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VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA
POR
JOSÉ M. SAMPER.
SEGUNDA SERIE SUIZA Y SABOYA.-ALEMANIA DEL RIN.-BÉLGICA.-FRANCIA. PARIS
IMPRENTA DE E. THUNOT Y Cª,
CALLE RACINE, 26.
1862
A MONSIEUR LE PRÉSIDENT DE LA SOCIÉTÉ D'ETHNOGRAPHIE ORIENTALE ET AMÉRICAINE DE FRANCE.
MONSIEUR,
Désirant vivement donner à la savante Société dont vous êtes le digne président, un témoignage de ma reconnaissance et de mon attachement, j'ai l'honneur de vous prier d'accepter la dédicace que je suis heureux de faire à la Société d'Ethnographie, du second volume de mes Voyages en Europe.
Veuillez accepter aussi, mon savant et respectable collègue, l'assurance de ma considération la plus distinguée.
JOSÉ M. SAMPER.
Paris, le 1er juillet 1862.
ÍNDICE.
A MONSIEUR LE PRÉSIDENT DE LA SOCIÉTÉ D'ETHNOGRAPHIE
ORIENTALE ET AMÉRICAINE DE FRANCE v
INTRODUCCIÓN. 1
PRIMERA PARTE
SUIZA Y SABOYA.
CAPÍTULO I.—DE PARIS A GINEBRA.—La Francia centro-oriental.—Los paisanos franceses.—Las campiñas bresanas.—La vuelta del vencedor. 7
CAP. II.—IDEA GENERAL DE SUIZA.—Configuracion orográfica.
—Hidrografía.—Historia de los Suizos.—Instituciones políticas
—Division general del país. 19
CAP. III.—GINEBRA.—Geografía del Canton.—El lago Laman.—Resúmen histórico.—Estructura general de Ginebra.—Sus condiciones políticas y sociales.—Monumentos é instituciones públicas.—Las casas de prision.—Ginebra como centro social europeo. 38
CAP. IV.—LOS ALPES SABOYARDOS.—Los compañeros de viaje.—La hoya del Arve.—El valle de Chamonix.—El grupo del Monte-Blanco.—Las neveras.—Contrastes naturales y curiosidades. 58
CAP. V.—LA HOYA DEL ALTO RODANO.—El camino de la
«Cabeza-Negra.»—El canton de Valais.—El valle del
Dranza y Martigny.—El Ródano. 74
CAP. VI.—EL CANTON DE VAUD.—Territorio y poblacion del Canton.—Su historia;—sus instituciones;—sus producciones;—sus institutos.—La ciudad de Vevey y su panorama.—Objetos interesantes y curiosos. 83
CAP. VII.—VAUD Y NEUCHATEL.—Losana y sus cercanías.—Sus monumentos é institutos.—De Losana á Iverdun.—Iverdun.—El lago de Neuchâtel.—El Canton.—Su historia.—Sus instituciones y productos.—El régimen comunal.—La ciudad de Neuchâtel.—Un panorama suizo. 95
CAP. VIII.—EL CANTON DE FRIBURGO.—La diligencia suiza.—Los tres lagos hermanos.—Morat.—Geografía del Canton;—su historia;—sus instituciones.—Panorama de Friburgo.—Sus monumentos y curiosidades.—La ermita de la Magdalena. 115
CAP. IX.—EL CANTON DE BERNA.—De Friburgo á Berna.—Los artistas y artesanos viajeros.—Topografía del Canton.—Historia de la república bernesa;—su poblacion é instituciones.—Producciones, industria y objetos mas notables.—La ciudad de Berna;—sus institutos y curiosidades. 132
CAP. X.—LA REGION DEL OBERLAND.—De Berna á Thun.—Una reflexion sobre la civilizacion moderna.—La villa de Thun.—Magnificencias de su lago.—Unterseen é Interlaken.—El tipo de las paisanas.—El Lütschina.—Grindelwald.—Las neveras y sus grutas.—Escenas sociales.—La vida campestre. 149
CAP. XI.—EL CANTON DE UNTERWALDEN.—El lago de Brienz.—Giessbach. —Brienz.—El valle de Meyringen.—El cuello de Brünig.—Los valles de Sarnen.—Un paisaje de parroquia.—Condiciones históricas, sociales y políticas del Canton. 165
CAP. XII.—LOS CUATRO-CANTONES.—Idea general topo-hidrográfica.—La ciudad de Lucerna.—Curiosidades.—Un contraste social.—Condiciones generales del canton de Lucerna.—El lago de los Cuatro-Cantones.—Su navegacion y aspecto interior.—Recuerdos de la independencia. 180
CAP. XIII.—LOS PEQUEÑOS CANTONES.—Altorf.—El canton de Urí—Los valles de Schwyz.—Goldau.—La ascencion del Rigi.—Escenas del Rigi-Kulm.—Panorama de la Suiza central. 195
CAP. XIV.—ZUG Y ZURIC.—Küssnach, Immensée y el lago de Zug.—La capital y el canton de Zug.—Horgen y el lago de Zuric.—Instituciones y condiciones sociales del Canton.—La ciudad de Zuric, situacion y aspecto.—Historia, monumentos y curiosidades. 216
CAP. XV.—LA HOYA DEL RIN.—Las comunicaciones en Suiza.—De Zuric á Schaffhousen.—La catarata del Rin.—La ciudad y el canton de Schaffhousen.—Navegacion del alto Rin.—La ciudad de Constanza.—Los lagos internacionales. 229
CAP. XVI.—TRAVESIA DE SUIZA.—El canton de San-Gall;—su historia, sus instituciones, sus elementos económicos.—La ciudad de San-Gall,—su situacion, sus monumentos y curiosidades.—El canton de Turgovia.—El canton de Argovia.—Solera y Basilea-Campaña. 241
CAP. XVII.—BASILEA Y LA SUIZA.—La ciudad de Basilea; situacion y panorama.—El medio-canton: su historia, sus instituciones, su industria y condiciones sociales.—Monumentos de la ciudad, institutos y costumbres.—Observaciones comparativas respecto de la Confederacion. 248
SEGUNDA PARTE.
LA REGION DEL RIN.
CAPÍTULO I.—EL GRAN-DUCADO DE BADEN.—De Basilea á Freiburgo.—El Rin central y sus panoramas.—Nociones importantes respecto del gran-ducado.—Costumbres alemanas.—La ciudad de Freiburgo. 267
CAP. II.—ALGO DE LA FRANCIA ALEMANA.—Kohl.—Un portero frances.—Estrasburgo.—La campaña alsaciana.—Una familia francesa en el campo. 281
CAP. III.—BADEN-BADEN.—El paso de la frontera.—Aspecto general de Báden-Báden.—El mundo á la moda y las ciudades de aguas medicinales.—Monumentos y curiosidades de Báden-Báden.—Sus cercanías. 295
CAP. IV.—LAS CIUDADES BADENSES.—Carlsruhe.—Las ciudades nuevas de Alemania.—Heidelberg;—su Universidad y sus curiosidades.—Los estudiantes de Alemania.—Las ruinas del Castillo. 307
CAP. V.—DE HEIDELBERG A FRANCFORT.—Mannheim y el Rin.—El gran ducado de Darmstad; su gobierno y sus condiciones generales.—La ciudad capital.—Una familia típica. 317
CAP. VI.—DOS ESTADOS ALEMANES.—La república de Francfort; —su importancia comercial y política.—La ciudad de Francfort;—su situacion;—su movimiento social;—sus banqueros y sus judíos.—El ducado de Nassau.—Wiesbáden y sus cercanías. 327
CAP. VII.—EL RIN.—Cástel.—Mayenza.—Las riberas del rio.—Una hija de la pérfida Albion, á bordo de un vapor y en tierra. 338
CAP. VIII.—LA PRUSIA RINEANA.—Idea general del país.—Coblenza.—El castillo de Stolzenfels.—El Rin abajo de Coblenza.—Colonia;—su catedral;—las fábricas de Juan María Farina. 346
CAP. IX.—DEL RIN A LIEJA.—Trayecto entre Colonia y Aquisgran.—La ciudad de Carlomagno;—sus monumentos y curiosidades.—El Sud-este de Bélgica. 357
TERCERA PARTE.
BÉLGICA.
CAPITULO I.—LA NACION BELGA.—Resúmen histórico.—Topografía general del país.—Instituciones políticas.—Poblacion.—Estadística. —Agricultura.—Industria y minería.—Comercio y vías de comunicacion. 365
CAP. II.—LIEJA Y EL BRABANTE.—Poblacion y panorama de Lieja.—Importancia industrial de la ciudad.—Su aspecto interior y sus monumentos.—Tirlemont.—Lováina.—Malínas. 375
CAP. III,—AMBÉRES.—Aspecto general de la ciudad.—Comercio y bellas artes.—Carácter múltiple de Ambéres.—Sus calles, monumentos, museos y curiosidades. —Jardines y paseos 384
CAP. IV.—BRUSÉLAS.—La sociedad belga bajo el punto de vista político.—Estructura general de Brusélas.—El periodismo y la librería.—Fisonomía moral de Brusélas;—su poblacion.—Monumentos civiles;—la casa municipal,—varios palacios.—Monumentos religiosos.—Museos, bibliotecas y estatuas públicas.—Jardines científicos. 395
CAP. V.—EL PAÍS FLAMENCO.—Idea general de Flándes.—La raza, la literatura y el arte flamencos.—Gante: su estructura y sus alderredores.—Monumentos é institutos civiles; el Beffroi y sus tradiciones.—Monumentos é institutos religiosos; el «Béguinage.»—Objetos de arte; el Museo de pinturas; el Jardin botánico y el zoológico. 405
CAP. VI.—LA REGION MARÍTIMA.—La ciudad de Brujas; aspecto general.—Monumentos é institutos diversos.—Objetos de arte y prácticas religiosas.—Ostende; su panorama; sus baños; su sociedad.—El comercio y la pesca de los Belgas. 417
CAP. VII.—DE OSTENDE A PARIS.—El nor-oeste de Bélgica.—Courtrai y la frontera.—La ciudad de Lila.—Donai.—Arras. 426
INTRODUCCION.
La buena descripcion de un viaje, aunque requiere ciertas condiciones poco vulgares, es un trabajo ménos laborioso de lo que generalmente se piensa. Pero viajar, ó saber viajar es un arte mas delicado y difícil de lo que á muchos parece. Cuando se viaja puramente por gozar y sacudir el fastidio, no se hace otra cosa que vagar en un país ó vegetar moviéndose. El pseudo-viajero, impelido por una curiosidad sin consecuencias, se parece entónces á la hoja que flota en el torbellino de un huracan, sin tendencia propia ni significacion.
El viaje es un arte complejo de investigacion metódica al mismo tiempo que de capricho inteligente. Él requiere, por una parte, cualidades de viva impresionabilidad, imaginacion poética, severo criterio, curiosidad de observacion y libertad de espíritu, conjuntamente; y por otra, tiempo, dinero, paciencia, conocimiento de las lenguas y ciertas ventajas aplicables al país que se visita.
Por eso, al emprender una serie de excursiones, mas bien que viajes, en Europa, he comprendido bien, sin alucinarme, las desventajas de mi posicion personal. Colombiano de nacimiento, aunque cosmopolita por mis convicciones, le pertenezco ante todo á mi patria colombiana, de la cual no puedo estar por largo tiempo ausente. Pero ansioso de buscar la verdad, siguiendo y comparando el movimiento vario de los pueblos mas adelantados en civilizacion, he tenido que conciliar dos necesidades igualmente imperiosas.—No pudiendo disponer de mas de cinco años en Europa, he tenido forzosamente que reducirme al estudio atento de las dos sociedades mas adelantadas—Francia é Inglaterra,—y en cuanto á las demas, hacer rápidas excursiones que me permitan palpar y comprender apénas los hechos mas característicos y sobresalientes, las formas ó los fenómenos mas visibles de la civilizacion europea. Es del conjunto de esas grandes formas que un hijo del Nuevo Mundo, ansioso de luz pero sin experiencia, puede obtener la nocion sintética del giro y de la índole de esa civilizacion.
Si hubiera de dirigirme á lectores europeos, ó no escribiria la relacion de mis modestos viajes, ó habría procurado darles á estos otras proporciones, trazándome un método que me permitiese emprender estudios de alguna seriedad ó trascendencia, dentro de la medida de mis débiles fuerzas. Pero no: viajo por mi patria, es decir con el solo fin de serle útil, y escribo para mis compatriotas y hermanos los Hispano-Colombianos. He creido que lo que importa mas por el momento no es profundizar ciertos estudios, sino vulgarizar ó generalizar nociones. A los pueblos de Hispano-Colombia no les ha llegado todavía el momento de los estudios fuertes, por la sencilla razón de que la inmensa masa popular no tiene aún la nocion general del progreso europeo. Hasta tanto que esa masa no haya recibido la infusion elemental de luz y fuerza que necesita para emprender su marcha (porque hoy no se marcha sino que se anda á tientas) el mejor servicio que se le puede hacer es el de la simple vulgarizacion de las ideas elementales. Despues vendrá el tiempo de los trabajos laboriosos y profundos.
La inmensa mayoría de los Hispano-Colombianos no conoce, por falta de contacto íntimo con Europa, los rudimentos ó las verdaderas condiciones del juego general de la política, las letras, la industria, el comercio y todos los grandes intereses vinculados en Europa. De ahí provienen graves errores de apreciacion, de imitacion ó de indiferencia, que se revelan en la política, la literatura, la legislacion y las manifestaciones económicas de Hispano-Colombia.
Desvanecer, si puedo, esos errores, dándole á la expresion de lo que me parece la verdad las formas simpáticas de lo pintoresco y el atractivo de una rápida, fiel y animada narración, tal es el objeto de estas páginas de impresiones.
Hasta ahora no han llegado á Colombia, relativamente á Europa, sino dos géneros de escritos: ó memorias novelescas, escritas con un fin de especulacion literaria, como las de Alejandro Dumas y muchos otros escritores franceses, que desnaturalizan las cosas, á fuerza de ingenio, exageracion y fantasía, y prescinden de los hechos sociales, ocupándose solo de lo pintoresco y divertido; ó estudios especiales y científicos, que presuponen el conocimiento de las situaciones generales. El primero de esos géneros de narracion ó de estudio es pernicioso en Colombia, porque propaga las mas falsas nociones. El segundo es incompleto y árido, incomprensible para los que no conocen la fisonomía general del país de que se trata.
Mi proceder, como narrador de rápidas y modestas excursiones, es muy sencillo: consiste en no dejar en olvido nada de lo que he observado, ó mirado siquiera, interesante por algun rasgo característico; y en no inventar nada, sino relatar con candor cuanto me ha impresionado por cualquier motivo, manteniendo en la exposicion de todos los pormenores, por variados que sean, la armonía de la verdad, de lo bello y lo útil, de lo natural y social. Es así como surge de la narracion la imágen compleja de un país, semejante á una fisonomía humana en que se ven armonizar diversas formas: el ojo ardiente y luminoso, que revela un espíritu; la boca palpitante, que respira pasion, y la protuberancia huesosa ó muscular, donde reside una fuerza.
Aun limitando mis viajes á humildes proporciones, he querido seguir cierto método.—Primero Francia, el gran foco de la civilizacion moderna, de donde irradia toda inspiracion fecunda, en el vasto grupo de sociedades que tuvo su punto de partida en la civilizacion latina.—En seguida España, el país análogo, la fuente europea de las repúblicas Hispano-Colombianas.—Despues la Confederacion Helvética, cuya constitucion política corresponde en sus formas generales á las de mi patria natal.—Luego Alemania, Bélgica y Holanda, donde se asiste, en la primera, á la lucha de instituciones y civilizaciones distintas, revelando una grande y laboriosa transicion; ó se ven en dos pequeños y prósperos Estados los efectos de la libertad política y civil. Mas tarde he estudiado ese gran pueblo de tan peculiares condiciones,—la Gran Bretaña,—que resume en su genio y sus manifestaciones lo que hay de mas cosmopolita, de mas industrial y vigoroso en el juego complicado de la moderna civilizacion. Al fin le llegará su turno á Italia, el país de los grandes recuerdos y de los refinamientos del arte, que representa hoy la aspiracion esencial del siglo: la idea de la unificacion. Y por último, al dejar á Europa, iré á observar las modificaciones profundas que le ha impreso á la vieja civilizacion europea ese pueblo formidable de colonizadores del Nuevo Mundo, que se llama la Union Americana.
Suiza me picaba vivamente la curiosidad por sus especialidades, que la hacen tan singular é interesante en Europa. Su topografía y composicion geológica, su sistema hidrográfico y sus neveras colosales y vastísimas, le dan la prioridad de interes en el estudio de esa maravillosa historia del progreso de la Creacion ó de la fisiología del globo, escrita en grandes y pequeños caractéres en las rocas aglomeradas en el trascurso de millares de siglos, por una serie de revoluciones naturales de la materia orgánica, para ofrecerle al hombre la base de su imperio divino. Las admirables hermosuras de ese inmenso archipiélago de montañas, lagos y nevados que se llama Suiza, excitaban en mí esa irresistible inclinacion hácia lo bello, lo grandioso y poético, que eleva el sentimiento y le da expansion al alma, haciéndole admirar, con éxtasis ó arrebato alternativamente, las obras del Inefable Artífice.
Ademas, yo sentia un vivo deseo de conocer, siquiera fuese someramente, la manera como funciona el espíritu democrático en la sola república importante de Europa, enclavada en el corazon de este viejo mundo de tradiciones formidables y rodeada de poderosas monarquías y aristocracias. Queria observar la yuxtaposicion de dos razas que pasan por antagonistas,—germánica y latina,—esta representada por los cantones franceses é italianos. Queria inquirir ese movimiento ascendente de asociacion que, comenzando en la familia, se condensa en el Distrito, enlaza los distritos en el Canton ó Estado, y fortifica á los cantones en la liga de la Confederacion. Queria buscar el secreto de esa prosperidad que hace de Suiza, relativamente á sus proporciones, el país mas activo y poderoso por su produccion. Queria, en fin, darme cuenta de la relacion en que se hallan respecto de la civilizacion dos de las tres grandes comuniones cristianas de Europa (protestantes y católicos) colocadas frente á frente y en íntimo contacto y lucha permanente, en el terreno comun de la libertad federal.
Mis esperanzas no fueron frustradas. En cuanto era dable obtener nociones importantes, mediante una incompleta y rápida excursion, pude sacar en consecuencia esta conviccion: el estudio atento de la Confederacion Helvética es el que, por las condiciones múltiples y peculiares de ese país, puede ofrecer las pruebas mas perentorias en favor del principio de libertad y justicia, ó de justicia en la libertad, como la base de toda civilizacion fecunda en progreso y bienestar. Tengo la confianza de que algunas de las páginas de esta narracion, sinceramente verídica, justificarán esa conviccion.
PARTE PRIMERA.
SUIZA Y SABOYA.
* * * * *
CAPITULO I.
DE PARIS A GINEBRA.
La Francia centro-oriental.—Los paisanos franceses.—Las campiñas bresanas.—La vuelta del vencedor.
El sol de julio doraba con sus tibios y alegres rayos matinales los pabellones de las magníficas arboledas, las cúpulas y torres de los altos monumentos y el enjambre desigual de los techos de pizarra, que se destacaban sobre las plazas y calles todavía silenciosas de Paris. Apénas comenzaba á despertar la ilustre metrópoli de su sueño de estío, cuando entrábamos á la inmensa estacion ó embarcadero del ferrocarril que conduce á Lyon y el Mediterráneo. Tal debia ser nuestra via para penetrar á Suiza por el lado meridional, y visitar la Saboya del norte, país pintoresco, montañoso y esencialmente estratégico que despues ha sido el objeto de una complicacion para la diplomacia europea.
Al subir á un wagon del tren, mi esposa me decia con dulce confianza: «Por fin vamos á visitar ese país de las montañas y los lagos, el padre de casi todos los grandes rios del continente europeo. Eso nos producirá emociones que nos harán evocar á cada momento la imágen querida de la patria»….
