The Project Gutenberg eBook, Fuente Ovejuna, by Lope de Vega
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COLECCION UNIVERSAL
N.os 5 y 6
LOPE DE VEGA
Fuente Ovejuna
COMEDIA
Edición revisada por Américo Castro
Precio: Una peseta
MADRID, 1919
Talleres "Calpe", Ríos Rosas, 24.—MADRID
Como tantas otras comedias de nuestro teatro, la presente—publicada en 1619—se basa en un hecho histórico: en 1476, los vecinos de Fuente Ovejuna (Córdoba) tomaron venganza, en la persona del comendador de la Orden de Calatrava, de las vejaciones inhumanas que aquél les hacía padecer. La crónica de Rades y Andrada narra prolijamente la justicia hecha por los aldeanos y la pesquisa ordenada por los Reyes Católicos.
Culmina en este drama el espíritu rústico y primitivo, que animó los ternas populares, muy activos dentro del teatro de nuestro siglo XVII, siglo próximo a la Edad Media tanto por su pensamiento como por la forma de sentir la vida. Otras comedias de Lope poetizan la caballerosidad o la altivez aldeana (El alcalde de Zalamea, Peribáñez, El mejor alcalde, el rey, El villano en su rincón, etc.); Fuente Ovejuna, empero, tiene como héroe a toda una villa, cuya fisonomía va concretándose en una firme progresión y acaba por adquirir tremenda e indivisible personalidad.
Los aldeanos se rebelan contra una autoridad de privilegio y se someten a la monarquía nacional, que a la sazón representaba la uniformidad de la ley, un ideal más amplio, una mayor garantía de justicia para el pueblo. De esta suerte el drama es de una profunda lógica dentro de la historia: los vecinos de Fuente Ovejuna dan a su pleito la única solución jurídica y democrática entonces posible. Si sólo pensáramos que se trata de un cambio de señores y que la villa aclama a la autoridad que, con bárbara tozudez, desgarra las carnes de sus habitantes, entonces nos parecería poco motivada aquélla grandiosa conspiración.
Es curioso observar que Fuente Ovejuna fué traducida al ruso y que sus representaciones provocaron frenético entusiasmo entre las masas oprimidas por el zarismo.
Literariamente, tenemos aquí una de las más intensas producciones del teatro nacional. Lope supo conducir maravillosamente los hilos sentimentales que le ofrecía el episodio narrado en la crónica. Diversos chispazos heroicos van preparando el momento trágico en que los habitantes de la villa, sin flaquear, gimen bajo las cuerdas de la tortura. Pero esta suprema belleza, las múltiples situaciones de interés y el atractivo de los versos se manifestarán al lector sin necesidad de que el editor lo advierta.
Para imprimir esta comedia se ha tenido en cuenta el texto de la parte XII de Lope, publicada en 1619. Los paréntesis cuadrados [ ] indican que se añade algo. No se advierte, sin embargo, la modificación de algunos pequeños errores del texto, de todo punto evidentes.
De esta comedia existe un manuscrito en la biblioteca de Parma, copia del texto de 1619, y otro no autógrafo, en poder de lord Ilchester (Londres), que no hemos podido consultar. Por consiguiente, carecemos de recursos para enmendar ciertos pasajes defectuosos de la obra, que quizá sólo se aclararían si se conservara el autógrafo. Cuando éstos existen se notan siempre grandes diferencias entre el autógrafo y el impreso de la época; Fuente Ovejuna, pues, contiene también yerros, que no siempre podremos enmendar. El lector excusará este pequeño alarde de erudición; pero como las ediciones llamadas monumentales están hechas, en realidad, con una gran negligencia, no hemos podido limitarnos en este caso a reproducir, sin más, una edición anterior.
No hemos puesto más indicaciones escénicas que las que figuran en el original. En el siglo XVII apenas se usaban las decoraciones, y los cambios y movimientos escénicos se deducían de las palabras de los actores. Ahora el lector tendrá que deducirlos del contexto. Lo creemos preferible a alterar el carácter original de la obra con adiciones personales.
