[Nota de transcripción]

[Índice]

[Notas al tomo segundo]

Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2)



COLECCION DE AUTORES ESPAÑOLES.

TOMO XLIII.


EL P. ISLA.


HISTORIA

DEL FAMOSO PREDICADOR

FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS,

ALIAS ZOTES.


PRIMERA EDICION ENTERA,

HECHA SOBRE LA EDICION PRÍNCIPE DE 1758 Y EL

MANUSCRITO AUTÓGRAFO DEL AUTOR

POR

D. EDUARDO LIDFORSS,

CATEDRÁTICO DEL NÚMERO EN LA R. UNIVERSIDAD DE LUND.

PARTE SEGUNDA.

LEIPZIG:

F. A. BROCKHAUS.

1885.


ÍNDICE.

LIBRO QUARTO.
Pág.
[Cap. I]. Donde se pondrá lo que irá saliendo y verá el curioso Letor.[1]
[Cap. II]. Lee Fray Gerundio un Papel acerca del stilo, y queda aturrullado.[9]
[Cap. III]. Predica Fray Gerundio en su Lugar, y atúrdese la gente.[23]
[Cap. IV]. Expónense á la admiracion algunas cláusulas del Sermon de Fray Gerundio.[35]
[Cap. V]. Dase cuenta de lo que passó en la mesa de Anton Zotes.[46]
[Cap. VI]. De la Conversacion no ménos útil que graciosa, que se tuvo sobre comida.[57]
[Cap. VII]. Levántase de la siesta el Magistral, y prosigue la conversacion del Capítulo antecedente, con todo lo demas que irá saliendo.[67]
[Cap. VIII]. Corta el hilo y la cólera al Magistral un Huésped no esperado, pieza muy divertida, que á tal punto se apeó en casa de Anton Zotes.[78]
[Cap. IX]. Donde se cuenta el maravilloso fruto que hizo el sermon del Magistral en el ánimo de Fray Gerundio.[91]
LIBRO QUINTO.
[Cap. I]. Encárganle un sermon de honras, y no le escupe; con todo lo demas que iremos diciendo.[105]
[Cap. II]. Pide Fray Gerundio á su amigo Fray Blas una instruccion para disponer el sermon de honras, y este se la da divina.[113]
[Cap. III]. Interrumpe la conversacion un huésped inopinado, que se aparece de repente; vuelven á atar el hilo, con todo lo demas que irá saliendo.[121]
[Cap. IV]. Olvídasele la sed á Don Casimiro; llegan á Campazas sin saber cómo; quédase allí el Colegial aquella noche, y se evacúa el punto que se tocó y no se prometió en el capítulo passado.[132]
[Cap. V]. Dispone Fray Gerundio su sermon, y vále á predicar.[145]
[Cap. VI]. Predica Fray Gerundio el sermon de honras con increíble aplauso, y encárganle la Semana Santa de Pero-Rubio.[156]
[Cap. VII]. Lo mismo que el otro.[166]
[Cap. VIII]. Sálense á passear los quatro Religiosos, y el Padre Abad, en tono de conversacion, da á Fray Gerundio una admirable doctrina.[174]
[Cap. IX]. Es buena cosa y merece leerse.[191]
LIBRO SEXTO.
[Cap. I]. Donde se refiere lo que no se sabe; pero al fin del capítulo se sabrá su contenido.[204]
[Cap. II]. Estornuda el Beneficiado; interrúmpese la conversacion con el Dominus tecum y con el Vivan Ustedes mil años, y despues se suena.[214]
[Cap. III]. Dispone Fray Gerundio su Semana Santa.[223]
[Cap. IV. y último]. Interrúmpese la obra por el mas extraño sucesso que acaeció al Autor, y de que quizá no se encontrará exemplar en los annales.[234]
[Notas al Tomo segundo].[247]

LIBRO QUARTO.


CAPITULO PRIMERO.

Donde se pondrá lo que irá saliendo y verá el curioso Letor.

1. Pues, como íbamos diciendo de nuestro cuento, yendo dias y viniendo dias, el bendito entre todos los benditos, el bueno de nuestro Fray Gerundio quedó tan satisfecho de su trabajo, con la arenga panegýrica y apologética á favor de su Plática de Disciplinantes que le hizo el susodicho Theologuillo, con los aplausos de la escuela moza y con la gritería de la griega,[1] que por poco no tuvo al Maestro Prudencio por hombre que havia perdido el seso. Pero á lo ménos, pareciéndole que le hacia mucha merced, hizo juicio firme y valedero de que ya estaba algo chocho, y propuso en su corazon no hacer caso de nada que le dixiesse. Y aún se adelanta un Autor á sospechar que hizo propósito oculto de huir el cuerpo al viejo todo quanto le fuesse possible, bien que esto no lo assegura como noticia cierta, y solamente la da por congetura, fundada en unos apuntamientos de letra muy gastada que se hallaron en el hondon de un coxin. Y el Diablo, que no dormia, para remachar el clavo de su sandez, dispuso que algunos dias despues reciviesse una carta de su íntimo Amigo Fray Blas, escrita desde Jacarilla, la qual decia assí:

2. «Amigo Fray Gerundio: Doyte mil abrazos con el corazon, ya que no puedo con la boca: en toda esta tierra no se habla mas que de tu famosa Plática de Disciplinantes. Fray Roque el Refitolero me escribe maravillas, y el Sacristan de Gordoncillo, que te oyó (y ha venido aquí á concertar un esquilon), comienza y no acaba. Ambos tienen voto, ó yo soy un porro. Mosen Guillen, que es el Señor Cura de este lugar y tiene en la uña al Theatro de los Dioses, deséa un traslado de ella, y dice que le ha de hacer imprimir, aunque sea necessario vender el macho falso, que compró en la feria del Botigero. Embíamele por el portador, que es el Barbero de este pueblo, persona segura y de toda mi estimacion. A él me remito sobre mi sermon de Santa Orosia, pues no parece bien que yo me alabe; y sábete que tiene tan buena tixera para cortar un sermon como para igualar un cerquillo: solo te digo que, ademas de la limosna del Mayordomo, que no es maleja, me he valido ya dos borregos y dozena y media de chorizos, que de todo se sirve. Dios te guarde muchos años. Tu amigo hasta la muerte á pesar de cazcarrientos,

F. Blasius.»

3. Quando Fray Gerundio se halló con que le pedian su Plática allá de luengas tierras (pues para su geographía ocho leguas de distancia era la mitad del mundo); quando consideró, que se la pedian no ménos que para imprimirla, y se vió en vísperas de ser Autor de la noche á la mañana, y esto sobre ser hombre en cuyo elogio y aplauso in continenti se escrivian y se divulgaban sonetos, se tuvo en su corazon por el mayor Predicador que havian conocido los siglos; y no solo se confirmó en la estraphalaria idéa de predicar, que ya se havia formado, sino que con el tiempo fué salpicando todas las mas ridículas y mas extravagantes, como se verá en el discurso de esta puntual Historia.

4. Pero ves aquí que en el mismo zaguan de la segunda parte de ella, parece hemos dado un trompicon, que á buen librar harto será que escapemos sanas las narizes. Es possible, (dirá un Lector, que las tenga de podenco,) es possible que, haviendo oído la famosa Plática Anton Zotes y Catanla Rebollo, su muger; haviendo sido testigos de los aplausos y de los vítores, con que fué celebrada; haviendo visto por sus mismos ojos el prodigioso fruto que hizo, en la valentía con que arrojaron las capas los Penitentes de sangre, y en el denuedo con que manejaron unos el ramal, y otros la pelotilla; que, haviendo recivido ellos tantos plácemes, tantos parabienes, tantas bendiciones, así en la Iglesia como fuera de ella: es possible, (vuelvo á decir tercera vez,) que no tuvieron siquiera una enhorabuena que llegar á la boca para dársela á su hijo? Se hace verisímil que, ya que no fuesse aquella noche, por ser ya tarde y por dexarle descansar, á lo ménos la mañana siguiente muy de madrugada no fuessen á la Iglesia del Convento ó á la portería, y que allí Anton Zotes no diesse cien abrazos á su hijo, y la Tia Catanla no añadiesse de mas á mas otros tantos besos, aforrados en lágrimas y mocos, todos de puríssima ternura? Se hace creíble tanta sequedad y tanto despego? Y, si esto no fué assí, sino que con efecto los buenos de los padres de Fray Gerundio hicieron con su hijo todas estas demonstraciones de cariño, dándole las debidas señas de su complacencia y de su gozo, con qué conciencia passa en silencio el Historiador una circunstancia tan substancial, que tanto puede servir para el aliento, y aún para la edificacion?

5. A esto pudieramos responder muchas cosas, pero las dexamos todas por no ser prolixos.

6. Y confessando de buena fé, que todo passó assí ni mas ni ménos, añadimos en conseqüencia de la verdad y de la fidelidad que professamos, que no solamente huvo dichos mocos, lágrimas, besos y abrazos, sino que Anton Zotes, en presencia del Prelado y de otros Padres graves, que havian baxado á cortejarle á él y á su muger, dixo á Fray Gerundio: «Ya te envié á escrivir, como m’avian echado la Mayordomía del Sacramento; pero entónces no te umbié á decir que me perdicasses tú el sermon, porque, como no t’avia uído perdicar, no queria ponerme á que quedássemos envergonzados: ahora que te he uído, dígote que me l’as de perdicar, con la bendicion de su Reverencia nuestro Reverendíssimo Padre.» No pudo negarse el Prelado á concederla, aunque del escapulario adentro no le dió mucho gusto, porque como á hombre serio y de razon le havia dessazonado la Plática. Pero, qué havia de hazer en aquella coyuntura, y con unos Hermanos tan devotos de la Orden, que hacian al Convento toda la limosna que podian? Al fin sacáronlos unas tortillas, chanfaina, queso y aceitunas. Almorzaron muy bien, sirviéndolos el almuerzo de comida, y se volvieron á Campazas, no viendo la tierra que pisaban ni las horas de Dios por llegar á el lugar, para contar á el Licenciado Quixano y á toda la parentela lo que havian visto por sus ojos, oído con sus oídos y palpado con sus manos.

7. Dexemos ir en buen hora á los dos dichosíssimos consortes en buena paz y compaña, miéntras nosotros nos volvemos á nuestro Fray Gerundio, que, desde el mismo punto y momento en que le echó su Padre el sermon del Sacramento, no pensaba de dia, ni de noche soñaba en otra cosa que en el modo como havia de desempeñarle. Hacíase cargo de todas las circunstancias, que le ponian en el mayor empeño: primer sermon que predicaba en público, (porque la Plática de Disciplinantes no la calificaba de sermon); predicarle en su lugar, y en la misma Parroquia donde le havian bautizado (porque no havia otra); ser Mayordomo su Padre; decir la missa, como lo daba por supuesto, el Licenciado Quixano, su Padrino; los danzantes de la procession, el Auto sacramental que siempre se representaba, los novillos que se corrian, las dos ó tres dozenas de cohetes que se arrojaban, y la hoguera que se encendia la víspera de la fiesta: todo esto se le ofrecia continuamente á la imaginacion como punto céntrico y principal de su empeño, pareciéndole no solo que era indispensable el hacerse cargo de todo ello, sino que en esto solo estrivaba toda la dificultad, pues, por lo que tocaba al assunto del Sacramento, en qualquiera Sermonario encontraria campo abundante donde forragear.

8. Es cierto, que no se le havian olvidado las juiciosas reflexiones que havia oído al Maestro Fray Prudencio, contra la ridícula y extravagante costumbre de tocar en los sermones estas que se llaman circunstancias; tambien es cierto, que tenia muy presente la salutacion del sermon de la Purificacion en dia de San Blas, que el mismo Maestro Prudencio havia leído al Predicador mayor y á él, en que con gravedad, y no sin gracia, se hace ridícula esta costumbre, convenciéndola de tal con razones que no admiten réplica; pero tambien es igualmente cierto, que se le imprimió altamente la salida de su amigote el Predicador Fray Blas, la qual se reduxo á aquel apophtegma, que puede hacerse lugar entre los principios de Machiabelo: Sentire cum paucis, vivere cum multis: sentir con los pocos y obrar con los muchos; y aún por su desgracia havia leído en aquellos dias, no se sabe donde, el dicho que comunmente se atribuye á nuestro insigne Poeta Lope de Vega, y harto será que no sea un falso testimonio, porque no cabe que un hombre de tanto juicio y de tanta discrecion dixiesse una truanada tan insulsa; pero al fin ello se cuenta que, reconociendo él mismo los defectos de sus comedias, los excusa diciendo que los conoce y los confiessa; mas que con todo esso las compone assí, porque las buenas se silvan, y las malas se celebran. Esto le hacia mas fuerza que todo á Fray Gerundio, y resolvió por última determinacion no omitir circunstancia alguna de las insinuadas, aunque lloviessen Fray Prudencios.

9. Solo dudó por algun tiempo si, para hacerse cargo de ellos, acudiria por socorro á las fábulas, ó apelaria á algunos textos y passages de la sagrada Escritura, porque de todo havia visto en los mas famosos Predicadores. Algo mas se inclinaba á lo primero, por llevarle hacia allí su genio, ayudado del exemplo de Fray Blas y de la continua lectura del Florilegio; pero, como estaba tan reciente la fuerte repassata que le havia dado el Padre Maestro, contra el uso ó contra el abuso de la fábula en la séria magestad del púlpito, no pudiendo sobre todo borrar de la memoria aquella que le havia oído de que esto era especie de sacrilegio, expression que le havia estremecido, porque al fin no dexaba de ser hombre timorato á su modo; por esta vez, y sin perjuicio hasta que examinasse bien el punto, se determinó á buscar en la sagrada Escritura acomodo honrado para todas las susodichas circunstancias.

10. Hallóle fácilmente donde le encuentran todos, que es en las Concordancias de la Biblia, sin mas trabajo que ir á buscar por el Abecedario la palabra latina que corresponde á la castellana, para la qual se deséa algun texto, y aplicar qualquiera de los muchos que hay en la Escritura, casi para cada una de quantas voces se pueden ofrecer. En ménos de una hora dispuso los apuntamientos siguientes:

11.[2] «Primera circunstancia: Primer sermon que predico: viene clavado aquello de primum quidem sermonem feci, o Theophile. — Segunda: Predícole en mi lugar, que se llama Campazas: para esta viene como nacido aquel texto: Descendit Jesus in locum campestrem. — Tercera: Predico en la Parroquia donde me bautizaron, y se llamaba Juan el que me bautizó: qué cosa mas propia que aquello de Joannes quidem baptizavit in aqua, ego autem in aqua et Spiritu Sancto? — Quarta: Es Mayordomo mi padre: In Domo Patris mei mansiones multæ sunt. Tambien mi padre es labrador: Pater meus agricola est. Llámase Anton Zotes; y el Arca del Testamento, figura del Sacramento, anduvo por el país de los Azotes ó de los Azotios: abiit in Azotum. — Quinta: Echóme el sermon mi Padre, el qual está vivo y sano. Et misit me vivens Pater. Cantará la missa mi Padrino...»

12. Aquí se halló un poco atascado, porque, haviendo revuelto quantas Concordancias se hallaban en su celda, conviene á saber las antiquíssimas de Hugo Cardenal, las de Alberstad, las de Harlodo, las de Roberto Estévan y, por última apelacion, las de Zamora, no encontró la palabra Padrino en todas ellas; y, ya desesperado, estaba resuelto á acudir al Theatrum vitæ humanæ ó á qualquiera Polyanthéa por algun Padrino de socorro, y aún en caso necessario á valerse del Tu es patronus, tu parens de Terencio en el Heauton-timorumenos, quando su dicha le deparó el texto mas oportuno del mundo: tropezó pues con aquello que se lee en el verso 14 del capítulo 16 de la Epístola de San Pablo á los Romanos: salutate Patrobam; y, passando luego á leer el capítulo, encontró en él un thesoro, porque casi todo el referido capítulo se reduce á las memorias, (hablando á nuestro modo,) que el Apóstol encargaba se diessen de su parte á todos los Christianos que se hallaban en Roma, y eran de su especial cariño ó por su mayor favor, ó por algun beneficio particular que havian hecho á la Iglesia, ó porque se havian esmerado mas en favorecer y en amar al mismo Apóstol: á todos los va nombrando por sus nombres, y en el versículo 14 nombra entre otros á Patroba.

13. «Teneo te, terra! dixo entónces Fray Gerundio, mas alegre que si huviera hallado una mina: de Patroba á Padrino no va un canto de un real de á ocho de diferencia, y con decir que el Padrino antiguamente se llamaba Patroba y que, corrumpido el vocablo, se llamó despues Padrino, está todo ajustado. Si alguno me replicare, (que él se guardará bien de esso,) le responderé, que con mayores corrupciones que esta nos tienen apestados los Etymologistas, y trampa adelante. Pues ahí, es decir que no dará golpe el salutate Patrobam, haciendo reflexion sobre el salutate, diciendo que hasta el Apóstol se acordaba del Padrino en la salutacion!»

14. Bien quisiera él encontrar tambien algun textecillo oportuno, para encaxar el apellido Quixano, no dexando de conocer que esse seria el non plus ultra del chiste y del ingenio, porque el texto de Padrino en general se podia aplicar á qualquiera Pastor que sacasse de pila á un hijo de Juan Borrego; pero túvolo por caso desesperado: no obstante, despues de haver andado batallando largo tiempo en su imaginacion, sin ofrecérsele cosa que le quadrasse, le ocurrió el pensamiento mas disparatado que se podia ofrecer á hombre mortal.

15. «Quixano, se decia él á sí mismo, sale de quixada; esto no admite duda: pues ahora, de las quixadas se dicen cosas grandiosas en la Sagrada Escritura, porque, dexando á un lado si Cain mató ó no mató á su hermano Abel con la quixada de un burro, que esta circunstancia no consta, á lo ménos de la Vulgata, y, aunque constara, no podria yo ajustarla bien para mi cuento; pero consta ciertamente, que Sanson con la quixada de un asno quitó la vida á mil Philistéos; consta que, haviendo quedado muy fatigado de la matanza y estando pereciendo de sed, sin haver en todo aquel campo ni contorno una gota de agua, con que poder aliviarla, hizo oracion á Dios, para que le socorriesse en aquella extrema necessidad; y del diente molar de la misma quixada brotó un copioso chorro de agua cristalina, con que apagó la sed y se refociló Sanson. Consta, finalmente, que en memoria de este prodigio se llamó el lugar donde sucedió, y se llama el dia de hoy la fuente del que invoca desde la quixada: Ideirco appellatum est nomen illius loci fons invocantis de maxilla, usque in præsentem diem

16.[3] «Qué cosa mas divina para mi assunto! Aquí tenemos una mysteriosa quixada, que con agua celestial y milagrosa da nuevo espíritu á Sanson y le restituye la vida, á lo ménos se la conserva. El agua es sýmbolo del agua del bautismo, cuya virtud es milagrosa y celestial; y la quixada que la suministró, sombra muy propria del Padrino que la administra, cuyo apellido de Quixano está haciendo clara alusion á aquel mysterioso orígen. Que la quixada fuesse de un burro ó fuesse de un racional, esse es chico pleito para la substancia del intento, y mas quando á cada passo leemos en la sagrada Escritura, que los brutos y las fieras symbolizan á los mayores hombres.»

17. Ajustada tan felizmente esta circunstancia, por todas las demas se le daba un pito; pues para los danzantes tenia la danza de David delante del arca del Testamento, que sale en todas las danzas del Córpus, y, si no queria echar mano de esta por demasiadamente vulgar, tenia la danza de los de las melenas largas, como él lo construía, de la qual hace mencion el Propheta Isaïas, quando dice: Et pilosi saltabunt ibi; y mas que se acordaba muy bien de que los danzantes de su lugar siempre llevaban tendidas las melenas, cosa que los agraciaba infinitamente, y lo de pilosi saltabunt venia para ellos á pedir de boca.

