque ven á los marineros tomar el altura por el crucero de acá, como allá suelen por el norte, mas engañanse. Y la razón porque lo hacen así los marineros es, porque no hay de esta banda estrella fija que muestre al polo, al modo que allá la estrella del norte lo hace, y así toman la altura por la estrella que es el pie del crucero, la cual estrella dista del verdadero y fijo polo treinta grados, como la estrella del norte allá dista tres y algo más. Y así es más difícil de tomar acá la altura, porque la dicha estrella del pie del crucero, ha de estar derecha, lo cual es solamente á un tiempo de la noche, que en diversas partes del año es á diferentes horas, y en mucho tiempo del año en toda la noche no llega á encumbrar, que es cosa molesta para tomar la altura. Y así, los más diestros Pilotos no se cuidan del crucero, sino por el astrolabio toman el Sol, y ven en él la altura en que se hallan: en lo cual se aventajan comunmente los Portugueses, como gente que tiene mas curso de navegar, de cuántas naciones hay en el mundo. Hay también de esta parte del sur otras estrellas, que en alguna manera responden á las del Norte. La vía láctea, que llaman, corre mucho y muy resplandeciente á esta banda, y vense en ella aquellas manchas negras tan admirables, de que arriba hicimos mención; otras particularidades otros las dirán ó advertirán con más cuidado; bástenos por ahora, esto poco que habemos referido.
NOTAS:
[41] Plinius, lib. 6. cap. 22.
CAPÍTULO VI
Que el mundo hácia ambos polos tiene tierra y mar.
No está hecho poco, pues hemos salido con que acá tenemos Cielo, y nos cobija como á los de Europa y Asia y Africa. Y de esta consideración nos aprovechamos á veces, cuando algunos ó muchos de los que acá suspiran por España, y no saben hablar sino de su tierra, se maravillan y aun enojan con nosotros, pareciéndoles que estamos olvidados, y hacemos poco caso de nuestra comun patria, á los cuales respondemos, que por eso no nos fatiga el deseo de volver á España, porque hallamos que el Cielo nos cae tan cerca por el Perú, como por España. Pues, como dice bien San Gerónimo, escribiendo á Paulino, tan cerca está la puerta del Cielo de Bretaña, como de Jerusalén. Pero ya que el Cielo de todas partes toma al mundo en derredor, es bien que se entienda, que no por eso se sigue que haya tierra de todas partes del mundo. Porque siendo así que los dos elementos de tierra y agua, componen un globo ó bola redonda, como los más y los mejores de los Antiguos, según refiere Plutarco[42], lo sintieron, y con demostraciones certísimas se prueba; podríase pensar que la mar ocupa toda la parte que cae al polo Antártico ó sur, de tal modo, que no deje lugar alguno á la tierra por aquella banda, según que San Agustín, doctamente arguye[43], contra la opinión de los que ponen Antípodas. No advierten, dice, que aunque se crea ó se pruebe, que el mundo es de figura redonda como una bola, no por eso está luego en la mano, que por aquella otra parte del mundo esté la tierra descubierta y sin agua. Dice bien, sin duda, San Agustín en ésto. Pero tampoco se sigue, ni se prueba lo contrario, que es no haber tierra descubierta al polo Antártico, y ya la experiencia á los ojos lo ha mostrado ser así, que en efecto la hay. Porque aunque la mayor parte del mundo, que cae al dicho polo Antártico, esté ocupada del mar, pero no es toda ella, antes hay tierra, de suerte que á todas partes del mundo la tierra y el agua se están como abrazando, y dando entrada la una á la otra. Que de verdad es cosa para mucho admirar y glorificar el arte del Criador soberano. Sabemos por la Sagrada Escritura[44], que en el principio del mundo fueron las aguas congregadas, y se juntaron en un lugar, y que la tierra con esto se descubrió. Y también las mismas sagradas letras nos enseñan, que estas congregaciones de aguas se llamaron mar, y como ellas son muchas, hay de necesidad muchos mares. Y no solo en el Mediterráneo hay esta diversidad de mares, llamandose uno el Euxino, otro el Caspio, otro el Erythréo ó Bermejo, otro el Pérsico, otro el de Italia, y otros muchos así; mas también el mismo Océano grande, que en la divina Escritura se suele llamar abismo, aunque en realidad de verdad sea uno, pero en muchas diferencias y maneras, como respecto de este Perú y de toda la América es uno el que llaman mar del norte, y otro el mar del sur. Y en la India Oriental, uno es el mar Índico, otro el de la China. Yo he advertido, así en lo que he navegado como en lo que he entendido de relaciones de otros, que nunca la mar se aparta de la tierra más de mil leguas, sino que donde quiera, por mucho que corre el Océano, no pasa de la dicha medida. No quiero decir, que no se navegan más de mil leguas del mar Océano, que esto sería disparate, pues sabemos que las naves de Portugal navegan cuatro tanto y más, y aun todo el mundo en redondo se puede navegar por mar, como en nuestros tiempos lo hemos ya visto, sin poderse dudar en ello. Mas lo que digo y afirmo es, que en lo que hasta ahora está descubierto, ninguna tierra dista por línea recta de la tierra firme ó Islas que le caen cerca, sino á lo sumo mil leguas, y que así entre tierra y tierra nunca corre mayor espacio de mar, tomándolo por la parte que una tierra está más cercana de otra, porque del fin de Europa, y de Africa y de su costa no distan las Islas Canarias y las de los Azores, con las del Cabo verde, y las demás en aquel paraje, más de trescientas ó quinientas leguas, á lo sumo de Tierra-firme.
De las dichas Islas haciendo discurso hacia la India Occidental, apenas hay novecientas leguas hasta llegar á las Islas que llaman Dominica, y las Vírgenes, y la Beata, y las demás. Y éstas van corriendo por su orden hasta las que llaman de Barlovento, que son de Cuba, y Española, y Boriquen. De éstas, hasta dar en la tierra firme apenas hay doscientas ó trescientas leguas, y por partes, muy mucho menos. La tierra firme luego corre una cosa infinita desde la tierra de la Florida hasta acullá á la tierra de los Patagones, y por estotra parte del sur, desde el estrecho de Magallanes hasta el cabo Mendocino, corre una tierra larguísima, pero no muy ancha, y por donde más ancha, es aquí en esta parte del Perú, que dista del Brasil obra de mil leguas. En este mismo mar del Sur, aunque no se halla ni sabe fin la vuelta del Poniente, pero no ha muchos años que se descubrieron las Islas que intitularon de Salomón, que son muchas y muy grandes y distan de este Perú como ochocientas leguas. Y porque se ha observado y se halla así, que donde quiera que hay Islas muchas y grandes, se halla no muy lejos tierra firme, de ahí viene, que muchos, y yo con ellos, tienen opinión, que hay cerca de las dichas islas de Salomón, tierra firme grandísima, la cual responde á la nuestra América por parte del poniente, y sería posible que corriese por la altura del sur hacia el estrecho de Magallanes. La nueva Guinea se entiende que es tierra firme, y algunos doctos la pintan muy cerca de las Islas de Salomón. Así que es muy conforme á razón, que aún está por descubrir buena parte del Mundo. Pues ya por este mar del Sur navegan también los nuestros á la China y Filipinas; y á la ida de acá allá no nos dicen que pasan más largo mar que viniendo de España á estas Indias. Mas por donde se continúan y traban el un mar Océano con el otro, digo el mar del sur con el mar del norte, por la parte del polo Antártico bien se sabe que es por el estrecho tan señalado de Magallanes, que está en altura de cincuenta y un grados. Pero si al otro lado del mundo al polo del norte también se continúan y corren estos dos mares, grande cosa es, que muchos la han pesquisado; pero que yo sepa, nadie hasta ahora ha dado en ella, solamente por conjeturas, y no sé qué indicios, afirman algunos, que hay otro estrecho hacia el norte, semejante al de Magallanes. Para el intento que llevamos, bástanos hasta ahora saber de cierto, que hay tierra de esta parte del sur, y que es tierra tan grande como toda la Europa y Asia, y aun África; y que á ambos polos del mundo se hallan mares y tierras abrazados entre sí, en lo cual los Antiguos, como á quienes les faltaba experiencia, pudieron poner duda, y hacer contradicción.
NOTAS:
[42] Plutarchus. lib. 3 de placitis Philosoph. c. 9. p. 11.
[43] August. lib. 16. de Civit. cap. 9.
[44] Genes. 1. v. v. 9. 10.
CAPÍTULO VII
En que se reprueba la opinión de Lactancio, que dijo no haber Antípodas.
Pero ya que se sabe que hay tierra á la parte del sur ó polo Antártico, resta ver si hay en ella hombres que la habiten, que fué en tiempos pasados una cuestión muy reñida. Lactancio Firmiano[45], y San Agustín[46] hacen gran donaire de los que afirman haber Antípodas, que quiere decir hombres que traen sus pies contrarios á los nuestros. Mas aunque en tenerlo por cosa de burla convienen estos dos Autores; pero en las razones y motivos de su opinión van por muy diferentes caminos, como en los ingenios eran bien diferentes. Lactancio vase con el vulgo, pareciéndole cosa de risa decir que el Cielo está en torno por todas partes, y la tierra está en medio, rodeada de él como una pelota; y así escribe de esta manera: ¿Qué camino lleva lo que algunos quieren decir, que hay Antípodas, que ponen sus pisadas contrarias á las nuestras? ¿Por ventura hay hombre tan tonto que crea haber gentes que andan los pies arriba y la cabeza abajo? ¿y que las cosas que acá están asentadas, estén allá trastornadas colgando? ¿y que los árboles y los panes crecen allá hacia abajo? ¿y que las lluvias y la nieve y el granizo suben á la tierra hacia arriba? y después de otras palabras añade Lactancio aquestas: El imaginar al Cielo redondo fué causa de inventar estos hombres Antípodas colgados del aire. Y así, no tengo más que decir de tales Filósofos, sino que en errando una vez, porfían en sus disparates, defendiendo los unos con los otros. Hasta aquí son palabras de Lactancio. Mas por más que él diga, nosotros que habitamos al presente en la parte del Mundo, que responde en contrario de la Asia, y somos sus Antictonos, como los Cosmógrafos hablan, ni nos vemos andar colgando, ni que andemos las cabezas abajo y los pies arriba. Cierto es cosa maravillosa considerar, que al entendimiento humano por una parte no le sea posible percibir y alcanzar la verdad, sin usar de imaginaciones, y por otra tampoco le sea posible dejar de errar, si del todo se va tras la imaginación. No podemos entender que el Cielo es redondo, como lo es, y que la tierra está en medio, sino imaginándolo. Mas si á esta misma imaginación no la corrije y reforma la razón, sino que se deja el entendimiento llevar de ella, forzoso hemos de ser engañados y errar. Por donde sacarémos con manifiesta experiencia, que hay en nuestras almas cierta lumbre del Cielo, con la cual vemos y juzgamos aun las mismas imágenes y formas interiores, que se nos ofrecen para entender: y con la dicha lumbre interior aprobamos ó desechamos lo que ellas nos están diciendo. De aquí se vé claro, como el ánima racional es sobre toda naturaleza corporal; y como la fuerza y vigor eterno de la verdad, preside en el más alto lugar del hombre; y vese, cómo muestra y declara bien que ésta su luz tan pura, es participada de aquella suma y primera luz; y quien ésto no lo sabe ó lo duda, podemos bien decir, que no sabe ó duda si es hombre. Así que si á nuestra imaginación preguntamos, qué le parece de la redondéz del Cielo, cierto no nos dirá otra cosa sino lo que dijo á Lactancio. Es á saber, que si es el Cielo redondo, el Sol y las estrellas habrán de caerse cuando se trasponen, y levantarse cuando van al medio día; y que la tierra está colgada en el aire; y que los hombres que moran de la otra parte de la tierra, han de andar pies arriba y cabeza abajo; y que las lluvias allí no caen de lo alto antes suben de abajo; y las demás monstruosidades, que aun decirlas, provoca á risa. Mas si se consulta la fuerza de la razón, hará poco caso de todas estas pinturas vanas, y no escuchará á la imaginación más que á una vieja loca: y con aquella su entereza y gravedad, responderá, que es engaño grande fabricar en nuestra imaginación á todo el mundo á manera de una casa, en la cual está debajo de su cimiento la tierra, y encima de su techo está el Cielo: y dirá también, que como en los animales siempre la cabeza es lo más alto y supremo del animal, aunque no todos los animales tengan la cabeza de una misma manera, sino unos puesta hácia arriba, como los hombres, otros atravesada, como los ganados, otros en medio, como el pulpo y la araña, así también el Cielo donde quiera que esté, está arriba, y la tierra ni mas ni menos, donde quiera que esté, está debajo. Porque siendo así, que nuestra imaginación está asida á tiempo y lugar, y el mismo tiempo y lugar no lo percibe universalmente, sino particularizado, de ahí le viene que cuando la levantan á considerar cosas que exceden y sobrepujan tiempo y lugar conocido, luego se cae: y si la razon no la sustenta y levanta, no puede un punto tenerse en pie: y así veremos, que nuestra imaginación, cuando se trata de la creacion del mundo, anda á buscar tiempo antes de criarse el mundo, y para fabricarse el mundo, también señala lugar, y no acaba de ver que se pudiese de otra suerte el mundo hacer; siendo verdad, que la razon claramente nos muestra, que ni hubo tiempo antes de haber movimiento, cuya medida es el tiempo, ni hubo lugar alguno antes del mismo universo, que encierra todo lugar. Por tanto el Filósofo excelente Aristóteles, clara y brevemente satisface[47] al argumento que hacen contra el lugar de la tierra, tomado del modo nuestro de imaginar, diciendo con gran verdad, que en el mundo el mismo lugar es en medio y abajo, y cuanto más en medio está una cosa, tanto más abajo, la cual respuesta alegando Lactancio Firmiano, sin reprobarla con alguna razon, pasa con decir, que no se puede detener en reprobarla por la priesa que lleva á otras cosas.
