Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes
COLECCION DE AUTORES ESPAÑOLES.
TOMO XLII.
EL P. ISLA.
HISTORIA
DEL FAMOSO PREDICADOR
FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS,
ALIAS ZOTES.
PRIMERA EDICION ENTERA,
HECHA SOBRE LA EDICION PRÍNCIPE DE 1758 Y EL
MANUSCRITO AUTÓGRAFO DEL AUTOR
POR
D. EDUARDO LIDFORSS,
CATEDRÁTICO DEL NÚMERO EN LA R. UNIVERSIDAD DE LUND.
PARTE PRIMERA.
LEIPZIG:
F. A. BROCKHAUS.
—
1885.
ADVERTENCIA PRELIMINAR.
Desde que en la muy noble, muy alta, muy leal é imperial ciudad de Toledo tropecé por vez primera con un ejemplar del Fray Gerundio del Padre Isla, le volví á leer muy á menudo, y cada vez le iba cobrando mas amor, al par que siempre me desesperaba el estado viciado en que se hallaba el texto de la parte segunda. Con efecto, considerando las circunstancias en que se produjeron las dos partes de aquella obra maestra, parece muy natural que no saliesen del todo satisfactorias, y en mi concepto aún seria mas de estrañar si la segunda parte hubiese salido mejor de lo que es. Estas circunstancias, que se deducen de la correspondencia del P. Isla con su hermana y cuñado, eran pues las siguientes:
Las dos partes se habian de publicar juntas, «pues ya está casi concluída la segunda» (carta del 18 nov. 1757); pero no obstante salió á fines de febrero de 1758 el primer tomo solo, con alguna anticipacion y sin noticia de su autor (3 marzo 1758). La edicion, que era de 1500 ejemplares, se agotó en tres dias, y segun Ticknor[1], que cita la Espagne Littéraire (de Nicolas Bricaire), la aprehension de que el libro hubiese de ser prohibido era tan grande, que el precio se hizo extravagante desde el momento de su publicacion, de modo que un ejemplar se pagó en 25 luises de oro y que la misma suma fué rehusada por otro. A las tres semanas la segunda edicion estaba ya muy adelantada, y por cédula Real se prohibió á todas las imprentas y alcaldes del Reino la impresion siquiera de un solo renglon contra el libro (17 marzo 1758). Sin embargo, la Inquisicion mandó suspender la reimpresion del primer tomo y la impresion del segundo «hasta nueva órden», esta no habiéndose comenzado, miéntras, como queda dicho, aquella estaba ya para acabarse; no se embargó lo impreso, y solo se mandó se reservase depositado en poder del impresor (24 marzo 1758). Despues de varias cavilaciones, que duraron nada ménos de dos años, por fin al 10 (y no al 20) de mayo de 1760 la Inquisicion condenó al Fray Gerundio, pero «al mismo tiempo que le condena á él, condena igualmente á todos sus enemigos pasados, presentes, futuros y posibles» (19 mayo 1760), es decir, segun Monlau, que se prohibieron tambien todos los papeles impresos y manuscritos divulgados con motivo de dicha Historia, y se mandó bajo pena de excomunion que nadie escribiese en pro ni en contra de ella. — En cuanto á la parte segunda, dice el autor en carta del 24 abril 1758: «Es cierto que tengo en mi poder una copia de la segunda parte, toda de la mala letra de D. Francisco Lobon, pero no puedo desprenderme de ella, porque, si se permite su impresion, necesito tenerla presente para las muchas correcciones que es preciso hacer, arregladas á los motivos ó los pretestos de la bulla que ha metido la primera. La original de mi letra está en Madrid, aprobada ya por el Consejo y rubricada por el Escribano de Cámara, sin embargo de que será preciso presentar otro original con las correcciones dichas.» Vuelve al mismo asunto en otras cartas, y con motivo de ciertos reparos impertinentes se desahoga en estas palabras harto elocuentes: «Reíme y rabié todo á un tiempo, pero tú no sabes bien lo que á un pobre hombre le cuesta el ser autor. Tal vez ó mil veces necesita rendir su juicio al de un majadero, lo cual (y créemelo) es un grandísimo trabajo» (17 nov. 1758).
Despues de anunciar en la referida carta del 19 mayo 1760 la condenacion de su Fray Gerundio por la Inquisicion, no vuelve el P. Isla á gastar una sola palabra sobre aquel asunto, que se quedó por muchos años en la misma situacion. En la primavera del 1767 sobrevino la expulsion de los Jesuítas, y es regular que entónces se habrán secuestrado los papeles del P. Isla, lo mismo que los de sus compañeros, á no ser que, por haber sido el Fray Gerundio tan bien quisto en palacio, se le remitiese la copia de la segunda parte, que en la referida carta del 24 abril 1758 dice haber tenido, y que es posible obraba todavía en su poder. En el momento de su salida de España estaban pues las cosas así: la primera edicion de la primera parte agotada, y la reimpresion empezada y probablemente acabada, pero prohibida y quedándose la edicion en poder del impresor; de la segunda parte nada impreso, pero á lo ménos dos copias manuscritas, una original que se quedó en Madrid, y la otra «de la mala letra de D. Francisco Lobon». Ademas de estas dos es posible, y aun muy probable, que existia una tercera sacada por el autor en el intérvalo que mediaba entre la publicacion de la parte primera y la condenacion definitiva de la obra, y en la cual tal vez hubiese introducido las correcciones y adiciones que se le ofreciesen con motivo de la agria polémica á que dió lugar «el Fraylecito».
Pero ¿cuando pareció la primera edicion de la parte segunda? Y Brunet y Graesse andan equivocados, indicando que del Fray Gerundio parecieron en 1758 ambos y dos tomos, miéntras Ticknor (III, p. 291 y 292) dice que es fama, que la segunda parte haya parecido por primera vez en Inglaterra y en lengua inglesa, añadiendo en nota que él, sin embargo, poseía del tomo segundo una copia impresa «en Campazas, á costa de los herederos de Fray Gerundio, año de 1770», pero que no cuadraba muy bien con el tomo primero. No me detendré por el momento en averiguar esta asercion, á la cual hallaré ocasion de volver mas adelante; basta que el asunto entero ha sido aclarado de una manera incontrastable por mi distinguido y excelente amigo D. José María Octavio de Toledo, Jefe en el Cuerpo de Archiveros-Bibliotecarios y empleado en la Biblioteca Nacional de Madrid, á cuya infatigable diligencia y cortesía debo la siguiente circunstanciada noticia, que sin duda tiene grandísimo interés y que por este motivo inserto á la letra. Dice pues así:
«Se publicó el tomo 1º en el año 1758, y los ejemplares de este tomo 1º, publicado (impreso) por D. Gabriel Ramirez en Madrid, son bastante comunes. En la Biblioteca Nacional tenemos 3 ejemplares colocados al servicio, formando otros tantos juegos, y cinco más en la seccion de duplicados. — El tomo 2º, yo creo que se publicó por vez primera en 1768; pues, si bien el P. Backer, en su Bibliothèque des Ecrivains de la Compagnie de Jésus (nouv. éd., tome 2me, Liège 1872), cita una edicion del tomo 2º del mismo año 1758, ni la describe ni dice haberla visto, y debe de ser erronea la cita, porque la Inquisicion prohibió el tomo 1º del Fr. Gerundio por edicto de 10 de mayo de 1760, y, si el 2º se hubiese publicado tambien en 1758, la Inquisicion hubiera incluído el tomo 2º en su edicto. — Esta es la razon porque el 2º tomo salió ya en 1768 impreso furtivamente y cuajado de erratas. La Inquisicion prohibió el tomo 2º en 1776. — El ejemplar del 2º tomo, edicion de 1768, que he visto en la Biblioteca de palacio, tiene corregidas á mano sus numerosísimas erratas. Es un vol. en 4º español con la siguiente portada: «Historia | del | famoso predicador | Fray Gerundio | de Campazas | alias | Zotes. | Parte segunda | libro quinto | (un ramo grabado) | M. DCC. L. XVIII.» Consta de 379 páginas incluso la portada, y contiene los libros 4º y 5º. Este ejemplar de palacio perteneció al conde de Mansilla y se conserva S. 5º — Est. H. — Pluteo 6. — En el año de 1770, se reimprimieron ambos tomos, uno y otro furtivamente: los tipos del tomo 1º son iguales á los del 2º tomo de 1768, y las portadas se parecen de tal manera que hacen creer se imprimieron en las mismas prensas. El 2º tomo de 1770 parece por el contrario hacer juego con el 1º de 1758: las portadas se diferencian únicamente en que la del 2º carece de la † que tiene el 1º en la márgen superior encima de la palabra «Historia», y en las lineas de la suscricion, que en el tomo 2º de 1770 dicen «En Campazas, á costa de los herederos de Fray Gerundio, Año de 1770.» Este tomo tiene 313 páginas, y una al fin sin paginacion, de índices. No conozco ninguna otra edicion del tomo 2º de 1770. — A las ediciones citadas siguió, segun parece, otra en 3 volúmenes en 4º, hecha en el año 1787. Yo no he visto de esta edicion mas que el vol. 3º en la Biblioteca Nacional; es una «Coleccion de varias piezas relativas á la obra de Fray Gerundio de Campazas. En Campazas, Año de 1787. Con licencia» 1 vol. en 4º. Al principio 2 hojas sin paginacion, con la portada y el prólogo, 89 páginas la primera parte de la Coleccion, 208 entre la 2ª y 3ª, y una hoja al fin sin paginacion, de índice. — En la seccion de manuscritos de esta Biblioteca, tenemos ademas de otras copias una del tomo 2º con numerosas tachaduras, correcciones y notas marginales que no se han tenido en cuenta, que yo sepa, en las ediciones impresas, y cuyo manuscrito lleva al fin la firma y rúbrica del Escribano de la Cámara y del Consejo de Castilla Joseph Antonio de Yarza, por el que están rubricadas tambien todas las hojas.»
Estas noticias, que se me comunicaron en carta del 16 abril 1878, son preciosísimas, tanto por corroborar la indicacion de Ticknor sobre la existencia de la edicion de 1770 de la parte segunda, como por el descubrimiento de las ediciones I2 del mismo año, y II1 de 1768, de las cuales yo al ménos no habia visto ántes ninguna mencion. Por mi parte añadiré, que el ejemplar que adquirí en Toledo se compone del tomo 1º de 1758, 2º de 1770, 3º de 1787, y que estos tres tomos hacen juego, pareciéndose perfectamente de tipos y tamaño, á pesar de la opinion de Ticknor, y con esta particularidad que el prólogo del tomo 3º lleva la data del 20 se setiembre de 1790 y, segun habla de la supresion de los clérigos regulares de Francia acaecida aquel mismo año, parece realmente haber sido impreso entónces, aunque en la portada se lee el año de 1787.[2] Al contrario, los dos tomos primeros de aquel año de 1787 son de una edicion muy distinta: el tamaño de las planas es mas grande de 2 centímetros por 1, la impresion mas espaciosa, contando el tomo 1º 480 páginas, y el 2º 376, y probablemente se ha hecho en Francia[3], á pesar de que las portadas repiten respectivamente las de 1758 y 1770, solo cambiando por ambos tomos el año en el de 1787. No querria afirmar, mas bien dudo que el tomo 3º, ó sea las Varias Piezas, exista en esta forma; porque el descrito por el Sr. Octavio de Toledo, que es tambien el que yo poséo, hace juego, como lo llevo dicho, con la edicion de 1758 y 1770. Pero lo que en mi concepto da más precio á la de 1787, es la circunstancia de tener el 2º tomo un texto mucho mejor que el de las ediciones anteriores, y en el cual han desaparecido varias incorrecciones y lagunas que afeaban aquellas; de modo que en todos los puntos esenciales no se diferencia del texto adoptado por el Sr. Monlau en la edicion que dió en el tomo 15º de la Biblioteca de Autores Españoles publicada por Rivadeneyra, y que dicha edicion de 1787 puede considerarse como la edicion príncipe del emendado texto castellano de la segunda parte. Y digo castellano, porque ya quince años ántes se habia publicado la traduccion inglesa, á la que aludió Ticknor, bajo el título de «The History of the famous Preacher Friar Gerund de Campazas: otherwise Gerund Zotes. Translated from the Spanish. London, Printed for T. Davies and W. Flexney MDCCLXXII», y esta version inglesa, dada á luz bajo los auspicios del célebre literato italiano Giuseppe Baretti, y hecha, segun una anotacion inglesa en mi ejemplar, por un hijo de Fernando Warner, ofrece un texto, cuyo original, como lo asienta la advertencia preliminar, era una copia escrita parte por un amanuense bastante cuidadoso, parte de propia mano del autor, y que este habia regalado al Sr. Baretti. No cabe duda de que sea cierta esa asercion, porque, ademas de estar el carácter del Baretti reconocido como de los mas enteros y fidedignos, justamente desde el mes de agosto de 1770 hasta el de abril del año siguiente él, que residia habitualmente en Londres, estuvo de viage en su patria, y se dice expresamente en su biografía «Egli passò l’inverno in Genova, o nelle vicine ville di alcuni signori; poi scorse la Toscana, si fermò lungamente tragli amici in Bologna,» etc.[4] Pero en Bologna ó sus inmediatas cercanías estaba entónces tambien el P. Isla, y se hace muy verosímil que ambos se conocieron y que este hizo á Baretti, como á quien fué sin duda uno de sus mas sinceros admiradores, la fineza de obsequiarle con la copia referida.
Ademas de las ediciones que acabo de registrar como las mas importantes, señala el Sr. Octavio de Toledo la existencia de las siguientes: Madrid 1804, 3 vol. 4º — ib. 1813, 4 vol. 8º — ib. 1820, 5 vol. 16º (al verso de la portada dice «Se hallará en Lyon, librería de Cormon y Blanc») — y, para abreviar, de los años 1824, 1835, 1842, 1846. Otra he visto yo de Madrid 1830, 4 tomos in 12º.
De la parte segunda, que es de la cual me he ocupado particularmente, las dos ediciones publicadas en vida de su autor se imprimieron furtivamente, y no hay razon ninguna para creer que el P. Isla, que vivia entónces en Italia, fuese sabedor de ello ni que cuidase ó pudiese cuidar de las pruebas; luego salieron defectuosísimas. Ademas, como tienen aquellas lagunas, de que se habló ántes, es regular suponer que se hicieron no ya sobre el original primitivo de la letra del autor, el cual, como sabemos, estaba en Madrid, aprobado y rubricado por el Escribano de Cámara y probablemente en su poder, y que ahora se conserva en la Biblioteca Nacional de aquella corte, sino sobre una copia de aquel; copia que es de creer se habria sacado furtivamente, de priesa y con la falta de esmero que se habia de esperar en tales circunstancias. En cuanto á la version inglesa, conocemos ya su historia y que representa un texto auténtico[5]; por consiguiente, no tiene ninguno de los defectos de que adolecian las ediciones anteriores, y aun tiene llenadas unas pocas lagunas, y entre ellas una asaz grande, que sigue encontrándose en todas las ediciones originales publicadas hasta el dia. Está hecha generalmente con mucho tino y lleva unas notas muy oportunas; pero omite de propósito toda la polémica contra el Barbadiño y reduce no poco algunos trozos didácticos, de los cuales se dice en la advertencia preliminar que era de temer hubiesen fastidiado á los lectores ingleses. — Mas difícil es el decidir en cual original estriba la edicion de 1787: no es el de las precedentes, pues que, como tengo advertido ya, esta es más completa, y tampoco puede ser el de la version inglesa, porque entónces debia de concordar en un todo con ella; si yo hubiera de emitir una conjetura, diria que acaso sea su original aquella copia escrita «toda de la mala letra de D. Francisco Lobon,» la cual sabemos que en 1758 obraba en poder del autor y que es posible haya regalado este á algun amigo, quien, despues de la muerte del P. Isla en 1781 y publicadas ya las ediciones defectuosas de 1768 y 1770, no habrá tenido inconveniente en darla á la prensa.
Sea de esto lo que se fuere, es cierto que, aun siendo mejor que las ediciones anteriores, la de 1787 no deja de tener muchísimos errores en el texto de la parte segunda, de modo que en no pocos pasages da un sentido desvariado é incomprehensible. Y como todas las posteriores le han seguido muy fielmente, tambien los errores han seguido repitiéndose, no haciendo excepcion la de Monlau, sin embargo de que este dice en el prólogo haber «cotejado diferentes ediciones y copias manuscritas». Habrá sido de aquellas copias lo mismo que de las ediciones á cual peores. La sola copia fehaciente no es y no puede ser otra que la del autor.
El argumento que precede es de esperar haya persuadido al benévolo lector, que á pocos libros cuadran tan bien como al Fray Gerundio del P. Isla las palabras horacianas:
habent sua fata libelli,
y que las ediciones originales y la version inglesa se produjeron bajo circunstancias tan desiguales, que no es de estrañar si esta se merece la mayor atencion. Guiado de ella, emprendí un trabajo de reconstruccion, cuyo resultado, comprendiendo más de 150 pasages viciados, pareció en la Revista Européa de Madrid, año 1879, entregas 3ª y 4ª. Cúpole á este ensayo buena acogida, y, animado de ella, estaba para continuarlo, cuando aquel dignísimo amigo mio, á quien he ya tenido ocasion de nombrar aquí con repetidas expresiones de gratitud, puso el colmo á su benevolencia en obsequiándome con el cotejo completo del manuscrito autógrafo de toda la segunda parte del Fray Gerundio, con la edicion de Rivadeneyra, teniendo á vista la 1ª edicion de 1768. Se concibe fácilmente la importancia de este cotejo por la sola circunstancia de que da un total de nada ménos que 5458 — dice cinco mil cuatrocientos cincuenta y ocho — variantes. De estos al ménos la décima parte, ó sea unos quinientos á seis cientos comprenden sendas voces que ántes estaban estropiadas ó equivocadas, como botigero por botiguero, céntrico por crítico, voces por veces, sesos por textos, disposicion por desproporcion, ameno por una mano, intensos por intentos, claridad por caridad, Grecia por gracia, mísero por mismo, hierro por yerno, piélago por peligro, en cambio por envidió, primera por manera, lugariarcha por lugar y area, etc., etc.; los otros ó suplen palabras que hacen no tanto al sentido como á la exactitud de la construccion gramatical, ó llenan lagunas que las mas de las veces son pequeñitas, no ocupando más de uno ó dos renglones, pero tambien pueden extenderse á párrafos enteros, que hasta el dia han sido inéditos.
Ahora se pudo pensar en dar á luz una nueva edicion, y á mi ruego el Sr. Brockhaus consintió á dar acogida al Fray Gerundio en la Coleccion de Autores Españoles, que con tanto esmero dirige. Pero, esta coleccion no comprendiendo ediciones críticas, sino estando destinada tan solo á los aficionados á la literatura castellana generalmente, fué preciso conformarse al sistema adoptado para los otros volúmenes de la misma. De aquí se explica la circunstancia de no contener esta edicion sino la misma novela, haciéndose caso omiso del Prólogo con morrion, el cual efectivamente no tiene interés actual, y, si se hubiera de publicar otra vez, acaso debiera juntarse con las Varias Piezas, que constituyen el tomo 3º del juego de 1758-1787 (1790). Por lo demas, se ha tratado de dar una edicion tal cual la hubiese dado el autor mismo, si le fuera lícito cuidar de ella. Así se ha conservado la ortografía y puntuacion antigua con levísimas modificaciones, siendo la mas grave la de haberse suprimido los acentos grave y circunflejo, por cuyo uso parece no habia ninguna regla fija, y aplicándose el agudo á la usanza moderna. Por el tomo primero ha servido de pauta la edicion príncipe de 1758, y por el segundo el cotejo ya mencionado. Por mal de mis pecados, no me ha sido posible evitar los errores tipográficos, y así es que debo rogar se hagan en las siguientes páginas y lineas del primer tomo las correcciones que voy á indicar: 10,8 un si es no es; 17,15, Purgatorio; 19,10 las Escuelas; 30,10 al Cojo; 37,39 hyperboleæ; 37,44 concavidades; 39,34 las Naciones; 48,22 mayor[6]; 62,7 sobran; 66,16 fiesta; 67,32 Perdicador; 69,8 se encuentran; 75,47 has de saber; 85,25 y en que puedes; 86,13 rotundo; 96,20 engreyessen; 133,26 lo que escribia; 176,5 renovó en la Corte; y tal vez haya algun otro pecadillo que pide absolucion. Por otro lado, hay no pocos, y casi estoy por decir otros tantos errores de la príncipe que se han enmendado en esta edicion. En cuanto al tomo segundo, creo que no se encontrará en él error alguno de momento, y así me atrevo á esperar que la presente edicion ofrecerá un texto si no del todo correcto, al ménos legible, y que con este motivo podrá merecerse el buen concepto de los aficionados.
Por lo que precede, el benévolo lector habrá podido inferir ya, que esta nueva edicion se debe principalmente y en lo que puede tener de bueno, á D. José María Octavio de Toledo, y así lo declaro aquí con toda formalidad, teniendo á singular gusto el poder expresar de este modo mi reconocimiento á su indefatigable y desinteresado zelo. Tampoco es para olvidada la obligacion que tengo á D. Cayetano Vidal de Valenciano, distinguido literato y catedrático en la universidad de Barcelona, por las garbosas notas al tomo primero, con que me ha favorecido. Ambos y dos me han honrado de una amistad cuyos recuerdos todos son otros tantos motivos para apreciar cada vez más una bondad, cortesía y caballerosidad, que se merecen la correspondencia del mas cariñoso afecto. Es gratísimo deber ofrecer aquí á estos amigos mis sinceros agradecimientos, como tambien me ha sido no ménos grato el poder añadir á tantos lazos que nos tienen ya unidos, el de comunes esfuerzos para un fin tan legítimo como lo es el de restablecer á su hermosura primitiva la obra maestra del simpático P. Isla.
Lund (Suecia), Enero de 1885.
EDUARDO LIDFORSS.
HISTORIA
DEL FAMOSO PREDICADOR
FRAY GERUNDIO
DE CAMPAZAS,
alias ZOTES.
ESCRITA
POR EL LICDO. DON FRANCISCO LOBON DE SALAZAR, Presbýtero, Beneficiado de Preste en las Villas de Aguilar, y de Villagarcía de Campos, Cura en la Parroquial de San Pedro de esta, y Opositor á Cáthedras en la Universidad de la Ciudad de Valladolid.
QUIEN LA DEDICA AL PÚBLICO.
TOMO PRIMERO.
CON PRIVILEGIO.
EN MADRID: En la Imprenta de D. Gabriel Ramirez, Calle de Atocha, frente del Convento de Trinitarios Calzados. Año de 1758.
AL PÚBLICO.
PODEROSÍSSIMO SEÑOR,
Con efecto no le ha havido desde Adan acá mas poderoso que V. ni le havrá hasta el fin de todos los siglos. Quien trastornó toda la faz de la Tierra, de modo que, á vuelta de pocas generaciones, apénas la conoceria la madre que le parió? V. — Quien fundó las Monarchías, y los Imperios? V. — Quien los arruinó despues, ó los trasladó á donde le dió la gana? V. — Quien introduxo en el mundo la distincion de clases y gerarquías? V. — Quien las conserva donde le parece, y las confunde donde se le antoja? V. — Malo es, que á V. se le ponga una cosa en la cabeza, que solamente el Todo Poderoso la podrá embarazar.
Y si del poder de las manos hacemos tránsito al del juicio, del dictámen, y de la razon, donde le hay, ni le ha havido mas despótico ni absoluto? Sabida cosa es, que, despues del Derecho Divino y del Natural, el Derecho de V., que es el de las Gentes, es el mas respetado y obedecido en todo el mundo: esto aun en caso de que el Derecho de las Gentes y el Natural sean distintos; controversia en que no quiero embarazarme, porque para mi assunto importa un bledo. Lo cierto es, que, una vez que V. mande, resuelva, decrete, y determine alguna cosa, es preciso que todos le obedezcan; porque, como V. es todos, y todos son V., es necessario, que todos hagan aquello, que todos quieren hacer. No se me señalará otro Legislador mas respetado.
Parecióle á V. ser conveniente, que se llamassen Sabios los que sabian ciertas materias, que fuessen tenidos por ignorantes los que las ignoraban, aunque supiessen otras Artes quizá mas útiles, ó á lo ménos tanto para la vida humana. Pues salióse V. con ello. En todo el mundo el Theólogo, el Canonista, el Legista, el Philósopho, el Médico, el Mathemático, el Crítico, en una palabra, el hombre de letras, es tenido por Sabio; y el Labrador, el Carpintero, el Abañil, y el Herrero, son reputados por ignorantes. A los primeros se les habla con el sombrero en la mano, y se les trata con respeto; á los segundos se les oye, ó se les manda con la gorra calada, y se les trata de tú. Esto por qué? Porque assí lo ha querido el Público.
En consequencia de esto, y acercándome ya á lo que mas me importa, V. solo (sí por cierto,) V. solo es el que da ó el que quita el crédito á los escritos y á los Escritores; V. solo el que los eleva ó los abate, segun lo tiene por conveniente; V. solo es que los introduce en el Templo de la Fama ó los condena al Calabozo de la Ignominia; V. solo el que los eterniza en la memoria ó hace, apénas ven la luz, que entregados á las llamas, se esparzan sus cenizas por el viento. Dígolo con osadía, pero con muchíssima verdad: no tienen los Escritores que buscar fuera de V. sombra que los refrigere, árbol á donde se arrimen, escudo que los defienda, proteccion que los assegure, ni Patrono que los indemnize.
Permítame V. la flaqueza de que me cite á mi mismo. En el libro I, cap. 8, n. 15 de esta mi Historia, que lo es de lo passado, de lo presente, y de lo futuro, me burlo (y á mi parecer con razon) de los que dedican sus obras á Personages de la mas soberana elevacion, pensando, y aun diciéndolo ellos mismos en las Dedicatorias, que de esta manera los ponen á cubierto contra los tiros de la crítica, de la malignidad, ó de la invidia. Pobres hombres! aún no los han desengañado tantas experiencias! No ha havido en el mundo ni un solo Personage, que haya sacado la espada para defender al Autor, que le busca por Mecénas; ni, lo que mas es, aunque la sacara, pudiera defenderle. Demos que sea el mas poderoso Monarca del mundo. Podrá colmar de honras al benemérito Autor. Podrá hacer que en sus dominios ni se escriba, ni aun se hable contra él, y que se tribute un exterior respeto á sus obras. Pero, podrá embarazar, que la ignorancia, la mordacidad, ó la crítica descontentadiza, no las muerda y no las despedaze á sus solas? Podrá estorvar, que fuera de sus Estados no broten contra ellas tantos Zoylos como Verdolagas?
Desengañémonos: solo V. tiene este gran poder, porque solo V. en este particular (hablo de tejas abaxo) puede todo quanto quiere. Quiera el Público, que nadie chiste contra una obra; ninguno chistará. Quiera el Público, que todos la celebren interior y exteriormente; todos la celebrarán. Quiera el Público, que se reimprima mil veces; mil veces se reimprimirá. Y este poder no es limitado á estos ó aquellos dominios; extiéndese por donde se extienden los dilatados ámbitos del mundo. En qualquiera parte donde hay hombres, hay Público, porque el Público son todos los hombres. Por lo ménos, el PÚBLICO, á quien yo dedico mi Obra, este es: el PÚBLICO de España, de Francia, de Italia, de Alemania, el Tártaro, el Moscovita, el de la China, y el de las Californias. Pues, si yo tuviesse la dicha de lograr, que todos los hombres la tomassen debaxo de su proteccion, á quien havia de temer? Hágome cargo de que esta fortuna es mas para pretendida, que para esperada.
Pero, Señor, valga lo que valiere, yo á ella me acojo; de V. me amparo; en solo V. solicito el patrocinio. Bien puede ser que la Obrilla no le merezca; pero no lo desmerece la intencion. Soy con el mas profundo respeto,
Poderosíssimo Señor,
Vuestra mas mínima parte,
Don Francisco Lobon de Salazar.
ÍNDICE.
| Pág. | |
|---|---|
| [Advertencia preliminar]. | [V] |
| [Al público]. | [XIX] |
| LIBRO PRIMERO. | |
| [Cap. I]. Patria, nacimiento, y primera educacion de Fray Gerundio. | [1] |
| [Cap. II]. En que, sin acabar lo que prometió el primero, se trata de otra cosa. | [6] |
| [Cap. III]. Donde se prosigue lo que prometió el primero. | [10] |
| [Cap. IV]. Acábase lo prometido. | [13] |
| [Cap. V]. De los disparates que aprendió en la Escuela de Villaornate. | [18] |
| [Cap. VI]. En que se parte el Capítulo quinto, porque ya va largo. | [24] |
| [Cap. VII]. Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento, no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate. | [31] |
| [Cap. VIII]. Sale Gerundio de la Escuela del Dómine, hecho un horroroso Latino. | [38] |
| [Cap. IX]. En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado. | [50] |
| [Cap. X]. En que se trata de lo que el mismo dirá. | [62] |
| LIBRO SEGUNDO. | |
| [Cap. I]. Concluído su Noviciado, passa á estudiar Artes. | [71] |
| [Cap. II]. Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra de ella. | [80] |
| [Cap. III]. Del grave y docto razonamiento, que un Padre Ex-Provincial de la Orden hizo al Predicador mayor de la Casa, donde estudiaba las Artes nuestro Fr. Gerundio. | [89] |
| [Cap. IV]. De la burla que hizo el Predicador mayor del razonamiento del Ex-Provincial, y de lo que passó despues con Fray Gerundio. | [98] |
| [Cap. V]. De una conversacion muy provechosa, que un Beneficiado del Lugar tuvo con Fray Gerundio, si este huviera sabido aprovecharse de ella. | [109] |
| [Cap. VI]. En que se parte el Capítulo passado, porque ha crecido mas de lo que se pensó, y se da cuenta de la conversacion prometida. | [117] |
| [Cap. VII]. Cánsase de hablar el Beneficiado, saca la caja, toma un polvo, estornuda, suénase, límpiase, y prosigue la conversacion. | [128] |
| [Cap. VIII]. Predica Fray Gerundio el primer Sermon en el Refectorio de su Convento; encaja en él una graciosíssima Salutacion y dexa los Estudios. | [144] |
| [Cap. IX]. De los varios pareceres, que huvo en la Comunidad acerca de la Salutacion y talentos de nuestro Fray Gerundio, y de como prevaleció, en fin, el de que era menester hacerle Predicador. | [153] |
| [Cap. X]. En que se trata de lo que verá el curioso Lector, si le leyere. | [166] |
| LIBRO TERCERO. | |
| [Cap. I]. De un Enredo de Barrabas, que hizo el mal Dimoño, para acabar de rematar á Fray Gerundio. | [179] |
| [Cap. II]. Sálense á passear Fray Blas y Fray Gerundio, y de las ridículas reglas para predicar, que le dió aquel con todos sus cinco sentidos. | [190] |
| [Cap. III]. Lee el Maestro Prudencio el Sermon de Santa Orosia; da con esta ocasion admirables instrucciones á Fray Gerundio, pero se rompe inútilmente la cabeza. | [201] |
| [Cap. IV]. Entra el Granjero la Cena; interrúmpese la conversacion, y se vuelve á continuar sobre-mesa. | [216] |
| [Cap. V]. Estrena Fray Gerundio el oficio de Predicador Sabatino con una Plática de Disciplinantes. | [225] |
| [Cap. VI]. Donde se refiere la variedad de los juicios humanos, y se confirma con el exemplo de nuestro famoso Predicador Sabatino, que no hay fatuidad, que no tenga sus protectores. | [236] |
| [Notas al Tomo primero]. | [248] |
LIBRO PRIMERO.
CAPITULO PRIMERO.
Patria, nacimiento, y primera educacion de Fray Gerundio.
Campazas es un Lugar de que no hizo mencion Ptoloméo en sus Cartas Geográphicas, porque verisímilmente no tuvo noticia de él, y es que se fundó como mil y docientos años despues de la muerte de este insigne Geógrapho, como consta de un instrumento antiguo, que se conserva en el famoso Archivo de Cotanes. Su situacion es en la Provincia de Cámpos, entre Poniente y Septentrion, mirando derechamente hácia este, por aquella parte que se opone al Mediodía. No es Campazas ciertamente de las Poblaciones mas nombradas, ni tampoco de las mas numerosas de Castilla la Vieja, pero pudiera serlo; y no es culpa suya, que no sea tan grande como Madrid, Paris, Londres, y Constantinopla, siendo cosa averiguada, que por qualquiera de las quatro partes pudiera extenderse hasta diez y doce leguas sin embarazo alguno. Y si, como sus celebérrimos Fundadores (cuyo nombre no se sabe) se contentaron con levantar en ella veinte ó treinta chozas, que llamaron Casas por mal nombre, huvieran podido y huvieran querido edificar docientos mil sumptuosos Palacios con sus torres y chapiteles, con plazas, fuentes, obeliscos, y otros edificios públicos, sin duda seria hoy la mayor Ciudad del mundo. Bien sé lo que dice cierto Crítico moderno, que esto no pudiera ser, por quanto á una legua de distancia corre de Norte á Poniente el Rio grande, y era preciso que por esta parte se cortasse la poblacion. Pero sobre que era cosa muy fácil chupar con esponjas toda el agua del Rio, como dice un Viagero Francés que se usa en el Indostan, y en el gran Cayro; ó quando ménos se pudiera extraher con la Máchina Pneumática todo el ayre, y cuerpecillos extraños que se mezclan en el agua, y entónces apénas quedaria en todo el rio la bastante para llenar una vinagera, como á cada passo lo experimentan con el Rhin y con el Ródano los Philósophos modernos; qué inconveniente tendria que corriesse el Rio grande por medio da la Ciudad de Campazas, dividiéndola en dos mitades? No lo hace assí el Támesis con Londres, el Moldava con Praga, el Spree con Berlin, el Elba con Dresde, y el Tíber con Roma, sin que por esto pierdan nada estas Ciudades? Pero al fin los ilustres Fundadores de Campazas no se quisieron meter en estos dibujos, y por las razones, que ellos se sabrian, se contentaron con levantar en aquel sitio como hasta unas treinta chozas (segun la opinion que se tiene por mas cierta) con sus cobertizos ó techumbres de paja, á modo de cucuruchos, que hacen un punto de vista el mas delicioso del mundo.
2. Sobre la etymología de Campazas hay grande variedad en los Autores. Algunos quieren que en lo antiguo se llamasse Campazos, para denotar los grandes campos de que está rodeado el Lugar, que verisímilmente dieron nombre á toda la Provincia de Cámpos, cuya punta occidental comienza por aquella parte; y á esta opinion se arriman Anton Borrego, Blas Chamarro, Domingo Ovejero, y Pasqual Cebollon, diligentes investigadores de las cosas de esta Provincia. Otros son de sentir, que se llamó, y hoy se debiera llamar Capazas, por haverse dado principio en él al uso de las Capas grandes, que, en lugar de mantellinas, usaban, hasta muy entrado este siglo, las mugeres de Cámpos, llamadas por otro nombre las Tias, poniendo sobre la cabeza el cuello ó la buelta de la capa, cortada en quadro y colgando hasta la mitad de la saya de frechilla, que era la gala recia en el dia del Corpus, y de San Roque, ó quando el Tio de la casa servia alguna Mayordomía. De este parecer son César Capi-Sucio, Hugo Capet, Daniel Caporal, y no se desvía mucho de él Julio Caponi. Pero como quiera que esto de etymologías, por lo comun, es erudicion ad libitum, y que en las bien fundadas de San Isidoro no se hace mencion de la de Campazas, dexamos al curioso Lector, que siga la que mejor le pareciere; pues la verdad de la historia no nos permite á nosotros tomar partido en lo que no está bien averiguado.
