HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS
HISTORIA
NATURAL Y MORAL
DE LAS INDIAS
ESCRITA POR EL P. JOSEPH DE ACOSTA,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
Publicada en Sevilla en 1590.
y ahora fielmente reimpresa de la primera edición.
TOMO SEGUNDO
MADRID
1894
Ramón Anglés, impresor.—Reina, 43.—Madrid.
HISTORIA
NATURAL
Y
MORAL DE LAS
INDIAS
EN QUÉ SE TRATAN LAS COSAS
notables del Cielo, elementos, metales, plantas y animales
dellas; y los ritos y ceremonias, leyes
y govierno y guerras de los indios.
COMPUESTA POR EL PADRE JOSEPH DE ACOSTA,
Religioso de la Compañía de Jesús.
DIRIGIDA Á LA SERENISSIMA
INFANTA DOÑA ISABEL CLARA EUGENIA DE AUSTRIA
CON PRIVILEGIO
Impreso en Sevilla en Casa de Juan de Leon.
AÑO DE M. D. XC.
PRÓLOGO DEL AUTOR
Á LOS LIBROS SIGUIENTES
Habiendo tratado lo que á la historia natural de Indias pertenece, en lo que resta se tratará de la historia moral, esto es, de las costumbres y hechos de los Indios. Porque despues del Cielo, temple, sitio y cualidades del nuevo orbe, y de los elementos y mixtos, quiero decir de sus metales, plantas y animales, de que los cuatro libros precedentes se ha dicho lo que se ha ofrecido, la razon dicta seguirse el tratar de los hombres, que habitan el nuevo orbe. Así que en los libros siguientes se dirá de ellos, lo que pareciere digno de relacion; y porque el intento de esta historia no es solo dar noticia de lo que en Indias pasa, sino enderezar esa noticia al fruto que se puede sacar del conocimiento de tales cosas, que es ayudar aquellas gentes para su salvación, y glorificar al Criador y Redentor, que los sacó de las tinieblas obscurisimas de su infidelidad, y les comunicó la admirable lumbre de su Evangelio: Por tanto primero se dirá lo que toca á su Religion ó supersticion, ritos, idolatrías y sacrificios en este libro siguiente, y despues de lo que toca á su policía, gobierno, leyes, costumbres y hechos. Y porque en la nación Mejicana se ha conservado memoria de sus principios, sucesion, guerras y otras cosas dignas de referirse, fuera de lo comun que se trata en el libro sexto, se hará propia y especial relacion en el libro séptimo, hasta mostrar la disposicion y prenuncios que estas gentes tuvieron del nuevo Reino de Cristo nuestro Dios, que habia de extenderse á aquellas tierras, y sojuzgarlas á sí, como lo ha hecho en todo el resto del mundo. Que cierto es cosa digna de gran consideracion, ver en qué modo ordenó la divina providencia, que la luz de su palabra hallase entrada en los últimos términos de la tierra. No es de mi propósito escribir ahora lo que los Españoles hicieron en aquellas partes, que de eso hay hartos libros escritos: ni tampoco lo que los siervos del Señor han trabajado y fructificado, porque eso requiere otra nueva diligencia: solo me contentaré con poner esta historia ó relacion á las puertas del Evangelio, pues toda ella va encaminada á servir de noticia en lo natural y moral de Indias, para que lo espiritual y cristiano se plante y acreciente, como está largamente explicado en los libros que escribimos: «De procuranda Indorum salute». Si alguno se maravillare de algunos ritos y costumbres de los Indios, y los despreciare por insipientes y necios, ó los detestare por inhumanos ó diabólicos, mire que en los Griegos y Romanos que mandaron el mundo, se hallan ó los mismos, ó otros semejantes, y á veces peores, como podrá entender facilmente no solo de nuestros Autores, Eusebio Cesariense, Clemente Alexandrino, Teodoreto Cirense, y otros, sino tambien de los mismos suyos, como son Plinio, Dionisio Halicarnaseo, y Plutarco. Porque, siendo el maestro de toda la infidelidad el príncipe de las tinieblas, no es cosa nueva hallar en los infieles, crueldades inmundicias, disparates, y locuras propias de tal enseñanza y escuela. Bien que en el valor y saber natural excedieron mucho los antiguos Gentiles á éstos del nuevo orbe, aunque tambien se hallaron en éstos cosas dignas de memoria; pero, en fin, lo más es como de gentes bárbaras, que fuera de la luz sobrenatural, les faltó tambien la Filosofía y doctrina natural.
ÍNDICE
DE LOS LIBROS Y CAPÍTULOS DE
ESTE TOMO SEGUNDO
Libro quinto.
| Páginas | |
| Capitulo primero.—Que la causa de la idolatríaha sido la soberbia y envidia del demonio. | [1] |
| Cap. II.—De los géneros de idolatrías que hanusado los Indios. | [5] |
| Cap. III.—Que en los Indios hay algun conocimientode Dios. | [7] |
| Cap. IV.—Del primer género de idolatría de cosasnaturales y universales. | [10] |
| Cap. V.—De la idolatría que usaron los Indioscon casos particulares. | [16] |
| Cap. VI.—De otro género de idolatría con losdifuntos. | [21] |
| Cap. VII.—De las supersticiones que usaban conlos muertos. | [25] |
| Cap. VIII.—Del uso de los mortuorios que tuvieronlos Mejicanos y otras naciones. | [29] |
| Cap. IX.—Del cuarto y último género de idolatríaque usaron los Indios con imágenes y estátuas,especialmente los Mejicanos. | [31] |
| Cap. X.—De un extraño modo de idolatría queusaron los Mejicanos. | [40] |
| Cap. XI.—De como el Demonio ha procuradoasemejarse á Dios en el modo de sacrificios,Religion y Sacramentos. | [42] |
| Cap. XII.—De los Templos que se han halladoen las Indias. | [44] |
| Cap. XIII.—De los soberbios Templos de Méjico. | [47] |
| Cap. XIV.—De los Sacerdotes y oficios que hacian. | [51] |
| Cap. XV.—De los Monasterios de Doncellas queinventó el Demonio para su servicio. | [54] |
| Cap. XVI.—De los Monasterios de Religiososque tiene el Demonio para su supersticion. | [58] |
| Cap. XVII.—De las penitencias y asperezas quehan usado los Indios por persuasion del Demonio. | [63] |
| Cap. XVIII.—De los Sacrificios que al Demoniohacian los Indios; y de qué cosas. | [66] |
| Cap. XIX.—De los sacrificios de hombres quehacian. | [72] |
| Cap. XX.—De los sacrificios horribles de hombresque usaron los Mejicanos. | [75] |
| Cap. XXI.—De otro género de sacrificios dehombres que usaban los Mejicanos. | [81] |
| Cap. XXII.—Como ya los mismos Indios estabancansados, y no podian sufrir las crueldades desus Dioses. | [85] |
| Cap. XXIII.—Como el Demonio ha procuradoremedar los Sacramentos de la santa Iglesia. | [88] |
| Cap. XXIV.—De la manera con que el Demonioprocuró en Méjico remedar la fiesta de CorpusCristi, y Comunion que usa la Santa Iglesia. | [91] |
| Cap. XXV.—De la Confesion y Confesores queusaban los Indios. | [97] |
| Cap. XXVI.—De la uncion abominable que usabanlos Sacerdotes Mejicanos y otras nacionesy de sus hechiceros. | [103] |
| Cap. XXVII.—De otras ceremonias y ritos delos Indios á semejanza de los nuestros. | [110] |
| Cap. XXVIII.—De algunas fiestas que usaronlos del Cuzco, y como el Demonio quiso tambienimitar el misterio de la Santísima Trinidad. | [114] |
| Cap. XXIX.—De la fiesta del Jubileo que usaronlos Mejicanos. | [122] |
| Cap. XXX.—De la fiesta de los Mercaderes queusaron los Cholutécas. | [131] |
| Cap. XXXI.—Qué provecho se ha de sacar de larelacion de las supersticiones de los Indios. | [137] |
Libro sexto.
| Capítulo primero.—Que es falsa la opinion de los que tienen á los Indios por hombres faltos de entendimiento. | [141] |
| Cap. II.—Del modo de cómputo y Kalendario que usaban los Mejicanos. | [144] |
| Cap. III.—Del modo de contar los años y meses que usaron los Incas. | [148] |
| Cap. IV.—Que ninguna nacion de Indios se ha descubierto que use de letras. | [150] |
| Cap. V.—Del género de letras y libros que usan los Chinos. | [153] |
| Cap. VI.—De las Universidades y Estudios de la China. | [158] |
| Cap. VII.—Del modo de letras y escritura que usaron los Mejicanos. | [160] |
| Cap. VIII.—De los memoriales y cuentas que usaron los Indios del Perú. | [165] |
| Cap. IX.—Del orden que guardan en sus escrituras los Indios. | [168] |
| Cap. X.—Como enviaban los Indios sus mensageros. | [170] |
| Cap. XI.—Del gobierno y Reyes que tuvieron. | [172] |
| Cap. XII.—Del gobierno de los Reyes Incas del Perú. | [175] |
| Cap. XIII.—De la distribucion que hacian los Incas de sus vasallos. | [178] |
| Cap. XIV.—De los edificios y órden de fábricas de los Incas. | [181] |
| Cap. XV.—De la hacienda del Inca, y órden de tributos que impuso á los Indios. | [184] |
| Cap. XVI.—De los oficios que aprendian los Indios. | [190] |
| Cap. XVII.—De las Postas y Chasquís que usaba el Inca. | [192] |
| Cap. XVIII.—De las leyes, justicia y castigo que los Incas pusieron, y de sus matrimonios. | [194] |
| Cap. XIX.—Del origen de los Incas, Señores del Perú, y de sus conquistas y victorias. | [197] |
| Cap. XX.—Del primer Inca y de sus sucesores. | [201] |
| Cap. XXI.—De Pachacúti Inca Yupángui, y lo que sucedió hasta Guaynacápa. | [203] |
| Cap. XXII.—Del principal Inca llamado Guaynacápa. | [207] |
| Cap. XXIII.—De los últimos sucesores de los Incas. | [210] |
| Cap. XXIV.—Del modo de República que tuvieron los Mejicanos. | [212] |
| Cap. XXV.—De los diversos Dictados y Ordenes de los Mejicanos. | [215] |
| Cap. XXVI.—Del modo de pelear de los Mejicanos, y de las Ordenes Militares que tenian. | [218] |
| Cap. XXVII.—Del cuidado grande y policía que tenian los Mejicanos en criar la juventud. | [221] |
| Cap. XXVIII.—De los bailes y fiestas de los Indios. | [224] |
Libro séptimo.
| Capítulo primero.—Que importa tener noticia de los hechos de los Indios, mayormente de los Mejicanos. | [229] |
| Cap. II.—De los antiguos moradores de la Nueva-España, y cómo vinieron á ella los Navatlácas. | [232] |
| Cap. III.—Como los seis linages Navatlácas poblaron la tierra de Méjico. | [236] |
| Cap. IV.—De la salida de los Mejicanos, y camino y poblacion de Mechoacán. | [241] |
| Cap. V.—De lo que les sucedió en Malinálco, en Tula y en Chapultepéc. | [245] |
| Cap. VI.—De la guerra que tuvieron con los de Culhuacán. | [249] |
| Cap. VII.—De la fundacion de Méjico. | [252] |
| Cap. VIII.—Del motin de los de Tlatellulco, y del primer Rey que eligieron los Mejicanos. | [256] |
| Cap. IX.—Del extraño tributo que pagaban los Mejicanos á los de Azcapuzálco. | [261] |
| Cap. X.—Del segundo Rey, y de lo que sucedió en su reinado. | [265] |
| Cap. XI.—Del tercer Rey Chimalpopóca y de su cruel muerte, y ocasion de la guerra que hicieron los Mejicanos. | [268] |
| Cap. XII.—Del cuarto Rey Izcoált, y de la guerra contra los Tepanécas. | [274] |
| Cap. XIII.—De la batalla que dieron los Mejicanos los á Tepanécas, y de la gran victoria que alcanzaron. | [280] |
| Cap. XIV.—De la guerra y victoria que tuvieron los Mejicanos de la ciudad de Cuyoacán. | [284] |
| Cap. XV.—De la guerra y victoria que tuvieron los Mejicanos de los Suchimilcos. | [287] |
| Cap. XVI.—Del quinto Rey de Méjico, llamado Motezuma, primero de este nombre. | [292] |
| Cap. XVII.—Que Tlacaellél no quiso ser Rey, y de la eleccion y sucesos de Tizocíc. | [297] |
| Cap. XVIII.—De la muerte de Tlacaellél y hazañas de Axayaca, séptimo Rey de Méjico. | [300] |
| Cap. XIX.—De los hechos de Autzól, octavo Rey de Méjico. | [305] |
| Cap. XX.—De la eleccion del gran Motezuma, ultimo Rey de Méjico. | [309] |
| Cap. XXI.—Cómo ordenó Motezuma el servicio de su casa, y la guerra que hizo para coronarse. | [314] |
| Cap. XXII.—De las costumbres y grandeza de Motezuma. | [317] |
| Cap. XXIII.—De los presagios y prodigios extraños que acaecieron en Méjico, antes de fenecerse su Imperio. | [319] |
| Cap. XXIV.—De la nueva que tuvo Motezuma de los Españoles que habian aportado á su tierra, y de la embajada que les envió. | [329] |
| Cap. XXV.—De la entrada de los Españoles en Méjico. | [335] |
| Cap. XXVI.—De la muerte de Motezuma, y salida de los Españoles de Méjico. | [340] |
| Cap. XXVII.—De algunos milagros, que en las Indias ha obrado Dios en favor de la Fé, sin méritos de los que los obraron. | [346] |
| Cap. XXVIII.—De la disposicion que la divina providencia ordenó en Indias para la entrada de la Religion Cristiana en ellas. | [351] |
| TABLA de las cosas mas principales que se contienen en este tomo segundo. | [361] |
LIBRO QUINTO
DE LA
HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS
[CAPÍTULO PRIMERO]
Que la causa de la idolatría ha sido la soberbia y envidia del demonio.
Es la soberbia del demonio tan grande y tan porfiada, que siempre apetece y procura ser tenido y honrado por Dios: y en todo cuanto puede hurtar y apropiar á sí lo que solo al altísimo Dios es debido, no cesa de hacerlo en las ciegas naciones del mundo, á quien no ha esclarecido aun la luz y resplandor del santo Evangelio. De este tan soberbio tirano leemos en Job[1], que pone sus ojos en lo más alto; y que entre todos los hijos de soberbia él es el Rey. Sus dañados intentos y traicion tan atrevida, con que pretendió igualar su trono con el de Dios, bien claro nos lo refieren las divinas Escrituras, diciéndole en Isaías[2]: Decías entre tí mismo: Subiré hasta el Cielo, pondré mi silla sobre todas las estrellas de Dios, me sentaré en la cumbre del Testamento, en las faldas de Aquilón, pasaré la alteza de las nubes, seré semejante al Altísimo. Y en Ezequiél[3]: Elevóse tu corazon, y dijiste: Dios soy yo, y en silla de Dios me he sentado en medio de el mar. Este tan malvado apetito de hacerse Dios, todavía le dura á Satanás; y aunque el castigo justo y severo de el muy Alto le quitó toda la pompa y lozanía, por donde se engrió tanto, tratándole como merecía su descortesía y locura, como en los mismos Profetas largamente se prosigue; pero no por eso aflojó un punto su perversa intención, la cual muestra por todas las vias que puede, como perro rabioso, mordiendo la misma espada con que le hieren[4]. Porque la soberbia, como está escrito, de los que aborrecen á Dios, porfia siempre. De aquí procede el perpetuo y extraño cuidado, que este enemigo de Dios ha tenido siempre de hacerse adorar de los hombres, inventando tantos géneros de idolatrías, con que tantos tiempos tuvo sujeta la mayor parte del mundo, que apenas le quedó á Dios un rincón de su pueblo Israél[5]. Y con la misma tiranía, después que el fuerte del Evangelio le venció, y desarmó y entró por la fuerza de la Cruz las mas importantes y poderosas plazas de su Reyno, acometió las gentes más remotas y bárbaras, procurando conservar entre ellas la falsa y mentida divinidad que el Hijo de Dios le había quitado en su Iglesia, encerrándole como á fiera, en jaula, para que fuese para escarnio suyo y regocijo de sus siervos, como lo significa por Job[6]. Mas en fin, ya que la idolatría fue extirpada de la mejor y mas noble parte del mundo, retiróse á lo mas apartado, y reinó en estotra parte del mundo, que aunque en nobleza muy inferior, en grandeza y anchura no lo es. Las causas porque el demonio tanto ha esforzado la idolatría en toda infidelidad, que apenas se hallan gentes que no sean idólatras, y los motivos para esto, principalmente son dos. Uno es, el que está tocado de su increíble soberbia, la cual, quien quisiere bien ponderar, considere que al mismo Hijo de Dios y Dios verdadero acometió, con decirle tan desvergonzadamente[7], que se postráse ante él y le adoráse; y esto le dijo, aunque no sabiendo de cierto que era el mismo Dios; pero teniendo por lo menos grandes barruntos de que fuese Hijo de Dios. ¿A quién no asombrará tan extraño acometimiento? ¿Una tan excesiva y tan cruél soberbia? ¿Qué mucho que se haga adorar de gentes ignorantes por Dios el que al mismo Dios acometió, con hacersele Dios, siendo una tan sucia y abominable criatura? Otra causa y motivo de idolatría es el ódio mortal y enemistad que tiene con los hombres. Porque como dice el Salvador[8]: Desde el principio fué homicida, y eso tiene por condicion y propiedad inseparable de su maldad. Y porque sabe que el mayor daño del hombre es adorar por Dios á la criatura, por eso no cesa de inventar modos de idolatría con que destruir los hombres y hacerlos enemigos de Dios. Y son dos los males que hace el demonio al idólatra: uno que niega á su Dios, segun aquello[9]: Al Dios que te crió desamparaste: otro que se sujeta á cosa mas baja que él, porque todas las criaturas son inferiores á la racional; y el demonio, aunque en la naturaleza es superior al hombre, pero en el estado es muy inferior, pues el hombre en esta vida es capaz de la vida divina y eterna. Y así por todas partes con la idolatría Dios es deshonrado y el hombre destruído; y por ambas vias el demonio soberbio y envidioso muy contento.
[CAPÍTULO II]
De los géneros de idolatrías que han usado los Indios.
La idolatría, dice el Sábio, y por él el Espíritu Santo[10], que es causa y principio y fin de todos los males; y por eso el enemigo de los hombres ha multiplicado tantos géneros y suertes de idolatría, que pensar de contarlos por menudo, es cosa infinita. Pero reduciendo la idolatría á cabezas, hay dos linajes de ella: una es cerca de cosas naturales: otra cerca de cosas imaginadas ó fabricadas por invencion humana. La primera de estas se parte en dos, porque, ó la cosa que se adora es general, como Sol, Luna, fuego, tierra, elementos: ó es particular, como tal rio, fuente, ó árbol ó monte, y cuando no por su especie, sino en particular son adoradas estas cosas: y este género de idolatría se usó en el Perú en grande exceso, y se llama propiamente Guaca. El segundo género de idolatría, que pertenece á invención ó ficción humana, tiene también otras dos diferencias: una de lo que consiste en pura arte é invención humana, como es adorar Idolos ó estátuas de palo, ó de piedra ó de oro, como de Mercurio ó Palas, que fuera de aquella pintura ó escultura, ni es nada, ni fué nada. Otra diferencia es, de lo que realmente fué y es algo; pero no lo que finge el idólatra que lo adora, como los muertos ó cosas suyas, que por vanidad y lisonja adoran los hombres. De suerte, que por todas contamos cuatro maneras de idolatría que usan los infieles; y de todas convendrá decir algo.
[CAPÍTULO III]
Que en los Indios hay algun conocimiento de Dios.
Primeramente, aunque las tinieblas de la infidelidad tienen obscurecido el entendimiento de aquellas naciones, en muchas cosas no deja la luz de la verdad y razón algún tanto de obrar en ellos: y así comunmente sienten y confiesan un supremo Señor y Hacedor de todo, al cual los del Perú llamaban Viracocha, y le ponian nombre de gran excelencia, como Pachacamac ó Pachayachachic, que es criador del Cielo y tierra, y Usapu, que es admirable, y otros semejantes. A éste hacian adoracion, y era el principal que veneraban mirando al Cielo. Y lo mismo se halla en su modo en los de Méjico, y hoy dia en los Chinos y en otros infieles. Que es muy semejante á lo que refiere el libro de los Actos de los Apóstoles[11], haber hallado San Pablo en Aténas, donde vió un altar intitulado: Ignoto Deo: al Dios no conocido. De donde tomó el Apóstol ocasion de su predicacion, diciéndoles: Al que vosotros venerais sin conocerle, ese es el que yo os predico. Y así al mismo modo, los que hoy dia predican el Evangelio á los Indios no hallan mucha dificultad en persuadirles, que hay un supremo Dios y Señor de todo, y que éste es el Dios de los Cristianos, y el verdadero Dios. Aunque es cosa que mucho me ha maravillado, que con tener esta noticia que digo, no tuviesen vocablo propio para nombrar á Dios. Porque si queremos en lengua de Indios hallar vocablo que responda á éste, Dios, como en latin responde Deus, y en griego Theos, y en hebreo El, y en arábigo Alá, no se halla en lengua del Cuzco, ni en lengua de Méjico; por donde los que predican ó escriben para Indios, usan el mismo nuestro Español, Dios, acomodándose en la pronunciacion y declaracion á la propiedad de las lenguas Indicas, que son muy diversas. De donde se ve, cuan corta y flaca noticia tenian de Dios, pues aun nombrarle no saben sino por nuestro vocablo. Pero en efecto no dejaban de tener alguna tal cual; y así le hicieron un templo riquísimo en el Perú, que llamaban el Pachamac, que era el principal Santuario de aquel Reino. Y como está dicho, es lo mismo Pachacamac, que el Criador: aunque tambien en este templo ejercitaban sus idolatrías, adorando al Demonio y figuras suyas. Y tambien hacian al Viracocha sacrificios y ofrendas, y tenia el supremo lugar entre los adoratorios que los Reyes Incas tuvieron. Y el llamar á los Españoles viracochas, fué de aquí, por tenerlos en opinion de hijos del Cielo y como divinos, al modo que los otros atribuyeron deidad á Paulo y á Bernabé, llamando al uno Júpiter, y al otro Mercurio, é intentando de ofrecerles sacrificio como á Dioses. Y al mismo tono los otros bárbaros de Melite, que es Malta, viendo que la vívora no hacía mal al Apóstol, le llamaban Dios[12]. Pues como sea verdad tan conforme á toda buena razon haber un Soberano Señor y Rey del Cielo, lo cual los Gentiles[13], con todas sus idolatrías é infidelidad, no negaron, como parece así en la Filosofía del Timéo de Platón, y de la Metafísica de Aristóteles, y Asclepio de Trismegistro, como también en las Poesías de Homero y de Virgilio. De aquí es, que en asentar y persuadir esta verdad de un supremo Dios, no padecen mucha dificultad los predicadores Evangélicos, por bárbaras y bestiales que sean las naciones á quien predican. Pero les es dificultosísimo de desarraigar de sus entendimientos, que ninguno otro Dios hay, ni otra deidad hay sino uno; y que todo lo demás no tiene propio poder, ni propio ser, ni propia operacion, mas de lo que les da, y comunica aquel supremo y solo Dios y Señor. Y esto es sumamente necesario persuadirles por todas vias, reprobando sus errores en universal, de adorar mas de un Dios. Y mucho mas en particular, de tener por Dioses, y atribuir deidad, y pedir favor á otras cosas que no son Dioses, ni pueden nada, mas de lo que el verdadero Dios, Señor y Hacedor suyo les concede.
[CAPÍTULO IV]
Del primer género de idolatría de cosas naturales y universales.
Después del Viracocha ó supremo Dios, fué y es en los Infieles el que mas comunmente veneran y adoran, el Sol, y tras él esotras cosas, que en la naturaleza celeste ó elemental se señalan, como luna, lucero, mar, tierra. Los Incas, Señores del Perú, despues del Viracocha y del Sol, la tercera guaca ó adoratorio, y demás veneracion, ponian al trueno, al cual llamaban por tres nombres, Chuquilla, Catuilla é Intiillapa, fingiendo que es un hombre que está en el Cielo con una honda y una porra, y que está en su mano el llover, granizar, tronar, y todo lo demás que pertenece á la región del aire, donde se hacen los nublados. Esta era Guaca (que así llaman á sus adoratorios) general á todos los Indios del Perú, y ofrecíanle diversos sacrificios. Y en el Cuzco, que era la Corte y Metrópoli, se le sacrificaban tambien niños como al Sol. A estos tres que he dicho, Viracocha, Sol y Trueno, adoraban en forma diversa de todos los demás, como escribe Polo haberlo él averiguado, que era poniendo una como manopla ó guante en las manos cuando las alzaban, para adorarles. Tambien adoraban á la tierra, que llamaban Pachamama, al modo que los Antiguos celebraban la Diosa Tellus: y al mar, que llamaban Mamacocha, como los Antiguos á la Tetis ó á Neptuno. Tambien adoraban el arco del Cielo, y era armas ó insignias del Inca con dos culebras á los lados á la larga. Entre las estrellas, comunmente todos adoraban á la que ellos llaman Collca, que llamamos nosotros las Cabrillas. Atribuían á diversas estrellas diversos oficios, y adorábanlas los que tenian necesidad de su favor; como los ovejeros hacian veneracion y sacrificio á una estrella, que ellos llamaban Urcuchillai, que dicen es un carnero de muchos colores, el cual entiende en la conservacion del ganado, y se entiende ser la que los Astrólogos llaman Lira. Y los mismos adoran otras dos que andan cerca de ella, que llaman Catuchillay, Urcuchillay, que fingen ser una oveja con un cordero. Otros adoraban una estrella, que llaman Machacuay, á cuyo cargo están las serpientes y culebras, para que no les hagan mal; como á cargo de otra estrella, que llamaban Chuquichinchay, que es tigre, estan los tigres, osos y leones. Y generalmente, de todos los animales y aves que hay en la tierra, creyeron que hubiese un semejante en el Cielo, á cuyo cargo estaba su procreacion y aumento; y así tenian cuenta con diversas estrellas, como la que llamaban Chacana, Topatorca, Mamana, Mirco, Miquiquiray, y así otras, que en alguna manera parece que tiraban al dogma de las ideas de Platón. Los Mejicanos, cuasi por la misma forma, despues del supremo Dios adoraban al Sol; y así á Hernando Cortés, como él refiere en una carta al Emperador Carlos V, le llamaban hijo del Sol, por la presteza y vigor con que rodeaba la tierra. Pero la mayor adoracion daban al Idolo llamado Vitzilipuztli, al cual toda aquella nacion llamaba el Todopoderoso y Señor de lo criado; y como á tal los Mejicanos hicieron el mas suntuoso templo y de mayor altura, y mas hermoso y galan edificio, cuyo sitio y fortaleza se puede conjeturar por las ruinas que de él han quedado en medio de la ciudad de Méjico. Pero en esta parte la idolatría de los Mejicanos fué mas errada y perniciosa que la de los Incas, como adelante se verá mejor. Porque la mayor parte de su adoracion é idolatría se ocupaba en Idolos, y no en las mismas cosas naturales, aunque á los Idolos se atribuían estos efectos naturales, como del llover y del ganado, de la guerra, de la generacion, como los Griegos y Latinos pusieron tambien Idolos de Febo, de Mercurio, de Júpiter, de Minerva, y de Marte, &c. Finalmente, quien con atencion lo miráre, hallará que el modo que el Demonio ha tenido de engañar á los Indios, es el mismo con que engañó á los Griegos y Romanos, y otros Gentiles antiguos, haciendoles entender, que estas criaturas insignes Sol, Luna, Estrellas, elementos, tenian propio poder y autoridad para hacer bien ó mal á los hombres, y habiéndolas Dios criado para servicio de el hombre, él se supo tan mal regir y gobernar, que por una parte se quiso alzar con ser Dios, y por otra dió en reconocer y sujetarse á las criaturas inferiores á él, adorando ó invocando estas obras, y dejando de adorar é invocar al Criador: como lo pondera bien el Sabio por estas palabras[14]: Vanos y errados son todos los hombres, en quien no se halla el conocimiento de Dios. Pues de las mismas cosas que tienen buen parecer, no acabaron de entender al que verdaderamente tiene ser. Y con mirar sus obras, no atinaron al Autor y artífice, sino que el fuego, ó el viento, ó el aire presuroso, ó el cerco de las estrellas, ó las muchas aguas, ó el Sol, ó la Luna, creyeron que eran dioses y gobernadores del mundo. Mas si enamorados de la hermosura de las tales cosas les pareció tenerlas por dioses, razon es que miren cuanto es mas hermoso que ellas el Hacedor de ellas, pues el dador de hermosura es el que hizo todas estas cosas. Y si les admiró la fuerzas y maravilloso obrar de estas cosas, por ellas mismas acaben de entender cuanto será mas poderoso que todas ellas el que les dió el ser que tienen. Porque por la propia grandeza y hermosura que tienen las criaturas, se puede bien conjeturar qué tal sea el Criador de todas. Hasta aquí son palabras de el libro de la Sabiduría. De las cuales se pueden tomar argumentos muy maravillosos y eficaces para convencer el grande engaño de los idólatras infieles, que quieren mas servir y reverenciar á la criatura, que al Criador, como justísimamamente les arguye el Apóstol[15]. Mas porque esto no es del presente intento, y está hecho bastantemente en los sermones que se escribieron contra los errores de los Indios, baste por ahora decir, que tenían un mismo modo de hacer adoración al sumo Dios. Porque el modo de hacerle adoracion al Viracocha, y al Sol, y á las estrellas, y á las demás Guacas ó Idolos, era abrir las manos, y hacer cierto sonido con los labios, como quien besa, y pedir lo que cada uno quería, y ofrecerle sacrificio. Aunque en las palabras habia diferencia, cuando hablaban con el gran Ticciviracocha, al cual atribuían principalmente el poder y mando de todo, y á los otros como dioses ó señores particulares cada uno en su casa, y que eran intercesores para con el gran Ticciviracocha. Este modo de adorar abriendo las manos y como besando, en alguna manera es semejante al que el Santo Job abomina como propio de idólatras, diciendo[16]: Si besé mis manos con mi boca mirando al Sol, cuando resplandece, ó á la Luna, cuando está clara: lo cual es muy grande maldad, y negar al altísimo Dios.
[CAPÍTULO V]
De la idolatría que usaron los Indios con casos particulares.
