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LOS LUSÍADAS


Burger, del.Bickel, Neumann, sc.

Luis de Camoens

LUIS DE CAMOENS


LOS LUSÍADAS

POEMA ÉPICO EN DIEZ CANTOS

TRADUCIDO EN VERSO CASTELLANO DEL PORTUGUÉS

POR

LUIS GÓMEZ DE TAPIA


NUEVA EDICIÓN ILUSTRADA


BARCELONA

——

MONTANER Y SIMÓN, EDITORES

CALLE DE ARAGÓN, NÚM. 255

1913

ES PROPIEDAD

LOS LUSÍADAS


PREFACIO

Para esta edición se ha elegido la notable traducción que del inmortal poema de Camoens hizo en verso, en el año de 1580, el maestro Luis Gómez de Tapia, esmeradamente corregida ahora.

Luis de Camoens nació en 1524, del oficial de marina Simón Vas de Camoens y doña Ana de Sa y Macedo, dama de ilustre prosapia. Recibió una esmerada educación, y, terminados sus estudios en la Universidad de Coimbra, volvió a Lisboa cuando contaba unos veinte años, y contrajo valiosas amistades.

Desterrado a Ribatejo por los años de 1545 a 1550, a causa de su ardiente pasión por Catalina de Ataide, hermana de don Antonio, favorito de Juan III, pasó luego al África con las tropas portuguesas, corrió serios peligros y perdió el ojo derecho en un encuentro con los moros.

Vuelto a Lisboa en 1552, y combatida su alma por graves sinsabores, partió el año siguiente para las Indias orientales, con el humilde título de escudeiro de la flota de Fernando Álvarez Cabral.

Dió pruebas de gran bravura en varias expediciones y combates. El gobernador Barreto, sintiéndose herido por una sátira de Camoens, que desde su juventud cultivaba la poesía, lo desterró a las factorías de Macao, recientemente fundadas en las costas de China.

Los tres años que duró su destierro en este país parecen haber sido los más fecundos de su vida. Allí dió las últimas pinceladas a su obra capital, empezada, como se supone, en 1547.

De regreso en Lisboa en 1570, después de dieciséis años de ausencia, preparó la publicación de su gran poema que vió la luz en 1572, siendo tal su popularidad, que hubo que reimprimirlo dos veces más en el mismo año.

Sin embargo, la tradición supone al poeta sumido en tal miseria, que sólo a la caridad de uno que había sido su esclavo debió el necesario alimento en los últimos años de su vida, y uno de sus contemporáneos afirma que no tenía en el lecho de muerte una mala manta que le defendiera del frío.

Su entierro se verificó en la iglesia de Santa Ana (1579), y sólo al cabo de dieciséis años se puso un epitafio en su tumba.

En Los Lusíadas, Camoens cantó la historia entera de Portugal, uniéndola por medio de narraciones intercaladas en la acción del poema a los viajes y descubrimientos hechos por los portugueses, los lusitanos, bajo la dirección del gran Vasco de Gama en el año de 1497 doblando el cabo de Buena Esperanza.

Se componen de diez cantos.

Júpiter reúne en asamblea a los dioses del Olimpo y les recuerda las expediciones de los antiguos lusitanos, la reciente gloria de los portugueses en sus empeños contra los moros, les señala los bajeles de Vasco de Gama bordeando las costas de África, y muéstrase favorable a tan valeroso navegante.

Los dioses se dividen, y mientras Baco, temeroso de ver eclipsado su gran poderío en la India, se declara contra ellos, Venus y Marte los protegen y envían como mensajero a Mercurio para dirigir su navegación.

Seguimos luego a Vasco y sus compañeros en sus descubrimientos por las costas africanas.

Tras diversos incidentes llegan a Melinde, cuyo rey les ofrece generosa hospitalidad, y el poeta aprovecha esta ocasión para hacer contar a Gama los detalles de su expedición y al mismo tiempo toda la historia de su patria.

Vuelven los navegantes a sus expediciones, escapando de mil tremendos peligros, gracias a la protección de Júpiter y Venus.

Llegan a Calicut, cuyo rey recibe a Gama con gran pompa. Los malabares, temerosos de que los que llegan como comerciantes se rijan como dominadores, logran que en el consejo del Emperador predomine la idea de acabar con los portugueses.

El valor y la previsión de Gama dominan todos los obstáculos, saliendo por fin victoriosa la escuadra hacia Portugal, llevando pruebas palpables del feliz resultado de la expedición.

Termina el poema con un episodio de belleza incomparable, y que es una de las más deliciosas ficciones que ha producido jamás el ingenio humano. Venus, enajenada de júbilo por el triunfo de los navegantes, les hace disfrutar, aun antes de llegar a su patria, las bienandanzas de la gloria, en una isla flotante y divina, hermoseada con todos los encantos de la primavera y poblada de ninfas que les sirven en maravillosos banquetes el néctar y la ambrosía hasta entonces reservados a los dioses.