3. En Campazas, pues (que assí le llamaremos, conformándonos con el estilo de los mejores Historiadores, que en materia de nombres de Lugares usan de los modernos, despues de haver apuntado los antiguos:) en Campazas havia, á mediado del siglo passado, un Labrador, que llamaban el Rico del Lugar; porque tenia dos pares de bueyes de labranza, una yegua torda, dos carros, un pollino rucio, zancudo, de pujanza, y andador, para ir á los Mercados, un hato de ovejas, la mitad parideras, y la otra mitad machorras, y se distinguia su casa entre todas las del Lugar, en ser la única, que tenia tejas. Entrábase á ella por un gran corralon flanqueado de cobertizos, que llaman Tenadas los Naturales; y ántes de la primera puerta interior, se elevaba otro cobertizo en figura de pestaña horizontal, muy jalbegueado de cal, con sus chafarrinadas á trechos de almagre, á manera de faldon de disciplinante en dia de Juéves Santo. El zaguan ó portal interior estaba bernizado con el mismo jalbegue, á excepcion de las ráfagas de almagre, y todos los Sabados se tenia cuidado de lavarle la cara con un baño de aguacal. En la pared del portal, que hacia frente á la puerta, havia una especie de aparador, ó estante, que se llamaba Basar en el Vocabulario del País, donde se presentaba desde luego á los que entraban toda la vajilla de la casa: doce platos, otras tantas escudillas, tres fuentes grandes, todas de Talabera de la Reyna, y en medio dos jarras de vidrio con sus cenefas azules ázia el brocal, y sus asas á picos, ó á dentellones como crestas de gallo. A los dos lados del basar se levantaban desde el suelo, con proporcionada elevacion, dos poyos de tierra, almagreados por el pié, y caleados por el plano, sobre cada uno de los quales se havian abierto quatro á manera de hornillos, para assentar otros tantos cántaros de barro, quatro de agua zarca para beber, y los otros quatro de agua del Rio, para los demas menesteres de la casa.
4. Azia la mano derecha del zaguan, como entramos por la puerta del Corral, estaba la Sala principal, que tendria sus buenas quatro varas en quadro, con su alcoba de dos y media. Eran los muebles de la Sala seis quadros de los mas primorosos y mas finos de la famosa calle de Santiago de Valladolid, que representaban un San Jorge, una Santa Bárbara, un Santiago á cavallo, un San Roque, una nuestra Señora del Cármen, y un San Antonio abad con su cochinillo al canto. Havia un bufete con su sobremesa de jerga listoneada á fluecos, un banco de Alamo, dos sillas de tixera, á la usanza antigua, como las de ceremonia del Colegio Viejo de Salamanca; otra, que al parecer havia sido de baqueta, como las que se usan ahora, pero solo tenia el respaldar, y en el assiento no havia mas que la armazon; una arca grande, y junto á ella un cofre sin pelo y sin cerradura. A la entrada de la alcoba se dexaba ver una cortina de gasa con sus listas de encajes, de á seis maravedís la vara, cuya cenefa estaba toda quajada de escapularios[9] con cintas coloradas, y Santas Theresas de barro, en sus urnicas de carton, cubiertas de seda floxa, todo distribuido y colocado con mucha gracia. Y es, que el Rico de Campazas era Hermano[10] de muchas Religiones, cuyas Cartas de Hermandad tenia pegadas en la pared, unas con hostia, y otras con pan mazcado, entre quadro y quadro de los de la calle de Santiago; y quando se hospedaban en su casa algunos Padres graves, ú otros Frayles que havian sido Confessores de Monjas, dexaban unos á la tia Catuja (assí se llamaba la muger del Rico), y los mas á su hija Petrona, que era una moza rolliza, y de no desgraciado parecer, aquellas piadosas alhajuelas en reconocimiento del hospedage, encargando mucho la devocion, y ponderando las Indulgencias.
5. Por mal de mis pecados se me havia olvidado el mueble mas estimado que se registraba en la Sala. Eran unas Conclusiones de tafetan carmesí de cierto Acto, que havia defendido en el Colegio de San Gregorio de Valladolid un hermano del Rico de Campazas, que, haviendo sido primero Colegial del insigne Colegio de San Froylan de Leon, el qual tiene hermandad con muchos Colegios Menores de Salamanca, fué despues Porcionista de San Gregorio; llegó á ser Gymnasiarca, puesto importante, que mereció por sus puños; obtuvo por oposicion el Curato de Ajos y Cebollas en el Obispado de Avila, y murió en la flor de su edad, consultado ya en primera letra para el del Berraco. En memoria de este doctíssimo Varon, ornamento de la Familia, se conservaban aquellas Conclusiones en un marco de pino, dado con tinta de Imprenta; y era tradicion en la Casa, que haviendo intentado dedicarlas primero á un Obispo, despues á un Título, y despues á un Oydor, todos se escusaron, porque les olió á petardo; con que desesperado el Gymnasiarca (la tia Catuja le llamaba siempre el Heresiarca), se las dedicó al Santo Christo de Villaquexida, haciéndole el gasto de la impression un Tio suyo, Comissario del Santo Oficio.
6. Su hermano el Rico de Campazas, que havia sido Estudiante en Villagarcía, y havia llegado hasta Medianos, siendo el primero del banco de abajo, como se entra por la puerta, sabia de memoria la Dedicatoria, que tenia prevenida para qualquiera de los tres Mecénas, que se la huviera aceptado, porque el Gymnasiarca se la havia enviado de Valladolid, assegurándole, que era obra de cierto Frayle mozo, de estos que se llaman Padres Colegiales,[11] el qual trataba en Dedicatorias, Arengas, y Quodlibetos, por ser uno de los Latinos mas deshechos, mas encrespados, y mas retumbantes, que hasta entónces se havian conocido, y que havia ganado muchíssimo dinero, tabaco, pañuelos, y chocolate en este género de trato; porque al fin (decia en su Carta el Gymnasiarca) el Latin de este Frayle es una borrachera, y sus altisonantes frases son una Babylonia. Con efecto, apénas leyó el Rico de Campazas la Dedicatoria, quando se hizo cruces, pasmado de aquella estupendíssima elegancia, y desde luego se resolvió á tomarla de memoria, como lo consiguió al cabo de tres años, retirándose todos los dias detras de la Iglesia, que está fuera del Lugar, por espacio de quatro horas: y quando la huvo bien decorado, aturrullaba á los Curas del contorno, que concurrian á la fiesta del Patrono, y tambien á los que iban á la Romería de Villaquexida, unas veces encajándosela toda, y otras salpicando con trozos de ella la comida en la mesa de los Mayordomos. Y como el socarron del Rico á ninguno declaraba de quien era la obra, todos la tenian por suya, con lo qual entre los Curas del Rio grande para acá, y aun entre todos los del Páramo passaba por el Gramático mas horroroso, que havia salido jamas de Villagarcía: tanto, que algunos se adelantaban á decir, sabia mas Latin que el mismo Taranilla, aquel famoso Dómine, que atolondró á toda la tierra de Cámpos con su Latin crespo y enrebesado, como v. gr. aquella famosa Carta con que examinaba á sus discípulos, que comenzaba assí: Palentiam mea si quis; que unos construían, si alguno mea á Palencia; y por quanto esto no sonaba bien, y parecia mala crianza, con peligro de que se alborotassen los de la Puebla, y no era verisímil que el Dómine Taranilla, hombre por otra parte modesto, circunspecto, y grande azotador, hablasse con poco decoro de una Ciudad, por tantos títulos tan respetable, otros discípulos suyos lo construían de este modo: Si quis mea, chico mio, suple fuge, huye, Palentiam, de Palencia. A todos estos los azotaba irremissiblemente el impitoyable Taranilla; porque los primeros perdian el respeto á la Ciudad, y los segundos le empullaban á él; sobre que unos y otros le suponian capaz de hacer un Latin, que, segun su construccion, estaria atestado de solecismos. Hasta que finalmente, despues de haver enviado al rincon á todo el General, porque ninguno daba con el recóndito sentido de la enfática cláusula, el Dómine, sacando la caja, dando encima de ella dos golpecillos, tomando un polvo á pausas, sorbido con mucha fuerza, arqueando las cejas, ahuecando la voz, y hablando gangoso, reposadamente la construía de esta manera: mea, ve; si quis, si puedes; Palentiam á Palencia. Los muchachos se quedaban atónitos, mirándose los unos á los otros, pasmados de la profunda sabiduría de su Dómine; porque, aunque es verdad, que, echada bien la cuenta, havia en su construccion, mitad por mitad, tantos disparates como palabras; puesto que ni meo meas significa como quiera ir, sino ir por rodéos, por gyros y serpenteando; ni queo quis significa poder como quiera, sino poder con dificultad; pero los pobres niños no entendian estos primores; ni el penetrar la propiedad de los varios significados, que corresponden á los verbos y á los nombres que parecen synónymos, y no lo son, es para Gramáticos de primera tonsura, ni para Preceptores de la lengua.
7. Ya se ve, como los Curas del Páramo no estaban muy enterados de estas menudencias, tenian á Taranilla por el Ciceron de su siglo, y como oían relatar al Rico de Campazas la retumbante y sonora Dedicatoria, le ponian dos codos mas alto que al mismo Taranilla. Y por quanto la mayor parte de los Historiadores, que dexaron escritas á la posteridad las cosas de nuestro Fray Gerundio, convienen en que la tal Dedicatoria tuvo gran parte en la formacion de su exquisito y delicado gusto, no será fuera de propósito ponerla luego en este lugar, primero en Latin, y despues fielmente traducida en Castellano, para que en el discurso de esta verdadera Historia, y con el calor de la narracion, no se nos olvide.
CAPITULO II.
En que, sin acabar lo que prometió el primero, se trata de otra cosa.
Decia, pues, assí la recóndita, abstrusa, y endiablada Dedicatoria, dexando á un lado los Títulos, que no tuvo por bien trasladar el Gymnasiarca.
2. Hactenus me intra vurgam animi litescentis inipitum, tua heretudo instar mihi luminis extimandea denormam redubiare compellet sed antistar gerras meas anitas diributa et posartitum Nasonem quasi agredula: quibusdam lacunis Baburrum stridorem averrucandus oblatero. Vos etiam viri optimi: ne mihi in anginam vestræ hispiditatis arnanticataclum carmen irreptet. Ad rabem meam magicopertit: cicuresque conspicite ut alimones meis carnatoriis, quam censiones extetis. Igitur conramo sensu meam returem quamvis vasculam Pieridem actutum de vobis lamponam comtulam spero. Adjuta namque cupedia præsumentis, jam non exippitandum sibi esse conjectat. Ergo benepedamus me hac pudori, citimum colucari censete. Quam si hac nec treperat exiterint nec fracebunt quæ halucinari, vel ut vovinator adactus sum voti vobis damiumusque ad exodium vitulanti is cohacmentem. Quis enim mesonibium et non murgissonem fabula autamabit quam Mentorem exfaballibit altibuans, unde favorem exfebruate, fellibrem ut applaudam armoniæ tensore a me velut ambrone collectam adoreos veritatis instruppas.
3. Esta es la famosa Dedicatoria que el Gymnasiarca de San Gregorio, Cura de Ajos y Cebollas, electo del Berraco, envió desde Valladolid á su hermano el Rico de Campazas: la qual, despues de haver corrido por las mas célebres Universidades de España con el aplauso que se merecia, passó los Pyrinéos, penetró á Francia, donde fué recibida con tanta estimacion, que se conserva impresa una puntual, exacta, y menudíssima noticia genealógica de todas las manos por donde corrió el manuscrito, con los pelos y señales de los sugetos que le tuvieron, hasta que llegó á las del maldito Addicionador de la Menagiana, que la estampó en el primer Tomo de los quatro, que echó á perder con sus impertinentíssimas Notas, Scholios, y Añadiduras. Dice, pues, este Scholiador de mis pecados, que el primer manuscrito que se sepa huviesse llegado á Francia, paró en poder de Juan Lacurna, el qual era hombre hábil y Baylío de Arnai-Del-Duque; que despues passó al docto Saumaise, y de este le heredó su hijo primogénito Claudio Saumaise, el qual murió en Beaune á los 34 años de su edad, el dia 18 de Abril de 1661: que por muerte de Claudio paró en la Bibliotheca de Juan Bautista Lantin, Consejero, el qual y otro Consejero llamado Philiberto de la Mare fueron Legatarios por mitad de los manuscritos de Saumaise, y que de Juan Bautista Lantin le heredó su hijo el Señor Lantin, Consejero de Dijon.
4. Todo está muy bien, con puntualidad, con menudencia, y con exactitud; porque claro está, que iba á perder mucho la República de las Letras, si no se supiera con toda individualidad, por qué manos, de Padres á hijos, havia passado un manuscrito tan importante; y, si todos los Investigadores huvieran sido tan diligentes y tan menudos como este doctíssimo y exactíssimo Addicionador, no huviera ahora tantas disputas, repiquetes y contiendas entre nuestros Críticos, sobre quien fué el verdadero Autor de la Pulga del Licenciado Burguillos, que unos atribuyen á Lope de Vega, y otros á un Frayle, engañados sin duda porque en el manuscrito, sobre el qual se hizo la primera impression en Sevilla, se leían al fin de él estas letras: Fr. L. d. V. entendiendo que el Frey era Fray, cosas entre sí muy distintas y diversas, como lo saben hasta los niños Malabares.[12] Ni en Inglaterra se huvieran dado las batallas campales, que se dieron á principio de este Siglo entre dos sabios Antiquarios de la Universidad de Oxford, sobre el orígen de las Espuelas, y la primitiva invencion de las Alforjas, fundándose uno y otro en dos manuscritos, que se hallaban en la Bibliotheca de la misma Universidad, pero sin saberse en qué tiempo ni por quien se havian introducido en ella, que era el punto decisivo para resolver la question.
5. Pero si al Addicionador de la Menagiana se le deben gracias por esta parte, no se las daré yo, porque con su Chronología sobre el manuscrito de la Dedicatoria me mete en un embrollo histórico, del qual no sé como me he de desenvolver, sin cometer un anachronismo, voz Griega y sonorosa, que significa contradiccion en el cómputo de los tiempos. Dice Monsiur el Addicionador, que Claudio Saumaise murió el año de 1661, y que, quando llegó á él el manuscrito de la Dedicatoria, ya havia passado por otras dos manos, conviene á saber, por las de su padre el docto Saumaise, y por las del Baylío Juan Lacurna; y es mucho de notar, que no dice que passó de mano en mano, como suele passar la Gaceta y el Pronóstico de Torres, sino que da bastantemente á entender, que fué por via de herencia, y no de donacion inter vivos. Esto supuesto, parece claro como el agua, que ya por los años de 1600 se tenia noticia en Francia de la tal Dedicatoria, no siendo mucho dar sesenta años al Señor Lacurna, y veinte ó treinta á Saumaise; porque, aunque se pudiera decir, que ambos eran de una misma edad, no parece verisímil, que un particular, por doctíssimo que fuesse, viviesse tanto como un Baylío; pues bien que esto de Baylío en Francia signifique poco mas que acá un Alcalde Gorrilla, pero al fin para lo de Dios el Baylío de Arnai era tan Baylío como el de Lora. Y haviendo dicho nosotros al principio de esta verdaderíssima Historia, ó por lo ménos haviéndolo dado á entender, que la Dedicatoria la compuso un Padre Colegial, que estudiaba en Valladolid, quando ya estaba muy entrado en dias el Siglo passado, puesto que hasta la mitad de él no hacen mencion del Rico de Campazas los Anales de esta possibilíssima Ciudad, y que se la envió su hermano el Gymnasiarca; como era possible que se tuviesse noticia de ella en Francia por los años de 1600?
6. Para salir de esta intrincada dificultad, no hay otra callejuela sino decir, que el Padre Colegial leeria esta estupendíssima pieza en algun librete Francés, y despues se la embocaría al boníssimo del Gymnasiarca como si fuera obra suya, porque de estas travesuras á cada passo vemos muchas aun en el Siglo que corre, en el qual no pocos de estos, que se llaman Autores, y que tienen cara de hombres de bien, averiguada despues su vida y milagros, se halla ser unos raterillos literarios, que, hurtando de aquí y de allí, salen de la noche para la mañana en la Gaceta con los campanudos dictados de Mathemáticos, Philológicos, Phýsicos, Eléctricos, Proto-Críticos, Anti-Systemáticos, quando, todo bien considerado, no son en la realidad mas que unos verdaderos Panto-mímicos.
7. Mas, dexando este punto indeciso, lo que en Dios y en conciencia no se puede perdonar al impertinentíssimo Addicionador, es la injusta y desapiadada crítica que hace de la susodicha Dedicatoria, tratándola de la cosa mas perversa, mas ridícula, y mas extravagante, que se puede imaginar; y añadiendo, que el lenguage, aunque parece suena á Latin, es de una latinidad monstruosa, bárbara, y salvage. Pero con licencia de su mala condicion, yo le digo claritamente y en sus barbas, que no sabe qual es su Latin derecho, y que se conoce que en su vida ha saludado los Christus de la verdadera Latinidad; pues le hago saber, que ni Ciceron, ni Quintiliano, ni Tito-Livio, ni Salustio hicieron jamas cosa semejante, ni fueron capaces de hacerla. Y á lo otro, que añade con mucha socarronería, de que, aunque en la cultíssima Dedicatoria se hallan algunas palabras latinas que se encuentran en las Glosas de Isidoro, y de Pápias, y en la Coleccion de du Cange, pero que se engaña mucho, ó no se ha de encontrar ingenio tan hábil en el mundo, que al todo de ella le dé verdadero y genuino sentido; yo le digo, que para que vea con efecto lo mucho, que se engaña, el mismo Padre Colegial, que dió al Gymnasiarca la Dedicatoria en Latin, ora fuesse composicion suya, ora agena, se la dió tambien vertida en Castellano flúido, corriente, natural, claro, perspicuo, como se ve en una Copia authéntica, que se encontró en el Libro donde el Rico de Campazas iba asentando por rayas la soldada de los Criados, y los pellejos de Ovejas que iba trahiendo el Pastor. La version, pues, de dicha Dedicatoria decia assí, ni mas ni ménos.
8. «Hasta aquí la excelsa ingratitud de tu soberanía ha obscurecido en el ánimo, á manera de claríssimo esplendor, las apagadas antorchas del mas sonoro clarin, con ecos luminosos, á impulsos balbucientes de la furibunda fama. Pero, quando examino el rosicler de los despojos al terso bruñir del Emisferio en el blando oroscopo, del argentado catre, que, elevado á la region de la techumbre, inspira oráculos al acierto en bóbedas de crystal; ni lo ayroso admite mas competencias, ni en lo heróyco caben mas eloquentes dissonancias. Temerario arrojo seria escalar con pompa fúnebre hasta el golfo insondable, donde campéa, qual vivorezno animado, el piélago de tu hermosura; porque hay systemas tan atrevidos, que á guisa de emblemáticos furores, esterilizan á trechos toda su ossadía al escrutinio; mas no por esso el piadoso Enéas agotó sus caudales al Ródano, cubierta la arrogante faz con el crespo, falaz, y alhagueño manto: que, si el jazmin sostiene pyrámides á los lisongeros Pezes, tambien el chopo franquéa espumoso lecho á las odoríferas Naves; ni es tan crítico el enojo del carrasco, que no destile rayo á rayo todo el alambique del aprisco. Mentor en cabilaciones de Sol, pudo esgrimir orgullosas sinrazones de fanal; pero tambien experimentó á golpes del desengaño desagravios incautos del alevoso zeño; quando la agigantada nobleza de tu Regia exactitud embota las puntas al azero de alentada Magestad. Admite, pues, este literario desden, elegante tributo de soporífero afan; y, si extiendes los aplausos de tu harmonía á los hirsutos cambrones, no puede ménos de penetrar tu coleto la fragrancia de la verdad, hasta calarse á las tripas, ó hasta aniquilar con dichosa fortuna los estrupros: Ut aplaudam armoniæ temsore a me velut ambrone collectam adoreos veritatis instruppas.»
CAPITULO III.
Donde se prosigue lo que prometió el primero.
Este tal Rico de Campazas, hermano del Gymnasiarca, se llamaba Anton Zotes, familia arraygada en Cámpos, pero extendida por todo el mundo, y tan fecundamente propagada, que no se hallará en todo el Reyno Provincia, Ciudad, Villa, Aldéa, ni aun Alquería, donde no hiervan los Zotes, como garbanzos en olla de potage. Era Anton Zotes, como ya se ha dicho, un Labrador de una mediana passada; hombre de machorra, cecina, y pan mediado los dias ordinarios, con cebolla ó puerro por postre; baca y chorizo los dias de fiesta; su torrezno corriente por almuerzo y cena, aunque esta tal vez era un salpicon de baca; despensa ó agua-pié su bebida usual, ménos quando tenia en casa algun Frayle, especialmente si era Prelado, Lector, ó algun gran supuesto en la Orden, que entónces se sacaba á la mesa vino de Villamañan, ó del Páramo. El genio bondadoso en la corteza, pero en el fondo un si es no es suspicaz, envidioso, interessado, y cuentero: en fin legítimo bonus vir de Campis. Su estatura mediana, pero fornido y repolludo; cabeza grande y redonda, frente estrecha, ojos pequeños, desiguales, y algo taymados; guedejas rabi-cortas, á la usanza del Páramo, y no consistoriales, como las de los Sexmeros del Campo de Salamanca: pestorejo, se supone, á la Geronymiana, rechoncho, colorado, y con pliegues. Este era el hombre interior y exterior del Tio Anton Zotes, el qual, aunque havia llegado hasta el banco de abaxo de Medianos con ánimo de ordenarse, porque dicen que le venia una Capellanía de sangre, en muriendo un Tio suyo, Arcipreste de Villaornate; pero al fin le puso pleyto una moza del Lugar, y se vió precisado á ir por la Iglesia, mas no al Choro, ni al Altar, sino al santo Matrimonio. El caso passó de esta manera.
2. Hallábase estudiando en Villagarcía, y ya Medianista, como se ha dicho, á los veinte y cinco años de su edad. Llegaron los quince dias, que assí se llaman las Vacaciones, que hay en la Semana Santa, y en la de Pasqua, y fuése á su Lugar, como es uso y costumbre en todos los Estudiantes de la redonda. El diablo, que no duerme, le tentó á que se vistiesse de Penitente el Juéves Santo; y es, que como el Estudiantico ya era un poco espigado, adulto, y barbicubierto, miraba con buenos ojos á una mozuela vecina suya, desde que havian andado juntos á la Escuela del Sacristan, y, para cortejarla mas, le pareció cosa precisa salir de disciplinante; porque es de saber, que este es uno de los cortejos, de que se pagan mas todas las mozas de Cámpos, donde ya es observacion muy antigua, que las mas de las bodas se fraguan el Juéves Santo, el dia de la Cruz de Mayo, y las tardes que hay bayle, haviendo algunas tan devotas y tan compungidas, que se pagan mas de la pelotilla y del ramal, que de la castañuela. Y á la verdad, mirada la cosa con ojos serenos, y sin passion, un disciplinante con su cucurucho de á cinco quartas, derecho, almidonado, y pyramidal; su capillo á moco de pabo, con caída en punta hasta la mitad del pecho; pues qué si tiene ojeras á pespunte, rasgadas con mucha gracia? con su almilla blanca de lienzo casero, pero aplanchada, ajustada, y atacada, hasta poner en prensa el pecho y el talle: dos grandes trozos de carne momia, maciza, y elevada, que se assoman por las dos troneras rasgadas en las espaldas, divididas entre sí por una tira de lienzo, que corre de alto á baxo entre una y otra, que como están cortadas en figura oval, á manera de quartos traseros de calzon, no parece sino que las nalgas se han subido á las costillas, especialmente en los que son rechochos y carnosos; sus enaguas, ó su faldon campanudo, pomposo, y entre-plegado. Añádase á todo esto, que los disciplinantes macarenos y majos suelen llevar sus zapatillas blancas, con cabos negros, se entiende quando son disciplinantes de devocion, y no de Cofradía, porque á estos no se les permiten zapatos, salvo á los Penitentes de luz, que son los jubilados de la Orden. Considérese despues, que este tal disciplinante, que vamos pintando, saca su pelotilla de cera, salpicada de puntas de vidrio, y pendiente de una cuerda de cáñamo empegada para mayor seguridad; que la mide hasta el codo con gravedad y con mesura; que toma con la mano izquierda la punta del moco del capillo; que apoya el codo derecho sobre el híjar del mismo lado (ménos que sea zurdo nuestro disciplinante, porque entónces es cosa muy necessaria advertir, que todas estas posturas se hacen al contrario); que sin mover el codo, y jugando únicamente la mitad del brazo derecho, comienza á sacudirse con la pelotilla ázia uno y otro lado, sabiendo con cierta ciencia, que de esta manera ha de venir á dar en el punto céntrico de las dos carnosidades espaldares, por reglas inconcusas de Anatomía, que dexó escritas un Cirujano de Villamayor, mancebo, y aprendiz que fué de otro de Villarramiel. Contémplese finalmente como empieza á brotar la sangre, que en algunos, si no es en los mas, parecen las dos espaldas dos manantiales de pez, que brotan leche de empegar botas: como va salpicando las enaguas, se distribuye en canales por el faldon, como le humedece, como le empapa, hasta entraparse en los pernejones del pobre disciplinante. Y dígame con serenidad el mas apassionado contra las glorias de Cámpos, si hay en el mundo espectáculo mas galan, ni mas ayroso? si puede haver resistencia para este hechizo, y si no tienen buen gusto las mozanconas, que se van tras los Penitentes, como los muchachos tras los Gigantones y la Tarasca el dia del Corpus?
3. No se le ocultaba al bellaco de Anton esta inclinacion de las mozas de su Tierra, y assí salió de disciplinante el Juéves Santo, como ya llevamos dicho. A la legua le conoció Catanla Rebollo (que este era el nombre de la doncella su vecina, y su condiscípula de Escuela); porque, ademas de que en toda la procession no havia otro caperuz tan chusco, ni tan empinado, llevaba por contraseña una cinta negra, que ella misma le havia dado al despedirse por San Lucas para ir á Villagarcía. No le quitaba ojo en toda la procession; y él, que lo conocia muy bien, tenia gran cuidado de cruzar de quando en quando los brazos, encorbar un poco el cuerpo, y apretar las espaldas, para que exprimiessen la sangre, haciendo de camino un par de arrumacos con el caperuz, que es uno de los passos tiernos á que están mas atentas las donzellas casaderas; y el patan que le supiere hacer con mayor gracia, tendrá mozas á escoger, aunque por otra parte no sea el mayor jugador de la calva, ó del morrillo, que hayga el Lugar. Al fin, como Anton se desangraba tanto, llegó el caso de que uno de los Mayordomos de la Cruz, que gobernaba la procession, le dixesse que se fuesse á curar. Catanla se fué tras él, y como vecina se entró en su casa, donde ya estaba prevenido el vino con romero, sal, y estopas, que es todo el aparato de estas curaciones. Estrujáronle muy bien las espaldas, por si acaso havia quedado en ellas algun vidrio de la pelotilla; laváronselas, aplicáronle la estopada, vistióse, embozóse en su capa parda, y los demas se fueron á ver la procession, ménos Catanla, que dixo estaba cansada, y se quedó á darle conversacion. Lo que passó entre los dos no se sabe: solo consta de los Anales de aquel tiempo, que, vuelto Anton á Villagarcía, comenzó á correr un run run malicioso por el Lugar; que sus padres quisieron se ordenasse á título de la Capellanía; que él, por debaxo de cuerda, hizo que la moza le pusiesse impedimento; que al fin y postre se casaron; y que, para que se vea el poco temor de Dios y la mucha malicia con que havian corrido aquellas voces por el Pueblo, la buena de la Catanla no parió hasta el tiempo legal y competente.
CAPITULO IV.
Acábase lo prometido.
Parió, pues, la Tia Catuja un niño como unas flores, y fué su Padrino el Licenciado Quixano de Perote, un Capellan del mismo Campazas, que en otro tiempo havia querido casarse con su madre, y se dexó por haverse hallado, que eran parientes en grado prohibido. Empeñóse el Padrino en que se havia de llamar Perote, en memoria ó en alusion á su apellido; porque, aunque no havia este nombre en el Kalendario, tampoco havia el de Lain, Nuño, Tristan, Tello, ni Peranzules, y constaba que los havian tenido hombres de gran pro, y de mucha cuenta. Esto decia el Licenciado Quixano, alegando las Historias de Castilla; pero como Anton Zotes no las havia leído, no le hacian mucha fuerza, hasta que se le ofreció decirle, que tampoco estaban en el Kalendario los nombres de Oliveros, Roldan, Florismarte, ni el de Turpin, y que esto no embargante no le havia estorvado esso para ser Arzobispo. «Vaya que soy un asno, dixo entónces el Tio Anton, pues no tengo leído otra cosa»; y es, que era muy versado en la Historia de los Doce Pares, la que sabía tan de memoria como la Dedicatoria del Gymnasiarca. «Llámese Perote, y no se hable mas en la materia». Pero el Cura del Lugar, que se hallaba presente, reparó en que Perote Zotes no sonaba bien, añadiendo, no sin alguna socarronería, que Zote era consonante de Perote, y que él havia leído, no se acordaba donde, que esto se debia evitar mucho quando se hablaba en prosa. «No gaste usted tanta, señor Cura, replicó el padre del niño, que tampoco suena bien Sancho Ravancho, Alberto Retuerto, Geromo Palomo, Antonio Bolonio, y no vemos ni oímos otra cosa en nuestra tierra. Fuera de que esso se remedia fácilmente con llamar al niño Perote de Campazas, dándole por apellido el nombre de nuestro Pueblo, como se usaba en lo antiguo con los hombres grandes, segun nos informan las Historias mas verídicas;[13] y assí vemos hablar en ellas de Oliveros de Castilla, de Amadis de Gaula, de Artus de Algarve, y de Palmerin de Hircania, constándonos ciertamente, que estos no eran sus verdaderos apellidos, sino los nombres de las Provincias ó Reynos, donde nacieron aquellos grandes Cavalleros, que, por haverlas honrado con sus hazañas, quisieron eternizar de esta manera la memoria de su patria en la posteridad. Y esto no solamente lo usaron los que fueron por las armas, sino tambien los que fueron por las letras, y dexaron escritos algunos Libros famosos, como el Piscator de Sarrabal,[14] el Dios Momo, la Carantamaula, el Lazarillo de Tormes, la Pícara Justina, y otros muchos que tengo leídos, cuyos Autores, dexando el propio apellido, tomaron el de los Lugares donde nacieron, para illustrarlos: y á mí me da el corazon, que este niño ha de ser hombre de provecho, y assí llámese por ahora Perotico de Campazas, hasta que con la edad y con el tiempo le podamos llamar Perote á boca llena.»
2. — «No en mis dias, dixo la Tia Catanla. Perote suena á cosa de perol, y no ha de andar por ahí el hijo de mis entrañas, como andan los peroles por la cocina.» — «Punto en boca, señores, exclamó Anton Zotes de repente. Ahora me incurre un estupendíssimo nombre, que enjamas se empuso á nengun nacido, y se ha de impuner á mi chicote. Gerundio se ha de llamar, y no se ha de llamar de otra manera, aunque me lo pidiera de rodillas el Padre Santo de Roma. Lo primero, y prencipal, porque Gerundio es nombre sengular, y esso busco yo para m’ijo. Lo segundo, porque m’acuerdo bien, que, quando estudiaba con los Theatinos de Villagarcía, por un Gerundio gané seis puntos para la vanda, y es mi última y postrimera voluntad hacer enmortal en mi familia la memoria de esta hazaña.»
3. Hízose assí, ni mas ni ménos, y desde luego dió el niño grandes señales de lo que havia de ser en adelante, porque ántes de dos años ya llamaba pueca á su madre con mucha gracia, y decia no chero querno, tan claramente como si fuera una persona: de manera, que era la diversion del Lugar, y todos decian que havia de ser la honra de Campazas. Passando por allí un Frayle Lego, que estaba en opinion de Santo, porque á todos trataba de tú, llamaba bichos á las mugeres, y á la Vírgen la Borrega, dixo que aquel niño havia de ser Frayle, gran Letrado, y estupendo Predicador. El successo acreditó la verdad de la profecía; porque en quanto á Frayle, lo fué tanto como el que mas; lo de gran Letrado, si no se verificó en esto de tener muchas letras, á lo ménos en quanto á ser gordas y abultadas las que tenia, se verificó cumplidamente; y en lo de ser estupendo Predicador, no huvo mas que desear, porque este fué el talento mas sobresaliente de nuestro Gerundico, como se verá en el discurso de la Historia.
4. Aún no sabía leer, ni escribir, y ya sabía predicar; porque, como passaban por la casa de sus padres tantos Frayles, especialmente Questeros, Verederos, Predicadores Sabatinos, y aquellos que en tiempo de Quaresma y Adviento iban á predicar á los Mercados de los Lugares circunvecinos; y estos, unas veces rogados por el Tio Anton Zotes, y por su buena muger la Tia Catanla, otras (y eran las mas) sin esperar á que se lo rogassen, sobre mesa sacaban sus papelones, y ni mas ni ménos que si estuvieran en el púlpito, leían en tono alto, sonoro, y concionatorio lo que llevaban prevenido; el niño Gerundio tenia gran gusto en oírlos, y despues en remedarlos, tomando de memoria los mayores disparates que los oía, que no parece sino que estos se le quedaban mejor; y si por milagro los oía alguna cosa buena, no havia forma de aprenderla.
5. En cierta ocasion estuvo en su casa á la questa del mes de Agosto un Padrecito de estos atusados, con su poco de copete en el frontispicio, cuelli-erguido, barbi-rubio, de hábito limpio y plegado, zapato chusco, calzon de ante, y gran cantador de jácaras á la guitarrilla, del qual no se apartaba un punto nuestro Gerundico, porque le daba confites. Tenia el buen Padre, mitad por mitad, tanto de presumido, como de evaporado, y contaba, como estando él de Colegial en uno de los Conventos de Salamanca, le havia enviado su Prelado á predicar un Sermon de Animas á Cabrerizos, y que havian concurrido á oírle muchos Colegiales Mayores, Graduados, y Cathedráticos de aquella Universidad, por el crédito que havia cogido en ella con ocasion de graduarse cierto Rector de un Colegio Menor, ya ordenado in Sacris, de quien era pública voz y fama, que, despues de haver recibido el Sub-diaconato subrepticiamente y á hurtadillas, havia estado un año en la Cárcel Eclesiástica de su Tierra, por quanto tres doncellas honradas havian presentado al Señor Provisor tres papeles con palabra de casamiento. Esto se compuso lo mejor que se pudo; volvió á proseguir sus estudios á Salamanca, porque era mozo de ingenio; quiso graduarse, y encomendó una de las Arengas al tal Padrecito, que era paysano suyo, el qual comenzó por aquello de aprehenderunt septem mulieres virum unum; encajó despues lo de filii tui de longe venient, et filiæ tuæ de latere surgent; y no se le quedó en el tintero el texto tan oportuno de generatio Rectorum benedicetur. Y puesto que los textos y lugares de la Sagrada Escritura en semejantes composiciones puramente rhetóricas y profanas, son tan impertinentes y tan importunos, como las fábulas y los versos de los Poetas antiguos, usados á pasto y con immoderacion, lo son en los Sermones; no embargante tampoco, que el tal Frayle incurrió boniticamente en la Excommunion, que el Sagrado Concilio de Trento tiene fulminada contra los que abusan de la Sagrada Escritura para liviandades, sátyras, chanzonetas, y chocarrerías: la tal Arenga tuvo su aplauso á título de truanesca, y el susodicho Padre quedó tildado por pieza.
6. Pues como supieron que predicaba en Cabrerizos el Sermon de Animas, concurrieron con efecto á oírle todos aquellos ociosos y desocupados de Salamanca (háylos de todas clases y especies), que se huelgan á todo lo que sale; y el buen Religioso quedó tan pagado de su Sermon, que repetia muchas cláusulas de él en todas las casas de los Hermanos donde se hospedaba. «Oygan ustedes, por vida suya, como comenzaba», dixo la primera noche de sobremesa á Anton Zotes, á su muger, y al Cura del Lugar, que havia concurrido al levantarse los manteles, para cortejar al Frayle y brindar á la salud de su buena venida, como es uso en toda buena crianza.
7. «Fuego, fuego, fuego, que se quema la casa: Domus mea, domus orationis vocabitur. Ea Sacristan, toca essas retumbantes campanas: In cymbalis bene sonantibus. Assí lo hace; porque tocar á muerto y tocar á fuego, es una misma cosa, como dixo el discreto Picinelo: Lazarus amicus noster dormit. Agua, señores, agua, que se abrasa el mundo: Quis dabit capiti meo aquam? La Interlineal: Qui erant in hoc mundo. Pagnino: Et mundus eum non cognovit. Pero qué veo? Ay, Christianos, que se abrasan las Animas de los Fieles! Fidelium animæ, y sirve de yesca á las voraces llamas derretida pez: Requiescant in pace, id est, in pice, como expone Vatablo. Fuego de Dios! como quema! Ignis a Deo illatus. Pero albricias, que ya baxa la Vírgen del Cármen á librar á las que traxeron su devoto Escapulario: Scapulis suis. Dice Christo, favor á la justicia: dice la Vírgen, válgame la gracia. Ave Maria.»