18. Para el Auto sacramental le pareció, que podia acomodar todos los textos que hablaban de alguna figura del Sacramento; porque figura y representacion, discurria él, todo es una misma cosa; con que, si tenemos representacion y Sacramento, qué nos falta ya para Auto sacramental? — Donde iba muy holgado y, á su parecer, literal, era en la circunstancia de los novillos; porque, aunque fuessen menester cien textos diferentes para cien corridas, estaba pronto á sacarlos de la Escritura, aplicando todos los que hablan de vítulos; y si, como eran novillos, fueran toros, por lo ménos para mas de treinta corridas ya tenia provision de textos. Los cohetes y las carretillas que se disparaban, los encontraba él vivíssimamente figurados en aquellos quatro mysteriosos animales que tiraban la carroza de Ezequiel, los quales iban y volvian por el ayre, in similitudinem fulguris coruscantis, como unos rayos, como unos relámpagos y como unas exhalaciones. La hoguera no le daba maldito el cuidado, puesto que tenia en la Escritura mas de cien hogueras á que calentarse, sin mas trabajo que arrimarse á qualquiera de las que se encendian para consumir los holocaustos; y, si se le ponia en la cabeza hacer tambien circunstancia de los muchachos que saltaban por la hoguera sin quemarse, qué cosa mas propria ni mas natural que los tres muchachos del horno de Babilonia?

19. Assí acomodó en sus apuntamientos á todas las circunstancias, que le parecieron precisas y absolutamente indispensables; pero faltábale una, que, aunque no todos los Predicadores se hacian cargo de ella, á él no le sufria el corazon dexar de tocarla. Esta era hacer alguna commemoracion de su querida madre; porque hacerla de su padre y de su padrino, y no hacerla de la madre, que le parió y que le havia tenido nueve meses en sus entrañas, se le representaba una dureza insoportable y que no se componia bien con el tierno amor que le professaba. Ya se ve que, para hablar en general de madre, de hijo, de parir y de vientre, tenia los textos á millares; pero él no se contentaba con esta generalidad, y quisiera un textecillo terminante y peladito, que hablasse de su madre Catanla Rebollo, con sus pelos y señales.

20. Anduvo, tornó, bolvió y rebolvió por mucho tiempo assí las concordancias como los sesos, sin poder hallar cosa que le aquietasse, hasta que al fin se le vino á la memoria el ingenioso medio de que se valió cierto Predicador para salir de semejante aprieto. Llamábase María Rebenga la Mayordoma de cierta cofradía de mugeres, en cuya fiesta predicaba, y, no pudiendo encontrar en la Escritura texto que hablasse expressamente de Rebenga, qué hizo? Dixo, que la esposa havia combidado á el esposo para su huerto con estas palabras: Veniat dilectus meus in hortum, venga mi amado á espaciarse por el huerto; y, como se diesse por desentendido al primer combite, le bolvió á instar con las mismas voces: Veniat dilectus meus in hortum, venga á espaciarse por el huerto mi querido. Ahora noten: dos veces le dice que venga, veniat veniat, como quien dice: venga y revenga. Con cuyo arbitrio salió el discreto Predicador del empeño con el mayor lucimiento, y mas quando añadió que, á la primera instancia, en que la esposa no le dixo mas que venga, hizo como que no queria; pero, quando en la segunda oyó la palabra revenga, veniat veniat, no pudo ménos de rendirse.

21. A este modo le pareció á Fray Gerundio que tambien él podria desempeñarse, haciendo reflexion á que el apellido Rebollo parece que suena dos veces bollo, y tuvo por impossible que no se hallasse algo de bollo en la Biblia, en cuyo caso él se ingeniaria para la aplicacion; pero se quedó yerto, quando en toda ella no encontró siquiera un bollo que llegar á la boca, y, pareciéndole que á lo ménos alguna cosa de Repollo no podia faltar en alguno de tantos huertos, de que se hace mencion en los sagrados libros, ni aún esto pudo encontrar; y, aburrido ya, abandonó del todo el pensamiento de nombrar á su madre expressamente por el apellido, pero apuntó el texto de Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti, para aplicarle quando se ofreciesse buena occasion.

22. Dispuesto assí el plan de la salutacion, por el cuerpo del sermon se le daba un comino, pues en haciendo á Christo en el Sacramento, ó Sol, ó Phénix, ó Aguila, ó Jardin, ó Ametysto, ó Pyropo, ó Cíthara, ó Clavicordio, ó Fuente, ó Canal, ó Rio, ó Azucena, ó Clavel, ó Gyrasol, y despues cargar bien de broza y de fagina, textos, autoridades, glosas, varias lecciones, versos latinos, sentencias, apophtegmas, alusiones, tal qual fabulilla apuntada, aunque no sea mas que para mayor adorno, estaba seguro de componer un sermon que se pudiesse dar á la imprenta.

23. En lo que estuvo un poco indeciso, fué en si seguiria ó no seguiria el mismo estilo que havia usado, assí en el sermon del Refectorio como en el de la Plática de Disciplinantes. Es cierto, que él estaba perdidamente enamorado de él, porque, sobre adaptarse mucho á su primera educacion, especialmente en la escuela del Dómine Zancas-Largas, todas aquellas voces rumbosas, altisonantes y estrambóticas, le hallaba canonizado en la práctica de su héroe el Predicador Fray Blas, y veía que en todo caso mucho le celebraba la turba multa: no obstante, no dexaba de hacerle grandes cosquillas la burla, que assí el Padre Provincial como el Maestro Prudencio havian hecho de el tal estilo; pero, sobre todo, lo que le hizo titubear mas, fué un papel que por rara casualidad llegó á sus manos, como lo dirá el Capítulo siguiente.


CAPITULO II.

Lee Fray Gerundio un Papel acerca del estilo, y queda aturrullado.

1. Havia muerto por aquellos dias en el Convento un Padre Predicador jubilado, hombre de mucha suposicion en la órden, que havia seguido la carrera del púlpito con el mayor aplauso y, lo que es mas, muy merecido, porque, sobre ser un grande Religioso, era verdaderamente sabio, eloquente, nervioso, de juicio muy assentado, de buen gusto y de acreditado zelo. Su espolio, (assí se suelen llamar en las Religiones aquellas alajuelas que dexan los Religiosos difuntos,) su espolio casi todo él se reducia á sus sermones manuscritos y á algunos otros papeles y apuntamientos, concernientes por la mayor parte á la misma facultad; y, aunque en la Comunidad huvo muchos gulosos de ellos, especialmente de la gente moza, que suele hacer su veranillo en semejantes ocasiones, pero el Prelado con mucho acuerdo y prudencia se los aplicó á Fray Gerundio: lo primero, porque parecia mas acreedor que otro alguno, hallándose al principio de la carrera; y lo segundo y principal, (que esta fué en realidad la máxima del prudentíssimo Prelado,) para que, leyendo aquellos sermones y tomándoles el gusto, procurasse imitarlos y, si no podia ó no queria, á lo ménos los predicasse á la letra, lográndose en qualquiera de estos arbitrios que aprovechasse sus talentos y no dixiesse en el púlpito tantos disparates.

2. Puntualmente se hallaba nuestro Fray Gerundio batallando con sus dudas sobre el estilo, que havia de seguir en el sermon, quando entró en su celda el Prelado con los papeles y sermones del difunto, entregóselos con cariño, recomendóle mucho su lectura y su imitacion, y luego se retiró, porque le llamaban otras dependencias. Fray Gerundio, con su natural viveza y curiosidad, no pudo contenerse sin registrar luego los títulos de aquellos papeles y sermones, que venian todos repartidos en tres legajos. Desató el uno, y lo primero que encontró fué un cartapacio de pocas hojas con este epígrafe: Apuntamientos sobre los vicios del estilo. Pasmóse de aquella extraordinaria casualidad, comenzó á leer, y halló que decia assí:

3. «Primer Vicio: Estilo hinchado. Llámase assí por analogía con aquella viciosa disposicion del cuerpo viviente, quando, en lugar de carne y de succo nutricio, está ocupada alguna parte de él de una porcion de pituíta nociva, que causa el tumor ó inflamacion: consiste este estilo, dice Tulio, en inventar nuevas voces, ó en usar de las antiguadas, ó en aplicar mal en una parte las que se aplicarian bien en otra, ó en explicarse con palabras mas graves y magestuosas de lo que pide la materia.»

4. «La hinchazon del estilo unas veces está en solas las palabras, otras en solo el sentido, y otras en todo junto. Exemplos de hinchazon en las palabras: Dionisio el Tyrano llamaba á las Doncellas expectati-viras, las expectantes de Varon; á la Columna Menecratem ó Validi potentem, la forzuda; y Alexarcho, hermano de Casandro Rey de Macedonia, llamaba al Gallo manicinero, el Músico matutino; al Barbero Drachma, porque esta moneda se pagaba por afeitarse; al Pregonero Chœnice, porque con la medida de este nombre se median las cosas que se vendian al Pregon. No cabe mayor ridiculez.»

5. «Exemplos de hinchazon en el sentido. Séneca, en la Tragedia de Hércules Ethéo, le introduce pidiendo el Cielo á su padre Júpiter con estas fastuosíssimas palabras:

Quid tamen nectis moras?

Numquid timemur? Numquid impositum sibi

Non poterit Atlas ferre cum cœlo Herculem?

Quiere decir: Qué detencion es essa? Qué! me temes? ó, si yo subo á él, tienes rezelo de que Atlante no pueda con el Cielo? — Parece que no es possible pensamiento mas hinchado; pero todavía lo es mas el que se sigue:

Da tuendos, Jupiter, saltem Deos:

Illa licebit fulmen a parte auferas,

Ego quam tuebor.

No es mas que decirle:

A lo ménos, ó Júpiter, permite

Que amparar á los Dioses solicite,

Y para los que tomare á mi cuidado

Sobran tus rayos, bástales mi lado.

De esto hay infinito en los Poetas y Oradores Castellanos.»

6. «Exemplos de el estilo hinchado en las palabras y en el sentido. El Poeta Nono hace decir á el Gigante Typhon lo que se sigue: No pararé hasta montar á cavallo sobre mi Hermano el Cielo; pero, en llegando allá, tengo de fabricar otro Cielo, ocho veces mas grande que el antiguo, porque en este no quepo yo. Assí mismo he de hacer que se casen las Estrellas, para que sea mas numerosa la poblacion de los Astros. A Mercurio le he de poner en un cepo, y á la Luna la reciviré por moza de cámara, para que haga las camas. Quando me quiera lavar, mandaré que me echen en una palangana todo el Erídano celestial, etc. Cada pensamiento es una locura, y cada expression una arrogancia.»

7. «Segundo Vicio: Estilo cacozelo.» — Algo se sorprehendió F. Gerundio, quando leyó esta expression, que le pareció mal sonante y piarum narium offensiva, pero luego se sossegó con la explicacion que se seguia en esta conformidad.

8. «Llámase estilo cacozelo aquel estilo afectado, que consiste en imitar mal las palabras ó los pensamientos del otro, de manera que las que en una parte están en su lugar y tienen alma, en otra no pueden estar mas dislocadas ni ser mas frias. Exemplos: Pintó Parrasio á un muchacho con un canastillo de uvas, tan vivas estas y tan naturales que engañados los páxaros baxaban á picarlas. Celebróse mucho esta pintura; y el mismo Parrasio, ó por modestia verdadera ó por hacer burla de los que la celebraban, notándolos de poco inteligentes, dixo que la pintura no podia estar peor; porque, aunque las uvas fuessen verdaderas, si el muchacho estuviesse bien pintado, no se arrimarian los páxaros á ellas.»

9. «Leyó un Rhetórico pedante, llamado Espiridion, este hecho y este dicho y, ofreciéndosele celebrar otra pintura del mismo Parrasio, colocada en el templo de Minerva, en la qual se representaba el cuerpo de Prometheo en el monte Cáucaso, continuamente despedazado de un buitre, y continuamente reproducido, para que le estuviesse perpetuamente despedazando; despues de muchas ponderaciones sobre la horrible propriedad de la pintura, dixo por última exageracion, queriendo imitar la de las uvas, que hasta en el mismo templo baxaban los buitres á encarnizarse en el retrato. Riéronse con razon los oyentes de un remedo tan frio como improprio; porque los buitres no son como las golondrinas, los morciélagos y las lechuzas, que saben muy bien lo que passa en los templos; aquellos solo pueden dar noticia de lo que sucede en los montes y en los peñascos.»

10. «Otro exemplo: Dió principio un célebre Orador al sermon de honras de Phelipe IV. con esta emphática expression: Con que, en fin, hasta los Reyes mueren! y paróse un poco, dando lugar á que el auditorio reflexionasse sobre ella. Fué sumamente aplaudida la naturalidad y la elevacion de este mysterioso principio. Pocos dias despues pronunció la oracion fúnebre del Capiscol de cierta Iglesia un Predicadorcillo y, queriendo remedar lo que havia oído aplaudir, comenzó de esta manera: Con que, en fin, hasta los Capiscoles mueren! Fueron tales las carcajadas del auditorio, que el Orador no pudo proseguir mas adelante, y los que comenzaron honras acabaron entremes.»

11. «Tercer Vicio: Estilo frio. Es en parte parecido al cacozelo ó á el remedador, pero se diferencia en que el frio principalmente consiste en pensamientos nuevos, estraños, peregrinos y, cuando se llegan á apurar, insulsos. Tal fué el de Hegesias, insulsíssimo Sophista, en el Panegýrico de Alexandro, quando dixo, que se havia abrasado el celebérrimo templo de Diana en Epheso, al mismo tiempo que Olympias estaba pariendo á aquel Príncipe, porque, ocupada la Diosa en assistir á este parto, no pudo acudir á apagar el fuego de su templo. Pensamiento tan frio, añade Plutarco, que él solo bastaba para apagar el fuego. Huius epiphonematis tantum est frigus, ut id ipsum ad Ephesii templi incendium restinguendum satis validum fuisse videatur.»

12. «A esta frialdad de estilo están muy expuestos aquellos Predicadores que se entregan inmoderadamente al sentido alegórico de la Sagrada Escritura. Usado este sentido con economía, con eleccion y con prudencia, como le usaron los Santos Padres, es ameno, oportuno y provechoso; pero en practicándole con excesso y á pasto, no hay cosa mas fria, que mas fastidie ni que ménos se pegue. Quien podrá, por exemplo, tolerar que perpetuamente le anden predicando estas ó semejantes interpretaciones: El pórtico de Salomon es la conversacion de Christo; la estrella Arcturo es la ley; las Pléyades, la gracia del nuevo Testamento; las Luces,[4] los consejos de los Santos Padres; las Grullas, los Padres espirituales; el Zéfiro, los Predicadores de la ley evangélica; la Perdiz, el Diablo; y los Cínifes, los Lógicos ó los Sophistas. Passen en buen ora todas essas alegorías: pero, quien no se empalaga, quando llena las orejas de ellas?»

13. «Quarto Vicio: Estilo pueril. Consiste este en una suavidad sin xugo, en una dulzura empalagosa, en unas palabras y expressiones afeminadas, en retruecanillos sin substancia, en juegos ó en paloteados de voces, en equivoquillos, en ternuras afectadas, en alusiones cariñosas, en ciertas figurillas alegres y floridas, en pinturillas theatrales, y finalmente en todo lo que suena á estilo cadencioso ó clausulado. Por lo regular solo usan de este estilo los entendimientos aniñados ó los que están posseídos de la loca passion del amor; porque, acostumbrados á leer en los Romancistas requiebros, ternuras, alhagos, rosas, azucenas y claveles, y hechizados de los conceptillos que lisonjéan su passion, juzgan que no hay cosa mayor ni mas divina. De este principio nacieron aquellos versos que compuso el Emperador Adriano, dirigidos á su alma, como quieren unos, ó á la del jóven Antínoo, de quien estaba extremamente enamorado, como quieren otros:

Animula vagula, blandula,

Hospes comesque corporis,

Quæ nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut soles, dabis jocos!»

14. «Vaya una pintura en el mismo estilo pueril, copiada á la letra de cierto sermon que anda impresso: Quiere el águila, hydrópica de luz, beber al Planeta mas propicio la impetuosa corriente de su raudal fogoso: navega por el mar del viento, sirviendo de seguros remos la ligereza de sus alas. Nunca vuelve los ojos al suelo, porque siempre los tiene fixos en el flamante globo. Si dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules; si la tierra con verdores la lisonjéa, el sol con benévolas influencias la halaga. Lleva pendiente de su pico ó prisionera en la estrecha cárcel de sus garras á su prole hermosa y tierna: mírala con desvelo, atiéndela con cuidado, registra sus ojos, repara sus movimientos. Pero si ella, ó embriagada de luces ó ciega de resplandores, vuelve el rostro, encorva el cuello, ó pestañéan sus dos pequeños orbes declinando en cobardes timidezes, la despeña con ira, la precipita con rabia y, arrojándola de las nubes, la destina para pasto de crueles voracidades. Mas, si amante de aquella mayor antorcha, alada Clicia de su incessante carrera, enamorada de su esplendor, apassionada de su brillantez, conserva estable la vista aguantando el tropel de tantas llamas, en plácidos ademanes la expressa mas intensos sus amores, siendo prueba de su legítima filiacion el sympático afecto á la claridad. — Pintura pueril, donde no se encuentra ni un solo pensamiento masculino ni un solo concepto nervioso y varonil, reduciéndose toda ella á figurillas comunes y á metáphoras vulgares; porque, en quitando aquello de llamar al sol el Planeta mas propicio ó la mayor antorcha, á sus rayos corriente de raudal fogoso, al Cielo flamante globo, á los ojos dos pequeños orbes, no queda mas fuego ni mas substancia que clausulillas cortadas, antíthesis ridículas, y repeticion de frases para explicar un mismo concepto. Y, quando el Autor dixo que, si el águila dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules, debió sin duda de pensar que las águilas aniden en jardines y en florestas, como los ruiseñores y canarios; porque, si supiera que las águilas tienen siempre su nido en los sitios mas horrorosos de la naturaleza, buscando unas veces la cima, y otras el hueco de algun peñasco escarpado, no diria el disparate de que dexaba amenidades de los vergeles, y huviera buscado otra antíthesis mas propria para acompañar á su dominacion sobre los campos azules

15. «Quinto Vicio: Estilo parenthyrso. Llámase assí aquel modo de predicar descompuesto, desentonado y furioso, en que el Predicador mas parece un orate que un Orador: todo gritos, todo exclamaciones, todo ponderaciones intolerables, todo gestos, todo contorsiones del cuerpo, todo movimientos convulsivos, y todo figuras magníficas y grandiosas, para explicar las cosas mas baxas y mas ridículas. Dase con mucha propriedad el nombre de parenthyrso á este estilo, por alusion al thyrso ó garrote nudoso, cubierto de hojas, que se usaba en las fiestas bacanales, con el qual se sacudian de garrotazos unos á otros los que las celebraban, como si estuvieran locos; porque en realidad no hay cosa que mas descalabre ni que mas rompa la cabeza, que este estilo ó este modo de predicar.»

16. «No es menester citar exemplos para conocer este estilo, porque bien freqüentes los tenemos á la vista, especialmente en sermones de Quaresma, que llaman de mission, quando los predican ciertos Predicadores visoños, llenos de zelo, pero faltos de experiencia y no sobrados de juicio. Suélense reducir sus sermones á pasmarotas, á interrogaciones impertinentes, á exclamaciones importunas, á voces descompassadas, y á una continua agitacion del cuerpo tan violenta, que al acabar el sermon quedan mas quebrantados y mas molidos que si huvieran estado cavando todo el dia; y, miéntras ellos se retiran muy satisfechos de su travajo, la mayor parte del auditorio se va riendo de su bobería ó compadeciéndose de su locura.»

