Luces de Bohemia
Nota de transcripción
- Los errores de imprenta han sido corregidos.
- La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
- Las páginas en blanco han sido eliminadas.
- Algunas rayas intrapárrafos han sido eliminadas, siguiendo el modelo de las ediciones más modernas. También se han eliminado algunas comas que separan al verbo de su sujeto.
- Se ha compilado y añadido un [Índice] al final del libro pese a que el original impreso no lo incluye.
LUCES DE BOHEMIA
OPERA OMNIA
LUCES
DE
BOHEMIA
ESPERPENTO
VOL XIX
DRAMATIS PERSONÆ
- MAX ESTRELLA, SU MUJER MADAME COLLET, Y SU HIJA CLAUDINITA
- DON LATINO DE HISPALIS
- ZARATUSTRA
- DON GAY
- UN PELÓN
- LA CHICA DE LA PORTERA
- PICA LAGARTOS
- UN COIME DE TABERNA
- ENRIQUETA LA PISA BIEN
- EL REY DE PORTUGAL
- UN BORRACHO
- DORIO DE GÁDEX, RAFAEL DE LOS VÉLEZ, LUCIO VERO, MÍNGUEZ, GÁLVEZ, CLARINITO Y PÉREZ, JÓVENES MODERNISTAS
- PITITO, CAPITÁN DE LOS ÉQUITES MUNICIPALES
- UN SERENO
- LA VOZ DE UN VECINO
- DOS GUARDIAS DEL ORDEN
- SERAFÍN EL BONITO
- UN CELADOR
- UN PRESO
- EL PORTERO DE UNA REDACCIÓN
- DON FILIBERTO, REDACTOR EN JEFE
- EL MINISTRO DE LA GOBERNACIÓN
- DIEGUITO, SECRETARIO DE SU EXCELENCIA
- UN UJIER
- UNA VIEJA PINTADA Y LA LUNARES
- UN JOVEN DESCONOCIDO
- LA MADRE DEL NIÑO MUERTO
- EL EMPEÑISTA
- EL GUARDIA
- LA PORTERA
- UN ALBAÑIL
- UNA VIEJA
- LA TRAPERA
- EL RETIRADO, TODOS DEL BARRIO
- OTRA PORTERA
- UNA VECINA
- BASILIO SOULINAKE
- UN COCHERO DE LA FUNERARIA
- DOS SEPULTUREROS
- RUBÉN DARÍO
- EL MARQUÉS DE BRADOMÍN
- EL POLLO DEL PAY-PAY
- LA PERIODISTA
- TURBAS, GUARDIAS, PERROS, GATOS, UN LORO
La acción en un Madrid absurdo, brillante y hambriento.
ESCENA PRIMERA
HORA CREPUSCULAR. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un hombre ciego y una mujer pelirrubia, triste y fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.
MAX
Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.
MADAMA COLLET
Ten paciencia, Max.
MAX
Pudo esperar a que me enterrasen.
MADAMA COLLET
Le toca ir delante.
MAX
¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde gano yo veinte duros, Collet?
MADAMA COLLET
Otra puerta se abrirá.
MAX
La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.
MADAMA COLLET
A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos una hija, Max!
MAX
¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?
MADAMA COLLET
¡Es muy joven!
MAX
También se matan los jóvenes, Collet.
MADAMA COLLET
No por cansancio de la vida. Los jóvenes se matan por romanticismo.
MAX
Entonces, se matan por amar demasiado la vida. Es una lástima la obcecación de Claudinita. Con cuatro perras de carbón, podíamos hacer el viaje eterno.
MADAMA COLLET
No desesperes. Otra puerta se abrirá.
MAX
¿En qué redacción me admiten ciego?
MADAMA COLLET
Escribes una novela.
MAX
Y no hallo editor.
MADAMA COLLET
¡Oh! No te pongas a gatas, Max. Todos reconocen tu talento.
MAX
¡Estoy olvidado! Léeme la carta del Buey Apis.
MADAMA COLLET
No tomes ese caso por ejemplo.
MAX
Lee.
MADAMA COLLET
Es un infierno de letra.
MAX
Lee despacio.
Madama Collet, el gesto abatido y resignado, deletrea en voz baja la carta. Se oye fuera una escoba retozona. Suena la campanilla de la escalera.