La via férrea, en su primera mitad, era la misma que yo habia tomado, algunos meses antes, para ir á España, y debíamos seguirla hasta Macón, torciendo de allí hácia el este, en direccion al Ródano central y Ginebra. Teníamos que atravesar algunos de los departamentos mas vinícolas de Francia y, en las cercanías del Ródano, despues de cortar la estrecha hoya del Ain, una comarca pintoresca, entrecortada por los estribos y contrafuertes mas meridionales del Jura. Aquellos departamentos, surcados por la via férrea en extension muy desigual, eran:
El del Sena, con 1,727,000 habitantes, cuyas siete octavas partes constituyen la poblacion de Paris;
El de Sena-y-Marna con 341,000, que tiene por capital á la graciosa y pequeña ciudad de Melun.
El del Yona, con 368,000, que cuenta algunas villas y ciudades bastante industriales, como Auxerre (la capital), Sens, Joigny, Tonnerre, etc.
Despues la via sale de la hoya del Sena para pasar á la del Saona, de modo que se sirve sucesivamente del curso de valles que se inclinan, en opuestos sentidos, hácia el canal de la Mancha y el Mediterráneo. De esa manera el ferrocarril sigue por los departamentos de:
La Costa-de-oro, con 386,000 habitantes, centro principal da la antigua Borgoña, teniendo por capital á Diyon (Dijon), ciudad tan interesante por sus monumentos y su historia como por su movimiento social.
El de Saona-y-Loira, con 575,000 almas, no ménos importante que el anterior por sus vinos, y cuya capital es Macón.
Por último, el del Ain, con 370,000 habitantes, capital la ciudad de Burgo ó Villa (Bourg), antiguo centro administrativo de la provincia de Bresa (Bresse); comarca que se extiende entre el Saona, el Ródano y las montañas del Jura, partiendo límites con los cantones helvéticos de Ginebra y Vaud y la alta Saboya, ó Saboya setentrional, hoy departamento frances.
Quiso la fortuna que nuestro primer dia de viaje fuese favorable al natural deseo de recoger impresiones, siquiera fuese al pasar. Aguardábase al emperador de los Franceses, quien volvía de su campaña de Italia,—ese episodio extraño, grandioso por sus formas y contradictorio en su objeto y resultados. Napoleon III venia de Italia vencedor y vencido al mismo tiempo: vencedor en las batallas; vencido despues en el terreno diplomático, caliente todavía la atmósfera con el fuego terrible de Solferino. Pero los pueblos, que jamas juzgan la política sino por las apariencias,—sobre todo los que tienen la candidez campestre,—no sabian de la guerra de Italia sino dos cosas: que los Franceses, sus compatriotas y hermanos, se habian batido heróicamente, según su costumbre, y eran los vencedores, y que su jefe, el emperador, volvia á recibir las ovaciones del triunfo.
Donde quiera, desde Macón hasta adelante de Bourg, se veian los mas curiosos grupos de paisanos, resaltando en los cuadros pintorescos y risueños de las pequeñas poblaciones ó las estaciones del ferrocarril, rodeadas de enanos sauces de ampuloso follaje, huertos y jardines, viñedos escalonados en las faldas de las colinas, lucientes praderas y plantaciones de cereales. Se veia bien que las autoridades habian trabajado con actividad en preparar recepciones oficiales con honores de populares, como acontece donde quiera. En toda la línea se ostentaban bosques de banderas, arcos de triunfo, alegres y vistosos pabellones, escudos de armas y trofeos, inscripciones y medios de iluminacion. Aquello nada tenia da curioso, porque era artificial: era una fiesta de sub-prefectos y alcaldes principalmente. Lo que llamaba la atencion era el largo cordon de grupos de paisanos, llenos de curiosidad, impacientes pero joviales, á veces burlones, que hacian estallar sus estentóreas carcajadas al derredor de las estaciones de la línea.
A cada trecho veíamos, bajo los sombreros de fieltro burdo, ó de paja amarilla y anchas álas, fisonomías femeninas bastante graciosas, con ese color vago del tipo de la Francia centro-oriental, que no es ni el rubio delicado de Picardía y Normandía, ni el suave sonrosado de las alturas jurásicas, ni el moreno picante de las gentes que pueblan las comarcas meridionales de Francia. Donde quiera tambien nos interesaba la robustez del campesino, su rusticidad mezclada de buen sentido y astucia, sus movimientos desembarazados y su insaciable y cándida curiosidad. Y todo eso realzado por cierta originalidad de vestidos que, sin tener la gracia de los alpestres y meridionales, ni la curiosa extravagancia de los bretones, normandos y alsacianos, nos revelaban una tendencia notable hácia las combinaciones pintorescas.
Al pasar ó detenerse el tren que nos trasportaba, estallaba en cada uno de esos numerosos grupos de paisanos un hurrah! borrascoso, por via de saludo, y no faltaban quienes, queriendo sazonar algun chiste del vecino, exclamaban por este estilo:
—Eh, señor maquinista! digale U. á Su Majestad que se dé priesa!
—Bah, gaznápiro! quién te ha dicho que Su Majestad corre como el chorro de tu molino?
—Diantre! si se hace esperar!
—Si así se portara el Recaudador!…
—Que nos sirvan refrescos miéntras viene!—gritaba otro mas atolondrado.
—Y si no viene?
—Será mas largo el refresco.
—Sí; comeremos mas! El emperador pagará todo!
—Viva el emperador!
Mas adelante, al ver que llegaba nuestro tren, un paisano poco erudito en geografía y otras cosas, gritó con todos sus pulmones:
—Bravo! viva el emperador!
—Bruto!—le dijo uno de los compañeros,—¿no ves que ese tren viene de
Paris?
—Y ¿qué me importa eso, si me han encargado que grite cuando llegue el tren?
—Tambien podia ser de carbon ó leña, y serías capaz de tomarlo por el tren imperial….
—Aguarda un poco, Juanillo, añadió otro; ya tendrás ocasion de gritar y dejar contento al alcalde.
En otra estacion, al notar que renovaban el agua en las calderas de la locomotiva, un paisano mazorral observó:
—Diantre! hasta la máquina bebe, miéntras que yo estoy á seco!
—Ella bebe á la salud de la compañía, dijo un chusco, aludiendo á los viajeros del tren.
Y cada cual agregaba una tosca chanzoneta ó un retruécano del mas rústico ingenio. Á este propósito me permitiré una digresion respecto del tipo social en escena.
El paisano frances tiene cualidades muy características que le hacen digno de atencion. Mas tarde tuve ocasion de observarlo así en varias excursiones hechas á los departamentos del centro y del oeste, y en las escenas semi-campestres de las cercanías de Paris. Curioso y desconfiado por igual, todo le llama la atencion, pero lo observa todo con cautela y recelo. Detesta ó teme la guerra, pero se encanta con las escenas militares, por lo que tienen de pintoresco y sorprendente, porque en el fondo de su carácter esencialmente conservador, reácio al progreso y apegado á las tradiciones, hay cierta veleidad de novelería que le tienta á inquirir en las poblaciones todo lo que tiene el sello de lo desconocido, ó que es superior á los alcances, los hábitos y las nociones que implica la vida campestre.
A la desconfianza y la curiosidad se añaden en el paisano frances (de las regiones no montañosas) un rasgo que es comun á todas las clases del país,—el genio burlon y epigramático,—y dos mas que le son peculiares al hombre del campo: cierto instinto diplomático, y una tendencia enérgica hácia la propiedad territorial. Su inteligencia es lenta en la comprension de las cosas y carece de la soltura y ardentía que provienen de la imaginacion. Pero él sabe rumiar una idea, revolverla, pesarla y digerirla con calma y malicia, y acaba siempre por trazarse un plan en cuya ejecucion persiste con invencible tenacidad.
Cuando se le hace una proposicion, por halagüeña que sea, vacila un momento, guarda silencio con aire cazurro, se rasca una oreja y acaba por decir: «Compadre, lo pensaremos.» Ninguno le arrancará jamas una resolucion improvisada ó una respuesta categórica por sorpresa. Pero una vez que reflexiona y se forma una idea fija y clara,—buena ó mala,—no hay razonamiento ni objecion que le desvie de su propósito. A toda réplica responde, tocándose la frente con el índice de la mano derecha:
—«Compadre, tengo otra cosa aquí adentro. Será como U. dice, pero yo tengo mi idea.»
Ello es que la lentitud de espíritu del paisano frances tiene su compensacion en la malicia calculadora, la desconfianza, casi mas intencional que instintiva, y el conocimiento práctico de sus intereses individuales. No hay tipo mas personal, mas individualista que el paisano frances. Él no comprende los hechos ni los intereses colectivos, sino los que afectan íntimamente á su hogar. Si el trabajo, el hábito de los negocios y las relaciones de vecindad le permiten penetrar la situacion económica ó doméstica del vecino, se guarda bien de darle consejos, ó de justificar, con la ingerencia en las cosas ajenas, la de cualquier otro en las suyas propias.
En esto los hábitos del paisano son diametralmente opuestos á los del obrero de las ciudades, en quien el instinto de sociabilidad, fuertemente estimulado por el medio en que vive, favorece mucho la comprension de las cosas colectivas. El paisano, desentendiéndose de lo que preocupa á los vecinos de la cabecera del distrito, calcula y considera á su modo lo que se relaciona con su terruño, su mercado, su feria y sus contribuciones. A eso se reducen toda su política y su economía social.
Sabiendo que el Cura, el Alcalde y el Recaudador de contribuciones son tres fuerzas ó personas distintas que forman una sola potencia verdadera para dominar el distrito, la diplomacia del paisano consiste en lisonjear, á esas tres entidades, vivir en buena armonía con ellas, ocultarles los recursos de que dispone y dejar que ruede la bola del vecino, sin inquietarse por nada. Su egoismo es tan calculado como su diplomacia, porque llegado el momento de hacer bien, sabe mostrarse caritativo y consagrado sin ostentacion, Pero como el círculo de su actividad es tan reducido, maneja sus intereses con acierto y permanece en la mas completa inmobilidad de relaciones y hábitos.
Adherido al trabajo y la tierra por necesidad, sus operaciones son de un positivismo estrecho. El paisano se dice: «Mi hijo ha de ser paisano como yo; poco importa que no aprenda a leer ni escribir, con tal que sepa ganar dinero y tenga fortuna.» Así, léjos de enviarle a la escuela, le asocia á todos sus trabajos, le hace siervo del campo y del arado, y le trasmite rigorosamente sus preocupaciones y costumbres.
Su manía consiste en adquirir propiedad territorial ó aumentarla que tiene, aunque el producto de la tierra sea muy inferior al de las especulaciones ó la industria; sin perjuicio de reservar la suma necesaria para rescatar al hijo mayor de la conscripcion militar. Dominado por esa idea fija, se hace económico y avaro, imponiéndose mil privaciones y atesorando franco sobre franco y escudo sobre escudo. El paisano sabe esperar la buena ocasion, disimulando su tesoro. Cuando llega el momento de una compra ventajosa se sirve de toda su diplomacia para reunir á su fanega de tierra[1] otra contigua, y otra y otras, sin satisfacerse nunca.
[1] El paisano frances no calcula nunca por hectaras, sino por fanegas, arpents.
Su sueño constante de ser propietario de tierra no corresponde á una verdadera aspiracion á gozar de los productos del suelo dándose comodidades: él busca en la tierra una consideracion que le satisfaga su vanidad personal y de familia, y una seguridad tangible contra toda catástrofe, como guerra, hurto, dilapidacion ó cosa semejante. Su frase favorita expresa bien su conviccion: «El viento arranca las mieses en ocasiones, pero nunca se lleva la tierra.»
De algunos años acá el paisano frances está pasando por una crísis peligrosa, especie de fiebre que domina sobre todo á la juventud campesina. La noticia de los altos salarios que obtienen en las grandes ciudades manufactureras ó comerciales ciertas clases de obreros, ha conmovido profundamente á los paisanos proletarios, inspirándoles el deseo ardiente de mayor lucro. Para ellos cada gran ciudad ejerce la misma atraccion fascinadora que la fabulosa California, de 1848 á 1853, para los emigrantes europeos. De ahí esa constante emigracion de paisanos de todas las campiñas de Francia, que abandonan sin pesar sus risueños valles, sus pacíficas llanuras y montañas por aglomerarse á centenares de miles en las sombrías é insalubres callejuelas de las grandes ciudades manufactureras: Paris, Lyon, Roan, Lila, Estrasburgo, Mulhouse, San-Estévan, Marsella y Burdeos.
Y cosa rara! lo que preocupa á los paisanos al ceder á esa corriente de concentracion, no es en realidad la aspiracion clara y precisa á mejorar de condicion adquiriendo mas bienestar positivo. Lo que les tienta, lo que les impulsa es el deseo de la mayor ganancia, de obtener mas alto salario, sin cuidarse de las consecuencias ni averiguar si ese salario elevado de las ciudades manufactureras, debiendo satisfacer mil necesidades facticias y gastos muy considerables, es realmente superior, en el centro de fabricacion, al salario modesto pero suficiente que ofrecen los trabajos agrícolas. Como quiera que sea, la manufactura ha revolucionado la vida del paisano frances, y las condiciones de su existencia íntima y social van sufriendo profundas modificaciones.
A las manufacturas se une la conscripcion militar, como una causa de perturbacion, exagerada en extremo por las exigencias de la política. Cada año salen de los distritos (ciudades y campiñas) cerca ó mas de 100,000 conscritos que van á reemplazar á otros 100,000 en el servicio de las armas. Pero de los reemplazados una gran porcion se queda en las ciudades (sin contar los que han sucumbido bajo el uniforme), de manera que la sangría militar de todos los años no tiene compensacion. En cuanto á los que vuelven, su trasformacion ha sido completa, y su regreso a las campiñas produce una infusion de bienes y males que modifica mucho los hábitos y las nociones de los que no han salido jamas de la comarca. Por una parte, el soldado licenciado, suponiendo que vuelva sano y cabal, trae los hábitos de mando altivo ú de obediencia servil, las tradiciones de la taberna militar, las costumbres y el lenguaje libre de los cuarteles y campamentos, el desprecio por el trabajo pacífico y la tendencia á la holgazanería y las querellas ruidosas. Por otra, su espíritu se ha ensanchado con el contacto del mundo, sus nociones sociales son mas claras y extensas, sabe leer y escribir pasablemente, ha olvidado algo su patué provincial detestable, y trae en el corazon los sentimientos de la patria, del honor y de la valentía, fuertemente desarrollados por el espectáculo á que ha asistido durante algunos años como actor y espectador al mismo tiempo. ¿Será mayor la suma de los males que la de los bienes? Tendré ocasion de tratar este asunto al escribir mis observaciones generales respecto de Francia y las particularmente relativas a Paris. Que el lector me disimule entretanto esta digresion, de que no he podido prescindir.
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Al dejar la estacion de Macón, siguiendo la direccion hácia los contrafuertes meridionales del Jura, al traves de los departamentos de Saona-y-Loira y Ain, el paisaje comenzó á presentar un aspecto mas risueño y hermoso que el de las llanuras burguiñonas. En vez de esas planicies desnudas, ligeramente interrumpidas por colinas graníticas ó pedregosas, sin majestad ni riqueza de tintas en la vegetacion, se extendia hácia el Oriente un inmenso plano inclinado, onduloso, reluciente de verdura y de contornos pintorescos que, dilatándose en escalones de suaves faldas ascendentes, iba á encuadrarse en el marco magnífico de las montañas de poderosa caliza que forman las abruptas serranías paralelas del Jura.
Donde quiera los frescos vallecitos, las alegres faldas y lomas arrugadas y los planos sucesivos ostentaban su vegetacion multiforme y de variados matices, á la luz mate del sol poniente. Vastas plantaciones de viñedos y cereales se encuadraban en los ondulosos pliegues del terreno, orillados en sus bordes superiores por las espesas arboledas de abetos ó las franjas de abedules y los relieves severos de las altas rocas ó barrancas, que sirven de asiento a los estribos de los primeros contrafuertes jurásicos. El tren tocó en la ciudad de Bourg, localidad de unos 11,000 habitantes, sin importancia, y al pasar pudimos ver, destacándose sobre el fondo poco lejano de las montañas, las torres de la iglesia gótica de Brou, monumento magnífico que es uno de los mas acabados y de gusto mas delicioso que cuenta Francia entre sus numerosos templos de la edad média.
Poco despues, cuando habíamos salvado por un hermoso puente el rio Ain, afluente del Ródano, y la noche cobijaba ya con sus vagas sombras el bello paisaje de las campiñas bresanas, el tren se lanzó en un laberinto de estrechos y profundos callejones formados por vallecitos muy tortuosos que sirven de lecho á un limpio riachuelo. El ruido de la locomotiva y los carruajes resonaba ronco y estridente entre las dos filas de altos murallones de caliza, salpicados de matorrales y bosquecillos de abetos, que encajonan aquella sucesion de vallecitos, dándoles la forma de tortuosas calles y románticas encrucijadas. En el fondo, bajo numerosos puentes ó casi escondido al pié de las rocas y la vegetacion, serpenteaba el riachuelo. De trecho en trecho, al voltear los recodos de la via, veíamos algunos pobres pueblecitos, trepados en caprichosos anfiteatros sobre las faldas empinadas, á la vera del camino, ó sobre los relieves abruptos de las rocas que dominan las angosturas.
Al cabo la oscuridad fué completa, y despues de cortar la cadena de bajas montañas que liga al Jura con los Alpes de la baja Saboya, nos hallamos en el angosto valle del Ródano central que debíamos orillar hasta Ginebra. En medio de las tinieblas solo se sentia á veces, confusamente, el ruido casi subterráneo del Ródano, estrechado entre peñascos formidables y aun escondido en cierto trecho en abismos que nadie ha podido sondear; ruido que se perdia, como la voz grandiosa de la naturaleza, confundido con el del tren—la voz de la industria humana—en las lejanas concavidades del complicado laberinto de cerros.
El tren se detuvo largo tiempo en la estacion de Culoz para darle paso (porque el ferrocarril es de una sola via) á otro convoy que venia de Chambery. Algunos soldados, franceses y suizos, formados en grupos cerca de la estacion, lanzaban tiros de fusil y gritos estentóreos de alegría que contrastaban con el silencio y la actitud reservada de algunos paisanos atraidos por la curiosidad. ¿Qué iban á buscar allí? Querian conocer á su emperador, detenido en la estacion por algunos momentos para hacerles á sus fieles súbditos el raro honor de tomar un ligero refrigerio y dejarse contemplar un poco. Tuvimos ocasion de oir á un admirador maravillarse de que Su Majestad hubiese tomado un helado y dos ó tres bizcochos (hubo disputas sobre si fueron dos ó tres). Esa circunstancia inaudita (hablo con absoluta verdad y nada invento) le hizo exclamar á otro curioso entusiasta:
—Conque el emperador ha comido!…
—Pues; su Majestad come á veces, cuando quiere probar su benevolencia.
—Qué bondad! qué bondad!
Al fin la sombra gigantesca del tren imperial se movió y pasó casi tocando el nuestro, dejándonos ver en él fondo de un carruaje la figura del vencedor de Solferino y negociador de Villafranca…. El silencio era completo; ningún grito estalló en medio de las sombras y el soberano se perdió en las tinieblas del valle.
Eran las once y media de la noche cuando, rendidos de cansancio, llegábamos á la activa y poética Ginebra, cuyas mil luces de gas se reflejaban admirablemente en la superficie murmurante de las ondas del Ródano y del lago Leman.
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CAPITULO II.
IDEA GENERAL DE SUIZA.
Configuracion orográfica.—Hidrografía.—Historia de los
Suizos.—Instituciones políticas.—Division general del país.
La descripcion social y pintoresca de un país es incomprensible cuando no se posee la idea general de su configuracion y aspecto, de su historia, sus instituciones fundamentales y su division administrativa. Digamos, pues, con la mayor concision posible, ántes de comenzar la narracion de nuestras impresiones, lo que es Suiza como territorio y nacion.