17. «Suelen estos en el discurso del sermon llorar, encenderse, enojarse, irritarse, invocar á el Cielo y á la tierra lo mas importunamente del mundo; y lo mas gracioso es que, quando dicen las cosas mas comunes ó mas frias, pareciéndoles que tienen ya al auditorio comovido, dicen con la mayor satisfaccion: Pero ya veo que se os despedazan las entrañas, ya veo que se os parte el corazon, ya veo que corren hasta el suelo vuestras lágrymas. Y lo que hay en el caso es, que miéntras tanto los oyentes están con los ojos muy enjutos, con el corazon entero, y con las entrañas frescas y sanas salvo que se les despedacen de risa.»

18. «Sexto Vicio: Estilo escolástico. Incúrrese de varias maneras: ó quando el sermon mas parece una disputa que una oracion, por las pruebas, por la confirmacion, por los argumentos, por las respuestas y por las réplicas; ó quando en el discurso de él, aunque por lo demas tenga mucho de aire oratorio, se introducen freqüentemente sylogismos formales con su mayor, menor y conseqüencia; ó quando se citan, con excesso y con afectacion de sabios, puntos controvertidos en la escuela, con aquello de: dicen los Philósophos, enseñan los Theólogos, sabe el Maestro, etc. Incurren por lo comun en este vicio tres géneros de gentes: los Predicadores demasiadamente mozos, que aún están, como se dice, con el vade en la cinta; los demasiadamente viejos, encanecidos en las Aulas y en las Universidades; y aquellos, assí viejos como mozos, que por su profession ó instituto no pueden lucir sus estudios escolásticos en theatros públicos, destinados para esso, y escogen el púlpito para hacer importuna ostentacion de ellos.»

19. «Tambien se llama estilo escolástico el de aquellos Oradores tan supersticiosamente aligados á las leyes y reglas de la oratoria, que ántes quebrantaran todos los preceptos del Decálogo que faltar al mas mínimo cánon de la rhetórica. Estos tienen gran cuidado de que todo el artificio se descubra de par en par: el exordio, la proposicion, la division, las pruebas, la exornacion, el epílogo, y de ir midiendo las figuras como con un compas, distribuyéndolas y repartiéndolas en sus caxoncillos y quadrados, como tablero de damas. No hay cosa mas insufrible ni mas fastidiosa que una composicion tan arreglada: hasta el gesto y el tono de la voz, el movimiento del cuerpo y las acciones de las manos, ponen el mayor estudio en que salgan á nivel. Con mucha gracia se burlaba de ellos Demósthenes, quando decia, que no creía pendiesse la fortuna de la Grecia de que la mano se moviesse hacia aquí ni hacia allí: fortunas Græciæ ex eo non pendere, an manum in hanc vel in illam partem inflexeris. Este es aquel estilo que por otro nombre se llama tambien pedantesco

20. «Séptimo Vicio: Estilo poético. Dice Theophrasto, y ya convienen todos en ello, que es sumamente útil al Orador exercitarse en la lectura de los mejores Poetas, especialmente cómicos y trágicos, y aún añade Dionysio Halicarnasseo que no puede ser perfecta una oracion, si no es muy parecida á un buen poema.»

21. «La verdadera inteligencia de esta regla, que tambien la adoptan Ciceron y Quintiliano, es la que dan ellos mismos. Dice Ciceron, que el Orador ha de aprender del Poeta á hablar con número y con medida; pero no con aquella medida que hace el verso, porque esse es vicio de la oracion, nam id quidem orationis est vitium, sino con aquella medida que causa en los oídos cierta harmonía llena y numerosa, siendo cierto, que es numeroso todo lo que suena bien; por esso dixo un discreto, que para hacer buena prosa era menester tener buena oreja.»

22. «Quintiliano explica mas la materia y dice, que el Orador debe aprehender de el Poeta la elevacion del concepto, la viveza de la expression, el imperio y la mocion de los efectos, la propriedad y el decoro de las personas, pero advierte, que no ha de passar de aquí y que no debe imitar al Poeta ni en la arrogancia y libertad de las palabras, ni en la licencia de las figuras, ni en la forzosa medida de los piés: Meminerimus tamen non per omnia Poetas Oratori esse sequendos, nec libertate verborum, nec licentia figurarum, nec pedum necessitate

23. «Por no entender bien esta regla ó por entenderla al rebés, han caído tantos Historiadores y tantos Oradores en el intolerable vicio de el estilo poético, tomando de los Poetas lo que debieran huir, y huyendo de lo que debieran tomar: de la sublimidad del pensamiento, de la valentía y magestad de la expression, y de el divino fuego con que inflama los afectos, nada absolutamente; pero de sus enthusiasmos, de sus frases floridas y pomposas, de sus figuras arrebatadas, y de las medidas de sus piés, absolutamente todo, sin faltarles mas que las rimas ó los consonantes.»

24. «Quien ha de tener paciencia para oir á un Orador sagrado, que desde toda la grave magestad del púlpito pinta á un leon de esta manera: Mirad esse coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña; atended como eriza la melena, como afila el acero tajante de las uñas, como furioso acomete, como estremeciendo ruge!Da pedes, et fient carmina: no le faltan mas que los piés para ser verso; pero ni aún los piés le faltan, porque aquello de coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña, atended como eriza la melena, son tres piés cabales de verso heróico, y lo otro de como furioso acomete, como estremeciendo ruge, son dos piés muy ajustados de verso lýrico.»

25. «Amiano, Enodio y Sidonio Apolinar fueron los que introduxeron esta peste, y con ella inficionaron las quatro partes de el mundo: para decir Amiano que una injusta y cruel guerra abrasó á toda la ciudad, se explica con estas poéticas frases: Cumque primum Aurora surgeret, universa quæ videre poteram armis stellantibus coruscabant ac ferreus equitatus campos opplebat et calles; sæviens per urbem æternam urebat cuncta Bellona, ex primordiis minimis ad clades duda luctuosas, quæ obliterasset utinam juge silentium: Apénas la Aurora havia dexado el lecho y pude con su luz descubrir lo que passaba, quando ví, que toda la campiña resplandecia con las armas centellantes y que la cavallería, cubierta de hierro azerado, llenaba campos y calles; Belona, cruelmente enfurecida, todo lo reducia á pavesas en aquella ciudad interminable, passando de los menores daños á estragos tan lastimosos, que oxalá los huviera borrado de la memoria el silencio ó el olvido!»

26. «Pero esto no tiene comparacion con la pintura, que hace del suelo helado y resbaladizo en tiempo de invierno: Hieme vero humus crustata frigoribus et tanquam levigata ideoque labilis incessum præcipitantem impellit, et patulæ valles per spatia plena glacie perfide vorant nonnumquam transeuntes: Encostrada en invierno la tierra al rigor de frios y de escarchas, passa de desigual y consistente á lisa y resbaladiza, y assí impele con violencia al que quiere caminar con passo precipitado, de manera que, ofreciéndose á la vista los valles mas espaciosos, tal vez tan llenos de perfidia como de hielo, se tragan al mismo caminante.»

27. «No se trahen mas exemplos de el estilo poético, porque no hay cosa mas de sobra en los libros, ni apénas se oye otro en los púlpitos, con tanto dolor de los zelosos como risa de los verdaderos críticos.»

28. «Octavo Vicio: Estilo metaphórico y alegórico. Tiene mucho parentesco con el poético en lo hinchado de las frases, y solo se diferencia de él en que este huye de aquellas voces proprias y naturales, que se inventaron para la sencilla explicacion de las cosas, y busca estudiosamente las que solamente significan los conceptos por alguna semejanza ó analogía. La metáphora se puede exercitar en una sola palabra, como quando de un hombre fiero se dice que es un leon, ó de un empedernido que es una piedra, es un mármol. La alegoría se ha de seguir ó continuar en una ó en muchas cláusulas, sin perderla de vista ni abandonarla hasta que llegue á hacer completo y perfecto sentido de la oracion, como quando decimos que, embarcada el alma en la nave del cuerpo, se hace á la vela por el mar de este mundo y, surcando piélagos de miserias, entre borrascas de contradicciones, escollos de fortunas peligrosas, y bagíos de adversidades, ya zozobra, ya naufraga, hasta que, soplando el viento favorable de la gracia, llega feliz al puerto de salvamento

29. «No se puede negar, que assí la metáphora como la alegoría, usadas con oportunidad y con moderacion, dan mucha gala al estilo, le ennoblecen y le elevan; pero, quien podrá tolerar una oracion ó un libro entero escrito todo él en este estilo? Solo el gusto góthico, que estragó todas las ciencias y las artes, pudo hallar gracia en esta frialdad, y solamente aquellos, que llamaban el hierro[5] de Ciceron á la divina eloquencia de este hombre incomparable, podian reputar por oro su asquerosíssima basura.»

30. «Donde hay cosa mas ridícula que la alegoría, con que Enodio alaba la descripcion que hizo del mar un amigo suyo en cierta obra? Dum salum quæris verbis in statione compositis, et incerta liquentis elementi placida oratione describis; dum sermonum cymbam inter loquelæ scopulos Rector diligens frenas et cursum artificem fabricatus trutinator expendis; pelagus oculis meis, quod aquarum simulabas eloquiis, demonstrasti. Quiere decir: Quando intentas pintar el salobre charco con palabras escogidas á mano, como flores; quando pretendes descrivir con plácida oracion assí las inconstancias como los inquietos rumbos del líquido elemento; quando goviernas diestro Piloto la navecilla de las voces entre los escollos de la facundia y con mano maestra de artífice perito examinas, balancéas y equilibras el peso de las expressiones, no representaste á mis ojos el piélago de aguas, que dissimulabas, sino el oceano de eloquencia, que no pretendias

«Solo puede competir con esta insulsez la carta, que un Estudiante escrivió á su Padre para darle á entender lo mucho que havia aprovechado en la rhetórica, y sobre todo lo bien que sabia seguir una alegoría. La carta decia assí»:

31. «Orígen y Señor mio: Derivándose de Vm., como de su manancial inagotable, este corto arroyuelo de mi vida, que hoy serpentéa líquido por estos dilatados campos de Villagarcía, es de mi obligacion poner en noticia de Vm., como ya es muy delgado el hilo de su corriente, porque los rayos de el sol, que nos abrasó en Carnestolendas, elevaron hácia arriba tantos vapores, que apénas le han dexado caudal para humedecer la hierva. Por tanto, si Vm. no quiere que el arroyuelo se seque, socórrale con raudales, ya sea por arcaduces de lino (las alforjas), ya por conductos de pieles embetunadas (botas ó pellejos). A mi Señora elucubradora (la madre que le dió á luz), que esta su menor antorcha se pone á la obediencia de sus rayos. B. l. m. de Vm. su phénix Varon (era el único hijo con dos hermanas), el Precursor sin hiel (llamábase Juan Palomo). Habria hombros en la naturaleza, que pudiessen con un libro ó con un sermon en este estilo? y á los de Atlante, que pudieron con el Cielo, no les brumaria una cosa tan pesada?»

32. Hasta aquí el papel de Apuntamientos, con que tropezó Fray Gerundio, que leyó de verbo ad verbum, sin perder sýlaba ni coma; y apénas acabó de leerle, quando se quedó suspenso por un rato: cerró los ojos, sentó el codo derecho sobre el brazo de la silla, reclinó la cabeza sobre la mano, teniendo en la izquierda el papel que havia leído. Estuvo un buen espacio de tiempo pensativo, y al cabo levántase con ímpetu de la silla, coge el papel entre las dos manos, hácele dos mil pedazos, arrójale con indignacion por la ventana, y, dando dos paséos por la celda, acompañados de media dozena de patadas, exclamó diciendo: «Válgate el Diantre por papel y por el grandíssimo impertinente que te fabricó; que me haveis rebuelto los sesos! Es impossible que el Autor no fuesse el hombre mas prolixo y el mas indigesto, que ha nacido de mugeres. Pues qué, para hablar uno como Dios le ayudare, ha menester tantas ceremonias? Y, si este Autorcillo avinagrado tiene por viciosos todos los estilos que acaba de nombrar, donde hallará uno que no sea pecador? A el magnífico le llama hinchado; á el culto, remedador ó caco-qué sé yo? á el figurado, frio; á el tierno, florido y delicioso, pueril; á el vehemente, parenthyrso ó paren-Diablo; al arreglado, escolástico; al rumboso, poético; y al alusivo, metaphórico ó alegórico: pues, en qué estilo hemos de hablar y escrivir? Váyase, vuelvo á decir, con quatrocientas mil pipas de Dem... (y díxolo redondo, porque no era escrupuloso), que yo escriviré y hablaré en el que me diere la gana; y, pues el que he usado hasta aquí ha merecido tantos aplausos, aténgome á él, y no á lo que dice este Apuntador descontentadizo y malhablado.»

33. Con efecto, en un santiamen dispuso el sermon, sin apartarse un punto de su estilo estrambótico, ni desamparar sus queridas frases estraphalarias. Para fecundar bien la imaginacion ó la fantasía en ellas, leyó un par de sermones de su riquíssimo thesoro el Florilegio sacro, y aún para mayor abundamiento volvió á recorrer cierto sermon impresso de otro Autor, que le havian prestado en una oracion para que le leyesse, y á él le cayó tan en gracia, pareciéndole un milagro de eloquencia, que no paró hasta que su dueño le hizo entera y absoluta donacion de él inter vivos, transfiriéndole su dominio y omnímoda propriedad.

34. Este sermon se intitulaba: Triumpho amoroso, Sacro Hymenéo, Epithalamio festivo, mirífico Desposorio, que con el Cordero Eucharístico celebró en su profession solemne la Madre Sor... etc., compuesto por el R. P. Fr... etc. El título solo de la pieza le encantó, y le arrebató las potencias y sentidos. Reparó, que la dedicatoria y aprobaciones ocupaban tanto como el sermon; porque en materia de hojas estaban tantas á tantas, y de contado esto le hizo formar un concepto superior del mérito de la obra, pues á cada palabra de ella correspondia otra en elogio suyo. Comenzó á leerla, y juzgó que no se havia engañado en su concepto, porque quedó como extático de admiracion y de assombro al encontrarse con las primeras cláusulas de la salutacion, que decian assí ni mas ni ménos:

35. «O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor. Qué invencion! Qué sacro enigma! Dulce divino Cupido! Sol de Justicia amoroso! Qué labyrintho de luces dissimula en gloria tanta esse disfraz de mysterios!» — Es cierto, que el estilo no le pareció tan elevado como el de el Florilegio, porque en realidad las voces son regulares y de estas que se usan en tierra de Christianos; pero, qué importa? si en cambio aquella perfecta cadencia de verso lýrico es un dulcíssimo encanto? Sobre todo aquel arranque: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, le pareció á nuestro sabatino que no havia oro para pagarle, y él por lo ménos daria alguno, porque se le ofreciesse alguna cosa parecida, para dar principio á su sermon. No dexó de ofrecérsele que la tal entradilla: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, parecia un poco mas retozona de lo que á Religiosos conviene, y que acaso algun bufon del auditorio diria (allá para su coleto): «Cuerno en el Frayle, y qué respingon que sale! Cierto que perderia mucho la Iglesia de Dios en que su Paternidad no entendiesse ni de bodas ni de amor! ántes creo que nada ganará, si entiende mucho S. Rma. de la materia.» Digo, que todo esto le passó por el pensamiento á Fray Gerundio, pero lo despreció con una noble libertad de espíritu, por dos importantíssimas razones. La primera porque, si los Predicadores huvieran de hacer caso de truhanes y bellacos, ahorcarian el oficio, pues apénas podrian decir cosa, que no la torciessen y la maliciassen. La segunda porque, si no dissonó aquel arranque en un Predicador de profession mucho mas austero y de hábito mucho mas penitente que el suyo, con la circunstancia de estar cubierto de canas y cargado de años y empléos en la Religion, mucho ménos dissonaria en él por las razones contrarias.

36. Desembarazado tan felizmente de este reparillo y persuadido á que no era possible abrir el sermon con cláusula mas ayrosa, comenzó á batallar en su imaginacion con una multitud de cláusulas, que de tropel se le ofrecieron, todas parecidas á ella, sin saber qual havia de elegir, porque cada una le parecia la mejor. Asseguró despues á un confidente, por cuya deposicion lo supimos, (pues sin algo de esto ó sin que él lo dexasse anotado en alguna parte, como era possible que llegasse hasta nosotros la noticia de lo que le havia passado por el pensamiento?) asseguró (vuelvo á decir) á un confidente suyo, que entre las cláusulas semejantes á la primera del Epithalamio festivo, que á borbotones se le vinieron al pensamiento, las que mas le dieron que hacer, porque le agradaron mas, fueron las siguientes.

37. O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Esta le pareció una invencion milagrosa para captar desde luego una suspension extática. O Jesu-Christo está allí, ó yo no sé donde estoy. Tambien juzgó, que este principio estaba lleno de una exquisita novedad. O aquel es cuerpo de Christo, ó no hay en los naypes ley. Mucho le agradó este ofrecimiento, porque, sobre ser el mas popular de todos, aquello de cotejar la existencia de Christo en el Sacramento con la ley de los naypes, se le figuró una valentía de ingenio jamás oída ni vista. En esta última tenia razon, y, como no fuesse una blasphemia heretical, vamos claros que era un pensamiento singularíssimo. O aquel no es vino ni es pan, ó soy un borracho yo. Aún esta cláusula le agradaba mas que todas, si no fuera por la palabra borracho, que le pareció demasiadamente llana; y, aunque ya se le ofreció, que ebrio y beodo significaban lo mismo con alguna mayor decencia, pero, sobre que no ajustaba tan bien el pié del verso, creyó, que en quitando la palabra borracho se le quitaba á la cláusula toda la gracia.

38. Finalmente, bien considerado todo, se determinó á dar principio á su sermon con la cláusula primera: O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Para tomar esta acertada determinacion, tuvo buenas y legítimas razones; pues, sobre ser aquella cláusula, sin disputa alguna, la mas suspensiva y la mas emphática de todas, era tambien la mas verdadera, siendo indubitable que, si en Campazas no havia Sacramento, supuesta la consagracion, tampoco le habria en la Iglesia de San Pedro en Roma ni en ninguna de toda la Christiandad, y allá iba la fé por essos trigos de Dios: fuera de que esta cláusula le venia de perlas para el assunto, que ya havia resuelto tomar, conviene á saber, que Campazas era la Patria nativa del Sacramento de la Eucharistía, lo que, á su modo de entender, estaba concluyentemente probado; porque llevando, como él llevaba, la opinion, (y es en realidad la mas probable,) de que el verdadero y legítimo nombre de Campazas en su primitiva institucion havia sido Campazos, esto es Campos espaciosos y largos, campos muy dilatados, y consiguientemente que el lugar de Campazos fué, digámoslo assí, como el tronco, como el Fundador, ó como el Lugariarcha de la frugífera region de Cámpos, á la qual dió glorioso y oportuno nombre: — supuesto todo esto, discurria nuestro Fray Gerundio con tanta solidez como sutileza, de esta manera: «La materia remota del Sacramento de la Eucharistía es el trigo; la patria del trigo es Cámpos; la casa solariega de Cámpos es Campazas; luego Campazas es el solar y la patria del Santíssimo Sacramento.»