8. Anton Zotes estaba pasmado; á la Tia Catanla se la caía la baba; el Cura del Lugar, que se havia ordenado con Reverendas de Sede-vacante, y entendia lo que rezaba como qualquiera Monja, le miraba como atónito, y juró por los santos quatro Evangelios, que, aunque havia oído predicar la Semana Santa de Campazas á los Predicadores Sabatinos mas famosos de toda la redonda, ninguno le llegaba á la suela del zapato. No acababa de ponderar aquel chiste de comenzar un Sermon de Animas con fuego, fuego, que se quema la casa. Pues qué, el ingenioso pensamiento de que lo mismo es tocar á muerto, que tocar á fuego? «Tenga usted, señor Cura, le interrumpió el Padre, alargándole la caja para que tomasse un polvo, que esso tiene mas alma de la que parece. Las almas de los difuntos, ó están en la Gloria, ó están en el Infierno, ó están en el Purgatorio: por las primeras no se toca, porque no han menester sufragios; por las segundas tampoco, porque no las aprovechan; con que solo se toca por las terceras, para que Dios las saque de aquellas llamas; pues esso, y tocar á fuego, allá se va todo. Ahora prosiga usted con su glossa, que me da mucho gusto, y se conoce que es hombre que lo entiende; y no como cierto Padre Maestro de mi Religion, que, aunque es hombre grave en la Orden, y le tienen por docto y de entendimiento, me tiene ojeriza desde que le negué el voto en un Capítulo del Convento para que fuesse Prelado, y me dixo, que el Sermon era un hato de disparates, añadiendo, que eran delatables á la Inquisicion.»
9. — «Todos somos hombres, replicó el Cura, y como de essas envidias se ven en las Religiones. A fé, que acaso su Reverendíssima el tal Padre Maestro en todos los dias de su vida daria con una cosa tan oportuna como aquella de agua, agua, que se quema la casa, con ser assí, que despues de haver tocado las campanas á fuego, se estaba cayendo de su peso el pedir agua.» — «Añada usted, le dixo el Padre Colegial, que ahí se hace alusion al agua bendita, la qual, como usted sabe, es uno de los sufragios mas provechosos para las benditas Animas del Pulgatorio.» — «Esso es claro, respondió el Cura, porque el fuego se apaga con el agua, y assí se lo explico yo en la Missa á mis Feligreses.» — «Dende que se lo oí perdicar á su mercé (saltó la Tia Catanla), tengo yo mucho cuidado de regar bien la sepultura de mi madre, porque dizque cada gota de agua bendita, que cae sobre ella, apaga una gota del fuego del Purgatorio.» — «Lo que mas me admira, continuó el Cura, es la propiedad de los textos, que no parece sino que V. Paternidad los trahe en la manga; y quando habla de agua, luego saca un texto, que habla de agua; quando de casa, de casa; y quando de mundo, de mundo: todos tan claros, que los entenderá qualquiera, aunque no haya estudiado latin.» — «Esse es el chiste, respondió el Padre; pero va que no sabe Vm. por qué traxe el texto de Lazarus amicus noster dormit, quando dixe, que tocar á muerto y tocar á fuego, es una misma cosa.» — «Confiesso que no lo entendí, dixo el buen Cura; y que aunque me sonó á despropósito, pero, como veo el grande ingenio de V. Paternidad, lo atribuí á mi rudeza, y desde luego creí, que sin duda se ocultaba algun mysterio.» — «Y como que le hay, prosiguió el Frayle, y si no, dígame Vm. quando Christo resucitó á Lázaro, no estaba este muerto? Assí lo dice S. Agustin, Lyra, Cartagena, y otros muchos, y no hay duda, que esta es la sentencia mas probable; porque, aunque el texto dice que dormia, dormit, es porque la muerte se llama sueño, como lo notó doctamente el Sapientíssimo Idiota. Pues ahora, haviendo yo dicho tocar á muerto, venia de perlas poner delante un difunto. Y por qué escogeria yo á Lázaro mas que á otro? Aquí está el chiste; porque el Mayordomo de la Cofradía de las Animas de Cabrerizos se llamaba Lázaro, y era grande amigo de nuestro Convento, al qual enviaba de limosna todos los años un Cordero, y media cántara de Vino. Por esso dixe, Lazarus amicus noster; que al oírlo el Alcalde, el Regidor, y el Fiel de Fechos, que estaban delante del Púlpito, sentados en el banco de la Señora Justicia, dieron muchas cabezadas, mirándose unos á otros.» No pudo contenerse el Cura: levantóse del assiento, y, echando al Padre los brazos al cuello, le dixo casi llorando de gozo: «Padre, vuesa Paternidad es un demonio»; y añadió Catanla: «Benditas las madres, que tales hijos paren!»
10. A todo esto estaba muy atento el niño Gerundio, y no le quitaba ojo al Religioso. Pero como la conversacion se iba alargando, y era algo tarde, vínole el sueño, y comenzó á llorar. Acostóle su madre; y á la mañana, como se havia quedado dormido con las especies que havia oído al Padre, luego que dispertó, se puso de piés y en camisa sobre la cama, y comenzó á predicar con mucha gracia el Sermon, que havia oído por la noche, pero sin atar ni desatar, y repitiendo no mas que aquellas palabras mas fáciles, que podia pronunciar su tiernecita lengua, como fuego, agua, Campanas, Saquistan, Tio Lázaro, y en lugar de Picinelo, Pagnino, y Vatablo, decia pañuelo, pollino, y buen nabo, porque aún no tenia fuerza para pronunciar la l. Anton Zotes y su muger quedaron aturdidos: diéronle mil besos, dispertaron al Padre Colegial, llamaron al Cura, dixeron al niño, que repitiesse el Sermon delante de ellos; y él lo hizo con tanto donayre y donosura, que el Cura le dió un ochavo para avellanas, el Frayle seis chochos, su madre un poco de turron de Villada, que havia trahido de una Romería; y contando la buena de la Catanla la profecía del bendito Lego (assí le llamaba ella), todos convinieron en que aquel niño havia de ser gran Predicador, y que sin perder tiempo, era menester ponerle á la Escuela de Villaornate, donde havia un Maestro muy famoso.
CAPITULO V.
De los disparates que aprendió en la Escuela de Villaornate.
Eralo un Cojo, el qual, siendo de diez años, se havia quebrado una pierna por ir á coger un nido. Havia sido discípulo en Leon de un Maestro famoso, que de un rasgo hacia una pájara, de otro un pavellon, y con una A ó con una M al principio de una Carta, cubria toda aquella primera llana de garambaynas. Hacia Carteles, que dedicaba á grandes personages, los quales por lo comun se los pagaban bien; y, aunque le llamaban por esto el Maestro socaliñas, á él se le daba poco de los murmuradores, y no por esso dexaba de hacer sus ridículos cortejos. Sobre todo era eminente en dibujar aquellos Carteles, que llaman de letras de humo, y con efecto pintaba un Alabado, que podia arder en un candil. De este insigne Maestro fué discípulo el Cojo de Villaornate; y era fama, que por lo ménos havia salido tan primoroso garambaynista, como su mismo Maestro.
2. Siendo cosa averiguada que los cojos por lo comun son ladinos y avisados, este tal Cojo, de quien vamos hablando, no era lerdo, aunque picaba un poco en presumido y en extravagante. Como salió tan buen pendolista, desde luego hizo ánimo á seguir la carrera de las Escuelas, esto es, á ser Maestro de Niños: y para soltarse en la letra, se acomodó por dos ó tres años de Escribiente con el Notario de la vicaría de San Millan, el qual era hombre curioso, y tenia algunos Libros romancistas, unos buenos, y otros malos. Entre estos havia tres libritos de Ortographía, cuyos Autores seguian rumbos diferentes, y aun opuestos, queriendo uno que se escribiesse segun la etymología ó derivacion de las voces; otro defendiendo, que se havia de escribir como se pronunciaba; y otro, que se debia seguir en esso la costumbre. Cada uno alegaba por su parte razones, exemplos, autoridades, citando Academias, Diccionarios, Lexicones, ex omni lingua, tribu, populo & natione; y cada qual esforzaba su partido con el mayor empeño, como si de este punto dependiera la conservacion, ó el trastornamiento y ruina universal de todo el Orbe Literario, conviniendo todos tres en que la Ortographía era la verdadera clavis scientiarum, el fundamento de todo el buen saber, la puerta principal del Templo de Minerva, y que, si alguno entraba en él sin ser buen Ortographista, entraba por la puerta falsa; no haviendo en el mundo cosa mas lastimosa, que el que se llamassen Escritores los que no sabian escribir. Sobre este pié metia cada Autor una zambra de todos los diantres en defensa de su particular opinion. Al Etymologista y Derivativo, se le partia el corazon de dolor, viendo á innumerables Españoles indignos, que escribian España sin H, en gravíssimo deshonor de la gloria de su misma patria, siendo assí que se deriva de Hispania, y esta de Hispaan, aquel Héroe, que hizo tantas proezas en la caza de conejos, de donde en lengua Púnica se vino á llamar Hispania toda tierra, donde havia mucha gazapina. Y, si se quiere que se derive de Hespero, aún tiene orígen y cuna mas brillante, pues no viene ménos que del Lucero vespertino, que es Ayuda de Cámara del Sol quando se acuesta, y le sirve el gorro para dormir, el qual á ojos vistos se ve, que está en el territorio celestial de nuestra amada patria; y quitándola á esta la H con sacrílega impiedad, obscurecióse todo el esplendor de su claríssimo orígen. Y los que hacen esto se han de llamar Españoles! O indignidad! O indecencia!
3. Pero donde perdia todos los estrivos de la paciencia, y aun de la razon, era en la torpe, en la bárbara, en la escandalosa costumbre ó corruptela de haver introducido la Y Griega, quando servia de conjuncion, en lugar de la I Latina, que, sobre ser mas pulida y mas pelada, tenia mas parentesco con el et de la misma lengua, de donde tomamos nosotros nuestra i. Fuera de que la y Griega tiene una figura basta, rústica, y grossera, pues se parece á la horquilla con que los Labradores cargan los haces en el carro; y aunque no fuera mas que por esta gravíssima razon, debia desterrarse de toda escritura culta y asseada. «Por esto, decia dicho Etymologista, siempre que leo en algun Autor y Pedro, y Juan, y Diego, en lugar de i Diego, i Pedro, i Juan, se me revuelven las tripas, se me commueven de rabia las entrañas, y no me puedo contener sin decir entre dientes: Hi-de pu... I al contrario, no me harto de echar mil bendiciones á aquellos celebérrimos Autores, que saben qual es su I derecha, i entre otros á dos Cathedráticos de dos famosas Universidades, ambos immortal honor de nuestro Siglo, i envidia de los futuros, los quales, en sus dos importantíssimos Tratados de Ortographía, han trabajado con glorioso empeño en restituir la I Latina al trono de sus antepassados; por lo qual digo y diré mil veces, que son benditos entre todos los benditos.»
4. No le iba en zaga el otro Autor, que, despreciando la etymología y la derivacion, pretendia, que en las lenguas vivas se debia escribir como se hablaba, sin quitar ni añadir letra alguna, que no se pronunciasse. Era gusto ver como se encendia, como se irritaba, como se enfurecia contra la introduccion de tantas hh, nn, ss, y otras letras impertinentes, que no suenan en nuestra pronunciacion. «Aquí de Dios y del Rey (decia el tal Autor, que no parecia sino Portugués en lo fanfarron y en lo arrogante): si pronunciamos ombre, onra, ijo, sin aspiracion, ni alforjas, á qué ton emos de pegar á estas palabras aquella h arrimadiza, que no es letra ni calabaza, sino un recuerdo, ó un punto aspirativo? Y si se debe aspirar con la h siempre que se pone, por qué nos reímos del Andaluz, quando pronuncia jijo, jonra, jombre? Una de dos: ó él jabla bien, ó nosotros escribimos mal. Pues, qué diré de las nn, ss, rr, pp, y demas letras dobles, que desperdiciamos lo mas lastimosamente del mundo? Si suena lo mismo pasion con una s que con dos; inocente con una n que con dos; Philipo con una p que con dos, ut quid perditio hæc? Que doblemos las letras en aquellas palabras en que se pronuncian con particular fortaleza, ó en las quales, si no se doblan, se puede confundir su significado con otro, como en perro para distinguirle de pero, en parro para diferenciarle de paro, y en cerro para que no se equivoque con cero, vaya; pero en buro, que ya se sabe lo que es, y no puede equivocarse con otro algun significado, para qué emos de gastar una r mas, que despues puede acernos falta para mil cosas? Es esto mas que gastar tinta, papel, y tiempo contra todas las reglas de la buena economía? No digo nada de la prodigalidad con que malvaratamos un prodigioso caudal de uu, que para nada nos sirven á nosotros, y con las quales se podian remediar muchíssimas pobres Naciones, que no tienen una u que llegar á la boca. V. gr. en qué, en por qué, en para qué, en quiero, & reliqua, no me dirán ustedes qué falta nos ace la u, puesto que no se pronuncia? Estaria peor escrito qiero, qé, por qé, para qé, &c? Añado, que, como la misma q lleva envuelta en su misma pronunciacion la u, podiamos aorrar muchíssimo caudal de uu para una urgencia, aun en aquellas voces en que claramente suena esta letra; porqe, qé inconveniente tendria, qe escribiéssemos qerno, qando, qales, para pronunciar querno, quando, quales? Aún hay mas en la materia: puesto que la K tiene la misma fuerza que la q, todas las veces que la u no se declara, distingamos de tiempos, y concordaremos derechos; quiero decir, desterremos la q de todas aquellas palabras, en que no se pronuncia la u, y valgámonos de la K, pues, aunque assí se parecerá la escritura á los Kyries de la Missa, no perderá nada por esso. Vaya un verbi gracia de toda esta Ortographía.»
5. «El ombre ke kiera escribir coretamente, uya quanto pudiere de escribir akellas letras, ke no se egspresan en la pronunciacion; porke es desonra de la pluma, ke debe ser buena ija de la lengua, no aprehender lo ke la enseña su madre, &c.» Cuéntense las uu que se aorran en solo este período, y por aquí se sacará las que se podian aorrar al cabo del año en Libros, Instrumentos, y Cartas: y luego estrañarán que se haya encarecido el papel.»
6. Por el contrario, el Ortographista, que era de opinion, que en esto de escribir se havia de seguir la costumbre, no se metia en dibujos; y haciendo gran burla de los que gastaban el calor natural en estas vagatelas, decia, que, en escribiendo como havian escrito nuestros Abuelos, se cumplia bastantemente: y mas quando en esto de Ortographía hasta ahora no se havian establecido principios ciertos y generalmente admitidos, mas que unos pocos, y que en lo restante cada uno fingia los que se le antojaba. El Cojo, que, como ya diximos, era un si es no es muchíssimo extravagante, leyó todos los tres Tratados; y, como vió que la materia tenia mucho de arbitraria, y que cada qual discurria segun los senderos de su corazon, le vino á la imaginacion un extraño pensamiento. Parecióle, que él tenia tanto caudal como qualquiera para ser Inventor, Fundador, y Patriarca de un nuevo Systema ortográphico; y aun se lisongeó su vanidad, que acaso daria con uno, jamas oído ni imaginado, que fuesse mas racional y mas justo, que todos los descubiertos; figurándosele, que, si acertaba con él, se haria el Maestro de niños mas famoso, que havia havido en el mundo, desde la fundacion de las Escuelas, ó hasta la institucion de los Esculapios,[15] inclusive.
7. Con esta idéa comenzó á razonar allá para consigo, diciéndose á sí mismo: «Válgame Dios! las palabras son imágenes de los conceptos, y las letras se inventaron para ser representacion de las palabras; con que, por fin y postre, ellas tambien vienen á ser representacion de los conceptos. Pues ahora, aquellas letras que representaren mejor lo que se concibe, essas serán las mas propias y adequadas; y assí, quando yo concibo una cosa pequeña, la debo escribir con letra pequeña, y quando grande, con letra grande. Verbi gracia: qué cosa mas impertinente, que, hablando de una Pierna de Baca, escribirla con una p tan pequeña, como si se hablara de una pierna de hormiga, y tratando de un Monte, usar una m tan ruin, como si tratara de un Mosquito? Esto no se puede tolerar, y ha sido una inadvertencia fatal y crasíssima de todos quantos han escrito hasta aquí. Hay cosa mas graciosa, ó por mejor decir mas ridícula, que igualar á Zaquéo en la Z con Zorobabel, y con Zabulon; siendo assí, que consta de la Escritura, que el primero era pequeñito y casi enano, y los otros dos, qualquiera hombre de juicio los concibe por lo ménos tan grandes y tan corpulentos como el mayor Giganton del dia del Corpus? Porque pensar, que no llenaban tanto espacio de ayre, como llenan de boca, proportione servata, es cuento de niños. Pues ve aquí, que salgan Zaquéo y Zabulon en un escrito, y que, siendo ó haviendo sido en sí mismos tan desiguales en el tamaño, han de parecer iguales en la escritura! Vaya, que es un grandíssimo despropósito. Item, si se habla de un hombre, en quien todas las cosas fueron grandes; como si dixéramos un San Agustin, ponderando su Talento, su Ingenio, su Comprehension, hemos de escribir y pintar en el papel estas agigantadas prendas con unas letricas tan menudas y tan indivisibles, como si habláramos por comparanza de las del Autor del Poema Epico de la Vida de S. Anton, y otros de la misma calaña? Esso seria cosa ridícula, y aun ofensiva á la grandeza de un Santo Padre de tanta magnitud. Fuera de que, donde puede haver mayor primor que el hacer, que qualquiera lector, solo con abrir un libro, y ántes de leer ni una sola palabra, conozca por el mismo tamaño y multitud de las letras grandes, que allí se trata de cosas grandiosas, magníficas, y abultadas; y al contrario, en viendo que todas las letras son de estatura regular, ménos tal qual que sobresale á trechos, como los pendones en la procession, cierre incontinenti el libro, y no pierda tiempo en leerle, conociendo desde luego, que no se contienen en él sino cosas muy ordinarias y comunes? Quiero explicar esto con el exemplo de un estupendo Sermon, predicado al mismo S. Augustin, el mejor que he oído, ni pienso oír en los dias de mi vida. Preguntaba el Predicador, por qué á S. Agustin se le llamaba el Gran Padre de la Iglesia, y á ningun otro Santo Padre, ni Doctor de ella se le daba este Epítheto? (Assí decia él). Y respondió:»
8. «Porque mi Agustino, no solo fué Gran Padre, sino Gran Madre y Gran Abuelo de la Iglesia. Gran Padre, porque ántes de su Conversion tuvo muchos Hijos, aunque no se logró mas que uno. Gran Madre, porque Concibió y Parió muchos Libros. Gran Abuelo, porque Engendró á los Hermitaños de San Agustin, y los Hermitaños de S. Agustin engendraron despues todas las Religiones mendicantes, que siguen su santa Regla, las quales todas son Nietas del Grande Agustino. Y note de passo el discreto, que la Regla destruye la Maternidad, y la Regla fué la que asseguró la Paternidad de mi Gran Padre. Magnus Parens.»
9. «Este trozo de Sermon, que oí con estos mismíssimos oídos, que han de comer la tierra, y un pobre ignorante y mentecato, aunque tenia crédito de gran Letrado y hombre maduro, trató de puerco, sucio, hediondo, y digno del fuego; pero á mí me pareció, y oy dia me lo parece, la cosa mayor del mundo: digo que este trozo de Sermon, escrito como está escrito, esto es, con letras mayúsculas y garrafales en todo lo que toca á S. Agustin, desde la primera vista llama la atencion del Lector, y le hace conocer, que allí se contienen cosas grandes, y, sin poderse contener, luego se avalanza á leerlo: quando al contrario, si estuviera escrito con letras ordinarias, no pararia mientes en él, y quizá le arrimaria sin haver leído una letra. Assí que en esta mi Ortographía se logra lo primero, la propiedad de las letras con los conceptos que representan; lo segundo, el decoro de las personas de quien se trata; lo tercero, el llamar la atencion de los lectores. Y podia añadir lo quarto, que tambien se logra la hermosura del mismo escrito; porque son las letras grandes en el papel lo que los árboles en la huerta, que la amenizan y la agracian, y desde luego dá á entender, que aquella es huerta de Señor; quando un libro todo de letras iguales y pequeñas, parece huerta de verdura y hortaliza, que es cosa de Frayles y gente ordinaria.»
10. Con estas disparatadas consideraciones se enamoró tanto el extravagante Cojo de su ideada Ortographía, que resolvió seguirla, entablarla, y enseñarla. Y haviendo vacado por aquel tiempo la Escuela de Villaornate, por ascenso del Maestro actual á Fiel de Fechos de Cojezes de abajo, la pretendió, y la logró á dos paletadas; porque ya havia cobrado mucha fama en toda la tierra, con ocasion de los Litigantes que acudian á la Vicaría. Llovian niños como paja de todo el contorno á la fama de tan estupendo Maestro; y Anton Zotes y su muger resolvieron enviar allá á su Gerundico, para que no se malograsse la viveza que mostraba. El Cojo le hizo mil caricias, y desde luego comenzó á distinguirle entre todos los demas niños. Sentábale junto á sí; hacíale punteros; limpiábale los mocos; dábale avellanas y mondaduras de peras; y, quando el niño tenia gana de proveherse, el mismo Maestro le soltaba los dos quartos traseros de las bragas (porque consta de instrumentos de aquel tiempo que eran abiertas), y, arremangándole la camisita, le llevaba en esta postura hasta el corral, donde el Chicuelo hacia lo que havia menester. No era oro todo lo que relucia, el bellaco del Cojo sabia bien, que no echaba en saco roto los cariños que hacia á Gerundico, porque á los buenos de sus padres se les caía con esto la baba; y ademas de pagarle muy puntualmente el real del mes, la rosca del Sabado, que llevaba su hijo, era la primera y la mayor, y siempre acompañada con dos huevos de paba, que no parecian sino mesmamente como dos bolas de trucos.[16] Amen de esso, en tiempo de matanza eran corrientes y seguras tres morcillas, con un buen pedazo de solomo: esto sin entrar en cuenta la morcilla cagalar con dos buenas varas de longaniza, que era el colgajo del dia de San Martin, nombre que tenia el Maestro. Y quando paria Señora (assí llamaban los niños á la Maestra), era cosa sabida, que la Tia Catanla la regalaba con dos Gallinas las mas gordas que havia en todo su Gallinero, y con una libra de vizcochos, que se trahian exprofessamente de la Confitería de Villamañan. Con esto se esmeraban Maestro y Maestra en acariciar al niño, tanto, que la Maestra todos los Sabados le cortaba las uñas, y de quince en quince dias le espulgaba la cabeza, y sacaba las liendres.
CAPITULO VI.
En que se parte el Capítulo quinto, porque ya va largo.
Pues con este cuidado, que el Maestro tenia de Gerundico, con la aplicacion del niño, y con su viveza é ingenio, que realmente le tenia, aprendió fácilmente y presto todo quanto le enseñaban. Su desgracia fué, que siempre le deparó la suerte Maestros estrafalarios y estrambóticos, como el Cojo, que en todas las facultades le enseñaron mil sandeces, formándole desde niño un gusto tan particular á todo lo ridículo, impertinente, y extravagante, que jamas huvo forma de quitársele; y, aunque muchas veces encontró con sugetos hábiles, cuerdos, y maduros, que intentaron abrirle los ojos, para que distinguiesse lo bueno de lo malo (como se verá en el discurso de esta puntual historia), nunca fué possible apearle de su capricho: tanta impression havian hecho en su ánimo los primeros disparates. El Cojo los inventaba cada dia mayores; y, haviendo leído en un libro, que se intitula Maestro del Maestro de Niños, que este debe poner particular cuidado en enseñarlos la lengua propia, nativa, y materna con pureza y con propiedad, por quanto enseña la experiencia, que la incongruidad, barbarismos, y solecismos con que la hablan toda la vida muchos Nacionales, dependen de los malos modos, impropriedades, y frases desacertadas, que se les pegan quando niños; él hacia grandíssimo estudio de enseñarlos á hablar bien la lengua Castellana: pero era el caso, que él mismo no la podia hablar peor, porque, como era tan presumido y tan exótico en el modo de concebir, assí como habia inventado una extravagantíssima Ortographía, assí tambien se le havia puesto en la cabeza, que podia inventar una lengua no ménos extravagante.
2. Miéntras fué Escribiente del Notario de S. Millan, havia notado en varios processos que se decia assí: quarto testigo examinado, María Gavillan: octavo testigo examinado, Sebastiana Palomo. Esto le chocaba infinitamente; porque decia, que, si los hombres eran testigos, las mugeres se havian de llamar testigas, pues lo contrario era confundir los sexos, y parecia romance de Vizcaíno. De la misma manera no podia sufrir, que el Autor de la vida de Santa Catalina dixesse, Catalina, sugeto de nuestra historia; pareciéndole, que Catalina y sugeto eran mala concordancia, pues venia á ser lo mismo que si se dixera: Catalina, el hombre de nuestra historia, siendo cosa averiguada, que solamente los hombres se deben llamar sugetos, y las mugeres sugetas. Pues qué, quando encontraba en un libro, era una muger no comun, era un gigante? Entónces perdia los estrivos de la paciencia, y decia á sus chicos, todo en cólera y furioso: «ya no falta mas sino que nos quiten las barbas y los calzones, y se los pongan á las mugeres. Por qué no se dirá, era una muger no comuna, era una giganta?» Y por esta misma regla los enseñaba, que nunca dixessen, el alma, el arte, el agua, sino la alma, la agua, la arte, pues lo contrario era ridicularia, como dice el indigesto y docto Barbadiño.
3. Sobre todo estaba de malíssimo humor con aquellos verbos y nombres de la lengua Castellana, que comenzaban con arre, como arrepentirse, arremangarse, arreglarse, arréo, &c. jurando y perjurando, que no havia de parar hasta desterrarlos de todos los dominios de España, porque era impossible, que no los huviessen introducido en ella algunos Arrieros de los que conducian el bagage de los Godos, y de los Arabes. Decia á sus niños, que hablar de esta manera era mala crianza, porque era tratar de burros ó de machos á las personas. Y á este propósito los contaba, que, yendo un Padre Maestro de cierta Religion por Salamanca, y llevando por compañero á un Fraylecito Irlandés recien trasplantado de Irlanda, que aún no entendia bien nuestra lengua, encontraron en la calle del Rio muchos aguadores con sus burros delante, que iban diciendo, arre, arre. Preguntó el Irlandesillo al P. Maestro, qué queria decir are, pronunciando la r blandamente, como lo acostumbran los extrangeros? Respondióle el Maestro, que aquello queria decir, que anduviessen los burros adelante. A poco trecho despues encontró el Maestro á un amigo suyo, con quien se paró á parlar en medio de la calle: la conversacion iba algo larga; cansábase el Irlandés, y, no sabiendo otro modo de explicarse, cogió de la manga á su compañero, y le dixo con mucha gracia: are Padre Maestro, are: lo qual se celebró con grande risa en Salamanca. «Pues ahora, decia el Cojo hecho un veneno, que el arre vaya solo, que vaya con la comitiva y acompañamiento de otras letras, siempre es arre, y siempre es una grandíssima desvergüenza y descortesía, que á los racionales nos traten de esta manera: y assí tenga entendido todo aquel, que me arreare las orejas, que yo le he de arrear á él el cu...» y acabólo de pronunciar redondamente. A este tiempo le vino gana de hacer cierto menester á un niño, que todavía andaba en sayas: fuése delante de la mesa donde estaba el Maestro, puso las manicas, y le pidió la caca con grandíssima innocencia, pero le dixo, que no sabia arremangarse. «Pues yo te enseñaré, grandíssimo bellaco», le respondió el Cojo enfurecido: y diciendo y haciendo, le levantó las faldas, y le assentó unos buenos azotes, repitiéndole á cada uno de ellos: anda para que otra vez no vengas á arremangarnos los livianos.
4. Todas estas lecciones las tomaba de memoria admirablemente nuestro Gerundico; y, como por otra parte en poco mas de un año aprendió á leer por libro, por carta, y por processo, y aun á hacer palotes, y á escribir de á ocho, el Maestro se empeñó en cultivarle mas y mas, enseñándole lo mas recóndito que él mismo sabia, y con lo que lo havia lucido en mas de dos convites de Cofradía, assistiendo á la mesa algunos Curas, que eran tenidos por los mayores Moralistones de toda la Comarca; y uno, que tenia en la uña todo el Lárraga,[17] y era un hombre que se perdia de vista, se quedó embobado, haviéndole oído en cierta ocasion.
5. Fué pues el caso, que, como la fortuna ó la mala trampa deparaban al buen Cojo todas las cosas ridículas, y él tenia tanta habilidad para que lo fuessen en su boca las mas discretas, por no saber entenderlas, ni aprovecharse de ellas, llegó á sus manos, no se sabe como, una Comedia Castellana intitulada: el Villano Cavallero, que es copia mal sacada y peor zurcida, de otra que escribió en Francés el incomparable Moliere, casi con el mismo título. En ella se hace una graciosíssima burla de aquellos Maestros pedantes, que pierden el tiempo en enseñar á los niños cosas impertinentes y ridículas, que tanto importa ignorarlas como saberlas; y para esto se introduce al Maestro ó al Preceptor del repentino Cavallero, que con grande aparato, y ostentacion de voces, le enseña como se pronuncian las letras vocales, y las consonantes. El Cojo de mis pecados tomó de memoria todo aquel chistosíssimo passage; y como era tan cojo de entendederas, como de piés, entendióle con la mayor seriedad del mundo, y la que en realidad no es mas que una delicadíssima sátyra, se le representó como una leccion tan importante, que sin ella no podia haver Maestro de niños, que en Dios y en conciencia mereciesse serlo.
6. Un dia pues, haviendo corregido las planas mas aprisa de lo acostumbrado, llamó á Gerundico; hízole poner en pié delante de la mesa, tocó la campanilla á silencio, intimó atencion á todos los muchachos, y, dirigiendo la palabra al niño Gerundio, le preguntó con mucha gravedad: «Díme hijo, quantas son las letras?» Respondió el niño prontamente: «Señor Maestro, yo no lo sé, porque no las he contado.» — «Pues has de saber, continuó el Cojo, que son veinte y quatro, y si no cuéntalas.» Contólas el niño, y dixo con intrepidez: «Señor Maestro, en mi cartilla salen veinte y cinco.» — «Eres un tonto, le replicó el Maestro, porque las dos A a primeras no son mas que una letra, con forma ó con figura diferente.» Conoció que se havia cortado el chico, y para alentarle añadió: «no extraño que, siendo tú un niño, y no haviendo mas que un año que andas á la Escuela, no supiesses el número de las letras, porque hombres conozco yo, que están llenos de canas, se llaman doctíssimos, y se ven en grandes puestos, y no saben quantas son las letras del abecedario; pero assí anda el mundo!» Y al decir eso, arrancó un profundíssimo suspiro. «La culpa de esta fatal ignorancia la tienen las Repúblicas y los Magistrados, que admiten para Maestros de Escuela á unos idiotas, que no valian ni aun para monacillos; pero esto no es para vosotros, ni para aquí: tiempo vendrá en que sabrá el Rey lo que passa. Vamos adelante.»
7. «De estas veinte y quatro letras, unas se llaman bocales, y otras consonantes. Las bocales son cinco, a, e, i, o, u: llámanse bocales, porque se pronuncian con la boca.» — «Pues acaso las otras, señor Maestro (le interumpió Gerundico con su natural viveza), se pronuncian con el cu...?» y díxolo por entero. Los muchachos se rieron mucho; el Cojo se corrió un poco, pero, tomándolo á gracia, se contentó con ponerse un poco sério, diciéndole: «no seas intrépido, y déxame acabar lo que iba á decir. Digo, pues, que las bocales se llaman assí, porque se pronuncian con la boca, y puramente con la voz; pero las consonantes se pronuncian con otras bocales. Esto se explica mejor con los exemplos. A, primera bocal, se pronuncia abriendo mucho la boca, A.» Luego que oyó esto Gerundico, abrió su boquita, y, mirando á todas partes, repetia muchas veces a, a, a: tiene razon el señor Maestro. Y este prosiguió: «la E se pronuncia acercando la mandíbula inferior á la superior, esto es, la quijada de abajo á la de arriba, e.» — «A ver, á ver como lo hago yo, señor Maestro, dixo el niño, e, e, e: a, a, a, e: Jesus, y qué cosa tan buena!» — «La i se pronuncia acercando mas las quijadas una á otra, y retirando igualmente las dos extremidades de la boca hácia las orejas, i, i.» — «Dexe usted, á ver si yo sé hacerlo? i, i, i.» — «Ni mas ni ménos, hijo mio, y pronuncias la i á perfeccion. La O se forma abriendo las quijadas, y despues juntando los labios por los extremos, sacándolos un poco hácia fuera, y formando la misma figura de ellos como una cosa redonda, que representa una o.» Gerundillo con su acostumbrada intrepidez luego comenzó á hacer la prueba y á gritar o, o, o: el Maestro quiso saber si los demas muchachos havian aprendido tambien las importantíssimas lecciones que los acababa de enseñar, y mandó que todos á un tiempo y en voz alta pronunciassen las letras que les havia explicado. Al punto se oyó una gritería, una confusion, y una algarabía de todos los diantres: unos gritaban, a, a; otros e, e; otros i, i; otros o, o. El Cojo andaba de banco en banco, mirando á unos, observando á otros, y emendando á todos: á este le abria mas las mandíbulas, á aquel se las cerraba un poco; á uno le plegaba los labios, á otro se los descosía; y en fin era tal la gritería, la confusion y la zambra, que parecia la Escuela, ni mas ni ménos, al Choro de la Santa Iglesia de Toledo en las Vísperas de la Expectacion.[18]
8. Bien atestada la cabeza de estas impertinencias, y muy aprovechado en necedades y en extravagancias, leyendo mal y escribiendo peor, se volvió nuestro Gerundio á Campazas, porque el Maestro havia dicho á sus padres, que ya era cargo de conciencia tenerle mas tiempo en la Escuela, siendo un muchacho, que se perdia de vista, y encargándoles que no dexassen de ponerle luego á la Gramática, porque havia de ser la honra de la Tierra. La misma noche que llegó, hizo nuestro Escolin ostentacion de sus habilidades, y de lo mucho que havia aprendido en la Escuela, delante de sus Padres, del Cura del Lugar, y de un Frayle, que iba con Obediencia á otro Convento, porque de estos apénas se limpiaba la casa. Gerundico preguntó al Cura: «A que no sabe usted, quantas son las letras de la Cartilla?» El Cura se cortó, oyendo una pregunta, que jamas se la havian hecho, y respondió: «Hijo, yo nunca las hé contado.» — «Pues cuéntelas usted, prosiguió el chico, y va un ochavo á que, aun despues de haverlas contado, no sabe quantas son?» Contó el Cura veinte y cinco, despues de haverse errado dos veces en el a, b, c; y el niño, dando muchas palmadas, decia: «Ay! ay! que le cogí, que le gané, porque cuenta por dos letras las dos A a primeras, y no es mas que una letra escrita de dos modos diferentes.» Despues preguntó al Padre: «Vaya otro ochavo á que no me dice usted como se escribe burro; con b pequeña, ó con B grande?» — «Hijo, respondió el buen Religioso, yo siempre le he visto escrito con b pequeña.» — «No señor, no señor, le replicó el muchacho: si el burro es pequeñito, y anda todavía á la Escuela, se escribe con b pequeña; pero, si es un burro grande, como el Burro de mi padre, se escribe con B grande; porque dice señor Maestro, que las cosas se han de escribir como ellas son, y que por esso una pierna de baca se ha de escribir con una P mayor, que una pierna de carnero.» A todos les hizo gran fuerza la razon, y no quedaron ménos admirados de la profunda sabiduría del Maestro, que del adelantamiento del discípulo, y el buen Padre confessó, que, aunque havia cursado en las dos Universidades de Salamanca y Valladolid, jamas havia oído en ellas cosa semejante; y vuelto á Anton Zotes y á su muger, los dixo muy ponderado: «Señores hermanos, no tienen que arrepentirse de lo que han gastado con el Maestro de Villaornate, porque lo han empleado bien.» Quando el niño oyó arrepentirse, comenzó á hacer grandes aspamientos, y á decir: «Jesus! Jesus! qué mala palabra! arrepentirse! no señor, no señor, no se dice arrepentirse, ni cosa que lleve arre; que esso, dice señor Maestro, que es bueno para los burros, ó para las Ruecas (Requas querrás decir, hijo, le interrumpió Anton Zotes, cayéndosele la baba): Sí señor, para las Requas, y no para los Christianos; los quales debemos decir enrepentir, enremangar, enreglar el papel, y cosas semejantes.» El Cura estaba aturdido; el Religioso se hacia cruces; la buena de la Catanla lloraba de gozo; y Anton Zotes no se pudo contener sin exclamar: Vaya, que es bobada! que es la frase con que se pondera en Cámpos una cosa nunca vista ni oída.