Nada mas difícil que determinar con absoluta precision, siguiendo un sistema, el aspecto múltiple de ese admirable país, cuyos rasgos, de prodigiosa variedad, rechazan toda clasificacion rigorosamente metódica. Suiza es un aparente cáos de formaciones geológicas, orográficas é hidrográficas en que todo interesa y admira, todo tiene su carácter particular, y sinembargo todo se combina y multiplica maravillosamente. No hay dos valles, dos alti-planicies, colinas, montañas, picos colosales, gargantas, páramos, desfiladeros, rios, lagos ó nevados que se parezcan totalmente entre sí, entre innumerables formaciones análogas.
Imaginad por un momento un inmenso grupo ú archipiélago terrestre compuesto de jardines lucientes de verdura y abismos de concavidad insondable y aterradora; de alegres huertos y rocas desnudas, formidables y sombrías que los dominan; de lujosos plantíos entrecortados por habitaciones campestres de imponderable gracia, al pié de coronas y guirnaldas seculares de negros pinos y abetos, ciñendo los ásperos relieves y las concavidades abruptas de cerros que parecen gigantes evocados en una pesadilla; de ciudades risueñas, industriosas y activas, donde abundan los bellos monumentos del arte y de la ciencia, y rústicos y solitarios caseríos encuadrados ó perdidos en las profundidades de las selvas. Suponed ese archipiélago de mil formas en contraste, rodeado, cortado por laberintos de mil direcciones y por innumerables lagos azules y dormidos; mil cascadas caprichosas que se precipitan sobre los valles de lo alto de rocas tajadas y estupendas, en brillantes remolinos entre cuyas espumas vagan las gasas tornasoladas del arco íris; rios saltadores ó de pérfida mansedumbre, de color gris al pié de los nevados y de un azul trasparente en las regiones bajas; bancos inmensos de hielo, ondulosos y resplandecientes de blancura, que parecen mares mediterráneos de cristal trepados sobre las montañas en momentos de grandes cataclismos, donde imperan el silencio, la soledad y la tristeza; vastas alfombras de verdura, frescas y matizadas de mil flores y tintas diversas, y en derredor barreras colosales de granito y caliza, en cuyas cimas se cierne el águila imperial ó saltan el ciervo de enorme cornamenta y el gamo fugitivo por encima de los abismos;—barreras que encierran tantas hermosuras, escondiéndolas á la vista del viajero que no penetra hasta el fondo mismo del laberinto. Suponed todo eso, repito, y tendreis apénas una idea muy vaga de las maravillas que contiene Suiza.
El habitante de Colombia que no ha viajado en Europa, no tiene idea de las formas de este continente, con solo imaginar valles y llanuras, lagos y rios, bosques y praderas, montañas y mares. El aspecto de los paisajes es absolutamente distinto, aun en zonas análogas por su latitud ó elevacion, como es distinta la composicion geológica de los dos continentes en su corteza exterior. En los Andes la hermosura principal está en la grandiosidad del conjunto,—de los vastos panoramas, las inmensas selvas ó pampas, mas ó ménos desiertas ó salvajes, que parecen océanos interiores, en contraste con estupendas cordilleras que siguen la coordinacion general de un sistema. Allí los pormenores son poco severos, los relieves poco acentuados (permítaseme el neologismo) y el espectáculo de la naturaleza tiene cierta uniformidad imponente, á veces monótona, que agrada mas de léjos que de cerca.
En los Alpes y las montañas que corresponden á su sistema irregular y trunco, la grandiosidad está mas en los pormenores que en el conjunto; en el contraste de lo natural y social, que produce variedades infinitas; en la severa estructura de las rocas abruptas, las hoyas y ramblas estrechas y profundas, los abismos insondables, los picos desnudos en forma de agujas, las neveras fascinadoras y llenas de piélagos (de muy diversa composicion que las colombianas), la multiplicidad de los lagos, y sobre todo la estrechez de los horizontes.
En Colombia se registra desde cualquier altura algun ancho valle, algun vasto anfiteatro de faldas sin violento declive, alguna selva inmensa, algun largo cordon de montañas en direccion regular, alguna pampa en cuyo horizonte luminoso y sin límites se pierde la mirada como en el Océano. En Europa todos los horizontes continentales, excepto los que es extienden hácia el bajo Danubio, son reducidos, y en cada panorama lo inmenso está reemplazado por todo lo que es saliente, condensado y enérgico. El mundo colombiano es un mundo de grandes rasgos y formas, de síntesis topográfica; el europeo, es un mundo de pormenores ó análisis.
Aunque pudiera decirse que Suiza no tiene en realidad sino dos formas generales,—las montañas y las planicies, mas ó ménos interrumpidas,—es exacta la division que se hace del país en tres sistemas topográficos que se enlazan entre sí: la zona de los Alpes, la de las Planicies y la del Jura; la primera oriental, la segunda central y la tercera occidental. Las tres zonas giran en una direccion generalmente paralela de sur á norte. Pero es de notar una curiosa diferencia: miéntras que las mayores alturas de los Alpes se hallan al sur, de modo que sus grupos y eslabones van decreciendo á medida que se acercan al norte, hácia el lago superior de Constanza, las cadenas regulares del Jura, derivadas de los Alpes saboyardos, son mas bajas al sur y se elevan a proporcion que se acercan al Rin en la direccion norte.
Partiendo límites con Francia al sur, por la Saboya septentrional, y al este, por los departamentos del Jura; con el gran ducado de Báden y los reinos de Wurtemberg y Baviera, al norte y nordeste; con Austria, por el Tirol, al este, y con Italia al sud-sudeste,—el territorio suizo mide 41,170 kilómetros cuadrados de superficie, 384 kil. de longitud extrema (del este al oeste) y 200 kil. de latitud, de sur á norte. La hoya ó cuenca multiforme de Suiza está determinada por los Alpes y el Jura, montañas que, enlazadas al sur de Ginebra, no obstante la ruptura del Ródano, describen dos cuerdas irregulares, idealmente paralelas, cuyos extremos reposan al Norte, en cuanto á Suiza, en Schaffhouse y la punta superior del lago de Constanza, encerrando así todo el país.
Suponed dos ondas sólidas encadenadas, la una colosal, que al descender produce una vasta hoya sinuosa ó quebrada en mil pliegues, y vuelve á levantarse adelante para reproducir su forma general en otra onda mucho menor, que al descender á su turno se disuelve en una serie de planos inclinados y llanuras, tal es la estructura de Suiza. La grande onda es la cadena de los Alpes que va descendiendo de oriente á poniente, como de sur á norte, en escalones despedazados y rugosos, para descansar en una hoya intermediaria, region de planicies y bajas montañas. En seguida el terreno se levanta de nuevo hácia el occidente, tambien en escalones, forma las cadenas del Jura, y al llegar á los puntos culminantes desciende sobre Francia, en anfiteatros y planos inclinados, para perderse en los valles del Doubs y el Ain.
Los dos sistemas de montañas difieren en todo. En los Alpes no hay ni paralelismo de cadenas ni enlace alguno de formas regulares ó sostenidas. Es una serie de seis grupos colosales ligados por ramificaciones tortuosas, despedazadas y revueltas, cuyos innumerables estribos y contrafuertes se desprenden en todas direcciones. De ahí provienen numerosos sistemas hidrográficos enteramente distintos y aun opuestos, que corresponden á las hoyas del Rin, el Danubio, el Po y el Ródano. En los Alpes el granito es el elemento casi único de las formaciones geológicas, y así como en la orografía falta la regularidad de formas y direcciones, en la estructura de las rocas son rarísimas las estratificaciones regulares y horizontales. Allí se encuentran los terribles ventisqueros, los páramos desiertos y sombríos, las neveras perpetuas de movimiento misterioso, tan vastas y grandiosas que algunas miden hasta 18 leguas de longitud en varias direcciones, abarcando mas de la décima parte de la superficie del país. Las elevaciones son generalmente muy considerables, contándose muchas de 3, 4 y 4,500 metros sobre el nivel del mar. En esas cimas reina el invierno perpetuo, con mas rigor que en los polos; el hombre está proscrito de allí; la vegetacion ofrece la mas variada escala de gradaciones que es posible en la zona templada del hemisferio boreal.
Es de los Alpes suizos que surgen casi todos los grandes rios de Europa, llevando la fecundidad y el movimiento á las comarcas mas opuestas. El solo grupo complicado y maravilloso que, por un sistema de enlaces, se extiende desde el extremo oriental del San-Gotardo hasta las alturas de Sidelhorit (pasando por Matthorn y Gries, Diechterhorn y Grimsel), da orígen á los siguientes rios que toman las mas opuestas direcciones:
Al sur, el Tesino, el Maggia y el Tosa y Toccia, que llevan sus aguas al lago Mayor y constituyen luego el caudal principal del Po.
Al sud-oeste, el Ródano, que va á llenar la cuenca magnífica del lago Leman ó de Ginebra, y sigue su curso por Francia hasta el golfo de Lyon.
Al oeste, el Aar ó Aare, que despues de ensancharse en los lagos de Brienz y Thun y bañar á Berna y Solera (Soleure ó Solothurn) desemboca en el Rin, entre Schaffhouse y Basilea.
Al norte, el Reuss, rio que alimenta al lago de los Cuatro-Cantones (ó de Lucerna), se escapa de esa cuenca en medio de la ciudad de ese nombre y va á engrosar el Aar, no léjos de la confluencia del Limmat.
En fin, al nordeste, las fuentes del Rin, llamadas Rin superior y medio.
No debe olvidarse que el canton suizo de los Grisones le envia al
Danubio superior su mas importante afluente, el Inn.
Así, pues, de los Alpes de Suiza nomas surgen las aguas principales que, por el Danubio, el Rin, el Ródano y el Po, llevan los aluviones del corazon de Europa hasta las hoyas lejanísimas del mar Negro y el del Norte, el Mediterráneo y el Adriático.
Las montañas del Jura tienen otro carácter. De ellas no surge ningún sistema hidrográfico importante; las neveras perpetuas faltan en sus cimas absolutamente; las formaciones de caliza reemplazan á las de granito; los grupos desordenados, complicados y muy abruptos no existen, sino que en su lugar giran tres cadenas de montañas paralelas y de extension desigual: dos de ellas de 15 leguas cada una, y de 18 la que llega hasta Schaffhouse. La mas alta cima del Jura no excede de una elevacion de 1,720 metros sobre el nivel del mar, y el espesor total de las tres cadenas no pasa de 55 kilómetros; miéntras que los Alpes tienen un espesor de 112 á 285 kilómetros. Por último, la vegetacion del Jura es mucho ménos variada, por el hecho de ser sus zonas ménos numerosas y elevadas.
La region intermediaria ó de la baja Suiza (formada principalmente por los cantones de Vaud, Friburgo, Berna, Solera, Lucerna, Zug, Zuric, Argovia y Turgovia) se compone, como he dicho, de planicies ondulosas, vallecitos estrechos y poco profundos, planos inclinados y colinas, con una elevacion sobre el nivel del mar que varía entre 250 y 390 metros, y algunas montañas cuya altura no excede da 975. Toda esa risueña y pintoresca region está muy poblada y cultivada, y tiene por marco, de un lado la línea occidental de los lagos Leman, de Neuchâtel y de Biena y del bajo Aar,—del otro la línea oriental que, partiendo del mismo lago Leman y terminando en el superior de Constanza, gira por los de Thun, Brienz, Lucerna, Zug y Zuric.
Puesto que he mencionado algunos lagos, diré algo mas sobre el conjunto de los que tiene Suiza. El territorio de la Confederacion contiene, en totalidad ó en parte, 18 lagos de primer órden (aunque muy desiguales en extension), 9 de segundo órden y mas de 60 de tercero, es decir casi microscópicos relativamente á los primeros. Casi todos los de primera clase son navegados por buques de vapor y barcas veleras; algunos solo son surcados por barquichuelos ó canoas de remo insignificantes; el mayor número carece de toda navegacion. La gran multitud de lagos de tercer órden se halla en los laberintos encumbrados de los Alpes, en las cabeceras de los rios ó al pié de las neveras. En cuanto á los de primero y segundo órden mas importantes, se hallan distribuidos así:
En la hoya central del Ródano, el de Leman, el mas considerable de todos.
En las hoyas cuyas aguas recoge el Tesino italiano, los lagos Mayor y de Lugano.
En el curso del Rin, los pequeños de Sils, Siva-Plana y Moriz, y los dos de Constanza, de los cuales el superior es el segundo de la Confederacion.
En la region occidental, al pié del Jura, los de Neuchâtel, Biena y Morat.
En la hoya del Aar central, los de Brienz y Thun.
En las del Reuss y el Limmat y las planicies comarcanas, los de Lucerna, Wallenstadt, Zug, Zuric, Baldeg, Sempach, Hallveil, Greiffen, Pfoeffikon, Egeri, Lowez y Sarnen.
De toda esa multitud de lagos, admirablemente bellos, cinco son internacionales: el de Leman, que demarca límites con Francia (á virtud de la anexin de Saboya); los de Lugano y Mayor, que ligan á Suiza con Italia; el de Constanza superior, límite respecto de Austria, Baviera, Wurtemberg, y el gran-ducado de Báden, y el de Constanza inferior (Unter-See) respecto del mismo Báden. Los demas lagos le pertenecen exclusivamente á la Confederacion.
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La circunstancia de hallarse Suiza en la zona templada, al mismo tiempo que posee tan altas montañas de la mas variada configuracion, le da la singular ventaja de tener, durante la primavera, el verano y el otoño, tres elementos de variedad climatérica y consiguientemente de vegetacion, industrias, costumbres, etc. Las estaciones producidas á virtud de la latitud y las evoluciones del globo, son constantemente modificadas en Suiza, mas que en ningún otro país de Europa, por la influencia de las alturas y la exposicion de los lugares. De ese modo, el territorio suizo tiene tres temperaturas simultáneas de primer órden, determinadas por el sol, la altura atmosférica y las corrientes de aire que descienden de las heladas montañas por los boquerones ó gargantas estrechas.
Con excepcion de los frutos vegetales exclusivos á la zona tórrida, en Suiza crecen al aire libre todas las plantas que pueden vivir desde la zona baja de las viñas hasta las regiones del polo boreal. He visto florecer en plena tierra, en las márgenes del lago Leman, naranjos, granados y otros árboles frutales y arbustos que se ostenian con abundancia en Italia y España. No es, pues, extraño que Suiza sea tan pintoresca, ofreciendo los mas variados paisajes de topografía y vegetacion, desde el profundo valle y la ondulosa planicie hasta las agujas graníticas, negras y completamente abruptas, y las cúpulas de nieves eternas que se pierden en los abismos de la atmósfera, casi jamas holladas por el hombre.
Así, en los valles del Ródano, el Rin y sus afluentes y el Tesino, lo mismo que en las riberas de los lagos de la region central (particularmente en los de Leman, Neuchâtel, Zuric y Constanza) las viñas constituyen la base principal de la agricultura. A 200 ó 300 metros mas arriba, en las planicies montuosas y quebradas, los campos están cubiertos de legumbres, cereales, granos y hortalizas de todas clases, y árboles frutales en mucha abundancia, como el manzano, el peral, el albaricoque y el ciruelo. Se sube un poco mas y aparecen los bosques de hayas ó variedades de encinas, los matorrales interminables de avellanos silvestres y muchos otros árboles frutales resistentes, como el cerezo. Las legumbres escasean ó faltan, los trigos no medran, reemplazados por el heno; todo va cambiando de aspecto. En otra zona superpuesta no viven sino las coníferas, es decir los pinos y abetos en increíble variedad de especies, y las malezas ásperas. Mas arriba desaparecen esos pabellones sombríos de las altas montañas, dejando el campo casi exclusivamente á las gramíneas enanas, que se extienden hácia las cimas de las faldas en inmensas y tupidas alfombras. Encima está la region de los helechos enanos, líquenes y musgos de tintas pálidas ó sombrías. Por último, toda vegetacion desaparece, la vida termina bajo todas sus formas risueñas, las aguas se coagulan ó se filtran para perderse en los abismos subterráneos, y no quedan sino, desiertos de granito y mares de hielo, donde solo se siente el grito estridente del águila ó el mugido aterrador del huracan…. En aquellas alturas el sol mismo pierde frecuentemente su esplendor; la soledad de un eterno invierno impera sobre abismos insondables, que guardan en sus concavidades el misterio admirable de la fisiología del globo.
Esa gran variedad de temperaturas y producciones simultáneas de la flora suiza, ha hecho nacer naturalmente muchos órdenes de industrias y costumbres, escalonados desde el fondo de los valles hasta las mas altas eminencias habitables. Así, hácia las márgenes de los lagos y rios encuentra el viajero activas ciudades fabricantes, manufactureras y comerciales, como Ginebra, Losana y Vevey, Neuchâtel, Lucerna, Zuric, Basilea y Schaffhouse, y numerosísimos cultivadores de viñas y bateleros. En la region inmediata superior halla las bellas artes, las obras de mano delicadas, tales como los trabajos de relojería, escultura en madera, porcelanas, sombreros de paja, encajes y bordados, en Chaux-de-Fonds, Berna, Friburgo, San-Gall, Appenzell, etc. Mas arriba recorre la zona de los pintorescos chalets, de las queserías, las praderas cubiertas de ganados, la vida y las costumbres apacibles del pastor. Por último, en la region mas elevada, el fabricante y el batelero, el comerciante y el artista, el agricultor y el pastor han desaparecido totalmente; allí solo se ve al Inglés extravagante que hace excursiones á los nevados, ó al cazador de ciervos y gamuzas, rey de las soledades que despierta con las detonaciones de su fusil los ecos de los abismos, y sorprende en su voluptuosa somnolencia al águila posada sobre los conos graníticos.
Abajo, los trenes y los buques de vapor lanzan sus silbidos estridentes, en los ferrocarriles que surcan los valles y planicies y sobre las ondas azules de los lagos. Mas arriba no encontrais sino las diligencias y sillas de posta, cuyos conductores de curioso uniforme hacen resonar la voz aguda de sus clarines por carreteras ondulosas que giran al traves de los bosques, ya trepando sobre las altas colinas, ya descendiendo hasta el fondo de las ramblas. Subis algunas centenas mas de metros, y por entre selvas seculares de abetos, pinos y avellanos silvestres, seguis fragosos caminos, tan bien conservados como es posible, caballero en algun caballo ó macho gigantesco, de constitucion férrea, que os conduce á paso lento y seguro por los senderos mas dificiles basta los bancos de hielo. Mas arriba solo existen las sendas imperceptibles, los surcos variables de los torrentes y de los derrumbes del invierno, que sigue el cazador en sus audaces excursiones. Por último, si quereis marchar sobre el lomo brillante y resbaloso de las neveras, exponiendo la vida por un capricho de turista, necesitareis saltar sobre grietas profundas de cristal, y trepar cuidadosamente por escalones que vuestro guia va practicando en el hielo á golpes de pico ú hacha. ¡Qué de transiciones y variedades físicas y sociales entre la region de los ferrocarriles y la de las neveras,—entre el ingeniero y el cazador salvaje! Toda la distancia que média entre una civilizacion muy avanzada y la ausencia completa de la vida!…
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La Confederacion suiza ó helvética es un pueblo formado por la aglomeracion de muchas razas ó derivaciones de razas constituidas sucesivamente en Estados ó entidades que, gozando de soberanía propia, se han ido aliando en nacionalidad compleja, sin perder en manera alguna sus tradiciones y su personalidad política y social. Ese orígen contrasta evidentemente con el de todas las naciones de Europa, cuya unidad ha resultado de una serie de conquistas ó absorciones. De ahí la especialidad del tipo suizo, donde todo tiene el sello de la vida local ó de la independencia y la variedad dentro de la unidad federativa. Sin pretender resumir la historia complicadísima de ese país, que ha sufrido la influencia de muchas ó muy distintas invasiones y dominaciones (romanas, italianas, sarracenas, francesas, alemanas, saboyardas y aun británicas), indicaré rápidamente los episodios generales de primer órden; reservando los pormenores mas curiosos para la página que corresponda á cada canton en particular.
