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[Notas]

Teatro selecto de Calderón de la Barca (tomo 4 de 4)



TEATRO SELECTO
DE
CALDERÓN DE LA BARCA.


BIBLIOTECA CLÁSICA.

Doce reales cada tomo en toda España.


OBRAS PUBLICADAS.

Tomos.
HOMERO.—La Ilíada, traduccion directa del griego en verso y con notas de D. José Gomez Hermosilla.3
CERVANTES.—Novelas ejemplares y viaje del Parnaso.2
HERODOTO.—Los nueve libros de la historia, traduccion directa del griego, del padre Bartolomé Pou.2
ALCALÁ GALIANO.—Recuerdos de un anciano.1
VIRGILIO.—La Eneida, traduccion directa del latin, en verso y con notas de D. Miguel Antonio Caro.2
Las églogas, traduccion en verso, de Hidalgo.—Las geórgicas, traduccion en verso, de Caro; ambas traducciones directas del latin, con un estudio del Sr. Menéndez Pelayo.1
MACAULAY.
Estudios literarios.1
Estudios históricos.1
Estudios políticos.1
Estudios biográficos.1
Estudios críticos.1
Traduccion directa del inglés de M. Juderías Bender.
QUINTANA.—Vidas de españoles célebres.2
CICERÓN.—Tratados didácticos de la elocuencia, traduccion directa del latin de D. Marcelino Menéndez Pelayo.2
SALUSTIO.—Conjuracion de Catilina.Guerra de Jugurta, traduccion del infante D. Gabriel.—Fragmentos de la grande historia, traduccion del Sr. Menéndez Pelayo, ambas directas del latin.1
TÁCITO.—Los anales, traduccion directa del latin de don Cárlos Coloma.2
PLUTARCO.—Las vidas paralelas, traduccion directa del griego por D. Antonio Ranz Romanillos.5
ARISTÓFANES.—Teatro completo, traduccion directa del griego por D. Federico Baráibar.2
POETAS BUCÓLICOS GRIEGOS.—(Teócrito, Bion y Mosco.) Traduccion directa del griego, en verso, por el Ilmo. Sr. D. Ignacio Montes de Oca, Obispo de Linares (Méjico).1
MANZONI.—Los Novios, traduccion de D. Juan Nicasio Gallego.1
ESQUILO.—Teatro completo, traduccion directa del griego, con notas, por D. Fernando Brieva Salvatierra.1
QUEVEDO.—Obras satíricas y festivas.1
DUQUE DE RIVAS.—Sublevacion de Nápoles.1

MADRID.—IMP. CENTRAL Á CARGO DE VÍCTOR SAIZ, COLEGIATA, 6.


BIBLIOTECA CLÁSICA

TOMO XXXIX


TEATRO SELECTO
DE
CALDERÓN DE LA BARCA

PRECEDIDO DE UN ESTUDIO CRÍTICO

DE

D. MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO


TOMO IV
OBRAS VARIAS

COMEDIAS.

NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO.
GUÁRDATE DEL AGUA MANSA.

ZARZUELAS.

EL LAUREL DE APOLO.—LA PÚRPURA DE LA ROSA.

AUTOS SACRAMENTALES.

LA CENA DE BALTASAR.—LA VIDA ES SUEÑO.
Á DIOS POR RAZON DE ESTADO.

MADRID

LUIS NAVARRO, EDITOR

COLEGIATA, NÚM. 6

1881


COMEDIAS.



NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO.


PERSONAS.


Don Cárlos, galan.

Don Juan Roca, galan.

Don Diego Centellas, galan.

Don Pedro de Lara, viejo.

Fabio, criado.

Ginés, criado.

Leonor, dama.

Doña Beatriz, dama.

Inés, criada.

Gente.

La escena es en Valencia.


JORNADA PRIMERA.


Sala de una posada.

ESCENA PRIMERA.

DON CÁRLOS y FABIO, vestidos de camino; despues, LEONOR.

D. Cárl.

¿Diste el papel?

Fabio.

Sí, señor,

Y con notable alegría

Dijo que al punto vendria

A esta posada.

D. Cárl.

Y Leonor

¿Habráse ya levantado?

Fabio.

Aun no ha abierto su aposento.

D. Cárl.

Pues llama á él, porque intento

Darla parte del cuidado

Con que asegurar me atrevo

Su vida y su honor aquí

Por lo que me debo á mí,

No por lo que á ella la debo.

Llámala pues, que ya es hora

De que despierte. (Sale Leonor.)

Leonor.

Eso fuera

Si yo, Don Cárlos, durmiera;

Pero quien padece y llora

Desdenes de una fortuna

Tan cruel, tan inclemente,

Tan á todas horas siente,

Que no descansa en ninguna.

¿Qué me quieres?

D. Cárl.

Informarte

De cómo en tan triste suerte

Trata mi amor defenderte,

Ya que no es posible amarte.

Sabrás...

Leonor.

No prosigas, no,

Pues sea justo ó no sea justo,

Basta saber que es tu gusto,

Para obedecerle yo.

Que aunque en pena semejante

Atento te considero

A la ley de caballero

Primero que á la de amante;

En mí no hay más eleccion,

Más gusto, más albedrío,

Que el tuyo: siendo este el mio,

¿Para qué es la relacion?

D. Cárl.

¡Oh qué bien esa humildad,

Hermosa Leonor, viniera,

Si de voluntad naciera,

Y no de necesidad!

Leonor.

A quien ya le ha persuadido

La apariencia de un engaño,

Tarde ó nunca el desengaño

Pondrá su queja en olvido:

Y más cuando él de su parte

Tan poco hace por creer

Qué pudo ó no pudo ser.