39. «Esto por lo que toca á la materia del Sacramento en la especie del pan; vamos á la misma materia en la especie de vino. Sic argumentor: El vino es materia remota de la Eucharistía; el vino nace en las viñas, las viñas en los campos, los campos en Campazas; ergo, etc. Para la exornacion no me sobra otra cosa que materiales tomados de la Escritura, de los Padres, de los Expositores, de los Autores profanos; y, si me resuelvo á valerme de la fábula, tambien de los Mythológicos. Todo quanto se dice de los campos y de todo lo que pertenece á ellos, especialmente de trigos, viñas y vino, viene clavado á mi assunto. Passan de ciento los textos de la Escritura que hablan de campos, y, solo con leer á Gislerio en la exposicion de qualquiera capítulo de los Cantares, encontraré un carro de autoridades para llenar el sermon de latin, todo perteneciente á viñas, trigos y campos, y para cargar las márgenes de tantas citas, que apénas quepan en ellas, de manera que solo con verlas me tengan por el hombre mas leído y mas sabio que ha nacido de mugeres. De los Autores profanos, no hay mas que abrir las Geórgicas de Virgilio y algunas de sus Eglogas, que en ellas hallaré versos á pasto y todos muy al intento, con que podré aturrullar á mi mismo Preceptor el Dómine Zancas-Largas; y en fin, si quiero amenizar la funcion con la erudicion florida de las fábulas, (que á esso todavía no me he determinado,) ahí están los prodigios que se cuentan de Céres, Baco, Flora, Pomona, y, por fin y postre, toda la Cornucopia de la divina Amalthéa; pues todas estas Deidades son de la jurisdiccion y Adelantamiento de la provincia de Cámpos, que me darán barro á mano no solo para competir la amenidad de mi grande amigo Fray Blas, sino casi casi para apostárselas al soberano Autor del pasmoso Florilegio

40. Ni mas ni ménos como lo ideó Fray Gerundio, assí dispuso su sermon, y, estudiado que le huvo, llegándose el dia de predicarle, montó en un macho de Noria, tuerto y algo perezoso, que le embió su Padre, y partió á Campazas, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente.


CAPITULO III.

Predica Fray Gerundio en su Lugar, y atúrdese la gente.

1. Havia corrido por toda aquella comarca la noticia de que nuestro Fray Gerundio baxaba á predicar en la funcion del Sacramento en la célebre fiesta de Campazas, ya porque Anton Zotes como Mayordomo havia convidado á todos los amigos que tenia en los lugares á la redonda, que no eran pocos, assí de labradores como de Clérigos y Frayles, ya porque el mismo Fray Gerundio no se havia descuidado en echar tambien la voz entre sus muchos conocidos y apassionados, siendo tentacion tan comun en todo Predicador principiante, que tal vez cunde hasta en los mas adultos y provectos, dexarse caer al descuído con cuidado, ya en las conversaciones, ya en las cartas, el dia ó los dias que predican, lo que algunos maliciosos atribuyen á demasiada satisfaccion ó vanidad, y, á mi pobre juicio, no es mas que un poco de ligereza mezclada con una buena dósis de bobería.

2. Amen de esso, la fiesta de Campazas era tan famosa en toda aquella tierra por los novillos y por el Auto-sacramental, que, sin que nadie convidasse y aunque fuesse el Predicador el mayor zote del mundo, siempre concurria á ella innumerable gentío, no solo despoblándose los lugares del contorno, sino que rara vez se dexaba de ver en ella mucha gente ociosa y alegre de Leon, de la Bañeza y Astorga; pero, añadiéndose en este año la fama del Predicador y el convite de Anton Zotes, convienen todos los Autores de quienes nos hemos valido para recoger las noticias mas puntuales, que componen el cuerpo de esta verídica Historia, que fué en él extraordinario el concurso.

3. Danse por supuestas las demonstraciones de alegría y de ternura, con que fué recivido nuestro Fray Gerundio de su Padre el Tio Anton, de su Madre la buena de la Catanla, y de su Padrino el Licenciado Quixano. Esto mas es para considerado con un casto silencio, que para explicado con la pluma; pues, aunque fuesse de águila, de buitre ó de abutarda, nunca podria remontar el buelo hasta la cumbre de tan alta esphera; quanto mas la nuestra, que no puede seguir el tardo movimiento del mas pesado avestruz! Baste decir que apénas se desmontó del macho zancarron, (assí le llamaba el Director de la noria,) quando la Tia Catanla le dió mil tiernos abrazos y otros tantos maternales ósculos, dexándole bien rociadas las barbas de lágrimas y mocos. Iba á limpiarse estos y aquellas, pero no le dieron lugar las rociaduras semejantes que se siguieron; porque, como era la primera vez que se dexaba ver en el lugar despues de Frayle, no solo concurrieron á verle, abrazarle y besarle todas las Tias del barrio, unas con la licencia de viejas, y otras con la de Parientas, sino que apénas quedaron dos en el lugar de Campazas, que no hiciessen lo mismo; y aún essas únicas dos es fama que lo dexaron, una porque estaba en la cama con cámaras y pujos, y otra porque dos dias ántes havia saltado de su corral al de la Tia Catanla una gallina y no havia parecido, de lo qual estaba hecha ella una furia contra la buena de la Rebollo, que nada sabia de esso, y aún se decia que la dueña de la gallina queria acudir á Leon á sacar una descomunion ó una Pollina á mata-candelas, (assí llamaba ella la Excomunicacion y la Paulina,) contra la encubridora de su ave. Por lo demas, hombres, mugeres, viejos y mozos, todos acudieron á casa del Tio Anton Zotes á ver al Flayrecico y á dar la enhorabuena á sus Padres de que tuviessen el gusto de verle en su casa y ya tan aprovechado. Ello es assí, que consta de documentos y papeles antiguos de aquel tiempo, que se gastaron en aquella tarde quatro cántaras de vino, ocho quesos, y diez y seis ogazas y media en agassajar á los que concurrieron á casa del Tio Anton; de donde podrá inferir el prudente y discreto Lector los muchos que serian, y lo bien quistos que estaban en todo el pueblo Anton Zotes y su saníssima muger.

4. Faltaban tres dias para la funcion, en los quales fueron llegando aquellos convidados especiales, que eran mas estrechos amigos de la casa de los Zotes, donde estaban prevenidas no ménos que veinte camas para los huéspedes, quatro para los de mayor autoridad y respeto en las cámaras altas de la casa, y las demas se acomodaron en una panera, que á este fin se desocupó y se barrió, colgando las paredes con mantas de mulas y cavallerías de la labranza, assí de las que havia en casa, como de otras que se pidieron prestadas, quedando la pieza, á juicio de la mayor parte del lugar, tan ostentosa que se podia hospedar en ella un Obispo.

5. El primero que llegó fué un primo del Tio Anton, y consiguientemente Tio segundo de nuestro Fray Gerundio, que havia sido Colegial mayor y era actualmente Magistral[6] de la Santa Iglesia de Leon, hombre ya hecho, sabio, agudo, discreto, muy leído, gran Theólogo é insigne Predicador, en fin, de prendas tan sobresalientes que ya havia sido consultado en tercer lugar para un Obispado. Este traía de camarada á otro Canónigo de su misma Iglesia, de estos que se llaman Canónigos de cuello ancho[7] y, por otro nombre, de capa y espada, jovencito aún y en la flor de sus años, pues no passaba de los veinte y cinco, pero muy despejado, muy alegre, naturalmente chistoso y decidor, Poeta mas que decente, que decia de repente con bastante gracia, con no poca sal, y por lo comun sin sacar sangre, (cosa muy dificultosa, y por lo mismo bien rara en los que tienen esta habilidad y hacen profession de ella,) por cuyas buenas partidas estaba muy prendado de él el Señor Magistral.

6. Como unas dos horas despues se apeó un Labrador,[8] pariente tambien del Tio Anton, que vivia en un lugar distante quatro leguas de Campazas. Era Familiar del Santo Oficio y, aunque hombre de explicacion cerril y apatanada, tenia una razon natural bien puesta, y discurria con acierto en aquellas materias que se proporcionaban á su capacidad. En el camino se le havia incorporado un Donado de cierta Religion,[9] que, haviendo sido tres veces casado y cinco años viudo, por fin y postre cansado del mundo se entró á servir en un Convento, donde pretendió para Lego, pero no le quisieron dar el hábito, porque, aunque hombre muy forzudo y servicial, era extraordinariamente zafio y allende de esso locuaz y mas que medianamente bebedor, no de manera que se privasse in totum, pero se quedaba á unos medios pelos que olian á chamusquina, y entónces con especialidad hablaba por todas las coyunturas y en todas las materias que se ofrecian, porque sabia leer y havia leído la Historia de los doze Pares de Francia, á Guzman de Alfarache, la Pícara Justina y quantos romanzes de ciegos se cantaban de nuevo en los mercados, gustando sobre todo de leer gazetas, aunque maldita la palabra entendia de ellas; con que era el Donado un hombre muy divertido y, en fin, pieza de Rey.

7. Mucho se alegró nuestro Fray Gerundio, quando se halló en compañía de todos estos huéspedes, pero especialmente de su Tio el Magistral, quien, como hombre entendido y de la facultad, le pareció que havia de hacer justicia á su sermon, del qual estaba tan satisfecho, que se persuadia con el mayor candor del mundo á que en su vida habria oído ni leído otro semejante; y ya daba por hecho que, en oyéndole, se havia de enamorar tanto el Tio de los talentos del sobrino, que, quando fuesse Obispo, le havia de llevar consigo y le havia de hacer su Confessor, no pareciéndole tampoco impossible, que con el tiempo su Tio el Obispo (pues ya le consideraba como tal,) le grangeasse por ahí, aunque no fuesse mas que un Obispadillo en Indias. Todos estos pensamientos le passaron por la imaginacion, lisongeándole infinito y llenándole de un inexplicable gozo.

8. Pero, quien podrá declarar dignamente con palabras el que se apoderó de su corazon, quando, contra toda su esperanza y sin que siquiera se le huviesse ofrecido tal cosa al pensamiento, vió apearse en el corral de la casa á su íntimo amigo el Predicador Fray Blas, acompañado de un Religioso de otra Religion, que él no conoció, pero todas las señas eran de ser hombre muy reverendo, porque trahia anteojos con cerquillo de plata, bequoquin de seda, sombrero fino con cordon y dos borlas de lo mismo, quitasol, baston de caña con puño de china, y venia montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de espuela uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los majos y petimetres del oficio, zapatillas blancas, medias del mismo color, calzon de ante, una gran faja de seda encarnada á la cintura, armador de cotonía, capotillo de paño fino de Segovia de color amusgo, redecilla verde con su borla de color de rosa, que colgaba hasta mas abaxo de la ñuca; la cinta que la ceñia y apretaba, de color de nácar; sombrero chambergo rodeado de una cinta de plata color de fuego, con su roseton ó lazo á la parte posterior, que remataba en la copa. Todo esto lo observó Fray Gerundio muy bien observado, y todo le hizo imaginar, que aquel Religioso era por lo ménos Cathedrático de la Universidad de Salamanca ó de Alcalá, quando no fuesse quizá algun Padre Difinidor ó Presentado.

9. No se engañó mucho, porque á lo ménos era Vicario de unas Monjas[10] que estaban junto á Jacarilla, y ántes de esso havia cuidado seis años de una granja, en cuya administracion no se havia perdido; porque él mismo confessaba ingenuamente, quando se ofrecia la ocasion, que le havia valido por lo ménos tanto como á la Casa, porque havia sacado un decente bolsillo, que sufria ancas para socorrer á quatro parientes pobres, para servir á dos amigos, y para subvenir á sus necessidades religiosas, aunque la vida fuesse un poco mas larga que lo ordinario. Como quiera, quando Fray Gerundio vió á su amiguíssimo Fray Blas, pensó perder los sentidos de puro contentamiento, y, despues de haver hecho los primeros cumplidos al Rmo. Padre Vicario, como lo pedia la urbanidad, dió muchos abrazos á Fray Blas, y supo de él como, haviendo tenido noticia en Jacarilla del sermon que le havian echado en su lugar, hizo ánimo de no volver al Convento hasta que se le huviesse oído predicar, logrando con esta ocasion ver la fiesta de Campazas y passar en su compañía quatro dias alegres, con toda libertad y sin el molesto acecho y murmuracion de los Frayles.

10. Díxole, que para sacar la licencia del Prelado, sin que ni él ni los Frayles reparassen en que estaba tanto tiempo fuera del Convento, le havia escrito una carta atestada de mentiras, suponiendo que havia caído gravemente enferma una viuda rica, sin hijos ni herederos forzosos, que le havia pedido con grandes instancias que la confessasse y la assistiesse hasta entregar el alma á Dios, dándole á entender que no lo perderia él ni su Comunidad, porque podia disponer libremente de sus bienes, como nuestro Señor la inspirasse; que, no obstante esso, él se havia resistido, por quanto la enfermedad tenia traza de ir muy larga, aunque decia el Barbero del lugar, hombre muy inteligente, que sin milagro no podia escapar de ella; que la misma viuda le havia obligado á que escriviesse á Su Paternidad, esperando que no la negaria este consuelo, y que assí lo hacia con la mayor indiferencia, aguardando su determinacion, porque todo su gusto seria obedecerle, bien que, si huviesse de consultar su inclinacion, ya estaria en el Convento; porque, sobre la penalidad y trabajo de assistir continuamente á una enferma, passando malos dias y peores noches, siempre le havian parecido mal los Frayles que estaban mucho tiempo fuera de la campana del Convento, á que se añadia que, siendo él Predicador mayor de la Casa, no era razon que cargassen otros con los sermones que por su oficio le tocaban á él.

11. «Esta fué, amigo Fray Gerundio, (añadió el Predicador,) la cartica que le espeté, que, aunque yo lo diga, no iba urdida del peor estambre. Ya conoces la poca malicia del buen hombre, y tambien su lado flaco; en amagándole en algo para el Convento ó para su peculio, no puede resistirse, y dará licencia á un súbdito para que se case, con tal que lo haga sin pecar... el santo varon tragó el anzuelo, y me respondió sin perder tiempo, alabando mucho mi zelo, mi obediencia y mi religiosidad, pero mandándome en virtud de santa obediencia y en remission de mis pecados, que assistiesse á la enferma hasta que á vida ó á muerte saliesse de aquel peligro, aunque la enfermedad durasse un año, encargándome que procurasse fomentarla la devocion á la Orden y que no dexasse de exagerarla las particulares necessidades de aquel Convento; pero me prevenia, que esto fuesse con prudencia y quando se ofreciesse buena coyuntura: por lo demas concluía, que los sermones no me diessen cuidado, pues corria del suyo el encargarlos, fuera de que, teniéndote á tí, no necessitaba de otro, pues, aunque todavía estabas un poco verde, esto no desdecia de tus años, y por otra parte era prodigiosa tu facilidad.»

12. — «Vamos claros, dixo Fray Gerundio, que el enredo está de mano maestra; y quanto tiempo ha de durar la enfermedad de la viuda?» — «Lo que duraren las fiestas de los lugares á la redonda, respondió Fray Blas; porque ninguna pienso perder.» — «Y qué diablos ha de decir Vm. despues? le preguntó Fray Gerundio, quando se vea, que no hay tal herencia ni calabaza». — «En esso te paras, majadero? respondió Fray Blas. Hay mas que decir que, haviendo hecho la enferma su testamento cerrado, en que dexaba al Convento por su universal heredero, despues de algunos legados de corta cantidad á algunos parientes pobres, estando ya con la uncion, hizo una promessa y cobró la salud milagrosamente?» — «Pero, si se averigua, replicó Fray Gerundio, que no huvo tal viuda ni tal enferma de mis pecados, y que todo fué un puro embuste de Vm., para pretextar con esse piadoso sobreescrito la tuna y el bisboleo?» — «Calla, simple, respondió Fray Blas, como se ha de averiguar, no haviendo otra correspondencia en el Convento con Jacarilla que la que yo tengo? fuera de que, aunque por alguna casualidad llegue á saberse, quid inde? Dirán, que fué una de las trampillas que están muy en uso. Mira, Gerundio, los Frayles y las mozas de servicio nunca salen de casa sino con sobreescritos devotos: estas siempre piden licencia para ir á rezar, y aquellos, quando quieren ir á tunar ó desenfraylar, como ellos dicen, alegan por lo comun, ó el sermon que les echaron y ellos pretendieron, ó el que en la realidad no hay, ó las dissensiones de los parientes, ó el testamento y la enfermedad del Padre; y á la sombra de tan piadosos pretextos, passan un par de meses de vita-bona. Decir, que un Frayle ha de pedir licencia derecha y claramente para ir á divertirse quatro dias en casa de un amigo, esto es cuento: tal qual tonto lo suele hacer por acreditarse de sincero, pero regularmente llevan calabazas,[11] porque los Prelados se revisten del zelo de la observancia y, miéntras no los cohonestan la salida, dicen que la pierna en la cama, la moza con la rueca, y el Frayle en la celda.»

13. — «Pero, á proposito de Frayle, interrumpió Fray Gerundio, quien es esse Rmo. que viene con Usted? porque parece personage.» — «Y es lo que parece, respondió Fray Blas; porque, aunque ahora es Vicario de unas Monjas y ántes fué Grangero, siguió la carrera de los estudios con mucha honra; y, aburrido de que huviessen graduado ántes á otro condiscípulo suyo por empeños, se aplicó á este rumbo, de lo que no está arrepentido; porque, aunque no parece de tanta honra, es sin duda de mucho mayor provecho. Hizo mucho doblon en la Granja; despues pretendió esta Vicaría, que le dieron sin dificultad: las Madres le regalan como á cuerpo de Rey, y él lo passa como un Pontífice. Es muy amigo mio, desde que me oyó predicar en Cevico de la Torre; no sé por qué casualidad vino á oírme el sermon de Santa Orosia: llevóme á su Vicariato, donde me detuvo ocho dias, tratándome como á un Patriarcha: temporadilla mejor no espero passarla en mi vida. Comiamos en el locutorio por la parte de afuera, y comian al mismo tiempo que nosotros quatro Mongitas por la parte de adentro, y á fé que no eran de las mas viejas del Convento, porque estas se excusaban por sus achaques, ó, por mejor decir, nosotros las excusábamos á ellas: durante la mesa havia brindis, havia finecitas de parte á parte, havia tambien unas coplillas, y, en levantándose los manteles, venian las ancianas y las graves de la Comunidad á darnos conversacion; despues se retiraban estas y nos dexaban con la gente moza: comenzaba la bulla y la chacota; cantaban, representaban, y tal qual vez, ellas de la parte de allá y nosotros de la de acá, bailábamos una jotita honesta ó un fandanguillo religioso. Mira tú, si passaria buenos dias. En fin, como hize ánimo de venirte á oír, en fé de nuestra amistad y de la confianza que tengo con tus Padres, convidé á el Padre Vicario á que se viniesse conmigo, ponderándole la fiesta de Campazas, diciéndole mil cosas de tí, y assegurándole que seria muy bien recivido.»

14. — «Y como que lo será! le interrumpió Fray Gerundio; ántes este es un nuevo beneficio, de que me confiesso deudor á la fineza de Vm.; porque, sobre las prendas que me pondera del Padre Vicario, de esta hecha entablo conocimiento con él; y cátate ya el camino abierto para irme á holgar quatro dias alegres, quando se ofrezca ocasion, con aquellas señoras Monjas.»