MADAMA COLLET
Claudinita, deja quieta la escoba, y mira quién ha llamado.
LA VOZ DE CLAUDINITA
Siempre será Don Latino.
MADAMA COLLET
¡Válgame Dios!
LA VOZ DE CLAUDINITA
¿Le doy con la puerta en las narices?
MADAMA COLLET
A tu padre le distrae.
LA VOZ DE CLAUDINITA
¡Ya se siente el olor del aguardiente!
Máximo Estrella se incorpora con un gesto animoso, esparcida sobre el pecho la hermosa barba con mechones de canas. Su cabeza rizada y ciega, de un gran carácter clásico-arcaico, recuerda los Hermes.
MAX
¡Espera, Collet! ¡He recobrado la vista! ¡Veo! ¡Oh, cómo veo! ¡Magníficamente! ¡Está hermosa la Moncloa! ¡El único rincón francés en este páramo madrileño! ¡Hay que volver a París, Collet! ¡Hay que volver allá, Collet! ¡Hay que renovar aquellos tiempos!
MADAMA COLLET
Estás alucinado, Max.
MAX
¡Veo, y veo magníficamente!
MADAMA COLLET
¿Pero qué ves?
MAX
¡El mundo!
MADAMA COLLET
A mí me ves.
MAX
¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!
MADAMA COLLET
Siéntate. Voy a cerrar la ventana. Procura adormecerte.
MAX
¡No puedo!
MADAMA COLLET
¡Pobre cabeza!
MAX
¡Estoy muerto! Otra vez de noche.
Se reclina en el respaldo del sillón. La mujer cierra la ventana, y la guardilla queda en una penumbra rayada de sol poniente. El ciego se adormece, y la mujer, sombra triste, se sienta en una silleta, haciendo pliegues a la carta del Buey Apis. Una mano cautelosa empuja la puerta que se abre con largo chirrido. Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es Don Latino de Hispalis. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona, aparece una mozuela: Claudinita.
DON LATINO
¿Cómo están los ánimos del genio?
CLAUDINITA
Esperando los cuartos de unos libros que se ha llevado un vivales para vender.
DON LATINO
¿Niña, no conoces otro vocabulario más escogido para referirte al compañero fraternal de tu padre, de ese hombre grande que me llama hermano? ¡Qué lenguaje, Claudinita!
MADAMA COLLET
¿Trae usted el dinero, Don Latino?
DON LATINO
Madama Collet, la desconozco, porque siempre ha sido usted una inteligencia razonadora. Max había dispuesto noblemente de ese dinero.
MADAMA COLLET
¿Es verdad, Max? ¿Es posible?
DON LATINO
¡No le saque usted de los brazos de Morfeo!
CLAUDINITA
¿Papá, tú qué dices?
MAX
¡Idos todos al diablo!
MADAMA COLLET
¡Oh, querido, con tus generosidades nos has dejado sin cena!
MAX
Latino, eres un cínico.
CLAUDINITA
Don Latino, si usted no apoquina, le araño.
DON LATINO
Córtate las uñas, Claudinita.
CLAUDINITA
Le arranco los ojos.
DON LATINO
¡Claudinita!
CLAUDINITA
¡Golfo!
DON LATINO
Max, interpón tu autoridad.
MAX
¿Qué sacaste por los libros, Latino?
DON LATINO
¡Tres pesetas, Max! ¡Tres cochinas pesetas! ¡Una indignidad! ¡Un robo!
CLAUDINITA
¡No haberlos dejado!
DON LATINO
Claudinita, en ese respecto te concedo toda la razón. Me han cogido de pipi. Pero aún se puede deshacer el trato.
MADAMA COLLET
¡Oh, sería bien!
DON LATINO
Max, si te presentas ahora conmigo, en la tienda de ese granuja y le armas un escándalo, le sacas hasta dos duros. Tú tienes otro empaque.
MAX
Habría que devolver el dinero recibido.
DON LATINO
Basta con hacer el ademán. Se juega de boquilla, maestro.
MAX
¿Tú crees?...
DON LATINO
¡Naturalmente!
MADAMA COLLET
Max, no debes salir.
MAX
El aire me refrescará. Aquí hace un calor de horno.