9. Como Gerundico vió el aplauso, con que se celebraban sus agudezas, quiso echar todos los registros, y, volviéndose segunda vez al Cura, le dixo: «Señor Cura, pregúnteme usted de las bocales y de las consonantes.» El Cura, que no entendia palabra de lo que el niño queria decir, le respondió: De qué brocales, hijo? del brocal del pozo del Humilladero, y del otro que está junto á la Hermita de San Blas? — «No señor; de las letras consonantes, y de las bocales.» Cortóse el bueno del Cura, confessando, que á él nunca le havian enseñado cosas tan hondas. «Pues á mí sí», continuó el niño, y de rabo á oreja, sin faltarle punto ni coma, los encajó toda la ridícula arenga, que havia oído al Cojo de su Maestro sobre las letras vocales y consonantes; y en acabando, para ver si la havian entendido, dixo á su madre: «Madrica, como se pronuncia la A?» — «Hijo, como se ha de pronunciar: assí, A, abriendo la boca.» — «No madre; pero como se abre la boca?» — «Como se ha de abrir, hijo, de esta manera, A.» — «Que no es esso, señora: pero, quando usted la abre para pronunciar la A, qué es lo que hace?» — «Abrirla, hijo mio», respondió la boníssima Catanla. — «Abrirla! esso qualquiera lo dice: tambien se abre para pronunciar E, y para pronunciar I, O, U, y entónces no se pronuncia A. Mire usté, para pronunciar A, se baxa una quijada, y se levanta otra, de esta manera»: y, cogiendo con sus manos las mandíbulas de la madre, la baxaba la inferior, y la subia la superior, diciéndola, que quanto mas abriesse la boca, mayor seria la A que pronunciaria. Hizo despues, que el padre pronunciasse la E, el Cura la I, el Frayle la O, y él escogió por la mas dificultosa de todas la pronunciacion de la U, encargándolos, que todos á un tiempo pronunciassen la letra que tocaba á cada uno, levantando la voz todo quanto pudiessen, y observando unos á otros la postura de la boca, para que viessen la puntualidad de las reglas, que le havia enseñado el Señor Maestro. El metal de las voces era muy diferente; porque la Tia Catanla la tenia hombruna y carraspeña; Anton Zotes, clueca y algo aternerada; el Cura, gangosa y tabacuna; el Padre, que estaba ya aperdigado para Vicario de Choro, corpulenta y becerril; Gerundico, atiplada y de chillido. Comenzó cada uno á representar su papel y á pronunciar su letra, levantando el grito á qual mas podia: hundíase el quarto; atronábase la casa; era noche de Verano, y todo el Lugar estaba tomando el fresco á las puertas de la calle. Al estruendo y á la algazara de la casa de Anton Zotes, acudieron todos los vecinos, creyendo que se quemaba, ó que havia sucedido alguna desgracia: entran en la sala; prosiguen los gritos descompasados: ven aquellas figuras; y, como ignoraban lo que havia passado, juzgan que todos se han vuelto locos. Ya iban á atarlos, quando sucedió una cosa, nunca creída ni imaginada, que hizo cessar de repente la gritería, y por poco no convirtió la música en responsos. Como la buena de la Catanla abria tanto la boca para pronunciar su A, y naturaleza liberal la havia proveído de este órgano abundantíssimamente, siendo muger que de un bocado se engullia una pera de donguindo hasta el pezon, quiso su desgracia que se la desencajó la mandíbula inferior tan descompassadamente, que se quedó hecha un mascaron de retablo, viéndosela toda la entrada del esóphago y de la traquiarteria, con los conductos salivales, tan clara y distintamente, que el Barbero dixo descubria hasta los vasos lympháticos, donde excretaba la respiracion. Cessaron las voces; assustáronse todos; hiciéronse mil diligencias para restituir la mandíbula á su lugar; pero todas sin fruto, hasta que al Barbero le ocurrió cogerla de repente, y darla por debaxo de la barba un cachete tan furioso, que se la volvió á encajar en su sitio natural, bien que, como estaba desprevenida, se mordió un poco la lengua, y escupió algo de sangre. Con esto paró en risa la funcion; y, haviéndose instruído los concurrentes del motivo de ella, quedaron pasmados de lo que sabia el niño Gerundio, y todos dixeron á su padre que le diesse estudios, porque sin duda havia de ser Obispo.
CAPITULO VII.
Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento, no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate.
En esso estaba ya Anton Zotes; pero toda la duda era, si le havia de enviar á Villagarcía, ó á cierto Lugar no distante de Campazas, donde havia un Dómine, que tenia aturdida toda la Tierra, y muchos decian, que era mayor Latino que el famoso Taranilla. Pero la Tia Catanla se puso como una furia, diciendo, que primero se havia de echar en un pozo, que permitir, que su hijo fuesse á Villagarcía, á que se le matassen los Theatinos; porque su marido toadía tenia las señales de una guelta de azotes, que le havian dado en junta de Generales, solo porque de quando en quando bebia dos ó tres azumbres de vino mas de las que llevaba su estógamo, y porque se iba á divertir con las mozas del Lugar, que todas eran niñerías, y cosas que las hacen los mozos mas honrados, sin que pierdan por esso casamiento, ni dexen de cumplir honradamente con la Perrochia, como qualquiera Christiano viejo. Con esto, por contentarla, se determinó finalmente, que el muchacho fuesse á estudiar con el Dómine; y mas, que Anton Zotes afirmaba con juramento, que solo él havia construído la elegante Dedicatoria de su hermano el Gymnasiarca, sin errar punto: cosa, que no havian hecho los mayores Moralistas de todo el Páramo, ni ninguno de quantos Religiosos doctos se havian hospedado en su casa, aunque algunos de ellos havian sido Definidores.[19]
2. Luego, pues, que llegó San Lucas, el mismo Anton llevó á su hijo á presentársele y á recomendársele al Dómine. Era este un hombre alto, derecho, seco, cejijunto, y populoso; de ojos hundidos, nariz adunca y prolongada, barba negra, voz sonora, grave, pausada, y ponderativa, furioso tabaquista, y perpetuamente aforrado en un tabardo talar de paño pardo, con uno entre becoquin y casquete de cuero rayado, que en su primitiva fundacion havia sido negro, pero ya era del mismo color, que el tabardo. Su conversacion era taraceada de latin y de romance, citando á cada passo dichos, sentencias, hemistichios, y versos enteros de Poetas, Oradores, Historiadores, y Gramáticos Latinos antiguos y modernos, para apoyar qualquiera friolera. Díxole Anton Zotes, que aquel muchacho era hijo suyo, y que como padre queria darle la mejor crianza, que pudiesse. «Optime enim vero, le interrumpió luego el Dómine, essa es la primera obligacion de los padres, maxime quando Dios les ha dado bastantes conveniencias. Díxolo Plutarco: Nil antiquius, nil parentibus sanctius, quam ut filiorum curam habeant: iis præsertim quos Pluto non omnino insalutatos reliquit.» Añadió Anton Zotes, que él havia estudiado tambien su poco de Gramática, y queria que su hijo la estudiasse. «Qualis pater, talis filius, le replicó el Preceptor: aunque mejor lo dixo el otro, hablando de las madres y de las hijas:
De Meretrice puta, quod sit semper filia puta,
Nam sequitur leviter filia matris iter.
Lo que ya Vm. ve, quan fácilmente se puede acomodar á los hijos respecto de los padres; y obiter sepa Vm., que á estos llamamos nosotros versos Leoninos; porque, assí como el Leon (animal rugibile le define el Philósopho), quando enrosca la cola, viene á caer la extremidad de ella (cauda caudæ, cola de la cola la llamé yo en una Dedicatoria á la Ciudad de Leon) sobre la mitad del cuerpo ó de la espalda de la rugible fiera; assí la cola del verso, que es la última palabra, como que se enrosca y viene á caer sobre la mitad del mismo verso. Nótelo Vm. en el exámetro; puta-puta: clavado; despues en el pentámetro: iter-leviter, de quien iter es eco. Porque, aunque un moderno (quos Neotericos dicimus cultissimi Latinorum) quiera decir, que esto de los ecos es invencion pueril, ridícula, y de ayer acá; pace tanti viri, le diré yo en sus mismas barbas, que ya en tiempo de Marcial era muy usado entre los Griegos, juxta illud: Nusquam Græcula quod recantat echo. Y si fuera menester citar á Aristóteles, á Eurípides, á Callímaco, y aun al mismo Gauradas, que no porque sea un Poeta poco conocido, dexa de tener mas de dos mil años de antigüedad, yo le haria ver luce meridiana clarius, si era ó no era invencion moderna esto de los ecos: y luego le preguntaria, si era verisímil, que inventasse una cosa pueril y ridícula un hombre que se llamaba Gauradas. O furor! O insania maledicendi!»
3. — «Pues, señor, prosiguió Anton Zotes, este niño muestra mucha viveza, aunque no tiene mas que diez años.» — «Ætas humanioribus litteris aptissima (interrumpió el Pedante), como dixo Justo Lipsio; y aún con mayor elegancia en otra parte: decennis Romanæ linguæ elementis maturatus. Porque, si bien es verdad, que de essa, y aun de menor edad se han visto en el mundo algunos niños, que ya eran perfectos Gramáticos, Rhetóricos, y Poetas (quos videre sis apud Anium Viterbiensem de præcocibus mentis partubus); pero essos se llaman con razon monstruos de la naturaleza: monstrum horrendum, ingens. Y Quinto Horacio Flacco (quem Lyricorum Antistitem extitisse mortalium nemo iverit inficias) no gustaba de essos frutos anticipados, pareciéndole que casi siempre se malograban; y assí solemne erat illi dicere: odi puero præcoces fructus.» — «Y el Cojo de Villaornate, que fué su Maestro...» (iba á proseguir el buen Anton). — «Tenga Vm., le cortó el enlatinizado Dómine: Siste gradum, viator. El Cojo de Villaornate fué Maestro de este niño?» — «Sí, señor,» respondió el padre. — «O fortunate nate! exclamó el eruditíssimo Preceptor. O niño mil veces afortunado! Muchos Cojos famosos celebró la antigüedad, como lo avrá leído Vm. en el curiosíssimo tratado de Claudis non claudicantibus, de los Cojos que no cojearon, tomando el presente por el pretérito, segun aquella figura rhetórica, præsens pro præterito, á quien nosotros llamamos Enalage: tratado que compuso un Prevoste de los Mercaderes de Leon de Francia, llamado Monsiur Pericon, porque, sépalo usted de passo, en Francia hasta los Pericones son Monsiures, y pueden ser Prevostes. Imo potius, sin recurrir á tiempos antiguos, novissimis his temporibus, en nuestros dias huvo en la misma Francia un celebérrimo Cojo, llamado Gil Menage, que, aunque no fué cojo natura sua, al fin, sea como se fuesse, él fué cojo real y verdadero, esto es, cojo realiter & a parte rei, como se explica con elegancia el philósopho; y no obstante de ser cojo, él era hombre sapientíssimo: Sapientissimus claudorum quotquot fuerunt & erunt, que dixo doctamente Plinio el mozo. Pero, meo videri, en mi pobre juicio todos los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta, respecto del cojo de Villaornate; hablo, intra suos limites, en su linea de Maestro de Niños; y por esso dixe, que este niño havia sido mil veces afortunado en tener tal Maestro: O fortunate nate!»
4. — «No lo es ménos, prosiguió Anton Zotes, en que Vm. lo sea suyo.» — «Non laudes hominem in vita sua; lauda post mortem, dixo mesurado el Dómine. Son palabras del Espíritu Santo, pero mejor lo dixo el Profano:
Post fatum laudare decet, dum gloria certa.»
— «Señor Preceptor, mejor que el Espíritu Santo!» le preguntó Anton Zotes. — «Pues qué! ahora se escandaliza Vm. de esso? Quantas veces lo havrá oído en essos Púlpitos á Predicadores, que se pierden de vista? Assí el Profeta Rey; assí Jeremias; assí Pablo; pero yo de otra manera. Esso qué quiere decir sino: pero yo lo diré mejor? Præterquam quod: yo no digo que el dicho sea mejor, sino que está mejor dicho, porque las palabras de la Sagrada Escritura son poco á propósito para confirmar las reglas de la Gramática: Verba Sacræ Scripturæ Gramaticis exemplis confirmandis parum sunt idonea.» — «Esso ya lo leí yo en no sé qué libro, quando estudiaba en Villagarcía, replicó el buen Anton, y cierto que no dexé de escandalizarme.» — «A esse llaman los Theólogos, dixo el Dómine, scandalum pusillorum, escándalo de parvulillos; y aunque dicen que no debe despreciarse, y en este particular me parece que llevan razon, pero tambien dicen ellos otras mil cosas harto despreciables, por mas que ellos las digan.»
5. — «Yo no me meto en essas honduras, respondió el bonazo de Anton Zotes: y lo que suplico á Vm. es, que me cuide de este muchacho, que yo cuidaré de agradecérselo, y que le mire como si fuera padre suyo.» — «Prima magistrorum obligatio, respondió el Dómine, quos discipulis parentum loco esse decet, dixo á este intento Salustio. Es la primera obligacion del Maestro tratar á los discípulos como hijos, porque ellos están en lugar de padres. Y díme, hijo, le preguntó al niño Gerundio, mirándole entre recto y cariñoso, has estudiado algunos Cánones Gramaticales?» — «No señor, respondió el chico prontamente; los cañones que yo traigo no son Grajales, que son plumas de pato, que mi madre se las quitó á un pato grande, que tenemos en casa: no es assí, padre?» Sonrióse el Preceptor de la viveza y de la intrepidez del muchacho, y le dixo: «non quæro a te hoc, no te pregunto esso; pregúntote, si trahes alguna talega?» — «Señor, la talega era quando andaba en sayas; pero, despues que me puso calzones, me la quitó Señora madre.» — «Non valeo a risu temperare, dixo el Dómine, y enmedio de su grande seriedad soltó una carcajada, añadiendo: ingenium errando probat, aun en los desaciertos muestra su viveza. Hijo, lo que te pregunto es, si has estudiado algo del Arte?» — «Ah! esso sí Señor: ya llegué hasta Musa, æ.» — «No has de decir assí, querido; sino Musa, Musæ.» — «No Señor, no Señor: mi Arte no dice Musa, Musæ, sino Musa, æ.» — «Vaya, segun esso has estudiado en el Arte de Nebrija?» — «No, Señor, en mi Arte no está pintada ninguna Lagartija, sino un Leon muy guapo; mírele usté», y enseñóle el Leon, emblema, ó insignia de la Oficina, que está en la llana del fróntis.
6. No dexaron de caer en gracia á la rectíssima severidad del Preceptor las candideces de Gerundico; pero volviéndose al padre, le dixo en tono ponderativo: «Ecce tibi sebosus. Ve aquí uno de los errores tan crassos, como velas de sebo, que yo noto en este Arte de Nebrija, ó de la Cerda, de que usan los Padres de la Compañía, con quienes tambien estudié yo. Es cierto que son Varones sapientíssimos, pero son hombres, y hominum est errare: son agudos, son buenos ingenios, y muy despiertos; pero muy despierto y muy bueno fué el ingenio de Homero, y con todo esso quandoque bonus dormitat Homerus. Lo primero, comenzar la Gramática por Musa, Musæ, es comenzar por donde se ha de acabar: cæpisti qua finis erat: porque las Musas, esto es la Poesía, es lo último, que se ha de enseñar á los muchachos, despues de la Rhetórica. Argumento es este, que le he puesto á muchos Jesuítas, claríssimos Varones, y ninguno ha sabido responderme. Pero qué me havian de responder, si no tiene respuesta? Deinde, en la impression de muchos Artes, en lugar de poner Nominativo Musa, Genitivo Musæ, Dativo Musæ, Accusativo Musam, todo á la larga y por extenso; por ahorrar papel lo ponen en abreviatura: Nom. Musa. Gen. æ. Dat. æ. Accus. am. Y qué sucede? ó que los pobres chicos lo pronuncian assí, quod video quam sit ridiculum; que sea menester gastar tiempo malamente en enseñárselo á pronunciar; & nihil est tempore pretiosius. Pero, donde se palpan ad oculum los inconvenientes de estas abreviaturas, son en los Thesauros, ya sea de Salas, ya de Requejo. Va un niño á buscar un nombre, exempli causa, qué hay por Madre, y en lugar de encontrar mater, matris, halla mater, tris. Quiere saber qué hay por enviar, y en vez de hallar mitto, mittis, encuentra mitto, is. Busca qué hay por camisa, y en lugar de subucula, subuculæ, no lee mas que subucula, æ. Antójasele, como al otro muchacho, escribir á su madre una carta latina, para darla á entender lo mucho que havia aprovechado, en la qual la dice, que la envía una camisa sucia, para que se la lave, y encájala esta sarta de disparates: Mater, tris; mitto, is; subucula, æ; ut labo, as. Quid tibi videtur? Qué le parece á Vm. señor Anton Zotes?» — «Qué me ha de parecer? que, aunque havia oído mil cosas de la estupendíssima sabiduría de usted, y yo tenia alguna experiencia, pero haviéndole oído ahora, me he quedado aturdido, y, en llegando á mi Lugar, he de dar muchas gracias á la mi Catanla, porque me quitó de la cabeza el unviar al mi Gerundio á Villagarcía; pues, dempues de Dios, á ella se le debe el que m’ijo mereza tener tan doctíssimo Maestro.» Con esto se despidió del Preceptor, dexó á su hijo en una posada, y se restituyó á Campazas, donde luego que llegó, dixo á su muger y al Cura, que le estaban esperando á la puerta de la calle, que, si Gerundico havia tenido fortuna en topar con el Cojo de Villaornate, mas enfortunado havia sido entoadía en dar con un Maestro, como el Dómine, con quien le dexaba, porque era un Latino de todos los diantres, y que todos los Theatinos de Villagarcía juntos no llegaban al zancajo de su sabiduría. «Déxelo, señor, aquello era una Gabilonia: mas de una hora estuvimos palrando mano á mano, y á cada palabra, que yo le decia, luego me sacaba un rimero de testos en latin, que no parecia sino que los trahia en el balsopeto de una enguarina muy larga que tenia puesta. Por fin y por postre, el Cojo de Villaornate bien puede ser el Tuauten de los Maestros de Escuela; pero en linia de Preceptor, el Dómine de Villamandos es el per omnia secula seculorum, y miéntras Cámpos sea Cámpos, no havrá quien le desquite.»
7. Con efecto el paralelo no podia ser mas justo; porque, si el cultíssimo Cojo tenia una innata propension á todo lo extravagante en órden á la ortographía, y á la propiedad de la lengua Castellana, el Latiníssimo Dómine no podia tener gusto mas estrafalario en todo lo que tocaba á la Latinidad, comenzando por la Ortographía Latina, y acabando por la Poesía. A la verdad él entendia medianamente los Autores, y havia leído muchos; pero pagábase de lo peor, y sobre todo le caían mas en gracia los que eran mas retumbantes, y mas ininteligibles. Preferia la afectada pomposidad de Amiano y Plinio el mozo, á la grave magestad de Ciceron; la obscuridad y la dureza de Valerio Máximo, á la dulce elegancia de Tito-Livio; los entusiasmos de Estacio, á la elevacion sublime y juiciosa de Virgilio: decia que Marcial era un insulso, respecto de Catulo, y que todas las gracias del inimitable Horacio no merecian descalzar el menor de los chistes de Plauto. Los cortadillos de Séneca le daban grandíssimo gusto; pero de quien estaba furiosamente enamorado era de aquel sonsonete, de aquel paloteado, de aquellos triqui-traques del estilo de Cassiodoro; y, aunque no le havia leído sino en las aprobaciones de los libros, se alampaba por leerlas, assegurado de que hallaria pocas, que no estuviessen empedradas de sus cultíssimos fragmentos, porque Aprobacion sin Cassiodoro es lo mismo, que Sermon sin Agustino, y olla sin tocino.
8. Para él no havia cosa como un libro, que tuviesse título sonoro, pomposo, y altisonante, y mas si era alegórico, y estaba en él bien seguida la alegoría. Por esso hacia una suprema estimacion de aquella famosa obra, intitulada: Pentacontarchus, sive quinquaginta militum ductor; stipendiis Ramirezii de Prado conductus, cujus auspiciis varia in omni Litterarum ditione monstra profligantur, abdita panduntur, latebræ ac tenebræ pervestigantur & illustrantur. Quiere decir: El Pentacontarcho, esto es, el Capitan de cinquenta Soldados, á sueldo de Ramirez de Prado, con cuyo valor y auspicio se persiguen y se ahuyentan varios monstruos de todos los dominios de la Literatura, se descubren cosas no conocidas, se penetran los senos mas ocultos, y se ilustran las mas densas tinieblas. Porque, si bien es verdad, que el título no puede ser mas ridículo, y mas quando nos hallamos con que todo el negocio del señor Pentacontarcho se reduce á impugnar cinquenta errores, que al bueno de Ramirez de Prado le pareció haver encontrado en varias facultades; y no embargante de que á la tercera paletada se le cansó la alegoría, pues no sabemos que hasta ahora se hayan levantado Regimientos ni Compañías de Soldados, para salir á caza de monstruos ni de fieras, y mucho ménos que sea incumbencia de la Soldadesca examinar escondrijos, ni quitar el oficio á los candiles, á cuyo cargo corre esto de desalojar las tinieblas; pero el bendito del Dómine no reparaba en estas menudencias, y atronado con el estrepitoso sonido de Pentacontarcho, Capitan, Soldados, y estipendio, decia á sus discípulos, que no se havia inventado título de libro semejante, y que este era el modo de bautizar las obras en estilo culto y sonoroso. Por el mismo principio le caía muy en gracia aquella parentacion latina, que se hizo en la muerte de cierto personage llamado Fol de Cardona, Varon pio y favorecido con muchos consuelos celestiales; á la qual se la puso este oportuníssimo título: Follis spiritualis, vento consolatorio turgidus, acrophytio Sacræ Scripturæ armatus, manuque Samaritani applicatus. Es decir: Fuelle espiritual, hinchado con el viento de la consolacion, aplicado al Organo de la Sagrada Escritura, siendo su entonador el Samaritano. «Quien hasta ahora, decia el Pedantíssimo Preceptor, ha excogitado cosa mas discreta ni mas elegante? Si alguna pudiera competirla, era el incomparable título de aquel eloquentíssimo libro, que se imprimió en Italia á fines del siglo passado, con esta harmoniosa inscripcion: Fratrum Roseæ crucis fama scancia redux, buccina jubilæi ultimi, Evæ hyperboleæ prænuncia, montium Europæ cacumina suo clangore feriens, inter colles & valles Araba resonans: Fama recobrada de los hermanos de la Roja Cruz; Trompeta sonora del último Jubiléo, precursora de la hyperbólica Eva, cuyos ecos, hiriendo en las cumbres de los montes de Europa, retumban en los valles y en las concavidades de Arabia. Esto es inventar y elevarse, que lo demas es arrastrar por el suelo. Y no que los preciados de críticos y de cultos han dado ahora en estilar unos títulos de libros tan sencillos, tan claros, y tan naturales, que qualquiera vejezuela entenderá la materia de que se trata en la obra á la primera ojeada, queriéndonos persuadir, que assí se debe hacer, que lo demas es pedantería, nombre sucio y mal sonante.» Y al decir esto se espritaba de cólera el enfurecido Dómine. «Por toda razon de un gusto tan ratero y tan vulgar, nos alegan, que ni Ciceron, ni Tito-Livio, ni Cornelio Nepote, ni algun otro Autor de los del Siglo de Augusto, usaron jamas de títulos rumbosos, sino simples y naturales. Ciceronis Epistolæ: Orationes Ciceronis: Cicero de Officiis: Historia Titi-Livii: Annales Cornelii Taciti; y daca el Siglo de Augusto, torna el Siglo de Augusto, que nos tienen ensiglados y en-Augustados los sessos, como si en todos los Siglos no se huvieran estilado hombres de mal gusto, y que cometieron muchos yerros, como lo dice expressamente la Iglesia en una oracion que comienza: Deus qui errantibus, y acaba: per omnia secula seculorum. Digan Ciceron, Tito-Livio, y Tácito, y cien Tácitos, cien Tito-Livios, y cien Cicerones lo que quisieren, todo quanto ellos hicieron no llega al carcañal de aquella estupendíssima obra, intitulada: Amphitheatrum sapientiæ æternæ, solius, veræ, Christiano-Cabalisticum, divino-Magicum, necnon Physico-Chymicum, ter-triunum-Catholicum; instructore Henrico Conrath: Amphiteatro de la Sabiduría eterna, única, verdadera, Christiano-cabalístico, divino-Mágico, Phýsico-Chýmico, uni-trino-Cathólico, construído ó fabricado por Henrico Conrath. Que me den en toda la antigüedad, aunque entre en ella su Siglo de Augusto, cosa que se le parezca. Dexo á un lado aquella oportunidad de adjetivos encadenados, cada qual con su esdrújulo corriente, que son comprehensivos de todas las materias tratadas en el discurso de la obra. Despues de haverla llamado á esta Amphiteatro, qué cosa mas aguda, ni mas oportuna, ni mas al caso, que decir construído, fabricado, y no escrito, ni compuesto por Henr. Conrath, siguiendo la alegoría hasta la última boqueada? Si este no es primor, que me quiten á mí el crisma de la verdadera Latinidad.»
CAPITULO VIII.
Sale Gerundio de la escuela del Dómine, hecho un Latino horroroso.
Despues de haverse echado el Preceptor á sí mismo tan terrible maldicion, que, si por nuestros pecados le huviera comprehendido, quedaria la Latinidad Preceptoril defraudada de uno de sus mas ridículos ornamentos, passaba á instruir á sus discípulos de las buenas partes, de que se compone un Libro latino. «Despues del título del Libro, los decia, se siguen los títulos ó los dictados del Autor; y assí como la estruendosa, magnífica, é intrincada retumbancia del título excita naturalmente la curiosidad de los Lectores; assí los dictados, títulos, y empléos del Autor dan desde luego á conocer á todo el mundo el mérito de la Obra. Porque claro está, que viendo un Libro compuesto por un Maestro de Theología, un Cathedrático de Prima, y mas si es del Gremio y Claustro de alguna Universidad, por un Abad, por un Prior, por un Definidor: pues qué si se le añade un Ex á muchos de sus dictados, como Ex-Definidor, Ex-Provincial, &c. y se le junta que es Theólogo de la Nunciatura, de la Junta de la Concepcion, Consultor de la Suprema, Predicador de su Magestad de los del Número: sobre todo, si en los títulos se leen media docena de Protos, con algunos pocos de Archis, como Proto-Médico, Proto-Philo-Mathemático, Proto-Chýmico, Archi-Historiógrapho? De contado es una grandíssima recomendacion de la Obra, y qualquiera, que tenga el entendimiento bien puesto, y el juicio en su lugar, no ha menester mas para creer, que un Autor tan condecorado no puede producir cosa, que no sea exquisitíssima; y entra á leer el Libro ya con un conceptazo de la sabiduría del Autor, que le aturrulla. Bien hayan nuestros Españoles, y tambien los Alemanes, que en esso dan buen exemplo á la República de las Letras; pues, aunque no impriman mas que un Folleto, sea en latin, sea en romance, un Sermoncete, una Oracioncilla, y tal vez una mera Consulta Moral, ponen en el fróntis todo lo que son, y todo lo que fueron, y aun todo lo que pudieron ser, para que el Lector no se equivoque, y sepa quien es el sugeto que le habla; que no es ménos que un Lector Jubilado, un Secretario General, un Visitador, un Provincial, y uno que estuvo consultado para Obispo. Assí debe ser; pues sobre lo que esto cede en recomendacion de la Obra, se adelanta una ventaja, que pocos han reflexionado dignamente. Hoy se usan en todas partes Bibliothecas de los Escritores de todas las Naciones, en que á lo ménos es menester expressar la patria, la edad, los empléos, y las obras que dió á luz cada Escritor, de quien se trata. Pues con esta moda de poner el Escritor todos sus dictados, y mas, si tienen cuidado de declarar la patria donde nacieron, como loablemente lo practican muchos, por no defraudarla de essa gloria, diciendo: N. N. Generosus Valentinus, Nobilis Cesaraugustanus, clarissimus Cordubensis, & reliqua, ahorran al pobre Bibliothechista mucho trabajo, pesquisas y dinero; porque, en abriendo qualquiera Obra del Escritor, halla su vida escrita por él mismo, ante todas cosas.»
2. «Y aun por esso, no solo no condeno, sino que alabo muchíssimo á ciertos Escritores modernos, que, si se ofrece buena ocasion, se dexan caer en alguna obrilla suya la noticia de las demas Obras, que ántes dieron á luz, ya para que allí las encuentre juntas el curioso, y ya para que algun malsin no les prohije partos, que no son suyos, pues por la diversidad del estilo se puede sacar concluyentemente la suposicion del hijo espurio. Por este importantíssimo motivo se vió precisado á dar individual noticia de todas, ó casi todas las producciones, con que hasta allí havia enriquecido á la República Literaria cierto Escritor Neotérico, culto, terso, aliñado y exactíssimo Ortográphico hasta la prolixidad, y hasta el escrúpulo. Un Autor Columbino y Serpentino, que todo lo juntaba, pues decia el Pericon mismo, que se llamaba Fr. Columbo Serpiente, dió á luz un papelon, que se intitulaba: Derrota de los Alanos, contra el doctíssimo, el eloquentíssimo, y el modestíssimo M. Soto-Marne; pues no porque el Rey y el Consejo sean de parecer contrario, y le huviessen negado la licencia de escribir ó de imprimir contra esse pobre hombre del Maestro Feyjoó, nos quitan á los demas la libertad de juzgar lo que nos pareciere. Sospechóse y díxose en cierta Comunidad que el Autor del tal derrotado ó derrotador papel era Fulano. Ya se ve, qué injuria mas atroz, que esta sospecha! ni qué agravio mas público, que el discurso de quatro amigos en la Celda de un Convento! Monta en cólera el irritadíssimo Doctor: enristra la pluma, y escribe una Carta dirigida á cierto hermano suyo, que era casi-Lector en aquella Comunidad: dala á la estampa, y espárcela por España, para que venga á noticia de todos su agravio, y su satisfaccion, que sin duda era grandíssima. Y despues de haver tratado á la tal Derrota como merecia, llamándola derrota de la conciencia y la urbanidad, derrota de la lengua Castellana, derrota de la erudicion, derrota d’el gracejo, derrota d’el méthodo, derrota de la Ortographía, y derrota al fin de todas las derrotas, que toman las nobles plumas en el mar de la Crítica y de las Letras, añade: Nada hai en ella, que pueda llamarse cosa mia. Ni locucion, ni phrase, ni contextura, ni transiciones, ni el modo de traher las noticias, ni la falta de aliño, ni la impropiedad de las voces, ni la grosería d’el dicterio, ni lo ramplon de unos apodos, i la improporcion de otros: i para decirlo de una vez, ni aquella falta de aire subtilíssimo, que dá en los escritos á conocer sus Auctores, i no lo perciben mas que los entendimientos bien abiertos de poros. Que es lo mismo que decir: Hermano, si tus Frayles no fueran tan cerrados de poros, ó no tuvieron el entendimiento constipado, á mil leguas olerian, que no era, ni podia ser obra mia essa derrota; porque en todas mis Obras la locucion es tersa, la phrase culta, la contextura natural, las transiciones ni de encaje, el modo de traher las noticias, ni aunque vinieran en silla de manos; las voces propiíssimas, los dicterios delicados, los apodos no ramplones, sino con mas de quatro dedos de tacon. Aunque no fuera mas que por la Ortographía, qualquiera, que no estuviesse arromadizado, podria oler, que, si fuera cosa mia la Derrota, no permitiria, que se imprimiesse como se imprimió, aunque supiera quedarme sin borla. Permitir yo, que se escribiesse la conjuncion con la y Griega, y no con i Latina! Tolerar que en mis Obras se estampasse de el Padre, de la agua, de ayer acá, y no con el apóstrophe, que las dá tanta sal y tanto chiste, escribiendo d’ayer acá, de l’agua, d’el Padre! Vaya, que es falta de criterio, y no tener olfato para percibir aquel ayre subtilíssimo, que dá en los escritos á conocer sus Auctores: y el que no conociere, que mis escritos están llenos de este ayre, no vale para podenco; declárole por mastin.»
3. «Prueba perentoria de quanto digo sean mis producciones. Ahora entra lo que ántes os decia (continuaba el Dómine, hablando con sus discípulos) del cuidado que tienen los Escritores de mejor nota, no solo de authorizar sus Obras con todos sus dictados, sino de dexarse caer en alguna de ellas la importante noticia de todas las que las han precedido. Y no hablando de las Latinas, que á la sazon quando se escribió dicha Carta, se sabe que serian como media docena de Arengas, y otra tanta porcion de Dedicatorias: De las Hespañolas en prosa i verso (prosigue nuestro Autor), unas guardan clausura en el retiro de mi Celda.... otras andan como vergonzantes, embozadas siempre con los retazos de un acertijo, cuyo ribete es un anagramma: otras, en fin, llevan todo el tren de mis nombres i apellidos, campanillas i cascabeles. Y haveis de saber, hijos (interrumpia aquí el socarron del Dómine), que en esto de cascabeles son muchos los que los tienen. D’este calibre son (esto es, del calibre de los cascabeles) la aprobacion, que dí á un Sermon del P. M.... la que hice al Sermon de... la que está en el libro de las siestas de... una Oracion que pronuncié en el Capítulo de mi Orden, otra que dixe en las Exequias de... el libro de las siestas de... Y qué sé yo qué mas! Veis aquí una noticia curiosa, individual, y menuda de unas obras de grandíssima importancia, que qualquiera Autor que mañana quiera proseguir la Bibliotheca Hispana de Don Nicolas Antonio, las encuentra á mano en esta Carta, y por lo ménos hasta el año de 1750 sabe puntualmente todas las obras, que dió á luz nuestro gravíssimo Escritor, con sus nombres, apellidos, campanillas, y cascabeles.»
4. «Yo bien sé, que algunos Críticos modernos hacen gran burla de esta moda, tratándola de charlatanería y de titulomanía, con otras voces dissonantes, y piarum aurium ofensivas, pretendiendo, que es una vana ostentacion, y muy impertinente para dar recomendacion á la obra, pues dicen, que esta no se hace recomendable por los dictados del Autor, sino por lo bien ó mal dictada, que esté ella. Trahen-nos el exemplar de los Franceses y de los Italianos, que por lo comun nunca ponen mas que el nombre, el apellido, y á lo mas la profession del Autor, aun en las obras mas célebres y de mas largo aliento (gústame mucho esta phrase), como: Historia Romana por Monsieur Rollin. Mabillon, Benedictino, de la Congregacion de S. Mauro, de Re diplomatica. Historia Ecclesiástica, por el Abad Fleuri. Specimen Orientalis Ecclesiæ, Autore Joanne Bapt. Salerno, Societ. Jesu. Y aún nos quieren tambien decir, que los títulos, assí magníficos como ridículos, que han tomado algunas Academias, especialmente de Italia, no son mas que una graciosa sátyra, con que se ríen de los títulos, con que salen á la luz pública algunos Autores phantasmas: y que por esso unas Academias se llaman de los Seráphicos, de los Elevados, de los Inflamados, de los Olýmpicos, de los Parthénicos, de los Entronizados; y otras por el contrario, de los Obscuros, de los Infecundos, de los Obstinados, de los Ofuscados, de los Ociosos, de los Somnolientos, de los Inhábiles, de los Phantásticos. Pero, digan lo que quisieren estos desenterradores de las costumbres, usos, y ritos mas loables, y estos grandíssimos bufones y burladores de las cosas mas sérias, mas establecidas, y mas generalmente recibidas de hombres graves, doctos, y pios, yo siempre me tiraré á un libro, cuyo Autor salga con la comitiva de una docena de dictados, que acrediten bien sus estudios y su literatura, ántes que á otro, cuyo Autor parece, que sale al theatro en carnes vivas, y que no tiene siquiera un trapo, con que cubrir su desnudez. Esto parece que es escribir en el estado de la innocencia, y ya no estamos en esse estado. Obras de Fr. Luis de Granada, del Orden de Predicadores. Miren qué insulsez! Y qué sabemos quien fué esse Fr. Luis? Obras del P. Luis de la Puente, de la Compañía de Jesus. Otro que tal! Y por donde nos consta, que este Padre no fué por ahí algun Grangero ó Procurador de alguna Cabaña?»