No se contentó el demonio con hacer á los ciegos Indios que adorasen al Sol, la Luna, estrellas, tierra, mar y cosas generales de naturaleza; pero pasó adelante á darles por dioses, y sujetarlos á cosas menudas, y muchas de ellas muy soeces. No se espantará de esta ceguera en bárbaros, quien trajere á la memoria que de los Sabios y Filósofos dice el Apóstol[17], que habiendo conocido á Dios, no le glorificaron ni dieron gracias como á su Dios; sino que se envanecieron en su pensamiento, y se oscureció su corazon necio, y vinieron á trocar la gloria y deidad del eterno Dios, por semejanzas y figuras de cosas caducas y corruptibles, como de hombres, de aves, de bestias, de serpientes. Bien sabida cosa es el perro Osiris, que adoraban los Egipcios, y la vaca Isis, y el carnero Amon: y en Roma la diosa Februa de las calenturas, y el Anser de Tarpeya: y en Aténas la sabia, el cuervo y el gallo. Y de semejantes bajezas y burlerías están llenas las memorias de la gentilidad, viniendo en tan gran oprobio los hombres por no haber querido sujetarse á la ley de su verdadero Dios y Criador, como San Atanasio doctamente lo trata escribiendo contra los idólatras. Mas en los Indios, especialmente del Perú, es cosa que saca de juicio la rotura y perdicion que hubo en esto. Porque adoran los rios, las fuentes, las quebradas, las peñas ó piedras grandes, los cerros, las cumbres de los montes que ellos llaman apachitas, y lo tienen por cosa de gran devocion; finalmente, cualquiera cosa de naturaleza que les parezca notable y diferente de las demas, la adoran como reconociendo allí alguna particular Deidad. En Cajamalca de la Nasca me mostraban un cerro grande de arena, que fué principal adoratorio ó guaca de los antiguos. Preguntando yo qué divinidad hallaban allí, me respondieron, que aquella maravilla de ser un cerro altísimo de arena en medio de otros muchos todos de peña. Y á la verdad era cosa maravillosa pensar cómo se puso tan gran pico de arena en medio de montes espesísimos de piedra. Para fundir una campana grande tuvimos en la ciudad de los Reyes necesidad de mucha leña recia, y cortóse un arbolazo disforme, que por su antigüedad y grandeza habia sido largos años adoratorio y guaca de los Indios. A este tono cualquier cosa que tenga extrañeza entre las de su género, les parecia que tenia divinidad, hasta hacer esto con pedrezuelas y metales, y aun raíces y frutos de la tierra, como en las raíces que llaman papas hay unas extrañas, á quien ellos ponen nombre llallahuas, y las besan y las adoran. Adoran tambien osos, leones, tigres y culebras, porque no les hagan mal. Y como son tales sus dioses, así son donosas las cosas que les ofrecen, cuando los adoran. Usan cuando van de camino, echar en los mismos caminos ó encrucijadas, en los cerros, y principalmente en las cumbres que llaman apachitas, calzados viejos y plumas, coca mascada, que es una yerba que mucho usan, y cuando no pueden mas, siquiera una piedra; y todo esto es como ofrenda para que les dejen pasar, y les den fuerzas, y dicen que las cobran con esto: como se refiere en un Concilio provincial del Perú[18]. Y así se hallan en esos caminos muy grandes rimeros de estas piedras ofrecidas, y de otras inmundicias dichas. Semejante disparate al que usaban los Antiguos, de quien se dice en los Proverbios[19]: Como quien ofrece piedras al montón de Mercurio, así el que honra á necios, que es decir, que no se saca mas fruto, ni utilidad, de lo segundo que de lo primero: porque ni el Mercurio de piedra siente la ofrenda, ni el necio sabe agradecer la honra que le hacen. Otra ofrenda no menos donosa usan, que es tirarse las pestañas ó cejas, y ofrecerlas al Sol, ó á los cerros y apachitas, á los vientos ó á las cosas que temen. Tanta es la desventura en que han vivido, y hoy dia viven muchos Indios, que como á muchachos les hace el demonio entender cuanto se le antoja, por grandes disparates que sean, como de los Gentiles hace semejante comparacion San Crisóstomo en una Homilia[20]. Mas los siervos de Dios, que atienden á su enseñanza y salvacion, no deben despreciar estas niñerías, pues son tales que bastan á enlazarlos en su eterna perdicion. Mas con buenas y fáciles razones desengañarlos de tan grandes ignorancias. Porque cierto es cosa de ponderar, cuan sujetos estan á quien los pone en razon. No hay cosa entre las criaturas corporales mas ilustre que el Sol, y es á quien los Gentiles todos comunmente adoran. Pues con una buena razon me contaba un Capitan discreto y buen Cristiano, que habia persuadido á los indios, que el Sol no era Dios, sino solo criado de Dios; y fué así. Pidió al Cacique y Señor principal, que le diese un Indio ligero para enviar una carta: diósele tal, y preguntóle el Capitan al Cacique: díme, ¿quien es el Señor y el principal, aquel Indio que lleva la carta tan ligero, ó tú que se la mandas llevar? Respondió el Cacique, yo, sin ninguna duda, porque aquel no hace mas de lo que yo le mando. Pues eso mismo, replicó el Capitan, pasa entre ese Sol que vemos y el Criador de todo. Porque el Sol no es mas que un criado de aquel altísimo Señor, que por su mandado anda con tanta ligereza sin cansarse, llevando lumbre á todas las gentes. Y así vereis como es sin razon ni engaño dar al Sol la honra que se le debe á su Criador y Señor de todo. Cuadróles mucho la razon del Capitan á todos, y dijo el Cacique y los Indios que estaban con él, que era gran verdad, y que se habian holgado mucho de entenderla. Refiérese de uno de los Reyes Incas, hombre de muy delicado ingenio, que viendo como todos sus antepasados adoraban al Sol, dijo, que no le parecía á él, que el Sol era Dios, ni lo podia ser. Porque Dios es gran Señor, y con gran sosiego y señorío hace sus cosas; y que el Sol nunca para de andar, y que cosa tan inquieta no le parecia ser Dios. Dijo bien. Y si con razones suaves, y que se dejen percibir, les declaran á los Indios sus engaños y cegueras, admirablemente se convencen y rinden á la verdad.
[CAPÍTULO VI]
De otro género de idolatría con los difuntos.
Otro género de idolatría muy diverso de los referidos es el que los Gentiles han usado por ocasion de sus difuntos, á quien querian bien y estimaban. Y aun parece que el Sabio da á entender, que el principio de la idolatría fué esto, diciendo así[21]: El principio de fornicacion fué la reputacion de los Idolos; y esta invencion es total corrupcion de la vida. Porque al principio del mundo no hubo Idolos, ni al fin los habrá para siempre jamás. Mas la vanidad y ociosidad de las hombres trajo al mundo esta invencion, y aun por eso acabaron sus vidas tan presto. Porque sucedió que sintiendo el padre amargamente la muerte del hijo mal logrado, hizo para su consuelo un retrato del difunto, y comenzó á honrar y adorar como á Dios, al que poco antes como hombre mortal acabó sus días; y para este fin ordenó entre sus criados, que en memoria suya se hiciesen devociones y sacrificios. Despues pasando dias, y tomando autoridad esta maldita costumbre, quedó este yerro canonizado por ley; y así por mandado de los tiranos y Reyes eran adorados los retratos é Idolos. De aquí vino que con los ausentes se comenzó á hacer lo mismo; y á los que no podian adorar en presencia por estar lejos, trayendo los retratos de los Reyes que querian honrar, por este modo los adoraban, supliendo con su invencion y traza la ausencia de los que querian adorar. Acrecentó esta invencion de idolatría la curiosidad de excelentes artífices, que con su arte hicieron estas imágenes y estatuas tan elegantes, que los que no sabían lo que era, les provocaban á adorarlas. Porque con el primor de su arte, pretendiendo contentar al que les daba su obra, sacaban retratos y pinturas mucho mas excelentes. Y el vulgo de la gente, llevado de la apariencia y gracia de la obra, al otro que poco antes habia sido honrado como hombre, vino ya á tenerle y estimarle por su Dios. Y este fué el engaño miserable de los hombres, que acomodándose ahora á su afecto y sentimiento, ahora á la lisonja de los Reyes, el nombre incomunicable de Dios, le vinieron á poner en las piedras, adorándolas por Dioses. Todo esto es del libro de la Sabiduría, que es lugar digno de ser notado. Y á la letra hallarán los que fueren curiosos desenvolvedores de antigüedad, que el origen de la idolatría fueron estos retratos y estatuas de los difuntos. Digo de la idolatría, que propiamente es adorar Idolos é imágenes, porque eso otro de adorar criaturas como al Sol y á la malicia del Cielo, de que se hace mencion en los Profetas[22], no es cierto que fuese despues; aunque el hacer estatuas é Idolos en honra del Sol y de la Luna y de la tierra, sin duda lo fué. Viniendo á nuestros Indios, por los mismos pasos que pinta la Escritura, vinieron á la cumbre de sus idolatrías. Primeramente los cuerpos de los Reyes y Señores procuraban conservarlos, y permanecian enteros, sin oler mal, ni corromperse mas de doscientos años. De esta manera estaban los Reyes Incas en el Cuzco, cada uno en su capilla y adoratorio, de los cuales el Virey Marqués de Cañete (por extirpar la idolatría) hizo sacar y traer á la ciudad de los Reyes tres ó cuatro de ellos, que causó admiracion ver cuerpos humanos de tantos años con tan linda tez y tan enteros. Cada uno de estos Reyes Incas dejaba todos sus tesoros, y hacienda y renta para sustentar su adoratorio, donde se ponia su cuerpo y gran copia de ministros, y toda su familia dedicada á su culto. Porque ningun Rey sucesor usurpaba los tesoros y vagilla de su antecesor, sino de nuevo juntaba para sí y para su palacio. No se contentaron con esta idolatría de los cuerpos de los difuntos, sino que tambien hacian sus estatuas; y cada Rey en vida hacía un Idolo ó estatua suya de piedra, la cual llamaba Guaoiquí, que quiere decir hermano, porque á aquella estatua en vida y en muerte se le habia de hacer la misma veneracion que al propio Inca; las cuales llevaban á la guerra, y sacaban en procesion, para alcanzar agua y buenos temporales, y les hacian diversas fiestas y sacrificios. De estos Idolos hubo gran suma en el Cuzco y en su comarca: entiéndese que ha cesado del todo, ó en gran parte la supersticion de adorar estas piedras, despues que por la diligencia del Licenciado Polo se descubrieron; y fué la primera la de Ingaróca, cabeza de la parcialidad principal de Hanan Cuzco. De esta manera se halla en otras naciones gran cuenta con los cuerpos de los antepasados y sus estatuas, que adoran y veneran.
[CAPÍTULO VII]
De las supersticiones que usaban con los muertos.
Comunmente creyeron los Indios del Perú, que las ánimas vivian despues de esta vida, y que los buenos tenian gloria, y los malos pena; y así en persuadirles estos artículos hay poca dificultad. Mas de que los cuerpos hubiesen de resucitar con las ánimas, no lo alcanzaron; y así ponian excesiva diligencia, como está dicho, en conservar los cuerpos, y honrarlos despues de muertos. Para esto sus descendientes les ponían ropa, y hacian sacrificios, especialmente los Reyes Incas en sus entierros habian de ser acompañados de gran número de criados y mugeres para el servicio de la otra vida; y así el dia que morian, mataban las mugeres á quien tenian aficion, y criados y oficiales, para que fuesen á servir á la otra vida. Cuando murió Gaunacapa, que fué padre de Atagualpa, en cuyo tiempo entraron los Españoles, fueron muertas mil y tantas personas de todas edades y suertes para su servicio y acompañamiento en la otra vida. Matábanlos despues de muchos cantares y borracheras; y ellos se tenian por bienaventurados: sacrificábanles muchas cosas, especialmente niños, y de su sangre hacian una raya de oreja á oreja en el rostro del difunto. La misma supersticion é inhumanidad de matar hombres y mugeres para acompañamiento y servicio del difunto en la otra vida han usado y usan otras naciones bárbaras. Y aun, segun escribe Polo, cuasi ha sido general en Indias; y aun refiere el Venerable Beda, que usaban los Anglos antes de convertirse al Evangelio la misma costumbre de matar gente, que fuese en compañía y servicio de los difuntos. De un Portugués, que siendo cautivo entre bárbaros le dieron un flechazo con que perdió un ojo, cuentan, que queriéndole sacrificar para que acompañase un Señor difunto, respondió, que los que moraban en la otra vida tendrian en poco al difunto, pues le daban por compañero á un hombre tuerto, y que era mejor dársele con dos ojos; y pareciéndoles bien esta razon á los bárbaros, le dejaron. Fuera de esta supersticion de sacrificar hombres al difunto, que no se hace sino con señores muy calificados, hay otra mucho más comun y general en todas las Indias, de poner comida y bebida á los difuntos sobre sus sepulturas y cuevas, y creer que con aquello se sustentan, que tambien fué error de los antiguos, como dice San Agustin[23]. Y para este efecto de darles de comer y beber, hoy dia muchos Indios infieles desentierran secretamente sus difuntos de las Iglesias y cementerios, y los entierran en cerros, ó quebradas, ó en sus propias casas. Usan tambien ponerles plata en las bocas, en las manos, en los senos, y vestirles ropas nuevas, y provechosas dobladas debajo de la mortaja. Creen que las ánimas de los difuntos andan vagueando, y que sienten frio y sed, y hambre y trabajo, y por eso hacen sus aniversarios, llevándoles comida, bebida y ropa. A esta causa advierten con mucha razon los Prelados en sus Sinodos, que procuren los Sacerdotes dar á entender á los Indios, que las ofrendas que en la Iglesia se ponen en las sepulturas, no son comida ni bebida de las ánimas, sino de los pobres, ó de los ministros, y solo Dios es el que en la otra vida sustenta las ánimas, pues no comen, ni beben cosa corporal. Y va mucho en que sepan esto bien sabido, porque no conviertan el uso santo en supersticion gentílica, como muchos lo hacen.
[CAPÍTULO VIII]
Del uso de los mortuorios que tuvieron los Mejicanos y otras naciones.
Habiendo referido lo que en el Perú usaron muchas naciones con sus difuntos, es bien hacer especial mencion de los Mejicanos en esta parte, cuyos mortuorios eran solemnísimos, y llenos de grandes disparates. Era oficio de Sacerdotes y Religiosos en Méjico (que los habia con extraña observancia, como se dirá despues) enterrar los muertos, y hacerles sus exequias; y los lugares donde los enterraban, eran las sementeras y patios de sus casas propias: á otros llevaban á los sacrificaderos de los montes: otros quemaban, y enterraban las cenizas en los templos, y á todos enterraban con cuanta ropa, joyas y piedras tenian; y á los que quemaban, metian las cenizas en unas ollas, y en ellas las joyas y piedras y atavios, por ricos que fuesen. Cantaban los oficios funerales como responsos, y levantaban á los cuerpos de los difuntos muchas veces, haciendo muchas ceremonias. En estos mortuorios comian y bebian; y si eran personas de calidad, daban de vestir á todos los que habian acudido al enterramiento. En muriendo alguno, ponianle tendido en un aposento hasta que acudian de todas partes los amigos y conocidos, los cuales traian presentes al muerto, y le saludaban como si fuera vivo. Y si era Rey, ó Señor de algun pueblo, le ofrecian esclavos, para que los matasen con él, y le fuesen á servir al otro mundo. Mataban asímismo al sacerdote ó capellan que tenia, porque todos los Señores tenian un sacerdote, que dentro de casa les administraba las ceremonias; y así le mataban para que fuese á administrar al muerto: mataban al Maestresala, al Copero, á los enanos y corcovados, que de estos se servian mucho, y á los hermanos que mas le habian servido; lo cual era grandeza entre los Señores servirse de sus hermanos y de los referidos. Finalmente mataban á todos los de su casa, para llevar y poner casa al otro mundo. Y por que no tuviesen allá pobreza, enterraban mucha riqueza de oro, plata y piedras, ricas cortinas de muchas labores, brazaletes de oro, y otras ricas piezas; y si quemaban al difunto, hacian lo mismo con toda la gente y atavíos que le daban para el otro mundo. Tomaban toda aquella ceniza, y enterrábanla con grande solemnidad: duraban las exequias diez dias de lamentables y llorosos cantos. Sacaban los sacerdotes á los difuntos con diversas ceremonias, segun ellos lo pedian, las cuales eran tantas, que cuasi no se podian numerar. A los Capitanes y grandes Señores les ponian sus insignias y trofeos, segun sus hazañas y valor que habian tenido en las guerras y gobierno, que para esto tenian sus particulares blasones y armas. Llevaban todas estas cosas y señales al lugar donde habia de ser enterrado, ó quemado, delante del cuerpo, acompañandole con ellas en procesion, donde iban los sacerdotes y dignidades del templo, con diversos aparatos, unos incensando, y otros cantando, y otros tañendo tristes flautas y tambores, lo cual aumentaba mucho el llanto de los vasallos y parientes. El Sacerdote que hacía el oficio, iba ataviado con las insignias del Idolo, á quien habia representado el muerto, porque todos los Señores representaban á los Idolos, y tenian sus renombres, á cuya causa eran tan estimados y honrados. Estas insignias sobredichas llevaba de ordinario la orden de la Caballería. Y al que quemaban, despues de haberle llevado al lugar adonde habian de hacer las cenizas, rodeabanle de tea á él, y á todo lo que pertenecia á su matalotage, como queda dicho, y pegabanle fuego, aumentándolo siempre con maderos resinosos hasta que todo se hacía ceniza. Salia luego un Sacerdote vestido con unos atavíos de demonio, con bocas por todas las coyunturas, y muchos ojos de espejuelos, con un gran palo, y con él revolvia todas aquellas cenizas con gran ánimo y denuedo, el cual hacía una representacion tan fiera, que ponia grima á todos los presentes. Y algunas veces este ministro sacaba otros trages diferentes, segun era la cualidad del que moría. Esta digresion de los muertos y mortuorios se ha hecho por ocasion de la idolatría de los difuntos; ahora será justo volver al intento principal, y acabar con esta materia.
[CAPÍTULO IX]
Del cuarto y último género de idolatría que usaron los Indios con imágenes y estatuas, especialmente los Mejicanos.
Aunque en los dichos géneros de idolatría, en que se adoraban criaturas, hay gran ofensa de Dios, el Espíritu Santo condena mucho mas, y abomina otro linage de idólatras, que adoran solamente las figuras é imágenes fabricadas por manos de hombres, sin haber en ellas mas de ser piedras, palos, ó metal, y la figura que el artífice quiso darles. Así dice el Sabio[24] de estos tales: Desventurados, y entre los muertos se puede contar su esperanza, de los que llamaron Dioses á las obras de las manos de los hombres, al oro, á la plata con la invencion y semejanza de animales, ó la piedra inútil, que no tiene mas de ser de una antigualla. Y va prosiguiendo divinamente contra este engaño y desatino de los Gentiles, como tambien el Profeta Isaías y el Profeta Jeremías y el Profeta Baruch y el Santo Rey David copiosa y graciosamente disputan[25]. Y convendrá que el Ministro de Cristo, que reprueba los errores de idolatría, tenga bien vistos y digeridos estos lugares, y las razones que en ellos tan galanamente el Espíritu Santo toca, que todas se reducen á una breve sentencia, que pone el Profeta Oseas[26]: El oficial fué el que le hizo, y así no es Dios; servirá pues, para telas de arañas el becerro de Samaria. Viniendo á nuestro cuento, hubo en las Indias gran curiosidad de hacer Idolos y pinturas de diversas formas y diversas materias, y á éstas adoraban por Dioses. Llamábanlas en el Perú Guácas, y ordinariamente eran de gestos feos y disformes, á lo menos las que yo he visto, todas eran así. Creo, sin duda, que el demonio, en cuya veneracion las hacian, gustaba de hacerse adorar en figuras mal agestadas. Y es así en efecto verdad, que en muchas de estas Guácas, ó Idolos, el demonio hablaba y respondia, y los Sacerdotes y Ministros suyos acudian á estos oráculos del padre de las mentiras; y cual él es, tales eran sus consejos y avisos y profecías. En donde este género de idolatría prevaleció mas que en parte del mundo, fué en la Provincia de Nueva-España, en la de Méjico y Tezcúco, y Tlascála y Cholúla, y partes convecinas de aquel Reino. Y es cosa prodigiosa de contar las supersticiones que en esta parte tuvieron; mas no será sin gusto referir algo de ellas. El principal Idolo de los Mejicanos, como está arriba dicho, era Vitzilipuztli: esta era una estatua de madera entretallada en semejanza de un hombre sentado en un escaño azul fundado en unas andas, y de cada esquina salia un madero con una cabeza de sierpe al cabo: el escaño denotaba que estaba sentado en el Cielo. El mismo Idolo tenia toda la frente azul, y por encima de la nariz una venda azul, que tomaba de una oreja á otra. Tenia sobre la cabeza un rico plumage de hechura de pico de pájaro: el remate de él de oro muy bruñido. Tenia en la mano izquierda una rodela blanca con cinco piñas de plumas blancas puestas en cruz: salia por lo alto un gallardete de oro, y por las manijas cuatro saetas, que segun decian los Mejicanos, les habian enviado del Cielo para hacer las hazañas que en su lugar se dirán. Tenia en la mano derecha un báculo labrado á manera de culebra, todo azul ondeado. Todo este ornato, y el demas, que era mucho, tenia sus significaciones, segun los Mejicanos declaraban. El nombre de Vitzilipuztli quiere decir siniestra de pluma relumbrante. Del templo superbísimo, y sacrificios y fiestas y ceremonias de este gran Idolo se dirá abajo, que son cosas muy notables. Solo digo al presente, que este Idolo vestido y aderezado ricamente estaba puesto en un altar muy alto en una pieza pequeña, muy cubierta de sábanas, de joyas, de plumas y de aderezos de oro, con muchas rodelas de pluma, lo mas galana y curiosamente que ellos podian tenerle, y siempre delante de él una cortina para mayor veneracion. Junto al aposento de este Idolo habia otra pieza menos aderezada, donde habia otro Idolo que se decia Tlalóc. Estaban siempre juntos estos dos Idolos, porque los tenian por compañeros, y de igual poder. Otro Idolo habia en Méjico muy principal, que era el Dios de la penitencia, y de los jubileos y perdon de pecados. Este Idolo se llamaba Tezcatlipúca, el cual era de una piedra muy relumbrante, y negra como azabache, vestido de algunos atavíos galanos á su modo. Tenia zarcillos de oro y de plata, en el labio bajo un cañutillo cristalino de un geme de largo, y en él metida una pluma verde, y otras veces azul, que parecia esmeralda ó turquesa. La coleta de los cabellos le ceñia una cinta de oro bruñido, y en ella por remate una oreja de oro con unos humos pintados en ella, que significaban los ruegos de los afligidos y pecadores, que oia cuando se encomendaban á él. Entre esta oreja y la otra salian unas garzotas en grande número: al cuello tenia un joyel de oro colgado, tan grande, que le cubria todo el pecho: en ambos brazos brazaletes de oro: en el ombligo una rica piedra verde: en la mano izquierda un mosqueador de plumas preciadas verdes, azules, amarillas, que salian de una chapa de oro reluciente muy bruñido, tanto, que parecia espejo: en que daba á entender, que en aquel espejo veía todo lo que se hacía en el mundo. A este espejo ó chapa de oro llamaban Itlacheaya, que quiere decir, su mirador. En la mano derecha tenía cuatro saetas, que significaban el castigo que por los pecados daba á los malos. Y así al Idolo que mas temian, porque no les descubriesen sus delitos, era éste, en cuya fiesta, que era de cuatro á cuatro años, habia perdon de pecados, como adelante se relatará. A este mismo Idolo Tezcatlipúca tenian por Dios de las sequedades, hambres, esterilidad y pestilencia. Y así le pintaban en otra forma, que era asentado con mucha autoridad en un escaño rodeado de una cortina colorada labrada de calaveras y huesos de muertos. En la mano izquierda una rodela con cinco piñas de algodon, y en la derecha una vara arrojadiza, amenazando con ella; el brazo muy estirado, como que la queria ya tirar. De la rodela salian cuatro saetas: el semblante airado: el cuerpo untado todo de negro: la cabeza llena de plumas de codornices. Eran grandes las supersticiones que usaban con este Idolo, por el mucho miedo que le tenian. En Cholula, que es cerca de Méjico, y era república por sí, adoraban un famoso Idolo, que era el Dios de las mercaderías, porque ellos eran grandes mercaderes; y hoy dia son muy dados á tratos: llamábanle Quetzaalcoátl. Estaba este Idolo en una gran plaza, en un templo muy alto. Tenia al derredor de sí oro, plata, joyas y plumas ricas, ropas de mucho valor, y de diversos colores. Era en figura de hombre, pero la cara de pájaro, con un pico colorado, y sobre él una cresta y berrugas, con unas rengleras de dientes, y la lengua de fuera. En la cabeza una mitra de papel puntiaguda pintada: una hoz en la mano, y muchos aderezos de oro en las piernas, y otras mil invenciones de disparates, que todo aquello significaba, y en efecto le adoraban, porque hacía ricos á los que queria, como el otro Dios Mamón, ó el otro Plutón. Y cierto el nombre que le daban los Cholulanos á su Dios, era á propósito, aunque ellos no lo entendian. Llamábanle Quetzaalcoátl, que es culebra de pluma rica, que tal es el demonio de la codicia. No se contentaban estos bárbaros de tener dioses, sino que tambien tenian sus diosas, como las fábulas de los Poetas las introdujeron, y la ciega gentilidad de Griegos y Romanos las veneraron. La principal de las diosas que adoraban, llamaban Tozi, que quiere decir, nuestra abuela, que segun refieren las historias de los Mejicanos, fué hija del Rey de Culhuacán, que fué la primera que desollaron por mandado de Vitzilipuztli, consagrándola de esta arte por su hermana; y desde entonces comenzaron á desollar los hombres para los sacrificios, y vestirse los vivos de los pellejos de los sacrificados, entendiendo que su Dios se agradaba de ello; como tambien el sacar los corazones á los que sacrificaban, lo aprendieron de su Dios, cuando él mismo los sacó á los que castigó en Tula, como se dirá en su lugar. Una de estas diosas, que adoraban, tuvo un hijo grandísimo cazador, que despues tomaron por dios los de Tlascála, que fué el bando opuesto á los Mejicanos, con cuya ayuda los Españoles ganaron á Méjico. Es la provincia de Tlascala muy aparejada para caza, y la gente muy dada á ella, y asi hacian gran fiesta. Pintan al Idolo de cierta forma, que no hay que gastar tiempo en referirla; mas la fiesta que le hacian, es muy donosa. Y era así, que al reir del alba tocaban una bocina, con que se juntaban todos con sus arcos y flechas, redes y otros instrumentos de caza, é iban con su Idolo en procesion, y tras ellos grandísimo número de gente á una sierra alta, donde en la cumbre de ella tenian puesta una ramada, y en medio un altar riquísimamente aderezado, donde ponían al Idolo. Yendo caminando con el gran ruido de bocinas, caracoles, flautas, y atambores llegados al puesto, cercaban toda la falda de aquella sierra al derredor, y pegándole por todas partes fuego, salian muchos y muy diversos animales, venados, conejos, liebres, zorras, lobos, &c., los cuales iban hácia la cumbre, huyendo de el fuego; y yendo los cazadores tras ellos con grande grita y vocería, tocando diversos instrumentos, los llevaban hasta la cumbre delante del Idolo, donde venia á haber tanta apretura en la caza, que dando saltos, unos rodaban, otros daban sobre la gente y otros sobre el altar, con que había grande regocijo y fiesta. Tomaban entonces grande número de caza, y á los venados y animales grandes sacrificaban delante de el Idolo, sacándoles los corazones con la ceremonia que usaban en los sacrificios de los hombres. Lo cual hecho, tomaban toda aquella caza á cuestas, y volvíanse con su Idolo por el mismo órden que fueron, y entraban en la ciudad con todas estas cosas muy regocijados, con grande música de bocinas y atabales, hasta llegar al templo, adonde ponian su Idolo con muy gran reverencia y solemnidad. Ibanse luego todos á guisar las carnes de toda aquella caza, de que hacian un convite á todo el pueblo; y despues de comer hacian sus representaciones y baile delante de el Idolo. Otros muchos dioses y diosas tenian con gran suma de Idolos, mas los principales eran en la nacion Mejicana y en sus vecinas, los que están dichos.
[CAPÍTULO X]
De un extraño modo de idolatría que usaron los Mejicanos.
Como dijimos, que los Reyes Incas del Perú substituyeron ciertas estatuas de piedra hechas á su semejanza, que les llamaban sus Guaoiquíes ó hermanos, y les hacían dar la misma veneracion que á ellos; así los Mejicanos lo usaron con sus dioses; pero pasaron estos mucho más adelante, porque hacian dioses de hombres vivos, y era en esta manera: Tomaban un cautivo, el que mejor les parecia, y antes de sacrificarle á sus Idolos, ponianle el nombre de el mismo Idolo, á quien habia de ser sacrificado, y vestíanle y adornábanle de el mismo ornato que á su Idolo, y decían, que representaba al mismo Idolo. Y por todo el tiempo que duraba esta representacion, que en unas fiestas era de un año, y en otras era de seis meses, y en otras de menos, de la misma manera le veneraban y adoraban, que al propio Idolo, y comia, bebia y holgaba. Y cuando iba por las calles, salia la gente á adorarle, y todos le ofrecian mucha limosna; y llevábanle los niños, y los enfermos para que los sanase y bendijese, y en todo le dejaban hacer su voluntad, salvo, que porque no se huyese, le acompañaban siempre diez ó doce hombres, adonde quiera que iba. Y él, para que le hiciesen reverencia por donde pasaba, tocaba de cuando en cuando un cañutillo, con que se apercibia la gente para adorarle. Cuando estaba de sazon y bien gordo, llegada la fiesta, le abrian, mataban y comian, haciendo solemne sacrificio de él. Cierto pone lástima ver de la manera que Satanás estaba apoderado de esta gente, y lo está hoy dia de muchas, haciendo semejantes potages y embustes á costa de las tristes almas y miserables cuerpos que le ofrecen, quedándose él riendo de la burla tan pesada que les hace á los desventurados, mereciendo sus pecados que le deje el altísimo Dios en poder de su enemigo, á quien escogieron por dios y amparo suyo. Mas, pues se ha dicho lo que basta de las idolatrías de los Indios, síguese que tratemos del modo de religion ó supersticion, por mejor decir, que usan de sus ritos, de sus sacrificios, de templos, y ceremonias, y lo demás que á esto toca.
[CAPÍTULO XI]
De como el Demonio ha procurado asemejarse á Dios en el modo de sacrificios, Religion y Sacramentos.
Pero antes de venir á eso, se ha de advertir una cosa, que es muy digna de ponderar; y es, que como el Demonio ha tomado por su soberbia bando y competencia con Dios, lo que nuestro Dios con su sabiduría ordena para su culto y honra, y para bien y salud del hombre, procura el Demonio imitarlo y pervertirlo, para ser él honrado, y el hombre mas condenado. Y así vemos que como el sumo Dios tiene sacrificios, Sacerdotes, Sacramentos, Religiosos, Profetas y gente dedicada á su divino culto y ceremonias santas, así tambien el Demonio tiene sus sacrificios y Sacerdotes, y su modo de Sacramentos, y gente dedicada á recogimiento y santimonía fingida, y mil géneros de profetas falsos. Todo lo cual, declarado en particular como pasa, es de grande gusto, y de no menor consideracion para el que se acordáre, como el Demonio es padre de la mentira, segun la suma Verdad lo dice en su Evangelio[27]; y así procura usurpar para sí la gloria de Dios, y fingir con sus tinieblas la luz. Los encantadores de Egipto, enseñados de su maestro Satanás, procuraban hacer en competencia de Moisés y Aarón otras maravillas semejantes[28]. Y en el libro de los Jueces[29] leemos de el otro Micas, que era Sacerdote del Idolo vano, usando los aderezos que en el tabernáculo del verdadero Dios se usaban, aquel ephod y teraphim, y lo demas: Sease lo que quisieren los doctos. Apenas hay cosa instituída por Jesu-Cristo, nuestro Dios y Señor, en su Ley Evangélica, que en alguna manera no la haya el Demonio sofisticado y pasado á su gentilidad: como echará de ver quien advirtiere en lo que por ciertas relaciones tenemos sabido de los ritos y ceremonias de los Indios, de que vamos tratando en este libro.
[CAPÍTULO XII]
De los Templos que se han hallado en las Indias.