Numerosos grabados, copia fidelísima de interesantes estampas de Guivard, Kostka, Begues y otros grandes artistas, existentes en la Biblioteca Nacional de París, avaloran y embellecen la presente edición de una de las creaciones más admirables del humano ingenio.

Los Lusíadas de Camoens son el más fuerte, el más patriótico, el más veraz y de menos artificio de todos los poemas épicos de la Edad Moderna.

Los Editores

CANTO PRIMERO

Las armas y varones señalados

que de la playa occidua lusitana

pasaron por caminos nunca usados

el no surcado mar de Taprobana,

en peligros y guerras levantados

sobre el valor de toda fuerza humana,

que entre gente remota edificaron

reino, con que su nombre eternizaron:

Las memorias de príncipes, gloriosas,

que la Fe santa y su poder mostrando,

fueron con sus empresas milagrosas

las tierras de Asia y Libia conquistando:

aquellos que con obras hazañosas

de la muerte se fueron libertando,

mi verso cantará por cualquier parte,

si a tanto me ayudare ingenio y arte.

Cesen del sabio griego y del troyano

las prolijas derrotas que siguieron;

cállese de Alejandro y de Trajano

la fama de victorias que tuvieron:

pues canto el pecho ilustre lusitano

a quien Neptuno y Marte obedecieron;

cese lo que la Musa antigua canta,

que otro valor más alto se levanta.

Vosotras, mis Tagides, que criado

habéis en mí un ingenio nuevo ardiente:

si siempre en verso humilde celebrado

fué de mí vuestro río alegremente,

dadme un son apolíneo sublimado,

un estilo grandílocuo y corriente:

así las nuestras aguas Febo ordene

no envidien las que corren de Hipocrene.

Dadme una fuerza grande sonorosa,

no de silvestre avena, o flauta ruda,

mas de terrible trompa belicosa

que el pecho inflama y la color demuda:

dadme alabanza igual a la famosa

gente, que el Marte tiene por su ayuda;

que resuene por todo el universo,

si tan sublime precio cabe en verso.

Y vos, oh bien nacida confianza

de la libertad santa lusitana,

y no menos certísima esperanza

del aumento de ley y fe cristiana,

nuevo temor de la turquesca lanza,

maravilla fatal de edad temprana,

a quien el mundo todo Dios reparte,

porque del mundo a Dios le dé gran parte:

Vos, tierno y nuevo ramo floreciente

de la árbol que de Cristo es más amada

de cuantas han nacido al Occidente,

Cesárea o Cristianísima llamada,

miradlo en vuestro escudo, que presente

os muestra la victoria ya pasada

en que por armas, como a regalado,

os dió las que en la Cruz él ha tomado.

Vos, poderoso Rey cuyo alto imperio,

luego que nace el sol, lo ve primero,

y del medio lo ve de su hemisferio,

y al trasmontar lo deja por postrero:

vos que seréis el yugo y vituperio

del ismaelita torpe caballero,

del enemigo turco y bruta gente

que aun bebe del río sacro la corriente:

Inclinad por un poco la realeza

que en vuestro tierno rostro yo contemplo,

indicio claro de la suma alteza

que tendréis cuando vais al sacro templo:

Los ojos abajad de la grandeza

de vuestro ser: veréis un claro ejemplo

de amor, de patrios hechos valerosos,

en versos celebrado numerosos.

Veréis amor de patria, no movido

por premio vil, mas alto y casi eterno,

pues que no es premio vil ser conocido

por pregón de su nido, aunque paterno.

Oid; veréis el nombre engrandecido

de aquellos de quien es vuestro el gobierno,

y juzgaréis cuál es más excelente,

el ser señor del mundo, o de esta gente.

Atended y veréis, no con hazañas

fantásticas, fingidas, mentirosas,

los vuestros alabar, ni con extrañas

musas, de engrandecerse deseosas.

Las verdaderas vuestras son tamañas

que vencen las soñadas fabulosas

de Orlando, de Rugero y Bradamante,

aunque cante verdad quien de ellos cante.

Por éstos a don Nuño os daré, el fiero,

que hizo al Rey y Reino tal servicio;

un Fuas y un Egas, para quien de Homero

la sonorosa cítara codicio:

pues por los doce Pares daros quiero

los doce de Inglaterra con Magricio,

el valeroso, sabio, ilustre Gama,

que para sí tomó de Eneas la fama.

Y si a trueco de Carlo, o la pujanza

del gran César, queréis igual memoria,

ved al primer Alfonso, cuya lanza

obscurece cualquiera extraña gloria:

y aquel que dió a su reino gran bonanza

con la famosa y próspera victoria,

o al otro Juan, invicto caballero,

el quinto, el cuarto Alfonsos, o el tercero.

No dejarán mis versos olvidados

aquellos que en los reinos de la Aurora

se hicieron por armas señalados

con la bandera vuestra vencedora;

un Pacheco feroz, y los amados

Almeidas, por quien siempre el Tajo llora;

Alburquerque terrible; Castro fuerte

y otros a quien rendir no osó la muerte.

Veréis amor de patria, no movido

por premio vil, más alto y casi eterno,

pues que no es premio vil ser conocido

por pregón de su nido, aunque paterno.