5. «Y ya que viene á cuento, y hablamos de esta Religion, es cierto que en todo lo demas la venero mucho; pero en esto de los títulos de los libros y de los Autores, no dexa de enfadarme un poco: aquellos, por lo comun, son llanos y sencillos; y estos, por lo regular, salen á la calle poco ménos que en cueros: su nombre, su apellido, su profession, y tal qual su patria, por no confundirse con otros del mismo nombre y apellido, y santas pascuas. No parece sino que los Autores mas graves, los de primera magnitud, hacen estudio particular de intitular sus libros como si fueran por ahí la vida del Lazarillo de Tormes, y de presentarse ellos, como pudiera un pobre Lego pelon. De Religione: Tomus primus, Autore Francisco Suarez Granatensi, Societatis Jesu. De Concordia Gratiæ & liberi arbitrii: Autore Ludovico de Molina, Soc. Jesu. De Controversiis Tom. I, Autore Roberto Bellarmino, Soc. Jesu. Y, si alguno de estos añade Presbýtero, ya le parece, que no hay mas que decir. No alabo esta moda, ó acaso esta manía; y, por mas que me quieran decir, que es modestia, juicio, cordura, religiosidad, y aun en cierta manera mayor autoridad y gravedad, no me lo persuadirán quantos aran y caban, que parece son los Oradores mas persuasivos, que se han descubierto hasta ahora. Y sino díganme: dexan de ser modestos, cuerdos, religiosos, y graves aquellos Autores Jesuítas (no son muchos), que ponen á sus obras títulos magníficos y sonorosos, como Theopompus, Ars magna lucis & umbræ. Pharus scientiarum, etc. Y los otros que no dexan de decir si son ó fueron Maestros de Theología, y en donde, Doctores, Cathedráticos, Rectores? Díganme mas: no vemos que hasta los Reyes ponen todos sus títulos, dictados, y Señoríos en sus Reales Provisiones, para darlas mayor autoridad; y que lo mismo hacen los Arzobispos, Obispos, Provisores, y quantos tienen algo que poner, aunque sean títulos in partibus, ó del Kalendario, que dan señoría simple, sin carga de residencia? Solo el Papa se contenta con decir Benedictus XIV, Servus Servorum Dei, y acabóse la comission; pero essa es humildad de la Cabeza de la Iglesia, que no hace consequencia para los demas, y no debe traherse á colacion.» Estas últimas razones, aunque tan ridículas, hacian grandíssima fuerza á nuestro insigne Preceptor; y procuraba imprimírselas bien en la memoria á sus muchachos, para que supiessen, qué libros havian de escoger y de estimar.
6. De los títulos, assí de las obras como de los Autores, passaba á las Dedicatorias. En primer lugar ponderaba mucho la utilíssima y urbaníssima invencion del primero, que introduxo en el Orbe Literario este género de obsequios; pues, sobre que tal vez un pobre Autor, que no tiene otras rentas que su pluma, gana de comer honradamente por un medio tan lícito y honesto, logra con esto la ocasion de alabar á quatro amigos, y de cortejar á media docena de poderosos; los quales, si no fueren en la realidad lo que se dice en las Dedicatorias que son, á lo ménos sabrán lo que debieran de ser. En segundo lugar se irritaba furiosamente contra el Autor de las Observaciones Halenses, y contra algunos otros pocos de su mismo estambre, que con poco temor de Dios, y sin miramiento por su alma, dicen con grande satisfaccion, que esto de dedicar libros es especie de petardear, ó á lo ménos de mendigar: «Dedicatio librorum est species mendicandi; y aún no sé quien de ellos se adelanta á proferir, que el primer inventor de las dedicatorias fué un Frayle mendicante. Blasfemia! malignidad! ignorancia supiníssima! Pues no sabemos, que Ciceron dedicaba sus obras á sus parientes y á sus amigos? Y Ciceron fué Frayle mendicante? No sabemos que Virgilio dedicó, ó á lo ménos pensó dedicar su Eneida á Augusto? Y fué Frayle mendicante Publio Virgilio Maron? Finalmente no saben hasta los Autores Malabares, que Horacio dedicó á Mecénas todo quanto escribió, y que de ahí vino el llamarse Mecénas qualquiera á quien se dedica una obra, aunque por su alcurnia y por el nombre de pila se llame Pedro Fernandez? Y no me dirán, de qué Religion fué Frayle mendicante el Reverendíssimo P. Maestro Fray Quinto Horacio Flacco? Assí que, hijos mios, este uso de las Dedicatorias es antiquíssimo y muy loable, y no solo le han usado los Autores pordioseros y mendicantes, como dicen estos bufones, sino los Papas, los Emperadores, y los Reyes; pues vemos que S. Gregorio el grande dedicó el libro de sus Morales á S. Leandro, Arzobispo de Sevilla: Carlo Magno compuso un tratado contra cierto Conciliábulo, que se celebró en Grecia para desterrar las Santas Imágenes, y le dedicó á su Secretario Enginardo, y Henrique VIII, Rey de Inglaterra, dedicó al Papa, y á la Iglesia Cathólica, de quien despues se separó, el libro, que escribió en defensa de la Fé contra Luthero.»
7. — «Y, señor Dómine, le preguntó uno de los Estudiantes, como se hacen las Dedicatorias?» — «Con la mayor facilidad del mundo, respondió el Preceptor, diga lo que dixere cierto semi-autorcillo moderno, que se anda traduciendo libretes Franceses y quiere parecer persona, solo porque hace con el Francés lo que qualquiera Medianistilla con el Latin; siendo assí, que hasta ahora no hemos visto de su pegujal mas que una miserable Aclamacion del Reyno de Navarra en la Coronacion de nuestro Rey Fernando el VI (á quien Dios immortalice): por señas que la sacudió bravamente el polvo un papel, que salió luego contra ella, intitulado: Colirio para los cortos de vista; el qual, aunque muchíssimos dixeron, que no tocaba á la obrilla en el pelo de la ropa, y que en suma se reducia á reimprimirla en pedazos, añadiendo á cada trozo una buena rociada de desvergüenzas á metralla contra el Autor, y contra los que este alababa; y, aunque tambien es verdad, que immediatamente le prohibió la Inquisicion, pero en fin el tal papel ponia de vuelta y media y mas negro que su sotana al susodicho Autorcillo. Este, pues, en cierta Dedicatoria que acaba de hacer á un gran Ministro, nos quiere persuadir, solo porque á él se le antoja, que no hay en todo el País de la Eloquencia Provincia mas ardua, que la de una Dedicatoria bien hecha.»
8. «Yo digo que no la hay mas fácil, como se quiera tomar el verdadero gusto y el verdadero ayre de las Dedicatorias. Porque lo primero se busca media docena de substantivos y adjetivos sonoros y metaphóricos (y si fuere una docena, tanto mejor), los quales se han de poner en el fróntis del Libro, de las Conclusiones, ó de la Estampa de Papel (porque hasta estas se dedican), ántes del nombre y apellido del Mecénas, que sean apropriados, y vengan como de molde á su carácter y empléos. Por exemplo, si la Dedicatoria es latina y se dirige á un Señor Obispo, el sobre-escrito, la direccion, ó el epígraphe ha de ser á este modo: Sapientiæ Oceano, Virtutum omnium Abisso, Charismatum Encyclopædiæ, Prudentiæ Miraculo, Charitatis Portento, Miserationum Thaumaturgo, Spiranti Poliantheæ, Bibliothecæ Deambulanti, Ecclesiæ Tytani, Infularum mytræ, Hesperiæque totius fulgentissimo Phosphoro: Illmo. Dño. Domino meo D. Fulano de tal. Si la obra se dedica á una Santa Imágen, como se dixéramos á N. Señora de la Soledad, ó de los Dolores, hay mil cosas buenas de que echar mano; como Mari Amaro, Soli Bis-Soli, Orbis Orbatæ Parenti, Ancillæ Liberrimæ absque Libero, Theotoco sine filio, Confictæ non ficte Puerperæ, inquam, diris mucronibus confossæ sub Iconico Archetypo de tal y tal. Pero, si la Dedicatoria fuere de algun Libro Romancista, y se dirigiere á un Militar, aunque no sea mas que Capitan de Cavallos, entónces se ha de ir por otro rumbo, y ante todas cosas se ha de decir: Al Xerxes Español, al Alexandro Andaluz, al Cesar Béthico, al Cyro del Genil, al Tamborlan Europeo, al Kauli-Kan Cis-Montano, al Marte no-fabuloso, á D. Fulano de tal, Capitan de Cavallos Ligeros del Regimiento de tal. Y no encajar el nombre y el apellido del Mecénas de topeton, como lo estilan ahora los ridículos modernos, diciendo á secas: á D. Fulano de tal, á mi Señora Doña Citana de tal, á la Excma. Señora Duquesa de qual; que no parece sino sobre-escrito de Carta, que ha de ir por el correo.»
9. «Dedicatoria he visto yo muy ponderada por algunos ignorantes y boqui-rubios, dirigida al mismo Rey de España, la qual solo decia en el fróntis, AL REY, con letras gordas iniciales, sin mas principios, ni postes, caireles, ni campanillas. No puedo ponderar quanto me estomacó, moviéndome una nausea, que aun ahora mismo me está causando arcadas y bascas. AL REY! Pero á qué Rey, majadero? Pues no sabemos si es á alguno de los Reyes magos, al Rey Perico, ó al Rey que rabió. AL REY! Puede haver mayor llaneza? Como si dixéramos, á Juan Fernandez, ó á Perico el de los Palotes. AL REY! Díme, insolente, desvergonzado, y atrevido, es al Rey de bastos, ó al de copas? Nos quieren embocar los críticos y los cultos, que este es mayor respeto, mayor veneracion, y tambien mas profundo rendimiento, como que ningun Español puede ni debe entender por el nombre anthonomástico de Rey, á otro que al Rey de España, y como que lo mismo debieran entender todas las demas Naciones, puesto que no hay Rey en el mundo descubierto, que tenga tan dilatados dominios como nuestro Cathólico Monarcha, ni con algunos millares de leguas de diferencia. Vagatelas, y mas vagatelas! Por lo mismo era muy puesto en razon, que ántes de llegar á su Augusto nombre, se le diera á conocer, por lo ménos, con unos cinquenta dictados, ó inscripciones alegóricas, que fuessen poco á poco conciliando la expectacion y el assombro, los quales pudieran ser, como si dixéramos de esta manera: Al poderoso Emperador de dos mundos; al émulo del Sol, Phebo sublunar en lo que domina, como el celeste en lo que alumbra: al Archi-Monarcha de la tierra; y despues, para dar á entender sus Reales virtudes personales, añadir: Al depósito Real de la Clemencia; al coronado Archivo de la Justicia; al Sacro Augusto thesoro de la Piedad; al Escudo Imperial de la Religion; al Pacífico, al Benéfico, al Magnético, al Magnífico, al Cathólico Rey de las Españas FERNANDO el Sexto, Pio, Feliz, siempre Augusto, Rey de Castilla, de Leon, de Navarra, de Aragon, etc. y ir prosiguiendo assí hasta el último de sus Reales dictados. Lo demas es tratar al Rey como se pudiera á un hidalgo de polayna, y sacarle tan solo al theatro del papel, como si fuera uno de aquellos Reyes antiguos, que se andaban por essos campos de Dios, pastoreando ovejas, y ellos mismos llevaban los bueyes á beber en su propia Real persona.»
10. «Despues tampoco me gusta que se comience á hablar con el Rey, espetándole un Señor tan tiesso como un garrote, que ya no falta mas sino que añadan un Señor mio, como si fuera carta de oficio de algun Ministro superior á otro subalterno. Nuestros antepassados eran hombres mas respetuosos, y verdaderamente circunspectíssimos, pues nunca hablaban con el Rey, sin que comenzassen de esta manera: Sacra, Cathólica, Real Magestad, cosa que llenaba la boca de veneracion, y de contado se tenia ya hecho un pié magestuoso para un romance heroico, al modo de las coplas de Juan de Mena. He oído decir, que esta moda de tratar al Rey, llamándole Señor á secas, nos le han pegado tambien los Franceses, como otras mil y quinientas cosas mas, por quanto ellos, quando hablan con su Rey Christianíssimo, le encajan un Sire, in puris naturalibus; y vamos adelante. Válgate Dios por Franceses, y qué contagiosos que sois! Con que si á ellos se les antojara llamar Sirena á la Reyna, tambien nosotros se lo llamaríamos corrientemente á la nuestra? Y cierto que quedaria su Magestad muy lisongeada! Ellos tratan de Madama á la suya; y en verdad, que si á algun Español se le antojara tratar assí á la Reyna nuestra Señora, no le arrendaria yo la ganancia; salvo que fuesse por ahí algun Lego, ó algun Donado, de estos que son Santos y simples adredemente, que essos tienen licencia para tutear al mismo Papa, pues ahí está toda la gracia de su santidad. Por tanto, hijos mios, lo dicho dicho, y tomad bien de memoria estas importantíssimas lecciones.»
11. «Nunca imprimais cosa alguna, aunque sean unos tristes Quodlibetos, sin vuestra Dedicatoria al canto, que en esso no vais á perder nada, y de contado mal será, que no ahorreis por lo ménos el coste de la impression; pues no todos los Mecénas han de ser como aquel conchudo Papa (Dios me lo perdone) Leon X, á quien un famoso Alchimista dedicó un importantíssimo Libro, en que, como él mismo asseguraba, se contenian los mas recónditos arcanos de la Crysopeya, esto es, un modo facilíssimo de convertir en oro todo el hierro y todos los metales del mundo; y el bueno del Pontífice (perdónemelo Dios) por todo agradecimiento le regaló con un carro de talegos, para que recogiesse en ellos el oro que pensaba hacer: cosa, de que se rieron mucho los mal intencionados; pero los eruditos y verdaderamente literatos la tuvieron por mezquindad, y la lloraron con lágrymas de indignacion. Resuelta vuestra Dedicatoria, atacadla bien de epígraphes alegóricos, symbólicos y altisonantes; y si fuere á alguna persona Real, cuidado con tratarla como es razon, y que no salga en público sin su Compañía de Guardias de Corps, y sin su Guardia de Alabarderos, esto es, de epíthetos bien galoneados y bien montados, precedidos de epígraphes á mostachos, que vayan abriendo calle.»
12. «Y, aunque ya va un poco larga la leccion, por concluir en ella todo lo que toca á lo substancial de las Dedicatorias, quiero instruíros en otros dos puntos, que son de la mayor importancia. Autores Latinos hay tan Romancistas, que, quando llegan á poner los verdaderos títulos, que tienen los sugetos, á quienes dedican sus Obras, como Duque de tal, Conde de tal, Marques de tal, Señor de tal, Consejero de tal, &c. los ponen en un Latin tan llano, tan natural, y tan ramplon, que le entenderá una Demandadera, aunque no sepa leer ni escribir, solo con oírle, pues dicen muy á la pata llana: Duci de Medina-Celi; Comiti de Altamira; Marchioni de Astorga, Domino de los Cameros, Consiliario Regio, etc. Cosa ridícula! Para esso mas valiera decirlo como pudiera un Maragato. Quanto mas culto y mas Latino será decir: Cælico-Metimnensi; Doctori-Satrapæ; A Comitiis de Cacuminato-conspectu; Mœnium Asturicensum a Markis; Lecti-Fabrorum Dynastæ, a Penetralibus Regiis; y si no lo entendieren los Lectores, que aprendan otro oficio, porque essa no es culpa del Autor, el qual, quando se pone á escribir en Latin, no ha de gastar un Latin, que le entienda qualquiera Reminimista.»[20]
13. «Otra cosa es, quando los títulos no son verdaderos y reales, sino puramente symbólicos ó alegóricos, inventados por el ingenio del Autor; que entónces, para que se penetre bien toda la gracia y toda la oportunidad de la invencion, conviene mucho ponerlos llana y sencillamente. Explicaréme con un exemplo. El año de 1704, cierto Autor Aleman publicó una Obra Latina, intitulada: Geographia Sacra seu Ecclesiastica; Geografía Sagrada ó Eclesiástica. Dedicóla á los tres únicos Soberanos Príncipes hereditarios en el Cielo y en la Tierra: Tribus summis atque unicis Principibus hæreditariis in Cælo et in terra; esto es, á Jesu-Christo, á Frederico-Augusto, Príncipe Electoral de Saxonia, y á Mauricio Guillermo, Príncipe hereditario de las Provincias de Saxe-Ceitz: Christo, nempe, Frederico Augusto, Principi Electorali Saxoniæ, & Mauritio Wilhelmo, Provinciarum Saxo-Cizensum hæredi. Cosa grande! pero aún todavía la haveis de oír mucho mayor. Y qué títulos inventaria nuestro incomparable Autor para explicar los Estados, de que era Príncipe hereditario Jesu-Christo? Atencion, hijos mios, que acaso no leeréis en toda vuestra vida cosa mas divina; y lo que es yo, si fuera el inventor de ella, no me trocaria por Aristóteles ni por Platon.»
14. «Llama, pues, á Jesu-Christo en Latin claro y sencillo, como era razon que le usasse en esta importante ocasion, Imperator coronatus cælestium Exercituum; electus Rex Sionis, semper Augustus; Christianæ Ecclesiæ Pontifex Maximus, et Archi-Episcopus Animarum; Elector Veritatis, Archi-Dux Gloriæ; Dux Vitæ; Princeps Pacis; Eques Portæ inferni; Triumphator Mortis; Dominus hæreditarius Gentium; Dominus Justitiæ, et Patris Cœlestis a Sanctioribus Consiliis, etc. etc. etc. Quiere decir, porque es importantíssimo, que ninguno se quede sin entenderlo: es Christo coronado Emperador de los Exércitos celestiales; electo Rey de Sion, siempre Augusto; Pontífice máximo de la Iglesia Christiana, Arzobispo de las Almas; Elector de la Verdad; Archi-Duque de la Gloria; Duque de la vida; Príncipe de la Paz, Cavallero de la Puerta del Infierno; Triunfador de la Muerte; Señor hereditario de las Gentes; Señor de la Justicia, y del Consejo de Estado, y Gavinete del Rey su Padre celestial. Y añadió el Autor muy oportunamente tres & & &c.as, para dar á entender, que todavía le quedaban entre los deditos otros muchos títulos y dictados, y que de aquí á mañana los estaria escribiendo, si no bastaran los dichos, para que se conociesse los que podia añadir. Muchachos, encomendad esto á la memoria; aprendedlo bien; tenedlo siempre en la uña, que se os ofrecerán mil ocasiones, en que os pueda servir de modelo, para acreditaros vosotros, y para acreditarme á mí.»
15. «Falta decir dos palabritas sobre el cuerpo y el alma de las Dedicatorias. Supónese, que el Latin siempre ha de ser de boato, altísono, enrebesado, é inconstruible, ni mas ni ménos, como el Latin de una insigne Dedicatoria, que años ha me dió á construir el padre de Gerundio de Campazas, alias Zotes, y en verdad, que se la construí sin errar un punto, á presencia de todo el Arciprestazgo de San Millan, en la Romería del Christo de Villaquexida. Supónese tambien, que á qualquiera, á quien se le dedica una Obra, sea quien fuere, se le ha de entroncar por aquí ó por allí con el Rey Bamba, ó á lo ménos ménos con Don Veremundo el Diácono, sea por linea recta ó por linea transversal, que esso hace poco al caso, y es negocio de cortíssimo trabajo; pues ahí está Jacobo Guillermo Imhoff, Dinamarqués ó Sueco (que ahora no me acuerdo), famoso Genealogista de las Casas ilustres de España y de Italia, que á qualquiera le emparentará con quien le venga mas á cuento. Sobre este supuesto, ya se sabe, que la entrada de toda Dedicatoria ha de ser siempre exponiendo la causa impulsiva, que dexó sin libertad al Autor para emprehender aquella ossadía, la qual causa nunca jamas ha de ser otra, que la de buscar un poderoso Protector contra la emulacion, un escudo contra la malignidad, una sombra contra los abrasados ardores de la envidia, assegurando á rostro firme, que con tal Mecénas no teme ni á los Aristarchos, ni á los Zoylos; pues, ó acobardados no ossarán sacar las cabezas de sus madrigueras y escondrijos, ó, si tuvieren atrevimiento para hacerlo, serán ícaros de su temeridad, derretidas sus alas de cera á los encendidos centelleantes rayos de tan fogoso resplandeciente Padrino. Porque, si bien es verdad, que, aunque un Libro se dedique al Santíssimo Sacramento, si él es malo, hay hombres tan insolentes y tan mordaces, que, adorando al divino Objeto de la Dedicatoria, hacen añicos al Libro, y tal vez á la misma Dedicatoria no la dexan huesso sano; y mas de dos Libros de á folio he visto yo recogidos por la Inquisicion, con estar dedicados á Reyes, á Emperadores, y aun al mismo Papa, sin que los Mecénas hagan duelo de esso, ni se les dé un ardite, no hallándose noticia en la Historia de que jamas haya havido guerras entre los Príncipes Christianos por la defensa de un Libro, que se les haya dedicado; siendo assí, que muchas veces las ha havido por quítame allá essas pajas. Digo, que, aunque todo esto sea assí (por justos juicios de Dios, y por los pecados del mundo), en todo caso siempre debemos atenernos á aquel refran, que dice: Quien á buen árbol se arrima, buena sombra le acobija; y de una manera ó de otra, es indispensable de toda indispensabilidad, que toda Dedicatoria bien hecha se abra por este tan oportuno, como delicado y verdadero pensamiento.»
CAPITULO IX.
En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado.
Admirado estará, sin duda, el curioso Lector, de que, haviéndose dicho en el Capítulo antecedente, como salia en él de la Gramática el ingenioso y aplicado Gerundico, todavía le dexemos en ella, oyendo con atencion las acertadas lecciones de su Doctíssimo Preceptor, contra la fé de la Historia, ó á lo ménos contra la inviolable fidelidad de nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un poco de paciencia, y prestar oídos benignos á nuestras poderosíssimas razones, puede ser, que se arrepienta de la temeridad y de la precipitacion, con que ya en lo interior de su corazon nos ha condenado sin oírnos.
2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no llamarla ridícula servidumbre, esto de querer obligar á un pobre Autor á que cumpla lo que promete, no solo en el título de un Capítulo, sino en el título de un Libro. Qué Escritura de obligacion hace el Autor con el Lector para obligarle á esso, ni en juicio, ni fuera de él? Y assí vemos, que Autores, que no son ranas, ponen á sus Libros los títulos que se les antoja, aunque nunca tengan parentesco con lo que se trata en ellos, y ninguno los ha hablado palabra, ni por esso han perdido casamiento. Verbi gratia, al leer el título de Margarita Antoniana, ó de Antoniana Margarita, con que bautizó su Obra el famosíssimo Español Gomez Pereyra, que fué el verdadero Patriarcha de los Descartes, de los Newtones, de los Boyles, y de los Leibnitzes; quien no creerá, que va á regalarnos con algun curiosíssimo Tratado sobre aquella margarita ó aquella perla, que valia no sé quantos millones, con la qual, desatada en vino, ó en agua (que esto aún no está bien averiguado), brindó Cleopatra á la salud de su Antonio, ó se la dió á este de colacion en un dia de ayuno, que de una y otra manera nos lo cuentan las Historias? Pues no, señor, no es nada de esso. La Antoniana Margarita no es mas que un delicadíssimo Tratado de Philosophía, para probar que los brutos no tienen alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta ocasion, otras muchas opiniones de Aristóteles, que por larga serie de Siglos estaban en la quieta y pacífica possession de ser veneradas en las Escuelas, no solo como opiniones de tal Autor, sino como principios indisputables, que solo el dudar de ellos seria especie de herética pravedad: y no obstante aquel travieso, sútil, y litigioso Gallego, se atrevió á ponerles á pleyto la propiedad, ya que no pudiesse litigarles la possession. Pero por qué puso á su Obra un título tan distante del assunto? Por qué? por una razon igualmente fuerte que piadosa, y que ninguno se la impugnará: porque su padre se llamaba Antonio, y su madre Margarita; y ya que no se hallaba con caudal para fundar un Aniversario por sus almas, quiso á lo ménos dexar fundada esta agradecida memoria. Pues que se me vengan ahora á hacerme cargo, de que no cumplo lo que ofrezco en mis Capítulos.
3. Amen de esso: por grave que sea el Capítulo de un Libro, lo será nunca tanto como el Capítulo de una Religion? Y no obstante, quantas veces vemos, que nada de lo que se decia al principio del Capítulo sale despues al fin de él? Y qué Capítulo se ha declarado hasta ahora nulo, precisamente por este motivo? Finalmente, si un pobre Autor comienza á escribir un Capítulo con buena y sana intencion de sacarle moderado, y de justa medida y proporcion, y de cumplir honradamente lo que prometió al principio de él, y despues se atraviesan otras mil cosas, que ántes no le havian passado por el pensamiento, y le da gran lástima dexarlas; es possible que no se le ha de hacer esta gracia, ni dissimularle esta flaqueza, siendo assí, que á cada passo vemos en las conversaciones atravesarse especies, que interrumpen el hilo del assunto principal por una y por dos horas, y no por esso se hacen aspamientos, ántes bien se llevan en paciencia adversidades y flaquezas de nuestros próximos, y vamos adelante. Pues, por qué no se usará la misma charidad, y se exercitará la misma obra de misericordia con los Autores y con los Libros? Fuera de que, no seria gran lástima, que, solo por cumplir con lo que prometió el Capítulo inconsideradamente, sacássemos á nuestro Gerundio de la Gramática ántes de tiempo, y sin haver oído otras lecciones, no ménos curiosas que necessarias, con que enriquecia á sus discípulos el pedantíssimo Maestro?
4. Decíales, pues, que en sus composiciones Latinas, fuessen de la especie que se fuessen, se guardassen bien de imitar el estilo de Ciceron, ni alguno de aquellos otros estilos, á la verdad propios, castizos, perspicuos, y elegantes; pero por otra parte tan claros y tan naturales, que qualquiera Lector, por boto que fuesse, comprehendia luego á la primera ojeada lo que le querian decir. Esto por varias razones, todas á qual mas poderosas: la primera, porque hasta en las Sagradas Letras se alaba mucho á aquel no ménos valeroso que discreto Héroe, que trataba las Ciencias magníficamente: Magnifice etenim scientiam tractabat; y ciertamente nada se puede tratar con magnificencia, quando se usa de voces obvias, triviales, y comunes, aunque sean muy propias y muy puras. La segunda, porque, si no se procura tener atada la atencion de los lectores y de los oyentes con la obscuridad, ó á lo ménos, con que no esté á primer folio la inteligencia de la frase, enseña la experiencia, que unos roncan, y otros piensan en las babias, por quanto es muy volátil la imaginacion de los mortales. La tercera, porque, miéntras el Lector anda revolviendo Calepinos, Vocabularios, y Lexicones, para entender una voz, se le queda despues mas impresso su significado, y á vueltas de él la doctrina y el pensamiento del Autor. La quarta, y mas poderosa de todas, para que sepan essos Extrangerillos, que notan el Latin de los Españoles de despeluzado, incurioso, ó desgreñado, que tambien acá sabemos escribir á la papillota y sacar un Latin con tantos bucles, como si se huviera peynado en la calle de San Honorato de Paris: lo que no es possible que sea, miéntras no se ande á caza de frases escogidas, crespas, y naturalmente ensortijadas.
5. «Ahí teneis al Inglés, ó al Escocés Juan Barclayo (que yo no tengo ahora empeño, en que fuesse de Londres ó de Edimburgo), el qual no dirá exhortatio, aunque le quemen, sino parænesis, que significa lo mismo, pero un poco mas en Griego; ni obedire por obedecer, que lo dice qualquiera Lego, sino decedere, que, sobre tener mejor sonido, es de significado mas abstruso, por lo mismo que es equívoco. Llamar Prologus al Prólogo, qué Lego no entenderá esse Latin? llamarle Proœmium suena á zaguan de Lógica: Præfatio parece cosa de Missal, y luego ofrece á la imaginacion la idéa del Canto Gregoriano: llámese Alloquium, Ante-loquium, Præloquium, Præloquutio, y dexadlo de mi cuenta. Al estilo doctrinal llámesele siempre en Latin Stilus didascalicus, y cayga quien cayere: quando se quiera notar á algun Autor Latino, aunque sea de los mas famosos, de que aún no ha cogido bien el ayre de la lengua Romana, y que hasta en ella se descubre el propio de la suya Nacional, dígase: á Dios, te la depare buena, redolet Patavinitatem; porque, si bien es assí, que todavía no han convenido los Gramáticos en el verdadero significado de esta voz, qualquiera que la usa queda ipso facto calificado de un Latino, que se pierde de vista, elegante, culto, y terso. Sobre todo os encargo mucho, que ni á mí, ni á algun otro Preceptor, Maestro, ó Doctor, apellideis jamas con los vulgaríssimos nombres de Doctor, Magister, Præceptor. Jesus, qué parvulez, y qué patanismo! A qualquiera que enseñe alguna facultad, llamadle siempre Mystagogus; porque, aunque es cierto, que no viene á propósito, aun el mismo, que lo conoce, os lo agradecerá, por ser voz, que presenta una idéa mysteriosa y extraordinaria. La mejor advertencia se me olvidaba. Es de la mayor importancia: quando leais alguna Obra Latina, de las que están mas en voga (frase que me cae muy en gracia), decir de quando en quando: hic est Trasonismus, este es Trasonismo: y no os dé cuidado, que vosotros, ni los que os oyeren, entendais bien lo que en esso quereis decir; porque yo os empeño mi palabra de que los dexareis aturrullados, y arqueando los ojos de admiracion. Con esto, y con hacer grande estudio en no escribir jamas trabados los diphtongos de a y e, ni de o y e, como lo han hecho hasta aquí muchos Latinos honrados, sino con sus letras separadas, escribiendo, v. g. feminae en lugar de feminæ, y Phoebus en vez de Phœbus; con no contar las datas por los dias del mes, sino por las Kalendas, los Idus, y las Nonas; con guardaros mucho de no llamar á los meses de Julio y Agosto con sus nombres sabidos y regulares, sino con los de Quintilis y Sextilis, como se llamaban in diebus illis; y finalmente con desterrar los números Arábigos de todas vuestras composiciones Latinas, usando siempre de las letras Romanas, en vez de números, y essas dibujadas á la antigua, v. gr. para poner anno millesimo septingentesimo quinquagesimo quarto, año de mil-setecientos-y-cinquenta-y-quatro, no poner, como pudiera un Contador ó un Comerciante, anno 1754, sino an. CIↃ.DCC.LIV: digo, hijos mios, que con solo esto podeis echar piernas de latin por todo el mundo: et peream ego, nisi cultissimi omnium latinissimorum hominum audieritis.»
6. Muy atento estaba nuestro Gerundio á las lecciones del Dómine, oyéndolas con singular complacencia, porque como tenia bastante viveza, las comprehendia luego; y por otra parte, como eran tan conformes al gusto extravagante, con que hasta allí le havian criado, le quadraban maravillosamente. Pero como vió, que el Dómine inculcaba tanto en que el latin fuesse siempre crespo, y todo lo mas obscuro que fuesse possible; y por otra parte, en fuerza de la inclinacion, que desde niño havia mostrado á predicar, su Padrino el Licenciado Quijano le havia enviado los quatro tomos de Sermones del famoso Juan Raulin, Doctor Parisiense, que murió en el año de 1514, los quales, por ser de un latin muy llano, muy chavacano, y casi macarrónico, los entendia perfectamente Gerundico, dixo al Dómine muy desconsolado, hablándole en latin, porque havia pena para los que en el Aula hablassen en romance: Domine, secundum ipsum, quidam sermones latini, quos ego habeo in pausatione mea, non valebunt nihil, quia sunt plani, et clari sicut aqua: Pues, Señor, segun esso, unos Sermones Latinos, que yo tengo en mi posada, no valdrán nada, porque son llanos y claros como el agua. — Qui sunt hi sermones? le preguntó el Dómine: Qué Sermones son essos? — Sunt cujusdam Prædicatoris, respondió el chico, qui vocatur Joannes de... non me recordor, quia habet appellitum multum enrebesatum: Son de un Predicador, que se llama Juan de... no me acuerdo, porque tiene un apellido muy enrevesado. — De quo agunt? le volvió á preguntar el Dómine; de qué tratan? — Domine, respondió el muchacho, de multis rebus, quæ faciunt ridere: Señor, de muchas cosas, que hacen reír. — «Anda, ve, y tráhelos, le dixo el Preceptor, y veremos, qué cosa son ellos, y qué cosa es el latin.»
7. Partió volando el obediente Gerundio; traxo los Sermones; abrió el Dómine un tomo, y encontróse con el Sermon 3. de Viduitate, donde leyó en voz alta este admirable passage.
8. Dicitur de quadam vidua, quod venit ad Curatum suum, quærens ab eo consilium, si deberet iterum maritari, et allegabat, quod erat sine adjutorio, et quod habebat servum optimum, et peritum in arte mariti sui. Tunc Curatus dixit: Bene, accipite eum. E contrario illa dicebat: Sed periculum est accipere illum, ne de servo meo faciam Dominum. Tunc Curatus dixit: Bene, nolite eum accipere. Ait illa: quomodo ergo faciam? Non possum sustinere pondus illud, quod sustinebat maritus meus, nisi unum habeam. Tunc Curatus dixit: Bene, habeatis eum. At illa: sed si malus esset, et vellet me disperdere et usurpare? Tunc Curatus: non accipiatis ergo eum. Et sic Curatus semper juxta argumenta sua concedebat ei. Videns autem Curatus, quia vellet illum habere, et haberet devotionem ad eum, dixit ei, ut bene distincte intelligeret, quid campanæ Ecclesiæ ei dicerent, et secundum consilium campanarum quod ipsa faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit, juxta voluntatem suam quod dicerent: prends ton varlet, prends ton varlet. Quo accepto, servus egregie verberavit eam, et fuit ancilla, quæ prius fuerat domina. Tunc ad Curatum suum conquesta est de consilio, maledicendo horam, qua crediderat ei. Cui ille: non satis audisti, quid dicant campanæ. Tunc Curatus pulsavit campanam, et tunc intellexit, quod campanæ dicebant: ne le prends pas, ne le prends pas: tunc enim vexatio dederat ei intellectum.
9. No obstante la seriedad innata y congénita del gravíssimo Preceptor, afirma un Autor coetaneo, sýncrono, y fidedigno, que, al acabar de leer este gracioso trozo de Sermon, no pudo contener la risa; y, para que le entendiessen hasta los niños que havian comenzado aquel año la Gramática, mandó á Gerundio, que le construyesse. Este dixo, que de puro leerle se le havia quedado en la cabeza, y que sin construirle, si queria su merced, le relataria todo seguidamente, y aun le predicaria como si fuera mesmamente el mismo Predicador. Parecióle bien la proposicion, hizo silencio, dando sobre la mesa tres golpes con la palma: plantóse Gerundio con gentil donayre enmedio del general; limpióse los mocos con la punta de la capa; hizo la cortesía con el sombrero á todos los condiscípulos, y una reverencia con el pié derecho, á modo de quien escarba; volvió á encasquetarse el sombrero, gargajeó, y comenzó á predicar de esta manera, siguiendo punto por punto el Sermon de Juan Raulin.