15. Con esto se entraron en la sala, donde ya estaba el Padre Vicario, despues de haverse quitado los ajuares de camino, en compañía del Magistral, de los demas huéspedes, de Anton Zotes y de la Tia Catanla, que le recivieron con el mayor cariño, el qual creció mucho mas, quando su hijo y el Predicador mayor los informaron en secreto de quien era. Finalmente, fueron concurriendo poco á poco todos los convidados, con algunos mas que no lo havian sido; y en los dos dias que faltaban hasta el de la fiesta, parece que no debió de suceder cosa que de contar sea, porque los Autores casi todos lo passan en silencio. Solo uno de ellos apunta, (aunque muy de passo,) que Fray Gerundio, despues de haver hecho su cumplido á los que iban llegando, se retiraba á repassar su sermon unas veces á un desvan, otras al campo, y, porque ni aún en este le dexaba libertad la multitud de forasteros que acudian de toda la comarca, finalmente se vió precisado á encerrarse en la bodega para decorar su cartapacio. El mismo Autor da á entender tambien en general, que en aquellos dias passaron cosas preciosas con el Donado, á quien luego conoció el humor Don Basilio, (assí se llamaba el Canónigo mozo,) y haciéndose muy amigo de él, poniéndose en todo de parte de sus necedades, con grandíssima gracia y con no menor socarronería, fomentaba sus simplezas, de manera que sucedieron lances extraordinariamente sazonados; pero, como el referido Autor no los especifica, y nosotros en materia de verdad somos tan escrupulosos, aunque sospechamos los que pudieron ser, no nos atrevemos á referirlos, porque es infedelidad irremissible en un historiador adelantarse á vender las sospechas por noticias.

16. Llegado que huvo el dia deseado de la fiesta y la hora de la funcion, vinieron á sacar de casa á Fray Gerundio su Padre como Mayordomo de aquel año, un Tio suyo que lo havia sido el antecedente, ambos con sus varas de la Cofradía del Santíssimo, dadas de almazarron y de almagre, que no havia mas que ver, los dos Alcaldes y los dos Regidores del lugar, con su Fiel de fechos y con su Alguacil detras, en el sitio que les correspondia, añadiéndose de comitiva voluntaria y para mayor cortejo muchos Clérigos circunvecinos y una multitud de Frayles aventureros de diferentes Religiones, que se hallaban en aquellas cercanías y no quisieron perder la comedia ni los novillos. Precedíalos á todos el tamboril y la danza, compuesta de ocho mozos de los mas jaquetones y alentados de Campazas, todos con sus coronas ó caronas arrasuradas sobre el craneo ó plan de la cabeza; esta descubierta y las melenas tendidas; jaquetillas valencianas de lienzo pintado, con dragona de cintas de diferentes colores; su banda de tafetan prendida de hombro á hombro y colgando á las espaldas en forma de media luna; un pañuelo de seda al pescuezo, retorcido por delante como cola de caballo y prendido en punta por detras como hácia la mitad de la espalda; camisolas de lienzo casero, mas almidonadas que planchadas, y tan tiesas que se tenian por sí mismas en qualquiera parte; calzones de la misma tela que la jaquetilla; y en la pretina, por el lado derecho, colgado un pañuelo de beatilla con mucha gracia; las boca-piernas de los calzones holgadas y anchas, guarnecidas de una especie de cintillo ó cordon de cascabeles, medias de muger todas encarnadas, zapatillas blancas con lazos de hiladillo negro, y en todo caso todos ceñidos con sus corbatas, para meter los palos del paloteado en el mismo sitio, y ni mas ni ménos como los arrieros llevan el palo en el cinto.

17. Ya estaban Fray Blas y Fray Gerundio á la puerta de la casa, esperando el acompañamiento; porque á Fray Blas le pareció atencion precisa en su amistad y en la hermandad de profession, acompañar á Fray Gerundio; y no solo le dió por todo aquel dia la mano derecha, sino que le fué sirviendo de Fray-Juan hasta dexarle en el púlpito, y aún se huviera sentado en la escalera, á no haverlo embarazado Anton Zotes, que le obligó á sentarse en el banco de la Cofradía entre los dos Mayordomos.

18. Salió pues de casa nuestro Fray Gerundio, mas resplandeciente que el sol, mas risueño que la alva, mas brillante que la aurora. Havíase (claro está,) afeitado aquel mismo dia con la mayor prolixidad, encargando mucho al barbero que se esmerasse en la operacion, pues no le valdria ménos que un real de plata; y con efecto le dexó el Maestro tan lampiño y con el rostro tan liso, que parecia bruñido; sobre todo en el cerquillo aplicó el mayor esmero: el plano no parecia sino un quadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elephante; la horla, un flueco de seda negra cercenada por las puntas con la mayor igualdad, sin que ni un solo cabello se adelantasse á descomponer la linea; el copete elevado como dos dedos y medio, con maravillosa proporcion al fondo del cerquillo, que formaba la circunferencia; todo el campo del cogote, que corria desde el extremo del cerquillo por la parte posterior hasta la entrada del tozuelo, rasurado tambien á medio rape, para que, negreando un poco el fondo, sobresaliesse mas lo restante de la rasura. Havia estrenado aquel dia un hábito nuevo, que su buena Madre le tenia prevenido, y una hermana suya, moza ya casadera, se havia esmerado en doblarle, plegarle y aún aplancharle, passando la plancha no mas que por los pliegues y doblezes, con tanto primor y delicadeza, que al desdoblarle se dexaban ver todos ellos distribuídos con graciosa proporcion y symetría: particularmente los pliegues del escapulario hacian una labor que encantaba; y, como la tela de la capa y de la capilla era flamante á manera de estameña aprensada, hacia unos visos que deslumbraban la vista. Calzóse (ya se ve,) unos zapatos muy ajustados, hechos á toda costa, en quanto lo permitia la hechura que se usaba en la Religion; pero en todo caso havia encargado al maestro, que las puntadas fuessen iguales y muy menudas, y que el hilo no estuviesse muy cargado de cerote, para que lo blanco de ellas sobresaliesse mas. La noche ántes le havia regalado el Padre Vicario con dos solidéos de seda, de los que fabricaban sus Monjas con exquisito arte y chulada, cuyo centro era una borlita muy chusca, elevada con la debida proporcion; y Fray Gerundio estrenó uno de ellos aquel dia, assí para mostrar la estimacion que hacia del regalo, como por ser un adorno tan preciso como precioso para su Pontifical. No se olvidó, ni podia olvidarse de echarse en una manga un pañuelo de seda de dos caras y de vara muy cumplida, siendo una faz de color de rosa y la otra de color de perla; y en la otra manga metió segundo pañuelo de Cambray muy fino, con sus quatro borlas de seda blanca á las quatro puntas, teniendo por cierto, que qualquiera de los dos pañuelos, que se le huviesse olvidado, seria bastante, para que el sermon no pareciesse la mitad de lo que era.

19. Dudó por algun tiempo si llevaria anteojos, cosa que le parecia á él daba infinita autoridad al Predicador y añadia gran peso y una maravillosa eficacia á lo que decia; pensamiento que le tuvo tan inquieto la noche precedente, en que no fué possible pegar los ojos, que, no pudiendo echarle de sí, dispertó á su amigo Fray Blas (porque dormian juntos en una cama) y le consultó esta duda. Pero Fray Blas, que por aquella vez tuvo mas juicio de el que acostumbraba, se rió mucho de su ofrecimiento, diciéndole que los anteojos en un mozo, aún quando tuviesse alguna necessidad de ellos, (lo que rara vez sucedia,) era la cosa mas ridícula del mundo, y que assí los hombres de juicio, como los bellacos, hacian gran burla de aquella afectacion, bastando ver á un rapaz muy armado de sus gafas para que todos le tuviessen por mozo de poco seso. «Aún en los anteojos habituales de los viejos, añadió Fray Blas, son muy pocos los que creen, porque son raríssimos los que los necessitan á pasto; y mas desde que se ha observado, que en las Religiones regularmente se echan esta gala aquellos sugetos de media braga, que estuvieron consultados para perpetuo choro ó cosa equivalente, y despues ó por empeños ó por paysanage, ó en fin porque los hallaron con una arrastrada medianía, los destinaron á una de las dos carreras de púlpito ó de cáthedra, cumpliendo con ellas entre si basta ó no basta, y á sal aquí traidor. Estos son, por lo comun, los mayores y los mas perdurables anteojistas, vanamente persuadidos á que pueden suplir con los accidentes lo que les falta de substancia, y pretendiendo persuadir á otros que su continua aplicacion á los libros los quebrantó la vista. Pocos hombres hay de los verdaderamente sabios y aplicados que usen de este mueble, sino quando realmente le han de menester, que es para escrivir y para leer; y assí, amigo Fray Gerundio, déxate de locuras y déxame dormir.»

20. Con esto no volvió Fray Gerundio á pensar mas en antojeras y, escusando este dixe, salió de casa para la Iglesia con todo el tren que llevamos referido: llevaba tras de sí los ojos de todos quantos le miraban; porque iba con el cuerpo derecho, la cabeza erguida, el passo grave, los ojos apacibles, dulces y risueños, contoneándose un poco, haciendo unas magestuosas y moderadas inclinaciones con la cabeza á uno y á otro lado, para corresponder á los que le saludaban con el sombrero ó con la montera, y no descuidándose de sacar de quando en quando ya el pañuelo blanco para limpiarse el sudor que no tenia, ya el de color para sonarse las narizes, que estaban muy enjutas. Apénas llegó á la Iglesia, hizo una breve oracion y se entró en la sacristía, quando se dió principio á la missa, que cantó el Licenciado Quixano, sirviéndole de Diácono y de Subdiácono dos Curas párrochos de la vecindad.

21. El Choro lo llevaban tres Sacristanes de las mismas cercanías, porque el de Campazas servia en el Presbiterio el incensario y cuidaba del facistol; los quales Sacristanes en punto de tono gregoriano eran los que hacian raya por toda aquella tierra, sirviendo de bajo el Carretero del lugar, que tenia una voz asochantrada, y de tiple un muchacho de doze años, á quien ex professo havian capado para acomodarle en la música de Santiago de Valladolid. No havia órgano, pero este le suplian con muchas ventajas dos gaitas gallegas, que de propósito havia hecho venir de la Maragatería el Mayordomo, y las tocaban dos Maragatos rollizos, tan diestros en el arte que los llamaban para todas las fiestas recias de S. Roman, Foncebadon y el Rabanal, de donde se extendió la fama hasta el mismo Páramo, con ser assí que hay mas de ocho leguas de camino; y Anton Zotes, á quien llegaron estas noticias por haverlas oído casualmente en la puente Vizana á un criado del maragato Andrés Crespo al tiempo que cargaba la recua, al instante envió á llamar á los dos famosos gaiteros, ofreciéndoles veinte reales á cada uno trahidos y llevados, comidos y bebidos; y, como era esta la primera vez que se havia oído semejante invencion en las missas de aquella tierra, no se puede ponderar el golpe que dió á todos la novedad, y mas quando oyeron por sus mismos oídos, que los dos músicos de bragas anchas, assí en el Gloria como en el Credo, seguian el tono gregoriano con tanta puntualidad, que no havia mas que pedir. Celebróse infinito el buen gusto de Anton Zotes, y es tradicion de padres á hijos, que desde entónces quedó establecido en el Páramo el uso de las gaitas gallegas en toda missa de incienso, y que de aquí nace el llamarlas en algunos lugares el órgano de los Zotes, etymología que, á nuestro modo de entender, no carece de mucha probabilidad.

22. Enfin llegó la hora del punto tan deseado, de subir al púlpito nuestro Fray Gerundio. Dexamos á la prudente consideracion del pio y discreto lector figurarse allá para consigo, con qué bizarría y desembarazo saldria de la sacristía, precedido de quatro cofrades con sus cabos de blandones, porque el mayor no llegaria á quarta y media; de los dos Mayordomos con la insignia de sus varas; de quatro Clérigos con sobrepellices y con su amigo Fray Blas, que, como diximos, quiso hacer aquel dia los honores de Fray Juan, hasta dexarle en el púlpito; con qué magestad subiria las gradas del Presbyterio, en cuyo número están divididos los Autores, porque unos dicen que eran diez, otros doce, y no falta alguno que se adelanta á assegurar que llegaban á catorce, aunque todos convienen en que hay muchos Campanarios que no tienen tantas; con qué autoridad reciviria la bendicion de su Padrino el Licenciado Quixano, de quien es pública voz y fama, que se enterneció un si es no es al tiempo de dársela; con qué despejo y gravedad caminaria hácia el púlpito, haciendo inclinaciones con la cabeza hácia todos lados, pero con especialidad hácia donde estaba el banco de la Justicia y Regimiento, y el de la Cofradía; y finalmente, con qué soberanía se presentaria en el púlpito, haciéndose primero cargo del auditorio, con reposado desden, y despues hincándose de rodillas.

23. Assí le dexaremos por ahora, miéntras se divierte la narracion y la pluma á dar alguna noticia del theatro, para que camine mas holgada la comprehension en la inteligencia del assunto.

24. Era la Iglesia de tres naves, aunque tan reducidas que, quando entró en ella el Canónigo Don Basilio, dixo que bastaria llamarla de tres botes: el Presbyterio y la capilla mayor, en missas de tres en ringle, no sufrian mas ancas que los Ministros precisos del altar, tanto que el facistol para cantar la Epístola y el Evangelio, era menester colocarle fuera de su jurisdiccion. La nave principal era tan estrecha que, quando concurrian la Justicia y Regimiento en un banco, y alguna Cofradía en el banco opuesto, era obligacion precisa del Sacristan dar á besar la paz[12] á un mismo tiempo á la Justicia y á la Cofradía, lo que executaba fácilmente, yendo por medio de la nave y llevando una paz en la mano derecha, y otra en la izquierda, pues solo con abrir los brazos, y no muy extendidos, alcanzaba á uno y á otro banco, de manera que á un mismo tiempo y en un mismo punto la iban besando por su órden los que estaban sentados en entrambas bandas: verdad es que lo que á las naves las faltaba de anchas, lo suplia ventajosamente lo que las sobraba de largas, por lo que diria yo, con la licencia del Señor Don Basilio, que la Iglesia era de tres Gabarras Argelinas, ó de tres Galeras Turcas. A los piés de ella estaba el choro alto, sin mas balustrado que un madero tosco y en bruto, que atravesaba de arco á arco, con algunos palos á trechos, á modo de estacada, para evitar que algun muchacho travieso se cayesse en la Iglesia y se rompiesse la cabeza, que era el mayor daño que le podia suceder, porque la elevacion era de pocas varas.

25. Como quiera que el Templo fuesse, ancho ó estrecho, largo ó breve, esso no era de cuenta de nuestro Predicador, porque ni á él le tocaba hacerle mas capaz, ni la estrechez de la Iglesia podia perjudicar un punto la magnificencia del sermon, siendo ya cosa acreditada repetidas veces por la misma experiencia, que en la Iglesia mas sumptuosa de la Christiandad se puede predicar un sermon malo, y en una desdichada ermita ó humilladero rural se puede predicar un excelente sermon. Lo que hace á nuestro intento y á la immortal gloria de nuestro Fray Gerundio, es que la Iglesia de Campazas, tal qual Dios se la deparó, estaba toda de bote en bote y que, aunque cayesse (por comparacion) de las mismas nubes un alfiler, lo que es al pavimento no podia llegar, porque ó se quedaria en el tejado de la misma Iglesia, como es lo mas natural, ó, caso de meterse por alguna rendija, boqueron ó gotera, tropezaria en las cabezas del auditorio, y allí ó en el vestido pararia sin duda, hasta que la Iglesia se fuesse desocupando.

26. Pero ya es tiempo de que volvamos á nuestro Fray Gerundio, que le tenemos incomodado y puesto de rodillas por mas tiempo del que se acostumbra, no sin grande impaciencia suya por tanta detencion, especialmente quando estaba reventando, assí por salir de su cuidado como por desplegar las velas del discurso, navegando viento en popa por el mar de su mayor lucimiento.

27. Levantóse pues con bizarríssimo denuedo, volvió á hacerse cargo de todo el auditorio con grave y magestuoso despejo, tremoló successivamente sus dos pañuelos, primero el de color, con que se sonó en seco, y despues el blanco, que passó por la cara ad pompam et ostentationem; entonó su Alabado con voz gutural y hueca; persignóse espurriendo bien la mano derecha y teniendo con la izquierda la parte anterior de lo que se llama muceta en la capilla; propuso el texto sumisa, pero sonoramente, y dió principio á su sermon de esta manera. Pero, salvo el mejor y mas acertado parecer de nuestros lectores, á nosotros nos parecia mas conveniente hacer capítulo aparte, porque el presente harto será que no sea ya muy prolixo.


CAPITULO IV.

Expónense á la admiracion algunas cláusulas del Sermon de Fray Gerundio.

1. Duró por mucho tiempo en nuestra indecision la grave duda de si copiaríamos á la letra todo el sermon de nuestro famoso Predicador, ó nos contentaríamos con escoger algunas cláusulas entre aquellas, que á nuestra limitada comprehension se representaban como las mas sobresalientes, para que el discreto lector por la parte viniesse en cabal conocimiento del todo; no de otra manera que una sola uña bien dibujada en el lienzo da á conocer la magestuosa ferocidad del Monarcha coronado de la selva, y una sola linea, que corrió al desgaire por el campo de la tabla, hace presente á los ojos penetrantes la diestra mano, que dió milagroso impulso á la delicadeza del pincel.

2. Por una parte nos hacia lastimosa compassion, y aún en cierto modo nos parecia especie de usurpacion injusta y hurto literario, defraudar al público aún de la mas mínima palabra que se huviesse desprendido de la boca de nuestro divino Orador, siendo cierto que hasta las que se salian de ella á escusas de su advertencia merecian engastarse en diamantes, para que compitiesse su duracion con la permanencia de los siglos. Por otra se nos representaba que, como no todos los lectores son tan inteligentes, ni tan pacíficos, ni de tan buena condicion como nosotros los quisiéramos, qué sabíamos si quizá nos depararia nuestra mala suerte algunos de ellos tan cetrinos, tan indigestos y de gusto tan estragado, que diessen al Diantre nuestra Historia, viendo interrumpido el hilo de la narracion con prolixos trassuntos de los partos intelectuales de nuestro Heroe? Y acaso no faltaria alguno tan atrevido, que nos echasse á los hocicos que, aún quando los referidos partos fuessen tan preciosos como á nosotros nos los figuraba nuestra passion, era impertinencia empedrar de ellos la Historia, por quanto al Historiador toca hacer fiel relacion de los hechos y proezas de su Heroe, pero no una impertinente coleccion de sus obras; porque de otra manera, si los que escrivieron las vidas de los quatro santos Doctores de la Iglesia y de tantos Escritores venerables, emprehendiessen insertar en ellas todas las producciones de sus plumas, no dexarian de hacerse un si es no es molestos y pesados.