NOTAS:
[45] Lactant. lib. 7. de divin. institut. cap. 23.
[46] August. lib. 16. de Civit. cap. 9.
[47] Aristótel. 1. de cœlo. cap. 3.
CAPÍTULO VIII
Del motivo que tuvo San Agustín para negar los Antípodas.
Muy otra fue la razón que movió á S. Agustín, como de tan alto ingenio, para negar los Antípodas. Porque la razón que arriba dijimos, de que andarían al revés los Antípodas, el mismo Santo Doctor la deshace en su libro de los Predicamentos. Los Antiguos, dice él[48], afirman, que por todas partes está la tierra debajo y el Cielo encima. Conforme á lo cual los Antípodas, que según se dice, pisan al revés de nosotros, tienen también el Cielo encima de sus cabezas. Pues entendiendo esto San Agustín tan conforme á buena Filosofía, ¿qué será la razón por donde persona tan docta se movió á la contraria opinión? Fue cierto el motivo que tuvo tomado de las entrañas de la sagrada Teología, conforme á la cual nos enseñan las divinas letras, que todos los hombres del mundo descienden de un primer hombre, que fue Adan. Pues decir, que los hombres habían podido pasar al nuevo mundo, atravesando ese infinito piélago del mar Océano, parecía cosa increíble y un puro desatino. Y en verdad, que si el suceso palpable, y experiencia de lo que hemos visto en nuestros siglos, no nos desengañara, hasta el día de hoy se tuviera por razón insoluble la dicha. Y ya que sabemos, que no es concluyente ni verdadera la dicha razón, con todo eso nos queda bien que hacer para darle respuesta, quiero decir, para declarar en qué modo, y por qué via pudo pasar el linaje de los hombres acá, ó cómo vinieron, y por dónde, á poblar estas Indias. Y porque adelante se ha de tratar esto muy de propósito, por ahora bien será que oigamos lo que el Santo Doctor Agustino disputa de esta materia en los libros de la ciudad de Dios[49], el cual dice así: Lo que algunos platican, que hay Antípodas, esto es, gentes que habitan de la otra parte de la tierra, donde el Sol nace al tiempo que á nosotros se pone; y que las pisadas de estos son al revés de las nuestras, esto no es cosa que se ha de creer. Pues no lo afirman por relación cierta que de ello tengan, sino solamente por un discurso de Filosofía que hacen, con que concluyen, que estando la tierra en medio del mundo rodeada de todas partes del Cielo igualmente, ha de ser forzosamente lugar más bajo siempre el que estuviere más en medio del mundo. Y después añade: De ninguna manera engaña la divina Escritura, cuya verdad en lo que refiere haber pasado, se prueba bien, viendo cuan puntualmente sucede lo que profetiza que ha de venir. Y es cosa de disparate decir, que de estas partes del mundo hayan podido hombres llegar al otro nuevo mundo, y pasar esa inmensidad del mar Océano, pues de otra suerte no es posible haber allá hombres, siendo verdad que todos los hombres descienden de aquel primer hombre. Segun esto toda la dificultad de San Agustin no fue otra sino la incomparable grandeza del mar Océano. Y el mismo parecer tuvo San Gregorio Nacianceno afirmando, como cosa sin duda, que pasado el Estrecho de Gibraltar, es imposible navegarse el mar. En una Epístola que escribe[50], dice á este propósito: Estoy muy bien con lo que dice Píndaro, que despues de Cadiz es la mar innavegable de hombres. Y él mismo, en la oracion funeral que hizo á San Basilio, dice, que á ninguno le fue concedido pasar del Estrecho de Gibraltar, navegando la mar. Y aunque es verdad que esto se tomó como por refran del Poéta Píndaro, que dice, que así á sabios como á necios les está vedado saber lo que está adelante de Gibraltar; pero la misma origen de este refran da bien á entender cuan asentados estuvieron los Antiguos en la dicha opinion; y así por los libros de los Poétas, y de los Historiadores, y de los Cosmógrafos antiguos, el fin y términos de la tierra se ponen en Cadiz la de nuestra España: allí fabrican las columnas de Hércules, allí encierran los términos del Imperio Romano, allí pintan los fines del mundo. Y no solamente las letras profanas, mas aún las sagradas, tambien hablan en esa forma, acomodándose á nuestro lenguage, donde dicen[51], que se publicó el edicto de Augusto Cesar, para que todo el mundo se empadronase: y de Alejandro el Magno, que extendió su Imperio hasta los cabos de la tierra[52]; y en otra parte dicen[53]: que el Evangelio ha crecido y hecho fruto en todo el mundo universo. Porque por estilo usado llama la Escritura todo el mundo á la mayor parte del mundo, que hasta entonces estaba descubierto y conocido. Ni el otro mar de la India oriental, ni este otro de la occidental, entendieron los Antiguos, que se pudiese navegar, y en esto concordaron generalmente. Por lo cual Plinio, como cosa llana y cierta, escribe[54]: Los mares que atajan la tierra, nos quitan de la tierra habitable la mitad por medio, porque ni de acá se puede pasar allá, ni de allá venir acá. Esto mismo sintieron Tulio y Macrobio, y Pomponio Mela, y finalmente fue el comun parecer de los Escritores antiguos.
NOTAS:
[48] August. lib. Categoriarum cap. 10. in 1. tomo.
[49] Lib. 16. cap. 9.
[50] Nacianc. Epistol. 17. ad Posthumianum.
[51] Luc. 2.
[52] 1. Machab. 1.
[53] Colos. 1.
[54] Plinius lib. 2. cap. 69.
CAPÍTULO IX
De la opinion que tuvo Aristóteles cerca del nuevo Mundo; y qué es lo que le engañó para negarle.
Hubo, demás de las dichas, otra razon tambien, por la cual se movieron los Antiguos á creer que era imposible pasar los hombres de allá á este nuevo Mundo, y fué decir, que de la otra parte de la
inmensidad del Océano, era el calor de la region que llaman Tórrida ó Quemada tan excesivo, que no consentía, ni por mar, ni por tierra, pasar los hombres, por atrevidos que fuesen, del un polo al otro polo. Porque aun aquellos Filósofos, que afirmaron ser la tierra redonda, como en efecto lo es, y haber hácia ambos polos del mundo, tierra habitable, con todo eso negaron, que pudiese habitarse del linaje humano la region que cae en medio, y se comprehende entre los dos Trópicos, que es la mayor de las cinco zonas ó regiones en que los Cosmógrafos y Astrólogos, parten el mundo. La razon que daban de ser esta zona tórrida inhabitable, era el ardor del Sol, que siempre anda encima tan cercano, y abrasa toda aquella region, y por el consiguiente la hace falta de aguas y pastos. De esta opinion fué Aristóteles, que aunque tan gran Filósofo, se engañó en esta parte. Para cuya inteligencia será bien decir en qué procedió bien con su discurso, y en qué vino á errar. Disputando, pues, el Filósofo[55] del viento abrego ó sur, si hemos de entender, que nace del medio día ó no, sino del otro polo contrario al norte, escribe en esta manera: La razon nos enseña, que la latitud y ancho de la tierra que se habita, tiene sus límites; pero no puede toda esta tierra habitable continuarse entre sí, por no ser templado el medio. Porque cierto es que en su longitud, que es de oriente á poniente, no tiene exceso de frio, ni de calor; pero tiénele en su latitud, que es del polo á la línea equinoccial; y así podría sin duda andarse toda la tierra en torno por su longitud, sino lo estorváse en algunas partes la grandeza del mar que la ataja. Hasta aquí no hay mas que pedir en lo que dice Aristóteles; y tiene gran razon, en que la tierra por su longitud, que es de oriente á poniente, corre con mas igualdad, y mas acomodada á la vida y habitación humana, que por su latitud, que es del norte al medio dia: y esto pasa así no solo por la razon que toca Aristóteles de haber la misma templanza del Cielo de oriente á poniente, pues dista siempre igualmente del frío del norte, y del calor del medio dia, sino por otra razon tambien, porque yendo en longitud, siempre hay dias y noches sucesivamente, lo cual yendo en latitud, no puede ser, pues ha de llegar forzoso á aquella region polar, donde hay una parte del año noche continuada, que dure seis meses, lo cual para la vida humana es de grandísimo inconveniente. Pasa mas adelante el Filósofo, reprehendiendo á los Geógrafos, que describian la tierra en su tiempo, y dice así: Lo que he dicho se puede bien advertir en los caminos que hacen por tierra, y en las navegaciones de mar, pues hay gran diferencia de su longitud á su latitud. Porque el espacio que hay desde las columnas de Hércules que es Gibraltar, hasta la India oriental, excede en proporcion mas que de cinco á tres, al espacio que hay desde la Etiopia hasta la laguna Meotis, y últimos fines de los Scitas: y esto consta por la cuenta de jornadas, y de navegacion, cuanto se ha podido hasta ahora con la experiencia alcanzar. Y tenemos noticia de la latitud que hay de la Tórrida habitable, hasta las partes de ella que no se habitan. En esto se le debe perdonar á Aristóteles, pues en su tiempo no se había descubierto mas de la Etiopia primera, que llaman exterior, y cae junto á la Arabia y África: la otra Etiopia interior no la supieron en su tiempo, ni tuvieron noticia de aquella inmensa tierra, que cae donde son ahora las tierras del Preste Juan: y mucho menos toda la demás tierra que cae debajo de la equinoccial, y va corriendo hasta pasar el Trópico de Capricornio, y para en el cabo de Buena-Esperanza, tan conocido y famoso por la navegacion de los Portugueses. Desde el cual cabo, si se mide la tierra, hasta pasada la Scitia y Tartaria, no hay duda sino que esta latitud y espacio será tan grande, como la longitud y espacio que hay desde Gibraltar hasta la India oriental. Es cosa llana, que los Antiguos ignoraron los principios del Nilo, y lo último de la Etiopia; y por eso Lucano reprehende[56] la curiosidad de Julio Cesar en querer inquirir el principio del Nilo; y dice en su verso:
¿Qué tienes tu, Romano, que ponerte
A inquirir del Nilo el nacimiento?
Y el mismo Poéta hablando con el propio Nilo dice:
Pues es tu nacimiento tan oculto,
Que ignora el mundo todo cuyo seas.