Comenzando, pues, por los templos, como el sumo Dios quiso que se le dedicase casa, en que su santo nombre fuese con particular culto celebrado, así el demonio para sus intentos persuadió á los infieles que le hiciesen soberbios templos y particulares adoratorios y santuarios. En cada Provincia del Perú habia una principal Guáca, ó casa de adoracion; y ademas de ésta algunas universales, que eran para todos los Reinos de los Incas. Entre todas fueron dos señaladas: una que llaman de Pachacáma, que está cuatro leguas de Lima, y se ven hoy las ruinas de un antiquísimo y grandísimo edificio, de donde Francisco Pizarro y los suyos hubieron aquella inmensa riqueza de vasijas y cántaros de oro y plata, que les trajeron cuando tuvieron preso al Inca Atagualpa. En este templo hay relacion cierta, que hablaba visiblemente el Demonio, y daba respuestas desde su oráculo, y que á tiempos veían una culebra muy pintada; y esto de hablar y responder el Demonio en estos falsos santuarios, y engañar á los miserables, es cosa muy comun y muy averiguada en Indias; aunque donde ha entrado el Evangelio, y levantado la señal de la Santa Cruz, manifiestamente ha enmudecido el padre de las mentiras, como de su tiempo escribe Plutarco[30]: Cur cessaverit Pithias fundere oracula. Y San Justino Mártir trata largo[31] de este silencio que Cristo puso á los demonios que hablaban en los Idolos, como estaba mucho antes profetizado en la divina Escritura. El modo que tenian de consultar á sus dioses los ministros infieles hechiceros, era como el Demonio les enseñaba; ordinariamente era de noche; y entraban las espaldas vueltas al Idolo, andando hácia atrás; y doblando el cuerpo, y inclinando la cabeza, ponianse en una postura fea, y así consultaban. La respuesta de ordinario era en una manera de silvo temeroso, ó con un chillido, que les ponia horror; y todo cuanto les avisaba y mandaba, era encaminado á su engaño y perdicion. Ya, por la misericordia de Dios, y gran poder de Jesu-Cristo, muy poco se halla de esto. Otro templo y adoratorio aun muy mas principal hubo en el Perú, que fué en la ciudad del Cúzco, adonde es ahora el Monasterio de Santo Domingo; y en los sillares y piedras del edificio, que hoy dia permanecen, se echa de ver que fuese cosa muy principal. Era este templo como el Panteon de los Romanos, cuanto á ser casa y morada de todos los dioses. Porque en ella pusieron los Reyes Incas los dioses de todas las provincias y gentes que conquistaron, estando cada Idolo en su particular asiento, y haciéndole culto y veneracion los de su provincia con un gasto excesivo de cosas que se traían para su ministerio; y con esto les parecía que tenian seguras las provincias ganadas, con tener como en rehenes sus dioses. En esta misma casa estaba el Puncháo, que era un Idolo del Sol, de oro finísimo, con gran riqueza de pedrería, y puesto al oriente con tal artificio, que en saliendo el Sol, daba en él; y como era el metal finísimo, volvian los rayos con tanta claridad, que parecía otro Sol. Este adoraban los Incas por su dios, y al Pachayachachíc, que es el hacedor del Cielo. En los despojos de este templo riquísimo dicen, que un soldado hubo aquella hermosísima plancha de oro del Sol; y como andaba largo el juego, la perdió una noche jugando. De donde toma origen el refrán que en el Perú anda de grandes tahures, diciendo: juega el Sol, antes que nazca.
[CAPÍTULO XIII]
De los soberbios Templos de Méjico.
Pero sin comparacion fué mayor la supersticion de los Mejicanos, así en sus ceremonias, como en la grandeza de sus templos, que antiguamente llamaban los Españoles el Cu, y debió de ser vocablo tomado de los Isleños de Santo Domingo, ó de Cuba, como otros muchos que se usan, y no son ni de España, ni de otra lengua que hoy dia se use en Indias, como son maíz, chicha, vaquiano, chapeton, y otros tales. Habia, pues, en Méjico el Cu, tan famoso templo de Vitzipúztli, que tenia una cerca muy grande, y formaba dentro de sí un hermosísimo patio: toda ella era labrada de piedras grandes á manera de culebras, asidas las unas á las otras; y por eso se llamaba esta cerca Coatepántli, que quiere decir cerca de culebras. Tenian las cumbres de las cámaras y oratorios donde los Idolos estaban, un pretil muy galano, labrado con piedras menudas, negras como azabache, puestas con mucho órden y concierto, revocado todo el campo de blanco y colorado, que desde abajo lucía mucho. Encima de este pretil habia unas almenas muy galanas, labradas como caracoles: tenia por remate de los estribos dos Indios de piedra, asentados con unos candeleros en las manos, y de ellos salian unas como mangas de cruz, con remates de ricas plumas amarillas y verdes, y unos rapacejos largos de lo mismo. Por dentro de la cerca de este patio habia muchos aposentos de Religiosos, y otros en lo alto para Sacerdotes y Papas, que así llamaban á los supremos Sacerdotes que servian al Idolo. Era este patio tan grande y espacioso, que se juntaban á danzar ó bailar en él en rueda al derredor, como lo usaban en aquel reino, sin estorbo ninguno, ocho ó diez mil hombres, que parece cosa increíble. Tenia cuatro puertas ó entradas á oriente y poniente, y norte y mediodia: de cada puerta de estas principiaba una calzada muy hermosa de dos y tres leguas; y así habia en medio de la laguna, donde estaba fundada la ciudad de Méjico, cuatro calzadas en cruz muy anchas, que la hermoseaban mucho. Estaban en estas portadas cuatro dioses, ó Idolos, los rostros vueltos á las mismas partes de las calzadas. Frontero de la puerta de este Templo de Vitzilipúztli habia treinta gradas de treinta brazas de largo, que las dividia una calle que estaba entre la cerca del patio y ellas. En lo alto de las gradas habia un paseadero de treinta pies de ancho, todo encalado: en medio de este paseadero una palizada muy bien labrada de árboles muy altos puestos en hilera, una braza uno de otro: estos maderos eran muy gruesos, y estaban todos barrenados con unos agujeros pequeños: desde abajo hasta la cumbre venian por los agujeros de un madero á otro unas varas delgadas, en las cuales estaban ensartadas muchas calaveras de hombres por las sienes: tenia cada una veinte cabezas. Llegaban estas hileras de calaveras desde lo bajo hasta lo alto de los maderos, llena la palizada de cabo á cabo, de tantas y tan espesas calaveras, que ponian admiracion y grima. Eran estas calaveras de los que sacrificaban, porque despues de muertos, y comida la carne, traían la calavera, y entregábanla á los ministros del templo, y ellos la ensartaban allí, hasta que se caian á pedazos; y tenian cuidado de renovar con otras las que caían. En la cumbre del templo estaban dos piezas como capillas, y en ellas los dos Idolos que se han dicho de Vitzilipúztli, y su compañero Tlalóc, labradas las capillas dichas de figuras de talla; y estaban tan altas, que para subir á ellas, habia una escalera de ciento y veinte gradas de piedra. Delante de sus aposentos habia un patio de cuarenta pies en cuadro, en medio del cual habia una piedra de hechura de pirámide verde y puntiaguda, de altura de cinco palmos; y estaba puesta para los sacrificios de hombres que allí se hacían, porque echado un hombre de espaldas sobre ella, le hacía doblar el cuerpo, y así le abrian, y le sacaban el corazon, como adelante se dirá. Habia en la ciudad de Méjico otros ocho ó nueve templos como éste que se ha dicho, los cuales estaban pegados unos con otros dentro de un circuíto grande; y tenian sus gradas particulares, y su patio con aposentos y dormitorios. Estaban las entradas de los unos á poniente, otros á levante, otros al sur, otros al norte, todos muy labrados, y torreados con diversas hechuras de almenas y pinturas, con muchas figuras de piedra, fortalecidos con grandes y anchos estribos. Eran estos dedicados á diversos dioses; pero despues del Templo de Vitzilipúztli, era el del Idolo Tezcatlipúca, que era dios de la penitencia, y de los castigos, muy alto, y muy hermosamente labrado. Tenia para subir á él ochenta gradas, al cabo de las cuales se hacía una mesa de ciento y veinte pies de ancho; y junto á ella una sala toda entapizada de cortinas de diversos colores y labores: la puerta baja y ancha, y cubierta siempre con un velo; y solo los Sacerdotes podian entrar; y todo el templo labrado de varias efigies y tallas, con gran curiosidad, porque estos dos templos eran como Iglesias Catedrales, y los demas en su respecto como Parroquias y Hermitas. Y eran tan espaciosos y de tantos aposentos, que en ellos habia los Ministerios, Colegios, Escuelas y Casas de Sacerdotes, que se dirá despues. Lo dicho puede bastar para entender la soberbia del Demonio, y la desventura de la miserable gente, que con tanta costa de sus haciendas, trabajo y vidas servian á su propio enemigo, que no pretendia de ellos mas que destruirles las almas, y consumirles los cuerpos; y con esto muy contentos, pareciéndoles por su grave engaño, que tenian grandes y poderosos Dioses, á quien tanto servicio se hacía.
[CAPÍTULO XIV]
De los Sacerdotes y oficios que hacian.
En todas las naciones del mundo se hallan hombres particularmente diputados al culto de Dios verdadero ó falso, los cuales sirven para los sacrificios, y para declarar al pueblo lo que sus Dioses les mandan. En Méjico hubo en esto extraña curiosidad; y remedando el Demonio el uso de la Iglesia de Dios, puso tambien su orden de Sacerdotes menores, mayores y supremos, y unos como Acólitos, y otros como Levitas. Y lo que mas me ha admirado, hasta en el nombre parece que el Diablo quiso usurpar el culto de Cristo para sí, porque á los supremos Sacerdotes, y como si dijésemos Sumos Pontífices, llamaban en su antigua lengua Papas los Mejicanos, como hoy dia consta por sus historias y relaciones. Los Sacerdotes de Vitzilipúztli sucedian por linages de ciertos barrios diputados á esto. Los Sacerdotes de otros Idolos eran por eleccion ó ofrecimiento desde su niñez al templo. Su perpetuo ejercicio de los Sacerdotes era incensar á los Idolos, lo cual se hacia cuatro veces cada dia natural: la primera en amaneciendo: la secunda al medio dia: la tercera á puesta del Sol: la cuarta á media noche. A esta hora se levantaban todas las Dignidades del templo, y en lugar de campanas tocaban unas bocinas y caracoles grandes, y otros unas flautillas, y tañían un gran rato un sonido triste; y despues de haber tañido, salia el Hebdomadario ó Semanero, vestido de una ropa blanca como Dalmática, con su incensario en la mano lleno de brasa, la cual tomaba del brasero ó fogon que perpetuamente ardia ante el altar, y en la otra mano una bolsa llena de incienso, del cual echaba en el incensario y entrando donde estaba el Idolo, incensaba con mucha reverencia. Despues tomaba un paño, y con la misma limpiaba el altar y cortinas; y acabado esto, se iban á una pieza juntos, y allí hacían cierto género de penitencia muy rigurosa y cruel, hiriéndose y sacándose sangre en el modo que se dirá, cuando se trate de la penitencia que el Diablo enseñó á los suyos: estos maitines á media noche jamás faltaban. En los sacrificios no podian entender otros sino solos los Sacerdotes, cada uno conforme á su grado y dignidad. Tambien predicaban á la gente en ciertas fiestas, como cuando de ellas se trate diremos: tenian sus rentas; y tambien se les hacían copiosas ofrendas. De la uncion con que se consagraban Sacerdotes, se dirá tambien adelante. En el Perú se sustentaban de las heredades, que allá llaman Chácaras de sus Dioses, las cuales eran muchas, y muy ricas.
[CAPÍTULO XV]
De los Monasterios de Doncellas que inventó el Demonio para su servicio.
Como la vida religiosa (que á imitacion de Jesu-Cristo y sus Sagrados Apóstoles han profesado y profesan en la Santa Iglesia tantos siervos y siervas de Dios) es cosa tan acepta en los ojos de la divina Magestad, y con que tanto su santo nombre se honra, y su Iglesia se hermosea; así el padre de la mentira ha procurado, no solo remedar esto, pero en cierta forma tener competencia, y hacer á sus Ministros que se señalen en aspereza y observancia. En el Perú hubo muchos Monasterios de Doncellas, que de otra suerte no podian ser recibidas; y por lo menos en cada provincia habia uno, en el cual estaban dos géneros de mugeres: unas ancianas, que llamaban Mamacónas, para enseñanza de las demás: otras eran muchachas, que estaban allí cierto tiempo, y despues las sacaban para sus Dioses, ó para el Inca. Llamaban esta casa ó Monasterio, Acllaguáci, que es casa de escogidas; y cada Monasterio tenia su Vicario ó Gobernador, llamado Apopanáca, el cual tenia facultad de escoger todas las que quisiese, de cualquier calidad que fuesen, siendo de ocho años abajo, como le pareciesen de buen talle y disposicion. Estas encerradas allí eran doctrinadas por las Mamacónas en diversas cosas necesarias para la vida humana, y en los ritos y ceremonias de sus Dioses: de allí se sacaban de catorce años para arriba, y con grande guardia se enviaban á la Corte: parte de ellas se diputaban para servir en las Guácas y Santuarios, conservando perpetua virginidad: parte para los sacrificios ordinarios que hacían de Doncellas, y otros extraordinarios por la salud, ó muerte, ó guerras del Inca: parte tambien para mugeres ó mancebas del Inca, y de otros parientes ó Capitanes suyos, á quien él las daba; y era hacerles gran merced: este repartimiento se hacía cada año. Para el sustento de estos Monasterios, que era gran cuantidad de Doncellas las que tenian, habia rentas y heredades propias, de cuyos frutos se mantenian. A ningun padre era lícito negar sus hijas cuando el Apopanáca se las pedía para encerrarlas en los dichos Monasterios, y aun muchos ofrecian sus hijas de su voluntad, pareciéndoles que ganaban gran mérito en que fuesen sacrificadas por el Inca. Si se hallaba haber alguna de estas Mamacónas ó Acllas delinquido contra su honestidad, era infalible el castigo de enterrarla viva, ó matarla con otro género de muerte cruel. En Méjico tuvo tambien el Demonio su modo de Monjas, aunque no les duraba la profesion y santimonia mas de por un año; y era de esta manera: dentro de aquella cerca grandísima, que dijimos arriba, que tenia el templo principal, habia dos casas de recogimiento, una frontero de otra; la una de varones, y la otra de mugeres. En la de mugeres solo habia Doncellas de doce á trece años, á las cuales llamaban las mozas de la penitencia: eran otras tantas como los varones: vivian en castidad y clausura como doncellas diputadas al culto de su Dios. El ejercicio que tenian era regar y barrer el templo, y hacer cada mañana de comer al Idolo y á sus Ministros de aquello que de limosna recogían los Religiosos. La comida que al Idolo hacian eran unos bollos pequeños en figura de manos y pies, y otros retorcidos como melcochas. Con este pan hacían ciertos guisados, y poníanselo al Idolo delante cada dia, y comíanlo sus Sacerdotes, como los de Bel, que cuenta Daniel[32]. Estaban estas mozas trasquiladas, y despues dejaban crecer el cabello hasta cierto tiempo. Levantábanse á media noche á los maitines de los Idolos, que siempre se hacían, haciendo ellas los mismos ejercicios que los Religiosos. Tenian sus Abadesas, que las ocupaban en hacer lienzos de muchas labores para ornato de los Idolos y templos. El traje que continuamente traían, era todo blanco, sin labor, ni color alguna. Hacían tambien su penitencia á media noche, sacrificándose con herirse en las puntas de las orejas en la parte de arriba; y la sangre que se sacaban, poníansela en las mejillas; y dentro de su recogimiento tenian una alberca, donde se lavaban aquella sangre: vivian con honestidad y recato. Y si hallaban que hubiese alguna faltado, aunque fuese muy levemente, sin remision moria luego, diciendo que había violado la casa de su Dios; y tenian por agüero y por indicio de haber sucedido algun mal caso de estos, si veian pasar algun raton ó murciélago en la capilla de su Idolo, ó que habian roído algun velo; porque decian, que si no hubiera precedido algun delito, no se atreviera el raton ó murciélago á hacer tal descortesía. Y de aquí procedian á hacer pesquisa; y hallando el delincuente, por principal que fuese, luego le daban la muerte. En este Monasterio no eran admitidas Doncellas sino de uno de seis barrios, que estaban nombrados para el efecto; y duraba esta clausura, como está dicho, un año, por el cual ellas ó sus padres habian hecho voto de servir al Idolo en aquella forma; y de allí salian para casarse. Alguna semejanza tiene lo de estas Doncellas, y mas lo de las del Perú, con las Vírgenes Vestales de Roma, que refieren los Historiadores, para que se entienda como el Demonio ha tenido codicia de ser servido de gente que guarda limpieza, no porque á él le agrade la limpieza, pues es de suyo espiritu inmundo, sino por quitar al sumo Dios, en el modo que puede, esta gloria de servirse de integridad y limpieza.
[CAPÍTULO XVI]
De los Monasterios de Religiosos que tiene el Demonio para su supersticion.
Cosa es muy sabida por las cartas de los Padres de nuestra Compañía, escritas de Japón, la multitud y grandeza que hay en aquellas tierras, de Religiosos, que llaman Bonzos, sus costumbres, supersticion y mentiras; y así de estos no hay que decir de nuevo. De los Bonzos ó Religiosos de la China refieren Padres que estuvieron allá dentro, haber diversas maneras ú órdenes, y que vieron unos de hábito blanco y con bonetes; y otros de hábito negro, sin bonete ni cabello; y que de ordinario son poco estimados, y los Mandarines ó ministros de justicia los azotan como á los demas. Estos profesan no comer carne, ni pescado, ni cosa viva, sino arroz y yerbas: mas de secreto comen de todo, y son peores que la gente comun. Los Religiosos de la Corte, que está en Pekin, dicen, que son muy estimados. A las Varelas ó monasterios de estos monjes van de ordinario los Mandarines á recrearse, y cuasi siempre vuelven borrachos. Estan estos monasterios de ordinario fuera de las ciudades: dentro de ellos hay templos; pero en esto de Idolos y templos hay poca curiosidad en la China, porque los Mandarines hacen poco caso de Idolos y tienénlos por cosa de burla, ni aun creen que hay otra vida, ni aun otro paraíso, sino tener oficio de Mandarin; ni otro infierno sino las cárceles que ellos dan á los delincuentes. Para el vulgo dicen que es necesario entretenerle con idolatría, como también lo apunta el Filósofo[33] de sus Gobernadores. Y aun en la Escritura[34] fué género de escusa, que dió Aaron, del Idolo del becerro que fabricó. Con todo eso usan los Chinos en las popas de sus navios, en unas capilletas, traer allí puesta una doncella de bulto, asentada en su silla, con dos Chinos delante de ella arrodillados á manera de Angeles, y tiene lumbre de noche y de dia; y cuando han de dar á la vela, le hacen muchos sacrificios y ceremonias con gran ruído de atambores y campanas, y echan papeles ardiendo por la popa. Viniendo á los Religiosos, no sé que en el Perú haya habido casa propia de hombres recogidos, mas de sus Sacerdotes y hechiceros, que eran infinitos. Pero propia observancia, en donde parece haberla el Demonio puesto, fué en Méjico, porque habia en la cerca del gran templo dos monasterios, como arriba se ha tocado: uno de doncellas, de que se trató: otro de mancebos recogidos de diez y ocho á veinte años, los cuales llamaban Religiosos. Traían en las cabezas unas coronas como frailes: el cabello poco mas crecido, que les daba á media oreja, excepto que al colodrillo dejaban crecer el cabello cuatro dedos en ancho, que les descendía por las espaldas, y á manera de tranzado los ataban y tranzaban. Estos mancebos, que servían en el templo de Vitzilipúztli, vivian en pobreza, castidad y obediencia, y hacian el oficio de Levitas, administrando á los Sacerdotes y dignidades del templo el incensario, la lumbre y los vestimentos: barrian los lugares sagrados: traían leña para que siempre ardiese en el brasero del Dios, que era como lámpara, la cual ardía contínuo delante del altar del Idolo. Sin estos mancebos habia otros muchachos, que eran como monacillos, que servian de cosas manuales, como era enramar y componer los templos con rosas y juntos dar agua á manos á los Sacerdotes, administrar navajuelas para sacrificar, ir con los que iban á pedir limosna, para traer la ofrenda. Todos estos tenian sus Prepósitos, que tenian cargo de ellos, y vivian con tanta honestidad, que cuando salian en público donde habia mugeres, iban las cabezas muy bajas, los ojos en el suelo, sin osar alzarlos á mirarlas: traían por vestido unas sabanas de red. Estos mozos recogidos tenian licencia de salir por la ciudad de cuatro en cuatro, y de seis en seis, muy mortificados, á pedir limosna por los barrios; y cuando no se la daban, tenian licencia de llegarse á las sementeras, y coger las espigas de pan ó mazorcas, que habian menester, sin que el dueño osáse hablarles, ni evitárselo. Tenian esta licencia, porque vivian en pobreza sin otra renta mas de la limosna. No podia haber mas de cincuenta: ejercitábanse en penitencia, y levantábanse á media noche á tañer unos caracoles y bocinas, con que despertaban á la gente. Velaban el Idolo por sus cuartos, porque no se apagase la lumbre que estaba delante del altar: administraban el incensario con que los Sacerdotes incensaban el Idolo á media noche, á la mañana, al medio dia y á la oracion. Estos estaban muy sujetos y obedientes á los mayores, y no salian un punto de lo que les mandaban. Y despues que á media noche acababan de incensar los Sacerdotes, estos se iban á un lugar particular y sacrificaban, sacandose sangre de los molledos con unas puntas duras y agudas; y la sangre que así sacaban, se la ponian por las sienes hasta lo bajo de la oreja. Y hecho este sacrificio se iban luego á lavar á una laguna: no se untaban estos mozos con ningun betun en la cabeza, ni en el cuerpo, como los Sacerdotes: y su vestido era una tela que allá se hace muy áspera y blanca. Durábales este ejercicio y aspereza de penitencia un año entero, en el cual vivian con mucho recogimiento y mortificacion. Cierto es de maravillar, que la falsa opinion de Religion pudiese en estos mozos y mozas de Méjico tanto, que con tan gran aspereza hiciesen en servicio de Sátanas lo que muchos no hacemos en servicio del altísimo Dios: que es grave confusion para los que con un poquito de penitencia que hacen, estan muy ufanos y contentos. Aunque el no ser aquel ejercicio perpetuo, sino de un año, lo hacía más tolerable.
[CAPÍTULO XVII]
De las penitencias y asperezas que han usado los Indios por persuasion del Demonio.
Y pues hemos llegado á este punto, bien será que así para manifestar la maldita soberbia de Satanás, como para confundir y despertar algo nuestra tibieza en el servicio de el sumo Dios, digamos algo de los rigores y penitencias extrañas, que esta miserable gente hacía por persuasion del Demonio, como los falsos Profetas de Baal[35], que con lancetas se herian y sacaban sangre: y como los que al sucio Beelfegor sacrificaban sus hijos é hijas[36]: y los pasaban por fuego, segun dan testimonio las Divinas letras[37], que siempre Satanás fué amigo de ser servido á mucha costa de los hombres. Ya se ha dicho, que los Sacerdotes y Religiosos de Méjico se levantaban á media noche, y habiendo incensado al Idolo los Sacerdotes, y como dignidades del templo, se iban á un lugar de una pieza ancha, donde habia muchos asientos, y allí se sentaban: y tomando cada uno una pua de manguéy, que es como alesna ó punzon agudo, ó con otro género de lancetas ó navajas, pasábanse las pantorrillas junto á la espinilla, sacándose mucha sangre, con la cual se untaban las sienes, bañando con la demas sangre las puas ó lancetas, y poníanlas despues entre las almenas del patio hincadas en unos globos ó bolas de paja, para que todos las viesen y entendiesen la penitencia que hacian por el pueblo. Lavábanse de esta sangre en una laguna diputada para esto, llamada Ezapán, que es agua de sangre; y habia gran número de estas lancetas ó puas en el templo, porque ninguna habia de servir dos veces. Demás de esto tenian grandes ayunos estos Sacerdotes y Religiosos, como era ayunar cinco y diez dias seguidos antes de algunas fiestas principales, que eran estas como cuatro Temporas. Guardaban tan estrechamente la continencia, que muchos de ellos, por no venir á caer en alguna flaqueza, se hendian por medio los miembros viriles, y hacian mil cosas para hacerse impotentes, por no ofender á sus Dioses: no bebian vino: dormian muy poco, porque los mas de sus ejercicios eran de noche, y hacian en sí crueldades, martirizándose por el Diablo, y todo á trueco de que les tuviesen por grandes y una adores, y muy penitentes. Usaban disciplinarse con unas sogas que tenian ñudos; y no solo los Sacerdotes, pero todo el pueblo, hacía disciplina en la procesión y fiesta que se hacía al Idolo Tezcatlipúca, que se dijo arriba, era el Dios de la penitencia. Porque entonces llevaban todos en las manos unas sogas de hilo de manguéy, nuevas, de una braza, con un ñudo al cabo, y con aquellas se disciplinaban dándose grandes golpes en las espaldas. Para esta misma fiesta ayunaban los Sacerdotes cinco dias seguidos, comiendo una sola vez al dia, y apartados de sus mugeres, y no salian del templo aquellos cinco dias, azotándose reciamente con las sogas dichas. De las penitencias y extremos de rigor que usan los Bonzos, hablan largo las cartas de los Padres de la Compañía de Jesus, que escribieron de la India, aunque todo esto siempre ha sido sofisticado, y mas por apariencia, que verdad. En el Perú, para la fiesta de el Itu, que era grande, ayunaba toda la gente dos dias, en los cuales no llegaban á mugeres, ni comian cosa con sal, ni ají, ni bebian chicha; y este modo de ayunar usaban mucho. En ciertos pecados hacian penitencia de azotarse con unas hortigas muy ásperas: otras veces darse unos á otros con cierta piedra cuantidad de golpes en las espaldas. En algunas partes, esta ciega gente, por persuasion de el Demonio, se van á sierras muy agrias, y alli hacen vida asperísima largo tiempo. Otras veces se sacrifican despeñándose de algun alto risco, que todos son embustes del que ninguna cosa ama mas que el daño y perdicion de los hombres.
[CAPÍTULO XVIII]
De los Sacrificios que al Demonio hacían los Indios; y de qué cosas.
En lo que mas el enemigo de Dios y de los hombres ha mostrado siempre su astucia, ha sido en la muchedumbre y variedad de ofrendas y sacrificios, que para sus idolatrías ha enseñado á los infieles. Y como el consumir la substancia de las criaturas en servicio y culto del Criador, es acto admirable y propio de Religion, y esto es sacrificio, así el padre de la mentira ha inventado, que como á autor y señor le ofrezcan y sacrifiquen las criaturas de Dios. El primer género de sacrificios que usaron los hombres, fué muy sencillo, ofreciendo Caín[38] de los frutos de la tierra y Abel de lo mejor de su ganado: lo cual hicieron despues tambien Noé y Abrahan, y los otros Patriarcas, hasta que por Moysen le dió aquel largo Ceremonial del Levítico, en que se ponen tantas suertes y diferencias de sacrificios, y para diversos negocios de diversas cosas, y con diversas ceremonias; así tambien Satanás en algunas naciones se ha contentado con enseñar, que le sacrifiquen de lo que tienen, como quiera que sea: en otras ha pasado tan adelante en darles multitud de ritos y ceremonias en esto, y tantas observancias, que admira; y parece que es querer claramente competir con la ley antigua, y en muchas cosas usurpar sus propias ceremonias. A tres géneros de sacrificios podemos reducir todos los que usan estos infieles: unos de cosas insensibles, otros de animales, y otros de hombres. En el Perú usaron sacrificar coca, que es una yerba que mucho estiman, y maíz, que es su trigo, y plumas de colores, y chaquíra, que ellos llaman mollo, y conchas de la mar, y á veces oro y plata, figurando de ello animalejos; tambien ropa fina de cúmbi, y madera labrada y olorosa, y muy ordinariamente sebo quemado. Eran estas ofrendas ó sacrificios para alcanzar buenos temporales, ó salud, ó librarse de peligros y males. En el segundo género era su ordinario sacrificio de cuíes, que son unos animalejos como gazapillos, que comen los Indios bien. Y en cosas de importancia, ó personas caudalosas, ofrecian carneros de la tierra, ó pacos rasos, ó lanudos; y en el número, y en las colores, y en los tiempos habia gran consideracion y ceremonia. El modo de matar cualquier res chica ó grande, que usaban los Indios, segun su ceremonia antigua, es la propia que tienen los Moros, que llaman el alquible, que es, tomar la res encima del brazo derecho, y volverle los ojos hácia el Sol diciendo diferentes palabras, conforme á la cualidad de la res que se mata. Porque si era pintada, se dirigian las palabras al chuquílla ó trueno, para que no faltase el agua: y si era blanco raso, ofreciánle al Sol con unas palabras: y si era lanudo, con otras, para que alumbrase y criase: y si era guanáco, que es como pardo, dirigian el sacrificio al Viracócha. Y en el Cuzco se mataba con esta ceremonia cada dia un carnero raso al Sol, y se quemaba vestido con una camiseta colorada, y cuando se quemaba, echaban ciertos cestillos de coca en el fuego (que llamaban villcarónca); y para este sacrificio tenian gente diputada, y ganado que no servia de otra cosa. Tambien sacrificaban pájaros, aunque esto no se halla tan frecuente en el Perú como en Méjico, donde era muy ordinario el sacrificio de codornices. Los del Perú sacrificaban pájaros de la puna, que así llaman allá al desierto, cuando habian de ir á la guerra, para hacer disminuir las fuerzas de las guacas de sus contrarios. Este sacrificio se llamaba cuzcovícza, ó contevícza, ó huallavícza, ó sopavícza, y hacíanlo en esta forma: Tomaban muchos géneros de pájaros de la puna, y juntaban mucha leña espinosa, llamada yanlli, la cual encendida, juntaban los pájaros, y esta junta llamaban quizo, y los echaban en el fuego, alderedor de el cual andaban los oficiales del sacrificio con ciertas piedras redondas y esquinadas, á donde estaban pintadas muchas culebras, leones, sapos y tigres, diciendo (usachúm) que significa: Suceda nuestra victoria bien; y otras palabras en que decían: Piérdanse las fuerzas de las guacas de nuestros enemigos. Y sacaban unos carneros prietos, que estaban en prision algunos dias sin comer, que se llamaban urcu, y matandolos decian, que así como los corazones de aquellos animales estaban desmayados, así desmayasen sus contrarios. Y si en estos carneros veían, que cierta carne que está detrás de el corazon no se les habia consumido con los ayunos y prision pasada, teníanlo por mal agüero. Y traían ciertos perros negros llamados apurúcos, y matábanlos, y echábanlos en un llano, y con ciertas ceremonias hacían comer aquella carne á cierto género de gente. Tambien hacían este sacrificio para que el Inca no fuese ofendido con ponzoña, y para esto ayunaban desde la mañana hasta que salía la estrella, y entonces se hartaban y zahoraban á usanza de Moros. Este sacrificio era el mas acepto para contra los Dioses de los contrarios. Y aunque el dia de hoy ha cesado cuasi todo esto, por haber cesado las guerras, con todo han quedado rastros, y no pocos, para pendencias particulares de Indios comunes, ó de Caciques, ó de unos pueblos con otros. Item, tambien sacrificaban ú ofrecian conchas de la mar, que llamaban mollo, y ofrecíanlas á las fuentes y manantiales, diciendo, que las conchas eran hijas de la mar, madre de todas las aguas. Tienen diferentes nombres segun la color, y así sirven á diferentes efectos. Usan de estas conchas cuasi en todas las maneras de sacrificios; y aun el dia de hoy echan algunos el mollo molido en la chicha por supersticion. Finalmente, de todo cuanto sembraban y criaban, si les parecía conveniente, ofrecian sacrificio. Tambien habia Indios señalados para hacer sacrificios á las fuentes, manantiales ó arroyos que pasaban por el pueblo, y chacras, ó heredades, y hacíanlos en acabando de sembrar, para que no dejasen de correr, y regasen sus heredades. Estos sacrificios elegían los sortílegos por sus suertes, las cuales acabadas, de la contribucion del pueblo se juntaba lo que se habia de sacrificar, y lo entregaban á los que tenían el cargo de hacer los dichos sacrificios. Y hacianlos al principio del invierno, que es cuando las fuentes, manantiales y rios crecen por la humedad del tiempo, y ellos atribuianlo á sus sacrificios, y no sacrificaban á las fuentes y manantiales de los despoblados. El dia de hoy aún queda todavía esta veneracion de las fuentes, manantiales, acequias, arroyos ó rios, que pasan por lo poblado y chacras: y tambien tienen reverencia á las fuentes y rios de los despoblados. Al encuentro de dos rios hacen particular reverencia y veneracion, y allí se lavan para sanar, untándose primero con harina de maíz, ó con otras cosas, y añadiendo diferentes ceremonias; y lo mismo hacen tambien en los baños.