3. Confessamos de buena fé que esta última razon nos hizo un poquito de fuerza, y assí, dexando al cuidado de otra mas feliz pluma que la nuestra el empeño y la gloria de enriquecer al orbe literario con una coleccion de los incomparables sermones de nuestro Fray Gerundio, ilustrándolos con glosas, notas y escolios, (en cuyo glorioso afan tenemos entendido, que trabaja una Academia de ingenios del primer órden,) nosotros nos contentaremos con extractar tales quales rasgos de aquellos, que salieren al encuentro de la narracion y nos parecieren necessarios para facilitar á los lectores la mejor inteligencia de los hechos. Fué pues la primera cláusula del sermon, que predicó en Campazas Fray Gerundio, la que se sigue:

4.[13] «Si es verdad lo que dice el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, — ay, infelice de mí! — que voy á precipitarme, — ó es preciso confundirme. — El Oráculo pronuncia que ninguno fué en su patria — Predicador ni Propheta: — Nemo Propheta in Patria sua: — pues, como atrevido yo — presumí este dia ser — Predicador en la mia? — Pero tenéos, Señores, — que tambien para mi aliento — leo en las Sagradas Letras — que no á todos hace fuerza — la verdad del Evangelio: — Non omnes obediunt Evangelio: — y qué sabemos si es esta — alguna de aquellas muchas — que, como siente el Philósopho, — se dicen solo ad terrorem

5. Esta entradilla puso en la mayor suspension al gruesso del auditorio, pareciéndole que era impossible encontrar con introduccion mas feliz ni mas oportuna; pero el Magistral, que de propósito se havia metido en el confessonario del Cura (el qual estaba en frente del púlpito,) y havia cerrado la celosía de la parte anterior, para observar á su gusto á Fray Gerundio sin peligro de turbarle, apénas le oyó romper en dos disparates ó en dos blasfemias heréticas tan garrafales, como dudar si era verdad lo que havia dicho el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, y suponer que muchas verdades del Evangelio eran solo para espantar y poner miedo, de pura vergüenza baxó los ojos, que tenia clavados en su sobrino, y desde luego hizo ánimo á no oir en aquel sermon mas que heregías, atrevimientos ó necedades. De buena gana se huviera salido de la Iglesia; pero, sobre no ser possible penetrar por el concurso sin grande alboroto, se hizo cargo de que no era razon echar un jarro de agua á la fiesta, y assí tomó el partido de dissimular hasta su tiempo y de aguantar la mecha. Miéntras tanto iba nuestro Fray Gerundio prosiguiendo su sermon ó su salutacion, y á pocas paletadas se metió de paticas en lo mas vivo de todas las circunstancias. Aquí me havrán de perdonar los críticos mal acondicionados; porque, cánseles ó no les canse, en Dios y en consciencia, no puedo ménos de trasladar al papel de verbo ad verbum el primoroso artificio con que las tocó todas, ya que no sea possible trasladar á él la valentía, el garbo y el espíritu con que las animó. Dixo pues assí, cansándose del estilo cadencioso, ó mudándole con todo estudio en el hinchado, assí porque la variedad es madre de la hermosura, como porque á este estilo le llevaba mas la inclinacion:

6. «Esta es, Señores, la estrena de mis afanes oratorios; este, el exordio de mis funciones pulpitables; mas claro para el ménos entendido: este es el primero de todos mis sermones. Qué á mi intento el oráculo supremo: primum quidem sermonem feci, o Theophile! Pero, donde se hace á la vela el baxel de mi discurso? Atencion, fieles; que todo me promete venturosas dichas, todas son prophéticas vislumbres de felicidades. O se ha de negar la fé á la evangélica Historia, ó tambien el hypostático Ungido predicó su primer sermon en el mismo lugar, donde recivió la sagrada ablucion de las lustrales aguas del bautismo. Es cierto, que la evangélica narracion no lo propala, pero tácitamente lo supone. Recivió el Salvador la frígida mundificante: Baptizatus est Jesus; y al punto se rasgó el tafetan azul de la celeste cortina: Et ecce aperti sunt cœli: y el Espíritu Santo descendió revoleteando á guisa de pájaro columbino: Et vidi spiritum Dei descendentem sicut columbam. Hola! bautizarse el Messías, romperse el pabellon ceruleo, y baxar el Espíritu Santo sobre su cabeza! A sermon me huele, porque esta divina paloma siempre bate las alas sobre la cabeza de los Predicadores.»

7. «Pero son supervacaneas las exposiciones quando están claras las voces del oráculo; él mismo dice que, bautizado Jesus, se retiró al desierto, ó el Diablo le llevó á él: Ductus est in desertum a spiritu, ut tentaretur a Diabolo. Allí estuvo por algun tiempo, allí veló, allí oró, allí ayunó, allí fué tentado, y, la primera vez que salió de allí, fué para predicar en un campo ó en un lugar campestre: Stetit Jesus in loco campestri. O qué estival paralelo de lo que á mí me sucede! Fuí bautizado en este famoso pueblo, retiréme al desierto de la Religion, si ya el Diablo no me llevó á ella: Ductus est a spiritu in desertum, ut tentaretur a Diabolo. Y qué otra cosa hace un hombre en aquel desierto, sino orar, velar, ayunar y ser tentado? Salí de él la primera vez para predicar; pero, en donde? In loco campestri: en este lugar campestre de Campazas, en este compendio del campo Damasceno, en esta emulacion de los campos de Pharsalia, en este envidioso olvido de los sangrientos campos de Troya: Et campos ubi Troia fuit; en una palabra, en este emporio, en este solar, en este orígen fontal de la provincia de Cámpos: in loco campestri

8. «Aún hay mas en el caso: el lugar campestre, donde predicó el primer sermon el Hypostático, fué á la esmaraldática márgen del argentado Jordan, donde havia sido bautizado. Y quien duda que le oiria Juan, su Padrino de bautismo? Venit Jesus ad Joannem, ut baptizaretur ab eo. Y qué cosa mas natural que al oir el Padrino á su ahijado, y mas si hizo de él feliz reminiscencia en la misma salutacion, salutate Patrobam, que dixo muy á mi intento el Apóstol, saltasse ahora de gozo, como palpitó en otra ocasion de placer en el útero materno: Exultavit infans in utero matris. El caso es tan idéntico, que seria injuriosa la aplicacion para el docto; pero vaya para el insipiente. No se llama Juan mi Padrino de bautismo? Todos lo saben: Joannes est nomen ejus. No me está oyendo este sermon que predico? Todos lo veen: Audivi auditum tuum, et timui. No le están bailando los ojos de contento? Todos lo observan: oculi tui columbarum. Luego no hay mas que decir en el caso.»

9. «Sí hay tal. Gracia y agua es el complexo de la fuente bautismal, y agua y gracia es lo que symboliza su nombre y apellido. Que Juan es lo mismo que gracia, lo saben hasta los Predicadores Malabares: Joannes, id est gratia. Pero que Quixano sea lo mismo que agua, ó fuente copiosa de ella, lo ignoran hasta los mas eruditos; pero presto lo sabrán. Ya tiene entendido el Theólogo, y mucho mas el sabio Escriturario, que la quixada de asno es muy mysteriosa en las Sagradas Letras, ó desde que Cain quitó la vida con una de ellas á su hermano Abel, como quieren unos, ó desde que Sanson magulló con otra las cabezas á mil agigantados Philistéos, como saben todos: In maxilla asini percussit mille viros. Despues de esta hazaña, se moria de sed el fatigado Sanson: no havia en todos aquellos espaciosos estrados de la odorífera Flora un hilo de plata líquida, con que poder apagarla. Quando veis aquí que de la misma quixada, que havia sido la mortal Philisticida, brota un raudal de aljófar derretido, que refrigeró al inhiante forzudo, y quedó el sitio sigilado hasta el dia de hoy con el cognomento de la fuente de la Quixada: Idcirco appellatum est nomen loci illius fons invocantis de maxilla, usque ad præsentem diem

10. «Id ahora conmigo. Sabida cosa es en nuestras Historias genealógicas, que el antiguíssimo y nobilíssimo apellido de los Quixanos deriva su orígen y su alcurnia no ménos que de el tronco de Sanson, cuyos hijos y nietos, desde esta gloriosa hazaña, comenzaron á llamarse los Quixanos, por no equivocarse con otra no ménos antigua, aunque ménos noble y mucho mas extendida familia de los Quixotes. No es ménos cierta la noticia, que desde entónces las armas de los Quixanos son una quixada de un burro en campo verde, brotando un chorro de agua por el diente molar, como lo afirman quantos tratan del Blason. Assí mismo es cosa muy averiguada que los Quixanos, en las batallas con los Moros, no usaban de otras armas que de la quixada de un jumento, cubiertos con piel del mismo asno, siendo tan hazañosos con esta arma rebuznable como á cada folio se refiere en los anales. Dígalo, si no, aquel Heroe Gonzalo Sanson Quixano, que con una maxilla de jumento, in maxilla asini, quitó la vida por su propia mano en ménos de media hora á treinta y cinco mil Sarrazenos en la famosa jornada de San Quintin, debaxo de Julio César, Capitan General del Rey Don Alfonso el de la mano horadada; proeza que premió el agradecido Monarca, mandando que en adelante se pintasse la quixada del escudo de los Quixanos con treinta y cinco mil dientes, y en cada uno de ellos, como si fuera una escarpia, clavada una cabeza de Moro; cosa que hace una vista que embelesa. Y de passo quiero añadir ó, diré ménos mal, quiero acordar á todos la erudicion tan sabida de que el primer escudo, que se gravó con toda esta multitud de cabezas y de dientes, no era mayor que la mas menuda lenteja; siendo lo mas admirable que quixada, dientes y cabezas, con todos sus pelos y señales, se distinguian perfectamente á mas de cien passos de distancia. O assombro de la invencion! o prodigio de la habilidad! o milagro de los milagros del arte! Miraculorum ab ipso factorum maximum, que dixo á este intento Cassiodoro.»

11. «Pero atencion, que oigo no sé qué articulado accento en las ethereas campanas: Vox de cœlo audita est. Pero, de quien es esse gutural verbífico sonido? Oigamos lo que dice, que quizá por ello deduciremos quien lo profiere, como por el efecto se viene en conocimiento de la causa, y por el hilo se saca el ovillo. Hic est Filius meus dilectus, in quo mihi complacui: este es mi querido Hijo, dulce objeto de mis complacencias. Hola! dice la voz, que el que está predicando en el lugar donde fué bautizado es su hijo? Luego la voz es del Padre. Sabe el Lógico, que es legítima la consecuencia. Y quien es esse Padre? Pater meus agricola est: mi Padre es un labrador honrado. Ea, que ya vamos descubriendo el campo. Pero, qué tiene el Padre con el sermon del hijo? No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano. Qué ha de tener, si él mismo se le encarga? Dícelo expressamente el texto: Misit me vivens Pater: el que me envió, ó el que me traxo á predicar, es mi Padre. Y nota oportunamente el texto mismo que, quando su Padre le embió á predicar, estaba vivo, vivens Pater; la interlineal, sanus, que estaba sano; los Setenta, robustus, que estaba robusto; Pagnino, vegetus, que estaba terete y fuerte. Apelo á vuestros ojos, y decidme si no es idéntico el caso.»

12. «Vamos adelante, que aún no lo he dicho todo. Y como se llamaba esse generativo principio, esse paternal orígen de aquella dichosa prole? Aquí deséo arrecto vuestro órgano auscultativo. El sermon que mi Padre, vivo, robusto, sano y terete, encomendó á mi insuficiencia, no es del Eucharístico panal? Sí. El arca del Testamento no fué el mas figurativo emblema de esse ovalado armiño? Dígalo el docto y el versado en la Theología expositiva. Y por donde anduvo prófuga esta cóncava testamentífera arca? Vamos á las sagradas Pandectas: et asportaverunt eam a lapide adjutorii in Azotum: conduxéronla al país de los a-Zotes. Víctor! que ya tenemos Zotes en campaña. Entra el arca en la provincia de los Zotes? manda un Padre á su hijo que predique de essa arca? pues, qué apellido ha de tener esse Padre, ni qué cognomento ha de distinguir á esse hijo, sino el de los Zotes, principales de la provincia? Et asportaverunt eam in Azotum.»

13. «Es convincente el discurso; pero vaya una interrogacioncilla. Y esse hijo no tenia Madre? Y como que la tenia, pues consta que la Madre y el Padre le buscaron: Ego et Pater tuus quærebamus te. Está bien; y la madre no tuvo parte en el sermon? Fué el todo; pues ya es cosa sabida que, siempre que un Predicador se desempeña con lucimiento, se refunden en la madre sus aplausos. Por esso, al acabarse la funcion, exclaman todas las piadosas mugeres: Bien haya la madre que te parió! dichosas las madres que tales hijos paren! Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti!»

14. «Pero, qué ruido estrepitoso, qué harmoniosa algarabía divierte mi atencion hácia otra parte? qué percibe la potencia auditiva? qué especies visuales se presentan delante de la visiva? Mas claro y mas para el vulgo: qué oigo? qué veo? Qué hé de ver, ni qué hé de oir, sino un choro de danzantes? Quid vides in Sunamitis, nisi choros castrorum? De danzantes! Ea que sí; pues á vista de la Eucharística arca, aún á las mismas Testas coronadas se las bullen los piés. Dígalo el Rey penitente de Iduméa: et David saltabat totis viribus ante Dominum. Nótese la frase: saltabat totis viribus: brincaba con todas sus fuerzas; no se andaba ahora en paspieses pulidos, en carrerillas menudas, en cabriolas ni en vueltas de pechos acompassadas; daba unas vueltas en el aire, echando las piernas con quantas fuerzas podia: saltabat totis viribus. No es esso lo que ahora estamos viendo en essos ocho robustos Atletas y Luchadores á brazo y pierna partida con el viento? Mas: era David un danzante coronado; pues, corona por corona, no le deben nada á David nuestros danzantes. Pero aún descubro en Isaías otras señas mas claras de ellos: et pilosi saltabant ibi: y danzaban allí los que tenian largo el pelo, los de grandes cabelleras, los de las melenas tendidas. No puede ser la vision mas adequada para el caso presente.»

15. «De buena gana me iria un poco mas tras de la danza, si no me embelesara esse theatro, que ya observo erigido junto á las puertas del Templo, ad fores templi, que dixo elegantemente el mitrado panal de Lombardía (hablo del melifluo Ambrosio). Y qué significa esse theatro? Segun unos es signo natural, ó segun otros es signo ad placitum de un auto sacramental, representacion del Sacramento. Sí? Pues de essas representaciones llenas están á cada passo las páginas de la Escritura. No fué representacion del Sacramento el Mana? Assí lo afirma Cayetano. No fué representacion del sacramentado cordero el Vellon de Gedeon? Assí lo siente Lorino. No fueron representacion del eucharístico trigo las espigas de Ruth? Assí lo assegura Papebrokio. Y todas estas representaciones, no se hicieron en el campo? Es comun sentir de Expositores y Padres. Pues representaciones del Sacramento, y representaciones en el campo, quien podrá dudar, que fueron prophéticas figuras de las representaciones al Sacramento, que se hacen todos los años en mi amada patria de Campazas? In loco campestri.»

16. «Mas, afuera, afuera; aparta, aparta; huye, escápate, corre; mira que te coge el toro. Qué es esto? Rodeado me veo de estos cornúpetos brutos. Qué cerviguillo, qué lomo, qué roscas en el pescuezo, qué lucios y qué gordos! Tauri pingues obsederunt me. No hay quien me socorra? Que me cogen, que me pillan, que me revoletéan. Pero ea, que fué terror pánico, ilusion de la phantasía, ente de razon raciocinante. No son toros de muerte ni furiosos; son sí unos novillos alegres y vivos, pero ni marrajos ni sangrientos vituli multi, ó, como lee otra letra, mutilati. Unos novillos desmochados, esto es, ó sin puntas en el hasta, ó sin fuerzas en las puntas. Gracias á Dios que respiro; porque me havia asustado. Pero, qué tienen que ver los novillos con la fiesta del Sacramento? Ignorantíssima pregunta! Qué fiesta del Sacramento puede haver cabal, si la faltan los novillos? puesto que el Propheta penitente adelanta mas la materia, quando dice, que los novillos se deben correr ó, lo que allá se va todo, se deben presentar en las mismas aras: tunc imponent super altare tuum vitulos

17. «Ya no me detengo, ni en las hogueras, ni en las luminarias nocturnas, que precedieron á este festivo dia. Quando se descubre el Señor, sin que se enciendan brillantes cereos piropos? Ni qué mas hicieron los tres milagrosos niños en la flamígera hoguera del Babylónico furno, que lo que anoche vimos hacer á los puvescentes muchachos de mi predilecta patria en las fumigerantes hogueras, que encendió la devocion y la alegría de sus fervorosos íncolas? Si aquellos jugaron con las llamas, sin que les tocassen al pelo de la ropa, estos brincaron por ellas, sin que les chamuscassen ni un solo cabello de la cabeza: et capillus de capite vestro non peribit, que dixo la Boca de oro. Pues qué! la multitud de estruendosos voladores, que subieron serpenteando por esse diáfano elemento, saetas encendidas, que disparó la bizarría y el valor para dissipar el nigricante esquadron de las tinieblas! Parece que les estaba viendo el monárchico Adivino quando cantó vaticinando: Sagittas tuas ex dentibus effecit. Pero mas al caso presente lo pronosticó el que dixo, que resonaba por todo Cámpos el horrísono bom bom bom bom bom de las bombardas:

Horrida per campos bam-bim-bombarda sonabant.»

18. «Paréceme que tengo tocadas y retocadas las circunstancias del dia. Pero no; que la mas especial, por nunca vista hasta aquí, se me olvidaba: hablo de esse vocal instrumento, y al mismo tiempo ventoso, que tan dulcemente titila nuestros oídos. Hablo de esse equivalente ó, como se explica el discreto Pharmacopola, de esse quid pro quo de órgano, que añade tanta magestuosa harmonía á la solemnidad del sacrificio; hablo enfin, para que me entiendan todos, de essa sonora gaita gallega, que tanto nos encanta y nos hechiza. Pero, qué oportuna, qué discreta, qué ingeniosa fué la invencion de mi paternal Mayordomo, quando discurrió y resolvió festejar con ella la funcion del Sacramento! Porque, pregunto: no es el Sacramento en el viril, el escudo, las armas y el blason del nobilíssimo Reyno de Galicia? Assí me lo atestiguó anoche un Peregrino, que viene en Romería de Santiago. Pues, siendo esto assí, era cosa muy congruente y en cierta manera simpliciter necessaria, (ya me entiende el Lógico y el Theólogo,) que no faltasse en la missa del Sacramento aquel instrumento harmonioso, apacible y delicado, que deriva su alcurnia y su apellido del mismo nobilíssimo Reyno; porque, como dice el Philósopho, propter unum quodque tale, et illud magis. Gran gloria de Galicia tener por escudo de armas al Sacramento! pero mayor de Campazas ser la patria y el solar de la sagrada Eucharistía; porque ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Este será el arduo empeño, en cuyo golfo desplegará las velas el baxel de mi discurso; y, para que lo haga viento en popa, será preciso que sople por el timon el aura benéfica de aquella Deífica Emperatriz de los mares, implorando su proteccion y su gracia con el acróstico epinicio del celestial Paranynfo: Ave Maria

19. Bien puede discurrir el advertido Lector, que es impossible á toda humana pluma, no digo ya explicar cabal y adequatamente, pero ni aún delinear un levíssimo rasguño por donde se venga en tal qual oscuro conocimiento de la admiracion, del pasmo, del assombro, con que fué oída esta salutacion por la mayor parte de aquel guedejudo y pestorejudo auditorio. Fué milagro de Dios que le diessen lugar para predicar el que se llama cuerpo del sermon, y seguramente no se le huvieran dado, á no tenerles[14] todavía tan pendientes la suspension y la curiosidad del assunto tan singular y tan raro que havia propuesto; porque esto de probar que Campazas era el solar y la patria del Santíssimo Sacramento y que, si no havia Sacramento en Campazas, no havia en la Iglesia fé, lo hizo con tal primor, llamando tanto las curiosidades,[15] que seis granos de láudano apénas bastarian para amodorrar al mas dormilon y soñoliento. En medio de esso, no pudo contenerse el auditorio sin prorumpir de contado, primero en un alegre y bullicioso murmurío, muy parecido al que hacen las abejas al rededor de la colmena; despues en aclamaciones y en vítores descubiertos, arrojando hasta la bóveda ó artesonado de la Iglesia no solo las monteras y sombreros, sino que no falta quien diga se vieron tambien revoletear algunos bonetes. Sobre todo el Maragato de la gaita gallega, quando oyó su gaita no ménos oportuna que repentinamente alabada, no pudo contenerse sin echar al Predicador una alborada; esto de contado y, como dicen, por via de provision, reservándose el derecho de echar todos los registros luego que el sermon se concluyesse perfecta y completamente. Enfin, la algazara y la gritería fué tal, que en mas de medio quarto de hora no le fué possible á Fray Gerundio proseguir su Panegýrico; y, aunque el Sacristan hacia pedazos el esquilon del altar para que se sossegasse la bulla, no lo pudo conseguir, hasta que de bueno á bueno se fueron todos aquietando.