DON LATINO
Pues en la calle corre fresco.
MADAMA COLLET
¡Vas a tomarte un disgusto sin conseguir nada, Max!
CLAUDINITA
¡Papá, no salgas!
MADAMA COLLET
Max, yo buscaré alguna cosa que empeñar.
MAX
No quiero tolerar ese robo. ¿A quién le has llevado los libros, Latino?
DON LATINO
A Zaratustra.
MAX
¡Claudina, mi palo y mi sombrero!
CLAUDINITA
¿Se los doy, mamá?
MADAMA COLLET
¡Dáselos!
DON LATINO
Madama Collet, verá usted qué faena.
CLAUDINITA
¡Golfo!
DON LATINO
¡Todo en tu boca es canción, Claudinita!
Máximo Estrella sale apoyado en el hombro de Don Latino. Madama Collet suspira apocada, y la hija, toda nervios, comienza a quitarse las horquillas del pelo.
CLAUDINITA
¿Sabes cómo acaba todo esto? ¡En la taberna de Pica Lagartos!
ESCENA SEGUNDA
LA CUEVA de Zaratustra en el Pretil de los Consejos. Rimeros de libros hacen escombro y cubren las paredes. Empapelan los cuatro vidrios de una puerta cuatro cromos espeluznantes de un novelón por entregas. En la cueva hacen tertulia, el gato, el loro, el can y el librero. Zaratustra, abichado y giboso —la cara de tocino rancio y la bufanda de verde serpiente— promueve, con su caracterización de fantoche, una aguda y dolorosa disonancia muy emotiva y muy moderna. Encogido en el roto pelote de una silla enana, con los pies entrapados y cepones en la tarima del brasero, guarda la tienda. Un ratón saca el hocico intrigante por un agujero.
ZARATUSTRA
¡No pienses que no te veo, ladrón!
EL GATO
¡Fu! ¡Fu! ¡Fu!
EL CAN
¡Guau!
EL LORO
¡Viva España!
Están en la puerta Max Estrella y Don Latino de Hispalis. El poeta saca el brazo por entre los pliegues de su capa, y lo alza majestuoso, en un ritmo con su clásica cabeza ciega.
MAX
¡Mal Polonia recibe a un extranjero!
ZARATUSTRA
¿Qué se ofrece?
MAX
Saludarte, y decirte que tus tratos no me convienen.
ZARATUSTRA
Yo nada he tratado con usted.
MAX
Cierto. Pero has tratado con mi intendente, Don Latino de Hispalis.
ZARATUSTRA
¿Y ese sujeto de qué se queja? ¿Era mala la moneda?
Don Latino interviene con ese matiz del perro cobarde, que da su ladrido entre las piernas del dueño.
DON LATINO
El maestro no está conforme con la tasa, y deshace el trato.
ZARATUSTRA
El trato no puede deshacerse. Un momento antes que hubieran llegado... Pero ahora es imposible: Todo el atadijo conforme estaba, acabo de venderlo ganando dos perras. Salir el comprador, y entrar ustedes.
El librero, al tiempo que habla, recoge el atadijo que aún está encima del mostrador, y penetra en la lóbrega trastienda, cambiando una seña con Don Latino. Reaparece.
DON LATINO
Hemos perdido el viaje. Este zorro sabe más que nosotros, maestro.
MAX
Zaratustra, eres un bandido.
ZARATUSTRA
Esas, Don Max, no son apreciaciones convenientes.
MAX
Voy a romperte la cabeza.
ZARATUSTRA
Don Max, respete usted sus laureles.
MAX
¡Majadero!
Ha entrado en la cueva un hombre alto, flaco, tostado del sol. Viste un traje de antiguo voluntario cubano, calza alpargates abiertos de caminante, y se cubre con una gorra inglesa. Es el extraño Don Peregrino Gay, que ha escrito la crónica de su vida andariega en un rancio y animado castellano, trastocándose el nombre en Don Gay Peregrino. Sin pasar de la puerta, saluda jovial y circunspecto.
DON GAY
¡Salutem plúriman!
ZARATUSTRA
¿Cómo le ha ido por esos mundos, Don Gay?
DON GAY
Tan guapamente.
DON LATINO
¿Por dónde has andado?
DON GAY
De Londres vengo.