Mas conforme á la sagrada Escritura, bien se entiende que sea habitable aquella tierra, pues de otra suerte no dijera el Profeta Sofonías[57], hablando de la vocación al Evangelio de aquellas gentes: De mas allá de los rios de Etiopia me traerán presentes los hijos de mis esparcidos, que así llama á los Apóstoles. Pero, como está dicho, justo es perdonar al Filósofo, por haber creido á los Historiadores y Cosmógrafos de su tiempo. Examinemos ahora lo que se sigue: la una parte, dice, del mundo, que es la septentrional puesta al norte, pasada la zona templada, es inhabitable por el frio excesivo: la otra parte que está al medio dia, tambien es inhabitable en pasando del Trópico, por el excesivo calor. Mas las partes del mundo que corren pasada la India de una vanda, y pasadas las columnas de Hércules de otra, cierto es que no se juntan entre sí, por atajarlas el gran mar Océano. En esto postrero dice mucha verdad; pero añade luego: Por cuanto á la otra parte del mundo es necesario, que la tierra tenga la misma proporcion con su polo Antártico, que tiene esta nuestra parte habitable con el suyo, que es norte. No hay duda, sino que en todo ha de proceder el otro mundo como este de acá, en todas las demás cosas, y especialmente en el nacimiento y orden de los vientos; y despues de decir otras razones que no hacen á nuestro caso, concluye Aristóteles diciendo: Forzoso hemos de conceder, que el Abrego es aquel viento que sopla de la region que se abrasa de calor, y la tal region por tener tan cercano al Sol, carece de aguas y de pastos. Este es el parecer de Aristóteles: y cierto que apenas pudo alcanzar mas la conjetura humana. De donde vengo, cuando lo pienso cristianamente, á advertir muchas veces, cuan flaca y corta sea la Filosofía de los Sabios de este siglo en las cosas divinas, pues aun en las humanas, donde tanto les parece que saben, á veces tampoco aciertan. Siente Aristóteles y afirma, que la tierra que está á este polo del sur habitable, es, segun su longitud, grandísima, que es de oriente á poniente, y que segun su latitud, que es desde el polo del sur hasta la equinoccial, es cortísima. Esto es tan al revés de la verdad, que cuasi toda la habitación que hay á esta vanda del polo Antártico, es segun la latitud, quiero decir, del polo á la línea: y por la longitud, que es de oriente á poniente, es tan pequeña, que excede y sobrepuja la latitud á la longitud en este nuevo orbe, tanto como diez exceden á tres, y aun mas. Lo otro, que afirma ser del todo inhabitable la region media, que llaman Tórridazona, por el excesivo calor, causado de la vecindad del Sol, y por esta causa carecer de aguas y pastos, esto todo pasa al revés. Porque la mayor parte de este nuevo Mundo, y muy poblada de hombres y animales, está entre los dos Trópicos en la misma Tórridazona; y de pastos y aguas es la region mas abundante de cuantas tiene el mundo universo: y por la mayor parte es region muy templada, para que se vea, que aun en esto natural, hizo Dios necia la sabiduría de este siglo. En conclusión, la Tórridazona es habitable, y se habita copiosísimamente, cuanto quiera que los Antiguos lo tengan por imposible. Mas la otra zona ó region, que cae entre la tórrida y la polár al sur, aunque por su sitio sea muy cómoda para la vida humana; pero son muy pocos los que habitan en ella, pues apenas se sabe de otra, sino del Reino de Chile, y un pedazo cerca del cabo de Buena-Esperanza: lo demás tiénelo ocupado el mar Océano. Aunque hay muchos que tienen por opinion, y de mí confieso, que no estoy lejos de su parecer, que hay mucha más tierra, que no está descubierta, y que ésta ha de ser tierra firme opuesta á la tierra de Chile, que vaya corriendo al sur pasado el círculo ó Trópico de Capricornio. Y si la hay, sin duda es tierra de excelente condición por estar en medio de los dos extremos, y en el mismo puesto, que lo mejor de Europa. Y cuanto á esto bien atinada anduvo la congetura de Aristóteles. Pero hablando de lo que hasta ahora está descubierto, lo que hay en aquel puesto es muy poca tierra, habiendo en la Tórrida muchísima y muy habitada.
NOTAS:
[55] Aristotel. 2. Meteor. cap. 5.
[56] Lucano 10. Pharsal.
[57] Sophon. 3. v. 10.
CAPÍTULO X
Que Plinio y los mas de los Antiguos sintieron lo mismo que Aristóteles.
El parecer de Aristóteles siguió á la letra Plinio, el cual dice así[58]: El temple de la region del medio del mundo, por donde anda de contínuo el Sol, y está abrasada como de fuego cercano, y toda quemada y como humeando. Junto á esta de en medio, hay otras dos regiones de ambos lados, las cuales por caer entre el ardor de ésta, y el cruel frio de las otras dos extremas, son templadas. Mas estas dos templadas no se pueden comunicar entre sí, por el excesivo ardor del Cielo. Esta propia fue la opinion de los otros Antiguos, la cual galanamente celebra el Poéta en sus versos[59].
Rodean cinco cintas todo el Cielo:
De estas, una con Sol perpetuo ardiente
Tienen de quemazón bermejo el suelo.
Y el mismo Poéta en otro cabo[60].
Oyólo, si hay alguno que allá habite,
Donde se tiende la región mas larga,
Que en medio de las cuatro el Sol derrite.
Y otro Poéta aun mas claro dice lo mismo[61]:
Son en la tierra iguales las regiones
A las del Cielo; y de estas cinco, aquella
Que está enmedio, no tiene poblaciones
Por el bravo calor.
Fundóse esta opinion comun de los Antiguos en una razon que les pareció cierta é inexpugnable. Veían que en tanto era una region mas caliente, cuando se acercaba mas al medio dia. Y es esto tanta verdad, que en una misma Provincia de Italia es la Pulla mas cálida que la Toscana por esa razon; y por la misma en España es mas caliente el Andalucía que Vizcaya, y esto en tanto grado, que no siendo la diferencia de mas de ocho grados, y aun no cabales, se tiene la una por muy caliente, y la otra por muy fria. De aquí inferían por buena consecuencia, que aquella region que se allegase tanto al medio dia, que tuviese el Sol sobre su cabeza, necesariamente había de sentir un perpetuo y excesivo calor. Demás de esto veían tambien, que todas las diferencias que el año tiene, de Primavera, Estío, Otoño, Invierno, proceden de acercarse ó alejarse el Sol. Y echando de ver, que estando ellos aún bien lejos del Trópico, á donde llega el Sol en Verano, con todo eso por írseles acercando, sentian terribles calores en Estío, hacian su cuenta, que si tuvieran al Sol tan cerca de sí, que anduviera encima de sus cabezas, y esto por todo el discurso del año, fuera el calor tan insufrible, que sin duda se consumieran y abrasaran los hombres de tal exceso. Esta fue la razon que venció á los Antiguos, para tener por no habitable la region de en medio, que por eso llamaron Tórridazona. Y cierto que si la misma experiencia por vista de ojos, no nos hubiera desengañado, hoy dia dijéramos todos, que era razon concluyente y Matemática, porque veamos cuan flaco es nuestro entendimiento para alcanzar aun estas cosas naturales. Mas ya podemos decir, que á la buena dicha de nuestros siglos le cupo alcanzar aquellas dos grandes maravillas, es á saber, navegarse el mar Océano con gran facilidad, y gozar los hombres en la Tórridazona de lindísimo temple, cosas que nunca los Antiguos se pudieron persuadir. De estas dos maravillas la postrera de la habitación y cualidades de la Tórridazona, hemos de tratar, con ayuda de Dios, largamente en el libro siguiente. Y así en este será bien declarar la otra, del modo de navegar el Océano, porque nos importa muchos para el intento que llevamos en esta obra. Pero antes de venir á este punto, convendrá decir, qué es lo que sintieron los Antiguos de estas nuevas gentes que llamamos Indios.
NOTAS:
[58] Plinius lib. 2. cap. 68.
[59] Virgil. in Georgic.
[60] 7. Æneid.
[61] Metamorph. Ovid. 1.
CAPÍTULO XI
Que se halla en los Antiguos alguna noticia de este nuevo Mundo.
Resumiendo lo dicho, queda que los Antiguos, ó no creyeron haber hombres pasado el Trópico de Cáncer, como San Agustin y Lactancio sintieron, ó que si habia hombres, á lo menos no habitaban entre los Trópicos, como lo afirman Aristóteles y Plinio, y antes que ellos, Parmenides Filósofo[62]. Ser de otra suerte lo uno y lo otro, ya está bastante averiguado. Mas todavía muchos con curiosidad preguntan, si de esta verdad que en nuestros tiempos es tan notoria, hubo en los pasados alguna noticia. Porque parece cierto cosa muy extraña, que sea tamaño este mundo nuevo, como con nuestros ojos le vemos, y que en tantos siglos atrás no haya sido sabido por los Antiguos. Por donde pretendiendo quizá algunos menoscabar en esta parte la felicidad de nuestros tiempos, y obscurecer la gloria de nuestra nacion, procuran mostrar, que este nuevo Mundo fué conocido por los Antiguos: y realmente no se puede negar, que haya de esto algunos rastros. Escribe San Gerónimo[63] en la Epístola á los Efesios: Con razon preguntamos, qué quiera decir el Apóstol en aquellas palabras: en las cuales cosas anduvistes un tiempo segun el siglo de este mundo, si quiere por ventura dar á entender, que hay otro siglo que no pertenezca á este mundo, sino á otros mundos, de los cuales escribe Clemente en su Epístola: El Océano y los mundos que están más allá del Océano. Esto es de San Gerónimo. Yo cierto no alcanzo, qué Epístola sea esta de Clemente, que San Gerónimo cita; pero ninguna duda tengo que lo escribió así San Clemente, pues lo alega San Gerónimo. Y claramente refiere San Clemente, que pasado el mar Océano, hay otro mundo y aun mundos, como pasa en efecto de verdad, pues hay tan excesiva distancia del un nuevo mundo al otro nuevo mundo, quiero decir, de este Perú é India occidental á la India oriental y China. Tambien Plinio, que fue tan extremado en inquirir las cosas extrañas y de admiración, refiere en su Historia natural[64], que Hannón, Capitan de los Cartaginenses, navegó desde Gibraltar, costeando la mar, hasta lo último de Arabia, y que dejó escrita esta su navegación. Lo cual si es así, como Plinio lo dice, síguese claramente que navegó el dicho Hannón todo cuanto los Portugueses hoy día navegan, pasando dos veces la equinoccial, que es cosa para espantar. Y segun lo trae el mismo Plinio[65] de Cornelio Nepote, Autor grave, el propio espacio navegó otro hombre llamado Eudoxo, aunque por camino contrario, porque huyendo el dicho Eudoxo del Rey de los Latyros, salió por el mar Bermejo al mar Océano, y por él volteando llegó hasta el Estrecho de Gibraltar, lo cual afirma el Cornelio Nepote haber acaecido en su tiempo. Tambien escriben Autores graves, que una nave de Cartaginenses llevándola la fuerza del viento por el mar Océano, vino á reconocer una tierra nunca hasta entonces sabida, y que volviendo despues á Cartágo, puso gran gana á los Cartaginenses de descubrir y poblar aquella tierra, y que el Senado con riguroso decreto vedó la tal navegacion, temiendo que con la codicia de nuevas tierras, se menoscabáse su patria. De todo esto se puede bien colegir, que hubiese en los Antiguos algun conocimiento del nuevo Mundo; aunque particularizando á esta nuestra América, y toda esta India occidental, apenas se halla cosa cierta en los libros de los Escritores antiguos. Mas de la India oriental no solo la de la una parte, sino tambien la de la otra, que antiguamente era la más remota por caminarse al contrario de ahora, digo que se halla mencion, y no muy corta, ni muy obscura. Porque ¿á quién no le es fácil hallar en los Antiguos la Malaca, que llamaban Aurea Chersoneso? Y al cabo de Comorin, que se decia Promontorium Cori, ¿y la grande y célebre Isla de Sumatra, por antiguo nombre tan celebrado, Taprobana? ¿Qué diremos de las dos Etiopias? ¿qué de los Bracmanes? ¿qué de la gran tierra de los Chinos? ¿Quién duda en los libros de los Antiguos, que traten de estas cosas no pocas veces? Mas de las Indias occidentales, no hallamos en Plinio, que en esta navegacion pasáse de las Islas Canarias, que él llama Fortunatas; y la principal de ellas dice[66] haberse llamado Canaria, por la multitud de canes ó perros que en ella habia. Pasadas las Canarias, apenas hay rastro en los Antiguos de la navegacion que hoy se hace por el golfo, que con mucha razon le llaman grande. Con todo eso se mueven muchos á pensar, que profetizó Séneca, el Trágico, de estas Indias occidentales, lo que leemos en su Tragedia Medea[67] en sus versos anapésticos, que reducidos al metro Castellano, dicen así:
Tras largos años vendrá
Un siglo nuevo y dichoso,
Que al Océano anchuroso
Sus límites pasará.
Descubrirán grande tierra,
Verán otro nuevo Mundo,
Navegando el gran profundo,
Que ahora el paso nos cierra.
La Thule tan afamada
Como del mundo postrera,
Quedará en esta carrera
Por muy cercana contada.
Esto canta Séneca en sus versos; y no podemos negar que al pie de la letra pasa así, pues los años largos que dice, si se cuentan del tiempo del Trágico, son al pie de mil y cuatrocientos, y si de el de Medea, son mas de dos mil; que el Océano anchuroso haya dado el paso, que tenia cerrado, y que se haya descubierto grande tierra, mayor que toda Europa y Asia, y se habite otro nuevo mundo, vémoslo por nuestros ojos cumplido, y en esto no hay duda. En lo que la puede con razon haber, es, en si Séneca adivinó, ó si acaso dió en esto su Poesía. Yo para decir lo que siento, siento que adivinó con el modo de adivinar que tienen los hombres sabios y astutos. Veía que ya en su tiempo se tentaban nuevas navegaciones y viages por el mar: sabía bien, como Filósofo, que habia otra tierra opuesta del mismo ser, que llaman Antichtona. Pudo con este fundamento considerar, que la osadía y habilidad de los hombres, en fin llegaría á pasar el mar Océano, y pasándole, descubrir nuevas tierras, y otro mundo, mayormente siendo ya cosa sabida en tiempo de Séneca el suceso de aquellos naufragios que refiere Plinio, con que se pasó el gran mar Océano. Y que este haya sido el motivo de la profecía de Séneca, parece lo dan á entender los versos que preceden, donde habiendo alabado el sosiego y vida poco bulliciosa de los Antiguos, dice así:
Mas ahora es otro tiempo,
y el mar de fuerza ó de grado
ha de dar paso al osado,
y el pasarle es pasatiempo.
Y mas abajo dice así:
Al alto mar proceloso
ya cualquier barca se atreve:
todo viage es ya breve
al navegante curioso.
No hay ya tierra por saber,
no hay Reyno por conquistar,
nuevos muros ha de hallar
quien se piensa defender.