20. Miéntras tanto, el sabio, prudente y discreto Magistral estaba tambien aturdido, pero sin acertar á discernir qual de las dos cosas le assombraba mas, si la satisfaccion y sandez del Orador, ó la ignorancia y bobería de aquel rústico auditorio. El Canónigo Don Basilio, aunque no ahondaba tanto como el Magistral, porque sus estudios no havian passado de los precisos para entender medianamente el Breviario y un puntico de Concilio; pero, como era de una razon natural tan despejada y tan bien puesta, comprehendió sin dificultad, que la salutacion era un gracioso texido de furiosos disparates, y desde luego hizo ánimo á holgarse bien á costa de Fray Gerundio. El otro pariente suyo, familiar del Santo Officio, hombre de bastas explicaderas, pero de mas que mediana razon, decia allá para consigo: «O yo soy un porro, ó este Flayre no sabe las enclinaciones de los nombres, ni ha estudiado á selmo selmonis, como el mi Cuco, (llamábase Francisco un hijo suyo, que comenzaba aquel año el arte,) ó toda esta gente está borracha: mas al fin yo soy un probe lego sin letras, y puede ser que me encalibre.»

21. Esto passaba por el pensamiento de los tres, quando Fray Gerundio dió principio al cuerpo de su sermon, que probó, confirmó y exornó puntual y literalmente, segun la ingeniosa idéa que se le havia ofrecido, de la qual dímos bastante noticia al fin del capítulo segundo, donde podrán volverla á leer, si gustaren, nuestros pios y benévolos Lectores; porque, si bien es verdad, que nos podiamos prometer de su mucha benignidad el que no llevassen á mal, se la volviessemos á poner delante de los ojos un poco mas extendida y con aquella energía, cultura y formalidad, que era propria de nuestro insigne Orador; pero al fin, todo bien considerado, nos ha parecido mas acertado consejo no abusar de su buena inclinacion, haciéndonos cargo de que toda repeticion es fastidiosa, sin ser nuestro ánimo derogar por esso un punto la buena fama y opinion del que dixo, que hay cosas quæ septies repetita placebunt, que darán gusto y no fastidiarán, aunque se repitan siete veces. Háyalas enhorabuena; pero nosotros no presumimos tanto de las nuestras, que las consideremos comprehendidos en este número; y llamamos nuestras á las de nuestro Fray Gerundio, porque en tanto nos las apropriamos, en quanto están sugetas á la jurisdiccion de nuestra tarda y deslucida pluma. Y enfin, para qué es rompernos la cabeza, si tenemos ya hecha una firme, determinada é irrevocable resolucion inter vivos de no copiar dicho sermon, ni trasladarle en nuestra Historia? Haga cuenta el curioso Lector que le leyó; dé por supuestas, y aun por oídas, muchas mas aclamaciones, muchos mas vítores, muchos mas vivas al acabarse el Panegýrico que al concluírse la salutacion. Tenga por cosa cierta, que no solo la gaita, sino que el mismo gaitero estuvo tambien para rebentar, el uno soplando, y la otra siendo soplada. Suponga como noticia indubitable, que allí incontinenti y en la misma Iglesia, al baxar la escalera del púlpito, huvieron de sofocar á Fray Gerundio á puros abrazos, y que, ántes de llegar á la sacristía, pensó ser ahogado en lágrimas y en mocos de las Tias que se atropellaban por avalanzarse á él, haviendo corrido respectivamente la misma fortuna Anton Zotes y la dichosíssima Catanla Rebollo su consorte. Finalmente, dé por assentado lo que assegura un Autor fidedigno y sincero, conviene á saber, que el mismo Licenciado Quixano, no embargante de estar revestido con las vestiduras sacerdotales, ni acordándose siquiera de que estaba celebrando el santo sacrificio de la missa, se mantuvo sentado en la silla, hasta que su ahijado passó por el Presbyterio para entrarse en la sacristía; y entónces, sin poderse contener, se arrojó á él, dióle un estrechíssimo abrazo y, vuelto al altar, apénas pudo entonar el Credo por las lágrymas que derramaba de puro gozo y ternura; demostracion que no se hallará semejante en toda la Historia eclesiástica, aunque sea en la del mismíssimo Elias Du Pin, Autor diligentíssimo en recoger todas las noticias apócriphas y ridículas, que podian hacer despreciables las mas sagradas, augustas y venerables ceremonias de la santa Iglesia.

22. Salió nuestro Fray Gerundio de la de Campazas lo mejor que pudo, y no le costó poco trabajo; porque es tradicion, que apénas le dexaron poner los piés en el suelo, hasta que llegó á su casa, llevándole en el aire los innumerables que concurrieron á congratularle y se incorporaron despues en la comitiva, que se compuso de casi todo el inmenso gentío que havia acudido á la fiesta. Parécenos, que no es necessario decir los parabienes, los plácemes, las enhorabuenas que allí se repitieron, unos ensalzando al Predicador, otros congratulando á sus Padres; estos complaciéndose con Fray Blas, que recivia las enhorabuenas en nombre de su Religion, aunque aplicándose á sí la mayor parte de ellas, aquellos clamando á voz en grito, «que era dichoso el lugar que havia merecido ser patria de tal hijo»; y finalmente, gritando todos á una voz, «que Fray Gerundio era de presente la honra, y havia de ser con el tiempo la immortal memoria de su siglo». Cosas tan comunes y regulares, no es razon que los Historiadores gasten el tiempo en referirlas, porque los Lectores las deben dar por supuestas, y mas quando á la sazon era ya la una de la tarde, estaban las mesas puestas, se passaba el asado, y los convidados tenian gana de comer.


CAPITULO V.

Dase cuenta de lo que passó en la mesa de Anton Zotes.

1. No es nuestro ánimo hacer una pomposa descripcion de la gran mesa, ni referir el órden de assientos que guardaron entre sí los convidados, ni mucho ménos dar al Lector una individual y menuda noticia de los platos que se sirvieron en ella. Sobre que podria parecer á muchos una prolixidad impertinente, no faltarian acaso algunos que la calificassen de impropria ó de muy agena de aquella magestad, que debe reinar siempre en esta gravíssima Historia, en la qual nunca pueden hacerse lugar oportuno noticias que no sean de la mayor importancia; porque, si bien no pocos Historiadores nos han dado en esto exemplos harto perniciosos, haciéndole en las suyas á cosas asaz extravagantes y ridículas, como el que se paró muy de propósito á tomar la medida á las bragas de Calígula, haciendo una pintura de su corte y previniendo con toda seriedad que se las atacaba con agujetas, y no con botones ni corchetes, que era lo mas regular en aquel tiempo; y el otro que, refiriendo aquel caso (cierto ó dudoso), quando el Rey Don Pedro el Cruel se arrojó con la espada desnuda al rio Guadalquivir para matar al Legado del Papa, que le havia excomulgado desde un barco que estaba prevenido, y este se escapó á fuerza de remo; con cuya ocasion el bueno del Historiador se entretiene muy despacio en medir los piés que tenia el barco de largo, los que constaba de ancho, quantos eran los remeros, de qué iban vestidos, sin omitir el color de las berritinas y con la advertencia de que llevaban bordado de realze en ellas el escudo ó las armas de Don Enrique Conde de Trastamara, hermano y competidor de Don Pedro. Digo que estas y otras menudencias, que nos refieren los Historiadores, son de aquellos exemplos mas admirables que imitables, y que á nosotros nos ha parecido mas conveniente respetar con una profunda veneracion, que empeñarnos en seguirles.

2. Fuera de que, haviendo hecho ya una puntual descripcion topográphica de la casa de Anton Zotes á la misma entrada de esta nuestra verídica Historia, con su figura, dimensiones y repartimientos, le será fácil comprender á qualquiera Lector, (por escasa que sea la sagacidad de que le haya dotado el cielo,) que dentro de la casa no era fácil encontrar pieza cubierta capaz y proporcionada para tantos convidados; porque la panera, que era la única que havia, estaba ya legítimamente empleada en otro necessario destino, como lo dexamos advertido en el capítulo tercero de esta segunda parte; y, aunque huvo votos de que se desocupasse el pajar para poner en él las mesas, no lo consintió la discrecion del Mayordomo: lo primero, porque era lugar indecente; lo segundo, porque dar de comer á los convidados donde estaba la despensa de lo que havian de comer las bestias, podia parecer pulla y era dar assunto para que se sacassen coplillas y cantares; lo tercero, porque donde se havia de echar la paja? lo quarto, porque todo el techo estaba entoldado de telarañas; y lo quinto, finalmente, porque no havia otra entrada para el pajar que el boqueron por donde se arrojaba la paja, desde el qual hasta el pavimento havia mas de seis varas.

3. «Essa última enfecultad, dixo un compadre de Anton Zotes, que assistia á la consulta, no me hace nenguna fuerza; porque con baxar los Señores por la escalera de mano por donde baxan los mozos, quando el pajar llega á las escurriduras, estaba todo acabado.» — «Y como se havia de servir la comida?» replicó el Tio Anton. — «Como? respondió el compadre; subiendo y baxando los servidores: y si no, con una estratagema sótil que ahora me incurre. Havia mas de que estiviessen dos mozos enriba del boqueron con dos erradas atadas á sus dos sogas, y que por ellas subiessen y baxassen los pratos, que havian de recevir ó enviar las mozas que estiviessen en baxo? Compadre, esta enfecultad no vale nada: para las otras sí que no topo absolucion.»

4. Por todo lo qual es mas verisímil, que las mesas se dispusiessen debaxo de aquel cobertizo que estaba delante de la primera puerta interior de la casa, en frente por frente de la que caía á la calle, del qual dimos puntual y exacta noticia en el capítulo primero del libro primero pagª. mihi 3 de esta circunstanciada Historia; y mas haviendo para esso la congruencia de estar muy inmediata la cocina, cosa que conduce mucho para que los platos salgan calientes á la mesa, como lo notó sabiamente Monsieur Ferneyer, primer Cocinero de su Alteza Real el Señor Duque de Orleans, en su docto tratado de el Cocinero á la moda, capítulo segundo: del sitio donde se debe colocar la cocina, ibi; il faut mettre la cuisine le plus proche qui sera possible de la chambre à manger, par la raison que les viandes façonnées soyent mises dans la table avec le tempérament qu’il leur faut: palabras dignas de eternizarse en la memoria de todos y que nos ha parecido conveniente traducir con la mayor fidelidad, para que no se priven de ellas los que tienen la desgracia de ignorar la lengua francesa. «Conviene, dice el docto Autor, que se fabrique la cocina lo mas cerca que sea possible del quarto donde se come; y es la razon, porque assí los platos saldrán á la mesa con el temperamento con que deben salir»; esto es, (añade en su erudita nota el anónymo Escoliador,) «ni mas frios ni mas calientes de lo que conviene.»

5. Por lo que toca al órden de assientos, es natural que huviesse ocupado el primero en cabecera de mesa el Señor Magistral, como persona mas digna, teniendo á sus dos lados al Padre Vicario de las Monjas y al Canónigo Don Basilio, el qual quiso absolutamente que Fray Gerundio se sentasse junto á él; pues, aunque por ser tan de casa le tocaba ocupar los últimos assientos, y él por su modestia assí lo pretendió, pero por novio (digámoslo de esta manera) convinieron todos en que le correspondia sentarse de los primeros, y aún añadieron mas, que su madre la Tia Catanla debia sentarse junto al hijo, para que comiesse con mas gusto, y la buena de la Rebollo, sin hacerse de rogar, lo executó luego assí. Los demas convidados tomaron sus assientos sin preferencia personal, observando solo la de los estados, porque assí lo dispuso el Familiar con mucho acierto, diciendo: «Señores, la Igresia tiene ya enregrado el cirimonial; lo que se platica en las procisiones hemos de platicar en esta mesa en gracia de Dios: primero los Flayres, dempues los Señores Curas, detras los Legos, y á la trasera de todos las mugeres, porque este ganado allá se entiende.»

6. No parece que llevó muy á bien este repartimiento el hermano Bartholo, (assí se llamaba el Donado,) por lo qual dixo al Familiar: «Hermano Sýndico, (éralo de su Convento,) si su Charidá no entiende mas de cosas de Enquisicion que de assentaderas de mesa, dígole que es un probe Menistro. La percision es percision, y la mesa es mesa, y va tanta endiferiencia de la una á la otra, como de mí al Padre Santo. Para sentarnos Flayres juntó á Flayres, estariámonos en nuestros Conventos. Lo que yo he visto siempre en mesas de respeuto, (porque, aunque probe y pecador, he comido con muchas personas que tenian Señoría,) es que las Señoras se sentaban enjunto á los Flayres, y los Flayres enjunto á las Señoras, siendo este un lobítico (levítico queria decir) muy arregrado á concencia y á razon, porque por fin y por postre todos tenemos faldas, y, como dixo el otro, la variedad es madre de la hermosura. Y, para que su Charidá lo sepa todo, huvo ocasion en que me mandaron sentar y comer junto á sí una Duquesa,...» — «Tambien yo he visto comer junto á otra, dixo el Familiar, á una negra, á un enano y á una mona.» Iba á proseguir; pero un Religioso de la misma Orden y del mismo Convento, que havia llegado aquella mañana, le atajó diciendo: «Hermano Sýndico, no haga caso de esse simple, pues ya le conoce: como no ha dicho missa, ni comulgado, harto será que esté en ayuno natural. Lo dispuesto está bien dispuesto, y lo contrario ni es modestia ni aún decencia religiosa. Si el Derecho canónico encarga severamente, no solo á los Religiosos, sino aún á los mismos Clérigos seculares, que huyan, en quanto les sea possible, de los públicos convites: convivia publica fugiant; qué parecerá un Religioso en un convite público, sentado entre dos mugeres, ó una muger entre dos Religiosos?» No se atrevió á replicar el hermano Bartholo, y todos tomaron sus assientos segun la prudente disposicion del sesudo Familiar.

7. Dióse principio á la comida, segun la loable costumbre de Cámpos en mesas de Mayordomía, con un plato de chanfaina: huvo su cordero asado, sus conejos, su salpicon, su olla de vaca, carnero, cecina, chorizos y jamon, todo en abundancia, sirviéndose por postres aceitunas, pimientos y queso de la tierra, suponiéndose que no solo andaba rodando por las mesas el vino del Páramo, sino que el de la Nava hizo rodar por aquellos suelos al cabo de la comida á mas de dos convidados. No fué de este número el hermano Bartholo, porque no llegó á tanto la virtud del específico; pero á lo ménos al quarto trago (que hay opiniones se completó al acabar el plato de chanfaina,) no pudo llevar en paciencia tanta gravedad, mesura y silencio, como se observaba en la mesa, sin hacerse cargo de que assí comienzan por lo regular todos los convites que acaban en bulla, algazara y aún locura, segun aquel apophtegma: primero, silentium; secundo, stridor dentium; tertio, rumor gentium; quarto, vociferatio amentium. Pero, como el Donado no entendia latin, no le paró perjuicio la ignorancia de esta sentencia; y, queriendo desde luego alegrar la funcion, tomó en la mano un vaso de buen portante, encaró con la Tia Catanla, y, diciendo en alta voz Bomba![16] para llamar el silencio y la atencion, rompió en esta disparatadíssima décima, que assí la llamó él:

O tú, Catanla Rebollo,

Madre de este scientífico repollo,

Eres la Madre mas dichosa

De quantas han parido alguna cosa.

La fama, con su clarin y retintin,

Hará que llegue tu gloria

Desde Campazas hasta Victoria;

Y es lástima, como dicen estos Señores,

Que no paras una camada de Predicadores.

8. Aplaudióse infinito la décima con repique universal de vasos y de platos, siendo como la señal de acometer, pues desde aquel punto todo fué bulla, zambra y algazara, tanto que se atropellaban unos á otros los bríndis y las coplas. El Canónigo Don Basilio, que no deseaba otra cosa para soltar la rienda á su festivo humor y á su admirable facilidad en el decir, tomó el vaso, gritó bomba, callaron todos, y dixo assí:

Yo no he oído sermon tal,

Ni se oyó de polo á polo;

La décima de Bartholo

Solo puede serle igual.

Está mi juício neutral;

Y tanto el cotejo aprieta

Entre una y entre otra veta,

Que es la salida mejor,

Que uno es tan grande Orador

Como el otro gran Poeta.

9. Solo el Magistral, algunos de los Religiosos, y tal qual Clérigo, á los quales se añadió el socarron y cortezudo Familiar, entendieron lo ladino de la decimilla; los demas se la tragaron como sonaba, y especialmente á los dos interessados los hizo muy buen provecho, porque el Donado se esponjó visiblemente, y Fray Gerundio, que entendia tanto de versos castellanos como de sermones, quedó muy agradecido. El Familiar, hombre en extremo veraz y que no podia dissimular lo que sentia, dixo con mucho gracia: «Mal año para los que me quieren mal, si la coplilla no abrasa. Ella se me assemeja á lo que me respondió un Flayre muy taimado, á quien le pregunté qual de dos hermanos mios, tambien Flayres, que vivian en su Convento, era mejor estudiante, y él me respondió: Ambos son peores.»

10. El Predicador Fray Blas, que havia callado hasta entónces, no pudo llevar en paciencia la pulla del Señor Familiar, y, como él se picaba tambien de Poeta, y en realidad era de aquellos Poetillas en cierne, que saben de lo que consta un verso, y toda la gracia la ponen en equivoquillos insulsos y pueriles, desembainó al punto su décima y, mirando de hito en hito al Familiar, habló de esta manera:

El sentido singular

En que el Familiar se explica,

Aunque repica, no pica,

Que es estilo familiar.

A Fray Gerundio alabar

No me toca, sí al Donado,

El qual digo de contado

Que, si es bueno, es lo mejor;

Pero será hombre mayor,

Como sea Mal-Donado.

11. Aturrullóse el Familiar, y se quebraron algunos vasos y aún platos en fuerza de los repiques con que fué celebrada la décima de Fray Blas; especialmente quatro Curas del Páramo quedaron assombrados, porque aquello de pica y repica, Familiar y familiar, buen Donado y Mal-Donado, los aturdió verdaderamente, pareciéndoles que era hasta donde podia llegar el ingenio humano. Conociólo Don Basilio y, para burlarse de los Curas tanto como del Poeta, prorumpió al instante en estas dos quintillas:

Tus equívocos, Fray Blas,

Nos admiran, como soy;

Mas perdonen los demas,

Porque yo admirado estoy

Que no sean muchos mas;

Pues tu ingeniosa cabeza

Se equivoca sin preludio,

Con tal primor, tal destreza,

Que lo que parece estudio

Es en tí naturaleza.

12. Tragósela Fray Blas, teniendo por lisonja la satyrilla; y, pareciéndole á Fray Gerundio que era obligacion suya corresponder á los elogios que se dedicaban á su amigo, (ya que á este no se lo permitia la modestia,) quiso tambien sacar los piés de las alforjas poéticas; pero, como no tenia uso, le costaba mucho trabajo: esto se entiende para encontrar los consonantes, pues, por lo que toca á los piés, no hallaba dificultad en sacarlos ajustados, por lo mucho que le gustaba el estilo cadencioso. Pero salió felizmente del empeño, acordándose en aquel punto de una décima, que se atribuye á Don Francisco de Quevedo, quando estaba preso en San Márcos de Leon, y dicen la compuso á un Canónigo de aquella santa Iglesia, que se intitula Santa María de Regla, el qual era gran copleador, pero muy poco assistente al choro. La décima decia assí:

La Musa de mi compadre

Con efecto es Musa bella

Y, si no es Musa doncella,

Es en cambio Musa madre.