10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su Cura á pedirle consejo, sobre si se volveria á casar, porque decia, que no podia estar sin alguno, que la ayudasse, y que tenia un criado muy bueno, y muy inteligente en el oficio de su marido. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con él. Mas ella le decia: pero está á pique, si me caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se haga amo mio. Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases tal. Pero ella le replicó: no sé, que me haga; porque yo no puedo llevar sola todo el trabajo que tenia mi marido, y he menester un compañero, que me ayude á llevarle. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con esse mozo. Mas ella le volvió á replicar: y si sale malo, y quiere tratarme mal, y desperdiciar mi hacienda? Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases. Y assí la iba respondiendo siempre el Cura, segun las proposiciones y las réplicas, que la viuda le hacia. Pero al fin, conociendo el Cura, que la viuda en realidad tenia gana de casarse con aquel mozo, porque le tenia passion, díxola, que atendiesse bien lo que la dixessen las Campanas de la Iglesia, y que hiciesse segun ellas la aconsejassen. Tocaron las Campanas, y á ella le pareció que la decian, segun lo que tenia en su corazon: ca-sa-te-con-él, ca-sa-te-con-él. Casóse, y el marido la azotó, y la dió de palos tan lindamente, passando á ser esclava, la que ántes era ama. Entónces la viuda se fué al Cura, quejándose del consejo, que la havia dado, y echando mil maldiciones á la hora, en que le havia creído. Entónces el Cura la dixo: sin duda, que no oíste bien lo que decian las Campanas. Tocólas el Cura, y á la viuda le pareció entónces, que decian clara y distintamente: no-te-cases-tal; no-te-cases-tal; porque con la pena se havia hecho cuerda.»
11. Aplaudió mucho el Dómine lo bien que Gerundio havia entendido el cuento del Predicador, y la gracia con que le havia recitado, conociendo, que sin duda havia de tener mucho talento para predicar: los condiscípulos tambien le vitorearon, y rieron mucho el cuento. Pero el Preceptor, volviendo á tomar la palabra, hizo algunas reflexiones sérias y juiciosas, acabando con otras, que no podian ser mas ridículas. «Por lo que toca al latin, dixo á sus discípulos, es muy chavacano, y aun los mismos, que gustan de latin claro y corriente, no le aprobarán, porque esse no tanto es claro y natural, quanto apatanado y soez (en lo qual tenia muchíssima razon). Pero haveis de notar una cosa, y es la poca razon, que tienen algunos señores Franceses para hacer mucha burla del latin de los Españoles, tratándonos de bárbaros en punto de Latinidad, y diciendo, que siempre hemos hablado esta lengua, como pudieran hablarla los Godos, y los Vándalos. Esto, porque huvo tal qual Autor nuestro, que realmente escribió en un latin charro y guedejudo, ó como latin de Boticario y Sacristan. Ea Monsiures, démonos todos por buenos, que si acá tuvimos nuestros Garcías, nuestros Cruces, y nuestros Pedros Fernandez, tambien ustedes tuvieron sus Raulines, sus Maillardos, sus Barletas, sus Menotos; y en verdad, que su Autor de ustedes, el célebre Monsieur du Cange, en el vocabulario, que compuso de la Baja Latinidad, la mayor parte de los exemplos que trahe, no los fué á buscar fuera de casa. Y de camino adviertan ustedes, que, quando allá en su Paris se usaba un latin tan elegante, como el del Doctor Juan Raulin, acá teniamos, dentro de aquel mismo Siglo, á los Montanos, á los Brocenses, á los Pereyras, á los Leones, y á otros muchos, que pudieran escupir en corro, y hablar barba á barba con los Tulios y con los Livios, que ustedes alaban tanto, aunque no sean de mi Parrochia, ni de mi mayor devocion.»
12. Esto, en quanto al latin, dixo el Dómine; mas por lo que mira á la substancia del Sermon, continuó, cansándose de hablar en juicio, ó dexándose llevar de su estrafalario modo de concebir: «por lo que mira á la substancia del Sermon, aunque de este Predicador no he leído mas que este trozo, desde luego digo, que fué uno de los mayores Predicadores, que ha havido en el mundo, y me iria yo hasta el cabo de él, solo por oírle. A mí me gustan tanto en los Sermones estos cuentecitos, estas gracias, y estos chistes, que Sermon, en que el Auditorio no se ria por lo ménos media docena de veces á carcajada tendida, no daria yo quatro quartos por él, y luego me da gana de dormir. Yo creía, que esta era una gracia privativa de algunos famosos Predicadores Españoles, y que en otras partes no se estilaba este modo de predicar, y de divertir á la gente; pero ahora veo, que todo el mundo es País; y aunque por una parte siento, que no tengan la gloria de ser los únicos en esto algunos de nuestros célebres Oradores, por otra no me pesa, que tambien participen de ella otras Naciones, porque lo demas seria envidia, y una especie de viciosa ambicion.» No echó esta leccion en saco roto nuestro Gerundico; porque, como desde niño havia mostrado tanta inclinacion á predicar, oía con especial gusto y atencion todo quanto podia hacerle famoso por este camino, y desde luego propuso en su corazon, que, si algun dia llegaba á ser Predicador, no predicaria Sermon, fuesse el que se fuesse, que no le atestasse bien de chistes y de cuentecillos.
13. Finalmente el bueno del Dómine instruía á sus discípulos en todas las demas partes, de que se compone la perfecta Latinidad, ó el perfecto uso de la Lengua Latina, con el mismo gusto, ni mas ni ménos, con que les havia instruído en el estilo. Decíales, que la Rhetórica no era arte de persuadir, sino arte de hablar; y que esso de andar buscando razones sólidas y argumentos concluyentes para probar una cosa, y para convencer al entendimiento, era una mecánica buena para los Lógicos, y para los Mathemáticos, que se andaban á caza de demonstraciones, como á caza de gangas; que el perfecto Rhetórico era aquel, que le atacaba, y le convencia con quatro fruslerías, y que para esso se havian inventado las figuras, las quales eran inútiles para dar peso á lo que de suyo le tenia, y que toda su gracia consistia en alucinar á la razon, haciéndola creer, que el vidrio era diamante, y oro el oropel. Enseñábales, que no gastassen tiempo, ni se quebrassen la cabeza en aprender lo que es Introduccion, Proposicion, Division, Prueba, Confirmacion, Aumento, Epílogo, Peroracion, ni Exortacion; porque eran cuentos de viejas, invenciones de modernos, y querer componer una Oracion Latina con la misma symetría, con que se fabrica una casa. No les dissimulaba, que Aristóteles, Demósthenes, Ciceron, Longino, y Quintiliano havian enseñado, que esto era indispensable, no solo para que una Oracion fuesse perfecta, sino para que mereciesse el nombre de Oracion; pero añadia, que essos havian sido unos pobres hombres, y porque ellos nunca havian sabido hablar en público de otra manera, dado les ha, que havian de hablar assí todos los que havian de hablar bien. Prueba clara de que no tenian razon, eran millares de millares de Sermones, que andaban por esse mundo de Dios, impressos de letra de molde, con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones de hombres muy científicos y muy sapientes, los quales havian sido oídos con un aplauso horroroso; y sabiendo todo el género humano, que los Sermones no son, ó no deberian de ser otra cosa, que una artificiosa y bien ordenada composicion de Eloquencia y de Rhetórica, en los susodichos no se hallaba pizca de toda essa faramalla y barahunda de Introduccion, Proposicion, Division, etc.; sino unos pensamientos brillantes, saltarines, y aparentes, á qual mas falso, sembrados por aquí y por allí, conforme se le antojaba al Predicador, sin convencimiento, persuasion, ni calabaza; y con todo esso fueron aplaudidos, como piezas de eloquencia inimitables, y se dieron á la prensa, para que se eternizasse su memoria. De todo lo qual, legítima y perentoriamente se concluía, que la verdadera Rhetórica y la verdadera eloquencia no consistia en nada de esso, sino principalíssimamente en tener bien decoradas las figuras Rhetóricas con los nombres Griegos y retumbantes, con que havia sido bautizada cada una, estando pronto el Rhetórico á dar su propia y adequada definicion, siempre que fuesse legítimamente preguntado. «Y assí, concluía el Dómine, dadme acá uno, que sepa bien quid est Epanorthosis, Ellypsis, Hyperbaton, Paralypsis, Pleonasmo, Synonymia, Hypotyposis, Epiphonema, Apostrophe, Prolepsis, Upobolia, Epitrophe, Periphrasis, y Prosopopeya; y que en qualquiera composicion, sea Latina, sea Castellana, use de estas figuras conforme se le entojare, vengan ó no vengan; que yo os le daré mas Rhetórico y mas eloquente, que cien Cicerones, y docientos Demósthenes, passados por alambique.» Assí, pues, todo el empeño del cultíssimo Preceptor era, que sus muchachos supiessen bien de memoria estas vagatelas; y á los que veía mas instruídos y mas expeditos en ellas, los decia lleno de satisfaccion y de vanidad: Andad, hijos, que ya podeis echar piernas de Rhetóricos por todos essos Estudios de Dios, y por todos essos Seminarios de Christo. Con efecto los Rhetóricos del Dómine Zancas-largas (este era su mote, ó su verdadero apellido) eran muy nombrados por toda la Rivera de Orbigo, y por todo lo que baña el famoso Rio Tuerto.
14. Finalmente las lecciones, que les daba sobre la Poesía Latina, última parte de todo lo que les enseñaba, eran primas hermanas de las otras, pertenecientes á las demas partes de la Latinidad. Contentábase con hacerlos aprender de memoria la Prosodía, la cantidad de las sýlabas, los nombres Griegos de los piés, dáctilo, spondeo, yambo, trochaico, pyrrichio, etc., aquellos que explicaban la uniformidad ó la variedad de las estrophas, monócolos, monóstrophos, dícolos, dístrophos, tetrástrophos, y que decorassen gran número de versos de los Poetas Latinos, única y precisamente para probar con ellos la cantidad de las sýlabas breves ó largas por su naturaleza; sin advertir, que esta regla no es absolutamente infalible, por quanto los mejores Poetas Latinos hicieron, no pocas veces, largas las sýlabas breves, y breves las largas, ó usando de la licencia Poética, ó tambien, porque, no embargante de ser Poetas, eran hombres y pudieron descuidarse, puesto que tal vez hasta el mismo Homero dormitó. Hecho esto, como los muchachos compusiessen versos, que constassen, mas que fuessen lánguidos, insulsos, y chavacanos, y aunque estuviessen mas atestados de ripio, que pared maestra de argamasa, no havia menester mas, para coronarlos con el laurel de Apolo. Una vez decia en el tema, ó en el romance, para una quartilla, estas palabras: Entónces se supo, con quanta razon castigó Dios al mundo con el Diluvio, y se fabricó el Arca de Noé. Compúsola en verso latino un discípulo de Zancas-largas, y dixo:
Dilubiumque, Arcamque Noe; tum qua ratione.
Por solo este admirable verso le dió el Dómine dos parces, y un abrazo, sin poderse contener. En otro tema se decia esta sentencia: Se deben tolerar las cosas, que no se pueden mudar, y un chico la acomodó en este bello pentamentro:
Quæ non mutari sunt, toleranda queunt.
Valióle doce puntos para su vanda, y una tarde de assueto. Mandó componer en una estropha de versos sáphicos este breve romance: Andrés Corbino convidó á Pedro Pagano, á que el Miércoles por la tarde fuesse á merendar á su casa, porque aquel dia se havia de hacer en ella la matanza de un cerdo. Un muchacho, que passaba por ingenio milagroso, le llevó el dia siguiente la siguiente estropha:
Domine Petre, Domine Pagane,
Corbius rogat, velis ut, Andreas,
Vesperi quarta mactabimus suem,
Ad se venire.
15. Faltó poco para que el Preceptor se volviesse loco de contento, y luego incontinenti le declaró Emperador perpetuo[21] de la vanda de Roma: hízole tomar possession del primer assiento, ó trono Imperial; mandó que provisionalmente fuesse laureado con una corona de malvas y otras yervas, por quanto no havia otra cosa mas á mano en uno, que se llamaba huerto, y era un erreñal de la casa del Dómine, miéntras se hacia venir de la montaña un ramo de laurel; y ordenó, que desde allí adelante, y por todos los siglos venideros, hasta la fin del mundo, fuesse habido, tenido, y reputado por el Archi-Poeta Paramés (era del Páramo el rayo del muchacho), para diferenciarle, y no confundirle jamas con Camilo Cuerno, Archi-Poeta de la Pulla.
16. Pararse el Dómine á explicar á sus discípulos, en qué consistia la alma y el divino furor de la Poesía; pedirle, que los hiciesse observar el carácter y la diferencia de los mejores Poetas; esperar, que los enseñasse á conocerlos, á distinguirlos, y á calificarlos; pretender, que los instruyesse, en que no se pagassen de atronamientos, ridiculeces, y puerilidades: no havia que pensar en esso, porque ni él lo sabia, ni él mismo se pagaba de otra cosa. Naturalmente se le iba la inclinacion á lo peor, que encontraba en los Poetas, como tuviesse un poco de retumbancia, ó algun sonsonetillo ridículo, insulso, y pueril. Por el primer capítulo, elevaba hasta las nubes aquellas dos bocanadas ó ventosidades poéticas de Ovidio:
Semi-bovemque virum, semi-virumque bovem:
Egelidum boream, egelidumque notum.
Y decia con grande satisfaccion, que en este Poeta no encontraba otra cosa que alabar. Por el segundo, no havia para él cosa igual á aquella recancanilla tan ridícula y tan fria de Ciceron, que para siempre le dexó tildado por tan pobre hombre entre los Poetas, como máximo entre los Oradores:
O fortunatam natam, me Consule, Romam!
17. Pero nada le assombraba tanto, como el divino ingenio de aquel Poeta oculto, que en solas dos palabras compuso un verso exámetro cabal, y ajustado á todas las reglas de la Prosodía, pero tan escondido, que sin revelacion apénas se puede conocer que es verso. Porque sin ella, quien dirá, que lo es este:
Consternabatur Constantinopolitanus?
Y con todo esso no le falta sýlaba. Assí, pues, todo su mayor empeño y todo su conato le ponia en enseñar á sus muchachos puntualmente todo aquello, que en materia de Poesía debieran ignorar, ó saberlo únicamente para abominarlo, ó para hacer de ello una solemníssima burla, como la hacen quantos hombres de pelo en pecho merecen hacerse la barba en el Parnasso. Por mal de sus pecados havia caído en sus manos cierta obra de un Escritor de este Siglo, intitulada: de Poesia Germanorum symbolica, de la Poesía symbólica de los Alemanes; en la qual se trata y se celebra la prodigiosa variedad de tantas especies de versos Leoninos, Alexandrinos, Acrósticos, Chronológicos, Geroglíficos, Cancrinos, Pyramidales, Laberýnthicos, Cruciformes, y otras mil varatijas, como ha inventado aquella Nacion, por otra parte docta, ingeniosa, y sesuda, pero en este particular, de un gusto tan extravagante, que ha dado mucho que admirar, y no poco que reír á las demas Naciones, aunque muy rara será aquella, á quien no la haya pegado este contagio; bien assí como el de las viruelas, que por lo comun solo se pegan á los niños, y á los muchachos de poca edad, de la misma manera esta ridiculíssima epidemia, por lo regular, solo cunde en Poetillas rapaces, que aún no tienen uso de razon poética; y, si tal vez inficiona á algun adulto, es mal incurable, ó punto ménos que desesperado.
18. A todas las demas castas de versos preferia Zancas-largas los que son de la peor casta de todos, esto es, los Leoninos ó aconsonantados, que fueron, en opinion muy probable, los que introduxeron en el mundo Poético la perversa secta de las rimas, ó de los consonantes, que con su cola de dragon arrastró tras de sí la tercera parte de las estrellas; quiero decir, que ha sido la perdicion de tantos nobles ingenios, los quales huvieran enriquecido á la posteridad con mil divinidades, y por estos malditos de consonantes (Dios me lo perdone), felizmente ignorados de toda la antigüedad, la dexaron un thesoro inagotable de pobrezas, de impropriedades, y de ripios insufribles. Encaprichado nuestro Dómine en su mal aconsejada opinion, juraba por los Dioses immortales, que toda la Ilíada de Homero, toda la Eneida de Virgilio, y toda la Pharsalia de Lucano, no valian aquel solo dísticho, con que Mureto hizo burla de Gambarra, Poeta Antuerpiense, salva empero la suciedad, la hediondez, y el mal olor, que esso no era de quenta de la Poesía.
Credite, vestratum merdosa volumina vatum
Non sunt nostrates tergere digna nates.
19. Por fin y por postre, los instruía en la que él llamaba divina ciencia de los Equívocos y de los Anagrammas; y de esta última con especialidad estaba furiosamente enamorado. «Un Anagramma perfecto, decia, es arte de artes, ciencia de ciencias, delicadeza de delicadezas, elevacion de elevaciones, en una palabra, es el Lydius lapis, ó la piedra de toque de los ingenios castizos, de ley, y de quilates. Donde hay en el mundo cosa, v. gr. como llamar bolo al lobo, y lobo al bolo, como decir pace al Gato, y zape al Buey, quando está paciendo? Pues qué? si en una oracion perfecta se dissimula no ménos que un nombre, y un par de apellidos, sin faltar ni sobrar sýlaba ni letra, como, por exemplo, el bello disfraz, con que el Autor de cierto escrito moderno ocultó, y salió en público con su nombre y aledaños, diciendo en el fróntis de la obra: Homo impugnat lites, y concluyéndola con un pinguet olim, que vale un Potosí, por quanto es perfectíssimo anagramma de sus dos apellidos, y una y otra oracion tienen unos significados propíssimos, y que se pierden de vista. Anagrammas hay imperfectos, que con ser assí que lo son, son de un valor inestimable, y en su misma imperfeccion tienen mas gracia, que toda la que se pondera en las insulseces de Owen y de Marcial. Por exemplo: el que hizo un Anagramma del apellido Osma, y dixo Asno, y sobra una pierna,[22] no merecia por este solo dicho, que le erigiessen una estatua en el Capitolio de Minerva? Y mereceria ménos el otro, que, haviendo encontrado en el nombre y apellido de cierto Obispo este anagramma: Tú serás Cardenal, pero sobraban dos ll, que no podia acomodar, añadió: Y sobran dos ll, para látigos de la posta, que ha de traher la noticia? Desengañémonos, que esto de los Anagrammas es cosa divina, digan lo que dixeren media docena de bufones, que los tienen por juego de niños, y que nos quieren decir, que aquello de Marcial: Turpe est difficiles habere nugas, et stultus labor est ineptiarum, está bien aplicado á los Anagrammatistas. Y ménos fuerza me hace la otra sátyra del indigesto Adrian de Valois, que, porque él no sabia, qual era su Anagramma derecho, cantó este bello epiphónema á deum de dere.
Citharœdus esse qui nequit, sit Aulœdus:
Anagrammatista, qui Poeta non sperat.
Vítor! y denle un confite por la gracia. Pues yo le digo, que el que no supiere hacer Anagrammas, no espere ser Poeta en los dias de su vida; y el que los hiciere buenos, tiene ya andado mas de la mitad del camino, para ser un Poetazo de á folio; porque, si la Poesía no es mas, que un noble trastornamiento de las palabras, los Anagrammas no son otra cosa, que un bello trastornamiento de las letras. Y váyase muy enhoramala el otro Colletet, ó Coletillo, que dixo con bien poco temor de Dios:
Esso de hacer Anagrammas,
Y andar trastornando letras,
Lo hacen solo los que tienen
Trastornada la cabeza.»
CAPITULO X.
En que se trata de lo que el mismo dirá.
Cinco años, quatro meses, veinte dias, tres horas, y siete minutos gastó nuestro Gerundio en aprender estas y otras impertinencias de la misma estofa (segun una puntualíssima leyenda antigua, que nos dexó exactamente apuntados hasta los ápices de la Chronología); y cargado, á entera satisfaccion del Dómine, de figuras, de reglas, de versos, de hymnos, y de lecciones de Breviario, que tambien hacia construir á sus discípulos y tomarlas de memoria, por ser un admirable prontuario para los Exámenes de Ordenes, se restituyó á Campazas un dia del mes de mayo, que nota el susodicho Chrónicon, havia amanecido pardo, y continuó despues lluvioso. Convienen todos los gravíssimos Autores, que dexaron escritas las cosas de este insigne hombre, en que, siendo assí, que el Dómine era grande azotador, y que especialmente en errando un muchacho un punto de algun hymno, la cantidad de una sýlaba, el acomodo de un Anagramma, y cosas á este tenor, iba al rincon irremissiblemente, aunque le atestasse el gorro de parces. Con todo esso, nuestro Gerundio era tan exacto en todo, y supo guardar tan bien su coleto, que en todo el susodicho tiempo, que gastó en estudiar la Gramática, no llevó mas que quatro cientas y diez vueltas de azotes, por quenta ajustada, que apénas salen tres cada semana: cosa, que admiró á los que tenian noticia del rigor y de la severidad de Zancas-largas. No causa ménos admiracion, que en todo el discurso de este tiempo no huviesse hecho Gerundio novillos del Estudio, sino doce veces, segun un Autor, ó trece, segun otro, y essas siempre con causas legítimas y urgentes; porque una los hizo por ir á ver unos Toros á la Bañeza, otra por ir á la Romería del Christo de Villaquexida, otras dos por ir á cazar pájaros con liga á una zarza, junto á una fuente, que havia tres leguas del Lugar, donde estudiaba, y assí de todas las demas; lo que acredita bien su aplicacion, y el grande amor que tenia al Estudio. Tambien asseguran los mismos Autores, que en todo él no havia muchacho mas quieto, ni mas pacífico. Jamas se reconocieron en él otros enredos, ni otras travesuras, que el gustazo que tenia en echar gatas á los nuevos, que iban á su posada: esto es, que despues de acostados, los dexaba dormir, y, haciendo de un bramante un lazo corredizo, le echaba con grandíssima suavidad al dedo pulgar del pié derecho ó izquierdo del que estaba dormido; despues se retiraba él á su cama con el mayor dissimulo, y tirando poco á poco del bramante, conforme se iba estrechando el lazo, iba el dolor dispertando al paciente, y este iba chillando, á proporcion que el dolor le afligia, el qual tambien iba creciendo, conforme Gerundio iba tirando del cordel: y como el pobre paciente no veía quien le hacia el daño, ni podia presumir, que fuesse alguno de sus compañeros, porque á este tiempo todos roncaban adredemente, fingiendo un profundíssimo sueño, gritaba el pobrecito, que las Brujas ó el Duende le arrancaban el dedo. Y si bien es verdad, que dos ó tres niños estuvieron para perderle, pero siempre se tenia por una travesura muy innocente, y mas diciendo Gerundio por la mañana, que lo havia hecho por entretenimiento, y no mas que para reír. Por lo demas era quietíssimo, pues havia semana, en que apénas descalabraba á media docena de muchachos; y en los cinco años bien cumplidos, que estuvo en una misma posada, nunca quebró un plato ni una escudilla; y lo mas que hizo en esta materia, fué en quatro ocasiones hacer pedazos toda la vasija, que havia en el basar; pero esso fué con grande motivo, porque un gato rojo, á quien queria mucho el Ama, le havia comido el torrezno gordo, que tenia para cenar. Su compostura en la Iglesia del Lugar, adonde todos los Estudiantes iban á oír Missa de Comunidad, era exemplar y edificante. No havia que pensar, que nuestro Gerundio volviesse la cabeza á un lado ni á otro, como veleta de Campanario, ni que tirasse de la capa al muchacho, que estaba delante, ni que, mojando con saliva la extremidad de una pajita, se la arrimasse suavemente á la oreja ó al pescuezo, como que era una mosca; ni mucho ménos, que se entretuviesse en hacer una cadena con lo que sobraba del cordon del justillo ó de la almilla, tirando despues por la punta, para deshacerla de repente. Todos estos enredos, con que suelen divertir la Missa los muchachos, le daban en rostro, y le parecian muy mal. Nuestro Gerundio siempre estaba con la cabeza fixa enfrente del Altar, y con los ojos clavados en las fábulas de Esopo, construyéndolas una y muchas veces con grandíssima devocion.
2. Vuelto á Campazas, quien podrá ponderar la alegría y las demonstraciones de cariño, con que fué recibido del Tio Anton, de la Tia Catanla, del Cura del Lugar, y de su Padrino el Licenciado Quijano, que eran los continuos commensales de la casa de Anton Zotes; y apénas havian salido de ella, desde que supieron, que ya havia ido la burra por Gerundio.[7]
3. Despues de los primeros abrazos, que le dieron todos, se quedaron atónitos y aturdidos al verle echar españadas de latin por aquella boca, que era un juicio. Hablóse luego, como era natural, del Preceptor, y el chico exclamó al instante: Proh Dii immortales! Mystagogus meus est homo, qui amittitur de conspectu: O Dioses immortales! Mi Maestro es un hombre, que se pierde de vista. Preguntáronle, si havia muchos muchachos? y al punto respondió:
Qui numeret stellas, poterit numerare puellas:
El que pudiere contar el número de las estrellas, podrá contar el número de los muchachos. Su Padrino el Licenciado Quijano, que era el ménos Romancista de todos los circunstantes, le dixo: «mira hombre, que puellas no significa muchachos, sino muchachas». — «Pace tua dixerim, Domine Dripane, le replicó su ahijado: puella puellæ es epiceno juxta illud: Uno epicena vocant Graii, promiscua nostri.» No tuvo qué responderle el Padrino, y solamente le preguntó, por qué le llamaba Dripane, que le sonaba á cosa de mote, y le parecia atrevimiento. «Neutiquam per medium fidium! le respondió Gerundio, sonriéndose, y como quien se burlaba de su ignorancia: Dripane est Anagrammaton de Padrine; et Anagrammaton figura est, qua unius vel plurium vocum litteræ transponuntur, vel invertuntur. Y assí, señor Padrino, con licencia de usted, y para que lo entiendan todos, si en lugar de decir mi Madre, dixera mi Merda, y en vez de decir Antonio Zotes, dixera ó Tina, ó Zesto, y sobran dos piernas, tan léjos estaria de perderlos el respeto, que usaria de una de las figuras mas delicadas y mas ingeniosas que hay en toda la Rhetórica.»
4. Con estas y otras necedades de la misma calaña, passaba Gerundio el tiempo, dando muestras de sus grandes progressos en la Latinidad, y esperando á que llegasse San Lucas, para dar principio á las Súmulas; quando ázia la mitad del Verano passó por su casa y se detuvo en ella algunos dias el Provincial de cierta Orden, Varon religioso y docto. Componíase su comitiva, como se acostumbra, de otro Padre grave, que era su Socio y Secretario, y de un Lego rollizo, despejado, mañoso, y de pujanza, que en los caminos servia para los menesteres de las posadas, y en los Conventos para los oficios de la Celda. Era el Lego de buen humor, nada gazmoño, y mucho ménos que nada escrupuloso. Dábale á Gerundio periquitos, rosquillas, y alcorzas, con que le havian regalado unas Monjas, cuyo Convento acababan de visitar. Con esto se le aficionó mucho el muchacho, y tambien con los cuentos y chistes, que contaba entre la familia, miéntras su Paternidad y el Secretario dormian la siesta, que el Lego no gustaba de dormir, y dicen, que los contaba con gracia. Por las tardes, luego que acababan de refrescar los dos Padres graves, el Lego se salia á passear con Gerundio, y este le llevaba unas veces á las Eras, otras al Humilladero, y otras al Majuelo de su padre, que linda con el Carrascal. En estas conversaciones vertia el muchacho todos los disparates, que havia aprendido con el Dómine; y, como el Lego le oía hablar tanto en Latin, que para él era lo mismo que Griego, y por otra parte el chico era bien dispuesto y desembarazado, parecíale, que podia ser muy á propósito para la Orden, y assí comenzó á cathequizarle.
5. Decíale, que en el mundo no havia mejor vida que la de Frayle, porque el mas topo tenia la racion segura, y en assistiendo á su Choro, santas pasquas; que el que tenia mediano ingenio iba por la carrera de Maestro, ó por la carrera de Predicador; y que, aunque la de las Leturías era mas lucida, la del Púlpito era mas descansada y mas lucrosa, pues conocia él Predicadores Generales,[23] que en su vida havian sacado un Sermon de su cabeza, y con todo esso eran unos Predicadores, que se perdian de vista, y havian ganado muchíssimo dinero; y que en fin, en jubilando por una ó por otro carrera, lo passaban como unos Obispos. «Pues qué, la vida de los Colegiales! que assí llamamos á los que están en los Estudios. Ni el Rey ni el Papa la tienen mejor, por lo ménos mas alegre. Algunas crugías passan con los Lectores, y con los Maestros de Estudiantes, si son un poco ridículos, ó zelosos de que estudien; pero qué importa, si se la pegan guapamente? Nunca comen mejor, que quando les dan algun pan y agua por flojos, porque no llevaron la leccion, ó porque se quedaron en la cama; pues entónces los demas compañeros los guardan en la manga lo mejor de su pitanza, y comen como unos Abades. Ahora: la bulla, la fiesta, la chacota, que tienen entre sí, quando están solos; los choscos que se dan unos á otros, esso es un juicio, y han sucedido lances preciosíssimos. Es verdad, que si los pillan lo pagan, y hay despojos que cantan mysterio: pero datus sunt passatus sunt. De la vida de los Novicios no se hable: ya se ve, que assisten siempre al Choro, que nunca faltan á Maytines, que ayudan las Missas, que tienen mucha oracion y muchas disciplinas, que andan con los ojos baxos, y con la cabeza colgando, á manera de higo maduro; pero esso es una friolera: en volviendo la suya el Maestro, ó en aquellos ratos de libertad y de assueto, que los dan de quando en quando, hay la zambra y la trisca, que se hunde el Noviciato: juegan á la gallina-ciega, á fiel-derecho, y á los batanes, que no hay otra cosa que ver.»
6. No se puede ponderar el gusto, con que oía nuestro Gerundio esta indiscreta pintura de la Vida religiosa, representada con mas imprudencia, que verdad; pues, descubriendo únicamente las travesuras de los religiosos imperfectos, ocultaba la severidad, con que se reprendian y se castigaban, dissimulando el rigor, con que se zelaba la observancia, y lo mucho que pide á todos sus individuos qualquiera Religion, por mitigada que sea. Pero al bueno del Lego le parecia, que como él, una por una, le metiesse al chico en el cuerpo la vocacion, hacia una gran cosa, y que lo demas allá lo veria. Con efecto se la metió tan metidamente, que desde luego dixo á su Cathequista, que, aunque le ahorcassen, havia de ser Frayle de su Orden, y que aquella misma noche havia de pedir el Hábito al Padre Provincial delante de sus padres. El Lego le dió un abrazo, dos corazones de alcorza, y un escapulario con cintas coloradas, y su escudo bordado de hilo de oro, con lo qual se le arraygó la vocacion, de manera que ya no le quitarian de ser Frayle, aunque le dieran el Curato de su mismo Lugar. Y mas, que el Lego le instruyó en el modo con que se havia de explicar con el Provincial, y que, despues de haver conseguido el sí, le havia de pedir, que él mismo fuesse su Padre de Hábito; pues de essa manera asseguraba su fortuna, por quanto el partido de su Paternidad era el que mandaba, y mandaria verisímilmente por algunos años, puesto que apénas havia Definidor, Jubilado, ni Prelado Conventual, que no fuesse hijo ó nieto de su Reverendíssima, esto es, ó discípulo suyo, ó discípulo de sus discípulos, y que assí se llevaba los Capítulos en el pico, disponiendo en ellos á destajo, quanto se le antojaba.
7. Siglos se le hicieron á Gerundio las horas, que faltaban hasta la de cenar, y llegada esta, se sentó á la mesa junto á sus padres, con el Provincial y Secretario, como acostumbraba: pero, en vez de que otros dias los divertia mucho con sus intrepideces, latines, anagrammas, y versos de memoria, que decia á borbotones, aquella noche, segun la instruccion del socarron del Lego, se mostró mustio, cabiz-baxo, y desganado. Picábanle por aquí y por allí, mas él apénas hablaba palabra; hasta que, levantados los manteles, el Provincial y el Secretario le hicieron sentar entre los dos, comenzaron á acariciarle mucho, y le preguntaron qué tenia. Despues que se hizo bien de rogar, y de burlas ó de veras se le assomaron algunas lagrymitas, dixo por fin y por postre, que queria ser Frayle de su Orden, y que, aunque fuesse á pié, se havia de ir tras ellos, hasta que le diessen el Hábito. Al oír esto la buena de la Catanla, volviéndose á su marido, puestas ó encrucijadas las manos, y meneando la cabeza, le dixo con la mayor bondad del mundo: No te lo dixe yo, mi Anton, que al cabo el chico havia de ser Flayre? No ves como se cumpre el prefacio de aquel bendito Lego, que pernosticó, que este niño havia de ser un gran Perdicador? Y volviéndose despues á Gerundio, echándole la bendicion, le dixo: Anda bendito de Dios, con la bendicion de su Divina Magestad, y con la mia; que, aunque te venia una Capellanía de sangre, y tu Padrino el Licenciado Quijano queria persignar en tí el Beneficio simpre de Berrocal de arriba, mas te quiero ver en un Cúlpito convirtiendo almas, que si te viera Arcipeste de todo el partido. Anton Zotes, que era bueno como el buen pan, solo respondió: Yo por mí, como sea buen Flayre, mas q’aga lo que quisiere, porque los padres no podemos quitar la voluntad á los hijos.
8. Viendo el Provincial lo poco, que havia que hacer por parte de los Padres, y conociendo, que el muchacho tenia en realidad viveza y habilidad, y que los disparates, que le havian enseñado, eran efectos de la mala Escuela, los que se podia esperar, que con el tiempo y con los libros los conociesse y emendasse, desde luego ofreció que le recibiria, y que él mismo le daria el Hábito, y seria siempre su Padre y su Padrino. Pero, como era Varon docto y Religioso, y el punto era tan sério, temió, que fuesse alguna veleydad de muchacho, ó que á lo ménos quisiesse abrazar aquel estado atolondradamente y sin conocimiento de lo que abrazaba; y para cumplir con su conciencia, con su oficio, y con su grande entendimiento, resolvió desengañarle delante de sus mismos padres, y assí le habló de esta manera.
9. «Sabes, hijo mio, lo que es el estado Religioso? Es una Cruz, en que se enclava el alma con los tres Votos Religiosos, desde el mismo punto en que los hace, y no se desprende de ella, hasta que espira. Es un martyrio continuado, que comienza quando se abraza, y se acaba quando se dexa, advirtiéndote, que solo se puede dexar, ó perdiendo la vida, ó abandonando la honra, y tambien con ella el alma. Es un estado de humildad, todo de mortificacion, y todo de obediencia. El que no se desprecia á sí mismo, esse es el mas despreciado de todos; ninguno es mas mortificado, que el que ménos se mortifica, con el desconsuelo de que padece mas, y merece ménos. Al que no quiere ser obediente, se le obliga á ser esclavo. Ves estas nevadas canas, que blanquéan mi cabeza? (al decir esto, se quitó un becoquin ó escofieta, que trahia en ella): pues sábete, que ha veinte años, que me la cubren, me la desfiguran, y desmienten los que tengo, que aún hoy faltan algunos para llegar á cinquenta; y nunca se anticipa tanto el color tardío de estas naturales plantas, sino quando las desseca el calor de las pesadumbres; y puedes observar, que apénas hay Religioso, que no encanezca por razon de estado muchos años ántes de lo que debiera por la edad. Ciertamente, que esta violencia, que se hace á la naturaleza, no puede tener regularmente otro principio, que la que se hace voluntaria ó involuntariamente al natural.»