Todo anda ya trastornado,
sin dejar cosa en su asiento:
el mundo claro y esento
no hay ya en él rincon cerrado.
El Indio cálido bebe del Rio Araxis helado,
y el Persa en Albis bañado,
y el Rhin mas frio que nieve.
De esta tan crecida osadía de los hombres viene Séneca á congeturar lo que luego pone, como el extremo á que ha de llegar, diciendo: Tras largos años vendrá &c. como está ya dicho.
NOTAS:
[62] Plutarch. 3. de placitis Philosoph. cap. 11.
[63] Hieronym. super cap. 2. ad Ephes.
[64] Plinius lib. 2. cap. 69.
[65] Idem ibidem.
[66] Plinius 1. 6. c. 32.
[67] Seneca in Medea actu 2. in fine.
CAPÍTULO XII
Qué sintió Platon de esta India occidental.
Mas si alguno hubo que tocase mas en particular esta India occidental, parece que se le debe á Platon esa gloria, el cual en su Timéo escribe así: En aquel tiempo no se podia navegar aquel golfo (y va hablando del mar Atlántico, que es el que está en saliendo del Estrecho de Gibraltar), porque tenía cerrado el paso á la boca de las columnas de Hércules, que vosotros soleis llamar, (que es el mismo Estrecho de Gibraltar) y era aquella Isla que estaba entonces junto á la boca dicha, de tanta grandeza, que excede á toda la Africa y Asia juntas. De esta Isla habia paso entonces á otras Islas para los que iban á ellas; y de las otras Islas se iba á toda la Tierra firme, que estaba frontero de ellas, cercada del verdadero mar. Esto cuenta Cricias en Platon. Y los que se persuaden que esta narracion de Platon es historia, y verdadera historia, declarada en esta forma, dicen que aquella grande Isla llamada Atlantis, la cual excedia en grandeza á Africa y Asia juntas, ocupaba entonces la mayor parte del mar Océano, llamado Atlántico, que ahora navegan los Españoles, y que las otras Islas que dice estaban cercanas á esta grande, son las que hoy dia llaman Islas de Barlovento, es á saber, Cuba, Española, San Juan de Puerto-rico, Jamaica, y otras de aquel parage. Y que la Tierra firme que dice, es la que hoy dia se llama Tierra firme, y este Perú y América. El mar verdadero que dice estar junto aquella tierra firme, declaran que es este mar del sur, y que poreso se llama verdadero mar, porque en comparacion de su inmensidad, esotros mares Mediterráneos, y aun el mismo Atlántico, son como mares de burla. Con ingenio, cierto, y delicadeza está explicado Platon por los dichos Autores curiosos: con cuanta verdad y certeza, eso en otra parte se tratará.
CAPÍTULO XIII
Que algunos han creido, que en las divinas Escrituras Ofir signifique este nuestro Perú.
No falta tambien á quien le parezca, que en las sagradas letras hay mencion de esta India occidental, entendiendo por el Ofir que ellas tanto celebran, este nuestro Perú. Roberto Stefano, ó por mejor decir, Francisco Vatablo, hombre en la lengua Hebrea aventajado, segun nuestro preceptor, que fue discípulo suyo, decia, en los escolios sobre el capítulo nono del tercer libro de los Reyes[68], escribe que la Isla Española que halló Cristoval Colón, era el Ofir, de donde Salomon traía cuatrocientos y veinte, ó cuatrocientos y cincuenta talentos de oro muy fino. Porque tal es el oro de Cybao, que los nuestros traen de la Española. Y no faltan Autores doctos que afirmen[69] ser Ofir este nuestro Perú, deduciendo el un nombre del otro, y creyendo que en el tiempo que se escribió el libro del Paralipomenon se llamaba Perú como ahora. Fundanse en que refiere la Escritura[70] que se traía de Ofir oro finísimo y piedras muy preciosas, y madera escogidísima, de todo lo cual abunda, segun dicen estos Autores, el Perú. Mas á mi parecer está muy lejos el Perú de ser el Ofir, que la Escritura celebra[71]. Porque aunque hay en él copia de oro, no es en tanto grado, que haga ventaja en esto á la fama de riqueza que tuvo antiguamente la India oriental. Las piedras tan preciosas, y aquella tan excelente madera, que nunca tal se vió en Jerusalén, cierto yo no lo veo, porque aunque hay esmeraldas escogidas, y algunos árboles de palo recio y oloroso; pero no hallo aquí cosa digna de aquel encarecimiento, que pone la Escritura. Ni aun me parece que lleva buen camino pensar, que Salomon dejada la India oriental riquisima, enviase sus flotas á esta última tierra. Y si hubiera venido tantas veces, mas rastros fuera razon que halláramos de ello. Mas la etimología del nombre Ofir, y reduccion al nombre de Perú, téngolo por negocio de poca sustancia, siendo como es cierto, que ni el nombre del Perú es tan antiguo, ni tan general á toda esta tierra. Ha sido costumbre muy ordinaria en estos descubrimientos del nuevo Mundo poner nombres á las tierras y puertos, de la ocasion que se les ofrecia, y así se entiende haber pasado en nombrar á este Reino, Perú. Acá es opinion, que de un rio en que á los principios dieron los Españoles, llamado por los naturales Perú, intitularon toda esta tierra Perú: Y es argumento de esto, que los Indios naturales del Perú, ni usan, ni saben tal nombre de su tierra. Al mismo tono parece afirmar, que Sefer en la Escritura son estos Andes, que son unas sierras altisimas del Perú. Ni basta haber alguna afinidad ó semejanza de vocablos, pues de esa suerte tambien diríamos que Yucatán es Yectán, á quien nombra la Escritura; ni los nombres de Tito y de Paulo que usaron los Reyes Incas de este Perú, se debe pensar que vinieron de Romanos ó de Cristianos, pues es muy ligero indicio para afirmar cosas tan grandes. Lo que algunos escriben, que Tharsis y Ofir no eran en una misma navegación ni provincia, claramente se ve ser contra la intención de la Escritura, confiriendo el cap. 22 del cuarto libro de los Reyes, con el cap. 20 del segundo libro del Paralipomenon. Porque lo que en los Reyes dice, que Josafát hizo flota en Asiongaber para ir por oro á Ofir, eso mismo refiere el Paralipomenon haberse hecho la dicha flota para ir á Tharsis. De donde claro se colige, que en el propósito tomó por una misma cosa la Escritura á Tharsis y Ofir. Preguntarme há alguno á mí, segun esto, qué region ó provincia sea el Ofir, adonde iba la flota de Salomon con marineros de Hirán, Rey de Tiro y Sidon, para traerle oro; adonde tambien pretendiendo ir la flota del Rey Josafát, padeció naufragio en Asiongaber, como refiere la Escritura[72]. En esto digo, que me acerco de mejor gana á la opinión de Josefo en los libros de Antiquitatibus, donde dice, que es provincia de la India oriental, la cual fundó aquel Ofir hijo de Yectán, de quien se hace mencion en el Génesis[73]: y era esta provincia abundante de oro finísimo. De aquí procedió el celebrarse tanto el oro de Ofir ó de Ofaz, y segun algunos quieren decir, el Obrizo es como el Ofirizo, porque habiendo siete linages de oro, como refiere San Gerónimo, el de Ofir era tenido por el mas fino, así como acá celebramos el oro de Valdivia, ó el de Caravaya. La principal razon que me mueve á pensar, que Ofir está en la India oriental, y no en esta occidental, es porque no podia venir acá la flota de Salomon, sin pasar toda la India oriental, y toda la China, y otro infinito mar; y no es verosimil que atravesasen todo el mundo para venir á buscar acá el oro, mayormente siendo esta tierra tal, que no se podia tener noticia de ella por viaje de tierra; y mostraremos despues que los Antiguos no alcanzaron el arte de navegar, que ahora se usa, sin el cual no podian engolfarse tanto. Finalmente, en estas cosas, cuando no se traen indicios ciertos, sino conjeturas ligeras, no obligan á creerse mas de lo que á cada uno le parece.
NOTAS:
[68] In 3. lib. Reg. cap. 10.
[69] Arias Montanus in apparatu, in Phaleg. cap. 9.
[70] 2. Paralip. 9. 5. Reg. 10.
[71] 2. Paral. 8. 4. Reg. 22. 3. Reg. 9.
[72] 3. Reg. 9. 4. Reg. 22.
[73] Genes. 10.
CAPÍTULO XIV
Qué significan en la Escritura Tharsis y Ofir.
Y si valen conjeturas y sospechas, las mias son, que en la divina Escritura los vocablos de Ofir y de Tharsis las mas veces no significan algun determinado lugar, sino que su significacion es general cerca de los Hebreos, como en nuestro vulgar el vocablo de Indias es general, porque el uso y lenguage nuestro nombrando Indias es significar unas tierras muy apartadas, y muy ricas, y muy extrañas de las nuestras; y así los Españoles igualmente llamamos Indias al Perú, y á Méjico, y á la China, y á Malaca, y al Brasil: y de cualquier parte de estas que vengan cartas, decimos que son cartas de las Indias, siendo las dichas tierras y Reinos de inmensa distancia y diversidad entre sí. Aunque tampoco se puede negar, que el nombre de Indias se tome de la India oriental; y porque cerca de los Antiguos esa India se celebraba por tierra remotísima, de ahí viene, que estotra tierra tan remota, cuando se descubrió, la llamaron tambien India, por ser tan apartada, como tenida por el cabo del mundo; y así llaman Indios á los que moran en el cabo del mundo. Al mismo modo me parece á mí, que Tharsis en las divinas letras, lo mas comun no significa lugar ni parte determinada, sino unas regiones muy remotas; y al parecer de las gentes, muy extrañas y ricas. Porque lo que Josefo y algunos quieren decir, que Tharsis y Tarso es lo mismo en la Escritura, paréceme que con razon lo reprueba San Gerónimo[74], no solo porque se escriben con diversas letras los dos dichos vocablos, teniendo uno aspiracion, y otro no, sino tambien porque muchísimas cosas que se escriben de Tharsis, no pueden cuadrar á Tarso, ciudad de Cilicia. Bien es verdad, que en alguna parte se insinúa en la Escritura, que Tharsis cae en Cilicia, pues se escribe así de Holofernes en el libro de Judith[75]: Y como pasase los términos de los Asirios, llegó á los grandes montes Ange (que por ventura es el Tauro),[76] los cuales montes caen á la siniestra de Cilicia, y entró en todos sus castillos, y se apoderó de todas sus fuerzas, y quebrantó aquella ciudad tan nombrada Melothi, y despojó á todos los hijos de Tharsis y á los de Ismaél, que estaban frontero del desierto, y los que estaban al mediodia hácia tierra de Cellón, y pasó el Eufrates, &c. Mas como he dicho, pocas veces cuadra á la ciudad de Tarso lo que se dice de Tarsis. Teodoreto[77] y otros, siguiendo la interpretación de los Setenta, en algunas partes ponen á Tharsis en Africa, y quieren decir que es la misma que fué antiguamente Cartágo[78], y ahora Reino de Tunez: Y dicen, que allá pensó hacer su camino Jonás, cuando la Escritura refiere que quiso huir del Señor á Tharsis. Otros quieren decir, que Tharsis es cierta region de la India, como parece sentir S. Gerónimo[79]. No contradigo yo por ahora á estas opiniones; pero afírmome en que no significa siempre una determinada region ó parte del mundo. Los Magos que vinieron á adorar á Cristo, cierto es que fueron de oriente, y tambien se colige de la Escritura[80], que eran de Sabá, y de Epha, y de Madian; y hombres doctos sienten que eran de Etiopia, y de Arabia, y de Persia. Y de estos canta el Salmo y la Iglesia: Los Reyes de Tharsis traerán presentes. Concedamos, pues, con San Gerónimo, que Tharsis es vocablo de muchos significados en la Escritura, y que unas veces se entiende por la piedra crisólito ó jacinto: otras alguna cierta region de la India: otras la mar, que tiene el color de jacinto cuando reverbera el Sol. Pero con mucha razon el mismo Santo Doctor niega, que fuese region de la India el Tharsis donde Jonás huía, pues saliendo de Jope, era imposible navegar á la India por aquel mar; porque Jope, que hoy se llama Jafa, no es puerto del mar Bermejo, que se junta con el mar oriental Indico, sino del mar Mediterráneo, que no sale á aquel mar Indico: de donde se colige clarísimamente, que la navegacion que hacía la flota de Salomon[81] de Asiongaber (donde se perdieron las naves del Rey Josafát) iba por el mar Bermejo á Ofir y á Tharsis; que lo uno y lo otro afirma expresamente la Escritura[82], fué muy diferente de la que Jonás pretendió hacer á Tharsis. Pues es Asiongaber puerto de una ciudad de Iduméa, puesta en el estrecho, que se hace donde el mar Bermejo se junta con el gran Océano. De aquel Ofir, y de aquel Tharsis (sea lo que mandaren) traían á Salomon oro, y plata, y marfil, y monos, y pavos, con navegacion de tres años muy prolija. Todo lo cual sin duda era de la India oriental, que abunda de todas esas cosas, como Plinio largamente lo enseña, y nuestros tiempos lo prueban bastantemente. De este nuestro Perú no pudo llevarse marfil, no habiendo acá memoria de elefantes: oro, y plata, y monos muy graciosos bien pudieran llevarse; pero en fin mi parecer es, que por Tharsis se entiende en la Escritura comunmente, ó el mar grande, ó regiones apartadísimas y muy extrañas: y así me doy á entender, que las profecías que hablan de Tharsis, pues el espíritu de profecía lo alcanza todo, se pueden bien acomodar muchas veces á las cosas del nuevo orbe.