La primera época hasta donde alcanza la historia con alguna precision respecto de los habitantes que los Romanos denominaron Helvecios ó Helvetos, ofrece apénas un enjambre de tribus bárbaras, de carácter áspero y ruda constitucion física, diseminadas en las montañas y planicies desde la orilla setentrional del lago Leman hasta la márgen izquierda del Rin central, y desde las alturas alpestres de los Grisones ó Rhetianos hasta las faldas del Jura vertientes del lado del Franco-condado meridional. Ocupando un territorio intermediario de razas y civilizaciones invasoras, los Suizos sufrieron sucesivamente tres dominaciones extranjeras de primer órden: la del imperio romano,—conquista comenzada 60 años ántes de la era cristiana, y completada por César;—la del imperio franco, que terminó en el siglo IX, poco despues de la muerte de Carlomagno,—y la de los Alemanes y la casa austríaca de Habsbourg, dominacion comenzada á sacudir por la liga de la independencia que inició Guillermo Tell al principio del siglo XIV.
Así, puede decirse que la historia de Suiza se resume en tres grandes épocas. La primera fué de barbarie, de tribus libres que se llamaron Ambronos, Tigurios, Tuginios y Verbigenos, en el centro, el oeste y el norte; Allobroges del lado de Ginebra; Rhetianos en los Alpes orientales, etc. La segunda época, que César inauguró con la gran batalla de Autun (ó Bibracte), fué de conquista, romana durante cinco siglos, continuada luego por los Francos y Germanos durante siete y medio siglos mas. El país se llama entónces Helvecia y recibe poderosamente la infusion del feudalismo. La tercera fué la época federal y de independencia, inaugurada por Guillermo Tell y los cantones de Urí, Schwyz y Unterwalden, coligados para sacudir la dominacion de los Habsbourg representada por el odioso Gessler. Es entónces que el país toma el nombre de Suiza (Schweiz), derivado del de los Schweizer ó habitantes del canton de Schwyz.
En la primera época falta todo lazo de union entre las tribus. En la segunda, despues de los progresos introducidos por la civilizacion romana, el feudalismo hace surgir por todas partes obispos, abades, condes, bailios y señores que dominan porciones de territorio y ciudades libres importantes y privilegiadas. Todas esas porciones rinden vasallaje sucesivamente á los emperadores francos y soberanos alemanes, y la política de los grandes vasallos consiste solo en atacarse mutuamente para engrandecerse unos á expensas de otros; sin perjuicio de las luchas sociales entre los señores y sus siervos y los ciudadanos y paisanos. Así, la verdadera historia nacional de los Suizos no comienza sino en el siglo XIV.
La batalla sangrienta de Morgarten, ganada contra el duque Leopoldo de Austria, descendiente de Rodolfo de Habsbourg, y contra la nobleza del país coligada para oprimir á los pueblos, aseguró la independencia de los tres cantones que fueron el núcleo de la Confederacion. Desde 1308 hasta 1848 Suiza ha pasado por una serie de cruentas luchas y de los mas extraños episodios, peleando unas veces por su libertad doméstica, otras rechazando las invasiones extranjeras, no pocas veces atacándose entre sí los cantones para disputarse territorios contiguos. Durante algunos siglos ese pueblo ha ofrecido al mundo un extraño contraste: miéntras que defendia con ardor su libertad é independencia, daba el escándalo infamante de sus capitulaciones y enganches para suministrar regimientos de mercenarios á casi todos los tiranos ó déspotas de Europa. Hoy, gracias a la energía del gobierno federal y sobre todo á la revolucion italiana, esa ignominia de la civilizacion desaparece, y Suiza no verá en sus hijos sino soldados de su propia causa.
Prescindiendo de los acontecimientos que no se han relacionado directamente con la formacion de la liga federal, los mas notables episodios de la historia de los Suizos se pueden resumir así:
El ejemplo de la fuerza adquirida para la defensa por los tres cantones coligados en 1308 hace entrar sucesivamente en la Confederacion, durante medio siglo, á otros cinco cantones ó Estados independientes: Lucerna, Zuric, Glaris, Zug y Berna,—el primero adherido en 1332 y los demas de 1351 á 1353. Desde entónces la nacion se hace respetable, y uniendo sus fuerzas obtiene conquistas en los territorios aledaños. La lucha contra la nobleza y la casa de Austria continúa con ventaja creciente para los pueblos, y su prosperidad es muy notable.
Hácia fines del siglo XV los Grisones, que habian formado su liga separada, se constituyen en canton independiente. Cárlos el Temerario, duque de Borgoña, ha sido batido por los Confederados en las memorables batallas de Grandson y Morat. La dieta federal de Stans admite en la Confederacion, en 1481, á los cantones de Friburgo y Solera.
Las guerras civiles y exteriores renacen poco despues, y la Confederacion, triunfante una vez mas de los Austríacos en 1499, se acrecienta, de 1501 á 1513, con los nuevos cantones independientes de Appenzell, Basilea y Schaffhouse. Otros cantones libres existian entónces, tales como Neuchâtel, San-Gall, Grisones y Valles, pero no figuraban respecto de la Confederacion sino como simples aliados para la defensa comun.
La reforma religiosa dividió profundamente á los Suizos en guerras civiles muy cruentas y tenaces, complicadas con las cuestiones político-sociales entre la nobleza y los ciudadanos y paisanos, y entre los cantones aristocráticos y católicos y los de organizacion democrática y religion protestante ó reformada.
Fué en 1553 que los cantones católicos dieron el ejemplo del mercenarismo, celebrando la primera capitulacion que puso un regimiento suizo al servicio del rey de Francia Enrique II. Los partidos ó cantones católicos y reformados tuvieron alternativamente la victoria y la preponderancia, y la nacion se vió hasta fines del siglo XVIII envuelta en mil dificultades y aun á punto de disolverse.
La revolucion francesa de 1789 conmovió profundamente los espíritus en Suiza y produjo cambios y episodios muy importantes. Los Franceses invaden el país y los pueblos oprimidos se agitan y levantan donde quiera contra los obispos ó abades soberanos y los señores ó nobles. En unas partes reclaman libertades y garantías, como en Basilea (ó Basel) y los cantones de Vaud, del Tesino, los Grisones, San-Gall, Schaffhouse, Solera y Friburgo; en otras cambian su gobierno, como la república independiente de Ginebra. El general frances Brune se apodera de Berna; la Confederacion queda disuelta y recibe una reorganizacion impuesta por las armas francesas y la revolucion.
Suiza es entónces República una é indivisible, basada en el principio democrático y compuesta de 18 cantones. El de los Grisones queda como aliado; la república de Ginebra y varios territorios del Jura son usurpados por Francia. Algunos cantones alemanes, los mas antiguos, resistieron; pero en breve fueron sometidos. Así, la Confederacion iniciada por Guillermo Tell habia durado 490 años, Nacida del triunfo sobre una dominacion venida del lado de los Alpes, sucumbia bajo el peso de otra invasion procedente del lado del Jura.
Suiza fué entónces un vasto campo de batalla entre los grandes beligerantes europeos, donde Massena y Korsakof se disputaron el terreno palmo á palmo. La paz de Amiens habia suspendido la lucha, que fué reemplazada por la guerra civil. El partido federalista destruyó el gobierno unitario, y Napoleon intervino violentamente, imponiéndole al país la célebre Acta de mediacion que reconstituyó la Confederacion y provocó la nueva guerra europea. Desde 1803, el número de cantones se elevó de 13 á 19, por el ingreso de los de Argovia, Grisones (desmembrado), San-Gall, Tesino, Turgovia y Vaud. Ginebra continuó anexada á Francia, lo mismo que Mulhouse y otros territorios del Jura. Esa Constitucion establecia la igualdad social y cantonal, suprimiendo las prerogativas aristocráticas y todo vasallaje, y asegurando á los Suizos libertades bien importantes.
Vencido Napoleon, todas sus obras de artificio político se fueron á tierra. Los coligados invadieron á Suiza para penetrar á Francia; el acta de mediacion fué abolida, y el partido aristocrático quiso recuperar su antigua posicion. Al cabo de dos años de agitaciones é incertidumbre la Dieta de Zuric expidió la constitucion del 7 de agosto de 1815, llamada Pacto federal, que restableció la vieja nacionalidad suiza. Entretanto, el Congreso europeo de Viena habia acordado resoluciones muy importantes respecto de la Confederacion, entre otras la de hacer ingresar como cantones federales los de Ginebra, Neuchâtel y Valais (ó Valles), poco ántes dominados por Napoleon. Así, Suiza quedó compuesta definitivamente de 22 cantones, formando un cuerpo de nacion cuya inviolabilidad y neutralidad fueron por primera vez solemnemente reconocidas por las potencias europeas en el Congreso de Paris.
Si bien los cantones reformaron, en su mayor número, sus constituciones particulares, en 1830, bajo el influjo de la segunda revolucion francesa, la Constitucion federal no sufrió alteracion ninguna hasta setiembre de 1848, á virtud del triunfo de la revolucion radical sobre la liga del Sonderbund. Los 22 cantones, aunque ligados por el pacto federal, se hallaban profundamente divididos por cuestiones políticas y sociales, económicas y religiosas. No solo habia tres ó cuatro razas en antagonismo, sino tambien dos religiones y sobre todo dos principios que se excluian: el democrático y el aristocrático. El catolicismo aristocrático era preponderante ó absoluto en casi todos los cantones de raza alemana; miéntras que el liberalismo protestante predominaba en los de raza ó infusion latina: contraste singular y curioso, que tuvo sinembargo sus excepciones.
En 1841 Ginebra realizaba su revolucion radical ó democrática, que se reprodujo en 46. En 1844 el canton de Valles respondia con una reaccion aristocrática, y luego la guerra civil se hizo general. Ella habia sido provocada por la liga separada (Sonderbund), verdadera confederacion dentro de la Confederacion, que tomó por pretexto la expulsion de los Jesuitas y otras medidas liberales de la Dieta nacional. Los cantones de Friburgo, Lucerna, Schwyz, Urí, Unterwalden, Valles y Zug hicieron esa liga particular para defenderse mutuamente y resistir á la autoridad y las reformas de la Confederacion, y esta tuvo que apelar á la fuerza para disolver el Sonderbund en 1847.
En breve Friburgo se rindió al general Dufour, sin combatir; Lucerna capítulo despues de dos dias de pelea, y los demas cantones disidentes se sometieron bajo condiciones. El triunfo de la revolucion radical, sostenida principalmente por los cantones de Ginebra, Vaud, Berna, Zuric y Tesino, hizo necesaria una reforma definitiva. La Constitucion federal del 12 de setiembre de 1848, aceptada desde su sancion por quince y medio cantones, lo fué poco despues por los seis y medio restantes. Las reformas interiores y liberales de los que habian hecho la revolucion fueron seguidas de las que hicieron en sus constituciones, de 1848 á 1850, diez de los otros cantones. Las últimas reformas en sentido liberal han tenido lugar en Neuchâtel, Tesino y Vaud, en 1858, 59 y 61.
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Si las constituciones cantonales son en su gran mayoría muy liberales, la de la Confederacion nada ó poco deja que desear, en punto á libertades políticas y personales, igualdad y elementos de fuerza y armonía. Gracias á ella el país ha hecho grandes progresos en los doce últimos años, consolidando sus instituciones de todo género y adquiriendo respetabilidad en el mundo, apesar de su pequeñez como territorio y poblacion.
La Constitucion garantiza á todos los Suizos la igualdad de derechos y deberes, la libertad de la prensa, de la industria, del tránsito, del domicilio, de asociacion y del ejercicio de todo culto cristiano; manteniendo así vínculos estrechos de union y comunidad, sin perjuicio de la autonomía comunal y cantonal. Los cantones tienen el deber de ajustar sus constituciones al principio republicano, representativo ú democrático, y respetar el derecho público de la Confederacion. El ejército es federal, como el sistema monetario y de pesas y medidas, los correos y las relaciones exteriores que afectan á la nacionalidad entera; de modo que las facultades reservadas al gobierno federal en nada vulneran la autonomía de los Estados ó cantones.
Ningún país en el mundo tiene una organizacion tan natural y lógica como la de Suiza. Allí la nacionalidad no es mas que una síntesis, un elemento de fuerza comun respecto del extranjero. El distrito es la verdadera forma social de los Suizos, la forma íntima y elemental. Cada distrito tiene su autonomía, sus bienes propios, sus ciudadanos o vecinos y su régimen de vida fraternal. La sociedad suiza no está realmente sino en la entidad comunal. Lo demas es accesorio ó de interes secundario. Es para atender á los intereses secundarios, que requieren cierta fuerza y respetabilidad, que los distritos se han aglomerado en cantones. Es para alcanzar la fuerza puramente internacional que los cantones se han confederado como potencia europea.
Al hablar de cada canton indicaré los rasgos particulares que los distinguen. En cuanto á la Confederacion, su gobierno es ejercido por tres divisiones del poder, de las cuales la fundamental emana, en parte, del sufragio universal. El poder legislativo está á cargo de una Asamblea federal compuesta de dos Cámaras: el Consejo de los Estados, especie de Senado, cuyos 44 miembros representan á los cantones en razón de 2 por cada canton, y uno por cada medio canton; y el Consejo nacional ó Cámara de Diputados, elegidos por los cantones en razón igual de su poblacion. El poder Ejecutivo lo ejerce un Consejo federal compuesto de siete miembros elegidos cada tres años por las Cámaras reunidas, uno por un canton á lo mas. De su seno sale el presidente de la Confederacion, nombrado anualmente por la misma Asamblea nacional. En fin, el poder Judicial es ejercido por un Tribunal federal, tambien de orígen parlamentario, asociado en ciertas ocasiones á un jurado.
La Confederacion se compone de 22 cantones, de los cuales dos están divididos en medios cantones con administracion y representacion distinta. La mayor parte tienen el mismo nombre que sus capitales respectivas. Su rango, en el órden en que han entrado á la Confederacion, en el siguiente:
1° Urí (capital Altorf)—2° Schwyz—3° Unterwalden, dividido en los
medio-cantones de Obwalden (c. Sarnen) y Nidwalden (c. Stans)—4°
Lucerna—5° Zuric—6° Zug—7º Glaris—8º Berna—9º Solera—10
Friburgo—11 Basilea, dividido en los medio-cantones de Basilea-ciudad y
Basilea-campaña (c. Liesthal)—12 Schaffhouse—13 Appenzell—14
San-Gall—15 Grisones (c. Coira ó Coire)—16 Argovia (c. Aarau)—17
Turgovia (c. Frauenfeld)—18 Tesino (capitales Bellinzona, Locarno y
Lugano)—19 Vaud (c. Losana)—20 Valais ó Valles (c. Sion)—21
Neuchâtel—22 Ginebra.
Al terminar esta narracion presentaré á los lectores un cuadro comparativo de los cantones, según su extension territorial, poblacion, razas y religiones, naturaleza de industrias é instituciones. Por ahora, lo expuesto basta para tener una idea general.
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CAPITULO III.
GINEBRA.
Geografía del Canton.—El lago Leman.—Resúmen histórico.—Estructura general de Ginebra.—Sus condiciones políticas y sociales.—Monumentos é instituciones públicas.—Las casas de prision.—Ginebra como centro social europeo.
No sin razón decia Voltaire, haciendo resaltar la pequeñez física de Ginebra en contraste con su alto valor social, que «cuando él sacudia su peluca en aquella ciudad, cubria de polvo á todo el canton.» Jamas un puñado de tierra encerrado en tan estrechos horizontes fué mas encantador por su aspecto, ni mas ampliamente fecundo para la civilizacion, por sus genios eminentes y sus esfuerzos seculares en servicio de la libertad. En mis excursiones en Europa no he visitado pueblos que me hayan inspirado tantas simpatías como el ginebrino en Suiza y el vascongado en España. Es realmente extraordinario ese fenómeno social de tanta grandeza moral relativa, contenida en un recinto, tan estrecho, casi microscópico, cual es el canton ó Estado federal de Ginebra.
A virtud de la reciente anexion de Saboya á Francia (que ha sido uno de esos actos de justicia y progreso que la diplomacia suele consumar por medios disputables) el canton de Ginebra se halla hoy completamente enclavado entre una curva de fronteras francesas, cuyo círculo no es interrumpido sino por las aguas del lago Leman y el extremo meridional del canton de Vaud, uno de los mas extensos y prósperos de la Confederacion. Mide el territorio ginebrino unos 33 kilómetros en su mayor longitud, de oriente á poniente, por 15 kilómetros de anchura, de sur á norte, conteniendo la superficie total de 242 kilómetros cuadrados. Su clima es generalmente suave y apacible, habida consideracion á la latitud y á la orografía del país circunvecino; sus terrenos son poco fértiles, pero hábil y totalmente cultivados; sus horizontes reducidos, pero admirablemente bellos y seductores. La ciudad de Ginebra tiene apénas una elevacion máxima de 375 metros sobre el nivel del mar, lo que le permite no solo poblar sus términos de mieses, frutas y legumbres, sino tambien cultivar sus graciosos viñedos, que le dan al panorama en las riberas del lago, en las colinas cercanas y en los valles del Ródano y el Arve, una melancolía que seduce y cautiva, al lado de los mas alegres paisajes campestres.
Desde la ciudad misma, subiendo á las torres de su catedral, que desde lo alto de su colina domina todo el paisaje como el atalaya del lago, se registra con la mirada todo el territorio del Canton, así como las faldas y los contrafuertes mas ó ménos distantes de las montañas de la Saboya setentrional (Faucigny) y del Jura. Al sur se ven los valles del Ródano y el Arve, que se confunden á corta distancia de Ginebra, girando en direccion á la baja Saboya ó las provincias de Annecy y Chambery, y dominados por los contrafuertes alpinos y jurásicos, ostentándose en sus hoyas las gracias de la vegetacion artificial y las praderas, las altas curvas de los bosques de pinos y los grupos de algunas poblaciones. Al oriente, una sucesion de suaves faldas y colinas arranca desde la ribera misma del lago para irse levantando y detenerse á bastante distancia al pié de la cadena de Voirons, ondulosa y cubierta de praderas que han reemplazado los antiguos bosques del lado occidental, pero abruptas y severas por su vegetacion salvaje en el costado opuesto. Esa cadena es el término del encrespado y áspero sistema orográfico de las antiguas provincias de Chablais y Faucigny, comprendidas entre la hoya del Arve y el lago Leman.
Al poniente, los planos inclinados, sus estrechos vallecitos, las colinas, las faldas empinadas y al fin los altísimos cerros se van sucediendo en bellos y entrecortados anfiteatros, desde las ondas del lago basta las crestas culminantes del Jura. Todo ese panorama topo-orográfico es de un efecto maravilloso, en contraste, ó mejor dicho, haciendo juego con el lago; pues si en el fondo se ve la angosta y larga superficie azul, mas arriba se ostenta la faja de viñedos, de alegres huertos, graciosas quintas y caprichosas sementeras; faja de mil colores que sube basta encuadrarse en el marco sombrío, soberbiamente majestuoso de la alta vegetacion jurásica (los bosques de pinos y abetos) y de las rocas de composicion caliza que descuellan en algunos picos. Por último, al norte se dilatan, entre líneas de irregulares contornos, las ondas luminosas, prodigiosamente azules y trasparentes del lago, unas veces violentamente sacudidas por los huracanes que soplan de los Alpes, otras dormidas y murmurantes, gimiendo frecuentemente bajo la quilla de algun vapor ó bergantin, inmóbiles como un inmenso espejo en que se refleja todo el esplendor de los azules é infinitos abismos del cielo. Y esas ondas, que siempre arrebatan ó cautivan, van á detenerse en el marco pintoresco de las riberas y colinas del canton de Vaud, ondas terrestres de luciente verdura.
El lago de Ginebra ó Leman es, sin disputa, el mas hermoso y útil de los que contiene Suiza, rivalizado apénas por el de Constanza bajo el punto de vista comercial. Teniendo en su totalidad la forma de un arco ó media luna, cuyas extremidades inclinadas al E. y al S. O. se hallan en Villa-nueva (Villeneuve) y Ginebra, es decir hácia la entrada y la salida del Ródano, sus riberas se estrechan entre Ivoire (Saboya setentrional) y el cabo que determina el pequeño golfo largo y angosto. La parte superior se llama el «gran lago»; la inferior el «pequeño lago» ó el de Ginebra propiamente dicho. Su mayor longitud es de 71 kilómetros, y su anchura máxima de 14—4 kilómetros, entre Evian (puerto y pequeña villa de Saboya) y Morges, villa del canton de Vaud; conteniendo una superficie total de 1,430 kilómetros cuadrados. La profundidad varía mucho, pues llega en el centro del lago hasta 350 metros (prodigiosa en un lago cuyas montañas mas vecinas son poco elevadas en lo general), miéntras que entre Nion y Ginebra nunca excede de 97 metros.