COMEDIA FAMOSA
DE
FUENTE OVEJUNA
Hablan en ella las personas siguientes:
Fernán Gómez [comendador].
Ortuño.
Flores.
El Maestre de Calatrava.
Pascuala.
Laurencia.
Mengo.
Barrildo.
Frondoso.
Juan Rojo.
Esteban, Alonso, alcaldes.
Rey don Fernando.
Reina doña Isabel.
Un Regidor.
Cimbranos, soldado.
Jacinta, labradora.
Un Muchacho.
Algunos LABRADORES.
Un Juez.
La Música.
[Don Manrique].
[Leonelo].
ACTO PRIMERO
(Salen el Comendador, Flores y Ortuño, criados.)
COMENDADOR
¿Sabe el maestre que estoy
en la villa?
FLORES
en la villa?Ya lo sabe.
ORTUÑO
Está, con la edad, más grave.
COMENDADOR
Y ¿sabe también que soy
Fernán Gómez de Guzmán?
FLORES
Es muchacho, no te asombre.
COMENDADOR
Cuando no sepa mi nombre,
¿no le sabrá el que me dan
de comendador mayor?
No falta quien le aconseje
que de ser cortés se aleje.
COMENDADOR
Conquistará poco amor.
Es llave la cortesía
para abrir la voluntad;
y para la enemistad
la necia descortesía.
ORTUÑO
Si supiese un descortés
cómo lo aborrecen todos
—y querrían de mil modos
poner la boca a sus pies—,
antes que serlo ninguno,
se dejaría morir.
FLORES
¡Qué cansado es de sufrir!
¡Qué áspero y qué importuno!
Llaman la descortesía
necedad en los iguales,
porque es entre desiguales
linaje de tiranía.
Aquí no te toca nada:
que un muchacho aun no ha llegado
a saber qué es ser amado.
La obligación de la espada
que se ciñó, el mismo día
que la cruz de Calatrava
le cubrió el pecho, bastaba
para aprender cortesía.
FLORES
Si te han puesto mal con él,
presto le conocerás.
ORTUÑO
Vuélvete, si en duda estás.
COMENDADOR
Quiero ver lo que hay en él.
(Sale el Maestre de Calatrava y acompañamiento.)
MAESTRE
Perdonad, por vida mía,
Fernán Gómez de Guzmán;
que agora nueva me dan
que en la villa estáis.
COMENDADOR
que en la villa estáis. Tenía
muy justa queja de vos;
me daban más confianza,
por ser, cual somos los dos,
vos maestre en Calatrava,
yo vuestro comendador
y muy vuestro servidor.
MAESTRE
Seguro [1], Fernando, estaba
de vuestra buena venida.
Quiero volveros a dar
los brazos.
COMENDADOR
los brazos. Debéisme honrar;
que he puesto por vos la vida
entre diferencias tantas,
hasta suplir vuestra edad
el pontífice.
MAESTRE
el pontífice. Es verdad,
Y por las señales santas
que a los dos cruzan el pecho,
que os lo pago en estimaros,
y como a mi padre honraros.
COMENDADOR
De vos estoy satisfecho.
¿Qué hay de guerra por allá?
COMENDADOR
Estad atento, y sabréis,
la obligación que tenéis.
MAESTRE
Decid que ya lo estoy, ya.
COMENDADOR
Gran maestre don Rodrigo
Téllez Girón, que a tan alto
lugar os trajo el valor
de aquel vuestro padre claro,
que, de ocho años, en vos
renunció su maestrazgo,
que después por más seguro
juraron y confirmaron
reyes y comendadores,
dando el pontífice santo
Pío segundo sus bulas,
y después las suyas Paulo
para que don Juan Pacheco,
gran maestre de Santiago,
fuese vuestro coadjutor:
ya que es muerto, y que os han dado
el gobierno sólo a vos,
aunque de tan pocos años,
advertid que es honra vuestra
la parte de vuestros deudos;
porque muerto Enrique cuarto,
quieren que al rey don Alonso
de Portugal, que ha heredado,
por su mujer, a Castilla,
obedezcan sus vasallos;
que aunque pretende [2] lo mismo,
por Isabel, don Fernando,
gran príncipe de Aragón,
no con derecho tan claro
a vuestros deudos; que, en fin,
no presumen que hay engaño
en la sucesión de Juana [3],
a quien vuestro primo hermano
tiene agora en su poder.