NOTAS:
[74] Hieron. ad Marcell. in 3. tom.
[75] Jud. 2. vv. 12. 13. 14.
[76] Lege. Plin. 1. 5. c. 27.
[77] Theodoretus. in 1. Jonæ.
[78] Arias Mont. ibidem, p. in Alphabeto apparatus.
[79] Hieron. ad Marcellam.
[80] Ps. 44. Isai. 60. v. 6.
[81] 3. Reg. 22.
[82] 2. Paralip. 9. 3. Reg. 10.
CAPÍTULO XV
De la Profecía de Abdías que algunos declaran de estas Indias.
No falta quien diga y afirme, que está profetizado en las divinas letras tanto antes, que este nuevo orbe habia de ser convertido á Cristo, y esto por gente Española[83]. A este propósito declaran el remate de la profecía de Abdías, que dice así: Y la transmigracion de este ejército de los hijos de Israél, todas las cosas de los Cananéos hasta Sarepta; y la transmigracion de Jerusalén, que está en el Bósforo[84], poseerá las Ciudades del Austro; y subirán los salvadores al monte de Sion para juzgar el monte de Esaú; y será el Reino para el Señor. Esto es puesto de nuestra Vulgata así á la letra. Del Hebréo leen los Autores que digo, en esta manera: Y la transmigracion de este ejército de los hijos de Israél Cananéos hasta Sarfát (que es Francia), y la transmigracion de Jerusalén, que está en Sefarad (que es España) poseerá por heredad las ciudades del Austro; y subirán los que procuran la salvacion, al monte de Sion para juzgar el monte de Esaú; y será el Reino para el Señor. Mas porque Sefarad, que San Gerónimo interpreta el Bósforo ó estrecho, y los Setenta interpretan, Eufrata, signifique á España, algunos no alegan testimonio de los Antiguos, ni razon que persuada, mas de parecerles así. Otros alegan á la paráfrasis Caldayca, que lo siente así, y los Antiguos Rabinos que lo declaran de esta manera. Como á Sarfat, donde nuestra Vulgata y los Setenta tienen Sarepta, entienden por Francia. Y dejando esta disputa, que toca á pericia de lenguas, ¿qué obligacion hay para entender por las ciudades de Austro ó de Nageb (como ponen los Setenta) las gentes del nuevo Mundo? ¿qué obligacion tambien hay para entender la gente Española, por la transmigración de Jerusalén en Safarad? si no es que tomemos á Jerusalén espiritualmente, y por ella entendamos la Iglesia. De suerte, que el Espíritu Santo, por la transmigración de Jerusalén, que está en Safarad, nos signifique los hijos de la Santa Iglesia, que moran en los fines de la tierra ó en los puertos: porque eso denota en lengua Syriaca Sefarad, y viene bien con nuestra España, que segun los Antiguos es lo último de la tierra, y cuas toda ella está rodeada de mar. Por las ciudades del Austro ó del sur, puédense entender estas Indias, pues lo más de este Mundo nuevo está al medio dia, y aun gran parte de él mira el polo del sur. Lo que se sigue: y subirán los que procuran la salvacion, al monte de Sion para juzgar el monte de Esaú, no es trabajoso de declarar, diciendo que se acogen á la doctrina y fuerza de la Iglesia Santa los que pretenden deshacer los errores y profanidades de los Gentiles: porque eso denota, juzgar al monte de Esaú. Y síguese bien, que entonces será el Reino no para los de España ó para los de Europa, sino para Cristo nuestro Señor. Quien quisiere declarar en esta forma la profecía de Abdías, no debe ser reprobado, pues es cierto, que el Espíritu Santo supo todos los secretos tanto antes: y parece cosa muy razonable, que de un negocio tan grande, como es el descubrimiento y conversion á la Fé de Cristo, del nuevo Mundo, haya alguna mencion en las Sagradas Escrituras. Isaías dice[85]: ¡Ay de las alas de las naves que van de la otra parte de la Etiopia! Todo aquel capítulo, Autores muy doctos le declaran de las Indias, á quien me remito. El mismo Profeta en otra parte dice[86], que los que fueren salvos de Israél, irán muy lejos á Tharsis á Islas muy remotas, y que convertirán al Señor muchas y varias gentes, donde nombra á Grecia, Italia y Africa, y otras muchas naciones; y sin duda se puede bien aplicar á la conversion de estas gentes de Indias. Pues ya lo que el Salvador con tanto peso nos afirma, que se predicará el Evangelio en todo el mundo[87], y que entonces vendrá el fin, ciertamente declara que en cuanto dura el mundo hay todavia gentes, á quien Cristo no esté anunciado. Por tanto debemos colegir, que á los Antiguos les quedó gran parte por conocer, y que á nosotros hoy dia nos está encubierta no pequeña parte del mundo.
NOTAS:
[83] Guido Boderianus in Epist. ad Philippum catholicum Reg. in 5. tom. sac. Bibl. Zumarraga in Hispanica historia.
[84] Ludovicus Leon, Augustinianus, in Commentar, super Abiam.
[85] Isaías 18. v. 1. juxta 70. Interpret.
[86] Isaías 66. v. 19.
[87] Math. 24. v. 14.
CAPÍTULO XVI
De qué modo pudieron venir á Indias los primeros hombres, y que no navegaron de propósito á estas partes.
Ahora es tiempo de responder á los que dicen, que no hay Antípodas, y que no se puede habitar esta region en que vivimos. Gran espanto le puso á San Agustin la inmensidad del Océano, para pensar que el linaje humano hubiese pasado á este nuevo Mundo. Y pues por una parte sabemos de cierto, que ha muchos siglos que hay hombres en estas partes, y por otra no podemos negar lo que la divina Escritura claramente enseña[88], de haber procedido todos los hombres de un primer hombre, quedamos sin duda obligados á confesar, que pasaron acá los hombres de allá de Europa, ó de Asia, ó de Africa; pero el cómo, y porqué camino vinieron, todavía lo inquirimos, y deseamos saber. Cierto no es de pensar que hubo otra arca de Noé en que aportasen hombres á Indias: ni mucho menos que algun Angel trajese colgados por el cabello, como al Profeta Abacúch[89], á los primeros pobladores de este mundo. Porque no se trata, qué es lo que pudo hacer Dios, sino qué es conforme á razon, y al orden y estilo de las cosas humanas. Y así se deben en verdad tener por maravillosas, y propias de los secretos de Dios ambas cosas: una que haya podido pasar el género humano tan gran inmensidad de mares y tierras: otra que habiendo tan innumerables gentes acá, estuviesen ocultas á los nuestros tantos siglos. Porque pregunto yo, ¿con qué pensamiento, con qué industria, con qué fuerza pasó tan copioso mar el linaje de los Indios? ¿Quién pudo ser el inventor y movedor de pasage tan extraño? Verdaderamente he dado, y tomado conmigo y con otros en este punto por muchas veces, y jamás acabo de hallar cosa que me satisfaga. Pero en fin diré lo que se me ofrece: y pues me faltan testigos á quien seguir, dejareme ir por el hilo de la razon, aunque sea delgado, hasta que del todo se me desaparezca de los ojos. Cosa cierta es, que vinieron los primeros Indios por una de tres maneras á la tierra del Perú. Porque ó vinieron por mar, ó por tierra: y si por mar, ó acaso, ó por determinación suya: digo acaso, echados con alguna gran fuerza de tempestad, como acaece en tiempos contrarios y forzosos: digo por determinacion, que pretendiesen navegar é inquirir nuevas tierras. Fuera de estas tres maneras, no me ocurre otra posible, si hemos de hablar segun el curso de las cosas humanas, y no ponernos á fabricar ficciones poéticas y fabulosas: si no es que se le antoje á alguno buscar otra aguila, como la de Ganimedes, ó algun caballo con alas, como el de Perséo, para llevar los Indios por el aire: ó por ventura le agrada aprestar peces Sirenas y Nicolaos, para pasarlos por mar. Dejando, pues, pláticas de burlas, examinemos por sí cada uno de los tres modos que pusimos: quizá será de provecho y de gusto esta pesquisa. Primeramente parece que podriamos atajar razones con decir, que de la manera que venimos ahora á las Indias, guiándose los pilotos por la altura y conocimiento del Cielo, y con la industria de marear las velas conforme á los tiempos que corren, así vinieron, y descubrieron y poblaron los Antiguos pobladores de estas Indias. ¿Por qué no? ¿Por ventura, solo nuestro siglo y solos nuestros hombres han alcanzado este secreto de navegar el Océano? Vemos que en nuestros tiempos se navega el Océano para descubrir nuevas tierras, como pocos años há navegó Alvaro Mendaña y sus compañeros, saliendo del puerto de Lima la vuelta del poniente, en demanda de la tierra que responde, leste oeste, al Perú: y al cabo de tres meses hallaron las Islas que titularon de Salomon, que son muchas y grandes: y es opinion muy fundada, que caen junto á la nueva Guinea, ó por lo menos tienen tierra firme muy cerca: y hoy dia vemos, que por órden del Rey y de su Consejo, se trata de hacer nueva jornada para aquellas Islas. Y pues esto pasa así, ¿porqué no diremos que los Antiguos con pretension de descubrir la tierra que llaman Antictona opuesta á la suya, la cual habia de haber segun buena Filosofía, con tal deseo se animaron á hacer viaje por mar, y no parar hasta dar con las tierras que buscaban? Cierto ninguna repugnancia hay en pensar, que antiguamente acaeció lo que ahora acaece. Mayormente que la divina Escritura refiere[90], que de los de Tiro y Sidon recibió Salomon maestros y pilotos muy diestros en la mar, y que con estos se hizo aquella navegacion de tres años. ¿A qué propósito se encarece el arte de los marineros y su ciencia, y se cuenta navegacion tan prolija de tres años, si no fuera para dar á entender, que se navegaba el gran Océano, por la flota de Salomon? No son pocos los que lo sienten así, y aún les parece que tuvo poca razon San Agustin de espantarse y embarazarse con la inmensidad del mar Océano, pues pudo bien congeturar de la navegacion referida de Salomon, que no era tan difícil de navegarse. Mas diciendo verdad, yo estoy de muy diferente opinion, y no me puedo persuadir, que hayan venido los primeros Indios á este nuevo Mundo por navegacion ordenada y hecha de propósito, ni aun quiero conceder que los Antiguos hayan alcanzado la destreza de navegar, con que hoy dia los hombres pasan el mar Océano, de cualquiera parte á cualquiera otra que se les antoja, lo cual hacen con increíble presteza y certeza, pues de cosa tan grande y tan notable no hallo rastros en toda la antigüedad. El uso de la piedra imán, y del aguja de marear, ni la hallo yo en los Antiguos, ni aun creo que tuvieron noticia de él: y quitado el conocimiento del aguja de marear, bien se ve que es imposible pasar el Océano. Los que algo entienden de mar, entienden bien lo que digo. Porque así es pensar, que el marinero puesto en medio del mar sepa enderezar su proa á donde quiere, si le falta la aguja de marear, como pensar, qne el que está sin ojos muestre con el dedo lo que está cerca, y lo que está lejos acullá en un cerro. Es cosa de admiracion, que una tan excelente propiedad de la piedra imán la hayan ignorado tanto tiempo los Antiguos, y se haya descubierto por los modernos. Haberla ignorado los Antiguos, claramente se entiende de Plinio[91], que con ser tan curioso Historiador de las cosas naturales, contando tantas maravillas de la piedra imán, jamás apunta palabra de esta virtud y eficacia, que es la mas admirable, que tiene de hacer mirar al norte el hierro que toca. Como tampoco Aristóteles habló de ello, ni Teofrasto, ni Dioscórides, ni Lucrecio[92], ni Historiador, ni Filósofo natural, que yo haya visto, aunque tratan de la piedra imán. Tampoco San Agustin toca en esto, escribiendo por otra parte muchas y maravillosas excelencias de la piedra imán, en los libros de la Ciudad de Dios[93]. Y es cierto, que cuantas maravillas se cuentan de esta piedra, todas quedan muy cortas respecto de esta tan extraña de mirar siempre al norte, que es un gran milagro de naturaleza. Hay otro argumento tambien, y es, que tratando Plinio[94] de los primeros inventores de navegacion, y refiriendo allí de los demás instrumentos y aparejos no habla palabra del aguja de marear, ni de la piedra imán: solo dice, que el arte de notar las estrellas en la navegacion salió de los de Fenicia. No hay duda sino que los Antiguos lo que alcanzaron del arte de navegar, era todo mirando las estrellas, y notando las playas, y cabos, y diferencias de tierras. Si se hallaban en alta mar, tan entrados que por todas partes perdiesen la tierra de vista, no sabian enderezar la proa por otro regimiento, sino por las estrellas, y Sol, y Luna. Cuando esto faltaba, como en tiempo nublado acaece, regianse por la cualidad del viento, y por conjeturas del camino que habian hecho. Finalmente, iban por su tino, como en estas Indias tambien los Indios navegan grandes caminos de mar, guiados de sola su industria y tino. Hace mucho á este propósito lo que escribe Plinio[95] de los Isleños de la Taprobana, que ahora se llama Sumatra, cerca del arte é industria con que navegaban, escribiendo en esta manera: Los de Taprobana no ven el norte, y para navegar suplen esta falta llevando consigo ciertos pájaros, los cuales sueltan á menudo, y como los pájaros por natural instinto vuelan hácia la tierra, los marineros enderezan su proa tras ellos. ¿Quién duda, si estos tuvieran noticia del aguja de marear, que no tomaran por guias á los pájaros, para ir en demanda de la tierra? En conclusion, basta por razon, para entender que los Antiguos no alcanzaron este secreto de la piedra imán, ver que para cosa tan notable, como es el aguja de marear, no se halla vocablo latino, ni griego, ni hebráico. Tuviera sin falta algun nombre en estas lenguas cosa tan importante, si la conocieran. De donde se verá la causa, porqué ahora los pilotos para encomendar la via al que lleva el timon, se sientan en lo alto de la popa, que es por mirar de allí el aguja, y antiguamente se sentaban en la proa, por mirar las diferencias de tierras y mares, y de allí mandaban la via, como lo hacen tambien ahora muchas veces al entrar ó salir de los puertos. Y por eso los Griegos llamaban á los pilotos Proritas, porque iban en la proa.