[CAPÍTULO XIX]
De los sacrificios de hombres que hacian.
Pero lo que mas es de doler de la desventura de esta triste gente, es el vasallage que pagaban al Demonio sacrificándole hombres, que son á imágen de Dios, y fueron criados para gozar de Dios. En muchas naciones usaron matar, para acompañamiento de sus difuntos, como se ha dicho arriba, las personas que les eran mas agradables, y de quien imaginaban que podrian mejor servirse en la otra vida. Fuera de esta ocasion usaron en el Perú sacrificar niños de cuatro ó de seis años hasta diez; y lo mas de esto era en negocios que importaban al Inca, como en enfermedades suyas para alcanzarle salud: tambien cuando iba á la guerra por la victoria. Y cuando le daban la borla al nuevo Inca, que era la insignia de Rey, como acá el cetro ó corona, en la solemnidad sacrificaban cuantidad de doscientos niños de cuatro á diez años: duro é inhumano espectáculo. El modo de sacrificarlos era ahogarlos y enterrarlos con ciertos visages y ceremonias: otras veces los degollaban, y con su sangre se untaban de oreja á oreja. Tambien sacrificaban doncellas de aquellas que traían al Inca de los Monasterios, que ya arriba tratamos. Una abusion habia en este mismo género muy grande y muy general, y era, que cuando estaba enfermo algun Indio principal ó comun, y el agorero le decia que de cierto habia de morir, sacrificaban al Sol ó al Viracócha, su hijo, diciéndole, que se contentase con él, y que no quisiese quitar la vida á su padre. Semejante crueldad á la que refiere la Escritura[39] haber usado el Rey de Moab en sacrificar su hijo primogénito sobre el muro á vista de los de Israél, á los cuales pareció este hecho tan triste, que no quisieron apretarle mas, y así se volvieron á sus casas. Este mismo género de cruel sacrificio refiere la divina Escritura haberse usado entre aquellas naciones bárbaras de Cananeos y Jebuseos, y los demas de quien escribe el libro de la Sabiduria[40]: Llaman paz vivir en tantos y tan graves males, como es sacrificar sus propios hijos, ó hacer otros sacrificios ocultos, ó velar toda la noche haciendo cosas de locos; y así ni guardan limpieza en su vida, ni en sus matrimonios, sino que éste de envidia quita al otro la vida, estotro le quita la muger, y el contento, y todo anda revuelto, sangre, muertes, hurtos, engaños, corrupcion, infidelidad, alborotos, perjuicios, motines, olvido de Dios, contaminar las almas, trocar el sexo y nacimiento, mudar los matrimonios, desórden de adulterios y suciedades, porque la idolatría es un abismo de todos males. Esto dice el Sabio de aquellas gentes, de quien se queja David[41], que aprendieron tales costumbres los de Israél, hasta llegar á sacrificar sus hijos é hijas á los Demonios, lo cual nunca jamás quiso Dios, ni le fué agradable, porque como es Autor de la vida, y todo lo demás hizo para el hombre, no le agrada que le quiten hombres la vida á otros hombres; y aunque la voluntad del fiel Patriarca Abrahan la probó y aceptó el Señor, el hecho de degollar á su hijo, de ninguna suerte lo consintió, de donde se ve la malicia y tiranía del Demonio, que en esto ha querido exceder á Dios, gustando ser adorado con derramamiento de sangre humana, y por este camino procurando la perdicion de los hombres en almas y cuerpos, por el rabioso ódio que les tiene, como su tan cruel adversario.
[CAPÍTULO XX]
De los sacrificios horribles de hombres que usaron los Mejicanos.
Aunque en el matar niños y sacrificar sus hijos los del Perú se aventajaron á los de Méjico, porque no he leido, ni entendido que usasen esto los Mejicanos; pero en el número de los hombres que sacrificaban, y en el modo horrible con que lo hacian, excedieron estos á los del Perú, y aun á cuantas naciones hay en el mundo; y para que se vea la gran desventura en que tenia ciega esta gente el Demonio, referiré por extenso el uso inhumano que tenian en esta parte. Primeramente, los hombres que se sacrificaban eran habidos en guerra; y si no era de cautivos, no hacian estos solemnes sacrificios. Que parece siguieron en esto el estilo de los Antiguos, que segun quieren decir Autores, por eso llamaban Víctima al sacrificio, porque era de cosa vencida; como tambien la llamaban Hostia, quasi ab hoste, porque era ofrenda hecha de sus enemigos, aunque el uso fué extendiendo el un vocablo y el otro á todo género de sacrificio. En efecto los Mejicanos no sacrificaban á sus Idolos, sino sus cautivos; y por tener cautivos para sus sacrificios, eran sus ordinarias guerras; y así cuando peleaban unos y otros, procuraban haber vivos á sus contrarios, y prenderlos, y no matarlos, por gozar de sus sacrificios; y esta razon dió Motezuma al Marqués del Valle cuando le preguntó, ¿como siendo tan poderoso, y habiendo conquistado tantos Reinos, no habia sojuzgado la Provincia de Tlascála, que tan cerca estaba? Respondió á esto Motezuma, que por dos causas no habian allanado aquella Provincia, siéndoles cosa facil de hacer, si lo quisieran. La una era, por tener en que ejercitar la juventud Mejicana, para que no se criase en ócio y regalo. La otra, y principal, que habia reservado aquella Provincia para tener de donde sacar cautivos que sacrificar á sus Dioses. El modo que tenian en estos sacrificios era, que en aquella palizada de calaveras, que se dijo arriba, juntaban los que habian de ser sacrificados; y hacíase al pie de esta palizada una ceremonia con ellos, y era, que á todos los ponian en hilera al pie de ella con mucha gente de guardia, que los cercaba. Salía luego un Sacerdote vestido con una alba corta llena de flecos por la orla, y descendía de lo alto del templo con un Idolo hecho de masa de bledos y maíz amasado con miel, que tenia los ojos de unas cuentas verdes, y los dientes de granos de maíz y venía con toda la priesa que podia por las gradas del templo abajo, y subia por encima de una gran piedra que estaba fijada en un muy alto humilladero en medio del patio: llamábase la piedra Quauxicálli, que quiere decir la piedra del Aguila. Subiendo el Sacerdote por una escalerilla, que estaba enfrente del humilladero, y bajando por otra, que estaba de la otra parte, siempre abrazado con su Idolo, subia adonde estaban los que se habian de sacrificar; y desde un lado hasta otro iba mostrando aquel Idolo á cada uno en particular; y diciéndoles: este es vuestro Dios; y en acabando de mostrárselo, descendia por el otro lado de las gradas, y todos los que habian de morir, se iban en procesion hasta el lugar donde habian de ser sacrificados, y alli hallaban aparejados los ministros que los habian de sacrificar. El modo ordinario del sacrificio era abrir el pecho al que sacrificaban, y sacándole el corazon medio vivo, al hombre lo echaban á rodar por las gradas del templo, las cuales se bañaban en sangre; lo cual para que se entienda mejor, es de saber, que al lugar del sacrificio salian seis Sacrificadores constituídos en aquella dignidad: los cuatro para tener los pies y manos del que habia de ser sacrificado, y otro para la garganta, y otro para cortar el pecho, y sacar el corazon del sacrificado. Llamaban á estos Chachalmúa, que en nuestra lengua es lo mismo que ministro de cosa sagrada: era ésta una dignidad suprema, y entre ellos tenida en mucho, la cual se heredaba como cosa de mayorazgo. El ministro que tenia oficio de matar, que era el sexto de éstos, era tenido y reverenciado como supremo Sacerdote ó Pontífice, el nombre del cual era diferente segun la diferencia de los tiempos y solemnidades en que sacrificaba; asímismo eran diferentes las vestiduras cuando salían á ejercitar su oficio en diferentes tiempos. El nombre de su dignidad era Papa y Topilzín: el trage y ropa era una cortina colorada á manera de dalmática, con unas flocaduras por orla, una corona de plumas ricas verdes y amarillas en la cabeza, y en las orejas unos como sarcillos de oro, engastadas en ellos unas piedras verdes, y debajo del labio, junto al medio de la barba, una pieza como cañutillo de una piedra azul. Venian estos seis Sacrificadores el rostro y las manos untados de negro muy atezado: los cinco traían unas cabelleras muy encrespadas y revueltas, con unas vendas de cuero ceñidas por medio de las cabezas; y en la frente traian unas rodelas de papel pequeñas pintadas de diversas colores, vestidos con unas dalmáticas blancas labradas de negro. Con este atavio se revestia en la misma figura del Demonio, que verlos salir con tan mala catadura, ponia grandísimo miedo á todo el pueblo. El supremo Sacerdote traía en la mano un gran cuchillo de pedernal muy agudo y ancho: otro Sacerdote traía un collar de palo labrado á manera de una culebra. Puestos todos seis ante el Idolo hacían su humillacion, y poníanse en orden junto á la piedra piramidal, que arriba se dijo, que estaba frontero de la puerta de la cámara del Idolo. Era tan puntiaguda esta piedra, que echado de espaldas sobre ella el que habia de ser sacrificado, se doblaba de tal suerte, que dejando caer el cuchillo sobre el pecho, con mucha facilidad se abria un hombre por medio. Despues de puestos en orden estos Sacrificadores, sacaban todos los que habian preso en las guerras, que en esta fiesta habian de ser sacrificados, y muy acompañados de gente de guardia, subíanlos en aquellas largas escaleras, todos en ringlera, y desnudos en carnes, al lugar donde estaban apercibidos los ministros; y en llegando cada uno por su orden, los seis Sacrificadores lo tomaban, uno de un pie, y otro del otro; uno de una mano, y otro de otra, y lo echaban de espaldas encima de aquella piedra puntiaguda, donde el quinto de estos ministros le echaba el collar á la garganta, y el sumo Sacerdote le abría el pecho con aquel cuchillo con una presteza extraña, arrancándole el corazon con las manos; y así vaheando, se lo mostraba al Sol, á quien ofrecía aquel calor y baho del corazon; y luego volvía al Idolo, y arrojábaselo al rostro; y luego el cuerpo del sacrificado le echaban rodando por las gradas del templo con mucha facilidad, porque estaba la piedra puesta tan junto á las gradas, que no había dos pies de espacio entre la piedra y el primer escalon; y así con un puntapie echaban los cuerpos por las gradas abajo; y de esta suerte sacrificaban todos los que habia, uno por uno; y despues de muertos, y echados abajo los cuerpos, los alzaban los dueños, por cuyas manos habian sido presos, y se los llevaban, y repartíanlos entre sí, y se los comían, celebrando con ellos solemnidad; los cuales, por pocos que fuesen, siempre pasaban de cuarenta y cincuenta, porque habia hombres muy diestros en cautivar. Lo mismo hacian todas las demás naciones comarcanas, imitando á los Mejicanos en sus ritos y ceremonias en servicio de sus Dioses.
[CAPÍTULO XXI]
De otro género de sacrificios de hombres que usaban los Mejicanos.
Habia otro género de sacrificio en diversas fiestas, al cual llamaban Racaxipe Valiztli, que quiere decir desollamiento de personas. Llamóse así, porque en ciertas fiestas tomaban un esclavo ó esclavos, segun el número que querian, y desollándoles el cuero, se lo vestía una persona diputada para esto: éste andaba por todas las casas y mercados de las ciudades cantando y bailando, y habíanle de ofrecer todos, y al que no le ofrecia, le daba con un canto del pellejo en el rostro, untándole con aquella sangre que tenia cuajada: duraba esta invencion hasta que el cuero se corrompía. En este tiempo juntaban estos que así andaban, mucha limosna, la cual se gastaba en cosas necesarias al culto de sus Dioses. En muchas de estas fiestas hacian un desafio entre el que habia de sacrificar y el sacrificado, en esta forma: Ataban al esclavo por un pie en una rueda grande de piedra, y dábanle unaespada y rodela en las manos para que se defendiese, y salia luego el que le habia de sacrificar, armado con otra espada y rodela; y si el que habia de ser sacrificado prevalecia contra el otro, quedaba libre del sacrificio, y con nombre de Capitan famoso; y como tal era despues tratado; pero si era vencido, allí en la misma piedra en que estaba atado le sacrificaban. Otro género de sacrificio era cuando dedicaban algun cautivo que representase al Idolo, cuya semejanza decian que era. Cada año daban un esclavo á los Sacerdotes para que nunca faltase la semejanza viva del Idolo, el cual luego que entraba en el oficio, despues de muy bien lavado, le vestian todas las ropas é insignias del Idolo, y poníanle su mismo nombre, y andaba todo el año tan honrado y reverenciado como el mismo Idolo: traía consigo siempre doce hombres de guerra porque no se huyese, y con esta guarda le dejaban andar libremente por donde quería; y si acaso se huía, el principal de la guardia entraba en su lugar para representar al Idolo, y despues ser sacrificado. Tenia aqueste Indio el mas honrado aposento del templo, donde comia y bebia, y adonde todos los principales le venian á servir y reverenciar, trayéndole de comer con el aparato y orden que á los Grandes; y cuando salia por la ciudad, iba muy acompañado de Señores y principales, y llevaba una flautilla en la mano, que de cuando en cuando tocaba, dando á entender que pasaba, y luego las mugeres salian con sus niños en los brazos, y se los ponian delante, saludándole como á Dios: lo mismo hacía la demás gente. De noche le metian en una jaula de recias vergetas porque no se fuese, hasta que llegando la fiesta le sacrificaban, como queda arriba referido. En las formas dichas, y en otras muchas traía el Demonio engañados y escarnecidos á los miserables; y era tanta la multitud de los que eran sacrificados con esta infernal crueldad, que parece cosa increible. Porque afirman, que habia vez que pasaban de cinco mil, y dia hubo que en diversas partes fueron así sacrificados mas de veinte mil. Para esta horrible matanza usaba el Diablo, por sus ministros, una donosa invencion, y era, que cuando les parecia, iban los Sacerdotes de Satanás á los Reyes, y manifestábanles como los Dioses se morian de hambre, que se acordasen de ellos. Luego los Reyes se apercibian, y avisaban unos á otros, como los Dioses pedian de comer, por tanto que apercibiesen su gente para un dia señalado, enviando sus mensageros á las provincias contrarias, para que se apercibiesen á venir á la guerra. Y así congregadas sus gentes, y ordenadas sus compañías y escuadrones, salian al campo situado, donde se juntaban los ejércitos; y toda su contienda y batalla era prenderse unos á otros para el efecto de sacrificar, procurando señalarse así una parte, como otra en traer mas cautivos para el sacrificio, de suerte, que en estas batallas mas pretendian prenderse, que matarse; porque todo su fin era traer hombres vivos para dar de comer á los Idolos: y éste era el modo con que traían las víctimas á sus Dioses. Y es de advertir, que ningun Rey era coronado, si no vencia primero alguna provincia, de suerte que trajese gran número de cautivos para sacrificios de sus Dioses. Y así, por todas vias era infinita cosa la sangre humana que se vertia en honra de Satanás.
[CAPÍTULO XXII]
Como ya los mismos Indios estaban cansados, y no podian sufrir las crueldades de sus Dioses.
Esta tan excesiva crueldad en derramar tanta sangre de hombres, y el tributo tan pesado de haber de ganar siempre cautivos para el sustento de sus Dioses, tenia ya cansados á muchos de aquellos bárbaros, pareciéndoles cosa insufrible; y con todo eso, por el gran miedo que los ministros de los Idolos les ponian de su parte, y por los embustes con que traían engañado al pueblo, no dejaban de ejecutar sus rigurosas leyes; mas en lo interior deseaban verse libres de tan pesada carga. Y fué providencia del Señor, que en esta disposicion hallasen á esta gente los primeros que les dieron noticia de la ley de Cristo, porque sin duda ninguna les pareció buena ley y buen Dios, el que así se quería servir. A este propósito me contaba un Padre grave en la Nueva-España, que cuando fué á aquel Reino habia preguntado á un Indio viejo y principal, ¿cómo los Indios habian recibido tan presto la Ley de Jesu-Cristo, y dejado la suya, sin hacer mas prueba, ni averiguacion, ni disputa sobre ello? que parecía se habian mudado, sin moverse por razon bastante. Respondió el Indio: no creas, Padre, que tomamos la Ley de Cristo tan inconsideradamente como dices, porque te hago saber, que estábamos ya tan cansados y descontentos con las cosas que los Idolos nos mandaban, que habiamos tratado de dejarlos y tomar otra ley. Y como la que vosotros nos predicasteis, nos pareció que no tenia crueldades, y que era muy á nuestro propósito, y tan justa y buena, entendimos que era la verdadera ley, y asi la recibimos con gran voluntad. Lo que este Indio dijo, se confirma bien con lo que se lee en las primeras relaciones que Hernando Cortés envió al Emperador Carlos V, donde refiere, que despues de tener conquistada la ciudad de Méjico, estando en Cuyoacán, le vinieron Embajadores de la República y Provincia de Mechoacán, pidiéndole que les enviáse su ley, y quien se la declaráse, porque ellos pretendian dejar la suya, porque no les parecía bien; y así lo hizo Cortés, y hoy dia son de los mejores Indios y mas buenos Cristianos que hay en la Nueva-España. Los Españoles que vieron aquellos crueles sacrificios de hombres, quedaron con determinacion de hacer todo su poder para destruir tan maldita carnicería de hombres: y mas cuando vieron, que una tarde ante sus ojos sacrificaron sesenta ó setenta soldados Españoles, que habian prendido en una batalla que tuvieron durante la conquista de Méjico. Y otra vez hallaron en Tezcúco en un aposento, escrito de carbon: Aquí estuvo preso el desventurado de fulano con sus compañeros, que sacrificaron los de Tezcúco. Acaeció tambien un caso extraño, pero verdadero, pues lo refieren personas muy fidedignas, y fué, que estando mirando los Españoles un espectáculo de aquellos sacrificios, habiendo abierto y sacado el corazon á un mancebo muy bien dispuesto, y echándole rodando por la escalera abajo, como era su costumbre, cuando llegó abajo, dijo el mancebo á los Españoles en su lengua: Caballeros, muerto me han: lo cual causó grandísima lástima y horror á los nuestros. Y no es cosa increible, que aquél hablase, habiéndole arrancado el corazon, pues refiere Galeno[42] haber sucedido algunas veces en sacrificios de animales, despues de haberles sacado el corazon y echádole en el altar, respirar los tales animales, y aun bramar reciamente, y huir por un rato. Dejando por ahora la disputa de como se comparezca esto con la naturaleza, lo que hace al intento es ver, cuan insufrible servidumbre tenian aquellos bárbaros al homicida infernal, y cuan grande misericordia les ha hecho el Señor en comunicarles su ley mansa, justa y toda agradable.
[CAPÍTULO XXIII]
Como el Demonio ha procurado remedar los Sacramentos de la santa Iglesia.
Lo que mas admira de la envidia y competencia de Satanás es, que no solo en idolatrías y sacrificios, sino tambien en cierto modo de ceremonias, haya remedado nuestros Sacramentos, que Jesucristo nuestro Señor instituyó, y usa su santa Iglesia: especialmente el Sacramento de Comunion, que es el mas alto y divino, pretendió en cierta forma imitar para gran engaño de los infieles; lo cual pasa de esta manera: En el mes primero, que en el Perú se llamaba Rayme, y responde á nuestro Diciembre, se hacía una solemnísima fiesta llamada Capacrayme, y en ella grandes sacrificios y ceremonias por muchos dias, en los cuales ningun forastero podia hallarse en la Corte, que era el Cuzco. Al cabo de estos dias se daba licencia para que entrasen todos los forasteros, y los hacian participantes de la fiesta y sacrificios, comulgándolos en esta forma: Las Mamaconas del Sol, que eran como monjas del Sol, hacian unos bollos pequeños de harina de maíz, teñida y amasada en sangre sacada de carneros blancos, los cuales aquel dia sacrificaban. Luego mandaban entrar los forasteros de todas las Provincias, y poníanse en órden, y los Sacerdotes, que eran de cierto linage descendientes de Lluquiyupangui, daban á cada uno un bocado de aquellos bollos, diciéndoles, que aquellos bocados les daban, para que estuviesen confederados y unidos con el Inca, y que les avisaban, que no dijesen, ni pensasen mal contra el Inca, sino que tuviesen siempre buena intencion con él, porque aquel bocado seria testigo de su intencion, y si no hiciesen lo que debian, los habia de descubrir y ser contra ellos. Estos bollos se sacaban en platos grandes de oro y de plata, que estaban diputados para esto, y todos recibian y comian los bocados, agradeciendo mucho al Sol tan grande merced, diciendo palabras, y haciendo ademanes de mucho contento y devocion. Y protestaban que en su vida no harian, ni pensarian cosa contra el Sol, ni contra el Inca, y que con aquella condicion recibian aquel manjar de el Sol, y que aquel manjar estaría en sus cuerpos para testimonio de la fidelidad que guardaban al Sol y al Inca su Rey. Esta manera de comunion diabólica se daba tambien en el décimo mes llamado Coyaraime, que era Septiembre, en la fiesta solemne que llaman Citua, haciendo la misma ceremonia; y demás de comulgar (si se sufre usar de este vocablo en cosa tan diabólica) á todos los que habian venido de fuera, enviaban tambien de los dichos bollos á todas las guacas ó santuarios, ó Idolos forasteros de todo el Reino, y estaban al mismo tiempo personas de todas partes para recibirlos; y les decian, que el Sol les enviaba aquello en señal que queria que todos lo venerasen y honrasen: y tambien se enviaba algo á los Caciques por favor. Alguno por ventura tendrá esto por fábula ó invencion, mas en efecto, es cosa muy cierta, que desde Inca, Yupangui, que fué el que mas leyes hizo de ritos y ceremonias, como otro Numa en Roma, duró esta manera de comunion hasta que el Evangelio de Nuestro Señor Jesu-Cristo echó todas estas supersticiones, dando el verdadero manjar de vida, y que confedera las almas, y las une con Dios. Y quien quisiere satisfacerse enteramente, lea la relacion que el Licenciado Polo escribió al Arzobispo de los Reyes D. Gerónimo de Loaysa, y hallará esto y otras muchas cosas, que con grande diligencia y certidumbre averiguó.
[CAPÍTULO XXIV]
De la manera con que el Demonio procuró en Méjico remedar la fiesta de Corpus Cristi, y Comunion que usa la Santa Iglesia.
Mayor admiracion pondrá la fiesta y semejanza de comunion que el mismo Demonio, Príncipe de los hijos de soberbia ordenó en Méjico, la cual, aunque sea un poco larga, es bien referirla como está escrita por personas fidedignas. En el mes de Mayo hacian los Mejicanos su principal fiesta de su Dios Vitzilipúztli; y dos dias antes de la fiesta aquellas mozas, que dijimos arriba, que guardaban recogimiento en el mismo templo, y eran como monjas, molian cuantidad de semilla de bledos juntamente con maíz tostado, y despues de molido amasábanlo con miel, y hacian de aquella masa un Idolo tan grande como era el de madera: y ponianle por ojos unas cuentas verdes, ó azules, ó blancas, y por dientes unos granos de maíz, sentado con todo el aparato que arriba queda dicho. El cual, despues de perfeccionado, venian todos los Señores, y traian un vestido curioso y rico, conforme al trage del Idolo, con el cual le vestian: y despues de muy bien vestido y aderezado sentábanlo en un escaño azul en sus andas, para llevarle en hombros. Llegada la mañana de la fiesta, una hora antes de amanecer, salian todas estas doncellas vestidas de blanco con atavíos nuevos, y aquel dia las llamaban hermanas del Dios Vitzilipúztli. Venian coronadas con guirnaldas de maíz tostado y reventado, que parece azahar, y á los cuellos gruesos sartales de lo mismo, que les venian por debajo de el brazo izquierdo, puesta su color en los carrillos; y los brazos desde los codos hasta las muñecas emplumados con plumas coloradas de papagayos; y así aderezadas tomaban las andas del Idolo en los hombros, y sacábanlas al patio, donde estaban ya todos los mancebos vestidos con unos paños de red galanos, coronados de la misma manera que las mugeres. En saliendo las mozas con el Idolo, llegaban los mancebos con mucha reverencia, y tomaban las andas en los hombros, trayéndolas al pie de las gradas del templo, donde se humillaba todo el pueblo; y tomando tierra del suelo se la ponian en la cabeza, que era ceremonia ordinaria entre ellos en las principales fiestas de sus Dioses. Hecha esta ceremonia, salía todo el pueblo en procesion con toda la priesa posible, é iban á un cerro que está una legua de la ciudad de Méjico, llamado Chapultepéc, y allí hacian estacion y sacrificios. Luego partian con la misma priesa á un lugar cerca de alli, que se dice Atlacuyavaya, donde hacían la segunda estacion: y de allí iban á otro pueblo una legua adelante, que se dice Cuyoacán, de donde partían, volviéndose á la ciudad de Méjico sin hacer pausa. Hacíase este camino de mas de cuatro leguas en tres ó cuatro horas: llamaban á esta procesion Ipayna Vitzilipúztli, que quiere decir, el veloz y apresurado camino de Vitzilipúztli. Acabados de llegar al pie de las gradas, ponian allí las andas, y tomaban unas sogas gruesas, y atábanlas á los asideros de las andas, y con mucho tiento y reverencia unos tiraban de arriba, y otros ayudando de abajo, subian las andas con el Idolo á la cumbre del templo, con mucho ruido de flautas, y clamor de bocinas, caracoles y atambores. Subíanlo de esta manera, por ser las gradas del templo muy empinadas y angostas, y la escalera bien larga, y así no podian subir con las andas en los hombros. Y al tiempo que subian al Idolo, estaba todo el pueblo en el patio con mucha reverencia y temor. Acabado de subirle á lo alto, y metido en una casilla de rosas que le tenian hecha, venian luego los mancebos, y derramaban muchas flores de diversas colores, henchiendo todo el templo dentro y fuera, de ellas. Hecho esto, salian todas las doncellas con el aderezo referido, y sacaban de su recogimiento unos trozos de masa de maíz tostado y bledos, que era la misma de que el Idolo era hecho, hechos á manera de huesos grandes, y entregábanlos á los mancebos, y ellos subíanlos arriba, y poníanlos á los pies del Idolo por todo aquel lugar, hasta que no cabian mas. A estos trozos de masa llamaban los huesos y carne de Vitzilipúztli. Puestos allí los huesos, salian todos los ancianos, del templo, Sacerdotes y Levitas, y todos los demás Ministros, segun sus dignidades y antigüedades, porque las habia con mucho concierto y órden, con sus nombres y dictados: salian unos tras otros con sus velos de red de diferentes colores y labores, segun la dignidad y oficio de cada uno, con guirnaldas en las cabezas, y sartales de flores en los cuellos. Tras estos salian los dioses y diosas, que adoraban en diversas figuras, vestidos de la misma librea, y poniéndose en órden al derredor de aquellos trozos de masa, hacian cierta ceremonia de canto y baile sobre ellos, con lo cual quedaban benditos y consagrados por carne y huesos de aquel Idolo. Acabada la bendicion y ceremonia de aquellos trozos de masa, con que quedaban tenidos por huesos y carne del Idolo, de la misma manera los veneraban que á su Dios. Salian luego los Sacrificadores, y hacían el sacrificio de hombres en la forma que está referida arriba, y eran en este sacrificados mas número que en otro dia, por ser la fiesta tan principal. Acabados, pues, los sacrificios, salian luego todos los mancebos y mozas del templo, aderezados como está dicho: puestos en órden y en hileras, los unos en frente de los otros, bailaban y cantaban al son de un atambor que les tañian en loor de la solemnidad, y del Idolo que celebraban, á cuyo canto todos los Señores, y viejos, y gente principal respondian, bailando en el circuito de ellos, haciendo un hermoso corro como lo tienen de costumbre, estando siempre los mozos y las mozas enmedio, á cuyo espectáculo venía toda la ciudad. En este dia del Idolo Vitzilipúztli era precepto muy guardado en toda la tierra, que no se habia de comer otra comida, sino de aquella masa con miel, de que el Idolo era hecho; y este manjar se habia de comer luego en amaneciendo, y que no se habia de beber agua, ni otra cosa alguna sobre ello, hasta pasado medio dia, y lo contrario tenian por gran agüero y sacrilegio: pasadas las ceremonias podian comer otras cosas. En este ínterin escondian el agua, de los niños, y avisaban á todos los que tenian uso de razon, que no bebiesen agua, porque vendría la ira de Dios sobre ellos, y moririan: y guardaban esto con gran cuidado y rigor. Concluídas las ceremonias, bailes y sacrificios, íbanse á desnudar; y los Sacerdotes y dignidades del templo tomaban el Idolo de masa, y desnudábanle de aquellos aderezos que tenia, y así á él, como á los trozos que estaban consagrados, los hacian muchos pedazos; y comenzando desde los mayores, repartíanlos, y dábanlos á modo de comunion á todo el pueblo, chicos y grandes, hombres y mugeres; y recibianlo con tanta reverencia, temor y lágrimas, que ponía admiracion, diciendo, que comian la carne y huesos de Dios, teniéndose por indignos de ello: los que tenian enfermedades pedian para ellos, y llevábanselo con mucha reverencia y veneracion: todos los que comulgaban quedaban obligados á dar diezmo de aquella semilla de que se hacía el Idolo. Acabada la solemnidad de la comunion, se subía un viejo de mucha autoridad, y en voz alta predicaba su ley y ceremonias. ¿A quién no pondrá admiracion, que tuviese el Demonio tanto cuidado de hacerse adorar, y recibir, al modo que Jesu-Cristo, nuestro Dios, ordenó y enseñó, y como la santa Iglesia lo acostumbra? Verdaderamente se echa de ver bien lo que al principio se dijo, que, en cuanto puede, procura Satanás usurpar y hurtar para sí la honra y culto debido á Dios, aunque siempre mezcla sus crueldades y suciedades, porque es espíritu homicida é inmundo y padre de mentira.
[CAPÍTULO XXV]
De la Confesión y Confesores que usaban los Indios.