No hay cosa que mas le quadre,

Porque ya es baza assentada

En soltera y en casada,

Como Hipócrates lo arregla,

Que, si falta la regla,

Parirá ó está preñada.

13. Dissimuló Don Basilio la insulsez, y aún afectó celebrarla como la mayor agudeza, para tomar ocasion de volver á la carga en los aplausos de Fray Gerundio; pero lo suspendió, porque á este tiempo tocó al vaso el Padre Vicario, haciendo señal de bomba. Callaron todos, y él, despues de calzarse mejor los anteojos, componer el becoquin, desahogar el pecho, empuñar el vaso y mirar con gravidad y con desden ázia todas partes, dixo assí con mucho remilgamiento:

Octava rima.

Sermones oí sí, de circunstancias,

Pero tan circunstanciados como este

Ni Soto, ni Fray Fiel, ni Fray Ganancias,

Ni el mismo D. Juan Lobo el Arcipreste.

Cotilla tiene mil extravagancias,

Son de Guerra los dichos una peste;

O Gerundio, Orador siempre divino!

No eres Gerundio no, sino Supino.

14. Un poco se paró el Canónigo Don Basilio al oir esta octavilla, que no le pareció del todo despreciable, y como que concibió un poco de respeto al Padre Vicario, teniéndole por poeta mas que de mesa de Cofradía; porque, si la octava era irónica, mostraba ingenio, buena crítica y bastante travesura: no obstante, le quedó algun escrúpulo de que el Padre Vicario hablaba en todos sus cinco sentidos, porque sus modales, su aire presumido y su afectado remilgamiento le daban no sé qué tufo de que tambien era de los Predicadores del uso, y que debia de ser un poco mas innocente de lo que parecia. Para sondearle pues, le dixo con su acostumbrada picaresca: «Padre Maestro, á excepcion del Señor Magistral y de estos Reverendíssimos, todos los demas que estamos en la mesa somos algo legos, aún inclusos los de corona; pues ya sabe vuestra Reverendíssima, que tambien hay Eclesiásticos de capa y espada. No entendemos de mas libros que el Breviario, y aún esse sabe Dios si le entendemos; con que no podemos hacernos cargo de quienes son essos Autores, que vuestra Reverendíssima ha citado en su eruditíssima octava, que por todos sus piés está chorreando alusiones exquisitas. Sin duda que debieron ser los Príncipes de la Oratoria Española, quando vuestra Reverendíssima los trahe á colacion, para cotejarlos con el Reverendíssimo Padre Maestro Fray Gerundio.»

15. — «Y como que lo son, Señor Canónigo, respondió con gran tiesura y pomposidad el Padre Vicario. A lo ménos en mi pobre juicio, hasta que oí al Padre Fray Gerundio, no hallé quien los excediesse, y aún puedo añadir que no sé si encontré quien los igualasse, especialmente en tocar con el mayor primor y delicadeza las circunstancias mas menudas, que por lo mismo son las mas preciosas.»

16. «El primero, en un sermon á cierta funcion de jubiléo, concedido nuevamente por su Santidad, queriendo hacerse cargo á un mismo tiempo assí del nuevo jubiléo, como de un esquilon nuevamente fundido, que pocos dias ántes se havia colocado en el campanario de la Iglesia, traxo oportunamente aquello de Ecce nova facio omnia, y añadió immediatamente lo otro de Laudate eum in cymbalis jubilationis, laudate eum in cymbalis bene sonantibus. Los textos son comunes, no lo niego; pero la aplicacion fué singular y pasmosa.»

17. «Al segundo no se le escapó la rara circunstancia de haverse puesto peluca por la primera vez en el mismo dia de la funcion el Mayordomo de la fiesta, á que predicaba; y, haviendo hecho una bizarra pintura de los cabellos de Absalon, dixo que su padre David mandó que se los cortassen, luego que tuvo noticia de su infausta muerte, quando quedó colgado de ellos; y, dando órden para que de los mismos cabellos le hiciessen una cabellera rizada, se la puso el mismo dia en que fué bailando delante del Arca; para cuya exquisita erudicion citó el sabio orador al célebre Rabí Akádos, y no sé qué passage del Talmud, que venia muy á pelo.»

18. «El tercero tuvo presente que la noche ántes de la funcion havia parido un niño muy rollizo la Mayordoma, á la qual llamaban en el lugar la Princesa, (no se sabe si por sátira ó por mote,) y con la mayor gracia y primor imaginable se le ofreció de repente encaxar en la salutacion aquel oportuníssimo lugar de Puer natus est nobis, et filius datus est nobis; factus est principatus super humerum ejus; cosa que aturdiria á todos quantos la oyessen y que, desde que yo la leí, no he dexado de admirarla.»

19. «El quarto...» Iba á proseguir el Padre Vicario; pero le atajó el Canónigo, diciéndole: «Padre Maestro, no se canse vuestra Reverendíssima, que por el hilo se saca el ovillo, y sobra lo dicho para que yo conozca con quanta razon, con quanto candor y sinceridad religiosa celebra vuestra Reverendíssima á essos Heroes de nuestra Oratoria Española. De el quarto ya tengo yo alguna noticia, desde que leí un epigrama de Horacio, que le aplicó un mal hablado con ocasion de no sé qué sermon que predicó satirizando á otro de su paño, cuyos aplausos parece que no le sonaron bien; y el bellacon del deslenguado, (Dios me lo perdone!) aludiendo á que el tal Orador debia de ser corto de persona, pero presumido de hombre grande y de lindo, dixo por bufonada:[17]

Bellus homo et magnus vis idem, Cotta, videri,

Sed qui bellus homo est, Cotta, pusillus homo est.»

20. «Pero ahora dígame vuestra Reverendíssima: qué es lo que quiso decir en el último concepto de su admirable octava, conviene á saber que nuestro inimitable Orador ya no es Gerundio, sino Supino? Porque, si es lo que comprende mi malicia, harto será que esto ceda en el mayor elogio suyo.» — «Señor Canónigo, respondió, no sin alguna seriedad, el Padre Vicario; yo no sé lo que su malicia de vuestra Merced comprende ni dexa de comprender, porque no soy amigo de meterme en malicias agenas. Lo que sé es, que la inteligencia de aquel concepto está clara: el supino es lo último á donde puede llegar todo verbo, y no puede passar de allí. Véalo vuestra Merced, si no: amo, amas, amat, amare, amavi, amatum; doceo, doces, docet, docere, docui, doctum; lego, legis, legit, legere, legi, lectum: lectum, amatum y doctum son el supino de estos verbos, los quales todos paran en él; y no hay que andar dándole vueltas, que no me señalará vuestra Merced ni siquiera un verbo que dé un passo mas adelante. Pues ahora está ya claro lo que quiero decir, y es que, assí como el supino es el non plus ultra de los verbos, assí el Reverendíssimo Fray Gerundio (al decir esto hizo ademan de quitarse el becoquin por respeto y reverencia,) es el non plus ultra de los Predicadores.»

21. — «Tambien lo es vuestra Reverendíssima de los Poetas agudos, respondió el taimado de Don Basilio, y apuesto á que ningun ingenio daba en la genuína significacion del pensamiento, si vuestra Reverendíssima no nos huviera hecho la honra ó, por hablar al uso, no huviera tenido la bondad de explicárnosle. Lo que es el no entenderlo! Como yo havia leído, no me acuerdo donde, que en latin á un hombre tardo, rudo y que todo lo trastorna, se le llama un hombre supino, y tambien se aplica este significado á los perezosos, haraganes y galbaneros, que todo el dia se están, como se dice, con la panza al sol, confiesso que me sobresalté algun tanto, quando oí el acabamiento de la octava, y, pareciéndome que podia ser pulla, ya estaba con la Musa en ristre para volver por el decoro de nuestro incomparable Orador, al qual, sin hacerle injusticia, no se le podia aplicar el epítheto de supino en ninguno de los significados que yo le atribuía; porque ni tiene nada de haragan ó perezoso, siendo la misma laboriosidad, ni mucho ménos se le puede llamar tardo ó rudo de ingenio, pues yo no le he conocido hasta ahora mas delicado, como lo acredita cada rasgo del sermon que acabamos de oírle.»

22. «Confiesso que el supino, en este sentido, lo soy yo, pues no caí en una significacion que se estaba viniendo á los ojos; tambien declaro, para descargo de mi conciencia y para mayor confusion mia, que ya no me parece el nombre de Gerundio tan propio y tan adequado á los méritos del Padre Predicador, como lo seria el de Supino. Antes de haver oído la erudita, ingeniosa y cabal explicacion de su significado, juzgaba yo que no havia en toda la Nomenclatura... llámase assí, Señora Catanla, (porque somos deudores á todos,) aquel vocubalario, almagacen ó despensa, de donde se sacan los nombres propios... que no havia, vuelvo á decir, en toda la Nomenclatura otro nombre mas ajustadito al talle de nuestro gran modelo de Predicadores que el de Gerundio, porque los gerundios son los que dan á conocer el carácter de los sugetos con quienes tratamos. Y assí, á un hombre de condicion altiva, furiosa y arrebatada le llamamos hombre tremendo; á un Religioso grave, autorizado y respetable le damos el título de Padre Reverendo; á uno que sea maligno, dissoluto y contagioso, y mas si está públicamente excomulgado, le distinguimos con el arrimadizo de vitando; y sabe ya el docto, que vitando, tremendo y reverendo son tan gerundios en nuestra lengua, como lo son en la latina cœnandus, prandendus, potandus

23. «Esto supuesto, desde que tuve la dicha de conocer, tratar y oir al Padre Fray Gerundio, discurria yo assí: Este es un hombre verdaderamente admirando, estupendo, preconizando y colendo, los quales todos son legítimamente gerundios, ó no los hay en el mundo. Luego se le puso el nombre de Gerundio con la mayor propriedad imaginable. Pero, desde que oí á vuestra Reverendíssima, digo y vuelvo á decir que harto mejor le quadraba el de Supino, porque esse es mucho mas cosa; y esto se entienda sin perjuicio de los aciertos y de la discrecion del Señor Licenciado Quixano, su digníssimo Padrino, que fué quien se le puso.»

24. El buen Licenciado, que en toda la comida havia cerrado la boca, pero tampoco la havia abierto para hablar palabra, sino parte para comer y parte para admirar los grandes elogios, que á su modo de entender se havian dicho en la mesa de su querido ahijado, solamente respondió: «Señor Don Basilio, yo soy un pobre Clérigo, que no entiendo de essas honduras: algo estudié de gerundios y de supinos, pero jamas me metí en qual era mas, qual era ménos, porque no soy amigo de revolver huessos, que al fin son cosas odiosas. Si á Fray Gerundio le puse este nombre y no otro, mis razones me tuve, que no hé menester decir á nadie; lo que podré assegurar á vuestra Merced es, que mi ahijado, allí donde vuestra Merced le ve, tan conocido ha de ser en el mundo con el nombre de Gerundio, como puede haverlo sido qualquier Supino que haya nacido de mugeres.»

25. — «Bomba, dixo á este punto el hermano Bartholo, que essa ya es endemasiada prosa; se va acabando la mesa, y entodavía no hemos dicho una palabra al Señor Mayordomo. Allá va á Dios y á dicha.» Callaron todos, y él soltó esta disparatadíssima chorrera de desatinos:

Carlo-Magno y todos los doce Pares

Fueron, o Anton Zotes! en tu comparanza

Como el dedo meñique á respeuto de tu panza,

Y como dos pajitas enjunto á dos pajares.

No venciste al Gigante Fierabras,

Pero hiciste mucho mas,

Quando por tu endustria vino al mundo

Esse pozo de cencia, tan profundo

Como la noria de mi Convento,

Que tiene mas de mil brazas, y aún mas de ciento.

Si no fuera por tí y por la Tia Catanla tu consorte,

No meteria Fray Gerundio tanto ruido en la Corte,

Donde la Reina, el Rey, el Papa y los Cardenales,

Los Duques, los Marqueses, y hasta los mismos Provinciales

Le celebran á porfía;

Que dicen que es una bataola, una algarabía.

Si el árbol se conoce por el fruto,

Como dixo un Theólogo llamado Márcos Bruto,

El qual añadia que aún por esso

Las grandes camuesas endican un gran camueso;

Qué árbol serás tú! Qué nobre tronco!

Solo de imaginarlo me pongo ronco.

La Fama

26. — «Basta, hermano Bartholo, basta,» le interrumpió el Magistral, que ya no podia aguantar mas tanto disparate, y, aunque havia dissimulado su mal humor todo lo possible por no desazonar la funcion, apurada ya la paciencia, se levantó de la mesa con pretesto de ir á dormir la siesta, haciendo lo mismo todos los demas convidados, á excepcion de Don Basilio, el Padre Vicario, Fray Blas, Fray Gerundio, el Familiar y el Donado, que se quedaron de sobre mesa, donde passó lo que dirá el capítulo siguiente.


CAPITULO VI.

De la Conversacion no ménos útil que graciosa, que se tuvo sobre comida.

1. — «Permítame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, que le dé mil abrazos, dixo Don Basilio, ahora que hemos quedado solos; rato mejor que el que vuestra Merced me dió con su admirable sermon, no le he tenido ni le he de tener en mi vida. Esso es predicar, y todo lo demas es hojarasca.» — «Yo tal digo, añadió el Padre Vicario; y, si un jóven al principio de su carrera comienza assí, qué será quando la acabe? Yo conocí á un Predicador de cierta Orden, hombre ya de canas y provecto, que, aunque predicaba á este mismo aire que el Padre Fray Gerundio, no merecia descalzarle los zapatos; y con todo esso le llamaban espanta-Madrid pues, qué será el Padre Fray Gerundio quando llegue á sus años? Seguramente que le llamarán el Monstruo de España, y todavía le vendrá estrecho el renombre.»

2. — «No te lo dixe yo, amigo Fray Gerundio?» interrumpió á esta sazon Fray Blas, rebosando gozo por todas sus coyunturas. «Si no huvieras seguido mis consejos y te huvieras dexado gobernar de las vejeces de nuestro Reverendo Padre Fray Caduco, lograrias ahora estos aplausos?»

3. — «Quien es esse Flayre? preguntó el Familiar, y qué consejos daba á mi sobrino?» — «Es un Reverendíssimo Matusalem, respondió Fray Blas, de essos que alcanzaron las valonas, el qual está muy mal con todo lo que en los sermones se llama conceptos, agudezas, equívocos, circunstancias; en una palabra, con todo aquello que hace el gusto y embeleso del auditorio y produce el aplauso del Predicador. Dádole ha que se ha de predicar á lo ramplon y á lo solidote; assuntos serios y naturales, verdades indubitables y de quatro suelas; pruebas macizas y de cal y canto y, como dicen, de estas que aplastan. De circunstancias no se hable: dice que no hay mas circunstancias que las de el mysterio del Santo ó del objeto de que se predica, y que todo lo demas es locura y profanacion, que muchas veces se roza en sacrilegio. Añade, que solicitar en los sermones el gusto ó el deleite del auditorio y el aplauso del Orador, es contra toda regla de la verdadera eloquencia, la qual solo debe tirar á convencer, á persuadir y á mover; pretendiendo que los conceptos delicados, las agudezas, los equívocos y las pinturillas deleitan, pero no convencen, ni persuaden, ni mueven. Vaya Usted viendo lo que adelantaria un pobre Predicador con estas reglecitas, y si al cabo del año tendria dos arrobas de chocolate en el caxon, ó si rodarian media docena de doblones en la naveta.»

4. — «Con que, esso decia esse buen Flayre?» volvió á preguntar el Familiar. — «Si, Señor, esso decia, esso dice, y esso estará diciendo por toda la eternidad, si Dios no lo remedia,» respondió Fray Blas. — «Pues mi alma, como la de su Reverencia, continuó el Familiar, yo soy un pobre monigote, como Ustedes ven, que solo sé leer con trabajo y echar mi firma con enfecultad; pero, por fin y por postre, dos deditos de entendimiento, de pricision los ha de tener todo hombre inracional. Mi voto le doy á esse Fray Mathias de Jerusalem, ó como le llama el Padre Predicador, y que me emprumen, si no le sobra la razon por los tejados. Quando voy á oir un sermon, sea el que se juere, voy siempre con entincion de que m’ agan güeno, ó espirándome deséos de emitar las vertudes del Santo á quien se perdica, ó propuniéndome alguna verdá de emportancia, que me la metan bien en la cabeza, y dempues como que me empujen el corazon á platicarla. Pero vaya Usté con Dios, que las mas de las veces m’ allo con una retaíla de garambainas, de entresijos, de sotilezas y de cercunloquios que, en mi ánima jurada, los entiendo yo tanto, ni sé á lo que vienen, como ahora llueven pepinos. Daca el Mayordomo, vuelve la Comedia, torna los novillos; si la Ciudá se llama assí; si su enfundidor se llamó asado; si danzaron ó no danzaron los profetas; si se usaron hogueras y cuetes y carretillas y triqui-traques en la ley de los Judíos. Dempues entran los Angeles que suben y baxan por la escala de Jacó; dempues aquellos Seraphines con sus seis alas, que no parecen sino los gorriones de todos los sermones; porque, ansí como los gorriones se encuentran en todos tiempos y en todas partes, ansí essos probes Seraphines salen á volar en todos los sermones, que no sé á fé mia como tienen ya fuerzas ni prumas; y en verdá que hicieron bien en ponerles tantas alas, una vez que huviessen de estar volando tan encontinuamente. Pues, qué diré de aquel que unos llaman carro, y otros carroza, de un tal Enzequiel? Habrá acarreado el dichoso carro mas paja en essos púlpitos de Dios que todos los carros de Cámpos, desde que se enfundió en el mundo la labranza. Con que, al cabo del sermon me güelvo á mi casa tan malo como me salí, sin haver entendido una palabra de toda aquella chanfonía; y vaya Usté con Dios, que hemos de decir, que el Perdicador es un hombre que se pierde de vista, siendo ansina que á muchos de ellos los llevara yo á la Inquisicion, si el Santo Tribunal me lo mandara.»

5. — «Señor Familiar, replicó Fray Blas, no hable vuestra Merced en lo que no entiende.» A que añadió prontamente Fray Gerundio: «Tio, pensar vuestra Merced que ha de alcanzar mas que tantos Predicadores famosos como predican assí, y tantos hombres discretos como los celebran y los aplauden, es demasiado pensar.» — «Sobrino, respondió el Familiar, cada probe alcanza aquello que Dios le ayuda. A esso de que tantos Perdicadores perdican ansí, y que tantos hombres discretos los celebran, digo que, porque son tantos los que perdican ansina, por esso me encarabrino yo tanto; y en quanto á los hombres discretos que los celebran, peor es urgallo. Yo confiesso, porque el Diabro no se ria de la mentira, que tambien los he uído apraudir á muchos; pero acá en mi imaginamiento todos eran unos tontos. Y á lo otro que dixo el Padre Perdicador, de que yo no lo entiendo, respondo á su Usencia que, como los sermones se perdican para que los entiendan todos, por el mismo caso que yo no entiendo los mas, digo que son malos, y no me sacarán de esto quantos Tiólogos hay en la Universidá de Salamanca.»

6. — «A muchos ha hecho bien poca merced el Señor Familiar», dixo á esta sazon el Padre Vicario con su acostumbrado entonamiento. «Si son necios los que predican de essa manera y los que gustan de sermones á esse aire, se verificará á la letra lo que dice el Espíritu Santo, que stultorum infinitus est numerus, será preciso contar en esse número á muchos hombres de bien, y yo, aunque no lo sea, desde luego me encuentro entre ellos, porque mas quiero errar con los muchos que acertar con los pocos.»