NOTAS:
[88] Act. 17. v. 26.
[89] Dan. 14. v. 35.
[90] 2. Part. 9. 3. Reg. 10.
[91] Plin. l. 36. c. 16. pc lib. 34. cap. 14. pc lib. 37. c. 4.
[92] Dioscor. lib. 5. c. 105. Lucretius lib. 6.
[93] August. l. 21. de Civit. c. 4. ubi multa de magnete.
[94] Plin. lib. 7. cap. 56.
[95] Plin. lib. 6. cap. 22.
CAPÍTULO XVII
De la propiedad y virtud admirable de la piedra imán para navegar; y que los Antiguos no la conocieron.
De lo dicho se entiende, que á la piedra imán se debe la navegacion de las Indias, tan cierta y tan breve, que el dia de hoy vemos muchos hombres, que han hecho viaje de Lisboa á Goa, y de Sevilla á Méjico y á Panamá; y en estotro mar del sur hasta la China y hasta el Estrecho de Magallanes: y esto con tanta facilidad como se va el Labrador de su aldea á la villa. Ya hemos visto hombres que han hecho quince viajes, y aun diez y ocho á las Indias: de otros hemos oido, que pasan de veinte veces las que han ido y vuelto, pasando ese mar Océano, en el cual cierto no hallan rastro de los que han caminado por él, ni encuentran caminantes á quien preguntar el camino. Porque, como dice el Sabio[96]: la nave corta el agua y sus ondas, sin dejar rastro por donde pasar, ni hacer senda en las ondas. Mas con la fuerza de la piedra imán se abre camino descubierto por todo el grande Océano, por haberle el altísimo Criador comunicado tal virtud, que de solo tocarla el hierro, queda con la mira y movimiento al norte, sin desfallecer en parte alguna del mundo. Disputen otros é inquieran la causa de esta maravilla, y afirmen cuanto quisieren no sé qué simpatia; á mí mas gusto me da, mirando estas grandezas, alabar aquel poder y providencia del sumo Hacedor, y gozarme de considerar sus obras maravillosas. Aquí cierto viene bien decir con Salomon á Dios[97]: ¡Ó padre cuya providencia gobierna á un palo, dando en él muy cierto camino por el mar, y senda muy segura entre las fieras ondas, mostrando juntamente que pudieras librar de todo, aunque fuese yendo sin nave por la mar! Pero porque tus obras no carezcan de sabiduría, por esto confian los hombres sus vidas de un pequeño madero, y atravesando el mar se han escapado en un barco. Tambien aquello del Salmista[98] viene aquí bien: Los que bajan á la mar en naves haciendo sus funciones en las muchas aguas, esos son los que han visto las obras del Señor, y sus maravillas en el profundo. Que cierto no es de las menores maravillas de Dios, que la fuerza de una pedrezuela tan pequeña mande en la mar, y obligue al abismo inmenso á obedecer, y estar á su orden. Esto, porque cada dia acontece, y es cosa tan facil, ni se maravillan los hombres de ello, ni aun se les acuerda de pensarlo: y por ser la franqueza tanta, por eso los inconsiderados la tienen en menos: Mas á los que bien lo miran oblígales la razon á bendecir la sabiduría de Dios, y darle gracias por tan grande beneficio y merced. Siendo determinacion del Cielo, que se descubriesen las naciones de Indias, que tanto tiempo estuvieron encubiertas, habiéndose de frecuentar esta carrera, para que tantas almas viniesen en conocimiento de Jesu-Cristo, y alcanzasen su eterna salud, proveyóse tambien del Cielo de guia segura para los que andan este camino, y fué la guia el aguja de marear, y la virtud de la piedra imán. Desde qué tiempo haya sido descubierto y usado este artificio de navegar, no se puede saber con certidumbre. El no haber sido cosa muy antigua, téngolo para mí por llano porque demás de las razones que en el capítulo pasado se tocaron, yo no he leído en los Antiguos que tratan de relojes[99] mencion alguna de la piedra imán, siendo verdad que en los relojes de Sol portátiles que uss, es el mas ordinario instrumento el aguja tocada á la piedra imán. Autores nobles escriben en la historia de la India oriental[100] que el primero que por mar la descubrió, que fué Vasco de Gama, encontró en el parage Mozambique con ciertos marineros Moros, que usaban el aguja de marear, y mediante ella navegaron aquellos mares. Mas de quién aprendieron aquel artificio, no lo escriben: antes algunos de estos Escritores afirman lo que sentimos, de haber ignorado los Antiguos este secreto. Pero diré otra maravilla aun mayor de la aguja de marear, que se pudiera tener por increíble, si no se hubiera visto, y con clara experiencia tan frecuentemente manifestado. El hierro tocado y refregado con la parte de la piedra imán, que en su nacimiento mira al sur, cobra virtud de mirar al contrario, que es el norte, siempre, y en todas partes; pero no en todas le mira por igual derecho. Hay ciertos puntos y climas, donde puntualmente mira al norte, y se fija en él; en pasando de allí ladea un poco ó al oriente ó al poniente, y tanto mas cuanto se va mas apartando de aquel clima. Esto es lo que los marineros llaman nordestear y norvestear. El nordestear es ladearse inclinando á levante: Norvestear inclinando á poniente. Esta declinacion ó ladear del aguja importa tanto saberla, que aunque es pequeña, si no se advierte, errarán la navegacion, é iran á parar á diferente lugar del que pretenden. Decíame á mí un piloto muy diestro, Portugués, que eran cuatro puntos en todo el orbe, donde se fijaba la aguja con el norte, y contábalas por sus nombres, de que no me acuerdo bien. Uno de estos es el parage de la Isla del Cuervo, en las Terceras ó Islas de Azores, como es cosa ya muy sabida. Pasando de allí á mas altura, norvestea, que es decir, que declina al poniente. Pasando al contrario á menos altura hácia la equinoccial norvestea, que es inclinar al oriente. Qué tanto y hasta donde, diránlo los maestros de esta arte. Lo que yo diré es, que de buena gana preguntaría á los Bachilleres que presumen de saberlo todo, que sea, que me digan la causa de este efecto. Porque un poco de hierro de fregarse con la piedra imán, concibe tanta virtud de mirar siempre al norte, y esto con tanta destreza, que sabe los climas y posturas diversas del mundo, donde se ha de fijar, donde inclinar á un lado, donde á otro, que no hay Filósofo, ni Cosmógrafo, que así lo sepa. Y si de estas cosas, que cada dia traemos al ojo, no podemos hallar la razon, y sin duda se nos hicieran duras de creer si no las viéramos tan palpablemente, ¿quién no verá la necedad y disparate que es querernos hacer jueces, y sujetar á nuestra razon las cosas divinas y soberanas? Mejor es, como dice Gregorio Teólogo, que á la Fé se sujete la razon, pues aun en su casa no sabe bien entenderse. Baste esta digresión, y volvamos á nuestro cuento, concluyendo que el uso de la aguja de mar no le alcanzaron los Antiguos: de donde se infiere, que fué imposible hacer viaje del otro mundo á éste por el Océano, llevando intento y determinacion de pasar acá.
NOTAS:
[96] Sap. 5. v. 10.
[97] Sap. 14. vv. 3. 4. 5.
[98] Ps. 106. vv. 23. 24.
[99] Lib. 1. de Italiæ illust. Reg. 13. Plin. lib. 2. c. 72. p. 76. lib. 7. cap. último.
[100] Osorius de reb. gest. Emmanuelis lib. 1.
CAPÍTULO XVIII
En que se responde á los que sienten haberse navegado antiguamente el Océano, como ahora.
Lo que se alega en contrario de lo dicho, que la flota de Salomon navegaba en tres años, no convence, pues no afirman las sagradas letras, que se gastaban tres años en aquel viaje, sino que en cada tres años una vez se hacía viaje. Y aunque demos que duraba tres años la navegacion, pudo ser, y es mas conforme á razon, que navegando á la India oriental, se detuviese la flota por la diversidad de puertos y regiones que iba reconociendo y tomando, como ahora todo el mar del Sur se navega cuasi desde Chile hasta nueva España; el cual modo de navegar, aunque tiene mas certidumbre por ir siempre á vista de tierra, es empero muy prolijo por el rodeo que de fuerza ha de hacer por las costas, y mucha dilacion en diversos puertos. Cierto, yo no hallo en los Antiguos, que se hayan arrojado á lo muy adentro del mar Océano, ni pienso que lo que navegaron de él, fué de otra suerte, que lo que el dia de hoy se navega del Mediterráneo. Por donde se mueven hombres doctos á creer, que antiguamente no navegaban sin remos, como quien siempre iba costeando la tierra. Y aun parece lo da así á entender la divina Escritura, cuando refiere aqua famosa navegacion del Profeta Jonás, donde dice[101], que los marineros, forzados del tiempo, remaron á tierra.
NOTAS:
[101] Jon. 1.
CAPÍTULO XIX
Que se puede pensar, que los primeros pobladores de Indias aportaron á ellas echados de tormenta, y contra su voluntad.