MAX
¿Y viene usted de tan lejos a que lo desuelle Zaratustra?
DON GAY
Zaratustra es un buen amigo.
ZARATUSTRA
¿Ha podido usted hacer el trabajo que deseaba?
DON GAY
Cumplidamente. Ilustres amigos, en dos meses me he copiado en la Biblioteca Real, el único ejemplar existente del Palmerín de Constantinopla.
MAX
Pero, ciertamente, ¿viene usted de Londres?
DON GAY
Allí estuve dos meses.
DON LATINO
¿Cómo queda la familia Real?
DON GAY
No los he visto en el muelle. Maestro, ¿usted conoce la Babilonia Londinense?
MAX
Sí, Don Gay.
Zaratustra entra y sale en la trastienda, con una vela encendida. La palmatoria pringosa tiembla en la mano del fantoche. Camina sin ruido, con andar entrapado. La mano, calzada con mitón negro, pasea la luz por los estantes de libros. Media cara en reflejo y media en sombra. Parece que la nariz se le dobla sobre una oreja. El loro ha puesto el pico bajo el ala. Un retén de polizontes pasa con un hombre maniatado. Sale alborotando el barrio un chico pelón montado en una caña, con una bandera.
EL PELÓN
¡Vi-va-Es-pa-ña!
EL CAN
¡Guau! ¡Guau!
ZARATUSTRA
¡Está buena España!
Ante el mostrador, los tres visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y tristes, divierten sus penas en un coloquio de motivos literarios. Divagan ajenos al tropel de polizontes, al viva del pelón, al gañido del perro, y al comentario apesadumbrado del fantoche que los explota. Eran intelectuales sin dos pesetas.
DON GAY
Es preciso reconocerlo. No hay país comparable a Inglaterra. Allí el sentimiento religioso tiene tal decoro, tal dignidad, que indudablemente las más honorables familias son las más religiosas. Si España alcanzase un más alto concepto religioso, se salvaba.
MAX
¡Recémosle un Réquiem! Aquí los puritanos de conducta son los demagogos de la extrema izquierda. Acaso nuevos cristianos, pero todavía sin saberlo.
DON GAY
Señores míos, en Inglaterra me he convertido al dogma iconoclasta, al cristianismo de oraciones y cánticos, limpio de imágenes milagreras. ¡Y ver la idolatría de este pueblo!
MAX
España, en su concepción religiosa, es una tribu del centro de África.
DON GAY
Maestro, tenemos que rehacer el concepto religioso en el arquetipo del Hombre-Dios. Hacer la Revolución Cristiana, con todas las exageraciones del Evangelio.
DON LATINO
Son más que las del compañero Lenin.
ZARATUSTRA
Sin religión no puede haber buena fe en el comercio.
DON GAY
Maestro, hay que fundar la Iglesia Española Independiente.
MAX
Y la Sede Vaticana, El Escorial.
DON GAY
¡Magnífica Sede!
MAX
Berroqueña.
DON LATINO
Ustedes acabarán profesando en la Gran Secta Teosófica. Haciéndose iniciados de la sublime doctrina.
MAX
Hay que resucitar a Cristo.
DON GAY
He caminado por todos los caminos del mundo, y he aprendido que los pueblos más grandes no se constituyeron sin una Iglesia Nacional. La creación política es ineficaz si falta una conciencia religiosa con su ética superior a las leyes que escriben los hombres.
MAX
Ilustre Don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte. La Vida, es un magro puchero: La Muerte, una carantoña ensabanada que enseña los dientes: El Infierno, un calderón de aceite albando donde los pecadores se achicharran como boquerones: El Cielo, una kermés sin obscenidades, a donde, con permiso del párroco, pueden asistir las Hijas de María. Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere.
ZARATUSTRA
Don Gay, y qué nos cuenta usted de esos marimachos que llaman sufragistas.
DON GAY
Que no todas son marimachos. Ilustres amigos, ¿saben ustedes cuánto me costaba la vida en Londres? Tres peniques, una equivalencia de cuatro perras. Y estaba muy bien, mejor que aquí en una casa de tres pesetas.
DON LATINO
Max, vámonos a morir a Inglaterra. Apúnteme usted las señas de ese Gran Hotel, Don Gay.