Y así vengo a aconsejaros
que juntéis los caballeros
de Calatrava en Almagro,
y a Ciudad Real toméis,
que divide como paso
a Andalucía y Castilla,
para mirarlas a entrambas [4].
Poca gente es menester,
porque tienen por soldados
solamente sus vecinos
y algunos pocos hidalgos,
que defienden a Isabel
y llaman rey a Fernando.
Será bien que deis asombro,
Rodrigo, aunque niño, a cuantos
dicen que es grande esa cruz
para vuestros hombros flacos.
Mirad los condes de Urueña,
de quien venís, que mostrando
os están desde la fama
los laureles que ganaron;
los marqueses de Villena,
y otros capitanes, tantos,
que las alas de la fama
apenas pueden llevarlos.
Sacad esa blanca espada,
que habéis de hacer, peleando,
tan roja como la cruz;
porque no podré llamaros
maestre de la cruz roja
que tenéis al pecho, en tanto
que tenéis la blanca espada;
que una al pecho y otra al lado,
entrambas han de ser rojas;
y vos, Girón soberano,
capa del templo inmortal
de vuestros claros pasados.
MAESTRE
Fernán Gómez, estad cierto
que en esta parcialidad,
porque veo que es verdad,
con mis deudos me concierto.
a Ciudad Real mi intento,
veréis que como violento
rayo sus muros abraso.
No porque es muerto mi tío,
piensen de mis pocos años
los propios y los extraños
que murió con él mi brío.
Sacaré la blanca espada,
para que quede su luz
de la color de la cruz,
de roja sangre bañada.
Vos, ¿adónde residís?
¿Tenéis algunos soldados?
COMENDADOR
Poco, pero mis criados;
que si dellos os servís,
pelearán como leones.
Ya veis que en Fuente Ovejuna
hay gente humilde, y alguna
no enseñada en escuadrones,
sino en campos y labranzas.
MAESTRE
¿Allí residís?
COMENDADOR
¿Allí residís? Allí
de mi encomienda escogí
casa entre aquestas mudanzas.
que no quedará vasallo.
MAESTRE
Hoy me veréis a caballo,
poner la lanza en el ristre.
(Vanse, y salen Pascuala y Laurencia. )
LAURENCIA
¡Mas que nunca acá volviera!
PASCUALA
Pues a la he que pensé
que cuando te lo conté,
más pesadumbre te diera.
LAURENCIA
¡Plega al cielo que jamás
le vea en Fuente Ovejuna!
PASCUALA
Yo, Laurencia, he visto alguna
tan brava, y pienso que más;
y tenía el corazón
brando como una manteca.
LAURENCIA
Pues ¿hay encina tan seca
como esta mi condición?
Anda ya; que nadie diga:
de esta agua no beberé.
LAURENCIA
¡Voto al sol que lo diré,
aunque el mundo me desdiga!
¿A qué efeto fuera bueno
querer a Fernando yo?
¿Casarme con él?
PASCUALA
¿Casarme con él? No.
LAURENCIA
Luego la infamia condeno.
¡Cuántas mozas en la villa,
del comendador fiadas,
andan ya descalabradas!
PASCUALA
Tendré yo por maravilla
que te escapes de su mano.
LAURENCIA
Pues en vano es lo que ves,
porque ha que me sigue un mes,
y todo, Pascuala, en vano.
Aquel Flores, su alcahuete,
me mostraron un jubón,
una sarta y un copete.
Dijéronme tantas cosas
de Fernando, su señor,
que me pusieron temor;
mas no serán poderosas
para contrastar mi pecho.
PASCUALA
¿Dónde te hablaron?
LAURENCIA
¿Dónde te hablaron? Allá
en el arroyo, y habrá
seis días.
PASCUALA
seis días Y yo sospecho
que te han de engañar, Laurencia.
LAURENCIA
¿A mí?
PASCUALA