Tambien el Sacramento de la Confesion quiso el mismo padre de mentira remedar, y de sus idólatras hacerse honrar con ceremonia muy semejante al uso de los fieles. En el Perú tenian por opinion, que todas las adversidades y enfermedades venian por pecados que habian hecho, y para remedio usaban de sacrificios; y además de eso también se confesaban vocalmente cuasi en todas las Provincias, y tenian confesores diputados para esto mayores y menores, y pecados reservados al mayor, y recibian penitencias, y algunas veces ásperas, especialmente si era hombre pobre el que hacia el pecado, y no tenia que dar al confesor; y este oficio de confesar tambien lo tenian las mugeres. En las Provincias de Collasuyo fué y es mas universal este uso de confesores hechiceros, que llaman ellos Ichúri ó Ichúiri. Tienen por opinion, que es pecado notable encubrir algun pecado en la confesion, y los Ichúris ó confesores averiguan, ó por suertes, ó mirando la asadura de algun animal, si les encubren algun pecado; y castíganlo con darle en las espaldas cuantidad de golpes con una piedra hasta que lo dice todo, y le dan la penitencia, y hacen el sacrificio. Esta confesion usan tambien cuando estan enfermos sus hijos, ó mugeres, ó maridos, ó sus Caciques, ó cuando estan en algunos grandes trabajos; y cuando el Inca estaba enfermo se confesaban todas las Provincias, especialmente los Collas. Los confesores tenian obligacion al secreto, pero con ciertas limitaciones. Los pecados de que principalmente se acusaban, eran: lo primero, matar uno á otro fuera de la guerra: item, hurtar: item, tomar la muger agena: item, dar yerbas ó hechizos para hacer mal; y por muy notable pecado tenian el descuido en la reverencia de sus guácas, y el quebrantar sus fiestas, y el decir mal del Inca, y el no obedecerle. No se acusaban de pecados y actos interiores; y segun relacion de algunos Sacerdotes, despues que los Cristianos vinieron á la tierra, se acusaban á sus Ichúris ó confesores, aun de los pensamientos. El Inca no confesaba sus pecados á ningun hombre sino solo al Sol, para que él los dijese al Viracócha, y le perdonase. Despues de confesado el Inca hacia cierto lavatorio, para acabar de limpiarse de sus culpas; y era en esta forma, que poniéndose en un rio corriente decía estas palabras: Yo he dicho mis pecados al Sol, tú, rio, los recibe, llevalos á la mar, donde nunca mas parezcan. Estos lavatorios usaban tambien los demas que se confesaban, con ceremonia muy semejante á la que los Moros usan, que ellos llaman el Guadoi, y los Indios los llaman Opacúna; y cuando acaecia morirsele á algun hombre sus hijos, le tenian por gran pecador, diciendole, que por sus pecados sucedia que muriese primero el hijo que el padre; y á estos tales, cuando despues de haberse confesado, hacian los lavatorios llamados Opacúna, segun está dicho, los habia de azotar con ciertas ortigas algun Indio monstruoso, como corcovado ó contrahecho de su nacimiento. Si los hechiceros ó sortílegos por sus suertes ó agüeros afirmaban, que habia de morir algun enfermo, no dudaba de matar su propio hijo, aunque no tuviese otro; y con esto entendia que adquiria salud, diciendo, que ofrecia á su hijo en su lugar en sacrificio; y despues de haber Cristianos en aquella tierra, se ha hallado en algunas partes esta crueldad. Notable cosa es cierto que haya prevalecido esta costumbre de confesar pecados secretos, y hacer tan rigurosas penitencias, como era, ayunar, dar ropa, oro, plata, estar en las sierras, recibir recios golpes en las espaldas; y hoy dia dicen los nuestros, que en la Provincia de Chicuito encuentran esta pestilencia de confesores ó ichúris, y que muchos enfermos acuden á ellos. Mas ya, por la gracia del Señor, se van desengañando del todo, y conocen el beneficio grande de nuestra confesion sacramental, y con gran devocion y fé acuden á ella. Y en parte ha sido providencia del Señor, permitir el uso pasado para que la confesion no se les haga dificultosa: y así en todo, el Señor es glorificado, y el Demonio burlador queda burlado. Por venir á este propósito referiré aquí el uso de confesion extraño, que el Demonio introdujo en el Japon, segun por una carta de allá consta, la cual dice así: En Ozaca hay unas peñas grandísimas, y tan altas, que hay en ellas riscos de mas de doscientas brazas de altura, y entre estas peñas sale hácia fuera una punta tan terrible, que de solo llegar los Xamabújis (que son los Romeros) á ella, les tiemblan las carnes, y se les despeluzan los cabellos, segun es el lugar terrible y espantoso. Aquí en esta punta está puesto con extraño artificio un grande baston de hierro, de tres brazas de largo ó mas, y en la punta de este baston está asido uno como peso, cuyas balanzas son tan grandes, que en una de ellas puede sentarse un hombre: y en una de ellas hacen los Goquís (que son los Demonios en figura de hombre) que entren estos peregrinos uno por uno, sin que quede ninguno, y por un ingenio que se menea mediante una rueda, hacen que vaya el baston saliendo hácia fuera, y en él la balanza va saliendo, de manera, que finalmente queda toda en el aire, y asentado en ella uno de los Xamabújis. Y como la balanza en que está asentado el hombre, no tiene contrapeso ninguno en la otra, baja luego hácia abajo, y levántase la otra hasta que tropieza en el baston, y entonces le dicen los Goquís desde las peñas, que se confiese, y diga todos sus pecados, cuantos hubiere hecho y se acordáre. Y esto es en voz tan alta, que lo oigan todos los demás que allí estan. Y comienza luego á confesarse; y unos de los circunstantes se rien de los pecados que oyen, y otros gimen. Y á cada pecado que dicen, baja la otra balanza un poco, hasta que finalmente, habiendo dicho todos sus pecados, queda la balanza vacia igual con la otra en que está el triste penitente. Y llegada la balanza al fin con la otra, vuelven los Goquís á hacer andar la rueda, y traen para dentro el baston, y ponen á otro de los peregrinos en la balanza, hasta que pasan todos. Contaba esto uno de los Japones despues de hecho Cristiano, el cual habia andado esta peregrinación siete veces, y entrado en la balanza otras tantas, donde públicamente se habia confesado. Y decia, que si acaso alguno de estos, puesto en aquel lugar, deja de confesar el pecado como pasó, ó lo encubre, la balanza vacia no baja, y si despues de haberle hecho instancia que confiese, él porfia en no querer confesar sus pecados, échanlo los Goquís de la balanza abajo, donde al momento se hace pedazos. Pero decíanos este Cristiano llamado Juan, que ordinariamente es tan grande el temor y temblor de aquel lugar en todos los que á él llegan, y el peligro que cada uno ve al ojo, de caer de aquella balanza, y ser despeñado de allí abajo, que cuasi nunca por maravilla acontece haber alguno, que no descubra todos sus pecados: llámase aquel lugar, por otro nombre, Sangenotocóro, que quiere decir lugar de confesion. Se ve por esta relacion bien claro, como el Demonio ha pretendido usurpar el culto divino para sí, haciendo la confesion de los pecados que el Salvador instituyó para remedio de los hombres, supersticion diabólica para mayor daño de ellos, no menor en la gentilidad del Japon, que en la de las Provincias del Collao en el Perú.
[CAPÍTULO XXVI]
De la uncion abominable que usaban los Sacerdotes Mejicanos y otras naciones, y de sus hechiceros.
En la ley antigua ordenó Dios el modo con que se habia de consagrar Aarón, y los otros Sacerdotes; y en la ley Evangélica tambien tenemos el santo Crisma y uncion, de que usamos cuando nos consagran Sacerdotes de Cristo. Tambien habia en la ley antigua cierta composicion olorosa, que mandaba Dios que no se usase, sino solo para el culto divino. Todo esto ha querido el Demonio en su modo remedar, pero como él suele, inventando cosas tan asquerosas y sucias, que ellas mismas dicen cual sea su Autor. Los Sacerdotes de los Idolos en Méjico se ungían en esta forma: Untábanse de pies á cabeza, y el cabello todo; y de esta uncion que ellos se ponian mojada, venian á criarse en el cabello unas como trenzas, que parecian clines de caballo encrisnejadas; y con el largo tiempo crecíales tanto el cabello, que les venia á dar á las corvas, y era tanto el peso que en la cabeza traían, que pasaban grandisimo trabajo, porque no lo cortaban ó cercenaban hasta que morian, ó hasta que ya de muy viejos los jubilaban, y ponian en cargos de Regimientos, ú otros oficios honrosos en la República. Traían estos las cabelleras tranzadas en unas trenzas de algodon de seis dedos en ancho. El humo con que se tiznaban, era ordinario de tea, porque desde sus antigüedades fué siempre ofrenda particular de sus Dioses, y por esto muy tenido y reverenciado. Estaban con esta tinta siempre untados de los pies á la cabeza, que parecian negros muy atezados, y ésta era su ordinaria uncion, excepto que cuando iban á sacrificar, y á encender incienso á las espesuras y cumbres de los montes, y á las cuevas obscuras y temerosas, donde tenian sus Idolos, usaban de otra uncion diferente, haciendo ciertas ceremonias para perder el temor y cobrar grande ánimo. Esta uncion era hecha de diversas sabandijas ponzoñosas como de arañas, alacranes, cientopies, salamanquesas, vívoras, &c. Las cuales recogian los muchachos de los Colegios, y eran tan diestros, que tenian muchas juntas en cuantidad, para cuando los Sacerdotes las pedian. Su particular cuidado era andar á caza de estas sabandijas, y si yendo á otra cosa acaso encontraban alguna, allí ponian el cuidado en cazarla, como si en ello les fuese la vida. Por cuya causa de ordinario no tenian temor estos Indios de estas sabandijas ponzoñosas, tratándolas como si no lo fueran, por haberse criado todos en este ejercicio. Para hacer el ungüento de éstas, tomábanlas todas juntas, y quemábanlas en el brasero de el templo, que estaba delante de el altar, hasta que quedaban hechas ceniza. La cual echaban en unos morteros con mucho tabaco (que es una yerba de que esta gente usa para amortiguar la carne, y no sentir el trabajo); con esto revolvian aquellas cenizas, que les hacía perder la fuerza: echaban juntamente con esta yerba y ceniza algunos alacranes, y arañas vivas, y cientopies, y allí lo revolvian y amasaban, y despues de todo esto le echaban una semilla molida, que llaman ololúchqui, que toman los Indios bebida para ver visiones, cuyo efecto es privar de juicio. Molian asímismo con estas cenizas gusanos negros y peludos, que solo el pelo tiene ponzoña. Todo esto junto amasaban con tizne, y echándolo en unas ollitas poníanlo delante de sus Dioses, diciendo, que aquella era su comida, y así la llamaban comida divina. Con esta uncion se volvian brujos, y veían y hablaban al Demonio. Embijados los Sacerdotes con aquesta masa perdian todo temor, cobrando un espíritu de crueldad; y asi mataban los hombres en los sacrificios con grande osadía, é iban de noche solos á montes, y cuevas obscucuras y temerosas, menospreciando las fieras, teniendo por muy averiguado, que los leones, tigres, lobos, serpientes y otras fieras que en los montes se crian, huirían de ellos por virtud de aquel betún de Dios: y aunque no huyesen de el betún, huirian de un retrato de el Demonio, en que iban transformados. Tambien servia este betun para curar los enfermos y niños, por lo cual le llamaban todos medicina divina; y así acudian de todas partes á las dignidades y Sacerdotes como á saludadores, para que les aplicasen la medicina divina, y ellos les untaban con ellas las partes enfermas. Y afirman, que sentian con ella notable alivio, y debia esto de ser porque el tabaco y el ololúchqui tienen gran virtud de amortiguar; y aplicado por via de emplasto amortigua las carnes, esto solo por sí, cuanto mas con tanto género de ponzoñas; y como les amortiguaba el dolor, parecíales efecto de sanidad, y de virtud divina, acudiendo á estos Sacerdotes como á hombres santos, los cuales traian engañados y embaucados los ignorantes, persuadiéndoles cuanto querian, haciéndoles acudir á sus medicinas y ceremonias diabólicas, porque tenian tanta autoridad, que bastaba decirles ellos cualquiera cosa, para tenerla por artículo de Fé. Y asi hacían en el vulgo mil supersticiones, en el modo de ofrecer incienso, y en la manera de cortarles el cabello, y en atarles palillos á los cuellos, y hilos con huesezuelos de culebras, que se bañasen á tal y tal hora, que velasen de noche á un fogon, y que no comiesen otra cosa de pan, sino lo que habia sido ofrecido á sus Dioses; y luego acudiesen á los sortílegos, que con ciertos granos echaban suertes, y adivinaban mirando en lebrillos y cercos de agua. En el Perú usaron tambien embadurnarse mucho los hechiceros y ministros del Demonio. Y es cosa infinita la gran multitud que hubo de estos adivinos, sortílegos, hechiceros, agoreros y otros mil géneros de falsos profetas, y hoy dia dura mucha parte de esta pestilencia, aunque de secreto, porque no se atreven descubiertamente á usar sus endiabladas y sacrílegas ceremonias y supersticiones. Para lo cual se advierte mas á la larga en particular de sus abusos y maleficios en el confesonario hechos por los Prelados del Perú. Señaladamente hubo un género de hechiceros entre aquellos Indios, permitido por los Reyes Incas, que son como brujos, y toman la figura que quieren, y van por el aire en breve tiempo largo camino, y ven lo que pasa; hablan con el Demonio, el cual les responde en ciertas piedras, ó en otras cosas, que ellos veneran mucho. Estos sirven de adivinos, y de decir lo que pasa en lugares muy remotos, antes que venga ó pueda venir la nueva; como aun despues que los Españoles vinieron ha sucedido, que en distancia de mas de doscientas ó trescientas leguas se ha sabido de los motines, de las batallas y de los alzamientos y muertes, así de los tiranos, como de los que eran de la parte del Rey, y de personas particulares, el mismo dia y tiempo que las tales cosas sucedieron, ó el dia siguiente, que por curso natural era imposible saberlas tan presto. Para hacer esta abusion de adivinaciones se meten en una casa cerrada por de dentro, y se emborrachan hasta perder el juicio, y despues á cabo de un dia dicen lo que se les pregunta. Algunos dicen y afirman que estos usan de ciertas unturas: los Indios dicen que las viejas usan de ordinario este oficio, y viejas de una Provincia llamada Coaíllo, y de otro pueblo llamado Mancháy, y en la Provincia de Guarochirí, y en otras partes que ellos no señalan. Tambien sirven de declarar donde estan las cosas perdidas y hurtadas; y de este género de hechiceros hay en todas partes, á los cuales acuden muy de ordinario los Anacónas y Chinas, que sirven á los Españoles cuando pierden alguna cosa de su amo, ó desean saber algun suceso de cosas pasadas, ó que están por venir, como cuando bajan á las ciudades de los Españoles á negocios particulares ó públicos, preguntan si les irá bien, ó si enfermarán, ó morirán, ó volverán sanos, ó si alcanzarán lo que pretenden, y los hechiceros responden sí ó no, habiendo hablado con el Demonio en lugar obscuro, de manera que se oye su voz, mas no se ve con quien hablan, ni lo que dicen; y hacen mil ceremonias y sacrificios para este efecto, con que invocan al Demonio, y emborráchanse bravamente; y para este oficio particular usan de una yerba llamada villca, echando el zumo de ella en la chicha, ó tomándola por otra via. Por todo lo dicho consta cuan grande sea la desventura de los que tienen por maestros á tales ministros, del que tiene por oficio engañar; y es averiguado, que ninguna dificultad hay mayor para recibir la verdad del Santo Evangelio, y perseverar en ella los Indios, que la comunion de estos hechiceros, que han sido y son innumerables, aunque por la gracia del Señor, y diligencia de los Prelados y Sacerdotes van siendo menos, y no tan perjudiciales. Algunos de estos se han convertido, y públicamente han predicado al pueblo, retratando sus errores y engaños, y declarando sus embustes y mentiras, de que se ha seguido gran fruto; como tambien por letras del Japon sabemos haber sucedido en aquellas partes á grande gloria de nuestro Dios y Señor.
[CAPÍTULO XXVII]
De otras ceremonias y ritos de los Indios á semejanza de los nuestros.
Otras innumerables ceremonias y ritos tuvieron los Indios, y en muchas de ellas hay semejanza de las de la ley antigua de Moysén: en otras se parecen á las que usan los Moros; y algunas tiran algo á las de la ley Evangélica, como los lavatorios ó opacúna que llaman, que era bañarse en agua, para quedar limpios de sus pecados. Los Mejicanos tenian tambien sus bautismos con esta ceremonia, y es, que á los niños recien nacidos les sacrificaban las orejas y el miembro viril, que en alguna manera remedaban la circuncision de los Judíos. Esta ceremonia se hacía principalmente con los hijos de los Reyes y Señores: en naciendo, los lavaban los Sacerdotes, y despues de lavados, les ponian en la mano derecha una espada pequeña, y en la izquierda una rodelilla. A los hijos de la gente vulgar les ponian las insignias de sus oficios y á las niñas aparejos de hilar, tejer y labrar; y esto usaban por cuatro dias, y todo esto delante de algun Idolo. En los matrimonios habia su modo de contraerlos, de que escribió un tratado entero el Licenciado Polo, y adelante se dirá algo; y en otras cosas tambien llevaban alguna manera de razon sus ceremonias y ritos. Casábanse los Mejicanos por mano de sus Sacerdotes en esta forma: Poníanse el novio y la novia juntos delante del Sacerdote, el cual tomaba por las manos á los novios, y les preguntaba si se querian casar, y sabida la voluntad de ambos, tomaba un canto del velo con que ella traía cubierta la cabeza, y otro de la ropa de él, y atábalos, haciendo un ñudo; y así atados, llevábalos á la casa de ella, adonde tenian un fogon encendido, y á ella hacíale dar siete vueltas al derredor, donde se asentaban juntos los novios, y allí quedaba hecho el matrimonio. Eran los Mejicanos celosísimos en la integridad de sus esposas, tanto, que si no las hallaban tales, con señales y palabras afrentosas lo daban á entender con muy grande confusion y vergüenza de los padres y parientes, porque no miraron bien por ella; y á la que conservaba su honestidad, hallándola tal, hacian muy grandes fiestas, dando muchas dádivas á ella y á sus padres, haciendo grandes ofrendas á sus Dioses, y gran banquete, uno en casa de ella, y otro en casa de él; y cuando los llevaban á su casa, ponian por memoria todo lo que él y ella traían de provision de casas, tierras, joyas, atavíos, y guardaban esta memoria los padres de ellos, por si acaso se viniesen á descasar, como era costumbre entre ellos; y no llevándose bien, hacian particion de los bienes, conforme á lo que cada uno de ellos trajo, dándoles libertad que cada uno se casase con quien quisiese, y á ella le daban las hijas, y á él los hijos. Mandábanles estrechamente, que no se volviesen á juntar, so pena de muerte, y así se guardaba con mucho rigor; y aunque en muchas ceremonias parece que concurren con las nuestras, pero es muy diferente, por la gran mezcla que siempre tienen de abominaciones. Lo comun y general de ellas es, tener una de tres cosas, que son, ó crueldad, ó suciedad, ó ociosidad, porque todas ellas, ó eran crueles y perjudiciales, como el matar hombres, y derramar sangre, ó eran sucias y asquerosas, como el comer y beber en nombre de sus Idolos, y con ellos á cuestas orinar en nombre del Idolo, y el untarse y embijarse tan feamente, y otras cien mil bajezas; ó por lo menos eran vanas y ridículas, y puramente ociosas, y mas cosas de niños, que hechos de hombres. La razon de esto es la propia condicion del espíritu maligno, cuyo intento es hacer mal, provocando á homicidios, ó á suciedades, ó por lo menos á vanidades y ocupaciones impertinentes; lo cual echará de ver cualquiera que con atencion mirare el trato del Demonio con los hombres que engaña, pues en todos los ilusos se halla ó todo ó parte de lo dicho. Los mismos Indios, despues que tienen la luz de nuestra Fe, se rien y hacen burla de las niñerías en que sus Dioses falsos los traian ocupados, á los cuales servian mucho mas por el temor que tenían de que les habian de hacer mal, si no les obedecian en todo, que no por el amor que les tenian, aunque tambien vivian muchos de ellos engañados con falsas esperanzas de bienes temporales, que los eternos no llegaban á su pensamiento; y es de advertir, que donde la potencia temporal estuvo mas engrandecida, allí se acrecentó la supersticion, como se ve en los Reinos de Méjico y del Cúzco, donde es cosa increíble los adoratorios que habia, pues dentro de la mísma ciudad del Cuzco pasaban de trescientos. De los Reyes del Cuzco fué Mangoínga yupángui el que mas acrecentó el culto de sus Idolos, inventando mil diferencias de sacrificios, fiestas y ceremonias; y lo mismo fué en Méjico por el Rey Izcoált, que fué el cuarto de aquel Reino. En esotras naciones de Indios, como en la Provincia de Guatemala, y en las Islas y nuevo Reino, y Provincias de Chile, y otras que eran como behetrias, aunque habia gran multitud de supersticiones y sacrificios; pero no tenian que ver con lo del Cúzco y Méjico, donde Satanás estaba como en su Roma ó Jerusalén, hasta que fué echado á su pesar; y en su lugar se colocó la santa Cruz; y el Reino de Cristo, nuestro Dios, ocupó lo que el tirano tenia usurpado.
[CAPÍTULO XXVIII]
De algunas fiestas que usaron los del Cuzco, y como el Demonio quiso tambien imitar el misterio de la Santísima Trinidad.
Para concluir este libro, que es de lo que toca á la Religion, resta decir algo de las fiestas y solemnidades que usaban los Indios, las cuales, porque eran muchas y varias, no se podrán tratar todas. Los Incas, Señores del Perú, tenian dos géneros de fiestas, unas eran ordinarias, que venian á tiempos determinados por sus meses, y otras extraordinarias, que eran por causas ocurrentes de importancia, como cuando se coronaba algun nuevo Rey, y cuando se comenzaba alguna guerra de importancia, y cuando habia alguna muy grande necesidad de temporales. De las fiestas ordinarias se ha de entender, que en cada uno de los doce meses del año hacian fiesta y sacrificio diferente; porque aunque cada mes y fiesta de él se ofrecian cien carneros; pero las colores ó facciones habian de ser diferentes. En el primero, que llaman Ráyme, y es de Diciembre, hacian la primera fiesta, y mas principal de todas, y por eso la llamaban Capacráyme, que es decir fiesta rica ó principal. En esta fiesta se ofrecian grande suma de carneros y corderos en sacrificio, y se quemaban con leña labrada y olorosa; y traian carneros, oro y plata, y se ponian las tres estatuas del Sol, y las tres del Trueno, padre, hijo y hermano, que decian, que tenian el Sol y el Trueno. En estas fiestas se dedicaban los muchachos Incas, y les ponian las guáras ó pañetes, y les horadaban las orejas, y les azotaban con hondas los viejos, y untaban con sangre el rostro, todo en señal que habian de ser Caballeros leales del Inca. Ningun extranjero podia estar este mes y esta fiesta en el Cúzco; y al cabo de las fiestas entraban todos los de fuera, y les daban aquellos bollos de maíz con sangre del sacrificio, que comian en señal de confederacion con el Inca, como se dijo arriba; y cierto es de notar, que en su modo el Demonio haya tambien en la idolatría introducido trinidad, porque las tres estatuas del Sol se intitulaban Apoínti, Churíinti é Inticuaoquí, que quiere decir, el padre y señor Sol, el hijo Sol, el hermano Sol; y de la misma manera nombraban las tres estatuas del Chuquiílla, que es el Dios que preside en la region del aire, donde truena, llueve y nieva. Acuérdome, que estando en Chuquisaca me mostró un Sacerdote honrado una informacion, que yo la tuve harto tiempo en mi poder, en que habia averiguado de cierta guáca ó adoratorio, donde los Indios profesaban adorar á Tangatánga, que era un Idolo, que decian, que en uno eran tres, y en tres una; y admirándose aquel Sacerdote de esto, creo, le dije, que el Demonio todo cuanto podia hurtar de la verdad para sus mentiras y engaños, lo hacia con aquella infernal y porfiada soberbia, con que siempre apetece ser como Dios. Volviendo á las fiestas, en el segundo mes, que se llamaba Cámay, demás de los sacrificios, echaban las cenizas por un arroyo abajo, yendo con bordones tras ellas cinco leguas por el arroyo, rogándole las llevase hasta la mar, porque allí habia de recibir el Viracócha aquel presente. En el tercero, cuarto y quinto mes tambien ofrecian en cada uno sus cien carneros negros, pintados y pardos, con otras muchas cosas, que por no cansar se dejan. El sexto mes se llama Hatuncúzqui Aymoráy, que responde á Mayo; tambien se sacrificaban otros cien carneros de todos colores. En esta luna y mes, que es cuando se trae el maíz de la era á casa, se hacia la fiesta, que hoy dia es muy usada entre los Indios que llaman Aymoráy: esta fiesta se hace viniendo desde la chácra ó heredad á su casa, diciendo ciertos cantares, en que ruegan que dure mucho el maíz; la cual llaman Mamacóra, tomando de su chácra cierta parte de maíz mas señalado en cuantidad, y poniéndola en una troje pequeña, que llaman Pírua, con ciertas ceremonias, velando en tres noches; y este maíz meten en las mantas mas ricas que tienen, y despues que está tapado y aderezado, adoran esta Pírua, y la tienen en gran veneracion, y dicen que es madre del maíz de su chácra, y que con esto se da y se conserva el maíz; y por este mes hacen un sacrificio particular, y los hechiceros preguntan á la Pírua si tiene fuerza para el año que viene, y si responde que no, lo llevan á quemar á la misma chácra con la solemnidad que cada uno puede, y hacen otra Pírua con las mismas ceremonias, diciendo, que la renuevan, para que no perezca la simiente del maíz; y si responde que tiene fuerza para durar mas, la dejan hasta otro año: esta impertinencia dura hasta hoy dia, y es muy comun entre Indios tener estas Píruas, y hacer la fiesta del Aymoráy. El séptimo mes, que responde á Junio, se llama Aucaycúzqui Intiráymi, y en él se hacia la fiesta llamada Intiráymi, en que se sacrificaban cien carneros guanácos, que decian, que esta era la fiesta del Sol: en este mes se hacian gran suma de estatuas de leña labrada de Quínua, todas vestidas de ropas ricas, y se hacía el baile, que llamaban Cáyo; y en esta fiesta se derramaban muchas flores por el camino, y venian los Indios muy embijados, y los Señores con unas patenillas de oro puestas en las barbas, y cantando todos. Hase de advertir, que esta fiesta cae cuasi al mismo tiempo que los Cristianos hacemos la solemnidad del Corpus Christi, y que en algunas cosas tiene alguna apariencia de semejanza, como en las danzas, ó representaciones, ó cantares; y por esta causa ha habido, y hay hoy dia entre los Indios, que parecen celebrar nuestra solemne fiesta de Corpus Christi, mucha supersticion de celebrar la suya antigua del Intiráymi. El octavo mes se llama Cháhua Huarquí, en el cual se quemaban otros cien carneros por el órden dicho, todos pardos de color de Vizcácha; y este mes responde al nuestro de Julio. El noveno mes se llamaba Yápaquis, en el cual se quemaban otros cien carneros castaños, y se degollaban y quemaban mil Cuíes, para que el hielo, el aire, el agua y el Sol no dañasen á las Chácaras: éste parece que responde á Agosto. El décimo mes se llama Coyaráymi, en el cual se quemaban otros cien carneros blancos lanudos: en este mes, que responde á Septiembre, se hacia la fiesta llamada Cítua, en esta forma: que se juntaban todos antes que saliese la luna el primer dia; y en viéndola, daban grandes voces con hachos de fuego en las manos, diciendo: Vaya el mal fuera, dándose unos á otros con ellos: estos se llamaban Pancóncos; y aquesto hecho se hacia el lavatorio general en los arroyos y fuentes, cada uno en su acequia ó pertenencia, y bebian cuatro dias seguidos. Este mes sacaban las Mamacónas del Sol gran cantidad de bollos hechos con sangre de sacrificios, y á cada uno de los forasteros daban un bocado; y tambien enviaban á las Guácas forasteras de todo el Reino, y á diversos Curacas, en señal de confederacion y lealtad al Sol y al Inca, como está ya dicho. Los lavatorios y borracheras, y algun rastro de esta fiesta llamada Cítua, aún duran todavía en algunas partes, con ceremonias algo diferenciadas, y con mucho secreto, aunque lo principal y público haya cesado. El undécimo mes se llamaba Homaráimi Punchaiquís, en el cual sacrificaban otros cien carneros; y si faltaba agua, para que lloviese, ponian un carnero todo negro atado en un llano, derramando mucha chicha al derredor, y no le daban de comer hasta que lloviese: esto se usa tambien ahora en muchas partes por este mismo tiempo, que es por Octubre. El último mes se llama Ayamara, en el cual se sacrificaban otros cien carneros, y se hacia la fiesta llamada Raymicantará Ráyquis: en este mes, que responde á Noviembre, se aparejaba lo necesario para los muchachos, que se habian de hacer orejones el mes siguiente, y los muchachos con los viejos hacian cierto alarde dando algunas vueltas: y esta fiesta se llamaba Ituráymi, la cual se hace de ordinario cuando llueve mucho ó poco, ó hay pestilencia. Fiestas extraordinarias, aunque habia muchas, la mas famosa era la que llamaban Itu. La fiesta del Itu no tenia tiempo señalado, mas de que en tiempos de necesidad se hacia. Para ella ayunaba toda la gente dos dias, en los cuales no llegaban á mugeres, ni comian cosa con sal, ni ají, ni bebian chicha, y todos se juntaban en una plaza donde no hubiese forastero, ni animales, y para esta fiesta tenian ciertas mantas, y vestidos y aderezos, que solo servian para ella, y andaban en procesion cubiertas las cabezas con sus mantas, muy de espacio, tocando sus atambores, y sin hablar uno con otro. Duraba esto un dia y una noche, y el dia siguiente comian y bebian, y bailaban dos dias con sus noches, diciendo, que su oracion habia sido acepta; y aunque no se haga hoy dia con toda aquella ceremonia; pero es muy general hacer otra fiesta muy semejante, que llaman Ayma, con vestiduras que tienen depositadas para ello; y como está dicho, esta manera de procesion á vueltas con atambores, y el ayuno que precede, y borrachera que se sigue, usan por urgentes necesidades. Y aunque el sacrificar reses y otras cosas, que no pueden esconder de los Españoles, las han dejado, á lo menos en lo público; pero conservan todavía muchas ceremonias, que tienen origen de estas fiestas y supersticion antigua. Por eso es necesario advertir en ellas especialmente, que esta fiesta del Itu la hacen disimuladamente hoy dia en las danzas del Corpus Christi, haciendo las danzas del Llamallama, y de Guacon, y otras conforme á su ceremonia antigua, en lo cual se debe mirar mucho. En donde ha sido necesario advertir de estas abusiones y supersticiones, que tuvieron en el tiempo de su gentilidad los Indios, para que no se consientan por los Curas y Sacerdotes, allá se ha dado mas larga relacion de lo que toca á esta materia: al presente basta haber tocado el ejercicio en que el Demonio ocupaba á sus devotos, para que á pesar suyo se vea la diferencia que hay de la luz á las tinieblas, y de la verdad Cristiana á la mentira gentílica, por mas que haya con artificio procurado remedar las cosas de Dios el enemigo de los hombres y de su Dios.
[CAPÍTULO XXIX]
De la fiesta del Jubileo, que usaron los Mejicanos.