Abunda todo el lago en peces (como 30 especies) y en pájaros de especies mucho mas numerosas; ofreciendo la pesca ocupacion lucrativa á muchas gentes. Las aguas son de un azul turquí admirable, sin igual tal vez, y de tal trasparencia que se alcanza á ver perfectamente el fondo á muchos metros de profundidad. Esta profundidad enorme, los fenómenos singulares de las corrientes interiores, y la accion de los contrarios vientos que dominan el lago, impiden que sus aguas se congelen nunca, aun en los inviernos mas rigorosos, excepto en las orillas, donde se acumulan escarchas. No se tiene memoria de que la congelacion total haya tenido lugar sino dos veces, en los siglos VIII y IX.
Las tempestades del lago son muy terribles y funestas á veces; pero los fenómenos de calma y violencia, de crecidas y disminuciones de volúmen, se producen y suceden con extraordinaria rapidez. Cuarenta y dos rios afluyen á las riberas del Leman, suaves y arenosas del lado setentrional, rocallosas, abruptas y fuertemente empinadas del lado de Saboya. De esos rios los mas considerables son: el Ródano, desde luego, que por sí solo equivale al mayor número de los otros, y el Dranza (que no se debe confundir con el Dranza afluente del Ródano), rio que despues de surcar las rudas montañas de Chablais, desemboca entre Thonon y Evian. El mismo Ródano es el único desaguadero del lago, escapándose como una ancha cinta de lázuli, á la altura de 368 metros sobre el nivel del mar, al traves de Ginebra, de cuya circunstancia deriva su nombre la ciudad, según la etimología céltica de gin, salida, y av, rio.
Es tan enorme la masa de arenas graníticas y calizas y limo que el Ródano acumula en el Leman, hácia su entrada y su salida, que cada dia crecen los bancos peligrosos en las cercanías de Ginebra, y las aguas se retiran de Villa-nueva, surgiendo una llanura de aluviones en el extremo superior; al mismo tiempo que las ondas invaden la ribera setentrional ó del canton de Vaud. Es curioso el contraste del Ródano superior é inferior: el primero, vomitando sobre la cuenca del lago sus turbiones de lodo ceniciento; el segundo, saliendo del lago purificado y límpido, como si hubiese de simbolizar la pureza de las costumbres y claridad de las libres instituciones de Ginebra y Vaud. Esa circunstancia, que tambien se nota en otros lagos, como los de Brienz y Thun, se explica por la existencia, en el fondo, de una sustancia purificante y colorante que obra como reactivo poderoso.
La navegacion del Leman es activa, extensa y muy valiosa. A parte de las innumerables góndolas ó faluchos que pueblan todos los puertos concurridos, y particularmente el de Vevey y la dársena extensa de Ginebra, navegan en todas direcciones buques de vapor, cuyo movimiento es incesante, para el solo trasporte de pasajeros[2]. En cuanto al tráfico de mercancías (prescindiendo de las numerosísimas barcas pescadoras) se hace por tres clases de buques de vela: bergantines, barcas de puente completo, y cocheras, ó barcas de una forma singular, descubiertas en gran parte y destinadas al trasporte de maderas, combustible y materiales de construccion.
[2] El primer vapor, con el nombre glorioso de Guillermo Tell, fué echado al agua en Ginebra en 1823. La fecha es significativa.
La República de Ginebra, que durante siglos estuvo reducida á la ciudad de ese nombre, se acrecentó en 1816, á virtud de los tratados de Viena y Paris que le anexaron quince distritos saboyardos y seis franceses. La poblacion del canton ha subido (en 1860) á 83,345 habitantes, de los cuales mas de 9,000 son ciudadanos de otros Estados de la Confederacion, y unos 12,000 extranjeros,—franceses hoy en su mayor número. La sola capital contiene 41,415 habitantes, que hacen de Ginebra la primera ciudad de la Confederacion. Aunque en el Estado dos tercios de los habitantes profesan la religion reformada ó del rito llamado calvinista, y los católico-romanos componen, con unos 1,000 judíos, el otro tercio, en la capital la mayoría de reformados no está en la misma proporcion. Por lo demas, si bien á cada paso se oye en las conversaciones el acento aleman-suizo, italiano, inglés (por la abundancia de viajeros), y aun el roman mismo, dialecto que se habla en los Grisones, la lengua francesa es la oficial y comun para todos los habitantes.
Ginebra ha tenido una historia tan tormentosa y difícil como fecunda, sufriendo, como todos los pueblos de la raza de los Alobroges, las invasiones y dominaciones sucesivas de los Romanos, los Bárbaros del siglo V, los Burguiñones, Ostrogodos y Francos, los Suizos y Saboyardos mismos y últimamente los Franceses republicanos en 1798. Dominada por los Romanos hasta el año de 426, fué alternativamente una de las capitales de los Burguiñones, luego capital del reino de los Francos hasta mediados del siglo IX, y del segundo reino de Borgoña hasta casi mediados del XI, poseída por los sucesores de Carlomagno; cayendo despues bajo la autoridad mas alternativa aún de sus obispos soberanos y de los condes y duques de Saboya, que se la disputaron entre sí con tenacidad, no ménos que á los Ginebrinos mismos.
Si desde el principio del siglo XVI el pueblo comenzó á luchar por su independencia contra obispos y condes, la reforma religiosa fué la que le aseguró su autonomía civil, lo mismo que su emancipacion respecto de Roma. Gracias á Calvino, que regularizó el movimiento y consolidó sus resultados, Ginebra se hizo la metrópoli del protestantismo reformado y la base de la organizacion republicana en el sur de Suiza[3]. Admira la energía con que esa pequeña ciudad, rodeada de enemigos y aislada entre sus fortificaciones, pudo hacer respetar su nacionalidad hasta 1798, servir de asilo seguro á todos los proscritos y perseguidos en el continente, aun en presencia del poderoso Luis XIV, y glorificarse como centro fecundo de civilizacion, actividad económica y propaganda literaria, política y religiosa. Al poner el pié en Ginebra, sobre la ribera de su lago, no se puede ménos que contemplar alternativamente la isla microscópica contigua al gran puente, llamada de Juan Jacobo Rousseau, el punto no lejano que indica la situacion de Ferney, en uno de los planos inclinados que remontan hácia el Jura, y las altas eminencias que escalara Saussure con el barómetro en la mano;—objetos que hacen evocar las glorias mas conspicuas de la literatura, la filosofía y la ciencia, en que Ginebra ha tenido tan envidiable parte.
[3] Con todo, las luchas continuaron hasta 1602, época en que el duque de Saboya perdió toda esperanza de recuperar á Ginebra. Llamábanse entónces Mamelucos los partidarios de los obispos y condes, y Eigenossen ó aliados por juramento, los defensores de la independencia. Ese nombre aleman, pronunciado Higenós, dió orígen al de Huguenots, con que se llamó á los calvinistas ó reformados.
Desde mediados del siglo XVI hasta 1816 Ginebra no careció de su independencia sino durante los diez y seis ó diez y siete años de la dominacion francesa, á cuyo torrente no pudieron resistir ni los mas grandes imperios. Incorporada á la Confederacion suiza al caer Napoleon, la república ginebrina continuó su antigua marcha, regida por instituciones que se alejaban bastante de la democracia y de la tolerancia religiosa. La huella de Calvino habia quedado profundamente marcada en la Aténas del protestantismo reformado. Andando los tiempos, la clase mas alta del país habia constituido una aristocracia ú oligarquía intolerante y privilegiada, y para destruir su poder el pueblo emprendió una lucha tenaz, que se manifestó por revoluciones mas ó ménos incompletas y poco fecundas en 1830, 41 y 43, hasta triunfar definitivamente en 46. La organizacion radical data de 47, y en los trece años de gobierno popular y libre que desde entónces ha tenido Ginebra ha hecho las mas bellas conquistas en la via del progreso.
El gobierno de ese Estado es democrático-representativo. Todo ciudadano mayor de 21 años es elector y elegible. La Constitucion garantiza á todos los habitantes la plena libertad de religion y culto[4], así como la de la prensa, del tránsito, de la industria, la enseñanza, la peticion y asociacion, la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia. Allí la autoridad no invade con sus reglamentos la esfera de la actividad y del derecho individual; sin que por eso les falte una proteccion eficaz á la instruccion primaria y profesional, la beneficencia pública, las vias de comunicacion y algunos otros objetos de primer interes. Como los ciudadanos saben que el poder reside en sus manos, en su opinion, la prensa tiene la mas notable actividad y variedad para servir todos los intereses, y las juntas y sociedades de todo género son muy numerosas y frecuentes. El principio de asociacion tiene las mas fecundas aplicaciones en la política, como en las letras, el comercio, la industria, etc. Acaso, con excepcion de Stuttgard y Leipzic, ciudades alemanas cuyo movimiento de publicidad es vastísimo, no hay en Europa ninguna ciudad que, relativamente á sus proporciones, haga un uso tan extenso, variado y fecundo de la prensa, como Ginebra.
[4] Excepto, por desgracia, á los judíos.
El Canton es gobernado conforme al principio de la separacion completa de los poderes, aunque todos emanan del voto popular, directa ó indirectamente; y el régimen municipal es muy libre. El poder legislativo lo ejerce en todo el Canton una Asamblea ó Gran Consejo de eleccion bienal y popular, que se compone de 93 miembros. El ejecutivo está á cargo de un Consejo de Estado, cuyos miembros, de igual duracion, son nombrados por el Gran Consejo. En Ginebra no hay tropa permanente ni jerarquías militares. Todos los ciudadanos de 20 á 50 años son miembros de la milicia del Estado, que presta su servicio cuando la autoridad la llama, y de cuyo seno sale un contingente anual para el modesto ejército federal. No hay gendarmería: la policía es invisible, porque no tiene distintivo ninguno, ni incomoda á quien hace uso de su derecho, ni se hace sentir sino por los servicios eficaces que presta. Si se comete algun delito en la calle, todo el mundo le presta su concurso voluntario á la autoridad para reprimirlo y aprehender al culpable. En realidad, la policía en Ginebra es obra de los ciudadanos, y son ellos los que, guiados por el interes comun de la libertad y del honor del Estado, mantienen el órden mas perfecto, en armonía con la mas completa libertad personal en cuanto puede ser inocente y lógica. En todos los lugares públicos de Ginebra se ve una tabla ó cartulon con esta leyenda: «Estando los paseos públicos destinados á la utilidad y el placer de todos, el Consejo administrativo (el de la ciudad) los pone bajo la salvaguardia de los ciudadanos.» Hay en esas palabras de admirable simplicidad, de las cuales los Ginebrinos se muestran muy dignos, toda una teoría ó enseñanza profunda y universal de moral y política, de economía social y legislacion y de filosofía histórica.
Si la etnografía del pueblo ginebrino explica el predominio en él y en todas sus manifestaciones literarias, de la lengua francesa, su genio político, industrial y social y sus instituciones corresponden á un curioso amalgama de elementos diversos. Las emigraciones europeas de gentes superiores, atraidas á Ginebra por la libertad que esa república garantizaba en tiempos de despotismo universal (no obstante la antigua distincion de cinco clases de ginebrinos) han introducido allí la sangre y el genio de otros pueblos, de tal modo que abundan mucho los apellidos alemanes, italianos, ingleses y aun españoles, y los tipos de diversas razas, mas ó ménos confundidos. Esto le da á Ginebra un notable carácter de cosmopolitismo. En ninguna parte mas que allí es tan manifiesto ese fenómeno de fisiología social,—tan frecuente en el mundo y sinembargo casi siempre olvidado por la historia,—de la trasformacion moral de una raza casi por la sola virtud de sus instituciones.
Ciudad en otro tiempo reducida, por las necesidades de la defensa, al aislamiento material dentro de sus bastiones y fortalezas, Ginebra se ha hecho luego cosmopolita,—refugio de todo idea proscrita y de todo hombre perseguido,—acogiendo todo lo bueno de la civilizacion, practicando resueltamente la democracia, penetrando en todas las esferas de la actividad intelectual, yendo á buscar hasta en el Nuevo Mundo la fórmula moderna de la filosofía penal. Raza esencialmente francesa por su orígen, su lengua y sus tradiciones, el pueblo ginebrino tiene las cualidades sin los defectos del genio frances. Posee el espíritu de investigacion, simultáneamente analítico y generalizador, la tendencia cosmopolita en las aspiraciones, el sentimiento artístico, literario y generoso en alto grado, y no poco de esa jovialidad expansiva y elástica, de esa facultad de asimilacion, que distinguen al Frances. Pero carece de ese instinto funesto de centralizacion, de esa idolatría respecto de la autoridad,—servilismo que abdica la iniciativa individual ante la del gobierno,—de esa ligereza en las costumbres é indiferencia para con las convicciones tenaces, que han contrariado la adquisicion de la libertad en el seno de la sociedad francesa. El Ginebrino cultiva con esmero todo lo que tiene algo de artístico y delicado: la pintura, la escultura, la música, el grabado, la relojería, la joyería y hasta la disecacion de vegetales y animales curiosos. Pero ha sabido aliar el arte con la industria, sus disposiciones poéticas y altamente francesas, con la seriedad y profundidad de investigacion y el sentimiento severo de la personalidad ó del derecho individual, característico de las razas germánicas[5].
[5] Es tan inseparable de esas razas el espíritu de independencia personal, que siempre me ha parecido que un Aleman (ó sus asimilables) que no profesa en religion la doctrina del libre exámen, es un hombre incompleto y contradictorio.
¿De donde proviene ese feliz amalgama? Evidentemente de la accion del protestantismo reformado (cuyos abusos é intolerancia de otros tiempos estoy muy léjos de aprobar) el cual, creando la nocion y el hábito del libre exámen, de la creencia razonada y profunda (sin materialismo pagano) y de la autonomía personal, ha modificado fuertemente los instintos latinos y franceses de la raza, sostenidos por las tradiciones y la lengua.
En Ginebra todas las manifestaciones sociales armonizan, haciendo un juego seductor: las poéticas perspectivas del territorio y el lago; los caprichos de las antiguas construcciones feudales; la elegancia suntuosa de la arquitectura moderna; los bellos museos y bibliotecas abundantemente provistas; las casas de correccion y penalidad; las fábricas y los vapores, cuyas chimeneas humeantes contrastan con las lindas fachadas, los templetes y jardines de las innumerables quintas situadas entre parques magníficos en las cercanías del lago; el movimiento mercantil de las calles y los muelles; las pacientes labores de 8 ú 9,000 artistas, que trabajan en la fabricacion de 150,000 relojes de oro por año, en muchos grabados excelentes (en piedra, madera y metal), en la elegante y delicada joyería, las esculturas y pinturas, y en la preparacion de muchos instrumentos científicos, musicales, industriales, etc. Todo ese conjunto de manifestaciones de actividad agrada en esa ciudad de estructura semi-feudal y semi-moderna, cuyos habitantes, al eco de los silbidos de las locomotivas en los vapores del lago y en dos ferrocarriles, trabajan con empeño por demoler todas las fortificaciones y reemplazarlas con monumentos, jardines, fábricas, arboledas, muelles y barrios enteros elegantes y pulcros. Eso llama la atencion del viajero, cautiva sus miradas y le hace respetar una civilizacion que, desarrollándose bajo la influencia de la libertad, demuestra que la grandeza de un pueblo no consiste en la masa de su poblacion nativa y la extension de su territorio, sino en la fecunda energía y la armonía de sus progresos.
Ginebra está dividida por el Ródano en dos partes desiguales. En el vértice del lago, á los dos lados de la islita sombreada por hermosos árboles en que se destaca la estatua de Rousseau, se escapa el Ródano en dos brazos bajo de un extenso puente de madera, produciendo un islote cubierto de casas y molinos, baños de natacion, etc., que reposan sobre estacadas. A la márgen derecha se extiende el barrio de San Gervasio, lleno de fábricas, almacenes y relojerías, dominado por la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Francia, Losana y Neuchâtel, y ostentando en los malecones y muelles, en las riberas del lago y del rio, hileras de casas espléndidas y hoteles que parecen palacios suntuosos, y mas léjos un enjambre de graciosas ú opulentas quintas, parques, huertas y jardines. Es en una de las calles antiguas de ese barrio que se encuentra la sombría casucha de dos pisos donde nació Juan Jacobo.
La ciudad propiamente dicha se extiende á lo largo de la márgen izquierda del lago y del rio, presentando en gran parte de la línea una vasta fachada de hermosos edificios modernos. Despues de cubrir la ribera, trepa hasta la cima de una colina casi abrupta, formando un laberinto de callejuelas, cuestas y graderías rígidas, de antigua y extravagante construccion, en cuyo centro se levantan la catedral, el palacio del Gobierno, la casa de detencion y otros edificios públicos, y gira un extenso paseo sobre las murallas de las antiguas fortificaciones. Por último desciende hácia el sud-este, y se dilata en una planicie ligeramente accidentada, entre el Ródano, el valle del Arve y las colinas del oriente que se desprenden de los contrafuertes saboyardos. Es allí donde, al derredor de la Puerta-Nueva, se encuentran los jardines públicos, el teatro, el conservatorio de música, el museo Rath, el palacio electoral y las construcciones mas recientes, y donde va surgiendo la nueva Ginebra que, libre del obstáculo de las fortificaciones, se extenderá indefinidamente hasta ligarse con Carouge, villa de 4,500 habitantes situada sobre la márgen izquierda del Arve.
Nada mas delicioso que un paseo en coche por la ribera izquierda del lago, en direccion á Collonge, al traves de quintas y parques bellísimos, huertos, jardines y viñedos, y dominando con la vista el soberbio panorama del lago y las montañas del Jura; ó bien, mecido suavemente en una góndola por el vaiven de las azules ondas del lago, surcar su superficie á las nueve de la noche, cuando las estrellas fulguran en el fondo de un magnífico cielo, se despiertan las brisas nocturnas cargadas de perfumes, y se ve á lo léjos en la ribera el vasto semicírculo de luz que producen las hileras de faroles en todos los muelles, á cuya línea se sobreponen las mil luces caprichosas de la parte antigua de la ciudad que se levanta en anfiteatros irregulares sobre la colina. Ginebra tiene entónces tanta poesía y su lago tan arrobadora seduccion en sus reflejos múltiples, sus rumores vagos, su trasparencia deslumbradora y sus ondulaciones suavísimas, que uno se siente como encantado por un sueño y trasportado á regiones muy lejanas de los Alpes y el Jura.
Si el Ginebrino se distingue del Frances por la seriedad y circunspeccion, careciendo de esa viveza retozona y esa agudeza de chiste que llaman esprit; si su acento es duro y su frances muy defectuoso (en la generalidad de la clase media y las masas); y si los tipos fisonómicos, aunque revelando mucha inteligencia, son apacibles y carecen de la energía de líneas propia de las razas puras, posee tambien cualidades muy estimables. Entusiasta por los intereses públicos y las bellas causas; sobrio de palabras y grave en sus convicciones; laborioso y persuadido de la nobleza del trabajo, sus costumbres son puras, sin gazmoñería ninguna, y en todos sus actos manifiesta tener la conciencia igual del derecho y del deber. En Ginebra no se ve un solo mendigo ni un hombre ebrio, y á excepcion de los que viajan por recreo ninguno está desocupado allí. El verbo frances flaner[6] tan característico de Paris, no tiene significacion en Ginebra.
[6] Pasar el tiempo como un gandul, paseándose por los lugares públicos sin objeto y con curiosidad insustancial.