Habiendo mostrado que no lleva camino pensar, que los primeros moradores de Indias hayan venido á ellas con navegacion hecha para ese fin, bien se sigue, que si vinieron por mar haya sido acaso, y por fuerza de tormentas el haber llegado á Indias. Lo cual, por inmenso que sea el mar Océano, no es cosa increíble. Porque, pues, así sucedió en el descubrimiento de nuestros tiempos, cuando aquel marinero (cuyo nombre aun no sabemos, para que negocio tan grande no se atribuya á otro Autor, sino á Dios), habiendo por un terrible é importuno temporal raconocido el nuevo Mundo, dejó por paga del buen hospedage á Cristoval Colón la noticia de cosa tan grande; así pudo ser, que algunas gentes de Europa, ó de África antiguamente hayan sido arrebatadas de la fuerza de el viento, y arrojadas á tierras no conocidas, pasado el mar Océano. ¿Quién no sabe, que muchas, ó las mas de las regiones que se han descubierto en este nuevo Mundo, ha sido por esta forma? ¿qué se debe mas á la violencia de temporales su descubrimiento, que á la buena industria de los que las descubrieron? Y porque no se piense que solo en nuestros tiempos han sucedido semejantes viajes hechos por la grandeza de nuestras naves, y por el esfuerzo de nuestros hombres, podrá desengagarse facilmente en esta parte, quien leyere lo que Plinio refiere[102] haber sucedido á muchos Antiguos. Escribe, pues, de esta manera: Teniendo el cargo Gayo Cesar, hijo de Augusto, en el mar de Arabia, cuentan haber visto y conocido señas de naves Españolas, que habían padecido naufragio; y dice mas después: Nepóte refiere del rodeo Septentrional, que se trajeron á Quinto Metelo Celere, compañero en el Consulado de Gayo Afranio (siendo el dicho Metelo Proconsul en la Galia) unos Indios presentados por el Rey de Suevia: los cuales Indios navegando desde la India para sus contrataciones, por la fuerza de los temporales fueron echados en Germania. Por cierto, si Plinio dice verdad, no navegan hoy dia los Portugueses mas de lo que en aquellos dos naufragios se navegó, el uno desde España hasta el mar Bermejo, y el otro desde la India oriental hasAlemania. En otro libro escribe el propio Autor[103], que un criado de Annio Plocanio, el cual tenia arrendados los derechos de el mar Bermejo, navegando la vuelta de la Arabia, sobreviniendo nortes furiosos, en quince dias vino pasada la Carmania, á tomar á Hippuros, Puerto de la Taprobana, que hoy dia llaman Sumatra. Tambien cuentan, que una nave de Cartaginenses de el mar de Mauritania fué arrebatada de brisas hasta ponerse á vista del nuevo orbe. No es cosa nueva para los que tienen alguna experiencia de mar, el correr á veces temporales forzosos, y muy porfiados, sin aflojar un momento de su furia. A mí me acaeció pasando á Indias, verme en la primera tierra poblada de Españoles, en quince dias despues de salidos de las Canarias, y sin duda fuera mas breve el viage, si se dieran velas á la brisa fresca, que corria. Asi que me parece cosa muy verosímil, que hayan en tiempos pasados venido á Indias hombres vencidos de la furia de el viento, sin tener ellos tal pensamiento. Hay en el Perú gran relacion de unos Gigantes, que vinieron en aquellas partes, cuyos huesos se hallan hoy dia, de disforme grandeza cerca de Manta, y de Puerto viejo, y en proporcion habian de ser aquellos hombres mas que tres tanto mayores, que los Indios de ahora. Dicen que aquellos Gigantes vinieron por mar, y que hicieron guerra á los de la tierra, y que edificaron edificios soberbios, y muestran hoy un pozo hecho de piedras de gran valor. Dicen más, que aquellos hombres haciendo pecados enormes, y especial usando contra natura, fueron abrasados y consumidos con fuego que vino del Cielo. Tambien cuentan los Indios de Ica, y los de Arica, que solian antiguamente navegar á unas Islas al poniente, muy lejos, y la navegacion era en unos cueros de lobo marino hinchados. De manera, que no faltan indicios de que se haya navegado la mar del sur, antes que viniesen Españoles por ella. Así que podríamos pensar, que se comenzó á habitar el nuevo orbe de hombres, á quien la contrariedad del tiempo, y la fuerza de nortes echó allá, como al fin vino á descubrirse en nuestros tiempos. Es así, y mucho para considerar, que las cosas de gran importancia de naturaleza por la mayor parte se han hallado acaso, y sin pretenderse, y no por la habilidad y diligencia humana. Las mas de las yerbas saludables, las mas de las piedras, las plantas, los metales, las perlas, el oro, el imán, el ambar, el diamante, y las demás cosas semejantes: Y así sus propiedades y provechos, cierto mas se han venido á saber por casuales acontecimientos, que no por arte é industria de hombres, para que se vea, que el loor y gloria de tales maravillas se debe á la providencia del Criador, y no al ingenio de los hombres. Porque lo que á nuestro parecer sucede acaso, eso mismo lo ordena Dios muy sobrepensado.
NOTAS:
[102] Plin. 2 lib. cap. 69.
[103] Plin. lib. 6. cap. 22.
CAPÍTULO XX
Que con todo eso es mas conforme á buena razon pensar que vinieron por tierra los primeros pobladores de Indias.
Concluyo, pues, con decir, que es bien probable de pensar, que los primeros aportaron á Indias por naufragio y tempestad de mar. Mas ofrécese aquí una dificultad, que me da mucho en qué entender, y es, que ya que demos, que hayan venido hombres por mar á tierras tan remotas, y que de ellos se han multiplicado las naciones que vemos; pero de bestias y animales, que cria el nuevo orbe, muchas y grandes, no sé cómo nos demos maña á embarcarlas, y llevarlas por mar á las Indias. La razon porque nos hallamos forzados á decir, que los hombres de las Indias fueron de Europa ó de Asia, es, por no contradecir á la sagrada Escritura, que claramente enseña, que todos los hombres descienden de Adán, y así no podemos dar otro origen á los hombres de Indias. Pues la misma divina Escritura tambien nos dice[104], que todar las bestias y animales de la tierra perecieron, sino las que se reservaron para propagacion de su género, en el arca de Noé. Asi tambien es fuerza reducir la propagacion de todos los animales dichos á los que salieron del arca en los montes de Ararát, donde ella hizo pie: de manera, que como para los hombres, así tambien para las bestias, nos es necesidad buscar camino, por donde hayan pasado del viejo mundo al nuevo. San Agustin tratando esta cuestion[105]: cómo se hallan en algunas Islas lobos, y tigres y otras fieras, que no son de provecho para los hombres, porque de los elefantes, caballos, bueyes, perros y otros animales, de que se sirven los hombres, no tiene embarazo pensar, que por industria de hombres se llevaron por mar con naves, como los vemos hoy dia, que se llevan desde Oriente á Europa, y desde Europa al Perú con navegacion tan larga; pero de los animales, que para nada son de provecho, y antes son de mucho daño, como son lobos, en que forma hayan pasado á las Islas, si es verdad, como lo es, que el diluvio bañó toda la tierra, tratándolo el sobredicho santo y doctísimo varon, procura librarse de estas angustias, con decir, que tales bestias pasaron á nado á las Islas, ó alguno por codicia de cazar las llevó, ó fue ordenacion de Dios, que se produjesen de la tierra, al modo que en la primera creacion dijo Dios[106]: Produzca la tierra ánima viviente en su género, jumentos y animales rateros, y fieras del campo, segun sus especies. Mas cierto que si queremos aplicar esta solucion á nuestro propósito, mas enmarañado se nos queda el negocio. Porque comenzando de lo postrero, no es conforme al órden de naturaleza, ni conforme al orden del gobierno que Dios tiene puesto, que animales perfectos como leones, tigres y lobos se engendren de la tierra sin generacion. De ese modo se producen ranas, y ratones, y abispas, y otros animalejos imperfectos. Mas ¿á qué propósito la Escritura tan por menudo dice[107]: Tomarás de todos los animales, y de las aves del Cielo siete y siete, machos y hembras, para que se salve su generacion sobre la tierra, si habia de tener el mundo tales animales despues del diluvio por nuevo modo de produccion sin junta de macho y hembra? y aún queda luego otra cuestion: ¿por qué naciendo de la tierra, conforme á esta opinion, tales animales, no los tienen todas las tierras é Islas, pues ya no se mira el órden natural de multiplicarse, sino sola la liberalidad del Criador? Que hayan pasado algunos animales de aquellos por pretension de tener caza, que era otra respuesta, no lo tengo por cosa increíble, pues vemos mil veces que para sola grandeza suelen Príncipes y Señores tener en sus jaulas leones, osos y otras fieras, mayormente cuando se han traído de tierras muy lejos. Pero esto creerlo de lobos y de zorras, y de otros tales animales bajos y sin provecho, que no tienen cosa notable, sino solo hacer mal á los ganados, y decir que para caza se trajeron por mar, por cierto es cosa muy sin razon. ¿Quién se podrá persuadir, que con navegacion tan infinita, hubo hombres, que pusieron diligencia en llevar al Perú zorras, mayormente las que llaman añas, que es un linage el mas sucio y hediondo de cuantos he visto? ¿Quién dirá, que trajeron leones y tigres? Harto es y aun demasiado, que pudiesen escapar los hombres con las vidas en tan prolijo viage, viniendo con tormenta, como hemos dicho, cuando mas trazar de llevar zorras y lobos, y mantenerlos por mar. Cierto es cosa de burla aun imaginarlo. Pues si vinieron por mar estos animales, solo resta, que hayan pasado á nado. Esto es ser cosa posible y hacedera, cuanto á algunas Islas que distan poco de otras, ó de la tierra firme, no se puede negar la experiencia cierta, con que vemos, que por alguna grave necesidad á veces nadan estos animales dias y noches enteras, y al cabo escapan nadando; pero esto se entiende en golfillos pequeños. Porque nuestro Océano haría burla de semejantes nadadores, pues aun á las aves de gran vuelo les faltan las alas para pasar tan gran abismo. Bien se hallan pájaros, que vuelen más de cien leguas, como los hemos visto navegando diversas veces; pero pasar todo el mar Océano volando es imposible, ó á lo menos muy difícil. Siendo así todo lo dicho, ¿por dónde abriremos camino para pasar fieras y pájaros á las Indias? ¿de qué manera pudieron ir del un mundo al otro? Este discurso que he dicho, es para mí una gran congetura para pensar que el nuevo orbe, que llamamos Indias, no está del todo diviso y apartado del otro orbe. Y por decir mi opinion, tengo para mí dias ha, que la una tierra y la otra en alguna parte se juntan, y continúan, ó á lo menos se avecinan y allegan mucho. Hasta ahora á lo menos no hay certidumbre de lo contrario. Porque al polo Artico, que llaman norte, no está descubierta y sabida toda la longitud de la tierra; y no faltan muchos que afirmen, que sobre la Florida corre la tierra larguísimamente al Septentrion, la cual dicen que llega hasta el mar Scítico, ó hasta el Germánico. Otros añaden, que ha habido nave, que navegando por allí, relató haber visto los bacallaos correr hasta los fines cuasi de Europa. Pues ya sobre el cabo Mendocino en la mar del sur, tampoco se sabe hasta dónde corre la tierra, mas de que todos dicen que es cosa inmensa lo que corre. Volviendo al otro polo del sur, no hay hombre que sepa dónde para la tierra, que está de la otra banda del Estrecho de Magallanes. Una nave del Obispo de Plasencia, que subió del Estrecho, refirió, que siempre habia visto tierra, y lo mismo contaba Hernando Lamero, piloto, que por tormenta pasó dos ó tres grados arriba del Estrecho. Así que ni hay razon en contrario, ni experiencia que deshaga mi imaginacion, ú opinion, de que toda la tierra se junta, y continúa en alguna parte, á lo menos se allega mucho. Si esto es verdad, como en efecto me lo parece, fácil respuesta tiene la duda tan difícil, que habíamos propuesto: cómo pasaron á las Indias los primeros pobladores de ellas, porque se ha de decir, que pasaron, no tanto navegando por mar, como caminando por tierra; y ese camino lo hicieron muy sin pensar, mudando sitios y tierras poco á poco; y unos poblando las ya halladas, otros buscando otras de nuevo, vinieron por discurso de tiempo á henchir las tierras de Indias de tantas naciones, y gentes, y lenguas.
NOTAS:
[104] Genes. 7. vv. 21. 22. 23.
[105] Augus. lib. 16 de Civit. cap. 7.
[106] Genes. 1. v. 24.
[107] Genes. 7. vv. 2. 3.
CAPÍTULO XXI
En qué manera pasaron bestias y ganados á las tierras de Indias.