[Canto I, Estr. 10].

Y en cuanto de éstos canto (pues no puedo

cantar de vos, pues no me atrevo a tanto),

los vuestros gobernad con tal denuedo

que deis al reino paz, materia al canto:

sientan vuestro valor y tengan miedo

(que por el mundo todo cause espanto)

de ejércitos y hechos singulares

tierras en Libia y en Oriente mares.

En vos los ojos tiene el Moro frío

por ver ya su remate figurado;

con veros pierde el Bárbaro su brío;

y rinde al yugo el cuello no domado:

Tetis todo el cerúleo señorío

para vos tiene en dote reservado,

que, presa de ese rostro bello y tierno,

desea ya compraros para yerno.

En vos de la seráfica morada

de vuestros dos abuelos las famosas

almas se ven; la una a la paz dada,

la otra a las batallas sanguinosas:

esperan que por vos sea renovada

su memoria con obras valerosas

y os guardan para el fin de vuestros días

asiento en las eternas jerarquías.

Mas en cuanto va el tiempo vagaroso

gobernad vuestros pueblos que os desean,

dad favor a mi pecho temeroso

para que estos mis versos vuestros sean,

y ved cuál van cortando el mar furioso

los vuestros Argonautas; porque vean

que vos los veis, y ya en el mar airado

acostumbraos, señor, ser invocado.

Ya el Océano largo navegaban,

las inquïetas ondas apartando;

los vientos blandamente respiraban

las altas velas de las naos hinchando;

de blanca espuma llenos se mostraban

los mares, do las proas van cortando

las marítimas aguas consagradas

que del próteo ganado son holladas.

Cuando los dioses en el cielo hermoso

de quien pende el gobierno de la gente,

se ayuntan en concilio glorïoso

sobre el caso futuro del Oriente,

pisando el firmamento luminoso

vienen por la vía láctea juntamente,

convocados de parte del Tonante

por el nieto gentil del viejo Atlante.

Y de los cielos siete el regimiento

dejaban del poder más alto dado

(alto poder que con el pensamiento

gobierna cielo, tierra y mar airado):

allí se ayuntan todos al momento

los que el Arturo habitan congelado,

y los que el Austro tiene, y partes donde

nace la Aurora, el claro Sol se esconde.

Con claro resplandor cual de oro fino

el que los rayos vibra de Vulcano

en su asiento se pone cristalino

con un severo rostro soberano:

del cual respira un aire tan divino

que en divino volviera un cuerpo humano

con su corona y cetro rutilante

de piedra muy más clara que diamante.

En lucidos asientos claveteados

de perlas y oro más abajo estaban

los otros dioses todos asentados

cual orden y razón los concertaban:

preceden los antiguos más honrados,

abajo los menores se asentaban,

cuando el Júpiter alto así diciendo

con un tono comienza grave, horrendo:

«Eternos moradores del luciente

estelífero Polo y claro asiento:

si del valor supremo de esta gente

del Luso no perdéis el pensamiento,

ya sabéis, y sabréis más juntamente,

que ha sido de los hados cierto intento

que por ella se olviden los humanos

de asirios, persas, griegos y romanos.

»Ya le fué, bien lo visteis, concedido,

con pequeño poder, al Sarraceno

que en sus tierras estaba guarnecido

ganarle cuanto riega el Tajo ameno,

pues contra el Castellano tan temido

el cielo se les dió blando y sereno,

así que siempre tuvo en fama y gloria

pendientes los trofeos de victoria.

»Dejo la fama antigua y nombre claro

que con gente de Rómulo alcanzaron

cuando con Viriato invicto y raro

en la romana guerra se afamaron,

a que os obliga el hecho tan preclaro,

pues que por su caudillo levantaron

al de la cierva blanca peregrino,

que Oráculo la hizo ser divino.

»Ahora lo veis bien, que, cometiendo

el peligroso mar en un madero,

por caminos no vistos van sufriendo

del Áfrico y del Noto el soplo fiero,

que no los sufre el pecho conociendo

haber tierras debajo otro hemisfero

sin inclinar su ánimo y porfía

a ver las partes donde nace el día.

»Prometido le está del hado eterno,

cuya alta ley no puede ser quebrada,

que tengan largos tiempos el gobierno

del mar que ve del Sol la roja entrada:

sobre aguas han pasado el duro invierno,

la gente está perdida y trabajada,

ya parece bien hecho que le sea

descubierta la tierra que desea.

»Y porque en largo mar tienen pasados

mil trances, de que sois todos testigos;

tienen climas y cielos mil probados,

mil vientos adversarios enemigos,

determino que sean hospedados

en la costa africana como amigos,

que, rehecha su tan desecha flota,

proseguirá con vientos su derrota.»

Tales palabras Júpiter decía,

y los dioses por orden respondiendo,

un parecer del otro difería,

varias razones dando y recibiendo.

El Tioneo en nada consentía

de lo que era propuesto, conociendo

que olvidará sus hechos el Oriente

si allá deja pasar la Lusa gente.