Como obras de arte, los monumentos de esa ciudad no son de mucho interes. Si los modernos de la Puerta-Nueva y algunos otros son elegantes y bien adecuados á sus objetos, los antiguos son de una arquitectura sólida, pesada y fría. El jardin botánico, aunque pequeño y relativamente nuevo, es gracioso y está bien provisto y mantenido. Las colecciones del Museo académico son abundantes y valiosas. Ademas de la Biblioteca pública, que contiene mas de 40,000 volúmenes impresos y 500 manuscritos, algunos de estos muy interesantes ó curiosos[7], la Sociedad de lectura posee un gabinete superior en que hay 35,000 volúmenes impresos y un surtido de 140 periódicos de todas clases. El museo Rath, fundado por el general de este nombre, contiene una notable coleccion de obras de escultura y pintura, antiguas y modernas. La Academia ó universidad es digna de toda estimacion. Ginebra, siendo tan pequeña, posee ademas: un observatorio astronómico, un conservatorio de música, varios colegios secundarios, un arsenal, una excelente máquina hidráulica que funciona en el Ródano para el servicio de la ciudad, y numerosos establecimientos de enseñanza primaria, beneficencia, crédito y economía. El Canton tiene el mérito de contar en sus escuelas primarias de 7,000 alumnos que reciben anualmente la instruccion elemental.
[7] Por ejemplo: un manuscrito de Ciceron, iluminado, las homilías de San Agustin, escritas en el siglo VI, y algunos volúmenes de cartas autógrafas, sermones y manuscritos de Calvino.
Como era natural, nada me llamó tanto la atencion en Ginebra como las casas de correccion ó penalidad. La pena de muerte está abolida allí desde hace muchos años, y Ginebra es tal vez el segundo Estado europeo que ha adoptado el régimen penitenciario de los Estados Unidos. Aunque hay algunas diferencias entre las dos penitenciarias de Ginebra, su sistema de administracion se basa en los principios de la legislacion penal filosófica: el aislamiento, el trabajo, la vigilancia, la economía y el estímulo ofrecido á la enmienda del culpable, Ensayaré describirlos, según las observaciones que pude hacer en una visita á cada establecimiento.
La casa de Detencion tiene un doble objeto: es penitenciaria para las mujeres, cuya reclusion puede durar hasta por largos años, según la gravedad del delito, y es lugar de simple correccion para los varones que, desde la edad de diez años, son condenados á detencion celular hasta por un año, por delitos, si son mayores de edad, ó por crímenes, si el reo es un menor. El edificio, construido en 1842, tiene la forma de un cuadrilongo regular, dividido en tres compartimientos de cuatro pisos, inclusive el del nivel de la calle. En el centro están la entrada, la sala de recibo, la oficina del director, las habitaciones de este y los demas empleados, y la cocina y demas piezas del servicio doméstico. A la derecha está el departamento de los hombres, que puede contener hasta 120 detenidos, y á la izquierda el de las mujeres, capaz para 112[8], análogos en todo, separados y simultáneamente vigilados. El local de los hombres que visité, es un salon de altísimo techo, cuyas celdas ocupan solo una ala, superpuestas en cuatro hileras ó pisos que se comunican por escaleras y corredores angostos, girando en el interior del salon como en un teatro. De este modo, situándose en cualquier punto se registran todos los corredores y las puertas de las celdas. Ademas de esos cuatro pisos hay otro subterráneo en que se hallan los calabozos para el encierro de los que, por una conducta en extremo rebelde y reprensible, merecen el castigo adicional y transitorio de una reclusion mas severa. Esos calabozos son completamente oscuros y carecen de ventilacion. Detras del edificio están cercados por altas y sólidas murallas los patios á donde salen los reclusos, de uno en uno y por turno, á descansar y gozar del sol, del aire puro y algun ejercicio.
[8] Cuando estuve allí habia 80 reclusos, número que es el ordinario, y 30 reclusas solamente.
Cada detenido se encuentra en su celda trabajando, obligado á una tarea de mínimum fijo, y constantemente vigilado. Frecuentemente, cuando la conducta de algunos detenidos es muy buena y se considera necesario asociarlos, dos ó tres trabajan juntos en una celda, sin perjuicio de dormir siempre separados. Las celdas tienen bastante luz y reciben aire puro por ventanas de fierro altas y muy sólidas. Cada detenido tiene, ademas de los materiales y útiles de trabajo, su cama, una silla y algunos muebles indispensables que le permiten comer, dormir, etc., en aislamiento absoluto. Cada puerta de celda tiene practicado un pequeño y sencillo aparato que permite vigilar al detenido sin que este se aperciba de ello. El director y tres empleados subalternos bastan para la administracion puntual y rigorosa del establecimiento. Los detenidos se ocupan en la fabricacion de zapatos, esteras y otros objetos sencillos y de consumo popular, y los productos son destinados á cubrir los gastos del establecimiento y formar un fondo de economías para cada detenido, según el valor de su trabajo. La predicacion y enseñanza religiosa que se da á los reclusos es austera, inteligente y afable.
Si el encierro en el calabozo, la privacion transitoria de alimentos, del paseo en los patios, etc. son medios de coercision ó represion adicional, tambien tiene el recluso estímulos poderosos para meditar en su delito, arrepentirse y moralizarse. En caso de buena conducta, dando pruebas de arrepentimiento, obtiene mayor participacion en el fruto de su trabajo, permiso para trabajar en compañía de uno ó dos mas, pero siempre en silencio, y una reduccion de pena que puede llegar hasta la mitad de su duracion legal. Nótase que las reincidencias son rarísimas entre los varones adultos, y algo frecuentes entre las mujeres y los púberes ó impúberes cuando no obtienen ocupacion segura al salir de la prision. Por lo demas, en el establecimiento reinan el órden, el silencio, la pulcritud y la economía. El director y uno de los celadores me manifestaron la conviccion profunda de la eficacia del sistema en todos sentidos; aunque reconocían, como otras personas, la necesidad de que el régimen celular tenga su complemento en una institucion social que permita ofrecerle instruccion y trabajo por algun tiempo al recluso libertado, á fin de que, siéndole suave la transicion del encierro y el trabajo forzado á la libertad con el trabajo libre pero inseguro, se conjuren los peligros de la reincidencia. Llegará un dia, no lo dudo, en que las sociedades civilizadas reconocerán que la fecunda correccion del culpable y el deber supremo de la justicia exigen la íntima correlacion de tres instituciones: el lugar de castigo, la escuela, y el taller ó cosa parecida; y que el poder social no tiene plena autoridad para castigar, sino á condicion de instruir y moralizar al culpable, y abrirle, una vez arrepentido, la via infinita de toda rehabilitacion: la del trabajo, y la independencia personal.
La Casa Penitenciaria tiene formas y condiciones distintas, no obstante la comunidad del sistema. El edificio tiene la forma exterior de una media rueda de carro de tres radios y horizontal. En el centro está la fachada, que da sobre un vestíbulo de tres pisos correspondientes á los del interior. La parte interna y baja del vestíbulo es semicircular, y paralela á la gran semicircunferencia descrita por dos altos murallones igualmente paralelos entre sí que, separados por una callejuela, encierran toda la fortaleza. Del centro á la circunferencia se extienden como radios dos edificios iguales y cuadrilongos y otra construccion intermedia coronada por una cúpula, separados por muros que encierran cuatro patios. Todos ellos y las murallas del contorno están á cubierto de las miradas exteriores y dominados por la cúpula y algunas ventanas para ejercer la vigilancia. La oficina del director y de su ayudante se halla en el interior del peristilo, y en el centro del arranque de los radios están los intersticios que permiten observar á los presos y comunicar órdenes al traves de los muros, sin ser visto. De los tres pisos de esos radios el inferior contiene los talleres de trabajo, y los dos superiores las celdas de habitacion de los reos, miéntras que en la parte central se hallan los locales destinados al servicio de los empleados. Debajo del despacho, al nivel de los patios, están el locutorio para las visitas á los reos, la oficina y otras piezas de menaje.
El edificio entero, al parecer complicado, pero en realidad muy sencillo, costó apénas 30,000 pesos y solo exige un gasto anual de 5,000, á lo sumo, como déficit del producto que deja, respecto de los gastos, el trabajo de los reclusos. Puede contener 56 reos, á juzgar por el número de celdas; pero jamas se ha colmado y ordinariamente no tiene sino unos 46. De este número que habia cuando visité la Penitenciaria, 12 eran reincidentes: solo 7 pertenecian al canton de Ginebra (donde hay libertad, instruccion y actividad industrial) y la mayoría de reclusos se componia de saboyardos, pertenecientes á una poblacion excesivamente pobre, ignorante, sin industria, comercio ni comunicaciones, encerrada entre los Alpes y las líneas de aduanas. El gran número de los reclusos representaba los crímenes de hurto y robo, crímenes que, en la generalidad de los casos, no indican perversion, sino miseria y falta de instruccion y trabajo. El número de protestantes y católico-romanos del Canton se equilibra en la Penitenciaria, aunque en la totalidad hay gran mayoría de católicos.
Cada reo duerme en su celda en absoluto aislamiento. Las celdas son pequeñas pero suficientes, muy limpias y bien ventiladas, alumbradas por la luz natural, y provistas de los modestos muebles necesarios. Los reclusos trabajan y toman los alimentos en comun guardando silencio absoluto, y divididos en secciones según su criminalidad. Hacen tres comidas por dia, abundantes, sencillas y sanas, y despues de cada una de ellas salen por turno a pasar media hora al aire libre en alguno de los patios. Solo un caso de evasion ha ocurrido hasta ahora, y eso por negligencia de un celador. Jamas recluso alguno ha perdido la razon ni atentado contra los guardianes. El encierro total sin trabajo ni luz, y la privacion temporal de alimentos ó cama en que dormir, son los medios coercitivos ó de represion. El trabajo de los reclusos consiste en fabricar zapatos y esteras ó pilar granos. Cada uno de los talleres comunes es vigilado interiormente por un celador que gana, ademas de la manutencion y el alojamiento, tres francos diarios. El director, un ayudante ó secretario y esos celadores son los únicos empleados activos del establecimiento, y lo sirven muy bien. Los capellanes concurren los domingos á hacer los oficios religiosos y morales, sin perjuicio de su concurso accidental.
Cuando un recluso se hace merecedor de consideraciones, se le permite recibir de tiempo en tiempo la corta visita de algun deudo. Esta se verifica en un locutorio, al traves de una reja de alambre fino, que permite la conversacion y el cambio de miradas, bajo la vigilancia del celador presente, pero que impide todo contacto y comunicacion de cartas, dinero, armas, etc. Se llevan libros que hacen constar escrupulosamente todos los hechos de la economía interior y las observaciones sobre la estadística y moralidad de los reclusos. Según esos documentos, si la conducta de un reo es irreprensible obtiene un tratamiento menos rigoroso y una rebaja de condena, que llega hasta la mitad. Esas rebajas son muy frecuentes. En cuanto al producto del trabajo, el sistema es análogo al de la Casa de Detencion, pero una parte se destina á socorrer, si son pobres, á los hijos, padres, ó consorte del recluso. La Penitenciaria sirve solo para los condenados, por crímenes ó delitos graves, á mas de un año de reclusion celular. El máximum de la duracion es de 20 años, aplicado solo en casos de reincidencia en crímenes muy graves.
Lo que mas me llamó la atencion en la Penitenciaria fué la capilla, local de extrema sencillez, sin adornos ningunos y provisto de bancas en anfiteatro. Allí los reclusos son divididos en secciones, según su criminalidad. En el fondo, junto á la modesta cátedra del capellan, está un pequeño altar reducido á un Cristo, la imágen de la Vírgen y los vasos y objetos necesarios para el culto romano. Ese altar está provisto de un cortinaje oscuro y espeso. Cuando los reclusos católico-romanos están en la capilla, el altar está descubierto y funciona el sacerdote respectivo. Cuando á su turno asisten los protestantes, se cubre el altar y no queda á la vista sino la Biblia sobre la mesa. Así, el mismo púlpito y local sirven al sacerdote y al pastor. Jamas en mi vida habia encontrado un espectáculo social tan sublime como el de esa humilde capilla, igualmente consagrada al servicio de dos comuniones religiosas que han ensangrentado la tierra con sus luchas impías. ¡Qué profunda enseñanza de espiritualismo en la religion, de noble sencillez en el culto, de fraternidad y tolerancia, de universalidad en la idea religiosa,—sin parar mientes en las diferencias de símbolos y formas,—de verdadero cristianismo, en fin! Enseñanza escondida en el fondo de una prision,—símbolo de la igualdad de la conciencia ante el deber y la justicia,—para inculcarle al culpable la nocion de la fraternidad en Dios y en el hombre, del derecho igual de todos, cuya violacion constituye precisamente lo que se llama falta, delito ú crímen!
Al dejar á Ginebra, llevaba no solo una impresion de profundo respeto por ese pequeño Estado de filósofos, artistas y hombres libres é industriosos, sino tambien una especie de consuelo y confianza en el porvenir de la humanidad. ¡Qué de grandes ejemplos y altísimas inspiraciones le debe la civilizacion europea a ese pequeñisimo pueblo que, habituado á fabricar relojes y ejercitar el libre exámen, parece tener en su genio la regularidad severa del cronómetro y la expansion independiente de las organizaciones libres! Allí han nacido, para gloria de las letras y de las ciencias de todo género, naturalistas audaces y pacientes como Saussure y Candolle; jurisconsultos como Burlamaqui; historiadores como Sismondi y Mallet; economistas como Juan B. Say y el mismo Sismondi; hombres de Estado como Necker; literatos como madama Necker, Topffer y Cherbuliez; artistas distinguidos, pensadores filósofos como el inmortal Rousseau!
* * * * *
CAPITULO IV.
LOS ALPES SABOYARDOS.
Los compañeros de viaje.—La hoya del Arve.—El valle de Chamonix.—El grupo del Monte-Blanco.—Las neveras.—Contrastes naturales y curiosidades.
Un enorme carruaje abierto, dividido en tres compartimientos y conteniendo unas 23 personas, aparte de los equipajes, debia conducirnos por el valle del Arve hácia Chamonix, al pié del grupo colosal de montañas en cuyo centro se ostenta la admirable cúpula del Monte-Blanco. Los ingleses, como sucede en todos los sitios, vehículos y líneas de excursion, estaban en mayoría, representados principalmente por una media docena de young ladies robustas, rubias, rosadas y vestidas caprichosamente.
Soberanamente fastidiado siempre con las espesas brumas, la vida uniforme y el aislamiento geográfico de su opulenta isla, el Inglés es eminentemente cosmopolita, por razon higiénica, por genio y tradicion, y por curiosidad, frecuentemente pueril. Hasta en el último rincon del mundo y sobre las mas altas cimas se le encuentra,—imperioso, exigente, intratable, cuando no necesita de los demas, lacónico, frio, cargado de bastones, paraguas y mil enseres, impasible cuando los demas se conmueven, afeitado y perfumado en regla aun en el fondo de los precipicios y las neveras, y ataviado con su singular vestido de un solo color y un solo corte, que á fuerza de ser uniforme toca en la extravagancia. Fino, caballeroso, hospitalario y cumplido en su isla (at home), el Inglés se hace duro en país extranjero, medio salvaje á veces, porque el orgullo de su raza y su nacionalidad le da la conciencia de que á todas partes lleva su patria consigo, es decir con su derecho individual, su nombre y su bolsa. De ahí su carencia absoluta de elasticidad y tolerancia para acomodarse en país extranjero á los usos de los demas pueblos y á las necesidades de las circunstancias. Es ciertamente curioso ese fenómeno de trasformacion moral que se verifica en el Inglés, viajero tan apegado á la idea de la patria, y al mismo tiempo tan adicto á los viajes que le alejan del suelo patrio.
El Frances, al contrario, hombre de espíritu mas bien que de convicciones, de expansion indefinida mas que de hábitos, socialista por excelencia, deja la patria al cruzar la frontera de Francia, y encuentra una adoptiva, provisoria y ad hoc donde quiera que se le presenta un medio de sociabilidad, un círculo de ideas. De ese modo, se asimila con admirable facilidad todas las condiciones de vida, y acepta con el mejor humor todas las situaciones posibles, lo mismo en los Campos Eliseos de Paris que en el fondo de una selva americana, ó de un desierto de Africa. Es por eso que, cuando se viaja en Europa entre ingleses y franceses, se ve siempre á los primeros silenciosos, esquivos, encerrándose en su personalidad rigorosa; miéntras que los otros entran desde luego en el amplio carril de la conversacion desembarazada y múltiple, llegando fácilmente hasta la jovialidad.
Estas observaciones, que por ser personales nada tienen de nuevas ú originales sinembargo, y que he confirmado en todas mis excursiones, me vinieron desde luego á las mientes al seguir, en la diligencia de Ginebra, la carretera que conduce á Chamonix. La conversacion era tan animada entre nosotros y dos ó tres franceses y algunos suizos de la misma raza, como notable el silencio contemplativo de los ingleses. Llamónos la atencion particularmente un ministro ó pastor protestante del canton de Vaud, que viajaba muy modestamente con su hija,—una inteligente y graciosa señorita de diez y seis años,—con ánimo de hacer fructuosas excursiones á pié. Era un hombre de modales finos, lleno de modestia y distincion en su porte, sencillo, tolerante y filósofo, fuertemente empapado en el sentimiento de la fraternidad y caridad cristianas, amigo de la buena conversacion y la discusion, observador atento, entusiasta por todas las bellezas naturales, de instruccion general y sólida y particularmente adicto á la geología, la física, la botánica y la historia natural. Su hija, tan instruida como amable, tan candorosa como inteligente, le acompañaba siempre en sus peregrinaciones. A pié, provistos de bastones y de un modestísimo ajuar de viaje, habian recorrido juntos las mas interesantes regiones de la Suiza central, escalado las alturas del Jura, las neveras del Oberland bernés, etc., recogiendo plantas curiosas y haciendo atentas observaciones. Llevaban la intencion de recorrer en parte las neveras del Monte-Blanco y visitar todas las curiosidades naturales de Chamonix. Raras veces he viajado con un compañero tan instructivo como ese digno pastor vaudense, que me pareció uno de los mas bellos tipos del sacerdocio moderno.
Doce horas mortales de diligencia y coche debíamos soportar para hacer el trayecto de 90 kilómetros hasta Chamonix, entre espesas nubes de polvo y bajo los rayos de un sol que parecia tropical. De otro modo no es posible admirar las bellezas de tan variados paisajes que ofrece la via. Ella es poco interesante hasta Bonneville, capital que fué de la antigua provincia de Faucigny, con 1,500 habitantes. Es allí donde, cerca de las montañas de Môle y atravesando por un hermoso puente el Arve para remontar su márgen izquierda hasta Cluses, el viajero comienza á contemplar de cerca las hermosuras de los Alpes. El rio corre por el fondo de una hoya profunda formada por altos contrafuertes ó cordones de montañas ásperas, sobre un lecho pedregoso, llevando en sus revueltas ondas una espesa disolucion de arenas graníticas y calizas que le dan su tinta cenicienta.
A veces la hoya se ensancha en vastos pliegues y severas curbas, y el valle se presenta lleno de ondulaciones y pequeñas colinas, donde brillan al sol limpios viñedos, hermosas mieses y verdes legumbres, ó se extienden en tupidos tapices algunas pequeñas praderas que van á perderse al pié de los barrancos estratificados de caliza, ó de las rígidas y verticales rocas graníticas que parecen amenazar al viajero desde lo alto de sus bastiones formidables. En otras partes, el valle se estrecha: la carretera gira sobre el borde de alguna falda ó barranca que domina las ondas del rio; este salta, se disloca y retuerce espumante sobre su revuelto lecho de pedriscos; los cerros se levantan á uno y otro lado como murallas colosales, ofreciendo las mas románticas formas en sus altas cavernas, sus rugosos relieves, sus enormes grietas verticales; sus derrumbes, sus picos desiguales y severos, sus cascadillas que se lanzan al valle en delgados hilos para convertirse en menudo polvo argentino, sus matorrales ásperos y tristes flotando casi al viento y apénas adheridos á los intersticios de las rocas, y sus franjas superpuestas de un verde sombío,—guirnaldas de abetos enhiestos que las nieves respetan en las montañas de los Alpes, dejándoles su eterna majestad. Y por en medio y encima de todo eso, se abre un cielo esplendoroso, y á lo léjos, al oriente, se alcanza á ver, sobre un enjambre de colosos de granito coronados de hielo, la cúpula del Monte-Blanco, digno baluarte de dos grandes naciones,—Italia y Francia,—soberana de aquel mundo de magníficos horrores que llaman los Alpes!