Ayudan grandemente al parecer ya dicho los indicios que se ofrecen á los que con curiosidad examinan el modo de habitacion de los Indios. Porque donde quiera que se halla Isla muy apartada de tierra firme, y tambien de otras Islas, como es la Bermuda, hállase ser falta de hombres del todo. La razon es porque no navegaban los Antiguos, sino á playas cercanas, y cuasi siempre á vista de tierra. Á esto se alega, que en ninguna tierra de Indias se han hallado navíos grandes, cuales se requieren para pasar golfos grandes. Lo que se halla son balsas, ó piraguas, ó canoas, que todas ellas son menos que chalupas; y de tales embarcaciones solas usaban los Indios, con las cuales no podian engolfarse sin manifiesto y cierto peligro de perecer; y cuando tuvieran navíos bastantes para engolfarse, no sabian de aguja, ni de astrolabio, ni de cuadrante. Si estuvieran diez y ocho dias sin ver tierra, era imposible no perderse, sin saber de sí. Vemos Islas pobladísimas de Indios, y sus navegaciones muy usadas; pero eran las que digo, que podian hacer Indios en canoa ó piraguas, y sin aguja de marear. Cuando los Indios que moraban en Tumbez vieron la primera vez nuestros Españoles que navegaban al Perú, y miraron la grandeza de las velas tendidas y los bajeles tambien grandes, quedaron atónitos: y como nunca pudieron pensar que eran navios, por no haberlos visto jamás de aquella forma y tamaño, dicen que se dieron á entender que debian de ser rocas y peñascos sobre la mar; y como veian que andaban, y no se hundian, estuvieron como fuera de sí de espanto gran rato, hasta que mirando más vieron unos hombres barbudos que andaban por los navíos, los cuales creyeron que debian ser algunos Dioses, ó gente de allá del Cielo. Donde se ve bien, cuan agena cosa era para los Indios usar naves grandes, ni tener noticia de ellas. Hay otra cosa, que en gran manera persuade á la opinion dicha, y es, que aquellos animales que dijimos no ser creíble haberlos embarcado hombres para las Indias, se hallan en lo que es tierra firme, y no se hallan en las Islas, que disten de la tierra firme cuatro jornadas. Yo he hecho diligencia en averiguar esto, pareciéndome que era negocio de gran momento para determinarme en la opinion que he dicho, de que la tierra de Indias, y la de Europa, y Asia y Africa tienen continuacion entre sí, ó á lo menos se llegan mucho en alguna parte. Hay en la América y Perú muchas fieras, como son leones, aunque estos no igualan en grandeza y braveza, y en el mismo color rojo á los famosos leones de Africa; hay tigres muchos, y muy crueles, aunque lo son mas comunmente con Indios, que con Españoles; hay osos, aunque no tantos; hay javalíes; hay zorras innumerables. De todos estos géneros de animales, si quisiéremos buscarlos en la Isla de Cuba, ó en la Española, ó en Jamáíca, ó en la Margarita, ó en la Dominica, no se hallará ninguno. Con esto viene, que las dichas Islas con ser tan grandes y tan fértiles, no tenian antiguamente, cuando á ellas aportaron Españoles, de esotros animales tampoco, que son de provecho; y ahora tienen innumerables manadas de caballos, de bueyes, y vacas, de perros, de puercos; y es en tanto grado, que los ganados de vacas no tienen ya dueños ciertos, por haber tanto multiplicado, que son del primero que las desjarreta en el monte ó campo: lo cual hacen los moradores de aquellas Islas para aprovecharse de los cueros para su mercancía de corambre, dejando la carne por allí, sin comerla. Los perros han en tanto exceso multiplicado, que andan manadas de ellos; y hechos bravos hacen tanto mal al ganado, como si fueran lobos, que es un grave daño de aquellas Islas. No solo carecen de fieras, sino tambien de aves y pájaros en gran parte. Papagayos hay muchos, los cuales tienen gran vuelo, y andan á bandas juntos; tambien tienen otros pájaros, pero pocos, como he dicho. De perdices, no me acuerdo haber visto, ni sabido que las tengan, como las hay en el Perú, y mucho menos los que en el Perú llaman guanacos, y vicuñas, que son como cabras monteses ligerísimas, en cuyos buches se hallan las piedras bezaares, que precian algunos, y son á veces mayores que un huevo de gallina tanto y medio. Tampoco tienen otro género de ganado, que nosotros llamamos ovejas de las Indias, las cuales, demás de la lana y carne, con que visten y mantienen los Indios, sirven tambien de recua y jumentos para llevar cargas; llevan la mitad de la carga de una mula, y son de poco gasto á sus dueños, porque ni han menester herraduras, ni albardas, ni otros aparejos, ni cebada para su comer; todo esto les dió naturaleza sin costa, queriendo favorecer á la pobre gente de los Indios. De todos estos géneros de animales, y de otros muchos, que se dirán en su lugar, abunda la tierra firme de Indias; las Islas de todos carecen, si no son los que han embarcado Españoles. Verdad es, que en algunas Islas vió tigres un hermano nuestro, segun él refería, andando en una peregrinacion y naufragio trabajosísimo; mas preguntando qué tanto estarian de tierra firme aquellas Islas, dijo, que obra de seis ú ocho leguas á lo más, el cual espacio de mar, no hay duda, sino que pueden pasarle á nado los tígres. De estos indicios, y de otros semejantes se puede colegir, que hayan pasado los Indios á poblar aquella tierra, mas por camino de tierra, que de mar; ó si hubo navegacion, que fué no grande, ni dificultosa, porque en efecto debe de continuarse el un orbe con el otro ó á lo menos estar en alguna parte muy cercanos, entre sí.
CAPÍTULO XXII
Que no pasó el linage de Indios por la Isla Atlántida, como algunos imaginan.
No faltan algunos[108], que siguiendo el parecer de Platón, que arriba referimos, dicen, que fueron esas gentes de Europa, ó de Africa á aquella famosa Isla, y tan cantada Atlántida, y de ella pasaron á otras y otras Islas, hasta llegar á la tierra firme de Indias. Porque de todo esto hace mencion el Cricias de Platón en su Timéo. Porque si era la Isla Atlántida tan grande como toda la Asia y Africa juntas, y aun mayor, como siente Platón, forzoso habia de tomar todo el Océano Atlántico, y llegar cuasi á las Islas del nuevo orbe. Y dice mas Platón: que con un terrible diluvio se anegó aquella su Isla Atlántida, y por eso dejó aquel mar imposibilitado de navegarse, por los muchos vajíos de peñas, y arrecifes, y de mucha lama, y que así lo estaba en su tiempo; pero que despues con el tiempo hicieron asiento las ruinas de aquella Isla anegada, y en fin, dieron lugar á navegarse. Esto tratan y disputan hombres de buenos ingenios muy de veras, y son cosas tan de burla considerandose un poco, que mas parecen cuentos, ó fábulas de Ovidio, que Historia, ó Filosofía digna de cuenta. Los mas de los intérpretes y expositores de Platón afirman, que es verdadera historia todo aquello que allí Cricias cuenta de tanta extrañeza del origen de la Isla Atlántida, y de su grandeza, y de su prosperidad, y de las guerras que los de Europa y los de Atlántida entre sí tuvieron, con todo lo demás. Muevense á tenerlo por verdadera historia, por las palabras de Cricias que pone Platón, en que dice en su Timéo, que la plática que quiere tratar es de cosas extrañas, pero del todo verdaderas. Otros discípulos de Platón, considerando que todo aquel cuento tiene más arte de fábula, que de historia, dicen, que todo aquello se ha de entender por alegoría, que así lo pretendió su divino Filósofo. De estos es Proclo, y Porfirio, y aun Orígenes: son estos tan dados á Platón, que así tratan sus escritos, como si fuesen libros de Moisés, ó de Esdras; y así donde las palabras de Platón no vienen con la verdad, luego dan en que se ha de entender aquello en sentido místico y alegórico y que no puede ser menos. Yo, por decir verdad, no tengo tanta reverencia á Platón, por más que le llamen divino, ni aun se me hace muy difícil de creer, que pudo contar todo aquel cuento de la Isla Atlántida por verdadera historia, y pudo ser con todo eso muy fina fábula, mayormente que refiere él haber aprendido aquella relacion de Cricia, que cuando muchacho, entre otros cantares y romances, cantaba aquel de la Atlántida. Sea como quisieren, haya escrito Platón por historia, ó haya escrito por alegoría, lo que para mí es llano, es, que todo cuanto trata de aquella Isla, comenzando en el diálogo Timéo, y prosiguiendo en el diálogo Cricia, no se puede contar en veras, sino es á muchachos y viejas. ¿Quién no tendrá por fábula decir, que Neptuno se enamoró de Clito, y tuvo de ella cinco veces gemelos de un vientre? ¿y que de un collado sacó tres redondos de mar, y dos de tierra, tan parejos que parecian sacados por torno? ¿Pues qué diremos de aquel Templo de mil pasos en largo, y quinientos en ancho, cuyas paredes por defuera estaban todascubiertas de plata, y todos los altos de oro, y por de dentro era todo de bóveda de marfil labrado, y entretejido de oro, y plata, y azofar? Y al cabo el donoso remate de todo, con que concluye en el Timéo diciendo: En un dia y una noche, viniendo un grande diluvio, todos nuestros soldados se los tragó la tierra á montones; y la Isla Atlántida de la misma manera anegada en la mar desapareció. Por cierto ella lo acertó mucho en desaparecerse toda tan presto, porque siendo Isla mayor que toda la Asia y Africa juntas, hecha por arte de encantamento, fue bien que así se desapareciese. Y es muy bueno que diga, que las ruinas y señales de esta tan grande Isla se echan de ver debajo de el mar, y los que lo han de echar de ver, que son los que navegan, no pueden navegar por allí. Pues añade donosamente: Por eso hasta el dia de hoy ni se navega, ni puede aquel mar, porque la mucha lama que la Isla despues de anegada poco á poco crió, lo impide. Preguntára yo de buena gana, ¿qué piélago pudo bastar á tragarse tanta infinidad de tierra, que era mas que toda la Asia y Africa juntas, y que llegaba hasta las Indias? ¿Y tragarsela tan del todo, que ni aun rastro no haya quedado? Pues es notorio, que en aquel mar donde dicen habia la dicha Isla, no hallan fondo hoy dia los marineros, por mas brazas de sonda que den. Mas es inconsideracion querer disputar de cosas, que, ó se contaron por pasatiempo, ó ya que se tenga la cuenta que es razon con la gravedad de Platón, puramente se dijeron para significar, como en pintura, la prosperidad de una ciudad, y su perdicion tras ella. El argumento que hacen para probar que realmente hubo Isla Atlántida, de que aquel mar hoy dia se nombra el mar Atlántico, es de poca importancia, pues sabemos que en la última Mauritania está el monte Atlante, del cual siente Plinio[109] que se le puso al mar el nombre de Atlántico. Y sin esto el mismo Plinio refiere, que frontero del dicho monte está una Isla llamada Atlántida, la cual dice ser muy pequeña y muy ruin.
NOTAS:
[108] Sap. cap. 12.
[109] Plin. l. 6. c. 5. p. lib. 6. cap. 31.
CAPÍTULO XXIII
Que es falsa la opinion de muchos, que afirman venir los Indios de el linage de los Judíos.
Ya que por la Isla Atlántida no se abre camino para pasar los Indios al nuevo Mundo, paréceles á otros, que debió de ser el camino el que escribe Esdras[110] en el cuarto libro, donde dice así: Y porque le viste que recogía á sí otra muchedumbre pacífica, sabrás, que estos son los diez Tribus que fueron llevados en cautiverio en tiempo del Rey Osee, al cual llevó cautivo Salmanasár, Rey de los Asirios, y á estos los pasó á la otra parte del rio, y fueron trasladados á otra tierra. Ellos tuvieron entre sí acuerdo y determinación de dejar la multitud de los Gentiles, y de pasarse á otra region mas apartada, donde nunca habitó el género humano, para guardar siquiera allí su ley, la cual no habian guardado en su tierra. Entraron, pues, por unas entradas angostas del rio Eufrates; porque hizo el Altísimo entonces con ellos sus maravillas, y detuvo las corrientes del rio, hasta que pasasen. Porque por aquella region era el camino muy largo de año y medio: y llámase aquella region Arsareth. Entonces habitaron allí hasta el último tiempo, y ahora cuando comenzaren á venir, volverá el Altísimo á detener otra vez las corrientes del rio, para que puedan pasar; por eso viste aquella muchedumbre con paz. Esta escritura de Esdras quieren algunos acomodar á los Indios, diciendo que fueron de Dios llevados, donde nunca habitó el género humano, y que en la tierra que moran es tan apartada, que tiene año y medio de camino para ir á ella, y que esta gente es naturalmente pacífica. Que procedan los Indios de linage de Judíos, el vulgo tiene por indicio cierto el ser medrosos, y descaídos, y muy ceremoniáticos, y agudos y mentirosos. Demás de eso dicen, que su hábito parece el propio que usaban Judíos, porque usan de una túnica ó camiseta, y de un manto rodeado encima; traen los pies descalzos, ó su calzado es unas suelas asidas por arriba, que ellos llaman ojotas. Y que éste haya sido el hábito de los Hebréos dicen, que consta así por sus historias, como por pinturas antiguas, que los pintan vestidos en este traje. Y que estos dos vestidos, que solamente traen los Indios, eran los que puso en apuesta Sansón, que la Escritura[111] nombra Tunycam p syndonem, y es lo mismo que los Indios dicen camiseta y manta. Mas todas estas son conjeturas muy livianas, y que tienen mucho mas contra sí, que por sí. Sabemos que los Hebréos usaron letras; en los Indios no hay rastro de ellas: los otros eran muy amigos del dinero, estos no se les da cosa. Los Judíos, si se vieran no estar circuncidados, no se tuvieran por Judíos: Los Indios poco ni mucho no se retajan, ni han dado jamás en esa ceremonia, como muchos de los de Etiopia y del Oriente. Mas ¿qué tiene que ver, siendo los Judíos tan amigos de conservar su lengua y antigüedad, y tanto que en todas las partes del mundo que hoy viven, se diferencian de todos los demás, que en solas las Indias á ellos se les haya olvidado su linage, su ley, sus ceremonias, su Mesías, y finalmente todo su Judaísmo? Lo que dicen de ser los Indios medrosos, y supersticiosos, y agudos y mentirosos, cuanto á lo primero, no es eso general á todos ellos; hay naciones entre estos bárbaros muy agenas de todo eso, hay naciones de Indios bravísimos y atrevidísimos, haylas muy botas y groseras de ingenio. De ceremonias y supersticiones siempre los Gentiles fueron amigos. El trage de sus vestidos, la causa porque es el que se refiere, es, por ser el más sencillo y natural del mundo, que apenas tiene artificio, y así fué comun antiguamente no solo á Hebréos, sino á otras muchas naciones. Pues ya la historia de Esdras (si se ha de hacer caso de escrituras apócrifas) mas contradice, que ayuda su intento. Porque allí se dice que los diez Tribus huyeron la multitud de Gentiles, por guardar sus ceremonias y ley: mas los Indios son dados á todas las idolatrías del mundo. Pues las entradas del rio Eufrates, vean bien los que eso sienten, en qué manera pueden llegar al nuevo orbe, y vean si han de volver por allí los Indios, como se dice en el lugar referido. Y no sé yo porqué se han de llamar estos gente pacífica, siendo verdad, que perpetuamente se han perseguido con guerras mortales unos á otros. En conclusion, no veo que el Eufrates apócrifo de Esdras dé mejor paso á los hombres para el nueve orbe, que le daba la Atlántida encantada y fabulosa de Platón.
NOTAS:
[110] 4. Esdras 13.