10. «Como nunca has tratado mas Religiosos, que los que la caridad de nuestros hermanos y tus padres hospeda christiana y piadosamente en su casa, temo, que alguno ménos prudente (pues no podemos negar que en todas partes los hay,) te haya pintado la Religion, como aquel Pintor, que para ocultar la deformidad de Philipo, Padre de Alexandro, á quien le faltaba un ojo, le pintó á medio perfil, representándole solo por aquel lado de la cara, que no era defectuoso, y cubriendo el otro con el lienzo. Quiero decir, temo, que solo te hayan pintado á la Religion por donde puede agradarte, ocultándote artificiosamente aquello, por donde pudiera retraher tu natural inclinacion. Sí, hijo mio, hay en el estado Religioso hombres graves, justamente atendidos por sus méritos con privilegios y con exenciones; pero no hay, ni puede haver privilegios contra la obediencia, ni contra la observancia, ni hasta ahora se han descubierto en el mundo exenciones de las pesadumbres y de los trabajos. Qué importa, que á essos Padres graves les sobre quanto han menester en la Celda, si, en caso de no ser ajustados, los falta lo que mas necessitan en el corazon? Tampoco te negaré, que en la Religion mas estrecha se encuentran inobservantes, y tal vez se ve algun escandaloso. Pero tambien en el Cielo huvo Angeles apóstatas, en el Paraíso hombres inobedientes, y en el Colegio Apostólico un alevoso, un presumido, un inconstante, un incrédulo, y muchos cobardes, y ni el Cielo dexó de ser un Cielo, ni el Paraíso Paraíso, ni el Colegio Apostólico la Comunidad mas Santa, que ha havido, ni ha de haver en el mundo. No se llama perfecto un estado, porque no se hallen en él hombres defectuosos, sino porque, á los que lo son, se les corrige, y á los que no se corrigen, no se les tolera; porque, ó se les corta como miembros podridos, para que no inficionen á los sanos, ó se les conjura como á las tempestades, para que vayan á descargar, donde á ninguno hagan daño: quiero decir, que encerrados de por vida entre quatro paredes, ó la pena les hace entrar en sí mismos, y entónces son verdaderamente felices; ó, si con la desesperacion echan el sello á su desgracia, solo se perjudican á sí propios, y passan solos de un infierno á otro, del temporal al eterno. Assí, pues, hijo mio, si quieres ser Religioso, has de hacer ánimo á que, si fueres bueno, has de vivir y morir en una perpetua Cruz; si fueres malo, aun vivirás y morirás mas atormentado; y de qualquiera manera siempre te aguarda un martyrio, que durará miéntras te durare la vida. Yo he cumplido con lo que á mí me toca; tú ahora resolverás lo que te pareciere, en la inteligencia de que, si, no obstante la claridad con que te hablo, te determinares á abrazarte con la Cruz, yo, como Padre y como Padrino tuyo, que desde luego me constituyo por tal, aunque no pueda quitártela de los hombros, haré quanto me sea possible por aligerártela, salva siempre la religiosa observancia.»
11. Atentíssimos estuvieron Anton Zotes y la buena de Catanla á la discreta harenga del prudente y piadoso Provincial, y no dexaron de enternecerse un si es no es, tanto que la última tuvo necessidad de limpiarse los ojos y las narices, estas con el delantal, y aquellos con la punta de la toca. Pero Gerundio la oyó con grandíssima serenidad y sin ninguna atencion, pensando solo, como havia de jugar á fiel-derecho, quando estuviesse en el Noviciado; en dar ya trazas, como pegársela al Despensero, corriendo un par de raciones cada semana, y figurándose ya en su imaginacion el mayor Predicador de toda aquella tierra; confessando despues, que, miéntras el Provincial estaba hablando, él estaba ideando una plática de disciplinantes, para quando le echassen la Semana Santa de Campazas. A esto contribuyó tambien, que el bellacon del Lego se puso donde, sin ser visto del Provincial, pudiesse serlo de Gerundio, y, quando este ponderaba alguna cosa, aquel le guiñaba el ojo, y le hacia señas con la cabeza, como que no hiciesse caso de lo que le decia: con que, luego que acabó de hablar aquel Prelado, el muchacho se cerró en que queria ser Frayle, y que, si otros passaban por todas aquellas cosas, él tambien passaria por ellas, sin dar otra razon chica ni grande. Viéndole todos tan resuelto, se determinó, que lo que havia de ser tarde fuesse luego, porque, teniendo ya quince años, estaba en la mejor edad para entrar en Religion: y assí, dentro de dos dias, el Provincial, con su comitiva, acompañado de Gerundio, de su padre, de su madre, y del Licenciado Quijano, su Padrino, que quiso hacer la costa de la entrada, se fueron á un Convento de la Orden, no muy distante de Campazas, donde el mismo Provincial le puso por su mano el Hábito con grande solemnidad; y assí al Prelado de la Casa, como al Maestro de Novicios, se le dexó muy recomendado, al fin como cosa suya.
LIBRO SEGUNDO.
CAPITULO PRIMERO.
Concluído su Noviciado, passa á estudiar Artes.
Ya tenemos á Fray Gerundio en Campaña, como toro en plaza, Novicio hecho y derecho, como el mas pintado, sin que ninguno le echasse el pié adelante, ni en la puntual assistencia á los exercicios de Comunidad, porque guardaba mucho su coleto, ni en las travesuras que le havia pintado el Lego, quando podia hacerlas, sin ser cogido en ellas, porque era mañoso, dissimulado, y de admirable ligereza en las manos y en los piés. No obstante, como no perdia ocasion de correr un panecillo, de encajarse en la manga una racion, y en un santi-amen se echaba á pechos un Jesus, quando ayudaba al Refitolero á componer el Refectorio, llegó á sospecharse, que no era tan limpio como parecia, y assí el Refitolero como el Sacristan le acusaron al Maestro de Novicios, que, quando Fr. Gerundio assistia al Refectorio, ó ayudaba á las Missas, se acababa el vino de estas á la mitad de la mañana, y á un volver de cabeza se hallaban vacíos uno ó dos Jesuses, de los que juraria á Dios y á una Cruz, que ya havia llenado; y, aunque nunca le havian cogido con el hurto en las manos, pero que por el hilo se sacaba el ovillo, y que en Dios y en su conciencia no podia ser otra la lechuza,[24] que chupaba el aceyte de aquellas lámparas.
2. Era el Maestro de Novicios un bellíssimo Religioso, devoto y pio hasta mas no poder, pero sencillo y cándido como él mismo. En viendo á un Novicio con los ojos baxos, con la capilla calada, las manos siempre debaxo del escapulario, poco curioso en el hábito, traquiñándose al andar, y andando siempre arrimado á la pared, puntual á todos los actos de Comunidad, silencioso, rezador, y que en las recreaciones hablaba siempre de Dios; pues qué, si naturalmente era bien agestadillo y vergonzoso? si le pedia licencia para hacer mortificaciones y penitencias extraordinarias y ocultas, aunque nunca las hiciesse? si acudia frequentemente á comunicarle las cosas de su espíritu, y á darle quenta de los sentimientos, que tenia en la oracion, especialmente si havia algo, que oliesse á cosa de vision imaginaria? sobre todo, si en tono de caridad, de escrúpulo, ó de zelo, iba á contarle las faltas, que havia notado, ó que quizá solo havia aprendido en los otros su malicia? Para el buen Maestro no havia mas que pedir: no creeria cosa mala de este Novicio, aunque se la predicaran Frayles descalzos; y, si alguno le acusaba de alguna faltilla, lo tenia por envidia ó por emulacion, diciendo casi con lágrymas, que la virtud, hasta en los claustros, es perseguida. Los bellacos de los Novicios, aunque por la mayor parte de poca edad, ya tenian bastante malicia para conocer esta flaqueza ó esta bondad de su Maestro, y assí los mas ladinos se la pegaban tan lindamente, haciéndole creer, que eran los mas santos. Nuestro Gerundio no iba en zaga al mas raposilla de todos, ántes bien en esta especie de farándula los hacia muchas ventajas, y se sabia, que era el queridito del Maestro, y mas añadiéndose á su buen parecer, dissimulo, y afectada compostura el ser ahijado y tan recomendado de nuestro Padre Provincial; porque, si bien es verdad, que el Maestro de Novicios era Varon espiritual y mýstico, no embargante todo esso, á mayor gloria de Dios y por el mayor bien de la Religion, hacia con puríssima intencion su corte á los mandones, y no querria disgustar á un Padre grave, por quanto tuviesse el mundo.
3. En esta disposicion del Maestro, dicho se está lo mal recibidas que fueron las acusaciones del Refitolero y del Sacristan. Díxoles el bendito Varon, que conocian mal al Hermano Fr. Gerundio, y que no sabia, con qué conciencia hacian juicios tan temerarios y levantaban aquellos falsos testimonios á un Novicio tan Angelical; que, si supieran bien, quien era aquel mancebo, se tendrian por dichosos en poner la boca, donde él ponia los piés; y que, si era verdad, que les faltaba el vino, seria sin duda, porque el Diablo tomaba la figura del Santo Novicio para beberle, y para desacreditarle: concluyendo con decirlos, que, si la Orden tuviera media docena de Fr. Gerundios, essa media docena de Santos mas adoraria con el tiempo en los Altares.
4. Sucedió, que, miéntras el bueno del Maestro de Novicios estaba dando esta repasata á los dos Legos acusadores, el Angelical Fr. Gerundio passó (no se sabe, si por casualidad, ó por aviso que tuvo) por delante de la despensa, y, viendo á la puerta de ella una cesta de huevos, se embocó media docena en el seno, y con la mayor modestia del mundo siguió su camino para el Noviciado, y se fué derecho á la celda del Maestro, á darle cuenta de lo que le havia passado en la oracion de aquel dia. Entró, como acostumbraba, con los ojos clavados en el suelo, la capilla hasta como dos dedos sobre la frente, las manos en las mangas debajo del escapulario, sonroseado adredemente, para lo qual le vino de perlas la travesurilla, que acababa de hacer; y en todo caso (lo que era mucho del conjuro) amagando á una risita. Luego que el Maestro le vió entrar, se le renovó todo el cariño; mandóle sentar junto á sí, comenzó la cuenta de oracion, y comenzaron las mentiras, ensartando todas quantas se le vinieron á la cabeza, pero tan bien concertadas, y dichas con tanta gracia y con tanta compostura, que el bonazo del Maestro, sin poderse contener, se levantó de la silla y, para alentar mas y mas á su Novicio, le dió un estrechíssimo abrazo. En hora menguada se le dió; porque, como le apretó tanto en el Señor, se estrellaron en el pecho los huevos, que el Angelical mancebo trahia escondidos en él, y comenzaron á chorrear yemas y claras por el hábito abaxo, que parecia haverse vaciado el perol donde se batian los huevos para las tortillas de la Comunidad. El Maestro quedó atónito y confuso, y le preguntó al Novicio: «Pues, qué es esto, Hermano Fray Gerundio?» El santo mozo, que era assaz sereno y de imaginacion pronta y viva para salir con lucimiento de los lances repentinos, le respondió sin turbarse: «Padre, yo se lo diré á su Reverencia. Como ha dos meses, que su Reverencia me dió licencia para tomar disciplina en las espaldas, por no poderla ya tomar en otra parte, se me han hecho unas llagas, y llevaba estos huevos para ponerme una estopada; y no me atreví á decirlo á su Reverencia, porque su Reverencia no me privasse del consuelo de esta corta mortificacion.» Tragó el anzuelo el boníssimo Varon, y, pasmado de la estupenda mortificacion de su Novicio, volvió á darle otro abrazo, aunque ménos apretado que el primero, por no lastimarle en las llagas de las espaldas, y por no mancharse con la chorrera del hábito; y contentándose con advertirle blandamente, que mejor es la obediencia, que no los sacrificios, le despidió, dándole órden, de que se fuesse á mudar otra saya y otro escapulario.
5. Con estas trazas passó nuestro Fr. Gerundio su Noviciado, y hizo su profession inoffenso pede, sin que le faltasse voto; y, como todavía duraba el Provincialato de su Padrino y Padre de Hábito, le envió luego á estudiar las Artes á un Convento de los mas graves de la Provincia, sin que passasse por la regular aduana de Chorista, por dos ó por tres años, como passan los demas Frayles en canal, que no tienen arrimo.
6. Era Lector un Religiosito mozo, como de hasta treinta años escasos, de mediano ingenio, de bastante comprehension, de memoria feliz, estudianton de cal y canto, furiosamente Aristotélico, porque jamas havia leído otra Philosophía, ni podia tolerar, que se hablasse de ella; eterno disputador, para lo qual le ayudaba una gran volubilidad de lengua, una voz clara, gruessa, y corpulenta, una admirable consistencia de pecho, y una maravillosa fortaleza de pulmones: en fin, un Escholástico essencialmente tan atestado de voces facultativas, que no usaba de otras, ni las sabia, para explicar las cosas mas triviales. Si le preguntaban como lo passaba, respondia, materialiter, bien; formaliter, subdistingo; reduplicative ut homo, no me duele nada; reduplicative ut Religioso, no dexa de haver sus trabajos. En una ocasion se le quejó su madre, de que en las Cartas, que la escribia, no la hablaba palabra de su salud; y él la respondió: «Madre y Señoría mia, es cierto, que signate no decia á Vm. que estaba bueno, pero exercite ya se lo decia. Ahora pongo en noticia de Vm. como estoy explicando á mis discípulos la transcendencia á la intranscendencia del Ente: yo llevo la analogía, y niego la transcendencia. A mi hermana Rosa dirá Vm. que me alegro mucho lo passe bien, assí ut quo, como ut quod, y que, en quanto á las calcetas con que me regala, la materia ex qua me pareció un poco gorda, pero la forma artificial viene con todos sus constitutivos. De las quatro libras de chocolate, que Vm. me envía, diré in rei veritate lo que me parece: las qualidades intrínsecas son buenas, pero las accidentales le echaron á perder, por haver estado aplicado mas tiempo del conveniente á la naturaleza ignea, mediante la virtud combustiva. B. L. M. de Vm. su hijo inadæquate, et partialiter, y su Capellan totaliter, et adæquate. Fr. Toribio, Lector de Artes.»
7. Por aquí se puede sacar el carácter del P. Lector Fray Toribio, que en un argumento á todos se los llevaba de calle, porque con la voz sonora, con el pecho fuerte, con la lengua expedita, y con la abundancia de términos no havia quien le resistiesse, y assí le llamaban el azote de los concursos. Tenia atestada la cabeza de apelaciones, ampliaciones, alienaciones, equipolencias, reducciones, y de todo lo mas inútil y mas ridículo, que se enseña en las Súmulas, sirviendo solo para gastar el tiempo en aprender mil cosas inútiles. Exercitábase él, y hacia que sus discípulos se exercitassen, en componer contradictorias, contrarias, sub-contrarias, y sub-alternas, en todo género de proposiciones, en las cathegóricas, en las hypothéticas, en las simples, en las complexas, en las necessarias, en las contingentes, y en las de impossible, gastando meses enteros en estas vagatelas impertinentíssimas. Sobre la importante y gravíssima question de si Blictiri es término, era cosa de espiritarse; y, si alguno le queria defender, que la union era tan término, como todos los demas, y que en ella se resolvia la proposicion tan resolvidamente, como en el sugeto y en el predicado, era negocio de volverse loco, y á lo ménos no le faltaba un tris para perder el juicio.
8. El mismo exquisito gusto y la misma buena eleccion, que tenia en las Súmulas, mostraba en lo perteneciente á la Lógica. Aunque sabia muy bien, que esta no es mas que un arte, que ayuda á la razon natural á discurrir con penetracion y con solidez, enseñándola el modo de buscar y descubrir la essencia de las cosas, de formar diferentes idéas de una misma, segun los diversos respetos, nociones, ó formalidades, con que se presenta al entendimiento; y que estas diferentes formalidades, nociones, y respetos le dan bastante fundamento, no para que de una sola cosa haga dos, sino para que conciba, como si fueran dos, la que en realidad es una sola; y que, supuesta esta penetracion y esta division ideal, pueda ir despues raciocinando y discurriendo acerca de ellas, hasta llegar muchas veces á la demonstracion, y casi siempre á un prudentíssimo assenso: repito, que, aunque el buen P. Lector no ignoraba, que esta, y no otra, era la verdadera Lógica, de nada ménos cuidaba, que de instruir á sus discípulos en lo que conducia para esto, y de los nueve meses del Curso gastaba los siete en enseñarlos, lo que de maldita la cosa servia, sino de llenarles aquellas cabezas de idéas confusas, de representaciones impertinentes, y de idolillos, ó figuras imaginarias. Si consiste en un único hábito, qualidad, ó facilidad científica, ó en un complexo de muchos, correspondientes á la variedad de los actos logicales? Si es ciencia práctica ó especulativa? Si la docente se distingue de la utente, esto es, si la instruccion en las reglas se distingue del uso de ellas? Si su objeto es un entecillo duende, enteramente fingido por el entendimiento, ó una entidad, que tiene verdadero y real ser, aunque puramente intelectual? Si la Lógica artificial es tan necessaria para aprender otras Ciencias, que sin ella ninguna pueda aprenderse ni bien ni mal? Y assí de otras questiones proemiales, que de nada sirven, y para nada conducen, sino para perder tiempo, y para quebrarse la cabeza lo mas inútilmente del mundo.
9. Esto es, por paridad, como si un Maestro de obra prima (que assí se llama, no se sabe por qué, á los Zapateros), con un aprendiz, que quisiesse instruírse en el oficio, gastasse un mes en enseñarle, si la facultad zapateril era arte ó ciencia; y si arte, si era mecánico ó liberal? Otro en instruírle, si era lo mismo saber cortar, que saber coser, saber coser, que saber desvirar, ó si para cada una de estas operaciones era menester un hábito, ó instruccion científica, que las dirigiesse? — Señor, que yo quiero aprender á hacer zapatos. — Espérate tonto, como has de saber hacerlo, si no sabes si el objeto del arte zapateril es el zapato, que realmente se calza, ó aquel, que se representa en la imaginacion, como idéa del que despues se ha de hacer? — Señor, que yo no quiero hacer zapatos imaginarios, sino estos, que se palpan, se tocan, y se calzan. — Eres un Orate: por ventura sabrás nunca hacer essos zapatos, no estando bien enterado de si las reglas, que se dan para hacerlos, son ó no son diferentes del uso y práctica de ellas? — Señor, qué se me da á mí, que lo sean, ni dexen de serlo? Enséñeme usted essas reglas, pues ha quatro meses, que estoy en su casa, y hasta ahora ni siquiera una me ha enseñado. — Ven acá, idiota: como te las he de enseñar yo, ni como las has de aprender tú, miéntras no estés pleníssimamente instruído en que esta Arte, que llamamos de Obra prima, es en parte práctica, y en parte especulativa? Práctica, porque su fin es enseñar á hacer zapatos, ajustados, ayrosos y duraderos; especulativa, porque las reglas, que da para esso, es menester, que dirijan primero á la razon, sin lo qual no se gobernarian bien las manos. — Por vida de... (y echóle redondo), que Vm. matará á un Santo. Y dígame, señor, para que yo aprenda essas reglas, qué me importará saber, si el Oficio es plático, ó culativo, ó la perra, que me parió?
10. Si alguno fuera al Padre Lector con este quento, bien sé yo, que no lo havia de contar por gracia; porque, sobre abundar de un humor escolástico flavo-bilioso, que, hiriendo en un momento las fibras del celebro, se comunicaba rápidamente al corazon por el nervio intercostal, con movimiento crispatorio, y de aquí, por una instantanea repercussion, volvia al mismo celebro, donde agitaba con igual ó con mayor crispatura las fibras, que se ramifican en la lengua, estaba tan furiosamente posseído de todas estas vanas inutilidades, que era capaz de chocar con el mismo Sol, si pretendia alumbrarle en este punto. En primer lugar, luego daba en los hocicos con aquella prodigiosa multitud de hombres grandes, que se han ocupado loablemente en estas materias, y eran tenidos de todo el mundo por hombres sapientíssimos. Si alguno le replicaba, que los hombres mas sabios y los hombres mas grandes al fin son hombres, y que no se havian acreditado, ni de grandes, ni de sabios, por haver gastado el tiempo en essas fruslerías, sino por haver escrito grave y doctamente otras materias utilíssimas; y, si se havian empleado en aquellas impertinencias, no era por no conocer, que lo fuessen, sino porque la obediencia ó la política los havia precisado á no desviarse del camino carretero, y á seguir el uso comun: le faltaba poco para romperle los cascos, y, si lo dexaba de hacer, era de pura compassion, despreciándole como á un pobre mentecato. Despues echaba mano de aquel otro lugar comun, con que se defienden los que no tienen bastante valor ni bastante generosidad para confessar, que estas son impertinencias, diciendo, que sirven de mucho, aunque no sirvan de otra cosa, que de materia para aguzar los ingenios, y para exercitarlos en la disputa.
11. No havia que reponerle lo primero, que, siendo la Lógica la que enseña á discurrir y á disputar, parecia cosa ridícula comenzar á aprenderla arguyendo y disputando. Porque, ó ya se sabian las reglas de la disputa, ó se ignoraban: si se sabian, era ociosa la Lógica; si se ignoraban, como era possible, que se disputasse, sino diciendo en la materia y en la forma quatrocientos disparates? Y assí vemos, que las Artes mas mecánicas y los Oficios mas fáciles no se comienzan á aprender por el exercicio, sino á lo ménos por aquellas reglas generales, que son necessarias para saber imperfectamente exercitarle. No hay oficio mas fácil, que el de Aguador, porque en sabiendo echar al burro la albarda, y el camino del rio ó de la fuente, está aprendido el oficio: con todo es indispensable, ántes de ir por agua, saber echar la albarda al burro, y saber el camino. Si á un Aprendiz de Herrero le dixessen desde el primer dia, que hiciesse una sarten, se reiria del Maestro. Primero es menester darle una noticia general de todos los instrumentos del oficio, del uso particular de cada uno, del modo de manejarlos y de disponer la materia, para recibir la forma artificial, que se pretende darla; despues irle exercitando en lo mas fácil. Pues ahora: hay cosa mas graciosa, que comenzar disputando, si la Lógica docente se distingue de la utente, y empedrar por precision la disputa de toda la doctrina, que se da acerca de los hábitos naturales, infusos, y adquiridos, suponiendo ya sabido el modo, con que estos se engendran, y en que consiste la virtud, que tienen, para producir despues unos hijos, enteramente parecidos á sus abuelos, esto es á los actos, que engendraron á los hábitos; siendo assí, que el pobre niño no tiene idéa ni noticia de otros hábitos, que de los Hábitos largos de los Curas, ó de los Hábitos de los Frayles, que vió predicar la Quaresma y pedir el Agosto en su Lugar? Qué concepto formará de toda aquella algaravía de hábitos, de actos, de semejanza específica, de semejanza genérica, que es indispensable entienda, aun solo para penetrar los términos de la question, si nada de esto se le ha de explicar, hasta que estudie la Metaphýsica, ó la Animástica?
12. No havia que reponerle lo segundo, que tolerado, y no concedido, que, para exercitar el entendimiento en la disputa, fuesse conveniente excitar algunas questiones Proemiales, seria razon tomarlas de aquellos puntos históricos, que pertenecen al fin, invencion, progressos, y estado actual de la misma Lógica. Como v. gr. para qué fin fué inventada la Lógica, si solamente para enseñar á discurrir bien, ó para evitar, que otros no nos alucinassen con sofismas y con paralogismos? Si la Lógica es mas antigua ó mas moderna que la Philosophía en todas sus partes? Y aquí entraba naturalmente un curioso resúmen historial del orígen de la Philosophía, y de su division en tanta variedad de Sectas, la Iónica, la Itálica, la Cyrenaica, la Eliaca, la Megárica, la Cýnica, la Estoyca, la Académica, la Peripatética, la Eleánica, la Pyrrhónica ó Scéptica, la Epicuréa, y finalmente la Ecléctica, ántes de hablar de los diversos systemas de la Philosophía moderna. Hallaríase, que la Lógica, respecto de unas Sectas havia sido muy posterior, muy anterior respecto de otras, y respecto de algunas sýnchrona ó coetanea.
13. Despues se podia preguntar, si la Lógica se inventó por casualidad, ó de propósito? Y suponiendo, como suponen todos, que se inventó por casualidad, haciendo algunas observaciones para descubrir y para desembarazarse de los sofismas, se seguia la pregunta de quien fué el primero, que hizo estas observaciones y formó una coleccion de ellas, para enseñar y para abrir los ojos á los demas? Si Zenon Eleátes, si Sócrates, si Platon, si Aristóteles, ó si Speusippo? Y constando por la historia, que Zenon hizo algunas observaciones, Sócrates otras, y Platon otras, todos tres anteriores á Aristóteles, de quien Platon fué Maestro, preguntar, por qué, no obstante esso, se tiene comunmente á Aristóteles por inventor de la Lógica ó de la Dialéctica? A lo qual se ha de responder necessariamente, que porque fué el primero, que hizo una Coleccion de todas las observaciones de aquellos tres Philósophos, añadiendo él otras muchas de suyo, disponiéndolas en estilo didascálico ó instructivo, y dándolas un méthodo seguido, claro, conexo, y natural. Assí como Pedro Lombardo, por otro nombre el Maestro de las Sentencias, se llama regularmente el Inventor de la Theología Escolástica, no porque lo fuesse de los Tratados, de que se compone, sino porque los que estaban esparcidos y sin órden en las Obras de los Padres, especialmente Latinos, los reduxo á un méthodo uniforme en los quatro Libros de los Sentenciarios, disponiéndolos de manera, que formassen un cuerpo bien repartido de facultad y de doctrina; añadiendo de suyo, ademas de esso, el poner en estilo de Escuela y de disputa algunos puntos, que en las Obras de los Padres se leen en estilo puramente doctrinal.
14. Despues de todas estas questiones, se concluía naturalíssimamente con las pertenecientes á los progressos y estado actual de la misma Lógica: si Aristóteles la concluyó, ó la dexó imperfecta? si la que hoy tenemos es la misma, que enseñó aquel Philósopho, ú otra diferente? si la misma, aunque muy añadida, qué partes son las que se añadieron? quando? por quienes, y con qué ocasion ó motivo? y de estas partes añadidas, quales son necessarias, quales útiles, y quales impertinentes? Ve aquí unos Proemiales de mucha utilidad, de mucha curiosidad, y de muchos y bellos materiales, para que los entendimientos se exerciten en disputas históricas y críticas, pertenecientes á la misma Lógica, con tanto gusto como aprovechamiento. Pero ve aquí tambien lo que oía nuestro Padre Lector Fray Toribio, unas veces con una cólera espantable, y otras con una risa falsa y despreciativa, que le caía muy en gracia. Decia por toda respuesta, que todos eran tiquis-miquis, fruslerías de entendimientos superficiales, y que essos Proemiales eran buenos para una Lógica de corbatin ó de sofocante: en una palabra, admirables questiones para aquellos Lógicos, que leían Gacetas y encargaban á un corresponsal de Madrid, que los enviasse el Mercurio.
15. No puede omitir la Historia un caso curioso, que sucedió con nuestro escolasticíssimo Padre Lector. Cierto Padre Maestro de su misma Orden, hombre de vasta erudicion, y de igualmente grave que amena literatura, harto mejor instruído en lo que era verdadera Lógica y verdadera Philosophía, que el bendito Fray Toribio, viéndole tan escolastizado en aquellas vaníssimas sofisterías, y no pudiendo reducir á la razon aquella mollera endurecida y callosa, le dixo por burla cierto dia: «Pues de esse modo, Padre Lector, para usted no havrá en el mundo question mas importante, que aquella, que se defendió en Alemania: Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones?» Quedóse atónito y como pasmado al oír semejante question el Metaphysiquíssimo Fray Toribio; porque, aunque no havia Curso Thomista, Scotista, Suarista, Okamista, Nominalista, ni Baconista, que, á su parecer, no huviesse rebuelto, no hacia memoria de haver leído jamas aquella question in terminis. Suplicó al Padre Maestro, que se la volviesse á repetir; hízolo este con grande socarronería. Quedóse el Lector suspenso por un rato, como quien repassaba allá para consigo los términos de la question, queriendo penetrarlos; y despues de haver repetido dos ó tres veces en voz inteligible: Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones? Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones? dió una gran patada en el suelo, y prorrumpió, diciendo: Por el santo Hábito que visto, que mas quisiera ser Autor de esta question, que si desde luego me hicieran Presentado;[25] y concluído me vea yo en las primeras Sabatinas,[26] si no la defendiere en acto público, llevando la afirmativa. Rióse á su satisfaccion el bellacon del Maestro del fanático Lector, y para echar el sello á la burla, que estaba haciendo de él, le dixo con bufonada: «Hará bien, Padre Lector, hará bien; y muérase con el consuelo de que le podrán poner sobre la piedra este Epitaphio, que se puso sobre la sepultura de otro, que era de su mismo genio y gusto:
Hic jacet Magister noster,
Qui disputavit bis aut ter
In Barbara et Celarent,
Ita ut omnes admirarent
In Fapesmo et Frisesomorum;
Orate pro animis eorum.»
CAPITULO II.
Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra de ella.
La verdad sea dicha (porque, qué provecho sacará el curioso lector, de que yo infierne mi alma?), que, quanto mas cuidado ponia el incomparable Fr. Toribio en embutir á sus discípulos en estas inútiles sutilezas, ménos entendia de ellas nuestro Fr. Gerundio: no porque le faltasse bastante habilidad y viveza, sino porque, como el genio y la inclinacion le llevaban hácia el Púlpito, que contemplaba carrera mas amena, mas lucrosa, y mas á propósito para conseguir nombre y aplauso, le causaban tedio las materias Escolásticas, y no podia acabar consigo el aplicarse á estudiarlas. Por esso era gusto oírle las idéas confusas, embrolladas, y ridículas, que él concebia de los términos facultativos, conforme iban saliendo al teatro en la explicacion del Maestro. Llegó este á explicar los grados metaphýsicos de ente, substancia, criatura, cuerpo, etc., y por mas que se desgañitaba en enseñar, que todo lo que existe es ente; si se ve, y se palpa, es ente real, phýsico, y corporeo; si no se puede ver, ni palpar, porque no tiene cuerpo, como el alma y todo quanto ella sola produce, es ente verdadero y real, pero espiritual, immaterial, é incorporeo; si no tiene mas ser, que el que le dá la imaginacion y el entendimiento, es ente intelectual, ideal, é imaginario: siendo esta una cosa tan clara, para Fray Gerundio era una algaravía; porque, habiendo oído muchas veces en la Religion, quando se trataba de algun sugeto exótico y estrafalario, vaya que esse es ente, jamas pudo entender por ente otra cosa que un hombre irregular, ó risible por algun camino. Y assí, despues que oyó á su Lector las propiedades del ente, contenidas en las letras iniciales de aquella palabra bárbara R. E. V. B. A. U., quando veía á alguno de genio extravagante, decia, no sin vanidad de su comprehension escolástica: este es un Reubau, como lo explicó mi Lector.
2. Por la palabra substancia, en su vida entendió otra cosa, mas que caldo de gallina, por quanto siempre havia oído á su madre, quando havia enfermo en casa, voy á darle una substancia. Y assí se halló el hombre mas confuso del mundo, el año que estudió la Phýsica. Tocándole arguir á la question, que pregunta, si la substancia es immediatamente operativa? su Lector defendia que no; y Fray Gerundio perdia los estrivos de la razon y de la paciencia, pareciéndole, que este era el mayor disparate, que podia defenderse, pues era claramente contra la experiencia, y á él se le havia ofrecido un argumento, á su modo de entender demonstrativo, que convencia concluyentemente lo contrario. Fuése, pues, al General muy armado de su argumento, y propúsole de esta manera: El caldo de gallina es verdadera substancia; sed sic est, que el caldo de gallina es immediatamente operativo: luego la substancia es immediatamente operativa. Negáronle la menor, y probóla assí: Aquello, que, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente, es immediatamente operativo. Sed sic est, que el caldo de gallina, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente: luego el caldo de gallina es immediatamente operativo. Rióse á carcajada tendida toda la mosquetería del Aula; negáronle la menor de este segundo sylogismo; y él enfurecido, parte con la risa, y parte con que le huviessen negado una proposicion, que tenia por mas clara, que el Sol que nos alumbra, sale del General precipitado y ciego, sin que nadie pudiesse detenerle, sube á la Celda, llama al Enfermero, dícele, que luego luego le eche una ayuda con caldo de gallina, si por dicha havia alguno prevenido para los enfermos. El Enfermero, que le vió tan turbado, tan inquieto, y tan encendido, creyendo sin duda, que le havia dado algun accidente cólico, para el qual havia oído decir, que eran admirable específico los caldos de pollo, juzgando, que lo mismo serian los de gallina, va volando á su cocinilla particular, dispónele la lavatiba, y adminístrasela; hace prontamente un prodigioso efecto; llena una gran vasija, de las que se destinan para este ministerio, y, baxando al General sin detenerse, dixo colérico al Lector, al que sustentaba, y á todos los circunstantes: Los que quisieren ver si el caldo de gallina hace ó no hace obrar immediatamente, vayan á mi Celda, y allí encontrarán la prueba; y despues que se vayan á defender, que la substancia no es immediatamente operativa.
3. Este lance acabó de ponerle de muy mal humor con todo lo que se llamaba estudio Escolástico. Y, aunque algunos Padres graves y verdaderamente doctos, que le querian bien, procuraron persuadirle, que se dedicasse algo á este estudio, á lo ménos al de aquellas materias, assí Phýsicas, como Metaphýsicas, que no solo eran conducentes, sino casi necessarias para la inteligencia de las questiones mas importantes de la Theología en todas sus partes, Escolástica, Expositiva, Dogmática, y Moral, sin cuya noticia era impossible saber hacer un Sermon, sin exponerse á decir mil necedades, heregías, y dislates, no fué possible convencerle; ni, aunque le dieron algunos panes y agua, hasta llegar tambien á media docena de despojos, ni por essas se pudo conseguir, que se aplicasse á lo que no le llevaba la inclinacion, y mas haviendo en casa quien le ayudaba á lo mismo.
4. Era el caso, que por mal de sus pecados se encontró nuestro Fr. Gerundio con un Predicador mayor[27] del Convento, el qual era un mozalvete, poco mas ó ménos de la edad de su Lector, pero de traza, gusto, y carácter muy diferente.
5. Hallábase el Padre Predicador mayor en lo mas florido de la edad, esto es, en los treinta y tres años cabales. Su estatura procerosa, robusta, y corpulenta; miembros bien repartidos, y assaz symétricos y proporcionados; muy derecho de andadura, algo salido de panza; cuelli-erguido, su cerquillo copetudo, y estudiosamente arremolinado; hábitos siempre limpios, y muy prolixos de pliegues, zapato ajustado, y sobre todo su solidéo de seda, hecho de aguja, con muchas y muy graciosas labores, elevándose en el centro una borlita muy ayrosa; obra toda de ciertas Beatas, que se desvivian por su Padre Predicador. En conclusion, él era mozo galan, y juntándose á todo esto una voz clara y sonora, algo de cecéo, gracia especial para contar un cuentecillo, talento conocido para remedar, despejo en las acciones, popularidad en las modales, boato en el estilo, y osadía en los pensamientos, sin olvidarse jamas de sembrar sus Sermones de chistes, gracias, refranes, y frases de chimenéa, encajadas con grande donosura, no solo se arrastraba los concursos, sino que se llevaba de calles los estrados.
6. Era de aquellos cultíssimos Predicadores, que jamas citaban á los Santos Padres, ni aun á los Sagrados Evangelistas por sus propios nombres, pareciéndoles, que esta es vulgaridad. A San Mathéo le llamaba el Angel Historiador, á San Márcos el Evangélico Toro, á San Lucas el mas divino Pincel, á San Juan el Aguila de Patmos, á San Gerónimo la Púrpura de Belen, á San Ambrosio el Panal de los Doctores, á San Gregorio la Alegórica Thiara. Pensar, que al acabar de proponer el tema de un Sermon, para citar el Evangelio y el capítulo de donde le tomaba, havia de decir sencilla y naturalmente: Joannis capite decimo tertio: Matthæi capite decimo quarto, esso era cuento, y le parecia, que bastaria esso, para que le tuviessen por un Predicador Sabatino: ya se sabia, que siempre havia de decir: Ex Evangelica lectione Matthæi, vel Joannis capite quarto decimo; y otras veces, para que saliesse mas rumbosa la colocacion: Quartodecimo ex capite. Pues qué! dexar de meter los dos deditos de la mano derecha, con garbosa pulidez, entre el cuello y el tapacuello de la Capilla, en ademan de quien desahoga el pescuezo, haciendo un par de movimientos dengosos con la cabeza, miéntras estaba proponiendo el tema, y, al acabar de proponerle, dar dos ó tres brinquitos dissimulados, y, como para limpiar el pecho, hinchar los carrillos, y, mirando con desden á una y otra parte del Auditorio, romper en cierto ruído gutural, entre estornudo y relincho! esto afeytarse siempre que havia de predicar, igualar el cerquillo, levantar el copete, y, luego que, hecha ó no hecha una breve oracion, se ponia de pié en el Púlpito, sacar con ayroso ademan de la manga izquierda un pañuelo de seda de á vara y de color vivo, tremolarle, sonarse las narices con estrépito, aunque no saliesse de ellas mas que ayre, volverle á meter en la manga á compas y con harmonía, mirar á todo el concurso con despejo, entre ceñudo y desdeñoso, y dar principio con aquello de sea ante todas cosas bendito, alabado, y glorificado, concluyendo con lo otro de en el primitivo instantaneo ser de su natural animacion: no dexaria de hacerlo el Padre Predicador mayor en todos sus Sermones, aunque el mismo San Pablo le predicara, que todas ellas eran, por lo ménos, otras tantas evidencias de que allí no havia ni migaja de juicio, ni assomo de syndéresis, ni gota de ingenio, ni sombra de meollo, ni pizca de entendimiento.