En toda la hoya del Arve abundan los sitios salvajes, las curiosidades naturales y los puntos de vista encantadores. Como la sociedad es allí muy poco interesante, la naturaleza, llena de fuerza y majestad, es el primer actor. Poblacion pobre, raza sin tipo bien determinado, aunque tradicionalmente valerosa, los saboyardos de ese valle inspiran cierta simpatía compasiva, sin que sus localidades llamen la atencion del viajero. Gentes sencillas, resignadas á los rigores de su clima y amantes de sus montañas, viven sin admirar las bellezas de su suelo, hablan muy mal frances y no piensan en la política del mundo. Solo suspiraban, antes de la anexion á Francia, por una situacion que les permitiese mejorar de condicion económica. En toda la ruta, Bonneville y Sallanches son las únicas localidades de alguna importancia.
En San-Martin, pobre pero graciosa aldea del valle de Sallanches, dejamos la diligencia para tomar un cochecito de cuatro asientos, y en breve, acompañados por el estimable pastor protestante, comenzamos á alejarnos de la orilla del Arve, siguiendo por su lado derecho, y á trepar la pendiente cuesta de Chede. Desde sus altos recodos veíamos los abismos inmensos en cuyo fondo se despeña el rio, iracundo y desbocado, despertando con el ruido de sus cascadas los mil ecos de las montañas. El camino gira, entónces á la altura de Servoz, por entre laberintos de peñascos destrozados y bosques seculares y espesos de pinos y abetos, donde yacen dispersas esas rocas erráticas que han sido uno de los misterios de la geología,—revelaciones del poder asombroso de las neveras viajando sobre las faldas de los cerros. En el fondo del bosque brama el Arve, torrente furioso allí, y donde quiera reina la majestad de la naturaleza salvaje. Al cabo, el bosque termina, el terreno se nivela, el Arve presenta un curso ménos tormentoso, las montañas se abren un poco, y el valle de Chamonix, tapizado de flores, helechos y gramales, y poblado de mieses y animales de cria, se desarrolla seductor, dominado á un lado y otro por estupendos peñascos ó cerros de granito, bosques elevados de abetos y pinos, y mares de hielo que tienen la triste solemnidad de la desolacion.
El valle de Chamonix, situado a cerca de 1,000 metros de elevacion sobre el nivel del mar, mide una longitud de 20 á 25 kilómetros del N.-E. al S.-O., y una anchura de 1,500 á 2,000 metros. Súrcalo en toda su extension el Arve, rio que, naciendo en las heladas alturas del cuello de Balme, se acrecienta fuertemente con las aguas que arrojan al valle las inmediatas neveras que lo dominan. Encerrado entre montañas estupendas y abruptas, el valle ofrece los mas raros contrastes de alegría risueña y salvaje aspereza, de rústica tranquilidad y de grandiosidad en las formas y desolacion en algunos objetos. Al poniente, las neveras faltan del todo: cerros altísimos, cubiertos de negros bosques de pinos y abetos, en su mayor extension, se alzan á hundir en las nubes sus severos picos ó conos graníticos, y presentan á trechos esos derrumbes espantosos, rastros de los catástrofes de la primavera que se llaman avalanchas Al lado opuesto del valle se levantan los contrafuertes del Monte-Blanco, revueltos, despedazados por innumerables y gigantescas grietas, aterradores de hermosura y severidad,—ora terminando en neveras que derraman sobre el valle sus ondas congeladas; ora cubiertos de ásperas malezas, helechos y bosques de abetos; ora aguzándose en sus cimas en penachos extravagantes y agujas colosales, desnudas y sombrías,—para servir de apoyo á un inmenso anfiteatro de invisibles montañas y neveras cuyo pináculo es la cabeza admirable del Monte-Blanco. Hay tanta majestad en aquel mundo de granito y hielo, que casi es un atrevimiento injurioso el aspirar á describirlo de cualquier modo.
La aldea de Chamonix ocupa el centro mismo del valle á igual distancia de las neveras llamadas de Bois y Bossons, que son las mas próximas á la planicie. La poblacion en toda ella se reduce á Chamonix y cinco ó seis caseríos pobrísimos, con 2,000 habitantes á lo sumo. Chamonix es literalmente un pueblo de hoteles y posadas, mas ó ménos confortables y de apariencias mas ó ménos seductoras. Los edificios son todos de granito con pisos de tablas.—Cuando termina el verano, época en que el valle es visitado por muchos millares de curiosos, Chamonix queda reducido á unos 500 ó 600 vecinos: todo el ruido de mulas y coches se disipa; los hoteles quedan totalmente desiertos, y el valle vuelve á la sepulcral desolacion del invierno. Frecuentemente la nieve es tan abundante en ese tiempo y los derrumbes de los cerros son tan temibles, que las gentes duran dias enteros incomunicadas y reclusas, porque las casas se cubren de nieve por todos lados en capas muy espesas. La vida es entónces bien triste y miserable en aquel desierto de hielo.
En Chamonix se encuentran casi todas las comodidades que el viajero puede apetecer. Donde quiera se ven tiendas ó pequeños museos de objetos de arte en mármol, granito, madera, hueso, etc., y muestras de la flora, la fauna y la geología de aquellas montañas, que los viajeros compran por curiosidad y por llevar recuerdos de sus excursiones. Chamonix es en realidad un pueblo de guias ó conductores de viajeros, que prestan su servicio por turno rigoroso, son propietarios de mulas aperadas y viven asociados en su profesion, conforme á un reglamento de la autoridad. Durante la primavera todos esos hombres son agricultores. En los meses de verano pasan á ser guias y muleteros, sin descuidar por eso sus labores. Cuando el invierno suprime esos medios de actividad, se consagran á los trabajos domésticos y fabrican objetos artísticos; ó bien se van á buscar trabajo en Ginebra y otras ciudades. No omitiré decir que, en su gran mayoría, los habitantes del valle se distinguen por dos cualidades muy notables: la probidad mas acrisolada, y la ventaja de saber leer por lo ménos, corrientemente. Esto hace honor á esos sencillos montañeses tanto como al Gobierno de Cerdeña que hasta 1860 los regia, interesándose sobre todo en favorecer la instruccion primaria y las vias de comunicacion y excursion.
Son numerosas é interesantes las excursiones que puede hacer el viajero curioso en Chamonix. Las ménos fatigantes son las de las neveras de Bois y Bossons, que se hacen en coche ó á pié como simples paseos. Las de los altos cerros llamados Jardin, Brevent y Buet no son tolerables sino para los que gustan de muy fuertes emociones y saben marchar á pié con energía. En fin, las del Mar-de-hielo y la Flégère son las preferidas por los que desean observar de cerca los nevados y aman las excursiones á caballo ó en silla de manos. Nosotros[9] resolvimos trepar al Montanvers por la mañana, en solicitud del «Mar-de-hielo», y visitar por la tarde, á pié, las cascadas de los Peregrinos y el Dard y la nevera de «Bossons.»
[9] Cuando hablo en plural me refiero á mi esposa y yo.
Nada mas curioso y pintoresco que la escena que se ofrece á la vista en el pueblo de Chamonix, desde las cuatro ó cinco de la mañana, cuando los centenares de viajeros que pueblan los hoteles y se renuevan sin cesar, como hormigas ávidas é inquietas, comienzan á emprender sus excursiones. Las mas altas cimas de la cadena de Monte-Blanco, cuya cúpula no es posible ver desde Chamonix, brillaban ya iluminadas por los argentinos rayos del sol, en tanto que en el valle, á las cuatro y media de la mañana, vagaban todavía las últimas sombras de la noche. Donde quiera reinaba el movimiento: en las puertas de los hoteles, en las calles vecinas y en los afueras del pueblo. Enormes mulas, lerdas y toscas pero de suma resistencia y solidez, y habituadas á caminar según su instinto y voluntad por los mas agrios desfiladeros y páramos, aguardaban á sus caballeros y amazonas prosáicas, modestamente ataviadas; en tanto que muchos peones cargueros alistaban sus sillas de manos para trasportar á las señoras enfermas ó incapaces de montar.
Al salir de Chamonix se dispersaban, en largos é irregulares cordones y en muy distintas direcciones, mas de 250 excursionistas, provistos de los mas variados atavíos y venidos desde las extremidades de Rusia, las llanuras de Alemania, las Islas británicas ó las ciudades y selvas del Nuevo Mundo, para rendir homenaje á las magnificencias de los Alpes. Hácia las alturas del Jardin, Brevent, etc., se dirigian los aficionados á las peregrinaciones pedestres, las mas duras pero tambien las mas libres, fructuosas y económicas. Eran en su mayor número jóvenes resueltos, acaso contando demasiado con sus fuerzas, y marchaban con regularidad, provistos de largos bastones de abeto, sólidamente calzados, vestidos con mucha sencillez, y llevando algunos sobre las espaldas ligeros morrales que contenian el humilde ajuar del peregrino. El mayor número de los excursionistas se encaminaban hácia Montanvers para ver el Mar-de-hielo, ó hácia la vasta nevera, mucho mas lejana, de la Flégère. Era curioso ver á casi todos los ingleses cabalgando como si anduviesen de paseo en Hyde Park, ú otro de los parques favoritos de los fashionables de Lóndres; provistos de sombreros negros de alta copa, lentes ó binóculos, elegantes bastoncitos, delgados botines de charol, levitas ó fracs de aparato, corbatas blancas ó rojas, chales de fina gasa para defender contra los rigores del viento y el sol sus delicadas y afeitadas mejillas, y delgados guantes de cabritilla. Un pequeño grupo de tres insulares fastidiados, acompañados por tres ó cuatro guias, emprendia nada ménos que ir á escalar el Monte-Blanco para sacudir en sus hielos el esplin, pasar por encima del inmenso lomo y descender á los valles del Piamonte.
Esa manía enteramente británica se va generalizando mucho, por desgracia, entre los hijos de Albion, sin que sean bastante á reprimirla ni el ridículo que acompaña á los que ostentan ese salvaje y estéril heroismo, sin coronarlo de buen éxito, ni las terribles catástrofes que han ocurrido con frecuencia en las soledades y los abismos del Monte-Blanco. La audacia fria y terca de los excursionistas de los precipicios sería muy honorífica, si el objeto de esos extravagantes espliníticos fuese hacer estudios y descubrimientos que prestasen servicios importantes á la ciencia. Pero esta no entra por nada en semejantes empresas. Los héroes de los hielos van por pura vanidad á despeñarse en las neveras y sepultarse bajo de los bancos de hielo. Su único anhelo es lograr que los periódicos de Europa le digan al mundo: «Mr. Tal y Mr. Cual han hecho el prodigio de pasar, sanos y salvos, del valle de Chamonix al Piamonte, por encima del Monte-Blanco.» O en último caso: «Mr. Tal y Mr. Cual han perecido tristemente en uno de los precipicios del Monte-Blanco; y sus compañeros Mr. Mengano y Mr. Perensejo, han tenido la satisfaccion de salvarse con las piernas rotas.»
La subida desde el valle de Chamonix hasta el sitio llamado «Hospicio de Montanvers» es larga y laboriosa. El áspero sendero serpentea por entre enormes peñascos, bosques mas ó ménos tupidos de abetos y pinos, enmarañadas malezas y pedriscos tapizados de musgo y helechos enanos. A medida que se trepa la empinada falda, el valle se hace mas interesante por sus contrastes de claridad brillante y oscuras sombras, de vegetacion artificial y salvaje, de variadas tintas. En el fondo corre el Arve por un lecho gris y pedregoso, como un torrente de ceniza y lodo, produciendo islas despedazadas y cubiertas de alisos, y tristes playas que muestran la desolacion causada por las violentas avenidas del fin de la primavera y el principio del verano. Al pié de la nevera de Bois se ve el pobre caserío del mismo nombre, que parece como amedrentado por el peligro de que lo arrope algun derrumbe de la onda cristalizada que lo domina.
La impresion que se siente al llegar al pequeño hotel que corona la cuesta de Montanvers[10] es profunda y sorprendente para el viajero que llega por primera vez al «Mar-de-hielo.» Desde la eminencia en que está situado el edificio, batido frecuentemente por violentos huracanes y dominando un abismo, se ve el panorama mas tristemente hermoso y severo que las montañas pueden ofrecer. Una especie de valle ó golfo larguísimo y estrecho, que termina en el caserío de Bois y trepa en plano inclinado hácia el corazon de los Alpes para ligarse á todas las encrucijadas del Monte-Blanco, constituye el fondo de la hoya profundísima producida por dos cordones de cerros ó contrafuertes estupendos. Sus cimas, á uno y otro lado, ora desnudas, ora cubiertas de hielo y nieve, se despedazan en enjambres de agujas, picos, conos truncados, soberbios obeliscos, pirámides y cúpulas de los mas extraños relieves y el mas severo aspecto. Mas arriba se destacan en lontananza gigantes mas y mas colosales, cuyas cabezas refulgentes se pierden en las vagas ondulaciones de las nubes[11]. En unos trechos los hielos descienden hácia el golfo congelado, en desiguales latitudes, como las puntas desgarradas de un encaje terminando una inmensa colgadura de armiño. En otros, los peñascos graníticos se presentan desnudos, ennegrecidos, destrozados por enormes grietas verticales, de cuyas bocas surgen mil torrentes ó cascadas, ó salpicados de manchas de pinos y abetos enanos, cuya tinta sombría hace el mas soberbio contraste con la vastísima sábana de hielo que va á perderse en las vagas perspectivas del cielo. En el fondo del abismo,—frio, silencioso y desolado como una inmensa tumba de hielo,—están las ondas revueltas y cristalizadas de ese golfo que se llama la Mer-de-glace.
[10] Traduccion literal, Subiendo hácia, acaso porque aquella via es una de las que conducen al Monte-Blanco.
[11] Si los cercanos picos, tales como el del Sombrero y la aguja de Bochard no son muy notables por su elevacion, los que se ostentan detras ó continúan la cordillera en direccion al Sur, alcanzan las siguientes elevaciones sobre el nivel del mar: la aguja del Fraile, 3,858 met.; la de Dru, 3,906; la Verde, 4,081; las de Charmoz, 2,783; la del Greppond, 3,670; las de Blaitière y Plan, 3,688; la del Mediodía, 3,916; la del Tacul, 4,625; el Monte-Blanco, 4,811.
Los geólogos que han estudiado atentamente esa y otras neveras[12] han apelado á diversas hipótesis, mas ó ménos fundadas, para explicar la extraña formacion que con tanta propiedad ha recibido el nombre mencionado. Su aspecto es efectivamente el de «un mar que, despues de una gran borrasca, se hubiese congelado repentinamente en el momento de comenzar á calmarse, pues toda la superficie es una sucesion de bancos ondulosos de nieve que imitan exactamente no las grandes olas del Océano irritado, pero sí las de un mar mediterráneo.» Todo hace creer que esa forma es debida á lentas y seculares aglomeraciones producidas por la accion combinada de la presion atmosférica, la tendencia de gravitacion de los bancos y depósitos de hielo y nieve, la fuerza poderosa de las corrientes subterráneas, las condiciones químicas del suelo y de las rocas, y la facultad explosiva del cristal de hielo comprimido en todas direcciones. Aterra y maravilla el pensar en los misterios de vida, de organismo mineral, que se agitan bajo la inmobilidad aparente de esas neveras allá en las profundidades insondables de los abismos subheláneos.
[12] Es de notarse que, así como la vegetacion alpestre y andina difiere enteramente, las neveras de los Alpes no tienen semejanza de composicion y vitalidad con los nevados de los Andes.
Todavía acompañados por nuestro consabido pastor vaudense, que hacia la peregrinacion á pié con su hija, descendimos del «Hospicio», [13] muy paso á paso, para ir á contemplar de cerca la nevera, que tiene allí como 550 metros de latitud. Sintiéndonos poco dispuestos á llevar nuestra curiosidad hasta el extremo de exponer la vida en la travesía de toda la nevera, vimos al pastor protestante alejarse con su animosa hija, marchando lentamente, apoyados en sus largos bastones y escalando los bancos ó colinas de hielo para pasar al lado opuesto del golfo congelado y descender por otra via. Apénas nos atrevimos á caminar por entre aquellos abismos de cristal en un trayecto de 80 á 90 metros. Nos conducian dos guias que, con el auxilio de hachas y picos, iban practicando en el hielo pequeñas hendeduras que nos servian de escalones para trepar hasta la cima de alguna onda ó colina. Si, visto en su conjunto y de léjos, el «Mar-de-hielo» no tiene la nitidez y tersura de los altos nevados de la cadena, porque los derrumbes y los vientos cubren la superficie de una capa terrosa, de cerca el aspecto de las hondas es de una hermosura sorprendente.
[13] A 885 met. de altura sobre Chamonix.
Donde quiera esas ondas están destrozadas ó separadas por grandes grietas de insondable profundidad, en cuyo seno surgen y se deslizan ó saltan como surtidores mil filtraciones, cascaditas y arroyuelos caprichosos, cuyas aguas purísimas van á perderse en recónditas cavidades donde se elabora un rio, el Aveiron, compuesto de innumerables é invisibles torrentes. Aquellas grietas, donde al caer ó deslizarse hay muy rara esperanza de salvacion, ofrecen los mas bellos variantes de colores, reflejos, cortes y relieves: en unas partes, blancos y fúlgidos cómo el diamante pulido, ó azules como el cielo; en otras, verdes ó cristalinos como las ondas de un lago, ó ligeramente sonrosados como los pálidos pétalos del lirio silvestre.
Aquel espectáculo tiene una majestad imponente y sublime, que humilla y hace enmudecer en el primer momento, como una de las mas solemnes manifestaciones de la pujanza, la maravillosa eternidad reproductiva y los misterios de la naturaleza, siempre viva, trabajando y progresando aun bajo las formas en que se la cree muerta ó inanimada. Pero al pasar la primera impresion de sorpresa, de respetuoso horror y admiracion material, la meditacion se abre campo: el alma, como resbalando sobre la superficie de aquel Mediterráneo de hielo, se remonta por encima de las soberbias cúpulas hasta lo infinito del cielo; aspira á cosas mas grandes que las visibles en el mundo, á sondear horizontes mas dilatados; se fortifica y ensancha con su secreta y vaga aspiracion, y comprende toda la grandeza y divinidad de este sér, en apariencia tan pequeño, que se llama el Hombre,—sér que no solo ha tenido genio y audacia para estudiar y adivinar los misterios de la Creacion, sino que, siendo materialmente un átomo al pié del Monte-Blanco, tiene el poder de alzarse por encima de ese coloso formidable hasta darle la mano á Dios, confundiéndose con él en la idea de la inmortalidad y la nocion de lo infinito….
Para convencernos una vez mas de que lo risible se halla comunmente muy cerca de lo sublime, el pequeño hotel de Montanvers, á donde volvímos poco despues, nos llamó la atencion con sus curiosidades. La sala principal contenia un verdadero museo artístico y alpestre, donde cada viajero compraba algunas graciosas fruslerías. Pero mas que todo nos interesó un libro ó registro de excursionistas, mueble infalible en todos los sitios de esa clase, como en los museos, las bibliotecas y otros establecimientos públicos y privados de las ciudades. Cada visitante es invitado á inscribir su nombre en ese registro, que viene a ser no solo un elemento curioso de estadística, sino tambien un objeto de gran valor por los millares de autógrafos que reune, cuando concurren personajes eminentes, y por las curiosas observaciones morales á que puede prestarse. Pusímonos á hojear el consabido registro y hallamos tan interesantes extravagancias que no pudimos ménos que reir á carcajadas. ¡Cómo se revelan en esos libros las vanidades humanas y las diferencias de los tipos sociales! Las firmas de rusos eran de un laconismo severo. Las inglesas, uniformes como hechas en molde, contenían á veces observaciones de una singular candidez como estas: «Chamonix is a very beautiful country!—John Belton.»—«I am very happy indeed;—William Carter.» Las de italianos abundaban en citas de versos de Dante, Ariosto y otros poetas ilustres. Las francesas aparecian no pocas veces acompañadas de breves comentarios burlándose de los anteriores firmantes; siendo notable sobre todo las dos siguientes. A continuacion de un desahogo pasablemente insípido de un viajero anónimo que lamentaba la ausencia de su adorada, un tal P. Farnel habia escrito: «Monsieur l'amoureux, vous mentez; l'amour est une bêtise ou un mensonge.» En otra página decia otro, bajo la firma de Un Parisien, estas filosóficas palabras: «Tous ceux qui mettent leurs signatures dans ce livre sont des bêtes, y compris le soussigné.»