D. Cárl.

No trates de disculparte;

Que no has de poder, Leonor.

Leonor.

Haz una cosa por mí,

Por ser la última que aquí

Ha de deberte mi amor.

D. Cárl.

Sí haré: sal dese cuidado.

Díme, pues, lo que deseas.

Leonor.

Escúchame, y no me creas

Despues de haberme escuchado.

D. Cárl.

Con aquesa condicion,

Sí haré. Prosigue, pues: dí,

¿Qué es lo que quieres de mí?

Leonor.

Solamente tu atencion.

D. Cárl.

Aguarda.—Fabio.

Fabio.

Señor.

D. Cárl.

Si viniere el caballero

Que llamaste, entra primero,

Porque se esconda Leonor.—(Vase Fabio.)

Prosigue ahora.

ESCENA II.

LEONOR, DON CÁRLOS.

Leonor.

Ya sabes,

Cárlos mio... Mal empiezo,

Pues yendo á decir verdades,

Hube de empezar mintiendo.

Descuido fué.—¡Ay Dios! ¡Cuál debe

De andar mi amor acá dentro,

Pues de cuanto arroja fuera,

Hasta el descuido es requiebro!

Ya sabes, digo otra vez,

La ilustre sangre que tengo,

Por la estimacion que has visto

En mis padres y en mis deudos.

Tambien sabes que por mí,

Cárlos, no la desmerezco,

Aunque quieran mis desdichas

Deslucir mis pensamientos.

¡Oh cuánto en esta materia

Cobarde estoy, conociendo

Que contra mí hasta la misma

Verdad sospechosa tengo!

Pues quien me viere venir

Peregrinando á otro reino

En poder de un hombre mozo,

Y deste con tal despego

Tratada, que las finezas

Que á su ilustre sangre debo

Aun no las debo yo, pues

El se las debe á sí mesmo,

¿Como crêrá que sin culpa

Tantas desdichas padezco,

Cuando al primero que obligo

Es el primero que ofendo?

Pero ¿qué importa, qué importa

Que en lo aparente y supuesto

Se conjuren contra mí

Estrella, fortuna y tiempo,

Si en la verdad han de hallarse

Todos de mi parte, haciendo

Lo que el sol con el eclipse,

Que aunque borre sus reflejos,

Aunque perturbe sus rayos,

No por eso, no por eso

Deja, á pesar de las sombras,

De salir despues, venciendo

La vaga interposicion

Que ya le juzgaba muerto?

Yo al fin, contra cuantas nieblas

Mi esplendor deslucen, pienso

Coronarme victoriosa:

Y hasta llegar este efecto,

Hoy, á pesar de sus iras,

A atar el discurso vuelvo.

En la corte, patria mia

(¡Oh pluguiera al mismo cielo

Hubiera sido al nacer

Mi cuna y mi monumento!),

Cárlos, me viste una tarde,

Que á San Isidro saliendo

Con unas amigas mias,

Por amistad ó por deudo

Llegaste á hablarlas; y dando

Licencias el campo, atento...

—A mi hermosura dijera,

Si pensara que la tengo...—

De galan y de entendido

Juntaste los dos extremos,

Haciendo la cortesía

Capa del atrevimiento.

Continuaste desde entónces

En mi calle los paseos,

En mi reja los suspiros,

De dia y de noche siendo

La estatua de mis umbrales,

Y la sombra de mi cuerpo.

Solicitaste criadas

Y amigas, que son los medios

Comunes de amor, á quien

Debiste que tus afectos

Oyese para escucharlos,

Si no para agradecerlos.

Cuántos dias te costó

De finezas y desvelos

Que leyese un papel tuyo,

Tú lo sabes; y así, quiero,

Dejando empeños menores,

Ir á mayores empeños.

Enterada yo de que

Fuesen, Cárlos, tus intentos

Tan lícitos, que aspiraban

Sólo al fin de casamiento,

Admití ménos cruel

Que debiera, tus deseos;

Pero con aquel seguro,

Bastante disculpa tengo

En lo ilustre de tu sangre,

Lo honrado de tus respetos,

Lo galan de tu persona,

Y lo sutil de tu ingenio.

Ya nuestra correspondencia

Entablada, en el silencio

De la noche, porque á él sólo

Se fiaba el amor nuestro,

Nos hablábamos por una

Reja de mi cuarto; y viendo

Que no dejaba de ser

Escándalo á los que necios

De sus cuidados se olvidan

Por cuidar de los ajenos,

Tratamos que desde entónces

Entrases al aposento

De un criado, donde yo

Hablarte podia, sin miedo

Desta vil curiosidad

Que tantos daños ha hecho,

Pues los peligros de afuera

Enmienda con los de adentro.

Una noche que viniste

Más tarde que otras (no quiero

Hablar, que no es ocasion,

En si otro divertimiento

Más gustoso te detuvo,

Pues al fin yo le agradezco

La novedad de venir

Al daño y no venir presto),

Entraste en mi casa; y cuando

Quejoso mi sentimiento,

Desconfiada mi fe,

Te esperaba con aquellos

Dulces desaires de amor

Que entre confianza y miedo

Hacen el cariño más

Porque le descubren ménos;

Apénas una palabra

Pude hablarte, cuando siento

Dentro de mi cuarto ruido,

Y á saber quién era vuelvo.

Tú, pensando que sería

Desden estudiado á efecto

De castigar tu tardanza,

Me seguiste, cuando (¡ay cielos!)

Ví (máteme mi memoria)

Que (¡con qué dolor me acuerdo!)

Un (¡con qué pena lo digo!)

Hombre (ahógame mi aliento)

Embozado (¡qué desdicha!)