7. Sí, andaos á persuadírselo, quando á ojos vistas estaba viendo, que solo con este preliminar aparato se arrastraba los concursos, se llevaba los aplausos, conquistaba para sí los corazones, y no havia estrado ni visita, donde no se hablasse del último Sermon, que havia predicado.
8. Ya era sabido, que siempre havia de dar principio á sus Sermones, ó con algun refran, ó con algun chiste, ó con alguna frase de bodegon, ó con alguna cláusula emphática ó partida, que á primera vista pareciesse una blasfemia, una impiedad, ó un desacato; hasta que, despues de tener suspenso al Auditorio por un rato, acababa la cláusula, ó salia con una explicacion, que venia á quedar en una grandíssima friolera. Predicando un dia del Mysterio de la Trinidad, dió principio á su Sermon con este período: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas; y paróse un poco. Los oyentes, claro está, comenzaron á mirarse los unos á los otros, ó como escandalizados, ó como suspensos, esperando en qué havia de parar aquella blasfemia heretical. Y quando á nuestro Predicador le pareció, que ya los tenia cogidos, prosigue con la insulsez de añadir: Assí lo dice el Evionista, el Marcionista, el Ariano, el Manichéo, el Sociniaino; pero yo lo pruebo contra ellos con la Escritura, con los Concilios, y con los Padres.
9. En otro Sermon de la Encarnacion, comenzó de esta manera; A la salud de ustedes, Cavalleros; y, como todo el Auditorio se riesse á carcajada tendida, porque lo dixo con chulada, él prosiguió, diciendo: «No hay que reírse, porque á la salud de ustedes, de la mia, y la de todos, baxó del Cielo Jesu-Christo, y encarnó en las Entrañas de María. Es artículo de Fé. Pruébolo: Propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de cœlis, et incarnatus est.» Al oír esto, quedaron todos como suspensos y embobados, mirándose los unos á los otros, y escuchándose una especie de murmurío en toda la Iglesia, que faltó poco para que parasse en pública aclamacion.
10. Havia en el Lugar un Zapatero, truhan de profession y eterno decidor, á quien llamaban en el Pueblo el azote de los Predicadores, porque en materia de Sermones su voto era el decisivo. En diciendo del Predicador: Gran pájaro! pájaro de quenta! bien podia el Padre desvarrar á tiros largos, porque tendria seguros los mas principales Sermones de la Villa, incluso el de la Fiesta de los Pastores, y el de San Roque, en que havia Novillos y un Toro de muerte. Pero, si el Zapatero torcia el hozico, y al acabar el Sermon decia: Polluelo! Cachorrillo! Iráse haciendo; mas que el Predicador fuesse el mismíssimo Vieyra, en su mesma mesmedad, no tenia que esperar volver á predicar en el Lugar, ni aun el Sermon de San Sebastian, que solo valia una rosca, una azumbre de hypocras, y dos quartas de cerilla. Este, pues, formidable censor de los Sermones estaba tan pagado de los del Padre Fray Blas (que esta era la gracia del Padre Predicador mayor), que no encontraba voces para ponderarlos: llamábale pájaro de pájaros, el non prus hurta de los Púlpitos, y en fin el Orador por Antonio mesía, queriendo decir, el Orador por Antonomasía; y, como el tal Zapatero llevaba en el lugar, y aun en todo aquel contorno, la voz de los sermones, no se puede ponderar lo mucho que acreditó con sus elogios á Fray Blas, y la gran parte que tuvo, en que se hiciesse incurable su locura, vanidad, y bobería.
11. Compadecido igualmente de la sandez del Predicador, que de la perjudicial simpleza del Zapatero, un Padre grave, religioso, docto, y de gran juicio, que, despues de haver sido Provincial de la Orden, se havia retirado á aquel Convento, emprendió curar á los dos, si podia conseguirlo; y, como el dia despues del famoso Sermon de la Anunciacion, le fuesse á calzar el Zapatero (porque era el Maestro de la Comunidad), y este, con su acostumbrada bachillería comenzasse á ponderar el Sermon del dia antecedente, pareciendo tambien, que en aquello lisongeaba al Reverendíssimo, por ser Frayle de su Orden, el buen Padre Ex-Provincial quiso aprovechar aquella ocasion, y sacando la caxa dió un polvo á Martin (que este era el nombre del Zapatero), hízole sentar junto á sí, y encarándose con él le dixo con grandíssima bondad:
12. «Ven acá, Martin, qué entiendes tú de Sermones? Para qué hablas de lo que no entiendes, ni eres capaz de entender? Si no sabes escribir, ni apénas sabes deletrear, como has de saber, quien predica mal, ni bien? Díme: si yo te dixera á tí, que no sabias cortar, coser, desvirar, ni estaquillar, y que todo esto lo hacia mejor fulano ó citano, de tu misma profession, no me dirias con razon: Padre, déxelo, que no lo entiende; métase allá con sus libros, y déxenos á los Maestros de obra prima con nuestra tixera, con nuestra lesna, y con nuestro trinchete? Esto siendo assí, que saber qual zapato está bien ó mal cosido, bien ó mal cortado, es cosa, que puede conocer qualquiera, que no sea ciego. Pues, si un Maestro y un Predicador haria mal en censurar, y mucho peor en dar reglas de cortar ni de coser á un Zapatero; será tolerable, que un Zapatero se meta en dar reglas de predicar á los Predicadores, y en censurar sus Sermones? Mira, Martin: lo mas mas que tú puedes conocer, y en que puedes dar tu voto, es en si un Predicador es alto ó baxo, derecho ó corcobado, Cura ó Frayle, gordo ó flaco, de voz gruessa ó delgada, si manotéa mucho ó poco, y si tiene miedo ó no le tiene; porque para esto no es menester mas que tener ojos y oýdos: pero, en saliendo de aquí, no solo te expones á decir mil disparates, sino á elogiar cien heregías.»
13. — «Vítor, Padre Reverendíssimo, dixo el truhan del Zapatero. Y por qué no acaba su Reverendíssima con Gracia y Gloria, para que el Sermoncillo tenga su debido y legítimo final? Segun esso tendrá V. Rma. por heregía aquella gallarda entradilla, con que el Padre Predicador mayor dió principio al Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas.» — «Y de las mas escandalosas, que se pueden oír en un Púlpito Cathólico,» respondió el grave, y docto Religioso. — «Pero, si dentro de poco (replicó Martin) añadió el Padre Fr. Blas, que no lo negaba él, sino el Evarista, el Marconista, el Marrano, el Macabéo, y el Sucio Enano, ó una cosa assí, y sabemos, que todos estos fueron unos perros Hereges; qué heregía de mis pecados dixo el buen Padre Predicador, sino puramente referir la que estos Turcos y Moros dixeron?» Sonrióse el Reverendo Ex-Provincial, y, sin mudar de tono, le replicó blandamente: «Dígame, Martin; si uno echa un voto-á-Christo redondo,[28] y de allí á un rato añade valillo, dexará de haver echado un juramento?» — «Claro es que no, respondió el Zapatero, porque assí lo he oído cien veces á los Theatinos, quando vienen á missionarnos el alma. Y á fé, que en esto tienen razon; porque el valillo, que se sigue despues, ya viene tarde, y es assí á la manera que digamos de aquel lo que dice el refran: romperle la cabeza, y despues labarle los cascos.» — «Pues á la letra sucede lo mismo en essa proposicion escandalosa, y otras semejantes, que profieren muchos Predicadores de mollera por cocer (repuso el buen Padre): la heregía ó el disparate sale rotundo, y en todo caso descalabran con él al Auditorio, y esso es lo que ellos pretenden, teniéndolo por gracia; despues entran las hilas, los parchecitos y las vendas para curarle. De manera que todo el chiste se reduce á echar por delante una proposicion, que escandalice, y quanto sea mas dissonante, mejor; despues se la da una explicacion, con la qual viene á quedar una grandíssima friolera. No te parece, Martin, que, aun quando assí se salve la heregía, á lo ménos no se puede salvar la insensatez y la locura?»
14. — «No entiendo de Tulogías, respondió el Zapatero; lo que sé, es que, por lo que toca á la entradilla del Sermon de ayer: á la salud de ustedes, Cavalleros, ni V. Rma. ni todo el Concilio Trementino me harán creer, que allí huvo heregía, porque la probó claramente con el Credo: proter nostra salute descendit de Cœlos, y que á todos nos dexó aturdidos.» — «Es cierto (replicó el Rmo.), que en esso no huvo heregía; pero no me dirá Martin, en que estuvo el chiste ó la agudeza, que tanto los aturdió?» — «Pues qué (respondió el Maestro de obra prima), no es la mayor agudeza del mundo comenzar un Sermon, como quien va á echar un bríndis; y, quando todo el Auditorio se rió, juzgando, que iba á sacar un jarro de vino para convidarnos, echarnos á todos un jarro de agua con un texto, que vino, que ni pintado?» — «Oygase, Martin, le dixo con sosiego el Rmo., quando en una Taberna comienza un borracho á predicar, qué se suele decir de él?» — «A essos, respondió Martin, nosotros los Cofrades de la cuba, los llamamos los borrachos desahuciados; porque sabida cosa es, que borrachera, que entra por la mýstica ó á la apostólica, es incurable.» — «Pues venga acá, buen hombre (replicó el Ex-Provincial), si la mayor borrachera de un borracho es hablar en la Taberna, como hablan en el Púlpito los Predicadores, será gracia, chiste, y agudeza de un Predicador, usar en el Púlpito las frases, que usan en la Taberna los borrachos? Y á estos Predicadores alaba Martin! á estos aplaude! Vaya, que tiene poca razon.» — «Padre Maestro, respondió convencido y despechado el Zapatero: yo no he estudiado Lógica ni garambaynas; lo que digo es, que lo que me suena me suena. V. Paternidad es de essa opinion, y otros son de otra, y son de la misma lana, y en verdad, que no son ranas. El mundo está lleno de envidia, y los Claustros no están muy vacíos de ella. Viva mi Padre Fray Blas, y V. Paternidad deme su licencia, que me voy á calzar al Padre Refitolero.»
15. No bien havia salido Martin de la Celda del Padre Ex-Provincial, quando entró en ella Fray Blas á despedirse de su Reverendíssima, porque el dia siguiente tenia que ir á una Villa, que distaba quatro leguas, á predicar de la colocacion de un Retablo. Como estaban frescas las especies del Zapatero, y el buen Reverendíssimo, ya por la honra de la Religion, ya por la estimacion del mismo Padre Predicador, á quien realmente queria bien, y sentia ver malogradas unas prendas, que, manejadas con juicio, podian ser muy apreciables, deseaba lograr coyuntura de desengañarle, y pareciéndole, que era muy oportuna la presente, le dixo luego, que le vió: «Padre Predicador, siento, que no huviesse llegado Vm. un poco ántes, para que oyesse una conversacion en que estaba con Martin el Zapatero, y él me la cortó, quando yo deseaba proseguirla.» — «Apuesto, respondió Fray Blas, que era acerca de Sermones, porque no habla de otra cosa, y en verdad, que tiene voto.» — «Podrále tener, replicó el Ex-Provincial, en saber donde aprieta el Zapato, pero en saber donde aprieta el Sermon, no sé por qué ha de tenerle.» — «Porque para saber quien predica bien, ó mal, respondió Fr. Blas, no es menester mas, que tener ojos y oídos.» — «Pues de essa manera, replicó el Ex-Provincial, todos los que no sean ciegos, ni sordos, tendrán tanto voto como el Zapatero.» — «Es que hay algunos, respondió el Padre Fray Blas, que, sin ser sordos, ni ciegos, no tienen tan buenos ojos, ni tan buenos oídos como otros.» — «Esso es decir, replicó el Ex-Provincial, que para calificar un Sermon, no es menester mas, que ver como lo acciona, y oír como lo siente el Predicador.» — «No, Padre nuestro, no es menester mas.» — «Con que, segun esso, arguyó el Ex-Provincial, para ser buen Predicador, no es menester mas, que ser buen Representante.» — Concedo consequentiam, dixo Fray Blas, muy satisfecho.
16. — «Y es possible, que tenga aliento para proferir semejante proposicion un Orador christiano, y un Hijo de mi Padre San N. que viste su santo Hábito? Ora bien, Padre Predicador mayor: qual es el fin, que se debe proponer en todos sus Sermones un christiano Orador?» — «Padre nuestro, respondió Fray Blas, no sin algun desenfado, el fin que debe tener todo Orador christiano, y no christiano, es agradar al auditorio, dar gusto á todos, y caerles en gracia: á los doctos, por la abundancia de la doctrina, por la multitud de las citas, por la variedad y por lo selecto de la erudicion; á los discretos, por las agudezas, por los chistes, y por los equívocos; á los cultos, por el estilo pomposo, elevado, altisonante, y de rumbo; á los vulgares, por la popularidad, por los refranes, y por los cuentecillos, encajados con oportunidad, y dichos con gracia; y en fin, á todos, por la presencia, por el despejo, por la voz, y por las acciones. Yo á lo ménos, en mis Sermones no tengo otro fin, ni para conseguirle me valgo de otros medios; y en verdad, que no me va mal, porque nunca falta en mi Celda un polvo de buen tabaco, una jícara de chocolate rico; hay un par de mudas de ropa blanca; está bien proveída la frasquera; y finalmente, no faltan en la naveta quatro doblones para una necessidad, y nunca salgo á predicar, que no trayga cien Missas para el Convento, y otras tantas para repartirlas entre quatro amigos. No hay Sermon de rumbo en todo el contorno, que no se me encargue, y mañana voy á predicar á la colocacion del Retablo de..., cuyo Mayordomo me dixo, que la limosna del Sermon era un doblon de á ocho.»
17. Apénas pudo contener las lágrymas el Religioso y docto Ex-Provincial, quando oyó un discurso tan necio, tan aturdido, y tan impío en la boca de aquel pobre Frayle, mas lleno de presuncion y de ignorancia, que de verdadera sabiduría; y compadecido de verle tan engañado, encendido en un santo zelo de la gloria de Dios, de la honra de la Religion, y del bien de las almas, en las quales podia hacer gran fruto aquel alucinado Religioso, si empleara mejor sus naturales talentos, quiso ver si podia convencerle y desengañarle. Levantóse de la silla, en que estaba sentado, cerró la puerta de la Celda, echó la aldabilla por adentro, para que ninguno los interrumpiesse, tomó de la mano al Predicador mayor, metióle en el estudio, hízole sentar, y sentándose él mismo junto á él, con aquella autoridad, que le daban sus canas, su venerable ancianidad, su doctrina, su virtud, sus empléos, su crédito, y su estimacion en la Orden, le habló de esta manera:
CAPITULO III.
Del grave y docto razonamiento, que un Padre Ex-Provincial de la Orden hizo al Predicador mayor de la Casa, donde estudiaba las Artes nuestro Fr. Gerundio.
«Aturdido estoy, Padre Fray Blas, de lo que acabo de oírle, tanto, que aun ahora mismo estoy dudando, si me engañan mis oídos, ó si sueño lo que oygo. Bien temia yo al oírle predicar, y al observar cuidadosamente todos sus movimientos, ántes del Púlpito, en el Púlpito, y despues del Púlpito, que en sus Sermones no se proponia otro fin, que el de la vanidad, el del aplauso, y del interés; pero este temor no passaba de ofrecimiento, y ni aun se atrevia á ser sospecha, porque no se fuesse arrimando á juicio temerario. Mas ya veo, por lo que acabo de oírle, que me propasé de piadoso.»
2. «Con que el fin de un Orador Christiano, y no christiano, es agradar al Auditorio, captar aplausos, grangear crédito, hacer bolsillo, y solicitar sus convenenzuelas! A vista de esto, ya no me admiro de que el Padre Predicador se disponga para subir al Púlpito, como se dispone un Comediante para salir al Theatro: muy rasurado, muy afeytado, muy copetudo, el mejor Hábito, la capa de lustre, la saya plegada, zapatos nuevos, ajustados, y curiosos, pañuelo de color sobresaliente, otro blanco, cumplido, y de tela muy delgada, ménos para limpiar el sudor, que para hacer ostentacion, de lo que debiera correrse un Religioso, que professa modestia, pobreza, y humildad. Un Predicador Apostólico, que subiesse á la Cáthedra del Espíritu Santo con el único fin de enamorar á los oyentes de la virtud, y moverlos eficazmente á un santo aborrecimiento del pecado, se avergonzaria de essos afectados adornos, tan impropios de su estado, como de su ministerio; pero, quien sube á profanarla con fines tan indecentes, y aún estoy por decir tan sacrílegos, ni puede ni debe usar otros medios. No quiero decir, que el desaliño cuidadoso sea loable en un Predicador; solo pretendo, que la afectada curiosidad en el vestido, ó en el trage, es la cosa mas risible, y no hay hombre de juicio, que no tenga por loco al Religioso, que pone mas cuidado en componer el Hábito, que en componer el Sermon, pareciéndole, que el afeyte de la persona puede suplir la tosca grosería del papel. En una palabra, Padre mio, el que se adorna de essa manera para predicar, bien da á entender, que no va á ganar almas para Dios, sino á conquistar corazones para sí. No sube á predicar, sino á galantear; tiene mas de Orate, que de verdadero Orador.»
3. «El fin de este, sea sagrado, sea profano, siempre debe ser convencer al entendimiento y mover á la voluntad, ya sea á abrazar alguna verdad de la Religion, si el Orador es sagrado, ya á tomar alguna determinacion honesta y justa, si fuere profano el Orador. No havrá leído, ni leerá jamas el Padre Predicador, que un Orador profano, por profano que fuesse, se huviesse jamas propuesto otro fin. Este es el único, que se propusieron en sus Oraciones Demósthenes, Ciceron, y Quintiliano, dirigiéndose todas á algun fin honesto y laudable; unas á conservar á la República, otras á encender los ánimos contra la tyranía; estas á defender á la innocencia, aquellas á reprimir la injusticia; muchas á implorar la misericordia, no pocas á excitar toda la severidad de las leyes contra los atrevimientos de la insolencia. Si se huviera olido, que alguno de aquellos famosos Oradores no tenian otro fin en sus declamaciones, que hacerse oír con gusto, captar el aura popular, ostentar el asséo ó la magestad del vestido, el ayre de la persona, el garbo de las acciones, lo sonoro de la voz, lo bien sentido de los afectos, la pomposa ojarasca de las palabras, y la agudeza ó falsa brillantez de los pensamientos; si se huviera llegado á entender, que sus harengas no se dirigian á otro fin, que á solicitar aplausos, á conquistar corazones, y á ganar dinero, huvieran sido el objeto de la risa, del desprecio, y aun de la indignacion de todos. Y si algunos concurriessen á oírlos, no seria ciertamente para dexarse persuadir de ellos, como de Oradores, sino para divertirse con ellos, como se divertian con los Histriones, con los Pantomimos, y con los Charlatanes. Porque en suma, mi Padre Predicador, el Orador no es mas que un hombre, dedicado por su ministerio á instruir á los hombres, haciéndolos mejores de lo que son. Y dígame: los hará mejores de lo que son, el que, desde que se presenta en el púlpito, se muestra tan dominado de las passioncillas humanas, como el que mas? Hará humilde al vano y al sobervio, el que en todas sus acciones y movimientos está respirando presuncion y vanidad? Corregirá la profanidad de los adornos, y el desordenado artificio de los afeytes, el que, dentro de los términos á que puede extenderse su estado y su profession, sube al Púlpito de gala? Emendará los desórdenes de la codicia, el que se sabe, que hace tráfico de su ministerio, que predica por interés, y que rebuelve al mundo, para que le encarguen los Sermones, que mas valen? Finalmente, á quien persuadirá, que á solo Dios debemos agradar, el que confiessa, que en sus Sermones no tiene otro fin, que el agradar á los hombres?»
4. «No me dirá el Padre Predicador, si los Apóstoles se propusieron este bastardo fin en los sermones, con que doce hombres rústicos, groseros, y desaliñados convirtieron á todo el mundo? Dirá, que Dios hacia la costa. Y quien le ha dicho, que no la haria tambien ahora, si se predicara con el espíritu, con que predicaron los Apóstoles? Replicará, que aquellos eran otros tiempos, y que los nuestros son muy diferentes, que aquellos. Qué quiere decir en esso, Padre mio? Si quiere decir, que los Apóstoles predicaron á una gente idiota, bárbara, inculta, ignorante, que se convencia de qualquiera cosa, y en qualquiera manera que se la propusiessen, acreditará, que está mas versado en leer Libros de conceptillos, que llaman predicables, y yo llamo intolerables y contentibles, que en la historia Ecclesiástica y profana. Sabe, que nunca estuvo el mundo mas cultivado, que quando Dios embió sus Apóstoles á él? Ignora, que aún duraban, y duraron por algun tiempo las preciosas reliquias del dorado Siglo de Augusto, dentro del qual nació Christo, y en el qual florecieron mas, que en otro alguno, todas las Artes y Ciencias, especialmente la Oratoria, la Poesía, la Philosophía, y la Historia? Nuestro Siglo presume, con razon ó sin ella, de mas cultivado, que otro alguno; y no se puede negar, en algunas determinadas Facultades y Artes se han hecho descubrimientos, que ignoraron los que le precedieron. Con todo esso, en aquellas, que cultivaron los Antiguos, no se ha decidido hasta ahora entre los Críticos la famosa question sobre la preferencia de estos á los Modernos; y sepa el Padre Predicador, que, aunque las razones, que se alegan por unos y por otros, son de mucho peso, pero el número de votos, que están por los primeros, hace incomparables excessos al que cuentan los segundos. Vea ahora, si eran ignorantes, bárbaros, é incultos aquellos, á quienes predicaron y convirtieron los Apóstoles, quando se disputa con grandes fundamentos, si nos excedieron en comprehension, en ingenio, en buen gusto, y en cultura.»
5. «Responderá, que aun por esso mismo los Apóstoles no convertian mas que á la gente popular, idiota, y del vulgacho. Otra alucinacion, que nace del mismo principio. No me hará merced el Padre Predicador de decirme, si era idiota, popular, y del vulgacho Cornelio el Centurion? si el Eunucho de la Reyna Candace era tambien del vulgacho, y popular? si era idiota San Dionysio Areopagita? si era un pobre ignorante San Justino Mártyr? si San Clemente Alexandrino fué idiota? si era popular, del vulgacho San Lino, y sus Padres Herculano y Claudia, ambos de las familias mas ilustres de Toscana? si tantos Reyes, tantos Príncipes, y tantos Magistrados, como convirtieron los Apóstoles en sus respectivas Provincias, eran del vulgacho, y populares? Un Predicador, que siquiera se tomasse el corto y necessario trabajo de leer las Vidas de los Santos, de quienes predica, no incurriria en semejante pobreza; pero como no ha de incurrir en esta, y en mas crassas ignorancias, quando muchas veces quien tiene ménos noticia del Santo, á que se predica, es el mismo Predicador, haciendo vanidad de tomar assuntos tan abstraídos, que un mismo Sermon se pueda predicar á San Liborio, á San Roque, á San Cosme y San Damian, á la Vírgen de las Angustias, y, en caso necessario, á las benditas Animas del Purgatorio?»
6. «Pero, si acaso quiere decir el Padre Predicador, que aquellos primeros tiempos de la Iglesia, aunque no eran ménos instruídos, eran ménos estragados que los nuestros, y consiguientemente no era tan dificultoso reducirlos á la verdad del Evangelio con razones claras, naturales, desnudas, y sencillas, dirá otra necedad, que en conciencia no se le puede perdonar. Con que, eran ménos estragados, que los nuestros, unos tiempos, en que los vicios eran adorados como virtudes, y las virtudes aborrecidas como vicios? Unos tiempos, en que la incontinencia recibia inciensos en Cytheréa, la embriaguez adoraciones en Bacho, el latrocinio sacrificios en Mercurio? Unos tiempos en que se adoraba á Júpiter estrupador, á Vénus incestuosa, á Hércules usurpador, y á Caco ratero? Unos tiempos, en que la vanidad se llamaba grandeza de corazon, el orgullo elevacion de espíritu, la sobervia magnanimidad, la usurpacion heroismo, y al contrario, la modestia, el encogimiento, la moderacion, y el retiro, se trataban como baxeza de ánimo, como apocamiento, no solo inútil, sino pernicioso á la sociedad?»
7. «Mas no quiero estrecharle tanto: no quiero hacer cotejo de nuestro Siglo con el primer Siglo de la Iglesia; conténtome con hacer la comparacion entre nuestros tiempos y aquellos, en que floricieron los Paduas, los Ferreres, los Thomases de Villanueva. Dígame: hay mucha diferencia entre nuestras costumbres y las de aquellos tiempos? Si sabe algo de historia, precisamente responderá, que, si hay alguna diversidad, es en los trages, en las modas, en la mayor perfeccion de las lenguas, y en algunos usos puramente accidentales y exteriores; que en lo demas reynaban entónces, como ahora, las mismas costumbres, las mismas passiones, las mismas inclinaciones, los mismos vicios, los mismos desórdenes; solo, que estos eran mas frequentes, mas públicos, y mas escandalosos en aquellos tiempos, que en estos. Con todo esso, qué conversiones tan portentosas y tan innumerables no hicieron aquellos Santos en los suyos? Qué séquito no tenian siempre que predicaban, despoblándose las Ciudades y aun las Provincias enteras por oírlos? Y se predicaban á sí mismos? No se proponian otro fin en sus Sermones, que el de captar aplausos, grangear admiraciones, ganar dinero, y meter ruído en el mundo? Metíanle, y grande; pero, era esto lo que ellos intentaban? Y conseguíanlo por unos medios tan impropios, tan indecentes, tan indignos, y aun estoy por decir tan sacrílegos?»
8. «Paréceme, que estoy ya oyendo lo que me dirá interiormente el Padre Predicador: lo que veo, es que yo lo consigo por los que uso; que tambien meto ruído; que me siguen, que me aplauden, y que me admiran. Lindamente! Y de ahí, qué se infiere? Que predica bien? Que sabe siquiera lo que se predica? O qué mala consequencia! Mete ruído; tambien le mete una farsa, quando entra en un Lugar. Síguenle; tambien se sigue á un charlatan, á un truhan, á un titiritero, á un arlequin, quando hacen sus habilidades en un Pueblo. Apláudenle; pero quienes? los que oyen como Oráculo á un infeliz Zapatero, y los que celebran á un Predicador, como pudieran á un Representante. Admíranse al oírle; pero de qué? los necios y los aturdidos, de su osadía y de sus gesticulaciones; los cuerdos y los inteligentes, de su satisfaccion y de su falta de juicio.»
9. «Ora bien, Padre Predicador, quien le ha dicho, que los aplausos y las admiraciones de la muchedumbre son hijas de los aciertos? Frequentíssimamente, por no decir las mas veces, son hijas de la ignorancia. El vulgo, por lo comun, aplaude lo que no entiende; y sepa, que en todas las classes de la República hay mucho vulgo. Ya havrá leído ú oído lo de aquel famoso Orador, que harengando en presencia de todo el Pueblo, y oyendo hácia la mitad de la Oracion una especie de alegre murmurío de la multitud, que le sonó á aclamacion, se volvió á un amigo suyo, que estaba cerca, y le preguntó sobresaltado: He dicho algun disparate? porque este aplauso popular no puede nacer de otro principio. Aun el mismo Ciceron, que no escupia los aplausos, desconfiaba de ellos, si eran muy frequentes, pareciéndole, que, no siendo possible merecerlos siempre, necessariamente havia de tener en ellos mucha parte la adulacion ó la ignorancia: No gusto oír muchas veces en mis oraciones: qué cosa tan buena! no se puede decir mejor. Belle et præclare nimium, sæpe, nolo.»
10. «Aún mas equívocas son las admiraciones que los elogios; estos nunca debieran dirigirse sino á lo bueno y á lo sólido; aquellas pueden, sin salir de su esfera, limitarse precisamente á lo singular y á lo nuevo; porque la admiracion no tiene por objeto lo bueno, sino lo raro. Y assí, dice discretamente un Jesuíta Francés, muy al caso en que nos hallamos, que puede suceder, y sucede con frequencia, una especie de paradoxa en los Sermones; esta es, que el Auditorio tiene razon para admirar ciertos trozos del discurso, que se oponen al juicio y á la razon; y de aquí nace, que muy frequentemente se condena poco despues lo mismo, que á primera vista se havia admirado. Quantas veces lo pudo haver notado el Padre Predicador? Están los oyentes escuchando un Sermon con la boca abierta, embelesados con la presencia del Predicador, con el garbo de las acciones, con lo sonoro de la voz, con la que llaman elevacion del estilo, con el cortadillo de las cláusulas, con la viveza de las expressiones, con lo bien sentido de los afectos, con la agudeza de los reparos, con el aparente desenredo de las soluciones, con la falsa brillantez de los pensamientos. Miéntras dura el Sermon, no se atreven á escupir, ni aun apénas á respirar, por no perder ni una sýlaba. Acabada la Oracion, todo es cabezadas, todo murmuríos, todo gestos, y señas de admiraciones. Al salir de la Iglesia, todo es corrillos, todo pelotones, y en ellos todo elogios, todo encarecimientos, todo assombros. Hombre como este! Pico mas bello! Ingenio mas agudo!»
11. «Pero, qué sucede? Algunos hombres inteligentes, maduros, de buena crítica, y de juicio claro, que oyeron el Sermon, y no se dexaron deslumbrar, no pudiendo sufrir, que se aplauda lo que debiera abominarse, sueltan ya esta, ya aquella especie, contra todas las partes, de que se compuso el Sermon, y hacen ver con evidencia, que todo él fué un texido de impropiedades, de ignorancias, de sandeces, de pobrezas, y quando ménos ménos de futilidades. Demuestran con toda claridad, que el estilo no era elevado, sino hinchado, campanudo, ventoso, y de pura ojarasca; que las cláusulas cortadas y cadenciosas son tan contrarias á la buena prosa, como las llenas y las numerosas, pero sin determinada medida, lo son al buen verso; que este género de estilo causa risa, ó por mejor decir, asco, á los que saben hablar y escribir; que las expressiones, que se llaman vivas, no eran sino de ruído y de boato; que aquel modo de sentir, y de expressar los afectos, mas era cómico y theatral que Oratorio, loable en las tablas, pero insufrible en el Púlpito; que los reparos eran voluntarios, su agudeza una fruslería, y la solucion de ellos tan arbitraria como futil; que los pensamientos se reducian á unos dichicos de conversacion juvenil, á unos retruécanos ó juguete de palabras, á unos conceptos poéticos, sin meollo ni xugo, y sin solidez; que en todo el Sermon no se descubrió ni pizca de sal Oratoria, pues no havia en él ni assomo de un discurso methódico y seguido; nada de enlace, nada de conexion, nada de raciocinio, nada de mocion: en fin, una escoba desatada, conceptillos esparcidos, pensamentuelos esparramados por aquí y por allí, y acabóse. Con que, todo bien considerado, no havia que aplaudir, ni que admirar en nuestro Predicador, sino su voz, su manotéo, su presuncion, y su reverendíssimo coram vobis. Los que oyen discurrir assí á estos hombres perspicaces, penetrativos, y bien actuados en la materia, vuelven de su alucinacion, conocen su engaño, y el Predicador, que por la mañana era admirado, ya por la tarde es tenido por pieza; los compasivos le miran con lástima, y los duros con desprecio.»
12. «No quiero mas prueba de esta verdad, que los Sermones mismos del Padre Predicador. Quanto se celebró, y quanto se admiró aquella famosa entradilla del Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en essencia, y Trino en Personas? Quanto se admiró, y quanto se ponderó la otra del Sermon de la Anunciacion: A la salud de ustedes, Cavalleros? Qué elogios no se oyeron de una y otra al acabarse las funciones? Pero, quanto duraron estas admiraciones y estos aplausos? El tiempo, que tardó un hombre zeloso, charitativo, y prudente en abrir los ojos á los oyentes, para que conociessen, que la primera proposicion havia sido una grandíssima heregía, y la segunda una grandíssima borrachera; y quando ménos, añadida la explicacion de la una y de la otra, ambas havian quedado en dos grandes insulseces. Porque la primera se reduxo á decir, que muchos Hereges havian negado el Mysterio de la Santíssima Trinidad: miren qué noticia tan exquisita! Y la segunda, estrujada su substancia, no vino á decir mas, que Christo ó el Verbo Divino havia encarnado por la salud de los hombres: miren qué pensamiento tan delicado! Luego que sus oyentes cayeron en la cuenta, quedaron corridos de lo mismo, que havian admirado poco ántes; y sé muy bien, que en las mismas tardes de la Trinidad y de la Anunciacion se lo dieron á entender al Padre Predicador, si él huviera querido percibirlo. Porque yendo á visitar á sus penitentas, como lo acostumbra los dias que predica, para recoger los aplausos de los estrados, cierta Señorita le dixo el dia de la Trinidad: Jesus, Padre Predicador! Dios se lo perdone á Vm. el susto, que me dió con el principio de su Sermon; porque cierto temí, que el Comissario del Santo Oficio le mandasse callar, y que desde el Púlpito le llevasse á la Inquisicion. Y tambien sé, que otra le dixo la tarde de la Anunciacion: Quando Vm. comenzó el Sermon esta mañana, creí que estaba dormida, y que soñaba, que, en lugar de llevarme á la Iglesia, me havian llevado á la Taberna. Ambas fueron dos pullas muy delicadas y bien merecidas; pero, como el Padre Predicador todo lo convierte en substancia, túvolas por chiste, y le entraron en provecho.»
13. «Estos son, Padre mio, los aplausos, que logra, aun de aquellas personas, que no tienen mas luces, que las de un sindéresis natural bien puesto: burlarse de él, y estimarle en lo que vale. Las que están mas cultivadas, las que tienen alguna tintura del buen gusto, y sobre todo aquellas, que no miran con indiferencia un ministerio tan sério y tan sagrado de la Religion, no le puedo ponderar el dolor, que las causa verle tan profanado en su boca, y la compassion, con que miran tan infelizmente malogrados unos talentos, que, si los manejara como debe, serian utilíssimos para el bien de las almas, para la gloria de Dios, para mucha honra de nuestra Sagrada Orden, y para mas sólida y mas verdadera estimacion del Padre Predicador. No puede dudar este la especial inclinacion, que siempre le he manifestado, desde que fué mi Novicio; las pesadumbres de que le libré, quando fuí Prelado suyo; la estimacion, que hice de sus prendas siendo su Provincial, pues yo fuí quien le colocó en el candelero, encargándole uno de los Púlpitos mas apetecidos de la Provincia. Ya se acordará de la Carta paternal, que con esta ocasion le escribí, recomendándole mucho, que desempeñasse mi confianza, que no diesse ocasion, para que me insultassen los que censuraron esta eleccion, sin duda porque le conocian mejor que yo; predicasse á Jesu-Christo Crucificado, y no se predicasse á sí mismo, ó, á lo ménos, que predicasse con juicio y con piedad, ya que no tuviesse espíritu para hacerlo con zelo y con fervor. Protéstole, que uno de los mayores remordimientos, que tengo de los muchos desaciertos, que cometí en mi Provincialato (aunque pongo á Dios por testigo, que todos con buena intencion), es el de haver hecho Predicador al Padre Fray Blas, fiando la conversion de las almas á quien en nada ménos piensa que en convertirlas, y á quien muestra tener la suya no poco necessitada de conversion. Díle á conocer en el mundo, quando estaria mejor en el retiro del Claustro y en la soledad del Choro. Púsele en ocasion de que los aplausos de los necios le engreyessen, y la vanidad le precipitasse. Conózcolo, llórolo; pero ya no lo puedo remediar, pues veo, con imponderable dolor mio, que aun dentro de la Religion no faltan fomentadores de su vanidad, elogiadores y panegyristas de sus locuras; unos, porque no alcanzan mas, otros por adulacion, algunos pocos por interés, y la mayor parte, porque se dexa llevar de la corriente, y no tiene mas regla, que el grito de la muchedumbre.»