Los Mejicanos no fueron menos curiosos en sus solemnidades y fiestas, las cuales de hacienda eran mas baratas; pero de sangre humana sin comparacion mas costosas. De la fiesta principal de Vitzilipúztli ya queda arriba referido. Tras ella la fiesta del Idolo Tezcatlipúca era muy solemnizada. Venía esta fiesta por Mayo, y en su Kalendario tenia nombre Toxcólt; pero la misma cada cuatro años concurría con la fiesta de la Penitencia, en que habia indulgencia plenaria y perdon de pecados. Sacrificaban este dia un cautivo, que tenia la semejanza del Idolo Tezcatlipúca, que era á los diez y nueve de Mayo. En la víspera de esta fiesta venian los Señores al templo, y traían un vestido nuevo, conforme al del Idolo, el cual le ponian los Sacerdotes, quitándole las otras ropas, y guardándolas con tanta reverencia, como nosotros tratamos los ornamentos, y aun mas. Habia en las arcas del Idolo muchos aderezos y atavíos, joyas y otras preseas, y brazaletes de plumas ricas, que no servian de nada sino de estarse allí, todo lo cual adoraban como al mismo Dios. Demás del vestido con que le adoraban este dia, le ponian particulares insignias de plumas, brazaletes, quitasoles y otras cosas. Compuesto de esta suerte, quitaban la cortina de la puerta, para que fuese visto de todos, y en abriendo, salia una dignidad de las de aquel templo, vestido de la misma manera que el Idolo, con unas flores en la mano y una flauta pequeña de barro, de un sonido muy agudo; y vuelto á la parte de Oriente la tocaba, y volviendo al Occidente, al Norte y Sur, hacía lo mismo. Y habiendo tañido hácia las cuatro partes de el mundo, denotando que los presentes y ausentes le oían, ponía el dedo en el suelo, y cogiendo tierra con él, la metia en la boca, y la comia en señal de adoracion, y lo mismo hacian todos los presentes, y llorando postrábanse, invocando á la obscuridad de la noche, y al viento, y rogándoles, que no los desamparasen, ni los olvidasen, ó que les acabasen la vida, y diesen fin á tantos trabajos como en ella se padecian. En tocando esta flautilla, los ladrones, fornicarios, homicidas, ó cualquier género de delincuentes, sentian grandisimo temor y tristeza, y algunos se cortaban de tal manera, que no podian disimular haber delinquido. Y así todos aquellos no pedian otra cosa á su Dios, sino que no fuesen sus delitos manifiestos, derramando muchas lágrimas con grande compuncion y arrepentimiento, ofreciendo cuantidad de incienso para aplacar á Dios. Los valientes y valerosos hombres, y todos los soldados viejos, que seguian la milicia, en oyendo la flautilla, con muy grande agonía y devocion, pedian al Dios de lo criado, y al Señor por quien vivimos, y al Sol, con otros principales Dioses suyos, que les diesen victoria contra sus enemigos, y fuerzas para prender muchos cautivos, para honrar sus sacrificios. Hacíase la ceremonia sobredicha diez dias antes de la fiesta, en los cuales tañía aquel Sacerdote la flautilla, para que todos hiciesen aquella adoracion de comer tierra, y pedir á los Idolos lo que querían, haciendo cada dia oracion, alzados los ojos al Cielo, con suspiros y gemidos, como gente que se dolia de sus culpas y pecados. Aunque este dolor de ellos no era sino por temor de la pena corporal que les daban, y no por la eterna, porque certifican, que no sabian que en la otra vida hubiese pena tan estrecha; y así se ofrecian á la muerte tan sin pena, entendiendo que todos descansaban en ella. Llegado el propio dia de la fiesta de este Idolo Tezcatlipúca, juntábase toda la ciudad en el patio para celebrar asimismo la fiesta del Kalendario, que ya dijimos se llamaba Toxcoátl, que quiere decir cosa seca, la cual fiesta toda se endereza á pedir agua de el Cielo, al modo que nosotros hacemos las rogaciones, y así tenian aquesta fiesta siempre por Mayo, que es el tiempo en que en aquella tierra hay mas necesidad de agua. Comenzábase su celebracion á nueve de Mayo, y acabábase á diez y nueve. En la mañana del último dia sacaban sus Sacerdotes unas andas muy aderezadas, con cortinas y cendales de diversas maneras. Tenian estas andas tantos asideros, cuantos eran los ministros que las habian de llevar, todos los cuales salian embijados de negro, con unas cabelleras largas trenzadas por la mitad de ellas, con unas cintas blancas, y con unas vestiduras de librea del Idolo. Encima de aquellas andas ponian el personage de el Idolo señalado para este oficio, que ellos llamaban semejanza del Dios Tezcatlipúca, y tomándolo en los hombros lo sacaban en público al pie de las gradas. Salian luego los mozos y mozas recogidas de aquel templo con una soga gruesa, torcida de sartales de maíz tostado, y rodeando todas las andas con ella, ponian luego una sarta de lo mismo al cuello del Idolo, y en la cabeza una guirnalda: llamábase la soga Toxcátl, denotando la sequedad y esterilidad del tiempo. Salian los mozos rodeados con unas cortinas de red, y con guirnaldas y sartales de maíz tostado: las mozas salian vestidas de nuevos atavíos y aderezos con sartales de lo mismo á los cuellos, y en las cabezas llevaban unas tiaras hechas de varillas das cubiertas de aquel maíz, emplumados los pies y los brazos, y las mejillas llenas de color. Sacaban asímismo muchos sartales de este maíz tostado, y ponianselos los principales en las cabezas y cuellos, y en las manos unas flores. Despues de puesto el Idolo en sus andas tenia por todo aquel lugar gran cantidad de pencas de manguéy, cuyas hojas son anchas y espinosas. Puestas las andas en los hombros de los sobredichos, llevábanlas en procesion por dentro del circuíto del patio, llevando delante de sí dos Sacerdotes con dos braseros ó incensarios incensando muy amenudo el Idolo y cada vez que echaban el incienso, alzaban el brazo, cuan alto podian, hácia el Idolo y hácia el Sol, diciéndoles subiesen sus oraciones al Cielo, como subia aquel humo á lo alto. Toda la demás gente que estaba en el patio, volviéndose en rueda hácia la parte donde iba el Idolo, llevaban todos en las manos unas sogas de hilo de manguéy nuevas de una braza, con un ñudo al cabo, y con aquellas se disciplinaban, dándose grandes golpes en las espaldas, de la manera que acá se disciplinan el Jueves Santo. Toda la cerca del patio y las almenas estaban llenas de ramos y flores, tan bien adornadas, y con tanta frescura, que causaban gran contento. Acabada esta procesion, volvian á subir el Idolo á su lugar, á donde lo ponian: salia luego gran cuantidad de gente con flores aderezadas de diversas maneras, y henchian el altar, y la pieza, y todo el patio de ellas, que parecia aderezo de monumento. Estas rosas ponian por sus manos los Sacerdotes, administrándoselas los mancebos del templo desde acá fuera, y quedábase aquel dia descubierto, y el aposento sin echar el velo. Esto hecho, salian todos á ofrecer cortinas, cendales, joyas, piedras ricas, incienso, maderos resinosos, mazorcas de maíz, codornices, y finalmente, todo lo que en semejantes solemnidades acostumbraban ofrecer. En la ofrenda de las codornices, que era de los pobres, usaban esta ceremonia, que las daban al Sacerdote, y tomándolas, las arrancaba las cabezas, y echábalas luego al pie del altar, adonde se desangrasen; y así hacían de todas las que ofrecian. Otras comidas y frutas ofrecia cada uno segun su posibilidad, las cuales eran al pie del altar de los Ministros del templo; y así ellos eran los que las alzaban, y llevaban á los aposentos que allí tenian. Hecha esta solemne ofrenda, íbase la gente á comer á sus lugares y casas, quedando la fiesta así suspensa hasta haber comido. Y á este tiempo los mozos y mozas del templo, con los atavíos referidos, se ocupaban en servir al Idolo de todo lo que estaba dedicado á él para su comida, la cual guisaban otras mujeres, que habian hecho voto de ocuparse aquel dia en hacer la comida del Idolo, sirviendo allí todo el dia. Y asi se venian todas las que habian hecho voto, en amaneciendo, y ofrecíanse á los Prepósitos de el templo, para que les mandasen lo que habian de hacer, y hacíanlo con mucha diligencia y cuidado. Sacaban despues tantas diferencias é invenciones de manjares, que era cosa de admiracion. Hecha esta comida, y llegada la hora de comer, salian todas aquellas doncellas del templo en procesion, cada una con una cestica de pan en la una mano, y en la otra una escudilla de aquellos guisados: traían delante de sí un viejo, que servia de Maestresala, con un hábito harto donoso. Venía vestido con una sobrepellíz blanca, que le llegaba á las pantorrillas, sobre un jubon sin mangas á manera de sambenito, de cuero colorado: traía en lugar de mangas unas alas, y de ellas salian unas cintan anchas, de las cuales pendia en medio de las espaldas una calabaza mediana, que por unos agujerillos que tenia, estaba toda llena de flores, y dentro de ella diversas cosas de supersticion. Iba este viejo así ataviado, delante de todo el aparato, muy humilde, triste y cabizbajo, y en llegando al puesto, que era al pie de las gradas, hacía una grande humillacion, y haciéndose á un lado, llegaban las mozas con la comida, é íbanla poniendo en hilera, llegando una á una con mucha reverencia. En habiéndola puesto, volvia el viejo á guiarlas, y volvíanse á sus recogimientos. Acabadas ellas de entrar, salian los mozos y ministros de aquel templo, y alzaban de allí aquella comida, y metianla en los aposentos de las dignidades y de los Sacerdotes, los cuales habian ayunado cinco dias seguidos, comiendo sola una vez al dia, apartados de sus mugeres, y no salian de el templo aquellos cinco dias, azotándose reciamente con sogas, y comian de aquella comida divina (que así la llamaban) todo cuanto podian, de la cual á ninguno era lícito comer sino á ellos. En acabando todo el pueblo de comer, volvia á recogerse en el patio á celebrar y ver el fin de la fiesta, donde sacaban un esclavo, que habia representado el Idolo un año, vestido, aderezado y honrado como el mismo Idolo, y haciéndole todos reverencia le entregaban á los Sacrificadores, que al mismo tiempo salian, y tomándole de pies y manos, el Papa le cortaba el pecho, y le sacaba el corazon, alzándolo en la mano todo lo que podia, y mostrándolo al Sol, y al Idolo, como ya queda referido. Muerto éste, que representaba al Idolo, llegábanse á un lugar consagrado y diputado para el efecto, y salian los mozos y mozas con el aderezo sobredicho, donde tañéndoles las dignidades del templo, bailaban y cantaban puestos en órden junto al atambor; y todos los Señores ataviados con las insignias que los mozos traían, bailaban en cerco al derredor de ellos. En este dia no moria ordinariamente mas que este sacrificado, porque solamente de cuatro á cuatro años morian otros con él, y cuando estos morian era el año del Jubileo é Indulgencia plenaria. Hartos ya de tañer, comer y beber, á puesta del Sol íbanse aquellas mozas á sus retraimientos, y tomaban unos grandes platos de barro, y llenos de pan amasado con miel, cubiertos con unos fruteros labrados de calaveras y huesos de muertos cruzados, llevaban colacion al Idolo, y subian hasta el patio, que estaba antes de la puerta del oratorio, y poniéndolo allí, yendo su Maestresala delante, se bajaban por el mismo orden que lo habian llevado. Salian luego todos los mancebos puestos en órden, y con unas cañas en las manos arremetían á las gradas del templo, procurando llegar mas presto unos que otros á los platos de la colacion. Y las dignidades del templo tenian cuenta de mirar al primero, segundo, tercero y cuarto, que llegaban, no haciendo caso de los demas, hasta que todos arrebataban aquella colacion, la cual llevaban como grandes reliquias. Hecho esto, los cuatro que primero llegaron, tomaban en medio las dignidades y ancianos del templo, y con mucha honra los metian en los aposentos, premiándoles y dándoles muy buenos aderezos, y de allí adelante los respetaban y honraban como á hombres señalados. Acabada la presa de la colacion, y celebrada con mucho regocijo y gritería, á todas aquellas mozas que habian servido al Idolo y á los mozos, les daban licencia para que se fuesen, y así se iban unas tras de otras. Al tiempo que ellas salian, estaban los muchachos de los Colegios y Escuelas á la puerta del patio, todos con pelotas de juncia, y de yerbas en las manos, y con ellas las apedreaban, burlando y escarneciendo de ellas, como á gente que se iba del servicio del Idolo. Iban con libertad de disponer de sí á su voluntad, y con esto se daba fin á esta solemnidad.
[CAPÍTULO XXX]
De la fiesta de los Mercaderes que usaron los Cholutécas.
Aunque se ha dicho harto del culto que los Mejicanos daban á sus Dioses; pero porque el que se llamaba Quetzaálcoátl, y era Dios de gente rica, tenia particular veneracion y solemnidad, se dirá aquí lo que de su fiesta refieren. Solemnizábase la fiesta de este Idolo en esta forma: Cuarenta dias antes compraban los Mercaderes un esclavo bien hecho, sin mácula, ni señal alguna, así de enfermedad, como de herida ó golpe: á éste le vestian con los atavios del mismo Idolo, para que le representase estos cuarenta dias; y antes que le vistiesen, le purificaban, lavándole dos veces en un lago, que llamaban de los Dioses; y despues de purificado, le vestian en la forma que el Idolo estaba vestido. Era muy reverenciado en estos cuarenta dias, por lo que representaba: enjaulábanle de noche, como queda dicho, porque no se fuese, y luego de mañana lo sacaban de la jaula, y le ponian en lugar preeminente, y allí le servian, dándole á comer preciosas viandas. Despues de haber comido, poníanle sartales de flores al cuello, y muchos ramilletes en las manos: traía su guardia muy cumplida, con otra mucha gente que le acompañaba, y salian con él por la ciudad, el cual iba cantando y bailando por toda ella, para ser conocido por semejanza de su Dios; y en comenzando á cantar, salian de sus casas las mugeres y niños á saludarle y ofrecerle ofrendas como á Dios. Nueve dias antes de la fiesta venian ante él dos viejos muy venerables de las dignidades del templo; y humillándose ante él, le decian con una voz muy humilde y baja: Señor, sabrás que de aquí á nueve dias se te acaba el trabajo de bailar y cantar, porque entonces has de morir; y él habia de responder, que fuese mucho de enhorabuena. Llamaban á esta ceremonia Neyólo Maxílt Iléztli, que quiere decir el apercibimiento; y cuando le apercibian, mirábanle con mucha atencion, si se entristecia, ó si bailaba con el contento que solía; y si no lo hacia con la alegría que ellos deseaban, hacian una supersticion asquerosa, y era, que iban luego y tomaban las navajas del sacrificio, y lavábanles la sangre humana que estaba en ellas pegada de los sacrificios pasados, y con aquellas lavazas, hacianle una bebida mezclada con otra de cacao, y dabánsela á beber, porque decian, que hacía tal operacion en él, que quedaba sin alguna memoria de lo que le habian dicho, y cuasi insensible, volviendo luego al ordinario canto; y aun dicen, que con este medio él mismo con mucha alegría se ofrecia á morir, siendo hechizado con aquel brebage. La causa porque procuraban quitar á éste la tristeza era, porque lo tenian por muy mal agüero, y pronóstico de algun gran mal. Llegado el dia de la fiesta, á media noche, despues de haberle hecho mucha honra de música é incienso, tomábanle los Sacrificadores, y sacrificaban al modo arriba dicho, haciendo ofrenda de su corazon á la Luna; y despues arrojándolo al Idolo, dejando caer el cuerpo por las gradas del templo abajo, de donde lo alzaban los que le habian ofrecido, que eran los Mercaderes, cuya fiesta era ésta; y llevándolo á la casa del mas principal, lo hacian aderezar en diferentes manjares, para celebrar en amaneciendo el banquete y comida de la fiesta, dando primero los buenos dias al Idolo, con un pequeño baile que hacian mientras amanecia, y se guisaba el sacrificado. Juntábanse despues todos los Mercaderes á este banquete, especialmente los que tenian trato de vender y comprar esclavos, á cuyo cargo era ofrecer cada año un esclavo para la semejanza de su Dios. Era este Idolo de los mas principales de aquella tierra, como queda referido; y así el templo en que estaba era de mucha autoridad, el cual tenia sesenta gradas para subir á él, y en la cumbre de ellas se formaba un patio de mediana anchura, muy curiosamente encalado: en medio de él habia una pieza grande y redonda á manera de horno, y la entrada estrecha y baja, que para entrar era menester inclinarse mucho. Tenia este templo los aposentos que los demas, donde habia recogimiento de Sacerdotes, mozos y mozas, y de muchachos, como queda dicho, á los cuales asistia solo un Sacerdote, que continuamente residia allí, el cual era como semanero, porque puesto caso que habia de ordinario tres ó cuatro curas ó dignidades en cualquiera templo, servia cada uno una semana sin salir de allí. El oficio del semanero de este templo, despues de la doctrina de los mozos, era, que todos los dias, á la hora que se pone el Sol, tañía un grande atambor, haciendo señal con él, como nosotros usamos tañer á la oracion. Era tan grande este atambor, que su sonido ronco se oía por toda la ciudad; y en oyéndolo, se ponian todos en tanto silencio, que parecia no haber hombre, desbaratándose los mercados, y recogiéndose la gente, con que quedaba todo en grande quietud y sosiego. Al alba, cuando ya amanecia, le volvia á tocar, con que se daba señal de que ya amanecia; y así los caminantes y forasteros se aprestaban con aquella señal, para hacer sus viages, estando hasta entonces impedidos para poder salir de la ciudad. Este templo tenia un patio mediano, donde el dia de su fiesta se hacian grandes bailes y regocijos, y muy graciosos entremeses, para lo cual habia en medio de este patio un pequeño teatro de á treinta pies en cuadro, curiosamente encalado, el cual enramaban y aderezaban para aquel dia, con toda la policía posible, cercándolo todo de arcos hechos de diversidad de flores y plumería, colgando á trechos muchos pájaros, conejos, y otras cosas apacibles, donde, despues de haber comido, se juntaba toda la gente. Salian los representantes, y hacian entremeses, haciéndose sordos, arromadizados, cojos, ciegos y mancos, viniendo á pedir sanidad al Idolo: los sordos respondiendo adefesios; y los arromadizados tosiendo: los cojos cojeando decian sus miserias y quejas, con que hacian reir grandemente al pueblo. Otros salian en nombre de las sabandijas: unos vestidos como escarabajos, y otros como sapos, y otros como lagartijas, &c.; y encontrándose allí, referian sus oficios; y volviendo cada uno por sí, tocaban algunas flautillas, de que gustaban sumamente los oyentes, porque eran muy ingeniosas: fingian asimismo muchas mariposas y pájaros de muy diversos colores, sacando vestidos á los muchachos del templo en aquestas formas, los cuales subiéndose en una arboleda, que allí plantaban, los Sacerdotes del templo les tiraban con cebratanas, donde habia en defensa de los unos, y ofensa de los otros, graciosos dichos, con que entretenian los circunstantes; lo cual concluído, hacian un mitote ó baile con todos estos personages, y se concluía la fiesta; y esto acostumbraban hacer en las mas principales fiestas.
[CAPÍTULO XXXI]
Qué provecho se ha de sacar de la relacion de las supersticiones de los Indios.
Baste lo referido para entender el cuidado que los Indios ponian en servir y honrar á sus Idolos, y al Demonio, que es lo mismo; porque contar por entero lo que en esto hay, es cosa infinita, y de poco provecho; y aun de lo referido podrá parecer á algunos, que lo hay muy poco ó ninguno, y que es como gastar tiempo en leer las patrañas que fingen los libros de Caballerías; pero estos, si lo consideran bien, hallarán ser muy diferente negocio, y que puede ser útil para muchas cosas tener noticia de los ritos y ceremonias que usaron los Indios. Primeramente, en las tierras donde ello se usó, no solo es útil, sino del todo necesario, que los Cristianos y Maestros de la ley de Cristo sepan los errores y supersticiones de los antiguos, para ver si clara ó disimuladamente las usan tambien ahora los Indios; y para este efecto hombres graves y diligentes escribieron relaciones largas de lo que averiguaron, y aun los Concilios Provinciales han mandado, que se escriban y estampen, como se hizo en Lima; y esto muy mas cumplidamente de lo que aquí va tratado. Así que en tierras de Indios cualquier noticia que de aquesto se da á los Españoles, es importante para el bien de los Indios. Para los mismos Españoles allá y donde quiera puede servir esta narracion, de ser agradecidos á Dios, nuestro Señor, dándole infinitas gracias por tan gran bien, como es habernos dado su santa ley, la cual toda es justa, toda limpia, toda provechosa; lo cual se conoce bien, cotejándola con las leyes de Satanás, en que han vivido tantos desdichados. Tambien puede servir para conocer la soberbia, envidia, engaños y mañas del Demonio con que los tiene cautivos, pues por una parte quiere imitar á Dios, y tener competencias con él y con su santa ley; y por otra mezcla tantas vanidades y suciedades, y aun crueldades, como quien tiene por oficio estragar todo lo bueno y corromperlo. Finalmente, quien viere la ceguedad y tinieblas en que tantos tiempos han vivido Provincias y Reinos grandes, y que todavía viven en semejantes engaños muchas gentes, y grande parte del mundo, no podrá, si tiene pecho cristiano, dejar de dar gracias al altísimo Dios por los que ha llamado de tales tinieblas á la admirable lumbre de su Evangelio, suplicando á la inmensa caridad del Criador las conserve y acreciente en su conocimiento y obediencia; y juntamente doliéndose de los que todavia siguen el camino de su perdicion, instar al Padre de misericordia que les descubra los tesoros y riquezas de Jesu-Cristo, el cual con el Padre y con el Espíritu Santo reina por todos los siglos. Amen.
FIN DEL QUINTO LIBRO
LIBRO SEXTO
DE LA
HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS
[CAPÍTULO PRIMERO]
Que es falsa la opinion de los que tienen á los Indios por hombres faltos de entendimiento.
Habiendo tratado lo que toca á la Religion que usaban los Indios, pretendo en este libro escribir de sus costumbres, policía y gobierno, para dos fines: el uno deshacer la falsa opinion, que comunmente se tiene de ellos, como de gente bruta y bestial, y sin entendimiento, ó tan corto, que apenas merece ese nombre: del cual engaño se sigue hacerles muchos y muy notables agravios, sirviéndose de ellos poco menos que de animales, y despreciando cualquier género de respeto que se les tenga. Que es tan vulgar y tan pernicioso engaño, como saben bien los que con algun celo y consideracion han andado entre ellos, y visto y sabido sus secretos y avisos, y juntamente el poco caso que de todos ellos hacen los que piensan que saben mucho, que son de ordinario los mas necios, y mas confiados de sí. Esta tan perjudicial opinion no veo medio con que pueda mejor deshacerse, que con dar á entender el órden y modo de proceder que estos tenian cuando vivian en su ley, en la cual, aunque tenian muchas cosas de bárbaros y sin fundamento; pero habia tambien otras muchas dignas de admiracion, por las cuales se deja bien comprehender, que tienen natural capacidad para ser bien enseñados, y aun en gran parte hacen ventaja á muchas de nuestras Repúblicas. Y no es de maravillar, que se mezclasen yerros graves, pues en los mas estirados de los Legisladores y Filósofos se hallan, aunque entren Licurgo y Platon en ellos. Y en las mas sabias Repúblicas, como fueron la Romana y la Atheniense, vemos ignorancias dignas de risa, que cierto, si las Repúblicas de los Mejicanos, y de los Incas, se refirieran en tiempos de Romanos ó Griegos, fueran sus leyes y gobierno estimado. Mas como sin saber nada de esto, entramos por la espada, sin oirles, ni entenderles, no nos parece que merecen reputacion las cosas de los Indios, sino como de caza habida en el monte, y traída para nuestro servicio y antojo. Los hombres mas curiosos y sabios que han penetrado y alcanzado sus secretos, su estilo y gobierno antiguo, muy de otra suerte lo juzgan, maravillándose que hubiese tanto órden y razon entre ellos. De estos autores es uno Polo Ondegardo, á quien comunmente sigo en las cosas de el Perú: y en las materias de Méjico Juan de Tovar, Prebendado que fué de la Iglesia de Méjico, y ahora es Religioso de nuestra Compañia de Jesus, el cual por órden del Virey Don Martin Enriquez, hizo diligente y copiosa averiguacion de las historias antiguas de aquella nacion, sin otros autores graves, que por escrito ó de palabra me han bastantemente informado de todo lo que voy refiriendo. El otro fin que puede conseguirse con la noticia de las leyes, costumbres y policía de los Indios, es ayudarlos y regirlos por ellas mismas, pues en lo que no contradicen á la Ley de Cristo y de su santa Iglesia, deben ser gobernados conforme á sus fueros, que son como sus leyes municipales. Por cuya ignorancia se han cometido yerros de no poca importancia, no sabiendo los que juzgan, ni los que rigen, por donde han de juzgar y regir sus súbditos. Que demas de ser agravio y sinrazon que se les hace, es en gran daño por tenernos aborrecidos como á hombres que en todo, así en lo bueno como en lo malo, les somos y hemos siempre sido contrarios.
[CAPÍTULO II]
Del modo de cómputo y Kalendario que usaban los Mejicanos.
Comenzando, pues, por el repartimiento de los tiempos y cómputo que los Indios usaban, que es una de las mas notorias muestras de su ingenio y habilidad, diré primero, de qué manera contaban y repartian su año los Mejicanos, y de sus meses y Kalendario, y de su cuenta de siglos ó edades. El año dividian en diez y ocho meses: á cada mes daban veinte dias, con que se hacen trescientos y sesenta dias, y los otros cinco que restan para cumplimiento del año entero, no los daban á mes ninguno, sino contábanlos por sí, y llamábanlos dias valdíos, en los cuales no hacia la gente cosa alguna, ni acudian al templo, solo se ocupaban en visitarse unos á otros perdiendo tiempo, y los Sacerdotes del templo cesaban de sacrificar. Los cuales dias cumplidos, volvian á comenzar la cuenta de su año, cuyo primer mes y principio era por Marzo, cuando comienza á reverdecer la hoja, aunque tomaban tres dias de Febrero, porque su primer dia del año era á veinte y seis de Febrero, como consta por el Kalendario suyo: en el cual está incorporado el nuestro con notable cuenta y artificio, hecho por los Indios antiguos, que conocieron á los primeros Españoles, el cual Kalendario yo ví, y aun le tengo en mi poder, que es digno de considerar para entender el discurso y habilidad que tenian estos Indios Mejicanos. Cada uno de los diez y ocho meses que digo, tiene su nombre especial, y su pintura y señal propia: y comunmente se tomaba de la fiesta principal, que en aquel mes se hacia, ó de la diferencia que el año va entonces causando. Y para todas sus fiestas tenian sus ciertos dias señalados en su Kalendario. Las semanas contaban de trece en trece dias, y á cada dia señalaban con un cero ó redondo pequeño, multiplicando los ceros hasta trece, y luego volvian á contar uno, dos, &c. Partian tambien los años de cuatro en cuatro signos, atribuyendo á cada año un signo. Estas eran cuatro figuras: la una de casa, la otra de conejo, la tercera de caña, la cuarta de pedernal; y así las pintaban, y por ellas nombraban el año que corria, diciendo: A tantas casas, ó á tantos pedernales de tal rueda, sucedió tal y tal cosa. Porque es de saber, que su rueda, que es como siglo, contenia cuatro semanas de años, siendo cada una de trece, de suerte, que eran por todos cincuenta y dos años. Pintaban en medio un Sol, y luego salian de él en Cruz cuatro brazos ó líneas hasta la circunferencia de la rueda, y daban vuelta, de modo, que se dividía en cuatro partes la circunferencia, y cada una de ellas iba con su brazo de la misma color, que eran cuatro diferentes, de verde, de azul, de colorado, de amarillo: y cada parte de éstas tenia sus trece apartamientos, con su signo de casa, ó conejo, ó caña, ó pedernal, significando en cada uno su año, y al lado pintaban lo sucedido en aquel año. Y así ví yo en el Kalendario que he dicho, señalado el año que entraron los Españoles en Méjico, con una pintura de un hombre vestido á nuestro talle de colorado, que tal fué el hábito del primer Español, que envió Hernando Cortés. Al cabo de los cincuenta y dos años que se cerraba la rueda, usaban una ceremonia donosa, y era, que la última noche quebraban cuantas vasijas tenian, y apagaban cuantas lumbres habia, diciendo, que en una de las ruedas habia de fenecer el mundo, y que por ventura sería aquella en que se hallaban, y que pues se habia de acabar el mundo, no habian de guisar, ni comer, que para qué eran vasijas, ni lumbre, y así se estaban toda la noche, diciendo, que quizá no amanecería mas, velando con gran atencion todos para ver si amanecía. En viendo que venía el dia, tocaban muchos atambores, bocinas, flautas y otros instrumentos de regocijo y alegría, diciendo, que ya Dios les alargaba otro siglo, que eran cincuenta y dos años, y comenzaban otra rueda. Sacaban, el dia que amanecía para principio de otro siglo, lumbre nueva, y compraban vasos de nuevo, ollas, y todo lo necesario para guisar de comer, é iban todos por lumbre nueva donde la sacaba el sumo Sacerdote, precediendo una solemnísima procesion en hacimiento de gracias, porque les habia amanecido, y prorogádoles otro siglo: éste era su modo de contar años, meses, semanas y siglos.
[CAPÍTULO III]
Del modo de contar los años y meses que usaron los Incas.
En este cómputo de los Mejicanos, aunque hay mucha cuenta é ingenio para hombres sin letras; pero paréceme falta de consideracion no tener cuenta con las lunas, ni hacer distribucion de meses conforme á ellas; en lo cual, sin duda, les hicieron ventaja los del Perú, porque contaban cabalmente su año de tantos dias como nosotros, y partíanle en doce meses ó lunas, consumiendo los once dias que sobran de luna, segun escribe Polo, en los mismos meses. Para tener cierta y cabal la cuenta del año, usaban esta habilidad, que en los cerros que están al derredor de la ciudad del Cúzco (que era la Corte de los Reyes Incas, y juntamente el mayor santuario de sus Reinos, y como si dijésemos otra Roma) tenian puestos por su orden doce pilarejos, en tal distancia y postura, que en cada mes señalaba cada uno, donde salia el Sol, y donde se ponia. Estos llamaban Succanga; y por allí anunciaban las fiestas, y los tiempos de sembrar y coger, y lo demas. A estos pilares del Sol hacian ciertos sacrificios conforme á su supersticion. Cada mes tenia su nombre propio y distinto, y sus fiestas especiales. Comenzaban el año por Enero como nosotros; pero despues un Rey Inca, que llamaron Pachacúto, que quiere decir reformador del tiempo, dió principio al año por Diciembre, mirando (á lo que se puede pensar) cuando el Sol comienza á volver del último punto de Capricornio, que es el trópico á ellos mas propincuo. Cuenta cierta de bisiesto no se sabe que la tuviesen unos ni otros, aunque algunos dicen que sí tenian. Las semanas que contaban los Mejicanos, no eran propiamente semanas, pues no eran de siete dias, ni los Incas hicieron esta division; y no es maravilla, pues la cuenta de la semana no es como la del año por curso del Sol, ni como la del mes por el curso de la Luna, sino en los Hebreos por el órden de la creacion del mundo, que refiere Moysén[43], y en los Griegos y Latinos por el número de los siete Planetas, de cuyos nombres se nombran tambien los dias de la semana; pero para hombres sin libros ni letras, harto es, y aun demasiado, que tuviesen el año, las fiestas y tiempos con tanto concierto y órden, como está dicho.
[CAPÍTULO IV]
Que ninguna nacion de Indios se ha descubierto que use de letras.