Pero nada era tan curioso como la literatura de los excursionistas de la Union Americana, que se hacian notar por sus preocupaciones gastronómicas, su entusiasmo por el brandy (como la cosa mejor posible en Montanvers), sus lamentaciones sobre las mulas que habian cabalgado, ó algun dolor de estómago que les acongojara, y sus recuerdos consagrados á la lejana patria. Brillaba entre todos esos americanos (que se mostraban muy convencidos de su importancia) un cierto «ciudadano del Estado libre de Massachusetts,» cuya muestra literaria hubiera sido digna de figurar en una coleccion especial de barbaridades insignes.
Si la fuente del rio Aveiron es interesante por varios motivos y ha provocado serias investigaciones científicas, la nevera de Bossons, situada hácia el sur de Chamonix, y las vecinas cascadas de los Peregrinos y el Dard, nos llamaron de preferencia la atencion por sus agrestes paisajes. ¡Con cuánto gozo recorrimos el valle, siguiendo la márgen izquierda del Arve y cruzando los humildes caseríos de Praconduit, Barraz y Favrans, que demoran entre praderas lustrosas, plantaciones de lino y pequeños bosques de alisos y abedules! ¡Con cuánto gozo tambien nos internamos en las vecinas selvas, sombrías y llenas de magníficos rumores, que suben en planos inclinados hácia las montañas! Bajo de aquellas cúpulas de negra verdura, sostenidas por los altos mástiles de los abetos, los senderos cruzan un terreno sembrado de peñascos graníticos y rocas erráticas, surcado por saltadores arroyuelos cuyas armonías se confunden en la espesura del bosque con los ecos de los lejanos mugidos de las vacas, los sonoros repiques de las campanillas que llevan en el cuello las cabras, mulas, vacas, etc., el estruendo mas lejano de las cascadas y los torrentes que se despeñan de lo alto de las montañas, y los recónditos pios de algunos pajaritos saltando de rama en rama y buscando su alimento en las semillas de los abetos.
La cascada de los Peregrinos es determinada por un torrente que, descendiendo á saltos y casi perpendicularmente por entre las fracturas del cerro, recoge sus aguas en una especie de taza granítica, en el fondo de una rambla profunda, destrozada y sombría, y se lanza luego en semicírculo á una hondura de 50 metros, escondiendo su hermoso chorro entre una vegetacion enteramente agreste. Al lado de la cascada, entre ella y el grueso torrente del Dard, reside durante el verano una pobre paisana, en una humilde choza situada como un mirador sobre el alto peñascal, Su oficio es vender á los excursionistas algunos ligeros comestibles y refrescos y esa multitud de pequeñas curiosidades artísticas, vegetales y minerales que aparecen reunidas en modestos museos en todos los sitios concurridos de Saboya y Suiza.
Mas arriba se ostenta en toda su majestad la vasta nevera de Bossons, en tanto que en lo alto de las rocas y de las asperezas de un bosque desolado por los hielos brilla al lado de la nevera la cascada del Dard, dividida en dos caídas, una de 13 metros de altura y otra de 50. En el fondo de esos despeñaderos demoran los pueblecitos ó caseríos de Bossons y los Peregrinos ó Nant, tranquilos y pobres, rodeados de bosques y praderas. Mas abajo se desarrolla el valle, luciente de lozanía, rico en flores y perfumes, y salpicado de animales de cria cuyo movimiento desigual por las tortuosas márgenes del Arve completa el encanto de aquel bellísimo paisaje.
* * * * *
CAPITULO V.
LA HOYA DEL ALTO RODANO.
El camino de la «Cabeza-Negra.»—El canton de Valais.—El Valle del
Dranza y Martigny.—El Ródano.
El trayecto que média entre el valle de Chamonix y el del alto Ródano es en extremo interesante, si no bajo su aspecto social (curioso pero subalterno), bajo el punto de vista geológico y topográfico. Allí el viajero se encuentra totalmente rodeado de los magníficos cuadros de la naturaleza alpestre, de tal manera análogos, aunque multiformes, que no se percibe muy fácilmente la transicion al pasar del país monárquico de Saboya á la republicana Suiza.
Caballeros en dos robustas y pacientes mulas y guiados por un excelente muletero, hombre sencillo, inteligente, locuaz, benévolo y muy conocedor del país y de sus tradiciones,—como son casi todos los guias saboyardos,—emprendímos la marcha de Chamonix á Vevey, tomando el camino de la Cabeza-Negra. Es este el ménos elevado y grandioso, pero mas seguro que el del «Cuello-de-Balme», páramo encumbrado donde las borrascas son frecuentes, casi repentinas y temibles en todo caso. La via, que es solo de herradura, gira durante un trayecto de 9 ó 10 kilómetros por el valle del Arve, remontándolo. Poco á poco se va estrechando entre las altas montañas; algunas aldeas, como la muy graciosa de Argentière, se destacan en la planicie y van quedando atras. El lindo valle de Chamonix sigue su curso ascendente, regado por el Arve, hasta el pié de las montañas de Balme. El viajero, torciendo hácia el N. O., comienza á trepar las faldas pedregosas, áridas y tristes y los boquerones abruptos que médian, en la serranía del «Brevent» y las Agujas-Rojas, entre la hoya del Arve y la del Trient, tributarios del Ródano en sentido opuesto.
La vegetacion artificial, las rústicas praderas y los graciosos chalets ó casas de campo alpinas, han desaparecido. Todo á los ojos del viajero es salvaje y solemne. Allí se camina por el fondo de gargantas profundas, ó por encima de faldas muy arrugadas, que se van eslabonando en tortuosos giros, conduciendo al viandante de sorpresa en sorpresa. Donde quiera se alzan peñascos colosales como de una sola pieza, de oscura tinta y medroso aspecto, ora desgarrados en sus flancos por los derrumbes, ora desnudos como torres ó bastiones de fortalezas titánicas, ó cubiertos de malezas y bosques de abetos diezmados por los huracanes.
Poco despues se llega al punto culminante de esas gargantas solitarias, determinándose la opuesta direccion de los sistemas hidrográficos. La hoya del Agua-Negra, riachuelo atormentado que mas abajo reune sus aguas á las del Trient, se abre allí con toda su salvaje hermosura de paisajes, encerrada entre la serranía del Brevent, que va á terminar en Balme, y la que, arrancando en ella del nevado de las Agujas-Rojas, se dirige hácia el norte para terminar en el valle del Ródano, presentando en su curso los bellos nevados del Buet y del grupo de montañas llamado Diente ó Muela-del-Mediodía. El riachuelo del Agua-Negra (L'eau-noire) desciende atropellado y espumoso por un lecho profundo, entrecortado por grandes peñascos de granito y bancos de esquisto arcilloso negro que le dan su turbio color. Donde quiera se multiplican los mas románticos grupos de colinas, faldas arrugadas, ramblas hondísimas y cavernosas y empinados peñascos, en medio de los cuales, al estruendo de numerosas cascadas, á la sombra de bosques vírgenes de abetos y en el fondo de lindas praderas en miniatura, demoran algunas pobres aldeas en las mas pintorescas situaciones.
He ahi la Valorsina, aldea que vive arrullada por los rumores de la Agua-Negra, que recibe el tributo del Barberina, torrente que á corta distancia del camino ostenta los íris de una bellísima cascada de 100 metros de altura. En breve comienza el territorio del canton suizo de los Valles (Valais). La via remonta desfiladeros espantosos, orillando el cerro estupendo de la Gran-Gradería (Le Gros-Perron), base del pico que tiene el nombre de «Cabeza-Negra.» El camino, abierto á pico en la inmensa roca sobre el borde de abismos que amedrentan, pasando hasta por un socavon tallado laboriosamente, hace mucho honor á los Suizos, que manifiestan sumo interes por las vias de comunicacion. Al volver un recodo del desfiladero se encuentra la union de las estrechas gargantas ú hoyas del Agua-Negra y del Trient, riachuelo que desciende del extremo setentrional de los nevados que forman la cadena del Monte-Blanco.
Dos horas despues, cuando se ha salvado el cuello de Forclaz (á 1,516 metros de altura), el viajero pierde de vista esa gran cadena de nevados que queda atras, al sur; los bosques de abetos desaparecen de la via totalmente; las áridas gargantas, los peñascos, abismos y torrentes profundos se alejan; el panorama que se ofrece á los ojos del viandante es enteramente distinto del que ha contemplado con recogimiento: es risueño, apacible y grandioso al mismo tiempo.
La Saboya ha terminado, y el país suizo, lleno de encanto y majestad, desarrolla sus contrastes de ricos y complicados valles y montañas colosales y abruptas. Es el canton vallesino el que allí cautiva las miradas.
El canton de los Valles ó Valais está comprendido entre dos grandes cadenas de los Alpes: la que al sur continúa la del Monte-Blanco y, partiendo límites entre Italia y Suiza, va á bifurcarse en las alturas que médian entre Gries, Fibia, y Mutthorn, separando allí á los cantones del Tesino, los Grisones y los Valles, y la que al norte se desprende del nudo colosal de montañas llamado Diechterhorn, donde tiene sus fuentes el Ródano, y con el nombre general de «Alpes Berneses» va á terminar con una de sus ramificaciones en los contrafuertes de los Diablerets, cerca del lago Leman, entre los cantones de Valles y Vaud. La vasta hoya intermediaria de esas grandes cadenas es la del alto Ródano, que abarca en su totalidad al Canton de que me ocupo. Su territorio es de una hidrografía y orografía tan bifurcadas ó complejas, que en realidad es un conjunto de 41 valles mas ó ménos considerables, surcados por rios todos convergentes hácia el valle central del Ródano. Esa multiplicacion de contrafuertes, valles y rios casi paralelos entre sí y perpendiculares á la línea del Ródano, haciendo juego con las estupendas montañas que sirven de elemento generador del sistema orográfico, le da al canton de Valais, visto desde las alturas, el aspecto mas variado, interesante y pintoresco. Ese canton, que es el tercero de la Confederacion por su extension territorial, numera unos 90,800 habitantes y mide una longitud de 178 kilómetros, de oriente á poniente, por una latitud de 17 kilómetros, de sur á norte.
El Valais es relativamente uno de los cantones pobres de la Confederacion, y bajo un aspecto el ménos afortunado. Exclusivamente agrícola como es, carece de industria y de comercio propio; si bien su desarrollo económico va siendo ya notable, á virtud del ferrocarril que, partiendo de las orillas del lago Leman y remontando el curso del Ródano, llega ya hasta Sion (la capital del Canton) y será continuado hasta salir á la alta Italia por la via del Simplon. No muy tarde se podrá ir de Paris á Milan en ferrocarril, al traves de todas las montañas de Suiza (el Jura, los Alpes, etc.) y de las de la alta Italia. Las viñas ó la produccion de vinos, suaves en lo general, constituyen la base de la agricultura vallesina, y en segundo lugar los cereales, las legumbres y frutas, algunos granos y las modestas crias de ganado vacuno.
El canton de los Valles es, por desgracia, el país clásico del coto y el idiotismo, enfermedades horribles, sobre todo la segunda, que tienen allí los mas aflictivos caracteres. Acaso esa espantosa calamidad (porque en el mundo todo es una cadena de compensaciones) es la causa principal de las virtudes que distinguen á los Vallesinos. El sentimiento de caridad y fraternidad es allí profundo, y el espíritu de dulce y benévola hospitalidad es proverbial y comun. El triste espectáculo de los idiotas (cretins) séres que, si fuese permitida una frase grosera y que puede parecer impía, podrían ser designados con el nombre muy exacto de huevos movidos de la especie humana; ese espectáculo, digo, es profundamente doloroso para el observador filántropo. Esos séres nacidos para la inaccion, fetos hasta la hora de la muerte, en quienes todas las facultades del alma y del corazon parecen ausentes ó en eterno sueño, como si Dios les hubiese negado su inefable soplo, y en cuyas masas inertes el sol mismo parece ser impotente para producir una emocion, han provocado naturalmente una tierna solicitud muy propia para perpetuar las mas dulces inclinaciones. La necesidad de asistir y cuidar á esas criaturas sin vida, como bienaventuradas, y la humildad de carácter que el coto y el idiotismo han inspirado á los pacíficos habitantes del Valais, han alimentado allí las ideas piadosas, las costumbres benévolas, las tradiciones llenas de poesía religiosa, la sencillez en los gustos, la modestia en todas las aspiraciones, y cierta tendencia al ascetismo y la beatitud contemplativa, que dan á las poblaciones una fisonomía particular.
Donde quiera se ven en los caminos públicos, á cortas distancias, dos objetos que llaman mucho la atencion, revelando la índole de los Vallesinos: nichos de piedra establecidos á la vera del camino, conteniendo pequeños altares con Cristos y estatuas de la Vírgen ó de santos, cuajados de votos ó reliquias y guirnaldas de flores y muy venerados por los paisanos; y al lado del nicho sagrado, ó por lo ménos de una cruz, una fuente bien conservada ó una canal de abeto al aire libre, que lanza sobre algun receptáculo de piedra ó madera un hermoso chorro de agua cristalina y deliciosa. El nicho ó la cruz revela el sentimiento profundamente religioso de aquellas gentes; la fuente indica la prevision caritativa, en beneficio del viandante y sus caballerías.
Hasta hace poco tiempo las gentes de los campos alimentaban ciertas preocupaciones groseras que les eran muy nocivas. Creian, por ejemplo, que el nacimiento de un idiota en la familia era una verdadera felicidad, una muestra de la proteccion divina, puesto que el idiota alejaba del hogar muchas calamidades y nacia condenado á purgar con su miserable estupidez é inaccion los pecados de toda la familia. Así, los paisanos léjos de procurar la extirpacion de la enfermedad la sostenian. Hoy esas preocupaciones ó han desaparecido totalmente en algunos lugares, ó en otros se han debilitado tanto que en breve estarán extinguidas. El tráfico con los extranjeros y los demas habitantes de Suiza, el desarrollo dado á la enseñanza primaria y las vias de comunicacion, los esfuerzos hechos por la autoridad pública y las sociedades filantrópicas á fin de extirpar las dos enfermedades, y el despertamiento moral que se va produciendo en esas poblaciones, á virtud de las instituciones democráticas que rigen al Canton y exigen el concurso activo de todos los ciudadanos, van combatiendo con muy buen suceso aquellas calamidades. Ellas son de orígen complejo, puesto que las causas no solo existen en la exposicion de los lugares á los vientos frios de los nevados, la naturaleza de las aguas y del aire atmosférico y un vicio tradicional ó hereditario en la constitucion orgánica, sino tambien en el desaseo, la vida sedentaria y las preocupaciones.
La historia del canton de Valais (cuyo último dominador extranjero fué Napoleon) es poco interesante, aunque las luchas de sus partidos han sido bien tormentosas y sangrientas, á causa de la tenacidad de los anteriores obispos y señores feudales en mantener sus privilegios, monopolios y tiranía, excluyendo al pueblo del bienestar y del gobierno. La constitucion enteramente democrática del Canton data de 1839, y no obstante la reaccion aristocrática de 1844, pasajera, el país continúa regido por instituciones liberales y hombres amigos de la democracia. Agregaré que las lenguas que se hablan en el Canton son la francesa y alemana, bastante alteradas ó convertidas en dialectos ó patués.
* * * * *
Al descender del cuello de Forclaz hácia la llanura de Martigny, el espectáculo que se domina con la vista es tan grandioso como pintoresco. Al frente se ven las complicadas serranías de los Alpes berneses, cubiertas de abetos ó praderas en sus faldas, ó mostrando algunos flancos y picachos desnudos, y en cuyas mas altas eminencias brillan como coronas de diamante los nevados de «Diablerets, Arbelt, Strubel, etc.» En el fondo se ve el valle del Ródano, violentamente truncado en ángulo recto, y los valles convergentes del «Dranza»,—rio que desciende de la cadena suizo-italiana y desemboca en el Ródano cerca de Martigny,—y del Trient, que sale de entre su laberinto de montañas salvajes á engrosar el mismo Ródano un poco mas abajo de la confluencia del Dranza. Por último, al derredor y bajo el paso mismo del viajero, se desarrolla una vasta complicacion de faldas muy accidentadas que ofrecen tres órdenes superpuestos de vegetacion y de paisajes: arriba, en las crestas de los cerros, espesos bosques vírgenes de abetos y pinos, cuya tinta oscura tiene una severidad casi solemne; en el centro descienden, en cien planos inclinados, estrechas hondonadas, vallecitos risueños y lucientes planicies entrecortadas, bosques de avellanos silvestres, hayas y otros árboles de las alturas inferiores, é innumerables huertos y plantaciones de nogales, castaños, cerezos, perales y otros muchos árboles frutales, cultivados entre sementeras de heno, lino, papas y legumbres variadas, árboles que, ora sombrean el camino alineados en calles interminables de tupidas bóvedas, ora se muestran dispersos en mil grupos irregulares, dando á la campiña la mas pintoresca variedad en las formas y las tintas de la vegetacion.—Abajo, en fin, se extienden los viñedos tapizando vastas extensiones, tanto en las colinas y faldas mas vecinas á los valles como en estos mismos, salpicados de villas y aldeas del mas gracioso y original aspecto.
Despues de atravesar la pequeña villa (bourg) de «Martigny», de poco mas de 1,000 vecinos, situada al pié de una montaña y de las ruinas soberbias de un antiquísimo castillo feudal, la via gira enteramente por la llanura del valle del Dranza. Al cabo de veinte minutos el viajero va á reposarse en «Martigny-la ciudad» de los ardores del sol y las fatigas de una marcha de diez horas hecha á discrecion de la mazorral mula. Esa pequeña ciudad, la segunda localidad del Canton, cuenta apénas unos 1,100 vecinos. Se halla situada al pié de la serranía que separa los valles del Ródano y el Dranza y casi en la confluencia de los dos rios, en el centro de una alegre, fértil y bien cultivada llanura. No obstante la originalidad que se nota en la estructura de sus casas y los puentes vecinos, la ciudad de por sí no ofrece interes ninguno, sino como centro del movimiento agrícola del bajo Valais.
Dos horas despues tomamos un tren del ferrocarril, recientemente inaugurado entónces, que conduce á las márgenes del Leman. La campiña es notablemente variada. Dominado y estrechado el valle por los contrafuertes de las dos opuestas serranías, que bajan casi hasta tocarse en San-Mauricio por los estribos del grupo del Mediodía y el de Morcles, donde quiera se ofrece el bello contraste de los inmensos murallones alpestres, de severo aspecto y vegetacion sombría; los grandes derrumbes que surcan las faldas de los cerros; el curso atropellado del Ródano, cuyas cenicientas aguas desbordan sobre la llanura pedregosa, produciendo pequeñas ciénagas, y las alegres plantaciones de todo género en cuyo fondo se destacan numerosas aldeas, no sin gracia en su aspecto, pero desnudas de interes. La bella cascada de Pissevache, producida por el torrente ó riachuelo de Sallenche, que se despeña con estrépito entre gargantas salvajes, llama la atencion por sus formas caprichosas. Mide la caída 64 metros de elevacion, y su espectáculo es de muy agradable efecto sobre la llanura.
San-Mauricio, villa antiquísima y de aspecto enteramente feudal, con 1,250 habitantes, es la única localidad que llama la atencion en todo el trayecto de Martigny al puerto de Boveret en el lago Leman.