Las letras se inventaron para referir y significar inmediatamente las palabras que pronunciamos, así como las mismas palabras y vocablos, según el Filósofo[44], son señales inmediatamente de los conceptos y pensamientos de los hombres; y lo uno y lo otro (digo las letras y las voces) se ordenaron para dar á entender las cosas: las voces á los presentes: las letras á los ausentes y futuros. Las señales que no se ordenan de próximo á significar palabras sino cosas, no se llaman, ni son en realidad de verdad letras, aunque estén escritas; así como una imágen del Sol pintada no se puede decir que es escritura ó letras del Sol, sino pintura. Ni mas ni menos otras señales que no tienen semejanza con la cosa, sino solamente sirven para memoria, porque el que las inventó, no las ordenó para significar palabras, sino para denotar aquella cosa: estas tales señales no se dicen, ni son propiamente letras ni escritura, sino cifras ó memoriales, como las que usan los Esferistas ó Astrólogos, para denotar diversos signos ó planetas de Marte, de Venus, de Júpiter, &c., son cifra, y no letras, porque por cualquier nombre que se llame Marte, igualmente lo denota al Italiano, al Francés y al Español; lo cual no hacen las letras, que aunque denoten las cosas, es mediante las palabras, y así no las entienden, sino los que saben aquella lengua: verbi gratia, está escrita esta palabra Sol, no percibe el Griego ni el Hebreo qué significa, porque ignora el mismo vocablo latino; de manera, que escritura y letras solamente las usan los que con ellas significan vocablos; y si inmediatamente significan las mismas cosas, no son ya letras, ni escrituras, sino pintura y cifras. De aquí se sacan dos cosas bien notables, la una es, que la memoria de historias y antigüedad puede permanecer en los hombres por una de tres maneras; ó por letras y escritura, como lo usan los Latinos, Griegos y Hebreos, y otras muchas naciones; ó por pintura, como cuasi en todo el mundo se ha usado, pues como se dice en el Concilio Niceno segundo, la pintura es libro para los idiotas que no saben leer; ó por cifras ó caractéres, como el guarismo significa los números de ciento, de mil, y los demas, sin significar esta palabra ciento, ni la otra mil: el otro notable que se infiere es el que en este capitulo se ha propuesto; es á saber, que ninguna nacion de Indios, que se ha descubierto en nuestros tiempos, usa de letras, ni escritura, sino de las otras dos maneras, que son imágenes ó figuras; y entiendo esto, no solo de los Indios del Perú y de los de Nueva-España, sino en parte tambien de los Japones y Chinos; y aunque parecerá á algunos muy falso lo que digo, por haber tanta relacion de las grandes librerías y estudios de la China y del Japon, y de sus chapas, provisiones y cartas; pero es muy llana verdad, como se entenderá en el discurso siguiente.
[CAPÍTULO V]
De género de letras y libros que usan los Chinos.
Las escrituras que usan los Chinos, piensan muchos, y aun es común opinion, que son letras como las que usamos en Europa, quiero decir, que con ellas se puedan escribir palabras ó razones, y que solo difieren de nuestras letras y escritura en ser sus caractéres de otra forma, como difieren los Griegos de los Latinos, y los Hebreos y Caldeos; y por la mayor parte no es así, porque ni tienen alfabeto, ni escriben letras, ni es la diferencia de caractéres, sino en que principalmente su escribir es pintar ó cifrar, y sus letras no significan partes de dicciones como las nuestras, sino son figuras de cosas, como de Sol, de fuego, de hombre, de mar, y así de lo demás. Pruébase esto evidentemente, porque siendo las lenguas que hablan los Chinos, innumerables, y muy diferentes entre sí, sus escrituras y chapas igualmente se leen y entienden en todas lenguas, como nuestros números de guarismo igualmente se entienden en Francés y Español, y en Arábigo; porque esta figura 8, donde quiera dice ocho, aunque ese número el Francés le llama de una suerte, y el Español de otra. De aquí es, que como las cosas son en sí innumerables, las letras ó figuras que usan los Chinas, para denotarlas, son cuasi infinitas, porque el que ha de leer ó escribir en la China, como los Mandarines hacen, ha de saber, por lo menos, ochenta y cinco mil figuras ó letras; y los que han de ser perfectos en esta lectura ciento y veinte y tantas mil. Cosa prodigiosa, y que no fuera creíble, si no lo dijeran personas tan dignas de fé, como lo son los Padres de nuestra Compañia, que estan allá actualmente aprendiendo su lengua y escritura; y ha mas de diez años que de noche y de dia estudian en esto con inmortal trabajo, que todo lo vence la caridad de Cristo y deseo de la salvacion de las almas. Esta misma es la causa porque en la China son tan estimados los letrados, como de cosa tan dificil; y solos ellos tienen oficios de Mandarines, Gobernadores, Jueces y Capitanes; y así es grande el cuidado de los padres en que sus hijos aprendan á leer y escribir. Las Escuelas donde esto aprenden los niños ó mozos, son muchas y ciertas, y el Maestro de dia en ellas, y sus padres de noche en casa, les hacen estudiar tanto, que traen los ojos gastados, y les azotan muy á menudo con cañas, aunque no de aquellas rigurosas con que azotan los malhechores: ésta llaman la lengua Mandarina, que ha menester la edad de un hombre para aprenderse; y es de advertir, que aunque la lengua en que hablan los Mandarines, es una, y diferente de las vulgares, que son muchas, y allá se estudia como acá la Latina ó Griega, y solo la saben los letrados que están por toda la China; pero lo que se escribe en ella, en todas las lenguas se entiende, porque aunque las Provincias no se entienden de palabra unas á otras, mas por escrito sí, porque las letras ó figuras son unas mismas para todos, y significan lo mismo; mas no tienen el mismo nombre, ni prolacion, porque, como he dicho, son para denotar cosas, y no palabras, así como en el ejemplo de los números de guarismo que puse, se puede facilmente entender. De aquí tambien procede, que siendo los Japones y Chinas naciones y lenguas tan diferentes, leen y entienden los unos las escrituras de los otros; y si hablasen lo que leen ó escriben, poco ni mucho no se entenderian. Estas, pues, son las letras y libros que usan los Chinos tan afamados en el mundo; y sus impresiones son grabando una tabla de las figuras que quieren imprimir, y estampando tantos pliegos como quieren, en la misma forma que acá estampamos imágenes, grabando el cobre ó madera; mas preguntará cualquier hombre inteligente, como pueden significar sus conceptos por unas mismas figuras, porque no se puede con una misma figura significar la diversidad que cerca de la cosa se concibe, como es decir, que el Sol calienta, ó que miró al Sol, ó que el dia es del Sol: finalmente, los casos, conjunciones y artículos que tienen muchas lenguas y escrituras, ¿cómo es posible denotarlos por unas mismas figuras? á esto se responde, que con diversos puntos, rasgos y posturas hacen toda esa variedad de significacion. Mas dificultad tiene entender, como pueden escribir en su lengua nombres propios, especialmente de extranjeros, pues son cosas que nunca vieron, ni pudieron inventar figura para ellos: yo quise hacer experiencia de esto hallándome en Méjico con unos Chinas, y pedí que escribiesen en su lengua esta proposicion: Josef de Acosta ha venido del Perú, ó otra semejante; y el China estuvo gran rato pensando, y al cabo escribió, y despues él y otro leyeron en efecto la misma razon, aunque en el nombre propio algun tanto variaban; porque usan de este artificio, tomando el nombre propio, y buscan alguna cosa en su lengua con que tenga semejanza aquel nombre, y ponen la figura de aquella cosa; y como es dificil en tantos nombres hallar semejanza de cosas, y sonido de su lengua, así les es muy trabajoso escribir los tales nombres: tanto, que nos decia el Padre Alonso Sanchez, que el tiempo que anduvo en la China, trayéndole en tantos Tribunales, de Mandarin en Mandarin para escribirle su nombre en aquellas chapas, que ellos usan, estaban gran rato, y al cabo salían con nombrarle á su modo, en un modo ridículo que apenas acertaban con él. Este es el modo de letras y escritura que usan los Chinos. El de los Japones es muy semejante á éste, aunque de los Señores Japones que estuvieron en Europa afirman, que escribian fácilmente en su lengua cualquiera cosa, aunque fuesen de nombres propios de acá, y me mostraron algunas escrituras suyas, por donde parece que deben de tener algun género de letras, aunque lo mas de su escritura debe de ser por caractéres y figuras, como está dicho de los Chinos.
[CAPÍTULO VI]
De las Universidades y Estudios de la China.
De Escuelas mayores y Universidades de Filosofía y otras ciencias naturales, los Padres de la Compañía que han estado allá, dicen, que no las vieron, ni pueden creer que las haya, y que todo su estudio es de la lengua Mandarin, que es dificilísima y amplísima, como está referido. Lo que tambien estudian son cosas que hay en esta lengua, que son historias, sectas, leyes civiles, moralidad de proverbios, fábulas y otras muchas composiciones: y los grados que hay son en estos estudios de su lengua y leyes. De las ciencias divinas ningun rastro tienen: de las naturales no mas que algun rastro, con muy poco, ó ningun método, ni arte, sino proposiciones sueltas, segun es mayor ó menor el ingenio y estudio de cada uno; en las Matemáticas por experiencia de los movimientos y estrellas, y en la Medicina por conocimiento de yerbas, de que usan mucho, y hay muchos que curan. Escriben con pinceles: tienen muchos libros de mano, y muchos impresos, todos mal aliñados. Son grandes representantes, y hácenlo con grande aparato de tablado, vestidos, campanas y atambores, y voces á sus tiempos. Refieren Padres haber visto comedia de diez ó doce dias con sus noches, sin faltar gente en el tablado, ni quien mire: van saliendo personages y escenas diferentes, y mientras unos representan, otros duermen ó comen. Tratan en estas comedias cosas morales, y de buen ejemplo; pero envueltas en otras notables de gentilidad. Esto es en suma lo que los nuestros refieren de las letras y ejercicios de ellas de la China, que no se puede negar sea de mucho ingenio y habilidad. Pero todo ello es de muy poca substancia, porque en efecto toda la ciencia de los Chinos viene á parar en saber escribir y leer no mas, porque ciencias mas altas no las alcanzan; y el mismo escribir y leer no es verdadero escribir y leer, pues no son letras las suyas, que sirvan para palabras, sino figurillas de innumerables cosas, que con infinito trabajo y tiempo prolijo se alcanzan; y al cabo de toda su ciencia sabe mas un Indio del Perú ó de Méjico, que ha aprendido á leer y escribir, que el mas sabio Mandarin de ellos, pues el Indio con veinte y cuatro letras que sabe escribir y juntar, escribirá, y leerá todos cuantos vocablos hay en el mundo, y el Mandarin con sus cien mil letras estará muy dudoso para escribir cualquier nombre propio de Martin ó Alonso, y mucho menos podrá escribir los nombres de cosas que no conoce, porque en resolucion el escribir de la China es género de pintar ó cifrar.
[CAPÍTULO VII]
Del modo de letras y escritura que usaron los Mejicanos.
Hállase en las naciones de la Nueva-España gran noticia y memoria de sus antiguallas. Y queriendo yo averiguar en qué manera podian los Indios conservar sus historias y tantas particularidades, entendí, que aunque no tenian tanta curiosidad y delicadeza como los Chinos y Japones, todavía no les faltaba algun género de letras y libros, con que á su modo conservaban las cosas de sus mayores. En la Provincia de Yucatán, donde es el Obispado que llaman de Honduras, habia unos libros de hojas á su modo encuadernados ó plegados, en que tenian los Indios sabios la distribucion de sus tiempos, y conocimiento de planetas y animales, y otras cosas naturales, y sus antiguallas; cosa de grande curiosidad y diligencia. Parecióle á un Doctrinero, que todo aquello debia de ser hechizos y arte mágica, y porfió, que se habian de quemar, y quemáronse aquellos libros, lo cual sintieron despues no solo los Indios, sino Españoles curiosos, que deseaban saber secretos de aquella tierra. Lo mismo ha acaecido en otras cosas, que pensando los nuestros que todo es supersticion, han perdido muchas memorias de cosas antiguas y ocultas, que pudieran no poco aprovechar. Esto sucede de un celo necio, que sin saber, ni aun querer saber las cosas de los Indios, á carga cerrada dicen, que todas son hechicerías, y que éstos son todos unos borrachos, que ¿qué pueden saber, ni entender? Los que han querido con buen modo informarse de ellos, han hallado muchas cosas dignas de consideracion. Uno de los de nuestra Compañia de Jesus, hombre muy práctico y diestro, juntó en la Provincia de Méjico á los ancianos de Tuscuco, y de Tulla, y de Méjico, y confirió mucho con ellos, y le mostraron sus librerías, y sus historias y kalendarios; cosa mucho de ver. Porque tenian sus figuras y geroglíficos con que pintaban las cosas en esta forma, que las cosas que tenian figuras las ponian con sus propias imágenes, y para las cosas que no habia imágen propia, tenian otros caractéres significativos de aquello, y con este modo figuraban cuanto querian, y para memoria del tiempo en que acaecia cada cosa, tenian aquellas ruedas pintadas, que cada una de ellas tenia un siglo, que eran cincuenta y dos años, como se dijo arriba; y al lado de estas ruedas, conforme al año en que sucedian cosas memorables, las iban pintando con las figuras y caractéres que he dicho, como con poner un hombre pintado con un sombrero y sayo colorado en el signo de caña, que corría entonces, señalaron el año que entraron los Españoles en su tierra, y así de los demás sucesos; pero porque sus figuras y caractéres no eran tan suficientes como nuestra escritura y letras, por eso no podian concordar tan puntualmente en las palabras, sino solamente en lo substancial de los conceptos. Mas porque tambien usan referir de coro arengas y parlamentos que hacian los oradores y retóricos antiguos, y muchos cantares que componian sus poétas, lo cual era imposible aprenderse por aquellos geroglíficos y caractéres. Es de saber, que tenian los Mejicanos grande curiosidad en que los muchachos tomasen de memoria los dichos parlamentos y composiciones, y para esto tenian Escuelas, y como Colegios ó Seminarios, adonde los ancianos enseñaban á los mozos éstas y otras muchas cosas, que por tradicion se conservan tan enteras, como si hubiera escritura de ellas. Especialmente las naciones famosas hacian á los muchachos que se imponian para ser retóricos, y usar oficio de oradores, que las tomasen palabra por palabra; y muchas de éstas, cuando vinieron los Españoles, y les enseñaron á escribir y leer nuestra lengua, los mismos Indios las escribieron, como lo testifican hombres graves, que las leyeron; y esto se dice, porque quien en la historia Mejicana leyere semejantes razonamientos largos y elegantes, creerá fácilmente que son inventados de los Españoles, y no realmente referidos de los Indios; mas entendida la verdad, no dejará de dar el crédito que es razon á sus historias. Tambien escribieron á su modo por imágenes y caractéres los mismos razonamientos; y yo he visto, para satisfacerme en esta parte, las oraciones del Pater noster, Ave María, Símbolo y la Confesion general en el modo dicho de Indios, y cierto se admirará cualquiera que lo viere, porque para significar aquella palabra: yo pecador me confieso, pintan un Indio hincado de rodillas á los pies de un Religioso, como que se confiesa; y luego para aquella: á Dios Todopoderoso, pintan tres caras con sus coronas al modo de la Trinidad; y á la gloriosa Virgen María, pintan un rostro de nuestra Señora, y medio cuerpo con un niño; y á San Pedro y á San Pablo, dos cabezas con coronas, y unas llaves, y una espada, y á este modo va toda la Confesion escrita por imágenes; y donde faltan imágenes, ponen caractéres, como: en que pequé, &c, de donde se podrá colegir la viveza de los ingenios de estos Indios, pues este modo de escribir nuestras oraciones y cosas de la Fé, ni se lo enseñaron los Españoles, ni ellos pudieran salir con él, si no hicieran muy particular concepto de lo que les enseñaban. Por la misma forma de pinturas y caractéres ví en el Perú escrita la confesion que de todos sus pecados un Indio traía para confesarse, pintando cada uno de los diez Mandamientos por cierto modo; y luego allí haciendo ciertas señales como cifras, que eran los pecados que habia hecho contra aquel mandamiento. No tengo duda, que si á muchos de los muy estirados Españoles les dieran á cargo de hacer memoria de cosas semejantes, por via de imágenes y señales, que en un año no acertáran, ni aun quizá en diez.
[CAPÍTULO VIII]
De los memoriales y cuentas que usaron los Indios del Perú.
Los Indios del Perú, antes de venir Españoles, ningun género de escritura tuvieron, ni por letras, ni caractéres ó cifras, ó figurillas, como los de la China, y los de Méjico; mas no por eso conservaron menos la memoria de sus antiguallas, ni tuvieron menos su cuenta para todos los negocios de paz, guerra y gobierno, porque en la tradicion de unos á otros fueron muy diligentes, y como cosa sagrada recibian y guardaban los mozos lo que sus mayores les referian, y con el mismo cuidado lo enseñaban á sus sucesores. Fuera de esta diligencia, suplian la falta de escritura y letras, parte con pinturas como los de Méjico, aunque las del Perú eran muy groseras y toscas; parte, y lo mas, con quipos. Son quipos unos memoriales ó registros hechos de ramales, en que diversos ñudos y diversas colores significan diversas cosas. Es increíble lo que en este modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de historias, leyes, ceremonias y cuentas de negocios, todo eso suplen los quipos tan puntualmente, que admira. Habia para tener estos quipos ó memoriales oficiales diputados, que se llaman hoy dia Quipo camáyo, los cuales eran obligados á dar cuenta de cada cosa, como los Escribanos públicos acá, y así se les habia de dar entero crédito; porque para diversos géneros, como de guerra, de gobierno, de tributos, de ceremonias, de tierras, habia diversos quipos ó ramales; y en cada manojo de estos tantos ñudos, ñudicos é hilillos atados, unos colorados, otros verdes, otros azules, otros blancos, y finalmente tantas diferencias, que así como nosotros de veinte y cuatro letras, guisándolas en diferentes maneras, sacamos tanta infinidad de vocablos, así éstos de sus ñudos y colores sacaban innumerables significaciones de cosas. Es esto de manera, que hoy dia acaece en el Perú á cabo de dos y tres años, cuando van á tomar residencia á un Corregidor, salir los Indios con sus cuentas menudas y averiguadas, pidiendo, que en tal pueblo, le dieron seis huevos, y no los pagó, y en tal casa una gallina, y allá dos haces de yerba para sus caballos, y no pagó sino tantos tomines y queda debiendo tantos; y para todo esto hecha la averiguacion allí al pié de la obra con cuantidad de ñudos y manojos de cuerdas, que dan por testigos y escritura cierta. Yo ví un manojo de estos hilos, en que una India traía escrita una confesion general de toda su vida, y por ellos se confesaba, como yo lo hiciera por papel escrito; y aun pregunté de algunos hilillos, que me parecieron algo diferentes, y eran ciertas circunstancias que requeria el pecado para confesarle enteramente. Fuera de estos quipos de hilo tienen otros de pedrezuelas, por donde puntualmente aprenden las palabras que quieren tomar de memoria; y es cosa de ver á viejos ya caducos con una rueda hecha de pedrezuelas aprender el Padre nuestro, y con otra el Ave Maria, y con otra el Credo, y saber cual piedra es: que fué concebido de Espíritu Santo, y cual: que padeció debajo del poder de Poncio Pilato, y no hay mas que verlos enmendar cuando yerran, y toda la enmienda consiste en mirar sus pedrezuelas, que á mí, para hacerme olvidar cuanto sé de coro, me bastára una rueda de aquellas. De éstas suele haber no pocas en los cimenterios de las Iglesias para este efecto; pues verles otra suerte de quipos, que usan de granos de maíz, es cosa que encanta; porque una cuenta muy embarazosa, en que tendrá un muy buen contador que hacer por pluma y tinta, para ver á como les cabe entre tantos, tanto de contribucion, sacando tanto de allá, y añadiendo tanto de acá, con otras cien retartalillas, tomarán estos Indios sus granos, y pondrán uno aquí, tres allá, ocho no sé donde; pasarán un grano de aquí, trocarán tres de allá, y en efecto ellos salen con su cuenta hecha puntualísimamente sin errar un tilde; y mucho mejor se saben ellos poner en cuenta y razon de lo que cabe á cada uno de pagar ó dar, que sabremos nosotros dárselo por pluma y tinta averiguado. Si esto no es ingenio, y si estos hombres son bestias, júzguelo quien quisiere, que lo que yo juzgo de cierto es, que en aquello á que se aplican, nos hacen grandes ventajas.
[CAPÍTULO IX]
Del órden que guardan en sus escrituras los Indios.
Bien es añadir á lo que hemos notado de escrituras de Indios, que su modo no era escribir renglon seguido, sino de alto abajo, ó á la redonda. Los Latinos y Griegos escribieron de la parte izquierda á la derecha, que es el comun y vulgar modo que usamos. Los Hebreos al contrario, de la derecha comienzan hácia la izquierda; y así sus libros tienen el principio donde los nuestros acaban. Los Chinos no escriben, ni como los Griegos, ni como los Hebreos, sino de alto abajo; porque como no son letras, sino dicciones enteras, que cada una figura ó carácter significa una cosa, no tienen necesidad de trabar unas partes con otras, y así pueden escribir de arriba abajo. Los de Méjico, por la misma razon, no escribian en renglon de un lado á otro, sino al revés de los Chinos, comenzando de abajo, iban subiendo, y de esta suerte iban en la cuenta de los dias, y de lo demás que notaban; aunque cuando escribian en sus ruedas ó signos, comenzaban de en medio, donde pintaban al Sol, y de allí iban subiendo por sus años hasta la vuelta de la rueda. Finalmente, todas cuatro diferencias se hallan en escrituras: unos escriben de la derecha á la izquierda: otros de la izquierda á la derecha: otros de arriba abajo: otros de abajo arriba, que tal es la diversidad de los ingenios de los hombres.
[CAPÍTULO X]
Cómo enviaban los Indios sus mensageros.
Por acabar lo que toca á esto de escribir, podrá con razon dudar alguno, cómo tenian noticia de todos sus Reinos, que eran tan grandes, los Reyes de Méjico y del Perú; ó qué modo de despacho daban á negocios que ocurrian á su Corte, pues no tenian letras, ni escribian cartas: á esta duda se satisface con saber, que de palabra, y por pintura ó memoriales se les daba muy á menudo razon de todo cuanto se ofrecía. Para este efecto habia hombres de grandísima ligereza, que servian de correos, que iban y venian, y desde muchachos los criaban en ejercicio de correr, y procuraban fuesen muy alentados, de suerte que pudiesen subir una cuesta muy grande corriendo sin cansarse; y así daban premio en Méjico á los tres ó cuatro primeros, que subian aquella larga escalera del templo, como se ha dicho en el libro precedente: y en el Cuzco los muchachos orejones en la solemne fiesta del Capacráyme subian á porfia el cerro de Yanacáuri; y generalmente ha sido y es entre Indios muy usado ejercitarse en correr. Cuando era caso de importancia, llevaban á los Señores de Méjico pintado el negocio de que les querian informar, como lo hicieron cuando aparecieron los primeros navíos de Españoles, y cuando fueron á tomar á Toponchan. En el Perú hubo una curiosidad en los correos extraña, porque tenia el Inca en todo su Reino puestas postas ó correos, que llaman allá Chasquís, de los cuales se dirá en su lugar.
[CAPÍTULO XI]
Del gobierno y Reyes que tuvieron.
Cosa es averiguada, que en lo que muestran mas los bárbaros su barbarismo, es en el gobierno y modo de mandar; porque cuanto los hombres son mas llegados á razon, tanto es mas humano y menos soberbio el gobierno, y los que son Reyes y Señores se allanan y acomodan mas á sus vasallos, conociéndolos por iguales en naturaleza, é inferiores en tener menor obligacion de mirar por el bien público; mas entre los bárbaros todo es al revés, porque es tiránico su gobierno, y tratan á sus súbditos como á bestias, y quieren ser ellos tratados como Dioses. Por esto muchas naciones y gentes de Indios no sufren Reyes ni Señores absolutos, sino viven en behetria; y solamente para ciertas cosas, mayormente de guerra, crian Capitanes y Príncipes, á los cuales, durante aquel ministerio, obedecen, y despues se vuelven á sus primeros oficios. De esta suerte se gobierna la mayor parte de este nuevo orbe, donde no hay Reinos fundados, ni Repúblicas establecidas, ni Príncipes ó Reyes perpetuos y conocidos, aunque hay algunos Señores, y principales, que son como caballeros aventajados al vulgo de los demás. De esta suerte pasa en toda la tierra de Chile, donde tantos años se han sustentado contra Españoles los Araucanos, los de Tucapel y otros. Así fué todo lo del nuevo Reino de Granada, lo de Guatemala, las Islas, toda la Florida, el Brasil y Luzón, y otras tierras grandísimas, excepto que en muchas de ellas es aun mayor el barbarismo, porque apenas conocen cabeza, sino todos de comun mandan y gobiernan, donde todo es antojo, violencia, sinrazon y desórden, y el que mas puede, ese prevalece y manda. En la India Oriental hay Reinos amplios y muy fundados, como el de Siam, el de Bisnaga y otros, que juntan ciento ó doscientos mil hombres en campo, cuando quieren; y sobre todo en la grandeza y poder del Reino de la China, cuyos Reyes, segun ellos refieren, han durado más de dos mil años, por el gran gobierno que tienen. En la India Occidental solamente se han descubierto dos Reinos ó Imperios fundados, que es el de los Mejicanos en la Nueva-España, y el de los Incas en el Perú; y no sabría yo decir facilmente cual de éstos haya sido mas poderoso Reino, porque en edificios y grandeza de Corte, excedia el Motezuma á los del Perú: en tesoros, riqueza y grandeza de Provincias excedian los Incas á los de Méjico: en antigüedad era mas antiguo el Reino de los Incas, aunque no mucho: en hechos de armas y victorias paréceme haber sido iguales. Una cosa es cierta, que en buen órden y policía hicieron estos dos Reinos gran ventaja á todos los demas Señoríos de Indios que se han descubierto en aquel nuevo mundo, como en poder y riqueza, y mucho mas en supersticion y culto de sus Idolos la hicieron, siendo muy semejantes en muchas cosas: en una eran bien diferentes, que en los Mejicanos la sucesion del Reino era por eleccion, como el Imperio Romano, y en los del Perú era por herencia y sangre, como los Reinos de España y Francia. De estos dos gobiernos (como de lo mas principal y mas conocido de los Indios) se tratará lo que pareciere hacer al propósito, dejando muchas menudencias y prolijidades, que no importan.
[CAPÍTULO XII]
Del gobierno de los Reyes Incas del Perú.
Muerto el Inca que reinaba en el Perú, sucedia su hijo legítimo, y tenian por tal el que habia nacido de la muger principal del Inca, á la cual llamaban Coya; y ésta, desde uno que se llamó Inca Yupángui, era hermana suya, porque los Reyes tenian por punto casarse con sus hermanas; y aunque tenian otras mugeres ó mancebas, la sucesion en el Reino era del hijo de la Coya. Verdad es, que cuando el Rey tenia hermano legítimo, antes de suceder el hijo, sucedía el hermano, y tras éste, el sobrino de éste, é hijo del primero; y la misma órden de sucesion guardaban los Cúracas y Señores en las haciendas y cargos. Hacíanse con el difunto infinitas ceremonias y exequias á su modo excesivas. Guardaban una grandeza, que lo es grande, y es, que ningun Rey que entraba á reinar de nuevo, heredaba cosa alguna de la vajilla, tesoros y haciendas del antecesor, sino que habia de poner casa de nuevo, y juntar plata y oro, y todo lo demás de por sí, sin llegar á lo del difunto; lo cual todo se dedicaba para su adoratorio ó guáca, y para gastos y renta de la familia que dejaba, la cual con su sucesion toda se ocupaba perpetuamente en los sacrificios, ceremonias y culto del Rey muerto, porque luego lo tenian por Dios, y habia sus sacrificios y estatuas, y lo demás. Por este órden era inmenso el tesoro que en el Perú habia, procurando cada uno de los Incas aventajar su casa y tesoro al de sus antecesores. La insignia con que tomaba la posesion del Reino era una borla colorada de lana finisima, mas que de seda, la cual le colgaba en medio de la frente, y solo el Inca la podia traer, porque era como la corona ó diadema Real. Al lado colgada hácia la oreja, si podían traer borla y la traían otros Señores; pero en medio de la frente solo el Inca, como está dicho. En tomando la borla, luego se hacian fiestas muy solemnes, y gran multitud de sacrificios, con gran cuantidad de vasos de oro y plata, y muchas ovejuelas pequeñas hechas de lo mismo, y gran suma de ropa de cumbí muy bien obrada, grande y pequeña, y muchas conchas de la mar de todas maneras, y muchas plumas ricas, y mil carneros, que habian de ser de diferentes colores, y de todo esto se hacia sacrificio; y el sumo Sacerdote tomaba un niño de hasta seis ú ocho años en las manos; y á la estatua del Viracocha decia juntamente con los demas ministros: Señor, esto te ofrecemos, porque nos tengas en quietud, y nos ayudes en nuestras guerras, y conserves á nuestro Señor el Inca en su grandeza y estado, y que vaya siempre en aumento, y le des mucho saber para que nos gobierne. A esta ceremonia ó jura se hallaban de todo el Reino, y de parte de todas las guacas y santuarios que tenian; y sin duda era grande la reverencia y aficion que esta gente tenia á sus Incas, sin que se halle jamás haberles hecho ninguno de los suyos traicion, porque en su gobierno procedian, no solo con gran poder, sino tambien con mucha rectitud y justicia, no consintiendo que nadie fuese agraviado. Ponia el Inca sus Gobernadores por diversas Provincias, y habia unos supremos é inmediatos á él: otros mas moderados; y otros particulares con extraña subordinacion, en tanto grado, que ni emborracharse, ni tomar una mazorca de maiz de su vecino se atrevian. Tenian por máxima estos Incas, que convenia traer siempre ocupados á los Indios; y así vemos hoy dia calzadas, caminos y obras de inmenso trabajo, que dicen era para ejercitar á los Indios, procurando no estuviesen ociosos. Cuando conquistaba de nuevo una Provincia, era su aviso luego, luego pasar lo principal de los naturales á otras Provincias, ó á su Corte; y éstos hoy dia los llaman en el Perú Mitimas, y en lugar de estos plantaba de los de su nacion del Cuzco, especialmente los orejones, que eran como caballeros de linage antiguo. El castigo por los delitos era riguroso. Así concuerdan los que alcanzaron algo de esto, que mejor gobierno para los Indios no le puede haber, ni mas acertado.
[CAPÍTULO XIII]
De la distribucion que hacian los Incas de sus vasallos.
Especificando mas lo que está dicho, es de saber, que la distribucion que hacian los Incas de sus vasallos, era tan particular, que con facilidad los podian gobernar á todos, siendo un Reino de mil leguas de distrito, porque en conquistando cada Provincia, luego reducían los Indios á pueblos y comunidad, y contábanlos por parcialidades, y á cada diez Indios ponian uno, que tuviese cuenta con ellos, y á cada ciento otro, y á cada mil otro, y á cada diez mil otro, y á éste llamaban Uno, que era cargo principal; y sobre todos éstos en cada Provincia un Gobernador del linage de los Incas, al cual obedecían todos, y daba cuenta cada un año de todo lo sucedido por menudo, es á saber, de los que habian nacido, de los que habian muerto, de los ganados, de las sementeras. Estos Gobernadores salian cada año del Cuzco, que era la Corte, y volvian para la gran fiesta del Ráyme; y entonces traían todo el tributo del Reino á la Corte, y no podían entrar de otra suerte. Todo el Reino estaba dividido en cuatro partes, que llamaban Tahuantinsuyo, que eran Chinchasuyo, Collasuyo, Andesuyo, Condesuyo, conforme á cuatro caminos que salen del Cuzco, donde era la Corte, y se juntaban en juntas generales. Estos caminos y Provincias que les corresponden, están á las cuatro esquinas del mundo, Collasuyo al sur, Chinchasuyo al norte, Condesuyo al poniente, Andesuyo al levante. En todos sus pueblos usaban dos parcialidades, que eran de Hanansaya y urinsaya, que es como decir, los de arriba y los de abajo. Cuando se mandaba hacer algo, ó traer al Inca, ya estaba declarado cuanta parte de aquello cabia á cada Provincia, pueblo y parcialidad, lo cual no era por partes iguales, sino por cuotas, conforme á la cualidad y posibilidad de la tierra, de suerte que ya se sabia para cumplir cien mil hanegas de maíz: verbi gratia, ya se sabia que á tal Provincia le cabia la décima parte, y á tal la séptima, y á tal la quinta, &c. y lo mismo entre los pueblos, parcialidades y ayllos ó linages. Para la razon y cuenta del todo habia los Quipocamayos, que eran los oficiales Contadores, que con sus hilos y ñudos sin faltar decian lo que se habia dado, hasta una gallina, y una carga de leña; y por los registros de éstos en un momento se contaba entre los Indios lo que á cada uno le cabia.
[CAPÍTULO XIV]
De los edificios y órden de fábricas de los Incas.
Los edificios y fábricas que los Incas hicieron en fortalezas, en templos, en caminos, en casas de campo, y otras, fueron muchos, y de excesivo trabajo, como lo manifiestan el dia de hoy las ruinas y pedazos que han quedado, como se ven en el Cuzco, en Tiaguanaco y en Tambo, y en otras partes, donde hay piedras de inmensa grandeza, que no se puede pensar como se cortaron, trajeron y asentaron donde están. Para todos estos edificios y fortalezas, que el Inca mandaba hacer en el Cuzco, y en diversas partes de su Reino, acudia grandísimo número de todas las Provincias, porque la labor es extraña, y para espantar; y no usaban de mezcla, ni tenian hierro, ni acero para cortar y labrar las piedras, ni máquinas, ni instrumentos para traerlas, y con todo eso están tan pulidamente labradas, que en muchas partes apenas se vé la juntura de unas con otras; y son tan grandes muchas piedras de éstas, como está dicho, que sería cosa increíble si no se viese. En Tiaguanaco medí yo una de treinta y ocho pies de largo, y de diez y ocho de ancho, y el grueso sería de seis pies; y en la muralla de la fortaleza del Cuzco, que está de mampostería, hay muchas piedras de mucho mayor grandeza; y lo que mas admira es, que no siendo cortadas éstas que digo de la muralla por regla, sino entre sí muy desiguales en el tamaño y en la faccion, encajan unas con otras con increíble juntura sin mezcla. Todo esto se hacia á poder de mucha gente, y con gran sufrimiento en el labrar, porque para encajar una piedra con otra, segun están ajustadas, era forzoso probarla muchas veces, no estando las mas de ellas iguales, ni llenas. El número que habia de acudir de gente para labrar piedras y edificios, el Inca lo señalaba cada año: la distribucion, como en las demás cosas, hacían los Indios entre sí, sin que nadie se agraviase; pero aunque eran grandes estos edificios, comunmente estaban mal repartidos y aprovechados, y propiamente como mezquitas ó edificios de bárbaros. Arco en sus edificios no le supieron hacer, ni alcanzaron mezcla para ello. Cuando en el rio de Jauja vieron formar los arcos de cimbrias, y despues de hecha la puente vieron derribar las cimbrias, echaron á huir, entendiendo que se habia de caer luego toda la puente, que es de cantería: como la vieron quedar firme, y á los Españoles andar por encima, dijo el Cacique á sus compañeros: Razon es servir á éstos, que bien parecen hijos del Sol. Las puentes que usaban, eran de bejucos, ó juncos tejidos, y con recias maromas asidos á las riberas, porque de piedra, ni de madera no hacian puentes. La que hoy dia hay en el desaguadero de la gran laguna de Chicuíto en el Collao pone admiracion, porque es hondísimo aquel brazo, sin que se pueda echar en él cimiento alguno, y es tan ancho, que no es posible haber arco que le tome, ni pasarse por un ojo; y así del todo era imposible hacer puente de piedra, ni de madera. El ingenio é industria de los Indios halló como hacer puente muy firme y muy segura, siendo solo de paja, que parece fábula, y es verdad; porque, como se dijo en otro libro, de unos juncos ó espadañas que cría la laguna, que ellos llaman tótora, hacen unos como manojos atados; y como es materia muy liviana no se hunden: encima de éstos echan mucha juncia, y teniendo aquellos manojos ó balsas muy bien amarrados de una parte y de otra del rio, pasan hombres y bestias cargadas muy á placer. Pasando algunas veces esta puente, me maravillé del artificio de los Indios, pues con cosa tan fácil hacen mejor y mas segura puente, que es la de barcos de Sevilla á Triana. Medí tambien el largo de la puente, y si bien me acuerdo, serán trescientos y tantos pies. La profundidad de aquel desaguadero dicen, que es inmensa: por encima no parece que se mueve el agua: por abajo dicen que lleva furiosísima corriente. Esto baste de edificios.
[CAPÍTULO XV]
De la hacienda del Inca, y órden de tributos que impuso á los Indios.
Era incomparable la riqueza de los Incas, porque con no heredar ningun Rey de las haciendas y tesoro de sus antecesores, tenia á su voluntad cuanta riqueza tenian sus Reinos, que así de plata y oro, como de ropa y ganados, eran abundantísimos; y la mayor riqueza de todas era la innumerable multitud de vasallos, todos ocupados y atentos á lo que le daba gusto á su Rey. De cada Provincia le traían lo que en ella habia escogido: de los Chichas le servian con madera olorosa y rica: de los Lucanas con anderos para llevar su litera: de los Chumbibilcas con bailadores, y así en lo demas que cada Provincia se aventajaba, y esto fuera del tributo general que todos contribuían. Las minas de plata y oro (de que hay en el Perú maravillosa abundancia) labraban Indios, que se señalaban para aquello, á los cuales el Inca proveía lo que habian menester para su gasto, y todo cuanto sacaban era para el Inca. Con esto hubo en aquel Reino tan grandes tesoros, que es opinion de muchos, que lo que vino á las manos de los Españoles, con ser tanto como sabemos, no llegaba á la décima parte de lo que los Indios hundieron y escondieron, sin que se haya podido descubrir por grandes diligencias que la codicia ha puesto para saberlo. Pero la mayor riqueza de aquellos bárbaros Reyes era ser sus esclavos todos sus vasallos, de cuyo trabajo gozaban á su contento. Y lo que pone admiracion, servíase de ellos por tal órden y por tal gobierno, que no se les hacía servidumbre, sino vida muy dichosa. Para entender el órden de tributos que los Indios daban á sus Señores, es de saber, que en asentando el Inca los pueblos que conquistaba, dividía todas sus tierras en tres partes. La primera parte de ellas era para la Religion y ritos, de suerte que el Pachayachachí, que es el Criador, y el Sol, y el Chuquiílla, que es el trueno, y la Pachamáma, y los muertos, y otras Guacas, y santuarios tuviesen cada uno sus tierras propias: el fruto se gastaba en sacrificios y sustento de los ministros y Sacerdotes, porque para cada Guaca ó adoratorio habia sus Indios diputados. La mayor parte de esto se gastaba en el Cuzco, donde era el universal santuario: otra parte en el mismo pueblo donde se cogía, porque á imitacion del Cuzco habia en cada pueblo Guacas y adoratorios por la misma órden y por las mismas vocaciones, y así se servian con los mismos ritos y ceremonias que en el Cuzco, que es cosa de admiracion y muy averiguada, porque se verificó con mas de cien pueblos, y algunos distaban cuasi doscientas leguas del Cuzco. Lo que en estas tierras se sembraba y cogía, se ponía en depósitos de casas, hechas para solo este efecto, y ésta era una gran parte del tributo que daban los Indios. No consta que tanto fuese, porque en unas tierras era mas, y en otras menos, y en algunas era cuasi todo; y esta parte era la que primero se beneficiaba. La segunda parte de las tierras y heredades era para el Inca: de ésta se sustentaba él, su servicio y parientes, y los Señores, las guarniciones y soldados; y así era la mayor parte de los tributos, como lo muestran los depósitos ó casas de pósito, que son mas largas y anchas que las de los depósitos de las Guacas. Este tributo se llevaba al Cuzco, ó á las partes donde habia necesidad para los soldados, con extraña presteza y cuidado, y cuando no era menester, estaba guardado diez y doce años hasta tiempo de necesidad. Beneficiábanse estas tierras de el Inca, despues de las de los Dioses, é iban todos, sin excepcion, á trabajar, vestidos de fiesta, y diciendo cantares en loor de el Inca y de las Guacas; y todo el tiempo que duraba el beneficio ó trabajo, comian á costa de el Inca, ó del Sol, ó de las Guacas, cuyas tierras labraban. Pero viejos, enfermos y mugeres viudas, eran reservadas de este tributo. Y aunque lo que se cogia era del Inca, ó del Sol, ó Guacas; pero las tierras eran propias de los Indios y de sus antepasados. La tercera parte de tierras daba el Inca para la comunidad. No se ha averiguado qué tanta fuese esta parte, si mayor, ó menor que la de el Inca y Guacas; pero es cierto que se tenia atencion á que bastase á sustentar el pueblo. De esta tercera parte ningun particular poseía cosa propia, ni jamas poseyeron los Indios cosa propia, si no era por merced especial de el Inca, y aquello no se podia enagenar, ni aun dividir entre los herederos. Estas tierras de comunidad se repartían cada año, y á cada uno se le señalaba el pedazo que habia menester para sustentar su persona, y la de su muger y sus hijos, y así era unos años mas, otros menos, segun era la familia, para lo cual habia ya sus medidas determinadas. De esto que á cada uno se le repartia, no daban jamás tributo, porque todo su tributo era labrar y beneficiar las tierras de el Inca y de las Guacas, y ponerles en sus depósitos los frutos. Cuando el año salía muy estéril, de estos mismos depósitos se les daba á los necesitados, porque siempre habia allí grande abundancia sobrada. De el ganado hizo el Inca la misma distribucion que de las tierras, que fué contarlo, y señalar pastos y términos del ganado de las Guacas, del Inca y de cada pueblo, y así de lo que se criaba, era una parte para su Religion, otra para el Rey, y otra para los mismos Indios, y aun de los cazadores habia la misma division y órden: no consentía que se llevasen ni matasen hembras. Los hatos del Inca y Guacas eran muchos y grandes, y llamábanlos Capaellamas. Los hatos concegiles ó de comunidad son pocos y pobres, y así los llamaban Guacchallama. En la conservacion del ganado puso el Inca gran diligencia, porque era y es toda la riqueza de aquel Reino: hembras, como está dicho, por ninguna vía se sacrificaban, ni mataban, ni en la caza se tomaban. Si á alguna res le daba sarna ó roña, que allá dicen carache, luego habia de ser enterrada viva, porque no se pegase á otras su mal. Trasquilábase á su tiempo el ganado, y daban á cada uno á hilar y tejer su ropa para hijos y muger, y habia visita si lo cumplian, y castigo al negligente. De el ganado del Inca se tejía ropa para él y su Corte: una rica de cumbí á dos haces: otra vil y grosera, que llaman de abasca. No habia número determinado de aquestos vestidos, sino los que cada uno señalaba. La lana que sobraba, poníase en sus depósitos, y así los hallaron muy llenos de esto, y de todas las otras cosas necesarias á la vida humana, los Españoles cuando en ella entraron. Ningun hombre de consideracion habrá, que no se admire de tan notable y próvido gobierno, pues sin ser Religiosos, ni Cristianos los Indios, en su manera guardaban aquella tan alta perfeccion, de no tener cosa propia y proveer á todos lo necesario, y sustentar tan copiosamente las cosas de la Religion y las de su Rey y Señor.
[CAPÍTULO XVI]
De los oficios que aprendian los Indios.
Otro primor tuvieron tambien los Indios de el Perú, que es enseñarse cada uno desde muchacho en todos los oficios que ha menester un hombre para la vida humana. Porque entre ellos no habia Oficiales señalados, como entre nosotros, de Sastres, Zapateros y Tejedores, sino que todo cuanto en sus personas y casa habian menester, lo aprendian todos, y se proveían á sí mismos. Todos sabian tejer y hacer sus ropas: y así el Inca con proveerles de lana, los daba por vestidos. Todos sabian labrar la tierra y beneficiarla, sin alquilar otros obreros. Todos se hacian sus casas; y las mugeres eran las que mas sabian de todo, sin criarse en regalo, sino con mucho cuidado, sirviendo á sus maridos. Otros oficios, que no son para cosas comunes y ordinarias de la vida humana, tenian sus propios y especiales Oficiales, como eran Plateros, Pintores, Olleros, Barqueros, Contadores y Tañedores; y en los mismos oficios de tejer y labrar, ó edificar, habia maestros para obra prima, de quien se servian los Señores. Pero el vulgo comun, como está dicho, cada uno acudia á lo que habia menester en su casa, sin que uno pagase á otro para esto, y hoy dia es así, de manera que ninguno ha menester á otro para las cosas de su casa y persona, como es calzar, vestir, hacer una casa, sembrar y coger, y hacer los aparejos y herramientas necesarias para ello. Y cuasi en esto imitan los Indios á los institutos de los monjes antiguos, que refieren las Vidas de los Padres. A la verdad, ellos son gente poco codiciosa, ni regalada, y así se contentan con pasar bien moderadamente, que cierto si su linage de vida se tomara por eleccion, y no por costumbre y naturaleza, dijéramos que era vida de gran perfeccion; y no deja de tener harto aparejo para recibir la doctrina del santo Evangelio, que tan enemiga es de la soberbia, codicia y regalo; pero los Predicadores no todas veces se conforman con el ejemplo que dan, con la doctrina que predican á los Indios. Una cosa es mucho de advertir, que con ser tan sencillo el trage y vestido de los Indios, con todo eso se diferenciaban todas las Provincias, especialmente en lo que ponen sobre la cabeza, que en unas es una trenza tejida, y dada muchas vueltas: en otras ancha, y de una vuelta: en otra unos como morteretes ó sombreruelos: en otras unos como bonetes altos redondos: en otras unos como aros de cedazo, y así otras mil diferencias; y era ley inviolable no mudar cada uno el trage y hábito de su Provincia, aunque se mudase á otra, y para el buen gobierno lo tenia el Inca por muy importante, y lo es hoy dia, aunque no hay tanto cuidado como solía.
[CAPÍTULO XVII]
De las Postas y Chasquís que usaba el Inca.
De Correos y Postas tenia gran servicio el Inca en todo su Reino: llamábanles Chasquís, que eran los que llevaban sus mandatos á los Gobernadores, y traían avisos de ellos á la Corte. Estaban puestos estos Chasquís en cada topo, que es legua y media, en dos casillas, donde estaban cuatro Indios. Estos se proveían y mudaban por meses de cada comarca, y corrían con el recado que se les daba, á toda furia, hasta darlo al otro Chasquí, que siempre estaban apercibidos y en vela los que habian de correr. Corrian entre dia y noche á cincuenta leguas, con ser tierra la mas de ella asperísima. Servian tambien de traer cosas que el Inca queria con gran brevedad, y así tenia en el Cuzco pescado fresco de la mar (con ser cien leguas) en dos dias ó poco mas. Despues de entrados los Españoles, se han usado estos Chasquís en tiempos de alteraciones, y con gran necesidad. El Virey D. Martin los puso ordinarios á cuatro leguas, para llevar y traer despachos, que es cosa de grandísima importancia en aquel Reino, aunque no corren con la velocidad que los antiguos, ni son tantos, y son bien pagados; y sirven como los ordinarios de España, dando los pliegos que llevan á cada cuatro ó cinco leguas.
[CAPÍTULO XVIII]
De las leyes, justicia y castigo que los Incas pusieron, y de sus matrimonios.
Como á los que servian bien en guerras ó otros ministerios se les daban preeminencias y ventajas, como tierras propias, insignias, casamientos con mugeres del linage del Inca, así á los desobedientes y culpados se les daban tambien severos castigos: los homicidios y hurtos castigaban con muerte; y los adulterios é incestos con ascendientes y descendientes en recta linea tambien eran castigados con muerte del delincuente; pero es bien saber, que no tenian por adulterio tener muchas mugeres ó mancebas, ni ellas tenian pena de muerte si las hallaban con otros, sino solamente la que era verdadera muger, con quien contraían propiamente matrimonio, porque ésta no era mas de una, y recibíase con especial solemnidad y ceremonia, que era ir el desposado á su casa, ó llevarla consigo, y ponerle él una otoja en el pie. Otoja llaman el calzado que allá usan, que es como alpargate, ó zapato de Frailes Franciscos abierto. Si era la novia doncella, la otoja era de lana; si no lo era, era de esparto. A ésta servian y reconocian todas las otras; y ésta traía luto de negro un año por el marido difunto, y no se casaba dentro de un año: comunmente era de menos edad que el marido. Esta daba el Inca de su mano á sus Gobernadores ó Capitanes; y los Gobernadores y Caciques en sus pueblos juntaban los mozos y mozas en una plaza, y daban á cada uno su muger; y con la ceremonia dicha de calzarle la otoja, se contraía el matrimonio. Esta tenia pena de muerte si la hallaban con otro, y el delincuente lo mismo; y aunque el marido perdonase, no dejaban de darles castigo, pero no de muerte. La misma pena tenia incesto con madre, ó abuela, ó hija, ó nieta: con otras parientas no era prohibido el casarse ó amancebarse, solo el primer grado lo era. Hermano con hermana tampoco se consentia tener acceso, ni habia casamiento, en lo cual están muchos engañados en el Perú, creyendo que los Incas y Señores se casaban legítimamente con sus hermanas, aunque fuesen de padre y madre; pero la verdad es, que siempre se tuvo esto por ilícito y prohibido contraer en primer grado; y esto duró hasta el tiempo de Topa Inca Yupángui, padre de Guaynacápa, y abuelo de Atahualpa, en cuyo tiempo entraron los Españoles en el Perú; porque el dicho Topa Inca Yupángui fue el primero que quebrantó esta costumbre, y se casó con Mamaocllo, su hermana de parte de padre; y éste mandó, que solos los Señores Incas se pudiesen casar con hermana de padre, y no otros ningunos. Así lo hízo él, y tuvo por hijo á Guaynácava, y una hija llamada Coya Cusilímay; y al tiempo de su muerte mandó, que estos hijos suyos, hermanos de padre y madre, se casasen, y que la demas gente principal pudiesen tomar por mugeres sus hermanas de padre. Y como aquel matrimonio fue ilícito, y contra ley natural, así ordenó Dios, que en el fruto que de él procedió, que fue Guascar Inca, y Atahualpa Inca, se acabase el Reino de los Incas. Quien quisiere mas de raíz entender el uso de los matrimonios entre los Indios del Perú, lea el tratado que á instancia de Don Gerónimo de Loaysa, Arzobispo de los Reyes, escribió Polo, el cual hizo diligente averiguacion de esto, como de otras muchas cosas de los Indios; y es importante esto, para evitar el error de muchos, que no sabiendo cual sea entre los Indios mujer legítima, y cual manceba, hacen casar al Indio bautizado con la manceba, dejando la verdadera muger; y tambien se ve el poco fundamento que han tenido algunos, que han pretendido decir, que bautizándose marido y muger, aunque fuesen hermanos, se habia de ratificar su matrimonio. Lo contrario está determinado por el Sínodo Provincial de Lima[45]; y con mucha razon, pues aun entre los mismos Indios no era legítimo aquel matrimonio.
[CAPÍTULO XIX]
Del origen de los Incas, Señores del Perú, y de sus conquistas y victorias.
Por mandado de la Magestad Católica del Rey Don Felipe, nuestro Señor, se hizo averiguacion, con la diligencia que fue posible, del origen, ritos y fueros de los Incas, y por no tener aquellos Indios escrituras, no se pudo apurar tanto como se deseaba; mas por sus quipos y registros que, como está dicho, les sirven de libros, se averiguó lo que aqui diré. Primeramente, en el tiempo antiguo en el Perú no habia Reino, ni Señor á quien todos obedeciesen; mas eran behetrias y comunidades, como lo es hoy dia el Reino de Chile, y ha sido cuasi todo lo que han conquistado los Españoles en aquellas Indias Occidentales, excepto el Reino de Méjico; para lo cual es de saber, que se han hallado tres géneros de gobierno y vida en los Indios. El primero y principal y mejor, ha sido de Reino ó Monarquía, como fue el de los Incas y el de Motezuma, aunque éstos eran en mucha parte tiránicos. El segundo es de behetrias ó comunidades, donde se gobiernan por consejo de muchos, y son como concejos. Estos en tiempo de guerra eligen un Capitan, á quien toda una nacion ó Provincia obedece. En tiempo de paz cada pueblo ó congregacion se rige por sí, y tiene algunos principalejos, á quien respeta el vulgo; y cuando mucho, júntanse algunos de éstos en negocios que les parecen de importancia, á ver lo que les conviene. El tercer género de gobierno es totalmente bárbaro, y son Indios sin ley, ni Rey, ni asiento, sino que andan á manadas como fieras y salvages. Cuanto yo he podido comprehender, los primeros moradores de estas Indias fueron de este género, como lo son hoy dia gran parte de los Brasiles y los Chiriguánas, Chunchos, Iscaycingas y Pilcozones, y la mayor parte de los Floridos, y en la Nueva-España todos los Chichimecos. De este género, por industria y saber de algunos principales de ellos, se hizo el otro gobierno de comunidades y behetrias, donde hay alguna mas órden y asiento, como son hoy dia los de Aráuco y Tucapél en Chile, y lo eran en el nuevo Reino de Granada los Moscas, y en la Nueva-España algunos Otomítes; y en todos los tales se halla menos fiereza, y mas razon. De este género, por la valentía y saber de algunos excelentes hombres, resultó el otro gobierno mas poderoso y próvido de Reino y Monarquía, que hallamos en Méjico y en el Perú, porque los Incas sujetaron toda aquella tierra, y pusieron sus leyes y gobierno. El tiempo que se halla por sus memorias haber gobernado, no llega á cuatrocientos años, y pasa de trescientos; aunque su Señorío por gran tiempo no se extendió mas de cinco ó seis leguas al derredor del Cuzco. Su principio y origen fue del valle del Cuzco, y poco á poco fueron conquistando la tierra que llamamos del Perú, pasando Quito hasta el rio de Pasto hácia el norte, y llegaron á Chile hácia el sur, que serán cuasi mil leguas en largo; por lo ancho hasta la mar del sur al poniente, y hasta los grandes campos de la otra parte de la cordillera de los Andes, donde se ve hoy día, y se nombra el Pucará del Inca, que es una fuerza que edificó para defensa hácia el oriente. No pasaron de allí los Incas por la inmensidad de aguas, de pantanos, lagunas y rios que de allí corren: lo ancho de su Reino no llegará á cien leguas. Hicieron estos Incas ventaja á todas las otras naciones de la América en policía y gobierno, y mucho mas en armas y valentía, aunque los Cañarís, que fueron sus mortales enemigos, y favorecieron á los Españoles, jamás quisieron conocerles ventaja; y hoy dia, moviéndose esta plática, si les soplan un poco, se matarán millares sobre quien es mas valiente, como ha acaecido en el Cuzco. El título con que conquistaron, y se hicieron señores de toda aquella tierra, fué fingir, que despues del diluvio universal, de que todos estos Indios tenian noticia, en estos Incas se habia recuperado el mundo, saliendo siete de ellos de la cueva de Pacaritambo; y que por eso les debian tributo y vasallage todos los demas hombres, como á sus progenitores. Demas de esto decian y afirmaban, que ellos solos tenian la verdadera Religion, y sabian como habia de ser Dios servido y honrado; y así habian de enseñar á todos los demas: en esto es cosa infinita el fundamento que hacian de sus ritos y ceremonias. Habia en el Cuzco mas de cuatrocientos adoratorios, como tierra santa, y todos los lugares estaban llenos de misterios; y como iban conquistando, así iban introduciendo sus mismas Guácas y ritos en todo aquel Reino. El principal á quien adoraban, era el Viracócha Pachayachachíc, que es el Criador del mundo, y despues de él al Sol; y así el Sol, como todas las demás Guacas decian, que recibian virtud y ser del Criador, y que eran intercesores con él.
[CAPÍTULO XX]
Del primer Inca y de sus sucesores.
El primer hombre que nombraron los Indios, por principio de los Incas, fue Mangocápa; y de éste fingen, que despues del diluvio salió de la cueva ó ventana de Tambo, que dista del Cuzco cinco ó seis leguas. Este dicen, que dió principio á dos linages principales de Incas: unos se llamaron Hanancuzco, y otros Urincuzco, y del primer linage vinieron los Señores que conquistaron y gobernaron la tierra. El primero que hace cabeza de linage de estos Señores que digo, se llamó Incaróca, el cual fundó una familia ó ayllo, que ellos llaman por nombre Vizaquiráo. Este, aunque no era gran Señor, todavia se servia con vajilla de oro y plata; y ordenó, que todo su tesoro se dedicase para el culto de su cuerpo, y sustento de su familia; y así el sucesor hizo otro tanto, y fué general costumbre, como está dicho, que ningun Inca heredase la hacienda y casa del predecesor, si no que él fundase casa de nuevo: en tiempo de este Incaróca usaron Idolos de oro. A Incaróca sucedió Yaguarguaque, ya viejo: dicen haberse llamado por este nombre, que quiere decir lloro de sangre, porque habiendo una vez sido vencido, y preso por sus enemigos, de puro dolor lloró sangre: éste se enterró en un pueblo llamado Paulo, que está en el camino de Omasuyo: éste fundó la familia llamada Aocaillipanaca. A éste sucedió un hijo suyo, Viracócha Inca: éste fue muy rico, é hizo grandes vajillas de oro y plata, y fundó el linage ó familia Coccopanáca. El cuerpo de éste, por la fama del gran tesoro que estaba enterrado con él, buscó Gonzalo Pizarro; y despues de crueles tormentos que dió á muchos Indios, le halló en Xaquijaguana, donde él fue despues vencido y preso, y ajusticiado por el Presidente Gasca: mandó quemar el dicho Gonzalo Pizarro el cuerpo del dicho Viracócha Inca, y los Indios tomaron despues sus cenizas, y puestas en una tinajuela, le conservaron, haciendo grandísimos sacrificios, hasta que Polo lo remedió con los demas cuerpos de Incas, que con admirable diligencia y maña sacó de poder de los Indios, hallándolos muy embalsamados y enteros, con que quitó gran suma de idolatrías que les hacian. A este Inca le tuvieron á mal, que se intitulase Viracócha, que es el nombre de Dios; y para excusarse dijo, que el mismo Viracócha en sueños le habia aparecido, y mandado que tomase su nombre. A éste sucedió Pachacúti Inca Yupángui, que fue muy valeroso conquistador, y gran republicano, é inventor de la mayor parte de los ritos y supersticiones de su idolatría, como luego diré.
[CAPÍTULO XXI]
De Pachacúti Inca Yupángui, y lo que sucedió hasta Guaynacápa.
Pachacúti Inca Yupángui reinó sesenta años, y conquistó mucho. El principio de sus victorias fue, que un hermano mayor suyo, que tenia el Señorío en vida de su padre, y con su voluntad administraba la guerra, fue desbaratado en una batalla que tuvo con los Chángas, que es la nacion que poseia el valle de Andaguaylas, que está obra treinta ó cuarenta leguas del Cuzco, camino de Lima; y así desbaratado, se retiró con poca gente. Visto esto el hermano menor Inca Yupángui, para hacerse Señor, inventó, y dijo, que estando él solo, y muy congojado, le habia hablado el Viracócha, Criador, y quejándosele, que siendo él Señor universal, y Criador de todo, y habiendo él hecho el Cielo, el Sol, el mundo y los hombres, y estando todo debajo de su poder, no le daban la obediencia debida, antes hacian veneracion igual al Sol, al trueno y á la tierra, y á otras cosas, no teniendo ellas ninguna virtud mas de la que les daba; y que le hacía saber, que en el Cielo donde estaba, le llamaban Viracócha Pachayachachíc, que significa Criador universal; y que para que creyesen que esto era verdad, que aunque estaba solo, no dudase de hacer gente con este título, que aunque los Chángas eran tantos, y estaban victoriosos, que él le daría victoria contra ellos, y le haría Señor, porque le enviaría gente, que sin que fuese vista, le ayudase; y fue así, que con este apellido comenzó á hacer gente, y juntó mucha cuantidad, y alcanzó la victoria, y se hizo Señor, y quitó á su padre y á su hermano el Señorio, venciéndolos en guerra: despues conquistó los Chángas; y desde aquella victoria instituyó, que el Viracócha fuese tenido por Señor universal, y que las estatuas del Sol y del trueno le hiciesen reverencia y acatamiento, y desde aquel tiempo se puso la estatua del Viracócha mas alta que la del Sol y del trueno y de las demás Guácas; y aunque este Inca Yupángui señaló chácras, tierras y ganados al Sol y al trueno y á otras Guácas, no señaló cosa ninguna al Viracócha, dando por razon, que siendo Señor universal y Criador, no lo habia menester. Habida, pues, la victoria de los Chángas, declaró á sus soldados, que no habian sido ellos los que habian vencido, sino ciertos hombres barbudos que el Viracócha le habia enviado, y que nadie pudo verlos sino él, y que éstos se habian despues convertido en piedras, y convenia buscarlos, que él los conocería; y así juntó de los montes gran suma de piedras, que él escogió, y las puso por Guácas, y las adoraban, y hacian sacrificios, y éstas llamaban los Pururáucas, las cuales llevaban á la guerra con grande devocion, teniendo por cierta la victoria con su ayuda; y pudo esta imaginacion y ficcion de aquel Inca tanto, que con ella alcanzó victorias muy notables. Este fundó la familia llamada Inacapánaca, é hizo una estatua de oro grande, que llamó Indiillápa, y púsola en unas andas todas de oro de gran valor, del cual oro llevaron mucho á Caxamalca, para la libertad de Atahualpa, cuando le tuvo preso el Marqués Francisco Pizarro. La casa de éste, criados y Mamacónas que servian su memoria, halló el Licenciado Polo en el Cuzco, y el cuerpo halló trasladado de Patallacta á Totocache, donde se fundó la Parroquia de San Blas. Estaba el cuerpo tan entero, y tan bien aderezado con cierto betun, que parecia vivo. Los ojos tenia hechos de una telilla de oro tan bien puestos, que no le hacian falta los naturales, y tenia en la cabeza una pedrada, que le dieron en cierta guerra. Estaba cano, y no le faltaba cabello, como si muriera aquel mismo dia, habiendo mas de sesenta ó ochenta años que habia muerto. Este cuerpo, con otros de Incas, envió el dicho Polo á la ciudad de Lima por mandado del Virey Marqués de Cañete, que para desarraigar la idolatria del Cuzco fue muy necesario; y en el Hospital de San Andrés, que fundó el dicho Marqués, han visto muchos Españoles este cuerpo con los demás, aunque ya están maltratados y gastados. Don Felipe Caritópa, que fue bisnieto ó rebisnieto de este Inca, afirmó, que la hacienda que éste dejó á su familia era inmensa, y que habia de estar en poder de los Yanáconas Amáro y Tito y otros. A éste sucedió Topa Inca Yupángui, y á éste otro hijo suyo llamado del mismo nombre, que fundó la familia que se llamó Capac Ayllo.